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Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 06, 2016 2:28 am

Habló como si nada. Sin sorprenderse de su deducción ni mostrar reacción. Habló como si se tratara de una rutina, aún con la carta en mano y sin marcar su recomendación aún. Lanna sonrió dejando escapar el aire del cuerpo, que se relajó al compás en el que el pecho se desinflaba. "Por eso intentamos alejar a los civiles."- ...entonces me chocaste adrede. -Sonrió de lado cerrando los ojos, mientras ella dejaba que los latidos la llevasen,él estaba pensando cada paso que hacía.- Estaba pensando que tenías un trabajo ligado a la ley, ahora creo que puedo reducir mis opciones: O trabajas para la fuerza armada local, o directamente para la Corona. -Algunas piezas con respecto a respuestas suyas anteriores comenzaban a encajar como si de una ingeniería fina se tratara.

El menú volvió a la mesa y ella por fin conoció lo que comería ese día.

- ¡Genial! Ese será entonces. -Mientras repasaba los ingredientes del plato, aunque de un segundo a otro se quedó con la vista clavada en la hoja pero sin ver nada. ¿Su mano? Alzó la vista y le miró con el ceño fruncido, encogiéndose un poco en sí misma.- ¿...la mano...? -Alternó sus ojos entre la mano ajena y la mirada verde de él. ¿Nada raro? ¡Pedir una mano era algo raro! Se cruzó de brazos, lo deshizo. Se rascó la nuca con la zurda y un pequeño tic apareció en su ceja. Realmente quería saber qué tenía pensado hacer. Aprestó los labios y completamente presa por la curiosidad posó las yemas de los dedos de la mano derecha en la ajena, con la mirada atenta al roce esperando ver qué iba a pasar.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 06, 2016 2:44 am

Sonrió esa vez más, muy entretenido. No se cansaba de pensar que ella era una una mujer perspicaz le gustaban las personas tan finas de mente, tan detallistas que con los poco datos que le había dado podía ordenar todo en su mente. Sin embargo, pese a tener una mirada tan afilada podía alegrarse y relajarse de la nada por un plato de comida o tener esa actitud casi felina por un pedido simple que él hacía.
La vio retroceder, casi con una desconfianza fría como el hielo, cruzarse de brazos, rascarse la nuca y mirar alternadamente su mano y sus ojos. La suavidad con que extendió la extremidad hacia él tras decidirse fue casi tortuosa, lenta, son apenas rozarse como si le advirtiera que de hacer un mal movimiento él estaba muerto. Como un gato lleno de orgullo y poderoso que no deseaba caer en una trampa. Nowell no quería hacer nada malo, su postura tranquila lo delataba, pero no podía evitar sonreír con un ápice de ternura. Tenía una debilidad por los felinos y aquella postura le recordaba mucho a uno.
Fue todo aquello lo que lo llevó a moverse muy lentamente, siguiendo su compás. Primero rozó con la yema de sus dedos la piel contraria y con cuidado, viéndola a los ojos un instante, le tomó la mano para dejar la palma al descubierto. Sus dedos se cerraron apenas alrededor de los contrarios y acercó con amabilidad la que tenía libre.

—Es cierto, me puse en tu camino adrede —admitió mientras con el dedo índice de su mano derecha  comenzaba a trazar algo sobre la palma ajena—. Te vi parada frente a ese lugar peligroso —dijo mientra su dedo se movió sobre la piel ajena formando la letra "n" en mayúscula—, parecías indecisa y supuse que no era tu ámbito, que necesitabas o buscabas algo allí. —Esa vez su dedo se movió y formó una "o" sobre la piel—. No podía permitir que alguien se pusiera un peligro, las cosas de seguro no fueron lindas allí dentro. Seguro tenemos alguna baja —le explicó terminado la letra anterior y comenzando la siguiente.

Mientras hacía la "w" bajó la mirada a su mano, de dedos finos y en apariencia delicados en comparación con las manos gruesas y con cicatrices del consejero.

—Pero me intriga, ¿qué busca alguien como tú en un lugar así? ¿Por qué relacionarte con gente peligrosa? —preguntó con el entrecejo fruncido en unas pequeñas arrugas que anunciabas preocupación. Comenzó entonces por la letra "e"—. ¿Por qué no recurrir a otras fuerzas menos amenazantes?

Tras esa pregunta Nowell formó en la mano ajena la primera "l" de su nombre y subió los ojos para verla una vez más. Una última "l" fue dibujada sobre la mano de la joven. El Consejero sonrió.

—Si has prestado atención, ese es mi nombre, Y no te lo he dicho —agregó guiñando uno de sus ojos y soltando su mano pero sin apartar el contacto que tenían.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 06, 2016 3:13 am

Con una delicadeza que no esperaba él dió vuelta su mano para comenzar a realizar trazos sobre su piel con los dedos. ¿Una zeta? ¿Una ene? Ya desde el primer desliz un calosfrio corrió como electricidad por su brazo hasta los hombros. Hacia tiempo que no tenía un contacto parecido a un mimo con alguien y pocas cosas le gustaban más que esos roces. Generalmente los conseguía de otra manera, fuese acariciando ella misma sus brazos, dejando que el viento meciera las hojas sobre su piel o permitiendo que algún animal se frotara contra ella mientras le daba caricias tras las orejas o el mentón. La curiosidad de seguir leyendo, aparte de sentir, lo que él buscaba dibujar en su palma fue lo único que le impidió cerrar los ojos y abocarse simplemente a sentir y disfrutar.

Era cierto. Él había medido uno a uno sus movimientos con ella, debía admitir que le admiraba que, entre el tumulto de gente, pudiese distinguir a quién buscaba entrar y quién sólo miraba de casualidad. Un círculo se cerró para dar paso a lo que parecía una eme, ¿o sería una doble ve?

- Yo... Mnh... -Apretó los labios, sabía que en sí el momento de encuentro era casual. No era su culpa haber aparecido en un mal momento, la redada se llevaría a cabo con o sin ella, pero sí por su causa tenían a un agente menos en la fuerza para actuar.- Lamento quitarte el tiempo. -No había manera de justificar que aún a sabiendas que vidas estaban en peligro estaba dispuesta a seguir viendo cómo terminaba una e para hacer una l en su mano. ¿Lo peor? No tenía la entereza suficiente como para hacer lo correcto: levantase e irse para dejarlo cumplir su deber como correspondía.

- Haha... -Se rió ladeado el rostro, con el cuerpo relajado y la mirada perdida aún en sus manos.- Soy horrible, pero aún sabiendo que te necesitan allá, no quiero que te vayas. -Una última l y la confesión final. Su nombre. Armó las formas como pudo, de la manera más lógica que podía.- Nowell. -Alzó los ojos justo para verle guiñar, sonrió y una carcajada murió en su garganta, aún sentía un poco de pena en el pecho ante el peso de la misión que estaba interrumpiendo.- Es un lindo nombre. Es extraño, descomponer tu nombre en los extremos sería como formar un "Ahora" y "Bueno", creo que son dos términos que te quedan bien... Nowy sería una burda copia del mote que tú me has puesto... ¿Está bien pronunciado? ¿Es directamente Nowell o posee un sonido más como Nauel o algo parecido? -

Dejó un espacio y tomó aire. Si quería ayuda, primero debía ser clara.- No estoy buscando lo que venden en sí, estoy buscando a traficantes de seres. Quiero saber sus razones para hacerlo. -Era un breve resumen y la medida exacta de lo que quería hacer. Era cierto que su punto inicial era el ¿Porqué? pero lejos estaba de ser la conclusión de su búsqueda. Separó los labios para ampliar, pero la camarera llegó para ofrecer ayuda.

- Disculpen la demora, ¿ya han podido decidir? -La sonrisa amplia de la muchacha y la interrupción le dió lugar a pensar. ¿Realmente quería blanquear tanto de ella a la primera oportunidad? Apenas le conocía, y aunque sentía que podía tener ese espacio la lógica la llamaba a entender que era demasiado pronto. No tenia nada que perder, pero tampoco mucho que ganar. Ponía en peligro su propia auto preservación y al final del día el no tenía porqué tener interés en que ella ahondara, capaz simplemente, después de demasiado tiempo, había hallado un espacio para hablar las cosas que creía no necesitar. Algo completamente prescindible que no le brindaba el derecho a abrumar a un recién conocido.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 06, 2016 3:48 am

No era necesario que ella se disculpara, había sido su decisión seguirla y abandonar su trabajo. Si hubiese querido el muchacho se habría deshecho de ella en un segundo, con un movimiento rápido y una orden, pero por el motivo que fuera había acabado por seguirla. No era su culpa.
Iba a decir eso cuando ella rió, más relajada, con la mirada en sus manos y el joven ladeó la cabeza sin entender del todo lo que pasaba. Las palabras de Zalanna, sin embargo, le hicieron da un salto a su corazón. ¿Qué era esa frase tan directa que lo hacía sentir un poco avergonzado? Tal vez el hecho de que ella dijera que era horrible cuando sus palabras le causaban cierta.. ¿ternura? ¿O sería el hecho de que no quería que se fuera o que él mismo estaba interesado en seguir allí en vez de volver a sus tareas. O, tal vez, fuera todo cosa de que ella al fin había dicho su nombre.
Se la quedó observando, anonadado, con sus labios ligeramente entreabiertos mientras intentaba descifrar lo que pasaba por su cabeza. Ella halagó su nombre, lo descompuso e incluso lo acortó como "nowy" haciendo una referencia a la forma en que él lo llamaba. Eso le provocó una sonrisa ya no graciosa sino cálida, diferente a las que hasta ese momento había mostrado y el resoplo que le siguió fue relajado.

—Nowell, lo has dicho bien —la felicitó con tranquilidad sin apartar su mano, sin querer apartarla—. Por lo general no tengo apodos o no los usan conmigo, así que puedes llamarme como gustes —le permitió.

Y al fina, de pronto, ella fue clara y respondió directamente algunas de sus incógnitas. Buscaba a los traficantes y sus razones, suponía, para tener ese tipo de trabajo. ¿Qué acaso no era obvio? No, tal vez para una persona común no lo era, tal vez había más cosas enterradas bajo aquellas palabras y él no podía verlas aún. Se inclinó hacia ella para preguntar, pero la camarera llegó pronto. Nowell, aunque no quiso, debió dejar ir la mano de Zaly y entregó a la jovencita, con una sonrisa forzada, la carta de menú.

—Tráiganos la especialidad de mariscos, con bebida. Sin alcohol —le pidió, dejando la elección de esto último a la joven para que se fuera pronto y tras eso volvió sus ojos a Zalanna.

La observó esa vez de una forma más crítica, dejando las manos entrelazadas sobre la mesa y pensando exactamente cómo continuar aquella conversación. Se sentía relajado, pero al mismo tiempo tenía un peso en el estomago o en el pecho. No sabía dónde. Era una sensación extraña.

—La principal razón para lo que hacen es el dinero, o ciertos permisos —le dijo bajando la mirada hasta sus manos, sin poder sostenerla en ella—. Algunos traficantes hacen trabajos para peces más gordos con tal de obtener beneficios, pero depende de la... mercadería pronunció con cierto disgusto esa palabra—. ¿Te ha ocurrido algo con ellos? —preguntó directamente, con un tono bajo y una mirada entre preocupada y apagada.

No le gustaba tocas esos asuntos, revolvía muchas cosas dentro de él. Pero que una muchacha estuviera tan pendiente de esas cosas no le parecía una buena señal ni para él, ni para ella ni para el mundo.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Jue Jul 07, 2016 5:48 pm

Retrajo sus manos para acomodarlas sobre su regazo cuando se soltaron, miró de reojo a la camarera con una sonrisa leve en el rostro mientras Nowell daba las directivas y no volvió la vista a él hasta que la chica no estaba de vuelta en el mostrador dando las órdenes del pedido. Chocó con los ojos de él en directo, sus manos entrelazadas y una expresión seria en el rostro, no hizo más que imitarla apaciguando la curva de sus labios. Aún seguía persistente esa extraña sensación que le provocaba toda su persona, pero ya había pasado el tiempo suficiente como para acostumbrarse a ella y tenerla como parte del ambiente.

"Dinero" y "Permisos". Retuvo esas palabras en su mente, dinero era lo obvio y probablemente el motivo; después de todo ella no era algo especial o único y simplemente podía tratarse de una mala suerte de haber caído en el interés para ser vendida, esclavizada o convertida en dama de compañía. No es que le preocupara mucho lo que le había sucedido a ella en sí, después de todo había logrado salir airosa. Lo que le preocupaba es que así como le sucedió a ella le podía suceder a otros y capaz alguien no había corrido su misma suerte. En caso de ser una transacción meramente comercial, bastaba con ubicar la red y denunciarla para que fuese desmantelada... En cuanto a permisos era más complejo. Ambas opciones podían incluir o requerir un pez gordo que las encubriera, pero era mucho más sencillo que le pez gordo se desvinculara de transacciones económicas sin registros legales que lo vincularan a permisos, no había manera de negar que x cargo o persona había sido responsable de dar y permiso a otra.

- He sido secuestrada, pero no tengo en claro para qué, escapé antes. -Respondió de manera directa.- Siendo mujer y de una especie "rara", digo por que tengo entendido que los Manaketes en sí tanto como sus híbridos escaseamos, lo primero que asumo es algún tipo de trata. -Alzó los hombros y subió la mano derecha, desestimando la cuestión.- No me importa mucho, digamos que estoy fuera de la mira, no dejo de ser una "X", lo que me preocupa es si alguien más de mi pueblo tuvo la misma suerte, entonces allí los porqué, para qué o quien y los criminales en sí tienen un peso importante para mí. -Por instinto movió un mechón detrás de su oreja.- ¿Sabes algo de ese tipo de movimientos? -Fue bajando el tono de voz, por el rabillo notó el movimiento de la camarera acercándose.

- Con permiso. -Radiante, Clara colocó un plato frente a cada comensal. Por la rapidez en la que la comida fue servida, Zalanna asumió que ese tipo de plato era uno de los más pedidos en la cantina por lo que tenían en preparación constante los productos para servir sin que se acumulase la demanda. Junto con los platos dejó una jarra en medo de la mesa, posterior a servir en el vaso de cada cual, con la bebida. Por el aroma parecía agua saborizada con una mezcla de frutas frescas.- ¿Algo más en que pueda ayudarlos? -Preguntó tomando la bandeja contra su pecho.

- Está bien por ahora, Clara. Muchas gracias. -Zalanna le dedicó una sonrisa, entre cordial y fastidiosa. Era claro que quería que se fuera de la mesa, pero llegado el caso podía de tomarla por ruda podía alegar una mala interpretación de sus palabras y sus gestos. La chica asintió sin más con una sonrisa contrariada, al parecer no supo exactamente como tomar el gesto de la momentánea pelinegra. Volvió a seguirla con la mirada hasta que estuvo lejos de la mesa.- ¿...sabes si hay algún sitio donde sean más frecuentes los secuestros...? -Preguntó como si nada, manteniendo la voz baja, sumando la pregunta a su anterior mientras fijaba los ojos en el plato donde ya había hundido el tenedor.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 08, 2016 12:36 am

Begnion. El puerto sin nombre. Las mansiones abandonadas que fueron tomadas como bases de bandidos. El desierto de Grann. ¡Por supuesto que él conocía lugares! No sólo por haber visitado algunos siendo pirata sino también porque le habían contado sobre ellos cuando joven,porque había oído sobre ellos en sus épocas de estudiantes y aún siendo parte delos que asistían a su majestad escuchaba muchos rumores de esos lares. Pero no podía decírselo, no a ella, no tras saber que había estado involucrada con esa clase de gente no como un secuaz sino como un cautivo, que habían intentado usarla pero había logrado escapar tal vez por un haz de suerte o gracia divina del dios en que creyera. No podía darle direcciones para que se metiera sola donde no debía pues sentía que si algo pasaba iba a ser su responsabilidad.
Evitó los ojos de la muchacha y clavó un tenedor en la comida. Se le estaba cerrando el estómago. Debía admitir que ella tenía bastante coraje como para haber intentado entrar a una cueva de ladrones tras lo que debía de haber pasado. Él había estado hacía años como parte de la tripulación que se encargó de un transporte de esclavos para la venta, pero no había logrado soportar la crueldad de esas personas y de alguna forma había intentado hacer más ameno su viaje. Dejó flojas algunas cadenas, dio más pan a quienes lo necesitaban e incluso dejó mal cerradas algunas rejas.Eso le había hecho ganar unos cuantos latigazos, golpes y una semana sin comida. Se lo tuvo merecido pero su alma se había quedado en paz. A pesar de los años en un barco pirata, Nowell no había dejado de ser honesto consigo mismo y amigo delas buenas acciones.
Además, más allá del peligro que podían resultar esos lugares para una mujer sola -por más fuerte que esta fuera-, había otra cosa que lo frenaba de decir algo: la raza de la joven. Mientras comía un poco del plato, sin poder saborear realmente cada ingrediente, el muchacho elucubró cada una de las cosas que ella había dicho. Sí, definitivamente era una preocupación el sitio, pero que fuera un manakete o híbrido le ponía las cosas más complicadas a Zalanna porque en Begnion no eran exactamente amigos de los mestizos, marcados u otro tipo de razas. Durban en cambio era más amable con las personas, más amigables, estaba prohibido discriminar por raza, ella no tendría problemas con su raza allí pero en Begnion sería diferente.
Al final terminó por dejar el tenedor dentro del plano y se revolvió el cabello, casi despeinando su coleta sin quererlo mientras volvía la mirada a los intrigantes ojos de la manakete.

—Entiendo que desees salvar a las personas de tu pueblo, peo debes prepararte a tener malas noticias sobre ellos si fueron apresados —le comunicó sin demasiada gracia y siendo lo más sincero y a la ve suave posible—. Si ha pasado hace muchos años puedes encontrar resultados inesperados.

No quería bajarle las expectativas, pero él sabía lo mucho que podía marcar una vida distinta a alguien, las muertes que ocurrían por sobre esfuerzos y lo duro que era servir para poder vivir.

—No se los sitios donde son frecuentes los secuestros, pero sí dónde puedes encontrar a varios de esos maleantes —confesó—, pero no estoy seguro de ser capaz de decírtelo. Es demasiado peligroso incluso para ti, incluso para un híbrido de manakete —aclaró en pos de hacer énfasis en que por más forma de dragón que pudieran tomar los de esas razas, el peligro era el mismo—. Creo que me quedaré con la culpa si por mi información terminas en peligro... o peor.

Confesó con una sonrisa preocupada que dejaba en claro cómo se sentía en ese momento.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 08, 2016 2:16 am

Se metió el tenedor a la boca mientras analizaba su expresión, sabía que él tenía las respuestas que ella exigía incluso sin oír su respuesta. Tragó sin mutar su expresión. ¿Podía hacer algo contras que no quisiera contarle? No, no realmente. Al fin y al cabo estaba respondiendo sus preguntas de forma sincera, no tenía nada que recriminarle. SALVO QUE LE ESTABA DICIENDO EN LA CARA QUE NO QUERÍA RESPONDERLE. Frunció los labios en un morro, era inevitable sentirse caprichosa al respecto pero siempre habían alternativas, no era el único en todo Durban con esa información ¿o sI?

Cerró los ojos y soltó el aire, relajando su expresión y pensando en las palabras de él. Sí. Sabía que los resultados podían serlos peores, desde el primer momento había sopesado ser la única sobreviviente, pero eso sólo le hacía sentir que necesitaba llegar a las respuestas con más urgencia. Si seres conocidos habían tenido mala suerte, no significaba que tuviese que quedarse quieta sólo esperando a tener noticias de que otro pueblo había sido saqueado de esa misma manera espantosa.

Se masajeó la sien, ordenando su respuesta.

- Déjame plantearlo de esta manera... Llevo años con esto en mente. -Si, años. Demasiado tiempo para una tarea que en un comienzo parecía sencilla.- La información que tú no me des podré conseguirla por otros medios me tarde el tiempo que me tarde y es posible que después de hoy no volvamos a saber del otro, lo que me suceda... -Abrió los ojos y le sonrió con pena.- ...no es algo que vayas a enterarte, eres tú y tu imaginación luego de este almuerzo. -Espantoso como sonaba, era el panorama más realista que encontraba. ¿Cuántas posibilidades habían de que volvieran a juntarse? El anclado con sus deberes a Durban y ella nómade por la tierra conocida en busca de sus respuestas.

Paseó sus manos por su pelo para hacer una coleta alta anudando el propio largo de su cabello. Había llegado a dos conclusiones en el lapso de tiempo que llevaban juntos, después de sopesarlo e ir descartando posibilidades: Uno: Nowell era un branded, había olvidado la sensación que la causaban pero ahora podía catalogarla. No, no era información relevante para ella, más allá del instinto natural que le despertaban los consideraba de la misma clase y lo único que le causaba interés de saberlo era que sabía algo más de él. Dos: El chico comenzaba a interesarle por él mismo y no por su curiosidad, eso sólo podía significar que luego de ese día ella huiría lo más lejos posible. Querer a una persona, tener un amigo, era demasiado sacrificio para alguien de su raza y ella no había heredado el altruismo de su padre como para estar dispuesta a sufrir una tercera vez el dolor que significaba un desarraigo.

- ...si me dices corres con la ventaja de poder instruirme acerca de esas personas y darme consejos sobre cómo cuidarme, antes que correr el riesgo de que yo obtenga una información básica y me lance a un suicidio. ¿Es un trato justo, no crees? -En realidad era un golpe bajo. Estaba tomando las buenas intenciones de él y torciéndolas a su favor, pintando un panorama peor si no colaboraba por él mismo. ¿Sentía culpa? Por supuesto, se sentía espantosa de saber que estaba buscando hacerlo sentir culpable por algo de su propio interés, pero se repetía una y otra vez "es lo que debes hacer".
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 08, 2016 5:33 am

—Estás jugando conmigo —refunfuñó Nowell como si fuera un niño mientras volvía a comer parte de su almuerzo.

El Consejero no necesitaba ser un experto para darse cuenta que lo que la muchacha intentaba hacer era generare culpa. No era la primera vez que lo intentaban ni que lo veía, de hecho, él solía hacer lo mismo en varias ocasiones y lo había hecho mucho cuando era más joven. Y, aunque sabía que se trataba de eso y tenía elementos para disuadir ese sentimiento, esa vez no podía. Se sentía mal ocultándole esa información, sabiendo que si realmente ella había seguir el juego hasta allí era porque estaba dispuesta a enterarse de lo que buscaba y que no dudaría en recurrir a otras fuentes. Era claro que él no debía dejarse llevar por esas cosas pero no podía evitarlo.
Cuando dio otro bocado a su comida aprovechó para evitar un suspiro y meditó en silencio. ¿Meditar? Estaba mintiendo, simplemente buscaba cómo ordenar la información; ya lidiaría con su maldita imaginación luego porque ella estaba en lo cierto: no sabían si acaso volverían a verse. Era una tontería hacer ese tipo de cosas solo porque ella era una joven que le llamaba la atención o le parecía interesante, que le atraía en cierta manera. Eso no le daba derecho a él a esconderle nada ni a preocuparse más por ella que por otros, no le daba derecho a decidir sobre lo que podría hacer o no.
Tomó algo de la bebida, endulzando su paladar repentinamente amargo con el sabor de las frutas, y al dejar el vaso sobre la mesa se dirigió a ella una vez más, clavándole la mirada.

—Begnion. Puedes empezar por el puerto si nombre —le propuso con tranquilidad, manteniendo un tono bajo pero con una mirada que denotaba que no estaba muy feliz revelando eso—. Está cerca de un faro abandonado, pero te recomiendo que no te acerques allí. —No tenía sentido decirle que no se acercara a ese lugar que debería estar abandonado, pero era la forma de él de darle consejos, de alejarla de un sitio que a sus ojos era desagradable tras todo lo que él había pasado allí—. Sin embargo, no te recomiendo ir hablando de tu raza sin más. La discriminación hacia las personas como tu es grande, a diferencia de Durban donde discriminar es penado, en Begnion es pan de cada día. Deberás tener cuidado.

Nowell bajó de nuevo la mirada su plato, dio un par de bocados más y de pronto la señaló con el tenedor sin mucho decoro.

—No confíes en nadie allí, evita las posadas de las periferias y ten el doble de cuidado de lo normal —fue su última advertencia respecto a ese sitio antes de volver su mirada hacia ella con un gesto serio. No era broma ese lugar, no era amigable o colorido como Duban sino todo lo contrario.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 08, 2016 2:21 pm

La euforia no le dejó sitio para la culpa que había crecido minutos antes. Sonrió ampliamente de manera automática cuando escuchó sobre el puerto sin nombre. Asintió a cada consejo aunque no podía prometer que haría caso, pero se esforzaría todo lo que pudiera. Su raza era algo que protegía de buenas a primeras, Nowell había sido una excepción. El hecho de le prohibiera el faro hacía que una vocecita dentro le gritara "debes verlo", la calló en un instante pensando que no debía cometer dos cosas estúpidas a la vez. Begnion sería su siguiente parada y combinarlo con el faro podía ser una muy mala idea, abandonado en un país que albergaba bandidos sólo podía significar guarida.

- Tendré el doble de cuidado. -Susurró para él y se dedicó a su plato hasta acabar con el cuarto del contenido. Tenía un sabor increíble.- Nowell... Si saben dónde hay focos, ¿porqué no los atacan? -La duda se había instalado en su cabeza mientras tragaba. Si los poderosos tenían información sobre dónde se encontraban los piratas, ¿porqué no los erradicaban?- ¿Acaso hay personas en Begnion que se benefician de ese tipo de trabajos? -Pestaneó y acomodó sus pupilas en sus muñecas, ahora tapadas por la tela de su ropa. Había pasado poco tiempo atada llegado el caso, pero había luchado tanto contra las ajustadas correas que las quemaduras habían dejado una marca permanente... Tenía otras más por el cuerpo, pero aquellas eran las más visibles.

- ¿...el Gobierno es tan retrógrado como el pueblo para seguir permitiendo discriminación entre las razas...? -Asumía que los Manaketes no eran los únicos rechazados y formando parte de Tellius... ¡Pero por favor! ¡En el mismo continente tenían la Alianza Laguz! Resopló con fastidio, al menos ya sabía que clase de disfraz utilizar, sólo necesitaba comenzar a practicar. Ahora, con el primer paso en marcha, debía planear cómo proseguir. Según cómo se diese la situación en Begnion evaluaría si realmente podía continuar sola o debía incluirse en alguna fuerza, cualquiera opción requería volverse más fuerte. Bebió del agua saborizada para aclarar su garganta antes de volver a comer, manteniendo la mirada en su acompañante..
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 09, 2016 5:14 pm

¿Personas que se beneficiaran por ese tipo de trabajos? Nowell al escuchar aquello casi soltó una carcajada llena de ironía. No eran sólo personas, eran grandes políticos, pueblos enteros, reinos y continente los que podían verse beneficiados con todo el tráfico ilegal. La economía de muchos lugares basaba al menos la mitad de sus cosas en compras o cosas ilegales que nadie podía limpiar. Aunque el mundo se pusiera de acuerdo para sacar esas cosas, seguramente los tratos seguirían por más que intentaran ir en su contra. Durban era el perfecto ejemplo de ese tipo de cosas: se esforzaban por penar los tratos negros y muchas cosas más, pero aún así no podían evitar que hubiese alguna línea ilegal entre medio. Eso era lo que le daba más dolores de cabeza a su reina.
El Consejero comió un poco más de su plato, casi iba a por la mitad del mismo sin darse cuenta. y tardó un rato en responder pues una pareja que salía del lugar pasó muy cerca de ellos. Esperaba que nadie allí fuese a pedirle o a comentarle algo por el cargo que el tenía. Con suerte nadie se daría cuenta de quién era hasta que sacara desde debajo de su camisa la identificación que siempre llevaba.

—Hay cosas que no puedes detener, Zalanna —dijo pronunciado su nombre entero, lo que le dio un tono áspero—. Los tratos ilegales, la corrupción, los robos, las peleas. Son cosas que todos los seres generan con o sin intenciones, la maldad es parte del alma de todos y aunque no quieran aceptar esa oscuridad ningún ser de todo este mundo es pura bondad.

Respondió sin ir directamente al punto y jugando con un trozo de pulpo de su plato, picándolo con el tenedor mientras pensaba. De momento no había vuelto su mirada a ella.

—No es que el gobierno sea retrógrado, es que hay cosas que no se pueden cambiar o que no se desean cambiar. Es difícil pedirle a las personas que cambien su cultura. Durban es un ejemplo, desde que la nueva Reina está en el trono, muchas cosas han cambiado pero hay personas se resisten.

Comentó suspirando al final y volviendo al fin sus ojos a ella, con seriedad pero claramente con un cansancio mental que esos temas les generaban.

—No se todas las razones, pero más allá de presiones políticas, acuerdos y vaya uno a saber qué cosas más, Begnion debe de tener algún beneficio con todo aquello. Supongo —agregó encogiéndose de hombros—. Mi fuerte no es la política, sino el trabajo de campo. —Aunque se suponía que, por su puesto, debería ser al revés.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 12, 2016 11:05 pm

Frunció el ceño sintiendo cómo la sangre se le envenenaba en rabia. Sabia esas cosas... ¡Por supuesto que las sabía! Pero era una horrenda realidad que se arrastraba con las generaciones y nadie la cambiaba, nadie podía cambiarla, y detestaba tener que ponerse en una situación de subordinación a las normas. Miró su plato sin querer comentar nada más al respecto y comió sin parar. Pronto le quedó tan solo un cuarto del almuerzo- ...trabajo de campo... -Saboreó el último bocado y bebió del agua.

- ¿De qué trabajas exactamente, Nowell? -Basta de conjeturas y de ser cuidadosa, una vez más la curiosidad la obligaba a ir de frente preguntando exactamente lo que pensaba.- Agh. Sé que no debería preguntar, pero prometo ser una tumba. Aunque claro, está la posibilidad de que poco te importa que se sepa o no tu cargo... Hasta puede que tengas un caro publico y todo el mundo te conozca, menos la extranjera... -Se autoseñaló dejando un espacio en su verborragia, se rio para cerrar, contrariada y apenada.- ...lo siento, a veces no poseo fil-- -Paró de golpe.

Giró la vista hacia la ventana. Creía haber oído... Gritos. Ahí estaban de nuevo. Más fuertes, más cerca. Pronto el recinto se sumió el silencio, los comensales estaban percibiendo lo mismo y todas las miradas apuntaban al exterior. Se arrimó a la ventana y sus ojos rebolotearon por el paisaje de afuera, la calle de veía normal. Lo único que descuadraba eran las personas en la acera: Todos quietos, mirando en dirección al puerto.

Más gritos. Aún más cerca.

De pronto el estruendo de una explosión hizo retumbar los vidrios y un grito grupal murió en la garganta de todos. Una espesa columna de humo negro subía con pereza hacia el cielo, a pocas cuadras de allí.

- Nowell... -Giró la cabeza para ver a su compañero. No sabía exactamente qué sucedía, pero era lo suficientemente avispada para entender que no era nada bueno y que debían alejar a todos los que pudiesen de aquel lugar.- Hay que sacar a la gente de aquí dentro. -Bastó termina la oración para que las personas fuera se descongelaran y comenzaran a correr hacia adentrándose en el pueblo. A dos cuadras aproximadamente ya podía verse un gran grupo de civiles corriendo calles arriba, alejándose de la masacre que sus facciones gritaban sucedía en los puertos.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 13, 2016 1:07 am

La pregunta directa de Zalanna, que hasta el momento parecía aferrada a dar vueltas o peguntar sutilmente en vez de ser tan frontal, lo dejó con la cuchara a medio trayecto de su boca. No pudo responder, sin embargo, porque ella se adelantó excusándose, prometiendo que sería una tumba e intentando explicar aquella palabrería. No era necesario hacer tanto por una cosa tan simple, él no tenía problema en responder una pregunta tan simple ni tenía algo que esconder, podía responderte con tranquilidad.
Sonrió un poco, entretenido porque tras todo eso ella le pidiera disculpas cuando le pareció sentir algo raro. La muchacha que lo acompañaba también se detuvo y ambos elevaron la cabeza para ver por la ventana. ¿Acaso lo que había escuchado eran...? ¡Allí estaban de nuevo! El ceño de Nowell se frunció y dejó el cubierto a un lado para poder incorporarse y ver mejor. No estaba mal, la gente estaba gritando, el sonido se acercaba con rapidez mientras las personas cercanas parecían paralizadas del miedo.
¿Qué estaba ocurriendo? El Consejero apretó los dientes e iba a ordenar algo las personas del interior del lugar cuando una explosión lo detuvo. Los vidrios vibraron, algo de polvo cayó de entre las juntas de la madera y el Consejero no pudo apartar sus ojos de la voluta de humo negra que se alzaba desde las inmediaciones del puerto. ¿Acaso era un ataque pirata? ¿Era posible que atacasen a una distancia prudente desde un barco? Podía descartar fácilmente que se tratase de una pelea pues la gente no huiría de eso, ¿podría ser entonces el ataque de algún otro territorio? ¿Emergidos? Si se trataba de estos últimos, entonces la explosión había sido a causa de un mago pues esos cuerpos, que él supiera, no sabían cómo hacer algo tan complicado como la magia.
la voz de Zalanna lo volvió a la realidad. Se volteó a verla mientras en el exterior todos huían y escuchó sus palabras con apremio. ¿Sacar a la gente? Primero debían saber cuál era la amenaza, si se trataba de emergidos lo mejor sería tener cuidado con la respuesta del ataque y enviar a las personas a tierras altas o sitios alejados del suelo donde los cadáveres no pudieran llegar. Pero si eran piratas...
Se apartó de la mesa y corrió hacia la puerta sin decir nada, una vez allí usó una caja dispuesta en un lateral y un impulso para saltar y colgarse del techo de la edificación donde se detuvo a ver lo que ocurría. La correntada repentina le secó los ojos y debió subirse los lentes que le colgaban del cuello para evitar se molestado. Los vidrios le protegieron la mirada y con ahínco buscó el origen de todo aquello. Más allá de donde la gente corría un grupo de uniformados intentaba atacar con armas y magia a una mancha oscura que, cuando el humo se corrió, se transformó en una banda de emergidos. ¿Qué hacían allí?
Soltando una maldición Nowell saltó del techo y se apartó de la gente que salía corriendo, buscando a Zalanna con la mirada hasta dar con ella. Cuando la vio se acercó hasta tenerla a un paso de distancia y la tomó de un hombro.

—Lleva a las personas a lo alto de los edificios. Se trata de emergidos, estarán a salvo allí —le explicó con seriedad—. Me aseguraré de que guíen a las demás personas lejos de su alcance, pero si han aparecido cerca del puerto pueden estar en cualquier sitio —agregó apretando con suavidad el hombro ajeno—. Quédate a salvo con los demás.

Tras decir eso se acercó a la entrada de la cantina y gritó desde la puerta:

—¡Se trata de emergidos! —Las personas dentro del local se pusieron de pie rápidamente—. Apaguen las cocinas y cualquier tipo de fuego antes de salir, los soldados están combatiendo pero no sabemos cuánto podrán resistir. Ayuden a los niños y ancianos a huir—ordenó sin dar tregua.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 17, 2016 10:56 pm

Nowell salió corriendo, dejándola con la palabra en la boca. Dentro, las personas comenzaron a salir del sitio de forma avasallante, se quedó en el lugar, apretando el puño sintiendo la impotencia crecer en su interior. Moverse ahora sería sólo contraproducente, más sin Nowell allí. Tragó duro, no había pasado mucho tiempo si debía ser sincera, pero se le hizo eterno el regreso de su acompañante. Cuando lo vió pasar por el vidrio (bajar del techo) se aceleró hacia la puerta buscándolo y pronto él la atajó el hombro.

Lo escuchó. Y asintió. Era mentira. Obedecería dejando a las personas en un sitio seguro, pero no podía prometer quedarse... Claro, eso no sería un problema si ahora simplemente obedecía y dejaba al chico tranquilo. De pronto gritó, aclarándole a todos el problema. Las personas que quedaban sentadas, se pusieron de pie. Apretó los labios y se puso firme, caminó hasta la barra y preguntó si tenían acceso a la azotea, la pobre mesera asintió y Zalanna pidió que abriesen el paso para dar refugio a cuantos pudieran. Cuanto todo las puertas estuvieron abiertas subió para despejar el camino y reconocer el terreno. Habían dos plantas, la primera con habitaciones y la segunda con la azotea.

Acompañada por el dueño del sitio acordaron que él se quedaría en la primera planta (priorizando niños con su madre y ancianos debido a las comodidades y cercanía una pequeña cocina en caso de necesidad) acomodando a las personas en los diferentes cuartos mientras los meseros recibían en la azotea al resto. Ella los organizaría para subir escoltándolos hasta la puerta y dando indicaciones.

De nuevo en planta baja comenzó a gritar.

- ¡Cuanto más organizados estemos más rápido será! ¡Tomen de las manos a sus allegados y acérquense a la puerta, subirán rápido pero ordenados, los recibirán arriba con instrucciones! ¡Niños con sus madres y personas mayores encontraran asilo en el primer piso, el resto seguirá subiendo un piso más a la azotea, también tendrán personas que los asesore! -No tan ordenado como esperaba, la gente acató. Ayudó a subir a un grupo pero notó que la cantidad de necesitados era más de la que podía organizar. Una pareja joven se quedó con ella diciendo que podían ayudar. Zalanna les explicó la idea y cómo organizar. Siendo tres escoltando e instruyendo a los comensales la tarea era más sencilla.

Cuando ya no quedaba nadie ordenó a la pareja que subiera y se dedicó a buscar y escoltar personas de la calle a los pisos. Algunos huían, otros la escuchaban pero decidían continuar y unos pocos más obedecían, aceptando ser escoltados y recibir la instrucción.  Cuando tanto el primer piso como la azotea no podían recibir más personas bajó. Observó el recinto y rompió dos mesas. Pasó las maderas de base para el otro lado con la puerta y armó una barricada delante del lado de la cantina con los muebles completos. Tuvo que hacer malabares para volver a pasar del otro lado y cerrar la puerta, la aseguró con la llave que el dueño le había dado y luego trabó las tablas de las mesas destrozadas para tener más resistencia. Sólo por si acaso.

Subió de a zancadas, se aseguró que cada piso estuviese bien y se quedó en la azotea. Miró todo el desastre que era la calle. Ubicó a Nowell y el pecho se le contrajo. ¿Realmente no podía ser de más ayuda? "Te pidió que te quedes. Sólo estorbarás.", se estaba mordisqueando la piel del labio, presa de la ansiedad mientras paseaba los ojos de un lado al otro. De pronto lo vió, a lo lejos, un niño llorando contra una pared calles abajo. ¿Es que estaba solo?

Contó hasta 20. Fue todo lo que aguantó. En la vorágine nadie lo veía y el niño parecía perdido. Contó las casas que debía saltar y se subió a la cornisa. Pasó uno a uno por tres techos, ayudándose por árboles y postes hasta que pudo bajar al suelo y correr. Se acercó al niño despacio y mantuvo una pequeña distancia antes de hablarle.

- Hey, ¿y tu madre? -El pequeño alzó la vista y negó con la cabeza sin poder parar de llorar. Lanna notó que tenía las rodillas al rojo vivo con el pantalón roto y le abrió los brazos.- Bien, haremos esto si te parece. -El pequeño se quedó viéndola con desconfianza, pero atento.- Me describes cómo es tu madre, yo te llevo a un sitio seguro y la busco. Cuando la encuentre la llevaré al mismo lugar, pero antes tenemos que asegurarnos que estés bien y en un lugar fijo donde ella te pueda encontrar, ¿esta bien? -El niño pasó saliva y sintió, con las piernas temblando se acomodó en los brazos de la híbrida. Ella sonrió y susurró:- Todo va a estar bien. -Antes de acomodarlo en su espalda y asegurarlo para volver a correr calle arriba. Lo dejaría en la cantida a cuidado de los dueños mientras buscaba a la madre del pequeño: Una mujer de pelo castaño oscuro y ojos celestes, de estatura media y color de piel trigueña según él le decía entre sollozos.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Lun Jul 18, 2016 12:23 am

Se quedó un poco más tranquilo cuando Zalanna asintió y tras dar su últimas palabras salió del bar rápidamente. Sabía que en casos como esos podía usar su autoridad con los soldados, pero para las peleas en tierra eran mejores los hombres entrenados y él no tenía nada que hacer, aunque necesitaba informarse correctamente sobre la situación que acontecía. Para poder ayudar o reaccionar correctamente sin arruinar los esfuerzos de los demás tenái que saber el sitio por el cual los emergidos habían llegado y a dónde buscaban dirigirlos, si había que evacuar una zona, si podían haber algo para evitar el uso de magia en la ciudad o si acaso tendría que transformarse todo ese pueblo en una zona de batalla. Se preguntaba cuántas cosas perderían esa vez y cuánto más la corona debería ayudar.
Bajó por la calle, quitándose las gafas del rostro, y evitó a las personas que corrían en la dirección opuesta. Al mismo tiempo, palpó los bolsillos de su chaquetea y sacó de allí los guantes que siempre solía llevar puestos para colocárselos correctamente. Había estado tan concentrado en el día que llegó a olvidarse de ellos, dejando a la vista unas finas cicatrices que le recorrían los dedos, palma y dorso de sus extremidades. Al dejarlas cubiertas se sintió más protegido y al mismo tiempo más tonto por haberlas dejado expuestas delante de la joven de cabellos negros.
Detuvo su andar y miró hacia atrás, algunas personas comenzaban a subir al techo de la edificación que había dejado. Podía quedarse tranquilo, ella estaría  a salvo allí. Se decidió a cruzar la calle y seguir avanzando cuando alguien dijo su nombre y debió detenerse, girando la cabeza hacia atrás para notar que desde un escondrijo entre dos casas salía uno de los uniformados encargados del asedio.

—¿Terminaste de divertirte? —le preguntó con gracia pero con un tono de acidez.

—Más bien me interrumpieron —respondió con una risa cansada y señaló con un movimiento al lugar desde el cual provenía el humo—. Dime.

El soldado, llamado Dorian, le informó que los emergidos habían aparecido desde el lado este del puerto, habían destrozado a casi dos tripulaciones que andaban por allí y no parecieron muy preocupados por el resto de las personas sino que, como atraídos por la sangre caliente, se lanzaron dentro de la ciudad. Habían tenido muchas bajas civiles, pero apenas estaban contabilizando heridos en la armada. Sin embargo, tenían un problema: no podían sacar a los apresados del lugar donde los tenían por el ataque y habían dado la orden de evacuar el puerto. Al parecer todos temían que el sitio fuera destrozado por los emergidos.

—Avisa a los reos que está sucediendo este ataque, que si no quieren ser el almuerzo de los emergidos se comporten y lleva a la mitad de los hombres al puerto para unirse a la defensa. Sigue las órdenes del superior a cargo —indicó—. Yo iré también, no podemos perder el puerto pues si hay heridos el transporte sin un muelle será un incordio.

El hombre asintió y sin hacer un saludo parió rápidamente, adentrándose por el lugar del que había salido y yendo hacia la edificación tomada que no quedaba demasiado lejos de donde ellos estaban.
Nowell se giró y decidió que su destino estaba claro: el puerto, lo importante era salvar los mueles y alejar los barcos, incluso subir a las personas allí. Debían asegurarse de no perder las plataformas porque estaba seguro de que tendrían unos cuantos heridos. Pelear contra cosas sin dolor era algo que complicaba las cosas.
Esa vez no llegó a avanzar un paso cuando una mujer lo detuvo, tomándolo de un brazo. Al girarse, con un gesto ligeramente fastidioso por la urgencia que tenía, se encontró con una mujer de cabello castaño oscuro y ojos celeste claro que lo veía con pánico. Le preguntó que sucedía antes de siquiera pensar la pregunta y la mujer le contestó que estaba buscando a su hijo, Aidan, que lo había perdido en un momento entre la gente y se vio arrastrada lejos del lugar, había vuelto a buscarlo pero no lo encontraba.
El Consejero soltó un chasquido. Perder a un niño allí era un acto estúpido y peligroso no sólo podía ser aplastado por las personas sino que también caer en una situación de riesgo o quedar atrapado en medio de la refriega si se había perdido. Buscarlo le llevaría demasiado, pero podía informar sobre un niño perdido, sin embargo necesitaba que la mujer se quedase en un sitio fijo para poder encontrarla y devolverse a su hijo... si es que lo encontraban.

—Sigame, la dejaré a salvo y buscaré al pequeño —le prometió, aunque no muy seguro de si realmente podría hacer algo así.

Aunque asustada, la mujer asintió y fue tras él que la condujo entre el gentío hacia el bar donde muchas personas esperaban en lo alto. Lo bueno de ese tipo de lugares y de las construcciones en Durban es que las casas contiguas estaban cerca y en caso de urgencia podían saltar de techo en techo. Mirando a todos lados se fueron acercando, la mujer a su espalda comenzó a gritar el nombre de su hijo con desesperación, con tanta fuerza como su sangre tenía, con una potencia que superaba un poco el clamor del pánico. Y entonces lo escucharon, primero bajo y luego con más fuerza, la voz de un niño llamándola. "Madre, mamá" repetía el pequeño con la voz chillona y siguiendo el sonido sea cercaron.
Ella gritaba, el niño también, y fue por eso que pudieron encontrarse. Cuando lo hicieron, Nowell se detuvo con sorpresa y observó a Zalanna a los ojos mientras la mujer pasaba a su lado para poder tomar a su niño en brazos y llenar de agradecimientos a la joven híbrida que al parecer no sólo había tenido la misma idea de él al llevar al niño perdido al bar sino que además no estaba a salvo como él le había pedido.

—Ayúdales a subir y sube allí también —le indicó a la muchacha señalando el techo de la cantina, donde algunas personas hacían señales a la mujer con su niño para que se acercara—. No vuelvas a bajar, no sabemos en qué dirección se está llevando a cabo el enfrentamiento.

Y tras decir aquello se cruzó de brazos, pasando su peso de un lado a otro, sin apartar la mirada de ella. Si era necesario la ataría y la mandaría allí arriba en un par de movimientos. No veía mal que Zalanna hubiese bajado para ayudar a un joven, pero había asentido cuando él le pidió que se quedara a salvo, así que esperaba que cumpliera.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 22, 2016 11:59 am

Aidan, como el niño se había presentado entre sollozos y timidez, fue el nombre que comenzó a retumbar conforme subían por la calles. Sintió el suspiro de alivio en su oído y la forma en que las pequeñas manos se aferraban a sus hombros, segundos pasaron antes de que él también comenzara a gritar buscando reencontrarse con su mamá. Zalanna sonrió y aceleró la marcha. Uno, dos, cinco, diez metros y se detuvo de pronto, como si un grillete la jalara obligándola a parar. La culpa.

Nowell estaba parado a unos metros frente a ella, la mujer que lo acompañaba corrió como un rayo y tras susurrar mil gracias se adueñó de Aidan y lo apretó contra su pecho mientras ambos derramaban algunas lágrimas y ella le llenaba el rostro de besos. Lanna soltó el aire que guardaba en los pulmones al verlos y luego se giró hacia Nowell, la primer idea que le surgió fue disculparse pero no, ya era tarde para eso, así que sólo le sonrió y caminó hacia él. Se encogió de hombros y señaló tímidamente con la cabeza al pequeño. Lo había convertido en su excusa. No era algo real, es decir, sí, ella había bajado a ayudarlo pero ya tenía pensado romper la muda promesa desde el primer instante y aferrarse a una pobre excusa como "jamás mencioné que sí lo haría"... Pero Nowell parecía molesto, al menos lo suficiente como para que ella no quisiera añadir leña al fuego.

Lo escuchó atenta, pero ante las nuevas indicaciones bufó. A la rueda, de nuevo.

- Si, papá. -Comentó antes de girar hacia la mujer.- He trabado el acceso, así que los subiré a uno, ¿de acuerdo? Acérquense a la pared lateral, por favor, enseguida voy a ayudarles. -La mujer asintió y dando nuevamente las gracias obedeció. Zalanna se acercó a Nowell agachando el rostro y mirándole a los ojos, en cuanto estuvo a su lado empujó suavemente con su hombro.- No puedes culparme por no hacer caso, intentaré tener el culo quieto esta vez. -¿Formalidades? ¿Para qué? Estaban corriendo ya en medio del caos y era mucho más sencillo simplemente decirlo que pensar un modo correcto de informarlo.- Lo siento, de todas formas, y lo siento a futuro... Es justo que sepas que si siento que debo volver a bajar, lo haré. -Le sonrió y corrió hacia donde esperaban la mujer y el niño.

Les brindó indicaciones. Primero subiría el pequeño, en su espalda, mientras ella escalaba lo suficiente como para que las personas de arriba lo tomaran. Luego repetiría el proceso con ella. Aidan se subió a su espalda, Zalanna trepó un piso y medio y las personas de la cantina lo tomaron.- ¡Atiendan sus rodillas, por favor! -Indicó, aún trepada rebuscó en su bolsillo donde encontró la llave de la puerta de abajo. La tomó, alargó la mano y esperó a que se hiciera con ella la moza.- Por favor, entrégala al dueño, es la llave de la puerta principal. -Tan pronto como terminó, la muchacha asintió y desapareció de su vista.

Bajó, acomodó a la madre en su espalda y repitió el proceso. El problema surgió cuando a mitad de camino una persona tironeó de su tobillo. Zalanna separó un poco su pecho de la pared para poder ver de quién se trataba. Y era algo extraño.

Una persona con facciones completamente vacías tiraba de ella con zaña. ¿Un Emergido? Había escuchado de ellos y todo el revuelo entre países, pero ver uno jamás. Aún así reconoció los colores, después de todo era nativa de Ragna Ferox, ése Emergido luchaba en nombre de Akaneia. Se aferró a la pared con fuerza y gritó.- ¡Escáleme! -Le ordenó a la mujer, que no reaccionó.- ¡¡NOWELL!! -Pidió ayuda aunque dudaba que fuese necesario, de seguro él ya estaba cerca o debajo de ellos, pero lo soltó sin pensar. Resignada a que la madre estaba paralizada se encorvó, enlazó su mano zurda con un tubo de desagüe y pasó su derecha por la cara interna de las piernas de la mujer hasta dejarla sentada en su hombro. Recolectando todas sus fuerzas, acomodó su palma enlos glúteos de ella y empujó hacia arriba.- ¡Tómenla! -Y ojalá lo hicieran, porque nada más gritar quien tiraba le ganaba jalándola hacia abajo.

Cayó de espaldas, sintió en sus homóplatos una cara y su cuerpo, con el envión, siguió su curso haciendo un rol dejándola respirando el polvo de frente.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 22, 2016 4:54 pm

El joven observó a la muchacha acercarse a él y señalar al pequeño, suponía que con eso se estaba excusando y con eso no podía decirle absolutamente nada. Él habría hecho lo mismo, de hecho, acababa de interrumpir su camino para ayudar a la madre del niño. No pudo más que asentir, de acuerdo con su forma de actuar.
La respuesta que le dio ante su indicación logró que soltara un resoplido mientras ella le indicaba a dónde ir a la mujer, la verdad es que era mejor de esa forma. Fue un empujón suave lo que lo hizo volver la mirada para encontrarse con Zalanna que lo observaba con el rostro agachado, prometiendo que intentaría quedarse quieta y pidiendo disculpas por adelantado. Nowell por un momento no supo si elevar una ceja en tono irónico o decir algo, pero para cuando se decidió ella ya se estaba adelantando. Daba igual, no había mecho por hacer en un momento así.
Observó a Zaly acercarse al bar y ayudar a subir al pequeño, las personas que estaban arriba le daban una mano cargando con el pequeño antes de que ella legase al borde del edificio para que pudiera bajar. Estaba seguro de que estarían a salvo allí arriba, si se escondían de los bordes y los emergidos no los veían entonces aunque hubiese un arquero o mago entre las filas enemigas no correrían peligro. O eso esperaba, últimamente se preocupaba por no hablar de más para no llamar a la mala suerte.
Le dio la espalda a la situación y observó la calle por la que iba a bajar, las personas allí comenzaban a escasear y eso significaba que tenían al menos un cuarto del pueblo libre para pelear . Necesitaba buscar rápido a algún jefe de guardia para saber cómo podía ayudar aquello, se adelantó unos pasos, observando una nueva voluta de humo más cercana y frunció el entrecejo con preocupación. ¿Ya estaban tan cerca? No podía imaginar cómo se habían adentrado tanto entre las casas en tan poco tiempo, ¿serían acaso demasiados enemigos o simplemente eran más rápidos de lo normal?
Soltó un chasquido y se preparó para adelante cuando su nombre en un grito lo hizo detenerse. Sintió que un frío helado, como el de los inviernos más crudos, le recorría el cuerpo antes de poder darse vuelta para ver lo que ocurría. La visión lo dejó paralizado un segundo. Zalana colgaba desde la mitad del edificio, con la mujer casi sobre sus hombros y alguien jalaba de ella para tirarla al suelo, alguien uniformado y muerto. Un emergido.
Nowell rápidamente calculó la distancia mientras las personas sobre el techo ayudaban a la dama subir, supo que Zaly no iba a resistir demasiado y antes de pensarlo se lanzó hacia adelante. Las manos de la muchacha se soltaron, su cuerpo capó por el aire y el emergido la soltó. Todo eso pareció ocurrir lento. Ella cayó al suelo, el enemigo levantó por encima de su cabeza una lanza con la punta partida pero lo suficientemente afilada como para hacer daño y se dispuso a atacar. Antes de que el filo tocara a Zalana, Nowell se lanzó sobre el emergido.
Golpeó con uno de sus hombros el cuerpo cubierto por placas del cadáver y ambos quedaron empotrados contra la pared por el golpe. El emergido se resbaló hasta el suelo y el Consejero se apartó rápidamente, con el corazón latiendo desbocado por la locura que acababa de hacer. Rodó por el suelo una vez, se puso de pie sin molestarse por estabilizar su equilibrio y antes de retroceder se acercó a Zalanna para levantarla del suelo. No se fijó en ser delicado o amable sino que la tomó de un brazo, jaló de ella y cuando estuvo medio levantada la tomó en sus brazos en volandas. No tenían tiempo para quedarse allí.

—Nos vamos, agárrate —le gritó para que se sujetara de su ropa o algo y se lanzó a correr por la calle, viendo por encima de su hombro cómo el emergido se levantaba y, más allá, algunos otros cadáveres vivientes aparecían—. Mierda, mierda.

Mierda no era exactamente la mejor palabra para describir la situación y mucho menos lo fue cuando sintió algo filoso rasparle la espalda. El filo traspasó su chaqueta, la fina tela de la camisa y creó un rasguño rojizo en su piel, arañando lo suficiente como para que sangrara pero no para que le impidiera seguir corriendo. Nowell siseó de dolor pero no hizo más que eso, no tenía tiempo de preocuparse por un rasguño.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 23, 2016 2:24 am

Para cuando alzó la cabeza, Nowell arremetía contra el emergido, apenas si pudo incorporarse sobre sus rodillas que lo tenía de vuelta frente a ella, tirando del antebrazo para que se pusiera de pie. Torpe, pero ya con el peso de su cuerpo sobre sus piernas, fue cargada en brazos por él. Se aferró como pudo a los hombros de la camisa ubicando en primer instancia a la mujer que ya había sido subida a la azotea. Al parecer todos se habían agachado ocultándose en las cornisas y eso le trajo alivio al pecho.

Apenas intentó volver la vista al frente vió por el rabillo un destello, para cuando su cerebro encajó de donde provenía miraba fijamente al emergido tras ellos y luego el raspón a lo largo de la espalda de Nowell. Comenzó a sangrar. Escuchó el quejido y se volvió a él.- Si nos separamos podemos confundirlo. -Le propuso que la bajara de forma indirecta, en realidad quería sacarle peso a él para que pudiera correr más rápido... Se quedó mirándolo fijo unos segundos. Cinco. Diez. Él ni se mutó, siguió corriendo como si nada ella hubiera dicho y asumió que no quería responderle. Probablemente ya supiera que era otra excusa y, realmente, ya no quería añadir más leña al fuego.

Volvió a aferrarse a él, fijando la mirada a sus espaldas, al menos podría ser útil informando el estado de la situación tras ellos. La culpa empezaba a carcomerle por dentro. Él estaba herida por ella no hacer caso. Por no haber dado la llave rápido. O no subir con la madre y el niño a la vez. Por no poder defenderse sóla de ese Emergido... Por no... Por no... Se mordió el labio, impotente, inútil y subió su diestra hasta dejarla en la nuca de él. No sabía cómo disculparse en ese momento y todo lo que dijera no ayudaría en nada, no tenía otra opción que ofrecer sus disculpas acariciando suavemente bajo la coleta con la yema de sus dedos. Un gesto demasiado suave para la vorágine en la que estaban metidos.

Unos metros más y pronto estaban al comienzo de la zona portuaria, reconocía los adoquines antes atestados de habitantes ahora vacíos. El olor a especias, mar y frutas. Las tiendas estaban abandonadas, muchas rotas, con mercancía esparcida por doquier y algunos muertos repartidos en los rincones. El estómago le dió un vuelco. Más se acercaban a los muelles y más apestaba el ambiente a sangre y fuego.

El Emrgido aún estaba tras ellos, blandiendo su arma con sus ojos vacíos y su expresión inmutable. Alargando un poco más el brazo la punta estuvo cerca de volver a rozar la espalda de Nowell, pero de un manotazo Zalanna la desvió. Había calculado dar en la unión de la punta con la madera, sin esperanzas de realmente no salir herida, acertando de casualidad. Se abrazó aún más a Nowell hundiendo la nariz en la tela para llenar sus pulmones del perfume (ahora mezclaro con sudor) para escapar del olor a óxido. Se aguantó de cerrar los ojos, no importaba cuánto quisiera dejar de ver las calles rojas ahora lo útil era tener la vista bien atenta.

Más adelante llegaron a la parte de embarcaciones, era hacia el lado contrario por donde habían llegado, probablemente Durban contara con sectores separados para embarcar o desembarcar. La zona parecía mejorar un poco pero la vista hacia atrás era devastadora. Los destrozos de multiplicaban casi tanto como los cuerpos, habían barcos aún lleno de soldados Emergidos tirando por la borda marineros. Creía que por aquel sitio había comenzado todo...

Los gritos de órdenes se hacían cada vez más fuertes. Al parecer, aparte de refugiar habitantes en las azoteas de edificaciones, el cuerpo militar estaba salvaguardado civiles en los barcos, posiblemente para llevarlos al mar y alejarlos de la situación. ¿Contarían con centros de refugio, tierras aliadas o harían tiempo hasta poder volver a traerlos? De repente una idea le entró en la cabeza... ¿La dejaría en uno de los barcos? Abrió la boca para protestar, pero se encontró vacía de argumentos. Lo único que la culpa le susurraba es que en ese entonces sólo era una carga y que le ayudaría más estando lejos que cerca siendo un ancla.- ¿...sabes dónde estás yendo...? -Fue lo único que quiso saber.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 23, 2016 5:33 am

Por supuesto cualquier idea de Zalanna de bajarse, separarse o lo que fuera fue completamente ignorada por el Consejero. Desde que la había cargado en brazos decidió que no la dejaría en el suelo hasta que estuvieran a salvo. Era consciente de que ella por su raza podría hacer mucho más que él, un simple mago, pero que los daños que podía provocar como manakete eran mayores a los que tal vez pudieran enfrentar. ¿Cuántas casas estarían dispuestos a perder por una ventaja en una pelea? Tenían a los soldados en movimiento, no necesitaban más aún, después de todo si sólo un emergido se había colado entre los huecos entonces la situación podía estar dentro de la ciudad más controlada que en el puerto.
El puerto, sus pies se dirigieron hacia allí casi sin pensar. Corrió lo más rápido que pudo cargando el peso de la joven, que pesaba menos de lo que podría haber imaginado, mientras sentía el sudor recorrer su espalda. Nada de eso le importaba, era consciente de que necesitaba poner espacio entre él y la criatura que los perseguía y dejó que Zalanna se aferrar a él a su gusto y comodidades sin quejarse. Pronto, antes de darse cuenta, la molestia en su espalda desapareció mientras su cuerpo era invadido por la adrenalina.
Un toque en su nuca le hizo sentir un alivio en el corazón e inconscientemente sus brazos tomaron con más firmeza a la joven. Lo reafirmó en su interior, no iba a parar hasta dejarla a salvo, no podía dejar que un civil fuese lastimado. No, no podía dejar que ella lo fuera. Ya gran destino peligroso había decidido tomar por su cuenta la joven como para encima tener que sufrir aquella batalla que no le correspondía. Para algo estaban los uniformados y él allí. No importaba que su puesto fuera detrás de un escritorio, Nowell sabía que si lo necesitaban en el campo de batalla él se presentaría para proteger a quienes apreciaba y el lugar en el que por primera vez en su vida era aceptado y apreciado.
La zona del puerto se abrió ante ellos y el joven casi debió saltar un cuerpo para poder avanzar. Intentó mantener la mirada en lo alto para no concentrarse en el suelo manchado de sangre. Intentó no pensar en los destrozos en las vidas perdida, concentrarse en la tarea que tenía entre manos y en las razones por las que estaba allí. Él lo sabía, si había civiles que podían ser evacuados al mar se harían partir los barcos, es parte para no perder la flota y en parte para proteger a más personas. Sin embargo, ante esas situaciones se necesitaba ayuda y coordinación, por lo que él intentaría salvar a cuantas personas pudiera allí y, ya que estaba, dejar a Zaly en uno de esos transportes.
Observó hacia atrás para ver el barco atacado por emergidos por encima de la figura de Zalanna, que se aferraba a él, y soltó un chasquido. Un grupo de soldados, al verlos llegar, fueron a su ayuda y un lancero experto atravesó con su arma la cabeza del cadáver que los perseguía. Nowell se detuvo, con la respiración agitada, y los uniformados se acercaron preguntándole quienes eran, evitando que él respondiera la duda de la joven.

—Nowell —respondió él mientras dejaba a la muchacha en el suelo. Pero, aún reticente a soltarla, cuando ella quedó de pie la sostuvo contra él tomándola de un hombro con firmeza mientras sacaba desde dentro de su ropa la medalla de cobre que lo identificaba como consejero real—. Sirvo a su majestad.

Uno de los hombres que se acercó a inspeccionarlo realizó un saludo militar y envió al resto a seguir conteniendo el ataque. Educadamente, pero apresurado, el joven le preguntó si deseaba algo y él negó.

—Les ayudaré aquí y controlaré a los civiles para aliviarles la carga.

Sorprendido, el soldado abrió sus ojos para replicar pero Nowell lo calló elevando una de sus manos, con una sonrisa cansada.

—Sigue con tus tareas, proteger las islas es tarea de todos. —Con un saludo final el soldado partió con un grupo para intentar frenar a los emergidos del barco. Fue entonces cuando bajó su mirada a Zalanna y le mostró una sonrisa culpable—. Lo siento, tengo un plan para matar dos pájaros de u tiro y creo que no te va a gustar.

Y el plan estaba claro pues los barcos allí, todavía ilesos, comenzaban a partir y apenas dos aún estaban con sus tablas en los muelles recibiendo gente y cargando lo último que necesitaban. No quedaba mucho tiempo.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 24, 2016 1:23 am

No llegó a apoyar los pies que era inclinada contra el lateral de Nowell. Suspiró, si tuviese una dragonstone en mano... Fue extraída súbitamente de sus pensamientos. El guardia no estaba más en frente y tardó unos segundos en encontrar la mirada de Nowell fija en ella. Frunció el ceño, tardó unos segundos, pero pudo armar las palabras que entraron desorganizadas en su cerebro hasta darle sentido y forma.- Incluye sacarme del medio. -Aflojó las facciones y asintió.- Lo entiendo perfectamente, también estaba pensándolo... -Estaban anunciando los embarques, uno iría hacia Begnion y otro a Kilvas.

Se separó unos pasos del hombre mirando al barco que iría a Begnion.- ...voy a trabajar hasta ser indispensable como ayuda. -Ajustó las ropas y lo miró por sobre el hombro.- Cuídate. Prometo hacer lo mismo. -Sin nada más que agregar y sin más tiempo que perder le sonrió y comenzó el trote hacia las plataformas. De nada servía ponerse en cabeza dura donde sabía que sólo sería una molestia. Debía informarse mejor sobre la situación entre países y el conflicto con los emergidos. No sólo le ayudaría a sus propios fines, sino que, en situaciones como aquella le permitiría hacer más que sólo huir y sentirse ajena a la situación que sufría el mundo donde estaba viviendo.

Se presentó en las tablas y la apuraron dentro del barco. Pisó las tablas tranquila hasta la mitad, donde se volvió a Nowell para saludarlo con la mano antes de entrar a la flota. Debía parar de huir. Después de todo, y junto a toda la mierda que debía resolver, había una promesa de luz con ella misma que no debía olvidar. Siempre había espacio para ayudar. Siempre había una forma, y ella la iba a hallar. Awka se lo había enseñado y si algún día lo encontraba sería bueno contarle cosas buenas que había inspirado.
- ZALANNA FUERA DE ESCENA -
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 24, 2016 2:45 am

Nowell sonrió con pena pero no pudo negar las palabras de Zalanna. Claro, no estaba decidiendo sacarla del medio porque ella estorbara o porque creyera que no podía hacer algo o cosas por el estilo, sino que la estaba sacando de allí para que estuviera protegida. Ella no debía verse envuelta en aquel problema pero al mismo tiempo no podía dejarla sola sobre algún lugar alto allí pues la vista era devastadora y las llamas de los focos de incendio avanzaban con rapidez. Eso sin contar que, al fin y al cabo, ella deseaba ir a Begnion y allí delante tenía prácticamente una vía gratuita o mucho más barata hacia su destino.
Una parte del Consejero clamaba porque ella no partiera, porque se quedara allí e intentar hacer lo posible para mantenerla salvo a su lado en el enfrentamiento, pero la parte más racional del joven reclamaba que eso no tenía que ser así. No debía dejarse llevar por sus sentimientos sino hacer lo correcto. Fue por eso que logró resistirse a detenerla cuando se separó de él prometiendo que se cuidaría y pidiéndole que hiciera lo mismo dándole una última mirada por sobre un hombro.
Mordiéndose los labios y transformando sus manos en puños la siguió con la mirada. Ella le había sonreído al final y trotó hacia las plataformas hasta ser apuntada en los pasajeros con rapidez. Sin perder el tiempo la guiaron por la tabla hacia el barco y sus ojos se encontraron una vez más. Nowell se sintió un poco estúpido por estar allí, solo, olvidando la batalla que ocurría más adelante, para asegurarse de que ella subiera a salvo. Elevó una de sus manos a modo de saludo para darle ánimos y pronto la perdió dentro del barco.
La tabla que hacía de pasarela no tardó en ser elevada. Las trabas puestas, lar cuerdas cortadas y con sólo bajar una de las velas la corriente y el aire empujaron la embarcación lejos del lugar. Las olas golpearon el casco, la corriente lo arrastró y el navío se embarcó en un nuevo viaje con la suerte de estar ileso, escapando de las conflictivas tierras de aquella isla de Durban.
Nowell sacudió la cabeza y se volvió hacia el área problemática. La única forma de sacarse la imagen de Zalanna de la cabeza en ese momento, de olvidar aquella molestia a un lado de su pecho y la sensación intranquila en su estómago era pelear. Destrabó la alforja donde llevaba guardado el tomo de magia oscura y tras abrirlo en la página correcta fue junto a un grupo de soldados para unirse al ataque.
En momentos como ese el rango, la importancia social y las formalidades no importaban. La meta general era clara y salvar ese pueblo era a lo que todos apuntaban.
Los uniformados pelearon sin detenerse, los más jóvenes acabaron con los focos de incendio y los más conocedores de estrategias hicieron la tarea mucho más fácil. Debió caer la noche para que por fin pudieran acabar con el último de los emergidos que había aparecido y el cansancio, las heridas recibidas y las horas transcurridas hicieron mella en todos.
Esa noche las tierras de Durban volvieron a dormir en tranquilidad. Las personas volvieron a sus hogares, los soldados fueron atendidos y junto a los voluntarios los cuerpos fueron incinerados para realizar un entierro rápido para evitar epidemias. Todos descansaron al final e incluso logró hacerlo el Consejero, a pesar de sus heridas y de sus pensamientos que volvían entorno a aquel par de ojos ámbar que para ese entonces estaban lejos de él.

-Fin del tema-
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