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¡Cuatro montañas aquí, planicies infinitas allí! {Campaña} // Lyndis

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¡Cuatro montañas aquí, planicies infinitas allí! {Campaña} // Lyndis

Mensaje por Invitado el Vie Jun 10, 2016 1:06 pm


Escarpados caminos cubiertos por los restos de batallas pasadas. Escombros de los castillos caídos que se alzaban hasta lo alto habían caído como si estos hubieran sido de papel. El devastado terreno a causa de la abrupta aparición de los emergidos decoraba a lo largo y ancho con imágenes muy diferentes de lo que una vez fue. Abandono, muerte, destrucción; todo lo que una vez había sido prospero, hoy no era más que un extenso terreno inhóspito. Tanto de día como de noche, los emergidos por allí habrían de circular. No había más que decir que sería riesgoso, pero a la misma vez, esa era la única vía que la gran mujer podía cruzar. No conocía ningún otro camino; y aunque tanta grandeza tenía, conocimientos geográficos con detalle no poseía. Si tan sólo hubiera comenzado su viaje hacia el oeste... pero no, obstinada debía ser.

La equina cimarrona adiestrada permanecía en lo alto del camino, con un gran ocaso y planicies delante, cargando en todo momento a una gran mujer. ―¡Ohohoho!― Rio a los cuatro vientos aquella mujer que se hacía llamar la mejor lancera de Pherae, Lycia e inclusive Elibe también. Justo después de convertir aquellos desolados paisajes en un mero recuerdo del camino, se abrió paso por un nuevo sendero. Su travesía de viaje había culminado, y para su cuidado, como toda una cobarde de noche se habría ocultado. ¿Acaso creían que sin razón lucharía? Ni su nombre ni arma se usaban en vano, la grandeza no ha de desperdiciar, sino al momento de quererla presumir, no habría que mostrar.

Planicies aquí, planicies allí. Planicies por donde sea que fuera a mirar. La extensión y la inmensidad de la nada misma la lancera podía presenciar. No hallaba ninguna ciudad ni castillo para re-abastecer los recursos alimenticios que poseía. Tumbas de madera y roca había podido ver en un par de ocasiones, y tiendas donde seguramente un ejército encontraba amparo. Más su viaje continuó buscando lo que no parecía que pudiera encontrar. Días, y hasta semanas cabalgó. Moría de hambre y de sed también; su agua se había agotado, y sólo sobrevivía cazando un conejo cada vez que veía uno. ¡La salvación! A la distancia podía ver algo de agua, más al acercarse, esta repentinamente... desapareció. ¿Había sido un espejismo producto del calor y la necesidad? ¡Más agua a la distancia! Nuevamente esta cabalgó hasta lo que parecía un pequeño oasis entre planicies rocosas, pero no era más que un reflejo sobre una extensa y llana roca. ¡Malditas planicies!

La increíble mujer que todo lo podía, no sabía ya cuantos días habían pasado desde la última vez que había podido humedecer su garganta, así como tampoco cuantos días sin descanso le había hecho recorrer a su yegua, quien seguramente estaría en un estado similar a ella. Cansada y rendida desmontó al animal para descansar por al menos unos minutos sobre la roca. Aunque, para su sorpresa, vio como la yegua lentamente caminó por detrás de una roca para beber. El sonido le hacía saber que había algo de agua allí, quizá se habría mantenido por alguna lluvia de un par de días atrás. ―¡Sabía que había agua por aquí!― Exclamó para sí su gran proeza de mera suerte; pues ella no sabía absolutamente nada, ¡nada! Se acercó a ser de cuatro patas para llenar su cantimplora; y al momento de agacharse, sintió como algo rozaba su casco. Llenó su cantimplora mirando hacia sus espaldas, y logrando divisar una flecha clavada entre las rocas. ¡Eso estuvo cerca! Le era extraño ver una sola flecha, pero considerando al animal, sólo pudo creer que se tratara de algún cazador intentando adueñarse del caballo que a ella cargaba. ¡No podía ser! ¡Esa era su yegua!

Con su agua lista, volvió a montar a la cimarrona para encaminarse hacia donde parecía haber sido disparada aquella afilada punta que casi le dañaba. Debía de haber gente allí, lo que significaba provisiones para su viaje. ―¡¿Dónde están?! Sé que hay alguien merodeando por allí― Parló la grandiosa soldado encaminando a su hembra monográfica por la extensa planicie que no parecía tener fin. A la distancia, unos matorrales se movieron levemente, disparando varillas a lo alto. ―¡Qué no disparen!― Exigió la mujer del casco con lazos, cambiando su camino para evitar las flechas que al caer, acabarían con su propia vida y la de su entrenado animal.

Ignorada completamente, algo que claramente no le agradaba, oyó finalmente un cuerno. Desde las hierbas se alzaron algunos hombres de llameantes miradas, apuntando a diestra y siniestra su tiro a la gran mujer. ―¡Adiós!― Saludó cordialmente a quienes claramente eran enemigos intentando matarla; huyendo cobardemente como la gran soldado que era. No tenía razón para "acabar con todos ellos", ya que, ¿a quién le iba a presumir después? A toda prisa retomó el camino por el cual había estado marchando, en busca de algún lugar donde poder ocultarse y así poder continuar. ¿Un bosque? ¿Una montaña? ¡Pero no!, ¡allí sólo había planicies! Una a una las flechas se clavaban en el suelo mientras la yegua zigzagueaba por un terreno que para su suerte era favorable.

Por lo que había oído, los emergidos solían ignorar a quien huyera, pero por alguna razón a ella la seguían. ¿Estarían creyendo que al seguirla encontrarían un campamento? Diez contra uno, veinte, y bueno, si, eran cerca de cuarenta con arcos y caballos contra la mujer en plena huida. Un movimiento de muñeca y a todos los derrotaría ¡Ohohoho! Pero era mejor correr, sólo para no perder tiempo, ¡por supuesto!
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Re: ¡Cuatro montañas aquí, planicies infinitas allí! {Campaña} // Lyndis

Mensaje por Lyndis el Miér Ago 10, 2016 6:23 pm

Con los ojos cerrados, Lyn dejó su mente divagar dejando al viento susurrarle al oído. Si los ancianos nómadas decían la verdad, y un Sacae nunca miente por lo que lo hacían, aquellas eran palabras concretas y claras. Guías y ánimos para lo seguidores de Hanon, maldiciones para sus enemigos y consejo para aquellos perdidos en la inmensidad del país esmeralda.

...Puntualmente Lyn jamás había escuchado siquiera una palabra. Podía jurar que sentía las intenciones de la diosa a veces en la forma en que el viento le envolvía y mecía la hierba pero... ¿Palabras? Jamás, eran solo para aquellos ancianos reservados de cada tribu.

Y desgraciadamente los Lorca ya no contaban con dichos miembros. Ni ningun otro tampoco... La tribu de un solo miembro... Aquel era el deplorable estado de los Lorca.

Madelyn avanzaba siguiendo su instinto, ajena a las maquinaciones e intentos de develar aquel misterio mayor que realizaba su dueña. Habían terminado una más de sus misiones... Una más de interminables batallas que jamas terminarían. Pero esa era su vida, la de ambas, deambular en busca de la siguiente batalla por el largo de Sacae.

Una vida solitaria y con el inevitable camino de una muerte temprana que, sea por suerte o destino, venían evitando juntas desde hacía 5 años. Cinco primaveras sin saber si verían el alba en las interminables noches.

Fue el resonar de un cuerno de guerra que trajo en sí a la nómada, quien para ese punto oscilaba en aquel delgado hilo entre la realidad y los sueños. Aquel punto donde los recuerdos y los deseos se funden de manera inteligible, incierta.

Pese al sobresalto, tardo debido a esto unos segundos en comprender donde se hallaba. Madelyn se había detenido, acostumbrada a esperar el accionar de su dueña ante un inesperado de aquel tipo.

Poco tiempo tuvo Lyn de lamentarse hacia donde le había llevado el instinto de su compañera, a como pese a los años y distancia la yegua parecía saber volver a aquella zona donde ella, más no la nómada, había llamado hogar en tiempos lejanos...

¡Silentes! Procesó al fin su mente.

Un escalofrío recorrió su espalda al ver aquellas plagas surcar las llanuras. A aquellos heraldos de destrucción y de una maldad innegable y ajena a las razones de los hombres. Usurpadores de sus querida tierra natal, e imparables como un poderoso tornado del disparo más certero del arco de Hanon.

Avanzaban lejos de ella, bajo una leve colina como una cascada en el mar de césped, que luego continuaba fluyendo llanamente guiado por el viento. Estaban en persecución, de una lejana y difusa figura que claramente destacaba de la de ellos.

¿Un viajero solo en aquellos tiempos? Fuerte y bravo, o simplemente idiota era un guerrero surcando aquella parte de las llanuras sin un guía o caravana. Porque aquel brillo distante en la ropa del extraño no era el de un nómada, ningún nómada respetable dejaría en sus ropas un brillo así. Solo podía de ser un extranjero.

Busco pues la nómada la caravana, concluyendo que debía ser un miembro de avanzada de algun grupo... Descubriendo contrariamente un segundo grupo de silentes aguardando en espera sumergidos en el pastizal, en completo cruce con la trayectoria del extranjero.

¡Una emboscada!

Inspirando todo el viento en sus pulmones, Lyn soltó un chiflido haciendo uso de sus dedos, resonando con fuerzas a lo largo de las llanuras, cabalgando el sonido en el viento en dirección segura al desprevenido viajero. Con ímpetu agitó sus brazos, intentando advertirle del peligro inminente al que la cabalgata ajena se dirigía, y rogando en su mente al viento que su mensaje llegara claro a la mente del guerrero.
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Re: ¡Cuatro montañas aquí, planicies infinitas allí! {Campaña} // Lyndis

Mensaje por Invitado el Jue Oct 06, 2016 1:49 pm


La majestuosa, gloriosa, y benevolente lancera digna de toda grandeza, huyó montada en la cimarrona volviendo todos sus pasos. El camino que recorría volvía nuevamente atrás, perdiendo el tiempo que empleaba en sus andanzas a causa de soldados de poca monta que emboscaban su camino. Eran cerca de cuarenta soldados aquellos que le empezaron a perseguir; mas no había demorado mucho tiempo antes de que el número se redujera a simplemente diez. Diez, seguía siendo un número bastante considerable para una persona normal como podría ser cualquiera de sus "compañeros" de poca monta en Lycia. La mujer podría gritar a los cuatro vientos que acabaría sola con los diez, e incluso los cuarenta si aún le siguieran, mas al no haber testigos, no había razón para actuar sin ser ovacionada.

Cabalgó de regreso escoltando a sus atacantes hacia la nada misma; planicies, y más planicies que como máximo presentaban pequeñas elevaciones poco considerables. Enormes pastizales donde no podría ocultarse ni ella, ni el presunto campamento que en la mente de sus perseguidores podría existir.

La gran Nagahide Niwa no necesitaba de un campamento que la acompañase para su propio viaje, era sumamente capaz de valerse por sí misma al encontrar grupos de enemigos como estos; pues era lo suficientemente idiota al no pensar que con estos podría toparse al viajar tan despreocupada; así como lo suficientemente inteligente para evitar todo conflicto. El instinto de supervivencia sobrepasó los ideales ególatras que la caracterizaban, únicamente a falta de presencias ajenas que pudieran elogiar sus hazañas innecesariamente altaneras.

Entre los sonidos de los cascos de la manada montada resaltó un sonido que arruinaba la armonía de la persecución. ¡Un chiflo! o un ave de rapiña esperando que la gran lancera actuara y acabara con todos de una buena vez; pues, la lancera podría actuar y acabarlos antes de dar un respiro, pero no lo haría por un ave que ni siquiera comprendería lo que haría ni le pudiera aplaudir. Ignorante completamente, ignoró los despejados cielos de aves guiándose pura y exclusivamente en sus oídos. Divisó entonces a alguien intentando hacer alguna clase de seña agitando sus brazos, algo que hizo a la lancera pensar por un momento en lo que sucedía...

Era un viajero valiente o alguien completamente idiota al ir por su cuenta por lugares donde podrían emboscarle...

Si, era lo segundo, un viajero idiota. Dotada de toda su grandeza y el verdadero conocimiento de sus capacidades; optó por elegir cambiar su rumbo para evitar que el viajero de poca mente tuviera que verse envuelto en la emboscada que la lancera había buscado para erradicar. ¡Oh claro! Era un testigo, ella no huía, lo tenía completamente planeado. Pero de nada le serviría que fura solo un inútil viajero, si moriría incluso antes de lo que ella podría resistir.

―¡Ohohohoho!― Resonó la risa de la mujer guiando a la manada de caballeros a sus espaldas. Evitó encaminarse hacia el viajero en los matorrales de la distancia, porque ella también era algo idiota, y no pensaba que tras esa persona podría haber un grupo de cazadores como ya le habían indicado. No, ella era benevolente y priorizaba la seguridad de aquel desconocido civil incluso si por ello aún no fuera capaz de destacar su indiscutible habilidad y personalidad.

El viajero viviría gracias a su sacrificio... y ella... también viviría, era Nagahide Niwa después de todo. Cuando su caballo se cansase seguramente se bajaría y ante un parpadeo los acabaría y retomaría su camino... si... era indiscutible su habilidad...
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Re: ¡Cuatro montañas aquí, planicies infinitas allí! {Campaña} // Lyndis

Mensaje por Lyndis el Dom Oct 30, 2016 7:47 pm

El viajero le diviso, suspirando Lyn aliviada de ver que había visto sus señales... Para instantes despues sentir un escalofrío reccorer su espalda al ver como hacía lo contrario a lo que su mensaje transmitía.

Si era posible, iba en un rumbo mayor a la desgracia... Su mensaje había surtido el efecto totalmente contrario.

Sin pensarlo dos veces, espolió a Madelyn y comenzó una rápida carrera colina abajo, el viento soplando con fuerza a sus espaldas.

Intentó producir otro silbido a plena carrera, resultando en que mordiera su lengua por error y sintiera el sabor ferroso de la sangre inundar su boca. Aun así siguió agitando una mano, mientras la otra sostenía con fuerzas las riendas, rogando que el viajero le viera y virara y ahorrarse un conflicto para nada en su favor.

Fue entonces que vio un destello en la dirección de los silentes dispuestos a la emboscada. Un color rojizo como de llamas... Sintió como se le erizaba la piel al saber que contaban con un mago en sus filas.

Grandes aliados en batalla los magos... Mientras estuvieran en tu bando. No era una visión muy alentadora verlos entre las filas enemigas.

Su instinto de supervivencia gritó en su mente que era una de esas batallas de las que mejor era huir... Pero era tarde para eso. Solo restaba confiar en sus instintos de guerrera que le instaban a desenfundar la espada y hacer que su filo probara sangre.

¿¡Acaso había alguien tan tonto para andar solo en las llanuras en aquellas epocas!?
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Re: ¡Cuatro montañas aquí, planicies infinitas allí! {Campaña} // Lyndis

Mensaje por Invitado el Mar Dic 06, 2016 4:10 pm


¿Cuán negligente podía ser alguien? Viajar a solas por tierras desconocidas y asoladas. El peligro asechaba por doquier;y esta no era una situación distinta. La luz de la salvación, de la esperanza, había aparecido en forma de una persona que intentaba indicar el modo por el cual la lancera se podría salvar. ¡Pero no! ¡Nagahide no era ninguna tonta! ¿Quién podía afirmar que esa persona no quería emboscarla para robar sus presas? Era evidente la verdad; aquella desconocida no era de fiar. Evito a la persona en cuestión, como si su intención fuera la opuesta. Mas ni ella sabía realmente a que se debía su accionar, ¿porque no ella no iba a poder destacar?

La persecución desvarió de un momento a otro. Cuando la gran lancera de Elibe se percató de que la citadina había comenzado a seguirle el paso, sintió que debía de tirar de las riendas de la yegua para cambiar el rumbo de su dirección. no obstante, por mas que fuera normal que los emergidos desistiesen, en esta ocasión su actuación pareciera oscilar. Habían mantenido la persecución de una simple soldado armado, por lo que podría deducirse que no habían encontrado con facilidad victimas para sus ataquen, y con ella intentaban encontrar finalmente un punto habitado en tal extensa y desolada planicie.

Los perseguidores dejaron algunos de los suyos atrás; mientras que a la distancia un pequeño grupo con al menos un mago en sus líneas parecía querer darle final. Nagahide forzó a la equina a cambiar de curso, dirigiéndose directamente a la desconocida acosadora que no la dejaba atrás.

Una roca, una pequeña roca en el camino. Solitaria y olvidada, se haría conocer entre los pastizales que ocultaban su existencia... en el momento en el que la yegua al pisarla tropezó. Nagahide sobre el abono fresco cayó, y de mal olor se impregnó.

El accidentado suceso logró reducir las distancias, dejando a la lancera de Elibe, la mejor, a merced de los emergidos. ¿Podía ser alguien tan idiota para desconsentiría a alguien que trata de huir?

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Re: ¡Cuatro montañas aquí, planicies infinitas allí! {Campaña} // Lyndis

Mensaje por Eliwood el Mar Mar 28, 2017 11:32 pm

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