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¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

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¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Invitado el Dom Jun 05, 2016 4:38 am

Cuando el gato no está, los ratones se divierten. ¡Gran mentira! El gato no estaba y él, pequeño ratón, no estaba divirtiéndose en absoluto.
Yuuko había decidido tomarse unos días para ir a revisar la seguridad de unas islas alejadas y, de seguro, para perseguir a algún grupo pirata que estuviese por las cercanías. Esa decisión había acarreado que él, como Consejero Real, estuviese obligado a atender todas las actividades que su majestad había dejado abandonadas. Tratar con un par de mercaderes viejos, intentar ser amable o al menos un tanto cordial con unos oficiales que fueron a llevarle unos papeles que debía revisar y muchas otras cosas más de las cuales ya no quería pensar ni oír nada.
Agotado de todo y harto de las personas, decidió tomarse un descanso. Lo bueno de esa isla al norte, donde moraba el castillo, una biblioteca gigantesca y el puerto principal del ejército, era que los jardines de la primera edificación eran enormes. Amplios, vastos, llenos de vegetación verde y de árboles por donde esconderse. ¡Perfectos para esconderse del resto del mundo! Al demonio con las tareas monacales, lo tenían cansado, ya bastante había hecho y no deseaba que lo molestaran por un rato. Por supuesto, y para no generar problemas, había retrasado el día anterior muchos de los compromisos de la corona. Sí, quería estar en paz, pero no iba a decepcionar a su señora. Si ella lo había dejado a cargo de todo, él cumpliría, pero a su ritmo.
Era por esa razón que Nowell estaba allí, tirado a la sombra de un árbol, con los ojos cerrados para disfrutar profundamente de los sonidos de los animales. Las aves cantaban, se comunicaban entre sí, se cortejaban y bendecían a la naturaleza con sus maravillosas voces. ¿Qué más se podía pedir? Tal vez un trago, pero la media tarde no era hora de estar bebiendo y sin compañía le parecía un fiasco. Se rió de sí mismo ante ese pensamiento casi adorable. Le parecía increíble que a pesar de todo lo que había pasado, se acostumbró a estar acompañado.
No podía evitarlo, ¿verdad? Si bien sus padres adoptivos eran dos personas solas y no se llevaba demasiado con los niños del pueblo, su verdadera vida –si es que podía llamarlo así– había trascurrido sobre un barco lleno de personas. Los pasos, las voces, las charlas animadas, las risas y hasta las amenazas eran pan de cada día y hacía que nunca se pudiera sentir solo. No iba a negarlo, a veces, entre tanto barullo, seguía queriendo algo de paz y soledad, pero las costumbres son algo fuerte y siempre regresaba a por más ruido y muchedumbre.
El castillo, aunque no lo pareciera, era igual. Salvando algunos olores desagradables que allí no había y que los insultos no eran el saludo de la mañana, el lugar siempre estaba plagado de personas y el ir y venir de cada uno generaba un murmullo agradable. ¡Agradable cuando no era él quien tenía que enfrentar a parte del murmullo! Aún no se acostumbraba a eso.
Soltó un chasquido de la lengua y, con un movimiento tranquilo, se desabrochó los primeros botones de su camisa verde oscura. Llevaba el resto de su traje oficial, obligatorio por las funciones que estaba desempeñando, desarreglado y un tanto arrugado tras haber escapado con prisas de las paredes del castillo.  Tenía la chaqueta negra abierta, el pantalón con algunas hojas verdes pegadas y algunos abrojos que se le habían enganchado tras pasar por un pequeño matorral. Sus zapatos eran el terror de toda sirvienta pues habían pasado de ser cuero a tierra en pocos segundos. De seguro iban a regalarlo pero ¿qué más daba?
Se llevó ambas manos detrás de la cabeza y abrió los ojos para ver los rayos del sol colándose por entre las hojas. Inspiró profundo sintiendo el aroma a la naturaleza viva y exhaló con un suspiro. Tenía unas dos horas más para descansar, ya luego volvería a atender sus responsabilidades como era debido.


Última edición por Nowell el Miér Jul 13, 2016 1:32 am, editado 1 vez
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Dom Jun 05, 2016 9:04 pm

La cacería,aquella búsqueda y captura de los piratas que rondaban una de las islas del sur del país había durado mas de lo esperado. Lo que había comenzado como una simple inspección,visita,había acabado en una persecución en alta mar cuando la bandera negra adornada con huesos blancos alcanzo el campo de visión de la mujer y de los tripulantes de navío sobre el cual viajaba. Los habían alcanzado y derribado,capturado,una misión casi perfecta.Salvo por el detalle de que cuatro de los bucaneros habían huido en un pequeño bote a la isla mas cercana. Cobijándose en el bosque que cubría gran parte de la misma. No había sido un problema el encontrarlos,darles su merecido y capturarlos,menos cuando la soberana contó con la ayuda del joven guardián del bosque. Un ciudadano de segunda categoría que le sirvió tanto como guía como luchador a la hora de cumplir con su tarea de capturar a los huidos piratas.

Y aunque lo cierto es que el viaje había sido mas provechoso de lo que hubiese creído en primer lugar ,pues no contaba con librar sus mares de una de las plagas que las hacia sangrar,eso había echo que se desviase de su objetivo inicial. Un par de veces al huir los 4 bandidos. Aumento el tiempo que había trascurrido fuera de palacio. Aunque no era algo que le preocupase,pues siempre que abandonaba su morada para visitar el resto de islas que formaban su amado país dejaba todo preparado par que ausencia se notase lo mínimo,o directamente que la misma no influyese nada. Y al hacerlo siempre lo dejaba todo listo por si su ausencia era mas larga de lo esperada,como lo fue en aquel caso. Después de todo uno nunca sabia lo que iba a suceder,mucho menos cuando del mar se trataba y cuando el mundo se encontraba en un estado un tanto caótico.

Aquella vez por ejemplo,había dejado a su fiel secretario,por llamarlo de una manera que mantuviese intacto el honor ajeno,al cargo.Al igual que a cierto generales y algún antiguo consejero de su padre,sobreviviente al ataque sufrido tiempo atrás. Estaba segura de el palacio estaba en buenas manos y de  que Nowell  cumpliría con las tareas encomendadas hacia su persona.Pues aunque a simple vista no lo pareciese sabia que el muchacho era trabajador y haría todo lo que ella le ordenase,aunque fuese una tarea que escapaba a sus habilidades estaba segura de que seria capaz de realizarla con éxito. Tenia fe en el,una fe que seguramente el mismo no tuviese para con su persona. Y una que seguramente no sabia que su señora tuviese para con el.

Para cuando sus pies tocaron tierra firme ,sus cabellos mecidos por el viento al descender de su embarcación,ya había pasado el medio día un par de horas atrás. Prácticamente era hora de comer,así que decidió hacerlo en el puerto,antes de tomar el caballo que separaría la distancia entre el puerto y el palacio conduciéndole a este ultimo. Alcanzo su hogar a media tarde,siendo recibida con amabilidad por los sirvientes ,y por aquellos dejados a cargo del lugar cuando fueron informados de que la reina había vuelto a palacio.

Todos se presentaron ante ella,dándole la bienvenida y comunicándole que su ausencia había trascurrido como lo esperaba,sin incidente alguno. Se sintió complacida,agradeció el esfuerzo de sus hombres y los ordeno descansar de aquellas tareas que solo se les había impuesto por su falta en el lugar,ya que ella se encargaría de ello ahora que estaba de vuelta. Tuvo alguna que otra protesta,tal y como esperaba,gente que la instaba a descansar antes de retomar sus deberes. Consejos que ignoro y desoyó con una sonrisa,la preocupación de sus hombres para con ella la honraba pero podía llegar a ser agotador el lidiar con ellos cuando insistían en algo,mas cuando la mujer ya había tomado su decisión.

No fue hasta que se despidió de todos que se percato de la ausencia de uno de los hombres a cargo,realmente se había percatado con anterioridad pero no le había dado tiempo a centrarse en ello. O a preguntar por el tal y como hacia en esos instantes. La respuesta fue la misma por parte de todos los sirvientes. No lo encontraban.apenas una hora,o un par de horas atrás,todo el mundo lo había visto inmerso en sus deberes. Y de la nada parecía haberse desvaneció en palacio.

La mujer suspiro.Con lo bien que parecía estar haciéndolo y en el ultimo instante huía. Porque lo conocía lo suficiente como para saber que había huido y como para saber a donde teniendo en cuenta que nadie lo encontraba dentro de palacio. Dentro ,allí estaba el detalle vital del como encontrar al consejero de su majestad.

La mujer dejo atrás el edificio,encaminándose en los sobradamente conocidos jardines de palacio. El quimono que portaba,negro con flores amarillas estampadas por toda la tela,fue recogido por sus manos,para que el borde del mismo que no se arrastraba por el suelo por apenas unos milímetros no se quedase enganchado en la cada vez mas creciente vegetación.

A pesar de la extensión de los jardines y de la vegetación tan singular en la isla que cubría los mismos le fue relativamente fácil encontrar lo que buscaba.El castaño descansando bajo un árbol. El ser humano,mestizos incluidos,era una criatura de costumbres y aunque el otro no lo supiera siempre acababa rondando la misma zona del jardín,siempre se escondía en las inmediaciones de cierta zona.

-Y yo preguntándome porque a mi regreso mi fiel consejero no venia a saludarme. Pobre criatura,trabajando tan duramente... recuerdame que te suba el sueldo,es algo que mereces...

Sonrió con malicia,con la misma con la que aquellas palabras salían de sus labios. Alegres,bromistas,irónicas...
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Invitado el Dom Jun 05, 2016 9:38 pm

Sin quererlo, Nowell había quedado adormecido. El clima de las islas era cálido y lo ayudaba a descansar, el calor del le parecía un arrullo a su piel y los sonido de la naturaleza ayudaba a que se relajara. No pudo evitarlo y, poco a poco, fue cerrando los ojos hasta quedarse en un sueño de vigilia en el que podía captar los sonidos de alrededor pero decidir si darles importancia o no. Ignoró casi todos ellos, incluso una voz en la lejanía que gritaba algo pero que no llegó a entender. Sabía que si algo grave ocurría los soldados lo buscarían incluso fuera del castillo, dando con él pronto porque su uniforme oscuro resaltaba en le verde claro de la vegetación.
Pero nada ocurrió. Casi como de costumbre, con tranquilidad el tiempo fue pasando. Las campanadas aún no habían sonado de nuevo por lo que el joven, en su semiinconciencia, podía calcular el tiempo que hacía que estaba allí. Una hora y media, tal vez un poco más. Tenía algo de tiempo, incluso si llegaba tarde podría excusarse con algo como que había estado revisando el mar para ver si se acercaba el bote de la Reina ya que estaba preocupado por ella. La primera parte era mentira, la segunda una gran verdad.
No era tanto, sabía que la soberana podía cuidarse, que era astuta y fuerte, que no necesitaba de él para sobrevivir en el mar pues los marineros que iban con ella siempre eran los mejores, pero no podía evitar ponerse ansioso cuando se iba sola. No que su presencia fuera a cambiar el resultado si caía al mar y se ahogaba, si destruían su bote o si acaso la atrapaba, posiblemente él fuese nada más que un estorbo, pero saber que no estaba a su lado lo ponía ansioso.
A veces, en su fuero interno, deseaba haber sido un guardia para poder acompañarla a todas partes, pero evitar que su destino terminara como el de su padre, pero luego recordaba que eso no era una posibilidad para él. Habría tardado demasiado en poder llegar a un puesto que le fuera útil a su majestad y, tal vez, aliviando un poco su trabajo de papeles la ayudaba más de lo que pensaba. O eso creía creer a veces, como en ese momento, cuando se sentía un tanto inútil.
Sin embargo, a pesar de que estaba preocupado, no cometería la tontería de sentarse a mirar el mar porque eso lo pondría más ansioso. Prefería tener la cabeza en otros asuntos hasta que ya no pudiera más, tomarse un descanso para dejar la mente en blanco y volver al trabajo. Sonrió para sus adentros. ¿La mente en blanco? Le parecía que ese era un mal chiste, después de todo estaba pensando en más cosas de las que desearía, en todo aquello que jamás diría en voz alta pues no era lo suficientemente valiente y no tenía el derecho de hacerlo. No importaba si en ese país los marcados no eran discriminados, él seguía siendo un simple servidor que no osaría a dejar que ciertas palabras salieran de su mente.
Escuchó entonces un sonido suave. Un frufrú que se acercaba, unos pasos sobre la hierba y supuso que se trataba de una de las sirvientas que, por fin, se había dado cuenta dónde podía llegar a estar. Inspiró profundamente, sin abrir los ojos, esperando oler algo pero la corriente de aire estaba en su contra y sólo sintió el aroma de las flores que estaban más al este. Se quedó quieto, esperando a que la otra persona lo llamara, pero al oír la voz, el tono y escuchar las palabras de la dama a su lado sintió que el corazón se le detenía un momento. ¡Era Yuuko!
Intentando que su alivio no se transmitiera en el rostro, controló sus ganas de ponerse de pie de un salto y en cambio abrió lentamente los ojos para poder observarla sin decir una palabra, pero con un brillo de tranquilidad en la mirada. Al principio el sol lo deslumbró un tanto y debió pestañear algunas veces, pero cuando se acostumbró a la luz pudo ver que allí estaba ella, tan hermosa como de costumbres. ¿Qué? No tenía nada de malo decir algo obvio, Yuuko era una mujer que destacaba no sólo por sus ropajes exóticos y de bellos colores sino por sus rasgos atractivos. ¿Quién podía ser tan tonto como para apartar sus ojos de los bellos irises de la Reina? ¡El que lo hiciera era un tonto sin remedio! O alguien obligado a ver al suelo por no ser digno de la presencia de esa dama.

—Poder verte sana y salva es suficiente aumento para mi —respondió él sonriéndole con ánimos mientras se incorporaba, sentándose en el suelo con cuidado para no marearse—. Aunque, ¿sabes?, Ha sido un martirio soportar a todos esos nobles, tal vez sí me merezco un aumento —bromeó al final.

Se encogió de hombros, soltando una suave risa, y palmeó el sitio a su lado para invitarla a tomar asiento, aunque no estaba seguro de que ella fuese a querer.

—Déjame adivinar, vas a ponerte a trabajar desde ahora —comentó con la informalidad de siempre, cruzando las piernas—. Deberías descansar un poco, no sabes lo bien que se siente estar aquí tirado sin nada que hacer por un rato. Le haría bien a tu piel y podrías contarme las buenas nuevas.

Agregó al final volviendo a soltar una carcajada y ampliando la sonrisa de su rostro. De verdad prefería que ella se quedase allí descansando, sabía lo agotadores que podían ser sus viajes y sabía, por el humor de la mujer, que las cosas habían ido bien. Le interesaba saber qué tanto y si había surgido algún problema para tenerle en cuenta más adelante.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Mar Jun 07, 2016 12:31 am

Soltó el agarre sobra las telas del quimono,haciendo que las mismas cayeran con gracia hasta quedar a ras del suelo. Prevenía que no se movería del lugar,después de todo como muy pronto reanudaría sus pasos en un par de minutos. Y ese caso seria solo si Nowell se incorporaba nada mas escuchar su voz y ambos volvían  inmediatamente al castillo. Algo que sabia que no sucedería. De todas formas no tenia intención de mantener su mano sobre el agarre de sus prendas mientras sus pies no se moviesen de su lugar. Mientras no hubiese peligro de que las mismas se quedasen enganchadas con la vegetación que formaba el jardín.

Vio como el otro abrió sus ojos,percatándose de que no estaba lo suficientemente dormido como para necesitar desperezarse. La mujer siempre había sido observadora ,y ese pestañeo que para otros hubiese sido signo inequívoco de que los ojos ajenos se pegaban al haber sido despertados de improvisto de un largo y placentero sueño,para la reían no era mas que la luz impidiéndole enfocar con claridad. Los rayos del sol filtrándose entre los arboles iluminando demasiado ciertas partes del rostro ajeno,los ojos entre ellos. Y aunque aquello parecía un detalle insignificante,algo mas captado por la mirada de la soberana que carecía de importancia,en el fondo tenia su relevancia. Mostraba que el hombre no había descansado el tiempo suficiente como para poder entrar en un sueño profundo,o que había estado atento ante el mismo. A la espera.Prudente...

-Ya veo... en ese caso supongo que acabare bajándote el sueldo. Después de todo tengo la intención de mantenerme sana y salva durante un periodo de tiempo indefinido,y si con ello te basta...

Ignoro el comentario sobre los nobles,aunque se permitió formar una discreta sonrisa ante ello. No había nobles en Durban,no desde que ella ascendió al trono,pero era perfectamente consciente de a que se refería el otro con sus palabras. No hablaba sobre un titulo,o sobre poder,si no de una actitud. Una manera de comportarse que siempre permanecería sobre unos individuos u otros.

Desvió la mirada,cansada. Era mas agotador lidiar con aquellos que insistían en que se tomase un descanso que realizar su trabajo .Nowell usualmente solía ser un aliado suyo,pero también tenia esos momentos en los que a su alegre manera y sin insistir mucho en ello lo hacia. Porque no eran capaces de percatarse que el deber de cualquier rey o reina nunca finalizaba. Que tenían privilegios,y que el precio de ellos eran las responsabilidades que acarreaba,el no poder dejar su labor de lado ni un solo instante. Era consciente de ello desde que tenia uso de razón,y sin embargo parecía una verdad difícil de ver por el resto de seres,a pesar de ser algo tan evidente.

-Perder el rato sin una miserable taza de te o una copa de alcohol? Si quieres que te ponga al día tendrá que ser en la salita y con una copa en mano

No aceptaría el descansar,era cabezota cuando así se lo proponía,pero si aceptaría el posponer ligeramente el comienzo de sus deberes. Un trago no le vendría mal,mucho menos después del viaje pues aun no había descansado del mismo.Y de todas formas tenia que preguntarle a su fiel consejero si había ocurrido alguna incidencia en su ausencia,así como informarle de los acontecimientos sucedidos en su ultimo viaje.

-Vamos. Necesito de alguien que vaya a por la bebida por mi.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Invitado el Mar Jun 07, 2016 3:01 am

Nowell soltó una nueva carcajada al escuchar la respuesta de su señora. No le parecía gracioso que ella pensara en bajarle el sueldo por quedarse en el castillo, pero lo aliviaba saber que no tenía en mente alguna salida extraña nueva. Él esperaba que, tras tanto tiempo, si pensaba hacer otra excursión al menos lo tuviera en cuenta para ir. A pesar de que había vivido como pirata obligadamente y que, bajo fuerza, se había acostumbrado a esa vida, supo aprovechar bien los años en los barcos y tenía muchos conocimientos útiles. Además, extrañaba un poco el mar, el balanceo de las embarcaciones, el sonido de las gaviotas revoloteando y el choque de las olas contra el casco del barco.
Notó que Yuuko desviaba la mirada con cansancio y se sintió un tanto culpable, cosa que lo hizo apagar sus risas y bajar un poco la mirada. Se llevó una mano a la nuca, justo sobre la marca en su piel, pero detuvo cualquier movimiento que iba a hacer para no desatar el lazo azul que le ataba el cabello en su típica coleta baja. Sin embargo, la voz de la dama le hizo volver de nuevo la mirada y sonrió, esa vez mostrando él un tanto de agotamiento.
La verdad era que si llegaba a beber algo con alcohol, posiblemente se desmoronara a causa del cansancio que tenía encima. No sólo había estado trabajando arduamente para cumplir más de los objetivos esperados, sino que además se había quedado hasta tarde para poder terminar con una letra decente un informe para la soberana. Lo que más lo había agotado, aún así, eran las reuniones que debió llevar adelante con lo que él llamaba los “nobles” de ese país.
Por desgracia, los magos de estratos más altos lo estresaban bastante porque mucho aún tenían esos aires de superioridad que escondían delante de la soberana pero que delante de él no se guardaban. No era tanto, había sentido las miradas de desprecio, escuchó muchas veces cuchicheos a su espalda y sabía que cualquier tipo de laguz ante él se sentiría lo bastante incómodo como para no disimularlo. Pero no tenía ganas de ocasionar problemas y sabía los prejuicios de las demás personas hacia los de su estirpe, por lo que nunca había molestado a la Reina con eso aunque sabía que podía usarlo como una carta de chantaje en caso de ser necesario. Si era por la persona que le había mostrado confianza y había prometido no traicionarlo, Nowell era capaz de muchas cosas impensables.
Se puso de pie cuando las palabras de la dama se acabaron y se sacudió con torpeza los restos de hierba y hojas de su ropa.

—De acuerdo, yo iré. Uno de los magos ha traído un costoso vino con aroma frutal que de seguro deleitará tu paladar —explicó el joven acomodándose la chaqueta y volviendo sus ojos verdes a ella—. O eso dijo él. Pero tú eres la que sabe, así que si no te gusta podemos invitarlo y hacer que se lo trague por los oídos.

Comentó con una sonrisa de malicia y evitando decir otro orificio del cuerpo por el cual él le metería personalmente el cuello de la botella a ese sujeto hablador que tan mal le había caído.
Nowell debía admitir que, aunque tampoco diría eso en voz alta, no todos los magos con los que trató eran así y los respingados de nariz (hablando en metáfora) con los que había tratado esa vez eran pocos. Pero, porque siempre había un pero, ya uno de ellos destrozaba la paciencia del expirata sin mucho esfuerzo. Tal vez era porque esos hombres pasaban de adulación a adulación, porque él resultaba ser una persona demasiado directa o porque simplemente no se llevaba bien con ese tipo de seres. No importaba la razón, no los soportaba demasiado.

—Entonces, majestad, ¿me dejaría escoltarla hasta la sala primero? —preguntó haciendo una ligera reverencia y extendiendo una de sus manos hacia ella para ayudarla a pasar el matorral cercano por el que atrevidamente se había colado—. Prometo que ir y volver con el vino no me tomará nada.

Con ánimos graciosos, él guió un ojo esperando que ella aceptara su invitación. El chiste estaba en que la sala de la que hablaba la soberana y la bodega con vinos especiales para la Reina estaba a no más de unos diez metros de distancia. Era un sitio estratégico para que los sirvientes siempre pudieran llevar a la mujer rápidamente todos sus pedidos.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Jue Jun 09, 2016 12:55 am

Nunca rechazaba una buena copa de alcohol,aunque por lo general aquellos que intentaban comprar sus favores no solian ser de su agrado. Pero tenia cierta debilidad por el licor,y era de mala educación rechazar un regalo. Ademas no todos se lo ofrecían por halagos o por ganarse el favor de la soberana. Unos simplemente se mostraban orgullosos de lo destilado por ellos mismos o lo conseguido con tanto esfuerzo,y que mejor manera de mostrar y compartir su orgullo que invitando a su propia soberana a una copa? Pero esta vez había sido Nowell quien había recibido el obsequio en su nombre. Sin ver el rostro ni escuchar la voz ajena a la hora de entregar el mismo no podía saber sus intenciones,y aunque hubiese estado presente no le aseguraba el saberlas.

-Nowell los modales. Distintas personas distintos gustos. Recuerda. Aunque a mi no me agradase el susodicho licor el mago no tendría porque haber mentido. Puede que le gustase y creyese que a mi me gustaría. O puede que solo fuesen palabras vacías quien sabe...

No era reproche,era un recordatorio.De la diversidad del mundo,de que no todo eran malas intenciones si no que podían ser simples puntos de vistas distintos o simples malentendidos. Un comentario dicho con humor,con suavidad y alegría.

Tomo la mano ajena al tiempo que aquella que quedo libre volvio a recoger parte de la tela del quimono. Yuuko no era alguien que rehuyese el contacto físico,mostraba cercania y confianza. Entregar su brazo a alguien que ella considerase de confianza o merecedor de ello podría ser un gesto tan común como inusual en ella. Ayudaba a que ambos caminasen al mismo ritmo y con la cercanía como para hablar en un tono de voz ajeno a oídos curiosos. Practico,y divertido pues las reacciones de ciertos individuos eran de lo mas divertidas .

Esa vez solo tomo la mano de Nowell,pero porque era mas conveniente caminar de esa manera a través de la vegetación,dejando atrás los jardines y adentrándose en el edificio bajo para tratarse de un palacio.

-Lamentablemente el vino tendrá que esperar a la hora de la cena. Quiero te,trae dos tazas ,y una botella de anís.

La mujer era caprichosa,se permitía serla,aunque no era egoísta en temas de importancia.

Se adentraron en el edificio,recorrieron lo largo de un pasillo en silencio,antes de doblar en una esquina.Un par de metros mas y allí estaba la puerta corredera.De color rojo y unas nubes de humo violeta decorando la misma. No había guardias patrullando ese pasillo en esos instantes,por lo que la propia soberana abrió la puerta de la que era su sala del te. Era una habitación pequeña y alargada. La pared de un tono rojizo oscuro,con mariposas negras estampadas a lo largo de la misma.En el medio de la estancia un sillón de terciopelo rojo,largo y cómodo,con capacidad para tres personas pero ocupado usualmente por la soberana únicamente. A un lado del mueble una pequeña mesa baja hexagonal de color negro. Un par taburetes pequeños y simples ligeramente apartados,cerca de la mesilla pero en una esquina de la estancia.

Soltó la mano ajena y en silencio entro en la estancia,hasta alcanzar el sillón. Con elegancia ,movimientos gráciles y lentos,se sentó en el mismo. Cruzándose de piernas y acomodándose en ese sillón cuyo respaldo alcanzaba sus hombros que parecía echo solo para ella.

Solo faltaba el te. Y el regreso de la compañía
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Invitado el Jue Jun 09, 2016 6:16 am

El muchacho rió suavemente ante el recordatorio de la mujer y asintió un par de veces.

—¿Quién sabe? —soltó en un murmullo pícaro, dejando el asunto allí.

La verdad es que ya sabía lo que ella quería decirle y entendía que tenía que cuidar no sólo sus modales, sino también ser consciente de que las personas a veces ponían esfuerzo en sus tonterías. Pero ¿cómo hacerlo? No podía evitar pensar que detrás de muchas sonrisas se escondía el aviso de una mentira, que detrás de cada palabra podía haber una traición y si bien sonaba paranoico había veces en las que desconfiaba de todos. Él había sido vendido a quienes le criaron, había visto a su madre ser asesinada por el hombre que se suponía que debía tomar el rol de padre y luego fue traicionado una vez por él, por Grubs, y otra por los mismos piratas que prometieron ser sus compañeros tras aceptarlo. No podía evitar ser desconfiado.
Sin embargo, volver a tocar ese tema con su señora sería ser repetitivo pues ella ya sabía si historia, por lo que no dijo nada más. En silencio tomó la mano de su señora y la ayudó a caminar por el jardín, guiándola y sosteniéndola con firmeza para que no se ensuciara ni un centímetro de su bello kimono. A veces esas vestimentas parecían poco prácticas, pero Yuuko no podía evitar verse siempre elegante y su presencia era importante para alguien de su status social.

—Como usted desee —respondió entretenido a su pedido, un poco sorprendido de que prefiriera el té al vino, pero al mismo tiempo complacido con poder concederle un capricho tras apenas haber llegado al castillo.

Acompañó a la dama por el edificio hasta la entrada de la sala donde soltó su mano y la dejó sola para que se acomodara. Por su parte, cerró la puerta con cuidado, sin hacer ruido, y se acercó a una de las ventanas abiertas para poder sacarse los zapatos y sacudirlos. Intentó sacarles todo el barrio que tenían encima pues no tenía tiempo de ir hasta su habitación, pedir el té y volver a tiempo. Si lo hacía dejaría a Yuuko esperando más de la cuenta y no quería hacer eso.
Tras terminar esa tarea rápida, no muy satisfecho con el resultado, el muchacho caminó por le pasillo cercano hasta dar con una de las sirvientas a quien pidió amablemente que avisara en la cocina que necesitarían agua caliente pronto. Tras eso, fue al comedor para tomar de uno de los muebles con vidrios un juego de té de color rosado con unas olas grabadas en azul en la base y los platos pintados simulando el color del mar. La tetera de ese conjunto tenía en cambio el dibujo de las islas del reino. Aquello estaría perfecto. Puso todo en una bandeja y se dirigió a la cocina.
Ya las muchachas se habían acostumbrado a que él eligiera la vajilla que debían llevarle a la Reina, por lo que no se sorprendieron al verlo llegar con la bandeja preparada. Una de las muchachas bromeó con él, mientras vertía en al tetera el agua caliente, sobre lo vago que había estado ese día y otra le alcanzó con timidez las hebras de té rojo junto a un par de cucharas pequeñas. Agregaron en la bandeja una cesta con galletas con forma de triángulo, el azucarero de porcelana y de suerte el Consejero no se olvidó de la botella de anís. ¡Qué bueno que siempre tenían una o dos a mano en la cocina! Nowell estuvo satisfecho.
Tras un par de risas y los saludos correspondientes, el muchacho salió de la cocina cargado y se dirigió directo a la sala donde Yuuko lo esperaba. No tardó demasiado en llegar pero cuando lo hizo pasó su carga a una mano y golpeó dos veces sobre la puerta antes de entrar sin esperar el permiso.

—Espero que té rojo esté bien —dijo a su señora antes de acercarse a la mesa hexagonal y dejar allí cada pieza—. Claire me lo recomendó

El nombre de la sirvienta de seguro le sería familiar a la reina, por lo que él sonrió, dejó la bandeja a un lado y comenzó a servir en las tazas.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Dom Jun 12, 2016 9:58 pm

El te iba a tardar mas de lo que hubiera tardado el licor en si,pero no importaba. Tras el viaje en barco el cuerpo no le pedía licor si no algo caliente para asentarse. A pesar de estar mas que acostumbrada al movimiento de la nave,a pesar de que el clima había sido propicio en su regreso,era lo que el cuerpo le pedía. Clama,tranquilidad,un sabor familiar...

Se preguntaba como había trascurrido todo en su ausencia,si su consejero se había limitado a las tareas dejadas en sus manos o había tomado el tiempo requerido para su persona. Pues no importaba cuanto trabajo hubiese encargado a Nowell la mujer siempre se aseguraba de que tuviera un par de horas al día para si mismo,sin contar las horas de sueño o la de las comidas y el aseo. No le servia de nada un ayudante agotado y saturado de trabajo,debía de tener  poder descansar para ser mas productivo. Para dedicarse tiempo a el mismo y mejorar sus habilidades,su persona... Nowell era joven y a pensar de que llevaba ya un par de años con ellos aun tenia mucho que aprender. Tanto que avanzar,descubrirse a si mismo paso a paso. Moldearse a lo que realmente era y ver el mundo con mayor perspectiva...

El sonido de la puerta la saco de sus cavilaciones y le hizo abrir los ojos que no supo en que momento había cerrado,disfrutando del silencio y la paz reinante en la sala.No tuvo que dar permiso pues la puerta se abrió antes de que su voz salieran para ello.

-Se toca la puerta no solo para anunciar llegadas.Si no para pedir permiso para entrar en la estancia...

La voz salio suave,con malicia. Tenia que reprender a su consejero para que el mismo dejase atrás los viejos hábitos y se acostumbrase,encajase,en la vida que ahora llevaba. Y lo cierto es que teniendo en cuenta su actitud y el lugar en el que lo encontró la primera vez que lo vio ,comparado con su yo actual el cambio había sido sorprendente.Se había esforzado,pero seguía manteniendo su esencia,siendo el.  Aun así siempre había algo que aprender,algún comportamiento que remarcar... Eso y que la mujer en ocasiones disfrutaba de sus reacciones al ver que no cumplía algo de lo que el otro era consciente.

-El rojo es perfecto. Pero no me sirvas azúcar,lo endulzare con el anís. La otra taza es para ti así que preparala como te plazca

No necesitaba añadir que podía tomar asiento pues estaba implicado en esa invitación tan directa a acompañarla a tomar el te. Una que podría ser confundida con una orden pero que no lo era.

Estiro la mano para tomar la botella depositada sobre la mesa. Esperaría a que el te  fuese servido para tomar la taza en su otra mano.

-Alguna novedad en mi ausencia? Algo digno de destacar,algo que requiera mi presencia,alguna correspondencia a mi nombre...
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Invitado el Lun Jun 13, 2016 5:16 am

El muchacho soltó una risa suave, sin mucha importancia, ante las palabras de Yuuko. Sabía que si ella estuviera con alguien más él se detendría a pedir permiso, pero estaba sola y esperándolo, le parecía estúpido esperar demasiado afuera sólo para hacerle perder el tiempo a su señora. Por otra parte, esa era una mala costumbre que tenía y que nunca se le había ido. Incluso cuando tenían visitas debía estar constantemente recordándose que debía esperar por el permiso correspondiente, aunque cuando él participaba de las reuniones de la Reina por lo general tenía más libertades. ¡Aquello era demasiado complicado! Todo eso era culpa de los estúpidos modales, de las reglas impuestas que obligaban alas personas a ser falsas, a comportarse de forma incómoda y a nunca poder ser ellos cuando lo deseaban. La nobleza, magos o no, le parecía demasiado complicada.
Dejó esos pensamientos atrás cuando escuchó a la dama referirse a su té y le dedicó una sonrisa amable, complacido con que la satisficiera. Terminó de dejar todo sobre la mesa y acercó las galletas al lado de la soberana antes de servirle una taza de té. Ya sabía que no debía colocarle azúcar cuando ella pedía anís, lo había aprendido por error una vez en el pasado y esa anécdota aún le causaba algo de gracia. Por lo que se aseguró de evitarlo esa vez y dejó delante de Yuuko la taza en su respectivo plato con al bebida humeante.
Él, en cambio, no era fanático del anís por lo que se sirvió una taza de té sin endulzar y se sentó en sillón enfrentado al de la mujer. Mientras mantenía sus manos ocupadas poniéndole unas cuantas cucharadas de azúcar a su infusión y revisaba con la mirada que no faltara nada, escuchó la pregunta y se mantuvo en silencio soltando sólo un suave ruido que demostraba que estaba pensando.
La verdad era que no habían ocurrido demasiadas cosas. Mentía, habían pasado muchas, pero nada digno de destacar o que tuviese la necesidad de contarle. Sin embargo, decidió hacer un repaso rápido por algunos temas que llamaron su atención.

—Los informes que debían traerme de las islas al sur llegaron a tiempo, terminé de revisarlos ayer en la noche —explicó mientras se acomodaba en el asiento sosteniendo la taza humeante en una mano y el pequeño plato en la otra—. He notado que agregaron un registro de las mareas del último día, creo que habrá una tormenta en poco tiempo porque la altura del agua ha aumentado. Les ordené en la mañana que reforzaran las ventanas y trasladaran a las personas más cercanas al mar a sitios seguros. No creo que sea una galerna, pero es bueno estar precavidos.

Explicó para tranquilizar a la mujer y luego dio unos tragos al té. Sabía que la palabra galerna podía causar terror en los corazones de los marineros y los puertos costeros, pero debía mantener informada a su señora. Sin embargo, la altura del agua no era demasiada y con suerte sólo sería una tormenta real. Pero Nowell no quería cometer errores y prefería pecar de prevenido.

—Lamento haberles ordenado si tu permiso —se disculpó posando al fin sus ojos en los irises de la reina—, pero lo creí necesario esta vez. Respecto al resto, hemos completado todas las tareas salvo las de esta noche y, si bien algunas reuniones se han alargado, creo que no tendrás quejas. —Él le sonrió con tranquilidad—. De todas formas, he dejado un informe en tu escritorio.

Añadió animado por haber podido cumplido todo al pie de la letra. Por supuesto, ese detallado reporte no incluía ninguna actividad extra o estado del muchacho porque no había tenido tiempo de hacer algo más. Había deseado mantener la mente ocupada hasta el cansancio y por eso decidió tomar una pequeña siesta. Cuando estaba cansado le era más fácil poner la mente en blanco.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Lun Jun 20, 2016 8:34 pm

Dejo que el joven pensase con tranquilidad,sin meterle prisa o alguna clase de presión por la respuesta que esperaba. Aprovechando ese tiempo para acondicionar el te servido por el castaño,derramando parte del liquido de la botella en la infusión hasta saber la mujer a ojo,gracias a la experiencia,que estaría a su gusto. con la bebida preparada ya no había necesidad de continuar con la botella de anís en sus manos,por lo cual la deposito en la pequeña mesita. Cerca de la tetera y el plato de galletas que no esperaba al no haberlo ordenado.

Tomo entonces la taza con ambas manos,dejando el platillo sobre el mueble ,dejando que el calor que emanaba de la bebida y que en parte traspasaba la cerámica llegase hasta sus frías manos. Era agradable,mas después de volver de viaje. Sus ojos se cerraron con calma y sus oídos captaron la voz ajena ,los datos que de forma ordena y con calma el mismo recitaba. Un recuerdo lego a su memoria,cuando los informes no eran informes si no sucesos e ideas dichos con desorden y expresados con brusquedad. Caótico y vulgar,tal y como había sido la vida del joven antes de su entrada a palacio. Y una vez mas recordó lo que los seres vivos eran capaces de cambiar en tan poco tiempo. No solo por su manera de expresarse,si no por la lealtad mostrada,la iniciativa... pero por sobre todo,por aquella preocupación para con su país que Nowell compartía con ella. Si este echo era debido a su lealtad con ella o su amor por las islas lo desconocía aun,mas no le importaba. Fuese cual fuese el motivo sus actos mostraban que se estaba esforzando,dando su máximo esfuerzo,por el bien de todos. Aunque no todos le agradasen.

-Esta bien. No era una orden trascendental,una que pudiese causarme un problema o dejar a nuestro reino en una posición problemática,si no una necesaria. No es necesario disculparse por hacer lo correcto,después de todo mas vale prevenir que curar no crees?

Sonrió ligeramente,aun con los ojos cerrados disfrutando de la paz que ese pequeño salón irradiaba. La taza subió hasta posarse sobre sus labios,entreabrió los mismos y dejo que la infusión los mojase,que bajase por su garganta. Caliente pero no hirviendo,no quemaba. Dulce por el licor vertido. Al gusto de la soberana

-Ademas,si hubiese sido una galerna no habría tiempo para reaccionar. Es posible verlas venir,pero en general surgen de la nada y con la misma rapidez con la que aparecen se desvanecen. Aun si lo alcanzas a ver no tendrás tiempo de tomar medidas... pero no deja de ser eso. Una tormenta. Y estando donde estamos es tan usual que no puede derrotarnos,ni siquiera derribarnos. Debemos tener en cuenta los elementos,mas no preocuparnos por algo inevitable como lo son ellos...

Abrió entonces los ojos al tiempo que bajaba la taza tras un segundo trago. Iris rojos clavados en la figura ajena,analizandole con seriedad durante unos instantes antes de sonreír con cierta ternura. La que mostraría la madre para con un hijo,la que solía mostrar la reina para con su pueblo...

-Dicho esto solo me queda algo por añadir... Buen trabajo Nowell. Ahora puedes descansar. Al menos hasta mañana ,has trabajado duro y lo mereces... lo cual me hace recordar que con tanto movimiento no habrás tenido tiempo para tus estudios. O me equivoco?
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Invitado el Mar Jun 21, 2016 12:25 am

Él asintió, tranquilo por las palabras de la Reina, y mostró una sonrisa calmada. Le agradaba saber que sus decisiones habían sido acertadas, después de todo hacía tiempo atrás era de equivocarse a cada paso y cometer errores tontos. Poco a poco iba mejorando, esperaba que ella estuviese satisfecha, aunque sabía que le faltaba mucho más por aprender.
Tomó unos tragos cortos más de su bebida rojiza y se mantuvo en silencio observando el fondo de su taza. Aún así, pese a todo lo que había armado para ayudar a las islas, estaba preocupado por la fuerza de la tormenta pues las variaciones habían sido marcadas. Deseaba que no tuviesen que lamentar muchas pérdidas o alguna muerte, eso era duro para los ciudadanos y pesaba en la soberana. Lo que menos deseaba es que ella tuviese algo más con lo que cargar. Y, debía admitir, él comenzaba a tenerle cierto aprecio a esa tierra y deseaba poder hacer algo para protegerla. No sabía si podía llamar a Durban un hogar, su hogar o el sitio donde sentía que debía estar era a un lado de Yuuko. Aún estaba confundido con esos sentimientos.
Volvió sus ojos a ella cuando habló sobre la galerna. Lo que decía era cierto, si bien él podría haberla visto llegar tres o cuatro horas antes -dependiendo de la velocidad- gracias a su buena vista como branded, no podrían haber avisado rápidamente al resto del territorio. Pero tampoco había notado en el aire esa sequedad que anuncia la galerna, por lo cual podían estar tranquilos. Él ya se había cruzado con una en el mar, todavía no sabía por qué había salido vivo de todo eso.
El hecho de que los irises rojizos de la reina se cruzaran con los suyos hizo que dejara su linea de pensamientos atrás y se sintiera curioso respecto a esa mirada. Ella le sonreía con ternura y algo dentro de Nowell se movilizó. Sintió un ligero calor en el pecho y se vio obligado a desviar los ojos cuando ella lo felicitó por su buen trabajo. Sonrió agradecido por aquel gesto que para él valía más que cualquier cosa, peor las siguientes palabras de la dama, aunque amables, le formaron un gesto culpable en el rostro.
Se llevó una mano a la parte trasera de su cabeza y rascó sus cabellos con cierta pena mientras sus ojos se volvían a ella.

—No he podido tocar un tomo —admitió con un poco de vergüenza porque se suponía que esa era otra de sus tareas pero la había descuidado—. Aunque, sigo diciéndolo, no estoy seguro de que esto realmente sea lo mío Yuuko.

Su manera informal de tratarla de seguro espantaría a más de un mago de alto rango o a uno de esos antiguos nobles, pero él no podía evitar tratarla con confianza cuando tocaban esos temas y estaban solos.

—Creo que sería mejor si me dedicara a pelear con mis puños. De verdad que creo que se me da mejor —comentó con una sonrisa suave—. Aunque se que necesito estos tomos para poder serte de ayuda...

Y ese era el gran dilema en su vida con respecto a la magia oscura. No la quería, no terminaba de sentirse cómodo, le generaba pesadillas, terminaba cansado a usarla y sentía que le sería imposible alguna vez controlarla como era debido; pero era una herramienta. Si fuese un simple guerrero no podría estar de esa forma con la Reina. ¡Y quería ser su Consejero! Pero la magia... a veces le resultaba demasiado extraña.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Dom Jun 26, 2016 10:41 pm

En lo que a magia se refería Nowell era nuevo en la misma. Hacia menos de dos años que tuvo su primer contacto con la misma y eso implicaba al ver la misma de cerca. No había formado parte de su vida hasta que entro a su servicio,era nuevo y extraño. Debía acostumbrarse a ella y ella acostumbrarse a el. Yuuko por una parte entendía aquello,por otra no pues toda su vida había estado rodeado de poderes y todo tipo de artes. Para la monarca aquello era tan natural como el respirar.Como el navegar

Al branded le faltaba acostumbrarse a ese nuevo elemento de su vida,le falta estudiar y practicar para poder dominar por completo aquel nuevo poder ganado. Y no había problema con ello,pues era algo de fácil solución. El tiempo y el esfuerzo lo arreglaban. Mas el rumbo que tomaban las palabras ajenas era distinto. Y aquello no era un problema tan sencillo de superar.

-No dejas de cometer los errores mas obvios.

Dejo la taza en la mesita al lado,segura de que tardaría al menos un par de minutos en volver a tomar un trago. El tomo que siempre colgaba con un trozo de tela sobre su cadera,aquel que ahora descansaba sobre el sofá,fue tomado entre sus manos. Deshizo el agarre del mismo sobre sus ropas con diestros movimientos de una de sus pálidas manos,antes de depositarlo sobre su regazo.

-Tienes que confiar en ti. Si tu mismo no lo haces no puedes esperar que otros lo hagan.

Las manos,casi blancas,se posaron extendidas sobre la cubierta del tomo

-La magia esta a tus ordenes.Y a cambio tu dependes de ella. Nadie tiene el control.Y ambos lo tenéis. Si realmente no fueses capaz de hacer esto no hubieses podido hacer nada. Absolutamente nada. Y eso no es cierto.

Si  bien era normal que el otro aun carecía de control y sabiduría para un apropiado uso de las artes arcanas no es como si nunca hubiese sido capaz de usar magia. La había usado,había sido capaz de ello. Y si lo había echo una vez podía hacerlo mas,solo que de mejor manera. Mejor cuanto mas tiempo pasase.

-Aun si no usases magia podrías serme de ayuda,puede que no a mi lado pero aun podrías ayudar.Y lo sabes.Y aun así elegiste la magia. Ahora carga con tus decisiones y deja atrás las dudas e inseguridades. Tu puedes hacerlo,lo se. Pero no sirve de nada si tu mente y corazón no creen en ello.

Clavo sus ojos rojos,con severidad,en la figura ajena. Tono de voz mas serio de lo usual.Porque realmente tenia que entender. Aprender a quererse un poco mas.

-Las artes arcanas no están echos para los débiles de cuerpo y mente. Tu cuerpo es fuerte,no dejes que tu mente juegue contigo y se haga débil.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Invitado el Miér Jun 29, 2016 8:00 pm

Sin poder evitarlo, Nowell bajó la mirada al escuchar las palabras de Yuuko y no pudo más que darle la razón. Él siempre cometía los errores más tontos y obvios, era como su marca personal desde que había puesto un pie en ese castillo, sin contar que cada cosa que hacía mal lograba arrancar algunos murmullos a sus espaldas que lo molestaban. Con el tiempo, había logrado que los comentarios obre él no le afectaran porque lo que debía importarle era su señora y nada más. Ella le había dado su confianza y en retribución Nowell le juró completa lealtad.
La escuchó en silencio, tomando la taza entre sus dos manos y dejando el plato sobre la mesa, sintiendo el calor de la bebida traspasar la porcelana y llegar hasta su piel. El asunto de la confianza era algo que le costaba trabajar, había sido traicionado tantas veces en su vida que le costaba pensar en él como alguien confiable pese a que Yuuko depositaba en él muchas esperanzas. Sentía que nunca llegaría a cumplir con lo que se esperaba de él y eso lo ponía nervioso. Ese era su punto más flaco.
A pesar de que las palabras de la Reina se acabaron, el Consejero no levantó la mirada. No se atrevía a enfrentar los ojos serios de la soberana porque sabía que no terminaba de entender el punto de todo aquello. Sólo sabía que para poder ser de utilidad había decidido acercarse a la magia, no renegaba de eso aunque sabía que había tomado un camino que para él era más difícil. Y la energía oscura que estaba empezando a controlar lo sabía, buscaba sus puntos débiles, lo atacaba en los momentos menos inesperados e intentaba hacerse con su mente.
Un mago oscuro debía ser más fuerte que uno convencional por las fuerzas con las que trataba, lo entendía, se lo había repetido miles de veces pero cuando estaba tan cansado sentía que le era una tarea imposible.
Sin embargo, no dijo nada de todo eso, se guardó esas preocupaciones en su interior y sintió suavemente antes de volver sus ojos a los de su maestra.

—Lo sé, lo siento. A veces se me olvida —comentó soltando un resoplido de gracia totalmente fingido—. Estoy cansado, eso es todo. Seguro con una buena siesta se me pasa —se excusó—. Pero no me malinterpretes, no me arrepiento de estar donde estoy, prefiero poder estar a tu lado y ayudarte de esta forma. Te lo debo y quiero hacerlo.

Eso sí era verdad. Era su decisión, era fu forma de agradecerle a la mujer por la salvación que le había ofrecido, por confiar en él, por en esos dos años no haberlo traicionado. A veces temía que ella lo hiciera, que por una decisión le diera la espalda, pero luego veía todo lo que la soberana se esforzaba por su gente y se repetía, con seguridad, que ella no era capaz de hacer algo así.

—Prometo que volveré a estudiar desde esta noche, contigo por aquí tendría un poco más de tiempo disponible. —De pronto los ojos de Nowell se volvieron serios y sus siguientes palabras fueron dichas con un verdadero tono de sinceridad—. No voy a defraudarte, Yuuko.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Jue Jul 07, 2016 8:06 pm

La mujer era observadora,y conocía a su interlocutor mas de lo que el otro creería. Los pequeños gestos ajenos no pasaban desapercibidos. Nowell no era arrogante,no era el tipo de persona que se cree mas que el resto,pero tenia cierto orgullo que no le permitía agachar la cabeza con facilidad. Una fuerza que le permitía sobrevivir con dignidad en un ambiente donde otros lo creían inferior,ella lo sabia no lo había pasado por alto,pero el hombre sabia defenderse sin necesidad de atacar a nadie. Y el mundo era cruel,ella no podía protegerlo de ello. Por eso mismo el echo de que bajase la cabeza frente a ella,esquivando los ojos de la soberana,significaba que estaba avergonzado.Que era duro. Una verdad que conocía y que costaba escuchar de labios ajenos.

Pero Yuuko en esos instantes no podía permitirse ser mas amable con el,ser mas permisiva. Pues de esa manera el joven no conseguiría avanzar. Se quedaría estancado en el mismo lugar,repitiéndose una y otra vez que no era lo suyo.Pero tampoco tenia porque ser cruel con el. Solo dejarlo ser,pensar,reflexionar. Dejarlo agachar la cabeza todo lo que desease,lo que necesitase. Pero no callaría.

-Se te olvida porque deseas olvidar,porque te es mas fácil hacerlo. El ser humano siempre tiende a ir por el camino sencillo...aunque sea de manera inconsciente .

La mujer se inclino ligeramente hacia adelante,con gesto elegante casi como si todos sus movimientos así lo fuesen.Una elegancia natural. Estiro el brazo hacia la mesa y por primera vez desde que la bandeja entro en la estancia se permitió tomar una de esas galletas que no había pedido,pero que siempre se agradecían.No tenia hambre,pero tampoco era ese el objetivo de sus acciones.Si no darle al otro mas tiempo para si mismo,para pensar.

-El agotamiento psicológico no se arregla con una simple siesta....

Murmuro mas para si que para el otro,importándole poco si le escuchaba o no.Introduciendo el dulce en la boca.Sus ojos seguían clavados en la figura ajena,esperando no solo palabras si no reacciones de su persona.

Sonrió al ver como Nowell alzaba el rostro una vez mas. Las dudas quedaron atrás y la determinación se mostraba en sus ojos. Puede que dudase y que no confiase en si mismo,pero la mujer sabia que nunca iba a abandonar la decisión tomada años atrás. No se arrepentiría,ni lo dejaría atrás,porque en esos momentos era lo único que tenia a lo que aferrarse. Su decisión,su resolución. Por eso la soberana estaba tan convencida con el echo de que el otro no se dejaría dominar por el poder que estaba intentando controlar,si no que conseguiría ser un gran mago. Porque era lo que quería,lo que necesitaba para conseguir su objetivo en la vida

-Se que no lo harás. De la misma manera que se que llegaras a ser un gran mago algún día. Y de la misma manera en la que se que esta noche no estudiaras. Has dicho que estas cansado,y es normal. El descanso también es una parte importante de tu instrucción,no solo el estudio y la practica. Así que no,por hoy no harás nada mas.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 09, 2016 11:12 pm

No podía decir que las palabras de la Reina no eran acertadas. Era cierto lo que decía de las personas, lo de tomar el camino fácil, pero a veces él creía que no tenía realmente un camino fácil o la elección para este último. Él había tenido una vida difícil, se había adaptado, había sobrevivido pero no estaba seguro de si eso había ocurrido porque decidió tomar el camino fácil y no pelear o simplemente porque no le quedaba otra alternativa.
Pero no importaban esas cosas, él ya había tomado su decisión y no iba a cambiarla, podía su mente olvidar o querer hacerle pensar que había otras formas, pero él estaba con los pies en la tierra y decidido a empujar su orgullo más hacia delante en pos de lograr satisfacer lo que su señora necesitaba y lo que esperaba de él. Y la respuesta de Yuuko no hizo más que hacerlo sentir un poco avergonzado.
Ella ponía su fe en él, confiaba en que no iba a decepcionarla, en que sería un buen mago y miles de cosas más que no decía pero que con sus frases quedaban a la vista. Confiaba en que no se dejaría dominar por la magia oscura, en que no se quedaría atrás y que no la dejaría sola. Él estaba allí para ella, lo había jurado, su lealtad le pertenecía por completo y él no se arrepentía porque esa decisión le estaba otorgando un futuro que en sus más extraños sueños no habría podido imaginar.
Sin embargo, lo que más lo sorprendió y le hizo dar un resoplido fue la seguridad con la que ella decía que no iba a estudiar porque estaba casado. Esa certeza venía acompañada de la orden implícita de que descansara. Al día siguiente volvería a su entrenamiento. Él asintió una vez, con una sonrisa de agradecimiento y decidió seguir las palabras de su señora.
Le dio un trago al té, casi llegando a la mitad de la taza porque estaba demasiado caliente para su gusto y volvió a tomar la palabra.

—¿Qué hay de ti, Yuuko? —preguntó con la familiaridad de costumbre—. He hablado del castillo y de mi, pero personalmente me interesa saber qué avances han tenido, lo ocurrido en el viajes y qué piensas hacer a partir de ahora.

Y estaba hablando de más allá de las reuniones programadas, el papelerío o la caza continua de piradas, traficantes y personas de los mercados ilegales. Hablaba respecto a lo que ella planeaba a futuro ahora que todos sus primeros planes estaban manejándose como esperaba, que el reino comenzaba a estar más organizado que hacía un año atrás. Ahora que, como correspondía, su voz era orden y nadie osaba desafiarla directamente.

—Por favor, dime que por la tormenta podremos cancelar algunas reuniones de rutina de halagos, detesto que vengan a echar rosas sin sentido —masculló él frunciendo los labios y dejando salir un poco su parte caprichosa y, al mismo tiempo, protectora.

Detestaba que los oídos de su protegida, maestra y señora tuvieran que soportar palabrerías bonitas que no llevaban a ninguna parte y con lo que sólo intentaban en vano hacerse con sus favores. Aunque, creía, él detestaba más tener que poner un rostro serio ante semejantes frases tontas y no poder reírse en la cara de los hipócritas que pasaban a besar los pies de su majestad como si eso fuese lo único que ella deseaba.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Jue Jul 14, 2016 11:56 pm

Aunque pareciese que la mujer apenas tocaba la taza de te el contenido de la misma comenzaba a mermar entre frase y frase.El calor de la infusión,abrasador para tantos,era familiar y bienvenido para la mujer. Así como su saber entremezclado con el dulzor del anís que de tanto en tanto se quedaba impregnado en sus humedecidos labios.

Y allí estaba de nuevo,esa preocupación que agradecía pero que en ocasiones consideraba excesiva.Aunque esta vez era bien intencionada,pues el objetivo de la misma era conseguir información,saber de los andares de la monarca tanto presentes como los de un futuro próximo. No pretendía incitarle a guardar distancia sobre algo,privarla de su libertad ni de las decisiones tomadas.Solo quería saber,una necesidad...curiosidad... sinceras.

La mirada carmesí se torno seria,mas no se clavo en la figura ajena sino en la puerta corrediza frente a ella. Lo cierto era que había algo que no le gustaba,algo que le preocupaba en relación con su ultimo viaje.

-El viaje a sido lo de siempre. Hemos acabado con varias tripulaciones. Pero es preocupante el echo de que el numero de enemigos no parezca disminuir,no son mas que unos estúpidos orgullosos sin sentido común... Pero no son ellos los que me preocupan.

No,los piratas eran un problema,el principal de Durban. Aquellos que habían llevado el país al borde del desastre durante tanto tiempo que habían acabado por creer que podrían campar a sus anchas por el lugar sin consecuencia alguna. Pero estaban empezando a controlarlos,en parte,y había una plaga que comenzaba a tomar fuerza y que era mas peligrosa.No solo por el echo de que las noticias decían que era algo que no solo afectaba a sus tierras,si no que era una plaga global,si no por un letal detalle.

-Nuestros mares están comenzando a ser tomados por esa plaga desconocida. No hay nada mas peligroso que un enemigo que no siente dolor ni temor... Pronto comenzaran a alcanzar las islas si es que no lo han echo ya. Debemos reorganizar parte de la flota y aumentar las salidas si no queremos que Durban sea también sangrada por los emergidos... Aunque... puede que tenga su parte positiva y se maten entre ellos.

Comento con cierta gracia,pues no descartaba esa posibilidad.No era lo ideal,pero le ahorraría problemas que sus enemigos se eliminasen entre ellos...aunque la única finalidad del comentario fue restarle algo de importancia al asunto,sintiendo que el aura que envolvía la estancia comenzaba a tornarse mas pesada de lo que debería. Algo con lo que no deseaba lidiar en esos momentos nada mas haber vuelto de su viaje.

Dejo escapar una risa maliciosa ante el ultimo comentario,disfrutando en parte el malhumor de su consejero ante esos temas. El ya sabia donde se metía cuando acepto el puesto,sabia que lo detestaba y aun así lo hacia por ella.Lo cual resultaba encantador,y divertido el saber que el otro se contenía para no dedicar miradas de desprecio y asco,que hacia todo lo posible para controlarse y no dejar salir su disconformidad con todo aquello.

-Las reuniones son divertidas,y no solo por las caras que pones. Son un juego,en el que tienes que adivinar la verdad oculta entre las palabras pomposas y adornadas.

Y lo cierto era que la mujer en parte disfrutaba aquellas reuniones que no llevaban a nada,viendo el esfuerzo inútil que algunos ponían en intentar ganarse su favor.Intentando adivinar las verdaderas intenciones de sus interlocutores. La decepción e irritación que mas de uno intentaba disimular al descubrir que su objetivo no seria cumplido.

-Pero no te preocupes.Si realmente se avecina una tormenta serán ellos quienes cancelen las reuniones. No tendremos que hacer nada mas que aceptar las disculpas.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 16, 2016 1:53 am

Era claro para él que los piratas eran personas sin mucho sentido común y cargados de orgullo. Para ellos morir asediando un lugar o pescando una presa enorme era el mismo honor, era una misión en la vida, una forma de agradecer el tiempo con los camaradas. Una tontería. Si bien Nowell había pasado mucho tiempo entre ellos, casi o más de diez años para ser sinceros, nunca había compartido la forma en la que ellos veían el mundo. Sí, lo había ayudado porque no había tenido otra opción, pero nunca compartió los cánticos y las palabras que profesaban en contra de las personas. ¿Qué había de malo en vivir una vida bajo leyes? ¿Qué había de malo en defenderse e intentar ganarse el pan de cada día? Nunca iba a entenderlos.
Pero Yuuko eso ya lo sabía, estaba combatiéndolos hacia tiempo y había conocido a todo tipo de piratas incluso siendo más joven, antes de ser la reina. Ella, a pesar de todo, no se dejaba amedrentar. Aún así, otra fuerza era la que preocupaba a la reina, una que no sabían ni de dónde salía ni a dónde querían ir a parar, una que caminaba sin vida y que actuaban como una gran plaga.
Al escuchar la palabra "emergidos" de los labios de su reina el consejero frunció el entrecejo con molestia. Tras lo que había pasado hacía aproximadamente un mes en Begnion, en el puerto que estaba cercano al sitio que lo vio crecer, aún estaba fresco en su memoria. Esos cadáveres asquerosos atacando cualquier cosa que se movía, sus ansias de sangre a pesar de no tener vida, los gritos, la sangre, el horror. Y esa misma plaga estaba llegando a las hermosas islas de Durban. Estaban llegando a todo el mundo.
La idea de que se mataran entre ellos hizo que el muchacho elevara una ceja y una sonrisa ladina apareciera en sus labios. Era muy fácil pensar algo así, sólo necesitaban saber dónde y cuándo aparecerían los emergidos y él junto a los generales de la flota podrían trazar un plan adecuado. Claro, no era tan fácil, esos cadáveres aparecían aleatoriamente como por arte de magia. Magia. No simpatizaba mucho con la magia por ser, a veces, tan impredecible. Tal vez por eso seguía reticente a tocar mucho más sus tomos.
Se llevó la taza de té a los labios y bebió mientras sopesaba todo aquello, mas sin embargo la respuesta de la mujer a sus últimas palabras lo hicieron achicar la mirada y verla por encima de la cúspide de la taza. ¿Así que le parecían divertidas sus caras? ¡Qué crueldad! Pero no podía reprochárselo, al menos uno de los dos la pasaba bien con todo eso.
Apoyó la taza sobre la mesa tras terminarla, dejándola con un tintineo en el plato correspondiente, y se cruzó de brazos mientras se recostaba contra el respaldo de su asiento.

—Tu firmarás las disculpas, eso no me incumbe —comentó observando hacia otro lado pero al final terminó soltando una risita suave. Sabía que iba a terminar ayudándola de todas formas—. Además, sabes que detesto las adivinanzas, ya tu sola me das bastante dolores de cabeza cuando te pones en plan misterio —agregó aflojando sus brazos para dejarlos a cada lado y ladeando su cabeza con tranquilidad.

Adoraba poder hablarle tan familiarmente a su reina, al menos cuando estaban solos, y que ella no se lo tomara a mal. Al principio, cuando era un don nadie salido de la cárcel, cuidaba con exceso sus palabras e insultaba por lo bajo al cometer errores pero con el tiempo se había distendido. Tal vez demasiado. A veces se le iba a la mano delante de las visitas.

—Con respecto al asunto de los emergidos... —murmuró. Yuuko ya sabía que él había tenido un encuentro con ellos en Begnion, en aquella visita personal por la que le había pedido permiso con mucha anticipación. Aún recordaba el gesto entre disgustado y preocupado de ella al verlo llegar con unos cuantos rasguños—. Creo que lo mejor será tratarlo con las flotas, pero si quieres mi opinión deberían reforzar los barcos y cambiar las rutas, que las flotas realicen trayectos más cortos para poder controlar las islas con mayor rapidez y estar más cerca si algo ocurre.

Eso era, en realidad, una estrategia que en su grupo de piratas usaban para controlar los puertos de islas que estuvieran cerca entre ellas. Con varias personas vigilando en distintas direcciones usando catalejos (o en su caso sus propios ojos), el rango de vigilancia era mayor y cuando más corto el trayendo, al menos tes o cuatro islas, mejor idea de la situación se podía tener. Por supuesto, en el caso de una estrategia así para protección, era una forma de vigilancia global pero que permitía que de pasar algo las tropas de tierra con izar una bandera avisaran a los barcos cercanos con rapidez.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Mar Jul 19, 2016 1:29 am

En ocasiones sentía que el hombre se tomaba mas enserio que ella el trato con los miembros de la corte y aquellas visitas de alta alcurnia. Quizás porque en el fondo la mujer siempre había estado socialmente por encima de ellos,y Nowell por debajo,y eso creía distintos puntos de vista que se complementaban el uno al otro. No es que la mujer no se tomase la política enserio,todo lo contraria,sabia de la importancia de ella. Simplemente no veía la necesidad de firmar disculpas,simplemente ser notificadas de ellas y aceptarlas en persona era suficiente. Y aun así firmaría toda carta que llegase a su nombre,por mas tiempo que eso le quitase para tareas de mucha mas importancia para el país en esos instantes .Nunca dejaría de lado ninguno de sus quehaceres,esa era la determinación que poseía muchísimo antes de ascender al trono y no pensaba flaquear una vez llegados hasta allí.

-Te molesta mi manera de expresarme?

La mujer sonrío divertida,consciente desde hacia tiempo de su peculiar palabrería. No era la primera vez que Nowell se lo recalcaba y segura estaba de que no seria la ultima. Pero así era ella,y aunque fuese capaz de ir de forma mas directa sin andarse por la rama no lo haría. Sentía que la manera en la que decía las cosas obligaba a los demás a pensar sobre si mismos,presionar ligeramente ese botón que los lleva a reflexionar sobre temas que de otra manera no lo harían. Y ocultar algunas verdades sin necesidad de mentir.Pues en el mundo en el que ella vivía,aquella alta esfera de poder,era peligroso revelar las verdaderas intenciones de uno sin cuidado alguno,casi tan peligroso como mentir y ser descubierto. Ademas las palabras dichas con exactitud eran irónicamente mas fáciles de malinterpretar,mientras que la manera de expresarse de la soberana tachada de "misteriosa" nunca sabia como interpretarse. Una sutil pero importante diferencia.

-El uso de la palabra es una parte importante de la política,el poder manejarlas a la perfección,dando la sensación de que danzan unas con otras. Habilidad,control. Y las adivinanzas... el mundo de las palabras es mas complejo y peligroso del que uno creería.

Dejando de lado el tema de la palabrería el asunto sobre los emergidos era algo que le preocupaba mas,y si bien su primera intención no era pedirle su opinión a Nowell si no informarle sobre el asunto si que deseaba saber que pensaba. Habia tenido un encontronazo con ellos en tierra firme y había salido bastante bien parado del mismo.Aunque la experiencia fuese de una única batalla seguía siendo experiencia.

-No podemos cambiar las rutas. La de algún que otro navío si pero no las de toda la flota.Las rutas son las que son por un motivo.No podemos dejar desprotegidos los mares,a los pescadores,comerciantes y viajeros que los transitan,por proteger la tierra. Debemos protegerlo todo.

A diferencia de otros países Durban no constaba solo de tierra,si no que el mar también era parte importante de el. Por ello a pesar de no ser el país mas grande si que tenia una buena extensión,una ruta que dependiendo del clima tomaba mas tiempo de recorrer que la de un camino mas largo de tierra firme. No podían centrarse únicamente en una parte del país y dejar la otra a su suerte cuando muchos de los habitantes del lugar tenían oficios relacionados con la mar. Podían perder la vida en el trabajo o el trabajo en si,cosa que también les complicaría la vida.


La idea de  Nowell no era mala,simplemente no podría aplicarse por completo,pero si que podían planearse nuevas rutas o modificar algunas.Para tener mas control sobre las costas.

-Tal vez debamos cambiar los horarios en los que parten las naves para acomodarlos de manera que nunca quede terreno sin vigilancia. Lo ideal seria poner mas naves en el mar,pero eso nos dejaría sin gente en tierra y desprotegidos ante un ataque sorpresa. Aunque si que podríamos aprovechar y pedirles mas naves a los astilleros por si son necesarias en un futuro próximo. Creara mas puestos de trabajo y estaremos preparados si es necesario.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 22, 2016 7:37 am

El muchacho escuchó con atención a la mujer y soltó un resoplido de gracia al final, pasándose una mano por el cabello en un gesto contrariado pero mostrando siempre una sonrisa burlona en el rostro. Había dejado atrás el tema de la palabrería y la política porque las palabras de su majestad le hicieron dar cuenta de algo que, en cierta forma, lo hacía sentir decepcionado de sí mismo. No mucho, sólo un poco.

—Creo que sigo pensando como un maldito pirata —murmuró lo suficiente alto como para que ella lo oyera y soltó un resoplido desviando la mirada.

Era cierto que los piratas, por lo general, solían atacar a los barcos en alta mar pero en muchas ocasiones, y más en sitios tan bien cuidados como Durban, era normal que apuntaran más a atacar tierras que a barcos que pasaban por sitios muy controlados. Si algo caracterizaba a los rateros del mar era el hecho de que no tenían intenciones reales de atacar o destrozar barcos armados o importantes a menos que los necesitaran o estuvieran equipados para ellos. Un barco con piratas pero con pocos cañones poco podía hacer contra una única nave de una flota armada. Eran ladrones, no idiotas.
Él lo sabía mejor que nadie y conocía varias estrategias para vigilar tierra desde lejos por lo cual podía pensar una estrategia a la inversa con facilidad, pero era cierto lo que decía la reina pero por otra cosa mucho más profunda: si decidían cambiar las rutas para mayor vigilancia tenían que equilibrar ese punto con la seguridad y al fin y al cabo terminarían mareando a la flota. Sin embargo, la idea de construir más naves generaría trabajo, aunque era un plan a largo plazo y con la amenaza de los emergidos encima no tenía tres o cuatro meses hasta podes armar unos cuantos barcos (si, al final, no resultaba ser más tiempo que era lo probable). Tal vez sería mejor buscar formas de optimizar la producción y modelos de barcos sencillos de armar para no retrasar demasiado la protección.
Nowell se quedó pensativo un momento, con la mirada baja y el entrecejo fruncido. Conocía bastante de naves y de cómo manejarlas, había sido uno de sus mayores intereses cuando era un pirata, pero no estaba seguro de cómo se realizaba su construcción pues la realidad era que todos los barcos en los que estuvo fueron robados. Debería sentarse a investigar al respecto para poder aconsejar a la Reina correctamente. Un consejo de él o una palabra podía desatar en la mujer muchas ideas nuevas y eso era para lo que él estaba allí.

—De todas formas, cualquier plan que pienses llevar acabo deberá quedarse en papel e ideas hasta pasada la tormenta y el recuento de daños —comentó volviendo la mirada a la Reina y poniéndose de pie con movimientos tranquilos—. Será bueno saber cuántos daños tenemos antes de invertir dinero en los barcos, sin contar que podríamos aprovechar parte de la madera dañada y los bosques de ciertas islas para hacer parches y masilla con resina para la construcción.

Ese era un punto importante, en aquel momento con la tormenta pisándoles los talones debían pensar en los gastos estructurales pero al mismo tiempo aprovechar y sacar de los daños un provecho. Nowell creía bastante en la reutilización de recursos para obras menores y sabía bien lo necesario que era tener partes y pegamento de resina, que además repelía el agua, cuando una filtradura aparecía en el casco de un barco. Nadie quería estar dentro de una caja flotante que se hunde.

—Comenzaré a buscar información al respecto y buscaré en los registros la lista de artesanos; necesitaremos algunos carpinteros —agregó llevándose una mano a la cadera con una sonrisa entretenida—. Voy a encerrarme en la biblioteca un rato —agregó con más ánimo del que cualquiera pudiera esperar de él.

La realidad era que Nowell no se veía como un muchacho aplicado en el estudio y, la verdad, no lo era. Pero tenía un alma curiosa y le gustaba entender algo nuevo del mundo, de esa forma aprendía y se sentía un poco mejor consigo mismo. Además, de alguna forma, todo lo nuevo que ponía en su mente al final terminaba ayudando a Yuuko.
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Re: ¡Te he dicho que con los puños! [Privado - Yuuko]

Mensaje por Yuuko el Vie Jul 22, 2016 11:06 pm

Nowell había cambiado,eso estaba claro al menos para ella.Aunque siempre cabía la duda de si realmente había cambiado desde que lo conoció o simplemente había vuelto a lo que siempre debió haber sido,a lo que las circunstancias no le permitieron ser. Pero lo lógico,lo normal,su vida había dado un giro demasiado brusco en un instante y no podía seguir actuando como lo había estado haciendo cuando era un pirata.Se tenia que adaptar si quería seguir con el rumbo que había decidido tomar,y se había adaptado a la perfección. Pero esas cosas siempre eran mas fáciles de ver desde fuera,mas fácil de observar por la mujer que por el propio interesado. Y por ello mismo en ocasiones Nowell no lo veía,e inconsciente o conscientemente se degradaba a si mismo. Creyendo que aun era lo que un día fue,pero lo que ya no era.

-No creo que pienses como un pirata.Simplemente creo que tu visión del mundo es demasiado pequeña todavía. El mar es amplio,pero nunca saliste del barco,no mirabas mas allá de el.No sabes mirar mas allá de lo cercano. Pero no te preocupes,la visión se amplia con el tiempo... se aprende.

Obvio que no pensaba poner inmediatamente en marcha su plan.Era ideas,divagaciones suyas,muy probables de llevaras a cabo pero no lo haría sin antes investigar un poco. Para acomodar los horarios de la flota revisaría los actuales con anterioridad,los cuadernos de bitácora y los registros de los viajes antes de ver si realmente merecía la pena y de que manera hacerlo. Consultaría con los capitanes mas experimentados de su ejercito para ello.La construcción esperaría,no solo por la tormenta que se avecina y por como podían afrontar la situación de la mejor manera posible tras la misma. Si no por el echo de no saber cuantos navíos mas podrían llegar a necesitar

-Lo de los barcos no corre prisa la verdad,nuestra flota es amplia. Aumentarla en sobremanera sin cuidado alguno podría ser mas perjudicial que beneficioso. Es algo que es mejor investigar e ir meditando sobre la marcha que un proyecto a llevar a cabo de forma inmediata. Poco a poco,con calma y sin precipitarnos.

El joven tenia buenas ideas,y la mujer lo apreciaba.Pero se precipitaba. Como en aquellos instantes. Dejo escapar un suspiro al tiempo que le dedicaba una mirada aburrida,cansaba. En ocasiones no sabia si hablaba con una pared o simplemente no quería escuchar aquello que no le interesaba. O ambos casos al mismo tiempo.

-Con quien crees que estoy hablando? Nada de estudios,ni de biblioteca,al menos por hoy... Estoy intentando darte el resto del día libre y así es como me lo pagas? Si ese es el caso supongo que podrás prescindir de unas vacaciones durante mucho tiempo...
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