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Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

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Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 19, 2016 2:28 pm

La rutina de Sorey se había vuelto tan familiar para él que cada mañana se levantaba para alistarse en cuestión de segundos y salía al patio de armas para proseguir con su entrenamiento o con los deberes que sus superiores le mandaran a hacer, ya fuese ayudar a los civiles o encargarse de varias tareas en el castillo. También había veces que conseguía un rato libre y lo acababa utilizando para escaparse de Mikleo a sobrevolar la costa o a los acantilados no tan lejanos, siendo un medio mucho más natural para su compañero. Pero desde luego, no había intentado demasiado acercase a los aposentos del albino.

Había pasado ya algún tiempo, y lo único que el castaño había hecho había sido devolver su báculo, el que había dejado en los jardines aquella vez. Pero no tuvieron casi conversación y por mucho que Sorey quería haber hecho como que no había sucedido gran cosa, o que al menos él no quería que aquello afectase a… cualquier tipo de relación que tuvieran (aunque sus sospechas le decían que ya estaba afectada, dañada y hasta casi rota, por lo que pudiera haber ocurrido en el pasado) la cosa es que no resultó. Él quería seguir acercándose, aunque fuese compartir unas palabras, quizá podrían comenzar de nuevo si es que había pasado algo realmente en el pasado entre ellos que todavía no lograba recordar por mucho que se empeñase. Pero la realidad era muy distinta porque todo apuntaba a que ellos nunca llegarían siquiera a ser amigos. Fue lo que fuese que fuese lo que Sorey le hubiese hecho, Luzrov no se lo iba a perdonar nunca. Y aunque él no quisiese aceptarlo, no darse por vencido, cuantos más días pasaban sin tener contacto, más se hacía plausible la más alta posibilidad;  acabarían siendo desconocidos.

En ocasiones como esas, el joven Pastor querría que su wyvern pudiese hablar para poder preguntarle a él, o al menos poder tener a alguien que le entendiese en aquello. No había sido el único al que le pediría consejo, pero el wyvern parecía ser incluso más cercano al albino que él… Sorey había intentado quitarse todo eso de la cabeza y dedicarse a su entrenamiento, para volverse más fuerte y que pudieran depender realmente de él. Pero le había sido imposible.

Incluso a esas alturas del medio día se preguntaba que estaba haciendo en esos instantes, hasta que una conversación ajena y apresurada llegó hasta sus oídos. Se trataba de dos de sus compañeros, que corrían hacia las caballerizas mientras el cruzaba el patio para dirigirse hacia el interior del castillo a entregar un mensaje. Al pasar junto a él, estos llamaron su atención de forma casi desesperada.

¡¡Sorey!! —Una de los soldados que ya llevaba su arma en la mano fue la que le comunicó que era lo que había producido el revuelo en el patio. — ¡Ha llegado un mensaje al mercado del pueblo! ¡El poblado que hay al norte está bajo ataque emergido!

Sorey se sintió confuso durante unos segundos, pero la adrenalina que empezaba a producirse en él le aceleró el pulso.  — ¿Y no hay nadie allí para ayudar? —Se apresuró a preguntar. Si ese era el caso, necesitaba llamar a Mikleo y prepararse cuanto antes para unirse a las tropas que se estaban movilizando para acudir en la ayuda de los campesinos que residían en ese pueblo.

La partida que patrullaba fuera ya ha salido en su ayuda. Al parecer, la acompañante de la dama de Sacae ha ido con ellos en calidad de sanadora. —Al escuchar aquello, el gesto de Sorey pasó de ser uno seguro y con la mente concentrada en su ahora deber de soldado a una reacción alterada y algo asustada, más confuso si cabía — Tú la conoces, ¿no? No querían permitírselo, pero ha dicho que era su deber ayudar con los heridos y con lo faltos de personal que estamos ahora… De todas formas, ¡tenemos que salir ya! ¡Rápido!

Más rápido que él conociendo la situación no creía que habría nadie. En cuestión de segundos, Sorey corrió hasta el otro lado del patio, mientras lanzaba un gran silbido al aire para alertar a su compañero wyvern de que lo necesitaba deprisa, sabía que no le haría de esperar porque con el revuelo que estaba habiendo alrededor del castillo y en este mismo, Mikleo ya se sentiría intranquilo. Cuando Sorey se armó con su lanza y se ajustó los guantes de jinete, subió a la montura de la criatura que había aterrizado justamente delante de la armería, aún sorprendiendo a sus dos compañeros que miraban con algo de reparo al wyvern, teniendo cuidado con él, a pesar de conocerlo y saber de la soltura con la que lo trataba el Pastor.

¡Voy a adelantarme entonces, hacédselo saber al capitán! —En una ocasión distinta, esperaría a seguir el protocolo de las filas, e incluso recibiría las órdenes que había para él al ser una unidad aérea (no habían conseguido transformarlo en un caballero en su entrenamiento, para el pesar de muchos en Pherae) pero en esos momentos… no quería esperar. Simplemente no podía.

Aquello le había hecho saber que Luzrov había ido a un campo de batalla para ayudar, y solo de pensar en la situación en la que lo había encontrado a él y a Lord Eliwood, junto con Lady Lyndis, Sorey se sentía desesperado. No había estado en el ataque a la parroquia que le habían narrado tiempo después, pero imágenes sangrientas se agolpaban en su mente. Imágenes que tenían de protagonista al clérigo, con heridas que esta vez podrían ser mortales. Si lo dañaban de nuevo, ¿sería su cuerpo capaz de resistirlo? Si no iba, ¿sería capaz de salir vivo a duras penas de aquello? No podía dejar que pasase eso. De ninguna manera. Ya no solo tenía que ir a proteger a los civiles de aquel pueblo, también tenía que encontrar al clérigo y protegerlo.

Eso fue en lo que pensaba mientras Mikleo alzaba el vuelo majestuosa y grácilmente, para dirigirse al norte, donde le habían indicado. Una angustia en su interior le empujaba a presentar allí cuanto antes, para asegurar la seguridad de Luzrov.


Última edición por Sorey Shepherd el Mar Jul 19, 2016 5:59 pm, editado 1 vez
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Mar Jul 19, 2016 5:33 pm

Habia llegado un momento donde quedarse encerrado en su habitación ya no servia de nada.Donde las labores realizadas no eran lo suficientes como mantener su mente ocupado y alejarle del dolor. Lyndis comenzaba a recuperarse poco a poco,a mayor velocidad desde que se había despertado. Se había recuperado casi por completo y sabia que quedaba poco tiempo antes de que partieran hacia su destino y abandonasen la morada del marques.Ya no necesitaba sus cuidados,una revisión rápida para asegurarse de que se encontraba bien. Incluso su propia herida había terminado de sanar,llevando la venda aun solo por precaución. Pronto... pronto se irían... se alejaría de nuevo de Sorey y todo volvería a ser como debía ser... o eso esperaba... necesitaba que así fuera...

Pero hasta que ese momento llegase el clérigo tenia demasiado tiempo libre,tiempo en el que su mente se dedicaba a torturarlo sin piedad.Tiempo que necesitaba usar en algo que distrajese. Si se quedaba solo en sus aposentos volvía a recordar,volvía a quebrarse... no deseaba eso... Así que llevaba días ofreciéndose para ayudar en distintas labores del castillo,pequeños recados a los que ya estaba acostumbrado o los que podría cumplir sin problemas. Cargar objetos de un lado para otro,pasar mensajes entre los sirvientes,ayudar con pequeños recados a los pocos curanderos que había en el lugar o incluso colaborar en la comida.No importaba,solo quería estar ocupado. Y no se lo querían permitir. Porque era un invitado,que había llegado herido. Y tuvo que insistir durante un par de días para que le permitieran hacer algo mas que ver la vida pasar,y tuvo que decir que era su manera de agradecer al marques su hospitalidad cuando lo cierto era que ese era el menor de sus motivos. Si en parte también lo hacia por eso,pero era lo de menos.

Esa mañana cargaba con un par de brebajes que los curanderos del lugar habian preparado,ofreciendose el a transportar los objetos para no hacerles perder su valioso tiempo,algo que agradecieron. Debia entregarle uno a cada capitan de las patrullas,un remedio,un seguro por si era necesario en caso de entrar en batalla.

Lo que no esperaba fue que cuando se lo entregaba al grupo que patrullaba fuera de la muralla llegase un soldado con un mensaje sumamente urgente. Al parecer un pequeño grupo de emergidos estaba atacando la aldea al norte del castillo y los escasos soldados del lugar no estaba preparados para repelerlos. Luz intento hacer memoria de lo que había escuchado durante su estancia en el lugar. Partes de las fuerzas de Pherae se encontraban en una campaña de liberación conjunta con Altea,librando batallas en ambos países. Los efectivos en el castillo eran los justos y necesarios,no sobraba ni un hombre,pero parte de la fuerza había tenido que salir días atrás hacia el sur,donde se había avistado un grupo de emergidos. Y aun no llegaban. Conociendo eso y con su carácter y deseos de ayudar a todo aquel que lo necesitase no pudo evitarlo,nada mas ver a los soldados dándose ordenes unos a otros y entrando en movimiento para salir lo mas pronto posible le pidió al capitán que le llevase con ellos.Que aunque no pudiese luchar aun podía ayudar tratando heridos y evacuando el lugar. Sus habilidades aun eran pobres pero algo podrían hacer.

Tuvo que acabar gritándole al hombre a cargo para que le permitiesen partir con ellos. Gritarle las verdades que ya sabia.Que no podían perder el tiempo en discusiones,que con el personal que el castillo tenia en esos momentos y sabiendo que el mismo no podía quedar vació no podía darse el lujo de rechazar una mano que se tendiese a ayudar. Encararlo y darle un pequeño golpe con el báculo sobre su cabeza cuando el mismo comenzó a alzarle la voz y darle excusas ridículas con el objetivo de hacerle cambiar de opinión. Movimiento no doloroso,pero que sorprendió a mas de uno,y quizás el motivo por el que al final acabaron cediendo y aceptando su ayuda.

El grupo había sido el primero en ser notificado e iba a tomar la delantera al ser el mas preparado en esos instantes,mas no importaba.El clérigo ya estaba listo. El báculo que en un principio no pensó recuperar pero que Sorey acabo devolviéndoselo de forma incomoda iba siempre con el.Al igual que aquellas botellas de brebaje propias que aun conversaba desde antes del ataque.Tras el despertar de Lyndis la misma había insistido en otorgarle prendas mas cómodas para el,mas acorde a lo que siempre portaba,en parte como manera de agradecerle. Y consiguió con ayuda de los habitantes del castillo túnicas pertenecientes a la iglesia de la santa,ropas de clérigo... aunque por desgracia fuesen prendas de mujer y no de hombre,haciéndole ver al albino que la mujer no recordaba parte de su primera conversación. Con suavidad le había echo ver su error,mas aun así a falta de algo mejor que portar lo había hecho llevar dichas prendas que no correspondían a su genero,después de agradecerle a su señora el gesto.Ya estaba acostumbrado en parte a la confusión sobre su ser,y en esos momentos tenia mas cosas en mente como para preocuparse por ello.

Así pues estando listos partieron,montando el clérigo en la montura de uno de los jinetes,a su espalda. Siendo transportado de dicha manera pues a pesar de que el mismo había montado alguna que otra vez no tenia la destreza suficiente como para manejar a tales velocidades y por terreno desconocido una montura.Sin contar con que las mismas tampoco sobraban.

El pueblo no era muy lejano,y el viaje a la máxima velocidad hizo que no tardasen demasiado en llegar.

El lugar no era muy grande,pero el humo que las viviendas destrozadas creaban lo hacia ver desde lejos. Al llegar comprobaron que el ataque estaba casi controlado,no siendo demasiados los emergidos llegados al lugar,y que precisamente por eso se preveían mas. Las calles estaban llenas de comida y objetos tirados y pisoteados,por el pánico al huir de parte de los habitantes.Casas destrozadas,con marcas de armas en sus modestas paredes,pequeños incendios sin controlar. Soldados cansados y heridos, civiles magullados,siendo atendidos por los pocos que aun no habían huido y habían conseguido mantenerse a salvo por el momento.

Al llegar la pequeña patrulla tomo revelo a los exhaustos soldados,mientras Luz bajo de la montura y dijo que se quedaría atrás,atendiendo a los heridos y ayudando a sacar a la gente del pequeño poblado.Pues algunos aun permanecían escondidos en sus casas,otros no podían moverse por el estado de sus cuerpos. Y ante la posibilidad de un nuevo ataque,mayor que el anterior al considerar los guerreros mas expertos que solo habían sufrido el ataque de un pequeño grupo de exploración,no era prudente que permanecieran en el lugar.

No podía hacer gran cosa,lo sabia,pero al menos podía hacer algo. Daria prioridad a aquellos que no pudiesen moverse.

Se acerco a un hombre ,tirado en el suelo contra la pared de una vivienda,con la pierna sangrante. Otro civil de vestimentas parecidas intentaba que se pusiese en pie sin éxito,instándole a huir.Con calma el albino poso su mano en este ultimo,sonriendole,pidiéndole con tranquilidad que se calmase que el se encargaría. Palabras suaves de tranquilidad de consuelo,de la promesa de una mano que les ayudaría,al tiempo se agachaba a la altura de la herida.Poso el báculo sobre la herida,no muy grave pero si sangrante que le impedía sujetarse sobre si mismo.Se concentro a llamar al poder en su interior,aquel que débil y dormido permanecía dentro de el. Sus manos se iluminaron con un brillo tenue,con mas intensidad aquella que portaba su herramienta de sanación. El báculo quedo a centímetros de la herida,del corte limpio y sangrante, y la misma poco a poco comenzó a dejar de sangrar.A cerrar el corte sufrido poco a poco.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 19, 2016 7:57 pm

El wyvern comenzó a sobrevolar el castillo y planeó rápidamente sobre sus murallas, provocando que todos los que estaban en tierra mirasen hacia arriba, por el sonido que la criatura hacía resonar con sus alas. La gente de allí todavía no estaba realmente acostumbrada a la presencia del animal, así que aunque sabían que uno de los soldados de Pherae era un jinete wyvern y habían visto de cerca a la criatura, aún les embargaba un pequeño pavor cuando la veían en acción, inevitablemente. Pero Sorey no podía reparar ahora en eso, y tampoco le importaba, teniendo la situación y el panorama que ahora tenía en la cabeza.

Estaba seguro de que su capitán le llamaría la atención cuando supiese que el Pastor no había escuchado o esperado a órdenes más concretas y simplemente se había dirigido de cabeza a la batalla. Pero en esas condiciones, el castaño no creía poder obedecer. Pensaría que su impulsividad le hacía querer ir a pelear sin pensar en naba más, pero lo cierto es que eso no tenía que ver ahí. Solo pensaba en las personas que estaban siendo atacadas, y en que de entre ellas, había una que le importaba demasiado. Y no estaba tranquilo sabiendo que él no estaba allí con él, porque sabía que había peligro, y que eran muy pocos para defender el pueblo.

Sobrevoló terreno pedregoso y árboles, mientras que a lo lejos podía entrever el humo de los incendios de las casas elevarse hasta el cielo y mezclarse con las nubes. El corazón del joven Pastor latió rápidamente y pidió a su compañero que se diese toda la rapidez que podría permitirse. Él había entrado como soldado por eso, ¿verdad? Para ser fuerte y poder proteger a las personas de aquella amenaza que lo estaba asaltando. Y si en esa ocasión él no podía hacer nada… ¿para qué serviría todo aquello? No se lo permitiría.

Vamos, Mik… —Le rogó, mordiéndose el labio inferior, y aferrándose a la montura con una mano, mientras en la otra portaba su arma. A diferencia de los wyvern combatientes de Bern, en Pherae no sabían qué tipo de armadura era apropiada para una criatura así, por lo que Mikleo acabó con unos ligeros protectores que no se parecían a nada de lo que era realmente un wyvern de combate como montura. Tampoco contaban con una silla adecuada, y el Pastor prefería manejar a su compañero como siempre había hecho, sin ninguna clase de riendas o montura. Era por ese motivo por el que el blanquecino wyvern era fácilmente distinguible desde el suelo, lo que permitió al capitán de la patrulla que había llegado con Luzrov antes lo llamase alzando la espada ya manchada de sangre.

Se encontraban fuera del pueblo cuando Sorey logró descender con Mikleo hasta poca altura, aleteando todavía. No pretendía descender ahí, en realidad quería buscar al clérigo de entre todo el caos que había, pero no podía simplemente ignorar al superior que ahora le estaba hablando fuerte y apresuradamente.

Soy el primero en llegar. Una partida desde el castillo llegará en breves, capitán. —Le transmitió el mensaje, firme y sereno, o al menos todo lo que podía estar. Porque cuando quiso pedir permiso para retirarse al interior del pueblo al saber que estaban resistiendo la acometida emergida a las afueras de este, el hombre le dijo que utilizase su ventaja aérea para localizar a las unidades emergidas que habían logrado infiltrarse dentro del poblado y que hiciesen peligrar la evacuación de la gente. Se encargaría de ser la última línea defensiva para los civiles mientras los sacaban por el otro extremo, aparentemente despejado, antes de que llegasen más partidas de emergidos. Era algo que no podía permitirse, el tiempo era muy valioso. Y allí era donde estaría el albino, ¿cierto? Con los civiles. Si era lo que además le habían encargado hacer, entonces iba a tomárselo aún más en serio. — ¡Entendido!

El joven Pastor pidió enérgicamente a su compañero que alzase de nuevo el vuelo, con un toque de la punta de sus botas a la base de su cuello, y el animal batió fuertemente las alas para coger algo de altura de nuevo.

Desde arriba podía ver en qué estado habían quedado algunas casas y como las calles tenían un aspecto de lo más caótico. Había humo que ascendía, puertas atrancadas en las viviendas, gente herida por el ataque sorpresa y personas que huía  hacia donde estaban evacuándolos, los soldados asignados a la tarea humanitaria del pueblo. Y entonces, Sorey encontró lo que buscaba. Al menos una cosa de ellas.

Había un emergido que corría entre las casas, buscando arrasar todo a su paso y sesgar cualquier vida que se le pusiese por delante. Sus movimientos y el aura que desprendían esa… clase de humanos (Sorey aún no sabía bien como clasificarlos en realidad, pero seguía teniendo reparo en atacar tan fácilmente a algo que tenía una forma tan humana, a pesar de que le habían enseñado que no se trataban de humanos normales y que provenían de un lugar lejano) hacía que Sorey sintiese un escalofrío y lo supiera con certeza. Tenía que eliminarlo antes de que encontrase a alguien, cualquiera. O de lo contrario fallaría en lo que se había prometido a sí mismo.

Pero sí encontró a alguien. El emergido estaba armado con un espada y parecía haber captado incluso el olor a sangre cerca. Girando la esquina de una de las casas había un grupo de personas; un hombre en el suelo, herido, otro que se mantenía alterado junto a él y la tercera persona… era un sanador. Reconoció aquel cabello largo y blanquecino desde arriba al instante y supo que se trataba de Luzrov. En sus manos brillaba el bastón que portaba siempre consigo y estaba tratando de cerrar la herida que el hombre portaba. Y sin embargo, el peligro se acercaba inminentemente a ellos.

El hombre nervioso que aún tenía el brazo del herido pasado por su cuello, signo de que había intentado cargarlo con anterioridad fue el primero en notar a su espalda la presencia enemiga y hostil, que ya estaba levantando su arma contra ellos. Sin embargo, entre el grito despavorido del pobre hombre y el sonido casi infernal que la criatura al a que habían llamado “emergido”  emitía en su acometida contra ellos, el rugido del wyvern imperó en el lugar sobre ellos y descendió de una forma tan controlada que ni siquiera amenazó con ello a las personas que estaba intentando proteger. Uno de los extremos de la lanza de Sorey barrió literalmente al enemigo que estaba prácticamente sobre ellos ya, y a continuación su cuerpo acabó siendo lanzado unos metros más allá de donde estaban gracias a la fuerza del jinete y la velocidad que llevaba. No lo había herido de muerte, pero lo había repelido con efectividad y ahora yacía inconsciente sobre el suelo, habiendo levantado una nube de polvo de tierra. Mikleo acabó posado sobre sus cuatro patas no muy lejos de ellos y su jinete se giró a ver como se encontraban, aún preocupado.

¡Luzrov! —Su voz, más que sonar seria, adquirió un tono aliviado. No parecía que nada le hubiera pasado hasta ahora al clérigo, y además estaba siendo capaz de terminar de sanar la herida que el campesino portaba en la pierna. Eso calmaba de sobremanera a Sorey, con una sensación que le embargaba y de la que casi no eran i siquiera él consciente.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Mar Jul 19, 2016 8:57 pm

Los dos hombres parecían haberse calmado,mientras observaban con admiración,casi hipnotizado por el proceso que veían por vez primera,como el clérigo sostenía el báculo sobre la herida.Como la misma poco a poco comenzaba a cerrarse y como el objeto era movido con lentitud manteniéndose en todo momento sobre el leve corte.

Cuando Luz aplicaba su poder,el poco que poseía,lo hacia con calma.Rostro severo e inmutable,sonrisa solemne. Intentaba que ninguna otra emoción se reflejase en el,en parte por la concentración que dichas artes requerían,en parte por el bien del paciente. Una persona herida lo mas probable es que estuviese asustada,nerviosa,alterada... y muchas veces era eso lo que hacia moverse inquieto,no ser capaz de dejar su cuerpo quieto y exponerse a dañarse mas de manera innecesaria. Estresarse y dañarse emocionalmente... Era su deber como sanador no solo el curar las heridas del cuerpo si no ayudar también a calmar el corazón de aquellos que lo necesitasen. Demostrarles que todo estaría bien, que se calmasen y confiasen en el. Que el los cuidaría,se encargaría de todo.. que no tenían que preocuparse por nada mas que el dejarse tratar por el.

Y fue precisamente por eso que ni se inmuto,o intento no hacerlo,cuando el acompañante del herido abrió los ojos con horror,con la vista fijada a su espalda. El seguía concentrado en la herida frente a el y el poder de sanación que se manifestaba a través del báculo. Ni cuando el hombre grito,entrado en pánico,instándole a darse prisa,a huir...a intentar levantar al herido que aun no podía ponerse en pie. Necesitaba tiempo,solo un poco mas... Y aunque supiera que algo malo venia detrás,a si espalda,que de cierta manera sentía la malévola presencia tras el,no iba a moverse.

La herida no había terminado de sanar,el hombre seria un blanco fácil si se apartaba.No iba a huir el solo,por eso debía darse prisa terminar con la pierna,ayudarlo a incorporarse y huir los tres.

Un grito de parte del civil sano,sus ojos cerrados y Luz supo que era tarde,anticipo lo que podía llegar mas no llego. Sintió movimiento a sus espaldas,una no muy natural brisa producto de un violento aleteo.El grito de una criatura,demasiado familiar a sus oídos. La presencia malévola alejada de su espalda,la herida terminada de sanar al tiempo que era llamado por esa voz familiar que tanto amaba.

Y aun así resulto impasible,hasta que el brilla en sus manos desapareció,los ojos los cerro por unos instantes.Retiro el báculo de la pierna y abrió los ojos de nuevo,sonriendole con suavidad a los anonadados pueblerinos que apenas creían la suerte que tenían.

-Esta bien.Ahora puedes ponerte en pie,debéis iros. Este sitio aun es peligroso.

Les tendió la mano para que se pusieran en pie,con prisa para ello pero sin demostrarlo.Les sonrió una ultima vez antes de indicarles la ruta de evacuación,como el echo de que había mas soldados ayudando a los aldeanos. Y fue cuando los dos hombres aun asustados y confusos se pusieron en marcha por inercia,alejándose del lugar,que se giro por primera vez. Y fue en esos momentos que su rostro expreso realmente lo que sentía. Alivio,confusión.

-Sorey...

Estaba aliviado porque en el fondo se alegraba de que ese ataque no hubiese impactado en el.Confuso porque no esperaba encontrarse al pastor en ese lugar. Habia sucedido todo tan rápido,el aviso,el ofrecer su ayuda,el ataque... era todo tan similar a lo ocurrido en la parroquia,un ataque de esos seres,algo que no deseaba volver a ver,que apenas podía pensar en el dolor que le provocaba la presencia ajena.Solo podía procesar que estaba junto a Sorey,en un campo de batalla ,en un sitio peligroso.Y la preocupación por el bienestar ajeno se impuso.

-Estas bien?

Pregunto un tanto alarmado al tiempo que se incorporaba y se dirigía al lado del hombre,sin pensarlo demasiado,ligeramente alterado.Confuso

-Que estas haciendo aquí?

Se detuvo unos instantes al percatarse de su propio estado. Debía de estar como cuando sanaba heridas,calmado,no alterarse... aun se necesitaba su ayuda.Aun no había acabado aquello solo acababa de comenzar.

-Eso no... yo... gracias...
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 20, 2016 5:48 pm

Mientras que Mikleo seguía atento a algún movimiento peligroso que pudiera aparecer ante ellos, aparte de que se aseguraría de que el emergido al que habían golpeado no se levantaría de donde había aterrizado, Sorey se había girado a ver al albino terminar el trabajo de sanación y esperó a que ambos hombres se levantasen y huyesen hacia la salida de evacuación que sus compañeros estaban llevando a cabo.

El pastor bajó de su montura casi de un salto y escuchó lo que le preguntaba el clérigo al acercarse. No sabía por qué le preguntaba algo así, pero pensó que a lo mejor pensaba que había estado luchando en la primera línea defensiva, fuera del pueblo. El castaño simplemente negó con un gesto serio y decidido para indicar que no le había pasado nada, y que en realidad lo que buscaba era saber si Luzrov era el que precisamente estaba bien.

Acabo de llegar, han avisado a los soldados del castillo que aquí necesitaban refuerzos, pero me he adelantado cuando me han dicho que habías venido con ellos. —No pudo evitar ser totalmente sincero con sus intenciones. — Además tengo órdenes de proteger la evacuación de los civiles. — Eso quería decir que se iba a quedar cerca, aunque fuera sobrevolando la zona. Su deber era eliminar todo los peligros que hubiesen traspasado la primera línea defensiva y que se estuvieran escondiendo en las calles. Pero su rostro serio pasó a ser uno más suave, incluso sonriendo un poco, porque el otro le había agradecido lo que había hecho. El castaño no necesitaba un “gracias”, pero después de la situación tan tensa que habían tenido esos días, las palabras amables del otro le volvían un poco más cálido y seguro de sí mismo, como si aquello le diese fuerzas para proteger a todos. — Es lo que tengo que hacer. No permitiría nunca que te hiriesen. —Se puso la mano libre sobre el pecho, en un gesto solemne de juramento, algo que había aprendido de lo que le había enseñado su señor Eliwood. — Tú tienes que sanar heridos, ¿verdad? Quizá sería mejor que vinieras conmigo sobre Mikleo para buscar desde el aire. Estas acostumbrado a montar en él, ¿no?

No lo había pensado pero eso le había salido solo y lo había afirmado en su mente como si lo hubiera visto millones de veces. De esa forma también podría mantenerlo alejado del peligro y movilizarse mejor, pero no se le había ocurrido el hecho de que quizá el albino no quisiera, por no parecerle buena idea o porque, realmente, aún en una situación así no quería tenerle cerca.

Sin embargo, esa línea de pensamiento se le cortó cuando un grito vino desde uno de los lados, al otro lado de la calle, que hizo que se girase sorpresivamente.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Miér Jul 20, 2016 7:53 pm

No pudo evitar soltar el aire que no sabia que estaba conteniendo cuando el otro le dijo que estaba bien. Al clérigo nunca le habían gustado las batallas,menos los campos de las mismas. Demasiada violencia,demasiadas muertes,tanto objetos como personas destrozados... conflictos evitables de maneras pacificas en gran parte de los casos. Pero no en ese. Aquellos muertos que caminaban sobra la tierra parecían no detenerse a no ser que fuesen destruidos,siendo el combatirlos la única solución encontrada hasta el momento. Era necesario luchar para proteger a los vivos,y era su deber el curar las heridas de aquellos afectados por la batalla. Lo sabia,lo entendía. Pero... la idea de ver a Sorey en el campo de batalla,por muy necesaria que fuese la presencia de cuanto soldado estuviese disponible... la odiaba. No podía evitar el preocuparse al verlo allí,en tener la necesidad constante de saber el estado del otro. El dolerle el ver a una persona tan pura y de carácter tan pacifico hacer uso de las armas de dicha manera.

Le desagradaba tanto la situación...

Y aun así solo pudo suspirar de alivio,agradecerle internamente a ese ente superior que cuidaba de ellos y sonreír ligeramente.Antes de que las palabras ajenas borrasen el leve gesto. Sin poder evitarlo su báculo ya había dejado un leve golpe en la cabeza del castaño.Los ojos violetas clavados en los ajenos,rostro serio en reprimenda.

-Ni si te ocurra volver a ir a un campo de batalla tu solo. Aunque ya hubiese soldados aquí tu no... no puedes adelantarte e ir tu solo! Que hubiese pasado su hubiera habido enemigos en el camino? Si te hubieras cruzado con algún arquero que os hubiera derribado a Mikleo y a ti?

Su voz salio mas seca de lo esperado,ligeramente mas alterada. Cerro los ojos al percatarse de ello,respirando suavemente ,concentrándose en ello en pos de calmarse un poco. Lo consiguió,en parte. Porque una parte de el debía admitir que si el otro no se hubiese adelantado puede que en esos momentos ya no estuviese entre los vivos.

-Lo siento,no tenia que haber reaccionado así. Porque después de todo nos has salvado... Si no llega a ser por ti...

Volvió a abrir los ojos,aun dirigidos a la persona ajena. Su mano enguantada se movió por instinto,posándose en la mejilla ajena antes de que el mismo se diera cuenta,apenas rozando la misma

-Solo... no hagas nada imprudente... Yo no curo a la gente imprudente,piensa un poquito en ti...

Se percato entonces de la posición de su mano y la retiro rápidamente,asustado ante sus propios actos involuntarios,escondiendo la mano a su espalda y dando un par de pasos atrás. La vista al suelo. Que no tardo en alzar ante la propuesta ajena. Era buena idea pero...

-No.No ahora,entre montar y aterrizar perderíamos mucho tiempo. Primero hay que revisar si queda alguien en las cercanías,en las calles de alrededor,y luego quizás...

La frase quedo a medias ante el grito que atravesó el aire. El albino dirigió su atención al lugar del cual provenía el sonido,al otro lado de la calle. No se lo pensó mucho,realmente no pudo pues sus pies ya se habían movido antes de que el mismo se diese cuenta de ello. En dirección al grito. Atravesó la calle y se detuvo al no ver nada en la misma,hasta que unos sollozos  su derecha se dejaron oír. Solo tuvo que rodear levemente una de las viviendas para ver lo que sucedía. Una mujer contra las paredes de una vivienda que comenzaba a ser comida por las llamas desde su tejado,acuclillada en el suelo.Con su cuerpo tembloroso abrazaba protectoramente a una niña,o puede que un niño en dicha posición era imposible de saber,de unos cinco años que no paraba de llorar ante el calor del elemento. Frente a ellos uno de esos seres repugnantes,a metro y medio de ellos,pues no necesitaba de la cercanía para atacar. Libro en mano,fuego comenzando a aparecer en la otra,apuntando esta vez no a la vivienda si no a ambos civiles desprotegidos. Tenia que parar aquello,y la única manera que tenia en esos momentos era distraer la atención del ser por sobre esas personas. Con toda la fuerza que poseía,no mucha la verdad, se acerco por detrás y golpeo la cabeza del ser con el báculo. Seguro de que no le había echo daño alguno,pero al menos había provocado lo que deseaba. Desviar su atención,aunque fuese hacia su persona. Los ojos rojos  y sin vida se clavaron en el y espero unos instantes,asegurándose de que no volvía su vista a la mujer y su hijo,haciéndoles leves gestos con su mano libre para que huyeran ahora que podían. Y entonces la mano enemiga se volvió a el,apuntando a su persona.

Sus pies volvieron a moverse,rodeando de nuevo la vivienda por el camino antes tomado,alejándose de la criatura que ahora lo había tomado como blanco. Tan rápido como podía.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 20, 2016 10:48 pm

Sorey esperaba  que Luz reaccionase… quizá no mal, pero no positivamente a su presencia e ideas. Sabía que no le gustaba, y aunque estaban en medio de un campo de batalla, con una tarea importante en las manos, el albino podía decirle simplemente que no se metiese en sus asuntos y volver a hacer lo que estaba haciendo hacía unos momentos solo. Sin embargo, lo que no esperó en absoluto fue llevarse un golpe en la cabeza de parte de su báculo.

Se quedó algo atónito, pero estaba seguro de que no era la primera vez que lo experimentaba… Y era extraño porque de hecho, sí que lo era. Y no solo el golpe fue lo que más raro le pareció de todo, sino la forma en la que estaba espetándole que no debería haberse adelantado, ni ser así de imprudente, donde podría haberle pasado algo. El castaño no lo entendía bien, pues no sabía si estaba molesto, o preocupado… O se había molestado por preocuparse por él y por su bienestar. ¿Eso era posible? Pensaba que Luz no quería tener que ver con él, y aún así…

¡B-bueno…! —Comenzó a decir, mientras aún tenía la mano libre sobre la cabeza, frotándose el golpe. — Solo pensé que como podía llegar más rápido y estabas aquí, pues…

Pues no lo había pensado, eso era verdad. Pero no se arrepentía. Si no hubiera llegado justo en ese instante, ¿qué sería lo que le hubiera pasado a Luzrov? No quería siquiera ni imaginárselo. Pero entendía que era lo que quería decir con eso, así que negó levemente y lo miró de nuevo. Después de todo, él había tenido los mismos pensamientos sobre el clérigo.

No pasa nada, eso no es lo importante ahora. Además… —La confusión en él no le abandonaba, porque ahora, de entre todo lo que Luzrov podía hacer para disculparse por haber actuado así, había optado por tomar una de sus mejillas con una de sus manos enguantadas y la acarició ligeramente, sintiendo Sorey el tacto del cuero sobre la piel. Aquello fue algo que lo congeló por unos segundos, perdiéndose en los ojos ajenos, y fue en uno de esos momentos que no fue capaz de decir nada coherente por la fuerte sensación que se estaba apoderando de él en ese instante. Solo salió de su ensoñación cuando el clérigo le dijo que no montaría de momento, que buscaría a más civiles en los alrededores. — …Está bien.

Sí, aquello era lo que iban a hacer, pero entonces un grito femenino vino desde uno de los patios traseros de una vivienda cercana que estaba comenzando a quemarse y casi en un abrir y cerrar de ojos, el clérigo desapareció de su vista, corriendo raudo hacia la dirección de donde había provenido el sonido que pedía ayuda. — ¡Luzrov!

Fue inútil llamarlo, porque ni siquiera se giró a ello. Mikleo a su espalda llamó con un rugido impaciente la atención de su jinete, y esa vez, el Pastor fue el que pensó de los dos ahí. Con una rapidez y soltura pasmosa, subió encima de su compañero y este, grácilmente y casi sin hacer ruido, volvió a tomar altura con un par de aleteos. Tenía que ver que estaba pasando desde una posición estratégica, porque lo cierto es que se movía mejor sobre su wyvern, y se le daba mejor maniobrar que simplemente en el suelo. Si no fuera por su condición de Pastor, Sorey tendría que haber aprendido mucho más de lo que ya casi sabía inéditamente.

Pero lo que importaba en esos momentos era la situación que se presentaba bajo sus pies. Era una mujer, protegiendo a un infante de las llamas que podían llegar a ellos en cuestión de minutos. Posiblemente sería su propio hijo, y la progenitora estaba dispuesta a dejar que su cuerpo se abrasase si así podía defender al pequeño. Pero las llamas que les amenazaban no solo provenían de arriba, sino también de delante suya. Un mago emergido había conjurado llamas sobre su mano y estaba dispuesto a lanzárselas sin piedad a la madre y al hijo que imploraban ayuda a quien fuese, o clemencia al menos. Sin embargo, aquellas criaturas no entendían de eso y les hubiera quitado la vida sin pensárselo sin o fuera porque Luzrov había aparecido para desviar la atención del enemigo de un golpe. No había sido un golpe fuerte, pues el atacante no se había siquiera movido a penas, pero derribarlo no había sido la atención del albino y ahora huía de él, habiendo logrado que su atención solo recayera en su persona y dejase tiempo para que la mujer y el niño pequeño escapasen.

Pero Sorey se sentía inquieto y nervioso, ¡era Luzrov quien le había hablado de ser imprudente en el campo de batalla! Su corazón latía tanto que pensaba que la adrenalina le haría explotar, pero muy en el fondo de su mente, una a la que no podía llegar ahora mismo, entendía porque el otro había reaccionado tan de improvisto y se sacrificaba el mismo por otros. Porque Sorey haría exactamente lo mismo, y eso era algo que sentía que no era la primera vez que lo veía.

No se lo pensó mucho. Pues cuando el emergido quiso perseguir a su nuevo objetivo, casi preparado para lanzar el hechizo de fuego al doblar la esquina que Luzrov había girado, el wyvern y su jinete se lanzaron sobre el atacante de forma sorpresiva y casi violenta, esta vez haciendo el jinete que la punta afilada de su arma se clavase en el agresor y se asegurase de que no podía lanzar conjuro alguno. Por la fuerza de la acometida, Mikleo tomó algo de altura de nuevo y el arma salió de la herida, dejando el cuerpo ahora inerte del mago en el suelo. La sensación había sido… realmente dura y desagradable, pues quitarle la vida a algo (aunque fuese solo eso, algo) no estaba hecho para Sorey. Pero en esos momentos solo había estado pensando en la seguridad de los civiles y en la de Luzrov y ciertamente, cuando hacía tiempo podría haber sentido pena por eso, la madurez que empezaba a tener el castaño le impedía que se sintiese así por actos tan crueles y viles como tratar de asesinar a alguien solo por querer hacerlo.

¡¿Estás bien?!
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Jue Jul 21, 2016 10:04 am

Intento no mirar atrás sabiendo que eso no haría mas que ralentizar un poco su carrera.Sabiendo que aunque se tomase el tiempo para ver si el enemigo le perseguía no tenia ninguna manera de defenderse de el,mucho menos de enfrentarse.Era un sanador,al menos intentaba serlo. Quería ayudar y curar,no le gustaban las luchas ni la violencia. Las rechazaba y por ello mismo no tenia la fuerza necesaria ni de protegerse a si mismo,ni a otros. Por ello todo lo que había podido hacer en esa situación era distraer al enemigo para que la mujer y su hijo salieran de allí,para continuar con la evacuación. Y llegados a ese punto,con la atención del mago muerto centrada en el lo único que podía hacer era correr,esconderse si se le daba la ocasión,rezar para no ser atrapado por el ataque rival y confiar en que todo salieran bien.

Y a pesar de no querer detener y girarse,porque mentiría si dijera que no sentía cierto temor ante lo que le venia persiguiendo, lo hizo cuando noto el revuelo. Movimientos violentos y el ligero sonido de la carne atravesada,ahogado por los sonidos lejanos del campo de batalla a las afueras de la aldea y del silencio que a ratos inundaba la misma. Noto que algo pasaba a sus espaldas y por instinto mismo no pudo evitar girarse,y fue al clavar sus ojos en la escena frente a el que detuvo sus movimientos.

Observo como el cuerpo del emergido caía al suelo en el momento en el que el arma que lo había atravesado salio de el y el wyvern se elevaba de nuevo.Los ojos del clérigo se abrieron ligeramente mas de lo que deberían,con cierto horror a pesar de estar aliviado al no ser perseguido por ese ser. Llevo su mano libre a su rostro,cubriendo su boca y se dejo caer sobre sus rodillas.Agacho la cabeza mirando al suelo.

Fuera aparte del ataque a la parroquia,corto,inesperado y del cual no había sido muy consciente debido al estado en el que el mismo se encontraba,era la primera vez que el clérigo estaba en un campo de batalla. No era la primera vez que presenciaba peleas desde luego,pues aun estaba en su memoria la muerte de sus padres,algunos intentos de robo por los caminos y las peleas de taberna de aquellas aldeas en las que estuvo. Pero nunca nada de tal magnitud como lo que ocurría en esos instantes en ese lugar. Puede que realmente no hubiese estado muy consciente de donde se estaba metiendo,y aunque lo estuviese... el no iba a batallar solo... solo quería sanar heridos,ayudarles a salir de allí. Enfrentarse al peligro el mismo,estar tan cerca de esos dos ataques a su persona como lo había estado hacia instantes... no estaba dentro de sus planes,y tampoco se había percatado de lo que significaba.No cuando fue atacado al menos,si no que se percataba ahora del significado de ello.

El no podía luchar y aun así había sido imprudente,y por ello.. por su culpa.. Sorey se había visto obligado a atravesar el ser de aquella forma.Y aunque sabia en el fondo que no eran criaturas vivas,que eran enemigos de todos los seres de la tierra y que había que acabar con ello ,aun así... no le gustaba ver que el castaño se veía obligado a actuar de dicha manera. Al igual que sabia que al propio pastor tampoco le gustaba tener que hacer.y que aun así lo haría... lo conocía tan bien...  Y dolía tanto percatarse de que por su estupidez estaba obligando a la persona que mas le importaba a hacer algo que odiaba... Tenia que tener mas cuidado,no ponerse en situaciones en las que Sorey le protegiese. A pesar de que años atrás le hubiese pedido que lo hiciera...

-Estoy bien... lo siento tanto...

Cerro los ojos ,intentando concentrarse en su respiración deseando calmarse.No estaba actuando acorde a la situación lo sabia,se estaba comenzando a alterar y no podía permitírselo. Tenia que calmarse,serenarse,entrar en ese pequeño trance en el que se sumía a si mismo cuando aplicaba su poder. Recordarse porque estaba allí. Cierto... eso aun no había acabado,aun había gente que necesitaría ayuda,y para eso estaba el para ayudar. Tenia que calmarse y ayudar...

Consiguió serenarse un poco y aun sentado en el suelo,arrodillado mas bien,retiro la mano de su rostro y alzo el mismo.Abriendo los ojos y mirando con mas tranquilidad al castaño que aun permanecía sobre su wyvern.  Aun sobrevolando el lugar.

-Ves algo desde allí? Algún herido o alguien que necesite ayuda?
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Jue Jul 21, 2016 3:31 pm

El joven Pastor sacudió su arma para deshacerse del líquido extraño que la manchaba, mientras observaba desde una posición alta y aventajada como la mujer y el niño habían escapado y un soldado calles más arriba los había recogido para guiarlos hacia la evacuación. Aquello hacía sentir mejor al castaño, pero la sensación desagradable de que había terminado con aquel enemigo, por muy enemigo que fuese, todavía le recorría el cuerpo y le hacía estremecer. No debía de pensarlo más, no debía de tener en mente que aquello debería importarle de una forma que no tenía que importarle, pues prefería pensar que esa era la única forma de que esas criaturas volviesen a donde realmente deberían estar, y no a estar caminando sobre la tierra sin vida. Era lo mejor, y era lo que debía de hacer, por el bien de todos. No perdonaría el asesinato de alguien inocente, así como así.

Afortunadamente, aquellos pensamientos se borraron de su mente, o al menos se quedaron en un segundo plano, cuando vio que Luzrov estaba bien, al contestarle. Sabía que estaba asustado y ciertamente él seguía algo alterado, pero no pensó que la mejor forma de hacerle entender que él también estaba siendo imprudente fuera decírselo con gritos. En cambio, le sonrió con alivio y de una forma hasta comprensiva.

Me alegro de que estés bien… ¡Pero ten cuidado la próxima vez, por favor! Deja que me ocupe de esos tipos y te ganaré tiempo para ayudar a los civiles. —Fue lo que creyó mejor, pues de esa forma Luz no tendría que verse implicado en un peligro real, mientras que él estaba preparado para recibir ataques y defenderse de ellos.

En cierto sentido, no le gustaba verlo de esa forma; el albino estaba tremendamente pálido y casi se veía con nauseas horribles, estar en un campo de batalla no era fácil, y aún menos cuando él mismo lo entendía muy bien. Pero por eso mismo estaba actuando de esa forma, serio y seguro pero protector y comprensivo. Saldrían de esta, lo sabía.

De entre el humo que hay es algo difícil decirlo. —Mencionó un poco a gritos, y le pidió con gestos a Mikleo que se moviese un poco e intentase disipar lo que las llamas soltaban y ascendían. El ahora soldado de Pherae miró hacia todas partes que podía, sobre el pueblo donde estaba, y se fijo como un trío de emergidos se estaban acercando hacia la ruta de escape que los soldados estaban formando para los civiles. — Espera… —Murmuró, y entonces lo vio claro. Estaban intentando asaltar al a concentración de personas que se estaba formando allí, desesperadas por salir del pueblo hacia una base improvisada y segura que tenía el ejército cerca. — ¡¡Tres emergidos se dirigen hacia la salida de la evacuación!! ¡No hay suficientes soldados para detenerlos!

La forma en la que lo gritó indicó que tenían que darse prisa, y que no había tiempo que perder hablando. Luzrov tendrá que atravesar la calle principal que llevaba hasta la salida, donde trataban de cargar carros de caballos con heridos y niños para llevárselos cuanto antes de allí. Si llegaban hasta allí, aquellos heridos podrían convertirse en muertos.

Y ninguno de los dos quería eso.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Jue Jul 21, 2016 4:40 pm

Se limito a asentir con la cabeza,como respuesta afirmativa a la propuesta ajena.Aunque en el fondo quería decirle que tuviese cuidado,que no tomase mucho riesgo y que si veía su vida peligrar huyese del lugar. Pero no lo hizo,en primer lugar porque el no era el mas indicado para pedir prudencia,no después de atacar a un emergido sabiendo que no tendría opción alguna contra el.Y en segundo lugar porque conocía a Sorey,y sabia que si le decía aquello no iba a conseguir nada,no le obedecería,pero si que lo haría sentirse peor. Así que prefirió asentir y callar,porque en el fondo sabia que era la mejor opción que tenían en esos instantes. La mas útil y segura para ambos.

Se puso en pie al ver como el wyvern se movía,decidido a no perder de vista a la criatura.En parte porque se sentía mas seguro teniendo al otro cerca,aunque seguía emocionalmente herido y lo quería apartado de el en esos momentos con el peligro tan cercano y real lo necesitaba aunque fuese al alcance de sus ojos. Y por otra parte porque creía que era lo que debía de hacer,seguir al jinete y su montura desde tierra,que ellos le indicasen a donde debía ir mientras vigilaban la zona desde el cielo.

No se habían movido mucho.El clérigo no hizo mas que incorporarse y dar un par de pasos,para tener a Sorey y Mikleo ligeramente adelantados a el y no por encima suyo, y entonces el castaño aviso del peligro. Tenia que darse prisa.

-Date prisa! Adelantate!

Le grito con todas sus fuerzas para pedirle que se dirigiese ya a ese lugar,para que se diese prisa y no se preocupase por el,que ya lo alcanzaría. Puede que solo fuesen tres emergidos contra una pequeña multitud,pero una multitud de civiles.Asustados,heridos,confusos,y sin conocimientos en el manejo de armas.Un gran grupo de blancos fáciles que tres enemigos de esa calaña podían destruir con tanta facilidad que no quería ni pensarlo. Tenia que ir lo mas rápido posible... no... Sorey tenia que ir lo mas rápido posible,el después de todo no era mas que otro blanco a merced de las criaturas. Si solo fuese un poco mas fuerte...

Comenzó a correr,haciendo memoria de las pocas calles que había pisado y la dirección en la que estaban evacuando a la población. Llegando a la calle principal y corriendo por la misma con la intención de atravesarla y llegar a su destino. Aunque no pudiese luchar... podría ayudarles a salir... o eso esperaba....
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Jue Jul 21, 2016 8:34 pm

No supo cómo reaccionar a eso. No porque fuese algo extraño sino porque pensaba que Luzrov iba a seguirle por tierra, mientras el le indicaba el camino de alguna manera sobre su wyvern. Pero en su lugar le había dicho que no perdiese tiempo y que fuera primero, porque desde luego él podía llegar antes y podría hacer más. Pero por unos segundos, esas palabras no sonaron lógicas para él, hasta que se dio cuenta de que era lo que tenía que hacer, sí o sí. Salió de su ensimismamiento y asintió rápidamente, confiado, mientras aún miraba al albino.

¡Estaré conteniéndolos! —Le prometió, solo para que el albino se encargase de la parte de calmar a los civiles allí agrupados. Fue entonces cuando el Pastor indicó a su compañero que se moviese de nuevo, justo a donde necesitaban ir, y Mikleo aleteó fuertemente para dirigirse casi como una saeta de hielo hacia donde se escuchaba las voces y el ruido del gentío asustado.

Y tal como se lo imaginó, el par de soldados que se estaban ocupando de la evacuación ya habían tomado sus armas y estaban esperando la llegada hacia la línea defensiva que habían organizado solo ellos dos y el bloque de cosas como cajas y barriles que habían colocado a modo de barricada para poder frenarlos en cuanto los habían oteado llegar. Aquello iba a ser difícil, porque aunque eso les retuviera un poco, solo eran dos, y los emergidos eran simplemente irrefrenables a la hora de destruir si no se les daba muerte. El Pastor apretó algo los dientes y descendió con Mikleo en una embestida rápida que hizo caer a uno de los tres emergidos que se estaban acercando. Sin embargo, esa vez no había utilizado su arma y solo lo había derribado y aturdido un poco, porque en seguida se empezó a mover.

¡Los alejaré tanto como pueda desde aquí! —Gritó a sus compañeros, aunque estos no fueran de su propio escuadrón. Esto se vieron cohibidos por la presencia del wyvern y el rugido que mandaba al ser que acababa de derribar, pues uno de ellos dejó claro la sorpresa que tenía al mostrarlo en voz alta, pero entre la situación y que las ropas de Sorey lo mostraban como un soldado de Pherae, no hubo tiempo que perder en reacciones o deslices que pudieran afectarles. Ambos individuos comenzaron a cruzar armas con los agresores, tratando de defenderse lo mejor que podían, pero sobretodo que no pasasen de ese punto, pues a sus espaldas aún había gente que no podía huir tan rápido siguiendo la ruta de la evacuación.

Sorey quería ver que Luzrov estaba a salvo ahí atrás.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Jue Jul 21, 2016 9:19 pm

Llego al lugar con la respiración agitada,encontrándose frente a el mas aun a distancia prudente el panorama.Se detuvo unos instantes para analizar bien la situación frente a el. Dos soldados del marquesado contenían a dos de los enemigos,mientras el tercero estaba en el suelo,no sabia si vivo o derribado. Sorey en el aire,sobre Mikleo,a salvo. Los objetos intactos del lugar,tales como cajas,barriles y algún carro sin ruedas usados como barrera provisional para separar a los civiles del peligro. Un esfuerzo inútil considerando la naturaleza enemiga,pero puede que ayudase a calmar en parte los corazones de los aldeanos. Y hablando de ellos la situación no se veía nada bien.

Habían comenzado a entrar en pánico al ver el peligro tan cercano.No eran muchos la verdad pero si lo suficiente como para que llevados por el miedo taponasen la salida del pueblo,por esa por la que los soldados habían intentado guiarles. Corrían,algunos incluso en dirección contraria,sin mirar bien su rumbo,todo por alejarse de los muertos que caminaban. Habia un par de carros detenidos,sin poder pasar por a gente que a pie intentaba adelantarlos. Los animales alterados,los niños llorando y chillando. Vecinos que se conocían desde su nacimiento pisoteándose unos a otros,empujándose ,dándose la prisa que hasta esos momentos no se habían dado. El clérigo no sabia ni siquiera por donde comenzar,pero no podía entrar en pánico el tampoco,debía guardar la calma.

Iba a dejarlo todo en manos de los soldados,en manos del castaño,y sacar allí a todo aquel que pudiese lo antes posible. Por ello volvió a reanudar sus pasos ,hasta llegar a una de las cajas apostadas a modo de barrera improvisada.Se subió a la misma para hacerse resalta y grito pidiendo silencio.Voz clara,cristalina,en un tono elevado. Consiguio la atención no de todos pero si de unos cuantos,sorprendidos ante la voz desconocida y el grito inesperado.

Se presento ,no por nombre si no por cargo,como un sanador al servicio de Pherae,como una mano que iba a ayudar. No estaba al servicio del marquesado realmente,pero si que estaba ayudando mientras permanecía de invitado de Lord Eliwood así que no mentía como tal. Comenzó a dar instrucciones, sencillas ,con voz amable y sonrisa en el rostro asegurandoles que todo estaría bien.Que si aun seguían vivos era por algo,que aun no llegaba su hora.

No pidió calma porque eso no hubiese echo mas que alterarlos mal,no dijo que la situación iba bien si no que todo acabaría bien. Pidió que llevasen a los niños y aquellos con problemas de movilidad en los carros. Que dejasen sus pertenencias a un lado pues los emergidos no iban tras ellas y podían recuperarlas después. Alguno obedecieron,vio de refilon como otros se aferraban aun mas a los escasos objetos personales que portaban con ellos,que había conseguido salvar. También pidió que los carros salieran por la derecha del camino,dejando un trozo del mismo a la izquierda libre para que al mismo tiempo otros pudiesen evacuar la aldea a pie. Uno de los problemas era que la aglomeración de gente era tal que los carros no podían pasar y los aldeanos se obstruían unos a otros para pasar. Desde su posición ligeramente elevada pudo dar algunas indicaciones,hacia que lado debía moverse cada cual para despejar el camino. También pidió que se ayudase a los heridos a salir ,que si las heridas necesitaban atención breve o inmediata acudiesen a el ,que los sanaría.

La voz del hombre a pesar de ser casi un grito era clara y amable,les sonreía con ternura. Rostro calmado como si realmente no ocurriese nada en el lugar. Pues se había entrenado para con palabras y ligeros gestos calmar y consolar a aquellos alterados por el peligro. Y en parte fue por el ligero aura que irradiaba,o el echo de que uno siempre guardaba cierto respeto y obediencia a los hombres de fe,que la gente poco a poco comenzó a movilizarse.No todos,pero si la mayoría,viendo como seguían lo mas rápido posible sus instrucciones,intentando salir de allí. Aun alterados pero ya no en pánico. Algunos incluso se vieron inspirados por lo que creían que era una mujer de la iglesia,por las prendas que portaba,y comenzaron a recordarse mutuamente las ordenes al tiempo que se ponían en marcha. Desviando a la gente a su lado del camino,subiendo a quien lo requería al transporte.

Poco a poco la gente comenzaba a moverse de nuevo,movimiento detenido al ir los soldados a la defensa y al entrar los emergidos en escena.No era necesario marcarles en que dirección ir una vez abandonado el pueblo pues los soldados habían dado dichas instrucciones con anterioridad. Pero... si seguían así... si seguían ganando tiempo puede que lo conseguirían,que saliesen de allí sin haber mas bajas...

Bajo de la caja al ver como varias personas se le acercaban. La mayor parte de ellos por cortes limpios provocados por los edificios derruidos,por los golpes al huir,por las astillas que pasaron volando a su lado. Examino primero todas con la mirada,percatándose de un hombre de avanzada edad que se sujetaba el brazo con dolor,sabiéndose que el mismo estaba roto. Se disculpo con el ,con el mayor de sus pesares,y le pidió que abordase uno de los carros,pues con sus habilidades no era capaz de sanar dichas heridas...y eso le dolía en el alma. Al menos era capaz de detener las hemorragias que el resto de civiles presentaba,al ser las mismas no muy profundas ni graves. Agradeciendo aquello,que estuvieran a salvo,que no fuese a peor.

Cerro los ojos,se concentro,agarro el báculo con fuera.Sus manos comenzaron a brillar levemente y llevo su herramienta ante la primera de las heridas,comenzando a cerrar la misma.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 22, 2016 1:42 pm

Tras haber ayudado a uno de sus compañeros a distraer a uno de los lanceros emergidos que se habían acercado, provocando que se retirase un par de pasos ante uno de los rugidos de Mikleo, Sorey se giró levemente hacia atrás para ver como Luzrov aparecía y se posicionaba sobre una de las cajas apiladas para poder ser centro de atención de a cuantos civiles pudiese llegar. Inconscientemente se le formó una pequeña sonrisita en los labios y dejó que hiciera su propio trabajo, siendo ahora quien controlase como podía la evacuación, para hacerla más efectiva. No sería fácil, claro. El caos estaba reinando demasiado en aquel sitio y solo alguien como el clérigo podía imponer suficiente con su condición de hombre de fé como para que los que le observasen conservaran la calma y se dejasen guiar.

Pero el trabajo de Sorey no era aquel. Su trabajo era ayudar a sus compañeros a resistir el envite enemigo y, más allá que eso, eliminarlos como toda amenaza antes de que ellos les eliminasen en su lugar.

El castaño estaba sobre el aire y tenía ventaja. O al menos eso pensaba, porque el emergido que había acabado aturdiendo resultaba ser un mago. No uno cualquiera; precisamente se trataba un mago con el control elemental del viento. Sorey no se dio cuenta de eso hasta después, que el enemigo cogió su tomo y comenzó a formular un hechizo, provocando una fina ráfaga de viento arremolinarse a sus pies y subir por su cuerpo hasta su mano. Habiendo repelido el ataque de otro de los emergidos en tierra, que probablemente hubiera impactado en una de sus compañeras al haber bajado la guardia, el castaño se dio cuenta tarde de que una gran ráfaga de viento iba dirigida directamente hacia él.

De todas las magias que podría haber sido, fue la que peor y más le afectaba. Los wyverns, como cualquier otra criatura voladora, eran sumamente débiles a la magia aérea, por el simple hecho de que los hacía desestabilizar muy fácil y usaban su propio peso contra ellos. Cuando intentaban quedar en el aire, se sobre esforzaban por la presión que la magia ejercía y se dañaban a sí mismo, lo que provocaba también que las altas velocidades del viento les hiciesen cortes. Aquella magia alcanzó a Mikleo, y aunque no fue tan fuerte como para hacerlo caer, el animal lo sufrió.

¡MIK! —Sorey gritó cuando su compañero se quejó, pero por suerte no toda la fuerza de la magia le había llegado al lograr esquivarla un poco. El jinete apretó los dientes y acarició ligeramente la base del cuello de su amigo, que en seguida volvió a ponerse en una posición de ataque de forma completamente instintiva. Ni siquiera necesitó palabras para que Mikleo empezase a esquivar todos los lanzamientos de ráfagas que el mago hacía, pero a ese paso…— Tch… —Iba a ser difícil acercarse a él y derribarlo.

Los ataques fallidos empezaban a impactar contra la barricada improvisada, y los objetos y trozos de tablas de madera comenzaban a salir volando y a salta peligrosamente.

Sorey tenía que deshacerse de él como fuese, antes de que alcanzase a alguien aunque no fuera su primer objetivo.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Vie Jul 22, 2016 4:06 pm

Los heridos que acudían a el iban siendo sanados poco a poco y la evacuación seguía su curso,poniéndose en marcha una vez mas de la manera mas ordenada posible teniendo en cuenta las circunstancias.Nunca era fácil tener que lidiar,guiar,al alguien cuyos nervios le impedían pensar y actuar con claridad. Era mas difícil aun con grandes grupos de personas,donde el pánico y el miedo se esparcen con demasiada rapidez y la tranquilidad en cambio con demasiada dificultad. Pero al parecer aun con el miedo reinante,la tensión siendo tan palpable que casi se podía cortar y los gritos a viva voz y los llantos llenando el ambiente las cosas comenzaban a avanzar. Las carretas avanzaban lentas pero seguras,una de ellas casi habiendo abandona la aldea,la otra por detrás. Los aldeanos en filas,o en pequeños grupos al menos,se movían a la par que los transportes. Algunos por detrás de los mismos para empujarlos de ser necesario cuando algún objeto tirado en el suelo,alguna prueba de las casas destrozabas,les trababan las ruedas impidiéndoles avanzar.

Los heridos poco a poco comenzaban a dejar de llegar,considerando algunos que sus heridas no eran tales como para ser tratadas de inmediato,que podrían esperar a evacuar el lugar.Tal vez cuando todo aquello sucediera y la aldea quedase abandonada se acercase al campamento improvisado armado por los soldados,para seguir asistiendo a los heridos en aquel lugar.

Le faltaba un herido,pues no eran tantos,cuando el grito del nombre del wyvern lo alerto. Se obligo a cerrar los ojos e ignorar aquello. Concentrarse al menos hasta sanar la herida restante,un corte en el lateral izquierdo de un adolescente .Provocado por una viga de madera a caer a un lado suyo. Quería girarse,con el corazón latiendo tan rápido que le resultaba hasta doloroso,ver que el castaño estuviera bien.Y aun así espero,a cerrar la herida todo lo que sus habilidades se lo permitían. Y entonces se despidió rápidamente del antes herido instándole a abandonar el lugar,rechazando amablemente el ofrecimiento sobre acompañarle

Y se giro.Solo para cerrar los ojos al ver varios trozos de madera rotos y pequeños objetos siendo lanzados por el viento hacia el,hacia la gente.La misma comenzó a ponerse nerviosa una vez mas y tuvo que girarse y volver a gritar.Diciendo que continuasen la marcha,que no se preocupasen ,que mientras atacasen a los objetos las personas no serian un blanco. Y precisamente porque ninguno de los civiles era un blanco de los emergidos,siendo ellos ignorados en esos instantes y los soldados atacados.

Y se giro una vez mas ante el pequeño e improvisado campo de batalla,llevando su mano libre al pecho a la altura del corazón y sujetándose las telas de ese lugar. Aquello que veía no le gustaba nada,no solo porque a cada ataque fallido existía la posibilidad de que alguno de los habitantes que aun no conseguían salir de la aldea fuese herido,si no porque por cada ataque acertado Sorey y Mikleo se exponían al peligro,uno para nada leve.Y el no podía hacer nada por ello. Se sentía tan débil e impotente... tenia tanto miedo,de acabar siendo únicamente testigo de como la persona que mas amaba caía frente a el. No... no podía permitirlo...

Si por el fuera haría lo mismo que con el mago de fuego,aunque simplemente fuese una distracción,un instante de apertura para que dejase de conjurar su viento. Pero no eran uno si no tres,y meterse de lleno en el campo de batalla no seria para bien si no para mal,molestaría a aquello que si supieran luchar realmente.  Pero quería...necesitaba ayudar... aunque solo fuese un instante de libertad...

Y lo único que se le ocurrió aunque fuese para desviar la vista a su lado un momento ,sin saber si funcionaria o no,fue tirar y patear una de las cajas apostadas como barricada frente a el.Con esperanza de que el ruido les hiciera mirar en su dirección.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 26, 2016 12:14 pm

No quería que por culpa de su inexperiencia en la batalla alguien más saliese herido. Debía de ser rápido y contundente, y pensar una forma de ser eficaz antes de que todo fuese a peor, tal y como Eliwood le había enseñado, pero… eso todavía no era posible para él. Mikleo emitía gruñidos adoloridos cada vez que un ataque del mago emergido lo rozaba o impactaba contra él, aunque fuera leve por haberlo intentado repeler, y eso a Sorey le hacía mal también. No conseguía concentrarse como era debido no poder buscar un apertura en la defensa que el mago había creado con sus propios conjuros.

Eso pintaba mal. Además de que sus dos compañeros estaban propiamente ocupados con los otros enemigos. Se suponía que él desde el aire tenía cierta ventaja y que para eso iba a ser utilizado, su punto fuerte. Pero contra ese tipo de magia… temía que Mikleo no fuese suficiente, y él no fuese lo suficientemente fuerte como para sobreponerse y resistir. Las otras veces que había combatido, había tenido ayuda e incluso solo había apoyado como había podido, pero aquella vez era diferente. Era él quien tenía que defender a los demás. Igual que hacía en Elysia… Sin embargo, en el mundo real, fuera del confort que siempre había representado su aldea, era todo mucho más triste y duro, y eso había ido averiguándolo poco a poco, mientras viajaba. No había tiempo de ponerse a pensar en esas cosas, claro, debía estar atendo… pero cuando notaba que las alas del wyvern temblaban, el corazón del castaño empezaba a ir rápido y a instalarse en él cierta inseguridad dañina para sus movimientos. ¿Qué pasaba si realmente no era capaz y Mikleo acaba tan herido que no podía hacer nada por él?

Antes de sumirse en un pensamiento horrible, su rostro giró instintivamente hacia donde había estado el albino sanando a civiles, esperando que ningún objeto o ataque sin objetivo le hubiese alcanzado. No encontró nada de eso. No obstante, el clérigo se había dirigido hacia donde estaba posicionada la misma barricada, peligrosamente cerca de sus compañeros y de los mismos emergidos que estaban atacando y entonces vio que le estaba devolviendo la mirada. Le estaba mirando y sabía que pensaba hacer algo, al adivinar en qué situación difícil estaba el Pastor.

Una caja pateada salió volando entre los enemigos, a los que alertó, y entonces el mago cometió un error. O quizá para él no lo fuese, sino que predominaba en él seguir sus propios instintos. La atención atraída por el objeto provocó que la concentración del enemigo se desvaneciese por unos instantes, haciendo que la magia perdiese fuerza y encantamiento convirtiéndose simplemente en nada. Y aquello se convirtió en la oportunidad de Sorey. La única que le había sido otorgada por el albino que pensaba que le odiaba, de alguna forma.

¡Ahora, Mik! —El joven jinete movió la lanza en su mano y le indicó a su compañero que se moviese, tan rápido y agresivo como pudiese, contra su objetivo. Era justo en esos segundos, el “ahora o nunca”, en los que cargó con un rugido que resonó por el cielo, entre el humo y las llamas que ascendían, cuando se lanzó como una nueva saeta de hielo hacia el emergido con la guardia baja.

Sorey pudo comprobar instantes antes de que su afilada lanza impactase en el pecho contrario y se hundiese, con una sensación blanda y desagradable, como el mago había intentado crear un nuevo remolino de magia aérea, que impactase directamente con el wyvern. Pero no fue lo suficientemente rápido. La fuerza de la embestida provocó que el cuerpo del mago fuese arrastrado unos metros más hacia delante, provocando que fuese estampado desde varios metros, al ascender de nuevo el jinete, contra el suelo. Sonó como un peso muerto. Y por muy poco que le gustase, a Sorey aquello le llenó de un alivió inimaginable, al ver que lo más peligroso para él estaba fuera de combate.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Mar Jul 26, 2016 4:51 pm

En esos momentos no podía hacer nada,nada que no fuese rezar con cierta desesperación en su fuero interno. Rezar para que la evacuación fuese llevada a cabo con éxito y no hubiese mas civiles heridos,ni encontrasen ninguno muerto mas adelante. Pedirle a la santa,pedirle a quienquiera que por favor su estúpida idea funcionase,que Sorey y Mikleo saliesen de esa y que no les ocurriese nada mas de lo que ya les ocurría. No tener que sanar ninguna herida del castaño,no tener que ver heridas que no pudiese sanar en el. Solo... que estuviese a salvo.

Y por suerte parece que su acción,estúpida e improvisada,había servido para algo.Pues aunque fuese por unos instantes los hechizos del mago perdieron su fuerza,desaparecieron incluso,y el wyvern paso de estar atrapado en el aire a ser capaz de lanzarse contra el emergido.Hasta que la lanza del pastor lo atravesó y el enemigo dejo de dar problemas.

Desde el momento en el que había pateado la caja el albino no había despegado la mirada del wyvern y su jinete,siguiente cada uno de los movimientos ajenos con la preocupación marcada en su rostro. Impaciente,asustado... incluso ignoro el echo de que sus miradas se cruzaron un par de veces ,algo que teniendo en cuenta la situación entre ambos en circunstancias normales le hubiese echo desviar su vista inmediatamente.Mas no lo hizo,ni tampoco la desvió en el momento en el que el cuerpo emergido fue atravesado,alzado unos metros y dejado caer con peso muerto.

Le dolía ver a Sorey luchar,le dolía aun mas ver como su enemigo era atravesado por el aunque no fuese humano. Dolía porque sabia que el otro sufría por ello,porque así lo creía. Y aun así cuando vio al mago que tantos problemas les estaba causando caer inmóvil no pudo mas que suspirar de alivio y dejarse caer sobre sus rodillas. Se llevo una mano al pecho y apretó los ropajes a la altura de su corazón,soltando el aire que no sabia que estaba conteniendo ,la tensión que había envuelto su cuerpo durante esos instantes y que al liberarse la misma lo había echo caer. Agacho el rostro y sonrió ligeramente. Agradeciendo de todo corazón a quien fuese que hubiese mantenido a Sorey a salvo.

Estaba tan aliviado,tan ensimismado,que no se percato de que ambos solados habían acabado también con los emergidos con los que luchaban,instantes después de que Sorey acabase con el mago. No lo noto hasta que uno de ellos espada en mano se acerco a su lado y le ofreció una mano para levantarse ,preguntándole con cierta preocupación si estaba bien. Y no pudo mas que reprenderse a si mismo y ser invadido por cierto sentimiento de culpa la saber que instantes atrás poco le importaba lo que les ocurriese a los hombres,que se había olvidado de ellos por completo al estar toda su atención centrada en el castaño. Se sentía horrible por ello.

Tomo la mano mientras agradecía el gesto y volvía a ponerse en pie.Alzando la vista y examinando con la mirada la figura ajena en busca de heridas. Al parecer había tenido suerte,tanto el como el soldado a su espalda que se movía con rapidez hacia los civiles tras darle a Sorey las gracias con un par de gritos que esperaba que le llegasen,pues aun no se aventuraban a acercarse demasiado a la criatura escamosa. Comenzó a ayudar con la evacuación de los pocos aldeanos que aun quedaban en el lugar,tal y como antes del ataque. Sonrió al ver que habían tenido suerte. Eran solados preparados enfrentándose a un único enemigo,que si bien les había mantenido ocupados no habían caído ante ellos. Las armaduras si bien simples habían sido efectivas dejando que la mayoría de heridas de cierta consideración pasasen a ser simples golpes y futuros moratones,la sangre los cubría pero por el color podía adivinar que no era la de ellos. Rasponazos ,algunos sangrantes otros no,y suciedad en sus rostros. Nada que requiriese atención inmediata,nada que les impidiese seguir con su labor.

Le sonrió en agradecimiento una vez mas,soltó su mano diciendo de nuevo que estaba bien,a salvo.Le insto con palabras suaves y amables a que fuese a ayudar a su compañero,pues no se avistaban mas enemigos y eran mas necesarios allí que a su lado. Dudo un poco antes de aceptar,se despidió cortesmente y acudió el también a la ayuda de la gente.

En esos momentos el albino alzo la vista de nuevo hacia el pastor.Como si realmente quisiera asegurarse una vez mas de que estaba bien.Y en esos instantes sus ojos violeta divisaron una flecha,venida de la nada y en dirección al hombre y su wyvern. Los ojos de Luz se abrieron con cierto horror antes de gritar.

-Sorey!
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 26, 2016 5:44 pm

Estaba desde luego aliviado. Había sido capaz de enfrentarse a uno de sus enemigos, no habiendo dudado al final en el hecho de derribarlo y clavar su arma en el cuerpo contrario. Todavía le repelía la sensación, sin embargo era algo que estaba empezando a considerarlo necesario. La única manera que había de librarlos de esa necesidad extraña destructiva y de causar daño y terror. Eso simplemente… no estaba bien, y estaba seguro de que si realmente pensasen, no querrían algo así.

La gente estaba a salvo, así también como sus compañeros. Le importaba la seguridad de los demás porque era algo por lo que realmente peleaba; no por sí mismo, no egoístamente. Sorey siempre se había dado a los demás y siempre se daría a ellos porque realmente pensaba que era lo que debía hacer, sintiendo un gran sentimiento reconfortante. Pero sobretodo, lo que más le importaba allí era Luzrov. Y era extraño, en realidad, porque desde que lo había conocido sabía que lo conocía de algo pero que su cabeza no le permitía saber de qué, o qué le había hecho para que el albino lo rechazase de esa forma. Debía ser algo realmente… duro, y espantoso. Pero cuando había creído durante todo ese tiempo de que el clérigo lo odiaba, o algo así, ahora se encontraba en que era él quien le había ayudado a echar abajo a aquel emergido. Había cruzado miradas con él y no las había apartado, y ahora que también lo miraba, se encontraba con que se la estaba manteniendo.

Pero no tardó en girarse levemente, con una pequeña sonrisita satisfactoria, mientras el otro era ayudado por sus compañeros, los que habían acabado con ambos enemigos tal y como debían hacer. A Sorey le hubiera gustado ayudarles más, haberles echado una mano como estaba planeado, pero el mago de aire le había hecho pasarlo bastante mal, poniéndoselo difícil. Afortunadamente eso había terminado y los últimos rezagados de la evacuación ya se estaban poniendo en marcha hacia el campamento improvisado del ejército.

El joven Pastor ganó algo de altura para controlar la fila que estaba viajando, mientras acariciaba la base del cuello de su amigo, agradeciéndole que aguantase bien y que fuese tan rápido, tal y como habían entrenado. Sabía que no solo él se estaba esforzando, Mikleo estaba haciendo grandes sacrificios por dejar a un lado su propio instinto y hacer lo que Sorey le pedía, ahora como montura de un jinete. El castaño nunca podría verlo como tal, claro, pero a ojos de los demás se trataba exactamente de ello y no serían de ayuda si hiciesen solamente lo que quisiesen, terminando por actuar mal. Pero Sorey agradecía que aquella situación se hubiera resuelto y el entrenamiento que había recibido y mantenido él mismo hubiese dado sus frutos.

Le devolvió el gesto al compañero que le gritaba desde abajo, levantando la mano libre, y se dispuso a moverse para vigilar que no viniese nadie más desde el pueblo hacia la salida de evacuación. Y aunque esperó encontrar lo que estaba viendo, que nadie estaba acercándose y no había peligro, a su espalda una flecha se estaba aproximando a gran velocidad. Cuando escuchó el grito del clérigo tras de sí y el wyvern se volteó casi violentamente, el castaño pudo observar segundos antes como la punta del proyectil iba a impactar directamente en el animal, así que lo único que pudo hacer fue moverlo, con una sacudida, para apartarse del camino, resultando él herido en el intento.

¿De dónde había salido esa flecha? ¿Es que había arqueros en los salientes más cercanos del camino del bosque? En ese caso debía alertar a sus compañeros, para que protegiesen a los civiles y acabasen con ellos. No quería que nadie más resultase herido; ni los pueblerinos, ni los soldados, ni Mikleo, ni Luzrov… Fue en lo único que pensó cuando cayó del wyvern, alertado este y profiriendo un rugido asustado, mientras se precipitaba hasta el suelo a varios metros de altura.

No fueron suficientes para que fuese mortal, ni siquiera para que se rompiese algo propiamente dicho, pero el golpe que se llevó en la espalda si lo sintió al igual que el dolor que se extendía por su hombro izquierdo, por la punta de flecha estaba clavada en su carne.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Mar Jul 26, 2016 6:46 pm

En cuanto vio el proyectil en el aire noto como su corazón dejaba de latir unos instantes y se le olvidaba respirar. En cierta manera aunque no lo creyó posible veía como la flecha se movía a velocidad muchísimo mas baja de lo usual,como si nunca llegase a su destino.Y realmente no deseaba que llegase. No había deseado nunca nada mas que aquello,en esos momentos hasta el echo de que Sorey no le recordase jamas parecía insignificante.Porque sabia lo letal que eran las flechas para los wyvern y pegasos ,y lo que significaría que Mikleo cayese.

Y entonces su temores se confirmaron,a pesar del grito Sorey no pudo evitar el proyectil aunque si evito que impactase en Mikleo,su primer objetivo. Y en comparación con la lentitud con la que le había parecido que se movía todo instantes atrás de repente todo sucedió demasiado rápido. Tanto que no fue consciente de nada mas que del echo de que Sorey caía... herido...

Se le heló la sangre y las lagrimas comenzaron a caer antes de ponerse en pie y correr hacia el lugar donde impactaría el otro.No queriendo verle precipitándose pero tampoco pudiendo apartar la mirada.Pero no alcanzo a llegar a tiempo,ni el ni Mikleo el cual se precipito tras el después del grito. Obligándose a elevarse antes de chocar el también contra el suelo en su intento de detener la caída de su amigo. Se elevo,planeo y esta vez con suavidad volvió a bajar,aterrizando junto a su amigo en el mismo instante en el que el albino llegaba a el y se agachaba a su lado.

Calma,calma... debía calmarse,impedir que las lagrimas siguieran cayendo. Era su trabajo,tenia que estar calmado en esos instantes.Y de todas maneras no era como si fuese la primera vez que Sorey caía desde cierta altura ,había pasado antes y había salido bien de aquello. Pero aquella vez había tenido la vegetación disminuyendo la caída...y aquella vez no había tenido que verlo caer.

Se agacho a su lado,a la altura de la flecha en el hombro ajeno. Sin cerrar los ojos respiro profundamente intentando calmarse,deseando hacerlo.Se seco las lagrimas rápidamente,sabiendo que en parte lo estaba consiguiendo.Sabiendo que la agitación solo iba por dentro.O eso esperaba.
Dejo el báculo en el suelo,quedando ambas manos libres. Llevo una de sus manos a la mejilla de Sorey acariciando la misma,la otra con suavidad posada sobre la herida de flecha,manchándose de sangre.

-Sorey... estas bien? Donde te duele ? Puedes oírme bien?

Hablo con voz tranquila,amable. Estaba seguro de que se había golpeado su espalda por haber caído boca arriba,pero tenia que asegurarse. Y sobretodo comprobar que no se había golpeado la cabeza ,o al menos no muy fuerte,pues era una zona delicada del cuerpo.Todo lo era,solo esperaba poder sanar los golpes. En cuanta a la flecha si esta era demasiado profunda podría cerrar la herida en parte,mas no por completo,de ser el caso intentaría usar sus poderes y sus brebajes,y en ultima instancia vendar la heria para que otros la tratasen.Mas antes de eso había que sacar la flecha. Y en parte sus preguntas no eran solo para comprobar el estado ajeno,eran para calmarse a si mismo también. Para que con sus palabras,la leve y tierna sonrisa y las caricias en el rostro ajeno distraerlo. Poco le importaba el que no le recordase,y el que su cuerpo y mente le pidiesen alejarse,porque... de nada servia todo ello si el otro no estaba bien. Tenia que estarlo. Tenia que distraerlo y sacar la flecha.

Acaricio con la mano empapada en sangre el contorno de la herida,antes de dirigirla a la flecha,rodeándola. Agarrándola con fuerza lo mas bajo que podía para no arriesgarse a que se partiera en el proceso. Y tiro de la misma,con todas sus fuerzas,rápidamente arrancándola limpiamente. La tiro contra el suelo y se limpio la sangre en sus ropajes,importándole en esos momentos que los mismos no le perteneciesen realmente y se ensuciasen. Tomando el báculo con esa mano,la otra aun en el rostro ajeno.

-Se que duele... pero tenia que hacerlo.Estas bien? Puedo continuar?

No estaba sangrando demasiado,le había atravesado limpiamente y puede que no fuese tan profunda como creía en un principio.Puede que si fuese capaz de sanarla. Y el echo de que no sangrase tanto le daba tiempo,unos minutos al menos,para asegurarse del estado del otro.De que no estuviese nervioso y guardase la calma. Y para recordar que el debía mantenerla también.
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 27, 2016 9:13 pm

Lo último que recordaba era haber caído desde Mikleo, un grito ajeno y el animal acercándosele a cámara lenta, hasta que todo se volvió negro. Su mente no lo había registrado, pero su cuerpo golpeó violentamente contra el suelo, de espaldas a la superficie, provocando que perdiese la consciencia en el impacto. La zona afectada se extendía por su espalda y un poco la zona posterior de su cabeza, donde se hizo una brecha superficial. Y casi fue un milagro, porque para lo que podía haberse hecho; desde romperse los huesos hasta romperse el cuello de verdad, aquello había sido lo más leve que podía haber pasado, y era gracias a que solo habían sido unos cuantos metros de altura, y no desde grandes altitudes a las que Sorey estaba acostumbrado.

No presintió siquiera la presencia del gran animal a su lado, que profería pequeños gañidos bajos y lastimeros, al ver el estado de su compañero, ni tampoco la del clérigo que se le había acercado y ahora se arrodillaba a su lado. Su voz no le llegaba, no en esos instantes, porque la visión del castaño seguía negra al tener los ojos cerrados, sin responder. Sin embargo, su pecho si que subía bajaba despacio, no tan débil como para preveer un estado crítico, afortunadamente. Su corazón también seguía latiendo sin problemas, pero era algo que no se podía demostrar así como así.

No obstante, las leves caricias en su piel fue lo que más le impulso a entreabrir los ojos, mareado y confuso, y muy poco a poco. Todavía eran dos rendijas verdes, con los labios ligeramente entreabiertos, que no conseguían enfocar a la figura de pelo blanquecino y largo. Estaba desorientado y el sonido todavía no llegaba a sus oídos, y si lo hacía era en forma de ecos extraños o ruidos que retumbaban. Se dio cuenta de que le pitaban horriblemente los oídos. Pero el tacto le ayudaba a concentrarse y a saber que no estaba solo allí, que alguien le había ido a ayudar en ese estado. Se había caído, eso lo sabía, se había hecho daño, de alguna forma, pero no sabía, o no recordaba todavía por lo reciente de todo, como había pasado eso.

Pero lo que más le hizo tomar consciencia de sí mismo fue el hecho de que la punta afilada de la flecha fuese extraída de su hombro. Ahí sí que dolió, y dejó salir de sus labios un quejido algo ahogado pero que denotaba dolor. Su gesto indicaba lo mismo, pero tan rápido como se arrugó, frunciendo el ceño, acabó por relajarse cuando el objeto punzante había sido extraído de sus carnes. El hecho de que sangrase no era algo que realmente supiese, porque cuando pudo abrir los ojos un poco más y sus pupilas se acostumbraron de nuevo la luz que provenía de arriba, Sorey pudo observar como Luzrov era quien le estaba sujetando, y ayudando.

Estaba llorando, pero en esos instantes, pero el castaño no lograba entender por qué. Deseaba poder alzar la mano y retirarle esas lágrimas de sus mejillas, no sabiendo tampoco muy bien que le estaba diciendo con sus palabras. Tampoco sentía el dolor ahora que se extendía por su hombro y, poco a poco, por todo su cuerpo, haciéndole imposible moverse, porque lo único que podía pensar en esos momentos era en como el clérigo se estaba preocupando por él y como lo estaba tratando, con caricias dulces y sonidos hermosos y reconfortantes de sus labios. Aquello le hacía sentir tan bien… que ni siquiera parecía el mismo Luzrov que lo trataba con evasivas y parecía temblar cada vez que estaba cerca. No, no era el mismo, casi parecía un enviado de la Santa, divino y angelical… Su corazón empezaba a latir rápidamente con tan solo su presencia, la forma en la que lo tenía entre sus manos, y la sensación era tan familiar que solo podía pensar en que ese era el verdadero. La extraña sensación de siempre, pero no importante ahora, porque una vez entre todas las veces en la que podía notarla no estaba siendo rechazado. No por la persona que más le importaba, y por la que más sentía.

Puedo… oírte. Ahora sí… —Murmuró con una pequeña sonrisa, algo ido todavía, y cerrando los ojos de vez en cuando porque le molestaba todavía la Luz. El golpe estaba empezando a dejar de hacer efecto y eso solo significaba que las punzadas de dolor se fueran duplicando e intensificando cada vez más. — No puedo… moverme. —Fue algo que intentó, pero le fue en vano. Pudo escuchar un pequeño sonido del wyvern a su lado, lo que hizo que supiese que estaba cerca, sin embargo no pudo recordarse a sí mismo lo que había pasado y preguntar si su compañero estaba bien, ya que lo que había ocurrido había sido por proteger al otro. — Luzrov…

El llamar al otro no significaba que tuviera que decirle algo, no específicamente en realidad, pero sentía que necesitaba decir su nombre. Simplemente pronunciarlo, feliz de que tuviese su atención por no ser consciente de la gravedad de la situación en la que se habían visto envueltos. Y aún así, todo le sonaba tan familiar…
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Re: Memorias que relucen en el campo de batalla [Campaña] [Priv. Sorey-Luz]

Mensaje por Luzrov Rulay el Jue Jul 28, 2016 10:21 am

La voz ajena tardo en sonar. Lo cierto es que si bien el clérigo le había echo algunas preguntas el echo de que las mismas no hubiesen sido contestadas eran mas que probables,lo sabia pues tras el golpe que se había dado el castaño entrar en el mundo de los inconscientes era lo mas probable. Aunque sus esperanzas estaban puestas en que le respondieran,y al parecer la santa había escuchado sus plegarias. Débil, entrecortada, adolorida... pero sonó. Su sonrisa se amplio mas ante ello,al percatarse de que estaba consciente y aunque hubiese tardado con la concentración suficiente como para poder pronunciar un par de palabras.Aunque el dolor se reflejaba en el rostro y voz ajenas,aunque aquello le causase dolor también al albino,no pudo mas que sentirse aliviado. Era un sanador,se había preparado para ello,había estudiado muchísimo... y sabia en que podía haber acabado la caída. Huesos rotos,piernas perdiendo la movilidad de forma permanente, la vida escapándose del cuerpo ante un mal golpe en la cabeza... Aunque lo cierto era que lo de las piernas no podía descartarlo aun,pero teniendo en cuenta las muecas de dolor ajenas dudaba mucho de que fuese el caso.

Estaba preocupado,dolido.... pero feliz y aliviado al mismo tiempo. Una mezcla de sensación que intentaba controlar mediante la calma y serenidad que de el se apoderaban cuando tomaba el báculo entre sus manos con intenciones de usarlo. Controlando sus palabras siendo estas suaves y amables,su sonrisa ligeramente mas amplia de la usual.

-Esta bien que duela...

Realmente le gustaría que el otro no sufriera,no sintiese dolor.Pero era un pequeño precio a pagar,imposible de evitar. Lo único que podía hacer era sanarlo cuando antes y hacer desaparecer el dolor. Dejo un par de caricias mas en el rostro ajeno antes de separar su mano y llevarla al hombro. La ropa rota a dicha altura,pegándose a la piel ajena mediante la sangre que emanaba de la herida. Con su mano libre despego con suavidad la tela,rompiéndola ligeramente al tirar y alejándola del agujero que la punta del arma había abierto. Para que la tela no interfiriese a la hora de cerrar la herida,para que parte de la misma no se quedase en el interior del cuerpo ajeno,para ver mejor la profundidad de la herida. Su mano se volvió a manchar de sangre pero no le importo.

-No tienes que moverte... ni preocuparte de nada... Solo sigue mi voz... Concéntrate en ella... Esta bien... todo va a estar bien... Voy a curarte...

Aquella ultima parte la dijo mirando a Mikleo,alzando su vista en el por unos instantes,clavando los ojos violeta en los ajenos de igual color. No necesitaba los quejidos lastimeros del wyvern para saber que estaba preocupado.Y quería que supiera,que podía estar tranquilo,que el mismo se iba a encargar de que su amigo se recuperase lo mas pronto posible.Y entonces tras sonreirle con dulzura a la criatura volvió a bajar la mirada. La herida despejada,limpia pues al no haber caído boca abajo y estando en la parte delantera del hombro no se había manchado con la suciedad del ambiente.Aun no.

Poso el báculo sobre la herida,a apenas unos centímetros de la misma.Por unos instantes dejo su sonrisa atrás y la serenidad tomo su rostro,mientras se concentraba para llamar de dicha manera al poder que dormía en su interior.No muy poderoso pero lo suficiente para su propósito. Sintió la calidez recorrer su ser,esa magia que permanecía en su interior siendo despertada y llamada. Las palmas de sus manos comenzaron a tomar un brillo tenue,siendo el mismo mas intenso en la que portaba el báculo. Apoyo la punta de sus dedos en el cuerpo ajeno,en los borde de la herida.Trasmitiendo, entregando, su magia al otro, siendo la herida cerrada ante sus ojos. El alivio recorriendo su ser al percatarse de que la misma se cerraba sin problemas,de que podía hacerlo. Hasta que no quedo mas que un hombro empapado en sangre.

Dejo el báculo en el suelo,apoyo una mano en el hombro recién sanado apretándolo un poco y tirando levemente de ese brazo con el otro,agarrando a Sorey del ante brazo para ello.El movimiento tardo poco y en cuanto comprobó lo que deseaba dejo descansar el brazo en el suelo y aparto sus manos. La herida había sido sanada pero la misma tiraba aun, no podría mover el hombro con libertar durante un par de días ,algunos movimientos le tirarían y otros le causarían un leve dolor. Pero estaría bien mientras no fuese muy brusco.

-La herida del hombro ya esta,podemos olvidarnos de la flecha .En un par de días estarás como si no hubiese sucedido nada,siendo tan libre como siempre. Ahora solo falta el golpe de la espalda.Un poco mas y ya habremos acabado... Tu solo preocúpate por no dormirte y seguir mi voz... lo demás déjamelo a mi.

Se limpio rápidamente la sangre ajena en las ropas de nuevo,intentando no pensar que era la primera vez que esa sangre acababa en sus manos. No estaba realmente seguro de como hacerlo,no quería dejar al otro boca abajo,siendo a manera mas fácil de tratar su espalda ,pues ello pondría demasiado peso sobre el hombro recién sanado. Tendría que sujetarlo el mismo ,dejarlo sentado de alguna manera mientras lo trataba. Si lo abrazaba desde delante podría tener sus manos y báculo en la espalda ajena... Si... tendría que hacer eso... pero para ello primero había que incorporarle ,con cuidado...

No llego a hacer cuando otra flecha callo,bastante alejada a su espalda pero en su angulo de visión. Se giro alertado,recordando entonces porque Sorey estaba en el suelo. El ataque enemigo. Y por un momento la preocupación lo invadió,al tiempo que Mikleo dejaba escapar un rugido furioso al ver un proyectil igual al que había causado la herida del pastor. Pero antes de que el clérigo ,que sabia que no podía mover aun a Sorey de su lugar,supiera que hacer ambos soldados aparecieron de nuevo. Habiendo terminado con la evacuación de civiles habían comenzado a correr en la dirección de la cual llegaban las flechas.Aunque Luz no supiese cual era. Le gritaron sin parar el ritmo que ellos se ocuparían. Que ella ,pues habían vuelto a confundir su genero, se encargase de las heridas de su compañero. No tuvo tiempo de agradecerles antes de que desaparecieran pero se encargaría de hacerlo después. Tenia que volver a su labor.

Se inclino sobre el cuerpo ajeno metiendo sus manos y brazos bajo el . Una de las manos paso por la nuca ajena,manchándose de sangre,percatándose de la calidez del liquido vital detuvo sus intenciones. Tanteo la piel hasta que encontró la brecha,la delineo con sus dedos para examinarla sin mover a Sorey pues si era demasiado profunda o ancha seria peligroso moverlo con brusquedad y hacer que se abriera mas. Era pequeña ,sangrante pero apenas poco mas de una rozadura,estaba bien no era nada de lo que preocuparse. Así que su mano pudo continuar su ascenso hasta posicionarse bajo la cabeza ajena,metiendo levemente sus dedos entre los cabellos ajenos a pesar de que estos lo mancharían. La otra mano y parte de su brazo se habían metido bajo la espalda ajena,apoyando su palma contra la misma. Sentía aun a través de la ropa toda la zona palpitante,roja e hinchada seguramente. Se aseguro de que ambas manos estaban bien posada y comenzó a incorporarse poco a poco,alzando el cuerpo ajeno junto al suyo. Hasta que ambos quedaron sentados en el suelo,con los brazos del clérigo sosteniendo el cuerpo ajena.Sus manos a su espalda.

Habia dejado el báculo a mano,junto a el,así que se pudo permitir tomarlo sin dificultad,haciendo que una de sus manos soltase instantes el cuerpo ajeno antes de tomar el báculo y volver a rodearlo con sus brazos. Báculo a la espalda junto con sus manos. Su rostro sobre el hombro ajeno,sin tocar el mismo,cerca de su odio. No podía ver bien la espalda aun desde esa posición,menos sin retirarle la ropa. Pero no quería tomarse el tiempo para ello,ni podría hacerlo de manera cómoda y segura. Solo quedaba recorrer la espalda ajena.Bajo un poco el sonido de su voz

-Pronto todo estará bien,solo aguanta un poco mas...

Y volvió a llamar a su magia,y con el báculo a centímetros de la espalda ajena sus manos volvieron a tomar ese brillo. Cerro los ojos siendo los mismo inútiles en esos instantes,mientras que con la punta de sus dedos y el báculo agarrado con la parte restante de su mano recorría la espalda ajena. Asegurándose de que no dejaba ni una zona sin sanar ,pasando a otro lugar cuando dejaba de notar la piel palpitante bajo sus dedos.Curando la pequeña brecha primero. Pasando varias veces por el mismo lugar para asegurarse.Hasta que acabo sanando la cintura ajena. Estaban sentados,por el momento no podía continuar con las piernas.

-Sorey... estas mejor? Como están tus piernas? Si puedes doblarlas un poco puede que con flexionarlas basta para que pueda curarte....

Esperaba que una vez terminase con las piernas no quedase nada mas.
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