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Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Trombe el Jue Oct 20, 2016 9:24 pm

Aunque la intención del lobo era incitar al chico a que lo siguiera, no precisamente dejarlo atrás, cuando hubo henchido la distancia entre ambos de forma significativa, no aligeró el ritmo, sino que se encargo de dejar un rastro, ya sea por las huellas o por el agrio olor de su orina, dándole la oportunidad de que se mantuviera en constante rastreo de sus patas. Mientras avanzaba, sin embargo, Trombe asimismo contemplaba. El bosque estaba silencioso. Aunque aún podía escuchar el continuo fluir del agua susurrando; la brisa tanteando a ciegas la vegetación abundante, moviendo las hojas verdes con un rodeo, como sierpe, el silencio que cundía a su alrededor se le antojaba más como un oscuro maleficio. El bosque parecía estar paralizado en una ilusión, en un escalofrío que helaba la tierra y los cuerpos que transitaban por ella con rigor, mientras su nariz, enfilada siempre hacia delante, le devolvía el sentido común a la escena cuando detrás de estos espacios presos de la decepción transparente, el olfato y el sabor se enredan en la fragancia que mordisque la herida que arde vivaz en pleno hueso de guerra.

Ciertamente lo que había dicho el muchacho acerca de la propagación del fuego había sido correcto. Esta parte del bosque había sido ignorada casi en su totalidad por el fuego. Lúgubre bajo una cúpula de sombras que escondían la grotesca realidad, Trombe trazó una línea en el suelo con una de sus patas. No tenía mucha destreza con este tipo de maniobra desde su forma cuadrúpeda, pero aún así pintarrajeó una línea lo suficientemente visible para que Feldsphar pudiera entenderla como tal. Una línea, una división, la dualidad de realidades que se disputaban paralelas el escenario de la función. Inmediatamente, sin perder un pálpito, tomó un respiro y entró a través de la tupida confluencia de arbustos. El ambiente se vio inflamado por un vendaval de humo haciendo furiosas distorsiones en las cosas y desdibujando el borde de la mirada. Su cuerpo peludo se movió con turgente urgencia a través del humo, y comenzó a destacar en su vista periférica los restos de las llamas que repiqueteaban en contenidas conflagraciones. 

El olor, el color, el calor; todos elementos convincentes, de equidad inherente a la naturaleza destructora de sus impresiones. Ver el fuego que se escondía detrás de la apariencia, detrás de la delgada lámina de una inferencia, ahora le llenaba de un sentimiento de Deja Vu. Mientras el polvo, la cenizas del quemado sendero, se suspendieron en su rostro, como muchas arrugas en su piel, distinguió la piel curtida que pertenecía a una temporalidad más ambulante. Veía imágenes de un lugar lejano, pero parecido; imágenes nutridas por la intromisión del recuerdo, de la vagabundería de un sueño. No había fuego al que rehuirle en ese bosque, sin embargo, sólo la idiosincrasia de otro tipo de bestia, una más estoica, más aterradora. Trombe recordaba pensar qué era lo que tenían que hacer cuando esos hombres, acarreando su máquina de guerra, habían llegado a su bosque.

La cicatriz en su rostro comenzó a dolerle como si sintiera el corte a flor de piel. El ensueño y la realidad se mezclaban, afluyendo con inequívoca certeza una chispa de sospecha. Su cabeza, llena de ilusiones extrañas, amenazaba con regresar; con dar un salto y abandonar esa actualidad que el recuerdo pretendía igualar. En ese entonces él vivía en un bosque, en una perpetua costa de flores, huyéndole a los mitos de la vida eterna, mientras combinaba en su mente las fantasías del cielo que tiembla. Quería viajar, quería experimentar los avatares de los tiempos, aprender nuevas cosas. El mundo de lo humanos, al menos a partir de lo que conocía de una de esas canciones infantiles que abundaban en su jauría, era que fuera del bosque había una tierra de la imaginación. Ese día había estado de vigía en las inmediaciones, y cuando vio llegar a los humanos, enchapados en petos de acero, no alertó a los demás, sino que, por curiosidad, se detuvo a verlos desde la lejanía. 

Eventualmente el momento de inacción permitiría a que Feldsphar lo alcanzara. Trombe, aún en su forma lupina, observaba un árbol que lentamente se quemaba. Sabiendo que el chico estaría al alcance de su voz, el lobo empezó a hablar. —De vuelta en el bosque donde yo vivía teníamos un dicho: Si usted ve un solo árbol marchito, se puede pensar como una herida grave para el bosque, pero desde la perspectiva del bosque, los restos de ese árbol serán la nutrición de otras plantas, actuando, a la larga, en su beneficio.— Haría una pequeña pausa y luego continuaría. —En ese entonces yo también pertenecía a una familia de lobos que en vez de unirse a alguna comunidad, tenían encomendado proteger un bosque. Nuestra mentalidad era que si moríamos, tendríamos que morir aquí; de forma que el bosque pudiera transformar nuestro cuerpo en alimento para sus raíces. Nos habíamos anclado a la idea de protegerlo por algún sentido de pertenencia— Lentamente se dio media vuelta y observó al muchacho. 

—Para cuando eso los humanos perseguían una historia que se estaba volviendo muy popular; una historia que decía que una caravana de mercaderes había sido atacada hacía una semana, y que los lobos que la habían atacado habían sido invocados por un mago, un hechicero de magia negra.— Dejó que Feldsphar recordara la pasada contienda con los emergidos y luego siguió. —Nos habían llamado bestias demoníacas, rostros de ruina, garras de la muerte. Ahora que me detengo a pensarlo, quizás en esa situación mi jauría de lobos fueron los primeros emergidos. ¿Y qué pasó después? Una lucha de fuerzas que defendían el bosque, y otra que lo atacaban. ¿Importó al final quién ganara? No. El bosque sólo se nutrió de los caídos— Su cicatriz parecía brillar junto a sus ojos ambarinos. Esta le recordaba que lo más trágico no fue que algunos de sus compañeros lobos murieran en esa batalla, sino que él, tras recibir ese golpe, ese corte, huyera; sin mirar atrás, como si hubiera estado esperando por una oportunidad como esa. Que ocultara su identidad a ras de su cobardía, y que hoy, a un chico que su hogar defendía, tratara de convencerlo de que lo abandonara. Realmente era una persona despreciable.

—Feldsphar, este bosque no es tu vida, así que no se la des, por favor— Le pidió mirándolo con firmeza. El chico había mencionado a un tal Craig anteriormente, por lo que Trombe ya asociaba tal nombre con la identidad del destinatario de sus hipotética correspondencia. —Tus manos son muy pequeñas. No podrás protegerlo con ellas, no así. Estas manos fueron creadas para alejar lo que no queremos, y para mantener cerca lo que sí. Tus manos están para sostener las manos de otra persona, para ayudarla a levantarse cuando se caiga, a apoyarte en la suya cuando tú desfallezcas— Hizo una pausa y tragó saliva, sus ojos brillando como dos teas mientras volvía a su forma humana, caminando hacia él, deteniéndose frente a él, y alargándole la mano. —¡Ven conmigo! Juntos encontraremos una forma para proteger tu bosque, ¡lo juro! Pero no sigas aquí, no te quedes aquí. He vivido lo mismo que tú, soy igual que tú, y por eso se que no eres el guardián del bosque, porque yo, en tu lugar, tampoco pude serlo. Aún así no tienes que rendirte por eso. Puedes buscar otra forma, buscar una alternativa. No tienes que decidirte ahora mismo. Puedes tomarte tu tiempo, pero al menos prométeme que cuando vuelva, cuando nos volvamos a ver, habrás tomado una decisión. Que la prioridad cuando elijas serás tú y no el bosque— Su mano se mantuvo esperando tomar la del muchacho; esperando que este le diera una seña de que entendía la profusión de su petición, de su único deseo.
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Feldsphar el Dom Oct 23, 2016 6:35 am

A Feldsphar le costaba seguir el ritmo que al principio había impuesto Trombe hacía su camino a la parte más quemada del bosque; no solamente porque se había despistado un poco al seguirle y había perdido tiempo, sino también porque el bárbaro estaba acostumbrado a trepar a árboles y avanzar de rama en rama, por lo cual a veces correr en suelo llano se le había menos ágil pero las vistas a su alrededor iban cambiando cuando más se adentraban en la zona en la que habían estado peleando un tiempo que se le hacía muy lejano pero que verdaderamente, no lo era. Los árboles que antes parecían de lo más vivos y parte más de aquel bosque, ahora estaban reducidos a cenizas y tenían un aspecto que realmente le entristecía a Feldsphar: el niño no quería ver algo que había protegido durante tantos años en un aspecto que parecía que tardarían muchos años en volver a su estado original.

Realmente se sentía mal por el paisaje de su alrededor, pero no era un tipo acostumbrado a llorar porque las cosas no le fueran como esperado; en parte porque nunca había tenido una idea de como “su vida tenía que ser” así que lo único que podía hacer en estos casos era apretar los dientes y quedarse aquella frustración para sus adentros. Y estaba seguro, que si tuviera un poco más de humanidad y los sentimientos humanos le fueran algo mucho más familiar a él; probablemente habría roto a llorar ahí en medio, pero no era así, así que también apretó los puños y pateó el suelo, no aceptando como había sido tan débil como para que algo sucediese algo tan dañino a lo que más quería en su vida: su querido bosque.

Cuando Trombe se quedó delante de un árbol que todavía se estaba consumiendo por el fuego no pudo evitar dirigir su mirada al suelo y sus pies empezaron a moverse nerviosamente dando golpecitos en el suelo por los nervios. ¡No entendía nada! Trombe era su... ¿amigo, verdad? Entonces, ¿Porque lo llevaba a un sitio que le causaba tanto dolor? ¡Quería sacar su hacha y acertarle de lleno! Pero eso solo lo hacía cuando se molestaba con Craig, ahora tenía que aguantar toda la ira que sentía porque no creía que pudiera comparar a Trombe con Craig, de todas formas. - ¡No importar si Feldsphar morir en bosque, bosque ser mi vida! - Aunque había bajado la mirada instantes atrás ahora había vuelto a mirar al rostro lupino de Trombe diciendo aquellas palabras incluso con rabia, que sin embargo, no eran verdad: él mismo había admitido cuando se había resfriado que lo que más miedo le daba entre algunas cosas era el hecho de morir solo en el bosque y sin que nadie tuviera su recuerdo, sin darle la menor importancia a su existencia.

Y aunque sentía un punto de conexión entre la historia que el hombre lobo le estaba contando y su propia realidad; no quería llegar a admitir que podrían compartir un destino y que quizás, debía salir de aquel bosque para emprender otro estilo de vida. A él también le habían llamado “bestia” o muchas cosas similares, porque a pesar de que el niño era totalmente humano no había sido criado como uno y por lo tanto, tampoco actuaba como los otros esperaban que lo hicieran. Y a pesar de que Feldsphar odiaba aquellas miradas altivas y de superioridad de algunos magos, era cierto que era más animal que humano, pero él se sentía bien por la manera en la que había vivido: creía que su camino era el correcto porque había conseguido sobrevivir hasta el día de hoy. No podía acabar de determinar si era feliz con su forma de vida o no, pero lo cierto era que si estaba cómodo con aquello.

- ¡No tener derecho a decir todo eso! ¡Trombe no conocer a Feldsphar y Feldsphar querer vivir por y para bosque! Tener suerte que no creer que malas intenciones ser como las de Craig, sino Feldsphar ya hubiera empezado pelea con Trombe. - Nadie nunca se había preocupado por él, incluso si habían magos que sabían de su condición en el bosque, nadie le había brindado una mano o había intentando sacarle del lugar, enseñarle cosas de humanos u otros. Habían pasado demasiados años como para que ahora Feldsphar tuviera una mínima ambición de querer salir de un sitio que había sido su refugio por tantos años, solo había reforzado su sentimiento a querer quedarse allí. Y aunque suponía que quizás Trombe no decía esas cosas con mala fe, o al menos, eso creía creer; Feldsphar no era capaz de encajar todas aquellas palabras de una buena forma. Por lo que no fue extraño que el chico en lugar de estrechar la mano como lo hacían los humanos cuando parecían formar un pacto, la rechazó con un manotazo. - ¡No querer vida alternativa, querer mi vida de vuelta! - Y después de decir aquello se volteó para salir corriendo en la misma dirección por la que habían venido, porque estaba apunto de estallar a llorar como un niño pequeño y no quería que nadie leyese esa debilidad en su rostro.
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Trombe el Jue Oct 27, 2016 7:57 pm

Él tenía que decírselo; debía decirle todo sin filtro, sin refracción, sin omitir nada, sin halago, sin aminoración, sin insinuaciones, sin indirectas, sin complicidad, sin complacencia, sin guardarse nada dentro, sin obviar ningún detalle. Por más desesperante que fuera; por más doloroso que le pareciera; poco a poco, hablar con esfuerzo, indiferente a las réplicas y a los sentimientos. Aunque al hacerlo deje cicatriz, aunque hunda el cuchillo muy hondo en el corazón, en el alma; aunque pierda su amistad o su confianza, aunque le inspirara una recepción negativa, un rencor como quemazón; un resentimiento como verdugón. Sin importar que fueran intrincadas combinaciones de palabras; sin importar que lastimara sus relucientes precocidades; sin respetar el dolor que probablemente sintiera, por más justificado que fuera, por más simpatía que exhibiera. A Trombe le daban ganas de hincarse y pedirle perdón, sí, llamarlo de vuelta, implorar por una segunda oportunidad. Pero no, con perdón sea dicho, pero sus intenciones eran buenas, o al menos, eran, propias, eran suyas. Regañar al muchacho era lo que él quería, aunque para que entienda sea necesario dejarlo como un perro apaleado, emocionalmente hablando. No quería que él sufriera, si podría lo desvinculara de todo lo malo en la vida, pero si debía dolerse, si alguien debía ser quien lo hiciera entrar en razón, Trombe sería quien le haría la pregunta directa, quien escupiría en su orgullo, y lo golpearía con esas palabras huesudas y maliciosas. 

Las uñas le estorbaban, los dientes le molestaban, la cola lo atrasaba, las orejas lo incomodaban. No quería ser un lobo, no quería ser un humano, no quería ser un mercader, un pastor, un viajero; ahora sólo quería correr y atrapar a ese niño. ¿Quién describió tan brillantemente estos fuegos? Porque no lo son. No brillan tanto, no queman tanto, no depredan tanto como la voluntad de cada persona. Son nada, nimiedad, irrelevancia. Este bosque no es más que relleno, no es más que pan de centeno, un lugar de veraneo, un sueño para el enfermo. No, Feldsphar no podía seguir anclado a este lugar. No podría seguir atrapado en ilusiones de proteger este lugar. Su vida no era esta. No lo era, no podría serlo, no lo sería. Corrió en medio del verde, corrió en medio del verde diluido, se secó las lágrimas con el dorso de la mano, y al hacerlo notó que no eran lágrimas, era sangre. Su cicatriz estaba manando una sangre roja. Esa herida de hace tanto tiempo, aún no se había cerrado. Aún seguía borbotando un líquido ajeno a los nervios, ajeno al corazón que se le escapaba palpitando en el pecho.

Finalmente alcanzó al rubio, que por lo que notaba, no era muy avezado corriendo en estas circunstancias. Lo había visto maniobrar con agilidad las volteretas aéreas, pero en tierra, entre raíces y arbustos, se veía claramente en desventaja. Además de que siendo su psique una ruina de sentimientos e ideas, no estaría corriendo a su mayor potencial. En ese momento Trombe lo embistió, lo tomó por el brazo y trató de detenerlo. —¡No huyas Feldsphar! Llora aquí— Al decirlo la sangre bajó por sus mejillas, dejando dos rayas rojas, dos rayas paralelas bordando hasta el mentón. —Llora donde el bosque te vea, donde el bosque te sienta.— Movió su muñeca y trató de voltear a Feldsphar, una de sus manos trató de ponerse en su hombro, de detener cualquier movimiento con que zafarse quisiera. —Llora donde tus lágrimas caigan y apaguen el fuego. Llora donde tus lágrimas caigan y alivien una herida. Llora aquí— Y en ese instante, lo atrapó, lo atrajo hacia él, abrazándolo de forma que el chico no lo pudiera evitar, no lo pudiera rechazar. Trombe veía en rojo, todo en rojo, pero no sentía dolor, sentía una especie de liberación. El rojo parecía haber durado mucho tiempo dentro de su cuerpo, y ahora, finalmente, lo estaba sacando.

—Tu vida está ahí, en tu pecho. No está aquí afuera, ni en nadie. Tu vida eres tú; tú eres tu vida Feldsphar. Tu vida no es la forma en que vives, tu vida sólo eres tú. No lo compliques. Al menos por ahora, no lo compliques. ¿Por qué necesitas una razón heroica como esa para vivir? ¿Por qué no sólo tratas de disfrutar algo por tu propia voluntad? Si tienes miedo dilo. Si estás molesto grítalo. Si quieres llorar llora. Yo estoy aquí. Estaré aquí, temblando, gritando y llorando contigo— Mantuvo un firme agarre sobre el cuerpo del muchacho, y trató de transmitirle toda su emoción, lo que las palabras no podían comunicar, con ese fuerte acercamiento que se le antojaba filial. Podría ser forzado, podría ser incómodo,  podría Feldsphar no quererlo, pero él, de todas formas, lo haría. La sangre que desbordó de su herida salpicó al suelo, a la tierra; y al estallar en el humus, fue claro que no era sangre, sino lágrimas. La cicatriz de Trombe estaba, como era de esperarse, herméticamente cerrada; lo que borbotaban eran lágrimas. Claro, llamarlas sangre era idóneo para un momento tan dramático. 
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Feldsphar el Sáb Oct 29, 2016 2:27 pm

Estaba decidido a dejar a Trombe atrás porque no estaba preparado para afrontar toda la situación de aquella forma: no quería estar solo toda su vida pero al mismo tiempo incluso si todo su bosque se quemaba, continuaría con la necesidad de mantenerse allí. No tenía una respuesta lógica a que le mantenía unido de aquella manera incondicional al bosque porque estaba seguro que habían cosas de su infancia que no recordaba... ¡Tenía que haberlas! Sino sería incapaz de comunicarse, sería incapaz de saber muchas cosas de la civilización humana que estando en el bosque encerrado no podría. Se preguntaba si alguna vez él vivió alguna vez junto a otros humanos, pero nunca tendría respuestas relacionadas a aquel tema, que, además, volviendo a una vista de futuro se veía incapaz de formar lazos de la misma manera que las personas lo hacían o de aprender habilidades propias de ellas. Y estaba seguro de que el hombre lobo no lo dejaría escapar en sus pensamientos; y eso fue lo que sucedió.

Aunque tenía la opción de atacarle para que su velocidad disminuyera y entonces si poder huir de manera efectiva, podría decirse que en poco tiempo Trombe le había demostrado que podía confiar en él, así que no podía golpearle. Porque él no se merecería ser golpeado. Así que a pesar de que fuera embestido y que ahora el hombre lobo le agarraba de un brazo, ya no continuaría escapando y solo dirigió su mirada hacia el suelo. Antes de bajar el rostro vio como el otro tenía sangre cayendo por una mejilla pero no preguntó, no parecía como si sufriera por ello así que simplemente lo ignoró de los hechos. Y en el momento en el que se vio atraído al cuerpo del oro no pudo evitar abrazarlo y dejar llevarse por sus peores miedos, intentando reprimir sus sentimientos más humanos pero no fue lo suficientemente fuerte como para reprimir unos sollozos y al cabo de unos segundos empezar a llorar más fuerte.

-¡No querer ser héroe, no querer! ¡Pero Feldsphar no tener a nadie y llegará un día que simple morir y nadie recordar! Misión de Feldsphar proteger bosque pero Feldsphar necesitar vida, tener algo que hacer... No querer esperar aquí para siempre por Craig... - Incluso cuando mencionó a Craig no pudo evitar golpear con poca fuerza en el hombro de Trombe con su puño; no era consciente de los sentimientos que tenía el bárbaro hacía el otro chico y además, no estaba acostumbrado a todas aquellas emociones y trataba de no resolver los interrogantes, porque estaba sintiendo demasiadas cosas nuevas en poco tiempo, pero no podía evitar ser sincero con el hombre lobo. - Ahora... ¿Que suceder? ¿Que tener que hacer con mi vida? Estar totalmente perdido...
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Trombe el Sáb Dic 03, 2016 1:20 pm

Su alma estaba feliz. Mientras que las circunstancias parecían enfocadas en causar un detrimento a su aparato emocional, palabras agitando los humores que podían tildar la balanza sobre la cual ambos iban y venían sujetos a cualquier veleidad, Trombe no podía describirlo ni explicarlo, pero su alma se pronunciaba auténticamente en la alegría que sólo puede colmar a alguien que tiene la rara oportunidad de ahogarse en los sentimientos de alguien más. Que ese chico fuera por ahora su obesesión principal, si se ignoraba el personaje de la aldeana a la que había avalado toda la polémica de sus sentimientos, hacía que su confesión diera lugar a un discurso que ambos validaban o invalidaban según la complejidad de las emociones y sus efectos colaterales.

Aunque a principio a regañadientes, Feldsphar parecía finalmente dispuesto a buscar refugio en los brazos del lobo para la ardua y rígido etapa que era en la actualidad lo que podría considerarse como el invierno de su vida. Trombe conocía gran parte de la materia, ya que una situación como esta él había vivido con anterioridad pasadas las fronteras de los registros de la memoria que contenía con dificultad. Quizás el rubio tardaría más tiempo o menos tiempo que él en descubrir lo que quería hacer con su vida, pero nunca se deslizó a través de las ranuras de la perturbadora tristeza y sus lúgubres sombras.

En consecuencia, el castaño ahora dedicaba sustancialmente su tiempo y energía a las contradicciones entre las palabras y los sentimientos que mientras respiraba, artificiaba y expresaba exclusivamente a la suma de todo su ser, confabulando el eco de la voz de un turista que al que se le ve diciéndole a un lugareño que su hogar es peligroso y que debería irse con él. Feldsphar lo admitía a regañadientes; reflexionaba sus sentimientos, y se sostenía firmemente de Trombe como si tuviera miedo de soltarse y desplomarse al suelo, haciéndose trizas que jamás podrían volver a recomponenerse. Al menos así que es que Trombe quería imaginárselo.

"No te detengas, no bajes la velocidad, sigue adelante, sigue llorando, sigue hablando. Eso es humano, sí, eso es todo lo que necesitas. Sentimientos discontinuos, agitados, apresurados; no eres un hombre; no eres un animal. Eres un muchacho cansado, pálido y deprimido que no puede pensar nada con claridad. Estas perdido, no tienes sentido alguno de dirección, pero aún así no estás solo. No, no, no, no lo estás." Y mientras lo piensa, lo abraza más fuerte, sintiendo el extraño abstracto de felicidad que prosperaba dentro de él.

La preocupación general escapaba de Trombe, que de pie, aunque llorando y abrazando al muchacho con fuerza, era inadvertidamente feliz hasta un punto de ebullición que al advenimiento de esa empequeñecida confesión le parecía como algo natural y esperado. —No tengo tengo la menor idea Feldsphar. Está más allá de mi imaginación, y mucho más allá de mi sospecha. No quiero espadas, no quiero fuego, no quiero magia, no quiero hambre, no quiero dolor, pero tampoco puedo decirte que estas cosas dejarán de existir de ahora en más. Aunque espero que nada malo te suceda, no puedo asegurarlo con seguridad. Aún así se que encontrarás un lugar donde yo siempre pueda verte y hablar contigo. Un lugar donde pueda ver que habitas la felicidad que siempre te ha pertenecido. Personalmente, quiero crear ese pequeño lugar, cálido y acogedor, para ti. Quiero que explores ese lado tranquilo de la vida. No será inmediatamente. Puede tomar tiempo. Meses, incluso años. Pero solo quiero que me esperes. Esperes y creas que puedo llevarte a ese lugar donde debes estar Mientras lo dijo, puso sus manos en su hombro y lo alejó ligeramente para poder mirarlo a los ojos.  —¿Confías en mi Feldsphar?

Off:
Perdón por la tardanza. La uni me dejó aéreo por un buen tiempo xD!
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Feldsphar el Dom Dic 04, 2016 1:24 pm

Llorar era algo que le hacía sentir mucho más vulnerable enfrente de los demás, de la misma manera que no le gustaba tener aquel tipo de apariencia. Los sentimientos y la felicidad era algo que hacía que los humanos fueran más estúpidos, torpes y que causaran problemas, Feldsphar en cierto sentido le gustaba saber que no tenía una familia, ni que muchos se preocuparan por él porque así no tenía ninguna debilidad, nadie que proteger y que pudiera causarle problemas aunque por la parte opuesta si él tenía algún tipo de problema tampoco podría ser socorrido fácilmente por otras personas sino que tendría que buscarse la vida él mismo, siempre había sido así... Pero no parecía como siempre fuera a ser de la misma forma. Poco a poco desde la primera aparición de los emergidos en el bosque, habían empezado los problemas para él, pero también había tenido la suerte o la desgracia de que nuevas personas estuvieran llegando a su vida y ya no se sentía tanto como un animal del bosque porque el hecho de tener que interactuar con personas, usar palabras y tener sentimientos le hacía más cercano a ellos también. Y Feldsphar lo odiaba, porque no estaba acostumbrado a ello.

No le gustaba abrirse con sus sentimientos a los demás pero sentía que con Trombe estaba bien, porque en cierto aspecto se sentía de una forma similar pero si que tenía que admitir que no le gustaba la manera en la que le respondía todas sus preocupaciones, porque Feldsphar había llegado a un punto que estaba perdido en su vida porque las cosas habían ido cambiando hasta un punto que las cosas no era como las recordaba. Y se encontraba como en un callejón sin salida, porque necesitaba respuestas a todos los cambios que sucedían a su alrededor y en lugar de ello, todavía dudaba más. Cuando Trombe se separó de él para poner sus manos en los hombros del joven, Feldsphar le empujó con algo de fuerza y retrocedió algunos pasos atrás, continuando llorando mientras lo hacía pero intentando de tranquilizarse con un poco más de eficacia que antes. Respiró hondo y trató de limpiar sus lágrimas con sus dedos.

-¡No importar pelear, sufrir, armas y guerra! Sufrimiento ser parte de la vida, Feldsphar no pretender que todo ser bien y no problemas nunca. ¡No saber donde estar lugar de Feldsphar, siempre haber sido bosque! Ahora todo derrumbar y no saber donde continuar. - Sus manos temblaban y la falsa apariencia que había adoptado de valentía hacía rato que había desaparecido por completo, así que volvía a ser el inseguro bárbaro que era antes de que tuviera que conocer a diversas personas que lo habían hecho cambiar un poco. - Claro que confiar en ti. ¿Que opción tener sino? Si quedar aquí todo romper con el tiempo, Feldsphar no querer romper también, cosas que querer vivir. ¿Y ahora qué suponer que hacer?
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Trombe el Sáb Dic 17, 2016 12:49 am

¿Qué hacer? Esa es una pregunta que muchas personas se estaban haciendo estos días. Aunque no sabía la respuesta a esa tan debatible pregunta, Trombe se imaginaba qué era lo que tenía que decirle. Por supuesto, darle a este joven una razón para vivir no era tan simple como el lobo querría que fuera. Trombe no sabía exactamente cómo funcionaba el mundo. La economía empezaba a sentirse como leche materna para él, sí, pero fuera de los puntos más finos de esa conversación, a muchas cosas las ignoraba tanto como él. No iba a decirle eso, claro. Trombe estaba entre la humanidad y los animales; ambos grupos eran cosas que él podía traducir, interpretar, y después de un tiempo, entender. Esta barrera de comprensión no era nada nuevo, pero al ser tan parecido al muchacho, probablemente podría adivinar cuál era su sueño. Por lo menos una pista de su naturaleza. Fuera lo que fuera, tenía que estar empapado en la luz del sol, carecería de peso, y costaría mucho trabajo. 

El chico repentinamente lo empujó en un arranque de frustración. Su temperamento infantil estaba a flor de piel, y el lobo se alegraba de ser de los pocos, seguramente, a quien Feldsphar le mostraba esa faceta de su personalidad. Trombe dio algunos pasos hacia atrás mientras lo observaba, su rostro desfigurado por la ruina de esas mozas emociones. Le agradaba Felds porque le recordaba a sí mismo. Era como una oportunidad de revivir esos momentos de su juventud, como el hombre que busca en el reflejo del agua una forma de salvarse a sí mismo. Sin pensarlo mucho, Trombe se llevó una mano a la mejilla derecha, donde la piel se volvía más oscura, y luego sonrió. 

Su cicatriz era recuerdo aberrante, pero esta vez podía tocarla mientras sonreía. Había sido una herida amarga y desagradable, algo inhumana, apestosa con la putrefacción y los años, una herida que nunca sanaría. Lo sentía debajo de la piel. Es imposible negarlo. Tocándolo normalmente sólo le daban ganas de vomitar, era repulsivo, pero se concentra en ese chico, en esa rubio en su visión periférica, tal vez un poco a su derecha. No se mueve, no le quita los ojos de encima. Respira hondo. Luego una respiración más larga y profunda. Se imagina cómo va a suceder, se imagina cómo el chico lo atacará, desgarrando su corazón con sus dientes, con sus uñas. Como él...

Debe moverse, debe correr, por lo menos debe levantar sus brazos para defenderse, pero no viene. Sí lo hace. Por supuesto que no. Feldsphar no es un animal, no es como él, o no, mejor dicho no será como él. Parpadea tan rápido que podría haber terminado una vida y comenzado otra. Sus manos se sentían húmedas, su rostro le ardía, ¿quién sabe cuánta adrenalina había cursado a través de su cuerpo? Sus ojos se movieron un poco, su boca se extendió lentamente hacia una sonrisa más amplia, sus ojos se dilataron, se ensancharon, fluyeron, registrando las órdenes que había enviado desde su cerebro.

Por un segundo pensó que iba a decaer, pero la sensación lo dejó tan abruptamente como había llegado. Sus matices normales volvieron a dominar su cuerpo. De repente se sintió tranquilo. Como una nube que se había puesto frente al sol, disminuyendo la iluminación que estaba recibiendo en la cara. —Bueno, podemos comenzar buscando ese cargamento de espadas que en primer lugar vine a traer antes de que los emergidos atacaran. Aún podemos conseguírselas de nuevo al ejército, y venderlas. Conseguirte algo de dinero. Hacer que interactues con más personas. Que más personas te recuerden. No sólo yo, ni Craig, ni nadie más que ya conozcas.— Explicó. 

A continuación, señaló el fuego que chisporroteaba sobre el follaje esmeralda, tan natural ahora que parecía como si hubiera estado allí desde siempre. —Ahora vamos a regresar allí. Recogemos las cajas con el material que podamos encontrar, y las traemos aquí. A partir de ahí probablemente puedo gestionar que alguien las venga a buscar Él camina hacia adelante con un objetivo claro en su mente. Al fin y al cabo, perder ese material significaría que él y Fran iban a perder también sus inversiones, llevándose consigo cualquier posibilidad de lucro que pudieran haber deseado. El exuberante contraste entre las sombras del bosque y la luz del sol y el fuego lo detuvo por unos momentos, recordándole del combate, sin embargo, finalmente entró y después de caminar un poco, al subirse a un árbol que proporcionaba una vista sobre mucho del espacio, encontró evidencia de lo que buscaba. El resto debería por allí, en alguna parte. Comenzó a recoger las cajas más pequeñas, tantas como podía cargar de vuelta. Sólo esperaba que Feldpshar estuviera haciendo lo mismo.

Off:
Perdona que divague un poco, necesito comenzar a acostumbrarme a escribir rol de nuevo xD. Se me está haciendo un poco difícil a la verdad, pero ya voy mejorando y haciéndolo más rápido :b
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Feldsphar el Vie Ene 27, 2017 12:25 pm

En el momento que había empujado a Trombe porque no era capaz de procesar todas las sensaciones que su cuerpo estaba experimentando, se había sentido frustrado y era un sentimiento que conocía bien porque era similar a la ira, sensaciones que experimentaba con cierta frecuencia y que le eran cercanas. Pensar sobre la vida le hacía dudar e incluso podría afirmar que tenía miedo de no saber que sería de él en unos pocos años, que no tenía ninguna misión ni una ambición importante a tener en cuenta... Sobrevivir era algo que sentía que era lógico, no era una respuesta que aparentemente le sirviera de algo. La cuestión era que Feldsphar nunca había tenido la necesidad de cuestionarse nada, o de pensar si realmente su vida debería tener una dirección en concreto; porque vivía entre sus compañeros animales, quienes no tenían un pensamiento tan avanzado como los humanos para llegar a esos planteamientos.

Había dejado de llorar con fuerza unos minutos atrás, pero todavía estaba alterado y no le gustaba sentir que no era capaz de controlar sus reacciones. Era cierto que al bárbaro no le gustaba su lado más humano porque entendía que los sentimientos y las relaciones lo hacían más débil ante las situaciones que se le planteaban, pero tampoco podía comportarse como un animal y herir a quienes considera importantes porque luego se sentiría mal por ello. Trombe quería ayudar, Trombe merecía que Feldsphar intentase dar lo mejor que si en lugar de ganarse una golpiza como no le importaría dar a otras personas. Respiró hondo y bajó la mirada para centrarse a mirar sus propios pies mientras alzaba los dedos con un extraño ritmo que seguía en su cerebro. El chico siempre se había definido como alguien muy nervioso y la verdad es que le costaba encontrar algún método que lograse que se calmara y normalmente, no lo conseguía.

Podía sobrellevar la sensación de nerviosismo dentro de sí, siempre lo hacía. Así que una vez que se le pasaron los lloros fue cuando pudo estar más atento a con quien se encontraba, en lugar de centrarse tanto en sí mismo, eliminando de su mente todo lo que hubiera a su alrededor. - ¿Qué? ¿Más personas...? ¿Dinero? - Si todas las palabras que había mencionado antes habían sido de lo más honestas, Feldsphar tampoco estaba preparado para dar ese paso todavía. Pero no hizo más que repetir aquellas palabras con un tono de sorpresa pero después de que el lobo volviera a hablar y tras unos segundos, volver a proseguir su marcha, el chico le siguió rápidamente pero cuando llegaron al lugar y encontrar las susodichas cajas, Feldsphar le abrazó por el brazo impidiendole continuar con su tarea. - ¿Porqué querer solucionar todo rápido? Feldsphar no preparado. No querer conocer personas por conocer, Feldsphar sentirse forzado. Querer regresar, si Trombe no decir que volver, Feldsphar volver al bosque solo.
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Trombe el Lun Feb 20, 2017 1:34 am

Lo que antes era, lo que ahora es, lo que pronto sería; trombe pensó en todo eso. ¿Cómo podría asegurarle a Feldsphar que lo que él decía era el camino a escoger? ¿Con qué autoridad? No tenía ninguna. No podía convencerlo de que adopte su forma de pensamiento sólo porque sí. La única forma de que siquiera pueda lograr algo como eso, es identificándose con él; mostrándole que detrás de sus ojos, detrás de la piel que cubre su cuerpo, todas las personas, los Laguz, son similares.

Con la boca abierta lo suficiente como para dejar caer un gran pedazo de carne, Trombe soltó una carcajada ante la adorable reacción del muchacho. El hecho de que Feldsphar había estado llorando con anterioridad, sólo aumentaba la ternura que inspiraba esta acción, que era tan verdadera como la luz que de los ojos del muchacho el pastor podía discernir. Ojos puros, que aún brillan buscando del mundo las maravillas, temiendo, preocupándose, recordando que él era un humano, que él tenía miedos y dudas. Con sólo esa acción, Feldsphar había proyectado toda la humanidad que tenía guardada por dentro. ¿De quién los humanos aprenden a actuar como humanos cuando viven solos como este muchacho? Era algo que Trombe se preguntaba mientras lo veía.

—Mm. Ah, ya veo.— Empezó a decir mirándolo por un momento. Se había atrapado tanto en lo primero que había dicho, que no había pensado en las repercusiones. Después de todo, Trombe había vivido primero como un pastor de ovejas y luego como un comerciante. Él estaba acostumbrado a vivir siempre en movimiento, resolviendo las cosas de acuerdo con un itinerario. Esa vida le había hecho perder cierto contacto con la realidad, hasta Fran lo admitía. Al ver este muchacho que buscaba su aprobación Trombe entendía. Este niño había sido abandonado en este bosque. No sólo había vivido sin sus padres, sino que se había criado por sí sólo. Había asumido una actitud bestial para darse a respetar en el bosque. Para esta persona cambiar su mundo en un parpadeo no era plausible. Él no podía, como Trombe, transformarse de su forma animal a su forma humana. No todo era tan simple.

Prontamente el rostro del lobo se iluminó ligeramente, y no pudo evitar sonreír.  Él había esperado que el muchacho fingiera valor, fingiera tener conocimiento. Tal vez lo pensó porque eso era lo que Trombe, en su lugar, hubiera hecho. —Bien, bien, ya entiendo. No podemos hacer las cosas porque sí— Empezó hablando para calmar la preocupación del muchacho. Quería hacerle ver que Trombe lo entendía. Que él comprendía lo que este sentía. Viendo el árbol junto a él, colocó la caja que traía en el suelo, y se acercó a él, recordándolo de pronto. Se acercó a él y metió la mano en el cogollo, sintiendo algo dentro. 

—Podemos hacer todo esto un paso a la vez.— Asimismo, en un movimiento tan fugaz que pudo haber sido un acto de magia, Trombe sacó del hueco un objeto y luego se acercó a Feldsphar. —Puedes comenzar con esto.— Y en sus manos, puso una moneda.  A menudo los comerciantes que ambulan las regiones, cuando necesitan convertir grandes cantidades de dinero en porciones más accesibles, utilizan monedas que representan el valor de muchas moneda más pequeñas. Un símbolo que comprime toda un mar de monedas. Era uno de los inventos más prósperos que el lobo había aprendido, y Trombe de Fran esta enseñanza muy rápido había comprendido. Así, sólo era natural y esperado que quisiera este conocimiento hacérselo llegar al muchacho.

Esta moneda, sin embargo, no era sólo un cambio de cobre a plata. Se trataba de una moneda que mostraba un lobo aullando. Una moneda que Fran y Trombe habían conseguido cuando fueron a un pueblo montaraz. Trombe sólo tenía dos de estas monedas. Una se la había regalado a Itsuki antes de irse, y esta ahora se la daba a Feldsphar. —Lo primero que debes saber del dinero es que tiene un valor. No sólo por el material que está hecho, sino por lo que puedes conseguir a través de él. Puedes vivir, mejorar tu vida, mejorar la vida de las demás personas que amas. Esta moneda significa que yo estoy invirtiendo en ti. Podría decirse que estoy devolviéndote algo, sea lo que sea, por darme tu tiempo.— Al hacerlo volvió a poner su mano en la cabeza del muchacho, y la restregó con ternura que parecía paternal. —El mundo tal vez no espere a que tú cambies, pero yo te esperaré. Hasta entonces, esperaré.— Le dijo y luego se regresó. Abandonó las cajas. Ya podría buscarlas después. —Mientras tanto, quiero que conozcas a alguien en particular. Su nombre es Fran, y no es cualquier persona. En más, es como mi padre. Estoy seguro de que él estaría feliz de conocerte— Le ofreció con una sonrisa relajada.
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Feldsphar el Dom Feb 26, 2017 7:49 am

Todo estaba sucediendo demasiado deprisa, desgraciadamente, Feldsphar en los últimos meses se había tenido que encontrar con cambios en su día a día a los que no estaba acostumbrado. Siempre había existido la presencia de aquel mago superior que debía controlar al bárbaro para que no realizase nada ilegal, no le gustaba que las cosas fueran así pero aunque no entendiese todo lo que conllevaba aquellas decisiones, sabía que no podía ir en contra de lo que decían los “de arriba”, los que adoptaban decisiones en el país. La llegada de los emergidos había sido algo que no le había gustado porque aunque Feldsphar creía en sus propias capacidades de combate, no era lo suficientemente ciego como para ver que no podía pelear solo contra esa amenaza; por lo que se había visto obligado a tener que pelear junto a otras personas para tratar de salvar su bosque, usualmente magos y no era algo que le emocionase demasiado. Todo ese conjunto de pequeñas cosas había provocado la consecuencia de grandes cambios en su vida y no estaba preparado para ello, se había sentido empujado a acompañar a Trombe pero en el mal sentido porque se sentía demasiado incomodo incluso como para tratar de escapar de vuelta a su hogar.

Parpadeó durante unos segundos con un semblante confuso en su rostro cuando el hombre lobo se acercó a él, poniendo un pequeño objeto brillante y redondo entre sus manos. Le recordaba a la moneda que le habían otorgado, una moneda que debía conservar porque significaba que era un ciudadano de segunda en Durban pero que tenía el permiso para llevar sus armas siempre y cuando cumpliese una serie de normas de conducta. Pero ese objeto que Trombe le había otorgado era parecido a esa moneda pero no era exactamente igual en el relieve ni color, solo en la forma. - ¿Ah? - Como el hombre lobo tardó unos segundos en explicar que estaba sucediendo, Feldsphar no pudo evitar y emitir un gruñido para que le sacaran de dudas.

- Tiempo ser tiempo, no valer nada. Feldsphar no necesitar dinero, Feldsphar poder conseguir cosas por su cuenta no necesitar de rodear gente. - Porque así era como pensaba, quizás para una persona lo más sencillo era ganarse un jornal y con las ganancias ir al mercado a abastecerse de los productos que necesitase; Feldsphar lo veía como hacer un rodeo innecesario. ¿Porqué ir al mercado a por algo? Si necesitaba algo, simplemente lo tomaría con sus propias manos. Quizás no sabía ni leer, escribir y a penas podía decirse que supiera hablar, pero si algo sabía era técnicas de supervivencia; podía crear fuego, pescar, cazar e incluso tener una percepción más aguda cuando se tenía que explorar el terreno aunque no supiera como leer un mapa. - No tener que esperar por Feldsphar. Feldsphar lento. No gustar cambios y generalmente no gustar gente. No poder cambiar de día a otro día.

Retiró la mirada hacía otro punto cuando Trombe le dijo que quería presentar a alguien, moviendo sus pies de forma nerviosa y pensando en si realmente quería decir lo que pensaba; finalmente lo dijo porque no veía que debiera ocultarlo. - No saber que significar familia. Feldsphar no tener familia humana, solo familia del bosque.  Pero si Fran no malo con Feldsphar... Suponer que poder soportar conocer, Feldsphar nervioso.
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Trombe el Dom Feb 26, 2017 4:27 pm

Hace 2 horas.

Todo el horario para la tarde había sido cancelado o pospuesto hasta nuevo aviso en el calendario del mercader. Su itinerario, que usualmente estaba repleto de viajes estrictamente calculados a varios puntos de la región, había tenido que modificarse para considerar estos nuevos aconteceres que eran vitales para su empresa. En cierto sentido, tal vez las cabeceras de los gremios lo estaban manipulando al enviarlo a vender armas, que sin duda eran una de las ventas que fomentaban más aprensión entre los comerciantes, ya que necesitaba de la participación en zonas que podrían considerarse peligrosas. Claro, Fran era un hombre simple, y había estado lo suficientemente convencido por el encanto del posible usufructo como para olvidar sus instintos mercantiles. Un comerciante verdadero debía de poder enfrentarse a un ejército con tal de asegurar sus ganancias.

Aún así, consentía con que había tomado esta decisión de forma muy repentina; ciertamente había subestimado el peligro que podía sucederse en un campo de batalla, y aunque pensó que quedándose con el grupo de guardias sería suficiente, se dio cuenta de lo inservible que había sido su cautela al momento de la acción. El destino le sonrió con un gesto malicioso, y le quitó la alfombra roja de debajo de sus pies, como si estuviera diciendo: Al elegir, el peor riesgo es creer que no existe ninguno. Por un segundo, en la inconsciencia, Fran se preguntó si sus acciones hasta ahora podrían volverse en una bendición para él. Después de todo, su insatisfacción con las circunstancias fue lo que llevó a volverse y comerciante y cambiar su destino en primer lugar; no podría dejar que ocurrencias como estas empañaran la buena marcha de sus negocios. 

El pensamiento de Fran se descarriló súbitamente cuando el caballo que llevaba su cuerpo inconsciente fue detenido por uno de los guardias que lo vio acercarse. Luego de que calmaron al potro, lo despojaron de su carga y pusieron el cuerpo de Fran en el suelo, que pocos momentos después despertaría con un chorro de agua que al principio llenó su mente de niebla. ¿Qué pasaba? ¿Dónde estaba? ¿Quiénes eran estos sujetos? ¿Dónde estaba Trombe? Nótese que el hombre no pensó en dinero ni siquiera por un momento. ¡Incluso los dioses no podrían ver esto sin luego bendecir el alma pura de este hombre! 

Entre revolver cada uno de sus pensamientos, despreocupado por un momento, y luego lejos de estarlo, el rostro de Fran fue cobrando el rastro de una culpa merecida cuando escuchó lo que los guardias le decían. Efectivamente ellos eran los miembros de la escuadra que había escoltado a Fran y a Trombe al bosque, pero estos no conocían el paradero del pastor de ovejas, cuya calidad de vida, ante la humilde opinión del guardia, se había vuelto sumamente indecisa. La mente del viejo comenzó a maquinar de cientos de ángulos, de la misma manera en que trazaría sus planes cuando estaba pensando en tomar la delantera en negociaciones. Usualmente este se enorgullecía de sus soluciones prácticas para todo, pero ante la posibilidad de Trombe haber sido herido o peor en ese enfrentamiento, sentía que estaba en desventaja.

No, Trombe era un laguz lobo. Sacudió la cabeza con determinación al pensarlo. En ese pueblo de Sacae había visto cómo protegió el pueblo sin ninguna ayuda. Claro, esos habían sido simples bandidos, y según entendía quienes ahora se acercaban eran Emergidos, la clase de enemigos que albergan más que unas cuantas preocupaciones. Cuando hubo repuesto sus fuerzas, trató de convencer a unos guardias de que le ayudaran a encontrar a su pupilo. Pocos le hicieron caso, y los que sí, habían pedido atractivas recompensas. El hombre, que antes de ser un mercader, se sentía como un padre, accedió a las demandas y dos espadas de alquiler le dijeron que lo acompañarían al bosque a encontrar al muchacho. 

(…)

De vuelta al presente.


—Hrm. Bueno, afortunadamente esta moneda es inservible en estas regiones. No puedes comprar nada con ella— Explicó Trombe tomando la mano de Feldsphar y cerrándola en el círculo de metal. —Así que no lo consideres como dinero, sino como un regalo. Es algo como un amuleto. Algo que te haga sentir menos sólo, que te recuerde a mí. Cuídalo bien— Explicó para luego darle una palmada en el hombro. Quería que Feldsphar fuera feliz; aunque descubrir cuál era el ideal infantil de este niño de la selva le tomaría tiempo. —Tú no decides quién espera por ti Feldsphar. La gente espera porque quiere hacerlo. Eso significa ser familia.— Explicó para luego volverse al árbol y sacar del cogollo las ropas que en un principio había ocultado. Se cambió con rapidez y sintiéndose cómodo con su vestuario, se dispuso a reanudar el camino, esta vez para buscar a Fran.

Seguramente el comerciante lo regañaría por haberlo noqueado y luego abandonado en un barco, aunque entendiera que el lobo lo había hecho pro su propio bien. Trombe sonrió mientras caminaba, casi anticipándose a la expresión en su cara. Fue unos 10 minutos después cuando escucharon el primer grito de ayuda.

—¿Es Fran?— Murmuró Trombe moviéndose, tanteando el viento tratando de entender qué era lo que sucedía. Cuando escuchó nuevamente el grito, empezó a correr en dirección del estruendo. 
—¡Es Fran! Vamos Feldsphar!— Empezó el lupino corriendo como honda que lleva el demonio.
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Feldsphar el Miér Mar 08, 2017 10:43 am

Feldsphar no conocía muchas cosas del mundo exterior, como de entre ellas; como estaba dividido el mundo. Aunque no era lo suficientemente estúpido para no llegar a la conclusión de que debían haber más territorios a parte de las Islas de Durban porque Craig no era de allí... Así que por fuerza tenía que proceder de otro lugar... ¿Bern le había dicho? El bárbaro no podía recordar el nombre por el simple hecho de que en su imaginación no le podía atribuir imagen alguna a ese sitio. Se quedó mirando la moneda que permanecía en la palma de su mano con cierta curiosidad... ¿Qué sería exactamente una “región”? Bien tenía que ser algo de allí, o algo mundial... Movió la cabeza de un lado a otro; no lo entendía, no había mucho que pensar sobre aquella palabra cuyo significado no podía sacar por el contexto de la frase en sí y no le apetecía preguntar porque eso conllevaría aprender nuevas cosas, y ya aprendido demasiadas cosas por el momento.

- Si ser algo importante, entonces Feldsphar guardar porque Trombe ser amable. Estar agradecido por eso. - Porque no todos los días tenía la suerte de encontrarse a alguien que quisiera perder su tiempo con el bárbaro y no solo eso, emplearlo en que el chico pudiera adquirir nuevos conocimientos. La mayoría de gente con la que se había cruzado le miraba de forma en la que él se sentía inferior por ser quien era y de la manera en la que había crecido. - No conocer 'familia' bien. Nunca tener familia, no saber como ser. Así que familia no poder esperar mucho de Feldsphar. - Nunca había sentido dependencia de nadie, por lo que el mundo se había movido al mismo paso que él lo hacía y por eso sentía que había progresado tan poco respecto a su vida; porque el rubio aceptaba que vivir en el bosque y no ver nada más era lo correcto. El desconocimiento de vivir rodeado de más personas o sus tradiciones era tan alto que prefería correr los riesgos de vivir una vida salvaje que no encajar nunca en una vida en sociedad.

Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo cuando escuchó aquel grito y su primera reacción fue la de querer escapar; pero nuevamente, no se encontraba solo y sentía que no podía tomar esa decisión unilateralmente. Mentira, sí que podía; lo que sentía más concretamente es que no debía. Se paró y se encogió un poco de hombros cuando Trombe reconoció que aquella voz era del tal “Fran” del que le había estado hablando antes; no iba a negar que tenía miedo de conocerle por el simple hecho de que el era... él mismo. Un niño con pocos modales que no había visto mundo. Pero suponía que si Trombe quería que le conociera, estaría bien. Así que siguió corriendo detrás de él, como si se escondiera tras la presencia del hombre lobo.
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Trombe el Sáb Mar 25, 2017 6:09 pm

Trombe sabía que Feldsphar no entendía cuál era el significado de Fran para él. El joven bárbaro no se imaginaba cuánto el comerciante había influenciado, no sólo con sus enseñanzas y su compañía, sino con su forma de ser, a la vida del lupino. Estos sentimientos, en este momento de inciertas posibilidades, invadían su cuerpo pintando para él lo más nobles sentimientos. Quería salvarlo. Quería cerciorarse de que estaba bien. En todos sus de años de vida, aunque no estaba seguro de que realmente importara su edad, solo tres veces había sentido un llamado tan heroico. La primera vez había sido cuando se había propuesto defender el pueblo de Itsuki. La segunda vez fue cuando quiso ayudar a Feldsphar. Y ahora...

—...Maldita sea.— Murmuró con sus labios un poco enfurruñados. No debería molestarse tratando de pensar en cosas como esas. Corrió con las reales extensiones de sus sentimientos, ya que en este momento esos eran todo lo que él conocía. Él se sentía cada vez más nervioso, y enfilaba su hocico en la dirección de los gritos que lo tenían urgiendo desde el principio de la persecución. Cada vez que escuchaba otro eco del alarido sentía su corazón achicarse, pero al mismo tiempo tenía miedo de que de un momento a otro dejaría de escucharlos. Era algo contradictorio, pero es un mundo pequeño en el que se vive, y muchas veces las cosas no tienen que tener un redondel de sentido. Él sabía muy bien que Franz siempre quería ser el representante de sus negocios, el principal candidato a sus ambiciones, pero él en ningún sentido estaba en la capacidad de repudiar un ataque si de emergidos se tratara, por lo que actualmente el lobo era realmente como un caballo de carreras buscando la línea de meta que cruzaría al salvarlo del peligro cualquiera que lo acechaba.

El verde de los árboles se fue distorsionando con su velocidad, y luego el objetivo se fue tallando y precisando con finos detalles, tanto que Trombe fue advirtiendo el origen de los gritos que decoraban a Franz en cuestión sin mucho maquillaje, del rojo vale la pena aclarar. Al principio llegar allí le había hecho al lobo sentirse satisfecho, como si había logrado algo, pero tan pronto como lo hizo, fue azotado por un sentimiento extrañeza. A pesar de que continuaba gritando, Franz no parecía estar en peligro. No veía un grupo de emergidos a su alreededor, y en más, el pretencioso peligro era desmentido por la figura de sujetos uniformados con la vestimenta de Durban, que llevaban cortésmente la insignia que los identificaba con los miembros más o menos oficiales junto a los cuales Trombe, Feldsphar y Charles habían peleado hacía unas cuantas horas. 

A primera vista Trombe obvió un elemento obviamente crucial en las armas de los hombres que estaban ensangrentadas, y se acercó a paso regular. Conocía muy bien la fragilidad de la vida, y más aún, la fragilidad de la mente, pero lamentablemente, no pudo evitarlo. Desde el extremo más alejado de su tiempo de reacción, se produjo un choque prolongado al ver que la llegada intemperante de Trombe le causó a Franz a soltar otro quejido, mientras por uno de los guardias era golpeado hasta caer al suelo. La familiaridad del sentimiento le sugirió, al menos temporalmente, que lo estaba imaginando, pero pronto la reprobación de la realidad le causó que sus buenas intenciones se confundieran con sus procesos motores y resultara en una pieza de porcelana dentro de su cuerpo que se hacía trizas inmediatamente al pensarlo.

Estos sujetos estaban atacando a Franz.

Gracias a la reacción de ambos, Trombe estuvo seguro de que eran humanos, y asimismo la pequeña banda, recordándose la provocación que venía naturalmente con las armas blandidas, decidieron acercarse a deponer de los hábitos entrometidos de tanto el lobo como el guardián del bosque. Con su cola agitándose expresamente en un disgusto que solo puede nacer de la más confidencial de las vindictas, Trombe se fue absorbiendo en su apariencia más bestial y se dispuso a arremeter furioso al encuentro. A su sombra probablemente se encontraba el rubio, al que le diría: —Protege a Fran. Es el hombre que está recostado del árbol. Parece estar herido.— Y luego, con una expresión que amontonaba toda la inconveniencia en su vida, se lanzó a ponerle un espeluznante punto a final a las vidas de ambos mercenarios con la más mínima delicadeza. 

La figura del lobo zarpó, se fue moviendo con contorsiones claramente articuladas, lo que contribuía al efecto de sorpresa y aprensión que sintieran ambos estafadores al notar que el lobo que peleara anteriormente junto a ellos, escaseaba en el trabajo en equipo que anteriormente había mostrado. 
Off:
Perdón por la tardanza :b He vuelto a tener parciales y se me dificulta hacer el tiempo :c
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Feldsphar el Mar Abr 18, 2017 6:59 pm

Feldsphar no tenía alma de justiciero, ya que, nunca había tenido que salvar a alguien. Quizás si se ponía a pensar sobre el tema, sí había tenido que salvar a alguien pero no por voluntad propia, sino por una orden de “los de arriba”. Era la consecuencia de tener amigos humanos, porque los animales actuaban de forma muy distinta a ellos, era como si los animales si supieran cuando tenían que retirarse de una batalla que no podían ganar o de lo contrario, valoraban que eran lo suficientemente fuertes como para salir victoriosos. El bárbaro en parte cumplía con aquella manera de actuar, quizás porque su conducta era más propia de un animal que de un humano, quizás porque simplemente era un cobarde. Si hubiera estado en sus manos tomar una decisión, hubiera vuelto a su bosque en el momento que había conocido que se dirigían a una zona poblada. ¿Y ahora que la cosa se ponía peor y las circunstancias indicaban que algo andaba mal? Era evidente, incluso para alguien que no sabía leer que ocurría la gran mayoría del tiempo en situaciones que no eran las típicas que podía observar en el bosque. Ayudaría si eso es lo que le decían que hiciera, pero si por voluntad propia dependiera: Feldsphar no se encontraría allí.

Pero no quería crear problemas, porque aunque nunca había tratado de solucionar las cosas de aquella forma, si había una cosa de la que Feldsphar estaba seguro es que crear problemas con el tiempo acarrearía que nuevas situaciones que no le gustasen llegasen a su vida. En todo momento no se separó demasiado de Trombe, con la esperanza de que aunque las cosas fueran mal, el hombre lobo estuviera a su lado. No esperaba que cuidase de él ni nada por el estilo, pero sí que se sentía reconfortado por tener al lado a alguien con quien había peleado codo con codo anterioridad. Cuando se acercaron a una zona determinada, por fin pudo reconocer algo que si se le hacía familiar; soldados de Durban. No eran magos, lo cual alivió un poco a Feldsphar porque no tenía buena relación con estos y si tenía que elegir con qué humanos lidiar prefería que no fueran magos, pero su sangre se heló con la siguiente imagen que vio.

Dedujo que el tipo que no tenía nada que ver con esos soldados tenía que ser Fran... Después de todo era a quién estaban buscando y el rastro de la voz llegaba hasta aquel hombre, pero parecía que estaban peleando y por pelea no se refería a una discusión verbal, sino a algo más agresivo. No quería ser parte de lo que fuera que estaba ocurriendo... consideraba que Trombe era alguien que podía llegar a ser importante, pero la lealtad de Durban también lo era porque sino no podría continuar considerando al bosque como su hogar. Y no podía evitar que su corazón estuviera dividido entre qué hacer; ambas cosas se podían ver como importantes y ahora que su bosque se empezaba a perder... Negó con la cabeza para tratar de alejar todos los malos pensamientos. ¡Tenía que centrarse! Trombe le había dicho que defendiese a Fran y por el momento trataría de cumplir con esa tarea, aunque cuando se acercó al tronco del árbol donde se encontraba recostado, lo único que pudo hacer fue clavar su mirada durante un largo minuto. ¿Qué debía hacer? No sabía ni qué decir.

Pero al girar el rostro y ver como el hombre lobo se abalanzaba sobre los supuestos soldados fue como la única señal que necesitaba para darse cuenta que tenía que hacer algo para salir de allí. Los actos ya serían irreversibles pero tenía que impedir que fueran a peor, así que se arrodilló para observar más de cerca la herida de Fran; no se veía lo suficientemente mal como para que el otro humano no pudiese andar pero si que se veía como si podía ser molesta. - Ah.... ugh... F-feldsphar... - No le salían las palabras y tuvo que respirar hondo para tratar de calmarse para poder pronunciar alguna cosa que tuviera sentido alguno. - Tu. Confiar en Feldsphar, Feldsphar puede. - Continuaba dudando que aquello tuviera sentido alguno a oídos de los demás pero se sentía demasiado nervioso como para tratar de pronunciar algo de nuevo. Siguiendo agachado, le dio la espalda al otro hombre mientras hacía un gesto con la mano. - Subir. - Por suerte estaba de espaldas, porque estaba seguro de que cualquiera habría hecho una mueca de desaprobación. Lo entendía porque estaba acostumbrado, no porque lo aceptase; a ojos de los demás solo se veía como un pequeño joven de aspecto cuestionable por sus nervios pero vivir en el bosque le había permitido ganar habilidades más físicas que de conducta social.

No estaba acostumbrado a cargar con personas y todavía menos con adultos pero una vez que consiguió colocar correctamente sus pies para mantener el equilibrio, todo pareció mucho más fácil. Ahora el problema sería... separar a Trombe de la pelea. Seguramente la ira le habría consumido y hacerle cambiar de parecer sería una tarea casi imposible porque al menos, Feldsphar pensaba en sí mismo y cuando aquello le ocurría, su cerebro se nublaba y no entraban más ideas que impulsos rápidos. - ¡¡Basta!! - Aquella palabra pudo ser fácilmente escuchada por cualquiera que estuviera en la zona o cerca de esta, incluso Feldsphar tuvo que respirar hondo antes de gritar para que fuera más audible. - ¡No ser momento de pelear! Tener que buscar sitio seguro e ir. Fran tener que descansar, no poder quedar. Si Trombe querer quedar aquí, bien, pero no esperar que Feldsphar quedar también. - Esperó una respuesta pero sin llegar a acercarse demasiado, nunca le había causado ninguna impresión matar animales o humanos. Un pedazo de carne seguía siendo un pedazo de carne, su procedencia nunca le había significado demasiado relevante, sin embargo... ser capaz de humanizar a esa gente, le daba una sensación cercana a la de querer vomitar si se quedaba mirando con detalle lo acontecido.

Off:
¡No hay problema por que tardases en contestar! Se entiende que la vida real va primero, no hace falta que te disculpes por eso.
¡Anyways, te envié un MP!
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Trombe el Sáb Mayo 06, 2017 5:03 pm

Lejos de sentirse preocupado por la situación, por unos cuantos segundos Trombe pudo encajonar su pensamiento en un estrecho y directo cauce. Pelear era algo inherentemente lupino, y las contiendas usualmente terminaban con el rojo de la sangre de su enemigo, y carne la cual podría comer. Los emergidos, en ese sentido, fueron el primer elemento que complicó la simple operación que desde siempre Trombe había tomado por vida. Estos eran soldados reanimados por magia oscura, no podían sentir miedo ni tampoco ofrecían alimento después de haber sido derrotados. Eran algo enfáticamente negativo, por lo que esta vez, en cierta forma Trombe agradecía de forma tácita que se trataran de humanos viles y corrientes. De ser así podría cebarse de ellos con solo unos pocos remordimientos. 

Su zarpa los hizo retroceder nerviosamente, ya que en cierta forma reconocían en el lobo a un enemigo demasiado imprevisto. Por la forma en que el reconocimiento se atizaba en sus miradas, Trombe podía intuir que lo reconocían del pasado combate con los emergidos. Tal vez estos hombres habían sido parte de la comitiva que acompañó a Fran cuando llegaron con el cargamento de armas y armaduras, y ese giro del destino era una afectación que el lobo no podía encontrar divertida. Estas personas habían evolucionado de simples truhanes a algo más personal. Naturalmente, cuando llegaba a estas alturas, el lobo no acostumbraba a ocultar su irritación. Primero estaban los negocios, como buen comerciante.

Se abalanzó hacia delante y con su ataque, acuñó sus garras en el rostro de uno ellos, que soltó su espada y se cayó hacia atrás profiriendo una maldición. La sangre se fue deshilando de la herida y Trombe se apresuró a corresponder al cambio inminente en el flujo de la batalla. Ahora que su enemigo estaba a su merced, efectivamente utilizaría la oportunidad para fulminarlo de un solo golpe. Claro, en ese preciso instante la voz de Feldsphar lo sacó de su devaneo, y la mandíbula que produjo desde sus ranuras los colmillos, se congeló antes de tallarse en el cuerpo del enemigo. El hecho de que fueran las palabras del niño bárbaro a quien Trombe rudamente había querido educar las que crearan una dualidad en su pensamiento, le hizo reconocer que si atacaba en un arranque de sus propios sentimientos, estaría contrarrestando la idea de humanidad que quería moldear en el niño. Su venganza por lo que le habían hecho a Fran estaba más que justificada, pero esos malignos ingredientes solo podrían ser artesanos de más conflicto. No era momento de pelear, como había entonces establecido Feldsphar.

El peso y el color de ese turbulento sentimiento, aún así, le hizo difícil deshacerse de su ira. Por lo que después de escrutarlos con miradas de muerte que transmitían toda su hostilidad, el lobo alzó el hocico hacia arriba, donde no había luna pero al menos estaba el sol, y lanzó un poderoso aullido que mandó a ambos hombres corriendo despavoridos. Parecía que a pesar de todo el tiempo que había transcurrido, además de todo lo que había aprendido, el lobo realmente no había superado esa parte más bestial que tomaba control de sus sentidos. Sin volver a su forma humana aún, se dio media vuelta y distinguió en Fran, nuevamente, y mientras volvía a su forma híbrida, su mirada analizaba la postura de cada uno. Sería una atenuación decir que Trombe apenas pudo aguantarse una carcajada. 

¿Desde cuando sus roles se habían invertido? Trombe no pudo evitar sonreír por dentro y llevarse ambas manos hasta la cara para darse unas palmadas. Miraría hacia atrás y luego suspiraría. —No creo que nos seguirán si saben lo que les conviene. Debo decir que hay algunas cosas que yo podría aprender de ti, Feldsphar. Gracias.— Le dijo con toda la gratitud que pudo acumular. Se fue acercando hasta ambos y se ofreció para continuar cargando a Fran. —A ser verdad creo que ambos tenemos cosas que aprender de él. Este es Feldsphar. Feldsphar, este es Fran.— Cuando los hubo presentado, continuó caminando, y minutos después, tragó saliva. —Déjame adivinar. ¿Viniste a buscarme y trataste de conseguir ayuda?— Trombe podía más o menos adivinarlo porque conocía el alma noble que ocupaba el cuerpo del comerciante. —Tú más que nadie debería saber lo peligroso que es trabajar con mercenarios. La propia vida es la mercancía más importante que tiene un comerciante. ¿Recuerdas cuando me lo dijiste?

Fue entonces cuando Fran habló.

—Quería hacer algo. Necesitaba que... 

En cuyo punto Trombe apretó los dientes y exclamó:

—¡Pero no puedes pelear, no puedes defenderte, no puedes hacer nada! ¡Intentándolo sólo creas más problemas para todos!— Al parecer Trombe aún tenía ira acumulada en el caldero de su estómago. Intentó controlar su respiración para continuar amonestando al hombre. —Fran, agradezco tu noble intención. De verdad que sí lo hago. Pero recuérdame cuál fue nuestro acuerdo cuando me contrataste.— Hizo una pausa en la que el silencio fue discerniendo la pureza de las palabras. —Yo era el que te protegería. Ese era mi trabajo.— Sí, así como Feldsphar tenía que proteger su bosque, Trombe tenía que proteger a Fran. —Lo lamento. Supongo que tampoco he hecho un buen trabajo.— Guardó silencio y se preguntó que podría decir para aclarar el aire circunspecto que los envolvía. 

De pronto escuchó la voz de Fran hablar de forma parpadeante: —Este mundo está lleno de tontos, sin importar donde mires. -Trombe no podría sino asentir. 

Ambos seguirían a Feldsphar hasta un lugar seguro, donde Trombe procedería a revisar la herida de Fran. Sus décadas de experiencia le aseguraban que la herida no era mortal, al menos no todavía, pero aún no podían bajar la guardia, por lo que llevarlo a donde algún boticario para evitar que se infecte era la prioridad más grande que tenía. Claro, hacerlo implicaría que tendría que separarse de Feldsphar. El chico ya confiaba en él, mas sin embargo, aún no era capaz de entrar al pueblo y mezclarse entre la gente tan arbitrariamente. Trombe tampoco quería ponerle tanta presión de forma tan inesperada. —Feldsphar, tengo que llevar a Fran con un doctor. Tendré que quedarme hasta que su situación esté más estable, pero volveré, ¿me oyes? Tenemos muchas más cosas que hablar.— Con una mano libre, hizo un puño y lo puso contra el pecho, donde se encontraba el corazón del bárbaro. —Es una promesa. -Fran, aunque de una forma un poco delirante, le daría las gracias al "pequeño hombre" que por un breve momento lo había cargado, y luego esperarían que Feldsphar le diera direcciones que los pusieran en marcha de vuelta a la civilización.
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Feldsphar el Jue Jul 20, 2017 2:05 pm

¿Pelear por una razón que no era su causa? Quizás en su cerebro la idea no estaba tan desarrollada como para llegar a ese punto pero en definitiva, más que nada se trataba de ello. En realidad sus convicciones residían más bien en que fuera del bosque le interesaban pocas cosas, como si la vida careciera de sentido una vez le sacaran de su hogar que sin duda, era el bosque. Su memoria empezaba ya viviendo en aquel lugar y eran pocas las veces que había tenido que ir a la ciudad o simplemente a la aldea más cercana; realmente evitaba con todo su ser que eso ocurriera y por eso muchas veces se había ganado malas miradas de sus superiores, magos que no entendían como un chico prefería la vida salvaje que a la acogedora civilización. Por eso Feldsphar, aunque defendería, probablemente, con su propia vida a su bosque: no lo haría con otros supuestos. Y no había querido pelear en aquel momento, manteniéndose al margen mientras cargaba con Fran y Trombe si se lanzaba a pelear sin ningún tipo de duda. Aquella no era su batalla.

Pero tampoco apartó la mirada; Feldsphar había comido carne cruda hasta que había descubierto que se podía crear fuego con sus manos, también había matado a animales sin tener el mínimo remordimiento por ellos. Sonaría cruel y despiadado pero no sentía que la muerte humana tuviera un rango superior a la muerte animal porque de hecho, no consideraba que las personas fueran mucho mejor que los animales, al menos, la gran mayoría de ellos. Y una vez dejó a Fran en el suelo, sin saber si sería lo correcto o estaría bien recibido a escuchar la conversación que mantenían Trombe y aquel hombre que todavía se le hacía desconocido, Feldsphar no pensó que debía retirarse así que se quedo allí de pie.

-Feldsphar no tener nada que enseñar. - Respondió aquello porque no entendía a qué se refería Trombe; no se le daba bien leer entre líneas, las cosas se le debían decir de una forma directa al bárbaro o no las entendería. Cuando el lupino los presentó a ambos, Feldsphar simplemente hizo un gesto extraño con su mano, en lugar de dar una contestación verbal. Después de todo, evitaba hablar a toda costa y no estaba demasiado cómodo en esa situación tampoco. Una vez pasaron las presentaciones, Trombe y Fran empezaron a hablar entre ellos y al inicio, Feldsphar intentó seguir el transcurso de la conversación pero tras unos cuantos segundos se percató de que usaban palabras muy complicadas y tampoco sabía de que iba toda aquella cosa. Sin saber muy bien qué hacer en esos momentos, se limitó a mirar las manos, cerrando y abriendo sus puños como si estuviera asombrado de que realizasen los movimientos que él quería. Era algo estúpido que solía hacer mucho en momentos de tensión.

Volvió a centrar la atención a la conversación ajena cuando escuchó que Trombe volvía a mencionar su nombre, segundos atrás había escuchado como el ritmo de la conversación era más directo pero como no estaba atento no le servía de nada haber observado eso. - Todos decir eso. - Entonces vio como Trombe dirigía su puño al pecho del menor pero él no entendió ese gesto y lo único que pudo hacer fue fruncir el ceño en señal de confusión: no era capaz de enlazar aquel gesto con una explicación adecuada en su mente. No hizo nada más. - Todos decir que volver pero Feldsphar no acabar de creer. - Todos decir que volver. - Hizo un gesto con la mano como si le dijera que se alejase. - ¿Tener cosas que hacer? Ir. Caminos ser distintos, Feldsphar regresar a su bosque. Si tener que ir a aldea tener que seguir recto, Feldsphar dar media vuelta aquí. – Cabeceó un poco al despedirse, sin llegar a ser tan formal como las reverencias que había visto hacer a los magos superiores.
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Re: Ratones corriendo por el bosque(Priv. Feldsphar, Trombe)

Mensaje por Eliwood el Mar Ago 15, 2017 1:15 am

Tema cerrado. 70G a cada participante.

Ambos obtienen +1 EXP.

Gracias al aumento de experiencia, Feldsphar obtiene un nuevo skill de la rama Fighter:

Ira - Skill que causa que, cuando el luchador se encuentra gravemente herido (50% de su HP o menos en modo mapa), sus capacidades se vean aumentadas por un aumento súbito de adrenalina, que potencia sus ataques al punto en que estos causan el doble de daño.

¡Felicitaciones!
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