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Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

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Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Izaya Orihara el Dom Jun 19, 2016 12:14 pm

La Ciudad de Plegia se rendía a la oscuridad de una nueva noche. El sol había desaparecido al oeste, más allá del océano que bañaba las costas de la nación y que separaba los distintos continentes. Izaya había observado como el astro rey se despedía del territorio, abandonando así a los humanos una vez más, y dando paso a las tinieblas. Sus rayos ardientes ya no golpeaban los rostros de los transeúntes, ni los tejados de los edificios, pero el bochorno seguía permaneciendo en la ciudad. Como si tuviera una enfermedad, la capital se retorcía en una fiebre que parecía haber estado allí desde siempre. Agravada por la impredecible presencia de los Emergidos, Plegia no era capaz de encontrar una cura para lo que Izaya ya consideraba un país al borde de la extinción. ¿Se consideraba un Estado a un territorio cuya población estaba más muerta que viva? El informante se preguntaba.

Sus ojos vagaron sobre las personas que caminaban por las calles atestadas de polvo. Desde su despacho tenía una posición privilegiada para observar la ciudad, sin que la ciudad le observara a él. Su residencia estaba situada en el centro de Plegia, de cara a la plaza y mercado central que cerraba al caer el sol. Los humanos se habían desperdigado, cada uno había vuelto a su morada, y las pocas figuras discernibles por los escasos farolillos de las tiendas y las casas eran Emergidos, que se paseaban con algún objetivo que solo tenían sentido en sus cerebros inertes. De cara al público, el edificio donde estaba Izaya era como todos los demás, si bien algo más alto y grande. Sin embargo, por dentro era completamente diferente, un paraíso para los privilegiados que podían vivir allí. Los cristales oscuros del segundo piso evitaban los ojos curiosos de cualquiera que tratase de mirar en el interior, pero dejaba a los que otearan desde el interior ver sin dificultad. El dinero, y la maravillosa mano de los mejores cristaleros del mundo permitía tal fenómeno.

En la habitación reinaba el silencio, solo interrumpido cuando alguna de las personas que vivían bajo el techo de Izaya pasaba por delante de la puerta. Todos tenían cuidado de no molestar al señor de la casa, al que veneraban con un fervor que casi rozaba el de una religión. La mayoría del mundo pensaba que el dragón sagrado Naga, o el dragón oscuro Grima, serían sus salvadores, pero para las personas de la calle que el informante había recogido, alimentado y dado un hogar, él era quién había escuchado sus plegarias y por tanto, algo parecido a un Dios. Trabajaban para él a cambio de comodidad y seguridad, y mantenían a salvo su casa en Plegia: un vergel en medio del infierno. Al igual que todos los demás humanos, ellos también se iban a dormir. La casa se iba quedando silenciosa no solo en el despacho de Izaya, sino en los demás pisos, en todas las estancias.

Sin embargo, el informante no marchaba a dormir como el resto. Diferente, él se quedó despierto y con la vista puesta en la calle, en la misma postura en la que llevaba horas sentado. El té, colocado nítidamente encima de una mesita circular, se había quedado frío y a medio tomar. Izaya estaba más interesado en lo que podía ver a través de los ventanales y en sus propios pensamientos como para prestar atención a los objetos quedos que lo rodeaban. Así permaneció hasta que algo en la plaza llamó su atención y se levantó del sillón. Una sonrisa de satisfacción asomó a sus labios antes de caminar a la puerta. Bajó en la oscuridad hasta la entrada y allí tomó su capa negra, cuya parte superior, que descansaba sobre los hombros, estaba compuesta de piel de lobo. Izaya no sentía el calor, a pesar de sus ropas de cuero oscuras, los guantes que tapaban sus níveas manos, y las botas que cubrían sus pies. Una muchacha joven le aguardaba junto al portón principal, le deseó las buenas noches y le dijo que esperaría su regreso. No obstante, el informante replicó con una sonrisa que eso no sería necesario.

- No te preocupes, querida, tengo asuntos interesantes que atender, y no queremos que mañana hagas mal tu trabajo por falta de sueño, ¿Verdad? ¡Buena chica!

Con buen humor salió al exterior, donde le azotó el olor caliente de la brea, las lámparas de aceite, y los deshechos humanos que regaban el suelo, a falta de un buen sistema de alcantarillado. Pero en el rostro de Izaya no se mostró ningún signo de incomodidad o disgusto, ni siquiera la presencia de los Emergidos, únicos viandantes en las sucias calles, podía lograr menguar su sonrisa confiada y sus pasos tranquilos, como el que sabe que no corre peligro alguno. En nada estaba enfrente de la taberna cuyo logro era imposible de discernir con la escasa luz y la pintura estropeada y ennegrecida con el paso del tiempo. Izaya llamó con los nudillos tres veces, el sonido algo opaco por los guantes. Segundos después se destapó una mirilla por la que apareció la mitad de una cara arrugada por numerosas cicatrices y con un cabello marrón y grasiento pegado a la frente. Los ojos pequeños del mercenario se posaron en los del informante, que se limitó a esperar a que le abrieran la puerta segundos después con un simple asentimiento de cabeza como reconocimiento de quién se trataba.

- ¿Qué tal, Señor Tabernero? –preguntó con voz arrulladora una vez hubo entrado en el establecimiento. - ¿Y la Señora Tabernera? Confío en que su tos haya mejorado.

- Como si no supieras ya la respuesta a eso, Orihara, - masculló el hombre mientras se alejaba y volvía a su lugar tras la barra del bar, – el tipo por el que preguntaste hace varios días está en la parte de atrás.

- Lo sé. – fue la simple respuesta que dio Izaya. El mesonero abrió un poco los ojos, pero pronto se le pasó la sorpresa y se rio por lo bajo con una risa grave y tosca, y procedió a limpiar un vaso sucio con una bayeta también sucia.

Izaya lo tomó como el momento para desaparecer por la cortina que separaba lo que era la parte social de la taberna, donde se reunían los hombres plegianos a apostar, beber y pelearse, con la zona donde se solían hacer negocios de toda índole. En especial aquellos que no podían llevarse a cabo a la luz del día y que trataban temas sensibles incluso para una sociedad de mercenarios que adoraban a Grima. Los orbes de Izaya se pasearon por la habitación con interés. No había demasiadas personas, la mayoría concentradas en el mesón, pero si las suficientes para que tuviera que maniobrar para moverse hacia donde quería: una mesa en el extremo derecho donde cerraría su próximo trato.
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Re: Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Invitado el Miér Jun 29, 2016 12:37 am

Gaius inhalo despacio, retuvo el aire, y lentamente lo soltó.
Estaba en Plagia y era noche cerrada, la peor hora para deambular por una cuidad repleta de magos oscuros, menos siendo él un claro turista Ylissiano que solo estaba ahí por negocios. Volvió a tomar aire mientras se atusaba más la capucha contra el rostro. Debía ser en Plegia, lo sabía, pero la cantidad de malas experiencias que había tenido antes en el reino maldito hacían que el ladrón no parara de mirar en todas direcciones con miedo que una horda de esos sádicos hechiceros le echaran guante y lo volvieran a atar a una de sus mesas de trabajo. El solo acordarse hacia que le sudaran las manos, pero tenía que ser fuerte, esto no era solo por él, era también por venganza y, más importante, por oro.

Desde el estrecho callejón donde se refugiaba, el atento ojo del bandido escudriñaba la gran plaza de la cuidad. Hacia unas pocas horas que el sol se había ocultado y los pesados carromatos de los tenderos cerraban sus postigos y sus dueños marchaban o a sus casas o a la taberna más cercana. En eso Plegia era como cualquier otro reino del ancho mundo, excepto, claro, de si no fuera por la constante invasión de emergidos que esta sufría.
Agazapado desde su improvisado refugio, el ladrón no podía evitar temblar cuando un grupo de estos seres atinaba a pasar junto a él. Era impresionante como esas bestias parecían no tener el espíritu destructivo que demostraban en los otros reinos. Sería que eran originarios efectivamente de este reino? O algo en el aire del lugar simplemente los calmaba? Prefería no saberlo y seguir ignorante como hasta ahora del tema.  
Contuvo la respiración hasta que los emergidos hubieran seguido camino  y dio un gran suspiro cuando estos estuvieron los suficientemente lejos. Ahora que la plaza estaba más desierta, se animó a abandonar su escondite y pegar una rápida carrera hacia el lugar que se le había indicado. Una taberna de tejas negras, un letrero de madera circular con un dragón y un cuervo labrados en un bizarro bajo relieve, un muy mal realizado bajo relieve, pero quien era él para juzgar el arte, ni que pensara robarse el cartel.
Llamó apurado golpeando a lo loco con varios golpeteos, sin seguir un ritmo en particular, solo quería entrar rápidamente, ya que podía escuchar como a lo lejos se aproximaba otro grupo de emergidos hacia la plaza y lo último que quería era ser rodeado por esas bestias.
Un fornido y malhumorado tabernero entreabrió la puerta, mas poniendo su humanidad bloqueando el camino, más  dispuesto a darle una golpiza al impertinente encapuchado que dejarlo pasar. Gaius no perdió el tiempo y solo se limitó a mostrar su vieja y gastada moneda lisa, antiguo emblema de su muerta organización, pero que todavía le daba techo y abrigo si golpeaba las puertas correctas.
El tabernero gruño pero lo dejó pasar pero no perdió oportunidad de darle un empujón con el hombro a su nuevo inquilino.

-Llevan días esperándote, lagartija holgazana, más vale que este favor que te hago no me traiga problemas o pondré simétrico tu rostro y asimétricas tus piernas.-
Amenazó en un murmullo el robusto hombre al tiempo que le señalaba la mesa donde debería esperar.
-Espera ahí, en la sala detrás de la barra, mandaré a un chico por tu cliente. Solo no seas rata y consume una buena cena.-
Extendió la palma abierta enfrente al pelirrojo, el cual no demoró en colocar un pequeño atado de monedas en ella. Tras tantear el peso un par de veces, el tabernero lo guardó entre sus ropas
-Puede que no escupa en tu estofado después de todo-
Dijo como despedida y volvió hacia detrás de la barra.


Gaius inhalo despacio, retuvo el aire, y lentamente lo soltó.
No esperaba un tipo de trato diferente, a fin de cuentas el tabernero se estaba jugando su cuello y el de su familia por esto.
Más tranquilo dentro de la seguridad de unas gruesas paredes y de estar rodeado de seres humanos, se dirigió a la habitación especial y acomodó en la única mesa que ahí habia.  El gastado taburete no tenía las patas simétricas, por lo que bailoteaba un poco, y la mesa estaba ligeramente pegajosa por el  vino que había consumido el cliente anterior. El ambiente en general estaba teñido con una fina capa de humo proveniente de la cocina que acompañaba dándole al reinante aroma a cerveza y comida caliente un toque de madera quemada.
“Hogar dulce hogar” pensó el bandido con una media sonrisa en los labios mientras se sacaba la capucha y se acodaba tranquilo sobre la sucia mesa. De todas las cosas diferentes que había en Plegia, esta era la primera que se le antojaba normal y lo hacía sentir bienvenido.
Allí se quedó con los brazos cruzados a que llegara lo primero que tuviera que llegar y grande fue su sorpresa cuando el alto, delgado y elegante señor se paró frente a él. No parecía mucho un locatario, pero con la suficiente soltura para pararse erguido y mostrar sus rasgos de extranjero sin miedo, por lo que debía ser cosido en el área.

-Buenas noches buen señor. Esta usted perdido o viene a hacer negocios?-
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Re: Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Izaya Orihara el Mar Jul 05, 2016 12:26 pm

Era fácil distinguir a Gaius sobre el resto de los comensales. Izaya nunca le había visto en persona, pero sí había escuchado muchos de los rumores y las historias que se contaban de él en el bajo mundo. Y aunque el estratega intentaba no creer todas las cosas que se hablaban entre ladrones y mercenarios, por que en la mayoría de las ocasiones no eran verdad o habían sido exageradas, sí que sabía a qué datos en particular atenerse. Como, por ejemplo, su apariencia física: según la información recabada, el ladrón era alto, pelirrojo y con el rostro salpicado de pecas. Sin embargo, una de sus características principales era la presencia de un parche que cubría su ojo derecho y que unido a las demás particularidades, hacían de Gaius alguien reconocible.

A pesar de ello, le había costado bastante esfuerzo dar con él, lo que no hacía más que ganar puntos a ojos de Izaya, que consideraba que todo buen profesional en su terreno de juego debía mantener cierta intimidad y margen respecto del resto. Pero una vez que su intermediario fijó la reunión, había sido coser y cantar. Solo debía esperar y ser paciente. Si había algo que Izaya hubiera aprendido en sus años de vida, era a saber aguardar el momento idóneo, a tomar el inocente aspecto de una flor pero ser la víbora que oculta. Y con esa misma parsimonia, propia de alguien que domina lo que hace y confía en sí mismo, se acercó al hombre de cabello naranja sentado en la mesa del extremo derecho.

El informante sonrió ante las palabras del ladrón. Sus labios se curvaron hacia arriba de una forma amistosa pero al mismo tiempo en un gesto peligroso. Su mirada roja se posó unos momentos en la verde de Gaius, antes de enmarcarse en una fina ceja oscura que le daba un aire de diversión. Tranquilamente, se sentó en el taburete libre frente al ladrón sin importarle que su superficie estuviera grasienta y pegajosa. Pareciera que la atmósfera del lugar no llegara a tocar a Izaya, con su rostro níveo perfecto y su ropa cara y limpia. Destacaba entre las personas de Plegia, y al mismo tiempo se mezclaba tan bien con el ambiente, que cualquiera pensaría que había nacido en el oscuro país de no ser por sus rasgos extranjeros y su atuendo extraño.

- ¿Perdido?,  ¿Buen señor? – cuestionó, retórico, y se rio un poco para sí mismo en una risa suave y baja. Aprovechó el silencio tras las preguntas para quitarse los guantes que cubrían sus manos y dejarlos en la mesa, uno encima del otro. En sus dos dedos índices llevaba dos anillos idénticos de plata lisa, sin ningún adorno. – No creo que ningún buen señor se perdiera en un lugar como este. A no ser que sea muy inocente, - hizo una pausa y sonrió.- o muy estúpido.

Ningún habitante o viajero de Plegia, según Izaya, podría afirmar ingenuidad o necedad. El país tenía una reputación más allá de las fronteras nacionales que el informante había comprobado que era verdad. Era un Estado oscuro, lleno de humanos que habían aprendido a vivir a base de actos crueles. Un territorio caído y cuya naturaleza desértica no podía aspirar a florecer de la misma manera que sus países colindantes, debía curtirse a base de polvo, sudor y sangre. El dolor no era más que un aliciente con el que todas las personas coexistían, como si fuera más necesario para perdurar que el mismo aire seco que respiraban. Izaya tampoco pretendía ser injusto con Plegia. No creía que el resto del mundo fuera mejor, solo que sabían mentir de una manera más efectiva. Se engañaban a sí mismos con ideas falsas de lo que era bueno y lo que era malo. Quizás ese país que veneraba a un dragón caído, odiado por la basta mayoría pues la humanidad detestaba la oscuridad y amaba la luz, era en realidad el más sincero, el más genuino. ¿Podrían decir todos eso? Renegar de su inocencia, aceptar quienes eran. Seguramente no. Nadie quería vivir siendo repelido por el resto del mundo. Y sin embargo, Izaya encontraba interesante que precisamente Plegia estuviera a salvo de ataques de Emergidos. La nación con mayores posibilidades de autodestrucción por su naturaleza anárquica había superado a todos los demás y podía declararse vencedora en un mundo donde solo ella no era víctima del extraño ejército.

Las cavilaciones de Izaya pasaron por su mente en menos de un segundo, sin que se notara en su rostro sonriente la más mínima distracción de sus alrededores. Sin pestañear, y siguiendo el hilo anterior, añadió: Pero como sé que nosotros no somos ninguna de ambas cosas, creo que podemos dejar a un lado la conversación casual y pasar a las introducciones.

En ese momento habría hecho un ademán de chocar ambas manos, y se hubiera presentado formalmente aunque estaba seguro de que el ladrón sabía a la perfección quién era él, de la misma manera que Izaya sabía quién era Gaius. Sin embargo, el tabernero se acercó a ellos. Pretendía el haber estado ocupado con otras mesas, pero el informante le había notado mirar en su dirección de manera disimulada en varias ocasiones. Llegó con grandes gotas de sudor en su frente y un olor muy fuerte que delataba su reciente presencia en las cocinas del mesón. Tras él, apareció una muchachita rubia y robusta de mejillas rojas y una gran semejanza con su padre. Llevaba en sus manos una bandeja de madera en la que traía un bol con un estofado y dos jarras de cerveza. Dejó todo sobre la mesa, por la que había tratado de pasar un paño antes, y tras un gesto de cabeza del hombre, la chica desapareció.  

No había que ser muy listo para darse cuenta de que el tabernero había hecho venir a su hija aposta, con la intención de dejar claro que si bien él y su familia se dedicaban a  servir a la gente de Plegia, no por ello iba a ponerles en peligro con las tramas oscuras de forasteros como ellos. Sus siguientes palabras corroboraron lo que Izaya había pensado: Orihara, tenéis hasta que el rufián ese se acabe el plato. Me importa una mierda si vuestro trato no se zanja antes. Ya hay gente preguntando por vosotros y no me gusta tener problemas en mi taberna, ¿Entendido? A la gente de por aquí no le caen bien los forasteros y, aunque a ti ya te conocen, de este no se fían ni un pelo. – señaló con el dedo pulgar a Gaius.

Izaya le mostró la mejor de sus sonrisas y respondió: No hay razón por la que ser tan amenazante, Señor Tabernero. Le puedo asegurar que esta reunión, que interesa a todas las partes, no supondrá ningún problema respecto a tiempo o eficacia. – aseguró con voz suave. Buscó en su capa un saquito de cuero del que sacó varias monedas de oro que dejó en la mano del mercenario. – Por favor, invite a los buenos señores de la barra a una buena cerveza, por el inconveniente.

El tabernero se puso rojo, tosió, pero agarró el dinero y se marchó mascullando para sí mismo. Las personas a su alrededor les observaban con curiosidad y desconfianza a partes iguales. Pero como no habían escuchado nada pronto volvieron a sus propias conversaciones, a falta de nuevos datos con los que especular o comentar. Cuando el hombre se hubo ido, Izaya se giró de nuevo hacia Gaius, estiró su palma y se la ofreció al ladrón en un gesto amistoso. Ladeó un poco la cabeza y entornó un poco los ojos, en un ademán inocente pero tan calculado como todo lo que hacía en su día a día. – Soy Izaya Orihara, y puedo ofrecer el mejor precio por la mejor mercancía. Encontrar compradores sobre temas tan delicados puede ser ardua tarea, pero, ¿Qué además sepan hacer frente a la las leyes de la oferta y la demanda? Parece que para ambos es nuestro día de suerte. Tenemos todas las papeletas para hacer un intercambio justo y que satisfaga a todas las partes. Solo debemos encontrar el terreno en común. ¿Cuál es tu precio?
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Re: Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 16, 2016 1:04 am

El muchacho que tenía ante él no le decía gran cosa, pero al bandido tampoco le importaba demasiado.. Él solo quería un comprador para su producto, y si era un noble o acaudalado burgués plegiano mejor que mejor, haría que los rumores corrieran menos por Altea o Ylisse.
El contacto que había dado con el cliente no era más que un rumor que corrió por las calles, por lo que la identidad del esbelto sujeto con el que ahora compartía mesa le era completamente desconocida. La prudencia nunca había sido el fuerte de Gaius, y eso le había llevado perder un buen ojo, un dedo y varias de sus muelas a esta altura de su vida, pero el testarudo ladrón parecía ser inmune a los mensajes de sus múltiples moretones, ya que seguía tropezando con la misma piedra.
Miró de arriba a abajo al mercader mientras este compartía unas palabras con el fornido tabernero. Delgado, de cuello alto y brazos finos, podía aventurar que en una pelea mano a mano probablemente pudiera ganarle en un tranque cuerpo a cuerpo. Su complextura le recordaba bastante a la que solían llevar los magos y otros ratones de biblioteca de ese tipo, pero este joven no aparentaba llevar ningún pesado tomo de magia con él, de hecho no aparentaba llevar ningún arma consigo. O era más tonto de lo que pensaba, o la gente en Plegia se cuidaba las espaldas entre si más de lo que el ladrón pensaba.
Mirara por donde lo mirara era un ricachón, o por lo menos tenía muchas más monedas en su bolsa de viaje, de las que el truhan había visto en mucho tiempo. Un hombre de extraño semblante, había que destacarlo, con una sonrisa no amable, sino todo lo contrario, con unos ojos que parecían querer escudriñar entre tus ropas y dentro de tu mente. Todo un personaje.
Suspiró y se echó hacia atrás en su butaca mientras el comerciante terminaba de parlotear con el tabernero. Ya sabía lo que iba a decir, todos los taberneros decían lo mismo desde que su hermandad se había disuelto. Sin la protección del gran líder, ahora eran todos unas gallinas temerosas que huían sin control a la menos mención del viejo gremio. Pst! Cobardes todos! Y siempre ponían la excusa de su familia, su establecimiento, sus bienes… esas eran las cosas por las que el ladrón calculó que nunca tomaría una esposa, eso y la ya otra obvia razón.

El muchacho volvió a tomar asiento frente al bandido, quien ya llevaba tomada casi media jarra de cerveza y las cosas le parecían ligeramente más graciosas de lo normal. Había sido un viaje largo y no había tomado en mucho tiempo, esto lo había dejado más vulnerable al efecto normal de su amaro licor.

-Muy mi buen señor Oriana … calculo que, como escuchó en el rumor, lo que tengo para ofrecer es… bastante grande y destructivo. No es por presumir de mi producto, pero he perdido partes por su culpa, y no soy fácil de atrapar. Así que sé que sabrá que el precio que pido por él no es exagerado y espero que entienda que…. Es un tema delicado del que hablamos. Todos sabemos el precio por comercializar este tipo de rarezas.-

Hizo énfasis de sus palabras dándose un par de palmadas en su propio cuello, señalando el lugar donde el alto castigo por comercializar esclavos que se pagaba en la mayoría de los países vecino, aunque no estaba seguro que en Plegia se castigara igual. Debería averiguarlo más tarde.

-El precio tiene dos partes. La primera en oro: cien monedas doradas de oro, ni una más ni una menos. La segunda, es que el producto abandone Akaneia. No se lo puede volver a ver en estas tierras, entiende?
Si cree que puede pagar ambos precios, entonces hablemos de negocios, de lo contrario… bueno, fue usted muy amable en invitarme una cena y una bebida-  


Se acodó a la mesa a la espera de la respuesta de su cliente con una media sonrisa en los labios. Miró el bol con estofado que humeaba a su costado y tuvo que pestañear varias veces para enfocarlo correctamente, definitivamente habría sido más inteligente haber empezado por eso que por la cerveza.
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Re: Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Izaya Orihara el Sáb Jul 30, 2016 2:23 pm

Izaya era un buen juzgador de carácter. Le apasionaban las personalidades humanas y la capacidad evolutiva de las personas. Sabía leer a la gente con bastante facilidad, y pocas cosas se escapaban a sus ojos afilados y su mente despierta y rápida. Por eso mismo, y a pesar de las pocas palabras que habían intercambiado Gaius y él, ya había estimado varios adjetivos que describían al ladrón. La primera palabra que le venía a la cabeza era “estúpido”. No era de extrañar que hubiera perdido tantas piezas corporales, según lo que él había indicado, si trataba a todas las personas como lo hacía con Izaya. Para ser un mercenario que hubiera atrapado un manakete, no le había demostrado ninguna cualidad que exigiera la más mínima inteligencia. Pero al fin y al cabo, la mayoría de los mejores ladrones no eran muy listos, y por eso su vida solía ser corta.

Por otro lado, el estratega encontraba “tierna” la forma en la que el pelirrojo trataba de vender su producto en sus términos. En especial, todas aquellas referencias a mutilaciones  generadas por el dragón, y a los castigos por el tráfico de esclavos. Quizás no se diera cuenta, pero apelaba a la empatía humana con el objetivo de convencer a Izaya de que el trato que ofrecía era el correcto y justo por los agravios sufridos. Desde el principio, el informante había estado dispuesto a pagar la cantidad que fuera necesaria. El dinero no era un problema para él , y si se exigía alguna condición más, Izaya la cumpliría si no iba en contra de sus planes iniciales. Ni la suma de 100 monedas de oro, ni el requisito de que el producto abandonase el continente, suponían el menor inconveniente. Esa clase de comportamientos de la raza humana eran los que más le gustaban, y los que le generaban cierto sentimiento de falsa lástima, pues él nunca haría nadie que no hubiera querido, por muchas lágrimas que se derramaran, o por muchas partes corporales que se hubieran perdido. Inocente el que pensara que Izaya se doblaría ante los patéticos intentos de manipulación de otros.

- ¿Quién lo hubiera dicho? La presa asumiendo el papel de cazador, – dijo con una sonrisa afilada y cierto tono de falsa sorpresa.- Menos mal que el cazador inicial pudo recuperarse y no privarme de esta grata reunión, – hizo un gesto teatral para señalar lo que había sobre la mesa y a ambos comensales.  – Eso habría sido una verdadera pena.

Le observó con una mirada fija, apenas perdiendo el contacto visual. Apoyó un codo sobre la mesa y la barbilla sobre la mano que le servía de soporte. Entrecerró un poco los ojos rojos y sonrió de oreja a oreja. Pero no había nada amistoso en el gesto. Era algo escalofriante, el que alguien tan pequeño y menudo cono Izaya fuera capaz de parecer que estaba en control pese a que físicamente tenía las de perder. Con la mano libre tomó su propia jarra de cerveza y bebió con tranquilidad, a pesar de que el sabor amargo le desagradaba y no encontraba placer alguno en las bebidas alcohólicas baratas. Había cenado una deliciosa comida preparada por las mujeres que vivían con él, y después se había medio-tomado un té con algún dulce, por lo que no tenía que preocuparse porque el alcohol hiciera mella en su cuerpo delgado por lo menos en un tiempo. No esperaba que la reunión se alargase demasiado, por lo que si la cerveza llegaba a atentar sus sentidos, estaría ya resguardado en su morada y no en un bar de mala muerte.

Bebió exactamente la misma cantidad que Gaius, pero sus formas algo diferentes, mucho más delicadas y elegantes, como si en vez de cerveza hubiera un buen vino tinto en la jarra de cristal. Al terminar, dejó el vaso sobre la mesa y dijo: Pero sí, sin duda ha sido una labor terriblemente difícil que debe ser compensada. – Y buscó entre sus ropajes de nuevo y sacó una bolsas diferente a la anterior. Estaba hecha de terciopelo de un color azul marino con bordados en hilos de plata, suave y de aspecto caro. La simple tela ya valdría bastantes monedas de oro. Pesaba bastante, porque en su interior quedaban repartida la suma, 50 piezas doradas en el saquito. La dejó encima de la mesa  al alcance de las manos del ladrón y esperó a que la abriera y viera su contenido para añadir conciliador: el resto se entregará cuando el producto llegue a mis manos, no antes. Deberá entender que esta clase de tratos no pueden saldarse en un simple pago. Y aunque estoy seguro de que no es un hombre estúpido y sabe que no encontrará mejor comprador que yo, no puede culparme por no fiarme de un hombre cuyo negocio es robar.

Se rio un poco y le dirigió una sonrisa de falsa amabilidad. Sabía que tenía razón pues si Gaius se había reunido con él, debía ser porque era la mejor opción de vender al Manakete que tenía por el precio justo.  – Respecto a la segunda condición, no hay problema. No quiero que se me entregue el producto en Plegia, sino en Begnion. Los gastos de la gestión del viaje y cualquier incomodidad que eso pueda suponer correrá a mi cargo y se le pagará al llegar a esta residencia. Si llega herido, mal alimentado o en alguna condición penosa, se le descontará del precio. Debe estar fresco para cuando llegue, y no en un estado de debilidad. – Le tendió un papel con la dirección en la que tenía una casa y en donde sería óptimo que el ladrón trajera al dragón. Debía partir al norte desde Akaneia en unos días para un trabajo, de modo que tener a un dragón en esos momentos sería una molestia. Prefería que le llevaran a Begnion, si no había imprevisto. Sus palabras también señalaban que las monedas se descontarían si el informante no estaba satisfecho con el resultado final: quería un manakete en perfecto estado, nada semejante al patético aspecto que ofrecían los esclavos laguz de otros señores.

- Me gusta la profesionalidad en los mercenarios que contrato: rapidez, eficacia y discreción. Supongo que para alguien de su oficio y con los rumores que le preceden, esto no será ningún problema. – Le sonrió.- Si cree que puede cumplir, entonces el trató está decidido. De lo contrario, bueno, mucha suerte encontrando a alguien que pueda pagar esa cantidad y no temer el destino que lleva tales actividades ilegales. – dijo divertido y parafraseando las anteriores palabras del ladrón.
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Re: Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Invitado el Jue Ago 18, 2016 2:40 am

Acodado a la mesa Gaius tomó el bol con estofado caliente que le habían traído y probó una porción del mismo, mientras escuchaba a su compañero, masticando con la boca abierta sin que le importasen los buenos modales en la mesa. Su interlocutor estaba empezando a hablar con tono demasiado pedante como para que le resultara grato de escuchar, más cuando venía de alguien el cual no tenía anillos que lo marcaran como noble. No, no tendría que tener miedo de que un mercader, por más rico que este fuera, se llevara una mala imagen de él.
Aunque si le costaba entender a que se refería el pálido muchacho. Cazador? De que hablaba? Aquí nadie había cazado a nadie. Le habría dicho mal su contacto antes de la reunión? Suspiró mientras bajaba la cuchara. “Voy a tener que explicar todo desde el principio, verdad?” se lamentó para sus adentros mientas ponía los ojos en blanco ante el tedio que le generaba tener que explicar cosas.
Él no era un hombre de palabras, ni siquiera era un hombre de acción. Su rol estaba en las sombras, en las tabernas y en los oscuros y desolados pasillos de los castillos, no en una mesa de negociaciones donde se reúnen los aristócratas y duchos en la palabra a hablar de sumas de dinero de más cifras de las que el cerebro del ladrón estaban acostumbrados a manejar. Pero bueno, él solito se había puesto en este predicamento y tendría que encontrar la forma para salir de él, ya que no le quedaban más esperanzas si quería cobrar venganza del pálido manakete. El solo visualizar los ojos celestes de ese mitad humano mitad bestia hizo que tuviera que apretar los puños.

El conocido tintineo de monedas golpeando la mesa sacó a Gaius de su ensueño y con un rápido manotazo las tomó antes de que el mercader pudiera cambiar de parecer. Abrió el saquillo entre sus dedos y se quedó un rato contemplando las doradas monedas que allí dormitaban. “hermosas” pensó mientras sopesaba el peso de la bolsa entre sus dedos.
Pensando que allí estaba todo el pago por la bestia el bandido tuvo que morderse los labios con el agradecimiento cuando su contertulio le informó que esa era solo la mitad de pago. Habría más de oro? El doble? Por Naga como testigo que el bandido siempre había sido un desastre a la hora de sopesar cantidades de oro, en especial solo sintiendo su peso, así que fue difícil que no se le iluminará el rostro cuando se le informó que al entregar al albino tendría otra bolsa como esa esperándolo. Se relamió los labios pensando en toda esa cantidad de oro junto y todo lo que podría hacer con ella. “Ese tonto chico bestia por fin me traerá algo bueno en esta vida”.

-No hay problema mi señor-

Dijo el bandido con ahora una nueva actitud servicial y amable hacia el mercader mientras empezaba a guardar su nueva riqueza en la seguridad de su peto.

-Lo que le dé más tranquilidad a usted, por mi está bien. Mientras reciba yo el total de mi paga y se cumpla con la exigencia de que el paquete abandone Akaneia para siempre… puede usted poner todas las condiciones que guste.-

La sonrisa, si bien era forzada, estaba también motivada por el elemento de que ahora era cincuenta monedas más rico, y eso siempre le dibujaba una sonrisa en los labios.

-Excelente! Si, si usted cubre todos los gastos entregarle la mercancía en Begnion no serpa problema alguno, lo garantizo.
En cuento al estado… puedo garantizarle que, más allá de algún pequeño golpe, no tendrá nada de lo que no se pueda recuperar con unas buenas noches de sueño y si, mi señor, la mercancía llegará en óptimas condiciones de comida y agua, pierda cuidado.-


Terminó de guardar el oro y retomó su cerveza dando un largo sorbo de esta. Estaba feliz, el trato venia pintando bien. Si todo salía según lo que había planeado, a más tardar en cuatro lunas ya estaría de regreso en Ylisse y el estúpido dragón en una caja rumbo a su nueva y horrible casa. Bajó su jarra y se rió para sus adentros imaginándose al delgado peliblanco completamente atado y amordazado, llorando antes de entrar a la caja que lo llevaría a Begnion. Peor nuevamente su cliente lo sacaba de su ensueño y lo traía de nuevo a su charla.
Ahora le extendía un papel con el destino donde debía llevar al manakete? Un sudor frio le corrió por la espalda ante este hecho.
Negándose a aceptar el papel con un ademan, tratando de disimular su nerviosismo, le habló directamente.

-Eh… porque no mejor me dice directamente el lugar donde tendré que entregar a la fiera? No le parece mejor?
Disculpe pero no confío en…. Cosas escritas.-
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Re: Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Izaya Orihara el Miér Sep 07, 2016 12:29 pm

Era increíble y fascinante la cantidad de información que uno podía obtener de los gestos de otro, de su lenguaje no-verbal. Se preguntó si el ladrón sabía que era como un libro abierto, uno que el estratega era capaz de leer a la perfección. Aunque le gustaría pensar que era por sus grandes dotes de análisis, lo cierto es que no las necesitaba para saber lo que rondaba en la cabeza de Gaius. Sus expresiones faciales eran una verdadera verborrea de emociones que despertaban una extrema curiosidad en Izaya. Al contrario del bandido, él no dejaba entrever nada a través de sus ojos afilados y su sonrisa carismática. Ni siquiera se sorprendió cuando el ladrón cambió su actitud de forma tan radical, pues era lo que esperaba ya de antemano.

El haber crecido en Ilia, un país dominado por las bandas mercenarias, le había otorgado un gran conocimiento sobre cómo funcionaban las mentes de personas como Gaius: el dinero era su gran lenguaje universal.  La mayoría de los rufianes no eran intelectuales ni ilustrados, por lo que no solían apreciar la labia del informante. Al contrario, solía ponerles nerviosos o confundirles sus vocablos o sus ademanes extraños. Pero casi siempre se olvidaban de ellos cuando Izaya les presentaba algo de lo que entendían, casi siempre monedas doradas y relucientes o información útil para sus fechorías. El estratega apreciaba el valor de ambas cosas y procuraba estar por encima de los demás en posesión de conocimiento útil y generosas cantidades de dinero.

No le desconcertó que el ladrón no supiera leer, pero hubiera sido fascinante si lo hubiera hecho. Pero bueno, no iba a andar exigiendo a alguien por encima de sus habilidades. Izaya amaba a todos los seres humanos tal y como eran, y eso también incluía el analfabetismo  de Gaius. - ¿Sabe? La gente suele desconfiar de lo que no conoce. – comentó con tranquilidad y cierto brillo condescendiente en los ojos, pero como si fuera de pasada. Seguidamente, continuó: Puede dejarlo a las afueras de la ciudad de Sienne. Antes de llegar allí hay una posada que se llama “La Garza Real”. Dejaré instrucciones para que se le pague lo acordado más el pequeño bonus que le he comentado, por las molestias de trasladar el paquete hasta allí. Solo una última indicación: la entrega debe ser por la noche y sin ninguna clase de altercado. Somos hombres de negocios, ¿no es así?, lo justo es que cada uno desempeñe su papel con total precisión: yo le pagaré lo que se le debe, y usted me traerá la mercancía sin ningún jaleo. No querremos altercados que puedan ocasionar algún problema, ¿Verdad?

Izaya habló con una sonrisa que indicaba que estaba satisfecho con como el trato había ido. Si bien su tono había sido algo arrogante, nada extraño en él, se notaba la seriedad detrás de cada indicación. Creía haber dejado bastante claro que, de no cumplirse sus requerimientos, el ladrón no recibiría ni un solo centavo, y seguramente lamentaría el haberse relacionado para empezar con el informante. Pero un ladrón tuerto debía saber de sobra los peligros de su profesión: el precio de la avaricia. El informante se incorporó tras un suspiro de complacencia bastante exagerado. Seguía con la misma mueca de diversión en el rostro, como si no acabara de hacer un trato que formalizaba la esclavitud de una persona.

- Bueno, ya que hemos dejado esto tan bien atado, ¿Por qué no nos dedicamos a disfrutar de un alcohol mucho mejor que esta porquería que nos han servido? – preguntó en voz alta, - ¡Yo invito! -. De repente, algunos hombres que se encontraban sentados en mesas a su alrededor se levantaron. Tras intercambiar unos asentimientos de cabeza toscos con Izaya, se marcharon de la sala hacia la parte de la barra del bar. El informante añadió un “¡Gracias chicos!” ante la estupefacta mirada de los pocos que aún quedaban allí. Izaya había contratado a mercenarios para que intervinieran en caso de necesitarlo, en caso de que Gaius no aceptara sus términos o el estratega considerase que necesitaba un poco más de persuasión. Por suerte para Gaius, el informante estaba contento con el trato.

Sin esperar a ver si el ladrón le seguía, Izaya caminó primero hacia una pequeña chimenea que había a un lado y tiró allí el papel con la dirección que el mercenario se había negado a aceptar. Cuando el trozo hubo ardido, fue hasta el tabernero y comenzó a hablar con él de forma rápida y en susurros. El pobre hombre sudaba un poco, pero parecía aceptar todo lo que Izaya le decía. Le dio unos golpecitos amistosos en la espalda, y el gordo hombretón les hizo una seña para que les siguiera. El estratega guiñó un ojo a Gaius y siguió los pasos del dueño del bar.

Tras una cortina había un pasillo que se extendía escaleras arriba. Una luz al final  y una en el medio de la escalinata era lo único que les permitía ver por donde iban. Ya en el segundo piso, les dirigió a una sala pequeña pero cómoda. Tenía una chimenea que estaba apagada, pero la habitación estaba lo suficientemente iluminada con lámparas de aceite para no necesitar un fuego. Había varias ventanas que estaban cubiertas por gruesas cortinas de aspecto barato, pero que cumplían su función de evitar que el interior se viera. En el centro se encontraba una mesa redonda y dos sillones viejos pero de cuero, sin duda unos asientos mucho más cómodos que la taberna de abajo.

Izaya se sentó en uno de ellos como si estuviera en su propia casa y le hizo una seña a Gaius para que ocupara el que estaba enfrente de él. Cruzó las piernas y colocó ambos brazos en los de la butaca. Miró al tabernero, que parecía más pálido, y dijo: Tráenos una buena botella de Whiskey, la mejor que tengas, si eres tan amable. – Después dirigió su mirada al ladrón, con cierta curiosidad. El hombre se lo tomó como su oportunidad para desaparecer de la escena en busca de lo solicitado.

- La cerveza en este lugar es un verdadero asco, pero debo admitir que el whisky es otra cosa. – le comentó con tranquilidad. - Sé que nuestro estimado Señor Tabernero guarda un pequeño arsenal de botellas buenas, aunque lo que le suela dar a otros clientas suela ser orina de burro. No se preocupe, a nosotros nos traerá de lo bueno. – sonrió.- Además, una buena conversación se merece un buen alcohol. Siento curiosidad por usted, Señor Ladrón. Su fama le precede, por supuesto. Pero, ¿hasta que punto son ciertos los rumores? La gente tiende a exagerar, - alzó una ceja y se rió un poco.- o a quedarse corta.
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Re: Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Invitado el Vie Sep 16, 2016 5:35 pm

Gaius miraba fijamente a su cliente haciendo fuerza por retener todo lo que se le estaba indicando. No iba a intentar disimular en ese aspecto, le costaba retener mucha información, más si se la decían muy rápido.
-Begnion…  Sienne… “La garza real”. Bien, puedo recordar eso!-
Dijo dando un pequeño  golpe afirmativo a la mesa afirmando sus palabras a la vez que le regalaba una sonrisa confiada a su cliente.  Logaría cumplir con su trato, era fácil de recordar la dirección, Sienne era la capital del gigantesco país, y ya había estado ahí, además, las tabernas eran su especialidad no había forma que se olvidara de  ninguna, además creía ya haber estado en la que su cliente le mencionaba.

Estaba Gaius disfrutando del sobrante de su barrica de cerveza cuando un montón de mercenarios se levantaron y partieron a señal de su cliente. No pudo evitar sobresaltarse un poco y echar un poco el cuerpo hacia atrás en su asiento, mas esta táctica de estar en una taberna rodeado de guardias no era nueva para el ladrón, por lo que soltó un largo suspiro mientras de aseguraba de ayudar a calmar a su corazón. Los mercenarios se estaban yendo, por lo que ahora podía confiar en que su cliente confiaba de él y no lo haría pasar la noche en una mazmorra o arrastraría hasta su castillo para hacerle preguntas terriblemente incomodas. El recuerdo de su última reunión con Marth todavía estaba latente dentro de la mente del bandido y de solo acordarse un sudor frio le corría por la espalda.
Pero esta situación era diferente, ningún guardia le había saltado encima para detenerlo, así que casi podía sonreír de felicidad. Y si, en Altea usaban tal treta, no le extrañaba para nada que en un lugar tan mezquino como Plegia esto fuera moneda corriente.
-Bien por mí, no? Parece que conservaré todos mis dientes-
Se rió solo de su mal chiste mientras se ponía de pie y acompañaba al delgado muchacho por el intrincado pasillo, hacia la habitación segura tras la barra.

-Jum… acogedor, sin duda-
Comentó al entrar mirando en todas direcciones. No le agradaba del todo la habitación, pero era mejor tomar un par de tragos a solas que en el bullicio de la taberna. Además, si su cliente se sentía tan en confianza como para invitarlo a su habitación secreta casi le estaba garantizando que mantendría el cello de secretismo sobre la preciada mercancía de trueque.

Se dejó caer sin ninguna etiqueta sobre el sillón que se le ofrecia sin ninguna etiqueta, imitando la confianza de su anfitrión.

-Ahm… la verdad no soy gran admirador de los wiskys … lo mío es más un gusto por las bebidas como la hidromiel… o un buen vino blanco… - confesó sin vergüenza mientras sentía la textura del cuero de su silla, nunca había tenido el placer de sentarse en una silla tan refinada, y estaba verdaderamente fascinado.
-Los rumores me pregunta? Uf! … depende del rumor… y de quien haya pagado por él. A decir verdad ni yo estoy del todo seguro cuántos de ellos son verdad y cuales no… Solo me preocupo en cobrar el dinero y en correr la voz. –
Dijo sin darle mucha importancia al tema.
-Aunque si está usted interesado en saber por algún rumor en particular… puede que mi memoria sepa quien fue quien me lo pasó… a veces saber la fuente afirma o desmiente un rumor. Aunque claro… jeje, mi memoria necesita incentivos extras.-
Dijo frotando dos dedos, haciendo la inconfundible y universal seña de pedir dinero.
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Re: Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Izaya Orihara el Miér Sep 21, 2016 9:14 am

El tabernero no tardó en llegar con una botella transparente de whisky que estaba llena del dorado alcohol. La llevaba encima de una bandeja metálica en la que también cargaba dos copas de cristal, nada de las asquerosas jarras de madera que daban en el bar de abajo. Izaya le hizo una seña y le indicó que su invitado tomaría además hidromiel. El hombre dirigió una mirada de desagrado hacia Gaius, a quién no parecía considerar como alguien digno de ser tratado con el respeto, y miedo, que tenía por el informante. Sin embargo, el tono que su cliente había empleado con él no dejaba lugar a dudas de que o cumplía con lo ordenado, o la pequeña amenaza que Izaya había empleado con él se cumpliría. El dueño del local, un plegiano de familia plegiana que había vivido allí durante generaciones, nunca hubiera imaginado que sería chantajeado por un chico flacucho y encima un forastero.

Pero ahí estaba Izaya, coaccionándole porque sabía, de alguna manera, que había estado trabajando para varios grupos criminales sin que ninguno lo supiera. Si se enterasen, no solo sería la ruina de su familia, sino que acabaría muerto y olvidado en algún lugar. Con un escalofrío, el tabernero salió de la estancia para regresar poco después con otra botella llena de hidromiel, sin siquiera haber sido abierta. Se la presentó al ladrón frente a su lugar en la mesa y, con un asentimiento de cabeza, se retiró a otros quehaceres en el piso inferior. Al menos hasta que el estratega le necesitara de nuevo, que esperaba que no fuera en un buen rato porque el negocio no se mantenía en pie solo.

- Por favor, permíteme. – dijo antes de verter a Gaius una porción muy generosa del alcohol elegido en su copa. Después se sirvió a sí mismo whisky, todo eso con una sonrisa amable y una actitud diferente a la que había tenido momentos antes en el mesón. - ¿Puedo tutearte, Señor Ladrón? Podemos dejar las formalidades, ya que ha ido tan bien nuestra negociación. Y disculpa lo de antes. Esto es Plegia, nunca se sabe como puede ir un trato. Y menos uno de estas características. Ya me puedes ver, no soy lo que se dice un hombre musculoso, así que debo recurrir a otros métodos para defenderme. – se encogió de hombros con tranquilidad y se relajó contra la pared de su sillón, copa en mano. – Espero que puedas comprenderme.

Gaius era el tipo de humano por los que Izaya sentía la mayor predilección. Estaban tan llenos de posibilidades que nunca le hacían perder el interés. Esa clase de actitud ambiciosa, bastante propia de los ladrones y los mercenarios, le hizo sonreír aún más y achicar sus ojos rojizos. Apoyó su rostro en una mano y dirigió toda su atención hacia el pelirrojo, casi de una forma coqueta. Era sumamente entretenido verle hablar de su oficio como si no fuera la gran cosa, aunque Izaya suponía que no era tan sencillo por el parche en el ojo y el alivio en su rostro cuando los mercenarios se habían marchado con tranquilidad y no le habían hecho nada. Lo cierto es que daba gusto hablar con alguien tan sincero que admitía su propia naturaleza. Era incluso enternecedor.

Por unos momentos Izaya pensó en alimentar a Gaius con monedas. Dinero a cambio de rumores por los que tampoco tenía mucho interés y de los que podía saber de forma gratuita si indagaba en los lugares correctos. Incluso era posible que ya supiera la verdad sobre las cosas que el ladrón le podía contar. Una pequeña recompensa como quién le da una chuchería a su mascota por los trucos que hace bien. Sin embargo, el informante se decidió por algo diferente y negó con la cabeza con suavidad, en sus labios una sonrisa atractiva. Le miró a través de largas pestañas negras. – No me has entendido, mi estimado Señor Ladrón. – comenzó a decir, con tono de disculpa.- No me refería a rumores en general, sino a los rumores que circulan sobre ti. Los demás no me interesan esta noche, a decir verdad, por eso le he invitado aquí arriba. No es que haga esto con todos, eso te lo puedo asegurar. Y sin embargo, tu reputación te precede. – alabó con un asentimiento de cabeza.- Aunque podría decirse que soy un escéptico: no creo en cosas que no pueda ver o escuchar de una primera fuente. Y, ¿qué mejor fuente que tú, para hablarme de ti? – le sonrió de oreja a oreja y dejó escapar una risa divertida. Bebió un poco de su whisky, apenas una mísera cantidad para mojar sus labios pero que pareciera que había pegado un buen trago.

- Solo soy un hombre curioso, cuanto menos. Y tú debes de sentir algo de curiosidad también si has subido hasta aquí para seguir charlando conmigo. No es como si te hubiera obligado a ello. – fingió inocencia.-  Además, somos forasteros, a la gente de Plegia la tengo ya demasiado vista. Hablar contigo es sin duda una de las mejores formas de pasar la velada, ¿no crees? Tampoco es que haya nada más interesante que hacer en esta ciudad salvo ser atracado, la verdad.
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Re: Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Invitado el Miér Oct 05, 2016 12:51 pm

Desacostumbrado a que se lo tratara tan bien Gaius no sabía si sentirse a gusto o incómodo. Siempre acostumbrado a que le patearan de todos lados, estar ahora en una sala privada y secreta recibiendo la especialidad de la casa era una experiencia completamente nueva, y no terminaba de decidir si la disfrutaba o no. Ciertamente admitía que ese trago era superior a cualquier otro que hubiera tomado antes, así que se permitió dejar que su mente pensara tanto y se embriagara más, a fin de cuentas siempre que pensaba demasiado las cosas solo conseguía una fuerte migraña.

-Tutearme? Que es eso-
Pregunto completamente ignorante el bandido. Arqueando la ceja miró arriba abajo al comerciante para saber si le estaba o no haciendo una propuesta indecente.
-Ah? Acaso me ha traído a un apartado para eso? Mire que no doy ese tipo de servicios. –
Dijo en tono serio intentando sentarse un poco más erguido en su asiento. Quizá su postura casual le había dado otras ideas de sus intenciones al macilento comerciante.
Era una cruel y despiadada mentira, haría cualquier cosa por dinero. Pero ya había aprendido que en Plegia lo mejor era mantener puestos sus pantalones. El recuerdo de la dama que le atormentara en su adolescencia hizo que dejara la copa sobre la mesa, de repente ya no tenía ganas de beber más.

-Oh! Oh! Lo dice por los mercenarios de hace un rato? Nah! Pierda cuidado, estoy acostumbrado a ese tipo de cosas. Por eso siempre viajo seguro de que el trato ira bien.-
Había claramente malinterpretado las acciones y palabras del comerciante, pero si bien ahora  estaba aclarado el malentendido igualmente no volvió a levantar su copa, el recuerdo de la hechicera estaba demasiado presente como para beber tranquilamente.

-Rumores circulan sobre mí?! Por Naga! Que se dice de mí!? Por favor necesito saberlo! Y quien los dijo también! Se supone que no hay soplones en nuestra cadena –

Estaba tenso, era la primera vez… bah, segunda en realidad, que alguien le hablaba de su fama. Si bien sabía que su servicio era algo que le ponía de cara al mundo, últimamente estaba especialmente perseguido por cierto cartel de “se busca” emitido por Nohr, lo que dejaba al ladrón con ganas de ponerse un ojo extra en la nuca. Pero no debía anticiparse a los hechos, así que aflojó su agarre al posa brazos de su silla y volvió reclinarse hacia atrás.

-No… no hay mucho para decir sobre mi…. Y la verdad no me gusta hablar de mi. Pero si estoy curioso sobre usted… Qué clase de hombre le interesa comprar un sub humano? Sé que es poderoso y doy fe que agresivo cuando está transformado. Para que guerra lo planea utilizar? O acaso usted sabe de un cliente que pagaría más por él? Si es así no me interesa meterme en su negocio pre pactado en lo más mínimo, pero si me gustaría saber y confirmar que permanecerá lejos de esta parte del mundo para siempre. Esa es mi única preocupación. –
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Re: Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Izaya Orihara el Miér Oct 12, 2016 2:00 pm

Iba a explicar lo que significa la palabra “tutear”, cuando el otro se atrevió a insinuar que Izaya le había llevado allí para que le proporcionara alguna clase de servicio sexual. En su vida hubiera hecho una conexión entre ambos conceptos, pero supuso que en alguien analfabeto como Gaius esta idea no era tan loca como le parecía a él. Al fin y al cabo el desconocimiento era el mejor arma para hacer comentarios estúpidos como ese. Sin embargo, lejos de molestar al estratega, le hizo estallar en una carcajada limpia. Se echó hacia atrás en su asiento, tras lanzar al ladrón una mirada de sorpresa, y se rio con tantas ganas que en las comisuras de sus ojos aparecieron un par de lágrimas que se quitó con la yema de sus dedos una vez se hubo recuperado.

- Perdona, perdona. He de decir que no esperaba esto. En otra época, y en otro lugar, te habrían colgado por un comentario como ese, - comentó tranquilo, con una sonrisa divertida en sus labios, después se inclinó un poco y mantuvo la mirada rojiza en el ojo verde de Gaius.- Aunque ahora las cosas han cambiado. He de decir que me produce mucha gracia que pensaras que yo tengo esos gustos. Me criaron como un hombre de aficiones selectas y predilección por lo mejor de lo mejor. Incluso ahora, en medio de una de las ciudades más peligrosas del mundo, intento ser fiel a ello. – explicó antes de hacer una pausa y beber casi toda su copa de whisky.- En resumen: Si quiero sexo, pago a la mejor prostituta. Si quiero asesinar a alguien, pago al mejor asesino. Si quiero, por ejemplo, comprar un artilugio peligroso e ilegal, pago al mejor ladrón que pueda conseguírmelo. No existe nadie en este mundo que sea el mejor en dos cosas, así que puedes descansar tranquilo, que nunca te pediría algo que se saliera de tu rango de especialidad. – le dijo con un ademán teatral y un tono explicativo, a pesar de que sus palabras escondían cierta condescendencia: como si Gaius estuviera demasiado bajo en el escalafón de gustos como para siquiera pensar en estar con alguien como Izaya, o quizás que no creyera que fuera bueno en el sexo, o que, simplemente, no era lo suficientemente atractivo como para interesarle.

Sin embargo, Izaya continuó, su voz algo más baja, en un tono de secretismo total: Aunque eso no es lo que he escuchado de ti. Verás, confío en mis fuentes para hacerme llegar información verdadera, al igual que rumores que se hablen en las calles. Esta fuente fiable me comentó varias cosas de ti: si bien la que más me interesó fue que podías encargarte del trabajo por el que he pagado, otras habladurías circulaban alrededor de tu persona. Dicen que, precisamente, sí que se te puede pagar por “servicios nocturnos y privados” pero que no vale la pena porque aparte del ojo has perdido otras partes necesarias para… - el estratega hizo una pausa bien colocada antes de proseguir.- … bueno, creo que ya puedes entender a qué me refiero. ¡Pero no te lo tomes a mal! Los rumores son rumores, y ¿quién soy yo para juzgar a un lisiado, de ser la información verídica? Mientras no interfiera en la tarea encomendada, no me importa lo que guardes, o no, en los pantalones. – se encogió de hombros, como si nada, y se sirvió otra copa a la espera de las reacciones de Gaius. Le vertió al ladrón aún más alcohol en la copa, hasta el borde, casi en un acto que obligaba al otro hombre a beber de nuevo.  – Bebe, hombre. – Ordenó con una risa.- No es una fiesta si uno no bebe.

De sus labios no salían más que las más creíbles mentiras. Su voz suave, aterciopelada, y tan cargada de emociones verdaderas le daban el toque que necesitaba para hacer de su narración algo creíble. Era el maestro del engaño y la manipulación, y el modo en el que hablaba sobre la posible mutilación genital del ladrón, o los rumores de ella, hacían creer que, efectivamente, eso era lo que se decía en las calles. Nada había de verdad en ello, ni lo más mínimo, pero Izaya necesitaba diversión. Nada se lo proporciona más que jugar con las emociones de sus queridos humanos. Su presa esa noche era Gaius, y la telaraña en la que se enredaba cada vez más no había sino comenzado a tejerse. En su interior, el estratega sonreía cruelmente, aunque su exterior mostrara la imagen de alguien algo avergonzado por lo que acaba de decir gracias a sus mejillas sonrojadas y sus ojos muy abiertos.

- Hay más cosas que se dicen de ti, pero no sé si las querrías escuchar después de esto. Hay veces que uno está mejor en la sombra sobre los rumores que le conciernen. – sugirió, pero esperaba que el bandido aceptara saber más historias para poder alimentarles con aún más mentiras. Se lo estaba pasando en grande, incluso si su actuación no llegaba aún al punto álgido. Aún. – La persona que me los contó suele enterarse de todo lo que se dice en muchas ciudades importantes del mundo. ¡Es muy confiable para esto! Suelo contratar a menudo sus servicios, pues no creo que exista mejor estratega a comisión. ¡Y sabe tantas cosas! En el momento de mayor necesidad me proporcionó el mejor análisis y la mejor información para seguir adelante. Es de quién escuché hablar de ti, en primer lugar. – habló emocionado, se notaba que tenía en gran estima a la persona de la que hablaba.-  Pensaba que habrías escuchado hablar de él, pero cuando dije su nombre no me pareció que le reconocieras. – arrugó un poco los labios y suspiró. Hizo que bebía de su copa de nuevo, y sus palabras las alargó, trabándose de vez en cuando con alguna sílaba, como si estuviera borracho a pesar de que no era así.

- Pensaba hacerme valer de su identidad para ganar una mayor reputación en Plegia, y aunque hasta ahora lo he conseguido, me ha salido mal la jugada contigo. Pensaba que habrías oído hablar de Izaya Orihara y así me he presentado, pero como no sabes quién es, pues ya no me merece la pena continuar con la farsa. – hizo un mohín y suspiró. – Es de él de quién he adquirido toda la información pertinente para venir a Plegia y encontrarme contigo. Es un auténtico genio estratega y un gran informante, ¿Sabes?,  ojalá le hubiera conocido antes. Seguro que con su ayuda hubiera evitado que mi reino acabara consumido por los Emergidos. ¿Tuve que huir como un cobarde, sabes? ¡De mi propia casa, mi propio castillo! Otras naciones libres de esos seres inmundos, y Crimea, patria querida, asolada por ellos. – golpeó la mesa con el puño. – He jurado vengarme. Vengarme de todos esos hijos de puta que me arrebataron mi hogar y mi reino, y de los países que han salido vencedores de nuestra pérdida.  Gracias a Orihara he podido saber quién vendía el arma que buscaba. – se rio de forma oscura y fijó su mirada en Gaius.- Con su fuego asolaré Begnion y Daein. Crimea renacerá de sus cenizas, y todos y cada uno de los Emergidos caerán abrasados.  ¡Al igual que esos nobles que se han aprovechado de nosotros! ¡Todos arderán! – exclamó exaltado, casi eufórico, y chocó su copa contra la de Gaius como si fuera su amigo.- ¡Por una venganza justa!
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Re: Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Invitado el Mar Nov 01, 2016 11:03 pm

Gaius arqueó una ceja ante la amenaza escondida del informante. Tendría ese flacucho la potestad para poder mandarlo colgar? Qué tanto poder tenía el desgarbado muchacho que le sonreía de manera jocosa? “Estas son las clase de cosas que tienes que averiguar antes!”  La voz de su viejo maestro acudieron a su mente por unos segundos, en una de las frases que constantemente le repetía al aquel entonces jovenzuelo pecoso. Se sorprendió a si mismo recordándolo, pero supuso que era únicamente por la proximidad a Plegia, tierra a la que perteneciese antaño su maestro.
Suspiró sacudiendo la cabeza, nada de eso tenía sentido ahora. Ni preocuparse por la información que no había recaudado antes, o recordar a su fallecido maestro, así que se enderezó un poco más en su asiento y miró al informante frontalmente, el cual le informaba de un rumor que hasta él mismo desconocía

-Que he perdido lo que?! – Exclamó sin poder evitar tener que clavar las uñas en los posa brazos de su sillón.
-Quien anda diciendo semejante barbaridad de mí?- Miro en todas direcciones como buscando en una habitación vacía a quien hiciera semejante rumor, con la ira atragantada en la garganta y mordiéndose el labio inferior para no vociferar incoherencias.
-Le aseguro que eso no es más que un sucio rumor sin fundamento! Es más! Aquí tiene la prueba!-
Sin palaba de mas, el ladrón se muso de pie de un salto y desató la parte frontal de su pantalón, sacando a su amigo para que el informante pudiera apreciar que el mismo todavía estaba con él. Acto seguido y sin exponerse demasiado, lo volvió a guardar  y se dejó caer en su asiento todavía murmurando maldiciones por lo bajo.
Haciendo caso de la invitación de su anfitrión, tomó el vaso de la bebida que le habían ofrecido y la bajó de un sorbo solo. Sintiendo el ardor del alcohol corriendo garganta abajo y calmando un poco su ira hacia nadie en particular

-Si agarro al maldito que anda diciendo esas cosas de mi…- Maldijo a la nada mientras volvía a colocar el vaso sobre la mesa.
-Muchas gracias por informarme de esto, pierda cuidado, su nombre no aparecerá en ningún lado…. Oh! Entonces usted no es Oriana? Asd… estoy un poco confundido ahora…. Usted quien es entonces?-
Dijo intentando no poner cara de turbado, pero la verdad es que tanto misterio y revelaciones hacían que su cabeza viajara a mil revoluciones por segundo. Rascandose la cien terminó por desentenderse de todo ese embrollo.

-Sabe que? Me da igual quien sea usted, solo cumpla con su parte del trato y yo haré lo mismo con mi parte, le parece? Usted tendrá su dragón y yo mi oro, y ambos contentos y felices. A veces prefiero ignorar algunas cosas…-

Estaba cansado y comenzaba a notársele. Con una mano sostenía su cabeza mientras con la otra tamborileaba sobre su propia rodilla.
-Je! “una venganza justa” usted mismo lo ha dicho.-
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Re: Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Izaya Orihara el Dom Nov 06, 2016 1:29 pm

Izaya escupió en su copa, de la que estaba tomando un suave sorbo, cuando vio el acto de exhibicionismo de Gaius. Se quedó mirándole con un rostro autóctono de sorpresa y verdadera diversión. ¡Por eso mismo los humanos eran sus seres predilectos! En especial cuando le asombraban con lo que hacían. No esperaba que le mostrara su miembro tan abiertamente, sobre todo después de haber dicho que “no era clase de hombre”. Cualquier otra persona podría haber pensado lo contrario si entraba en la habitación en el momento exacto. El pensamiento hizo al informante reír con toda claridad, nada preocupado y sin sentir el más mínimo remordimiento por hacer creer al ladrón una mentira tan cruel. Acompañó su carcajada con un vistazo de arriba abajo, que casi parecía juzgar a su invitado, con una crueldad bien disimulada.

- Parece que sí que es mentira, sí.   – Asintió de forma sarcástica, aunque dudaba que Gaius pudiera entender que su comentario pretendía ser hiriente. No es que fuera demasiado inteligente, como había podido comprobar en el tiempo que habían hablado abajo en la taberna y en su reunión privada en el salón. Ni siquiera hubiera creído que se tragara la mentira de que él no era Izaya Orihara porque, aunque la excusa estaba bien formulada y su tono sincero daba a entender que decía la verdad, cualquier otro había meditado dos veces sus palabras, pues por normal general la gente en Plegia no era lo que aparentaban ser. Podría echarle la culpa al alcohol por la falta de intelecto de Gaius, pero lo cierto era que sobrio tampoco es que sobresaliera por sus dotes intelectuales.

Después de brindar con Gaius, bebió un poco de su whisky y dejó la copa en la mesa, satisfecho con cómo se había desarrollado la reunión pero con una clara intención de darla por finalizada. La cerveza que había tomado antes, y el fuerte licor posterior comenzaban a subírsele a la cabeza, y eso siempre se lo tomaba el informante como el punto de inflexión en el que debía dar por terminada una situación. Izaya se vanagloriaba de su mente perspicaz y calculadora, y bajo los efectos del alcohol eso se veía afectado y podía hacerle fallar en sus planes. Si bien en muchas ocasiones había pretendido tomar de su vaso, en otros momentos sí que había tragado su contenido para mantener las formas y la imagen de comerciante que pretendía dar. Tenía planeado desde el comienzo escapar de allí, una vez sintiera que sus facultades no estaban rindiendo lo normal. Y así pensaba hacerlo.

- Bueno, ha sido un placer, Señor Ladrón. Me temo que ya se ha hecho tarde y tengo asuntos importantes que hacer aún, la vida del comerciante, ¿sabe? – El estratega tomó los guantes de cuero que se había quitado al entrar, y se los colocó con parsimonia. – Solo decirle una última cosa como un favor por esta velada tan interesante y por el trato que ha podido llevarse a buen término:  Si quieres agarrar al “maldito” que va diciendo esas cosas de ti, te puedo dar su nombre. – le sugirió, y antes de que contestara continuó: Según me dijo Orihara, aquel del que escuchó el rumor se llama Shizuo Heiwajima. Es un mercenario de Ylisse, ¿quizás tengáis alguna historia en común? Sea como sea, es él quién va diciendo esas mentiras. Tiene sangre de sub-humano, por lo que no me extraña que se comporte de esa manera. No deja de ser un pérfido monstruo que camina entre humanos sin ser uno. No hay nada que me horripile más que un animal que pretende ser una persona. – le explicó con su voz cargada de odio que salía de una sonrisa algo afilada. Había mucha sinceridad en sus palabras. – Espero que te sirva de algo saber esto. Nada me haría más feliz que ver que esa bestia obtiene lo que se merece.

Carraspeó con suavidad antes de levantarse y empezar a dirigirse a la puerta.- Puedes quedarte aquí o irte, lo que prefieras. La habitación está pagada por toda la noche, y Plegia no es un lugar seguro a pesar de que los Emergidos no ataquen a los ciudadanos. – sonrió de medio lado y entrecerró los ojos.- Ha sido un placer hacer negocios contigo. Puede que necesite de sus servicios alguna vez en el futuro. Por supuesto, solo si el trato finaliza con los resultados que espero. – aunque Izaya estaba seguro de que Gaius podría con todo y acataría cada orden con solo pensar en la bolsa de oro que le aguardaba al final.  – No puedo esperar a ver mi propio dragón. Mantén los oídos abiertos, estimado señor Ladrón, seguramente escuches cosas interesantes sobre mi en breves.

Y con ese último extraño comentario, unido a una penetrante mirada rojiza que se clavó en Gaius durante unos largos momentos, el informante desapareció por la puerta. En el aire quedó cierta sensación de peligro, como el de una terrible tormenta que se avecinaba sobre el mundo pero que en vez de dejar caer lluvia, derramaría fuego sobre la humanidad. E Izaya sería el causante.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Tactician

Cargo :
Informante

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Dagas de bronce [1]
Dagas de bronce [2]
Tónico de def. [1]
Tónico de res. [1]
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3245


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Re: Una venganza justa. [ Priv. Gaius / Rumor ]

Mensaje por Eliwood el Miér Nov 23, 2016 9:34 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Izaya, como único personaje en su primera clase presente, obtiene un incremento de +1 EXP.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
Tomo de Ellight [4]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3318


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