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Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

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Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Seimei el Mar Ago 30, 2016 2:53 pm

Sus orejas estaban escondidas de una forma un poco incómoda dentro de un sombrero negro. Su cola, por otro lado, iba oculta dentro de su ropa, apretada contra su espalda. No podría contenerse y mantenerla quieta todo el día normalmente, por más que odiara lo salvaje habían cosas de su naturaleza que no podía evitar, pero una fina cinta atada un par de vueltas alrededor de su cintura aseguraba que se mantuviera quieta allí dentro. El resto era sólo un poco de adaptar vestimenta y otro tanto de actuar natural. Actuar humano. Ser amable y tranquilo, pero no tanto como para resaltar por sobre la media general. Todo porque estaba siendo muy, muy cuidadoso. Begnion era un sitio conveniente pero también peligroso para ellos, su amo se lo había dicho. El mercado de esclavos florecía en silencio en aquel reino. Ser visto a solas podía perjudicar a Seimei, pero mostrarse con su amo podía perjudicarlo a él, su Señor, y eso sería peor. Por otro lado, si se alejaba siquiera dos pasos del duque Taghia debía de practicar la mayor cautela, en lo posible evitar ciudades o el ojo de humanos en general. Dado que no podía hacer eso, protegerse era lo siguiente mejor que podía hacer. En la ciudad capital, por sobre cualquier otro sitio. En vista de todo eso, ¿qué mejor defensa y solución que no ser visto como un laguz? Le parecía obvia respuesta. Caminar entre los demás hombres libres sería el disfraz que le permitiese hacer sus asuntos con normalidad.

Y el de sus compañeros. Seimei miró a los demás tigres y gatos con una entretenida sonrisa, tan incómodos con sus sombreros, pañuelos o telas envueltas sobre la cabeza, algunos de ellos caminando con una pizca menos de gracia al no tener sus colas disponibles para ayudar al equilibrio. Pobrecillos. Criaturas tan preparadas, actuando tan desadaptados en esos instantes. Era el grupo que siempre supervisaba para hacer los mandados y recolecciones lejos de la caravana, dejando atrás a otros para proteger y servir al duque entre tanto, pero esa situación era una a la que claramente no estaban acostumbrados. Lástima. Seimei no podría hacer todo a solas, mucho menos las partes que involucraban cargar peso, así que dejaba nulas opciones al proceder. Necesitaba la compañía para ultimar el asunto a temprana hora. Juntó las manos con un único chasquido de aplauso, sonriendo con amigable y alegre disposición a los demás esclavos. -
No luzcan tan aquejados, haha. Será breve. - Indicó. Su deber, como superior entre ellos, era guiarlos, mantener en todo momento su confianza y asegurarse de que las tareas fuesen realizadas sin dilación. Una disposición amable ayudaba mucho. Ser querido colaboraba a ser respetado, especialmente en su condición de trabajo. Miró a cada uno de los cinco allí reunidos, y les hizo un gesto con la mano para que se pusieran en movimiento. - Ya saben donde ir y qué hacer. Los pagos están hechos, por lo que sólo deben recibir el cargamento. Sean cuidadosos, no llamen la atención, sean veloces y reúnanse de regreso conmigo en dos horas, por favor. Fuera de la ciudad. -

Se puso en marcha él también, con las manos tras la espalda y un aire tranquilo. Era el único que tenía el privilegio y permiso de cargar dinero consigo, además de el único capacitado para hacer ciertas compras que requerían un buen ojo para las telas, por lo que tenía sus particulares deberes que atender. Las grandes capitales religiosas solían ser hogares al más costoso y mejor vestir, prendas de ropa de valor equivalente al de un terreno de siembra, telas bordadas a un costo de mano de obra exorbitante, materiales hilados con oro y otras extravagancias. Sería un crimen pasar por Sienne y no llevarle a su amo lo mejor que pudiese adquirir. El felino de cabello negro paseó por los blancos y pulcros pasajes de la ciudad, dirigido a un par de tiendas que había previsto visitar. Había oído de un par de cosas que tenía ya en mente para comprar, como el muy buen carmín y el profundo negro que conseguían teñir los expertos textiles de la zona, pero claro, debía ver con sus propios ojos antes de seleccionar. Se mantuvo dentro de su papel de humano común y así, sin mucho problema, disfrutó de la opulencia de Sienne. Hizo breves sus paradas en cada sitio y antes de que terminara una hora, ya tenía varios metros de distintas telas para presentar a su amo más tarde, restándole nada más que salir de la ciudad y esperar a sus subordinados.

Su cola se sentía un poco adormecida. Se acomodó el paquete envuelto de telas bajo un brazo, para meter la otra mano bajo el borde de su ropa y halar del cordel que ataba su cola contra su espalda, permitiendo que esta saliese y se estirase. Una larga cola negra de pelaje frondoso y sedoso, sólo un poco ondulado. Después de todo, acababa de salir de la ciudad, ya no necesitaba ocultarse. Aprovechó de quitarse también el sombrero, para volver enseguida a ponérselo, acomodando entre sus orejas en lugar de cubriéndolas. Recién en ese momento se percató de lo ensordecido que se había estado sintiendo, pudiendo captar mucho mejor los sonidos del exterior ahora. Se detuvo a esperar a los demás, y sus orejas se movieron a cada tanto hacia una dirección o la otra, siguiendo instintivamente cualquier ruido.
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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Hasim el Mar Sep 06, 2016 6:15 pm

Hasim caminaba presuroso  entre las calles de la gran capital del poderoso país. Con el mentón bien elevado no podía evitar caminar con su soberbia pese a que intentaba viajar manteniendo el perfil bajo. Claro que tan intención era solamente una expresión de deseo, ya que marchando apenas un paso detrás del noble, lo custodiaban fornidos guerreros portando doradas pecheras y cascos, portando lanzas y miradas fiera a cualquiera que osara mirarlos demasiado.
Avanzaban a paso lento ya que la plebe infestaba las calles, y su rostro no era tan conocido en esta zona como para que se abrieran paso al verle llegar.  Apretaba los dientes mientras maldecía internamente que sus consejeros no le hubieran permitido hacer el viaje con el palanquín que tanto adoraba usar, pero aparentemente “llamaría mucho la atención y debía ir en bajo perfil hasta la capital, debido a los incidentes con los esclavos en las minas de Nagayen”.

-Estúpidos sub humanos, su mera existencia me complica la vida incluso en mi propio país!-

Se decía a si mismo mientras con la boca fruncida se abría paso entre los lugareños, no pudiendo evitar sentir un ligero escalofrío cada vez que alguno de estos lo rozaba.
Porque estaba padeciendo de este cruel tormento? Volvía de presentarle un informe a su padre en persona, Duque y miembro del consejo real de Begnion. Se había cruzado con el “príncipe de Daein” por lo que debía informarle inmediatamente de su vergonzoso descubrimiento pero no confiaba que tan importante información viajase segura en una carta. Desde que recibió aquella extraña carta llena de garabatos ya no confiaba en la seguridad del correo. Pero hubiera sido sospechoso que el joven duque viajara con prisa de la noche a la mañana después de su regreso de su viaje a un continente rival, por lo que la reunión estaba camuflada como una simple visita de placer.  Debía ser ligero y tranquilo, dar vueltas, bobear, viajar con pocos guardias y llenar sus baúles de compras, aparentando todo el tiempo que no era más que otra visita a su amado padre. Había ojos en todas partes, y sobre todo en la capital, el juego de las apariencias que tanto se gustaba jugar en ese poderoso y extenso país.

Habiendo pasado la tarde comprando boberías extremadamente caras, caminaba fuera de la ciudad, donde esperaba que a su carruaje estuviera esperándolo en la posada de ruta a pocos minutos de la entrada principal. Los guardias se compartían las manijas del pesado cajón donde el duque había puesto todas sus compras, mientras Hasim seguía maravillado con una extravagante pulsera de varios aros dorados entrelazados entre sí. Tan absortó estaba en su nuevo y coqueto accesorio que no levantaba la mirada de su camino hasta que uno de los guardias tosió para llamarle la atención. Cuando el muchacho levantó la mirada apenas vio una extraña silueta. Aparentemente un caballero con un muy extraño sombrero y traje con tiras que caían estaba parado en su camino pero no llegaba a contemplar del todo sus rasgos ya que era de tarde y estaba a contraluz. Bueno, no era nada que perturbase al clérigo de momento. Solo un ciudadano bien vestido al que estaba obligado a saludar por etiqueta.  

-Caballero, muy buenas tardes.-

Dijo cubriendo sus ojos con la palma de su mano para poder distinguir mejor a su interlocutor.
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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Seimei el Dom Sep 11, 2016 1:37 am

El esclavo no podía evitar perderse un poco en el alivio de soltar su cola, después de tanto tiempo atada e inmóvi contra su espalda, como un hombre al que se le prohibiese el uso de su pierna derecha y posteriormente le fuera regresado. Un mundo de diferencia entre tenerla atada o libre. Y con gusto la movía un poco tras él para quitarse el entumecimiento... lo cual, claro, podía disimularse un poco. Entre su ropa negra y algo larga, la caída de la chaqueta y la cola felina detrás podían parecer todo una misma cosa. Tiras de suspensores, un ceñidor o un cinto, o realmente cualquier cosa. Sus orejas eran otro asunto, resaltaban de forma poco discreta entre su cabello ondulado, pero ¿para qué esforzarse mucho escondiéndolas? Apenas pisada la salida de Sienne, ya no importaba el disfraz, no había supuesto que vería a nadie y menos que alguien se le aproximaría por cualquier asunto. Tal fue su problema cuando alguien, en efecto, se acercó. No era parte de su perfecto horario y su muy definido plan. No estaba listo. No estaba bien oculto. Pero era tarde para pensar en ello y prepararse de algún modo, pues la persona había ido prácticamente en línea recta hacia él. Casi hasta se había topado.

-
Tenga cuidado. - Fue escueto y tajante, en primera instancia. Por un segundo, alzó el mentón con una mirada altanera. Los guardias del joven noble parecieron ponerse en alerta por la hostil reacción. Casi se habían topado, y cómo odiaba Seimei el contacto con otros seres que le 'ensuciaran'...

Pero se controló. La tensión instantánea sólo le duraba un momento, tras el cual, recobrando control sobre sí y tomando un paso atrás para contar con distancia, podía volver a relajarse con mucha más facilidad. Tenía que andarse con más cuidado que nunca. Apegó su cola tras sus piernas, ocultándola un poco, a la vez que agachó las orejas lo más que pudo contra su cabeza de cabello tan negro como su pelaje felino. Se llevó una mano al sombrero para acomodarlo, intentando meterlas de regreso ahí dentro, aunque hacerlo sin poder agarrarlas y manipularlas no era tan fácil. ¿Quien era aquella persona? ¿Por qué había ido directamente hacia él? ¿Acaso le perseguía por algún motivo...? Lo observó con sumo cuidado. Vestía bien, el ojo entrenado detectaba lo costoso de su vestimenta sin dilación, así como que sus joyas y las de sus guardianes eran de oro verdadero y puro. El equipaje era cargado por otros para él. Se trataba de un noble, claramente. No un cazador. Quizás sí un esclavista, pues Seimei sabía bien que esas cosas se hacían de modo invisible... fuera como fuera, estaba frente a alguien de poder, que no debía haber ofendido. En eso, se había equivocado y debía corregirse cuanto antes.

-
Oh, pero buenas tardes a usted, y mil disculpas, mi Señor. De haberle visto antes, no habría tenido tan... deficientes modales. - Habló en una voz suave y cuidadosa, mostrando un cambio de carácter casi absoluto. Con suma gracia ofreció una amplia reverencia ante el joven, a sus ojos poco más que un niño. Sabía bien cómo actuar frente aquellos que le eran superiores de rango, cómo reafirmarles de lo importantes que eran y el respeto que debía mostrarles. Real o no, era parte del deber, nada más. Miró el brazalete entre sus manos con interés. - Oro puro y toques de oro blanco. Alabo su buen gusto. Lamentablemente, hago mis rondas como mayordomo y he de salir de su camino. Si me disculpa... -

"Sí, esta vez, seré un mayordomo." Pensó, aunque su principal enfoque debía ser el de corregirse y no incurrir la ira del pequeño noble. Se tenía confianza en ese aspecto. Sería paciente, confiaba en que podría ponerle de buen humor con rapidez. Además, no era como si pudiese dar media vuelta y simplemente retirarse, pues darle la espalda era precisamente lo que no podía hacer. No con su cola apegada a las piernas en un simple intento de hacerla pasar desapercibida, y sus orejas chatas contra su cabeza en un intento similar. Si mantenía la calma y manejaba la situación cuidadosamente, contando con que el muchacho y sus hombres no fuesen muy observadores, quizás pudiese salir con gracia de todo eso.







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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Hasim el Lun Sep 19, 2016 6:24 pm

Si bien su contraparte estaba a contraluz, Hasim notaba algo extraño en su silueta. Como que los colgajos de tela se movían demasiado en relación al poco viento que había, o que el moño que llevaba sobre la galera.. Bueno, era el adorno más particular que jamás se le hubiera ocurrido en la vida. Pero mientras no se le acostumbraban los ojos, supuso que no eran más que las excéntricas modas propias de la capital.
A pesar que no lo distinguía con detalle, ciertamente por lo poco que podía ver y por lo arrogante del tono con el que lo saludo, supuso de inmediato que se trataba de otro noble como él. No le sorprendía que no le reconocieran en la capital, ya que habían sido pocas las veces que se había dirigido tan al sur de sus tierras, pero aun así siempre le dolía que le trataran con inferioridad, exime si todavía no conocía que tan por encima estaba en estatus su contraparte, así que simplemente se aclaró la garganta y se presentó de acuerdo a la etiqueta.

-Mil perdones, señor. Mi nombre es Hasim. Hijo primero del duque de Seliora, mucho gusto. Con quien tengo el placer de toparme en tan alejado camino? –

Los guardias tras de sí, se les dificultaba más que al noble poder visualizar hacia el frente, así que por mero instinto, llevaron su mano libre sobre la empuñadura, pero sin desenvainar el arma, solo dejando la palma abierta descansar sobre ella.
El joven duque, quien parpadeaba sin cesar, seguía teniendo dificultades para ver al cien por cien a su compañero, pero ahora sus ojos comenzaban a acostumbrarse. No intentó hacer cambio de lugares o acercarse, ya que eso sería descortés de su parte, en especial si todavía no sabía el rango de su contraparte. Podía ser simplemente un burgués, pero hasta no confirmarlo no correría el riesgo. Menos ahora que ya había dedo a conocer su nombre y casa.

-Oh! Descuide señor, en estos tiempos hostiles todos tendemos a tener deslices en nuestra etiqueta.- Respondió con falsa modestia.
-Ah? Un mayordomo?- Dijo ya con tono despojado de toda etiqueta o refinamiento.
-Bueno… debo admitir que su señor lo tiene muy mimado… Para dejarle pasearse con semejantes prendas. Exijo saber el nombre de su señor, es raro ver un amo que ostente tales cuidados a un criado.-

Ya había abandonado toda precaución y se sentía más confiado como para pararse enfrente a él, ya no estaba obligado a mostrarse sumiso o amable. Así que se adelantó y se postro enfrente a él, haciendo que ahora él lo tuviera que ver en contra luz.
-Valla, tu galera es una simple… A contra luz juraba que tenía un extraño lazo sobre ella…-

Estiró la mano para tomarla entre sus dedos y poder examinarla mejor, sus ojos todavía cansados, veían todo ligeramente borroso.
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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Seimei el Mar Sep 20, 2016 3:28 am

"Ah... ¿por qué esto? ¿Por qué ahora? ¿Por qué esta clase de noble?" Los pensamientos del gato negro fueron en una dirección cada vez más deplorable. Una situación cada vez más desastrosa...

No le agradaban las cosas fuera del cálculo. Era un esclavo, sí, pero controlaría el mundo si pudiera. La aparición del muchacho de tez tostada y cabello blanco lo complicaba todo, respecto a su horario del día y su regreso a su amo y simplemente todo. En especial porque los hombres importantes eran una cosa, pero los hijos de hombres importantes solían ser el triple de lo que fueran sus padres, en buena o mala forma. Tenía que tener cautela. Especialmente porque la amabilidad del pequeño Señor no estaba durando mucho. Vio el cambio en sus ojos, su tono de voz, al saber que se encontraba frente a un mayordomo, y supo que se hallaba en un problema real. Tenía que guardar la calma. Sabía contentar hombres poderosos, sabía complacer personas de carácter en verdad insufrible, tendría que saber trabajar con ese pequeño amo.

-
Mi nombre es Sei, mi Señor, y sí, soy una clase de mayordomo. Mi amo exige que mi presencia ante él sea siempre impecable, aunque le aseguro que mi vestir es de harapos en comparación a él o a usted. Compraría mi vida con lo que lleva puesto el amo Hasim, nada más, seguramente. - Él también podía fingir modestia, claro. Así vívía. - Pero mi amo no permite que hable su nombre fuera del hogar. Espero que comprenda, obedecer las reglas es muy importante para mi... -

En todo momento su voz fue baja, hablando en un tono suave, sumiso y colmado de simpatía hacia el muchacho. Sabía el rol que debía tomar si deseaba salir de todo sin incidente. Lo bueno era que dejaba en claro que ya tenía un amo y dueño, a un nivel de criado que francamente no era muy distinto a la situación de un esclavo, aunque no se atrevía a nombrar a su verdadero Señor en tierras en que podía ser comprometedor. Aún así, pensaba que su excusa era bastante buena. Sólo tenía que distraer (y contentar, siempre contentar) al confiado jovencito frente a sí. Cosas que era bueno haciendo. Esquivó descaradamente su mano, que tanto se había acercado, disfrazando el movimiento con agacharse para apoyar una rodilla en el suelo, bajando para no estar en una altura mayor a la del noble, y desde allí continuó adulándolo con una mirada amable. Sus pupilas, como las de todo gato, eran rasgadas y finas.

-
Pero el hijo de un duque es una autoridad mayor, mi amo lo entendería sin problemas, y seguramente desearía que le represente extendiéndole nuestros respetos y mi ayuda. ¿Está perdido en tan alejado camino, pequeño amo Hasim? - Fue lo más dulce que pudo en llamarle así, sonriéndole atento y servicial. - ¿Hay algo en que pueda asistirle? ¿O algo que pueda hacer mientras estoy ante usted? -







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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Hasim el Sáb Oct 08, 2016 4:25 pm

Hasim hinchó levemente el pecho ante la avalancha de halagos que el muchacho bien portado le estaba dejando caer ante él. La mayoría de los plebeyos al saber su cargo se dignaban a mirarse los pies y no decir palabra alguna, pero este no y le complacía ver a un sirviente que tuviera tan bien aprendido sus modales y modismos, y empezaba a preguntarse porque no todos sus sirvientes se comportaban de forma tan magnifica hacia él.

-Oh, entiendo… entiendo… -

La exquisitez de halagos que estaba recibiendo hizo que le muchacho se olvidara el hecho que se le estaba negando saber la identidad de su amo. Siempre que le llamaran “amo” hacia que se sintiera dos o tres centímetros más altos de lo que en realidad era. Y cuando el muchacho se arrodillo ante él, si bien lo agarró por sorpresa tan brusca acción, no pudo más que quedar más facinado todavía con el mayordomo encontrado.

-Oh! Bravo! Bravo jajaja!-
Dijo dando pequeños aplausos ante tal demostración de sumisión.
Le preguntaba que qué podía hacer por él? Inclinado así como estaba a Hasim le corrieron un par de ideas alocadas por la mente, ideas que le dibujaron una media sonrisa en la comisura de los labios, pero no! Nunca se permitiría poner el dedo en el sirviente de alguien más, menos que menos si corría el riesgo de que surgiera un rumor sobre sus preferencias amatorias, tal cosa podría destruir la imagen de su amado padre.

-Ahora que lo mencionas… he pasado toda la tarde en compañía de estos dos ineptos soldados, que solo saben de armas pero nada de telas o buen gusto.- Dijo desdeñoso sin que le importase que ambos guardias le escuchaban a la perfección.
-Quiero llevar un buen obsequio a un buen amigo mío… peor no sé cuál de todas estas telas que he comprado seria digna…. Tu pareces tener buen ojo, me darías tu opinión?-

Chasqueó los dedos a los guardias, quienes llevaron el pesado cofre y lo abrieron ante los dos charlatanes.
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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Seimei el Miér Oct 12, 2016 10:42 pm

¿Qué iba a hacer con su cola? Por dios, ¿qué iba a hacer? De alguna forma se había cubierto las orejas de regreso con el sombrero, pero estaba apegando su cola tras su pierna nada más. No iba a pasar desapercibido así para siempre. Los segundos corrían. Mantenía la calma, pero todo el tiempo estaba pensando en cómo ocultar ese último detalle, y nada le surgía. Quizás el pequeño amo Hasim ya se había dado cuenta. Y no le molestara hablar con un laguz, si era de servidumbre. Pero evitaría arriesgarse si podía. Sólo sabía con certeza una cosa: que al chico le cambiaba el humor ser tratado como superior y halagado. Algo que, por suerte, se le daba impecablemente al gato. No tenía mucho lo que se conocía como "orgullo", no tenía mucho concepto de la humillación. Si era conveniente arrodillarse y que su rebaje de nivel fuera aplaudido por un muchacho de buena casa, estaba bien para él.

"Si se trata de esto... será complicado de tratar, pero no muy difícil de contentar. Bien." Pensó, sin quejarse ante los aplusos y risas. "Así que hasta clase de terror de niño es... oh, mi suerte..."

-
Me honra por cosas tan simples y naturales. - fueron las amables palabras que salieron de sus labios.

Entonces quedó a la espera de las ordenes que lo salvaran de ese chico. Por suerte, no sonaron difíciles. Al contrario, algo fácil y rápido en lo que no se metería en problemas... excepto por que le estaban acercando un cofre en el que tendría que revisar un poco, y todavía estaba esforzándose por no mostrar su cola. ¿Cómo lo haría? Primero, miró cuidadosamente a su alrededor. A los soldados obedientes. ¿Qué tan cansados podían estar de seguir a un muchacho así? Quizás no pusieran tanta atención. Pobres ellos, si Hasim hasta hablaba mal en su presencia. Aprovechando de congraciarse un poco más, Seimei esbozó una sonrisa afilada y habló también.

-
Claro, un soldado no es lo mismo a un mayordomo o a un asistente. Menos trucos y talentos que poner a disposición. Sorprende que no tenga una procesión adecuada a su alrededor, en verdad. -

Iba a tener que arriesgarse. Quizás tener un poco la simpatía del pequeño amo lo salvara. Se acercó y se inclinó frente al cofre, sin tener forma ahora de ocultar la cola a su espalda, que caía frondosa entre su ropa. Sin embargo, el laguz actuó de forma totalmente natural, bajando la vista con paciencia a las joyas y telas recién compradas. Levantó la esquina de una, sintiéndola entre sus dedos, luego un par más. Nada era falso, todo allí era grandioso en verdad y debía de haber costado más oro que las ganancias de cualquiera de esos guardias. Apartó a una esquina una tela color crema que juzgada como la tercera mejor. Numerosos hilos en un tejido bastante apretado y fuerte. Al otro lado, una liviana tela negra y una color vino que eran claramente las de mejor calidad, hilos mucho más finos y delicados pero aún mejor tejidos. La tela era suave y flexible, pero no rasgaría ni desgastaría fácil. Casi se olvidó de sí mismo mientras juzgaba, moviendo la cola un poco por lo bajo.

-
600 hilos por medida, quizás más. Buen y fino tejido... - Dijo, mostrando la tela color crema. Luego, las otras dos, con una suave sonrisa. - El pequeño amo Hasim quizás considere quedarse con estas. Es demasiado bueno para simplemente entregar, y la diferencia probablemente no sería apreciada. Confíe en mi y le aseguro que no se arrepentirá. -







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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Hasim el Sáb Oct 22, 2016 12:37 pm

Inflando el pecho el joven duque se agasajaba mientras el educado mayordomo se mostraba tan elegante y ducho de palabra, permitiendo que le bañara de elogios libremente. Era algo común y habitual, pero de todas formas disfrutaba que le recordaran lo especial y único que era solo por su linaje.
Pavoneándose en su propio ego se giró para mirar las puertas de la cuidad de la cual había venido en su largo viaje hasta la capital y se preguntó internamente quien seria de todos los condes el que tuviera tan refinado y bien educado sirviente. En sus años dentro de ese mundillo de máscaras y halagos vacíos era muy fácil encontrar comerciantes y lame botas que se humillaran ante los de mejor estirpe para conseguir favores de ellos, aun así, el muchacho nunca había visto tales modales por parte del criado de alguien más. Si el muchacho efectivamente era el mayordomo de algún noble de dentro de la muralla, claramente este debía haber escalado posiciones dentro de la servidumbre.Pero no le molestaba en lo absoluto al jovencito de piel canela, que siempre le gustaba que le sobaran el lomo.

-Por supuesto! Nunca permito que me vendan nada de inferior calidad! –

Dijo abanicándose con gesto ausente mientras maravillado volvía a ver sus recientes compras. Definitivamente había sido una buena día en el mercado, ya que se volvió a maravillar con las refinadas piezas a medida que el esclavo las levantaba.
Su mirada empezó a bajar desde las manos del criado, bajando por sus brazos y nuevamente su cara. Era un muchacho bastante bien parecido ahora que se lo había ganado, y empezaba a preguntarse qué tan servicial seria. Hasta qué punto le indicaría su amo que podía complacer a otros miembros de la nobleza? Sería su amo alguien superior o inferior a él en jerarquía. Porque si llegara a ser inferior, le robaría a tan perfecto criado sin dudarlo dos segundos.

-Voy a tener que volver a preguntar por vuestro amo me temo… y seré especial…-


La mirada de Hasim finalmente  se posó en una de las muchos picos de tela que caían de la chaqueta del elegante mayordomo, ya que una en particular le llamaba poderosamente la atención. Permanecía ligeramente arqueada en la punta y podría jurar que la había visto moverse a destiempo de lo que acompasaba la suave briza. Sin saber porque, o sin pensar en lo mucho que estaba incordiando al joven, se inclinó ligeramente para ver más de cerca ese extraño adorno, y cuando se percató que este era un accesorio peludo y con movimiento orgánico, la sangre se le congeló en el pecho.
Con el horror dibujado en el rostro rápidamente dio un manotazo para tirar la elegante galera.

-Un sub humano! Un sucio sub humano tocando mis cosas!-
Los dos guardias de inmediato soltaron el cofre y sin desenfundar todavía se acercaron un paso amenazantes al chico bestia.
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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Seimei el Dom Oct 23, 2016 7:26 pm

Hasta allí, todo estaba bien. No le cabía duda de que tenía la simpatía y el interés del noble, por algo le trataba de ese modo y hasta disminuía a los guardias que ya eran suyos en frente. Fuera del asunto de si era o no era laguz o humano, estaba bastante seguro de agradarle a la persona que tenía que agradar. Y la verdad era que para él también era una persona bastante fácil de llevarse, quizás no fuera objetivamente el ser humano más agradable, pero era un chico del escalafón superior de la sociedad, le daba ordenes fáciles, le decía lo bueno que era al cumplirlas, y a él no se le complicaba mucho hacerlo sentir superior ni obedecerle. Al contrario. A su edad y sus modos Hasim era la clase de persona que más fácil se le hacía complacer. ¿No era esa la felicidad para alguien de su oficio? ¿Estar con alguien que fuese fácil de atender y ser reconocido como buen mayordomo? Podían llevarse bien.

-
Claro, como diga usted. Mi amo no es de por aquí, así que no reconocería el nombre... -

Se lo estaba pensando. Tenía que regresar, sí o sí, pero tenía la libertad de desaparecer un poco si era realmente necesario, y bueno para el negocio. Quizás hacer contacto con el joven de tez tostada no fuera malo, aunque sólo era el hijo de alguien de importancia. Con el hijo bastaba a veces. Pero era mucho pedir que las cosas salieran así de bien. ¿No? Sus orejas se echaron hacia atrás con los gritos repentinos del pequeño amo. Agachando la cabeza por el manotazo que podía haberlo alcanzado a él. Sí, Hasim era menor y no parecía un luchador, pero a Seimei no le apetecía llevarse un golpe de nadie.

¿Y ahora cómo saldría de esa...?

-
Ah, me rindo, me rindo... no hay necesidad de maltratar a un gato indefenso... - Dijo al instante. Levantó ambas manos un poco, quedándose quieto, inofensivo. - O mi amo se enfadará, encima de todo, por regresar menos limpio... -

Volvió la vista hacia el muchacho. Seguía de rodillas, no le había dado tiempo a ponerse de pie, y si lo hacía ahora probablemente al chiquillo no le agradase. Quedarse por debajo siempre era bueno.

-
¿Por favor? -

La verdad, dudaba que hablar así sirviera. Los chiquillos eran los peores y los más aterradores, ya lo había reconocido antes, y seguía creyéndolo. Pero quería pensar que podía apelar a Hasim todavía, dado que antes había tenido su agrado. Y no tener que lidiar con los hombres armados. No servía para pelear contra nadie, menos contra personas entrenadas. Sus uñas estaban cortas, redondas y limadas, no le servirían de casi nada. Mejor, bajó la cabeza con las orejas decaídas y chatas frente a Hasim, en el peor de los casos prefería un manotazo suyo que de los otros dos. Tenía una figura delicada, no creía que tuviera tanta fuerza. Al menos tendría las manos limpias. Lo miró hacia arriba con toda la humildad posible, dejándose cegar por el reflejo de todo el oro que llevaba encima.

-
No se vea tan sorprendido, pequeño amo. Pensé que estaba claro. Un subhumano sirviendo a un Señor, ¿no era lo que se esperaba? Siendo algo tan común... -

Creía que cualquier gesto que implicara tocarlo sería para peor, así que eso no lo hizo. Sólo agachó la cabeza frente a él, quedándose arrodillado en el suelo para no verse amenazante.







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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Hasim el Miér Nov 02, 2016 8:34 pm

Hasim dio dos pasos hacia atrás todavía asqueado por la terrible revelación que se le había revelado delante de sus ojos. Había estado conversando tan amablemente con un sucio sub humano, e incluso en un inicio había osado en tratarlo como a un noble. Sentía tanto desprecio de sí mismo en ese momento que podía sentir como su estómago se cerraba y la boca le sabia pastosa. Como se atrevía ese sucio animal a hablar y moverse como una persona!? Quien era el amo de tal criatura que le permitía tener tales tratos con los humanos. Mostrándolo en público!
Hasim hacia oídos sordos a los comentarios del laguz y se frotaba insistentemente las manos contra su toga, allí donde había tocado la galera del medio bestia.  Pero a pesar de que trataba de no escucharlo las sensatas palabras del laguz penetraron sus tercos oídos y llegaron hasta su mente, son de la turbada mente del jovencito finalmente lo proceso a su manera.
Era cierto, este laguz estaba bien portado y sabia claramente como complacer a sus superiores, no para nada como los laguzes anteriores con los que había tenido que lidiar este era… especial. Y si había cosas que le gustara más que el oro a Hasim, eran los objetos especiales.
Con una malévola sonrisa dibujada en la cara se giró hacia el todavía arrodillado minino. No tenía idea de quien era su amo, pero ahora eso era un detalle menor en su mente, ya que pronto él le pertenecería.
Lo había admitido, era un sirviente laguz, y la esclavitud de estas criaturas, por locura de la emperatriz loca de Begnion, estaba terminantemente prohibida. Por lo que si esta criatura se presentaba como sirviente, su amo no podía ser un señor local. O por lo menos ninguno correría el riesgo de dejar ver un esclavo laguz en la capital, donde la pena era tan severa.

-Guardias! He sorprendido a este sub humano intentando robar una de mis preciadas prendas! Arréstenlo!-


Exclamó dando otro paso para atrás y permitiendo que sus guardias corrieran a flanquear al mayordomo.
“No importa lo que grite, es su palabra contra la mía. Y tengo de testigo a mis guardias. Incluso si protesta, lo único que logrará es poner en evidencia que es sirviente de otro lord. Entonces su amo será ahorcado y yo podré “adoptarlo” en mi avasallante generosidad.
Si! Va a ser una magnifica adquisición! Podrá entrenar al resto de mis inútiles monstruos! Podré tener a todos mis criados tan bien portados y serviciales!”
Pensaba internamente el joven clérigo mientras sus guardias arma en mano cerraban más y más filas alrededor de él.
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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Seimei el Sáb Nov 05, 2016 7:31 pm

"¿Robar? ¿Yo? ¿¡Yo!?" Pensó con confusión. La historia no era esa, incluso los guardias debían de tenerlo muy claro. Pero si un guardia se parecía a un esclavo, darían vuelta la historia como mandara su amo. Eso, Hasim lo había hecho en pura e intencional maldad. Así lo entendía el gato negro. Y al menos en cuanto a ejecutar maldad, no era un chiquillo tonto, sabía sus derechos superiores y la historia correcta para decir... muy lindo, lo tenía que reconocer. Muy de su estilo. Pero no le gustaba ser acusado de algo bajo, tampoco que otra persona se limpiara la mano después de ni siquiera llegar a tocarlo. Compartía el sentimiento, bien, él tampoco apreciaba ser tocado por extraños, o por la gran mayoría de seres vivos en realidad, pero él sí que estaba limpio. No hacía falta tanto. Estaba viendo cómo le hacían lo que hacía él a los demás, y por supuesto, desde ese lado no era nada agradable.

-
¿Un arresto? ¿Pero qué...? - Para colmo de males. Agachó las orejas tan chatas que se confundían entre su cabello y miró a Hasim otra vez. Era él al que tenía que convencer. - No tiene que arrestarme para que vaya a ningún sitio... ¿no cree que yo le obedecería si lo indica? Sólo tiene que decirlo. -

Todavía tenía las manos un poco en alto. Era su último intento de apelar al muchacho. Seguir queriendo apelar a esa persona, de por sí, no era una estrategia muy inteligente. Pero Seimei seguía creyendo que podía llegar a él, no de una forma humana o emocional, sino apelando a sus malas intenciones. Viendo qué quería, cómo apaciguarlo, contentarlo y trabajar con eso. Necesitaba entender si el pequeño amo lo quería lanzar a un calabozo, ejecutarlo o llevárselo. Era difícil sigar mirándolo con humildad y controlar su tono para hablarle suavemente, pero todavía tenía la vanidad como para creer que podía y que saldría bien, aunque admitiría que estaba comenzando a sentirse presionado.

Los guardias no iban a decirle nada, así que interesaban muy poco. No les estaba prestando atención. Así fue que, estando Seimei de rodillas, uno de aspecto especialmente ancho le tomó por el brazo para levantarlo de un tirón. Pese a no ser un contacto directo, el asco le erizó la piel y el pelaje. Pero vió un oportunidad ahí. Dejó el brazo lánguido, y cuando el hombre armado lo soltó, lo acercó a su pecho. Sujetando su muñeca como si acabara de hacerle daño con su agarre. No podía estar seguro de si la empatía afectara en la más mínima medida al pequeño amo Hasim, pero quizás, sólo quizás, la amenaza de que dejaran inútil al gato sirviera de algo. Así que Seimei dramatizó, hablando con voz suave y sujetando su muñeca.

-
Ah... ¿me ha lastimado este bruto? Mi mano, mi pobre mano... ¿cómo voy a trabajar así? -

Algo tenía que funcionar. Malditos adolescentes crueles, tan difíciles de predecir. Obligándolo a tirar apuestas al aire de ese modo.







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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Hasim el Lun Nov 07, 2016 3:30 am

La sonrisa no disminuía en sus labios, el solo hecho de que el minio se siguiera portando de manera tan sumisa solo le fomentaba su retorcido deseo de poseer aquella rara y extraña criatura. En su experiencia con criados laguz, rara vez se asumían como criados y había que someterlos a largas torturas físicas hasta que se amoldaban lo suficiente como para poder cumplir tareas e musculo, pero nunca había visto uno lo suficientemente entrenado como para ser un criado de palacio. Es más, podría hasta asignarlo como jefe de criados. Recordando a sus criados actuales, ninguno le había hecho sentir tan gratificado anteriormente, todos en su palacio solo se limitaban a asentir y obedecer, pero nunca le decían las verdades que nunca se aburría de escuchar.
Si, lo llevaría a Seliora y le pondría a entrenar a todo su personal,  daba igual si eran sus criados humanos o sub humanos, confiaba que con el tiempo podría lograr amaestrar a las tontas bestias que tenía en sus sótanos. Además, quería estudiar de cerca el comportamiento de este felino, ya que ni siquiera los branded que él conocía se comportaban de forma tan civilizada.

-Como soy un hombre de infinita generosidad, no mandaré cortar las manos del ladrón, en cambio sí le permitiré ser mi sirviente para compensar su falta.-

Sentenció en voz fuerte y clara, e un tono destinado a hacer llegar su veredicto a los posibles testigos que les escucharan más que al laguz y sus guardias.
Ambos uniformados cerraron filas a su alrededor y, tomándolo de ambos brazos, le obligaron a parase, y fue allí cuando este dio el alarido acusando al guardia de lastimarlo.
Alarmado, Hasim se aproximó rápidamente hasta ponerse descuidadamente frente a su nueva adquisición sin tener reparos por el peligro de colocarse tan próximo a una criatura de esa ferocidad.

-AH! Tonto inútil! No lo lastimes si no es necesario-

Increpó a su guardia quien con cara de desconcierto no se animó a contradecir a su señor, pero que de igual manera intentaba reflejar su inocencia en su rostro. Completamente desconcertado ya que estaba seguro no haber colocado tanta fuerza como para lastimar al sirviente.

-A ver. Donde te ha lastimado este bruto?-

Preguntó el clérigo mientras desanudaba su corto pero elegante cetro divino el cual le adornaba las caderas, anclado a su intrincado cinturón de láminas doradas.   Sin mirar al sub humano a los ojos, extendió la palma para que este le enseñase su herida para poder curarla lo antes posible.
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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Seimei el Dom Nov 13, 2016 11:04 pm

Tenía ganas de celebrar, llenar de flores, halagos y atenciones al muchachito, por ser tan malicioso y egoísta como era. Posiblemente también de apuñalar por la espalda al guardia que se había atrevido a tocarlo, pero eso era asunto aparte. Hasim no lo quería lastimado porque quería que trabajara, lo cual significaba que iba a salir entero del asunto. Eran las mejores noticias. También significaba que sabía cómo llegarle al noble, por fin. En ese momento estaba tan agradecido de que fuese así de caprichoso, que lo amaba por ello. No le fue en absoluto difícil echar a ronronear muy por lo bajo, ni fingir una mirada de la más profunda gratitud por perdonarle las manos y la vida. Cualquiera diría que el muchachito era la luz de su mundo en ese momento.

Fue aún mejor cuando intervino por él. Realmente, no se imaginaba lo estresante que debía ser el trabajo de los guardias de Hasim, soportando insultos, órdenes contradictorias y trabajo de capricho. Dudaba que tuvieran la sutileza que tenía él para apreciar un trabajo así y sacarle el mejor provecho. Alzó la mirada al joven de alta cuna, convenientemente cerca.

-
Qué magnánimo y amable es el pequeño amo, preocupándose de alguien como yo... no sabe lo feliz que me hace. - Ronroneó un poco más fuerte, para dramatizar y enfatizar.

Era una lástima no poder quedarse con él, ahora que lo entendía. Un amo retorcido y un sirviente retorcido habrían podido ser una excelente combinación, el trabajo habría sido fácil y tendría al hijo de un duque de una potencia mundial. Su problema era que si dejaba que el pequeño amo Hasim se lo llevara, estaba seguro de que salir no sería fácil, y seguir con su trabajo regular sería imposible. Sus verdaderos amos y su verdadero negocio no podrían seguir, y eso sería inaceptable. Por esa vez, tenía que alejarse de él. Justo cuando era tan amable de sacar un cetro... una verdadera lástima, pero no había otra opción.

-
Lo siento, pequeño amo Hasim. Estoy tan apenado de no poder servirlo. Tan, tan apenado. Pero las condiciones me obligan a partir. -

Lo decía como si se disculpara por su pobre muñeca, pero en lugar de enseñársela, hizo lo que tenía que hacer. Su forma humana se redujo a su forma animal, en la que sería mucho más rápido. Un gato azabache enorme y de muy largo pelaje. Aquel gato sujetó la mano estirada del muchacho entre los dientes y tiró para echarlo de frente al suelo, antes de salir correteando entre las piernas de los guardias. La mordida no había sido muy fuerte, no estaba acostumbrado a esa clase de comportamiento y no tenía mandíbula fuerte, pero sabía que hacer caer al hijo de un duque sería grave de todas formas. Huyó, confiando en lo ágil y rápido que era en esa forma. Al tomar algo de distancia, volvió a su forma humana para gritar una última cosa.

- ¡Volveré con usted apenas pueda! -







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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Hasim el Lun Nov 14, 2016 11:14 pm

Hasim soltó un alarido de dolor semejante como si la bestia le hubiera arrancado la mano entera. Cayendo sobre su espalda tras el empujón de la bestia, quedó tumbado boca abajo en el suelo mientras  sujetaba fuerte contra su pecho su herida que apenas sangraba.
Los guardias, todavía anonadados por los rápidos movimientos del felino que no les dio tiempo a razonar, se debatían mentalmente si acoger a su amo herido, o correr tras el gato para darle un escarmiento.

-QUE ESPERAN!!?? ATRAPENLO!! QUE NO SE ESCAPE!-

Gritó el “tullido” muchacho mientras las lágrimas le corrían por la barbilla libremente.
En unos pocos segundos había pasado de la dicha más grande de creerse poseedor de una nueva mascota, a estar completamente despeinado, con el pelo desacomodado y las ropas sucias de tierra y pasto, las cuales tendría que tirar no bien llegara a sus tierras.

-Atrápenlo! Póngale un bozal! Pero tráiganlo! –

Seguía vociferando mientras se incorporaba lo suficiente para ver y escuchar la despedida desde la distancia, a la que le respondió a los gritos.

-No podrás escapar de mí! Te encontraré! Eres mío por derecho!!! No habrá lugar donde te puedas esconder! –


Sus amenazas eran vacías en fundamento pero cargadas de una autentica rabia. Ahora más que nunca, ahora que le veía partir sin poder hacer nada para impedírselo, que se le escapaba de entre los dedos y se giraba para guiñarle un ojo, era ahora cuando más quería poseer a ese escurridizo gatito. Y en ese momento el futuro duque de Seliora estaba dispuesto a traer a la propia Ashera a la tierra para lograrlo.
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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

Mensaje por Eliwood el Miér Nov 23, 2016 9:52 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Ambos obtienen un incremento de +1 EXP.

Gracias a este, Seimei obtiene el primer skill de la rama Laguz (Cat):

Corazón Salvaje - Permite al laguz permanecer en su forma animal por todo el tiempo que necesite, si se encuentra en una situación de presión en que le sea necesario estarlo. La urgencia puede hacerle ignorar el agotamiento hasta que el laguz decida transformarse de regreso, momento en el cual desfallecerá de cansancio.

Adicionalmente, Hasim obtiene el primer skill de la rama Priest:

Servicio - Confiere al clérigo en cada tema un pequeño bono monetario a modo de 'donación' proporcionada por los fieles de su iglesia para su sustento, el cual puede destinar a los gastos que desee. A veces, si su servicio ha sido destacado, se repararán sus báculos. ¡Aunque no es bien visto de un miembro del clero guardarse y acumular riqueza!
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Re: Una paradoja sobre libertad (Priv. Hasim)

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