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No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

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No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Eliwood el Vie Sep 02, 2016 9:04 pm

Lo último que Eliwood recordaba era el frío trepando por su cuerpo, entumeciéndolo hasta el cuello. El agua salada entrando en su boca cuando intentaba gritarles a los soldados que todo había sido una trampa, que así como el puente entre una pequeña isla y otra había sido derribado por los emergidos, lo habrían de ser todos los demás. Debían de mantenerse en tierra. Nadar a seguridad, los que cayeron con él cuando el primer puente se desplomó, y quedarse allí. Las aguas inquietas lo habían arrastrado con fuerza, pero había intentando nadar con desespero entre la lluvia de escombros azotaba a los desafortunados en el agua. Sus últimos pensamientos no habían sido sino de volver hacia sus hombres y retomar comando de la batalla. Y allí, en algún instante u otro, Eliwood había cesado de sentir sus extremidades, demasiado cansadas contra la corriente y demasiado frías, hasta que dejaron de responderle por completo y el agua que se adueñaba de él terminó de hundirlo. La azulada oscuridad no le recibió por más de un instante antes de quitarle la consciencia. Los restos del puente ocultaron su cuerpo a la deriva, como tantos otros, y fue así que el comandante general desapareció de la batalla.

Era muy afortunado de despertar. Cuando lo hizo, las olas pasando apenas por sobre sus botas y pantorrillas eran el único sonido que oía; aves en la distancia, quizás, pero nada que se asemejase al clamor de la guerra. No sabía si estaba cerca, pues no sabía donde se encontraba. Césped y musgo crecían libremente en las rocas bañadas una y otra vez por las aguas un tanto más calmas en aquel sitio, de frente a un misericordioso sol. Con él, una buena parte de los escombros habían sido empujados hasta la costa, acumulados contra y sobre la parte inferior de su cuerpo. Eliwood tomó largos momentos tan sólo parpadeando hacia el cielo, tan agradecido de estar vivo que tenía un nudo en la garganta. Movió paulatinamente los dedos de las manos, luego los pies un poco dentro de sus botas, comprobando que pudiese sentir y hacer uso de todo. Estaba entumecido por la humedad de la ropa contra su cuerpo y por un subyaciente pero duradero dolor, pero estaba vivo y entero. No creía su suerte.

Finalmente hizo intento de moverse, siendo respondido con un intenso dolor punzante en el pecho y el vientre, tan súbito que no pudo sino soltar un ronco grito, su garganta reseca por el agua salada. Algo le había lastimado. Tomó aire algunas veces, profundo, calmo, juntando aplomo y apretando los dientes antes de volver a intentar; no sería la primera vez que era herido de gravedad, sabía soportar y sabría evaluar sus propias heridas, aunque quizás no sanarlas. Quitó el desastre de maderas, refuerzos de metal y cuerdas de sí, arrancando en el proceso una gran pieza cuyas astillas le raspaban desde la mitad del pecho hasta lo bajo del vientre, rasgando e insertándose en la piel en varios lugares. La madera salió de las heridas con un sonido húmedo y otro grito del marqués, quien debió de parar, tomar aliento y volver a empujar para terminar de quitarla. Hecho aquello, bajó la vista a su ropa rasgada y las manchas de sangre que obscurecían la vista de sus heridas, evaluando igualmente que no serían de gravedad, tan sólo dolorosas cuando se moviese.

Apoyó las manos en el suelo bajó sí entonces, alzándose con lentitud para intentar trepar fuera de la costa rocosa. Sus brazos temblaban, débiles. Su cuerpo entero ardía en una mezcla de dolor viejo, dolor nuevo y cansancio general. La ropa húmeda y sucia le pesaba. Se apartó el cabello empapado del rostro y prosiguió, aunque debiese de trepar apoyando las rodillas más que erguido; si permanecía en el agua moriría por el frío o perdería sus extremidades al mar, necesitaba quedarse en el sol, salir de allí, averiguar donde estaba y emprender el regreso al frente de batalla. O al castillo de Altea. Le preocupaba el desenlace de la batalla tanto o más que su bienestar; y así deseaba que fuese, pues enfocar su mente en ello le distraía del horrendo estado en que se hallaba y la desesperación de no saber nada en absoluto, perdido respecto a fechas y sitios. Logró arrastrarse hacia el césped seco, lejos de las olas pero no de su sonido, y volvió a caer exhausto. Su mente divagante atinó a recordar la armadura y la funda vacía de la espada, dos pesos que de poco le servían en esos momentos, aunque en su orgullo doliese desprenderse de tales. Dejó caer la pechera y las hombreras, haciendo lo mismo con la funda tras aflojarla, y aún así no pudo continuar. Derrotado, se dejó yacer entre el césped y el reconfortante calor del sol.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Nils el Vie Sep 02, 2016 10:22 pm

No podía creer su mala suerte, después de haber huido del castillo al haber sido descubierto por el colmillo habían logrado escapar metiéndose en un barril del muelle más cercano y quedándose dormido por el agotamiento de haber estado corriendo sin parar por tanto tiempo. Un tenue balanceo fue lo primero que sintió en cuanto comenzó a despertar dándose cuenta de que dicho barril había sido abordado en un navío al pensar que estaba cargado con algo, quizá por su peso. El rostro del niño se puso pálido pues no sabía hacia donde estaba yendo o como regresaría a Pherae después de todo aquello, se maldecía a si mismo internamente por ser incapaz de cumplir la promesa que le había hecho al marqués.

Los marinos fueron gratamente comprensivos dándole alojamiento a cambio de que el chiquillo entonara alegres melodías para animar a los tripulantes. Las semanas pasaron felices y tranquilos pero casi como si el destino se divirtiera causándole sinsabores al chiquillo fueron atacados por piratas. La pelea fue encarnizada, los superaban en número y fiereza por lo que el niño, pese a sus esfuerzos, no pudo hacer nada. Aun así, el capitán del navío al ver que estaban perdidos llevo a Nils a uno de los pequeños botes en la cubierta y dándole provisiones torpemente seleccionadas lo arrojo al mar pese a sus protestas…. A la lejanía solo pudo contemplar entre lágrimas como el navío ardía en llamas mientras el barco pirata se alejaba probablemente con un enorme botín a bordo…. Nils había quedado totalmente solo de nuevo y aquellos que lo ayudaron nuevamente estaban muertos. En ese tiempo el joven bardo tuvo mucho tiempo para pensar, de llorar hasta que las lágrimas en sus ojos se secaran pues allí en medio de la nada nadie podía escuchar sus gritos. No se molestó en contar los días, de hecho apenas toco las provisiones que le entregaron, se dedicaba todo el tiempo a mirar el cielo azul arriba suyo, deseando que el desierto de agua terminara finalmente con su sufrimiento.

- Es que acaso solo sirvo para traer desgracias?, no puedo ser útil para nadie en este mundo?.... Elbert…. Porque diste tu vida para salvar a alguien como yo?, idiota….

Lloriqueo desesperado mientras el pequeño bote era arrastrado por las olas hacia algún lugar desconocido. No supo en qué momento se quedó dormido pero al despertar noto que el barco ya no se estaba meneando, había tocado tierra milagrosamente en alguna isla perdida de quien sabe dónde. Bajo tambaleante del barco, débil por los días a la deriva pero no lo suficiente para incapacitarlo, comenzando a maldecir su terrible buena suerte.

- PERO QUE RAYOS QUIERES DE MI!!!!, MALDITA SEA!!!

Vociferó enojado, más aun así tomando las provisiones de su pequeño bote y adentrándose al lugar…. Le había prometido al antiguo marques que nunca se dejaría morir, que lucharía hasta sus últimas fuerzas para seguir vivo y aun ahora seguía cumpliendo su palabra. Comenzó a caminar por el lugar notando que era un sitio que no había sido tocado por la mano del hombre… un incordio en realidad pues solo indicaba que debía conseguir su propia comida y dormir a la intemperie. Fue entonces que el chiquillo se paró en seco al ver un trozo de armadura en el piso…. Una hombrera que le parecía muy familiar pero creía muy improbable que fuera la de esa persona en particular.

- Habrá muchas hombreras así, que tontería….

Intento convencerse a sí mismo mientras siguió avanzando solo para toparse con la otra hombrera…. Y la funda de una espada que era definitivamente inconfundible. Nils se quedó helado en su sitio unos momentos sin poder creer lo que sus ojos carmesí contemplaban, más para cuando por fin reacciono no pudo evitar sentir un terrible escalofrió.

- ELIWOOOD!!!!, LORD ELIWOOOOOOD!!!!!, MI LORD!!!!

Comenzó a buscar al pelirrojo frenéticamente, intentando no entrar en pánico…. No podía perderlo a él también, no podría soportarlo. Afortunadamente lo encontró no muy lejos de allí, tirado en el césped con la ropa mojada y algo ensangrentada en el área del abdomen. Sin perder tiempo el niño se puso manos a la obra, quitándole las ropas del torso y rompiendo su bufanda para hacer vendajes limpios. Traía algunos cuantos remedios en las provisiones que le entrego el capitán y, dado que en sus escapes siempre se lastimaba el joven dragón tenía algo de experiencia en sanar heridas que no fueran fatales. Con esfuerzo encendió una fogata para secar la ropa del marques y mantenerlo caliente, posando la cabeza con rojizos cabellos en su regazo para que el hombre descansara mejor.

- Elbert…. permíteme compensarte por lo menos esta vez… por favor no te lo lleves.

Suplico al chiquillo en susurros tomando la mano de Eliwood entre las suyas, las cuales como siempre estaban frías. Al tener que estar al lado de la fogata el pequeño bardo se fue debilitando poco a poco pues su cuerpo requería permanecer a bajas temperaturas…. Aun así, si podía ser útil al menos esta vez, si podía salvar aunque fuera a una persona poco le importaba que sus frias manos se volviesen tibias… no si sujetaban la calidez de las manos contrarias. Y así, el bardo paso la noche sentado con Eliwood aun recostado sobre su regazo, haciéndole compañía y rezando porque despertara al día siguiente.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Eliwood el Jue Sep 22, 2016 7:24 pm

Pese a que la consciencia le abandonaba rápidamente, habiendo agotado sus fuerzas en el proceso de quitarse los escombros de encima y moverse hacia terreno más seguro, Eliwood pudo escuchar la voz que le llamaba. No tuvo mucho tiempo de pensar en lo extraño que era oír una voz familiar en un lugar tan apartado y aleatorio como aquel, tampoco de identificarla propiamente como la voz del bardo que había dejado a salvo en Pherae. Sin embargo, aquel llamado fue todo lo que acompañó en la oscuridad que en breve le sobrevino, último vínculo con el mundo despierto. Para cuando Nils llegó a su lado, el hombre ya había caído en un sueño exhausto y adolorido. Así permanecería por las siguientes horas, a través del movimiento, los atisbos de dolor al ser cubiertas sus heridas y el calor del fuego encendido cerca de él. Sus heridas eran poco profundas pero numerosas, un sanguinolento lío de piel desgarrada y astillas de madera incrustadas en el pecho y el abdomen; aún así, nada hecho sobre ellas causó siquiera un cambio de expresión en su rostro, demasiado perdido en la inconsciencia como para sentir.

Lo que le despertó, ya caída la noche, fue el llamado de un nombre distinto. No el suyo, sino el de su padre, Elbert de Pherae. Nuevamente la voz fue lo único que tuvo, por largo rato dedicándose sólo a oírla con los ojos cerrados, reconociéndola al fin como la juvenil voz del bardo que de alguna forma había llegado a estar con él, inclusive en ese inhóspito sitio. Nils estaba acompañándolo. Paulatinamente llegó a sentir su mano contra la propia y la sensación fresca de su piel donde apoyaba la cabeza, reafirmando su presencia allí. Luego, la leve rugosidad del césped bajo su cuerpo casi desnudo, el aire nocturno y el calor del fuego cercano. Cada detalle vino a su tiempo, construyendo la realidad a la que despertaría. Antes, sin embargo, escuchaba a Nils susurrar para otro nombre y por instantes su mente soñaba que estaban los tres allí. La idea no demoró en ser quitada a fuerza, casi dos décadas habían transcurrido desde la desaparición de su padre y él no había conseguido encontrarlo; pero no había oído mal, el nombre dicho era aquel, un nombre que no comprendía cómo Nils conocía.

- Ese no es mi nombre. - Musitó, abriendo los ojos con lentitud y hallándose con aquel paisaje nocturno sobre su cabeza. Parpadeó algunas veces, acostumbrando su vista al contraste de la oscuridad y la luminosidad de la fogata cercana. No demoró en poner una leve sonrisa en sus labios. - Elbert... ese es el nombre de mi padre, marqués de Pherae hace muchos años. - Dijo. La mención no le incomodaba, el recuerdo no era desagradable, mas sí extraño que el pequeño hablase de ese modo. Sujetó la tibia mano ajena para atraerla hacia su rostro, poniéndola contra sus labios para dejar pequeños y agradecidos besos en los nudillos y el dorso, el saludo que sentía necesario para con alguien a quien debía su vida. El alivio que le inundaba le pedía hacer más, pero las condiciones sólo permitían eso de momento. Curioso, alzó la vista a él. - ¿Le conociste alguna vez, Nils? Suena a que sí. -

De algún modo, no le costaba creer lo que yacía frente a sus ojos. De allí su tranquilidad en tratarle. Le sorpredía más el hecho de estar vivo aún, que el de tener a Nils como primer encuentro al despertar. No sabía siquiera donde estaba; sólo que en algún punto de Altea, pues el agua no podía haberle cargado demasiado lejos en tan poco tiempo, no sin hundirlo y terminar con él antes. Y aunque no debería haber motivo racional por el que Nils se hallase con él, lo cierto era que el bardo siempre había tenido sus secretos, y todo el misticismo a su alrededor no detenía en absoluto a Eliwood de creer que hubiese conseguido llegar a él justo a tiempo. Era la clase de milagro que no le sorprendía, no de Nils. No obstante, reconocía que aquel milagro había salvado su vida y le había puesto a resguardo. El hombre podía imaginar muy bien lo que habría sido de él si no contase con ello, con la existencia de alguien tan intrínsecamente fantástico como el dragón. El pensamiento conseguía darle una sobrecogedora mezcla de vértigo y alivio. Exhalando largamente, Eliwood apretó la mano ajena en la suya antes de dejarla ir.

- Aah, quién lo creería... - Susurró, ladeándose un tanto en el suelo, su cabeza aún en el regazo del muchacho. Sus heridas protestaron con decenas de punzadas de dolor, no obstante, Eliwood las ignoró sin más que un momentáneo aguantar del aliento; y sin más continuó, haciendo cierto amago de levantarse, aunque no llegó más alto que lo necesario para poner los brazos alrededor del torso del otro. Con cierta torpeza y pesadez todavía, terminó por apoyarse demasiado contra él, tumbándolo de espaldas en el proceso de intentar abrazarlo y mantenerlo estrechado contra sí. Todavía tenía el cabello húmedo, sus heridas requerían reposo y no vestía más que la prenda interior, pero nada de ello se le hizo tan relevante como sujetarse a quien le había salvado, dejando que la idea de que seguía vivo se asentara en él. Ocultó el rostro contra el pequeño y respiró profundo, disfrutando como nunca de cada simple sensación.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Nils el Jue Sep 29, 2016 2:47 am

El desasosiego se apoderaba del niño mientras que sujetaba con escasas fuerzas la mano del pelirrojo la cual era más grande que las suyas. Suplicaba internamente en todo momento a cualquier fuerza que pudiese escucharlo que no se llevaran a Eliwood…. A cualquiera menos a él y si le pedían a cambio incluso la propia vida la entregaría con gusto. Acariciaba su cabello rojo como el fuego mientras miraba atento el rostro contrario; el marqués parecía estar plácidamente dormido y por alguna razón que no entendió sintió su corazón agitarse un poco mientras le observaba, tiñendo sus mejillas de un leve rojizo.

No bastaron más que las palabras provenientes de los labios contrarios para hacer que el chiquillo se quedara totalmente estático, admirando como los ojos azules del marqués se abrían lentamente dando a entender que estaba vivo y recuperándose. Casi de inmediato el chico soltó un largo suspiro dejando ir todas sus preocupaciones de golpe, siendo aquellos pequeños besos en el dorso de su mano los culpables de que sus latidos volvieran a acelerarse una vez más.

- Yo.... si.... le conocí.... -

Termino por admitir el chico con una voz suave, casi como un suspiro ante la pregunta ajena. Hacía mucho tiempo que había sentido la necesidad de buscar al amado hijo de Elbert para contarle lo que había sucedido pero la incertidumbre y el miedo se apoderaban siempre de él.... merecía saberlo de todas maneras, 20 años podrían no ser tanto tiempo para alguien como él pero seguro que un humano como Eliwood los habría resentido mucho. Sin embargo no encontró dolor o resentimiento alguno en las palabras de Eliwood al mencionar al padre del cual Nils pensaba que de estar en su lugar se sentiría abandonado por este. Era infantil de su parte ocultarle esa información pero aun ahora tenía miedo de que terminase odiándolo por lo sucedido.

- Ahhhhh, L-lord Eliwood, no debe levantarse todavía.... -

Advirtió el niño en cuanto el marques comenzó a moverse, tomándole por sorpresa que terminase abrazándolo y, por mera inercia acabara cediendo ante el peso de aquel hombre más grande que él, ocultando su rostro en el pecho del chiquillo mientras lo estrechaba cálidamente. En ese momento Nils estuvo totalmente consciente de que Eliwood estaba vivo y lo cerca que estuvo de perderlo.... pensando en ello el joven de verdes cabellos no pudo evitar abrazarlo con brazos temblorosos mientras que sentía como las lagrimas comenzaban a correr por sus frías mejillas.

- Estas bien.... menos mal.... -

Y sin poder contenerse Nils se dejo llevar por los desbordantes sentimientos que invadían su pecho, felicidad, alivio, gratitud y el simple hecho de que por lo menos esta vez había sido útil.

- Mentiroso!!!!..... prometiste que regresarías por mí a Pherae, lo prometiste y aun así casi mueres en este lugar peleando por un reino que no es tuyo!!!. Eres cruel Eliwood.... eres realmente cruel... -

Soltó por fin presa del llanto y sus emociones que estaban a flor de piel casi como si se tratara de la rabieta de un niño pequeño. La sola idea de que el también muriese por su buen corazón le parecía insoportable y dolorosa a un grado que ya no creía posible para su maltrecho corazón acostumbrado a las decepciones. Lo aferraba con fuerza como si el pelirrojo fuese a desaparecer en cuanto le soltara, descargando toda la preocupación y tristeza que sintió mientras que el estuvo inconsciente.

- Pero.... al menos estas vivo.... de momento para mí eso es suficiente -

Las gruesas lagrimas aun se derramaban abundantemente de sus ojos escarlata pero una amplia y sincera sonrisa se dibujo en sus labios, acariciando el húmedo cabello contrario con una de sus manos mientras que lo mantenía abrazado.... no se le antojaba moverse de ese lugar ni en la posición en la que habían quedado, casi deseando que el tiempo se congelara como un tempano de hielo y pudiesen estar allí por siempre.... pensamiento ligeramente infantil de su parte.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Eliwood el Jue Oct 20, 2016 7:52 pm

No tendría que estar moviéndose, lo sabía, pero algunas cosas no podían ser evitadas. Tampoco estaba en la más cómoda posición allí, yaciendo sobre nada más que el suelo, a medio caer sobre Nils pero a la vez con los brazos atrapados entre la espalda del dragón y la tierra, pero lo prefería. Ninguna incomodidad parecía importante ya. Suficiente era con sobrevivir para ver aquella nueva noche, entero y con heridas que podía soportar. Sin dudarlo se rindió a su propio cansancio, al alivio y a los reconfortantes brazos del bardo, permaneciendo en aquella posición sobre su vientre y su pecho, apreciando con cierta gracia el esfuerzo que hacía por sujetarlo a él. No era el niño que parecía ser; no se sentía como tal tampoco, siendo quien le había salvado, quien había vendado las heridas y quien le había puesto a resguardo cerca de una fogata. Eliwood podía yacer contra él, podía dejar que lo sostuviese y reconocer en las pequeñas manos la presencia de algo mucho mayor. Él sólo cuidaba no apoyar la totalidad de su peso sobre el joven cuerpo, y disfrutaba de tener alguien a quien sostenerse.

El llanto podía dar una impresión algo distinta de la milenaria criatura, mas el marqués ni siquiera lo oía; apenas sentía el sobresalto en la respiración, tan claro al tener su oído prácticamente contra el pecho ajeno. No pretendía recalcarlo ni detenerlo. Apenas ganaba la confianza del bardo, según creía; no era momento para causarle incomodidad. Después de todo, Nils tenía entera razón en sorprenderse tanto de que estuviese a salvo. - Creo que lo estoy-- ¿hm? - Paró, mas no fue por el llanto que se tornaba más notorio ni por efecto de sus aún frescas heridas, sino por el cambio en la voz ajena. El súbito volumen le hizo hacer una leve mueca. Lo que recriminaba, en sí, tampoco podía ser ignorado con tanta facilidad, pues en nada de ello erraba. Suspiró, dejando al dragón liberar lo que necesitase de su pecho.

- Lo sé... he estado cerca de romper la promesa que hice contigo, de no ser por que tú mismo interviniste. Lo siento mucho. - Respondió. Creía en historias, creía en suerte y destino y muchas más fantasías; creía a su vez que la aparición del misterioso muchacho en tan crucial momento no era coincidencia, pero el hecho seguía siendo que había estado próximo a romper su palabra. Pese a la seguridad con que en principio la había dado, casi la había roto. El pensamiento le hizo olvidar que lo mismo había hecho Nils, claramente yéndose de Pherae cuando había dicho que le aguardaría. Se alzó un poco de su posición, apenas con un disimulado quejido, apoyando un codo en el suelo y acercándose a la altura de la cabeza del bardo, para depositar sobre su cabello otro beso de disculpa. Su frente permaneció allí, contra el cabello claro. - Hay tanto por hacer aún, hay tantas batallas que pelear... aquí, en casa y en tantos lugares... y aquí estoy yo, volviéndome descuidado en guerra. Realmente lo siento. No sé como he podido perder tanto el control de la situación, no solía sucederme...-

Mucho tenía que ver con que el corazón del pelirrojo no estaba en la causa de aquellas guerras. En el fondo, era consciente de ello. Sentía lástima por su enemigo, cautela por lo desconocido y renuencia a simplemente dejar que la hueste más amplia y más poderosa venciera. Lo sabía, y aún así afectaba sus ánimos ver los resultados decaer de tan penosa forma. No obstante, negando levemente con la cabeza, decidió no atribular a su milagroso salvador con sus ansiedades internas y le sonrió de regreso, subiendo su tono de voz a uno más vivaz. - Ah, pero no debo ponerte a oír los desvaríos de un hombre derrotado, Nils. ¿Por qué no me cuentas cómo es que conocías a mi padre, mejor? - Preguntó; tan sólo pretendía desviar el tema, por inocentes motivos. Por supuesto que tenía su justa cuota de curiosidad en ello también, aunque más relacionada a los años y vivencias del dragón que cualquier otra cosa. - Me imagino que habrás estado en Pherae muchas veces antes. En tanto tiempo, Elibe o hasta el mundo debieron de hacerse pequeños para ti, ¿no? -

De una forma u otra, se había acomodado sobre su costado. La capa de Nils había terminado bajo ellos en el errático movimiento, suficiente separación entre ambos y el suelo como para dejar al cansado marqués satisfecho, de momento. Y con la espalda hacia el necesitado calor del fuego, el hombre cubría con su sombra al aparente muchacho a su lado, envuelto a su vez en su agarre. Dándole una leve separación se dejaba suficiente espacio para mirarle, cansado pero sonriente. La pequeña y desolada isla dejaba un mundo silencioso alrededor de ambos; aislado, solitario, como si el fin de todos los mapas yaciera a pocos pasos de aquel lugar. Preocupado tan sólo de verse aún con vida y tranquilizado en aquel escenario, Eliwood no buscó oportunidad de preguntar dónde se hallaban ni qué harían a continuación, sino apenas acercar al otro contra sí. Se sentía extrañamente tibio, y él mismo, luego de horas helado en las aguas, no se sentía sino agradablemente cálido. Prescindía sin problemas de las prendas de ropa que seguían colgadas a secar, permaneciendo descubierto; el cuerpo de un hombre en los años en que mejor se desempeñaría en el oficio bélico, ancho en los hombros pero esbelto en musculatura, portando varias pero poco prominentes marcas, además de las heridas frescas dibujadas en rojo contra los vendajes. Tan sólo cortes superficiales y finos, daño que podía haber sido mucho más profundo pero que había sabido evadir en su momento. Mejores días había visto, en su cansancio inclusive las pequeñas arrugas junto a los ojos se volvían aparentes, pero estaba tan a salvo como podía estar y se sentía bien, relajado y compartiendo calor con el otro. Aunque Nils jamás había sido tibio a su tacto, y tras observarle unos instantes, el hombre lo recordó. - Ah, ¿no es esto malo para ti, pequeño? -
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Nils el Sáb Oct 22, 2016 5:15 am

Nils escucho las palabras contrarias soltando un pequeño suspiro, aprovechando que el hombre junto a él se había acomodado nuevamente para acariciar sus rojizos cabellos con una de sus manos.

- Estoy bien.... qué clase de monstruo sucumbe ante una pequeña fogata?. -

No era del todo cierto pues en la actualidad estaba muy lejos de ser aquella criatura terrorífica relatada en los cuentos humanos.... estaba confinado en un cuerpo pequeño y frágil que, curiosamente le hacía sentir más a salvo de lo que podría hacerlo su verdadera forma. Aun así, debía resignarse al asunto que mas concernía en ese momento.... desde el momento en que había admitido que conocía al antiguo marqués de Pherae estaba seguro que aquella pregunta por parte de su hijo no se haría esperar, una pregunta de la cual no podía huir más tiempo.

- Conocí a tu padre hace algunos años en un calabozo donde una organización de criminales me tenia encerrado aun que nunca supe exactamente que pretendían dejándonos a ambos en el mismo lugar. -

Era difícil hablar de aquello mas después de tentó tiempo Eliwood merecía saber la verdad.... más aun en aquellos tiempos de guerra, en esa época incierta en la que el futuro no estaba asegurado para nadie.... no podía darse el lujo de acobardarse, se sentía en la obligación de hacer las cosas bien por una vez.

- Las primeras horas intente pasar totalmente del pues en esa época estaba ya bastante resentido con los seres humanos. Aun así, sin venir a cuentas el me dijo que se llamaba Elbert y venia de un lugar muy bello llamado Pherae. También que le recordaba mucho a un hijo suyo que, al menos en apariencia, tendría mas o menos mi edad. -

Eran recuerdos agridulces pues desde que lo habían separado de su querida hermana todo había dejado de tener sentido para él y solo deseaba terminar con todo para librarse por fin de todo el sufrimiento que le aquejaba. Por otra parte, nunca entendió el por qué Elbert comenzó a dirigirle la palabra, porque desde el primer momento se noto interesado en ayudarle, de regresarle las ganas de vivir o darle una esperanza.... la única respuesta es que era un hombre con un corazón demasiado grande, tanto que no le cavia en el pecho así como lo era actualmente su hijo.

- Me hablo de lo hermosas que eran sus tierras, de personas que enfrentaban los momentos difíciles con una sonrisa.... me conto tantas historias de su castillo, de las personas a su cargo y.... de su hijo Eliwood.... No sé cómo, pero entre mas lo escuchaba mas deseaba viajar hacia ese lugar y conocer todo quelpo que Elbert me contaba en sus historias; la tristeza, la frustración, el miedo, todo el resentimiento que guardaba se esfumo en el aire como por arte de magia y.... cuando me dijo que podía acompañarlo una vez que lográsemos escapar pude vislumbrar un rayo de esperanza por primera vez en mucho tiempo -

Nils detuvo su relato en ese momento pues el nudo que se formo en su garganta le impedía seguir hablando, ese dolor punzante que sentía en su corazón gracias a aquella herida en su interior que aun no cerraba, la culpa, la impotencia y la tristeza se manifestado en nuevas gotas cristalinas que cayeron desde los ojos del bardo hasta la piel desnuda del marqués. Tomo la mano del marqués con las suyas propias, temblando mientras intentaba no romper en llanto otra vez, sin ser capaz de pensar en cómo diría lo que seguía a continuación.

- Elbert se las arreglo para atacar al carcelero en cuanto nos fue a dejar la comida, pero este alcanzo a dar la alarma antes de que él pudiera someterlo.... Llegaron muchos de ellos.... Elbert intento bloquearles el paso mientras me gritaba que siguiera corriendo.... -

Ese día había corrido con todas sus fuerzas sin pensárselo mucho, mas aquello que contemplo al girarse unos momentos para ver si Elbert lo seguía era una que no podía describir en palabras.... ver al pelirrojo desplomarse en el piso mientras que una mancha roja se extendía rápidamente por el piso mientras que los miembros del colmillo comenzaban a perseguirle.

- Elbert murió por culpa mía...... porque yo estaba con él.... lo siento Eliwood.... lo siento.... lo siento.... -

No podía disculparse lo suficiente por ello, sentía que había arruinado la vida no solo de su primer amigo humano si no que había dejado a su hijo huérfano. Porque no pudo hacer nada más que correr ese día, por atreverse a abandonarlo. No se perdonaba a sí mismo y no esperaba que Eliwood lo hiciera.... lo que sea el pelirrojo hiciera o dijera después de ello le parecía mas que justo y merecido.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Eliwood el Lun Oct 31, 2016 8:04 pm

- ¿Ah...? - Sobre un quedo trasfondo de llamas crepitantes y distante sonido de olas, la voz del bardo se oía con tal facilidad, que inclusive si susurrase sus palabras habrían sido inconfundibles. No había error en lo escuchado. Su respuesta comenzaba con una captura y un calabozo, en lugar de con Pherae. Sorprendido pero plenamente dispuesto a creer lo que el dragón tuviese para decirle, pues nada superaría la historia que le había relatado la última vez, Eliwood permitió que continuase, uniéndose al silencio de la isla y mirando con paciente entendimiento al muchacho. Cada encuentro con él conseguía ser más irreal y extraño que el anterior. Mas aquello no se trataba de la separación entre leyendas, historia y realidad, sino algo tan simple como una anécdota sobre su propio padre, la clase de relato que más gustosamente oiría.

- Tu edad... cuando yo era joven, entonces. ¿Pero exactamente hace cuanto? Nunca oí esta historia de parte de mi padre, ni nada similar. - Habló en voz baja, pues no pretendía interrumpir mucho el relato. Nils omitía mucho más aún, como quienes eran precisamente los captores o cómo Elbert había terminado en el calabozo, sin tener entre él y Nils nada en común que los hiciese blancos de una misma operación, hasta donde Eliwood podía imaginar. No obstante, suponía que aquella parte llegaría, centrándose por lo pronto en la familiaridad del carácter de su progenitor, tal como aún lo recordaba. Resultaba obvio a él lo que el hombre había estado haciendo; años atrás quizás hubiese podido fallar en verlo, pero se había vuelto alguien similar después de todo, y él también, puesto en tal situación, habría hablado de una infinidad de cosas lejanas y más alegres para distraer la imaginación de un compañero de celda. Elbert había querido reconfortar a Nils, por seguro, y Eliwood concordaba en su forma de hacerlo. Una leve y nostálgica sonrisa se dibujó en sus labios. Aún extrañaba aquella presencia, pese a que ni siquiera su retorno podría revivir los años de juventud sin él, pero oír sobre él tenía su propio encanto. A su forma, era suficiente.

El relato cesó. Contradictoriamente a su elevada temperatura, Nils temblaba contra él, sujetándose de su mano con preocupante ahínco. El entendimiento llegó a Eliwood paulatinamente entonces, inclusive antes de que Nils prosiguiera; con silenciosa resignación unió los hilos sueltos y vio venir el final. Su padre había tenido pocas épocas lejos de Pherae y tan sólo una en la que había verdaderamente desaparecido, ocurrida hacía ya 17 años, una cantidad que suponía que para Nils resultaría escasa. De aquella era que no había regresado jamás, motivo por el que Eliwood había asumido la responsabilidad de su título tempranamente. El final del relato, entonces, podía ser sólo uno. Lo escuchó con un extraño sentido de alivio, al ser esclarecido al fin el misterio.

- Ya veo... - Murmuró, su constante serenidad asemejándose inclusive a una falta de reacción. Por mero instinto, las disculpas del pequeño dragón fueron respondidas con nuevas caricias suyas, pasando los dedos entre su cabello ausentemente. - ¿Cómo es que cada vez que te veo, cada vez que hablo contigo, siento que el mundo se ha vuelto tanto más amplio y misterioso a mi alrededor? Y a su vez, más reducido y comprensible. Mis conocimientos sobre este continente primero, y ahora los últimos días de mi padre, quien simplemente había desaparecido... de cuya muerte jamás supe con seguridad... - Su mirada distante y pensativa regresó al bardo. La ansiedad en su gesto era palpable y acongojante, mas Eliwood no estaba seguro de qué debía hacer para aliviarla, pues tampoco estaba seguro de su propia reacción. Nada había que valiese la pena decir, y sin embargo, sentía que faltaba mucho más. Exhaló largamente. - Dime, Nils. ¿Realmente nos hemos encontrado por casualidad la primera vez? ¿O era tu propósito traerme todas estas noticias? -

Entendía que Nils sentía culpa. Entendía, inclusive, que quizás estuviese en lo cierto al respecto, aunque quedaban varias áreas obscuras en la historia para poner eso bajo duda. Pese a todo, lo mejor que podía hacer ante él era mantenerse impertérrito y dejar de lado la emocionalidad del asunto, aunque no podía evitar su propia necesidad de una pausa y un respiro para que la verdad se asentase en sus pensamientos. Se giró boca arriba sobra capa esparcida del pequeño, pasándose una mano por el rostro y a través del cabello, hasta dejar su antebrazo caer sobre sus ojos. Inhaló y exhaló en el aire nocturno, repitiendo la noticia en su mente. - Nils... - Murmuró al fin, juntando palabras adecuadas que dedicarle. A falta de las mismas, se decidió sólo a comprobar qué más faltaba. - Si hay algo más, deseo que me lo digas. Si hay algo más que esperes a hacerme saber, creo estar listo para saberlo. -
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Nils el Mar Nov 01, 2016 6:38 am

Las gruesas lágrimas no dejaban de brotar por esos grandes ojos carmesí, tan frías como las gotas de lluvia en las mañanas de invierno. Nils daba todo de sí para no romper en llanto por lo que se mordía ligeramente el labio inferior y el temblor en su cuerpo estaba lejos de desaparecer, incluso hipando por el llanto contenido. Las caricias de la mano del marqués en su cabello se le antojaron reconfortantes, mas viendo la mirada ausente del pelirrojo estas llegaron a parecerle incluso dolorosas emocionalmente hablando. Todo aquello para el chiquillo era algo reciente y de no ser porque sabía de sobra que Elbert estaba muerto seguro que habría confundido a su hijo con él.... era una herida abierta y dolorosa, una que a duras penas soportaba en su día a día donde la negación a veces serbia de placebo para aminorar el dolor.

- El grupo criminal que me separo de mi hermana y que tiempo después asesino a tu padre se conoce como "El colmillo negro". Me mantuvieron encerrado y aislado por mucho tiempo por lo que no se mucho acerca de ellos.... solo que necesitaban la sangre de los dragones de hielo para "algo" y que mi hermana y yo éramos los últimos que existían. Se también que Elbert les estaba siguiendo la pista desde hacia tiempo pero en un descuido termino siendo capturado. -

Cerró los ojos mientras más lagrimas se derramaban por sus mejillas, intentando recordar más cosas respecto al tema, escarbando en todas aquellas memorias que le resultaban terriblemente dolorosas mas a estas alturas resultaba ya incluso ridículo intentar ocultarle algo al humano pelirrojo.

- Que relación tenia Elbert con el colmillo negro.... porque lo encerraron junto a mí en la celda... que hicieron con mi hermana o que pretenden hacer conmigo lo desconozco. Solo sé que son gente peligrosa que han estado tras de mí los últimos años, no me he molestado en contar cuantos, que se llevaron a mi hermana y asesinaron a mi mejor amigo.... Se también que no puedo hacer nada para detenerlos y pondré en peligro a todos los que estén cerca mío, incluyéndote. -

Ya no le quedaban fuerzas así que se limito a acurrucarse junto a Eliwood, esta vez siendo él quien ocultaba su rostro en el costado del cuerpo contrario, aun lloraba pero sus lagrimas se habían hecho más delgadas y no corrían en torrente por sus mejillas si no en pequeñas y solitarias gotas.

- Elbert me hiso prometer antes de que intentáramos escapar que no me diera por vencido, que lucharía por vivir y seguir adelante sin importar que tan difícil fuera el camino así que solo seguí corriendo.... intente ir directamente a Pherae para darte la noticia acerca de tu padre pero al llegar no fui capaz de encaminarme hacia el castillo y me fui al poco tiempo. Al final y después de pensarlo mucho llegue a la conclusión de que si te lo decía intentarías vengarte del colmillo negro y acabaras muerto como Elbert. Pero.... también tenía miedo.... miedo de decirte que fue culpa mía que tu padre no regresara a casa, miedo de explicarte todo lo que había sucedido. Como siempre, fui un cobarde y pese a que lo intente varias veces jamás me atreví a acercarme al castillo así que solo me limite a cumplir mi promesa y comencé a viajar por todo Elibe haciéndome pasar por un bardo. -

Había evadido aquello por muchos años, tanto que el niño del que Elbert le hablaba se había convertido en un hombre... el tiempo volaba para los seres como él y el pasar de los días se volvían poco importantes. Era en momentos como ese en los que Nils se mostraba como lo que era realmente: Un niño asustado cuya situación escapaba totalmente a su control, lleno de impotencia y frustración por no ser capaz de ponerle un alto definitivo a aquello que lo torturaba a diario. Solitario, desamparado y sin esperanzas... una criatura condenada por su longevidad a vagar sin rumbo por el mundo.

- Debes saber que la mayoría de las historias que Elbert me contaba eran sobre su hijo.... sobre lo orgulloso que estaba de ti y cuanto deseaba regresar al castillo de Pherae. No tengo perdón por haber provocado la muerte de un hombre como él ni el haberle quitado su familia a alguien como tú que solo ha mostrado amabilidad a un ser como yo.... así que está bien si me odias, me lo merezco y no esperaría otro resultado. Tu en particular tienes todo el derecho. -

Su tono de voz ahora era suave regresando poco a poco a la tranquilidad, el haber podido entregar aquella noticia lo lleno de una extraña sensación de paz que no podía explicarse. Sentía como si hubiese culminado una tarea muy difícil, se había quitado un enorme peso de encima que traía a cuestas desde aquel fatídico día.

- Pero..... por favor, permíteme permanecer de esta manera el resto de la noche. Quiero escuchar tu voz un poco más, quiero recordar tu aroma y las facciones de tu rostro; te he entregado la noticia finalmente así que ya no tengo más razones para quedarme. -

Un pequeño suspiro salió de los labios del joven bardo mientras se acurrucaba junto al marqués.... no planeaba dormir si no simplemente disfrutar de un momento como aquel, uno que pese a todo podría considerar como un recuerdo feliz. Logro salvar la vida de Eliwood y le había revelado lo sucedido con su padre así que podía darse por satisfecho.

- Por eso... si me esta permitido ser egoísta una ultima vez te pediré que cierres los ojos e intentes soportarlo solo un poco Eliwood; En cuanto salga el sol voy desvanecerme como los copos de nieve al llegar la primavera.... me convertiré en otro cuento mas, de esos que tanto te gustan. La historia de un dragón que se quedo atrapado en un cuerpo humano y conoció a un bondadoso marques, uno que para honrar la promesa que le hiso a su primer amigo se convirtió en un bardo y recorrió el mundo hasta que pudo pagar su deuda. -

Se estaba despidiendo por qué no planeaba quedarse, porque Eliwood ahora sabia la verdad y no deseaba ponerlo en peligro. Porque, quizá, si había seguido vivo hasta ahora era solo para ese momento.... Estar con Eliwood era una dicha que hacía mucho que no sentía, una que no creía merecer. Al final guardo silencio precisamente por que deseaba solo disfrutar de estar acurrucado junto al cuerpo contrario, porque por su parte no había nada más que decir.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Eliwood el Mar Nov 22, 2016 9:46 pm

Le extrañaba el modo en que su propia reacción contrastaba con la de Nils, resultando ser el dragón de siglos de edad quien lloraba en sus brazos mientras él, un hombre de poco más que tres décadas que apenas había alcanzado la paz con su propia persona y su entorno, se mantenía casi inexpresivo ante las revelaciones. No podía sorprenderse de que tan antigua criatura aún llorase en sus tiempos de pesar, los motivos sobraban y parecía una necesidad que él no le negaría; el cansancio de dos años de guerra que tanto pesaba en Eliwood debía palidecer frente a las décadas de peligro y angustia con que el bardo cargaba, y la soledad, sin duda, tampoco habría ayudado a aminorar su dolor. No obstante, no podía hacer lo mismo en retorno. La necesidad de expresar sus propios sentimientos no estaba allí, sino una suerte de inesperado alivio por una historia finalizada y un círculo cerrado. Comprendía lo que había sucedido y eso era todo lo que necesitaba. Suponía que era el único modo en que podía lidiar, después de todo. En silencio y a solas soltaría las lágrimas contenidas y resolvería lo que hiciese falta, mas no antes. Formal e intachable le había criado su progenitor, y formal e intachable sería a través de los peores tiempos.

Le escuchó a sabiendas de que, por el momento, era lo único que podría hacer por él. El paso de tantos asuntos y tantas vidas humanas a su lado, presentes pero extremadamente efímeros, era algo que jamás podría comprender, pero podía oír la situación por la que había pasado e intentar confortar. Podía razonar lo que el Colmillo Negro representaba para él, e inclusive lo que su vida debía de significarle. Pero no podía, a la hora de responderle, darle precisamente la solución que deseaba; era un hecho amargo, pero uno que debía reconocer.

- Tienes razón, Nils. - Susurró, permitiéndole el pequeño espacio que ocupaba a su lado, aunque su vista no estaba puesta en él, sino aún en el cielo nocturno sobre ambos. - Hablas de una organización que te persigue, que traspasa mis fronteras y toma gente de mi Lycia. Dices que existen aún, y no puedo pensar en otra cosa que hacer sino buscarlos, tal como el anterior protector de Pherae hizo... comprendo lo que sucedió, prometo que lo comprendo, pero es un deber que cualquier hombre en mi posición debe aceptar. Es lo que yo también debería hacer. Mi padre no es la única persona que ha desaparecido de mi lado o de Lycia en estos años, y si hay cualquier relación entre todo, debo averiguarlo y resolverlo. Sé que no desearías que lo haga, pero... no sé qué decirte, lo siento mucho. - Explicó, honesto. Tenía las respuestas respecto a su padre, mas había mucho por buscar aún y cuando todo terminase en Altea y se asentase de regreso en su Lycia natal, sabía que debería de comenzar. El pensamiento de los misterios restantes llevó su mirada a su propia mano derecha, en que el anillo de un matrimonio ya enviudado se mantenía. Gran parte de él sabía y admitía que no había relación alguna, que no tenía sentido; aún así, no se despojaba de la alianza dorada y había temido extraviarla en las aguas. Exhaló con alivio al comprobar que seguía allí, demorando un par de instantes en quitarlo de su vista.

Lo perdido, perdido estaba. Con casi todo, Eliwood ya había dicho sus adioses, había aceptado y había dejado el luto atrás, enfocándose en el trabajo por delante y en lo que perduraba. Así era con la partida de su padre. Negando con la cabeza y esforzándose por mantener la completa serenidad de su voz, pasó los dedos por el cabello del bardo una última vez antes de retirar su mano. - Calma... no es tu culpa, no se trata de eso. Mi padre hizo lo que él deseó hacer. No es algo porque lo que seas responsable, es sólo... él, siendo quien era y haciendo exactamente lo que él haría. - Sonrió levemente, aún fresca en su memoria la entereza de aquel hombre, idóneo líder y modelo para los caballeros de Pherae. Una historia nueva revivía su imagen, acercaba nuevamente al actual marqués con el anterior. - Quizás en otro momento, esto habría sido más... difícil de entender, para mi. Pero he recorrido un largo camino desde la última vez que lo vi, y creo comprender con exactitud sus sentimientos. Es extraño que apenas ahora, de este modo, llegue a entender la persona que fue mi propio padre. -

Creía que con eso debería ser suficiente, pues lo era para él; al menos, hasta que retornara al tema a solas y terminase de resolverlo consigo mismo. Sin embargo, no parecía serlo para Nils. Y aunque Eliwood estuviese preparado para seguir allí, paciente y dispuesto a continuar tranquilizándolo como con cualquier menor sabría hacer, las palabras del pequeño dragón abiertamente se lo impedían. La forma en que daba voz a su decisión, indicando cómo terminaría todo y acomodándose ya para que así fuese, generaron en el pelirrojo la inmediata necesidad de frenar lo que estaba ocurriendo. Sería una historia tan hermosa como había sido hasta ese punto, pero no era lo que quería y debía pararlo, antes de que saliese por completo de sus manos. Con un suspiro mucho más pesado, se movió para apoyarse costosamente sobre su costado, volviéndose hacia el pequeño a su lado. Su propia figura, más grande que la ajena, le separaba del calor y el brillo del fuego, mas la luz de la despejada noche era suficiente como para permitirle verle a los ojos, una mirada que sostuvo con seriedad.

- Por favor no. Sé que si deseas desaparecer lo harás, has de ser bueno ocultándote, y el mundo es muy amplio... pero no lo hagas, por favor. ¿No quieres permanecer conmigo un poco más? Aunque ya hayas entregado el mensaje y pagado tu deuda, ¿no te agradaría? No pediré que vivas en mi castillo o mi ciudad si te incomoda, no haré demasiadas preguntas, ni te perseguiré... - Pidió sin dudar; estaba seguro de que Nils no detestaba su compañía, creía poder apelar a ello. Le había causado inconvenientes intentando mantenerlo en un lugar, tanto como intentando sonsacarle los secretos que cargaba, pero estaba decidido a dejar de hacer todo eso. Comprendía que era imposible. Fuese como fuese, sabía que si el bardo se decidía a desaparecer permanentemente, lo haría. Y con la partida del fantástico, interesante y antiguo ser, toda aquella maravilla y aperturas hacia un mundo más amplio se irían. No volvería a hallar a nadie como él, perdería algo grandioso y a alguien que quería cerca.

- No estoy listo para que todo esto termine. No quiero que sea así. - El marqués declaró, haciendo una leve mueca de dolor al moverse. No deseaba ni debía reposar más ya, debía ponerse de pie. Aunque todo lo que se le pedía era permanecer un tiempo más, en ese momento no podía dárselo. Apoyó una mano en el suelo, junto a la cabeza de Nils, seguida en breve por la otra del otro lado, inclinándose sobre él para depositar un último beso entre su cabello antes de comenzar a alzarse costosa y paulatinamente. Era un hombre fuerte y más que sano aún; sus heridas ardían y su abdomen entero palpitaba en dolor residual, pero podía lidiar con ello. Mientras se enfocase en hacer fuerza sólo con sus brazos, se hallaría bien. Soltó un quejido entre dientes al apoyar una rodilla en el suelo, luego el pie opuesto, y finalmente conseguir pararse derecho, sujetando su abdomen vendado en el proceso. La única prenda que vestía, una pieza de ropa interior similar a pantalones de fina y ligera tela blanca que rebasaban levemente las rodillas, comenzó a teñirse de rojo sobre uno de los muslos, delineando un corte producido allí por los desechos que habían estado aplastando sus piernas contra las rocas de la costa.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Nils el Sáb Dic 10, 2016 7:10 am

El chiquillo dejo su pequeño refugio al lado del joven marques para alzar la vista mientras este le hablaba, atento mientras aquellas orbes brillantes como rubíes le miraban fijamente, derramando alguno que otro residuo ocasional de las lagrimas que antes no parecían querer detenerse. Una sensación extraña le invadió el pecho cuando Eliwood le dijo que la muerte de Elbert no era algo por lo cual le culpara así como la ya temida afirmación de que perseguiría a los verdaderos responsables de aquel asesinato. Como ultimo le preguntaba si deseaba quedarse... la respuesta en la mente y el corazón del joven bardo fue unánime e inmediata, claro que deseaba quedarse, deseaba más que nada en el mundo permanecer al lado de aquel hombre gentil de mirada celeste como el vasto cielo que miraba a diario, sujetar aquellas cálidas manos más amplias que las suyas propias y escuchar aquella voz tan familiar pero a la vez tan diferente... si le estaba permitido seguir a su lado poco le importaba todo lo demás; aun si no lo merecía deseaba con todas sus fuerzas aferrarse de aquella pequeña luz que se manifestaba en un mundo sombrío y desolado.

- Conozco esa mirada, terco marques.... diga lo que diga tu ya has tomado una decisión, cierto? -

Soltó un bufido divertido esbozando una pequeña sonrisa, comenzando a ponerse de pie igualmente, escurriéndose por debajo del brazo del humano para servirle de soporte y que pudiese mantenerse de pie con mayor facilidad sin forzar tanto su cuerpo y sus heridas.... aun que en realidad el delgado y pequeño cuerpo del bardo difícilmente podían sostener al pelirrojo sin que las piernas le temblaran.

- Si no puedo evitar que te enfrentes al colmillo entonces voy a ayudarte. Ellos darán conmigo tarde o temprano por más que me oculte o intentes protegerme así que será el momento ideal para que puedas actuar.... por mucho tiempo he sido la presa de esos monstruos así que esta vez deseo ser el anzuelo que los llevara a la ruina -

Nils estaba ligeramente debilitado por el calor de la fogata por lo que su cuerpo mantenía una temperatura más bien tibia, aun que no estaba herido como el marqués el también se encontraba cerca de su límite por los días que estuvo a la deriva en el mar; aun así se esforzaría en ayudar a Eliwood dando todo de sí, no se permitiría ser cobarde nunca más.... aun que sabía de sobra su propia debilidad intentaría contagiarse un poco de la fortaleza de su compañero.

- No puedo perdonarles lo que te hicieron, lo que nos hicieron a ambos... tampoco quiero separarme de tu lado nunca más. No soy ni la sombra de lo que fui hace tantos años; he dejado de ser un dragón casi por completo y no tengo la capacidad de proteger a nadie pero.... -

Alzo el rostro para mirar a Eliwood con determinación en la mirada, sin intenciones de retroceder o retractarse, sin pretender esconderse nunca mas, proponiéndose ser tan fuerte como el hombre que tenia al lado.

- Soy un bardo y siempre es útil tener uno cerca -

Le sonrió ampliamente, aun con los ojos ligeramente llorosos por lo sucedido hace unos minutos atrás, pretendiendo dejar que todo ese dolor y angustia se evaporasen como el hielo al calor de aquella fogata, depositando sus esperanzas en aquella felicidad que no parecía terminarse mientras estaba a su lado.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Eliwood el Miér Dic 28, 2016 1:05 pm

Sonrió al sentir al pequeño dragón ayudarle a alzarse. Resultaba difícil mantener en mente que era una criatura tan longeva como toda la casa Pherae y más, cuando su cuerpo lucía tan pequeño y su fuerza era sólo esa, pero cualquier ayuda de su parte era bien recibida. Las previas experiencias le habían enseñado a Eliwood suficiente sobre el persistente, ingenioso y capaz muchacho que era, como para dejarle en claro que no debía de subestimarle con nada; aquella tenacidad surgía a cuenta nueva en sus palabras, proponiendo ya una conveniente forma de vengarse de sus perseguidores. Aunque el pensamiento fuera acertado y fácilmente podría funcionar, la idea no le agradaba en lo más mínimo. Aún así, decidido a darle al bardo todo lo que deseara para quedarse con él, no tuvo la capacidad de replicar con una negativa, sino tan sólo asintiendo en resignación. - Lamento darte ese problema. Pero prefiero que sea así, y dispongas de mi ayuda para terminar con ello de una vez. - Respondió. Era mucho mejor que tener a Nils a la fuga, a sus perseguidores cerca y él esforzándose desesperadamente por siquiera encontrarlos.

Vinieron, entonces, las palabras que había estado esperando oír, aquellas que pensaba buscar inclusive si el bardo las negaba todavía más veces. Puesto de pie junto a él, Eliwood debió bajar la vista para encontrarse con la expresión en el rostro ajeno, clara indicación de que hablaba con la verdad. Su decisión parecía tomada. De alguna forma, había accedido a permanecer con él. El marqués en ese entonces desarreglado, semidesnudo y con el cabello demasiado caído sobre el rostro, se permitió un par de gestos desalineados más mientras daba cabida; una risa alegre y sin recato, y un abrazo que recogió al pequeño contra sí, separándole los pies del suelo por un instante. - ¡Bien! No te haré quedarte en el castillo, tampoco te haré hablarme de cualquier cosa que no desees. Con saber que volverás una y otra vez me es más que suficiente. ¡Nada me hará más feliz! ¡Gracias! - Se apresuró a dar su palabra, ansioso de contentar al otro en toda medida posible, a modo de que no se arrepintiese de su decisión. Verle sonreír, para variar, era un muy bienvenido cambio. El alivio relajó sus hombros y aflojó sus brazos prontamente, bajando de regreso a quien sostenía. En parte lo hacía para no abrumar más aún aquella piel ya demasiado cálida para su temperatura ideal, aunque desease hacer precisamente lo contrario.

- Ciertamente es útil tener a alguien que continúa salvándome una y otra vez. Pero veremos respecto a eso, Nils. No pensaría en pedir que permanezcas cerca sólo para ponerte en peligro... - Suspiró, componiéndose un poco; debía mover lo menos posible el área herida para ayudar a la sanación, y de todos modos era vergonzoso comportarse en tales modos. Se contentó con mirar a su pequeña pintura viviente, de cabello en un tono verde agua casi pastel y ojos contrastantes y brillantes. Al continuar, bajó la voz un tanto, sin poder evitar perder su mirada y parte de su línea de pensamiento en él. - Desearía que no tengas que luchar más. Francamente, desearía que ninguno de los dos debiese, pero... - Se halló a sí mismo hablando con más sinceridad de la que correspondía, como general e inevitable hombre de la guerra. No deseaba exponer a Nils a más peligro del que ya había atravesado, mas era difícil de contener el similar deseo de distanciarse de una buena vez de todo aquel caos; en ese momento, era necesario, mas pesaba cada vez más sobre sus hombros, recalcando tras cada combate que no era la clase de hombre que podía continuar de campo a campo de batalla indefinidamente. Nils le recordaba el mundo que aún deseaba conocer, no en defensa y combate sino por sus encantos y novedades. Negó con la cabeza, guardando el pensamiento. No habría acceso a ese mundo, sino hasta que las guerras terminaran. - Aah, supongo que sólo estoy cansado. Y queda tanto por hacer aún, cuando regrese. -

Suspiró largamente, apartando la vista hacia su lado al contemplar todo lo que le aguardaba todavía. Debía preocuparse también de regresar, por supuesto. Se volvió hacia su ropa, que el bardo había colgado a secar al calor de las llamas. No cesaba de impresionarle cuan hábil e independiente era, ingeniándoselas a la intemperie en modos que el hombre noble jamás habría sabido hacer, educado para encargarse de su trabajo y saber hacer muy poco más. A sabiendas de que sería bueno comenzar ya, se aproximó a tantear las telas, que se sentían ya secas y cálidas al tacto, a excepción de apenas los gruesos puños del traje. Suponía que las botas serían lo último en secar, mas cuanto menos el pantalón claro y la prenda negra de cuello cerrado que vestía bajo el traje estarían bien. Aunque sólo le acompañaba Nils, siendo un varón de edad mucho mayor a la suya, por mera costumbre y pudor Eliwood se posicionó tras la capa extendida en la cuerda. Allí se despojó sin preocupación de la ropa interior que llevaba, poniéndola a una esquina de la cuerda para que pudiese secar mejor. Observó que escasas heridas habían llegado a la pelvis, apenas uno de los largos raspones del abdomen que alcanzaba el inicio del cabello rojo allí; asumía que su cuidador había tenido pudor también al dejar aquella área, mas no era nada de qué preocuparse ni nada que atender, ya empezado a sanar por sí sólo. Sin más, tomó el pantalón para calzárselo primero, soltando un quejido por el dolor que sentía al doblar el torso para agacharse. Se recordó ser más cuidadoso al ponérselo, entrelazando con calma la corta cuerda que cruzaba un par de veces la parte frontal, cerrando la tela en frente y sujetando el pantalón ajustado a lo bajo de la cintura. Tras atarla tomó la prenda superior, aliviado de sentirla cálida contra sí al ponérsela, aunque levantar los brazos probaba darle problemas. Nuevamente dio leves quejidos al intentarlo con lentitud. - Sólo... un... momento. -
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Nils el Miér Ene 11, 2017 4:54 am

Nils no pudo evitar sonreír ampliamente ante los comentarios contrarios.... aun sabiendo lo que era, quien era y por todo lo que había pasado pensaba que le estaba dando problemas. El chico de cabello verde no lo veía así en absoluto pues más que problemas Eliwood no había hecho más que traerle felicidad y alivio... jamás podría mirarlo de otra manera más que con gratitud y, quizá, algo de cariño.

Entonces, sin esperarlo siquiera fue alzado en el cielo con descarada facilidad por el mayor mientras él le dedicaba gentiles promesas acerca de permitirle actuar a placer, sin más preguntas, sin necesidad de volver a estar encerrado en el castillo de Pherae que, pese a ser lo más cercano que había tenido a un hogar en siglos, las paredes a veces se le hacían pequeñas dada su costumbre de viajar por todos lados, haciéndole sentir ansioso cuando el pelirrojo estaba de viaje. Las pálidas mejillas del bardo se tiñeron de un delator color rojo ante todo aquello, sintiendo su corazón latir contra su pecho con fuerza tal que parecía que saldría disparado de este en cualquier momento; no pudo hacer más que mirar sorprendido aquellos bellos ojos azules aun sin lograr asimilar la felicidad que lo invadía desde los dedos de los pies hasta la punta de cada uno de sus cabellos. Momentos después fue dejado suavemente en el piso mientras que aun escuchaba sus palabras con atención, sin saber identificar si las emociones contrastantes que el mayor parecía mostrar en esos momentos era un dejo de tristeza o preocupación, quizá ambas.

- Me has salvado más veces que yo a ti según recuerdo.... Hum.... si me pongo a hacer cuentas creo que con esta aun me quedo debiéndote un par de salvaciones mas. -

Comento el chiquillo mirando sus manos, contando con los dedos las veces que recordaba haber sido salvado por Eliwood contra esta única ocasión que por fin se lograba sentir útil.

- Pero ese no es el punto, a estas alturas ya deberías saber qué peligro es mi segundo nombre... Aun que "Nils Peligro" suena terrible si lo pienso un poco. EN FIN, lo que quiero decir es que puedes contar conmigo aun si las cosas se ponen peligrosas; Sobreviví a la "Gran batida", a la invasión humana en el dragón den y aun ahora he logrado incluso sobrevivir del colmillo negro. Te lo aviso, si se te ocurre dejarme atrás cuando tienes dificultades no solo voy a enojarme contigo si no que iré tras de ti de todas maneras. -  

Le irritaba en cierta medida que Eliwood lo viese como alguien indefenso a quien debía proteger pues lo hacía sentir se alguna manera distante de el... como una barrera que los separaba pese a la cercanía que comenzaban a tener. Las mejillas del chico se volvieron a teñir mientras miraba como el marqués se ponía tras la capa para vestirse, siendo su ropa interior la que ahora colgaba del tendedero.... Ciertamente había aéreas que no le había revisado y tratado por aquel sentimiento de respeto que tenia por él, quizá algo de vergüenza incluso. Trago un poco de saliva y se dio media vuelta poniendo sus brazos detrás de su espalda para darle privacidad.

- A-ah..... N-no hay problema.... -

Respondió el chiquillo jugueteando con su pierna derecha la cual pateaba un poco el piso, raspándolo ligeramente. Pensó por unos momentos que quizá debió haber ido en su ayuda más sabia que estaba siendo ya bastante impertinente. Le debía por lo menos un poco de privacidad a su compañero después de todo.

- Oye Eliwood.... -

Le llamo aun sin voltearse, ya no le hablaba con aquel respeto forzado con el cual se dirijo a el desde que le había rescatado la primera vez; no, estaba siendo informal como lo fue con Elbert, como quien le habla a un buen amigo.


- Debemos llevarte lo antes posible con un clérigo pues por más que me duela admitirlo mis habilidades no son suficientes para dejarte totalmente bien. Debes comer algo igualmente para reponer tus fuerzas.... tengo conmigo algunas provisiones que nos alcanzaran bien para alimentarnos de forma decente un par de días. Ohhh.... también puedo pescar algo si encontramos un rio cercano, si no te apetece el pescado puedo recolectar bayas salvajes o buscar raíces que podamos comer. El punto es que tenemos que empezar a movernos para que te cierren bien esas heridas, tu sabes donde estamos? -

Estaba preocupado por Eliwood y en situaciones así el cómo sobrevivir a una situación tan poco favorable como era esa rondaba su mente como una prioridad. No habían sido pocas las noches que merodeo por bosques, sabía perfectamente bien como ubicarse si sabía por dónde ir y defenderse si era el caso.

- Quiero que entiendas igualmente que sobreviviste la noche de milagro así que hasta que no te lleve a revisar no quiero que hagas nada que no sea caminar, comer o descansar. Déjame ser yo el que cuide de ti esta vez, vale? -

Se dio la vuelta para mirar al marques dedicándole una radiante sonrisa pues por primera vez en mucho tiempo se sentía útil... no solo eso, si no que además feliz de que pese a estar bastante magullado Eliwood aun estaba vivo y daría lo mejor de sí para que regresasen, ambos, a salvo a casa.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Eliwood el Mar Ene 17, 2017 9:34 pm

No debía sorprenderle que Nils tuviese razón en la mayoría de instancias. Sabía mucho que el marqués ignoraba, llevaba siglos de experiencias en inconmensurable contraste con las de tan resguardado noble y, tal como le recordaba, había sobrevivido a más de una catástrofe. Lo que hubiese vivido y presenciado en todo ese tiempo escapaba siquiera a la imaginación del humano, más aún la forma en que lograse salir sano y salvo de cada peligro. En ocasiones, su forma de actuar le hacía olvidar aquellos hechos; tan satisfecho con tan poco, tan fácil de contentar, le hacía perder de vista lo que sabía de su pasado. Suponía que todos necesitaban de esa clase de resguardo, la cercanía con otra persona y el goce de ser de importancia, inclusive los más antiguos y fantásticos seres. No quitaba, sin embargo, que fuese probablemente más capaz de defenderse de lo que el mismo Eliwood debía ser.

- ¿Cómo es que sigo olvidándolo...? Lo siento, ha de sonar ridículo que yo intente protegerte a ti, después de todo lo que has visto. - No obstante, le agradaba hacerlo. Aunque se disculpase, riendo un poco, lo cierto era que dudaba cesar. Disfrutaba hacer lo que pudiese por Nils y cuidar de él era un modo de mantenerse cerca, inclusive si resultaba innecesario. Disfrutaba, en particular, la forma en que el dragón reaccionaba a tales gestos, a veces rechazándolos y a veces permitiéndolos. Terminó de bajarse con dificultades la prenda negra, algo ajustada al cuerpo, con un cuello cerrado y mangas largas, que más que detenerse en las muñecas continuaban hasta casi los nudillos. Pocas prendas harían fácil mantener imperturbadas sus vendas, o atender las heridas con presteza si debía. Oyendo la voz avergonzada del bardo, ya un tono reconocible para él, no pudo evitar asomarse por su improvisada cortina para verlo, haciéndola a un lado. Le halló dándole la espalda, seguramente esperando a que terminase y causando que ampliase un tanto más su sonrisa.

Nuevamente, sabía que Nils razón respecto a sus heridas. Si bien el nivel de dolor e incomodidad le indicaba que no eran demasiado graves, un par de aquellas perforaciones a la altura del vientre eran dignas de preocupación. Aún si lo peor había pasado, sería mejor no arriesgarse. - Si tuviese conmigo algo de la medicina que prepararon los clérigos del ejército, sanaría mucho más rápidamente. Pero todo lo que tenía... puede estar en cualquier sitio ahora. - Dijo, tornándose un tanto más serio al referirse a aquel asunto, comenzando a considerar todos los demás aspectos de su precaria situación actual. Ninguno de los objetos perdidos en las aguas era irremplazable, su pérdida no le preocupaba, mas había otros asuntos que sí. Su expresión cambió de súbito al reparar en algo más dicho por el bardo, abriendo los ojos en cierta sorpresa e ilusión. - ¿Pescar? ¿Recolectar? ¿Puedes pescar tú sólo? ¡Por todos los dioses! - No demoró en reír a cuenta nueva, no en burla sino en fascinación por la idea de una sóla persona realizando esas tareas. Pese a las advertencias, aquellos pensamientos le divertían, haciéndole ansiar un poco lo que tenían por delante. Nuevamente, la independencia del bardo le maravillaba.

- Me pongo a tu cuidado, entonces. - Declaró sin problema alguno, deteniéndose frente al muchacho y debiendo mirarle hacia abajo. Bajo el cabello rojizo algo desordenado, cayendo sobre su rostro más de lo usual, el cansancio y la falta de pulcritud adecuada dejaban a la vista un par de arrugas que normalmente resaltarían mucho menos en el rostro del marqués. No estaba exactamente indefenso ni en un estado delicado, mas no le molestaba acatar a las indicaciones del otro, de momento. - Aún debemos de estar en Altea... no pude haber estado en el agua demasiado tiempo, o me habría hundido. Inclusive en la costa en que desperté la primera vez, no estuve por mucho tiempo. Estoy seguro de ello. - Indicó, llevándose una mano al mentón. Prefería no mencionar detalles desagradables ante el bardo, pero su método de confirmarlo era saber que aún tenía sus uñas en sus dedos; un hombre moribundo cuyo cuerpo yaciera en las aguas siempre parecía perderlas. - No ha sido siquiera un día entero, pero... necesito estar de regreso cuanto antes. Obraba como general supremo, se me necesita en Altea. Perder una jornada en guerra ya es demasiado. ¿Qué hacemos? ¿Cómo deberíamos proceder? -

Contra toda razón, se sentía lo opuesto a ansioso de regresar. El tiempo a solas con Nils era agradable, el aislado y silencioso sitio en que habían ido a parar le reconfortaba, alejando de su mente toda idea de combates y guerras. Deseaba continuar así un poco más, dedicar más de su atención el joven cuyo aspecto continuaba fascinándole y de quién aún se maravillaba, con cada pequeña nueva información que le cediera. No obstante, la realidad era inevitable. En aquellos momentos era aún el general del ejército conjunto de Lycia y Altea; tenía una responsabilidad a la que acudir, así fuese herido.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Nils el Miér Ene 18, 2017 12:02 am

Las mejillas del chiquillo se colorearon ligeramente de un tono carmín ante los dichos del marqués…. le hacía feliz el que dijera que deseaba cuidar de el aun que nunca lo admitiría abiertamente, siquiera a sí mismo. Había aprendido de la mala manera a no depender de otros, a desconfiar hasta de su sombra y por sobre todo, no encariñarse nunca de los humanos a su alrededor. Aquellas costumbres estaban muy arraigadas dentro de sí pero por alguna extraña razón con Eliwood siempre era distinto…. no importaba cuantas murallas alzara el siempre las tiraba abajo con una facilidad descarada, se sentía inquieto y a la vez contento por el simple hecho de estar a su lado, de mirar esos ojos celestes tan azules como el cielo despejado y escuchar su nombre con el timbre de su voz. Era casi como si estuviese bajo un tipo de embrujo, uno dulce y maravilloso del que no deseaba escapar.

- Descuida, es bastante normal que mi aspecto de una impresión equivocada. Así que prepárate para llevarte un par de sorpresas. -

Le guiño un ojo mientras sonreía con cierto aire divertido, Eliwood varias veces hiso referencia al desconocimiento general que solía tener referente a temas que no concernieran a la nobleza por lo que esperaba dejarle una buena impresión con esto. Ese brillo ilusionado en sus ojos celestes y la risa animada solo le incitaban a mostrarle todas sus habilidades de vagabundo con el único fin de impresionarlo, quizá y con algo de suerte incluso obtendría algunos cuantos halagos.

- He viajado por toda Elibe usando únicamente estos pies que vez aquí… o bueno, la mayor parte de los casos. En mi recorrido no siempre podía llegar a un pueblo o refugiarme en alguna caravana de mercantes así que era normal para mi acampar al aire libre cuando el tiempo lo permitía, así que descuida, sé muy bien lo que hago. -

Al hablar saco un poco el pecho, orgulloso de poder presumir aquello aun que ciertamente el que un niño vagara por bosques por las noches podría no ser muy alentador para muchos. Su profesión de bardo igualmente solía facilitarle las cosas en cuanto a obtener recursos y alojamiento se refería pues muchas caravanas de mercaderes estaban más que felices de llevarlo a cambio de sus servicios de músico. El joven de ojos carmesí escucho atentamente la información que el marqués le proporcionaba e inmediatamente su cabeza comenzó a trabajar en un plan para salir de aquel embrollo.

- Todavía estabas mojado cuando te encontré y por eso te retire la mayoría de las prendas, si tomamos entonces como base el trayecto que dejaste con tus hombreras y placas de armadura diría que la costa en la que despertaste estará por esa dirección, cuando mire las estrellas en ese momento estaba ubicado más o menos hacia el norte…. podríamos usar el bote en el que llegue aquí para salir de la isla pero al no saber que tanto nos tomaría llegar a tierra tendré que preparar provisiones y agua para unos cuantos días. -

Hacía muchos años unos mercaderes le enseñaron a ubicarse mirando las estrellas por lo que, de noche, tenía por costumbre de siempre mirar al cielo para saber de dónde venía o a donde iba. Igualmente podía calcular la hora del día aproximada por la altura del sol.

- Una isla tan grande como esta rebosante de vegetación debe tener al menos una fuente de agua potable, por supuesto los peces deberían estar allí también. Las provisiones que me regalo el capitán se componen de conservas, frutas y carnes secas, es decir, alimento que puede mantenerse comestible por mucho tiempo. Entonces, lo mejor que podemos hacer es llenarnos primero el estomago con la comida fresca de aquí y dejar las provisiones como último recurso. -

Le explico, pues ciertamente seria un problema que llegasen a comerse la comida ceca y las conservas antes de tiempo. Acto seguido y sin decir madamas el chiquillo dio un brinco para comenzar a trepar por el árbol mas cercano que encontró, esperando que el bosque de la isla no fuese demasiado espeso como para impedirle un reconocimiento general del lugar.

- Pues este lugar es amplio, pero no tanto en realidad. Si nos movemos en dirección al poniente podremos llegar a un… rio?; si, creo que es un rio. Andando pues. -

Y finalizando su rápido "reconocimiento" del área comenzó a bajar rápidamente del árbol, balanceándose ágilmente entre las ramas hasta finalmente saltar a tierra. Eliwood lo había conocido con un tobillo lastimado y por ello fue que nunca llego a apreciar la verdadera agilidad que tenia el chiquillo para moverse, no en balde era tan bueno escapando de sus perseguidores.

- Um…. Eliwood… de verdad tienes que regresar a Altea? -

Pregunto Nils con la cabeza ligeramente gacha una vez ya hubiesen retomado el camino hacia el rio. No es que deseara ser egoísta pero el encontrar al amable marques que lo había ayudado tanto en esas condiciones le provocaba un pequeño dolor en el pecho.

- Es decir…. estas herido y te notas cansado, no crees que ya ha sido suficiente?. Alguien más puede retomar tu puesto a partir de aquí, es más, ya lo debe estar haciendo…. así que…. si te parece bien… podríamos regresar a Elibe. -

Por supuesto estaba preocupado en dejarlo ir de nuevo al campo de batalla, esta vez había tenido suerte pero a la siguiente vez solo los dioses sabían. Tenia miedo de perder a Eliwood, le aterraba la idea de no ser capaz de protegerlo aun estando a su lado, aun con esas no sabía exactamente como expresar esa angustia correctamente por lo que aquellas palabras podrían tomarse incluso como el reclamo egoísta de un infante… y quizá así lo era, después de todo Nils desconocía totalmente los protocolos que Eliwood probablemente sabía de memoria.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Eliwood el Jue Ene 26, 2017 1:26 pm

El noble asintió, impresionado y emocionado, a la idea de ver los curiosos talentos del bardo en acción. Era una alegría a destacar en medio de ese penoso episodio. Pese a la prudencia que usualmente practicaba y sus modales, que indicaban que debía aguardar pacientemente a su turno para hablar, se halló a sí mismo intercediendo tempranamente al ver al joven tan orgulloso de sí mismo. Las ideas de décadas de viaje, viendo el continente cambiar y desarrollarse, se le hacían tan irreales como conmovedoras; simplemente debía de expresarlo. - ¡Debiste tener tantas aventuras, en todos esos viajes! Ningún otro bardo ha de tener tanto que contar en su música como tú. No consigo imaginarlo, ¡pero ha de ser tanto lo que has visto y hecho! - Dijo, llevando en los labios una sonrisa animada. En sus años, era aún capaz de encontrarse con tales fuentes de asombro, disfrutándolas sin inhibición. No obstante, en breve notó su propio humor y se corrigió, riendo. - Ah, lo siento, te estoy interrumpiendo-- prosigue, por favor. -

Después de todo, el hecho era que el resto le interesaba tanto como la parte ya oída. Se cruzó de brazos, como si con ello contuviese su propia inquietud, con la mirada atenta en Nils. Escuchaba con avidez sus indicaciones, a sabiendas que en ningún modo podía ser tan simple como el bardo describía; ni calcular las provisiones de unos días, ni obtenerlas, ni siquiera prepararlas o transformarlas en una comida adecuada después. Su paladar malacostumbrado a los platillos de lujo estaría en severo desacuerdo con su mente fascinada por la comida de viajero, por seguro, mas era un problema del que no estaba siendo consciente en ese mismo instante. Se centraba tan solo en la admirable organización del bardo respecto a los recursos, ansioso de seguirle y de verle obrar en la búsqueda y recolección que describía. Terminado aquello, asintió una vez más, expresando su invariable aprobación.

- ¡Perfecto! Deberemos de traer lo recolectado de regreso aquí, ¿no es así? Para hacer uso de la fogata. - Acotó, imaginando con suma curiosidad la experiencia de cocinar directamente a fogata, sin utensilios ni ollas. Era condiciones aún más limitadas que las de un ejército en movimiento haciendo su campamento nocturno, aunque ni siquiera en casos así Eliwood había presenciado de primera mano el desarrollo de las tareas de cocina, usualmente ocupando la tienda principal con los estrategas o generales, hasta que la comida era llevada a él. El cambio le motivaba. - Nunca he hecho esto, pero parece extremadamente divertido. Te seguiré, te asistiré con la pesca, la cocina o lo que pidas de mi. Por tanto, por favor dame alguna tarea con la que pueda alivianar tu carga, estaré encantando de realizarla. - Ofreció. Bajo la guianza de Nils, seguramente habría mucho que hasta él pudiese hacer, sólo haría falta que le indicase qué y cómo. Hizo una pequeña pausa al verle trepar un árbol cercano, moviéndose rápidamente. Acercándose un poco al tronco, alzó la voz para hablarle desde abajo. - Por cierto... ¿mi armadura? ¿Mi espada? ¿Hallaste conmigo alguna de mis pertenencias? -

El dragón pronto volvió a descender. Lo que había subido a comprobar, en exactitud, era desconocido para el noble, que sólo llegó a alzar un poco los brazos en un amago de atraparlo; empero tarde, pues el ágil pequeño se dejaba caer ya al suelo, aterrizando con ligereza. Alzando ambas cejas en admiración, Eliwood sólo pudo seguirle por el momento. Caminaba con cierta lentitud, cuidadoso de las punzadas de dolor que ciertos movimientos causaban, atentos a las mismas en intentos de descifrar si había algo grave con sus heridas o no. Hasta ese entonces, no parecía haberlo. Disimulando aquel dolor con la entereza de un caballero entrenado, se limitó a seguir al otro, con la vista más puesta en él y sus adorables modos que en el camino que yacía por delante. A su pregunta, por la dubitativa forma en que había sido formulada, intuyó que hasta el mismo Nils debía de conocer la respuesta, mas de igual modo resolvió hablarlo abiertamente.

- Debo de regresar. El general del ejército dirige la actividad en el campo de batalla. La guerra es impredecible, como lo son los combates; podemos prever en qué punto hallaremos al enemigo e interceptarlo, pero siempre puede aparecer otra amenaza, o las condiciones de la batalla pueden ser más difíciles que simplemente entrar y derrotarles. El general supremo debe indicarle al teniente general, generales de división y generales de brigada qué hacer y hacia donde llevar sus tropas. Es un trabajo importante. - Explicó, dejándose llevar un tanto por su paciente naturaleza y su necesidad de ser franco. Quizás Nils, en sus años, conociese ya el funcionamiento de un ejército, mas estimaba correcto decírselo. - En este caso, yo, como general supremo... he estado entre las primeras tropas en desaparecer del campo de batalla, por no notar la estrategia enemiga a tiempo. Creíamos asegurado ese puente, no sabíamos que podía ser derribado bajo nuestra caballería... - Apretó los labios, exhalando pausadamente. Había sido un horrendo imprevisto, cuyas consecuencias aún desconocía. Continuando en la caminata, con el silencioso entorno de ese páramo abandonado para realzar su voz, se permitió bajarla un poco. - Sin mi, el teniente general y los demás oficiales seguramente tomaron mando hasta el final del combate, pero... ¿cómo puedo estar seguro de que salieron victoriosos? Un sólo combate perdido puede voltear la situación de la guerra entera. Ser separado del frente por un día es descuidar el destino de Altea. Debo saber qué ha sucedido, así como debo tomar mi responsabilidad otra vez. -

Distante pero claro, casi melódico, detectó el sonido del agua corriendo plácidamente. Un río calmo y constante, siguiendo un causal formado naturalmente, sin desvíos ni represas humanas. Curioso por un paisaje así, el marqués se adelantó un poco, rozando la espalda de Nils con su mano al pasar. - Todo esto pasará, pequeño. No son mis primeros combates. Llevaré todo a buen término y entonces, sí, podré regresar a Elibe. - Aseguró, con la confianza que sólo la edad y la experiencia conferían. Mostrarse seguro era la mitad del logro.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Nils el Vie Ene 27, 2017 12:05 pm

El chiquillo no pudo evitar reír un poco ante las actitudes que Eliwood mostraba en ese momento siendo que lo conocía como un hombre siempre correcto y educado que incluso tuvo dificultades para comenzar a llamarlo de "tu". Era tonto pensar en ello ahora pero siendo franco consigo mismo le habría encantado conocerlo unos pocos años antes, cuando aun fuera un niño humano, imaginando todo tipo de escenarios divertidos en los que cada día fuese una aventura; escaparse del castillo para salir a pescar o recolectar frutas silvestres, contarle miles historias de las cosas que vio a lo largo de sus viajes…. y ya que estaba pensando en lo que pudo ser incluso se atrevió a imaginar cómo habría sido todo si hubiese regresado a Pherae junto a Elbert. Sí, todo habría sido maravilloso pero el destino parecía tener en mente un destino más sombrío para ambos, uno al que no dejaría opacar su inesperado pero bien apreciado tiempo a solas con Eliwood.

- A-ahhhhh…. cierto, preparar la comida en la fogata!!!. Descuida, habrá algo que puedas hacer, siempre hay algo y toda ayuda es muy bien recibida -

No sabía cómo decirle que él no era un buen cocinero pese a todo, después de todo el contacto con el fuego nunca le era grato, siquiera sano. Evitaba la comida caliente como a la lepra por lo que difícilmente se podría considerar que tuviese alguna habilidad culinaria respetable, tampoco era exigente con el sabor de la comida habiendo pasado días sin comer en algunos de sus viajes y eso empeoraba las cosas si se tomaba en cuenta que la comida que servían en el castillo era siempre deliciosa. Sabia prender una fogata, claro…. mas para guardar apariencias que por necesitarlo realmente pues los humanos solían ver con miradas extrañadas a un chiquillo de escasa ropa que se alejara del fuego en una fría pero de eso a tomar el riesgo de acercarse a calentar comida que de todas maneras no podría comerse hasta que se enfriara era otro cuento.

- Tus cosas?.... si, algo de eso vi mientras te buscaba. Veamos, si mal no recuerdo vi tus hombreras y la funda de tu espada. Sabía que eran tuyas por ese diseño tan peculiar que tienen pero desgraciadamente estaba más concentrado en encontrarte a ti que al resto de tus pertenencias en ese momento. No creo que sea difícil encontrarlas de vuelta así que tranquilo, iré a por ellas más tarde -

Por un momento le paso la maliciosa idea de esconder su armadura y su espada o tirarlas al mar si con eso podía evitar que regresara al campo de batalla…. pero, si bien recordaba lo cabeza dura que era Elbert intuía que su hijo iría al campo de batalla desnudo en pos de atender el llamado del deber. Sería algo cómico de verse, lo admitía pero al final su armadura y espada eran aquello que lo mantendrían vivo en un enfrentamiento armado…. odiaba las guerras pero aun mas odiaría el perder al marques por un mero capricho.

- "Podremos" Eliwood, no pienso marcharme de vuelta a Elibe sin ti. Voy a asegurarme personalmente de que cumplas la promesa que me hiciste. Ya viste lo útiles que son mis habilidades la noche nos conocimos así que puedo serte de ayuda; Por supuesto, no aceptare una negativa por tu parte -

No podía evitar mostrar su total desaprobación respecto al tema, cruzándose de brazos ante las razones que le daba el marqués respecto a su vital importancia en el ejercito de Altea, incluso llegando a inflar ligeramente las mejillas y poner un notorio gesto en su rostro de mal humor. Había vivido mucho tiempo y conocía bien de temas varios, sin embargo la milicia y la nobleza eran cosas que se le escapan totalmente al entendimiento…. los soldados le aterraban como era comprensible y jamás tuvo acceso a círculos nobles donde pudiese aprender de dichos temas por lo que debía conformarse con saber lo que su compañero le decía y aprender de ello.

- Este rio es tranquilo y poco profundo, será fácil atrapar los peces y algunos camarones si hay suerte. Allí es donde entras tu Eliwood, tu trabajo será agarrar los peces que yo te arroje a la orilla, y des escamarlos, ven te muestro. -

De camino hacia allí había hecho varias pausas para recoger palitos y varas pequeñas que usaría después para ensartar los peces y ponerlos al fuego para cocinar su carne, mas para Eliwood que para el mismo pues por su parte no tenia reparos en comerlos crudos. Se acerco al rio con aires animados, quitándose las botas dejando sus pálidos y pequeños pies al descubierto. El agua se encontraba fría a esas horas de la mañana y le llegaba un poco debajo de las rodillas pero tampoco era problema alguno para el joven bardo quien encontraba esa sensación agradable después de haber pasado la noche entera sofocado por una fogata, tampoco tardo demasiado en atrapar a su primer pez usando solamente las manos no sin antes hacer un par de intentos ya que hacia una buena temporada que no realizaba tal actividad.

- Sabes?, en muchos cuentos e historias de Elibe afirman que a los dragones nos gusta comernos a doncellas jóvenes y bonitas; yo te aseguro de primera mano que la dieta de un dragón de hielo se compone principalmente de pescado, por eso tenemos colmillos. Como abras de adivinar nos gustan mucho los climas fríos y en estos las plantas que producen comida son muy escasas. Mi madre le enseño este técnica de pesca a mi hermana mayor y ella me la enseño a mi después cuando vivíamos en el dragón den. -

Regreso a la orilla mientras le explicaba aquello pues estaba seguro que aquel era un dato que el pelirrojo apreciaría, también de paso aclarar aquel horrendo mito tan popular entre los humanos referente a que los dragones disfrutaban de comérselos. El pez luchaba incansable por liberarse del agarre del niño quien lo sujetaba fuertemente de la cola, ya más que acostumbrado a ello.

- Bueno, regresando al tema, lo primero que hay que hacer es mostrar nuestros respetos al pez quien va a ser nuestro alimento. Después le damos una muerte rápida clavando el cuchillo en este punto para evitar que sufra más tiempo, finalmente tomas el cuchillo de esta manera y comienzas a quitarle las escamas de esta manera. -

Le explico paso a paso utilizando la pequeña daga que siempre traía consigo, tanto para defensa como para actividades como aquella. Con cuidado le mostraba como debía ser el proceso haciéndolo el mismo hasta dejar al pez limpio y listo para cocinarse.

- No tienes que hacer esto si no quieres Eliwood, entiendo que no estás acostumbrado y podría ser difícil para ti. Habrá muchas otras actividades más agradables que hacer después así que no te preocupes. -

Estaba herido y no quería que hiciera esfuerzo alguno que pudiese abrirle de nuevo las heridas. Debían ser actividades simples que no lo obligaran a moverse mucho mas igualmente tomaba como prioridad el mantener al marques bien alimentado para que su cuerpo recobrara fuerzas y se centrara en curarse más rápido, para ello adivinaba que la carne era mejor que las frutas o bayas de momento.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Eliwood el Sáb Feb 04, 2017 8:01 pm

Asintió a las palabras del muchacho a cada tanto, tomándole como el superior en conocimiento y experiencia que era en aquella área. Confiaba en poder serle de utilidad a Nils, en el extraño tipo de misión que tenían por delante. Su supervivencia en cierto modo dependía de ello. Sin embargo, igualmente importante era verse preparado para la misión a cumplir en su regreso a Altea; volver en las mejores condiciones posibles debía ser prioritario. Regresaría sano, descansado y alimentado, gracias al bardo que le había salvado, pero si podía asegurarse el regresar armado lo haría también. Cuanto menos con su armadura, a modo de poder tomar armas tan rápido como se requiriese. Desconocía el escenario con que se hallaría en las costas de las que se había alejado. Podía ser que las batallas estuviesen aún en desarrollo. - Sí, por favor. Si recuerdas donde es, te lo encargaré. Es muy probable que necesite mi equipo de inmediato. Una funda pierde su sentido sin el arma en sí, pero al menos la armadura sería de mucha utilidad... - Respondió con aquellas consideraciones en mente, incapaz de olvidar la guerra en tan sólo una noche. Al oír que el bardo se quedaría a su lado inclusive en esa parte, algo que debí de haber dado por sentado ya, sonrió enternecido. - Ah, claro, estoy seguro que también hallaré de provecho tu asistencia, siempre que permanezcas cerca de mi en mi batallón. Será una gran adición. -

No le agradaba el asunto y no estaba muy seguro de que Nils lo comprendiese a fondo, pero de momento, era como debía dejarlo ser. Podría cuidar de él si estaba cerca, asumiendo que tras un combate o dos entendería el peligro y empezaría a escucharlo respecto a mantenerse lejos. Dejando aquello de lado, pues incumbía para mucho más adelante, Eliwood volvió la vista al río. Tal parecía que tendrían pescado fresco. No era el filete de salmón sazonado con patatas que se servía a menudo en el castillo, pero le ilusionaba de igual modo, más aún sabiendo que colaboraría él mismo. Asintió, emocionado, yendo al trote hasta la orilla de las aguas para ver al dragón adentrarse en las mismas. Aún sabiendo su resistencia a la temperatura, le generaba un leve escalofrío en empatía.

- ¡Bien! Entonces, ¿cómo es que...? - Comenzó a preguntar por el método que utilizaría para pescar, si acaso una vara afilada o una tela como red, cuando vio a Nis introducir las manos en el río y salir con un pez bastante grueso agitándose entre estas. Tomó aire sonoramente, mas antes de hacer o decir algo de forma vergonzosa, se contuvo y dio un par de recatados aplausos. - ¡Veo la técnica a la que te refieres! Pero descuida, no he pensado que comerías humanos, pequeño. Imposible conociéndote. Aunque siempre pensé que sería algo más como... ganado. - Agregó con lentitud, pensativo. Siempre los había imaginado, por supuesto, en sus formas mayores. Criaturas de tal tamaño sólo podían saciarse con animales grandes. En algún momento había creído también en la teoría de que comieran humanos, pero había terminado dejándolo de lado al crecer; como método de combate, a lo sumo, pero ya no era de importancia. Un dragón en forma humana era otra cosa en que pensar. Se llevó la mano al mentón un momento. - Eso es porque siempre pensé en ustedes en la otra forma, pero... ahora parece un poco tonto. Es más fácil tomar la forma que tienes ahora, el tamaño que tienes ahora, y saciarse con un par de peces, que arrasar con el ganado de un pueblo. - Rió. Y todavía asumía inconscientemente que un dragón cometería el nefasto acto de llevarse el ganado de un grupo de personas en lugar de alimentarse de bestias salvajes, pero aquello venía sin pensar siquiera, sin notarlo. Una impresión sostenida desde la infancia cambiaba con lentitud.

- Gracias por permitirme ayudarte en algo, Nils. - Comenzó por decir, aproximándose para observar las instrucciones del otro. En primera instancia, cuestionaba un poco apoyar el pez simplemente allí, sin ponerlo sobre algo limpio. Pero, si lo pensaba, no tenían nada que usar en su lugar. La ropa de cualquiera de ellos había visto mejores momentos, pareciendo suficiente en comparación el césped húmedo de la orilla. En cuanto a las indicaciones en sí, que contempló con admiración, no había modo en que no pareciesen proezas de manos expertas. Los quehaceres comunes lucían a sus ojos como destrezas impresionantes e inigualables; no creía posible imitarle sin más, aunque no descartaba intentarlo. Ladeó la cabeza hacia el pequeño, que parecía intentar disuadirlo entonces. Neganco con la cabeza, sonrió con calma al reasegurarle. - No, no descuida. ¡Quiero hacerlo! Es una experiencia nueva y parece divertido. Permíteme, por favor. - Cuidadoso, tomó de la fría mano del bardo el cuchillo, pues era la única herramient con la que contaban. - Encárgate de lo tuyo y despreocúpate, yo estaré bien. -

Aguardó, pues, a que el primer pez saliese del agua. Entre tanto, apoyando una rodilla en el suelo húmedo e inclinándose con inusitada dignidad para la situación en que estaba, el marqués intentó terminar de limpiar las escamas del anterior. Entre una espada larga y un cuchillo de desollar había un abismo de diferencia; con una, el hombre mayor era diestro y la empleaba con gracia y fluidez, cual cómoda extensión de sí, mientras que con la otra era tan torpe como el más novato de los aprendices recién ingresados a cocina, o peor. Las escamas terminaron en toda superficie accesible de sus manos, además del borde de las mangas negras, que no había pensado en levantar, y de regreso en la superficie de la carne pálida. Al apartarse el cabello del rostro, poco acostumbrado a carecer de su banda dorada y que este cayera tanto adelante, terminó con un par de escamas reluciendo allí también. Igualmente perseveró, centrado, en cierta forma alegre y considerando que lo lograba.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Nils el Dom Feb 05, 2017 4:08 am

El gesto en el rostro del marqués al sacar aquel pez del rio valió oro. Notaba ese brillo de emoción en sus ojos y la sorpresa era notoria en sus adultas facciones, no entendía cómo pero de una manera muy extraña le parecía un tanto adorable. Una vez le hubo explicado  cómo es que se des escama un pez  el muchachito de ojos carmín regreso al rio con intenciones de sacar más comida. Admitía para sus adentros que mirar de re-ojo al marque realizando aquella actividad era sumamente cómico por lo que tuvo que poner todo su empeño en no soltarse a reír…. estaba dando su mejor esfuerzo y no deseaba desmerecerlo o que pensara que se estaba burlando de el por más divertido que fuera verlo con escamas por todos lados… quizá debió advertirle que se arremangara sus ropas pues con altas posibilidades el pobre pelirrojo acabaría impregnándose con el olor a pescado.

- Hum…. en realidad estar en nuestra forma verdadera es mucho más cómodo que un cuerpo humano si te digo la verdad -

Comento el muchacho distraídamente mientras sacaba otro pez que había logrado capturar, torciéndole la cabeza para matarlo rápidamente y que el pobre animal no sufriera estando fuera del agua, arrojándolo a la orilla para buscar una nueva presa.

- Tarde mucho en acostumbrarme totalmente a este cuerpo, es pequeño, frágil y difícil maniobrar con él. Es casi…. como…. mhhhh…. si tuviese puesta una armadura muy pequeñita; usar las manos tal como ustedes lo hacen tiene su gracia también. Por eso es que nunca veras a un dragón empuñando una espada, en mi caso tampoco podría decir que soy muy hábil usando mi daga en combate, se siente… extraño -

Era la primera vez que hablaba abiertamente de eso, lo normal para el simplemente era aceptar los pensamientos similares a los que el marqués le compartía, que su forma humana era simplemente mejor, más práctica, que lo mantenía a salvo de los horrores por los que su raza había pasado… que gracias a ese cuerpo pequeño era que podía compartir ese efímero pero feliz momento al lado de Eliwood. Pero muy a sus adentros sabía que estaba negando una parte muy importante de su propia existencia, que aquellos cuentos de héroes y dragones le causaban pesadillas y le aterraba pensar que podría correr ese mismo destino.

- Aun que si te digo la verdad ya no recuerdo como era que se sentía ser un dragón, en aquella época en la que aun podía transformarme era apenas un crio de brazos. A estas alturas creo que incluso me seria mucho mas incomodo recuperar mi verdadera forma…. no es que la extrañe en realidad de todas maneras, como tú dices estoy mucho mejor de esta manera. -

Aquello lo decía mas para sí mismo, una forma de reafirmarse que todo estaba bien como lo había sido hasta ahora…. si quitaba de en medio al colmillo negro su vida podría considerarse bastante decente, los humanos se dejaban llevar fácilmente por su aspecto inofensivo y eso, aun que molesto, no era necesariamente malo. Salió por fin del agua cuando ya había sacado una decena de peces del agua, imaginaba que un hombre adulto como Eliwood comería por lo menos un par de ellos, Nils por su parte poseía un apetito descomunal para alguien de su tamaño más con sus viajes y su periodo en cautiverio descubrió que no le era necesario comer diariamente si una vez cada tanto tiempo contaba con una comida abundante…. quizá porque su cuerpo tenía un metabolismo mucho más lento que el de un humano o quizá solo compartía esa habilidad para almacenar la comida como lo hacían algunos reptiles, sea cual fuese el caso el chiquillo planeaba llenarse el estomago lo más posible y así asegurar la mayor cantidad de provisiones posibles para el marqués quien sería el que necesitaría de mas fuerzas para recuperarse adecuadamente.

- Vamos a des escamar solamente los que vayas a consumir tu, mi cuerpo está hecho para consumirlos al natural así que no te preocupes por mí en ese aspecto. Veamos… si mal no estoy lo que hay que hacer a continuación es sacarles las entrañas y ensartarlos en las varas para que puedas asarlos en el fuego  -

So podía comer peces crudos entonces no era tan disparatado que el jovencito pudiese sobrevivir en un entorno salvaje sin saber cocinar o ya siquiera hacer muchas tareas domesticas, pese a su pequeño y frágil aspecto su cuerpo estaba más preparado para ese tipo de entornos que un humano promedio. El bardo no reparo mucho en acercarse al marques, alzando suavemente su barbilla con los dedos para que el marqués le mirase directamente a los ojos, dedicándole una amplia sonrisa

- Estas haciendo un maravilloso trabajo Eliwood, estoy seguro que la comida te sabrá mejor sabiendo que trabajaste tanto para prepararla. Cuando termines con eso regresaremos a la fogata para alimentarla un poco mas y poder cocinarlos, de acuerdo? -

Su bufanda amarilla ya gastada por los viajes había visto tiempos mejores pero aun estaba relativamente limpia por lo que la utilizo para quitarle tanto el sudor como las escamas que se le quedaron impregnadas en la piel. No iba a quitarle la tarea que le había asignado, sentía que eso sería una falta de respeto para Eliwood quien se estaba esforzando tanto por hacer las cosas por su cuenta y, además, eso le ayudaría a aprender algo nuevo…. eso no quitaba el hecho de que aun así deseara cuidar de él. Finalmente se separo del humano pelirrojo para sentarse frente a él y comenzar a sacar las entrañas a los peces y finalmente clavarlos en las varas que antes había recogido, arrojando los restos al rio para que sirviesen de alimento para los otros animales que vivian allí.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Eliwood el Jue Feb 09, 2017 6:44 pm

El siguiente pez llegó, tan resbaladizo y frío como el primero, mas muerto ya al llegar a sus manos. Costosamente el hombre lo sujetó y lo puso cerca, repitiendo el difícil proceso del cuchillo, feliz de estar ocupado en una tarea útil mientras escuchaba al pequeño hablar. Cada vez eran más las extrañezas y secretos de los que le permitía enterarse. No sabía nada sobre su cambio de forma que no le hubiese dicho el mismo Nils, pero intentaba entenderlo, aún si no supiese en exactitud qué le impedía cambiar en ese entonces. Suponía que la causa no era lo importante, sino lo que pudiese hacer actualmente. Aún desde su ignorante punto de vista intentó pensarlo. En ningún modo conseguía imaginar las sensaciones que el dragón describía, aquella existencia ajena y a la vez propia al cuerpo; no era una persona de gran creatividad ni imaginación, pero al menos tenía la empatía suficiente como para comprender que era asunto de peso, que quizás necesitase una solución.

- ¿Por qué no lo intentas? Si es que hay alguna forma, claro. - Le dijo, hallando cada vez más fácil hablarle en un basis de a ; se lo permitían el silencio nocturno y el aislado lugar, donde parecía que el tiempo no corría con la prisa que percibiría en tierra firme y en sus campos de batalla. Hasta le acomodaba, extrañamente. No llevaba su vista a Nils, demasiado ocupado en la tarea que tan compleja se le hacía y en intentar sacarse de la manga el brillo de pequeñas lascas y escamas. Sin embargo, en sus palabras y su tono hallaba ya una dualidad sin resolver, entre que pareciese extrañar cambiar de forma y a la vez se hallase convencido de que no serviría de nada poder hacerlo. - Sólo para estar seguro. Si es algo que puedas hacer y deshacer, siempre podrías continuar viviendo de la forma en que lo haces ahora. Supongo que sólo para probar cómo se siente. - Agregó con cuidado, pues desconocía cuan razonable o cuan ridícula pudiera ser la sugerencia.

Él, por supuesto, prefería a Nils en la forma en que actualmente le tenía. Más allá del interesante aspecto, el inusual color de cabello e irises que le hacía lucir salido de una obra de arte y que siempre resultaba agradable de ver, era por esa forma humana que podían encontrarse sin problemas, gracias a ella que podía continuar teniéndolo cerca sin levantar sospechas ni atraer conflicto. Era, además, la forma en que podía descifrar sus expresiones faciales, comprender su humor cuando se coloreaba su rostro, entender la itención de cada contacto de sus manos o su lenguaje corporal. De poder ser así, era la forma en que prefería continuar teniéndole. No obstante, aquello quedaba a criterio de Nils, y el marqués se resignaba comprensivamente; se reservaba su opinión y preferencias en ese punto, sólo deseando en un rincón de sus propias ideas que así resultara todo. Como si llegase justamente para recordarle las distintas criaturas que eran, las palabras de Nils pronto le hicieron parar un poco en lo que hacía, sobresaltándose al oír sobre comer al natural. - ¿N-No quieres decir crudos? Ah... err... bueno, si así es... - Titubeó, callándose a los pocos momentos. No era él quien sabía lo que era bueno o malo para Nils. Aunque, en cuanto a los peces respectaba, suponía que eso significaba que debía de parar allí; dos era suficiente para él solo, con su nula hambre opacada por el dolor en todo su torso.

Comenzaba a bajar el cuchillo, cuando la figura de escasa altura se detuvo frente a él, tomándole el mentón y levantando su vista fuera del suelo. No hizo falta que el bardo le alzase mucho el rostro; inconscientemente el hombre siguió la sensación de sus dedos, siempre contento de tenerla y curioso de verle. Rió ante su halago, pues era consciente de que sólo podía ser cierto hasta determinado punto, aunque en el fondo lo agradecía. Disfutaba esa experiencia. Cuando Nils acercó la tella amarilla para limpiar las brillantes escamas en puntos aleatorios cerca de su cabello, la mano del marqués pasó sobre la del muchacho con suavidad, rozando pero sin detenerle. Tan sólo dejó que terminase, entreteniéndose lo suficiente sólo con verlo desde aquel ángulo; arrodillado él y erguido el pequeño, su estatura quedaba mucho más pareja.

- ¿Me ensucié mucho? Mis disculpas, ha sido un poco desastroso... - Dijo al fin, para entonces volverse hacia el agua e intentar lavarse las manos en ella. Era difícil ver las escamas en esa luz, más aún hacer que dejaran de adherirse; pudo sacárselas de las manos lavando concienzudamente, pero en la tela negra de sus mangas parecían haber quedado mucho más pegadas, imposibles de retirar de momento. A tiempo alejó sus manos del río, pues no fue sino un par de segundos después que escuchó la caída de las partes inusables de los peces en la superficie del agua, algo que no conseguía ver en detalle en aquella luz y que asumía que no querría, de todos modos. Con un leve escalofrío se alzó, sonriéndole a cuenta nueva al bardo. - ¡De regreso, pues! Pondré esto cerca del fuego, supongo que eso es todo... al no tener especias, limón... pero quedará, ¿no es así? - Consultó, mientras tomaba los especimenes descamados puestos ya en varas de madera. Vacíos, con sólo las partes comestibles unidas en la medida necesaria, parecían algo mucho más aceptable. No obstante, el escalofrío producido por pensar en entrañas frescas no era muy distinto al de imaginar a alguien comiéndose carne cruda, cualquier tipo de; aunque en fina cocina hubiese visto un par de instancias en que se servían filetes perfectos de atún rojo crudo, era algo bastante distinto ver al pez entero o el proceso de los trozos siendo extraídos por la cuchilla. Era algo con lo que supuso que tendría que lidiar, había anormalidades mucho más extremas respecto a Nils, debía de ser tonto preocuparse de las más pequeñas. Sujetó en una mano, por las varas, lo que debía llevar a la fogata. - Me adelantaré, por seguro esto necesitará un buen rato. -

Le emocionaba un poco el resultado. Avisado aquello, se encaminó hacia el lugar donde había despertado originalmente, fácil de ubicar por ser la única fuente de luz en quizás toda la pequeña isla. El fuego seguía crepitando, vivo, consumiendo con lentitud la leña, apenas mecido por el viento. Gustoso de regresar al calor, el hombre se agachó fuera del círculo de piedra que lo limitaba, clavando las varas en el suelo y sentándose cerca. Supuso que esperaría, la novedad le tenía un poco ansioso y no creía que fuese malo vigilar. De su armadura, de recogerlo todo para regresar y cualquier otra cosa, se preocuparía después, cuando el tiempo de su pequeño descanso realmente se agotase. Hacía falta un accidente grave y heridas preocupantes para mantenerle fuera del campo de batalla por una noche, y aunque sabía que era poco tiempo el que faltaba, apenas el que le tomase comer y recogerlo todo, intentaba saborear los minutos con una mente tranquila.
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Re: No más Himnos de Guerra [Privado; Nils]

Mensaje por Nils el Jue Feb 09, 2017 10:35 pm

Intentar cambiar de forma.... un asunto seguro interesante y que hasta ahora no se había planeado como tal. No estaba muy seguro, sin embargo, desde cuando fue que noto su incapacidad para cambiar de forma. Otras sensaciones llenaban claramente sus recuerdos... la desorientación, la falta de fuerza en las piernas para levantarse y caminar solo con dos extremidades, la falta de equilibrio o ya siquiera hablar correctamente con una garganta a la que no estaba acostumbrado, si, le costó mucho el adaptarse al estilo de vida humano pero ahora que estaba tan acostumbrado no se imaginaba de otra manera. No se planteo siquiera el intentarlo porque, quizá, lo que más le preocupaba era el cómo reaccionaría Eliwood a ello pues pese a que parecía el mas entusiasmado por la idea se preguntaba si de verdad será capaz de aceptar aquella forma, si le tendría miedo o acabaría por odiarlo como lo hacían todos los humanos. Sacudió ligeramente la cabeza para sacar de su mente aquellos pensamientos intentando centrarse en lo que allí pasaba.

- Hace muchísimo tiempo que no lo hago, de hecho siquiera recuerdo cómo es que antes cambiaba de forma. Estoy atorado en este cuerpo por así decirlo aun que es para mejor, supongo. -

Si, podía estar junto a Eliwood, podía andar entre los humanos sin ningún tipo de problema, todos parecían encantados con sus bailes y melodías, a veces le premiaban con golosinas incluso…. era genial ser humano en muchos sentidos y ya que tenía una vida relativamente normal no se quejaría por ello. De regreso Nils traía consigo todos los demás peces que había capturado, enganchándolos en una rama más larga para poder transportarlos sin necesidad de hacer mas viajes… como un extra, se tomo su tiempo de regreso al improvisado campamento para buscar algo que pudiese ayudar al marques a hacer más llevadera su situación pues sabia mejor que nadie lo fuerte que sabia el pescado sin sazonar y lo que menos deseaba era que el pobre pelirrojo sintiera malestares.

- Mira lo que encontré Eliwood!, de regreso hacia acá encontré un poco de orégano fresco y un par de naranjas!..... quizá con esto puedas darle un poco mas de sabor a tus peces -

Desconocía exactamente como cocinar pero en sus viajes había visto como a veces los viajeros le agregaban limón o naranja a los peces mientras se cocinaban a las brazas…. no diría que era ningún platillo gourmet pero sí que sabían mejor que comiéndolos solos. Con una sonrisa satisfecha el chiquillo le entrego las naranjas y las hojitas de orégano, después, alimentando un poco el fuego antes de sentarse junto a Eliwood aun que un tanto más alejado del fuego de lo que él estaba

- Bueno, provecho pues!!!, gracias peces!! -

Nils tomo su primer pescado disponiéndose a comer pues hacia ya varios días que no probaba bocado, razón por la que las provisiones con las que salió del barco estaban casi intactas. Sin miramientos el chiquillo abrió la boca lo más grande que pudo, su dentadura no era muy diferente a la de un niño normal de no ser que tenía un par de pequeños colmillos ligeramente más largos, detalle que pasaba en realidad desapercibido para la vista humana pero que eran sumamente útiles para morder y desgarrar la carne cruda del pez, atravesando igualmente su no tan resistente armadura de escamas. Un crujido no se hiso esperar por parte de la presa a la par que las pequeñas mandíbulas se cerraban para arrancar un bocado de carne, por supuesto Nils era educado y masticaba con la boca cerrada pero por más cuidadoso que fuera al comer el sonido ciclos que hacia la carne del pez al ser arrancada podría resultar desagradable. Las pequeñas escamas brillantes quedaban adheridas a sus mejillas de la misma manera en la que lo hicieron en el rostro del marqués…. aun que por diferentes razones claro estaba. En cuanto los ojos carmín del chiquillo se toparon con los azules este le dedico una gran y satisfecha sonrisa, con las mejillas infladas por la comida que aun estaba alojada en ellas. Poco y nada sabia el muchacho de lo mal que posiblemente la estaba pasando un hombre acostumbrado a los lujos y las comodidades.

- Creo que tus peces ya han de estar listos, Eliwood. Seguro que no quieres más?, debes reunir todas las fuerzas que puedas antes de que regresemos a Altea. Sé que has de tener prisa pero tu salud esta primero. Ahhhh, ten cuidado al morder pues a veces los peces tienen espinas, solo mastica con cuidado y no debería haber problema. -

Nils no era lento para comer sin embargo, de hecho podría definírsele como un pequeñajo bastante voraz cuando tenía hambre. Aun así procuraba masticar adecuadamente y ser lo más civilizado que le fuera posible para no incomodar a su pelirrojo acompañante. No había nada que ocultar sin embargo, podía darse el lujo de no fingir que le gustaba el pescado asado como debía hacerlo con todos los demás humanos ni acercarse al fuego para disimular… se sentía libre y cómodo como cuando estaba solo, solo que en esta ocasión si que tenia compañía y eso lo hacía feliz en sí mismo.
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