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Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

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Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 02, 2016 10:25 pm

La pequeña moneda debía de estar mareada por ir y venir entre sus dedos. Había tomado ya la misma temperatura de su piel y poseía un ritmo ya mecánico por la repetición. Había partido de Renais hacía ya dos semanas camino a las islas de Durban. A pesar de sus fuertes políticas anti corrupción había entendido por los rumores que era un centro para la piratería por su gran tráfico marítimo y comercial. No es que le llamara la atención pero quedaba de camino a Gallia y era un buen centro para obtener algo de información sobre su pasado, el apogeo de los bajos.

Suspiró y cerró los ojos, sus nervios aumentaban conforme disminuía la distancia a destino. En un movimiento dejó a la moneda cautiva en la palma y se puso de pie. Miró las pequeñas ondulaciones en el mar oprimiendo el nudo que se formaba en su estómago mientras daban el aviso de que en dos horas estarían arribando en puerto. Giró sobre sus talones abandonando la popa para dirigirse al camarote asignado. Empacó pocas cosas que tenía repartidas por el lugar, retocó su maquillaje y escogió la ropa que llevaría.

Acabó con el cabello negro, teñido paciente y temporalmente con tinte negro natural reforzado con carbón, repasó sus labios con brillo y ropas típicas de la región (Pasó gran parte del viaje informándose sobre la zona y las costumbres y comprando o realizando trueque con otros pasajeros del barco hasta tener un outfit decente). Entre tanto ajetreo perdió la noción del tiempo y para cuando quiso recordarlo, ya había bajado por la pasarela del barco, despidiéndose en silencio con la mirada sobre el hombro y su cuerpo adentrándose en los mercados del puerto.

El ambiente era animado, las voces musicalizaban el aire ofreciendo sus productos y rebajando los precios al ritmo del regateo. Los niños corrían rodeando a la madre unos metros hacia delante y regresando unos metros hacia atrás, otros mercaderes más nómades se paseaban con canastas en su cabeza con fruta y verdura fresca. Todo de colores cálidos y vibrantes, con un ardor de vitalidad en los rostros. El paisaje era precioso, pero no se libraba de las manchas. Más adentrada en la ciudad reconoció sectores oscuros, pasillos que parecían infinitos: lúgubres y grises. No habían carteles ni señalamientos, pero gritaba por todos sus rincones ilegalidad. No es que todos pudiesen notarlo, no; eran lugares más bien camuflados y que a ojos inocentes simplemente era sectores más bien dejados de lado, sólo los interesados en ese tipo de comercio o quienes temían a él, como ella, los identificarían de un modo tan rápido.

Se plantó mirando uno de los sitios, con sus manos temblando bajo las ropas y su vista clavada en uno de esos rincones. Si quería información debía meterse allí. Mentiría si se creyese armada de coraje, hacia tiempo que no tenía tanto temor en las venas. Cerró los ojos y acumuló fuerza de voluntad, encerró su miedo y repitió uno de los placebos más conocidos para animarse a hacer cosas estúpidas: "La valentía no es la ausencia del miedo, sino actuar a pesar de él". Con un envión, decidida a dar la actuación de su vida, dió el primer paso. Fuerte y avasallante. Pero... concentrada en concentrarse, olvidó de entorno y llevó por delante a un inocente que nada había hecho por ganar un empujón.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 02, 2016 11:05 pm

El golpe de aquel pequeño cuerpo contra el suyo no fue algo que pudiese tirarlo ni mucho menos, le dio un empujoncito que lo obligó a dar un paso al costado y a volver los ojos hacia ella. Aquel golpe, que parecía haber sido hecho sin querer por la joven, no había sido más que un acto premeditado del Consejero. Más le valía a él evitar que esa joven entrara a el recinto que tenían en frente si no quería que un posible civil se viese envuelto en algo feo.
Nowell sabía con certeza que en los alrededores había soldados escondidos, personas que estaban acechando con su permiso ese lugar ilegal oculto en medio de un montón de casas de familias, en el corazón de una de las islas de Durban. No podía permitir que eso siguiera adelante y, en pos de sacarle algo de trabajo a Yuuko, él había decidido tomar el lugar de la soberana por esa vez para encargarse de que la operación fuese llevada a cabo y que los interrogatorios fuera no solo pertinentes sino justo. ¿Quién mejor que él para saber sobre interrogar gente? Su pasado lo abalaba para hacer ese tipo de cosas.
Sin embargo, mientras paseaba por allí para ubicar con sus propios ojos el edificio, notó la figura delante de la entrada y supuso que no estaría bien permitir que cualquiera se involucrara en lo que podía pasar dentro. ¿Y por qué había ido a detenerla? Sencillo: aquella persona había dudado al entrar, si eso estaba ocurriendo significaba que no era parte de ese mundo o que tenía que ir allí a pedir un favor que le costaría pronunciar. No parecía alguien que fuese a juntarse con aquellos matones para tomar un trago. Todo eso lo había deducido al ver su actitud, en segundos, porque alguna vez él había pertenecido a la escoria a la que esa persona parecía intentar acercarse.

—Lo lamento, ¿se encuentra bien? —le preguntó con amabilidad, sonriendo un poco y parándose frente a ella—. No veía por dónde caminaba.

Agradecía en ese momento no tener puesto su uniforme oficial y haber cambiado su chaqueta negra por una ocre más casual a fin de pasar desapercibido. Si alguno de los maleantes de adentro se daba cuenta de que era un oficial podía tener problemas antes de lo que esperaba.
Con una confianza que no tenía hacia ella, el joven se inclinó hacia su dirección para hablarle en susurros.

—Será mejor que no entre a este lugar, no es un buen día.

Tras decirle aquello con suavidad pero lo suficientemente alto como para que ella lo oyera, recuperó su postura erguida sin perder la sonrisa.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 02, 2016 11:24 pm

- ¡L-Lo sien-! -Fue interrumpida. Apenas cuadró la vista para ver a quién había atropellado, pero no pudo hilar las palabras más rápido que las de él. Era un muchacho alto, de ojos esmeraldas y apariencia confiada; una sensación extrañaba le despertaba naciendo en su parte baja del vientre. Se disculpaba, preguntando por su estado y alegando no saber por dónde caminaba en un acto que ella tomó por caballeresco: En aquella ecuación ella era el factor que no estaba funcionando, había sido ella quien no había mirado pero era él quien decía tener la culpa. Pasó saliva y asintió simplemente, sin poder despegar la vista de él. ¿Habría notado a dónde se dirigía? Parpadeó sintiendo cómo los nervios se apoderaban de su columna y comenzaban a subir con mil picazones hacia su nuca.

Separó los labios para continuar con la frase inacabada, con sus palabras abandonadas al comienzo, pero él decidió acercarse. Por acto reflejo dió un paso hacia atrás y afiló la mirada, sintió su aliento rozarle el cuello y sus palabras en su oído. Ahí la tenía la respuesta a su pregunta: Sí, sabía a dónde ella se dirigía. Frunció el ceño mientras seguía con sus pupilas sus movimientos, como un felino cuando analiza una luz que le parece extraña.

- No es un buen día... -Repitió en un tono suave. ¿Qué debía hacer para preguntarle? ¿Acercarse? ¿Susurrar? Se aclaró la garganta y retomó su papel.- Lamento haberlo atropellado, yo tampoco veía por dónde iba. -Le sonrió cautelosa y acomodó un mechón tras su oreja, avanzó unos pasos.- ¿Es nativo de aquí? -Preguntó.- Quisiera saber algunas direcciones si no es molestia. -Un diálogo casual para quienes pudiesen escuchar mientras encontraba su nueva posición, al lado de él, mirando hacia donde avanzaba la mayoría de la gente, observando las calles que realmente no le interesaban en lo más mínimo. Para cuando volvió a hablar, su voz apenas era más fuerte que un susurro. Un volumen cuidado para que sólo él la oyera mientras su rostro manejaba las facciones de una extranjera perdida. Un teatro para alrededor.

- Sabe lo que hay en ese sitio entonces, si éste hoy está ocupado, ¿hay otros libres que pueda visitar? Hay ciertas cosas que necesito obtener y sus mercados libres no ofrecen... -Decidió continuar como si nada, a pesar de esa sensación pesumbrosa que le provocaba la presencia del hombre, apenas debatía en sus adentro a qué podría deberse, de momento sus prioridades eran otras.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 02, 2016 11:58 pm

Se alivió al notar que ella había comprendido el mensaje que le había dado, al parecer era una mujer perspicaz y eso le daba un punto a favor. Si sus asuntos no eran de demasiado peso, sería inteligente para ella apartarse y salir de allí, sin embargo ella no se alejó corriendo o impresionada sino que retomó una postura tranquila para dirigirse a él. Su disculpa lo dejó sorprendido, pero intentó que su asombro no se mostrara demasiado pues no quería llamar la atención.
El gesto de acomodarse un mechón y acercarse a él le pareció bastante... ¿cómo decirlo? ¿Interesante? Esa podía ser una buena palabra. Aunque no fue tanto eso sino el hecho de que ella le indicara que quería saber indicaciones mientras se colocaba a su lado lo que le pintó una sonrisa en el rostro. Parecía una joven interesante, con agallas. Aprobaba eso.
La voz de la joven, en un murmullo, le confirmó las suposiciones que había tenido al verla. Se preguntó qué haría una mujer en un sitio tan peligroso y qué buscaba intentando entrar allí, pero decidió que esas preguntas sería mejor hacerlas con indirectas y por eso con un gesto de su mano, amplio pero educado, la invitó a caminar a su lado antes de avanzar algunos pasos. En su rostro mantuvo la sonrisa cordial e hizo que su voz al hablar sonara agradada más que preocupada.

—No soy nativo —informó—, pero vivo en Durban hace algunos años, así que dígame en qué puedo ayudarla. ¡Conozco cada rincón de las islas!

Era su forma de seguir con la conversación que cualquiera podía escuchar y de decirle a ella que podía indicarle otros sitios, aunque de verdad esperaba no tener que meterse en nada ilegal y poder resolverlo de una forma correcta. Si alguien le informaba a la Reina que él volvía a meter su cabeza en uno de esos lugares para hacer tratos no sólo estaría demostrando que alguien de su cargo podía romper la lay sino también estaría decepcionando a su maestra.

—Dígame dónde necesita ir y la guiaré, incluso si lo que busca no está aquí puedo enseñarle otras opciones.

Continuó actuando y enviando mensajes escondidos relajando su actitud, haciendo de aquella forma casi efusiva de hablar una más calmada.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 03, 2016 12:35 am

Al parecer el juego se había instalado de forma tácita entre ellos. Sin extrañarse ni cuestionarla, él simplemente siguió él juego, comprendió sin explicaciones la necesidad de mantener un bajo perfil, ofreciéndose a guiarla de todas formas. Posó su brazo sobre el que él usó para hacer un ademán. Probablemente no había sido aquella su intención, pero ella no permitiría que se le escapara una fuente de información y con ello aseguraba tenerlo cerca y vigilar mejor si era una amenaza. Siguió sus pasos casualmente y obedeciendo a alejarse del sitio, con unas pisadas tranquilas, como si de pasear por las calles se tratara. ¿Cómo podría realizar sus preguntas de un modo tan sutil como el que él había hallado para expresarse?

- Oh, tengo suerte de encontrar tan buen guía entonces. -Le sonrió de vuelta.- Acabo de llegar a Durban y apenas sé de ella por preguntas y rumores al otro lado del mar, he oído que tienen un mercado abierto a todo tipo de riquezas... -¿Cómo decirle que no le interesaban los negocios sino la información?- Pero lo más interesante que he oído no trataba de especias y detalles de oro, tampoco estoy muy segura de buscar las raras mercancías, sino a los comerciantes. ¡Hablan maravillas de ellos! -Maravillas. Casi se muerde la lengua por mentir de esa forma. Los temblores pararon y el veneno se acumuló al final de su garganta.

- No sé exactamente dónde necesito ir, soy turista, ¿Sabe? -Fingió una sonrisa melodiosa, como si fuera una tonta. La sangre se agolpó en sus mejillas como si realmente estuviese apenada, las yemas de su diestra subiendo a tocar sus labios tapando esa sonrisa de falsa inocencia.- Verá, me gustaría saber qué clases de comercio hay antes de poder escoger cuál visitar... Si es tan amable de ayudarme con la información, podré aprovechar mejor su oferta. -
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 03, 2016 1:04 am

Cuando la joven en vez de seguir su ademán sin más tomó su brazo, el Consejero sintió que iba a quedarse de piedra. ¿De verdad ella era capaz de exponerse así? No la conocía lo suficiente, pero la primera impresión que tenía de ella había sido que era una mujer perspicaz y confiada, ¿acaso sería algo malo en ella? ¿No veía que acercarse tanto a un extraño podía ser peligroso? ¿O acaso era más fuerte de lo que él podía suponer? No lo sabía, pero quería averiguarlo. Un extraño interés salido de la curiosidad hizo que él bajase un poco la guardia y, dando un mal ejemplo, permitirá que una desconocida quedara tan cerca de su cuerpo.
La muchacha siguió con el juego, sonriendo y halagándole de una forma que él no podía saber si estaba fingiendo o no. ¿Acaso sus gestos naturales eran iguales a esos que le mostraba? No importaba demasiado, él los correspondía con naturalidad, casi como si galanteara con ella a pesar de que intentaba recordarse que no debía pasar a hacer algo así. Estaba allí por trabajo, era su responsabilidad la que lo llevaba a encargarse de que ella no se expusiera y su curiosidad la que lo impulsaba a acompañarla.

—Maravillas —murmuró asintiendo y debió contener una risa, para hacerlo mostró una gran sonrisa en al cual se entrevieron sus dientes—. Durban tiene muchas maravillas.

Las siguientes acciones de la joven, a pesar de se posiblemente fingidas, hicieron que los hombros del muchacho se tensaran y él debió desviar la mirada hacia adelante para no permitir que pensamientos poco puros cruzaran su mente. Debía enfocarse. ¡Enfocarse!

—Si busca raras mercancías, puede probar en un mercado cercano. Está tres calles más lejos del mercado principal, puede encontrar no solo cosas sino personas interesantes —le respondió girando en una equina pero avisándole de su movimiento con anticipación para no tomarla por sorpresa—. La guiaré hasta allí primero si esté interesada en eso, señorita. Respecto a la clase de comercios...

Nowell apartó los ojos un poco más y observó un callejón donde un hombre cruzó la mirada con él y asintió. El Consejero hizo el mismo gesto, como si lo saludara, pero sólo estaba dándole a ese soldado vestido de civil el permiso de comenzar la redada.

—Menos de esclavos, creo que podrá encontrar aquí de todo —continuó volviendo sus ojos verde a los ámbar de ella.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 03, 2016 1:49 am

Miró al muchacho con el cual intercambió un saludo e inocente le sonrió imitando con la cabeza el gesto, Sería una mal educada si notaba el intercambio y simplemente pasaba de él. Pero pronto una simple oración amenazó con dejarla helada. "Menos de esclavos, creo que podrá encontrar aquí de todo".

Sintió esas palabras como un golpe en la boca del estómago. Sin siquiera eso como punta no tenía reales esperanzas de encontrar información sobre lo sucedido en Gallia. ¿Hablaría literalmente de esclavos o estaría excluída la parte de servidumbre o prostitución? ¿Para qué la habían querido a ella? La angustia se cerró como una mano en su garganta y tuvo que esforzarse por hacer llegar el aire a sus pulmones, inevitable fue el pequeño sollozo. Tenia suerte de controlar las lágrimas de frustración y tosió esperando que el pequeño ruido se perdiera y formara parte una molestia en la garganta. Alzó la vista, chocando con las esmeraldas. Se rió casual, con esfuerzo, estaba segura que las gesticulaciones naturales de su cuerpo no estaban llegando a sus ojos, los mismos ahora estaban ahogados en angustia.

- Es bueno saber que no hay ese tipo de mercado en Durban, de seguro tampoco tienen personas en su tierra que puedan estar implicadas en ello. -Lo dijo un poco en serio, otro poco como anzuelo, tal vez podía ser un gancho para los piratas a los cuales la ciudad batallaba con tanta fiereza. Ella estaba segura, su comercio había sido por piratas.- Estoy interesada en las especias y las semillas, he oído que tienen un mercado amplio con especies de toda la tierra conocida. -Debía ganar tiempo para tener, aunque sea, información sobre dónde sí podían haber esclavos en mercado, y por ahora el tiempo se compraba pidiendo indicaciones y objetos que comprar, aparte, las semillas nunca estaban de más.

- Si me acompaña, tal vez podría contarme porqué no puede visitarse el día de hoy aquel lugar. -Con un ademán de la cabeza señaló el callejón que estaban dejando atrás. Por el rabillo del ojo pudo notar cómo la persona que antes habían saludado ingresaba al sitio. Se quedó prendida un instante, mirando por sobre el hombro y poniendo rígidas sus facciones que tal vez, sólo tal vez, no estuviese hablando con un ciudadano común y corriente después de todo.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 03, 2016 2:19 am

La mirada cargada de sentimientos de la joven le hizo saber que algo iba mal. No sabía bien qué clase de sentimiento ella estaba mostrando, parecía intranquila, como si algo la angustiara. Nowell no creía que eso fuese parte de su imaginación. La risa de ella, casi podría decir que elegante, no parecía ser acompañada de su mirada. Los seres vivos nunca pueden ocultar del todo sus sentimientos, siempre algo los delata, tal vez en el caso de aquella bella joven sus ojos fueran la ventana a su alma.
A pesar de eso, el Consejero continuó con sus sonrisas y su trato cordial; no iba a dejar el juego primero.
No podía decir en voz alta que la realidad era que sí tenían algunas personas en las islas que traficaban personas y no pudieron atrapar, lo que podía asegurar sin falta era que cualquier compra de esclavos era penalizada y las personas obtenían su libertad apenas las tropas de la corona llegaban al lugar. Pero era un dato que no estaba seguro de poder decir al aire como si nada, tal vez era algo que debiera guardarse para saber si ese era un tema que a ella le interesaba. Podía ser una mujer astuta, confiada o encantadora, pero no por eso él podía soltar su lengua con facilidad.
Al escuchar que buscaba semillas intentó recordar en qué parte del mercado estaban, después de todo tenían que pasar por los puestos centrales para poder llegar al otro sitio de compras que le había comentario a ella. Sin embargo, cuando iba a decirle dónde había uno, se vio interrumpido por la voz de la dama y notó el ademán con que señalaba el callejón. Nowell miró por sobre un hombre y su subordinado no estaba allí.
Volvió la cabeza para ver a la señorita que seguía tomando su brazo y no pudo evitar subir los hombros y soltar todo su aire en unas risas apagadas que intentó contener con todas sus fuerzas.

—Sorprendente —dijo refiriéndose a ella y carcajeándose un poco más hasta que al fin pudo calmarse—. Me parecías perspicaz, pero noto que eres mucho más que eso —agregó en un susurro solo para ella, viéndola a los ojos una vez más.

Entonces volvió a retomar una postura más erguida y con su mano libre señaló el tumulto de gente que tenían delante de ellos.

—Allí está el mercado y sé dónde puedes conseguir semillas, aunque no se si entre tanta gente pueda decirte abiertamente lo que quieres saber. —A pesar de estar hablando en un tono más alto, no era lo suficiente como para que las personas lo escucharan bien—. ¿Qué prefieres? —preguntó probándola un poco.

Nowell estaba interesado en saber más sobre esa muchacha, si prefería seguir con su juego de indirectas o acaso que le dijera sin vueltas lo que deseaba saber; o al menos hasta lo que él podía revelar.


Última edición por Nowell el Dom Jul 03, 2016 2:49 am, editado 1 vez
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 03, 2016 2:43 am

Volvió la vista rápido al oírlo reír. ¿Se estaba riendo de ella? Se sonrojó súbitamente, ¿qué había dicho de gracioso? ¿O es que tenía algo en el rostro? Comenzó a tocarse la cara con cuidado pensando en qué podría tener en la cara para tentarlo así. Y entonces encajó. No era que riera por algo gracioso, reía por que, al parecer, él estaba midiéndola en aquel juego y de algún modo disfrutaba los resultados. Le sonrió ladina ya más tranquila de ser un objeto cómico sino tener un motivo de orgullo para sí. Dejó escapar entonces una risa también mientras el calor finalmente comenzaba a bajar de sus mejillas.

- Gracias. Al principio creí que eras un ciudadano común... -"...pero eres mucho más que eso" a juego con la observación ajena omitió el final de su reflexión, estaba segura de que él lo entendería sin necesidad de que lo expresara. Le sonrió y se adelantó, tirando un poco de su brazo para que la siguiera a adentrarse entre la gente.- ¿Qué te parece este plan? -Aminoró el paso y mantuvo un tono de voz semejante al suyo, fuerte y claro sólo para él, pero sin ser alto para quienes rodeaban en su carrera cotidiana.- Me muestras las semillas, las compro y luego fingimos interés en el otro para buscar un lugar más tranquilo dónde hablar. -Le soltó y se puso a caminar de reversa, frente a él para poder verlo de frente.

- ¿Qué tal de creer sería que una turista cayó cautivada por el apuesto hombre que se dispuso a ayudarla? -Comentó en un tono de voz confidente, mientras jugaba con su rostro a hacer una mueca tímida y sus manos fingian nerviosas debatirse un mechón de cabello.- Es divertida la pantomima, pero estaría bien escuchar algunas respuestas claras. -Algo tenía, ya no sólo la información que parecía manejar y ella buscar. Algo en esa sensación rara que le provocaba su presencia y la rápida astucia de seguirle el juego; no había caído ni la había cuestionado, no, le había dado libertad y pie. De algún modo, sin darle rastro de lo que buscaba le había dicho "sé lo que buscas, pero no te expondré" y a pesar de todas sus reglas sobre no confiar en extraños le había dado lugar a torcerlas por una vez en mucho tiempo. Era demasiado curiosa.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 03, 2016 3:32 am

La sonrisa astuta de la muchacha y su risa final le hicieron sentir satisfecho, como si hubiese descubierto algo más real de aquella joven que le parecía cada vez más interesante.
Al parecer el juego continuaba porque las frases inconclusas y los tonos bajos seguían allí, pero esta vez con un código diferente. Ya no usaban vueltas y metáforas, sino que en cambio decidieron actual para los demás pero hablar por lo bajo, sólo entre ellos, y tal parecía ser que la señorita tenía un plan. Ella no deseaba una cosa o la otra, sino todo. ¿Ambiciosa? Quizás. Nowell soltó una exhalación corta que ocultaba una risa. Lo bueno es que en toda esa idea había una cosa que él no necesitaba fingir: interés.
Con tranquilidad la observó caminar delante de él, en reversa, viéndole la cara y se preguntó si algunas vez había encontrado en su camino otra muchacha astuta y libre como ella. No parecía preocupada o congojada por el hecho de estar tratando con él saber que no era un civil cualquiera o cualquier punto que le pudiese dar pie a desconfiar, sino todo lo contrario. El Consejero se llevó ambas manos a los bolsillos de su pantalón negro y escuchó la propuesta entera.
Con gracia ladeó la cabeza, la timidez que ella mostraba tras decir aquello le parecía demasiado desentonada; aunque apostaba a que a cualquiera que los estuviera viendo le podría dar cierta ternura.

—Es un plan largo, pero puede funcionar —le dijo en el mismo tono de antes, inclinándose un poco hacia ella para seguir el juego—. Aunque de seguro me harán muchas preguntas tras todo esto —agregó con una risita suave antes de volver a su postura normal.

Entonces dio dos pequeños saltos y se colocó de nuevo a un lado de ella, deteniéndola con una suave toque de su mano en la espalda.

—Pero ya que soy su guía y su apuesto hombre —comentó poniendo los ojos en blanco al final y dirigiéndole una sonrisa entretenida—, al menos permítame saber su nombre, señorita.

Era lo justo, al menos a sus ojos. O una recompensa bastante ajustada para él ya que tras tardarse tanto de seguro obtendría algunas quejas. Sólo esperaba poder hacer bien su parte de los reportes. Internamente pateó esos temas lejos de su cabeza, no era momento de distraerse, tenía otros asuntos entre manos con la presencia de esa joven y su interés por los lugares ilegales.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 03, 2016 4:25 am

- Todas las chicas queremos planes largos. -Bromeó antes de guiñar el ojo, en dos zancadas lo tenía a su lado, deteniendo su marcha y pidiendo a cambio de plan la posesión más valiosa que tenía hasta entonces: Su nombre. Una risa divertida se escapó de su boca al verle revolear los ojos, al menos podían compartir humor. Pero... ¿podía confiarle? Es normal pensar que el nombre de uno entre tantos millones no tiene importancia. Que uno puede darlo sin preocuparse por nada, que no habrán consecuencias... Pero con seres que viven tantos años, que tienen tanto tiempo para ir dejando partes de sí en la tierra. Que poseen miedos suficientes como para sospechar de cada sombra, que tienen monstruos que acompañan cada uno de sus pasos amenazando con devorarlos al bajar la guardia... El nombre, la identidad de uno, se vuelve un tesoro.

"Saber el nombre de un demonio te convierte en su dueño", rezan muchos después de todo.

Pero ella no tenía otra cosa que darle tampoco. Era una forastera, una turista necesitada de información para completar su propia historia, que no había hecho más que vagar y velar por sí misma sin tener un trabajo de peso en ninguna de las ciudades y con una información que, para estas alturas estaba segura, el no necesitaba o sabía con anticipación. Sopesó por un tiempo breve aunque internamente se le hizo interno. Tomó una profunda bocanada de aire y asintió. Ya se habían adentrado varios metros en el tumulto para entonces.

- Zalanna. -Había estado al borde de mentirle. Poner un seudónimo o acortar su nombre a un mote, pero al final del día terminaría siendo injusto y de momento no tenía nada que reprochar del comportamiento de... de... Agh, no sabiá cómo llamarle.- No quiero preguntar tu nombre, entiendo que no tengo derecho a preguntarlo, ambos sabemos quién necesita más respuestas aquí y quién de los dos, en probabilidad, corre más riesgo de blanquear su persona... -Lo miró de reojo, no era necesario ser demasiado inteligente para entender que alguien que prefería seguir la corriente, conocía el mercado ilegal y se veía en posibilidad de darle respuestas pertenecía a algún sector cuanto menos destacado en Durban. No podía decir a ciencia cierta si del club "de los chicos buenos" o "el de los chicos malos" pero cualquiera fuera la posición estaba de más decir quién tenía más que perder por si identidad.- Pero agradecería al menos una mentira por la cual llamarte, o comenzaré a inventarte sobrenombres... Como... -Lo miró de pies a cabeza.- Como... Morochito. -Era mala, muy mala para los motes, principalmente porque para utilizar unos graciosos contra una persona había que conocerla bien y eso era algo que no tenía.

- Zalanna igual es muy largo, y apreciaría que cuidaras el saberlo. -No, tampoco tenía derecho a pedirlo, pero tampoco podía dejar de intentarlo, no se sabe qué oídos pudiesen haber en los alrededores.- Muchos solían decirme Lanna. -Realidad, aunque no era su único apodo fue el que ofertó por parecer un nombre propio.- Que te parece si mientras llegamos al puesto de las semillas me cuentas un poco de Durban, ¿qué clase de Gobierno rige aquí? -No solía prestar mucha atención a la política, pero era información básica útil para el tiempo que pasara allí antes de volver a partir.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Dom Jul 03, 2016 5:25 pm

La risa de la muchacha le llegó clara mientras, tras un ademán, se adentraban en el tumulto de gente y él comenzaba a guiarla por el mercado principal hacia la zona de especias y semillas. Estaba seguro de que el lugar estaba a unas dos cuadras de distancia, el avance sería lento pero seguro pues la marea de personas los llevaba hacia allí. Nowell procuró estar cerca de ella mientras esperaba una respuesta pues sería incómodo no poder darle un nombre a la mujer que lo acompañaba.
Fue una sola palabra, pero llegó clara hasta sus oídos. Zalanna. Volvió la mirada a ella, como si quisiera grabar su solo su nombre sino su imagen en su cabeza y se la quedó observando con intriga. Otro nombre que le parecía extraño pero a la vez encantador. Le gustaban los nombres poco comunes, distinguidos entre la mayoría de las personas, se le hacían más fáciles de recordar y más interesantes que el resto. Zalanna. Asintió una vez. Estaba seguro de que no iba a olvidarlo.
Iba a decir su nombre, para que estuvieran a mano, pero ella lo detuvo diciendo que no quería preguntar pues no tenía derecho. El consejero ladeó la cabeza sin entender muy bien aquello y su explicación le pareció real, pero a la vez demasiado pensada para tratarse de algo tan simple. Sí era cierto que su puesto le daba más riesgos, pero no era como si él no fuese conocido en ese lugar -al menos por su nombre- o como si él no pudiese defenderse ante los riesgos que podía darle su estatus. Ella le pidió, a cambio, un mote, una mentira o algo, porque al parecer ella era muy mala haciéndolos.
Nowell resopló por lo bajo y se llevó una mano a los labios para ocultar la sonrisa casi burlona que se le formó sin darse cuenta. "Morochito", ¿acaso no podía elegir algo más ridículo? Sin embargo, él también tenía ciertas preferencias al respecto, por lo que mientras cruzaban una de las calles con cuidado, acercándose más a su destino, se dirigió a ella con normalidad.

—Creo que decidiré llamarte Zala, o Zaly, ¿cuál prefieres? —preguntó volviendo sus ojos verdes a ella con una sonrisa entretenida—. Es una venganza por lo de "morochito" —agregó al final con un tono más ácido pero igualmente gracioso. Estaba bromeando con ella, para dejarlo en claro fue él quien guiñó un ojo esa vez—. Respecto al gobierno...

Los ojos del joven se volvieron al tumulto y se fijó que nadie estuviera presentándoles mucha atención. Con cuidado se atrevió a tomar uno de los hombros de la joven para hacer espacio a un hombre que pasaba tirando de una carretilla, por un momento la gente a su alrededor los aplastó pero luego volvieron a tener un pequeño espacio personal entre el tumulto.

—Durban se rige por una monarquía. La actual soberana ha dispuesto que los magos serían la primera clase social mientras los guerreros la segunda, eso ha puesto a gente más diplomática al poder —explicó algo que se sabía, sin descubrir nada nuevo—.  Además, ha dejado a las fuerzas de lucha libres para pelear contra los piratas y bandidos.

Al llegar a media cuadra, el Consejero alzó uno de sus brazos y se señaló a la joven un banderín rosado que tenía pintado un saco. Ese era el puesto que podía servirle, olvidando un poco el tema del sobrenombre que ella le había pedido.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Lun Jul 04, 2016 11:27 pm

Con el cuerpo más relajado simplemente sonrió y se dejó llevar, comenzaba a acostumbrarse a la compañía de él tanto como a la rareza que despertaba en ella y a su voz como compañía. Tiene un aire peculiar y el entorno acelerado y colorido de Durban le sentaba casi tan bien como la brisa del mar. Se carcajeó cuando notó su guiño, sería una tarde amena. O eso pensaba.

Su cuerpo se puso rígido un momento al ser tomada por los hombros para dejar pasar la carreta y, apretada en el tumulto, llenó sus pulmones con el perfume del masculino. Al contrario de su apariencia no encajaba con el sitio, y no porque fuese contrario o forastero, sino porque le parecía demasiado particular como para sencillamente encajar. Recuperó su espacio personal en cuanto pudo, dejando que simplemente fluyera entre la gente. Una rara sensación se sumaba a la presión sobre su espina y si bien incomodidad no era la palabra para describir al nuevo estímulo de su cuerpo prefirió mantener la distancia.

La información sobre Durban llegó en el momento justo para disipar sus pensamiento y retomar la línea de conversación. Ciertamente no era nada que no supiese, salvó tres detalles que llamaron su atención...- Así que combaten la piratería y a los bandidos... -Lo repitió en voz alta sólo para conseguir tiempo mientras sumaba dos más dos. Ya había llegado a la conclusión que por el comportamiento, la educación y la posible información que él portaba debía pertenecer a un rango de mención en algún sector distinguido, fuese bueno o malo. Estaba casi segura que...- ¿A usted le gusta la clase de Gobierno que actualmente tiene el país? -Cuestionó al aire dejando que sus ojos fuesen guiados por los gestos de él. Pronto notó el banderín rosado y sonrió descubriendo su dentadura.

- ¡Ah! -Tomó con su diestra la mano libre de él y aceleró el paso entre el tumulto tomando la delantera. El puesto de feria estaba acomodado divinamente contra una pared de ladrillos expuestos. Decorado divinamente entre colores rosado, melocotón y verdes claros una gran variedad de semillas con carteles y definiciones se exponían en la tabla principal, mientras macetas con plantas o frutos decoraban parte del suelo a modo de marco así como los bordes del techo a modo ilustrativo de cada planta.- Mmnh... -Comenzó a mirar los carteles deteniéndose sólo en los nombres, las definiciones las tenía instaladas en la cabeza. Una cola de gente se extendía por uno de los laterales: Clientes ya decididos que sólo debían dar a conocer su pedido y entregar el dinero a cambio. Se acomodó por el lado contrario, donde podía ver cómodamente los productos y pensar.

- En lo personal no suelo tener mucha simpatía por las monarquías... -Aún sin despegar los ojos de la mesa, retomó la conversación interrumpida con antelación.- Da demasiado poder a una sola persona... Eso no quita que, de casualidad, el monarca pueda ser digno del puesto. -Esa clase de Gobiernos era escogida por guerra o linaje, por lo que un Gobernante no necesitaba prepararse mucho para su rol llegado el caso.

- ...habla bien de él, igualmente, que quiera combatir la corrupción. -

- Disculpe señorita, si gusta puede ir tomando lo que quiera y luego simplemente revisamos y cobramos el importe. -Una de las vendedoras le tendía una bolsita de lienzo- Ayudaría a agilizar la venta, aún así ante cualquier duda o consulta estamos a su disposición. -Con una sonrisa amable ladeó el rostro casualmente hacia la fila que se formaba en el pequeño stand. Zalanna le sonrió y agradeció el gesto, prometiendo elegir rápido y colaborar a no aumentar la demanda y la muchacha se abocó hacia nueva clientela.

- ¿Nota a los habitantes felices con la gestión? -Lo miró por primera vez desde que las semillas habían llegado mientras sus manos se movían ágiles entre la variedad llenando la bolsita con pequeños puñados de aquí y de allá.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 05, 2016 1:01 am

La pregunta de Zalana hizo que volviera sus ojos a ella. ¿Que si le gustaba la clase de gobierno del país? Era una pregunta complicada de responder y lo dejó en blanco, lo suficientemente en blanco como para que ella le tomara de su mano libre y lo arrastrara por entre las personas. Nowell, sorprendido, casi tropezó mientras iba tras ella siguiendo su ritmo y se disculpó con algunas personas que empujaba al pasar. Al parecer la muchacha no se había dado cuenta de que tenían una diferencia de tamaños que él no podía sortear de una forma cómoda en esa situación.
Suspiró, con una sonrisa, pero no dijo absolutamente nada. Las actitudes de esa muchacha lo sorprendían, le parecía que podía ser alguien bastante espontánea si así lo deseaba y que parte de su interés podía estar relacionado con la tienda frente a la que se habían detenido. Cuando ella lo soltó, él se quedó un paso por detrás observando la forma en la que ella miraba los carteles que tenían unja pequeña información sobre lo que contenía cada saco de esa tienda rosada. Sabía que la variedad de cosas de allí era buena, había comprado algunas hierbas para poder concebir el sueño hacía algunas semanas y los vendedores tenían en claro para qué servía cada cosa.
Fue por eso que se quedó son decir nada, permitiendo a la joven desenvolverse pues parecía necesitar o querer realmente algo de aquella mercancía. Y mientras la veía, con sus cabellos largos y negros cayendo ligeramente hacia adelante, la pregunta que no había llegado a responder volvió a su cabeza. ¿Le agradaba esa clase de gobierno? La realidad era que a él le agradaba Yuuko, o más bien confiaba en su reina. Ella le había perdonado por sus faltas como pirata, le había dado un lugar donde vivir, permitiéndole pasear por las calles de ese país que no discriminaba y que peleaba contra los bandidos. Pero ¿era eso cierto? Mil veces le había dicho a su majestad que las personas no podían controlar sus instintos, que el mal era la sombra del bien que ella intentaba hacer y que no podía evitar que hubiese piratas o traficantes en sus tierras. Lo que ella planteaba era una utopía en ciertos aspectos; al menos a ojos de él que tantas cosas malas había visto del mundo.
Durban estaba pensando para ser un lugar pacífico, pero era atacado constantemente, al haber sufrido un cambio en los niveles jerárquicos y haber pedido un rey hace poco aún las personas no terminaban de acostumbrarse. Yuuko no podía evitar que hubiese -por decir un ejemplo- discriminación, penalizarla no hacía más que poner una nota de advertencia, pero debían haber muchos casos no reportados y abusadores sin castigo de los que ellos no estaban enterados. No podían hacer algo que fuera bueno para todo el mundo. Por eso la respuesta a dar era complicada.
Pensar en todo eso lo hizo bajar un poco la mirada, pero la voz de Zalanna lo hizo volver a la realidad como si jalara de él suavemente. Sacudió su cabeza y puso su atención en la joven. Ella no eraba agradada con la monarquía, pero podía darle un punto a su reina. ¿Acaso eso sería algo bueno? La interrupción de la joven vendedora le dio el tiempo necesario para poner su cabeza en orden y relajar su postura. Tal vez le estaba dando vueltas al tema en vano, sólo tenía que mantenerse fiel a Yuuko y darle buenos consejos. Esa era su tarea.
Pero Zalanna, siguiendo sus palabras, se volvió a él tras hacerle una pregunta que lo dejó quieto en su sitio. Se sintió atrapado por los ojos ámbar de la muchacha y le costó un poco poder abrir los labios para soltar lo primero que le llegó a la cabeza:

—No lo sé —dijo al final, sintiendo que esas palabras lo liberaban de un poco de tensión y desvió por primera vez la mirada no para ver algo sino para poder ordenarse una vez más, para poder sus pensamientos en orden porque los ojos de la joven lo distraían un poco. Se acercó a ella y se colocó a su lado, observando las semillas como si estuviera interesado aunque no las estaba viendo realmente—. No puedo estar en la mente de las personas y, por desgracia, creo que todo ese tiempo sólo estuve viendo por mis tareas —respondió en una muestra de sinceridad, con una sonrisa contrariada en el rostro—. Sé que suena y egoísta, posiblemente suene así porque lo soy, pero...

Las palabras de Nowell se apagaron y él elevó una de sus manos hasta las semillas, tomó una y la observó con profundidad. La razón por la que olvidaba su alrededor era porque estaba acostumbrado a las traiciones, a la soledad, a no poder confiar y se había olvidado que su vida era diferente ahora. Era su responsabilidad mirar al resto, asegurar su estado para poder ayudar a la reina, ya no podía ser tan apático respecto a la sociedad porque era parte de ella.

—Estuve tanto tiempo sintiéndome fuera del mundo que tal vez, no, seguramente he olvidado por eso ver lo que ocurre a mi alrededor —confesó y dejó caer la semilla antes de volver sus ojos a la joven con una sonrisa más dulce—. Lo siento, supongo que eso ha sido un poco amargo para ti, no deberías escuchar las quejas de este tonto hombre —agregó con un tono de broma para relajarse por completo y soltó unas suaves risas que lo ayudaron a relajar su postura—. ¿Qué es lo que buscas aquí, Zaly? Puedo ayudarte con las compras.

Su propuesta le salió más natural de lo que esperaba, pero no tanto como el apodo que había decidido darle a la joven pese a que ella no había elegido ninguno al final. Se sintió un poco avergonzado por tomar esas confianzas y se llevó una mano a la nuca, revolviéndose un poco sus cabellos atados en una coleta baja.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 05, 2016 8:01 pm

Sonrió de lado. Jaque. La expresión anonadada de él y su reflexión le daban una pauta: Era de los buenos. Miró sus manos, cuando lo notó perdido en... ¿Una semilla? Divagó, probablemente más de lo que buscaba revelarle a ella, pero se lo agradeció por sus adentros. Le agradaban aquellos que podían mantener esa esencia tan particular del permitirse dudar, de reconocer los grises y analizarse a uno mismo. No podía definir qué tan cerca del Gobierno estaba, la pregunta sobre su propia opinión la había omitido por completo, pero sí que comandaba a su favor (o al menos del común social). No sabía si había sido muy avasallante con las preguntas o lo había salteado apropósito, pero no sería insistente al respecto. ¿Trabajaría en el ámbito público o privado? Comenzaba a creer que la razón por la cual el mercado ilegal no tenía puertas abiertas era porque iban a asaltarlo... De algún modo.

- No te preocupes, cariño, ya tengo lo que quería. -Alzó la bolsita rellena de semillas y caminó hacia la cola, asumiendo que la seguiría.- Al menos del mercado. -Lo miró de reojo y parpadeó de forma evidente.- Ahora el apuesto Caballero me debe la cita para limpiarse de la molesta Dama sin ser rudo. -Fingió un puchero superponiendo apenas el labio inferior al superior.- ...aún debes responderme las preguntas que realmente me interesan y... -Borró todo rastro de burla en sus gestos.- Sobre antes, no ha sido amargo. -Se encogió de hombros antes de volver la vista al frente, donde las personas enfilaban y avanzaban paso a paso para pagar su compra.

- Amarga habría sido una respuesta rápida, vacía o preparada, pero verte pensar lo que te he preguntado me deja más bien una sensación de satisfacción. Puede que por ego, -Sonrió de lado.- ...orgullo de haber dado en un clavo o porque realmente me interesa saber de ti. Aún no lo defino, soy una persona orgullosa después de todo y el encanto puede que venga de mi propia vanidad. -Medio confesó, escupiendo exactamente lo que se le pasaba por la cabeza. Realmente no podía definir si cada vez estaba más interesada en él o si estaba interesada en ella misma descubriendo a una nueva persona. ¿La diferencia entre una cosa y la otra?

Una era un juego, donde tras resolver el acertijo se aburriría hasta encontrar uno nuevo.

La otra era un poco más peligrosa. Significaba que acabaría por tenerlo en cuenta recordando cada detalle de él, incluso sin tener un nombre y aunque mil leguas los distanciaran. Significaba que no olvidaría por lo que le quedase de vida al jóven de ojos verdes que tan amablemente había montado un teatro junto a ella sin saber el guión. Significaba que debía ganar distancia cuanto antes, para poder dejar el recuerdo en una persona agradable antes que tener una amistad que al final sólo pudiera darle dolor.

No eran los ordenes correctos y ahora mismo tampoco importaba, la respuesta al final del día sólo la sabría si vaciaba sus preguntas tuviesen o no respuesta.

- ¿Algún lugar que recomiende, adoptado de Durban, para romper el ficticio corazón de una Mujer de forma discreta? -
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 05, 2016 9:02 pm

Su respuesta lo obligó a asentir una vez, aunque le hizo cierta gracia que le dijera "cariño". ¿Estaba siguiendo el juego sin más o era su forma de dirigirse a otros? Tal vez nunca obtendría una respuesta, pero por alguna razón le gustaba no poder predecir la mente de aquella joven de bellos ojos. La hacía, de cierta forma, más interesante. Y a Nowell le llamaba la atención la gente de ese estilo, sentía que no perdía el tiempo con ellos y le agradaba poder recordar luego sus nombres. Había veces en que las personas eran más curiosas de lo que creía.
La siguió sin necesidad de un gesto y se colocó junto a ella en la fila de pagos. No había tanta gente ya, pero sí varias mujeres acompañadas de niños jóvenes que miraban hacia otro lado con disgusto. De seguro les parecía un engorro hacer algo así, alguna vez él también pensó lo mismo pero luego hubiera dado lo que fuera por poder hacer una compra más junto a la única mujer a la que podía llamar verdaderamente "madre". Ese pensamiento le sacó una sonrisa.
Captó con claridad su mirada significativa, sus parpadeos con mensajes escondidos, y rió con suavidad ante sus palabra una vez más. Tal vez él no quisiera en verdad deshacerse de aquella dama molesta sino pasar un poco más de tiempo con ella, pero las reglas eran claras y no iba a dejar el juego por la mitad por un deseo caprichoso. Asintió suavemente, él iba a responder sus preguntas tal y como había propuesto antes, no faltaría a su palabra; aunque internamente le preocupaba lo que ella fuera a preguntar.

—De acuerdo.

Sin embargo, lo que más le llamó la atención fue su respuesta respecto a lo que había dicho antes. De alguna manera lo hizo sentir más tranquilo, más cómodo, saber que ella no tomaba sus palabras como una amargura sino que parecía satisfecha tras haber logrado que se detuviera a pensar. ¿Acaso le parecía divertido casi freírle los sesos con dos preguntas? Él era una persona más directa y sencilla, intentaba no plantearse cosas complicabas pero pensaba con seriedad cada pregunta que le hacían. No podía evitarlo, a ella le gustaba y parecía ser igual. En algo se entendían. Por ego o por orgullo Nowell se sintió un poco más confiado al saber que tal vez a ella le interesaba saber de él.
Soltó una carcajada por lo bajo mientras avanzaban en la fila e intentó controlarse para no hacer un comentario fuera de nivel o de tono allí mismo. No quería incomodarla ni molestar al resto de los compradores.

—Conozco mucho buenos lugares —respondió él al estar a unas tres personas de distancia para el pago—. Pero no estoy seguro de querer romper el corazón de tan bella dama ni siquiera jugando —agregó por lo bajo, inclinando la cabeza hacia adelante para verla de reojo sin borrar su sonrisa—. ¿Te apetece algo de comer o de beber? Con eso definiré el sitio entre las opciones que tengo en mente.

Le propuso al final mientras las personas de la fila se dispersaban tras pagar y les tocó el turno a ellos.

—¡Oh! ¡Joven! —lo saludó el hombre encargado de la caja—. No ha pasado mucho, ¿viene por otro de sus pedidos? —le preguntó el jovial vendedor.

—Hoy no estoy aquí por mi, sino por ella —dijo señalando a Zaly con un ademán de su cabeza—. Pero le agradezco mucho sus servicios, las hierbas me han ayudado mucho. —En respuesta el hombre sonrió y se giró hacia la muchacha.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 06, 2016 12:22 am

- Bueno lugares, eso me gusta. -Comentó con suavidad, enmarcando con sus cejas los ojos.- No se preocupe, por favor, Esmeraldita, no es divertido si tiene cuidados hasta en los juegos. -Contuvo la risa pero cuando separó los labios para responder el Mercader entró en escena.

Al parecer conocía a su acompañante desde antes. ¿Le interesaba la flora también? Alzó una ceja. Hierbas. ¿Qué clase? ¿Porqué? ¿Para qué? ¿Es que acaso era un cliente regular? Retuvo la información, sin lugar a dudas la lista de preguntas aumentaba y cada vez habían más de curiosidad sobre los asuntos ajenos que sobre el tema que realmente le importaba abarcar. Se obligó a disipar las ideas, no por algo en especial, sino que no podía permitirse divagar y perder de vista el objetivo del momento. Demasiado había perdido al no poder adentrarse directamente en el mercado.

Aguardó a que terminase de hablar con el vendedor con una sonrisa en el rostro, educada y paciente. Le tendió la bolsa y agradeció la atención, respondió negativamente ante la típica pregunta de si había algo más en lo que pudiesen ayudarla o algún producto más que pudiese ser de su interés. Pagó lo correspondiente y se despidió tras el amable "Gracias por su compra, vuelvan pronto" del vendedor. Ahora quedaba organizar las preguntas en su cabeza para tener en claro qué, cómo y en qué momento abordar; pero primero era la elección del siguiente escenario... Escenario que dependía de lo que ella tuviese ganas de hacer.

Guardó el cambio en el bolsillo, colgó la pequeña bolsa en su cinto y enganchó su brazo derecho con el zurdo ajeno, anclando plegando desde el codo. Con la mano libre sacudió su cabello en un gesto de femenina exageración.- Bien, me gustaría comer algo, ¿sabe? Lo cierto es que llegué hoy y aún no he probado nada autóctono. -Comenzó a caminar, porque era lo que surgía, alejándose del puesto entre el tumulto.- Confío plenamente en su juicio de elección enton- -Y se detuvo. Había comenzado a caminar sin saber a dónde ir y había jalado de él unos metros sin siquiera saber si estaban en la dirección correcta. Avasallada por actuar sin pensar se soltó el instante, cruzándose de brazos ofuscada con ella misma y frunciendo el ceño mientras las mejillas se le sonrosaban como una niña pequeña que no quiere admitir un error.- ...disculpa, guíanos. -Dijo sencillamente. No ahondaría más. Quedaba más que claro que debía sencillamente esperar las direcciones y ser quien seguía de forma obediente nada más.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 06, 2016 1:13 am

Esmeraldita, Morochito, definitivamente no se arrepentía de haber elegido para ella el apodo Zaly. Al meno era más adorable, no como los suyos que simplemente parecían describir algún aspecto físico. Cuando estuvieran más tranquilos aclararía ese punto, ella no quería que le dijera su nombre, por él estaba bien, tenía otras formas de hacerlo. Pero no dijo nada en ese momento, se quedó tranquilo mientras ella terminaba la transacción y la acompañó fuera del lugar para salir del tumulto de gente en que se había transformado la tienda.
Una vez allí iba a volver a preguntarle respeto a lo que deseaba hacer pero ella se le adelantó. Si quería comer algo, él tenía el lugar ideal en la mente, no quedaba muy lejos de allí pero era un sitio discreto donde podrían hablar. Sin embargo, mientras ella respondía y sin darle tiempo a darse cuenta, la muchacha lo había tomado por uno de sus brazos y estaba liderando la marcha. Nowell se había encontrado tan metido en su cabeza que no había prestado atención a ese detalle.
Cuando ella lo soltó, el Consejero la observó sorprendido y notó que de pronto su actitud avergonzada parecía mezclada con la postura de una niña. De alguna forma, pensó internamente, eso le parecía un poco lindo. Se levó el dorso de una mano a los labios para ocultar su sonrisa y la otra a la cadera, intentando contener los impulsos sin sentido que lo atrapaban. Tenía ganas de reir y de decirle algo para que sus mejillas tomaran más color, pero debía recordar no sobrepasarse. Su yo bromista, o tal vez otra cosa, clamaba por hacer algo al respecto.
Tras mantenerse así un momento y soltar una risa por lo bajo, Nowell logró calmarse y se volvió a ella, se acercó unos pasos y con suavidad acercó una de sus manos al brazo derecho. Por un instante su toque, como un roce, pareció dudar pero luego el joven se tomó el atrevimiento de ser esa vez quien tomase el brazo contrario y lo enganchó con el propio sonriéndole.

—Permítame guiarla hasta el lugar indicado.

Tras aquellas palabras la invitó a acompañarlo con un gesto y echó a andar, girando en la primera esquina cercana para salir del tumulto de gente y dirigirse por una calle diagonal mucho más tranquila.

—No se si lo que pueda comerse allí es autóctono o no —dijo de pronto como un comentario al azar—, pero puedo asegurarle que pese a su aspecto viejo ese lugar es el más sabroso de esta isla.

Al menos de esa, no sabía si decir de las del resto porque había probado todo tipo de comidas y no tuvo un punto exacto de comparación. Sin decir mucho más se adentraron por el pueblo hasta llegar a una gran edificación de madera oscura con un cartel que sólo decía "cantina" y nada más. Una vez allí, él posó son mano sobre sobre el brazo de la muchacha enlazado con el suyo y le dio confianza para que entraran.
Tras abrir la puerta y darle paso a la joven, se encontraron en un lugar lleno de murmullos, con luz entrando desde todas las ventanas, una brisa marina colándose por entre las cortinas y un ambiente familiar que nada daba que sospechar. El cantinero elevó una mano y les dio la bienvenida, pidiéndoles que tomaran asiento donde les gustara y que pronto los atenderían. Nowell le agradeció con un gesto de la cabeza y guió a la dama hasta una mesa apartada, cercana a una ventana.
Como buen caballero le corrió la silla para que se sentara y hasta que ella no estuvo cómoda él no tomó asiento frente a Zalanna. Una vez estuvieron en sus lugares sus ojos se encontraron de nuevo.

—Puedes pedir lo que quieras, yo invito, Zaly —dijo con tranquilidad, después de todo no solía usar su sueldo en anda y no estaba de más hacer su rol completo y correcto.
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 06, 2016 1:51 am

Resopló entre un fastidio actuado y la gracia cuando fue tomada del brazo para iniciar el recorrido. Pronto avanzaban por una calle diagonal con un volumen mucho menor de personas en ella.- A esta altura del día que sea o no autóctono es capricho, creo que podría comer tierra y estaría bien. -Adentrarse al pueblo era como un cambio de pintura. Un paisaje un tanto diferente al colorido y revolucionado de la costa y el puerto.

Avanzaron por las calles, de colores cálidos y terrosos hasta llegar al edificio. "Cantina". Ni un nombre. Ni una distinción. Simplemente el sustantivo justo y preciso para que se supiera qué era y lo que irías a hacer allí. Le sonrió con el gesto para invitarla a pasar y luego paseó la mirada por todos los rincones. Le gustaban mucho los lugares algo escondidos y rústicos, sin decoraciones ni excesos. Probablemente por su semejanza al bruto natural.

Por dentro irradiaba fraternidad. Todos en lo suyo, con sus cosas, animados e individuales conformando una atmósfera agradable, íntimamente cálida. Aunque le parecían engorrosos los tratos excesivos (mayormente porque no le gustaba el perfil de Dama de por sí), comprendía que seguían en papeles y aceptó de buena gana sentarse escoltada por él. Se acomodó en la silla y tomó la carta de una de las meseras pasó a dejar de forma cordial para indicarles que el plato del día estaba en la hoja principal y que pronto traería la bebida de cortesía antes de tomar el pedido.

Mientras leía una a una las opciones, una aclaración le hizo alzar una ceja. ¿Él invitaría? Elevó los ojos sin mover la posición de su rostro, que enfrentaba las hojas del menú.- ...No es necesario realmente. -Pero una idea cruzó por su mente para poder evitar una posible incomodidad, salirse con la suya y no ser descortés.- ...pero aceptaré como castigo si antes me dices qué me puedes recomendar. -Solemne, puso la carta en el centro con las letras al derecho hacia él. Se inclinó sobre la mesa, animada y con la vista nuevamente en lo que importaba: El menú.- Mira, estaba pensando en esta opción o ésta. -Las señaló para que pudiese leer.- Pero no estoy muy segura, ambas parecen muy buenas. ¿Qué dices? -

La jovencita volvió entonces con dos vasos de agua que dejó frente de cada uno. Zalanna volvió a su posición entonces para facilitarle la tarea.

- ¿Ya han pensado que pedir? -Preguntó la muchacha con una sonrisa radiante.

- Oh, no. Aún lo estamos consultando, ¿te parece si decidimos y te avisamos? -

- ¡Claro! Mi nombre es Clara si necesitan algo, volveré en un momento entonces... -Con un leve gesto de la cabeza se despidió de ellos y fue por otras mesas. La Manakete volvió la vista a su acompañante.

- Mientras piensas qué me recomiendas y vuelve la muchacha, dime, ¿el mercado ilegal de antes no estaba disponible porque iban a allanarlo o algo así? -
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Re: Baby, you were my picket fence. [Privado Nowell]

Mensaje por Invitado el Miér Jul 06, 2016 2:09 am

Que ella dijera que no era necesario era algo que no le sorprendió. Tenía pintas de se runa mujer que se podía valer por si misma y que no necesitaba ayuda, pero él era un hombre cuyo suelto se acumulaba en un rincón sin hacer más que pagarse ropa o alguna que otra tontería. Bueno, era cierto que lo usaba para comprar más tomos de magia, pero eso era lo de menos; de momento no había avanzado tanto en sus estudios y aunque Yuuko insistía en dárselos ella Nowell sentía que era una falta de respeto hacia su señora.
Tal vez por eso, porque trataba con mujeres que podían valerse solas, esa reacción no lo sorprendió sino que lo satisfago. La resolución de la dama resolución a eso implicó poner el menú en le mesa, el mismo que había dejado una joven antes, y preguntar por su recomendación. Paro había un detalle gracioso en todo eso. La miró aunque ella no lo observaba y mostró una sonrisa graciosa.

—No se si pueda elegir, ya sabes que los hombres comemos lo que sea —dijo con gracia, claramente burlándose de si mismo. Aunque era cierto que él podía comer cualquier cosa sin quejarse.

La interrupción de la mesera lo hizo incorporarse un poco y se dio cuenta de que inconscientemente se había inclinado hacia ella para hablarle. Le sonrió a Clara con suavidad y la vio partir antes de volver la vista y encontrarse esa vez con los ojos llamativos de la muchacha que le hizo una pregunta sin rodeos.
Nowell sonrió con astucia y tomó el menú para verlo más de cerca. Había algo con pollo y algo con pescado y pulpo. Si ella estaba en Durban, mejor era probar ese plato, al menos tendría algo del sabor autóctono de la cocina de sus tierras; aunque tal vez no el plato más famoso. Sin embargo, pese a que se había decidido, no bajó el papel y le respondió sin verla.

—Más bien a desmantelarlo —dijo con tranquilidad, como si hablara del clima—. Los negocios ilegales están prohibidos, pero siguen formándolos. Es un dolor de cabeza pero se deben hacer esas cosas para hacer cumplir la ley. —Esa era una forma objetiva de decir las cosas—. Por eso intentamos alejar a los civiles.

Apoyó el menú de nuevo en la mesa y volvió su mirada a ella mientras con un dedo señalaba la opción de sabor portuario de la hoja.

—Esto es lo más parecido a un plato local —le explicó su elección y tras eso bajó su dedo y dejó su palma boca arriba sobre el papel—. ¿Puedo pedirte tu mano un momento? Prometo no hacer nada raro —dijo con tranquilidad pero sin perder la curva de sus labios.
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