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Cordial audiencia [privado Yuuko]

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Cordial audiencia [privado Yuuko]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 01, 2016 4:52 pm

Con resignación casi ceremonial, Zelda se puso en pie y dejó a sus sirvientas hacer su trabajo. Sus músculos relajados, su mirada perdida en algún punto del espacio divagando en el agobiante día que le aguardaba.

Las manos de las jóvenes se movían mecánicamente despojando a la mujer de sus ropas de cama y cambiandolas por un vestido apropiado para la cita que le esperaba a primeras horas de aquella mañana. Aquella destreza no era habilidad, sino repetición. Si contaran aquellas chicas con habilidades reales no habrían aceptado un contrato por 10 años de aquel denigrante trabajo. Bien pago sin duda, pero para nada apropiado para alguien con la designación de "hábil".

El esfuerzo sin talento no basta, solo puede llevarte tan lejos como la mediocridad o ligeramente superior a ello. La preparación correcta marca la diferencia, pero sin talento que respaldarla es vana.

El poder real nace, no se hace. Y era algo que en Durban había quedado mucho más claro que antes con la nueva regente.

Procedió a tomar asiento frente al ornamentado espejo a un lado de su elegante alcoba, y dejo a sus empleadas seguir con aquel ceremonioso acto.

Ella había sido catalogada como no apta, sin poder, inútil por aquel nuevo gobierno instaurado por la actual reina. Y a usos y efectos, con la nueva lógica en la realidad política, lo era.

Pero ningún regente en sus cabales desperdiciaría un afinado instrumento que le pudiera ser de utilidad. Y eso era, un instrumento nacido en gloria, preparado y afinado de la mejor manera posible para vivir allí, para mandar, para regir. Y su prima lo sabía.

Una señal con su mano dio fin a la ceremonia matutina, dándoles un gesto de aprobación como indicación de que sus servicios habían finalizado de momento. Resultados lejos de perfectos para sus estándares pero pasables, concluyó admirando su apariencia en el espejo. Aun las manos inexpertas de sus nuevas empleadas no podían arruinar aquello bendecido por la sangre.

Cerró los ojos, respiro 3 veces y preparo su mente y su cuerpo para salir a la guerra de la corte, la única guerra que conocía y para la que había sido preparada toda su vida.

El palacio de Durban y su reina le esperaban.

Con aquella Lira dorada en sus manos, el símbolo de la familia real y el de la misma reina brillando claramente en la misma, todas las puertas en su camino se abrían antes de siquiera llegar a ellas. Era una formalidad, una insignia de su posición que era ya bien conocida en los estratos de la corte, ya sean los pocos viejos remanentes como los nuevos ambiciosos magos aspirantes al poder.

Un cargo frívolo, inusual, pero que Zelda sabía portar con altura y dignidad. Con su mirada al frente y los pasos decididos de de una dama con el poder que solo la experiencia brinda, nadie se atrevería a cuestionar ni chistar a sus acciones. Su fama sin lugar a dudas sumaba a aquello, cosa que jamás negaría le divertía en sobremanera.

Fue al llegar a aquella gran puerta, que tantas veces había visitado incluso con su anterior dueño, que una mano se interpuso en su camino y le detuvo.

Joven, un libro de magia en sus manos aferrado con fuerza como si aquello significara algo para uno de su clase.

Zelda se limitó a mirarlo, su mirada firme y un gesto impasible en sus labios. Su ceja lentamente levantándose al tiempo que la mano ajena lentamente retrocedía en respuesta a la misma y volvía la dama a tener paso libre de avanzar.

De haberse mantenido firme hubiera ganado un leve respeto cuanto menos. Niños en pantalones de adulto... Triste que a eso se halla reducido la juventud de hoy día.

Fue cuando su pie piso el interior de la recamara tras aquella ultima puerta que su cabeza, en alto en todo el trayecto desde salir de su casa, se inclino en un gesto de total sumisión. Total y completo respeto a la persona que le debía su todo actual.

-Heme aquí, mi señora.- enunció, levantando levemente los lados de su vestido en el perfecto acto de etiqueta.

Su audiencia habitual con la reina Yuuko comenzaba.
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Re: Cordial audiencia [privado Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Lun Jul 18, 2016 7:32 pm

La reina de las islas nunca había tenido problemas para despertarse.Era cuestión de rutina,de repetir la acción una y otra vez.De despertarse al alba sin descanso porque así era necesario,y llegado el momento ser capaz de despertarse a la misma hora aunque no lo necesitase. El día siempre empezaba con los primeros rayos del alba,si es que el anterior había finalizado,aunque no terminase en el instante en el que la oscuridad de impusiese. Llevaba años sin necesitar ayuda para despertarse,al igual que no necesitaba ayuda para vestirse a si misma.

El que otras le ayudasen en absolutamente todo,incluso en algo tan mundano como retirar sus ropajes y cambiarlos por unos nuevos le hacia sentirse inútil. Una sensación desagradable para su persona, que nunca le había gustado. Pedía que se encargasen de sus ropajes y telas,pero de acomodarlas en su cuerpo se encargaba ella misma,al igual que de adecentar su cabello y de modificar su tomo para que quedase acorde con las ropas que portaba cada día.

La mujer era muy cuidado con su apariencia aunque en ocasiones no lo pareciese,no lo mostrase.Tenia ciertas manías adquiridas años atrás,sin saber realmente el porque de las mismas.Una de ellas era el echo de no usar nunca la misma vestimenta en mas de una ocasión. Solo había dos trajes que rompían esa regla,aquel que portaba para audiencias importantes y el que portaría en caso de entrar en batalla. Para su día a día,para sus reuniones,su trabajo... nunca se le veía en mas de una ocasión con la misma vestimenta. Pero no por ello las mismas eran simple,todo lo contraria. Eran prendas hermosas,con telas de gran calidad y dibujos y detalles bien cuidados. Una capa de ropa sobre la otra,lazos atados con maestría ,vestidos bien acomodados,adornos sobre su cabello cuidadosamente elegidos.Si otros lo hiciesen por ella estaba segura de que el resultado no seria de su gusto. Era ella quien sabia lo que le gustaba,como le gustaba. Y aquello quedaba en su mano.

Aquella mañana había decidido portar un vestido verde.De cuello alto y son mangas,con uno de los costados abiertos mostrando parte de sus blancas piernas,pero no de manera excesiva.Los bordes de la prenda bordeados con hilo de oro,el verde adornado con flores de loto estampadas,con sombras y luces de distintos tonos de rosa. Una franja negra rodeando su cuello,bajando por su pecho,la parte interior del vestido de color anaranjada siendo mostrada en detenidas partes.Zapato,plano y cómodo,del mismo verde que el vestido.Guantes negros que alcanzaban casi su axila.Su cabello perfectamente peinado por si misma,proceso mas fácil de lo que a primera vista parecía por la suavidad del mismo,por lo liso que era.Parte del mismo suelto,bajando mas allá de sus rodillas,la mayoría recogido con un adorno.Dos flores,las mismas que el vestido mostraba.

Se miro en el espejo de cuerpo entero situado a un lado de su tocador.Complacida ante la imagen reflejada,sonriendo ante ello. Con gestos elegantes se sentó sobre la cama. Cómoda,amplia.Llena de cojines y un edredón,perfectamente acomodada por las empleadas poco después de que su señora se levantase. Edredón negro,cojines del mismo color algunos,morados y rojos otros. Cortinas de una tela semitransparente rodeaban el lecho,siendo lo único visible unas  mariposas negras bordadas con hilo sobre las mismas,de distintos tamaños y similares formas. Al igual que la gran mariposa morada mostrada en el edredón.

La habitación era amplia para una sola persona,pero no por ello sobraba espacio. El lecho contra la pared,pero en el centro de la misma. Un par de mesillas con un cajón cada uno a cada lado de la misma y una lampara de aceite sobre una de ellas,de manera de gran calidad pintada de negro.El mismo material usado para la gran cómoda,situada en una esquina de la habitación. Con una pequeña banqueta negra con un cojín rojo unido a ella para hacer mas cómodo el sentarse. Peines de distintas formas y tamaños sobre el mismo,algunos adornos para el cabello a un lado mientras que los demás se guardaban en el cajón bajo la plana superficie.Lo mismo ocurría con las diferentes pinturas usadas para de tanto en tanto maquillar su rostro. Un espejo sobre la cómoda,uno que abarcaba de pecho para arriba cuando alguien se sentaba.Uno de cuerpo entero,mas ancho del necesario a un lado.

En la otra esquina de la estancia Un amplio escritorio,junto a la ventana separado de ella. El lugar mas luminoso aunque en esos instantes las cortinas rojas,del mismo tono que la moqueta de la habitación, no estuviesen del todo abiertas y la luz no llegase por completo el lugar.Aunque para gusto de la soberana la claridad sobraba y bastaba. Una cómoda silla que se asemejaba mas a un sillón tras el escritorio.Un par de sillones y una pequeña mesita cercano a la puerta,por si recibía visitas en su alcoba. Frente a la cama una puerta,recientemente creada,que llevaba a lo que antes del fallecimiento de su padre habían sido sus aposentos,ahora convertidos en un armario.Pues a pesar de no usar mas de una vez la misma prenda nunca se desprendía de las mismas.

Las paredes no tenían cuadros como tal,pero dibujos y bordados,tallas en maderas,de mariposas se veían de tanto en tanto.Algunas disimuladas otras no tanto. Toda la estancia era negra,roja y morada,pero a pesar de ello no era oscura. Adornos de plata o de cristal,incluso bronce ,de la misma temática sobre algunos muebles.

Habia re-decorado su habitación a su gusto cuando se volvió suya,aunque aun había cosas pertenecientes a su padre.El escritorio era de caoba,perteneciente a su anterior señor.El retrato de su señor padre con su señora madre poco después de contraer nupcias seguía sobre la cama,al igual que los retratos,mas pequeños, seguían guardados en el baúl bajo el lecho. Los libros,tantos suyos como de su padre,no de estudio si no de lectura en una pequeña estantería contra una de las paredes.

Se acerco a un mueble lleno de cajones cercano al espejo,lleno de telas de distintos colores y estampados.Sabiendo lo que buscaba no tardo en encontrarlo. Una tela verde,con una única flor de loto sobre la misma.La tomo y volvió a sentarse en la cama. El tomo que siempre portaba y que solía descansar sobre una de las mesitas cuando dormía ya había sido tomado y depositado sobre el lecho con anterioridad. Con movimientos rápidos y precisos,hábiles por la acción siempre repetida,cubrió con la tela el tomo. Envolviendo con el solo su cubierta,dejando sus paginas en libertad. Dejando el libro a juego de sus prendas

Eran movimientos mecánicos,que le daban un par de minutos para repasar la agenda de ese día.

Tenia una reunión con su prima a primera hora,razón por lo cual le había dado a Nowell parte de la mañana libre. Requiriendo su presencia mas tarde. Una reunión con los capitanes de las naves a la tarde,tras revisar los últimos informes recibidos en el lapso de tiempo en el que había permanecido dormida. También debía de hablar con los astilleros si tenia tiempo,mas no era algo que corriera prisa. Y siempre podía mandar a su consejero a ello.

Ria tranquilo dentro de lo que cabía ,sin necesidad por el momento de partir a la mar. Sin contar con que la visita de su primera esa simple cortesía,no había motivo real para la audiencia,mas eso no significase que la misma fuese inútil. Todo lo contrario. Su familiar tenia un punto de vista distinto al suyo,experiencias de vida por las que ella no había pasado,mas distantes sus posiciones desde el nuevo gobierno. Era útil,beneficioso saber su opinión,y aun si no lo fuera siempre era agradable intercambiar palabras con ella.Por mas trivial que fuese la conversación. Disfrutar de la melodía de su arpa y había tiempo para ello.

Se puso en pie,la hora se acercaba,y tal y como esperaba su familiar no termino en llegar. La puerta sonó mas no esperaron respuesta antes de abrirla,las instrucciones habían sido dadas pues ya esperaba la visita. La cerraron tras ella. Espero a que el proceso habitual,aquella elegante y bien ejecutada reverencia terminase.

-Ponte en pie

Se acerco entonces,pasos silenciosos y elegantes,a uno de los dos sillones junto a la pequeña mesa.Aquel que ella siempre ocupaba.Se sentó en el mismo,las piernas cruzadas con elegancia,porte digno. El tomo descansando sobre su regazo,un sutil gesto con su pálida mano dándole a entender a su invitada que podía sentarse a su lado,en el asiento libre contiguo.

-Has desayunado ya querida Zelda? O planeas hacerme compañía?





El traje de Yuuko:
Afiliación :
- DURBAN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Reina de las Islas de Durban

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [2]
Vulnerary [3]
Vulnerary [3]
Dragonstone [5]
Tomo de Ruina [2]
.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
6558


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