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Ficha de Aran

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Ficha de Aran

Mensaje por Aran el Mar Jul 05, 2016 6:45 pm

Aran
Soldier
"Tan solo un soldado cualquiera"

Datos
Nombre: Aran
Edad: Veinte años

Clase: Soldier

Especialización:
Lanzas

Afiliación: Begnion [Tellius]

Ocupación: Soldado de Begnion

Personalidad

Aran es un hombre, en esencia, muy tranquilo, y que suele no ser el centro de atención, pues poco hace para ganarse aquel puesto. Cuando viste la armadura, se reduce a seguir órdenes y a obedecer a la persona en cargo (por mucho que le desagrade o no), por lo cual pasa la mayor parte del tiempo desapercibido, indistinto de sus compañeros. Eso sí, debajo del yelmo, sus ojos son esquivos y enérgicos, miran fugazmente los rostros de los demás, y se apartan apenas son descubiertos. Su actitud recatada nunca ha superado su curiosidad instintiva, y mucha de esa faceta se revela cuando no debe de hacer frente a un superior, y se encuentra concurriendo un pueblo o ciudad.

Aran es tímido fuera y dentro de servicio, y nunca es demasiado expresivo con sus emociones. Siempre habla de la manera más educada posible hacia sus superiores e incluso iguales, y por mera costumbre, quizás lo hace para nunca dejar de ser invisible o para no meterse en problemas. Su único interés como soldado es reparar lo que Begnion le ha dado a lo largo de su vida, lo que no significa que esté de acuerdo con imponer el nombre de su reino sobre el resto. Se siente muy en tono con los pueblerinos de todas partes del mundo, y le disgustaría en gran medida luchar contra ellos (porque son en realidad muy similares).

Sin la armadura puesta, en cambio, Aran revela muchos más rasgos de su personalidad. Resulta que se trata de una persona de sonrisa fácil, y está dispuesto a enfrentar cualquier malentendido con tal de no ganar enemigos. Es amble, y tiene un claro sentido de la justicia. Sigue siendo esquivo, y apenas mira con el rabillo del ojo las cosas que le interesan, pero es mucho más probable que inicie una conversación amistosa si cree que debe entablar una o si se encuentra de humor.

No se trata del tipo de persona consumida por el deber, como la mayoría de sus compañeros de armas, pues es capaz de cometer uno que otro error tanto dentro de las filas como un ciudadano. Es terco como el ganado (algunos podrían detestarlo por lo cabeza dura que es), aunque hay situaciones en las que fácilmente puede conformarse con lo que está pasando. Es honesto hasta consigo mismo.

Siempre tiene la iniciativa de ayudar a todo aquel que lo necesite. No le molesta la vergüenza, podría meterse en cualquier situación con su buena voluntad en frente. Es parte de su trabajo ayudar a los ciudadanos, por supuesto, pero él lleva la ayuda a un nivel muy personal.

Suele pasar por situaciones muy estúpidas, ya que cuando no se trata de manejar un arma, es bastante torpe (aunque, por supuesto, sabe lo justo y necesario para sobrevivir por su cuenta).

En resumen, una persona sencilla (nunca recibió una educación ejemplar), comprensiva y honesta, aunque guarda demasiados secretos para sí mismo.

Historia del personaje

Aran nación en Daein, específicamente en Kisca. Su padre era carpintero, y su madre, una simple ama de casa, además de vendedora de los trabajos de su esposo. Ambos lo criaron lo mejor posible con los recursos que tenían, y gracias a ellos, nunca pasó mayores dificultades de niño.

Durante su crecimiento, su mejor amiga fue una chica dos años menor que él, quien vivía en el mismo pueblo y muy cerca de su hogar. Como era mucho más joven que él, siempre la consideró una hermana menor, y la cuidó y defendió como tal, ya que ambos eran hijos únicos y tan solo se tenían el uno al otro. Vivieron de la misma manera hasta que Aran cumplió diez años, y ella, ocho. Fue entonces cuando el primero perdió a su familia.

Todos los eventos ocurrieron a lo largo de un solo día. La casa de Aran estaba entonces dividida en dos secciones, siendo una parte tienda, y la otra parte su hogar. Sus padres estaban en el sector de la tienda (que también era taller) atendiendo a un individuo. Al parecer, esta persona no estuvo de acuerdo con el precio de algo que había encargado, y discutió largamente con su madre. Hizo de la tienda un destrozo, y anunció que volvería más tarde, pero no dijo cuándo. Ambos fueron a llamar a la guardia, y ellos respondieron con la promesa de que "estarían atentos".

Durante la tarde, ellos llegaron, pero fueron ahuyentados por la guardia. Creyendo que todavía no estaban seguros, ambos padres cerraron la tienda antes de lo acostumbrado, y enviaron a Aran a casa de su amiga. Esa misma noche, su hogar ardió bajo las llamas, desapareciendo para siempre. El joven nunca supo qué fue exactamente lo que paso, pero sabía que, a partir de entonces, era huérfano.

No lo dejaron quedarse en casa de su amiga. Se lo llevaron a un orfanato al otro lado de la ciudad, y no lo dejaron salir por una gran cantidad de tiempo. Fueron momentos muy duros, y entonces Aran creyó que su vida se había acabado para siempre. Sin embargo, en el momento más amargo llegó una bendición para el joven. Un mercader que iba de paso y que provenía de Begnion lo vio un día a entradas del orfanato, y le hizo multitud de preguntas que le levantaron el ánimo. Ambos entablaron una rápida amistad; el mercader lo visitaba todos los días después de trabajar, y hablaban sin descanso hasta que se ponía el sol. Fue entonces cuando el mercader eligió adoptarlo.

Lo único que extrañaría de Daein, pensaba Aran, sería a su pequeña hermana. Pero ella todavía tenía una familia que la quería, tenía muchas razones para permanecer en aquel reino. Así, el joven partió a la nación vecina, descubriendo todo un mundo nuevo de posibilidades. El mercader tenía una familia muy grande, gracias a eso Aran no volvió a sentirse solo igual que en el orfanato. Fue un largo período de recuperación, pero el peliverde logró sobreponerse a lo que sucedió a su familia, y comenzó a crecer con energía. Siempre estuvo agradecido de Begnion y su gente, por haberlo rescatado. ¿Que hubiera sido de él si no?

Nunca destacó en los estudios, pero terminó siendo el más fuerte de todos sus hermanos adoptivos, cosa que causaba admiración. Todos le sugirieron unirse al ejército de Begnion, pues destacaría como soldado ejemplar. Aran vio en ese trabajo la oportunidad de hacer valer su estadía, y aceptó ser recluta a los dieciséis años.

Nunca rompió la norma, y rindió con suficiencia. Al pasar los años dejó de ser recluta, y terminó siendo soldado oficial. Al ser soldado oficial, tuvo que aceptar el permanecer lejos de su familia. Tendría entonces que participar de campañas en contra de los Emergidos. A los veinte años, Aran pertenece al tercer escuadrón de soldados a pie de Begnion.

Extras

•Tiene el gesto involuntario de apoyar su mano en su cuello cuando está nervioso. (cuando viste la armadura, descansa su mano en su hombrera)
•No sabe cocinar
•Tiene el sueño fácil y profundo, aunque lo compensa con muchas horas activo
•Tiene la mejor postura de pie en su escuadrón
•Trata a las personas de su mismo estatus social con mucha familiaridad
•Suele estar relajado la mayor parte del tiempo, incluso durante campañas de guerra.
•Es un tanto indiferente con su destino, no tiene grandes aspiraciones.
•Podría meter su cabeza dentro de las fauces de un dragón con tal de satisfacer su curiosidad.
•No le interesan los estudios, prefiere ser sencillo.
•De la misma manera, no es muy supersticioso, aunque es devoto a la religión de su continente.
•A pesar de que no haga distinción entre beorc y laguz, debe admitir que la forma animal de estos últimos lo aterra.
•Siente una gran fascinación por quienes llegan a ser sus amigos, al punto de apegarse a ellos como un percebe a una roca.

Prueba de rol

Aran dio un suspiro. ¿Cuánto tiempo había estado de pie en la torre vigía? ¿tres, cuatro horas? El fuerte seguía igual que siempre. "El fuerte nunca cambia".

Detrás suyo practicaban los nuevos reclutas con sus lanzas; las hacían volar por los aires o les clavaban las puntas de madera a sus compañeros en duelo. Hace ya un largo tiempo que el peliverde había pasado por los mismos entrenamientos, pero sabía lo estrictos que podían llegar a ser los entrenadores; les deseó la mejor de las suertes. Dirigió su vista al cielo despejado, donde un par de nubes rasgadas flotaban en la distancia. "Quizás esta sea la paz de la que tanto hablan", se dijo a sí mismo, "...cuando ni siquiera en la ciudad pasa algo".

El hombre aprovechó de quitarse su casco y dejar descansar su lanza. Se sentó en el suelo de piedra y cargó el peso de su cabeza sobre la palma derecha, decidido a dormitar al menos un poco. Sin embargo, fue recién estando en el suelo cuando escuchó algo, un grito por fuera del muro. Aran se irguió con rapidez y miró hacia abajo.

Se trataba de un muchacho que corría. Llevaba un cesto sobre la espalda, y movía las piernas como un poseído. El grito no había sido suyo, supuso Aran, sino de su víctima. Sonrió un poco y se asomó por los bordes de la torre.

-¿Qué haces con esas manzanas? -Preguntó alzando la voz, sin cuidar de que otros lo oyeran detrás. No estaba muy seguro si es que debía hablarle con más severidad.

El muchacho se detuvo y giró sobre sí mismo hasta encontrarse con el soldado que lo llamaba.

-¡Otra vez planeaba tirar las que no había podido vender! ¿No es un gran desperdicio, señor soldado? -le hizo un saludo, y tan pronto como habló, salió disparado hacia las paredes de una casa, escalándola como si fuera un simple árbol. Poco después de él apareció una mujer que agitaba todo su cuerpo al intentar correr, como si se tratara de un enorme saco de papas con piernas.

-¡Guardias! -gritó, haciendo temblar su papada.- ¡Mis manzanas, ayuda!

-El chico acaba de subir al tejado, señora. -dijo Aran, educadamente.- No lo alcanzará a menos que tenga alas como los laguz.

-¡Ah! ¿Y si lo viste, por qué no lo perseguiste? -le respondió.

-Para serte sincero, a mi no me corresponde salir de mi puesto.

La mujer aspiró aire, y se infló el rostro como a un pez de tanta ira.

-¡Vaya inútil que nos tocó de guardia! -Así sin más se devolvió a su tienda. Aran no dejó de mirarla desde la altura.

Aran sintió un poco de culpa. Con toda honestidad, no se veía capaz de atrapar a un ladrón tan ágil como ese niño en toda su vida, y mucho menos con la armadura puesta. Siempre había sido lento como una tortuga, pero "al menos eres tan duro como una", le había dicho el instructor una vez. Nunca supo si tomarlo como un cumplido o no.

Echó un vistazo a sus alrededores por última vez, hasta que se dio cuenta de que los reclutas lo miraban curiosos.

-¿Pasó algo allá afuera? -preguntó uno de ellos, con la mano alzada, listo para lanzar una jabalina.

-Solo una mujer estresada. -Dijo Aran, haciendo el gesto que tanto lo caracterizaba.
Fue entonces cuando el entrenador también le halló interés a lo que había sucedido, y dejando de lado lo que estaba haciendo, se acercó a la torre de guardia.

-Soldado, no te quites el yelmo. El calor no es excusa para desatender el uniforme, ¿sabes?

Aran volvió a mirar el cielo. El sol ni siquiera había llegado a la mitad de este, por lo que sería un muy, muy largo día.

-Sí, señor, sin demora.
Afiliación :
- BEGNION -

Clase :
Halberdier

Cargo :
Soldado de Begnion

Autoridad :

Inventario :
vulnerary [3]
Lanza de bronce [2]
Concoction [3]
Jabalina [3]
.
.

Support :
Mulitia

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1109


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Re: Ficha de Aran

Mensaje por Marth el Mar Jul 05, 2016 7:27 pm

• Ficha aceptada •


M a r t h
FichaCronologíaRelaciones ❝Lo lamento pero... no puedo permitirme una derrota.❞

Premios:






Afiliación :
- ALTEA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Príncipe de Altea

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
esp. de bronce [1]
Vulnerary [2]
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Support :
Eliwood
Eugeo

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1878


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