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Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 29, 2016 12:39 pm

No entendió bien lo que le estaba diciendo porque todavía estaba algo ido, pero definitivamente era mucho mejor que le doliese. Si le dolía significaba que todavía sentido, y que aunque no podía moverse en esos instantes, no había perdido la movilidad. Pero eso era algo de lo que él no podía darse cuenta, demasiado aturdido por lo que acababa de pasar y con la velocidad con la que había pasado. Le costaba tener los ojos abiertos, pero se estaba esforzando en concentrarse en el gesto del otro, ese que tanto le gustaba y que le traía buenos recuerdos. ¿Recuerdos? Sí, al principio había dudado de sí mismo, pero cuantas más noches soñaba lo mismo, más tenía la sensación de que Luzrov no era una persona cualquiera.

Estaba seguro de que lo conocía. No sabía de qué, ni por qué, ni de dónde venían esas sensaciones dentro de él cuando lo veía, pero estaba ahí y era cierto. Él no podía recordarlo, y tenía que ver con esas memorias dentro de él que no podía alcanzar, o que no podía hacer que dejasen de ser difusas. Y era tan frustrante… incluso en esos momentos en los que no podía ni siquiera mantenerse despierto, sabía que estaba dejando pasar algo tan, tan importante…

Escuchaba Que le iba a curar, que iba a hacer que no le doliera y que siguiese su voz, pero estaba tan cansado y se podía mover tan poco que sus ojos estaban empezando a cerrarse de nuevo, y a perder de nuevo el control de su mente. Lo único que quedaba en su memoria antes de intentar mirarle de nuevo era que el albino tenía lágrimas en los ojos. Quiso levantar su mano para limpiárselas, pero le fue imposible, y aunque sus párpados ya pesaban demasiado, su voz sí que volvió a salir igual que antes.

¿Por qué lloras? No pasa… nada, no lo hagas… —Murmuró como pudo, intentando sonreír. Iba a decir incluso un “estoy bien” pero de repente sentía que tenía demasiado sueño como para poder seguir hablando. Aún así, persistió y se concentró en la voz ajena, al menos tanto como pudo.

Porque Sorey se encontraba en el fino velo de lo que era el mundo consciente e inconsciente, no sabiendo por cual decantarse todavía, a pesar de que luchaba por hacer lo que el otro le había pedido. Era difícil. Intentaba recordar que había pasado hasta ahora, pero era todo muy confuso para él. Recordaba haber encontrado al clérigo, haberlo ayudado de un ataque, haber ayudado a sus compañeros contra un mago de viento, y entonces… había aparecido una flecha, ¿verdad? Una que iba a herir a Mikleo. Eso era algo que el castaño no podría haber soportado, y como no le había dado tiempo a esquivarla, le dio a él. Algo que no estaba planeado en el intento de huída ante el ataque.

Mientras trataba de hacer que su mente funcionase con claridad, casi no se dio cuenta de que su ropa había quedado algo destrozada en esa zona del hombro tocado y de que su herida se estaba comenzando a sanar. De hecho, estaba casi dormido, y sus funciones estaban empezando a apagarse lentamente. La magia del báculo del clérigo no llego a hundirse en él, sino que fue algo superficial y nimio. Le había ayudado a parar la hemorragia y que no pudiera seguir desangrándose (aunque no fuese una herida muy profunda), pero su cuerpo cada vez se estaba convirtiendo en uno mucho más pesado, sin que él lo controlase.

Pero Mikleo fue otra historia, desde luego. Cuando la flecha cayó se le vio agitado y molesto, como queriendo alejar al atacante con su intimidación para que no dañasen más a su amigo, o al que estaba sanándolo que también consideraba cercano. Los wyverns tenían mucha memoria porque vivían largos periodos de tiempo, mucho más que los humanos, así que de los dos, era el único que todavía recordaba lo importante que el clérigo había sido para ellos en el pasado. El animal extendió un ala de forma que quedase sobre ambos cuerpos y fue su manera de demostrar protección sobre ellos, a pesar de que uno de los soldados que habían vuelto ya se habían puesto en marcha para encontrar al atacante, oculto en los árboles más altos y cercanos.

Pero Sorey estaba empezando a respirar pausadamente, no dificultoso, pero sí que indicaba que no consciente. Ya había cerrado los ojos definitivamente hacía unos cuentos minutos, y ni siquiera los había vuelto a abrir cuando el albino lo había movido de forma que le había hecho apoyarse en su propio cuerpo, con la cabeza apoyada en uno de sus hombros, cerca de su oído. Pero la cabeza del castaño no estaba totalmente apagada; estaba teniendo otro de esos sueños que tenían por la noche, esos que eran extraños y extremadamente confusos para él, pues dentro del sueño parecía comprenderlo todo, viendo a una figura de casi su edad a su lado, e incluso a veces cogiéndole de la mano. En esas visiones, al castaño no le preocupaba nada, y de hecho, se encontraba feliz, como si realmente supiese que estaba pasando. Pero cuando despertaba, no podía entender que eran esos sueños. Hacía años pensaba que solo eran cosas que él mismo se imaginaba, pero después de tenerlos repetidamente, se dio cuenta de que eran memorias que no podía recordar… y que se repetían, una y otra vez. Como si le tentaran, o le torturasen. Había otras veces en las que soñaba con lágrimas y llantos, y con esa misma figura huyendo de él, y le dolía tanto el pecho que se despertaba con sudor frío y con la sensación de tener el corazón roto. Era la misma sensación que había tenido cuando Mikleo se había llevado a Luzrov aquella vez, cuando este había roto a llorar tan nervioso. Por eso sabía que había una conexión con todo eso, sin embargo… ¿Por qué no podía recordar nada?

Pero entonces sus ojos empezaron a abrirse lentamente al mismo tiempo que las heridas en su cabeza y en su espalda estaban siendo sanadas. No era la primera vez que se hacía daño así, ¿verdad? Estaba empezando a pensar que… que quizá había pasado por algo como eso anteriormente. Se había hecho daño en la espalda, ¿cierto? Y también le habían sanado tal y como el clérigo lo estaba haciendo. Y ahora que se concentraba en la sensación que le estaba transmitiendo, no como antes… lo sabía, estaba seguro. Tenía la certeza de que había experimentado esa calidez y seguridad que la extraña magia estaba haciendo a su cuerpo. Era familiar, y acogedora, le hacía sentir bien y feliz. Le traía, de nuevo buenos recuerdos… Pero esos recuerdos esta vez sabían a tierra y humedad, parecían un rayo de luz viniendo de arriba y un sitio oscuro. Eco, piedra, un templo… ¿O una tumba? Y entonces las imágenes se sucedieron dentro de su cabeza, como en un efecto inverso. Una persecución, los wyverns de los riscos. Un diario encontrado, un día libre. Besos, una confesión, una noche entre libros… Y un encuentro. El encuentro con la persona que, desde siempre, había querido. Y que todavía era la que más quería.

El sueño desapareció conforme sus heridas se sanaban y las manos ajenas acariciaban su cuerpo magullado. Abrió los ojos con sorpresa y casi pensó que era él quien debería estar llorando ahí, y no el otro, pues la sensación se agolpaba tanto dentro de él y le llenaba los ojos de lágrimas, que no pudo atender ni siquiera a las palabras que ahora el albino volvía a pronunciar, no considerándolas ni la mitad de importantes de lo que consideraba ahora la imagen que se había instalado en su mente, y que daba sentido a todas esas especie de pesadillas que le dejaban tan mal cuerpo después de despertarse.

Era el día en el que el albino, el que estaba ahí presente, delante de él y haciéndose cargo de sus heridas, se había marchado sin dejar rastro. El día en el que se había enfadado, lo había golpeado y le había dicho todas esas cosas. Después de ese día… Sorey pensó que jamás volvería a verle nunca, y que la única prueba que le quedaba de que Luzrov había existido alguna vez era el vacío que había quedado en su pecho.

Las manos del castaño se movieron ligeramente, de forma lenta y acabaron agarradas a la tela de la espalda de lo que el albino llevaba puesto. Por si se le ocurría huir, o desaparecer, o desvanecerse como la bruma entre sus brazos ahora que lo había vuelto a encontrar, que no pudiese hacerlo… No podría dejar que lo hiciese de nuevo.

Luz… No vuelvas a desaparecer, por favor… —Le pidió a media voz, con un ligero sollozo. Había recordado su nombre por fin.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Dom Jul 31, 2016 5:01 pm

No le gustaba llorar.Las lagrimas no solucionaban nada,todo lo contrario,preocupaban a aquellos que te rodean. Y aun así eran necesarias,para sacar aquello que uno lleva dentro,para que esos sentimientos que se desbordaban de manera dolorosa fuesen aliviados. Era necesario e involuntario,porque cuanto mas se luchaba contra las lagrimas estas salían con mas fuerza. Pero al clérigo no le gustaba preocupar a otros,no le gustaba llorar. Y aun así últimamente no podía evitarlo y las lagrimas abandonaban sus ojos con mas facilidad de la que deberían. Demasiados acontecimientos,demasiados cambios en tan poco tiempo. Tanto dolor inundandole el corazón,sentimientos tan intensos con los que por mucho que lo intentase no sabia como lidiar. Se sentía perdido en muchos sentidos,aunque poco a poco las cosas iban volviendo a encaminarse.

Y allí estaba el sin percatarse de que había comenzado a llorar pero sabiendo el porque. Llora porque esta triste,porque se preocupa por el otro,porque le duele estar tan cerca cuando sabe que no puede estarlo... porque sus corazones están muy lejos,porque el otro no le recuerda y no sabe como traerle de vuelta, y aunque lo supiera no tiene el derecho de hacerlo. Así como tampoco tiene el derecho de contarle a Sorey el porque de sus lagrimas,porque no le hará bien. Aunque sepa la cusa de las mismas no podrá evitarlas,y se preocupara aun mas cuando en esos momentos solo debe concentrarse en recuperarse.

Así que el clérigo se limito a guardar silencio mientras la espalda era sanada.Sintiendo la respiración ajena tan cerca de su oído,el latido de su corazón atravesando las ropas. La respiración lenta,pausada y la falta de respuesta a su pregunta le hizo creer que el otro estaba dormido,caído a causa del agotamiento. Tendría que dejarlo sobre el suelo de nuevo,con cuidado,y levantar las piernas una a una para sanarlas. Pero no llego a hacerlo cuando se percato de que estaba equivocado,de que el cuerpo ajeno se movía y las manos del castaño se aferraron a la tela que cubría su espalda.

No le dio tiempo a hablar cuando las palabras ajenas,pronunciadas con dolor y entre sollozos,lo atravesaron. No le había dolido  tanto cuando la jabalina atravesó su cuerpo como en esos momentos las palabras de Sorey atravesando su corazón. Abrió los ojos con cierta sorpresa y temor,alzando un poco la mirada para encontrarse con la de Mikleo,pidiendo ayuda al wyvern que los protegía. La confusión presente en su rostro.El báculo fuertemente aferrado en sus manos cayo de la misma,chocando contra el suelo y dejando un leve tintineo ante el golpe. Sorey... el... no podía ser que...

-Sorey... tu... tu...

Tenia miedo de preguntar,estaba aterrado ante la respuesta.

-...me recuerdas?

No quería una negativa,no quería emocionarse.Hacerse ilusiones para que al final no fuese cierto. Tenia miedo de que lo dicho por el castaño solo fuese una ilusión suya,o un delirio del otro o... no quería creer que le recordaba para descubrir por segunda vez que no lo hacia,porque dudaba que su corazón lo soportase de nuevo. Y aun así no podía evitar ilusionarse,creer que de verdad las memorias compartidas con el otro habían vuelto. Lo deseaba tanto... y el castaño... lo había llamado Luz. Estaba acostumbrado a su nombre acortado,incluso el mismo a veces indicaba que se le podía llamar así. Pero no se había presentado de dicha manera cuando se presento al castaño,porque ser llamado por el con dicho nombre no haría mas que mortificarlo mas.Y en sus escasos encuentros Sorey siempre lo había llamado Luzrov y sin embargo en esos momentos... mientras le pedía que no desapareciese... de nuevo... Eso solo podía significar que lo había recordado... verdad?

Cerro los ojos con fuerza y apoyo so frente sobre el hombro ajeno.Las lagrimas comenzaron a caer con fuerza mojando las telas de la ropa ajena ,sus manos temblorosas se aferraran con toda su fuerza a la espada ajena tal y como Sorey hacia con el.Quedando ahora olvidado que acababa de sanar esa parte de la anatomía del castaño. Estaba... podía creerlo... en esos momentos solo tenia clara una cosa... necesitaba decirlo,aquello que antes no pido...

-Yo no quería irme! Quería quedarme contigo! Solo... solo quería eso... estar contigo... y aun así...

Los sollozos cada vez le dificultaban mas hablar,las palabras cada vez saliendo mas entrecortadas,mas débiles

-No es justo... ni siquiera me dejaron despedirme... ni volver... ni escribir... duele... duele mucho... saber que merecía... que no recordases nada... que no me recordases...  
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 31, 2016 8:58 pm

De repente, Sorey lo había recordado todo. Bueno, no precisamente sin más, pero la magia del albino había ayudado a que recuerdos dormidos en él aflorasen de nuevo, a pesar de estar tan ocultos y bloqueados.

Ahora el castaño sabía por qué no lograba recordar lo que guardaba en él, de lo que siempre había sospechado pero nunca había podido sacar a laluz. Esos recuerdos, tan dulces como dolorosos… pero muy importantes. Demasiado importantes como para… vivir sin ellos. Y ahora entendía por qué le dolía tanto en esos momentos. Por qué sentía toda esa tristeza azotándole de repente. Tanto, que hasta los ojos se le habían llenado de lágrimas.

Toda esa sensación angustiante que sintió cuando Luz desapareció de Elysia al día siguiente de pelearse volvió a apoderarse de él y sus brazos se movieron solos, como si se tratasen de un mecanismo. Todo aquel tiempo que había pasado con él comenzaba a hacer efecto en él, siendo consciente él mismo. Y no pudo soportarlo bien. Porque aunque lo tenía ahí y milagrosamente había podido encontrarlo de nuevo… sabía que había actuado como un idiota, y le había hecho daño al albino. Entendía ahora sus temblores, su no querer acercarse a él, no querer hablarle, ese gesto triste y doloroso que tenía cuando lo miraba… Lo comprendía todo. Porque él  se hubiera sentido igual si hubiese estado en su lugar.

Si Luz no le hubiese recordado después de todo lo que pasaron y todo aquel tiempo, Sorey se hubiera deprimido.

Por eso se sentía como un idiota, se había portado mal con él, aunque ni siquiera lo supiese por aquel entonces. A esas alturas ni siquiera importaba lo mal que el castaño lo había pasado; los meses que estuvo sin salir de su cama o las noches que cayó dormido después de no poder dejar de llorar. Todo eso no tenía valor alguno ahora que lo tenía delante, entre sus brazos, porque solo le importaba eso; que Luz estaba bien.

En aquella época nadie le había dicho nada sobre el albino excepto su abuelo. Su abuelo había intentado animarlo de cualquier forma posible, pero el vínculo que había formado con el clérigo era tan fuerte que el no saber qué había pasado con él lo carcomía por dentro. Sorey incluso llegó a pensar que, si no le decían nada, era porque Luz había acabado sufriendo un accidente con los wyvern y había corrido la misma suerte que sus padres. Llegó seriamente a pensar que el albino ya no existía en este mundo por una pelea tonta. Llegó a creerse que había huido sin pensar, se había perdido de alguna forma y lo habían atacado. Y él no había podido hacer nada para impedir aquello. Porque la última vez que lo vio, estaba seguro de que el clérigo lo odiaba más que a nadie.

Sin embargo, su abuelo había intentado decirle que simplemente su destinación había sido otra, como cuando llegó a Elysia. Pero Sorey había estado tan afectado, que solo tomó aquellas palabras como una versión más esperanzadora, y de ser así, ¿por qué no le estaba permitido saber a dónde? Allí  todos intentaban ayudarle, protegerlo, cuidarlo. En Elysia intentaban siempre que Sorey, el brillante y sonriente Sorey, volviese a ser lo que era. Pero no fue así hasta que aquello lo borró de su mente, tras mucho… muchísimo tiempo.

Y era por ello por lo que Mikleo, que presenció todo aquello de primera mano, viendo desde su ventana como Sorey ya no quería hacer nada que no fuera salir de debajo de las sábanas, tomó algo de tirria hacia el albino en sus propios sentimientos. Empático hacia su jinete, su amigo, el wyvern tomó una actitud defensiva y desafiante contra el albino cuando volvió a verle. Pero había sido una parte tan importante para él también que cuando pudo notar los verdaderos sentimientos de Luz, pareció entender. Y por eso, también miró de vuelta al chico que le miraba como si no se creyera aquello, con miedo y duda. Sin embargo, el animal no se movió, y solo siguió cubriéndolos.

Lo siento… —Murmuró, tan pegado a su cuerpo como podía. — Lo siento tantísimo, Luz… —Apretó algo los labios y cerró fuertemente los ojos. — No recordarte y tratarte así después de tantos años… Lo siento  tanto… Nunca quise olvidarte.

Estaba seriamente arrepentido de ello, porque había herido más a Luz de lo que ya estaba y eso… no podía perdonárselo a sí mismo. No todavía.

No obstante, en aquella pausa que hizo antes de volver a seguir disculpándose, Sorey notó como el otro correspondía a su abrazo estrecho y comenzaba a llorar algo más alto, cuando antes había intentado disimularlo. Ah, Luz siempre había sido fuerte… pero siempre tenía un pequeño punto débil que le hacía sentirse vulnerable. En esos momentos, Sorey deseaba curarlo y hacer que dejase de llorar.

Pero escuchó todas sus palabras. Todas y cada una de las palabras que el albino quería decirle, estuvo pendiente de ellas y las guardó dentro de su corazón. Por fin escuchaba que era lo que había sentido el clérigo cuando había abandonado aquel día Elysia y lo mucho que iba en contra de sus propios deseos, de lo que realmente quería. Al final… Luz sí que quería quedarse allí con él. Sí que quería lo mismo que Sorey… pero Sorey sabía que había sido egoísta aquel día. Y no tenía excusa alguna.

Sin embargo, después de aquel sollozo que hizo que el llanto del chico aumentase más, el propio castaño fue el que se movió aquella vez y dejó de sujetar la ropa contraria con sus dedos. En su lugar, movió las manos lentamente hasta su rostro y lo tomó con la mayor dulzura del mundo, como antaño. No se hizo esperar el beso que le dio cuando posó sus labios en los contrarios, delicado y suave, pero lento y largo al mismo tiempo, para calmar esa angustia y tristeza que le producía aquellos recuerdos y aquella situación por la que le había hecho pasar.

Porque Luzrov no se lo merecía, nada de aquello. Y quiso poder enmendar todos sus errores con ese primer beso, después de 6 largos años sin estar juntos. Sin poder escucharle, verle ni tocarle. Sabía que no se merecía una oportunidad como esa… pero si le dejaba, con ese beso le prometía todo el mundo, todo su amor y toda su vida. A partir de ese instante, iba a estar siempre con él.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Lun Ago 01, 2016 9:12 am

No estaba bien,no quería que Sorey se disculpase con el.Porque no tenia motivos para hacerlo.El castaño ni había echo nada malo. Habia sido el quien años atrás lo había golpeado y había causado la discusión,quien al final de la misma le pidió que no se acercara a el y quien había desaparecido sin una explicación ni una simple despedida. Si las cosas hubiesen sido al revés,si hubiese sido Sorey quien hubiese desaparecido de su vida sin explicación alguna y estando ambos en malos términos... no lo hubiese soportado. Olvidar era... lo único que quedaba para no ser engullido por el dolor. Era doloroso que Sorey le hubiese olvidado todos esos años,pero el albino era consciente de que el mismo lo había provocado y de que aquello había sido por el bien del pastor. Para no verse afectado por su persona y seguir siendo quien era.

-No te disculpes... tu no hiciste nada... no ha sido culpa tuya... que olvidases...yo se que no querías! Eso... eso fue mi culpa... la pelea y todo lo que paso... tu no has echo nada malo... ni me has tratado mal... no tienes porque disculparte...

Le hubiese gustado explicarse de mejor manera,silenciar sus sollozos para que sus palabras saliesen del tirón y no entrecortadas. Pero no podía,porque la culpa se mezclaba con la alegría. Sorey le recordaba y estaba seguro de que no existía palabra en el mundo que describiese la sensación tan maravillosa que lo embargaba en esos momentos ,pero el saber que el otro lloraba por el y se disculpa le llenaba de culpa.El pastor no había echo nada,no lo había tratado de ninguna manera que mereciese perdón. Solo...

-Todo este tiempo tu... solo has sido tu mismo... y quiero que sea así pero...

A el no le podía mentir,aunque supiese que sus próximas palabras le podían causar dolor al otro no quería mentir ni callárselas

-Dolía tanto... que fueses tu y no me recordases... Tenerte cerca y saber que en realidad estabas tan lejos... pero no era tu culpa... de verdad...

No pudo evitar sentirse nervioso,que un leve temor invadiese todo su ser al notar como las manos ajenas se soltaban de su espalda,aferrando el las suyas al mismo instante. Sorey le recordaba,no iba a alejarlo y separarse de el... lo sabia y aun así sentía cierto miedo a que eso sucediese,a que el contacto con el cuerpo ajeno que tanto necesitaba en esos instantes se terminase. Entreabrió los ojos bañados en lagrimas y soltó un leve suspiro al notar de nuevo las manos,esa vez en su rostro,dejando que separase el mismo del hombro ajeno y lo alzase,lo tomase. Y aunque no se lo esperaba no opuso resistencia cuando sus labios fueron tomados con suavidad. Correspondiendo con el mismo cariño el gesto,porque lo necesitaba,porque llevaba años deseándolo.

El también retiro las manos de la espalda ajena,para llevarlas al frente. La izquierda descansando en la nuca ajena,entrelazando sus dedos con los cabellos ajenos.La derecha aferrada a las prendas de Sorey,en su pecho a la altura de su corazón. Cerro lo ojos y ahogo un suspiro entre los labios ajenos al sentir la lentitud y profundidad del beso,negándose realmente a que fuese de otra manera. Porque llevaba 6 años sin unir sus labios con los otros en aquella muestra de amor tan profunda y sincera y quería tomarse su tiempo. Para trasmitir lo mucho que lo quería a pesar del tiempo pasado,para rememorar aquello que antaño era cosa de diario,para asegurarse de que todo eso era real y de que no eran alucinaciones suyas. Que no había caído por mano de algún enemigo y en esos instantes no estaba soñando... eso hubiese sido una broma demasiado cruel por parte de su mente.

No quería separarse pero el aire en sus pulmones eran necesarios y los mismo lo reclamaban.Con la respiración entrecortada y las mejillas levemente sonrojadas separo sus labios pero no así su rostro,apoyando su frente contra la ajena,apretando mas el agarre de sus manos en el cuerpo ajeno. Sonrió con dulzura y clavo sus ojos violetas en los verdes,las lagrimas aun en ellos aunque incapaz de saber en esos momentos si eran por la tristeza y el dolor o por la felicidad.

-No te imaginas lo mucho que te he echado de menos todos estos años... Yo de verdad creía... que no podrías salir de Elysia... que nunca mas te volvería a ver... Pero... de verdad... de verdad estas aquí...
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Lun Ago 01, 2016 9:51 pm

Pero él sabía que por más que el otro insistiese en que no se disculpase, en que él no había hecho nada malo… no era así. Luzrov lo estaba diciendo para que no se sintiese mal, o quizá una pequeña parte de él de verdad creía en eso genuinamente, pero Sorey no se podía quitar de la cabeza que no era así. Que de verdad necesitaba ser perdonado, porque lo que había hecho no está bien, nada bien. Sobre todo si se lo había hecho a la persona que más quería en todo el mundo

Por eso, cuando el albino le dijo que le había dolido tanto, al castaño también le dolieron esas palabras. Porque lo entendía perfectamente, y no podía hacer más que agachar la cabeza, aceptarlo y disculparse. Y quizá tal vez comenzar a compensárselo, durante el resto de toda su vida. Porque había sido recordarle y saber que no quería separarse de él, especialmente después de tantos años separados, sin saber de él, sin ser capaz de encontrarlo en sus remedios. Seguía enamorado de su persona porque tan solo de verlo, escucharlo y tocarlo, el cuerpo del castaño se relajaba y se sentía a salvo. Su magia era tan familiar y agradable… que volvía a recordar el preguntarse si otros la sentían como la sentía él. Quería tan a Luz… y estaba tan cambiado y al mismo tiempo tan igual que ahora no dejaba de pensar en todas esas noches en las que habían dormido juntos, en las que se habían abrazado y hablado. Los libros que habían leído juntos, las risas, los lugares donde pasaban el rato… Todo eso que tan inocentemente formaba parte de su feliz pasado. ¿Cómo el dolor había sido tan fuerte que eso como para olvidarlo? No tenía excusa, y la prueba estaba allí, en las lágrimas que el albino desprendía mientras decía lo mucho que le había dolido ver que no lo recordaba.

Sin embargo, no le dijo nada. No le rebatió la afirmación de que no era su culpa, ya que no pensaba así. Pero no quería ponerse a discutir eso ahora con lo mucho que tenía delante y todo el tiempo que había perdido desde hacía tanto. Decidió transmitir su sincero perdón en aquel beso, desde sus labios, haciéndolo largo y ligeramente profundo, queriendo que durase todo lo que había durado su separación. Claro que aquello era imposible, pero esperaba que se llevase la tristeza y el desasosiego del otro, todo lo que pudiese. Porque ahora no importaba, no pasaba nada. Ahora estaban juntos y eso era lo que importaba para ambos, ¿verdad? Los movimientos lentos de sus labios describían aquel sentimiento sin palabras que tan absortos los tenía.

Pero poco a poco tuvieron que separarse del contacto, con algo de pesar. Aún así siguió siendo dulce y cuidadoso, mientras volvía a entreabrir los ojos y dejaba que la frente contraria se quedase apoyada en la propia. Quería tenerle tan cerca y contemplar esas dos piedras violáceas que tenía por ojos que volvió a llevar sus manos al a cintura del clérigo y la rodeó con cuidado. Solo para tener la sensación sin duda alguna de que aquello era real y que tanto él como el otro estaba allí. No quería despertarse de aquel sueño, si lo era, ahora que por fin había podido distinguir la figura brillante de una vez por todas.

Prometo explicarte eso más adelante… —Le sonrió con ternura y con la voz más aterciopelada del mundo. Sus facciones eran mucho más adultas de cuando era tan solo un adolescente, y lo que una vez había sido adorable ahora era suave y atrayente. — Ahora solo… no te preocupes, Luz. Estoy aquí contigo, y soy tan real como tú… —Cerró los ojos, haciendo una pequeña pausa. — Por eso… no llores más. ¿De acuerdo? Voy a limpiar hasta la última de tus lágrimas si hace falta.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Mar Ago 02, 2016 1:19 pm

Las manos del otro en su cintura no le molestaran para nada,todo lo contrario. Sintió un ligero escalofrió recorrerle el cuerpo antes de ser sustituido por la familiaridad de aquel gesto antaño casi tan familiar como el tomarse de las manos y el entrelazar sus dedos. Amplio su sonrisa inconscientemente ante la calidez y seguridad que le otorgaba el ser abrazado por el otro,el saber que todas aquellas sensaciones que cualquier parte del cuerpo ajeno eran demasiado reales como para tratarse de un cruel broma de su mente. Mucho mas vividas e intensas que en sus recuerdos de años atrás. Retiro su mano del pecho ajeno,subiéndola hasta el hombro del castaño,señalando el recorrido con la punta de sus dedos hasta alcanzar su cuello.Rodear el mismo con sus brazos y pegando aun mas sus cuerpos,aquellos que por la posición de su propia mano no podían pegarse mas con anterioridad.

Era la primera vez desde que se habían reencontrado que miraba a Sorey,que se fijaba en el realmente.Sin querer despegar su vista si no manteniendola,sin captar los detalles de refilon. Era doloroso fijarse en el,contemplarle cuando sabia que las miradas que recibiría por su parte no seria las que deseaba,no le reconocerían como el lo reconocía a el... Pero en esos instantes... Sorey le recordaba,todo,y ya no tenia motivos para pensar en ello.En lo mucho que había llorado y sufrido en los últimos días,o en el tiempo que habían estado separados. Prefería concentrarse únicamente a que estaban juntos de nuevo,sin recuerdos perdidos y cada uno en los brazos del otro. Examinar con sus ojos violetas cada uno de los rasgos ajenos,de los ligeros cambios sufridos por el tiempo.

Ya se había fijado con anterioridad en el cabello ajeno,siendo incapaz de dejar pasar por alto que estaba tan largo como el suyo o puede que incluso mas. Los dedos de una de sus manos agarraron algunos mechones con cariño,entrelazando los dedos en ellos,esta vez como acto consciente.Sin intenciones de soltarlos por el momento.Sabiendo que no se sorprendería a si mismo haciendo aquello ,como ocurrió la ultima vez. Soltando una suave e involuntaria risa ante el pensamiento de que aun estado separados de alguna forma sus pensamientos habían estado lo suficientemente coordinados como para dejarse ambos el cabello de dicha manera.

-Soy un desastre... últimamente lloro mucho. Nunca pensé que fuese capaz de llorar tanto y sin embargo estos últimos días... Pero creo que ahora mismo no tienes que secar nada... no cuando son lagrimas de felicidad...

A esas alturas ya estaba convencido de que la tristeza había quedado atrás,la preocupación en segundo plano,y la dicha que sentía ante la presencia y tacto ajenos se sobreponía a todo. Que las lagrimas antes amargas y dolorosas ahora eran dulces y dichosas.

Soltó el cabello ajeno y movió las manos con perfecta sincroniza hacia el cuello del pastor. Elevándose mediante suaves caricias hacia el rostro ajeno,delineando el mismo. Perfilando con sus dedos cada trozo de piel que encontraba,cada sutil cambio en las facciones del castaño. Los ojos mas brillantes de lo recordado,el rostro ligeramente mas afilado dejando de lado la redondez infantil.El tono de piel el mismo,pero la sonrisa mucho mas brillante. Sonrió con dulzura al tiempo que un suspiro escapaba de sus labios. El clérigo nunca se había fijado en algo tan superficial como el aspecto físico,la apariencia de la gente.No le daba importancia a ello,aunque bien si al echo de ir bien preparado y aseado con las prendas que se disponían,pero ello solo en su caso. Pero con Sorey siempre había sido distinto,siempre se había fijado.Al inicio en su voz,después en sus ojos y en su sonrisa,en el resto de el... y se sentía atrapado por su persona,por lo que era por dentro y por lo que era por fuera. Y ahora que se fijaba por primera vez era consciente que tras todos esos años,con los pequeños cambios que ambos habían sufrido,se sentía aun mas hechizado por el. Y solo deseaba que el contacto entre ambos no se terminase nunca.

-Sorey... te quiero... tanto que no se como decirlo... nunca he sabido como...

Despego su frente de la ajena solo para rozar levemente sus narices.Acercar sus labios al rostro del pastor y dejar besos cortos en la piel ajena. Dulces y suaves caricias con sus labios allá por donde sus dedos habían pasado y acariciado con anterioridad. Sobre su frente apartando ligeramente los cabellos ajenos,en ambas mejillas recorriendo la totalidad de las mismas,el mentón ... para acabar sobre los labios. Depositando sobre los mismo cortas caricias antes de agarrar propiamente el rostro ajeno y unirlos de nuevo.Con la misma suavidad que todos sus toques,pero mucho mas profundo,largo,intenso... intentando recordar como trasmitir todos sus sentimientos a través del gesto casi olvidado,queriendo demostrar así lo que no era capaz de poner en palabras.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Miér Ago 03, 2016 11:29 am

No pensaba que fuese realmente un desastre, sino que su reacción era bastante comprensible. Pues el castaño aunque ya no lloraba, seguía teniendo lágrimas en los ojos. En cuando había recodado qué persona era realmente Luz para él, se había puesto a llorar inevitablemente. De tristeza, de alegría, de todo en realidad. Pero había sido tan fuerte ese sentimiento que lo había desbordado. ¿Cómo no iba a entender que Luz se pusiese a llorar casi todos los días desde que se habían visto, sobretodo cuando Sorey no lo recordaba? Seguro que había sido muy cruel… Pero pensaba compensárselo. Estaba seguro, de alguna forma.

Se dejó acariciar y pegó su pecho al ajeno, quedando él mismo ligeramente más alto. Siempre habían tenido la misma altura, pero era cierto que ahora el castaño sobresalía un poco más que el albino. No mucho, en realidad, pero aquello le gustaba porque podía ver a Luz un poco desde arriba y observar como levantaba ligeramente la barbilla y abría sus ojos… Casi le daban ganas de tomarle por el mentón y besarle hasta que no pudiese más.

Y es que estaba tan cambiado también… Ahora que lo veía reconociéndolo, le gustaba más aún su pelo largo. Su mirada violeta, la forma de su rostro, sus manos suaves… Y la forma en la que hablaba. Era un poco infantil, ahora que lo pensaba, haber tenido el mismo flechazo con la misma persona con seis años de diferencia…. ¿Eso quería decir que realmente estaba hecho para estar con Luz o que simplemente no había cambiado en absoluto? Fuese una u otra, no le importaba. Solo quería estar con él ahora.


Ahora estamos juntos y no tienes nada de que preocuparte. Te compensaré por todos los días en los que hayas derramado lágrimas. ¿Se te ocurre alguna idea? —Intentó bromear un poco, porque él era así después de todo.— Quizá una tarde leyendo juntos, o un paseo por las alturas.

Por los viejos tiempos, pensó.

Pero en realidad todas las ideas que podrían estar ocurriéndosele en esos instantes se desvanecieron completamente de su mente cuando el albino comenzó a acariciarle el pelo y el rostro, como si lo estuviese recordando, o memorizándolo de nuevo, adorándolo. Sorey notaba como su corazón comenzaba a latir fuertemente por todas esas caricias y atenciones, movíendo el los mismos dedos de sus manos en la cintura ajena. Quería tanto, tanto agarrarse a él y no soltarle, y quedárse asi para siempre si hiciese falta… Cada roce, cada gesto que observaba en él, lo enamoraba más. Estaba tan enamorado como el primer día.

….Yo también te quiero. —Murmuró, con la emoción en el pecho y con un murmuro que ni llegó casi a ser voz, pues estaban tan cerca que no hacía falta. Notó como la punta de su nariz rozó con la contraria y entonces los dedos del clérigo volvieron a pasearse… hasta que estos le tomaron del rostro. Esa vez su turno.— Y tampoco se que hacer para demostrarte lo que siento por ti… —Porque era demasiado que se sobrecogía, sobretodo cuando empezó aquel beso.

No había sido el primero después de tanto tiempo, pero tal y como fue el segundo beso que se dieron, aquel segundo beso también fue igual de especial. Intenso, cargado de sentimientos y dulzura, cariño, amor… Todo lo que el uno sentía por el otro, todavía no queriendo que aquella sensación terminara.

De ser posible, nunca.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Miér Ago 03, 2016 5:43 pm

Leer juntos,pasear... todo sonaba tan bien,tan maravillosamente perfecto. Porque era lo que siempre habían echo en Elysia. Estar juntos el tiempo que sus deberes les permitía. Salir de la aldea para vigilar los wyverns,entrelazar sus dedos,compartir besos. Acudir a la casa del castaño a leer,a pasar la noche entre susurros y mas caricias y dormir abrazados. Era recuerdos tan dulces que casi no parecían reales,pero había comprobado de primera mano que lo eran.Que se podía ser tan feliz. Y recrear algo de ello,volver a repetirlo... sonaba tan bien... No necesitaba que Sorey lo compensase pero si realmente quería hacerlo esa era la mejor manera de hacerlo. Pero...

Una parte de el insistía en recordarle que no era lo mismo,que las cosas habían cambiado,que ellos también lo habían echo, y que no podría volver al tiempo pasado en Elysia. Lo sabia desde el primer instante en el que sus pies abandonaron el lugar,que aquello debía de quedar atrás. Mas ahora debido a la situación en la que el mundo se encontraba.No podían sumirse en una burbuja,no cuando el tenia como meta ayudar a todos mas aun ante el desastres de los emergidos,y no cuando Sorey estaba allí para tomar la fuerza necesaria para protegerlos a todos. Y el iba a acudir a Caelin con Lady Lyndis mientras que Sorey se quedaría en Pherae a los ordenes de Lord Eliwood y... no podía evitar preocuparse por ello.

Pero al contrario de lo que creía,de lo difícil que sonaba,estando en brazos ajenos todo parecía tan fácil... solo porque estaban juntos parecía todo tan sencillo.Porque eso era lo único que importaba. Que importaba un par de días,o semanas,separados cuando habían aguantado tantos años? Seguían estando en el mismo país,seguirían estando cerca,sabrían donde encontrar al otro a diferencia de todo ese tiempo donde el clérigo no estaba nunca en un lugar permanente.Y Mikleo siempre podría reducir esa distancia y reunirlos mucho mas rápido de lo que cualquier montura lo haría. Le pediría a Lyndis que le dejase ir a verlo,porque había decidido que esta vez si habría una manera de estar juntos y cumplir con sus deberes. Puede que no todo lo juntos que desease pero... aun así todo el tiempo que pasaban juntos era preciado.

Y si lo pensaba de dicha manera el recrear los recuerdos pasados,el crear unos totalmente nuevos,no sonaba tan mal. Leer,pasear... lo que mas echaba de menos eran los besos,las caricias y abrazos ajenos. El encontrar su mano tocando sutilmente el cuerpo ajeno... Si tenia que elegir...

-Quiero,volver a dormir contigo...

Leer algo antes de dormir,repartirse besos infinitos de buenas noches y llegar ambos al mundo de los sueños abrazados el uno al otro. Solo ellos dos amparados por la noche,como antaño... lo quería y lo necesitaba...

Y las lagrimas aun no se habían detenido,aunque si calmado,y ya quería soltar nuevas .Porque... Sorey lo quería,lo sabia y se lo había demostrado y aun así... escucharlo de sus labios desvaneció el leve temor que aun permanecía aferrado a su corazón. Ese de que después de todo lo sucedido,de su partida,después de 6 años los sentimientos ajenos hubiesen cambiado. Adoraba la voz de Sorey,siempre le había encantado,y cuando le dedicaba palabras de amor... cuando realmente le describía sus sentimientos a pesar de no tener palabras para ellos... era en esos momentos donde no sabia que hacer. Porque su corazón latía mas rápido que nunca,la felicidad que le embargaba era tal que casi se sentía culpable,y no sabia como corresponder el gesto mas que aferrándose mas al cuerpo ajeno,cosa imposible.Uniendo sus labios una y otra vez.Abrazando al otro por el cuello y separando sus bocas únicamente para tomar aire,antes de volver a unirlas con prisa,con la respiración agitada. Siendo cada roce,cada choque ligeramente distinto,mas lento,mas profundo,mas intenso... pero intentando trasmitir en todos ellos el amor que se procesaban el uno al otro. Hasta que los labios se tornaban rojos,se hinchaban ligeramente y estaban un poco mas cálidos de lo que correspondía. Y aun así ,aunque resultase casi doloroso,era un dolor dulce que les instaba a seguir regalándose besos.

Tan absortos el uno en el otro que no se percataron del sonido de las botas,los pasos apresurados que se acercaban a ellos,siendo el wyvern el único que reacciono ante tal sonido. Asegurándose de cubrir a ambos y girando la cabeza hacia el lugar,alerta por si debería proteger a su amigo y el clérigo. Mas no fue necesario y plegó el ala al ver que lo que a ellos llegaban eran los dos soldados que habían ayudado con la evacuación. Aquellos compañeros de Sorey que tras luchar a su lado habían ido también a encargarse del arquero que lo derribo. Las ropas mas sucias que antes,un par de manchas de sangre mas sobre los uniformes,pero las sonrisas felices y cansadas que demostraban que estaban bien. La satisfacción y la alegría del deber cumplido que los hicieron acercarse a ambos a la carrera y gritar con alegría

-Todo despejado! Ya no queda ninguno emergido en el pueblo! Estáis bi... oh!

Los pasos se detuvieron metros antes de alcanzar las dos figuras que se abrazaban y besaban sentadas en el suelo,tan pegadas como podían. Al mismo tiempo que la voz también se detuvo y Luz separo sus labios con prisa de los ajenos. Siendo sacado de golpe del trance en el que había sido sumido,sin saber realmente como reaccionar.Con su rostro completamente sonrojado y avergonzado,porque de cierta forma había acudido al lugar a ayudar y... sentía que había fallado,y aun a pesar de ello no se sentía culpable si no feliz. Y notaba cada vez su rostro mas cálido y sonrojado a pesar de saber que a esas alturas era imposible. La necesidad de ocultarse,aun sabiendo que ya era tarde y de que habían sido vistos,lo llevo a enterrar su rostro en la curvatura del cuello de Sorey. Cerrando los ojos con fuerza,pegando su rostro a la piel y telas ajenas y aferrándose aun mas al cuerpo del castaño.Los brazos seguían rodeando su cuello mas las manos que antes descansaban en la nuca contraria habían bajado ahora hasta su espalda agarrándose a la misma con todas sus fuerzas.

Ambos soldados se giraron también sonrojados y sorprendidos,alguno con mas prisa que otro,como si de aquella manera volviesen a darles a la pareja la intimidad arrebatada. La voz un detonaba alegría,mas también vergüenza. Sonaba un poco mas baja,mas entrecortada

-Ya veo que estáis muy bie...digo... perdón! Perdón! No queríamos... esto...

No sabían si seguir en el lugar o marcharse.Si añadir algo mas o simplemente callar. Se pedirles que siguieran o no.  No era incomodo,aunque el clérigo se muriese de la vergüenza. Solo era...nuevo. Inesperado.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 04, 2016 11:57 am

Estaba… satisfecho.

No de lo que estaba ocurriendo (que también), sino porque había podido recordar el nombre de Luz. La primera cosa que había pasado por su cabeza al haber recordado todo lo que realmente pasó había sido el nombre del clérigo. No Luzrov, sino Luz. Era como Sorey siempre lo había llamado, incluso desde la primera vez que lo vio. Era como si fuera la esencia del albino que se había quedado grabado inconscientemente en él. Era ahora cuando se daba cuenta de ello, pero había sido de forma totalmente natural como aquella forma de llamar a su adorado albino era lo que se había iluminado en su cabeza en el instante que había reconocido al fin la figura frente a él, que le estaba curando.

Y era algo simplemente maravilloso, porque sentía que Luz era, de alguna forma, la persona indicada. Era demasiado pensar que había sido pura casualidad encontrarlo de nuevo. Quizá Elimine se había convertido en una Santa de verdad y los había ayudado, a pesar de que sabía que opinaba el clérigo frente a lo que se basaba su fe en teoría.

Pero ahora nada de eso importaba, porque sumido en aquellas caricias y roces de sus labios, el castaño no podía pensar en nada más que no fuera querer sentir todo aquello más; más duradero, más intenso. Ni se le pasaba por la mente darse cuenta de que ahora les eran leales a dos personas diferentes, y de que en algún momento tendrían que separarse, o al menos, no verse en un periodo determinado de tiempo. Pero aquello no detendría a Sorey fácilmente. En absoluto.

—El castaño se quedó ciertamente en blanco cuando escuchó a Luz susurrarle aquello tan cerca. Sin palabras y más rojo de lo que había esperado. Porque eso le había hecho pensar en… Eh, ¡Espera! ¿En que realmente…? ¿En Luz abrazado a él, pegado a su pecho, y con los labios a la altura de su cuello, quizá rozando su piel, erizándose por su cálida respiración…? Ahh, no, no… ¡No debería pensar en ello! Esas cosas no las pensaba anteriormente, pero ahora… ahora desde luego era diferente.


Pero tuvo que serenarse, porque aunque Luz estuviese llorando de felicidad ahora, no quería que derramase por lágrimas por él. Porque él quería que sonriera, era lo que necesitaba, y desde luego era lo que iba a conseguir que hiciera a partir de ese momento, por el resto de su vida. Siguió de nuevo apartando las lágrimas de sus ojos, limpiando sus mejillas con suavidad y cariño, acompañadas de una sonrisa dulce, y e incluso las besaba para llevárselas con sus labios y así curarlas. Pero sabía que no era suficiente… con el tiempo, podría hacer que las cosas fuesen incluso mejor que hacía años, estaba seguro.

Porque compartiendo besos como el que estaban teniendo ahora, intercalados y profundos, sabía que Luz también quería eso. Podía sentir exactamente todo el amor que sentía por él, todo el cariño, la dulzura, la ternura… Pero también una nueva pasión que empezaba a crecer poco a poco mientras el contacto perduraba e iban tomando aire entrecortadamente en los pequeños lapsos de tiempo en los que sus labios se separaban. Simplemente, todavía no podía dejar de besarle, era impensable. Tantos años en los que había pasado sin recordarle ahora hacían mella en él por igual, pero ya no solo era de una forma, sino que estaba redescubriéndolo, de otra manera más… ¿cómo podría decirlo? Ardiente.

Desde luego, tan pegado a él como estaba, y tan sumido en ese beso, pensaba que desde luego aquella era la palabra indicada.

Hasta que escuchó una voz (porque los pasos no pasaron desapercibidos) que hizo que Luz se separara automáticamente, aunque el seguía un poco ido, e incluso fue un poco tras sus labios, tan solo un ademán. Cuando Sorey dirigió la vista al soldado que había hablado, uno de los dos a los que había ayudado anteriormente, lo miró ligeramente curioso y confuso de que se disculpase como tal. También le pareció curiosa la reacción del clérigo que se escondió algo en su cuello y tenía las orejas algo rojas, pero a diferencia suya, el castaño solo sonrió alegremente hacia el otro muchacho, como si no pasase nada, y tampoco se escondiese en qué estaba haciendo con Luz, a pesar de que era un chico. Y en verdad lo agradecía un poco... estaba empezando a sentir cosas que no debía sentir. Al menos todavía.

No pasa nada. Está bien. —Rió ligeramente despreocupado.— Así que, ¿os habeis encargado de los arqueros? Gracias por eso. La evacuación ha terminado, asumo… —Aquello casi que se lo preguntó a sí mismo, en voz alta.— Luz me estaba curando, ahora la herida de mi hombro no es ningún problema. Debería levantarme y…Oh. —Se quedó parpadeando un poco, porque al hacer además de levantar y llevarse al albino consigo, sus piernas temblaron y… casi no se movieron.— Creo que si que voy a necesitar que me sanes las piernas…

Los soldado se volvieron a girar cuando Sorey les habló pareciendo que ya la vergüenza había quedado un poco atrás, pero lo cierto es que miraron un poco raro al chico cuando este dijo aquello tan sin importancia, mientras reía un poco y ponía una expresión de disculpa, llevándose una mano a la nuca. Sabían que era un soldado de Perea, como ellos, pero ciertamente… ¿Qué clase de persona tan despreocupada era aquella?

Encima incluso de que la chica clériga y tú estabais… —Uno de ellos susurró por lo bajo, no molesto pero sí desalentado. Se podría decir que había conocido a Luz antes y, como era normal, había resultado atractivo al chico con su apariencia femenina. Solo para encontrar ahora de que al parecer, Sorey había sido más rápido y había conseguido a la chica antes.

Y Sorey ni siquiera lo sabía.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Jue Ago 04, 2016 5:49 pm

En algún momento tendría que separar su rostro del cuerpo ajeno y plantarle cara a la situación pero en esos mismos instantes...no se sentía capaz de ello,por no hablar de lo cómodo que estaba en aquella postura. Lo cierto era que la reacción del otro le causaba cierta envidia,sana,y le hacia sonreír contra la piel ajena. Sorey era... Sorey,y no estaba reaccionando ante la situación. No es que fuese indiferente a ella solo lo veía como algo natural y actuaba de dicha manera,como si el echo de que fuesen interrumpidos y su intimidad arruinada no tuviese nada de malo. Demasiado puro como para pensar que aquello era malo.Realmente no lo era,el clérigo lo sabia,porque el amor no tenia nada de malo. Pero en cuanto a amor entre personas del mismo sexo se refería... no estaba bien visto. Era algo prohibido,antinatural para el mundo. Y el ser consciente de ello,de los problemas que podría acarrear... no quería pensar en ello,en las consecuencias que tendría para Sorey. Cuando eran mas jóvenes no ocultaban sus sentimientos,pero si las caricias que se repartían,eran discretos ante ello. Y sabia que debían de ser siéndolo a pesar de que ya no quería permanecer ocultos.No después de tantos años y besos perdidos.

No estaba en sus planes el ser visto,no tan rápido al menos,pero si lo veía desde otro punto de vista mas optimistas aquello significaba que no tendrían que esconder sus sentimientos. Algo que le alegraba...

Por una vez tendría que dar las gracias a la confusión sobre su genero,justificable en esos momentos por sus vestimentas femeninas, pues gracias a ello los soldados no parecían haber reaccionado negativamente ante lo que habían visto. Porque si uno de ellos era una mujer entonces no había problemas,se ahorrarían tantos quebraderos de cabeza. Tal vez ,y solo tal vez,no era tan mala dicha confusión y lo correcto era el no corregirla. Mas ese hilo de pensamientos fue cortado.Y separo su rostro de la curvatura del cuello ajeno,mas aun abrazado a el.

Se sentía realmente mal,todo un fracaso,por haber olvidado que aun no había sanado la totalidad de las piernas ajenas.Era su deber y no lo había cumplido ,sin mencionar que el herido era el castaño.... y aun así se había olvidado por completo.Pero no lo había podido evitar,no después de todo lo acontecido,así que lo único que quedaba era compensarlo sanandolas ahora.

Con lentitud,sin desearlo realmente,aparto sus brazos del cuerpo de Sorey rompiendo el abrazo.Una de sus manos viajo a sus mejillas,sus ojos ya secos,apartando las pocas lagrimas que el castaño aun no había secado. La otra se estiro hasta tomar el báculo ,olvidado hacia un rato. Se alejo un poco,mas aun sentado cerca del pastor. Dejo el báculo a un lado suyo,mas cerca que antes,y sin preguntar toma una de las piernas ajenas. Con suavidad para no hacer daño,con delicadeza la fue movimiento hasta estirarla y colocarla sobre su regazo,con la rodilla en el centro. Agarro el tobillo de Sorey y elevo un poco la pierna ,separandola así de su propio cuerpo lo justo para que su mano y el báculo pudieran tocar la parte trasera de las piernas.Aquella herida. La herramienta fue tomada por la mano que no sujetaba el tobillo.

-Aguanta la pierna así un poco por favor.

La serenidad volvió a apoderarse de su rostro,su vista clavada en la extremidad herida y la concentración viniendo a el.Su magia siendo llamada del interior,sus manos tomando aquel tenue brillo. La mano que sujetaba el báculo comenzó a pasar por la parte herida de la pierna,rozando la misma con la punta de sus dedos. Comenzando por el tobillo,continuando por el gemelo y terminando tras recorrer todo el muslo del castaño,tocando en apenas una caricia que acompañaba a la magia reflejada por su báculo toda la pierna del castaño.

Cuando creyó haber terminado dejo sobre el suelo la pierna con la misma suavidad con la que la había tomado,y repitió todo el proceso con la otra piernas. Hasta quedar satisfecho con el resultado,hasta que el brillo se desvaneció. Y volvió a fijar su vista en la persona frente a el ,sonriendole con ternura,inclinándose para acercarse de nuevo.Tomar una de las mejillas ajenas con su mano y depositar un suave beso sobre la otra,ya les habían visto así que ese leve gesto no debería significar nada.

-Ya estas listo. Pero ten cuidado y no hagas movimientos bruscos,sobretodo con el hombro.

Con el báculo en la mano se puso en pie y le tendió su mano libre al pastor para ayudarle a incorporarse.

Dirigió entonces su mirada violeta hacia ambos soldados,sonrojándose ligeramente aun al enfrentarse a ellos.

-Si la evacuación ha terminado yo...creo que debería ir con los evacuados.

Si se quedaba en ese lugar y los emergidos volvían a llegar seria mas una molestia que una ayuda.Aun podía ayudar a los civiles,había heridas leves que no había sanado por las prisas,aun podía ser de ayuda.Tenia un deber que cumplir...a pesar de no desear en esos momentos separarse del otro.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 06, 2016 7:18 pm

Lo cierto es que Sorey no había pensado que sus piernas necesitasen ser sanadas (bueno, en realidad, lo que había pasado es que se había olvidado completamente de ello, entre tantos besos, para ser sincero), pero cuando quiso levantarse y sus piernas dolieron y temblaron tanto cual wyvern recién salido del cascarón, se dio cuenta de que sin la sanación de Luz no iba a poder ir a ninguna parte.

Miró un poco a Mikleo cuando este, un poco más alejado al ver aparecer a los soldados de Pherae y reconocerlos como aliados (o quizá porque sabía que aún les imponía respeto semejante bestia), le bufó ligeramente para llamar su atención. Sorey sabía que le estaba riñendo, por ser descuidado, a lo que el jinete rió un poco con disculpa de nuevo porque sabía que quería decir aquel gesto en el otro.

Lo siento, lo siento. De verdad. ¡No pensaba que fueran a doler! —Porque realmente no se las había partido, podía moverlas como aquella vez en las ruinas, pero si que no se podía sostener en pie. Seguramente solo fuera el golpe. Aún así los soldados que se habían quedando observando miraron un poco extrañados como el chico hablaba con su montura, pues en Pherae no había jinetes como lo era Sorey. En realidad él tampoco había conocido a otro jinete pero estaba seguro de que, si ellos eran como él, seguro que  también hablaban normalmente con sus monturas y los consideraban compañeros.

Aún así fue obediente y se dejó hacer por el clérigo. Estiró la primera pierna como le dijo, dejandole examinarle y observándole y poco a poco empezó a notar como los músculos de sus extremidades comenzaban a tensarse y destensarse levemente, recuperando la movilidad y desapareciendo el dolor a medida que Luz iba usando su báculo en él.

Su magia era… increíble. Tampoco había experimentado otra magia sanadora antes, claro, solo se había mantenido a base de vendas, reposo, y algún que otro brebaje si se había caído alguna vez y se había hecho realmente daño o alguna herida con algún wyvern, así que realmente no podía compararlo con otro. Pero tampoco pensaba que le hiciera falta. Porque después de todo, lo que aquella energía le hacía sentir no iba a poder experimentarlo en cualquier otro lugar que no fuera viniendo de Luz. Y eso le gustaba, porque era… especial; le resguardaba y le curaba interiormente. Le hacía sentir seguro y a salvo, resguardado… y gracias a ella había podido recordarlo. Pero, ¿cómo olvidarlo? ¿Cómo no recordar todo eso una vez volviendo a experimentarlo? Debía agradecer enormemente a lo que fuera que existiese allá arriba el poder que Luz guardaba en su interior, o la fe que nunca había perdido. Lo que le hacía sentirse un poco mal, al recordar cómo le había pedido años atrás que dejase la iglesia por ser la mejor opción… Creía que nunca iba a perdonárselo a sí mismo.

Pero no dijo nada, definitivamente, y dejó que el albino terminase su trabajo cuanto antes mejor.

Probó a mover un poco las piernas y de un momento a otro pudo ponerse en pie sin problemas. No sin antes haberse sorprendido un poquito por el beso en la mejilla que el clérigo le había dedicado nada más finalizar su tarea, a lo que el castaño sonrió también de forma tierna y feliz, con un leve sonrojo en su rostro, mientras uno de los soldados intentaba no mirar demasiado y poner cara de circunstancias y el otro tenía un gesto como si hubiese perdido la mayor oportunidad de su vida sin ni siquiera haberlo intentado. Claro que Sorey no incidió en absoluto en aquello.

Prometo no hacer esfuerzos. Mik se ocupará de recordármelo, seguro.  —Miró a su compañero alado pero este giró algo la cabeza como si lo hubiera pillado. Sorey se rio porque a veces era muy obvio para él y ni siquiera le hacía falta mirarlo demasiado para saber qué quería decir el wyvern con su comportamiento. — Cierto. Según sé hay un campamento improvisado al otro lado de la arboleda, al norte. ¿Verdad?  —Dirigió su mirada a sus compañeros para ver si no estaba equivocado, a lo que estos asintieron ya más serios, al tener que ver con su trabajo. — Seguro que hay mucha gente que te necesita para que les sanes también. Ha habido tanta confusión y caos que debe haber varios heridos esperando.  —Ayudó al otro a levantarse del suelo también y pareció pensar durante unos minutos, hasta que uno de los soldados anteriores volvió a hablar.

Tenemos instrucciones de subir al frente como refuerzos por si necesitan ayuda con los últimos emergidos que estén en pie. Vamos a acudir para ver si todo está bien.

Y eso significaba que Sorey también tenía que ir. O al menos, debía de hacerlo. Así que el castaño asintió un poco más serio y luego se giró a Luzrov con una pequeña sonrisa.

Entonces supongo que te escoltaré hasta el campamento, por si acaso, y luego volveré al frente con mis superiores.  —Hizo una pequeña pausa. —  ¿Podéis adelantaros? Le prometí a Lord Eliwood que protegería a sus invitados.  —Cosa que en absoluto era mentira, aunque decía aquello desde su preocupación personal igualmente, porque no quería que le pasase nada más.

Así que llamó a su wyvern y con un gesto este se inclinó con todo su cuerpo para que ambos chicos se subiesen a su lomo como estaba acostumbrado de hacer.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Dom Ago 07, 2016 7:06 pm

La sonrisa de Sorey siempre había sido bonita,al igual que sus ojos,su voz... Pero cuando estaba feliz,cuando le miraba y le sonreía de dicha forma,todos esos gestos dirigidos al clérigo,sentía como que el mundo era un poco mas brillante.Como si la sonrisa ajena resplandeciese tanto como para volverlo todo mas cálido a su alrededor,haciendo que sus propias sonrisas se ampliasen. Habia echado muchísimo de menos esos gestos ajenos,todos ellos.Pero ahora que sus ojos los observaban de nuevo se percataba de que realmente no era consciente de que realmente había extrañado eso mas de lo que realmente creía. Sentía la necesidad de volver a los brazos ajenos una vez mas ,no soltarlo hasta recuperar el tiempo perdido , besarse hasta perder el sentido. Una necesidad por estar en compañía del otro mucho mayor de la que había creído,descubierta en esos momentos en los que habían vuelto a perder el contacto el uno con el otro. Pero... no podían volver a abrazarse por mucho que lo deseasen,porque a pesar de que se habían sumido el uno en el otro lo cierto es que aun tenían tareas que cumplir. Responsabilidades que reclamaban su atención.

El necesitaba volver a sanar heridos,o al menos hacer lo que estuviese en su mano. Poner sus escasos poderes al servicio ajeno,tranquilizar y asistir a aquellos que no podía sanar... Sabia lo que se sentía al ser atacado de improvisto por esos seres.La sensación de que tu mundo se derrumba en un instante,el perderlo todo y el no ser capaz de asumir un cambio tan repentino en la vida de uno. Y porque lo sabia sabia que la gente estaría confusa,perdida y alterada.Necesitaban ser atendidos , ser guiados con suavidad y amabilidad. Algunos simplemente necesitarían desahogarse,alguien que escuchase sus penas en esos momentos. Aunque no pudiese sanarles a todos,aquello... aquello si estaba en su mano.Eso podría hacerlo. Por eso ...tenia que volver a sus responsabilidades. Así como Sorey se veía obligado,por ordenes y por su sentido de la responsabilidad , a volver al campo de batalla. A acabar con la amenazada de esos seres. Asistir a sus compañeros y proteger al pueblo.

No quería que fuera,la preocupación ya comenzaba a instalarse en el y eso que aun no había partido. Pero sabia que necesitaba ir,que no tenia derecho a impedírselo... no podía hacerlo aunque tuviese el derecho. Solo... debía rezarle a la santa para que volviese a el sano y salvo,confiar en Sorey y en Mikleo. Alegrarse al menos de que acudiese un poco mas tarde al campo de batalla,de que lo acompañase hasta el campamento.

Agradeció a la santa por ello,porque se quedase unos minutos mas en la compañía ajena,por haber sido capaz de sanarlo ,por haber sido recordado... tenia tanto que agradecer... pero no era tiempo para ello. Ya luego podría orar cuando todo acabase y dar sus agradecimientos como correspondía,pues si bien no creía en Elimine como santa si que creía que había algo superior que cuidaba de ellos,algo que guió la mujer en su momento.

-Muchas gracias por todo,habéis echo un gran trabajo.

Les sonrió con suavidad a ambos soldados,con la vergüenza dejada a parte,antes de que los mismos partieran como refuerzo tras acabar su tarea en el poblado. Antes de que el se montase en Mikleo tan y como estaba acostumbrado a hacer. A espaldas de Sorey,pasando su báculo por delante de el,aferrado al objeto con sus manos quedando sus brazos rodeando la cintura ajena en parte. Se pego a la espalda ajena todo lo que podía,en el instante en el que alzo el vuelo deposito un leve beso en la nuca contraria,por sobre el cabello castaño.

Sorey guió a la criatura al norte,siguiendo las indicaciones que de antemano le habían dado. No fue un viaje largo porque realmente no se habían alejado tanto,solo lo suficiente como para que el traslado de los civiles y sus pertenencias no fuese tan pesado pero aun así estar alejados del peligro. Estando parte del campamento oculto entre los arboles,resguardado por ello. Aun así no fue difícil de localizar. Desde el aire se apreciaban ,todo colocado con desorden. Todos juntos pero con cierto caos. No seria prudente que el wyvern se acercase demasiado al lugar y el miedo que aun no había abandonado a los lugareños se impusiera de nuevo. Por ello la criatura descendió antes de alcanzar el lugar,cerca pero no lo suficiente.

El clérigo espero hasta que las patas de Mikleo tocaron el suelo y se inclino para facilitarle el descenso. No quería separarse de ellos pero... debía... Acaricio con sus manos,sus guantes manchados de sangre ajena,las claras escamas del animal.Con dulzura en cada uno de sus gestos.

-Muchas gracias Mikleo... por todo... ahora. Cuida de Sorey por mi de acuerdo? No dejes que haga nada tonto... y cuídate tu.

Descendió entonces,con facilidad por la experiencia de años pasados.Mas antes de separarse del animal,de dirigirse al campamento y de dejarles marchar tomo unos instante la mano de Sorey,sentándola con cierta fuerza entre la propia.

-Ten cuidado de acuerdo? Si necesitas ser curado solo... no hagas tonterías y ven a mi... Aun así,le rezare a la santa,para que estés bien.Para que ambos nos reunamos de nuevo en el castillo.

Apretó un poco mas la mano ajena antes de soltarla definitivamente  alejarse de ambos. Porque si no se separaba no lo haría nunca. Lo miro una ultima vez,con una sonrisa.Amplia,bonita

-Recuerda que te quiero.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Lun Ago 08, 2016 12:22 pm

Sorey también asintió a lo que el albino decía, agradeciendo a los dos soldados que los habían protegido en realidad cuando ellos se habían “reunido” por fin, y luego tomó la mano del chico cuando estos decidieron encaminarse hacia el frente, dónde ya habían dicho que tenían orden de regresar para ver si eran necesarios más hombres, solo por si acaso.

El castaño ayudó a Luz a subir a Mikleo primero él y luego subió él mismo, dejando que el otro se cogiese a su cuerpo de esa característica manera que tenía; dejando que el báculo fuera el encargado de hacer de sujeción a su cuerpo, teniéndolo agarrado delante del cuerpo del chico. Pero aquello no fue lo que lo sorprendió al Pastor, claro, sino que fue el hecho de notar un leve beso a la altura de su nuca al mismo tiempo que le decía a Mikleo que alzase el vuelo. Aquello le hizo sonrojarse más de lo que le hubiera gustado, y reaccionó con un ligero salto, haciendo que se le erizase totalmente la piel y su corazón latiera rápido. Y eso que habían compartido miles de besos; más suaves, más profundos, lentos, tórridos… y ahora por un simple beso en ese lugar había temblado ligeramente, volviendo a sentir levemente lo que antes había sentido. Todavía no sabía a que se debía… pero sabía que no era algo que fuese a poder disimular fácilmente.

Sorey lo dejó de lado por la situación y terminó indicándole al wyvern que descendiese algo lejos del campamento improvisado para evitarse problemas y malentendidos. La gente común se asustaba de esos animales, algo que el castaño había aprendido a lo largo del tiempo, así que tampoco quería que en un descuido dañaran a Mik por confundirlo con un enemigo.

Buen chico, después de esto vas a merecerte un buen descanso. Te lo prometo. —Le dejaría ir a su almena favorita y dejaría que durmiese un día entero si era lo que quería. Aunque probablemente fuese a ser más corto de lo que le gustaría porque seguía habiendo ciertas normas y recados que el chico debía de cumplir al estar de servicio.— Vamos a cuidarnos mutuamente, Luz ¡Siempre lo hacemos! —Aunque el ruidito que Mikleo hizo era uno de afirmación a eso de que no iba a dejarle hacer nada tonto. Lo que hizo que el castaño no replicase, solo se llevase una mano tras la nuca con actitud de disculpa. Sabía que a veces podía ser un poco temerario, pero a partir de ese instante y en adelante, iría con cuidado.

Iba a despedirse de Luz cuando este se bajó, pero al sentir como le tomaba de la mano, Sorey se quedó quieto sobre la el wyvern todavía y le miró con cierto aire curioso e hipnotizado, porque creía que iba a decirle algo importante, o al menos eso es lo que su corazón sentía al latir deprisa solo por el tacto del otro. Sabía que aquello era porque ahora lo reconocía, tenía sus memorias de vuelta y era fruto de los años que no se habían visto… pero debía resistir y no llevárselo consigo tal y como sentía que quería hacer en ese mismo instante.

Tendré todo el cuidado del mundo, porque tengo que volver a buscarte en el castillo. Y no puedo hacerlo si hago algo descabellado y no vuelvo. —Le prometió así, acariciando su mano aunque estuviese encuerada por el guante y manchada por su propia sangre. El gesto era lo que importaba, lo que quería transmitirle.— Así que, nada de eso ocurrirá. ¿Vale? Cuando volvamos… nos iremos a donde quieras.

Se le quedó mirando intensamente a los ojos, y quiso descender un poco para darle un beso, pero Luz ya se estaba alejando tras soltar su mano (porque sabían ambos que si no hacían aquello, no iba a separarse, sería casi imposible), así que se lo guardó para el instante justo en que volviese a verle, con una sonrisita.

Yo también te quiero. No lo olvides. —Porque no sabría que hacer si el clérigo lo olvidase. Si se viese en la situación contraria… quizá no fuese tan fuerte como lo había sido Luz. Pero si lucharía, como lo había hecho él.

Con un ligero movimiento de su mano, se despidió definitivamente y volvió a alzar el vuelo, directamente hacia el frente de batalla aún abierto.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Eliwood el Jue Sep 08, 2016 9:30 pm

Tema cerrado. 110G a cada participante, +55g de bono (pagos eclesiásticos) a Luzrov, +50G adicionales a cada personaje como bono de support.

Luzrov ha gastado un uso de su báculo de Heal.
Sorey ha gastado un uso de su lanza de bronce.

Cada uno obtiene +2 EXP.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
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Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
500


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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

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