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[Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

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[Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

Mensaje por Izaya Orihara el Dom Jun 26, 2016 12:12 pm

Las uñas del ave se clavaron sin piedad en el brazo de Izaya. De no ser porque estaba cubierto por ropajes gruesos de cuero, su nívea piel hubiera pagado las consecuencias de tal agarre. Sin embargo, su ropa le permitía no solo defenderse de las inclemencias del tiempo, sino de las garras del cuervo que debía hacerle de mensajero. Los inteligentes ojos del pájaro siguieron los movimientos suaves del informante mientras le colocaba un mensaje alrededor de la pata derecha y lo anudaba con un hilo grueso. Tanto el papel empleado como el cordel eran de color negruzco, apenas imperceptible de cerca, pero imposible de ver desde el suelo. Toda precaución era poca pues incluso una nota con el mensaje “Puerto Este. Mediodía. I.O podría traer problemas si alguien conocía al emisor o al remitente, cada uno por diversas razones. Al fin y al cabo, nunca se sabía quién podría andar buscándoles.

Por esa misma razón Izaya empleaba cuervos para sus mensajes, en vez de palomas o halcones. Los otros eran más fáciles de ver y de disparar, pero los cuervos eran inteligentes, rápidos y eficientes. Contrario a lo que muchos pensaran, eran aves capaces de reconocer a seres humanos y viajar largas jornadas. Se camuflaban en la noche, y sobre cualquier tipo de paisaje. Aún más en un terreno lleno de acantilados como lo era Durban. Sus costas afiladas, plagadas de gargantas, salientes, peñascos y playas de piedra, eran perfectas para el contrabando y diversas actividades ilegales de las que se aprovechaban los piratas. Otra de las razones por las que debía andarse con más cuidado. El país de los magos era un archipiélago que le había sido imposible de visitar en los años anteriores. Si bien había tenido un gran interés en las nuevas reformas implantadas por la Reina Yuuko, no consideraba que fuera propicio ir allí aún. Al fin y al cabo a Izaya no le gustaba estar en desventaja, y las recientes leyes le situaban en una calidad inferior por no tener magia.

Sin embargo, las cosas habían cambiado. Quizás no para los demás, pero sí para Izaya. Meses atrás tuvo un encuentro con el Príncipe Pelleas y su Consejero Real. Si bien fue bueno para ampliar sus círculos sociales y actualizar la información que tenía sobre ellos, la reunión le dejó con un sabor de boca amargo pues había algo que no encajaba. El informante era muy bueno descubriendo secretos y analizando a las personas y, aunque no sentía que se le hubiera escapado nada del noble, Judal era otro caso aparte; como mirarse en un espejo. Otras personas hubieran atribuido ese pinchazo en el instinto a la imaginación, a quimeras, a castillos en el aire. Pero Izaya no era como los demás, y si bien se caracterizaba por su cobardía, también tenía una cantidad ingente de curiosidad que le llevó a descubrir algo que había trocado su vida, y pronto transformaría la de Judal también.

- Ya sabes lo que hacer. – le dijo al cuervo que, tras un graznido, emprendió el vuelo con fuerza y se unió a las demás bandadas de aves del cielo, gaviotas, grajos y pájaros pequeños.

Izaya miró al cielo, cubierto por nubes negras. El sol apenas hacía aparición tras el oscuro velo que evitaba saber qué hora era con exactitud. Según sus cálculos, aún tenía un par de horas antes de que el sol supuestamente alcanzara su cénit, suficientes para llegar a puerto y desembarcar con tranquilidad. El navío en el que el informante navegaba era pequeño y rápido, perfecto para el contrabando y el transporte de pasajeros. Sus velas eran gruesas y de un tono anaranjado que, al estar unidas por juncos, le daban al barco una gran estabilidad y un mayor empuje. Al carecer de quilla se podía mover en aguas bajas y por los acantilados sin miedo a encallar: una nave pirata perfecta. O eso parecía antes de que uno se fijara en su bandera: el emblema de Durban.  Era la estrategia que habían seguido muchas embarcaciones mercenarias tras la llegada al poder de la reina Yuuko; en vez de navegar con sus banderas prohibidas, trabajaban para el gobierno del país, y sacaban tajada por debajo de la mesa. A los menos inteligentes se les podía sorprender, pero Izaya había escogido viajar con los mejores: los contrabandistas más astutos capaces de ejercer su profesión secreta con tanta astucia que ni el mejor mago se daría cuenta. Por eso seguían vivos hasta ahora.

El informante había alquilado el barco entero y a su tripulación por una cuantiosa suma que había generado risas y codazos, pero que también había silenciado cualquier pregunta. Al fin y al cabo siempre había personas como Izaya, de aspecto inocente y cortés, que hacían pedidos extraños y apreciaban su intimidad. Los piratas se preguntaban por qué les consideraban peligrosos a ellos, cuando los peores eran los callados y los observadores. Pero no dijeron nada y se limitaron a cumplir para lo que se les había contratado: llegar a Durban cuanto antes y evitar cruzarse con otras embarcaciones porque, según el informante, eso les retrasaría. Fieles a su reputación, los mercenarios le llevaron a puerto sin ningún contratiempo y en menos tiempo del de cualquiera de los navíos reales dedicados al transporte de personas.

Antes de atracar, subieron abordo varios guardias marítimos que inspeccionaron el barco entero en busca de objetos ilegales. No encontraron nada, salvo las pertenencias de Izaya, único pasajero junto con la tripulación. El informante se dedicó a sonreír y hacer comentarios amistosos sobre el tiempo. Las nubes oscuras prometían que iba a llover dentro de poco. El aire estaba cargado de electricidad y de un bochorno que no se iba aunque soplara el viento con rabia contra las rocas de la costa. Los soldados asintieron a sus palabras con cierta frialdad otorgada al hecho de que Izaya no era mago, pero con la suficiente educación que exigía encontrar al viajero perfecto para Durban: rico, inofensivo, y que no portaba armas ni nada sospechoso. Una vez concluido el reconocimiento, el barco anchó en su plaza asignada en el muelle del puerto Este y los mercenarios se prepararon para volver a tierra.

Por orden del capitán, dos hombres corpulentos llevaron los baúles de Izaya hacia la posada en la que había decidido quedarse, en medio de la ciudad y con vistas a la plaza. El informante se estiró antes de bajar con los demás y respiró en profundidad los olores de los embarcaderos, plagados de pescadores, comerciantes, mujeres que hacían la colada en las aguas sucias y  pícaros que corrían por las calles y sorteaban a los magos. Era la clase de lugar en el que Izaya se sentía más a gusto, rodeado de gente y con sus diferentes e interesantes situaciones. Pero no estaba allí para observar a sus queridos humanos. Miró a ambos lados antes de descender a tierra y una vez allí hizo un gesto de despedida hacia el capitán, al que había pagado para llevarle de vuelta también, y se internó en el maremágnum de personas que poblaban el Puerto Este. Solo debía aguardar que apareciera Judal. Por suerte, Izaya era una persona muy paciente, así que esperaría dando un paseo por los alrededores.


Última edición por Izaya Orihara el Dom Mayo 14, 2017 4:42 pm, editado 2 veces
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Re: [Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

Mensaje por Judal el Dom Jul 24, 2016 1:29 am

Al haber descubierto el conflicto entre Nohr y Daein, Judal había tomado medidas inmediatas para sacar de peligro al príncipe, ni siquiera se había detenido demasiado tiempo a hacer preparativos que lo sacó de aquella iglesia tan rápido como Pelleas se lo había permitido y le guió a caballo hasta el límite con Hoshido, siendo el área limítrofe constantemente vigilada le tomó un par de días guiar al príncipe por un bosque donde hablando con unos proscriptos a cambio de algo de oro logró descubrir un área segura para pasar, un camino comercial donde normalmente estos hombres se reunían a asaltar, haciéndose pasar por un vendedor que regresaba de una venta exitosa en el país vecino logró adentrarse en territorio de Hoshido. Lamentando no tener tiempo para aprovechar el viaje siguió camino hacia la costa solo deteniéndose para dormir, enviar alguna que otra carta y atender las necesidades del príncipe, siempre manteniéndole tan cómodo y seguro como fuese posible, empujando siempre a apresurar su paso. Arribaron a puerto un día antes de lo esperado y sin rastro de Nohrianos, lo que dejó bastante más tranquilo al consejero al subir al barco.

El viaje había sido bastante más tranquilo de lo que había esperado, la llegada a costas de las Islas de Durban fue un acontecimiento alegre y elegante, se le recibieron como lo que eran, príncipe y consejero y no como fugitivos de guerra. Judal había tenido tiempo para estudiar aquel lugar antes de poner pie siquiera. Sabía que contaba con desventaja al no tener conocimientos mágicos, sin embargo como consejero de un poderoso mago oscuro, educado en la escuela de Plegia, realizando estudios independientes y en proceso de escribir un libro, sin mencionar príncipe de una de las potencias militares más fuertes del mundo la posición de Judal era otra totalmente... eso y que fue presentado como estudiante de magia oscura, pupilo del importante señor... aunque esto no era del todo verdad. Aún. Le había costado bastante convencer a Pelleas de que le contratase pero finalmente sus técnicas habían rendido frutos, ni siquiera había tenido que insistir pero haciéndose indispensable para el ago logró un nivel de dependencia que había comprobado en Nohr que el príncipe era bastante consciente de ello. No solo había logrado un contrato de palabra el cual asumía que podrían hacerlo oficial ni bien pisaran tierra segura y pudiesen sentarse más cómodamente a discutir los términos, si no que había llegado a conseguir lo que siempre había deseado: ser pupilo de un mago oscuro, una oportunidad para manejar tan enigmático elemento, aunque tenía demasiada ignorancia en el campo como para poder pasar derechamente a intentar cualquier clase de iniciación, bajo la asistencia de un recibido de Plegia había comenzado con estudios básicos que complementaban sus lecturas aficionadas en Begnion.

Había visitado el palacio de Durban ni bien habían llegado, viajar con un príncipe tenía sus ventajas de las cuales no despreciaría nunca y sacaría su mayor provecho, hospedándose en ese lugar junto con el de sangre real se rodeó de lujos ni bien pisó tierra de magos ostentando su puesto como consejero y aprendiz así como paseándose con un grueso tomo de ruina perteneciente a su maestro. La realidad era que no podía leer ni una letra de aquel libro, escrito en idioma antiguo costosamente podía distinguir el título y reconocer algún dibujo de invocación pero con solo tener el libro entre manos ya veía el cambio en la mirada de los demás. Ni tonto ni perezoso comenzó a llevarlo entre sus propios papeles, siempre a la vista, exigiendo el mismo respeto que un mago pese a no contar con el identificativo correspondiente. Solo se quedó un par de días en los aposentos reales para asegurar la comodidad y seguridad de su príncipe antes de partir. Fue en su estadía allí que recibió el último cuervo, una corta nota que le indicaba donde debía de ir, el ave negra se quedó con él, sin mensaje que llevar simplemente el consejero le alimentó y cuidó hasta que fuese a regresar a su dueño original.

Viajó por un día completo antes de llegar a destino en compañía del ave negra cuando ya estaba entrada la mañana, su estampa era la de un mago oscuro, su cabello negro estaba recogido hacia atrás en una trenza gruesa donde su final estaba sujeto por una abrazadera de oro, sus ojos pesadamente maquillados con delineador negro y sombra violeta hacía juego con sus ojos carmines y sonrisa afilada. Llevaba una capa violeta de un material liviano y fresco, hecho en Plegia para el desierto, pero por debajo una segunda capa negra de terciopelo le abrigaba del viento costero, la capa violeta no era más que un detalle para completarse, con los bordados clásicos en dorados de los ojos del dragón caído a la vista de cualquiera con algo de conocimiento era un estudiante de magia oscura, por debajo de la capa se podía llegar a ver su ropa, botas livianas bajo pantalones negros sueltos que no le impedían movimiento alguno, cubriendo su cadera una tela violeta funcionaba como cinturón sujetando la gruesa bolsa de dinero suficientemente atrás como para que la capa la cubriese de la vista así como sus dagas, por encima una pieza de ropa semi trasparente negra como se solía utilizar en plegia y una camisa demasiado corta como para cubrir su vientre, las piezas de oro en sus muñecas y cuello cortaban un poco la negrura de su atuendo más allá de la capa. Sobre su hombro descansaba el ave y entre sus brazos llevaba el libro así como algunos papeles con apuntes suyos.

El pueblo costero al que había llegado no era para nada de su agrado, prefería los lujos y la seguridad a aquellas calles repletas de marineros y ladrones, mirando con aire de superioridad a su alrededor se dirigió por la calle principal del lugar hacia el puerto más al Este. Observó el cielo en busca de poder ver en que hora del día se encontraban pero las nubes que lo cubrían no se lo permitían, ya debía rondar el mediodía por el aroma a comida que había en el aire y el ambiente relajado entre los trabajadores que se acercaban a las tabernas y rincones para sentarse a descansar con sus compañeros. Sus pasos eran apresurados, su larga trenza ondeando a su espalda mientras avanzaba y el ave mirando a su alrededor emitiendo algún que otro graznido bajo o golpetear de su pico, el consejero entonces le daba una pequeña baya de las varias que él mismo estaba comiendo. Siempre caprichoso se había detenido a comprarlas en un arrebato de antojo al ver que las estaban vendiendo en un puesto. Al pasar por uno de los muelles el cuervo alzó vuelo al visualizar a su dueño, no muy lejos Judal pudo ver al hombre delgado de cabello corto y negro, se aproximó a paso igualmente decidido que antes - Buenos días~ - saludó sin nombres aún aunque sabía que en aquel lugar ya no corría peligro de parte de Nohr, igualmente no confiaba en sucios marineros - ¿Vamos a algún lugar más privado para hablar? Detesto la costa, la sal me reseca los labios. -
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Re: [Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

Mensaje por Izaya Orihara el Sáb Jul 30, 2016 9:21 pm

El corazón de Izaya no palpitaba fuerte con la visión del mar. La mayoría de las personas que vivían en el interior de los continentes nunca habían llegado a otear los inmensos océanos que no sabían que les rodeaban. El informante había descubierto en sus incesantes viajes de un lugar a otro, que esa clase de gente se emocionaba al sentir la sal en el rostro y poder observar el agua que se extendía hasta el horizonte, a millas y millas de distancia. Pero él era diferente. Las vastas regiones marítimas no provocaban más que cierto tedio, pues en alta mar las posibilidades de interacción humana se veían bastante reducidas. Pasado cierto tiempo, jugar con la tripulación y demás pasajeros se hacía monótono pues se acostumbraban a su personalidad y el mismo Izaya decidía no provocar tanto que todos tuvieran ganas de tirarle por la borda, lo que sería una molestia.

¿Qué eran las inmensidades oceánicas compradas con la profundidad del ser humano? Incluso la persona más superficial escondía dentro sí cualidades y atributos que el estratega deseaba conocer, explorar, descubrir. El fondo marino podría tener monstruos, pero también los tenían los corazones de los hombres. Seguramente, el miedo a la oscuridad de las grietas del inmenso azul no era más que una generación del subconsciente sobre el temor de la gente hacia lo desconocido. Existían muchas cosas inexplicables en el planeta que no habían sido reveladas aún a pesar de la cantidad de sabios y eruditos que trabajaban por darles solución. Izaya se centraba en enigmas mucho más complejos, nacidos de la curiosidad por la esencia humana y las características que les separaban de las bestias que habitaban el mismo mundo.

Por eso mismo, la vista rojiza y penetrante del estratega no vagaba hacia los poderosos océanos como el resto de turistas, sino que se centraban en el ajetreo del puerto, en la vida que manaba de los hombre fornidos que ataban cabos para asegurar las embarcaciones, los astilleros donde se forjaban nuevos navíos y se reparaban con sudor los viejos, los gritos de los capitanes que llamaban a su tripulación y las risas de las pelandruscas que atraían a los lobos de mar con sus coloridas faldas de muselina y sus comentarios atrevidos. Soldados de la reina, todos con su tomo de magia bajo el brazo, patrullaban continuamente la zona y guardaban con ojo avizor que los no-magos no se comportasen de manera caótica. La vida seguía, e Izaya la absorbía como un hombre sediento, tan tantos días viajando sin ningún entretenimiento mas su propia compañía.

Se fijó en que a pesar de que los guardias mantuvieran cierto control en la zona, habían muchas cosas que se les pasaban por alto. La mirada dura de los no-magos cuando se metían en un problema que preferían solucionar ellos, la forma en la que se burlaban a sus espaldas cuando los dueños de los tomos no se daban cuenta, la cantidad de locales y zonas que solo eran transitadas por personas corrientes. La división implementada por la Reina Yuuko parecía ser mucho más profunda de lo que muchos pensarían. Pero, ¿Acaso no era eso lo provocaban las leyes de secesión? Llegaba un punto en el que la misma sociedad decidía separarse desde el principio, y con esa acción surgía el odio. Los que se hallaban encima de la cadena alimenticia desdeñaban a los que se encontraban abajo, y los de abajo aborrecían el poder otorgado a esa pequeña élite que cada día se hacía mayor. Izaya encontraba bastante lógico que esa gente, desfavorecida por el gobierno, ayudara a los piratas y les protegieran en la medida de lo posible.

Quizás en el futuro pudiera darse una situación interesante en el país, si se tiraban de los hilos adecuados y se manejaban a los personajes clave. Pero por el momento, el informante no estaba interesado en Durban en ese sentido, aunque no por ello lo descartaría. Sin embargo, lo que captaba su atención en ese momento era el ave oscura que se acercó aleteando hacia él. Izaya alzó el brazo para que se posara allí. El cuervo emitió un graznido fuerte, como un saludo, a lo que el estratega respondió con una sonrisa y un: Bienvenido de vuelta, Morrigan, confío en que Judal te haya tratado como haría un buen anfitrión. – La respuesta afirmativa fue un poderoso aleteo que le hizo sonreír satisfecho y dirigir la mirada al consejero del Príncipe Pelleas de Daein.

- Más bien buenas tardes, – corrigió con tono ligero y una ceja alzada. -  A partir de las doce del mediodía se considera que ya es tarde, como has llegado tú a esta reunión. – dijo y sonrió, divertido por sus propias palabras, mucho más propias para alguien cercano que para una importante figura de la aristocracia. Si bien sus cartas habían sido bastante formales, su anterior trato en Plegia no se había parecido nada en las palabras escritas. Habían congeniado desde un primer instante, sus personalidades tan parecidas como sus físicos. E Izaya nunca había sido convencional, los títulos no eran importantes para él en lo más mínimo, y apenas los empleaba salvo si con ellos podía manipular y moldear mejor. Con Judal no había necesidad de ello.

- Tienes suerte de que haya tenido tiempo de investigar la zona mientras esperaba, lo que ha sido un buen rato, - continuó con el mismo tono, entre reprendedor y socarrón, un verdadero atrevimiento de un simple turista hacia lo que parecía un mago de alto rango. – pero por suerte ahora sé el lugar perfecto al que podemos ir. No quisiera que se resecaran aún más esos labios.

Tras su último comentario sarcástico, pronunciado con una verdadera marcada burla, el informante se giró sobre sus talones y dirigió al consejero en la dirección en la que se encontraba el sitio privado al que le quería llevar. Se colocó a su lado para caminar a la par. Estaba seguro de que ambos jóvenes daban para hablar, tan diferentes en cuanto a ropajes señalaba, pero con una mirada tan parecida, si se eliminaba el pesado maquillaje de los ojos de Judal, situación que no creía que nunca se cumpliera. Izaya contrastaba con su atuendo oscuro, el ave en su brazo bien sujeta con las garras, Judal con el pesado tomo bajo el brazo, como si fuera un verdadero mago. Si el estratega no lo supiera mejor, podría ser que hubiera caído por ese arte del disfraz, pero seguramente no. Los magos nunca eran tan atractivos como el consejero, y nunca movían las caderas de esa manera, incluso si lo intentaban con todas sus energías.

Los marineros les observaban de soslayo, algo curiosos pero al mismo tiempo desconfiando de ellos, un viajero y un mago. Los soldados del reino asentían con la cabeza, respetuosos. La única presencia que se atrevía a irrumpir en su camino era el fuerte viento marítimo, que traía el olor eléctrico de una tormenta que pronto irrumpiría en las costas de Durban.
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Re: [Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

Mensaje por Judal el Vie Sep 02, 2016 5:49 pm

El viento sacudía su capa alrededor del delgado cuerpo del bailarín así como su largo cabello azotaba a su costado como un grueso látigo trenzado, debió de subir su mano para sujetarse el costado de su cabello cuando unos mechones más cortos se escaparon de la parte más gruesa de la trenza para caer en su rostro. Su afilada mirada carmín examinó al otro, su atuendo no era apto como para pasar como alguien acaudalado, siquiera había intentado hacerse parecer un mago de bajo rango como para poder obtener un poco más de facilidades en un lugar extranjero. Había comprobado que eran sumamente parecidos pero a su vez tenían claras diferencias, sobretodo en su actuar, el bailarín siempre propenso a escalar socialmente donde fuese que se encontrase y con quien sea que le rodease, adaptándose lo mejor posible para encontrar un lugar cómodo desde donde vivir a sus anchas ya fuese a base de mentiras, de disfraces o su propio trabajo, sin embargo el estratega de corto cabello parecía ser más honesto consigo mismo y con su entorno, siempre mostrándose como era y sin buscar encajar en ningún lado, abriéndose paso solo con sus habilidades para la palabra. Judal asumía que eso era simplemente cuestión de crianzas y asumiendo que no había sido criado entre nobles y con las facilidades de acceder a sus clases de danza y expresión, el informante no había tenido tales facilidades por lo que no contaría con esas herramientas... o eso creía el bailarín.

Ser corregido le hizo ampliar su sonrisa pero con un tinte de veneno que era bastante sencillo de detectar a simple vista por alguien acostumbrado a leer a las personas - Supongo que tengo que agradecerte por esperarme, aunque bastante en hora he llegado considerando que ha habido un viaje de días en el mar y una lista bastante extensa de formalidades a cumplir al llegar al castillo real. Pero no espero que entiendas de eso. - su tono soberbio se disipó al relamer sus labios y sentir lo salado de estos, no estaba acostumbrado al aire marino y no se le había hecho más fácil los días que estuvo sobre un barco, o más bien que estuvo con mareos y pequeños momentos de alegría en cubierta para encerrarse en su camarote nuevamente, al menos había bajado de peso entre las pocas ganas de comer y los mareos del mar. Emprendió camino enseguida, mentón en alto y andar elegante acostumbrándose con gran facilidad al trato de los transeúntes que se apartaban y saludaban a un mago aunque fuese de otro país - Espero que por "investigar la zona" te refieras a que encontraste un lugar que no esté lleno de piratas y bandidos... este lugar da asco. ¿Porque no fuimos más cerca de la capital? Cerca del castillo hay lugares mucho mejores que este. - No escondió el gesto de asco al pasar junto a un marinero que posó su mirada demasiado en el vientre del bailarín, sus pantalones demasiado bajos y su camisa demasiado corta mostrando más de lo que un hombre de su contextura debería. Apegándose un tanto más a su compañero llegó a pecharlo un poco haciendo que el cuervo en su brazo graznara en queja - Si este es tu clase de lugar creo que vamos a empezar a reunirnos en donde yo diga. Apresura el paso por favor. - urgió mirando sobre su hombro encontrando la mirada del marinero que había intentado seguirle viendo aunque la capa le impedía hacerlo desde la espalda del bailarín, seguramente discerniendo si se trataba de una chica de poca curva o un varón demasiado agraciado para su seguridad en un puerto.
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Re: [Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

Mensaje por Izaya Orihara el Dom Sep 18, 2016 8:31 am

A Izaya no le gustaban las formalidades. Las cumplía cuando consideraba que debía, pero la mayoría del tiempo prefería ignorarlas. Detestaba, asimismo, la burocracia de las clases más altas de la sociedad y la gran cantidad de vida que perdían con ella. Esperaba no tener nunca que entender por lo que había pasado Judal porque debía ser un auténtico bodrio. No por ello compadecía al joven consejero: él se lo había buscado al estar sirviendo a un príncipe. Sabía perfectamente que tendría que hacer papeleos y trámites una vez alcanzado el puesto deseado, de modo que cuando se quejó de lo cansado que era trabajo, Izaya resopló con cierto desdén.  

- Por supuesto que no lo entiendo, ni pienso hacerlo. Menuda pérdida de tiempo. Prefiero ser autónomo porque, sinceramente, gano mucho dinero, hago lo que quiero, y no tengo que chuparle el culo a nadie a menos que me apetezca. – dijo entre risas, su tono suave a pesar del lenguaje empleado. Finalizó con un guiño descarado de ojos y con un gesto como que quitaba importancia al asunto. Le había dado la razón como a los tontos.

Continuó el camino con buen paso, observando su alrededor como si fuera una pieza de arte a analizar. Desdeñaba lo cotidiano, y se quedaba con los rasgos más interesantes de cada persona y objeto en el que se posaba su mirada. A él le daba igual lo que el mundo pensara de él. Cada uno veía lo que quería y no valía la pena aparentar ser algo que no se era, si no se sacaba algo provechoso de ello. En su caso específico, le molestaría cargar un libro en sus manos constantemente, cosa que excedía las ventajas de parecer un mago. Podía hospedarse en una de las mejores posadas con el dinero suficiente y su aspecto de viajero y comerciante, así como poder observar a la gente y mezclarse entre ella sin llamar demasiado la atención. Judal, por el otro lado, parecía un fuego en plena oscuridad: todos posaban sus ojos en él.

Entre los que se incluía un sujeto gordo y bastante desagraciado que pretendía desnudar al consejero con la mirada. El marinero incluso paró todo lo que estaba haciendo para no perder de vista a Judal, lo que parecía incomodarle por como pretendía caminar más deprisa y perder al bruto cuanto antes. Morrigan parecía molesto por otras razones. Cuando su compañero se pegó a su brazo, lanzó un graznido de fastidio y se alejó con un aleteo del hombro de Izaya hacia un tejado cercano donde se posó. El movimiento llamó la atención del estratega que giró los ojos hacia Judal y esbozó una sonrisa divertida.

- ¿Oh? Pero, mi estimado Judal, ¡cómo dejar escapar a tan apuesto galán! – Se paró en medio del camino y tiró del brazo del consejero para que se detuviera también. Sus ojos rojos brillaron con cierta malicia que no se molestaba en esconder. – Deberíamos ir a conocerle mejor. Seguro que encuentra fascinante tu amor por el maquillaje y el extraño sentido de la moda que tienes. – Y dicho esto, se dio media vuelta y avanzó hacia el corpulento marinero con seguridad.

Le examinó con cierta atención al pararse frente a él. A pesar del aire frío, el hombre sudaba a borbotones. Tenía muchos tatuajes mal dibujados por todo el cuerpo, casi el mismo número de dientes que le faltaban a la sonrisa que asomaba tras una barba grasienta y mal afeitada. Al ver a seres así, Izaya sentía que la humanidad no se merecía su amor. Pero entonces recordó que eso lo hacía por Judal, y una sonrisa de oreja a oreja asomó a sus labios cortantes. Incluso pareciera alguien encantador, un simple viajero con alguna duda sobre una dirección o curiosidad por la labor de los marineros. El hombre, a su vez, pareció sorprendido por la confianza con la que Izaya se le había acercado, pero en su diminuto cerebro debió convencerse de que eso era lo que se esperaba, porque segundos después trató de imitar la sonrisa del estratega sin conseguirlo.

- ¿Qué? ¿Tu amiga se apunta a una fiesta? Me han dicho que las magas de alta cuna son las más putas de todas. – dijo con voz tosca y le lanzó un beso desdentado a Judal.

- ¿Mi amiga? ¿Te refieres a mi hermano? – preguntó Izaya en alto con un falso tono de sorpresa. – No, no, solo venía a decirte que dejaras de mirarlo. Pero ahora que has dicho cosas tan desagradables, creo que deberías arrodillarte y disculparte. – terminó por decir con una sonrisa encantadora pero afilada y sus ojos entrecerrados como si creyera que el otro cumpliría con lo mandado. El marinero se rio de él.

- ¿Hermano, eh? Sí, tenéis la misma cara de chica. Bueno, no discrimino, ya sabes lo que dicen: “Durante una tormenta, todo lugar es buen puerto”. – exclamó en una carcajada por pésimo chiste sexual. – Y no me voy a arrodillar, guapito de cara, no tengo por qué obedecer a un extranjero que no es mago. Lárgate antes de que te rompa esa carita. – acompañó sus palabras por un gesto rápido con la mano.

- ¡Respuesta incorrecta! – canturreó Izaya, con un dedo alzado cual maestro de escuela. Y aprovechó la lentitud y las defensas bajas del hombre para pegarle un golpe en su garganta, sobre la nuez. Empleó la fuerza necesaria para hacer que se echara hacia atrás, aturdido por la rapidez del ataque y tratando de tomar aire, pero no lo suficiente como para taponar sus vías respiratorias. Como esperaba, el marinero procedió a pegarle un puñetazo que fue a parar al aire. Y, como esperaba, no habiendo aún recuperado la respiración, el grueso señor se le lanzó encima cuando no pudo atizarle un golpe.

Izaya simplemente se echó a un lado, sin esfuerzo, y le hizo tropezar con sus propios pies. Una vez que tuvo la espalda desprotegida del marinero a la vista, le empujó de una patada al suelo. El sujeto se quedó de rodillas frente a Judal, para el deleite del informante que se rio bajo y con una marcada diversión. La gente a su alrededor dirigió la mirada hacia ellos, confusos por la pelea que acababa de comenzar sin ningún motivo aparente. El hombre se incorporó entre gritos e insultos que eran respondidos por los fingidos “¡No, por favor!” del estratega, que casi pareciera la víctima en ese escenario, de no ser porque esquivaba cada golpe, y el marinero ya había caído al suelo unas cuatro veces. Con el revuelo, varios guardias se acercaron corriendo, libros en mano.

Lo cierto es que habían tardado más de lo que Izaya hubiera supuesto. Al verles llegar, el estratega corrió y abrazó a Judal, casi al borde de las lágrimas. El marinero, ajeno a todo salvo a la molesta pulga que le había estado toreando durante un buen rato, cargó contra ellos con un arpón de metal que había encontrado junto a las redes de pesca. Izaya gritó: “¡Ayuda! ¡Ese hombre nos quiere atacar a mi hermano y a mi!”, y pocos segundos después los soldados de Durban ya estaban reduciendo al grosero hombre que no paraba de amenazar al informante y al consejero real, sin la menor idea de quiénes eran en realidad. Mientras aparentaba estrechar entre sus brazos a Judal, se rio suavemente contra el oído ajeno y le susurró: Es tu turno, mi querido hermanito, de demostrar qué tan bueno eres. Que ese disfraz te sirva para algo más que recibir reverencias.
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Re: [Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

Mensaje por Judal el Miér Oct 26, 2016 6:28 pm

Sus pies apresuraban el paso de manera inconsciente, malos recuerdos le hacían sentir escalofríos sobretodo en su primera experiencia en un puerto, primera vez solo en un mundo cruel donde su crianza entre oro y plumas no había servido de nada, nadie le había respetado y las manos toscas habían tocado donde le habían pacido sin importarle las quejas del pelinegro. Un viaje de semanas en barco encerrado en un camerino donde apenas salía por la comida y temiendo que en cualquier momento alguno de los marineros se aventurase a ir más decidido contra el bailarín que no podría contra fuerza bruta mano a mano, durmiendo con dagas bajo su almohada y escondiendo cuanto cuchillo pudiese entre su ropa. Habían sido días que le habían marcado y le habían hecho ver la crueldad del mundo, con miedo había viajado pero a lo largo de las semanas de su aventura había logrado ganar algo de valentía... quizás demasiada al verse peleando codo a codo con mercenarios contra emergidos y hasta habiendo montado un dragón, sin mencionar de tener al príncipe de Daein a su lado que no solo le había ofrecido enseñarle de las oscuras artes que dominaba y que el joven bailarín deseaba. Había pasado mucho desde sus eventos traumáticos, de hecho la última vez que había viajado en barco hasta había bailado entre marineros y bromeado entre ellos aunque un barco de tripulación de Durban enviado por la reina y que en su mayoría eran magos y soldados no podía compararse con la fauna tan deplorable que había en aquel puerto. Y su compañero no se lo hacía más fácil.

Giró su rostro hacia el hombre que el estratega señalaba y con cara expresión de asco giró su rostro y apresuró sus pasos - No tengo tiempo para perder en esas basuras. - agregó con desdén antes de que le jalaran del brazo y verse obligado a acercarse al asqueroso individuo. Se mantuvo en silencio sin darle el placer de siquiera dirigirle una palabra, nada más que una mirada de profundo asco aferrando el libro de magia contra su pecho alzando su mentón frunciendo ligeramente la nariz. Cada palabra más despreciable que la anterior y cada gesto más repelente, cada vez más convencido que esa clase de personas era mejor exterminarlas que tenerlas sueltas de esa manera, ni para cargar cajas en un puerto servían, mucho menos para esclavo o siquiera para ser llamados humanos. Al escuchar la palabra "hermano" salir de los labios del pelinegro alzó una ceja y suspiró viendo que la broma comenzaba a ir demasiado lejos así que retrocedió un par de pasos cuando ya su "hermano" le soltase. Permitió que la escena se desencadenase delante suyo, peores cosas le habían dicho y aquello solo le parecía una gran tontería y una pérdida de tiempo de parte de Izaya, como se notaba que no tenía un trabajo y que su tiempo valía tan poco que lo desperdiciaba en esa clase de cosas. Él era un hombre ocupado con grandes trabajos de persona importante de los cuales le gustaba ostentar como lo hacía con sus joyas y su larga cabellera, sus responsabilidades y su puesto era un adorno más en toda su persona y como cuidaba su imagen cuidaba su trabajo.

La sola idea de ese hombre arrodillarse frente a él le causaba repulsión y no lo disimuló ignorando por completo al ser que no merecía su atención - No vale mi tiempo, Izaya, si pudieras ir terminando... - dejó hablando solo al marinero y se apartó varios pasos mirando con hastío el despliegue que el pelinegro de corto cabello hacía y el teatro que montaba hasta terminar en sus brazos. Con desinterés bajó su mirada - ¿Terminaste? - preguntó en voz baja solo alzando la mirada cuando llegaron los guardias. Mostró la placa que le autorizaba como mago y como invitado del castillo, la placa que era del príncipe al cual representaba pero al ser de invitados y no tener nombre alguno podía utilizarla él, el libro en sus manos, la capa con los bordados de ojos y su aspecto general pálido y de cabello negro le acentuaba bien como mago oscuro - Este hombre nos está molestando. He venido a escoltar a mi hermano, renombrado estratega de Elibe, al castillo. Soy invitado de la reina Yuuko. - la explicación venía algo extra pues solo con la placa los soldados con pesados libros de magia habían asentido con la cabeza y con una disculpa les abrían paso mientras ponían bajo custodia al hombre que había hecho una ofensa hacia un mago, y más aún, un invitado del castillo real, y su acompañante. Se le fue ofrecido que le escoltarían a ambos pero con un gesto falsamente amable se negó apresurando su camino.

Esperó a dejar a los soldados detrás, la capa ondeaba a su espalda a cada paso y se podía ver en su rostro el mal humor que cargaba por aquel "incidente" con tan desagradable criatura, sin más descargó aquello contra el pelinegro de corto cabello - Como se nota que no tienes nada importante que hacer, hermanito. ¿Es tu pasatiempo perder así el tiempo con esa clase de engendros de la naturaleza? Ni para sacrificio para Grima sirven, seguro lo matas en un templo y Grima te lo regresa a la vida. Para que sepas, soy pupilo del príncipe Pelleas y si bien aún no soy un mago iniciado estoy a pasos, con Pelleas como tutor en nada de tiempo seré el mago más fuerte de Tellius. Él se inició solo, estudió en Plegia y hasta dio clases, ofició como sacerdote en Nohr. Es el mago oscuro más poderoso conocido. - tenía orgullo en la persona que había escogido para guiar y para llevar a ser rey. Estaba seguro que con él a su lado no solo sería el más poderoso si no el de más cargo político, en cualquier momento aquel rey descuidado terminaría muriendo por pelearse con su propio wyvern y Pelleas heredaría el trono a Daein y sería él quien estuviese allí.
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Re: [Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

Mensaje por Izaya Orihara el Jue Nov 24, 2016 9:18 am

Izaya no pretendía, exactamente, enfadar a Judal. Quería hacerle reaccionar de alguna manera, provocarle, y la emoción resultante le daba lo mismo. Para el estratega eso no era nada complicado, pues sabía que su personalidad podía ser en muchas ocasiones bastante molesta e incitante al conflicto, pero fue el mismo Judal quién le alentaba con sus comentarios y sus acciones para comportarse de esa forma.  Era muy interesante que el bailarín, aún con esa necesidad de aparentar ser más fuerte de lo que era, en el momento de la retribución se echara hacia atrás. Lo normal hubiera sido intentar vengarse, en especial en alguien orgulloso. Pero Judal no había mostrado más que repulsión ante el simple hecho de que el marinero estaba frente a él. ¿Odiaba a los Marineros?, ¿a la plebe?, ¿a los hombres de modales vulgares?, ¿la fealdad?. Quizás todo eso y muchas más cosas que el sujeto representaba.

Era emocionante descubrir tanto de una sola persona sin que apenas tuviera que hablar. El lenguaje corporal, las expresiones, cada diminuto detalle al que nadie prestaría atención, eran la clave para conocer mejor a alguien. El informante se preguntó si Judal sabía que era predecible, que era tan fácil de leer como un libro abierto para un letrado. Ante su evidente enfado, Izaya no hizo más que sonreír y saludar amistosamente a los guardias que se alejaban de ellos con el nuevo prisionero encadenado. No negaría que hubiera disfrutado si el hombre hubiera hecho algo inesperado en vez de ser tan evidente, pero bueno, así era la vida: aunque hubiera decidido amar a la humanidad no significaba que amase a cada individuo personalmente.

Siguió los pasos apresurados del bailarín con un sonrisa satisfecha en los labios, casi una mueca afilada de regocijo. Cuando el otro se detuvo y descargó su ira en él, no hizo más que mirarle con cierta fijeza y gesto de diversión. No es que no le importara lo que le estaba gritando, al contrario, era intrigante y curioso, pero le generaba cierta gracia igualmente. Volvía a mostrar sus cartas y sus pensamientos de forma demasiado sincera, y a su parecer, necia. En especial si tenía en cuenta con quién estaba hablando y la reputación que seguía al nombre de Izaya Orihara.

- Por supuesto que no serviría de sacrificio para Grima. – comenzó a decirle y alzó una mano de forma teatral.- A ningún dios, de existir, le debe importar una mierda lo que hagamos. Deja de sufrir por algo en lo que realmente no crees y que no debe de generar más que risa en ese gran dragón caído tuyo. Aunque quién parece tu verdadero dios es tu principito. Menudas palabras de adoración, ni un clérigo lo hubiera dicho mejor. ¿Será que te gusta, mi adorado hermano? – le preguntó y una fina ceja se arqueó con burla. No perdía detalle de su rostro, de sus ojos, que casi siempre indicaban mucho más sobre lo que uno sentía que meros comentarios. Dio directamente por hecho que Judal no creía en Grima y que solo lo había dicho porque luego había hablado del mago oscuro. Cualquier persona con medio dedo de frente se cuestionaría la existencia de las deidades del mundo. Además, una cosa era Ashera, que por lo menos se suponía que era una diosa creadora, y otra muy diferente un montón de huesos. Si Grima existía, que hiciera el favor de presentarse.

Con el mismo tono jocoso, continuó: Ten cuidado, las palabras son poderosas, pero también pueden pueden emplearse en tu contra. Si revelas tu poder, es algo que has sacrificado. Las personas más poderosas ejercen su influencia de maneras que incluso tú no te darías cuenta: ni lo verías, ni lo sentirías. Se podría incluso afirmar que si algo se ve o se siente, se vuelve vulnerable. Se supone que si has llegado a donde estás es porque eres inteligente, pero a la mínima provocación ya haces comentarios y actúas de maneras en las que, sinceramente, te hacen ver vulnerable. Enfádate todo lo que quieras, es la verdad, no voy a dorarte los oídos con cosas que quieras oír, porque no te van a hacer mejor. Evolucionar, mi querido hermano, lo es todo.

Había crueldad en sus palabras. No estaba siendo amable, sino que empleaba su sinceridad para que cortase como la espada más afilada. No pretendía ir de sabio por la vida, pero al observar a la gente, el estratega era capaz de ver mucho más de lo que ellos se imaginaban. Le interesban las experiencias humanas, lo que guardaban dentro de sus cabezas, sus posibles acciones. Toda pizca de información, por mínima que pudiera parecer, es poder.  E Izaya siempre la utilizaba para su propio beneficio. De un tirón de un brazo le detuvo en su caminar, para quedar ambos cara a cara. Ojos rojos sobre ojos rojos. Tan parecidos, y a la vez tan diferentes. Judal le había seguido el juego con su relación de sangre, pero no estaba seguro hasta qué punto lo creía cierto o solo una mentira. Al fin y al cabo Izaya era un experto en usar la verdad como si fueran falacias, y mentiras como si fueran la realidad. Pero en ese caso, la verdad era la verdad, y el bailarín debía saberla.

- ¿Acaso no te enseñaron nada útil cuando eras pequeño? Parece que te han mantenido en las sombras sobre muchas cosas, hermanito. O más bien, te han acostumbrado tanto a la luz que no eres capaz de ver más allá, lo que te aguarda en la oscuridad. – comenzó a decirle, sin dejarle ir. A pesar de su cuerpo ligero y delgado, Izaya no era tan débil como pareciera. Sabía luchar, y sus músculos existían bajo su abrigo negro. - ¿O quizás es que nunca has querido verlo? Los seres humanos buscan la seguridad antes de la responsabilidad. Una vez que sabes la verdad, tienes ciertas responsabilidades y por eso, muchos deciden no saber, no conocer.  Como dicen: “no hay más ciego que el que no quiere ver.” ¿Eres tú de esos?

Como si el cielo previera la tormenta que estaba por llegar, descargó sobre las tierras de Durban toda el agua que cargaban las nubes negras. A lo lejos se podían escuchar los truenos, que cada vez se acercaban más y más junto con los relámpagos. La gente comenzó a guarecerse bajo techo de los ríos y torrentes, pero Izaya no dejó que Judal se marchase de allí. De la firmeza con la que lo agarraba sus nudillos se habían vuelto blancos. El agua les empapaba hasta los huesos, y la ropa se volvió pesada sobre sus cuerpos.

- No pretendas que no entiendes de lo que te hablo. Al igual que yo, has sabido que había algo raro entre nosotros desde el primer momento. Algo que nunca te han contado, pero que seguro que, como el chico listo que eres, has pensado. – La mano libre la alzó hacia el rostro de Judal, donde frotó su dedo pulgar con fuerza contra su mejilla, como si quisiera ver qué es lo que escondía el bailarín tras el maquillaje, tras esa máscara que él también llevaba. – Me pregunto si tendrás algún lunar en los mismos lugares que nuestra difunta madre. – Y sonrió.
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Re: [Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

Mensaje por Judal el Sáb Ene 21, 2017 3:06 pm

En sus pasos no encontraba descanso, solo quería alejarse de eso y ahora también del que insistentemente llamaba su hermano incluso cuando los oídos del populacho no estaban atentos a ellos. Sus pasos, apresurados pero silenciosos y elegantes, no se detenían ni siquiera cuando el otro le hablaba, apresurando a llegar a destino, sea cual fuere este el lugar para poder sentarse y poder hablar a solas, pretendía seguir así pero las palabras ajenas parecían insistentes en molestarle. Deteniéndose se giró para enfrentar al otro, una ceja alzada y un gesto en su labio que rozaba el asco - ¿Adoración? Creo que escuchas lo que quieres cuando solo expresé lo capacitado de mi maestro. - no había dicho nada comprometedor y solo había alabado las capacidades del príncipe como lo haría en presencia de cualquier noble, o en este caso, para aumentar su propio estatus como estudiante, a mejor maestro se pudiese conseguir más valoradas quedaban sus capacidades aunque aún no estuviesen desarrolladas. Y si buscaba sacar a luz algo más rebuscado esperaba algo más sutil y menos desesperado de un informante. Tomó un poco de aire y con actitud sobrada alzó su mentón - Y blasfemas de poderes que desconoces, ¿te crees demasiado por hablar con tal desprecio por una deidad? Grima es más real de lo que pude demostrar ser Ashera o cualquier otro, pero no espero que alguien que con suerte ha tocado un libro arcano en su vida pueda entender los secretos que he visto en Plegia. - con aquellas palabras lo tachó de ignorante, hablando de más por cosas que no había sentido. Él no había tocado los huesos de Grima, no había visto lo vivo de su esencia, él había estado en ritos y había sentido en carne propia la voluntad del dragón caído, más claro de lo que en su vida había visto en ir a las catedrales de Ashera. Asomando su blanca dentadura sonrió con desdén hacia el que se hacía llamar insistentemente su hermano - Lo dice quien no ha sabido cerrar su boca desde que llegó, quien parece un actor frustrado buscando atención en burdos actos bajos con marineros. ¿Dices que mi poder es solo trabajar para el príncipe y ser su pupilo? Desconoces mucho pero te gusta hablar como si lo supieras todo. Nada de lo que te he dicho es un secreto y cualquiera con una gota de sangre noble en esta isla sabe eso y más, pero revolviéndote en los puertos dudo que encuentres esa clase de información. Si quieres verme vulnerable, hazlo, no hay enemigo más fácil de derrotar que aquel que te subestima. - aquel teatro era más digno de su amor de largos cabellos violetas que de aquel delgado pelinegro, de Suzu era del único que aceptaba tales dramatismos y en gran parte era porque él era participe activamente, en cambio con el pelinegro frente a si parecía solo hacer las cosas para su pequeño acto privado viviendo en su mente sus propias fantasías, cosa que Judal no quería formar parte si las luces del escenario no eran suyas.

Tiró de su brazo para que le soltase pero se había aferrado a riesgo de que le rompiese la delicada tela semi trasparente de su traje así que no jaló más, aunque constante entrenamiento y ser capaz de sujetar su peso e incluso el de otra persona con sus brazos sin esfuerzo por la danza, le habían dejado músculos marcados, delgados solo por el constante estiramiento al que se sometía para hacer su cuerpo ágil y flexible, como su profesión artística le exigía. Le miraba con claro odio, retenerlo a él y de esa manera cuando el cielo comenzaba a encapotarse ¿no pretendía buscar refugio de la lluvia? ¿ni siquiera aproximarse a un alero de alguna casa? Siguieron las palabras rebuscadas, para nada claras con lo que pretendía comunicar. La lluvia comenzó a caer y los mechones de cabello negro se empezaron a pegar a su rostro como gruesas serpientes negras, su humor no mejoraba y apenas escuchaba al otro ¿realmente estaba dando esa charla bajo la lluvia? Como se notaba que no tenía el más mínimo ápice de cuidado personal o mismo de cuidar su ropa y objetos. Guardó el libro en el sobre de tela de su cintura y cubrió la parte superior con la solapa cerrando un poco más su capa para no mojarse - A ver un momento... No sé que daño mental tienes, si estuviste mucho al sol o te caíste de la cuna de bebe pero estás hablando puras tonterías. - estiró su dedo índice y lo clavó en el pecho ajeno empujando con este un poco al delgado informante - No me conoces y nuevamente hablas solo por hablar. Corta el drama que ya nadie mira y no soy tu hermano, si algo raro hay entre nosotros es que cada momento que pasa te me haces más insoportable. Diría que lamento por tu difunta madre pero la verdad que no, la mía está en Begnion y viva, viviendo con mi padre en una linda mansión, nos escribimos seguido así que no tengo idea de que diantres estás hablando. - levanto su mano y golpeó la ajena cuando tocó su rostro retrocediendo al tacto - Ahora si me disculpas, iré a resguardarme de la lluvia. No todos estamos tan locos como para arriesgarse a pescar un resfrío o arruinar nuestras ropas. -
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Re: [Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

Mensaje por Izaya Orihara el Vie Feb 10, 2017 2:42 pm

Izaya esperaba sentir el impulso de adrenalina que siempre corría por sus venas al ver cómo la gente reaccionaba ante sus palabras crueles. Se solía emocionar al ver las cosas que los demás se esforzaban por reprimir, todas aquellas sensaciones que terminaban por tomar un aspecto físico, como la ira, la tristeza o el odio. No era médico, pero bien podría dedicarse a la disección de las almas humanas, pues sus palabras cortaban como el cuchillo más afilado y su lengua era precisa como el pulso de un cirujano. No obstante, descubrió con terrible sorpresa, que su corazón no latía fascinado, sino que se contraía hacia sí mismo de una forma dolorosa y desagradable. Notaba que a medida que hablaba, las frases le dejaban un mal sabor de boca y que el pulso se le aceleraba hasta que un nudo se le formó en la garganta y apenas podía respirar. Se preguntó si estaría enfermo, tanta era su sorpresa con lo que él pensaba que eran síntomas de alguna clase de padecimiento. Habiendo crecido en Ilia, así que no pensaba que fuera por el frío, al que estaba acostumbrado y prefería antes del calor, tampoco creía que su malestar fuera obra de la lluvia, que al fin y al cabo era la versión líquida de los copos de nieve siempre presentes en su país natal.

Estaba perfectamente hasta hacía unos instantes. Pero ahora una indescriptible emoción se pegaba a su piel, mucho más fría y terrible que la lluvia que le había empapado por completo, pero cuya presencia Izaya no parecía reconocer. Mientras Judal le espetaba comentarios mordaces y cargados de odio, el informante se quedó quieto, con el rostro limpio de cualquier sonrisa arrogante y perversa, en su lugar tenía una expresión de completo desconcierto. No por el modo en el que el bailarín había actuado con él, tras sus crueles palabras y sus actos infames ese modo de reaccionar era más que normal, sino porque se dio cuenta de que todo lo que el otro le decía, le estaba importando. A medida que su entendimiento de la situación y de sus propios sentimientos crecía, Izaya sufría aún sin saberlo, porque como persona acostumbrada a estar durante tantísimo tiempo sola y alienada de la sociedad, le era complicado descubrir y clasificar esa clase de sensaciones en sí mismo. Lo que haría en una situación normal sería enterrar todo lo que estuviera molestándole, hacer oídos sordos y sonreír como su nada estuviera sucediendo, pero en esos instantes le fue imposible.

Su menté le trajo un recuerdo. Una vez, en el mercado modelo de Ylisse, había entrado en la tienda de una anciana pitonisa, casi como llamado por algo mayor. A veces tenía pesadillas con las palabras que le había dicho en ese entonces y que resonaban en su cabeza cada vez que las pensaba. Nunca había sabido de dónde había sacado la información la vieja bruja, pero no había errado en ninguna de sus afirmaciones: “Puedo ver a un niño sentado en una silla frente a una mesa vacía. Las velas se han apagado. La nieve cae tan espesa que nadie espera poder salir nunca más de sus hogares. La casa cruje. Hay personas en otros pisos pero nadie acude a la habitación. El niño es pequeño. Oh. La mesa no está vacía. Una carta. Una carta mojada y fría reposa sobre su madera. Está abierta. Rota. Las manos del niño están heladas. Heladas como la tormenta que se desata sobre el pueblo y que estremece a la gente. Pero el niño ni parpadea. Es noche cerrada, y nadie va a buscarle. Sigue solo. Las personas en la casa duermen, pero él no. Observa un fuego inerte que no puede sacudir el hielo que empieza a formarse en su corazón. ¿Qué edad tiene el niño? Es pequeño, muy pequeño. Y sin embargo ha entendido las palabras de abandono escritas en el papel. Ah. Rabia. Odio. Resolución. Empieza a entender. O quizás no. La noche pasa. El niño sigue solo, solo, solo. La mañana nunca llega. El sol se esconde tras la nieve. El niño se ha vuelto de hielo. Más cartas en la mesa. Iguales: frías y rotas. Las personas que viven en la casa no van a por él. Nadie va a por él. Nadie recuerda que nació en un día cruel como ese. ¿Cuántos años tiene el niño, Izaya?

Había tenido cinco años. Más o menos la edad que debía de llevarse con Judal, a pesar de que el estratega siempre dijera que tenía veintiuno. En realidad había cumplido ya los veintitrés, y llevaba dieciséis años sin tener noticias de los que fueron sus padres. Si bien recibió las nuevas de que habían muerto cuando apenas tenía siete años, la realidad es que hubo dos años en los que apenas tuvo información de ellos, solo míseras cartas que llegaban muy atrasadas desde Jehanna o desde cualquier otro lugar donde se habían perdido. Ese día había sido su cumpleaños. Abrió el correo pensando que tendría alguna felicitación, y miró al exterior pensando que padre y madre aparecerían de repente en una sorpresa, pero eso nunca llegó a suceder. Recordaba que la carta le avisaba que se quedarían una temporada en Jehanna, pero no daban más explicaciones. Era breve, fría, y concisa, como si Izaya fuera otro de sus compañeros mercaderes y no su hijo. Tan deshumanizada como lo estuvo el informante en años posteriores.

Frunció las cejas con suavidad, y parpadeó varias veces para que la lluvia dejara de pesar en sus pestañas largas negras. El dedo acusador del bailarín apretaba su pecho y, a pesar de que el tacto apenas era una molestia, le quitó todo el aire de los pulmones. ¿Por qué? ¿Por qué le dolía algo que apenas debería inmutarle? ¡Debería estar riéndose! Pero su rostro hacía todo menos eso. Y entonces, en un breve suspiro que se atascó en su garganta, lo entendió: estaba siendo rechazado.

Había pensado que, tal vez, si destruía a Judal con sus vocablos o acciones, sería capaz de quemar todo lo que le ataba a su pasado familiar. Que, quizás, se iba a sentir mejor consigo mismo: pero no había sido así. Cuando era pequeño, había sentido una enorme devoción por sus padres, tanta como solo un niño verdaderamente amoroso puede experimentar. Pero ellos habían preferido dedicarse al negocio, al comercio de bienes, antes que a su primogénito que se quedó abandonado en los parajes helados de Ilia. Aunque no quisiera reconocerlo, esa acción cambió a Izaya de manera radical. Sufrió tanto que su corazón se partió en miles de trocitos. Desde entonces, se prometió a sí mismo el no volver a dejar que le hirieran de esa manera, de modo que decidió amar a la humanidad de forma lejana y desentendida, como un dios condescendiente con sus creaciones. Pero Judal no era un humano corriente, les unía una misma sangre por sus venas: hacerle daño a él, era hacérselo a sí mismo.

Descubrió que, como ese mismo niño solo en su helada mansión en Ilia, él también quería ser aceptado por su familia. Y su familia en ese instante era Judal, el único que le quedaba. Esas dos emociones; la necesidad de verse reconocido, y la necesidad de destruir su pasado, habían condicionado su previas acciones con el bailarín. El claro enfrentamiento entre ambas estaba en el extraño modo en el que Izaya se había estado comportando: primero le había defendido de un hombre que había osado dirigirles la palabra, pero había sido en contra de sus deseos y no había parado cuando se lo había pedido. Luego le había acariciado el rostro como solo se atrevería a hacer alguien cercano, pero lo había hecho con fuerza y acompañado de palabras crueles como quién pretende herir. Pero nada de ello le había traído placer ni felicidad, ni siquiera la sensación de haber cumplido.

El golpe de la mano lo trastocó. Fue casi como si se lo hubiera dado en la cara, pero Izaya se mantuvo con el mismo gesto como de desconcierto de antes. Se quedó en el sitio, parado durante unos momentos, sin apenas reconocer que Judal se alejaba de él. Batallaba consigo mismo y trataba de entender esos sentimientos que habían logrado escapar de esa coraza que llevaba años sin ser abierta. El bailarín se fue alejando sin que el estratega fuera hacia él, o hiciera algo para evitarlo, porque Izaya era un auténtico cobarde. Evitaba los enfrentamientos directos siempre que podía, pero uno no puede huir de uno mismo siempre. Y menos cuando se ve tan reconocido en los rasgos faciales de otro. Judal y él eran tan parecidos que daba miedo, aunque a su parecer su hermano guardaba muchas más semejanzas con su madre que él. El simple pensamiento lo irritó. Él no sería como esos ancianos decrépitos que habían sido asesinados en Jehanna y cuyo único legado había sido una casucha en Ilia. Tanto era su rencor escondido, y el deseo de no parecerse en nada a ellos, que el informante echó a correr hacia su hermano. Su ropa le pesaba, pero apenas la sentía contra el cuerpo. Él no le abandonaría. No rechazaría a alguien como él.

- No estoy mintiendo. – le dijo cuando estuvo cerca. Se puso frente a él con las manos extendidas para que el otro se detuviera también.- Siempre has debido sospechar algo como esto toda tu vida. Eres un chico inteligente, te habrás dado cuenta de que no te pareces en nada a la gente de Begnion. No guardas semejanza tampoco con ninguno de tus padres. Y antes de que digas que hablo sin conocimiento de causa, lo cierto es que antes de venir aquí a verte estuve en Begnion con ellos y me contaron la verdad. – Habló con rapidez, en caso de que el otro se le ocurriera esquivarle y salir corriendo. Su rostro estaba serio y su voz ronca. Casi debía alzar la voz por la fuerte lluvia que cada vez iba empeorando. – Ahora, puedes huir y vivir siempre con la duda sobre quién eres en realidad, o puedes venir conmigo al sitio al que te quería llevar antes y quitarte por siempre esas dudas que has debido de tener. – Izaya nunca suplicaba, pero en esa ocasión podría casi estar haciéndolo. Su desesperación estaba mal disimulada. –  Y si no te gusta lo que digo, o sigues pensando que estoy loco después de escucharme, te dejaré en paz. Pero, como bien has dicho, nos conviene resguardarnos de la lluvia, y más en un sitio con chimenea, privacidad, un sitio cómodo donde sentarse y donde poder tomar una buena bebida. - termino por decir de forma más calmada antes de encogerse de hombros. Trataba de recuperar un poco el control, aunque se le escapaba entre los dedos.
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Re: [Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

Mensaje por Judal el Sáb Abr 15, 2017 1:56 am

Esperaba que aquellas palabras crudas, chorreantes de veneno como pocas veces daban, desataran una guerra entre ellos. El pelinegro había mostrado tener una lengua tan afilada como la suya y ahora Judal le estaba dando todas las herramientas para comenzar lo que podía ser una guerra de víboras que terminaría hasta que alguno se retirase o se mordiese su lengua muriendo con su propio veneno. Sin embargo allí estaba, aquel hombre que había parecido disfrutar de la desgracia ajena y de pinchar al punto del desespero al pelilargo ahora lo miraba con desconcierto como si no comprendiese de donde venía aquella actitud tan cruel por parte del bailarín. Judal frunció su ceño creyendo que aún todo era un juego, que estaba esperando para hacerle enojar más, quizás hacerle reaccionar de alguna manera más violenta para solo reírse en su rostro o quizás generarle problemas en el país extranjero, pero no podía permitirse eso, tenía un nombre que cuidar y no solo eso si no que su pellejo. Había visto a Pelleas enojado y había temblado hasta sus entrañas cuando su oscuridad se había manifestado contra él, no quería hacer nada que le hiciera meter en problemas a su príncipe en aquellas tierras de aquella mujer que parecía tener encantado a su príncipe, tanto que este hablaba de conquistar un país para ella.

Dudó por varios momentos bajo la lluvia, sentía como su ropa se apegaba ya a su piel y como el frío comenzaba a calar sus huesos cuando el viento se levantaba, el sonido de las olas chocando en la costa rocosa y lejano los gritos de los marineros asegurando los barcos de la tormenta que se aproximaba sorpresivamente, a su alrededor la gente se apresuraba para llegar a sus casas mientras se intentaban cubrir la cabeza con lo que tuviesen a mano, alguna canasta, algún sombrero o incluso libros o ropa. El pelinegro de largos cabellos, ya con el maquillaje corrido por la lluvia y su trenza pesada por el agua cayendo  su espalda retrocedió un par de pasos. Algo se sentía incorrecto en todo aquello, al parecer algo había hecho o dicho que parecía haber dejado demasiado afectado al informante y no se sentía bien decir ninguna palabra más, como si algo en su interior le estuviese cargando de culpa y le susurrase en el oído "esta vez fuiste demasiado lejos", sabía que sus palabras podían ser agudas y siempre se había medido con Suzu, otra cobra venenosa que sabía escoger las palabras hirientes como un artista escoge los mejores colores para una pintura. Pero esta vez él se había pasado. Retrocedió un paso más y se volteó para irse, no quería seguir enfrentando aquella mirada ni aquella expresión, sentía el peso de la culpa y él era un cobarde en cuanto a sentimientos delicados, no sabía expresarlos ni recibirlos y cuando lo hacía los deformaba siempre de manera enfermiza tal como lo había hecho con su amor por Suzuki.

Sus pasos se apresuraron un poco cuando finalmente se vio libre de aquella mirada, chocando contra los charcos y salpicando en su andar no llegó muy lejos que sintió pasos apresurados detrás suyo, intentó apresurarse y cerrando la capa contra su pecho bajó la mirada y caminó tan rápido que parecía que en cualquier momento largaría a correr pero se detuvo en seco cuando la figura delgada del otro se interpuso en su camino. Intentó esquivarle, primero con la mirada y después con su cuerpo, dando un paso a un lado y dispuesto a seguir caminando pero las palabras del otro le hicieron detenerse, aún con distancia entre ellos y con la lluvia ahogando sus palabras debió de mirar al rostro ajeno, a sus labios, para comprender mejor lo que decía. Era verdad que lo había pensado, incluso se lo habían hecho notar en ocasiones de sus rasgos "exóticos" como le habían llamado y de que era un diamante entre carbones expresando siempre lo diferente que era en aquel lugar de pieles tostadas, cabellos y ojos claros así como cuerpos anchos y altos, él tenía una belleza andrógina de rostro afilado y cuerpo delgado, en los puertos de donde su padre tenía negocios había visto gente de Jehana más parecida a él que en Begnion, pero siempre lo ignoró a conciencia. Ahora era mucha casualidad que ese hombre lo mencionase ahora, y si lo miraba nuevamente y objetivamente el informante tenía rasgos muy similares a los suyos sin maquillaje, probablemente no lo verían a simple vista, pero si alguien veía a Izaya y a Judal recién levantados seguro que serían como dos gotas de agua. Negó con la cabeza en inicio pero no dijo palabra, intentó encontrar excusas pero la mención de sus padres le hizo quedarse en su lugar, aferrando con sus manos la capa que cada vez más pesada caía sobre sus hombros y cubría su cuerpo del viento, ya comenzaba a temblar pero estaba muy distraído como para sentir frío. Finalmente abrió su boca y tras un suspiro intentó sacar aquella expresión preocupada para poner torpemente una más altanera en su rostro - El castillo donde me hospedo esta demasiado lejos y necesito secarme, espero que tengas ropa de mi talla y suficiente leña para la chimenea... - dijo como excusa pero dando a entender que aceptaba ir con él, se acercó un poco pues el viento empeoraba, al parecer vendría una tormenta fuerte, sería conveniente que se resguardaran pronto - Tu guía, apresúrate o moriremos ambos de hipotermia. -
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Re: [Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

Mensaje por Izaya Orihara el Dom Mayo 21, 2017 8:58 am

Izaya no era tan malo como uno pudiera pensar. Sí, era un monstruo, pero no porque hubiera decidido serlo desde un principio. Ahora se auto-declaraba como tal, pero al comienzo de su conversión no había tenido más remedio que transformarse en ese demonio que era ahora. Le habían obligado a ello.  Como cualquier otro monstruo en sus inicios, Izaya no había sido más que un ser demasiado delicado, demasiado dispuesto a amar de forma incondicional y ser amado de vuelta. Había nacido con un corazón vulnerable y el pecho abierto, y la vida le había apuñalado de las formas más crueles posibles para alguien como él. Poco a poco, sin que sus heridas se cerrasen, se había vuelto de hielo, hasta que la capa que le recubría era imposible de atravesar con ningún tipo de arma física o mental. Vivía aislado, pero por decisión propia. Nadie tenía el poder de influir en él, de sacarle de su zona de confort que había ido construyendo a lo largo de años y años.

Y a pesar de ello, descubrir algo de su pasado le había hecho sangrar de nuevo, pues su corazón seguía herido y sin cerrar. No lo admitiría ni aunque le torturasen los verdugos más crueles de Nohr o Bern, pero era una realidad que Izaya por primera vez había experimentado con Judal. Su mente le decía que no podía ser débil, que podría terminar lo empezado y desligarse del bailarín por siempre: hacer que le odiase y que nunca quisiera verle de nuevo. Pero algo en su interior le decía lo contrario, e Izaya sabía que si hacía lo primero nunca podría vivir en paz, sería como una angustia permanente en su interior, difícil de enterrar. Al mismo tiempo, entendía las repercusiones mentales que eso conllevaba: si hubiera sido rechazado, no creía poder soportarlo. Al fin y al cabo, su naturaleza era su naturaleza, por mucho que hubiera evolucionado a un demonio desde que hubiera sido un niño anhelante de amor.

Se quedó mirando el rostro huidizo de Judal, a la espera de una nueva puñalada. Los monstruos como él no tenían la suerte de tener algo bueno. Pero, por alguna razón, su hermano accedió a ir con él. Por unos instantes se quedó estático en su lugar, sin saber muy bien si aquello había sido un sueño o una realidad. Pero el otro seguía ahí, no había huido del informante, aunque, seguramente, fuera lo más seguro para él. Izaya parecía atraer al mal, como una alegoría de infortunios. Hacía tiempo que él mismo había aceptado eso, ¿acaso no sería mejor dejar a Judal en paz? Posiblemente, pero el estratega era demasiado egoísta como para dejar ir algo que quería para él. Sin embargo, y a pesar de sus dudas y conjeturas, dejó momentáneamente de pensar para asentir con la cabeza de forma breve y pensativa. Se apartó el cabello mojado del rostro y suspiró, de repente exhausto y frío por toda la situación.

- Puede que sea un plebeyo, pero no soy un bárbaro
.  – le aclaró, tratando de aligerar su tono, volver a la normalidad. Trató además de sonreír, pero el gesto no le salió con la fluidez que hubiera querido, de modo que se limitó a mostrar un rostro mucho más neutral, tratando de forma obvia de ordenar su propia cabeza y recuperar el huidizo control que la situación le había arrebatado. – Hasta tengo maquillaje, en caso de que quieras volver a rehacer la obra de arte que antes tenías en los ojos. – Añadió de forma informativa. En cualquier otro caso, su tono hubiera sido mucho más juguetón e incluso sarcástico, pero en esa ocasión fue mucho más tranquilo, casi como si Izaya se tratase de alguien sincero. Se sorprendió a sí mismo por el comentario, de tal forma que parpadeó un par de veces y dijo: El lugar donde me hospedo está cerca. Sígueme.

Guardó silencio durante todo el camino, y ni siquiera miró a su espalda para saber si Judal estaba ahí o se había escapado en el instante en el que el informante no mirase. Temía girarse y descubrir que ya no estaba allí. Como cuando era niño y le aterraba despertarse por la mañana y ver que sus padres se habían vuelto a marchar sin despedirse de él. Era interesante la cantidad de recuerdos y sensaciones que podían avivarse con un recuerdo, o en su caso una presencia, del pasado. Aunque para el estratega eso fuera más bien una pesadilla para su obsesivo autocontrol. Estaba actuando demasiado fuera de sí, como si otra persona se hubiera metido en su cuerpo y sintiera y pensara de forma completamente diferente al infame Izaya Orihara. Estaba demasiado cansado, y demasiado mojado como para volver a construir los quebradizos muros de su ser, de modo que ni siquiera se planteó intentarlo. No dejaba de ser un estratega, y sabía reconocer batallas perdidas cuando las veía, al igual que sabía qué peleas librar y cuáles no.

En ese caso, prefería dejar cuando antes resuelto el asunto con su hermano antes de embarcarse en una especie de psicoanálisis propio, que sin duda sería agotador y desagradable. Su control tenía limites, y ya estaba en el borde como para encima tratar de abarcar más de lo que podía. No era tan estúpido. Tragó saliva. Aun así, era algo complicado el tratar de ignorar todas esas cosas y enfocarse solo en Judal. Sintió la sinceridad de la palabra en los labios, como un mal sabor de boca: pesada y amarga. Su garganta y sus cuerdas vocales amenazaban con proferir una frase de arrepentimiento, para hacerle saber a Judal que sentía su comportamiento, que no estaba bien. Quizás así no se marcharía, aunque estuviera dado la vuelta. Pero no lo hizo. No estaba en su naturaleza el hacer algo así. El perdón no les llegaba a los demonios como él, ni nacía de su interior. No perdonaban, ni eran perdonados. Así había sido siempre, y así continuaría siéndolo por los siglos de los siglos.

¿Haría alguna diferencia pedir perdón?, ¿Marcaba la diferencia en alguna ocasión? Solo era una palabra. Una palabra contra mil acciones, pensó Izaya con cierta amargura cínica. A lo lejos se podían ver las luces de la posada en la que estaba alojado. Las calles estaban vacías, todos los transeúntes de las calles del puerto se habían puesto a cubierto mucho antes que ellos, ya fuera en sus casas o en los bares del lugar. La promesa de calor y comodidad le hicieron apresurar el paso, ya cansado del frío y la tormenta que amenazaba con volverse peor, si los truenos en la distancia eran indicio de ello. – Es allí. - dijo, aún sin volver la cara para ver si Judal había seguido sus pasos. No dejaba de ser un gran cobarde. Cuando llegó a la puerta, no obstante, giró sobre sus talones al mismo tiempo que empujaba la pesada estructura de madera para poder entrar en el interior y lograr cobijarse por fin.
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Re: [Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

Mensaje por Judal el Dom Mayo 21, 2017 8:57 pm

A decir verdad no estaba del todo seguro de lo que estaba haciendo o por que lo hacía pues a fin de cuentas aquella escena aún estaba viva y ardiente en la mente del joven dancer, la frustración y la repulsión que había sentido con todo el incidente con el marinero le había dejado un muy mal sabor de boca y la necesidad de encontrar un refugio para si mismo, sobretodo alejarse del puerto y en su momento del informante de cabello corto y negro. Pero las cosas no se daban siempre como uno quería y en su vida reciente comenzaba a acostumbrarse un poco a ello, desde que Suzuki le había abandonado había visto que no todo era oro y plata en su vida, que habían cosas fuera de su control y que lo que estaba fuera de su control cambiaría. En principio era un pensamiento frustrarte y deprimente para cualquier persona normal, pero para él había sido un impulsante para continuar creciendo, su hermano tenía un deseo de control pero él iba un paso a un lado y prefería tener control sobre quien ejerciera control, ser el centro de las luces era solo sobre el escenario pero el verdadero poder era el tener los hilos correctos atados de las palancas correctas. Por eso su círculo era tan activo y prefería ser servicial a altanero, como lo era con el príncipe Pelleas y lo había sido con todos sus anteriores contratantes, y era así que había estado presente en varios lugares, incluso en cortes reales de Begnion, Ylisse y Nohr y en mesas de negociaciones entre Daein y Begnion y Altes e Ylisse, claro, siendo no más que una sombra que sirve a figura si sentada frente a la mesa. Su supuesto hermano, o más bien ya 10% supuesto y 90% hermano, parecía tener un modo mucho más frontal de trabajar y de hacer las cosas, pero se veía muy claramente el parecido entre ambos.

Sus pasos fueron a la misma velocidad de los del pelinegro, apenas medio metro por detrás y apretando su capa contra su pecho chapoteaba en cada paso que daba, ya en las calles se formaban corrientes de agua que pasaban como pequeños ríos de barro frente a las casas, los techos resonaban como si estuviesen cayendo piedras y el agua se deslizaba formando pequeñas cataratas en los frentes, ya no se veían personas en la calle ni en las ventanas, todos se habían cerrado a cal y canto, solo ellos y una gallina perdida que totalmente mojada corría seguramente habiendo escapado de algún corral y ahora buscaba refugio. Ya no le importaba el maquillaje, si no cambiarse de ropa, temblaba completo y su cuerpo delgado se marcaba aún más en sus finos músculos por estar totalmente tensos aunque ni en ese estado sumaban ni un centímetro más de corpulencia al escuálido estado del dancer. Estornudó sonoramente y se intentó refugiar bajo cualquier árbol, techo o cornisa que cruzaran mientras avanzaban deseando llegar pronto a destino, pero su mente seguía un tanto perdida por lo que se acababa de enterar... No era sencillo asimilar palabras dichas tan al aire y si seguía a ese hombre era por que en su mente, muy profundo en esta, sabía que decía la verdad por más que aún no la aceptase abiertamente. No quería ser adoptado, no era algo muy bien visto ni tampoco querría saber quienes eran sus padres verdaderos ni por que le habían abandonado, quería mucho a sus padres en Begnion, les escribía seguido y hasta les había enviado regalos cuando había conseguido un trabajo tan interesante y financieramente productivo como consejero del príncipe de Daein.

La llegada a la puerta le hizo detenerse pero no quedarse quieto, sus manos fortaron sus brazos y revisó el interior del bolso en su cintura si el libro seguía seco y en buen estado, el cuero tratado con cera de abeja era muy buen aislante del agua pero se filtraba un tanto por las costuras, sin embargo el libro seguía mayoritariamente seco, nada que unos instantes cerca del fuego no arreglen. Observó el rostro del pelinegro cuando se volteó y por un momento vio todas las similitudes que su reflejo tenía, el tono de sus ojos, el de su cabello lo pálido de su piel e incluso la forma de su rostro, con una expresión más neutral era más sencillo verlo. Asintió con su cabeza y se adelantó al ambiente oscuro, su mano sujetando su daga por cualquier incidente, pues no había visto nada que le hiciera confiar pero al ingresar y ver que estaban solos pudo respirar tranquilo y finalmente abrir su capa para retirarla de sus hombros goteando agua. La tormenta sería fuerte y él tenía bastante tiempo para escurrir su cabello y ponerse algo seco.
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Re: [Social] Water's Sweet but Blood is Thicker [Priv. Judal]

Mensaje por Eliwood el Miér Jun 14, 2017 1:07 am

Tema cerrado. 50G a cada participante.

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