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When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

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When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Lun Jul 18, 2016 3:28 am

—No soy un niño, Raph, déjame en paz —se quejó el muchacho apartando la mano de su superior de la cabeza con un manotazo suave que a muchos les hubiera indignado pero que al mayor le hizo reír.

—Mocoso, no te creas la gran cosa por saber una o dos cositas —respondió Raph mientras terminaba de masticar un poco de tabaco y lo escupía a un cubo de metal cercano. Cuando escupía su cara parecía ser la de un cerdo. Nowell rió para sus adentros con cierta malicia.

—Ya sé, ya sé —dijo para dar terminada la conversación y se apartó del grupo de piratas que controlaban el pasillo que daba a la bodega de carga sin hacer más, cargando con cuidado la pequeña caja de madera, el cubo de agua limpia y trapos que tenía encima .

Cuando dio la vuelta en la esquina, su rostro volvió a ser mucho más serio que antes y se centró en la tarea que tenia por delante: encargarse de las heridas y "medicina" de la nueva mercancía que los piratas estaban transportando. Arrugó la nariz mientras giraba en al cerradura una copia de la llave que el capitán le había prestado y abría, haciendo rechinar las bisagras, la entrada. Aquel sonido chillón le molestaba en los oídos pero sabía que el óxido y lo duro de la bisagra estaban hechos apropósito para que si alguien quería escapar los guardias lo oyeran.
Pasó el umbral, dejando atrás la luz para adentrarse en el sitio a penumbras, y la puerta se cerró tras él. No se molestó en volver a ponerle llave, la posibilidad de que uno de los seres capturados escapase de la jaula era casi nula porque estaban prácticamente drogados todo el tiempo y, de lograr huir, si intentaban abrir la puerta los piratas fuera se enterarían. Alguien que quisiera escapar podía ser ejecutado y reportado a quien esperaba la mercancía como un objeto defectuoso.
Nowell se quedó quieto unos segundos esperando a que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad, que cubría gran parte del lugar gracias a los poco faroles encendidos en la bodega, y a que se le pasaran la nauseas que le generaba entrar allí. El trato que tenían con las personas, animales o cualquier ser vivo atrapado era inhumano, asqueroso, violento y cruel. No podía creer que fuesen capases de tener de esa forma a un ser vivo por tanto tiempo, por semanas o inclusos meses de viaje para hacer la entrega. Pero menos podía creer que hubiese alguien que comprara personas y alguien que las capturara. Su barco pirata sólo era un transporte, pero la situación lo asqueaba de todas formas.
Tragó fuerte una vez y comenzó a bajar la escalera que lo llevaría a la planta del lugar. Mientras descendía, casi sin hacer ruido y sin tirar nada, respiraba lo más lento posible y poco profundo para no llenarse los pulmones del hedor que recorría el sitio. No deseaba pensar en la cantidad de desperdicios que había allí ni el tiempo que podían llevar pegados a diferentes partes del piso o paredes. Era por esa razón que necesitaban asear el lugar cada tanto, mantener limpias las heridas de las personas y evitar con eso enfermedades o epidemias. Era por eso que estaba allí.
Una vez sus pies tocaron el suelo se dirigió por el pasillo para ver a la mujer que más le interesaba entregar en buenas condiciones a su capitán. Según decía ella era un peligro, por eso le habían quitado algo importante, pero la quería lo suficientemente sedada y sana como para pedir un aumento por los servicios dados. Según le había dicho, ella no sólo era bella sino que además se trataba de un espécimen raro. El muchacho no tendía nada de todo eso y su líder le había dicho que tal vez su desentendiemiento era el resultado de su corta edad.
Era, de entre todos los piratas, el más joven. El único de los jóvenes que se había adaptado y sobrevivido, que aún seguía respirando por su cuenta. Tenía apenas poco más de veintiún años, su cuerpo seguía creciendo, su mente seguía afilándose pero su voluntad se veía quebrada por obligación ante de su capitán. No tenía opciones, debía acatar y mantenerse en silencio, sabía que aún no lo habían tirado por la borda pues les era útil la habilidad que sus ojos poseían y no querían perder la ventaja que les proporcionaba su presencia. Por eso tenía que ser cuidadoso. Nowell no apoyaba nada de lo que ocurría allí, a su forma saboteaba los planes que podía, intentaba escabullirse y que no le culparan de nada, pero a veces no podía evitarlo y quedaba en evidencia. Los pequeños tirones que las cicatrices más nuevas en su espalda le provocaban le recodaban a cada paso que esa vez debía ir con más cuidado.
Iría con pie de pluma, con tranquilidad, buscando evitar que lo descubrieran esa vez. Si las personas que estaban allí iban a terminar a manos de un cualquiera, de un hombre de dinero, en un prostíbulo o de esclavos, no sería él quien les diera un mal trato antes de entrar en esa vida horrible.
Se detuvo al fin en la última celda de la bodega, dejando las demás atrás e ignorando los gimoteos adormilados a su espalda. Sus ojos pudieron distinguir con claridad la figura apoyada en el fondo de la celda, con sus manos colgando de grilletes, su cuerpo caído sin fuerza y su largo cabello hecho un desastre. Respiraba, podía notarlo por cómo se movía su pecho, pero estaba débil. Se preguntó si alguien le había dado de comer o si la estaban debilitando adrede. Pasó saliva y sostuvo las cosas con una mano tras dejar el balde en el suelo para que no se volcara. El agua limpia era lo más importante.

—Oye —la llamó con suavidad, intentando usar un tono bajo—, ¿estás despierta? ¡Oye!

Mientras susurraba en la voz más alta posible, buscó el manojo de llaves que le habían prestado y colocó, de suerte, la correcta al segundo intento. Con medio giro la cerradura cedió y la puerta enrejada se abrió un poco.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 22, 2016 1:00 pm

¿Cinco días? ¿Una semana? No lo sabía exactamente Cuatro días completos sin comer y con los narcóticos encima parecían haberla convertido en una especie de masa uniforme. Había intentado seguir el ritmo de los días haciéndose pellizcos en las manos, pero entre que no tenía una noción real del tiempo y que allí la luz siempre era la misma no lo había llevado bien. Contaba al menos diez ronchas con el tacto de sus dedos, pero estaba segura de que al menos, las últimas tres, las había hecho en el mismo día o que había olvidado anotar otras cinco. El concepto de tiempo se había alargado y el encierro parecía llevar meses aunque una pequeña lógica escondida entre la nebulosa le gritaba que era imposible. A sabiendas de su estado, esa pequeña lógica se había convertido en su única guía.

El sonido de las goteras parecía repetirse en ecos interminables. El olor que al principio le daba arcadas, se había hecho tan natural que ya no lo sentía y sus ojos apenas si podían hacer foco entre las manchas en mil tonos de negro y marrón oscuro que era capaz de distinguir. Los tenía cansados y pesados, encapotados en sus hinchados párpados y subrayados en gruesas ojeras. El ámbar de sus ojos, que solía ser vívido, ahora estaba opaco. Su respiración tenía un ritmo pausado y superficial, se sentía tan espesa como la sangre en sus venas.

Intentó incorporar la cabza, pero el cuerpo le era muy pesado y le dió vueltas. El cuello le vibró y su cabeza cayó de un latigazo al frente. Cerró los ojos con fuerza, entre la oscuridad y las estrellas no conseguía más que marearse. Quería, al menos, tragar saliva pero ya no le quedaba líquido en el cuerpo ni para generarla. Contó hasta lo que creyó era 100 y abrió los ojos, comenzaba a creer que debía ceder. Su cuerpo no resistiría mucho más y su voluntad estaba a punto de quebrar, ¿con colaborar como querían podría mejorar?

Los ojos le escocieron, pero fue incapaz de llorar. ¿Qué era lo que estaba tan mal en el mundo que aún tenía sitio para trabajos como aquel? Se venció, dejando al cuerpo relajado. El polvo se desprendió de las cadenas, pero no pudo distinguir si lo había respirado. Cerró los ojos, se sentía tan extraña... Podía sentir hasta sus pestañas, como si sus sentidos se hubieran ampliado, pero a la vez no entendía nada de su contexto y era incapaz de pensar con claridad.

Escuchó el sonido de la visagra oxidada, ¿o lo estaba imaginando? Forzó su vista entre la cascada verde enmarañada para enfocar donde creía que el ruido provenía, pero no sólo no escuchó nada más sino que también no pudo ver más allá. Entre las opciones meditó que era el tiempo de renovar la dosis, de darle agua para mantenerla con vida, una hogaza de pan duro remojada en leche o volver a intentar violarla. Al principio había dado puñetadas, gritos y arañazos; al parecer a donde iba no les interesaba mucho en qué estado ella llegara, pero terminó alegando a los gritos contra el capitán si expresamente le habían dicho que no importaba y cuánto podía costarle la llegada de la mercancía usada. Eso paró el intento de abusos, pero redujo significativamente su ración de comida y aumentó el de las dosis. Ya no querían ni que hablara al parecer.

- Estoy despierta. -Hablar le dolió y su voz sonó ronca, desconocida. Había respondido desganada; había pretendido que su voz sonase alta, sana, entera, pero por el contrario había sido un susurro lastimero. Escuchó que abrían la puerta y tembló, con la fuerza que creía perdida alzó la cabeza, apenas y se abrió un poco su pelo para poder reconocer la silueta de un hombre.- ¿Porqué entras? -Tuvo cuidado de no titubear, sentía la vibración en la garganta amenazándola con tartamudear y mostrarse tan débil como se sentía. No le daría ese gusto.- Si haces algo gritaré al capitán. -Amenazó, aunque su tono desgastado dejaba muy en claro que lo que menos podía hacer en ese momento, además de huir, era gritar.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 22, 2016 4:25 pm

Lo sorprendió que la mujer dentro de la celda le respondiera, había pensado que tal vez estaba demasiado débil como para alzar la voz o pronunciar palabra pero se equivocó. Ella, a pesar de tener la voz ronca, le habló y respondió sus palabras con otras. Nowell la observó, sin adentrarse en el lugar, y notó que ella alzaba un poco la cabeza para clavar su mirada en él. Estaba seguro de que en ese lugar tan oscuro no podía verle el rostro, de que las drogas que aún estaban en su cuerpo le nublarían la vista, pero verla tan de frente le provocó un escalofrío.
Eso estaba mal. Muy mal. Detestaba que tuvieran que hacer ese tipo de trabajos con ese barco, detestaba estar entre los piratas y saber que estaba condenando quisiera o no a todos los seres atrapados a una vida miserable. Las mujeres, decían, solían ser las que más sufrían en la esclavitud pero en esos tiempos los hombres más jóvenes o con rasgos finos también sufrían destinos iguales a las muchachas. Detestaba todo aquello, lo hacía sentir repulsivo, miserable, le hacía creer que todo lo que pasaba se lo tenía merecido y al mismo tiempo renegaba de esa culpa que se tiraba encima. Él tampoco quería estar allí. Hacía lo que debía porque no tenía elección y cuando se rebelaba su premio eran más cicatrices y golpes en su cuerpo.

—N... —Su negación se cortó al darse cuenta de que había retenido demasiado tiempo el aire y debió volver a respirar para que la voz le saliera al fin—. No te haré daño —respondió dando un paso dentro del lugar y entendiendo que eso podía sonar mal—. Me enviaron a tratar tus heridas, no tengo intenciones de lastimarte.

Y hablaba con la verdad. Pese a que su voz sonaba un poco nerviosa y hablaba en susurros, estaba diciendo la verdad. No era como el resto de los bandidos de allí que el primer día se propasaban con cualquier fémina que tenían delante, él no tenía interés en lastimar a alguien si no era por defender su vida, no le veía la gracia a hacer llorar a una muchacha y desgarrarla por dentro para satisfacer un deseo sexual. Le parecía grotesco, asqueroso.
Le dio la espalda para tomar el cubo de agua y dejarlo dentro mientras guardaba las llaves en su bolsillo nuevamente. Tras eso cerró la reja para que la joven no pudiera escapar, no tenía sentido si salía corriendo y arriesgaba su vida en un escape que no saldría bien. Para huir ella primero debía bajar del barco, por eso también estaba allí y no sería a la única que le diría esas palabras.

—¿Está bien si me acerco? ¿Pueden indicarme dónde te duele? —preguntó acuclillándose en el suelo para quedar su altura y dejó a un lado la caja donde llevaba algunas medicinas y otras cosas escondidas—. ¿Las cadenas aprietan mucho?

Al hacer esa pregunta final, tras pasar sus ojos en la oscuridad por la joven, se fijó de nuevo en su mirada sin vida. A pesar de lo oscuro que estaba todo él podía verla con claridad gracias a sus ojos pero desearía no poder hacerlo, ver el rostro lleno de dolor y agotamiento le partía el corazón. No tenía alma de pirata, eso estaba claro.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 23, 2016 12:28 am

- Mh. -Dejó de mantener la vista en él sin confiar realmente en que no le haría daño, pero sin ninguna otra alternativa en realidad. Sus ojos nuevamente se hallaron con el color homogéneo del negro, ella supuso que era el suelo. Oyó la reja cerrarse y reprimió el cuerpo que quería tiritar con aún más fuerza, inspiró profundamente y retuvo el aire, contó hasta diez.

Estaba ignorándolo, dejando que el silencio le respondiera hasta que una pregunta le hizo soltar una gastada carcajada. "¿Las cadenas aprietan mucho?"- ¿Acaso no es para lo que están diseñadas? ¿Ajustar, impedir que te muevas porque podrías tener libertad? -Negó con la cabeza, más para sí que para él.- Lamento mi falta de humor, pero creo que la pregunta es un tanto... -"Idiota".- ...obvia... -Sonrió de lado y movió sus ojos a él una vez más.- Puedes acercarte, ¿qué te lo impide? -Se quedó un momento en silencio pensando en qué le dolía...

Qué no le dolía.

Qué le dolía más que todo.

Tenía las piernas cansadas y los brazos entumecidos, estaba convencida que al menos cada diez centímetros de piel tenía un moratón, raspón o cicatriz. Los dedos apenas los sentía, estaban helados y cada falange, al moverse, le causaba dolor. La espalda encorvada parecía cargar una mochila de piedras y un especial dolor estaba arraigado en su cintura siguiendo la ruta de su columna hasta la nuca donde tenía la sensación de cargar un collar de hormigón. El cuero cabelludo le tiraba, los labios partidos le ardían, los ojos le escocían y la planta de los pies estaban ampolladas. Las muñecas sangraban cada tanto por el roce de los grilletes que la habían dejado en carne viva (aunque ahora se cuidaba de no moverse ni luchar con ello, pero la piel ahora estaba tan débil que ante cualquier cosa cedía).

Y aunque todo le parecía un horror, era algo en especial, algo intangible y alojado en su pecho lo que le estrujaba el corazón, le cerraba los pulmones y le causaba impotencia.

- Me duele el orgullo. -No pudo contener más el temblor.- ¿Tienes en tu cubeta algo que lo sane? -Parpadeó un par de veces, como si buscara disipar las lágrimas que jamás saldrían. Se convenció de que no había nada más que dañarle, por lo que agachar la cabeza un momento no le sumaría ni le restaría puntos.- ...antes de usar el agua... ¿Podría beber un poco? -Preguntó tímida, como simplemente tirando la idea, dejándola en el aire sin importancia, como algo al pasar.- ...sobre qué tratar... -Con el cerebro aún entumecido intentó pensar qué era más urgente limpiar.- Creo que lo más expuesto a infección son mis muñecas, lastimé la piel en los primeros días y no pueden sanar propiamente... -Obvio que no tenía mayores heridas más que el hambre, la ruptura mental y el agotamiento físico, el exterior debía estar sano para la entrega y lo poco que tuviese no sería nada irreversible.

Excepto las muñecas, y ella misma lo había causado.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 23, 2016 5:02 am

Se sintió completamente estúpido por la pregunta que había hecho. Sí, por supuesto, para eso estaban las cadenas y grilletes que ella tenía puestos, para reprimir y evitar que ella se moviera, para apretar y lastimar. ¿Acaso era idiota para decir algo así? Suspiró ante su estupidez y abrió la caja para sacar la parte superior donde tenía algunas vendas, alcohol y ungüentos para dejar al descubierto el compartimiento inferior donde había escondido algo de comida debajo de unas gasas.
Sin embargo, se mantuvo lejos de ella. No sabía cómo empezar a tratarla, en qué fijarse primero o que no hacer, era un tema delicado tratar con los presos, más siendo él parte de los culpables de que estuviesen allí. Sí, era cierto que ellos no habían participado de la cacería, pero lo cierto era que resultaban cómplices de todo eso. ¿Y a quién le importaba? Eran piratas después de todo, eran personas destinadas a destrozar cuanta cosa tocaran por la vida y cobraban por ese tipo de cosas. Volvió a suspirar. No quería acostumbrarse a ser como ellos pero comenzaba a cansarse.
La respuesta de la joven sobre su orgullo lo hizo sonreír con tristeza, más el tema del agua hizo que lo pasara por alto. El orgullo era un asunto que él había dejado ligeramente atrás en el tiempo, algo por lo que intentaba no preocuparse ni molestarse, casi lo había perdido por completo. Sin embargo, podía tal vez decir que el escape o la supervivencia de ciertos seres atrapados gracias a su intervención lo hacían sentir orgulloso; más que nada cuando les ahorraba penas.
Sin responder una sola palabra, sacó desde el botiquín un cuenco de metal en el cual, se suponía, se debían dejar las agujas calientes cuando se preparaban para una sutura, pero que él tenía a mano con otras intenciones. La verdadera razón por la que tenía un cubo de agua no era sólo para limpiar heridas sino también para poder darle de beber a todos allí. Esperaba que una sola cubeta le alcanzara, no tenía excusa para buscar otra.
Metió el cuento en el cubo y sacó un poco de agua, no demasiada, sino la justo para que ella bebiera un poco. Si tomaba demasiada agua de golpe podía llegar a vomitar.

—Bebe un poco, con sorbos pequeños o te hará mal —le recomendó con tranquilidad, acercándoe caminando en cuclillas hasta poder depositar el cuenco en una de las manos de la joven—. Prometo darte más cuando termines, así que no te apures. También tengo un poco de comida, pero no podré darte demasiado, hay otros prisioneros que necesitan un poco —le explicó intentando con eso darle un poco más de confianza.

Se volvió a alejar de ella para dejarla beber en paz y volvió a su caja para sacar de allí algo de alcohol y un bote con ungüento para las heridas además de unas vendas finas. Si ella estaba lastimada en las muñecas corría bastante riesgo de infectarse pues los grilletes por lo general estaban oxidados y en una herida abierta eso era peligroso. Lo peor que podía pasarle era enfermar y morir de fiebre por una infección. Él no quería ver eso de nuevo, no quería atender a otro cautivo delirante que le pidiera ayuda para abandonar el mundo. No quería volver a hacer nada así.
Tomó aire profundamente y con tranquilidad volvió a ella, sentándose delante de la mujer a un paso de distancia. Dejó las cosas en su regazo y extendió hacia ella una de sus manos.

—¿Me dejarías ver tus heridas? —le preguntó con suavidad, esperando no alterarla demasiado—. No tengo nada para tu orgullo, pero puedo hacer que la molestia en tus muñecas sea menor.

Entonces recordó algo y rebuscó dentro del bolsillo interno de su chaleco verde. Allí llevaba un pedazo de alambre con el cual podría abrir el grillete. Una vez lo tuvo en mano observó a la muchacha a los ojos.

—Tengo que soltar tus manos para hacerlo, pero te sugiero que no me ataque ni intentes escapar. El pasillo está lleno de guardias y no les importo tanto como para que me uses de rehén. Hacer algo así sería peor para tí que para mi —explicó al fina, aún sin retirar su mano extendida.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 23, 2016 5:32 am

Manchas. Podía imaginar lo que pasaba, pero todo lo que veía eran manchas haciendo una forma parecida a lo que realmente debía ser. Sus labios se entre abieron cuando el cuenco tocó sus manos, tal cual como un niño pequeño al ver la botella de la cual quiere beber. Asintió obediente a la recomendación y subió las manos lentamente. Tomó un sorbo, lo mantuvo en la boca unos segundos y luego trago. Repitió el ciclo cada treinta segundos mientras lo escuchaba. Puso una pausa cuando ya había terminado un cuarto de la ración. ¿A los demás? Una sensación cálida le llenó el pecho. Probablemente era lo más amable que había escuchado en días, o que estaba lo suficientemente consciente como para procesar. Los ojos se le pusieron vidriosos y negó lentamente.- ...esta bien con esto... Prefiero que repartas y si sobra puedas atender a los más urgentes, no deja de ser una cantidad más generosa de la que recibo hace días... -Volvió a beber, deseando poder enfocar la vista y verle la cara aunque fuera en la oscuridad.

Pudo escuchar más ruidos y aunque veía las manchas no podía ya adivinar qué pasaba. Se detuvo cuando ya había consumido la mitad del cuenco manteniendo el ritmo. En un abrir y cerrar de ojos lo tenía nuevamente enfrente, pidiendo sus manos.- ...si... -Una sonrisa desganada se formó ante el comentario del orgullo. Dejó el cuenco a un lado y le tendió las manos ya más relajada.

Dió un respingo ante el aviso. Oh. Cierto. Esa era una opción. No se le había cruzado por la cabeza, aunque no sabía realmente si se debía a lo nubladas que tenia las ideas, que él no lo mereciera -de momento.- o que quería disfrutar de ese efímero mimo con la mayor paz posible. Esa paz que no había podido encontrar en días. Pronto las lágrimas fueron suficientes como para comenzar a rodar por sus mejillas.

- N-No te haría nada... -Inclinó el rostro e intentó secarse las lágrimas con el hombro. Aquella debía ser la principal razón por la que prefería no confiar en nadie. Al final del día era demasiado blanda y sentimental, valoraba mucho aquel tipo de acciones. Habría mantenido la guardia más en alto si sólo se enfocara en ella, pero aquel pirata estaba pensando en todos los enjaulados allí abajo.- ...sabes, no puedo verte y no quiero decirte mi nombre... Creo que es seguro no saber el tuyo... -Acercó un poco más sus manos y tanteó la tela de su camisa, atrapó con poca fuerza un trozo entre su índice y pulgar.- ...pero me gustaría una pista para poder identificarte si algún día puedo verte, creo que mereces... mereces... -El cerebro se le había trabado. Tenía la palabra en la punta de la lengua, pero no podía atraparla.- ...mereces... -Repitió en un sollozo entre el descargo, la emoción y la frustración.- Puta madre. -Bufó sintiéndose incapaz de terminar la oración.

Alzó la vista y se enfocó donde creía estarían sus ojos.

- Quisiera agradecerte sin parecer retrógrada... -¿Qué más podía decirle? Si ni una oración podía terminar.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 23, 2016 6:03 am

Una pequeña sonrisa se apareció en sus labio cuando ella dijo que prefería que le diera algo de esa comida a los otros en vez de a ella. Soltó un resoplido por la nariz, negando un poco, ¿por supuesto que le daría algo de comer! Ella era la "pieza" que mas le interesaba al capitán y a la personas que más habían debilitado, lo necesitaba mucho más que los otros. Pero por sobre todo el agua. Ella podía morir de deshidratación si seguían manteniéndola de esa forma.
Sintió en la oscuridad que ella tendía las manos y las vio pocos después. Primero las sintió, ásperas y descuidadas, con la piel seca por la sal que se impregnaba por todas partes al estar en alta mar. Era un pena aquello, sin embargo pudo saber por el tacto que de seguro ella tendría los labios de igual manera. Era bueno que hubiese llevado bastante agua esa vez. Sostuvo con suavidad las manos contrarias antes de ponerse a intentar abrir en la oscuridad uno de los grilletes.
Mientras una de las puntas del alambre encajaba y Nowell intentaba colocar la otra, escuchó la voz quebrada de la joven y notó sus movimientos. Ella se había inclinado más hacia adelante y se restregaba el rostro con los hombros. Sin entender qué sucedía, él la observó anonadado. ¿Estaba llorando? ¿Estaba llorando por su culpa? Un nudo en el estómago hizo que el joven se pusiera recto e intentó buscar algo que decir para que ella se pusiera mejor, pero sólo tartamudeó incoherencias mientras ella sollozaba un poco, llegando a tomar parte de la tela de su camisa entra palabras.
¿Una pista? ¿Algo para identificarlo que no fuera su nombre? ¿Que merecía un agradecimiento? ¿¡Qué clase de palabras eran esas?! ¡Él era parte de los hombres que iban a entregarla para la venta! ¡Él estaba allí porque querían mantener en buen estado la "mercancía"! ¡No se merecía esas palabras pues posiblemente todos sus esfuerzos fueran en vano y ella terminara sirviendo a un cualquiera o siendo prostituida como muchas muchachas! Nowell se sintió sucio, creyó que no merecía esas palabras y muchos menos esas lágrimas y, al mismo tiempo, saber que alguien podía ver ese rastro de amabilidad en él y tomarlo como algo importante, algo que podía definirlo, lo hacía feliz.
Sorbió por la nariz cuando sintió que estaba a punto de ponerse a llorar. No podía ser tan idiota. Concentró su mirada en el grillete y lo destrabó con un giro. Para que el metal no hiciera ruido lo sostuvo con una mano y dejó a un lado todo para poder sanar esa mano antes que nada. Si alguien iba a controlarlo y la veía desatada todo si iría al demonio.

—Es posible que jamás volvamos a encontrarnos, ¿sabes? —dijo él con suavidad, mojando un trozo de venda en alcohol para poder desinfectar la herida. Antes de apoyarlo le advirtió:—Esto va a arder un poco.

Con cuidado frotó la tela en las zonas lastimadas y sopló al mismo tiempo para que el ardor no se propagara demasiado tiempo. Hizo lo más rápido que pudo y pronto se encontró colocando el ungüento alrededor de la muñeca.

—Pero si tener una pista hace que dejes de llorar... —agregó luego de pensarlo un poco y se decidió por decir algo que nunca quedaba a la vista y que muchos con solo verlo lo rechazarían—. En mi nuca tengo una marca en forma de montaña. Como tres montañas, parece —comentó con tranquilidad, riendo al final—. ¡Es verdad que tu cabello es verde?

Eso era algo que había escuchado de sus superiores, pero no estaba seguro de si le estaban tomando el pelo o si era real. Ya que estaba allí iba a confirmarlo y, de paso, le daría charla la joven para que pasase un momento más ameno. Cortó y dejó aparte el trozo de venda usado para poder venderle la muñeca limpia a la muchacha.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 23, 2016 8:09 pm

- O puede que volvamos a encontrarnos... -Bajó la mirada a sus muñecas, en la oscuridad aún podía distinguir la diferencia de color entre su piel habitual y el sector a carne viva. Asintió a la advertencia e inspiró cerrando los ojos, ardería aún más bajo los efectos de las drogas y no quería que la tomara por sorpresa. Aún así seiseó, lo que calculaba no alcanzaba para lo que en realidad ardería. Frunció el ceño sin abrir los ojos aún.- ...gracias... -Susurró al sentir cómo soplaba. Tenía suerte que, aparte de ser desinfectante, el alcohol apagara su efecto de ardor pocos segundos después.

El engüento fue la calma definitiva y abrió los ojos cuando suspiraba de alivio. Justo para oír la pista. Sonrió.

- Me gustan las pistas... -¿Sería una marca de nacimiento? Se aclaró la garganta y notó sus manos libres. Se dejó hacer mientras le aplicaban el vendaje.- ...Tres montañas. -Se quedó pensativa y asintió.- Sí, mi pelo es verde. -Su mano derecha  ya estaba vendada. Con cuidado la subió hasta la mejilla ajena y lo rozó.- Gracias. -La bajó aún más rápido, no quería que pensara que buscaba hacerle daño o algo parecido. Acomodó la mano junto a la que quedaba.

- ...umh... Está muy oscuro para que lo puedas ver... -Se quedó quieta, esperando que le terminara de vendar la segunda muñeca.- Espera un momento. -Le pidió y llevó sus manos a un mechón de su nuca. Con manos torpes armó una trenza, lo intentó dos veces antes de quedar conforme al tacto (porque no podía verificarla con sus ojos). Terminada tomó valor, enredó la raíz en el índice derecho y tiró con determinación. Le dolió más de lo que esperaba, pero también se desprendió de manera más sencilla que en otras situaciones. Tomó la tira de cabello trenzada y la acercó a la muñeca de él para atarla, pero desistió nada más juntar los extremos.- Si te lo ato podrían notarlo... Y es un color extraño... -Enroscó el largo en un pequeño bulto y lo dejó en la palma de la mano de él.- ...así podrás ver el color, aunque seguro esté menos brillante... Y luego tirarlo. -

- Con que tres montañas... -Meditó un segundo y armó las oraciones veinte veces en su cabeza antes de hablar.- ...sabes, no te conozco, puede que tu comportamiento sea una completa fachada y yo simplemente esté comprando el papel pero... -Apretó con apenas de fuerza la muñeca izquierda de él con su mano derecha.- ...pero prefiero pensar que no es así y que de una u otra manera eres una especie distinto de prisionero, no pertences a esta basura. -Sorbió por la nariz.- ...y saldrás, como saldremos todos. -Hasta hacía unos minutos creía que lo mejor era rendirse, pero encontrar a alguien allí que podía poner un poco de rebeldía en algo tan humilde como darles agua sólo servía para susurrarle "siempre hay un modo". Y no podía rendirse, no iba a aceptar que ése era su lugar. Las cosas estaban mal y haría lo necesario para corregirlo.

Tomó el cuenco y volvió a beber un sorbo de agua.

- Awka. -Recordaba que en una oportunidad su padre le había hablado de lenguas nativas, recordaba esa palabra como Rebelde.- Para mí te llamarás Awka, creo que necesitaba un mimo para no bajar los brazos. -Se rió, con las lágrimas ya secas y el dolor más amortiguado.- ¡Te invitaré un almuerzo entonces! Se me da bien cocinar... -Y bebió más água, concentraría sus energías en mantener la salud que podía y saldría de allí, estaría atenta a cualquier oportunidad... Que no implicara poner en riesgo a Awka.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 24, 2016 2:20 am

Escuchar aquella pequeña palabra, aquel "gracias" repetido dos veces, fue como una panacea para el corazón del joven pirata. Sabía que lo que estaba haciendo no era nada realmente, si pudiese darle la libertad el lo haría, sanar heridas que pudiesen volver a abrirse era algo que no significaba demasiado al final de la vida de la muchacha. Sonrió de lado y asintió una vez, no muy seguro de que ella pudiese ver ese gesto en la oscuridad.
Saber que el rumor sobre el color de su cabello era cierto le causó mucha curiosidad, le gustaría poder verlo y se vio tentado con la idea de prender un farol para poder observarlo. Aunque, pensándolo un momento, tal vez por el el color de la llama el tinte del caballeo de la joven pudiese verse más bien anaranjado o de un color extraño. Era un a pena saber que posiblemente nunca pudiera verla a la luz del sol, con su cabellera libre y que no tendría oportunidades de apreciar su color de cabello. Las cosas curiosas le interesaban mucho, quería aprender, quería preguntar por qué tenía esa tonalidad, pero preguntar podía generare un lazo y eso le haría la partida de la joven muy dolorosa.
No quería sentir dolor, pero no por eso sería injusto o malvado con ella. No se lo merecía. No podía ser tan cruel como para protegerse él solo. Eso fue lo último que decidió mientras terminaba con una mano y, tras abrir con mayor facilidad el otro grillete, seguía con la otra.
Esperó en realidad que ella hiciese algo al respecto, pero la joven no se movió sino que le dejó seguir trabajando. Nowell volvió a pasar alcohol, a soplar y a poner un ungüento, pero se sorprendió cuando ella le pidió que esperase un momento.

—¿Te duele? —susurró al sentir que retiraba sus manos y se las llevaba a la nuca. Apenas podía distinguir del tono qué estaba haciendo con uno de los mechones de su cabello—. ¿Qué...?

La mano que sostenía el mechón de cabello trenzado hizo un movimiento brusco y a pesar de la oscuridad notó que ella acababa de arrancarse parte de su cabello. ¡Eso era una locura! ¿Qué pasaba si acababa de hacerse una nueva herida? Alarmado, el muchacho sintió sus manos temblar y el corazón darle un brindo cuando ella rozó su muñeca desnuda intentando atar allí aquella trenza de cabellos verdes.
Los ojos del pirata se abrieron sorprendidos y tardó un poco en cerrar del todo los labios al entender sus intenciones. ¿Lo había hecho por él, para que saciara su curiosidad? Apretó los dedos alrededor de los cabellos verdes con la promesa de que los observaría a la luz del sol y que intentaría imaginarse un brillo más sano en ellos. Tirarlos iba a ser difícil, pero no sabía explicar por qué podía afirmar así.
No podía explicar muchas cosas de ella, así como no sabía cómo tomarse todo aquello. Pensaba si debía estar preocupado o más bien angustiado, si alegrarse por su gesto o preocuparse por la rapidez con que había hecho algo que podía causarle daño. Esa mujer era extraña, extrañamente decidida y fuerte para ser una dama y eso, de alguna forma, le parecía atractivo. ¡¿Qué clase de cosas estaba pensando?!
Abochornado por su propia mente, bajó la mirada un poco y sopesó el peso de los grilletes. Sabía que si no quería levantar sospechas tendría que colocárselos de nuevo, pero decidió que hasta que terminara de sanarle todas las heridas no volvería a atarla. Cuando ella volvió a hablar sus ojos se atrevieron en posarse en la figura en tonos negros delante de él.

—No es una fachada —se defendió mientras sentía cómo los dedos de ella se cerraban entorno a su muñeca, a esa que no había soltado—. Sí, soy distinto pero...

pero él no era un prisionero allí, él había sido comprado, era parte de ese lugar, un objeto más del cual el capitán podía disponer a su gusto, el cual era obligado a hacer trabajos en los que no se sentía cómodo y a cuidar la tripulación con la que apenas se llevaba. Sí, poco a poco y con falsedades había podido encontrar un espacio donde moverse con libertad, pero no era lo que deseaba. Él quería volver a esas épocas en las que era feliz con su madre y padre adoptivos, en el faro, antes de que toda la verdad fuese descubierta, antes de que los piratas llegasen, antes de que su mundo quedase dado vuelta.
"Awka", fue ese el término que lo volvió a la realidad. Observó a la muchacha de nuevo, sin entender a qué se refería, y una sonrisa suave se apareció en sus labios. ¿De qué estaba hablando? Aunque ella había dicho que podían volver a encontrarse, Nowell no iba a tomar falsas esperanzas. El cargamento lo entregarían en un puesto cercano en poco tiempo y tras eso volverían a alta mar, no había forma de que volvieran a verse y mucho menos como seres libres. Él estaba condenado a estar allí.
Y, sin embargo, no pudo destrozar la ilusión de esa joven muchacha. Era como si con cada una de sus palabras intentara iluminar su camino y con sólo hacer eso llevaba a la cabeza del muchacho a pensar varias formas de poder hacer algo por ella. ¿Por qué? Porque era la primera vez que un prisionero no decía que deseaba morir. Ella hablaba de salir, de se diferente, de volver a encontrarse y cocinar. Ella era distinta también.
Se guardó en un bolsillo el mechón de cabello de la joven.

—Entonces —le propuso con suavidad, tomando de las manos de la joven el cuento de agua en cuanto ella lo bajó de sus labios para volver a llenarlo, teniendo que alejarse a gatas de su posición—, cuando nos reunamos fuera, libres, y me invites un almuerzo te preguntaré tu nombre y tendrás que decírmelo. La próxima vez que nos encontremos —murmuró volviendo al lugar y tendiéndole el cuenco una vez más—, no habrá secretos de identidades.

Era como una promesa tonta pero si eso le deba esperanzas a la joven estaba bien.

—¿Tienes otra zona adolorida? Ya sabes que no puedo con el orgullo —le recordó con un tono suave, casi bromista a pesar de la situación mientras corría a un lado los grilletes—. ¿Prefieres pan o algo de fruta? Lamento tener que darte a elegir pero no tengo demasiado —agregó atrayendo a su lado la caja con medicinas para poder volver a meter dentro el alcohol y los restos de las vendas—. ¡Ah! Puede que tenga algo más dulce por aquí —agregó revisando los varios bolsillos de su chaqueta.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 24, 2016 3:26 am

Tal vez por la compañía, los ánimos o el agua, o todo junto, empezaba a sentirse al menos un poco más animada. Una carcajada suave escapó de su garganta.- Sin secretos ni identidades, hecho. -Se quedó quieta, medio atontada, con la cabeza esponjosa sintiendo sus muñecas más aliviadas.- Algo más llamativo que mi cabello son mis ojos, pero no pienso quitarme uno para que los veas. Tampoco te diré el color, será mi sorpresa para cuando estemos más... más... -Otra vez las palabras escapaban de su léxico. Su humor se saboteó un poco al saberse nuevamente incompetente.

Se quedó meditabunda hasta que olvidó el hilo de la conversación, la siguiente pregunta de él la trajo de vuelta.- ...umh... En sí serían los pies... Pero... -La sangre se le agolpó en el rostro.- so es más desagradable, en realidad debería romper las ampollas y se ahí limpiar para que no se infecte -Sabía esa clase de cuidados de memoria, pero el procedimiento normal...- ...el procedimiento es válido si luego hay un aire limpio y seco donde se pueda sanar la curación, aquí... Aquí no tiene sentido hacerlo. -

Cerró los ojos un momento, con el cuerpo más relajado podía sentir el cansancio decir presente.

- Fruta estará bien. -Eligió, pensando en lo que le haría mejor consumir y en que debía dejar de agotar el tiempo del muchacho, después de todo habían más cautivos a quienes estaba retrasandole la ayuda. Se rió ante lo dulce.- ¿Algo más dulce? -Negó con la cabeza un buen rato antes de caer en la cuenta de que él no podría verla.- Cántame una canción. -Pidió.- Es todo lo dulce que necsito, algo de fruta y una canción de cuna para dormir. -Tanteó el suelo a ciegas hasta dar con las rodillas de él. Gateó lo que el cuerpo le permitió y apoyó su lado derecho del cuerpo en el izquierdo de él, descansando la cabeza en su hombro. Tenía olor a mar.- ...debo dormir... Así tendré fuerzas para cocinar... -Entre el cansancio y las drogas, su mente comenzaba a divagar.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 24, 2016 3:02 pm

Soltó una suave risa por lo bajo al escuchar sobre el color de sus ojos. ¡Se alegraba de que al menos fuera lo suficientemente sensata como para no hacer algo así! Además, ¡dónde iba a guardar un ojo en todo caso? La idea le era, de por sí, un poco asquerosa. Y, sin embargo, aquel tono con que lo había hecho, por más palabras perdidas luego, le hicieron saber que ella estaba sólo un poco mejor que apenas momentos atrás. Esperaba que ese estado le durara lo suficiente como para no querer abandonar la vida sin pelear.
Al saber que los pies de la joven estaban heridos, Nowell no dudó un momento antes de inclinarse para poder tomarlos pero las palabras de la prisionera lo detuvieron. ¿Desagradable? Poder ayudarla con sus heridas no le parecía desagradable. Conocía lo que podían doler ese tipo de ampollas y que podían llegar a sangrar, si eso ocurría allí podría infectarse y tener un dolor peor. Era cierto que con el sol y el aire limpio sanarían más rápido, pero limpiarlas y ponerles un vendaje aliviaría la molestia. Tal vez hasta podría conseguir algo de agua salada para mejorar su condición... Sacudió un poco la cabeza. ¡Como si le fueran a dejar entrar allí dos veces seguidas en el mismo día! Eso levantaría sospechas.
Se quedó meditabundo un momento, repasando mentalmente todas las cosas que tenía en el botiquín cuando ella respondió de nuevo.

—Fruta, claro —comentó él y sacó la parte de encima del botiquín para poder tomar de allí una manzana.

No había podido tomar demasiadas cosas de la despensa. Apenas tenía una mandaría, dos manzanas y dos hogazas de pan como para repartir. Creía que al menos podría darle la mitad de una de las manzanas y una canción. ¡¿Qué?! Volvió sus ojos a la joven sintiendo que sus mejillas se sonrojaban ante aquel pedido tan extraño y todo su cuerpo se puso en tensión cuando ella se acercó gateando tras tocas sus rodillas. Nowell contuvo la respiración al sentir que ella se le apoyaba en su lado izquierdo y descansaba su cabeza en él. ¿Qué estaba haciendo?
El muchacho balbuceó una tontería y volvió la cabeza hacia ella, obligándose enseguida a ver hacia otro lado pues la tenía muy cerca y por más bueno que fuera, seguía siendo un hombre de veintiún años. Estúpidas hormonas.

—Y-yo... cre-creo que no se ninguna —murmuró como un idiota mientras sacaba de una bota un cuchillo y cortaba la manzana, centrando su atención en la fruta que veía a la perfección e intentando no concentrarse demasiado en la cercanía de la muchacha—. Madre murió... —Se detuvo y dejó el otro trozo de manzana en el botoquín para poder cortar un trozo más pequeño—. Mi madre fue asesinada cuando era pequeño, no recuerdo mucho de esa época —le comentó como algo normal en la vida de una persona y ese recuerdo calmó su corazón aclarando su cabeza.

Sin decir más, tomó el trozo pequeño de fruta con una mano y se atrevió a llevarlo hasta los labios de la joven para que pudiera comer. Era un pedazo delgado de manzana, pero no debía llenarse el estómago de pronto.

—Come con lentitud —le pidió.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Lun Jul 25, 2016 11:22 pm

Se quedó en silencio al oírlo, no sabía exactamente qué responder. Perder a un ser amado de esa forma tan abrupta y fría debía ser un golpe demasiado duro, no quería ni imaginarlo... El olor dulce de la manzana y su tacto frío en los labios la trajo de regreso. Separó los labios y mordió al tiempo que subía la diestra para sujetar la parte baja de la porción.

- Comeré despacio. -Prometió procurando masticar una y mil veces antes de tragar.- Lamento oír lo de tu madre... -Aunque, ¿realmente debía decirlo? Él lo había contado de una forma tan natural...- ...no puedo ni ponerme en tu lugar, no quiero hacerlo... Peor bueno, no ahondaré en el tema, para decirlo tan abiertamente habrás tenido tu esfuerzo, no quiero tirarlo... O descubrir que no lo sientes. -Masticó una porción más y, al tragar, prosiguió.- Entonces... Yo te enseñaré. -Un tercer bocado, unos segundos de silencio mientras lo saboreaba y se aclaró la garganta nada más tragar.

Cerró los ojos recordando a su madre, intento evocar al menos una de las canciones de cuna que siempre le cantaba (en un momento a ella y su hermano, y luego una tanda a ella sola, pues él estaba ya mayor).

- Mira, mira, el sol está. En el cielo va a brillar... -Recordaba que con los años su padre le había contado que su mamá usaba ritmos de las nanas conocidas para darles letras propias.- ...en la noche se esconderá, la luna lo reemplazará... -Al parecer le gustaba darles a sus hijos la idea de que participaban del mundo.- ...estrellitas estarán esperándote a soñar... -Que eran indispensables para que éste girara, que las estrellas eran las guardianas de sus sueños para que descansaran en paz.- ...mira mira el sol estará esperándote a jugar... -Y que el sol siempre los esperaría antes de brillar en la mañana.

Se quedó tarareando el ritmo de la canción simplemente, apagándose poco a poco. Las letras muchas veces parecían forzadas en los ritmos y capaz no rimaban, pero era imposible no sentir el calor en el pecho cada vez que entonaba una de esas nanas. Imaginar a su madre pensando las letras para ellos la llenaba de regocijo. Mordisqueó el último trozo de manzana.

- Mi mamá cantaba mejor. -Se excusó, ella nunca había sido buena entonando debía admitir, apenas si podía mantener una voz aceptable en una canción corta y simple como aquella.- Ahora tienes algo que poder cantar a otros, para que sepan que las estrellas los cuidan, la luna los misma y el sol los espera cada día. -Estiró la mano derecha sobre su cabeza y buscó la mejilla de Awka para picarlo con el dedo índice.- Podemos practicarla si quieres, pero antes... Otra. -Pidió la manzana, separando los labios y diciendo como una niña: - Aaaah~ -
La "nana" tiene el ritmo de twinkle star.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 26, 2016 1:06 am

Cuando sintió la mano de ella cerca de la fruta, tomándola desde la base, le permitió hacerlo y bajó su mano para poder seguir cortando algo de fruta. Aunque no fuera muy limpio, dejó cada trozo sobre su pantalón, sin importarle ensuciarse ni nada. ¿Qué importaba un poco de tierra tras todos los días que ella había estado metida ahí? De seguro no le molestaría.
Sonrió con calidez al escuchar sus palabras sobre la muerte de su madre. No era necesario que lo lamentara, habían pasado unos quince años desde aquello, ya no sentía dolor en el pecho con solo recordarlo. Estaba bien, a pesar del poco tiempo que había pasado con ella pudo disfrutar lo suficiente, reír lo suficiente y ser abrazado los suficiente por su madre. Su sonrisa se volvió un poco más triste: esas eran simples mentiras, daría lo que fuera por verla una vez más o al menos por poder volver a ver su tumba y dejarle una flor con la mentira de que él estaría bien.
Apartó aquellos pensamientos de su cabeza cuando la joven a su lado dijo que le enseñaría. ¿Qué cosa? Quería preguntarle pero antes de hacerlo ella se aclaró la garganta. ¿Acaso iba a...? Sí, no estaba equivocado en su suposición.
A pesar de la voz áspera, tomada, seca por la falta de agua y débil, esa canción le llegó al alma. Cada pequeña frase salida de los labios agrietados de la muchacha, la calidez en su voz, las imágenes que evocaba aunque fuera una simple canción infantil le alivió el alma. Podía ser una tontería para muchos, pero en la vida hostil que llevaba poder tener una muestra de dulzura, una voz susurrante y la calidez de alguien cerca era tranquilizador. Más aún cuando a su lado no estaba una joven ofreciendo su cuerpo o uno de su compañeros intentando hacerle algo extraño, sino una joven que, como él, necesitaba un mínimo refugio de la realidad. Nowell agradecía estar allí.
La voz de la joven se apagó al final, el tarareo continuó un poco más e incluso él cerró los ojos para escucharla. Cuando ella volvió a hablar normalmente, los párpados del pirata se separaron. Su corazón estaba más calmo pero al mismo tiempo más fuerte. Algo había encajado en su cabeza y le estaba ayudando a tomar una resolución.
Sintió el dedo de la muchacha en su mejilla y volvió a alcanzarle un trozo de manzana hasta los labios en silencio. Se quedó allí por dos, tres, cuatro segundos y luego tomó aire profundamente.

—Creo que no olvidaré esa canción nunca —murmuró de pronto, con una voz más suave que antes y dejó el cuchillo a un lado—. Escucha —murmuró volviéndose a ella, rozando con sus labios los cabellos verdes que no podía ver bien—, voy a ayudarte a escapar. No, más bien, voy a darte una ayuda para que puedas hacerlo, huir será todo cosa de tu habilidad pero... tendrás que ser paciente.

Nowell respiró profundamente y volvió la mirada fuera de la jaula, esperaba que no entrase nadie pronto, necesitaba un poco más de tiempo.

—No voy a dejar que te entreguen sin más, no es justo, no lo mereces... —agregó con un tono cargado de pena y, al mismo tiempo, de ira hacia sus propios compañeros—. ¿Estás de acuerdo?

Y esa era la pregunta final, pues si ella prefería quedarse allí, entonces él no tenía nada que hacer, nada más que decir y respetaría su decisión. Si ella no quería huir él la dejaría allí, la vería partir y simplemente intentaría desechar los pensamientos de lo diferente que podría haber sido su vida en libertad.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 26, 2016 9:23 pm

Apartó la manzana de sus labios, bajando la velocidad con la que masticaba el trocito en su boca. Intentaba procesar lo que estaba oyendo. ¿Qué le decía? Sí, escaparse. Entendía ese concepto, pero... ¿Y los otros? Frunció el ceño sintiendo cómo la sensación de adrenalina y enojo le disipaba el cerebro por unos instantes.. ¿Porqué no primero los otros, o alguno? ¿Porqué no todos?

Separó los labios para protestar, cuando una respuesta sencilla la abofeteó de golpe, dejándola sin aire. "Porque no puede con todos", "Porque ayudar a uno incluso es demasiado riesgo". El cuerpo se aflojó y apuró el trozo de manzana a la garganta.

- No soy la única que lo merece. -Reflexionó en un comienzo.- Pero no seré tan estúpida de rechazarlo... Podría ser mi única oportunidad... -Hablaba en susurros. Por algún motivo sentía que las paredes podían estar atentas a todo lo que allí dentro sucedía.- ...gracias... -Soltó con la voz un tanto quebrada después de unos segundos de silencio. Se refregó los ojos, sentía que estaba a punto de llorar.

- Perdón si te traigo problemas por esto... -Estaba un poco más compuesta. Probó un poco más del gajo de manzana que llevaba en la mano.- ...prometo compensarte con un excelente almuerzo... -Se rió desganada, intentando animar y esquivar la idea que aquello no era pago suficiente para el castigo que podía aproximarse al pirata si era descubierto. Siquiera el riesgo lo valía, y eso sin tener en cuenta que cabía la remota posibilidad de que siquiera él llegase a ese día.

- ¿Cuál sería la oportunidad? -Quiso saber aún en susurros. Debía saber. Después de todo tenía que comenzar a pensar cómo y cuándo aplicarlo para actuar correctamente.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 26, 2016 9:58 pm

Nowell sabía, por más que lo dijera en ese tono, que lo que estaba proponiendo era injusto para los demás y que posiblemente fuera algo salido de su propio egoísmo. Aún así, no podía evitar querer ayudarla porque había descubierto que era una mujer más amable que otras personas, porque de alguna forma había llegado a él y porque había escuchado sobre los rumores de cuánto valdría ella en el mercado. Además, si no estaba mal informado, supuestamente ella estaría acompañada de dos o tres "entregas" más en el siguiente puerto y el resto de las personas y animales allí enjaulados eran para otros sitios. Tenían una ventaja allí, si la atención estaba distribuida entonces podría encontrar una oportunidad.
Desvió su rostro de nuevo hacia abajo, apartándose de los cabellos suave, y observó la oscuridad mientras pensaba. Problemas iba a tener muchos, pero de seguro encontraría la forma de escabullirse, aún faltaba para llegar y posiblemente recibiera otra visita de algún otro pirata, podría poner eso como excusa aunque su historial con respecto a ir en contra de los planes de su líder era amplio. Se mordió el labio y asintió una vez ante esa compensación que, aunque no lo decía en voz alta, posiblemente nunca llegara. Si ella lograba escapar viva las posibilidades de volver a encontrarse sería pocas y además de seguro el destino final de alguien como él era una horca.
Tragando esos pensamientos amargos se llevó una mano a la nuca, donde estaba su cabello amarrado en una coleta baja con un listón, y desató la cinta para tenerla a mano. Si cortaba un pedazo y trababa con eso la cerradura de los grilletes de seguro ella podría quitárselos de un movimiento brusco si nadie se daba cuenta de que eso estaba allí. Sólo tenía un problema: debería disimular su cabello atado para poder salir como había entrado. Recordó entonces la trenza de cabello verde que tenía en un bolsillo y sonrió. Allí estaba la solución.
Tras un momento en silencio carraspeó para poder hablar en susurros.

—Cuando te bajen del barco —le informó con tranquilidad—. Me encargaré de dejar roto el mecanismo de los grilletes. Necesitarás un bien tirón o golpe para poder quitártelos, pero con eso tendrás las manos libres y los pies nunca suelen atarlos —le informó pasándole entonces otro trozo de manzana, apenas le quedaban un par más.

Entonces se detuvo de nuevo y levantó la cabeza un poco, irguiendo más su postura e intentando que la duda no lo atacara.

—Prometo que intentaré ayudar también a los demás, pero por desgracia eres la única que parece lo suficientemente lúcida para entender algo de lo que digo. Creo que las dosis han afectado más al resto —murmuró con pena y eso le recordó algo importante—. Escucha, luego de que me vaya no vuelvas a tomar agua, allí colocan el sedante, no podrás estar sedada para escaparte.

Y ese era un punto importante, porque si estando drogada ella intentaba huir y por casualidad notaban parte de su listón en la cerradura de los grilletes él sería el próximo en caminar por una table directo al mar.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 27, 2016 12:23 am

Oía con cuidado el detalle mientras tomaba una rodaja más de manzana. La acabó mientras él finalizaba y, por su lado, ella terminó de beber todo el contenido del cuenco. No beber más agua... Pero, ¿cuántos días estarían antes de llegar a destino? ¿Cuántos días estaría realmente sin agua? Tragó duro. No, no era momento para dudar y acababa de ser abastecida con suficiente como para, al menos, intentarlo costara lo que costara. Debía dormir todo lo que pudiera para reservar la energía, hacer la menor cantidad de movimientos y fingir aquel estado somnoliento en el que había estado sumido desde hace días y ahora comenzaba a despertar.

- No beberé del agua. -Repitió como una promesa, por comunicárselo y por memorizárselo. Comenzó a pensar en qué momento sería más apropiado moverse, soltarse o correr. Decidió que el instante sería cuando la bajaran por la plataforma. Más de dos hombres (Uno delante y otro detrás) no podrían estar en la misma tabla que ella, y para escoltarla. El ancho de la tabla no debía superar el ancho de una persona y no le quedaba más que confiar en la fuerza del mar la arrastrara lejos de allí. Reservaría sus fuerzas para nada todo lo que pudiera, lejos de allí, lejos de ellos y lejos de Awka.

Se mordió el labio inferior, le gustaría que él pudiese seguirla. Pero no debía dudar, y si quería asegurar su libertad como el bienestar del muchacho debía escapar de forma satisfactoria.- No beberé el agua... -Repitió mientras sus ojos comenzaban a ceder a los párpados. Antes de darse cuenta recargaba su peso total en el costado del chico, conciliando el sueño por primera vez en días y soñando con un escape que implicaba tener encima las dragonstone para poder sacar a todos de ahí dentro, incluyendo al ángel de la guarda que había conocido esa misma tarde. ¿Sería la tarde? No lo supo, jamás lo sabría, pero estaba segura que a él nunca lo olvidaría.
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 27, 2016 1:13 am

Escuchó la respuesta de la joven, débil y más suave que antes. Su cuerpo, poco a poco comenzó a sentir que el paso de ella se hacía mayor a medida que la joven se relajaba sobre él. Nowell se quedó quieto hasta que escuchó su respiración acompasada y solo entonces se atrevió a correrse. Tomó ala muchacha por los hombros para poder dejarla recostada en el suelo a su lado. Una vez libre del peso de ella se encargó de tomar los grilletes y de cortar a medida la cinta con la que había estado atando su cabello, los restos los guardó en su pantalón.
Al tener eso preparado, con cierta pena encadenó de nuevo a la muchacha. Tomó su mano derecha, la colocó sobre uno de los lados del grillete y lo cerró dejando la cinta de por medio. Movió el cilindro de metal un poco, intentando no despertarla, para probar si se abría pero al notar que no lo hacía le dio media vuelta a la cerradura para trabarla. Eso haría que con un buen tirón se pudiera soltar pero que si alguien intentaba probar si estaban cerradas correctamente esas esposas pareciera que así era. Aquel se trataba de un truco barato pero en la oscuridad y con las prisas de seguro lo pasarían por alto. Sólo esperaba que realmente funcionara como cuando él mismo lo había probado tiempo atrás.
Hizo lo mismo con la mano izquierda de la joven y la dejó al fin esposada. Tras ello guardó todas las cosas nuevamente en su lugar: las frutas fueron a la parte de abajo de la caja de primeros auxilios, el cuenco de metal a la parte de arriba junto a las vendas y cerró todo con cuidado de no dejar nada que levantara sorpresas. Por último, antes de ponerse de pie, se amarró el cabello con la trenza que la joven le había dado, simulando el mismo peinado de antes, y acercó todo su cargamento a la puerta.
Le habría gustado dejarle a mano un poco más de agua pero sabía que no tenía lugar donde esconder un recipiente. Así que, dándole una última mirada, abrió la reja y salió obligándose a no mirar de nuevo adentro ni siquiera cuando cerraba de nuevo con llave esa maldita cárcel.
Aún no tenía tiempo de relajarse o de sentirse mal por el destino de los demás, antes de salir de allí debía sanar correctamente al resto de las personas allí metidas y no se iría hasta estar seguro de que su deber estaba completo.

-Fin del tema-
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Re: When the jailer is gone, the prisoners cry [Flashback - Privado]

Mensaje por Eliwood el Jue Ago 04, 2016 5:36 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Cada uno obtiene un incremento de +1 EXP.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Esp. de bronce [1]
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gota de Veneno [2]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3588


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