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Y con ustedes, ¡la polla real! ¡Es un gallo! {Social} // Eliwood

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Y con ustedes, ¡la polla real! ¡Es un gallo! {Social} // Eliwood

Mensaje por Invitado el Sáb Jun 18, 2016 3:46 pm


Durante el frío de una oscura noche, un pequeños grupo de niños acababa de jugar. Tres pequeños mocosos que soñaban con ser soldados al crecer. Acordaron continuar a la mañana siguiente con el juego que sus familias les habían interrumpido por cenar. Primero se fue Julián, caminando con un palo mientras raspaba el suelo para una línea dejar; segundo se marchó Edwin, el activo y competitivo que no iba a dejar que este primero lo fuera a superar dejándolo atrás; y por último Gregorio, el chico que debía volver solo en la oscuridad hasta su casa cercana de la periferia de la ciudad. Este comenzó a correr para no preocupar a su madre, pensando únicamente en lo que haría la mañana siguiente. El silencio de la noche no le era de preocupar, pues gracias a los soldados ellos podían vivir en paz. Al buscar un atajo pasando por un callejón, encontró a la salida de este a un misterioso señor con quien por despiste chocó. Por mero instinto y reflejo, el niño se disculpó; pero cuando sus ojos se abrieron, se sorprendió. La sombría figura que lo miraba cubierto por el manto de las sombras provocó en él un escaso segundo de temor. Su cuerpo tembló por unos segundos, mientras que, a cada segundo la persona delante de él comenzaba a enloquecer. Los ojos del hombre parecían desorbitar, en lo que el niño con esfuerzo se arrastraba hacia atrás. Dumhnal: ―¿Estas asustado? ¿De mí? ¡No! ¿Por qué? ¿No sabes quién soy?― Comenzó a balbucear elevando gradualmente su voz, acompañado por lentos pasos que al niño no le permitía distanciar. ―¡¡¿POR QUÉ?!!― Gritó alterado, mientras que el niño por su tobillo era jalado. El pavor lo forzó a sudar, pero su voz no podía pronunciar. Sin poder dar respuesta, el hombre simplemente enloqueció.


❣ o~o~o ♥ ❤ ♥ o~o~o ❣

Esa misma mañana, la reina de Nagaýen se había despertado al igual que el día de ayer. Sus manos adoloridas por geografía, y su espalda ardida por sus fallos. Pero ese día iba a ser diferente a los demás; tendría como visita a un lord cuyo nombre no recordaba, pero gracias a él sus enseñanzas se veían pausadas. ¡Le estaba agradecida sin conocerlo! ¡Y no podía esperar a verlo para en su mente meterlo! Claro, seguramente con alguien debía quedar bien. Eso era lo que a ella más le importaba, cómo poder usarlo para sus propios dibujos.

Fue vestida e informada con que la visita del lord no debía de demorar; y el tiempo había sido bien calculado, los podría acompañar a almorzar. Elizabeth caminó seguida de un par de escoltas y un sirviente real, hasta la sala del trono alcanzar. Depositó allí sus posaderas como le habían explicado, para esperar a su visita detrás de un gigantesco velo que dividía el gran salón. No recordaba aquel inmenso salón, ni mucho menos la gran cortina que difuminaba su apariencia. ¿Era como si no debieran verla directamente? Era extraño, pero si así debía ser, ella les haría caso; era la primera visita que recibía, y lo que su padre anteriormente hacía, aún se cumplía. ―¿Sólo debo quedarme aquí sentada?― Preguntó intrigada, pues era lo más fácil que le habían pedido desde que había llegado a la ciudad de Benia. Marco: ―Así es mi reina. Espere aquí, escoltaré personalmente a lord Eliwood hacia usted― Respondió posado sobre una rodilla con una solemne reverencia. ¿Era Marco? El velo no le permitía verlo bien, aunque la voz parecía ser la de él. Respondió afirmativamente, aunque en ello acabara aburriéndose en el lugar; tenía cosas en las que pensar, y una de ellas sería sobre un elaborado plan.

Marco, el sirviente real que más solía destacar, permaneció parado en el umbral que daba acceso al castillo real. Sobre las largas escaleras el sirviente esperaría paciente, a que el hombre de Lycia se hiciera presente. Este debería de haber seguido el protocolo mencionado por el sacerdote real que el país tenía, ya que de lo contrario, el barco sería atacado sin piedad. Las órdenes de la duquesa para limpiar las aguas eran realmente estrictas, nadie que no fuera de allí podría surcar las aguas bajo su reinado, de lo contrario sería atacado aun si fuera enemigo o aliado.

Lord Eliwood tendría un largo viaje, pues dada su ubicación, debería de acceder por las costas del sur. Su comienzo sería por mar, y luego de ello tendría más de cinco días de viaje por tierra una vez que llegara a su destino. Debía cruzar grandes campos que lentamente se alzaban, y puentes que el cruce del río Pheribio facilitaba. Podría tener la suerte de pasar la ciudad de Alaýen, donde el castillo de la capitana general de las fuerzas armadas podía presenciar; pero aunque cansado podría estar, el viaje debería de continuar. A días de viaje de allí llegaría a su destino, Benia, donde la reina estaría a su espera.

Informada su visita, un selecto grupo había sido prestado por la duquesa. Diez personas de cada especialización serían los encargados de escoltarlo con seguridad, más un par de equinos oscuros, por si el lord lo llegara a necesitar. El señor el país iba a poder contemplar con alta seguridad. Laguces sometidos a lo largo del territorio, aunque aquellos en la miseria no alcanzaría a presenciar, pues en las minas eran de trabajar; sirviente animales se les podrá llamar, con bellos adornos de metal como collar, por suerte en Benia ninguno podría entrar. Y el coro de trompetas al final debería escuchar, y con ello la reina sabría que el visitante a sus aposentos estaría por entrar. ¡No era necesario mencionar, que de su arma lo iba a despojar cuando al castillo fuera a entrar! ¡Ojala no demore en llegar, porque la reina ya quería almorzar!



Última edición por Elizabeth Eclair La Fère el Vie Jul 01, 2016 10:30 am, editado 1 vez
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Re: Y con ustedes, ¡la polla real! ¡Es un gallo! {Social} // Eliwood

Mensaje por Eliwood el Mar Jun 28, 2016 1:24 pm

Últimamente, entre más salía de su Pherae y más dejaba sus tierras al cuidado de sus tropas y las de Altea, más se cuestionaba el estar tomando las posiciones correctas. La inocente añoranza en verse lejos del hogar ponía su mente a divagar en demasía, perpleja por el estado general de las cosas; cuantos asuntos repentinamente tenía en el exterior, cuanto debía volver su atención a todo lejano confín del mundo, inclusive cuantos contactos comenzaba a tener el marqués de un pequeño y poco conocido territorio. Era uno de los pocos gobernadores sobrevivientes de la zona, aquello era lo primero que le acercaba a los demás. No había muchos otros a los que recurrir. Lo segundo, y sobre lo que no sabía en absoluto como sentirse, era su propia medida de buscar y obtener alianza con un reino extranjero que sí gozaba de renombre, sí le exponía a mayor visibilidad. Él, el defensor de un sólo marquesado y sin haber ambicionado en su vida más que protegerlo adecuadamente, se veía envuelto en mucho más de lo que habría anticipado. Él, quien tan poco podía aportar a todo un gran mundo, encontraba cada vez más cosas que podía e irrefutablemente debía de hacer. Él se lo había buscado al involucrarse en tantas cosas, mas seguía sin decidir cómo se sentía al respecto. Sólo sabía que si había algo que él podía hacer, algo en lo que pudiese ayudar, pues allí iría.

Ahora se trataba de Valentia. Siendo honesto consigo mismo, inclusive con la estabilidad y los muchos recursos y ventajas que podía uno contar a favor del reino portuario de Chon'sin, último reino superviviente del continente vecino, Eliwood no había creído que perdurase mucho más con tanto en contra. Así, había previsto que la caída de Valentia se haría total en algún momento u otro y, entonces, que habría mucho de qué preocuparse en Elibe. Que un país lograse resurgir en las condiciones actuales le era grata y extrema sorpresa. Cambiaba el tablero de juego por completo. No obstante, sin conocer la estabilidad de la situación no podía sino urgirse de visitar Nagaýen cuanto antes. Despuntaba el décimo amanecer desde entregada la última carta entre el marqués y el sacerdote extranjero, y el barco del primero ya había arribado al puerto del último. Al décimo cuarto, ya había cruzado buena parte del terreno en ruta a la capital y su palacio. Al décimo quinto, ya se le recibía en Benia.

Y era que no terminaría de sentirse calmo con el asunto si no comprobaba con sus propios ojos que Nagaýen viviría. Más aún, fuese como fuese a desenvolverse el destino del lugar, la dama que había surgido al trono era un contacto que querría tener; sus tierras, unas de las que querría saber cuanto pudiese. El relacionamiento político no funcionaba a oscuras, no en la forma en que Eliwood prefería. Conocería tan cercanamente como pudiese el lugar, comprobaría tan bien como pudiese la clase de personas que lo gobernaban y entonces sí conseguiría juzgar si había utilidad, valor o potencial allí.

La costa del reino que abarcaba todo el sur de Valentia había lucido normal y pintoresca, pacífica para quien se acercaba con velas blancas izadas. El recorrido posterior había puesto en calma gran parte de sus cuestionamientos, pues la población no era escasa, había más de una ciudad en pie y perfecto funcionamiento, y veía terreno apto para cultivo. La misería parecía tan lejos de lo que hacía tan poco tiempo se considerase tierra perdida. En ese sentido, no era un sitio en absoluto vulnerable. Eliwood asumía ya que la reina debía de ser una buena economista, para alcanzar tal nivel de desarrollo en tan cortos plazos; le decepcionaba no tener momento de detenerse a dar el recorrido de su interés personal, buscarse pinturas o esculturas que ir pidiendo para su propio castillo, pero no era la ocasión todavía. Al menos, en el palacio, se aseguraría de pedir música. Era un hombre con tiempo y humor para pequeñeces y ninguna clase de crisis se lo quitaría.

La cantidad de soldados puestos a la labor de escolta le puso en alerta, muchísimos para lo que él acostumbraba o de lo que disponía; Pherae no era un sitio de gran extensión, su población tampoco era demasiada y, por ende, su ejército era pequeño. Jamás habría podido disponer de tanto para proteger a un sólo hombre. Buena economía, gran fuerza militar... estaba atribuyendo todo eso a la reina con la que estaba por encontrarse, cabalgando a la par de los demás al ingresar a Benia. Nada más característico respecto a Pherae, sino su caballería; como líder de la misma, el pelirrojo agradecía que se le permitiese cabalgar por sí mismo en lugar de confinarle a un lento y cerrado carruaje. Por paciente que fuese, prefería ahorrarse aquel tiempo en la llegada a Benia. Cruzó la ciudad guiado por los escoltas, siguió con naturalidad el protocolo requerido al separarse de su montura, inclusive entregó sin chistar el sable portado en su cinto al ingresar por las grandes puertas del palacio. Tan sólo mantenía consigo cierto bulto envuelto en terciopelos que cargaba, un innecesario presente a la reina que aceptó fuese revisado. Los modales eran definidos por el anfitrión, no el invitado; y el Lord no sería sino un invitado perfecto en donde fuera que se hallase.

Caminando erguido por aquellos salones nuevos a sus ojos, el varón no mostraba asomo de haberse desarreglado en su travesía; ni una sola arruga en el ceñido traje negro de botones y cordeles dorados, una de las más finas de sus capas azules asegurada a las hombreras rectas. Un marcado contraste respecto al cabello rojo, acomodado con la fina banda dorada que debía portar un marqués. Debía de mantener su imagen tan cerca de la perfección como fuese posible, aunque las décadas de ninguna otra vida, ningún otro modo de permitirse ser, le habían vuelto aquel instinto el más natural y característico. Asumía grandes cosas de la reina, por lo que asumía también que sería alguien difícil de impresionar. De poder prepararse aún mejor, seguramente lo hubiese hecho. Y sin embargo repasaba mentalmente las cartas recibidas, documentos que portaba aún por si llegase a necesitarlos. No necesitaba releerlas para pensar en un pasaje que había llamado de sobremanera a su atención: "La reina estaría encantada de conocerle. Puede que no cumpla sus expectativas, pero..." Aún no podía imaginar el motivo tras las palabras. Era la heredera legítima, después de todo, y tanto su reino como su palacio sí lucían a la altura.

Al salón del velo no ingresó tan acompañado como hasta ese punto había venido, por lo que intuyó que al fin la vería. El misterio prevaleció, sin embargo, al quedar frente a la vaporosa tela que sólo permitía distinguir la silueta de la mujer, apenas algunos colores o detalles difuminados por la tela. Aún así, el marqués dio una grácil y marcada reverencia del otro lado, pues al menos aquel gesto podría ser visto con claridad. Seguramente el hombre junto al velo indicaría cuando fuese apropiado cruzarlo o abrirlo.

- Reina Elizabeth de Nagaýen. Presenta sus respetos Eliwood, marqués de Pherae, de la Liga de Lycia. En conmemoración a este, nuestro primer encuentro, desearía presentarle con un regalo de mi parte. - Se anunció. Nada de humilde tenían sus atenciones, al contrario, la forma más infalible que conocía de impresionar a una mujer tendían a ser las joyas, así que en eso se había enfocado. Desenvolvió la caja de joyería y la abrió para la vista no de ella, sino del hombre junto al velo, a quien asumía su sirviente personal. Sería quien aprobase o desaprobase, según suponía el marqués, del par de largos aretes dorados; finas cadenas en las que brillaban diminutas piedras de zafiro blanco. Aretes largos que en una persona común se sentirían algo pesados y estorbarían o se enredearían con facilidad en el cabello, pero estaba apostando a que vería a una mujer de otro nivel enteramente. - ¿Si se me permite? - Preguntó, sin atreverse a ser él quien tocase el velo o hiciera amago de cruzarlo. Lo cortés a sus estándares, en tal caso, sería acudir él mismo a presentarlos y que la dama los usara cuanto antes, pero no conocía tan cercanamente Nagaýen y sus costumbres como para asumir que se hiciese así.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

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★ ★ ★

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Dagas de acero [4]
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Katana de bronce [3]
Gota de Veneno [2]

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Re: Y con ustedes, ¡la polla real! ¡Es un gallo! {Social} // Eliwood

Mensaje por Eliwood el Jue Jul 14, 2016 8:11 pm

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Re: Y con ustedes, ¡la polla real! ¡Es un gallo! {Social} // Eliwood

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