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Ojos que no ven (Priv. Libra)

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Ojos que no ven (Priv. Libra)

Mensaje por Seimei el Jue Ago 25, 2016 5:21 pm

"Ylisse. Sin leyes de protección laguz. Pero tampoco aval oficial a la trata de esclavos..." pensó el joven felino, alzando la vista a las grandes puertas de la ciudad. Era uno de esos lugares que la caravana entera tendría que evitar, pues no serían bien vistos y sus mercancías podrían serles arrebatadas por algún soldado con intenciones demasiado buenas. Si fuese a ingresar su amo, tendría que hacerlo con el mayor disimulo posible de su verdadera profesión. Cualquier laguz que metieran allí, también tendría que hacerse pasar por algo distinto, pero ¿cómo pedirle a los esclavos que mientan para poteger a la persona que los había privado de su libertad y sus vidas? ¿Cómo llevarlos sin cadenas y estar seguro de que no escaparían? No, eso era imposible. Sólo Seimei y un par de otros, los esclavos que habían aprendido a disfrutar su posición y no tenían la menor intención de cambiarla, estarían dispuestos a hacer algo así. Él, en particular, era excelente actor. Pretendería ser el mayordomo, el farmacéutico, el contador o el cercano confidente de su señor si era necesario. Pero sólo él.

No era como si todos necesitaran pasar por Ylisse de todas formas. En realidad, ni siquiera necesitaban adentrarse, estaban de paso y seguirían su camino como venían haciendo hasta entonces. Era sólo que tenía un desagradable brote de fiebre entre los esclavos de raza tigre, que no tenía aspecto de esparcirse hacia los de otras razas, pero que se resolvería mejor si les encontraban un curandero bueno que terminara el asunto de raíz. Por el momento sólo había atacado a los más jóvenes y más escuálidos de físico, pero quién sabía si no comenzaría a infectar a los demás si se dejaba estar. Estaban gastando buena mercancía. Qué harían con tigres tan débiles era algo que estaba por verse, pero primero, había que invertir en mantenerlos sanos. Su amo no vendería nada más que esclavos fuertes, bien entrenados, educados y saludables.

Seimei sería el responsable de procurarles un sanador y supervisar la atención. Tan discreta tarea no podría ser confiada a otro, por lo que el gato la tomaba como un honor. Se vistió como un hombre libre, dejando de lado cualquier collar e inclusive las cadenas de joya, pues quizás pudiera verse raro que un laguz tuviera bienes como esos. Tampoco quería tentar ladrones. Primero, cruzó las puertas de la ciudad con las orejas un poco agachadas, presentándose con el semblante de una pobre víctima a preguntar donde podría hallar la parroquia más cercana, una que tuviera clérigos sanadores. Enseguida se encaminó hacia allí, observando cuidadosamente a cualquier persona que se cruzara frente a él, preocupado en cada instante de discernir si en ese lugar un laguz era visto a la altura de los ciudadanos humanos. Si tenía suerte, ser una criatura especialmente vulnerable le ayudaría a congraciarse con los sanadores y le conseguiría la ayuda por un precio menor. Llegó a las puertas de la casa santa sin incidente, y una vez allí, se abrió paso con lentitud. Tenía que agachar las orejas otra vez, apegar su cola larga y frondosa tras sus piernas y poner un gesto preocupado en su rostro.

-
¿Buenas tardes? - Habló tan pronto como cruzó la puerta. Tenía una voz suave para un varón de su estatura, entonaba con delicadeza. Mostrarse inofensivo siempre era bueno. Sus orejas se movieron levemente en cada dirección en que captaban un sonido, ayudándole a encontrar rápidamente a una figura de larga cabellera rubia dentro de la parroquia. Seimei se le aproximó con una postura algo decaída, aclarándose la garganta. - ¿Es usted de la orden de Naga? Necesito a un sanador para mis amigos, con urgencia... debe venir enseguida. - Enfatizó la última parte y retrocedió un poco, como si quisiera ya volverse a la puerta. Tenía que ser rápido con las cosas, no dar tiempo a que un sanador le explicara a ningún otro donde iba o hiciese demasiadas preguntas sobre la crisis. - Venga, por favor. O no sé cuanto tiempo más soportarán... -
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Re: Ojos que no ven (Priv. Libra)

Mensaje por Invitado el Vie Ago 26, 2016 9:47 am

-Y así fue como Naga dio vida a la tierra, y con su bondad bendijo a cada ser que vivía en la tierra- termino su historia, tomando a uno de los traviesos niños que no paraba de jalarle la ropa y poniéndolo sobre una de sus piernas. Paso a otra historia mientras las madres de algunos de los niños miraban a la distancia cuchicheando. Generalmente el rubio era confundido con una mujer debido a sus facciones, pero desde que se rumoreaba que él era hombre, muchas mujeres se quedaban a observarlo interesadas, al igual que algunos hombres incrédulos de tal cosa. Termino otra historia y bajo al niño de su regazo y los acompaño hasta sus madres, las cuales saludo con unas reverencias.

Volvió al templo con el semblante preocupado, sintiéndose muy adormilado. Hace ya días venia teniendo el mismo sueño que lo preocupaba, ahora que ya tenía un poco de tiempo libre podía dedicarse a eso. Subió por las escaleras del altar y se dirigió hasta el fondo donde había una mesa de mármol blanca, cubierta por una tela roja y sobre esta un libro de páginas blancas con bordes dorados. Se acercó hasta que una luz solar que cambiaba de color al filtrarse por los pintados cristales de una ventana, estuvo sobre el área de su cabeza, bañando las hebras de su pelo con sus colores fuertes, reflejando algunas figuras que estaban dibujadas; siendo la arquitectura del lugar a propósito, para que la hermosa luz descansara sobre las páginas del libro. Se inclinó un poco haciendo sombras sobre las escrituras, coloco el antebrazo sobre la mesa, inclinándose un poco, cerrando los ojos. Reflexiono unos momentos esperando que esa luz divina le hiciera recordar con más detalle. Luego de unos minutos escarbando en sus recuerdos de esa mañana, pudo visualizarlo claramente: una habitación blanca y una sombra encorvada entrando como si le encegueciera todo a su alrededor, buscando insistente algo… más bien se veía como un humo… que estaba comenzando a tomar forma.. Tan lentamente, que por cada paso que daba en esa blanca habitación se estaba definiendo, como si se le corriera el camuflaje.


Abrió los ojos con brusquedad algo asustado al escuchar una suave voz. Se iba a mover de su lugar pero el alto joven que contrarrestaba con ese legar se acercó, todo atemorizado, caminando lento, hasta llegar a él, le miro fijo unos momentos, dejando que el contrario hablara ya que se notaba que quería soltarle algo ya.

- Si soy… pero es mejor que valla por otra persona- Al oír lo que el felino tenía que decir se alteró un poco dispuesto a correr urgente por alguien de mayor nivel. Vio que el contrario ya estaba dispuesto a irse volteo rápido tomando su báculo y un pequeño bolso que tenía, caminando rápido tras él.

- Espera vas muy rápido... – Salió del lugar cerrando rápido la puerta. Dentro no había nada de valor, pero prefería que cerrar, quien sabe, aun así había más miembros del Clérigo que contaban con una llave. Le sigue con algo de inseguridad, era cierto que le habían dicho que no fuera con extraños, pero ese era un caso urgente por el cual estaba dispuesto a hacer una excepción. En cualquier caso podría tirarlo sin problemas y huir… ¿En qué momento se volvió paranoico? Más bien nunca había tenido esa sensación… seguramente era por dormir poco y otra parte por todas las tareas del día.



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Re: Ojos que no ven (Priv. Libra)

Mensaje por Seimei el Vie Sep 02, 2016 4:43 pm

No podía sentir el más mínimo sentido de pertenencia en un lugar como ese. Las religiones eran temáticas que conocía muy lejanamente, cosas inútiles de las que nunca se le había hablado durante su crianza y entrenamiento. Los esclavos no debían tener supersticiones innecesarias. No debían pensar en fuerzas superiores. Cuando fueran vendidos a un amo, debían de sostenerle como el mayor poder en la existencia. Además, estaba bastante seguro de que las religiones humanas y las religiones laguz eran distintas, si iba al caso. Inclusive la persona que tenía frente a él parecía tan disitinta, tan contraria: mientras el felino optaba usualmente por vestir en negro, armonizando con el pelaje de sus rasgos animales pero desentonando mucho respecto a la iglesia de color perla y marfil, esa persona pertenecía y encajaba como un elemento más del lugar. La luz parecía perseguirla, y a su cabello claro. ¿De eso era que se trataba la santidad? Como alguien con la vista entrenada hacia la estética, debía reconocer que eran imagenes hermosas. ¡Pero qué tedio todo el asunto!... si estaba en el nido de los ingenuos y los bondadosos, bien. Porque eso era todo lo que quería. No se iba a impresionar.

El hombre (¿hombre? pues sí, existían muchos hombres delicados y bellos en el mundo, Seimei había visto varios, pero un varón era un varón) no respondió de la forma en que esperaba de buenas a primeras, pero la urgencia y la presión funcionaron para el resto. Bien, pues. Realmente sí debía de ser bondadoso más allá de cualquier interés. Seimei se ahorró la sonrisa de alivio y triunfo para después, cuando realmente fuese exitoso. Por ahora, sólo había logrado que el hombre de agraciado semblante lo siguiera. Lo siguiente era hundir las garras bien, terminar de convencerlo y quién sabía, quizás no fuese a cobrarle mucho por el servicio médico al final del día, dependiendo de cuanta solidaridad le despertara todo el tema. Todavía con la cola apegada tras las piernas, Seimei le miró por sobre el hombro para confirmar que no estuviera regresándose, para luego continuar camino hacia afuera a paso rápido, ágil y liviano en sus pies como cualquier gato hogareño o callejero.

-
Oh, le agradezco tanto. La familia de Naga es tan bondadosa como dicen, mi señor... ¿cómo puedo llamarle? - Preguntó, amistoso. Tener la identidad de la otra persona ayudaba. Ponerlo a hablar también, le distraería de las irregularidades en la escena. - Mi nombre es Sei. Soy un simple mayordomo y asistente, verá, pero no olvidaré su ayuda. La recompensaré como pueda... - ¿Por qué no tantear terreno, de paso? A ver si decía desde ya cuanto eran sus honorarios.

Le dedicó su mejor sonrisa humilde y agradecida, bajando el ritmo un poco para que pudiera seguirle fácilmente. No era un camino tan largo, pero faltaba aún. No quería perder al clérigo en las calles, habiéndose esforzado ya por conseguirlo. En su mente elaboraba las posibles mentiras que pudiese utilizar en esa ocasión, mientras andaba hacia la más cercana salida de las murallas de la ciudad, donde iniciaba una de las muchas rutas para viaje. Desde la puerta se divisaba ya el conjunto de carromatos con techumbres de madera en que viajaba su procesión, alineados y quietos, preparados para emprender la retirada en cuanto ese asunto estuviera resuelto. Eran carros de gran tamaño, opulentos como sólo el transporte de un Señor de gran importancia podía ser, en tonalidades claras y decorados de dorado por doquier. Eran discretos hasta donde podían, con rejillas y mamparas separando zonas y cubriendo ventanas, pero no podían ser tan discretos como para ir en un carruaje de poca monta sólo para llamar un poco menos la atención. No era el modo en que hacían las cosas, así que había que adaptarse un poco según la situación. Disfrazarse un poco. "¿Qué seremos esta vez?" Pensó con un tinte curioso el gato negro, sin terminar de elegir la excusa que utilizaría, si el clérigo llegase a preguntar. Pocas excusas justificaban adecuadamente su presencia. Improvisaría, en el momento en que hiciera falta. Se aproximó al último de los carromatos, suspirando por la pequeña carrera hacia ahí y sacando de su bolsillo un manojo de llaves, de entre las cuales eligió la adecuada para aquella puerta. La abrió lento, a propósito, pues mientras lo hacía hablaba para oídos del clérigo. Sus propias orejas siempre habían estado vueltas en su dirección, mostrando su atención a él.

-
Permítame explicarle. Lo que tengo no son heridos, sino enfermos... mis compañeros están severamente enfermos. Por eso es que están separados de los demás. - ¿Poner esclavos sanos con enfermos? Claro que no. ¿Mostrar esclavos que quizás se pusieran a hablar en frente del clérigo? Menos, menos. - Pero no tema. Se trata de una fiebre o algo similar que sólo ha afectado a su raza, los tigres. Ni siquiera yo he sido afectado. Un humano como usted, seguramente estará a salvo. - Le sonrió mientras abría la puerta y le invitaba a pasar adelante. - Deliran de fiebre ya, mis pobrecillos... -






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Re: Ojos que no ven (Priv. Libra)

Mensaje por Invitado el Miér Sep 14, 2016 12:39 am

Solía salir todos los días de la parroquia, pero generalmente era para el área del mercado del pueblo, y el estarse alejando cada vez más en una dirección diferente lo estaba poniéndole algo nervioso. Miro a los alrededores un poco, viendo como cada vez había menos gente, haciendo que su corazón se acelerara un poco inquieto. Coloco la mano en su pecho calmándose unos momentos cuando noto que no se estaban dirigiendo a donde generalmente estacionaban los mercaderes y extranjeros, sino que estaban saliendo de la ciudad.

-Un placer conocerle estimado Seimei... Soy Libra... No hay otra manera de llamarme... así que hágalo así- dice con la voz calmada, acomodo un poco el bastón y le siguió el paso manteniendo la distancia a propósito viendo el camino- Seimei no se preocupe, soy un estilo de sirviente también-
Sintió un poco temblar sus piernas cuando paso por la puerta de la muralla, sintiéndose tragado por esta, agradecido al salir rápido por el otro lado, el viento pego de fuerte en su rostro. Miro al frente al encorvado y rápido gato que lo había hecho salir en menos de diez minutos de la ciudad. Miro el paisaje unos momentos, caminando sobre el terreno que apenas tenía un poco de verde, hasta llegar al lugar de los carromatos que estaba detenida algo oculta a un lado, que a su vista se veía bien adornado.
- Es muy poco seguro dejar su transporte aquí, hay muchos dueños de lo ajeno por esta área - comenta acercándose caminando a diferencia del contrario, que eligió ir rápido. Tenía tantas dudas en mente, la más importante es que había oído que los Laguz eran orgullosos y muy aventados, pero nunca había escuchado que ellos viajaran en grupos grandes, y en segundo lugar se encontraba el hecho de que nadie los había salido a recibir, tampoco escuchaba sonidos de conversaciones, o se sentía olor a comida. Si solo “algunos” estaban enfermos, ¿porque nadie lo había recibido para cerciorarse de que no sean ladrones los que llegaban? A primera instancia nada le había parecido sospechoso, pero ahora todos sus sentidos estaban aleta, indicándole que algo no estaba bien.
Miro curioso el lugar, demasiado en silencio para su gusto. Trato de que ni su respiración se agitara por lo nervioso, lo importante era mantener la calma, aria lo que el contrario le pidiera y de esa manera saldría de ahí, haciéndose el ignorante. Una vez de vuelta daría el aviso (si veía algo raro) con la descripción del transporte, seguramente se informaría a las ciudades vecinas… eso era todo. Se sentía mal por pensar así, pero solo podía curarlos y darles un poco más de tiempo, no manejaba ningún arma, solo sabía un poco de defensa personal. Llego hasta el último de los carromatos y espero a que abriera la puerta, acariciándose el cabello que había sido desordenado por el viento, fingiendo estar distraído en eso, hasta que la voz del contrario lo saco de sus pensamientos. Sonrió también, comenzando a subir con dificultad, rezando internamente a Naga para no quedar encerrado en ese lugar sin escapatoria, intentando parecer ajeno, ya que seguro el contrario notaria hasta la más mínima duda.


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Re: Ojos que no ven (Priv. Libra)

Mensaje por Seimei el Vie Sep 16, 2016 12:31 am

Por el momento, su clérigo en cierto sentido secuestrado lucía tranquilo. No estaba resistiéndose a ir. El felino se preocupaba de que cayese demasiado atrás, de allí su cuidadosa atención al hombre, pero no mostraba señas de estarse negando a lo que sucedía. Tras su rostro de tan agradables facciones, hacía muy buen trabajo de ocultar sospechas. Orgulloso del éxito que estaba teniendo hasta el momento, Seimei no contuvo la sonrisa burlona que aparecía en su gesto cuando el clérigo se catalogaba como 'una clase de sirviente', aunque cubrió su boca con su mano un instante. ¿Ah, sí? ¿Tanto como un esclavo? Bueno, los pobres monjes que rendían sus vidas y hasta su derecho a divertirse a la iglesia no le parecían tan distintos. Era un pensamiento divertido. Miró atrás para sonreírle en agradecimiento. Podía burlarse bastante mentalmente de esa clase de personas, pero de alguna forma, le gustaban. La dedicación era interesante. Memorizó el nombre cuidadosamente.

"Entonces. ¿Nada qué decir sobre cuanto oro cuesta su ayuda? No comprendo esto, bondadoso caballero..." Pensó, un tanto confundido en ese punto. No pedir algo cuando era tan buena la ocasión para pedirlo, parecía ilógico.

-
Oh, sucede que no pensábamos parar mucho aquí. Ibamos a seguir el camino en cuanto nuestros amigos sanaran de su fiebre. Pero si es así de peligroso... espero que esto se resuelva y podamos irnos antes de que la noche nos atrape aquí. - Respondió a las advertencias de Libra inocentemente, agachando las orejas un poco y quedándose con la mano en el pomo de la puerta. En realidad sí, esperaba no estar allí mucho tiempo. Evitar llamar la atención con una caravana tan grande y tan opulenta, que nadie parecía cuidar. - Muchas gracias por su preocupación. - Dijo, como si nada, descartándolo todo rápidamente. No iba a preocuparse por eso, había esclavos como él, leales, que podían soltar para encargarse de esas cosas y que volverían enseguida. Su rostro no mostró mucha reacción a eso, al contrario, no demoró en poner una despreocupada sonrisa en sus labios. - Pero, si lo piensa, ¿quién le robaría a un puñado de laguz? No tenemos muchos bienes humanos, eso es sabido. ¿Qué ladrón se arriesga contra bestias sin saber si va a encontrar algo siquiera? -

Abrió la puerta y siguió adelante. No tenía el más mínimo problema en usar la palabra bestias en referirse a otros laguz, ya que era la forma en que pensaba de la mayoría. Él no era una bestia, claro que no, lo habían criado bien y se enorgullecía de ser algo mejor y más civilizado, pero los demás, en su mayoría, sí lo eran. Y la fama de los laguz era ser animales de tribu, sin oro ni terrenos ni títulos propios. Con calma Seimei guió a Libra al interior del carromato, realizando ante él una profunda inclinación al dejarle pasar, como acostumbraba con invitados. El interior del sitio les recibió con suelo alfombrado y paredes tapizadas, con pequeñas lámparas de aceite puestas, tantas que hacían el ambiente tan luminoso como un mediodía bajo el sol. En ese carromato en particular no había decoraciones extra, pero sí una hilera de camas muy juntas entre sí, con una sola mesa unida a la pared al final. Sobre esta descansaba una gran jarra de agua y algunos vasos plateados. Y sobre las camas, claro, cuatro jovenes y muy delgados tigres, en un estado entre dormidos y despiertos, aquejados por la fiebre. El sudor había quitado la belleza a sus cabellos dorados y orejas pequeñas. Ahora que estaban dentro, Seimei no se preocupaba mucho de cómo pareciesen las cosas. Ya había explicado su situación y puesto sus excusas. Ahora, se sentía exitoso y confiado. El hecho era que el felino laguz no creía mucho en la inteligencia de otras personas, convenciéndose con facilidad de que la calma que mostraba Libra era su verdadero sentir. Con quienes seguían alguna religión, era especialmente fácil para él tomarlos como ciegos. Sólo le extendió la mano de garras redondeadas y cortas, enseñándole hacia los enfermos.

Y por supuesto, cerró la puerta, echando llave por si las dudas. Con un gesto inocente y algo distraído, en todo momento. -
¿Sabe tratar fiebres, Libra? ¿O los bastones mágicos hacen esto también? -





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Re: Ojos que no ven (Priv. Libra)

Mensaje por Invitado el Jue Sep 22, 2016 5:42 am

Entendió perfectamente la afirmación de todas sus dudas y solo se limitó a sonreírle.
–No se preocupe intentare hacer lo mejor posible – hizo una pequeña reverencia antes de seguir caminando atento por el lugar. Cada rechinido que hacían sus propios, pasos sobre la madera le hacían acelerar mas el corazón, y el resto del silencio le estaba molestando, pero aun así intento mantener la compostura. La palabra bestia le incómodo un poco haciendo que quisiera voltear a verlo fijo a los ojos, pero solo movió un poco la cabeza. El piso se inclinaba un poco haciéndole asustarse y retroceder un paso.

- Perdón… pensé que caería- dice volviendo a caminar, observando como la luz aumentaba apenas cruzaron otra puerta. Observo la hilera de camas, fingiendo que no notaba que el gato estaba poniéndole tranca al cerrojo. Seguramente cualquier persona normal en ese punto se desesperaría e intentaría escapar antes de que la puerta sea cerrada, pero solo los que no saben nada serian asi de insensatos. Se sentía intrigado de por qué ese Laguz actuaba tan despreocupadamente, llamaba demasiado la atención su descuido.

- Mi poder de sanación aun no es muy bueno, no he tenido muchas oportunidades de perfeccionarlo- comenta acercándose a el que parecía estar agonizando más, tenía algo de ojo para identificar siempre al más enfermo- ¿Le molestaría si primero les bajo la fiebre un poco de forma tradicional y luego uso la magia? …Puede que tome más tiempo pero es la única manera que veo en estos momentos-
Posa la mano sobre la frente del enfermo retirándola completamente asustado, al sentirle ardiendo de una manera que nunca había visto en su vida. Se giró y busco un paño, mojándolo con un poco del agua de la jarra; y lo puso rápido en la frente del Laguz.

- Creo que esto es grave- mira fijo a los ojos de Seimei con mucha preocupación, sintiendo su propia cara comenzando a hacer una gran mueca de tristeza, sintiendo pena por esos seres que estaban ahí contra su voluntad- Tenemos que bajarles la fiebre lo antes posible- indica descolgándose la bolsa que había traído.

-Abre las ventanas para que pase algo de aire, y necesitaremos más paños para su frente…hay que tratar de obligarlos a tomar mucha agua- Abre la bolsa buscando un huento que había hecho el mismo con algunas yerbas medicinales, que ayudaba mucho a deshinchar y enfriar un poco, pero aun así no contaba con mucha cantidad. – Si no se logra bajarle la fiebre en la próxima hora habría que buscar a alguien un nivel mayor, o morirán- Claro como si su guía quisiera que alguien más vea esto tan obvio, obviamente eso no pasaría, eso lo hacía desesperarse mucho internamente.

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Re: Ojos que no ven (Priv. Libra)

Mensaje por Seimei el Sáb Sep 24, 2016 5:33 pm

Por supuesto que estaba poniéndole atención a Libra, mucha, pero no pensó en su pequeño traspié ni nada de lo que hacía como una mala señal. En parte porque simplemente no creía tanto en la inteligencia de los demás, pero principalmente porque creía de lleno en la imagen que había construido, y que la verdad respecto a esa caravana estaba bien oculta. Se sentía a salvo, de ese modo. Mantuvo su sonrisa despreocupada, restándole importancia a los pequeños percances. Dejándole moverse a sus anchas por la habitación, Seimei permaneció varios pasos más atrás.

-
Por favor, mi señor Libra, no es ninguna molestia. Haga como mejor le parezca, y mientras sanen, estaré sin quejas. Claro, ninguno de nosotros quiere estar aún por aquí de noche, pero estoy seguro de que tampoco será tanta demora. - Le respondió en voz suave, mencionando sutilmente sus expectativas.

Vio a Libra retirar sus manos de los enfermos cuando apenas había comenzado, y con curiosidad irguió sus orejas de pelaje negro en su dirección. ¿Qué sucedía? No podía evitar exaltarse un poco él también, sin comprender el problema. La expresión en el agradable rostro del clérigo no podía ser buena señal. Al oírle hablar, inclusive él reaccionó, dando un par de pasos más cerca y mirando a los tigres en sus respectivas camas. Lentamente, sus orejas comenzaban a caer gachas, achatándose contra su cabeza. No era libre de preocupación, si la enfermedad realmente era grave.

Los enfermos eran cuatro tigres de una misma camada. Seimei y su amo habían tenido la fortuna de atraparlos jóvenes, hambrientos y sin padres a la vista para velar por ellos. Aparentemente, sus instintos les habían hecho una mala jugada y habían intentando vivir independientemente cuando aún no aprendían a cazar o a sobrevivir del todo bien. Desde entonces los habían mantenido y educado entre los demás de la gran caravana, trabajando para convertirlos en esclavos adecuados. Las criaturas jovenes eran perfectas, pues eran más fáciles de moldear al resultado deseado. Tres de ellos habían sido completos éxitos, volviéndose servidores sumisos y educados, y tan sólo el cuarto se había aferrado tercamente a sus deseos de libertad. Mucho trabajo había sido puesto en ellos. Años de cuidados, educación, entrenamiento... Seimei guiaba a muchos, y aunque no formara un vínculo afectivo con ninguno, sí se afectaba por la posibilidad de perderlos. El desperdicio de esfuerzo y recursos, el dinero perdido antes de ser ganado. Sería demasiado problemático, y su amo no estaría alegre al respecto. Decidido, asintió con la cabeza a las instrucciones de Libra e hizo como le decía, apresurándose a buscar en la habitación una pequeña pila de paños todavía sin usar, la cual depositó velozmente junto a la cabecera de una de las camas. Al hacerlo le regresó la mirada el hombre de cabello largo, adoptando la seriedad de un gato preocupado por los cachorros.

-
Haremos todo lo posible, entonces. No pienso permitir que dejen este mundo tan pronto. - Dijo, y bajó la vista a las medicinas que portaba el clérigo, medicinas humanas, no reconocía el olor de esas plantas pero era un intento. - ¿Puedo confiar en usted? ¿Puedo confiarle la salud de mis preciados pequeños? -

No quería involucrar a más clérigos. Tenía a Libra. Aún si debía actuar y llorar frente a él, lo presionaría a hacer todo lo posible. Se volvió hacia las ventanas a un lado del carromato, pretendiendo secarse del borde de los ojos lágrimas angustiadas. Tras ello abrió las ventanas, mirando con suma desconfianza al exterior. Por suerte, no parecía haber nadie. Regresó junto a Libra para ver lo que hacía, y ayudarle al menos vertiendo agua en los vasos o en el cuenco para los paños, dado que tocar enfermos era algo que no pensaba hacer.





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Re: Ojos que no ven (Priv. Libra)

Mensaje por Invitado el Jue Sep 29, 2016 4:00 pm

Mientras Seimei se acercaba curioso, el rubio se retiró un poco hacia atrás para dejarle espacio, a que lo inspeccionara. Mojo una de sus manos con agua fría y se acercó a otro, apoyando está en su frente por un momento viendo como su cara ponía una pequeña expresión de alivio, haciendo que unas pequeñas lagrimas escapen de los ojos del clérigo, sintiéndose algo de alivio, las cuales se limpió rápido con las mangas de la blanca túnica.

Volteo unos momentos sin retirar la mano, viendo como Seimei apoyaba su oreja en el área del pecho, viendo como estiraba, quedándose unos momentos más en ese lugar. Lo observo fijo desde donde estaba, obviamente perdería en una pelea contra el... Además de que no creía que viajara solo en cualquier caso.

-Todo villano tiene su cómplice- piensa apretando los labios para que ninguna palabra salga fuera de sus pensamientos y se da vuelta para comenzar a revisar al tigre que estaba tocando. Retiro la mano, mojándola para que se enfriara otra vez y volvió a colocarla. Poso la mano libre en sus labios y los movió un poco en busca de ampollas, encontrándolas de inmediato. Estaban a rojo vivo, y bastante inchadas, en el labio y en el área de las encías.

- Debe dolerte tanto- susurra acariciándole el pelo unos momentos, retiro la mano y le quedo mirándole, quería revisarlo más, pero seguro si lo hacía sin permiso el Laguz podría enojarse con él.

Volvió al lado del Laguz y le miro fijo, oyendo lo que le quería decir, haciendo que muchas cosas que quería olvidar volviera a su mente.
Cuando él era pequeño, se enfermaba y atentaba de alguna manera contra el beneficio de sus padres (ya sea que los pudieran contagiar, o que no les darían dinero por no tener un niño), siempre pedía ayuda de esa misma manera que lo estaba haciendo Seimei… tratando de dar lastima, sus palabras se parecían tanto que lo estaban haciendo enojar. Era obvio que estaba preocupado pero a punto de conveniencia… sino hubiera salido corriendo a buscar a un Clerigo ciertamente más calificado para esa tarea, que podría sanarlos en un abrir y cerrar de ojos.
No era momento de eso, era momento de preocuparse por la salud de esos inocentes, y darles la bendición de Naga, a pesar de que quería atacar a Seimei por la espalda, sabia que nada bueno saldría de eso.

-Si confíe en mí, por favor, are todo lo que esté a mi alcance para que su salud vuelva a ser rebosante- Dice haciendo una pequeña reverencia. Le vio rápidamente abrir las ventanas y como estaba dispuesto a ayudarle, a ponerles los paños con agua a los enfermos.

-Gracias, me has traído para que lo haga yo, pero aun así me ayuda- hace otra reverencia destapando uno un poco los cuerpos, para que el aire fresco pudiera ayudarles en su recuperación. – Le molestaría si pregunto cómo han caído en este fiebre?... se contagiaron? Se lastimaron?, su higiene no anda bien?
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Re: Ojos que no ven (Priv. Libra)

Mensaje por Seimei el Miér Oct 12, 2016 10:41 pm

Vigilando a su clérigo, no hubo modo en que Seimei no viese las lágrimas en sus ojos. Y le habían confundido demasiado. Tampoco entendía por qué se tomaba las molestias que se tomaba, entendía que los hombres de fe tenían pautas de bondad que seguir y les sobraba la misericordia, seguro, pero ¿meter los dedos en la boca de un tigre enfermo? ¿Y ponerse a tantearle las encías? Era algo que Seimei habría considerado asqueroso, él mismo no lo habría hecho, de ningún modo. Y Libra lo hacía con tanta gentileza. Esforzándose tanto por hacer sentir mejor a esas bestias que en su vida nunca había visto. Era un concepto hasta alocado para él. Ignorante a lo normal que todo eso era para Libra y lo frío que él mismo podía parecer en cuanto a la situación, el gato negro simplemente se confió a que la misericordia del clérigo le resolvería la situación, y le sonrió agradecido y con las orejas gachas en humildad. No necesitaba entenderlo, sólo saber que haría todo lo posible por sanar a los esclavos.

-
Le agradezco tanto... estaré en una gran deuda con su iglesia. Rezaré a Naga, se lo prometo. -

Peores mentiras había dicho en su vida. Esa no hacía ningún mal. Rápidamente se ocupó en mojar los paños en el agua fresca, escurriéndolos con cuidado para quitar el exceso antes de ir entregándolos a Libra, uno a uno. Él mismo era también un esclavo, y como tal, las tareas manuales eran algo de lo que no se quejaba, además de ser usualmente presto y hábil en ellas. Haría lo que el clérigo necesitara, por el momento. Dio una pequeña sonrisa a su humilde agradecimiento.

-
Claro que debo ayudar. También deseo que mejoren. Si sólo se trata de bajar la fiebre, por ahora, creo que puedo hacerlo. - Respondió. Había bastante deshonestidad en la mayoría de sus palabras, pero las siguientes sí eran verdaderas, sentimientos honestos de un felino confundido. - Pero yo... supongo que comprendo por qué se esfuerza como lo hace, pero ¿me temo que no entiendo por qué soltaría lágrimas por criaturas como nosotros, Libra? Apenas hoy nos conoce. -

Creía ver ya que las cosas saldrían como él esperaba, pero esa duda le tenía inquieto. Era un elemento muy ajeno y cualquier cosa que pudiera predecir. A las preguntas de Libra, suspicaces, Seimei miró de reojo al hombre de cabello largo y bellas facciones. ¿Qué clase de preguntas eran? ¿Qué insinuaban? Le puso un tanto en alerta, haciéndole calcular con cuidado su respuesta. Puso una impecable sonrisa en sus labios y negó con la cabeza.

-
Haha. Por favor, Libra, todos aquí estamos muy bien cuidados. Míreme a mi, por ejemplo. No somos animales salvajes. Disfrutamos estar limpios y sanos. - Dijo, como si se tratara de algo obvio. Ninguno de ellos se parecía a los sucios, lastímeros y mal nutridos que usualmene definían la palabra "esclavo". - Yo, siéndole honesto, no me explico bien lo que ha sucedido tampoco. Ni por qué sólo ha afectado a esta raza. Me imagino que estará relacionado con los sitios por los que hemos viajado. Alguna enfermedad esparcida en algún pueblo, que haya logrado afectarlos... aunque hasta ahora nunca han sido muy débiles de salud, y les conozco desde muy pequeños. Vaya, si son prácticamente MIS cachorros... -

Tenía un leve sentimiento posesivo hacia ellos, sí. Nada de instintos paternales, eso simplemente no existía en él, pero sí algo de pertenencia. Lo suficiente como para que pudiese mirar a los convalescientes con ternura. Eran buenos trabajos suyos, todavía podía sacar ganancia de ellos. Finalmente volvió la vista a Libra, con grandes ojos de felino y orejas inclinadas.

-
¿Estarán mejor? ¿Qué más debemos hacer? -





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Re: Ojos que no ven (Priv. Libra)

Mensaje por Invitado el Dom Nov 13, 2016 1:48 pm

-Muchas gracias, mi Diosa se sentirá honrada – dice haciendo una reverencia, quito el paño del que tenia mas fiebre, comprobando que lo había calentado en un santiamén, lo sumergió en agua y volvió a colocarlo, repitiendo ese proceso por parios minutos- Él me tiene muy preocupado… está muy mal- susurra

Seimei le parecía de lo más interesante, sus actitudes eran muy expresivas al igual que su rostro, era raro a su mirar, y obviamente era más un libro abierto que el mismo. Masculino y elegante, que tal vez, se creía mucho más de lo que realmente era.

- Parece que mi devoción a Naga no es suficiente?... – sonríe acomodándose in poco el pelo, el calor le había hecho que se le esponjara un poco, se sentó con pesadez en la silla, ese lugar acumulaba mucho el calor a pesar de las ventanas abiertas- Le seré sincero, cuando era pequeño …al no tener agua limpia y casi comida siempre me enfermaba, en vez de cuidar de mí, padre me propinaba palizas, o me hería … era tan doloroso que me dejaban sin aliento.- se abanica un poco con la mano, intentando acabar con el calor que le daba la gruesa tela de la túnica- Siempre pensé que iba a morir.. Muchas veces.. Interminables, hasta que en mis 15 años termine en el templo de Naga… básicamente decapitado- mira un poco el felino y sonríe.

- Puede que me veas como un sirviente, pero yo elegí serlo, porque eso es lo que realmente me hace feliz… no quiero ser como todas esas personas que piden fortunas por ayudar… algo que tendría que salir de uno, en busca de mucho más de lo que necesita- se levanta y se dedica a enfriarle de nuevo los paños a los tigres, dándoles pequeñas caricias, como si fueran más pequeños de lo que realmente eran.

- No hay momento en que un ser es más inocente que cuando esta así- sonríe tomándole la manos unos segundos a otro, sintiendo su temperatura ya más baja.- parece que está funcionando, quitarles la fiebre es el primer paso- Rodo un poco la mirada y miro de re ojo a Seimei.
-Sabes, si pudiera te enfrentaría, pero ambos sabemos que es imposible- Lastima que las miradas no atacaban, seguramente le hubiera dado un golpe en medio del rostro al felino-… y por más cuidados que ellos estén en estos momentos, seguramente sus próximos amos aran lo que quieran, y no siempre será agradable- pasa los dedos por una de las orejas del que estaba acariciando. – Lo he visto demasiado como para saberlo.

Sinceramente no sabía que había cambiado en él, en ese preciso momento para ser así de honesto, y revelarle al contrario que sabía perfectamente que estaba transportando esclavos. Tal vez el hecho de saber que por más que avisara, seguramente no los iban a capturar, la humanidad era muy hipócrita, tanto que el vender esclavos era un acto público normal. Era tan desesperante no tener poder, no poder cortar esas cadenas con sus propias manos, y sabía que en el clérigo no les convenía que tuviera poder… el poder en la mano que es capaz de hacer justicia sin miramientos, ni lastima es algo peligroso.

- No soy tan listo seguramente como usted, pero tampoco soy tan idiota como usted cree Semei… aunque ahora mismo lo esté siendo- aprieta un poco los dientes, irguiéndose en el lugar, esperando ya por algún golpe, o algo peor.
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Re: Ojos que no ven (Priv. Libra)

Mensaje por Seimei el Sáb Nov 19, 2016 11:10 pm

Estaba anonadado. No esperaba que le diera respuestas sinceras y abiertas, como las que Libra tranquilamente le daba al trabajar. En cierta forma, Seimei se sentía tonto, ¿qué más podía anticipar, si él mismo le había preguntado por qué tanta misericordia y devoción? Era sólo que no esperaba tanta honestidad de nadie, menos en cuanto a un pasado menos digno. Ni siquiera había verguenza en la expresión de Libra al hablar de ello. Pero lo ponía en una posición difícil, ya que una historia como aquella requería de una reacción acorde, que no estaba preparado para dar. Alguien como él, sin mucha empatía y cuyas capacidades de actuación tenían sus límites, no podía llorar su historia ni planear rápidamente una reacción adecuada. Se le dificultaba. Sintiéndose algo arrinconado por ese giro en la conversación, notó que había tardado ya bastante y se excusó al responder.

-
Lo lamento, me dejaba sin palabras... aún si lo dice así, resulta algo muy difícil de entender. Más difícil, incluso. No es común pagar el maltrato recibido con generosidad hacia los demás y bondad para los necesitados... ¿no? Por supuesto, es algo muy admirable. - Hablar era lo mejor que podía hacer. Sonreír con cortesía. Era frío y no podía ocultarlo del todo. - Quizás es sólo usted, lo que hubo dentro de su corazón desde el principio. La servidumbre le sienta a la perfección. -

Creía que con eso dejaba atrás el momento complicado. Parecía haber mejoría en sus pequeños convalescientes, ameritando hacer de ellos el foco principal de atención. Se acercó nuevamente a las camas y se agachó junto a una, viendo el color en el rostro de un joven laguz tornarse menos rojo. Su respiración parecía ser menos trabajosa y más estable. No era gran recuperación de salud, pero era una mejora, significaba que estaban bien encaminados. El gato de pelaje azabache respiró con un tanto más de tranquilidad. -
¿Enfrentarme? Usted se ve bastante fuerte, no le diga cosas así a alguien temeroso y débil como yo... - Comenzó a decir, intentando pasar por ligeras las palabras del clérigo, y debiendo detenerse cuando no dejó el asunto allí.

Sus pupilas se contrajeron en dos finas líneas negras, sobre el fondo del iris gris. No era la primera vez en los últimos minutos que Libra le ponía tan en alerta, pero las señales finalmente llevaban a algo concreto y allí estaba, hablando abiertamente de amos. Lo miró, sus orejas también irguiéndose en su dirección cuando el hombre de Naga se puso de pie. ¿Estaba cerrada la puerta? Sí, la había cerrado al entrar. ¿Dónde estaba la llave? Todavía la tenía él. Bien. Después de todo lo que había ocurrido y las sospechas que el clérigo claramente había acumulado, todas ciertas, negarle lo que decía no tendría sentido alguno. No le haría pensar de forma distinta si ya había llegado a la verdad. Pero debería tomar medidas inmediatamente, al menos para asegurarse de que nada sucediera. Realmente debía aplaudir el intelecto de Libra, tanto en descubrirlo como en la forma en que había actuado hasta el momento.

-
Sí... es alguien inteligente, después de todo. - Dio una sonrisa más afilada de lo normal, mostrando las finas puntas de los colmillos. - ¿Pero no cree que quizás toma conclusiones apresuradas? Todos aquí somos laguz, y como ve, no hay grilletes ni cadenas. Si pensara hacer algo excesivo en torno a esas conclusiones apresuradas suyas, podría causarnos grandes problemas. -

Ante todo, necesitaba saber que no había avisado a nadie y que no saldría en busca de nadie. Fuera de eso, si deseara ayudar a los esclavos... el mismo Seimei estaba preparado para evitarlo, si tenía que. Dejó todo de lado y caminó por el espacio cerrado, asegurándose de posicionarse en el camino entre Libra y la puerta. Era bueno que los demás estuvieran inconscientes, no debían oír a Seimei hablando como iba a hablar.

-
Los felinos somos algo recelosos de nuestro espacio y nuestros seres queridos, por naturaleza. Si alguien intentara alejar de mi a mis queridos pequeños... preferiría que muriesen antes de que sucediera. Yo también preferiría morir antes de que me roben de mi hogar. Usted es un hombre de gran corazón y creo que no le agradaría causar tanto dolor en los demás. Por favor, piense cuidadosamente y dígame: ¿Qué hará? ¿Terminará lo que vino a hacer? ¿Por el bien de todos nosotros? ¿O piensa causar problemas en nuestra familia? -





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Re: Ojos que no ven (Priv. Libra)

Mensaje por Eliwood el Mar Mar 28, 2017 11:53 pm

Tema cerrado. 50G a Seimei.

Seimei obtiene +1 EXP y +1 Bonus EXP!

Gracias al aumento de experiencia, obtiene también un nuevo de la rama Laguz (Cat):

Sentidos Agudos - Utilizando la agudeza de sus sentidos así como su instinto natural, el laguz es capaz de percibir los finos detalles respecto a otra criatura, aliada o enemiga, pudiendo así detectar sus fuerzas y debilidades, skills, inventario y armas sin necesidad de acercarse demasiado. Sólo puede realizarse sobre un objetivo por turno.

¡Felicitaciones!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Esp. de bronce [1]
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gota de Veneno [2]

Support :
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Lyndis
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Re: Ojos que no ven (Priv. Libra)

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