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Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

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Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Pelleas el Sáb Jun 18, 2016 12:47 pm

Era un largo camino desde el norte de Nagaýen hasta la Ciudad del Golfo, suficiente como para ameritar varias paradas y el descanso de una o dos noches, antes de siquiera avistar a ciudad costera. Un camino particularmente lento para una ostentosa procesión de carrozas cerradas, como aquella, más orientada a mantener en comodidad y lujo a sus ocupantes que cruzar las distancias aprisa. Las rutas que tomaba eran tan sólo las más llanas y mejor protegidas; el movimiento del vehículo tan lento y parejo que apenas se percibía al interior del mismo. Cómodo como jamás había estado en sus viajes, el mago oscuro que ocupaba el segundo vagón mantuvo su puerta cerrada y sus cortinas entornadas, enfrascándose con agrado en su aislado y calmo ambiente. Un viaje largo era tiempo aprovechable. Y hacía tanto tiempo que no había gozado de verdadero lujo, eternidades a su parecer, que no le molestaban las demoras.

El título de príncipe le acompañaba a donde fuese y el oro jamás había escaseado, pero en las desoladas tierras de Valm, de nada había servido tener oro para gastar si no había nada en qué gastarlo. Salía de semanas de solitario acampamento en mitad del Viejo Imperio, semanas en que sólo había sido él en la inmensidad de los despojos, rodeado de nada más que tierra muerta y rutas de marcha de los emergidos. Materiales para sus estudios, sí, tan abundantes como podía pedirlos, pero nada de comodidades. Al salir de aquel retiro, cargado de resultados que deseaba llevar hasta Plegia y sintiéndose como si no hubiese hablado en años con otro ser humano vivo, Pelleas se había visto más que alegre de poner una generosa cantidad de oro en ese transporte: la caravana dispuesta para otro noble que cruzaba Nagaýen. Carrozas preparadas en mayor parte para algún invitado extranjero de importancia, un varón de fuera del continente hasta donde había podido entender, pero que por la suma correcta transportaban a uno u otro acuadalado. Nobles de su calaña en el primer par de vagones, oficiales del gobierno de Nagaýen en los siguientes y equipaje en los últimos. Aún así, el espacio sobraba y el arreglo era más que cómodo.

El primer día de viaje, Pelleas no había hecho mucho más que comer un poco y dormir a sus anchas. No se le había considerado disponible por la jornada entera, mientras gozaba una de aquellas tandas de 10 horas de sueño en pleno día que su cuerpo verdaderamente extrañaba; por el mismo motivo no había siquiera pensado en presentarse al noble al que temporalmente pertenecía la caravana. Si evitaba hacerlo por la totalidad del viaje, mejor aún. En aquel, el segundo día, apenas se sacudía un poco el letargo para echar una revisión y poner algo de orden a las numerosas anotaciones que había generado en el último tiempo, releyendo desde su mullido y largo asiento. Acomodaba, corregía y numeraba con la cortina apenas entreabierta para darle la luz suficiente. El paisaje afuera era ignorado por cuanto no pareciese haber nada inusual, sino vistas que no le molestaba perderse. La larga hilera de carrozas sólo captaba su atención en sus más ruidosos momentos; en aquel día, por algún motivo, los ocupantes parecían agitados. Inclusive dentro de su espacio cerrado oía las voces desde acá y allá. Si había algo que les tuviera en alboroto, asumía que no era un asunto en que debiese meterse, sino hasta que su propia carroza se sacudió violentamente al dar contra algo. El vehículo se había detenido de sopetón, y el vagón segundo chocaba contra el primero, así como el tercero le golpeaba del otro lado.

Pelleas sujetó sus papeles con fuerza para que no cayesen, o nunca volvería a encontrar el orden, y suspiró pesadamente. No quería problemas, pero no había nada que hacer si venían a él. Se estiró hacia la ventana y corrió la cortina para intentar dilucidar la causa de alboroto. Pasaban cerca de una especie de sitio de minería, a juzgar por las entradas cavernosas y los carriles. Y el lío, en sí, venía hacia ellos: salidos de las minas, un puñado de hombres y mujeres cubiertos de suciedad, arrastrando sus cadenas rotas, intentaban huir a libertad. Justo en dirección a la caravana. Los guardias de la misma no parecían saber si enfrentar a los fugitivos, o meterse de regreso dentro. El motivo se tornó obvio cuando las miserables figuras se hubieron acercado más: corrían como salvajes, apoyando las manos en el suelo para abalanzarse y esquivar a los guardias, algunos de ellos con frondosas colas al final de sus espaldas, otros con alas maltrechas y torcidas detrás. Esclavos subhumanos, huyendo de sus puestos de trabajo. Uno de ellos consiguió cambiar su forma a la de un corpulento tigre de pelaje faltante en varios lugares, intentando saltar por sobre uno de los vagones, sólo para ser alcanzado en las piernas por las armas de los guardias. El tigre dio contra el vagón antes de perder su tansformación; aún así el carro contiguo al de Pelleas, tercero en la fila, se tambaleó hasta volcarse por el impacto. La sacudida, además de causarle más irritación que desasosiego ahora, convenció al mago oscuro de que era momento de salir.

No había sabido nada respecto a Nagaýen, tan sólo que tenía un puerto desde el que podría viajar a Akaneia. No había sabido que manejaban esclavos, muchos menos la especie de los mismos. Oh, pero cómo simpatizaba en esos momentos con el reino sureño, por aquel hecho que apenas conocía. No le molestaría ofrecer asistencia, o al menos reunirse con los demás en un momento así. Saliendo de su vagón, el hombre de cabello ondulado y postura algo encorvada se aproximó tras donde se aglomeraban los guardias, protegiendo un vagón más importante. Pasó tras ellos para tocar la puerta del mismo. - Este... si me disculpa. - Se aclaró la garganta un poco y entreabrió la puerta, sin atreverse a mucho más. Si allí dentro estaba la persona de importancia, era esa persona con quien tendría que hablar. - Parece haber una... situación un poco complicada. Si hay algo que pueda hacer, me gustaría ofrecer ayuda. -
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Hasim el Sáb Jun 25, 2016 4:36 am

Furibundo, ese era el humor de la joven promesa a tomar el mando en la prospera y floreciente región de Seriola.  
Había pasado un tiempo ya desde que perdiera a su amado Naruga, y habiendo tenido que llevar extrañas negociaciones con las regentes regionales, el pequeño clérigo había pasado de la más infinita desdicha a convertirse en un huracán de odio  e ira el cual se desataba al más pequeño comentario.  
Después de tener que tolerar a esas pedantes mujeres, arrogantes, tontas mujeres que no hicieron más que humillarlo y obligarlo a doblegarse y tratarlas como… como si fueran personas?! El jovencito echaba espuma cada vez que recordaba todas y cada una de las charlas, de las palabras, de los modales que lo obligaron a mostrar haciéndolo doblegarse ante las regentes de un país rival. “Es por la imagen de papá, es por la imagen de papá” se repetía una y otra vez en su mente, mas eso no le sacaba sus ganas de mandar azotar a su comitiva entera.
 
Hacía apenas dos días desde que emprendieran camino, y ahora el jovencito avanzaba en una caravana de carretas haciendo el camino largo hacia los puertos. Sabía que había otros nobles y ricos comerciantes en dicha comitiva, pero sus consejeros le habían marcado con especial ahínco que no mantuviera contacto con nadie por el bien de su propio reino. Por supuesto había replicado y chillado por esto, pero al fin de cuentas, como siempre, hacia caso de sus consejeros. Pero eso no significó que no les hubiera arrojado un par de bandejas y una copa de bronce en el proceso.


Apretando los dientes de tener que viajar en una caravana compartida ya que se negaba a viajar en barco nuevamente, el jovencito se había pasado esa tarde abrazando fuertemente un almohadón solo pensaba en sin mejor pasatiempo que mordisquear sus costuras, pensando únicamente en lo aburrido que estaba y como quería llegar ya a su palacio, por eso cuando la frenada se produjo lo agarró tan de improvisto que casi se golpea de cara a la pared.
Enajenado y más rabioso que antes asomó medio cuerpo por la ventana de su vagón vociferando a los cuatro vientos mucho antes de saber que pasaba

-Porque nos detenemos! Quien ordeno tal cosa!? Capitán!-

Prontamente el hombretón de espeso bigote, quien ya había puesto hombres alrededor del carro en cuestión se aproximó hacia el jovencito para explicarle la situación, pero no llegó a mediar palabra cuando el sub humano en su forma bestial embistió el tercer vagón, haciendo que los gritos y las tropas comenzaran a desplegarse por todo el recinto. Hasim fue rápidamente jalado hacia atrás por uno de sus consejeros  mientras otro se apresuraba a cerrar la ventana.

-Esto es grave, majestad… Esos subhumanos son de la camada que les vendimos a estas tierras, no debe ser visto, mi señor. Si alguno de esos engendros le llegara a reconocer…. Su imag-

El consejero fue interrumpido por un llamado a la puerta, que hiso que todos los allí presentes callaran inmediatamente. La figura que entreabrió la puerta era alta e imponente,, y si bien el muchachito creyó haberle visto la silueta cuando estaban partiendo, la verdad es que su rostro no le decía nada en particular, por lo que estuvo a punto de largarle un buen surtido de improperios, cuando su consejero se apuró a hablar antes que terminara de llenar los pulmones.

-Oh noble señor! Por favor acompáñenos, no se exponga al peligro de estar a la intemperie con esas bestias sueltas por ahí-

Sin comprender porque tal muestra de modales el duque se giró para a interrogar a su consejero, el cual susurró muy por lo bajo.

-En su pulgar, el emblema de la casa real de Daein-

Se incorporó de su asiento de un brinco con los ojos como plato, el hijo de duque clavó su mirada primero en su consejero y luego ante el desgarbado hombre que se paraba en el umbral de su puerta.
Podía ser cierto? Tenia enfrente a un pariente del famoso rey Ashnard, a quien tanto admiraba a la distancia y veía como un modelo a seguir, un ejemplo de mano firme y  soberanía con el cual lamentaba los años que habían puesto a sus naciones como rivales.
Hinchó el pecho de emoción mientras contenía sus impulsos juveniles. Ante todo estaba ante el representante de una nación enemiga, no debía permitir que su entusiasmo empañara su imagen, ante todo mantener la etiqueta.

-como dijo mi asistente , acompáñenos. Es peligroso mantenerse a la intemperie. Mis hombres pronto habrán lidiado con esas bestias-

Dijo justo en el momento que el chillido desgarrador de un soldado siendo alcanzado por un garrazo llenaba por completo la habitación. Haciendo que el muchachito diera un pestañeo mucho más largo de lo que cualquier ser humano haría.
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Pelleas el Jue Jul 14, 2016 10:18 pm

Cuando su mano derecha dejó la puerta, inevitablemente regresó a la izquierda, a sujetar con inquietud la pequeña montaña de libros y documentos envuelta en un bolso de tela, que mantenía en todo momento contra sí. Los dedos cargados de anillos quedaban fácilmente a la vista, mas el inexperto príncipe no consideraba aún el modo en que esas cosas lo delataban; asumía, igualmente, que no era tan importante. Cuando uno de los varones de mayor edad le habló desde dentro del carruaje, lo primero que asumió fue que se trataba simplemente de la amabilidad extendida entre un humano y otro, frente a las bestias allí afuera. En un sitio así y con lo que acababa de presenciar, era de esperarse que pudiesen ponerse todos en una misma perspectiva.

En segundo lugar, y habiéndose apenas asomado un corto paso más a través del umbral, lo que debió de reconocer era que no traía la más ínfima idea de cual de ellos era el personaje importante. Si juzgaba por edad, tendría a un candidato fácilmente identificable. Si juzgaba por porte y fortaleza, sería otro. Si juzgaba por joyas y bienes, se decantaba por el joven y esbelto muchacho que acababa de alzarse de su asiento, mas nada de ello era conclusivo. Perdido respecto a cómo proceder, anduvo con la cabeza algo gacha en precaución al ingresar un poco más a la estancia, sin saber con certeza a quien mirar o ante quien justificarse. - Um... pero... - Titubeó. Pretendía ayudar, no refugiarse. Era para eso que se había aproximado al vagón en primera instancia, aunque debía de admitirse que los ruidos al exterior le generaban incesantes escalofríos, y no perdía una indecible tensión al no tener la vista atenta a la escena. La presencia de los subhumanos seguía causando estragos en él, contra todo empeño de su fuerza de voluntad. Una mezcla de ira y deseos de unirse al combate, y el más puro rechazo. La decisión le correspondía a alguno de aquellos hombres.

Habló en voz determinante el muchacho de corta estatura. Entonces debía de ser él, la persona de importancia por la que tal despliegue de lujos estaba allí. Ahora sabía hacia quien dirigirse. - Comprendo. Le agradezco mucho recibirme. - Pelleas asintió, respondiendo con una profunda inclinación de la cabeza. No sabía con presición de quién se trataba, pero suponía que no erraría en ser demasiado cortés ante él. Decidido su proceder, se giró un tanto para cerrar la puerta tras de sí, recibido con el súbito grito y una salpicadura distante de sangre tan fuertemente impulsada que alcanzó a dejar la mancha de algunas gotas en la entrada, así como en la punta de sus botas. Lo que sea que allí afuera sucediese, no correspondía del todo con lo que el noble acababa de decir. En el silencio que prosiguió, no pudo sino dar una leve e incómoda sonrisa. - Err... claro. Parecen ser sólo esclavos, después de todo. Seguramente, um, el ejército local debe tener esta clase de hechos bajo control. -

Lo pondrían bajo control pronto, no debía de ser nada. Aún así, al cerrar la puerta y adentrarse en el resguardo del carruaje, Pelleas no pudo evitar lanzar más de una mirada por sobre el hombro, hacia las ventanas, cuya vista era impedida por las cortinas entrecerradas. Habría querido saber el destino que depararía a las bestias fugadas, o cuanto menos observar el proceso. De alguna forma, creía que le haría sentir mejor. Era una lástima. Se desprendió de la idea momentáneamente y regresó la atención al carruaje. Ya grandioso desde afuera, resultaba enorme visto desde adentro, tan ornamentado y colmado de muebles y comodidades que se sentía más como una habitación cerrada en un palacio, que un mero vehículo de viaje. Con su andar cabizbajo y dubitativo, se aproximó cuanto le pareció prudente al joven de tez oscura, tan lejos como tres zancadas o más. - Me disculpo, pero desconozco ante quien me presento... sólo sé que no se trata de nobleza del mismo Nagaýen, mas su nombre y su identidad no me fue mencionada. - Y era difícil ser apropiadamente respetuoso si no tenía siquiera un nombre. Atinó a recordar, entonces, que las cosas tendrían que haber sido dichas al revés, y con un carraspeo se apresuró a corregirse. - A-ah, claro, por mi parte... mi nombre es Pelleas. Príncipe de Daein. Agradezco que me permitiera viajar aquí. -

Antes de que pudiese hacer o decir más, un nuevo golpe resonó contra la pared del carruaje. No tan fuerte como para remecer la estructura, pero sí suficiente como para hacerse audible. La vista de Pelleas pasó de inmediato a la fuente del sonido, volviéndose a cuenta nueva hacia la ventana, a tiempo de avistar un sanguinolento desastre de plumas y cadenas dar contra los cristales una única vez, antes de ser retirado a fuerza. En lugar de impulsarse a resguardarse, el sobresalto le había hecho enderezarse, poniendo un gesto tenso y molesto en sus facciones. Su desagrado continuaba creciendo y ahora realmente quería ver, si tan sólo para presenciar los castigos. - ...lo siento. Me ha tomado por sorpresa, todo esto. -
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Hasim el Dom Jul 17, 2016 6:55 pm

-Príncipe..- murmuró en voz baja el muchachito mientras con disimulo miraba de arriba abajo nuevamente a su invitado. Llenó sus pulmones y se obligó a serenar su propia emoción, la cual insistía en agolparse en su pecho y hacer que le zumbaran los oídos.
Si bien el muchacho que tenía enfrente no se parecía en nada a la tan famosa imagen del gran y poderoso rey Ashnard, debía reconocer que la altura y el porte de este eran rasgos que solo debían de pertenecer a la familia real de Daein, además, que otro llevaría tal sortija sin temor a posibles represalias si realmente no se trataba de un autentico noble el cual camina con la calma de portar un título como escudo.
Se giró hacia su grupo de consejeros a los que educadamente envió a ayudar a los soldados en el exterior. Estos trataron de replicar, pero una rápida palabra del muchacho con la entonación correcta sesgo todos los reproches de estos, los cuales disculpándose con el invitado, abandonaron el carromato cuidando siempre de no abrir demasiado l puerta.

La batalla todavía encendida se hace presente con sus  ecos dentro del carromato, pero los bramidos y quejidos empiezan a llegar cada vez más distantes. A esta peculiar sinfonía, ahora se le suman los canticos de sus sacerdotes consejeros, y los murmullos de agradecimiento de los soldados al recibir el bálsamo sanador.
Hasim suspira  satisfecho de que la situación parece mejorar y toma asiento nuevamente cruzándose de piernas sobre el sinfín de almohadones que servían como asientos, con un ademan invita al príncipe para que lo imite.
Los cojines del recinto eran todos del mismo tamaño, y si bien parecían estar distribuidos sin ningún orden, todos estaban puestos para que los de colores y bordados verde y azul quedaran por abajo, y que los blanco perla con el emblema de Seliora bordado en dorado permanecieran por encima, indicando el orden de las verdaderas sillas.

-Mil perdones majestad, por las complicaciones que esto ha tenido en su viaje.. le prometo que se solucionará a la brevedad-
-Tiene razón, alteza, no pertenezco a la nobleza local. Mi nombre es Hasim, hijo primero del duque de Seliora, región al norte de Begnion. Encantado de conocerlo.-


Llevó la mano a su propio pecho haciendo una ligera reverencia con la cabeza. Sus manos cubiertas de anillos de distinta índole y tamaño dejaban ver su propio anillo nobiliario el cual asemejaba a una dorada serpiente abrazándole el dedo.

Mientras espera a que su invitado se acomode, revisa entre los dijes que adoran su intrincado cinturón hasta que da con una especie de ópalo dorado con un intrincado bajo relieve, el cual es un poco más grande que un huevo de gallina, algo un poco impráctico para una pieza de joyería, pero que Hasim siempre llevaba consigo debido a su gran valor estratégico.
Manteniendo la base firme, lo hace girar sobre si mismo hasta que desenrosca  y abre por la mitad. De dentro del caro escondite, extrae una pieza de pergamino extremadamente comprimida y arrugada, la cual empieza a desdoblar con sumo cuidado.

- … “De momento estoy en otros asuntos importantes pero enviaré a mi hijo a Begnion para tratar estos temas”-

Lee en voz alta un fragmento de la carta que le enviara el rey de Daein, y que le llegara apenas un día antes de que él partiera en esta loca y turbulenta aventura por el reino aliado.

-Debo admitir que estoy sorprendido, majestad. Según la letra de s padre, deberíamos encontrarnos en  mis tierras, no obstante aquí lo tengo ante mí tan lejos  del punto original de reunión que me hacen preguntarme si esto es una acción premeditada, o el gran y poderoso accionar de la divina fuerza superior, que a todos nos gobierna y guía?-

Mientras habla, extiende el documento al príncipe para que este pueda verificar con sus propios ojos la letra y firma de su propio padre.

-Oh! Pero que modales los míos! No le he ofrecido nada de beber. Mil perdones majestad. Que se le puede ofrecer?-

Señaló con la palma extendida a un pequeño aparados donde diversas botellas de fino cristal. Diversos licores reposaban dentro de estas, al igual que toda clases de vinos y un raro tipo  de aguardiente que había adquirido recientemente en un mercado local el cual le habían asegurado que era de la mejor calidad.
Al haber despachado a la servidumbre, era su deber como anfitrión y como noble menor, servir de las necesidades del príncipe mientras estuvieran en soledad. Era humillante, pero en esta ocasión no le importaba morderse las mejillas y tragar su orgullo para ofrecerle una amable sonrisa a su invitado, y el que esperaba fuera el primer paso para solucionar todos los problemas que aquejaban a su patria.
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Pelleas el Lun Ago 01, 2016 5:51 pm

Nada extraño veía en prescindir de la comitiva del muchacho. Del modo en que las cosas se desenvolvían frente a sus ojos en Daein todo el tiempo, se suponía que fuese mejor tener privacidad que seguridad; pocos guardias, si acaso se les mantenía por allí, pues de todos modos un varón digno no tendría que temer estar sin compañía defensora. Además, todos estaban del mismo lado allí, o así era como lo veía. Su orden de prioridades se hacía más claro de lo que él hubiese conscientemente sabido: raza sobre nación, sin importar más. No obstante, en lo que a naciones respectaba, había sólo dos cuya mención podía desbaratar todo el asunto y volverlo incómodo, dos con que su reino mantenía una fría y muy silenciosa enemistad. Y el joven de ropa blanca y dorada tuvo que mencionar justo una de ellas.

Pelleas tragó saliva, pensando que realmente había metido la pata, con sólo estar allí con él. Infinita su suerte de estar tan lejos de casa, tener la ocasional libertad de saber que no todos sus actos y experiencias tendrían efecto alguno en casa, pues su padre ni pedía ni se interesaba en que le escribiese sobre su vida, ni sabría la mitad de las cosas que al mago oscuro le sucedían. Rogaba en fuero interno que jamás llegase a él palabra de que había estado en tan buen término junto a un noble de Begnion. Un golpe sería lo menos que esperaría, más bien, ser pateado de su título se hacía ver muy posible en su imaginación, hiperactiva cuando las cosas lucían pesimistas. Esperaba no lucir tan apesadumbrado como comenzaba a sentirse. Al menos, la postura decaída y el gesto ausente no serían nada raro en él. - B-Begnion... ya veo... - Titubeó, pensando aprisa que le correspondía actuar natural. Daein guardaba animosidad contra la teocracia, pero no era como si estuviesen en abiertas hostilidades, menos cuando los emergidos hacían parecer que sus enemigos eran otros. Y moviéndose tanto como había estado haciendo esas semanas y meses, la carta de su padre que le informase del cambio de situación todavía ni se acercaba a sus manos.

Ya estaba allí y ya estaba en esa situación. Tendría que seguir hasta el final. Se enfocó en lo educado y agradable que el otro estaba siendo; un muchacho algo más joven que él, por seguro, pero que debía de ser una persona mejor instruida. Pretendía corresponder y aceptar su bondad, aunque desde su perspectiva, una montaña de almohadones no le parecían lo mismo que un sillón y, de hecho, se le hacía un poco raro acercarse. Lo hizo igualmente, mas se quedó de pie próximo a Hasim, viéndole abrir lo que suponía era un caro y extraño joyero. Parecía que quería enseñarle algo. Ese pergamino que extraía quizás era el motivo por el que les había hecho quedar a solas, después de todo. No fue sino hasta oírle leer de aquel trozo de papel, que sintió inevitablemente que necesitaba asiento, casi que dejándose caer entre los almohadones junto al otro. "Mi hijo", leía. Palabras de su padre. El hombre que no le dedicaba una sola palabra fuera de lo necesario, aparentemente había estado comunicándose con el heredero a duque. No conseguía nombrar la extraña pero agria sensación que aquello le dejaba. Tomó el documento sin dudar lo que en unos momentos confirmaría, pero afectado igualmente.

Escuchaba la voz de Hasim, pero no registraba del todo lo que decía. No obstante, al serle ofrecido alcohol la respuesta era automática. - Sí por favor. Cualquier cosa está bien... sólo, um, será bueno no excedernos. En esta clase de situación... - Dijo, sin terminar de explicarse del todo. Se ocupaba en leer la carta que refería a asuntos internos, algo sobre la incapacidad de otros gobernantes... no lo entendía todo, pero algo estaba gestándose. Lamentablemente, sólo por aquella carta, no podía deducir nada más que eso. Pensativo, bajó el documento fuera de sus manos y se replanteó las cosas, desviando la vista hacia la rendija de cristal que daba hacia afuera; donde el ruido había disminuido un poco. - Oh, este, ¿le importaría dejar las cortinas abiertas? - Apenas alzó la vista fue aquello lo que preguntó, extrañado y cauteloso de la situación que se desenvolvía justo fuera de la puerta del carromato. - Me inquieta no ver a qué desenlace llega todo eso... -

Como fuese, lo que más le sorprendía respecto a ese muchacho y la carta del rey de Daein, de entre toda la situación, era que su padre lo quisiera a él participando de un asunto así de importante. Era novedoso e inesperado, mas no había modo en que fuesen malas noticias. Se lo replanteaba una y otra vez. - Es... ha sido coincidencia, no iba a regresar a Tellius por 2 ó 3 meses más, pero... qué bueno que ha sido así, ¿no? - Dijo, comenzando a ver todo aquello en una luz positiva. Iba a participar en un verdadero asunto político de su patria, por primera vez, él mismo. Sonrió y se irguió un poco en su lugar. - ¡Intentaré encargarme de este asunto! Le ayudaré en todo lo que pueda, umm... si me informase usted en qué, con mayor exactitud... - Sus ánimos se fueron debilitando en el camino, al caer en cuenta de que no sabía en absoluto cual era su parte en todo eso. Ni siquiera qué era lo que se suponía que sucedería. Esperaba que el otro pudiese decírselo, aunque bastante seguro de que podría ejecutar lo que fuera que debiese.
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Hasim el Miér Ago 24, 2016 8:22 pm

Hasim marchó a servir pequeñas copas de licor para su invitado, llenando hasta el ribete dorado que adornaban las piezas de cristal, le ofreció al noble del país rival un exótico  brebaje de frutos rojos acompañados de licor de crema, algo extremadamente dulce y empalagoso pero que al infantil clérigo fascinaba.
Estaba volviendo con las bebidas a la mesa ratona cuando el príncipe sugirió abrir las cortinas del carromato a lo que el joven duque tuvo que apretar los labios para que su respuesta no retumbara dentro de las paredes de madera.

-Preferiría mantenerlas cerradas.-  Respondió con calma y parsimonia, muy en contraste a lo turbado que estaba por dentro.
-Usted disculpe, pero es costumbre en mi tierra no dejar que los moribundos e infieles tengan acceso al rostro de un noble. Ya sea por envidia únicamente, puedan echarnos el mal de ojo.-

Dijo con la mayor naturalidad que pudo intentando conservar la calma mientas ponía las copas sobre  la mesa dejando la correspondiente enfrente al alto invitado.

-Acaso en Daein no cubren los ojos de sus condenados?-

Preguntó con auténtica curiosidad volviendo a invitar con un ademan a que el noble tomara asiento, ciertamente que todavía estuviera parado lo ponía un tanto nervioso.  
Acomodándose en los almohadones en una postura formal, como la etiqueta indicaba, bebió un pequeño sorbo de su propia copa mientras intentaba darle tiempo al noble para que se acomodara.

-Oh! Una coincidencia dice usted? Bueno, yo creo que nada es al azar bajo los cielos de la gran señora. Si nos hemos encontrado en tan lejanas e inhóspitas tierras… ha  de ser una señal divina, no lo cree?
Una señal de que esta reunión debía darse de esta forma y en este contexto.-


Infló el pecho un poco más de la cuenta al decir estas palabras, el hecho de sentir que sus acciones tenían una aprobación divina lo hacía querer saltar de alegría, pero no, etiqueta sobre todas las cosas. Aunque su cuerpo no pudiera expresar su dicha, en su mente el joven se auto celebraba por su acción bien realizada.  Como no obtener la aprobación de su señora? Por fin acabaría con el injusto y tiránico mandato de esa jovencita pedante y chillona, y traería a la gran nación de Begnion un líder digno de su magnificencia.
Parecía broma que la nación más grande del mundo estuviera gobernada por una niña que no llegaba a cumplir ni siquiera la edad de merecer, pero pronto todo eso se acabaría, ya que tendrían al correcto líder que la nación requería. Un hombre con imposición, al que no se le objetaría una sola palabra ni tendría ridículas rebeliones internas para destronarlo. Un líder tanto a nivel intelectual como físico, el cual con solo su presencia podría acallar las rebeliones con esos fuerte y anchos hombros…
Despertando de su ensueño Hasim parpadeo un par de segundos al volver al aquí y ahora, pero esta vez volviéndose a mirar nuevamente al príncipe directamente.
Había algo raro en él, como una pieza que no terminaba de encajar. Ciertamente el color del cabello era indudablemente igual al de su padre. Peor había otras señales que dejaban insatisfecho al pedante jovencito.  Sus brazos eran muy delgados… su espalda muy estrecha. Habría sacado solamente parecido a su madre el joven señor de Daein?
Sacudió la cabeza tratando de pensar en otra cosa, ya que no era el momento ni el lugar.

-Oh! Así que todavía no ha llegado a recibir noticias de nuestra reunión? Es una verdadera lástima, peor ya que su padre me ha verificado por su propia letra y heráldica que está de acuerdo con nuestro trato, no habrá problema en hablar con confianza. –

Dijo mientras extendía la mano para que el noble le regresara su preciado documento

-El motivo de nuestra reunión no es otro que el futuro de Begnion, Daein y por ende del continente entero, por supuesto. –
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Pelleas el Jue Sep 15, 2016 6:35 pm

Inclusive desconociendo por completo a la persona con la que estaba, le era extraño que un noble de Begnion se hallase compartiendo bebida con él, ni mencionar el hecho de que la sirviese. Un hombre más experimentado habría sabido ser cauteloso al respecto, temer a venenos en el vino o a las consecuencias de incluir licor en una conversación importante; Pelleas de Daein no era ese tipo de hombre aún. Bebida era bebida, no estaría en contra ni pensaría mucho al respecto, más allá de considerar la situación levemente extraña. Miró con curiosidad el tono del líquido, un color que no le decía mucho respecto a qué era, mas no dudó en tomar la copa de donde era puesta para él. Acercado a sus labios, le olía agradable, al menos.

- Pero esto no es una ejecución como tal... ¿no? Sólo están exterminando bestias que escaparon. - Comentó en voz baja, dubitativo. Por más que su vista siguiera en las ventanas y sus oídos agudizados a los chillidos y rugidos afuera, no se atrevía a verdaderamente presionar el asunto con el otro noble. Sólo daba, de paso, su desdeñosa impresión personal. No situaba la matanza de un animal a la misma altura que la ejecución de un hombre. Una expresión tensa apareció en su rostro, acompañada de una tensión de la mano en torno a la copa, haciendo a los numerosos anillos en sus dedos rechinar suavemente contra el metal. Le enervaban. No se conocía a sí mismo como un hombre violento, pero su paciencia parecía desaparecer por completo de él, cuando se trataba de subhumanos. Ni siquiera dudaba en llamarles por aquella palabra ya. Apartó la vista de la ventana, girándose un poco más en la dirección del otro noble, pequeño a su lado, e intentó quitar su mente de ello también. - En estos casos, normalmente se castiga largamente antes de terminar, eso sería todo lo que llamaría protocolo... supongo. Hay sitios en que la forma de ejecución sería mucho peor, por tratarse de subhumanos... aunque no sé respecto a Nagaýen. -

Hacía su justo esfuerzo por responder sin contrariar al muchacho, pese a todo lo extraño respecto a estar reunido con él siquiera. Aún así, le resultaba imposible responder de positivo modo a su efusividad, sus ánimos religiosos. Su padre siempre se había burlado de aquello respecto a Begnion; oírlo de primera mano le dificultaba tomarlo en serio, más aún habiendo dejado atrás la imagen de Ashera. Alguna vez había creído, como cualquier hombre en Tellius. Pero la entidad creadora jamás le había hecho sentir perteneciente, como el lugar que había hallado para él y su magia en otras tierras, y tan distante era ya, que por largos momentos no había recordado siquiera a qué podía referirse "la gran señora", como Hasim le nombraba. - A-Ashera, sí, por supuesto... - Murmuró mucho después, ni siquiera en un volumen digno a oírse por sobre el caos de allí afuera. De inmediato alzó la copa, ocultándose tras el trago que impregnó su boca de un sabor empalagosamente dulce. Pero era alcohol, podía lidiar; aunque no le estuviese agradando en absoluto, prefirió seguir a mostrar el rostro en esos momentos.

Bajó la copa bastantes segundos después, vacía, cuando Hasim le adelantaba noticias de su padre. Seguía sonando tan extraño. Miró el documento en su mano, como si este pudiese darle nuevas respuestas, mas no sacaría de esa lectura más de lo que ya había sacado. Lo retornó al pequeño noble. Un trato pactado, eso era lo que Hasim había dicho, y lucía como la verdad de la situación. Aún estando desinformado, Pelleas se dispuso a hacer su parte, a adentrarse en aquella tarea que su padre había considerado adecuada para él, y se enderezó en el lugar, intentando cambiar su semblante. Debía tomarlo en serio. Respiró profundo y continuó con mayor soltura. - Um, no, la verdad es que mi padre no me ha dicho aún de... un trato entre Daein y Begnion. Esto no es una alianza, ¿no es así? No es púbico. - Dijo, mirando con mayor atención al otro. Conocía la situación de su reino y estaba esforzándose por trabajar con lo que sabía; la relación tensa con Begnion que públicamente no había cambiado, y las relaciones con el resto del continente. - Asumiría también que Crimea no tiene nada que ver en esto. Ni, por supuesto, Hatari y los países subhumanos al Sur... -

No sabía con certeza lo que aquello podía significar, ni lo que su padre pretendía con ello. De algún modo, dudaba que la visión del rey respecto a Begnion hubiese cambiado por completo. Pero era claro que aceptaba ese acuerdo para ver algo realizado, e intentando adelantarse a ello y cumplir con aquellas invisibles expectativas, Pelleas tomó su decisión. La decisión que creía que su padre quería. Habló con la mesura de siempre, aunque las palabras fuesen de peso. - De ser así, como le he dicho, tan sólo Daein y Begnion... entiendo la postura de mi padre, y está bien. Estaré en completo acuerdo. Y llevaré a ejecución todo lo que deba hacerse en el continente, pues supongo que mi padre no puede hacerlo en este momento. Como príncipe y como alguien que no está bajo la atención que está mi rey, creo que soy el indicado para hacerlo. Esto es... esto se trata de tomar control, ¿no es así? -
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Hasim el Miér Sep 28, 2016 12:33 am

El joven noble estaba relamiendo de sus labios lo poco que le había quedado de su dulce y empalagoso trago a la espera  que su invitado tomara finalmente asiento, con la mente ya trabajando en que tonos era correcto referirse a un diplomático de un país rival y repasando modales y cumplidos que todo erudito debía estudiar. Pero el comentario del alto príncipe lo sacó de sus pensamientos como un balde de agua fría que lo despertase por la mañana, e hicieron que se girara repentinamente hacia su invitado. La descripción de los sub humanos hizo que se le iluminara el rostro de repente, y la emoción le inflara el pecho. Teniendo que aferrarse a los extremos de su mesa ratona para mantenerse en su lugar, bramó olvidando por completo la etiqueta.
-SI! Exacto! No son más que bestias inmundas!-

Al solo escuchar tal reseña, Hasim se sintió profundamente fascinado por la naturalidad en la que la pronunciaba. Aquella forma de referirse a los sub humanos la cual siempre mantuvo y aplicó, mas todos sus docentes  habían hecho sus esfuerzos por moldear. “Toda creación de Ashera es sagrada” le habían repetido una y otra vez hasta que la mente del caprichoso niño había aceptado en referirse a esas bestias como cosas ligeramente superiores a una oveja o cualquier otro animal, pero que alguien le verificara con tal naturalidad lo que siempre había creado, lo flechó en el acto, afianzando para sus adentros que definitivamente el camino de Daein era el que Begnion estaba necesitando.
Tarde logró retomar el control de sus actos, y si bien la sonrisa de oreja a oreja seguía plasmada en sus labios pudo volver a sentarse de forma incorrecta, volviendo en su después de dicho lapsus de euforia.

-Oh! Mil perdones por este exabrupto.- Dijo mientras desviaba la mirada avergonzado por su falta de modales.
- Es la primera vez que escucho a alguien compartir tal opinión de los sub humanos. Sepa entender, la mirada que se enseña en Begnion sobre el asunto es mucho más… laxa a la que usted y yo compartimos.
Y me temo que está penado pensar diferente. Peor no dejemos que mi falta momentánea de etiqueta arruine la velada, por favor, al fin y al cabo esto debería dejar en evidencia lo mucho que necesitan afianzarse las relaciones de Daein sobre Begnion -


Inhaló hondo antes de continuar, todavía con las comisuras de los labios ligeramente sonrientes. Si bien había recompuesto su lastimero estado de momentos atrás, el corazón todavía le latía tan fuerte que podía escucharlo golpear contra sus oídos.

-No lo mantendré más en la oscuridad. Si , en efecto se trata de una posible alianza entre ambas naciones.
Como ya se le explicó a su padre, mi tierra sufre una terrible enfermedad: somos gobernados por una chiquilla tonta e incapaz, que no hace más que despotricar, dando órdenes absurdas que nos humillan a todos en el gran reino.
Es esta mi opinión únicamente? No, estoy seguro que unos cuantos senadores más dentro del consejo comparten esta visión, mas solo mi padre tiene las agallas de hacer algo al respecto. –


Chasqueó la lengua al recordar la imagen de la niña tonta sobre el balcón el día que fue anunciada.
Hasim, quien había asistido acompañando a su padre, tenía apenas edad para entender que acontecía a su alrededor y aun así le sorprendió que la gobernante de todos ellos fuera más pequeña que él, y ya desde sus primeras ideas el clérigo se había dado cuenta que esa mocosa no era digna de su puesto.
Dejó de hacer memoria y se volvió a su invitado nuevamente.

-Crimea? Hatari? – repitió esos nombres sorprendido que los mencionase en tal reunión. No quería tratar de anticiparse en plantear las cosas, ya había tenido demasiados exabruptos esa tarde, debería tomar nuevamente control y hablar lo justo de ahí en más, o solo conseguiría un problema en lugar de un aliado.

-je.. Si, en efecto es sobre tomar el control.- bajo ligeramente la cabeza al  afirmar las últimas líneas del príncipe.
-Y si lo piensa con atención,  es una idea lógica. Tan lógica que hace parecer una locura el hecho que no sea así ya.-

Volvió a removerse en sus almohadones ligeramente ansiosos por la respuesta del príncipe.

-Oh! Estaba usted sediento milord… desea alguna otra bebida? Algo sin alcohol me aventuraría a ofrecerle…
Disculpe que tenga que encargarme yo mismo de estos pormenores, pero entenderá que no quiero oídos no invitados a esta reunión.-
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Pelleas el Mar Oct 18, 2016 3:58 pm

No fue el mejor de sus momentos ni uno que querría recordar cinco minutos después, pero aquel cambio en la atmósfera producido por la alegre voz del otro noble, tan súbito para Pelleas, le hizo saltar un poco en el asiento, entre las almohadas en las que de por sí no se acomodaba con facilidad. Carraspeó, se removió un poco como si sólo se hubiese estado acomodando y pretendió que nada acababa de ocurrir. De todas formas, entre todo el revuelo, quizás Hasim no le hubiese notado. Lo cierto era que no había creído que sus propias palabras sonaran a tan abierta declaración contra las tribus de bestias; no se medía correctamente al hablar, menos aún después de tanto tiempo a sus anchas. Pero su pensamiento estaba expuesto, y el de Hasim claramente le correspondía. Un hombre de Begnion, allí donde las leyes de una reciente apóstol supuestamente habían dado por iniciada la era de la igualdad, le correspondía en ideas sobre subhumanos.

Lo que sucedía afuera lo hacía todo un poco menos sorpresivo, pero extraño aún. Lo que más resaltaba a su atención era que, hasta el momento, nadie había tomado una actitud como esa frente a él; podía ser todo lo deficiente en protocolo y más, pero se trataba de algo positivo para Pelleas al fin y al cabo, ver a Hasim reaccionar con tanta efusividad. Pese al alivio, no pudo evitar estirar una mano instintivamente a tomar por el codo al joven entre un movimiento y otro, sin entender cómo alguien no caía o quedaba enterrado en la maraña de almohadas y telas acolchadas que formaba ese asiento.

- Err-- cuidado, cuidado. - Murmuró, soltándolo a escasos segundos, con una incómoda sonrisa de disculpa. Sólo dio una leve palmada sobre su hombro, cuidadoso respecto a la pesadez natural de su mano, para hacer amago de dejarle quieto. - Está bien, quiero decir, en Daein la ley no ampara a esas criaturas... pero, si en Begnion es distinto, me imagino que las cosas deben ser un poco, um, complicadas para usted... y quizás sea por eso que mi padre decidiera hablarle. - Dijo, haciéndose él mismo a la idea. Eran dos realidades distintas, la que sabía respecto a Begnion y la que veía en ese lejano sitio, con la situación justo fuera de aquel carro. Torció el gesto un poco, bajando la vos al hablar con cierto rechazo la inherente. - ¿Los hay en sus ciudades? Subhumanos, quiero decir. ¿Tienen que convivir todos con ellos? -

De la forma en que lo entendía y cómo parecía plantearlo también Hasim, era un sitio dentro de Begnion que estaba compartiendo ideas con Daein, nada más que eso. Pero un ducado entero no dejaba de ser más grande que muchos de los reinos enteros que Pelleas había visitado en los últimos meses, tan grande como para constar de la voz de muchos, y el poder para hacer bastante más. Inclusive si fuese sólo Seliora, si careciesen siempre del apoyo de cualquier otro ducado, podía ser suficiente. Escuchó al muchacho en respetuoso silencio, en cierto modo maravillado de que se atreviera a anunciar de tal forma y con tal fuerza sus quejas sobre la Apóstol. Él no tenía aquella clase de valentía; pero los deseos de pasar a acciones en el asunto no escaseaban, menos aún si se trataba de una suerte de prueba personal que llevar cumplida ante su padre. Motivado por lo que podría ponerse en marcha ese día, en esa oculta reunión, e intentando mostrarse igualmente valiente y decidido, se adelantó a expresarse él también.

- ¡C-Claro! Le entiendo por completo. Quiere liberar sus tierras de un gobierno así, de que se les obligue a vivir así... y somos menos, en sí, los que vemos las cosas de este modo, pero en conjunto, seguramente mi padre ha pensado que podemos separar y arreglar las cosas debidamente. - Hasta allí, respondía tan sólo a lo que Hasim había dicho con tanta vehemencia. No obstante, prosiguió; porque el mago oscuro asumía, sin chistar, que se trataba de mucho más. Sin pausa, sin duda y sin necesidad de bajar más la voz de su usual volumen, prosiguió respecto a lo que en su imaginación había sido tomado ya como un movimiento bélico mucho más grande. - Son muchos enemigos, por supuesto. Sobre todo los reinos subhumanos... Daein costosamente busca más territorio físico, nuestras montañas siempre han sido nuestra mejor muralla y jamás se ha hablado de una expansión, pero creo que no quitaría que sea prudente lidiar con ellos. Al menos pensar en eliminar fuentes de amenazas futuras, alrededor de ustedes y de nosotros, como Gallia, Crimea... a-aguarde. -  Se frenó un poco, deteniendo la vista con un deje de duda en el muchacho con él. Aún siendo de perpetuo semblante inseguro, Pelleas no había visto necesidad de ocultar un ápice de sus ánimos bélicos; aún si fuesen las intenciones de su padre tan sólo reflejadas en él, no dudaba en absoluto en seguirlas. Y aquel sentido de amenaza respecto a los reinos laguz, al menos aquel temor, rechazo y desdeño hacia Gallia, no era sino puramente suyo, un odio y horror justificado que necesitaba esa clase de solución. No obstante, reparaba de súbito en que Hasim no había entrado en esa clase de conversación, sin mencionar más que a Daein y Begnion aún. El hombre de cabello ondulado carraspeó un poco, desviando la vista con inquietud. - ¿O... este... hablaba usted sólo sobre el problema de gobierno de Begnion? -

De tener vino, la clase de vino con la que estaba familiarizado, habría querido beber para cortar aquel momento. Al menos, para hallar el usual resguardo de ocultarse lo más posible tras una copa y hacerse de un par de segundos de ventaja, pero el único trago allí era la bebida dulce que no había disfrutado en absoluto, y que seguramente dejaría un sabor de boca extraño si seguía. Supuso que era mejor que no tener nada en qué ocupar las manos. - Um. Descuide, yo me encargo. - Murmuró apresuradamente, volviendo a servirse con manos torpes, si acaso tan sólo para empinar un largo trago y cerrar la boca.
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Hasim el Sáb Oct 22, 2016 12:30 pm

Hasim era consiente que se había dejado llevar y si bien no sabía hasta donde había llegado a perturbar con tal arrebato de emociones  a su invitado, deducía que debió ser mucha la efusividad de sus palabras, ya que este encontró necesario calmarlo en persona y no simplemente dejarlo recobrar el control de sí mismo.

-Perdón, mi señor, me he dejado llevar, le vuelvo a pedir perdones por el incómodo momento. -

Se acomodó algunos mechones del cerquillo mientras  respiraba hondo para conservar la calma, no era la primera vez que perdía el control de esa manera, pero  frente a un alto cargo era un error que no debía volver a repetir, menos a quien pretendía que se le aliara contra la regente actual de su país.  
Volvió a sentarse erguido sobre los  almohadones demostrando completa asiduidad en la forma de balancear el  cuerpo en el inestable asiento, pudiendo mantener una postura elegante y la frente en alto.
Su querida Seth siseó ansiosa dentro de su canasto a su izquierda, por lo que puso la mano dentro de este para acariciar y calmar a la dorada cobra y no incordiar al príncipe con su mascota. Por lo general su exótica  compañera tendía a asustar tanto a quienes no la conocían, que muchos se ponían a sudar u otros simplemente no la aguantaban y salían corriendo despavoridos. Esto siempre divertía al joven duque, quien estaba tan a acostumbrado a ella como ella a él, y también con la tranquilidad de que a la misma se le habían extirpado las glándulas que generaban el mortal veneno. Ahora, mansa y entrenada, la cobra llegaba a disfrutar enroscándose alrededor se su alteza, ya fuera desde el cuello o desde sus brazos, y poniéndose de mal humor si estaba muchos días lejos de su humano. Apenas Hasim bajó la mano dentro de su canasto, ella se enroscó rápidamente alrededor de él y calló sus siseos de atención.  
Estaba ahí, entretenido con su compañera y concentrándose en  mantener la euforia lo más bajo posible, cuando el comentario de sub humanos  recorriendo libremente las calles en Begnion casi consigue romper la poca calma que estaba manteniendo.
Con los ojos como platos se giró quizá demasiado rápido a su compañero apenas y conteniendo su tono de voz en un tono amable.

-Nunca en Seliora! Eso se lo garantizo.-

Estaba completamente indignado, no solo con la idea de que un sucio laguz caminara en libertad por una ciudad, sino también porque el príncipe que tenía alado realmente hubiera considerado que él vivía en una ciudad con tal característica. Aun asi, haciendo acoplo de su reciente autocontrol, logró mantener los ademanes lentos y que las emociones no le desfiguraran por completo el rostro.

-Por Ashera, cuánto daño nos hace esa pequeña mocosa como para que nuestro propio país vecino tenga tal imagen de nosotros.
Bueno! Ahora puede constatar de primera mano el daño que hace la chiquilla ocupando el trono. Que no me cabe la menor duda que si fuera por ella esas bestias caminarían libres por nuestras ciudades! –


Chasqueó la lengua y desvió la mirada, con miles de reprobadoras opiniones sobre la apóstol, pero también con lagunas opiniones que no diría nunca en voz alta sobre la educación que se le brindaba a la realeza en Daein. Si el príncipe de tal nación no era capaz de saber que trato se le daba a los sub humanos en el país del cual había formado parte antaño…  que montón más de cosas ignoraría el futuro heredero a la corona?
“Bueno, El rey Ashnard es famoso por ser poderoso, no culto” se dijo a si mismo zanjando internamente el tema.

Extrañado que le mencionase a una de las regiones laguz, y al reino de los amigos de estos, Hasim no pudo desdibujar la interrogante en su rostro.

-Galia? Crimea? Oh, si… ciertamente son un problema…-

Dijo tratando de figurar porque estarían dentro de la ecuación, pero se sacudió sus dudas sin que le importara demasiado. Como ya había dicho, estos eran sus planes de expansión, no debería  de  extrañarle que dentro de estos estuvieran  conquistar el continente entero.

-Veo que los planes de Daein son grandes… Interesante, muy interesante.
Ha escuchado de Hatari?
Siendo junto con nosotros su único país limítrofe la mía es una pregunta muy tonta.-


Hizo esta acotación sobre la ubicación de Hatari para ayudar al príncipe a orientarse geográficamente de una forma sutil y que este no la detectara. Quería con todas sus fuerzas pensar que el educado futuro líder de Daein sabría de qué reino hablaba rápidamente, pero su pregunta de hace un rato hacia que dudara de que tan profunda era la formación en las escuelas de este reino.

-Lo traigo a colación ya que hace poco recibí correspondencia de una sub humana de esa zona que se las tiraba de ser pensante y con poder. Pst! Imagínese mi asco cuando me dijeron de dónde provenía la misiva!
En fin, que la misma hablaba de esta tonta bestia y de sus planes de integración con la región y con intenciones de acercarse a nosotros comercialmente… Un disparate sin sentido.
Solo puedo alegrarme de haber escuchado de que ese reino es ahora solo arena, ya que los emergidos han destruido con todo a su paso.
Una lástima por los cientos de lobos que se perdieron… son una de las mejores manos de obra cuando se los entrena correctamente y aprenden su lugar.-


Tan concentrado estaba contando su historia que no se percató que su invitado se servía por sí mismo, mordiéndose el labio maldiciendo como había permitido que esto pasara sin haberse movido con mayor celeridad.

-Oh! Veo que el trago ha sido de su agrado-  Dijo con el rostro iluminado.
-Cuando nos despidamos le obsequiaré una botella. No se preocupe, he traído varias de mi viaje.
Muy bien… de lo que hemos hablado, por más escueto que haya sido, creo que ambos estamos de acuerdo en un mismo punto: SU padre es quien debería sentarse la trono de Begnion. La pregunta clave aquí es: Como sacar a la chiquilla de tal puesto?-
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Pelleas el Miér Nov 09, 2016 4:14 pm

Con cierta resignación tachó la mitad de sus palabras respecto a Begnion como un desliz, aunque ya no podía hacer más que carraspear y disimularlo. La mala imagen de Begnion en Daein no era un desarrollo de tiempos recientes, sino una constante desde su mismísima fundación, hasta donde Pelleas entendía; nada que hacer sino omitir mencionarlo por el momento. Suponía que su padre había decidido ya poner esas viejas hostilidades y diferencias a descanso mientras su unión durase. Intentó imaginar que fuese como Hasim decía, habría de conocer bien su propio reino y podía ser acertado su veredicto, en que el regimen de las Apóstoles sobre Begnion fuese la raíz de todas sus imperfecciones. Imaginar una alianza con Begnion era suficientemente extraño por sí sólo, mas si lo pensaba así, culpando a las mismas personas que Hasim culpaba y teniendo los mismos enemigos en común, podía parecerle hasta natural.

Asintió en silencio; la voz de Hasim llenaba los espacios con facilidad y él cómodamente se lo permitía, poco dado a hablar en extensión en sí, y más poco dado aún a interrumpir a alguien más ruidoso y extrovertido. Le impresionaba, inclusive, la confianza que irradiaba alguien con más de una cabeza menos de altura. Mientras le oía continuar su vista divagó en la infinidad de detalles dorados sobre él, en su ropa y hasta en los almohadones debajo, pues una de aquellas formas amarillas parecía moverse por sí sola. Al notar a la cobra, no pudo evitar que su mirada se quedase allí, tensa, siguiendo los tranquilos movimientos del animal en torno al antebrazo de su amo. No logró volver a alzar la vista al rostro ajeno, tardando un par de segundos en reaccionar cuando pidió respuesta suya.

- Hatari, sí, el desierto, pero... es sólo un desierto de laguz. No hay nada más. No vale la pena considerar, creo... - Respondió con simpleza. Casi nunca bajaba algún lobo a Daein, y cuando lo hacían, el pueblo se encargaba por sí solo de ahuyentarlos o castigarlos. Pelleas apenas los tenía en cuenta, mas lo que el muchacho de Begnion relataba parecía contradecir lo que el mago sabía. - ¿Correspondencia escrita? ¿Quiere decir que la carta fue escrita por una subhumana, en nuestras letras? - Aquello era lo primero que le sorprendía en lo relatado; no menos, por supuesto, que lo que venía después. Rebasaba el límite de lo que estaba dispuesto a ver como racional, causando de su parte una risa baja y un lento negar con la cabeza, pues el nivel de ridículo lograba hacérsele gracioso. - No tendrían nada que ofrecer, sus conocimientos tampoco serían nada, ni sabrían intercambiar moneda... que pudiera escribirle es realmente raro, pero el resto no tiene sentido. El subhumano que escribió la carta debió creerse tantas cosas. -

Por su parte, podía dejarlo en eso. Sería la delusión de una bestia. No obstante, si bien la respuesta de Hasim ante tal cosa era clara, pronto cayó en cuenta de que muchas otras no lo eran. Con un súbito gesto de preocupación en el rostro se volvió hacia el otro, hablando aprisa. - Ah, aguarde, ¿esa carta habrá llegado hasta los demás senadores? O sus familias, o la capital... si llegara a la Apóstol, espero que no sea capaz de ponerse en acuerdo con las bestias del desierto... ¿cree que lo haría? - Hizo una leve mueca. De ser así, el mago entendería de inmediato la necesidad de retirar a la líder de su puesto. Recordando la bebida en su mano, se obligó a empinar un largo trago antes de apoyar la copa de regreso en la mesa.

- Este... si los emergidos hubiesen derrocado Begnion habría sido simple, ¿no cree? La Apóstol habría salido de su puesto y quien lograse retomar el control seguramente sería el senado... pero, um, ahora que su resistencia se halla mejor que nunca, no imagino motivo o forma en que se retire... - Suspiró, ladeando la cabeza hacia las ventanas del carruaje. El exterior parecía mucho más silencioso que antes. Enfocándose tan sólo en el asunto a mano, bajó la vista y prosiguió, pensativo. - Pero... sé que la política de Begnion durante las guerras ha sido proteger la capital mucho más que los ducados, o los caminos. Seguramente la Apóstol no ha comandado ni logrado la expulsión de los emergidos, y sin embargo, ha estado sucediendo. Seguramente... todos los demás, siendo quienes sí se han encargado de Begnion, pueden tomar decisiones sin ella, ¿no es así? Al menos, rechazar esas propuestas de las bestias del desierto...- Sugirió. No tenía todas las respuestas, pero sentía la urgencia de evitar que Begnion siguiese tal camino. Afirmó un tanto el tono de su voz. - ¿No hay modo en que se impongan sobre ella? Daein reconocería las decisiones del senado o de usted como las de Begnion. Sería como en Plegia, que el gobierno y la iglesia alternan comando según la situación. -
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Hasim el Miér Nov 30, 2016 12:54 am

Hasim soltó una alegre risotada, completamente divertido en la forma abiertamente peyorativa en que su compañero se refería a las bestias. Le deleitaba, acostumbrado a tener que morderse la lengua a la hora de hablar, poder soltarse sin medir sus expresiones.  Era una libertad a la que el jovenzuelo no estaba acostumbrado y que le resultaba embriagadora, el príncipe le hacía entrar en una confianza que por lo general se reservaba para varios encuentros posteriores con un conocido, pero había algo en las pocas palabras que se habían dedicado que hacían que el muchacho de pelo blanco y piel canela quisiera pasar todas sus tardes en su compañía, olvidándose por completo la terrible guerra que dividía a ambas naciones.
Su mente era un torbellino de imágenes que fantaseaban en una Begnion unificada bajo los parámetros que ambos nobles estaban demostrando tener, pero aquella burbuja de fantasía explotó cuando un detalle muy importante se puso sobre la mesa : “Que la molesta sub humana hubiera efectivamente intercambiado correspondencia con la chillona”.

-Daj! Es verdad… La bestia estuvo mandando cartas a mi padre… y bien pudo enviarlas a los demás ducados. Si una tonta sub humana como se cree en poder como para entablar relaciones comerciales, no dudo que su primera carta fuera dirigida a la capital.-

Medito unos instantes mientras mordisqueaba la uña del pulgar nervioso y consternado por este hecho que antes no había pasado por su mente.

-Mmmm… la joven apóstol bien podría ponerse del lado de los lobos, ha hecho ese tipo de disparates antes, pero eso no significa que todos los demás ducados le vallan a seguir.
Es un secreto a voces que la mayoría de los consejeros están en su contra ya que nadie cree que ella sea el oráculo que se supone que debería ser.
Algunos dicen que es por su corta edad… pero en lo personal creo que esa mocosa jamás escuchará la voz de Ashera. -


Apretó los labios y desvió la mirada, ya que a continuación estaba a punto de volver a vociferar una sarta de improperios a la mal puesta apóstol que ocupaba el más alto cargo en su amada patria. Aunque justificados, sus comentarios resultarían molestos y ruidosos a su invitado así que como pocas veces  Hasim contuvo sus gritos y quejas dentro de sí por el bien de su país, pero dejándole un mal sabor de boca en el proceso.  

Levantó la cabeza una vez más al llegarle el comentario del peliazul. No sabía si sentirse elogiado o insultado, pero ciertamente le miró con ligera extrañeza al verle comentar de forma tan… peculiar sobre el reciente triunfo de Begnion contra la plaga.

-B-Bueno… Era un enemigo que nos amenazaba… era normal que el pueblo de Begnion se levantara en armas para detenerlo-

Hasim no sabía cómo responder. Enserio estaba justificando su lucha contra la plaga? Entendía el punto del príncipe, era una movida perfectamente válida la que planteaba, pero no se hablaba aquí solo de destituir a una gobernante, se estaba sugiriendo que Begnion hubiera perdido, quedada reducida a cenizas y escombros por parte de los no muertos, abandonando sus hogares que eran destruidos a sus espaldas?
No, el precio era demasiado alto como para considerarlo.

-Quitar a esa chiquilla del poder debería ser posible sin tener que destruir toda nuestra rica historia en el proceso… verdad?-

Hasim ,  como pocas veces apesadumbrado, estaba enfrentando un hecho muy importante: sacar a la apóstol del poder podría significar destruir parcialmente su amado país.
Tragó saliva, las manos le sudaban mientras la imagen de su palacio ardiendo en llamas se hacía vivida en su retina. Sus sirvientes desperdigados por los campos, tiñendo las tierras de rojo mientras las bestias emergidas comenzaban a caminar libremente.
Extendió ambas palmas hacia arriba, manteniendo las yemas apuntando hacia el frente y con la cabeza baja murmuró una corta plegaria en el idioma de los textos viejos. Una plegaria en la cual rogaba a su señora que tal imagen nunca se volviera realidad.
Terminó su oración uniendo ambas palmas delate de si y solo entonces volvió a hacer contacto visual con su invitado y procedió a explicar lo que para él era obvio, pero quizá para el Daein no lo era.

-Cada ducado cuida de un área de Begnion. Somos como… varios reinos unidos bajo el poder de nuestra gran divinidad.
Ashera en persona siempre nos ha guiado, y somos todos muy fervientes seguidores de su palabra. La apóstol es una criatura especial enviada por ella y escucha su voz  en persona y por eso todos siempre hemos acatados dichosos su dominio.

Oh así era hasta que la apóstol anterior muriera y quedáramos bajo las órdenes de la chiquilla impertinente. Mi padre me ha dicho que los rumores en capital dicen que no escucha la voz como lo hacía su hermana, y que solo finge que la diosa le habla en un intento desesperado por mantenerse en el poder.
Mi padre cree que este rumor es cierto… y no es el único. Otros duques también sospechan de la autenticidad de nuestra “querida apóstol”. Pero como comprobarlo? –


Suspiró largamente mientras aprovechaba a acariciar la cabeza de su preciada Seth.

-Cada ducado posee cierta autonomía en todo caso. Todos nos debemos a la voluntad final de lo que se diga en Sienne, ya que antaño era lo que Ashera en persona dictaba. Pero hoy en día … no permitimos movernos con más soltura dentro de cada límite.

Perdone mi ignorancia majestad. Plegia? Me parece recordar que es un reino del sur… mas desconozco los detalles de su gobierno. Podría iluminarme?-
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Pelleas el Dom Dic 11, 2016 10:28 pm

La opinión pública hacia las bestias no era ninguna clase de secreto entre los ciudadanos de Daein, sino parte de la educación formal, haciendo de la palabra "subhumano" una completamente común en su habla diaria, así como el concepto de cacería de bestias cuando estas cruzaban de imprevisto sus fronteras. Habiendo vivido casi toda su vida en su nación, Pelleas no veía motivo para expresarse de otro modo, menos cuando su pensamiento era tan afín. Era una imprudencia que no deseaba cambiar, y un extranjero que pensara del mismo modo tampoco ayudaba a mejorar su perspectiva. Se preocupaba, sin embargo, de que la Apóstol fuese a tomar acciones pro-subhumanos en épocas tan delicadas como aquellas.

El lado de Begnion que Hasim le mostraba era uno que jamás habría creído que vería. De alguna forma, aunque lo catalogase de secreto a voces, no parecía correcto que un tercero como él supiese de la verdadera relación entre la Apóstol y los demás oficiales de gobierno, aunque la clase de trato que tendrían de allí en más justificaba mucho de ello. Si verdaderamente era la mayoría cuestionando la autoridad de la joven líder, no dudaba que un rompimiento de intereses serio fuese a darse en Begnion. Un desacuerdo respecto a políticas raciales podía ser un detonante. Y no podía siquiera imaginar cómo se daría o en qué podría desembocar aquello; no era alguien adecuado o preparado para la política. Tan sólo sabría hacer su parte, cumplir lo dictaminado por su padre apoyando a aquellos con quienes compartían ideales y resolver lo demás medida que surgiera; demasiado adentrado ya en todo como para actuar de otra forma.

- Que la Apóstol no escuche la voz de Ashera... ¿está bien que me permita saber esto? - Preguntó con cautela. Era tarde y dudaba que al joven de tanto carácter le preocupara retirar lo dicho, pero sentía la necesidad de preguntarlo igualmente. - Aunque entiendo por qué tomaron sus propias desiciones, considerando todo... especialmente si eran y son la mayoría. Hacían lo que debían de hacer. - Dijo, desistiendo rápidamente de sus palabras respecto a la caída de Begnion y lo que podía haber sido. Notaba la incomodidad del otro noble con lo dicho, y aunque no pensara sugerírselo como una via posible a esas alturas, con Begnion liberado ya, prefería retirarlo por completo de consideración. Presionar en cualquier instancia no era su fuerte. Había sido fácil de pensar respecto a Begnion, tan ajeno a él, mas si se planteara rendir Daein de la misma forma por un fin mayor, sabía que él mismo se rehusaría a hacerlo. Carraspeó, esperando no haber causado alguna suerte de daño a lo pactado con lo fácil que habían salido de él palabras tan graves. - Lo lamento, nadie desearía condenar a todo su país sólo para remover a una persona del poder... pensándol a fondo, no sería plausible... -

No prosiguió con mayores disculpas a causa del extraño gesto de su compañía en ese entonces, uno que podría no haber sido tan digno de reparo, de no haber conllevado una especie de encantamiento en voz alta y una suerte de movimiento específico. Cabía preguntarse si se trataba de magia, o de mero excentricismo al rezar. Como fuera, no había modo en que el hombre de Daein se sintiese cómodo interrumpiendo aquello, cerrando al instante la boca e intentando no poner ninguna clase de expresión delatora en su rostro. La forma de Begnion de practicar la religión siempre había sido más vistosa de lo necesario, dudaba llegar a entender. No incordiaría a un joven con una serpiente de aspecto peligroso a su lado, con medio cuerpo enroscado casualmente en su brazo todavía; el carácter Hasim y la presencia de aquel animal le hacían bajar la cabeza con mucha facilidad junto a él, pese a la diferencia en porte y el hecho de que lucía aún menos como un guerrero de lo que él lograse parecer. Cuando le miró otra vez, al tiempo que la serpiente también parecía hacerlo, Pelleas clavó la vista al instante en la ventana, aparentando gran interés en el progreso de todo afuera. Todo el asunto de la religión que sus reinos compartían era de cierta delicadeza para él, quien había dejado de practicarla; el tema de la Apóstol y la guianza de Ashera le inquietaba un poco, mas lo escuchó de igual modo, relajado mientras no debiese decir mucho su parte. En cierta forma, le aliviaba un poco que la máxima autoridad bajo Ashera era justamente a quien estaban en contra.

- Siendo sincero, no sé cómo podrían comprobar si finge oír o verdaderamente no recibe la palabra de Ashera... pero creo que con aquella duda es suficiente, sumada a las acciones que todos han tomado, para desplazar el poder de su persona. - Respondió, aliviado de no tener que adentrarse en el tema de la misma Ashera más que eso. Al contrario, una sincera sonrisa apareció en sus facciones cuando el otro preguntó sobre Plegia, el reino que había mencionado. Alegre por el interés y lo que representaba, se volvió hacia Hasim para hablarle con mucha más vehemencia de la que había tenido la mayor parte del tiempo. - ¡Me alegra que haya oído el nombre! Plegia es un reino del sur de Akaneia, sí. Este... podría decir que al igual que Begnion, se guía en mayor parte por su iglesia. Es un culto distinto, pero uno interesante, y funciona en semejanza. Es sólo que cuando la familia real de Plegia no está en condiciones de ejercer el poder por cualquier motivo, los sacerdotes tienen la potestad de dirigir el reino. La iglesia tiene la mayor cantidad de soldados, así que también tiene ese respaldo. Y... no veo por qué lo mismo no pueda aplicarse en Begnion, pero... es sólo mi pensamiento, después de todo. - Dijo, sonriente aún. Con disimulada emoción aguardaba un visto buena, alguna suerte de reacción positiva del otro noble a aquello que él tanto admiraba. Era algo que deseaba compartir, aunque resultara difícil que fuese con esa persona en particular.

A fin de cuentas, no podía prometerle la expulsión ni el asesinato de la persona que querían fuera del trono. No podía sino pensar que su padre habría sabido hallar el modo, mas él ofrecería lo que le era posible igualmente; y esperaría que fuese suficiente para las expectativas de su rey, cuando llegase el momento de volver ante él. Sonaría tan decidido como podía, asintiendo y hablando con una pizca más de formalidad. - Lamento no poder ayudar más que esto en su situación... pero Daein realmente tratará al senado y a usted como el gobierno de Begnion. Le apoyaremos en lo que desee hacer. Seguramente con acciones, decisiones y lo que suceda en consecuencia, será claro quienes dirigen Begnion. - Dijo, convencido del mérito práctico de aquella idea. Si Begnion se movilizaba junto a Daein por cualquier motivo, si se abrían rutas de cualquier tipo o se tomaba cualquier acción conjunta, sería una demostración clara de la falta de control de la Apóstol sobre sus subordinados, y del poder tomado por el senado. - Nadie podría detener algo así... supongo. -
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Hasim el Jue Dic 22, 2016 5:02 pm

Entornando una ceja Hasim miraba ligeramente sorprendido a su invitado por la pregunta.

-Mi padre y yo fuimos los que nos acercamos a ustedes, señores de Daein, para pedirles ayuda sobre este predicamento. No pretendía mantenerlos a oscuras sobre la razón raíz del problema.
Si se supiera  comenzaría un gran escándalo, que podría iniciar o no una revuelta civil sobre la capital. Obviamente ni yo ni mi padre podemos ponernos tan abiertamente en contra de la apóstol a cara descubierta. Pero si el rumor lo iniciara otro….-


Se llevó su copa a los labios y bebió el último sorbo de su trago.

-Solo le pediré que bajo ningún motivo, si llega a mencionar esto, nos comente a mi o a Seliora. Se lo pido en señal de…. Amistad.-

Terminó su frase dedicándole una amplia sonrisa cómplice al alto príncipe.

Abrió los ojos sorprendido por la repentina algarabía que mostraba su invitado al mencionar un leve interés por el reino que él mismo acababa de mencionar. Era acaso tan fabuloso ese reino que despertaba tal pasión en el muchacho que hasta el momento parecía no poder demostrar otra emoción que no fuera inseguridad. Ciertamente Hasim estaba ahora muy interesado en la fuente de tal reacción. Con los ojos atentos y los labios cerrados, pese a que quiso corregirlo cuando lo comparó con Begnion,  le escuchó atentamente explayarse sobre el negro país.

Oh!... entiendo…-

Dijo sin poder ocultar un poco la decepcion de su voz. Era tonto, pero en la joven mente del clerigo siempre habia imaginado a las tropas de Daein marchando a socorrerlos de su precaria situación, uniendo fuerzas con ellos, los ducados rebeldes a la apóstol y Daein no tendrían problemas en derrocar a la chiquilla, o eso es lo que siempre habia tenido en mente. Pero le quedaba claro ahora que tal realidad no se dibujaría nunca en el panorama. Asi que contuvo las lagrimas y levantó la frente en alto para agradecer a su invitado, porque si bien no era lo deceado, era un pacto muy conveniente.

-Por supuesto, y muchas gracias, solo con eso ya serémos, espero, capaces de hacer alguna diferencia.-

No pudo explayarse mucho más cuando uno de sus consejeros volvió a ingresar al carromato, golpeando prudentemente antes, para anunciar que el problema con las bestias salvajes ya habia sido solucionado.
Hasim entonces le extendió los regalos ya ofrecidos al príncipe, y le agregó una de sus propias pulseras de oro, una que no llevaba el emblema de su nación, pero si era una cobra dorada mordiendo su propia cola. Una pieza muy bien labrada que el joven se había mandado hacer hace varios años, que sabía que no comprometería al noble al llevarlo, pero que marcaba el pacto que entre cartas y en esa reunión se estaba pactando entre ambos nobles.

***

Nuevamente solo en su carromato meditó unos segundos mientras la caravana retomaba su curso. El nombre de Plegia le resonaba tanto en la mente que incluso había sacado el polvo de su viejo y poco definido mapa mundial para ver la posición de este extraño país.
Acariciando a Seth miraba contantemente el pergamino meditando sobre las posibilidades de visitar este país antes de llegar efectivamente al suyo propio.
Cansado de pensar demasiado, tomó una pluma y papel y comenzó a escribir una carta.
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

Mensaje por Eliwood el Jue Dic 22, 2016 11:24 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante, +25G de bono a Hasim gracias a donaciones a la iglesia de Ashera.

Al ser el único personaje en su primera clase, Hasim obtiene +1 EXP.
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Re: Favorecidos por los dioses [Privado; Hasim]

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