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Cuentos de fogata [Privado Alim]

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Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Lyndis el Sáb Jun 04, 2016 6:26 pm

Una fuerte rafaga de viento onduló el cabello verde de la nómada y amagó con apagar las llamas de su fogata que alejaban la oscuridad circundante. Lyn se estremeció, frotando sus brazos y arrojando otro tronco seco que pronto comenzó a ser devorado por las lenguas de fuego, renovando su vida y luz.

Era una noche fría en las llanuras, el viento de Hanon parecía traer desolación más que vida aquel día. Hanon escrutando las llanuras, o eso le solían decir los ancianos de su tribu de pequeña en las noches frías fuera de temporada. Era la legendaria nómada poniendo a prueba la determinación y fuerza de su pueblo, separando al debil del fuerte, al verdadero guerrero del extranjero.

Eran momentos como aquel que extrañaba la compañía de los suyos, sintiendo un nuevo escalofrío ante el recuerdo pese al calor que perduraba en su estomago tras la cena caliente. Pese a tener la compañía de su querida yegua, a veces la silenciosa presencia no le era suficiente.

Soltó un suspiro, acariciando en disculpa el torso de Madelyn que descansaba tras ella. No es que menospreciara la compañía de la misma pero... Su montura era mejor escuchando que conversando.

Instintivamente su mirada se desvió a un punto brillante en las llanuras, una estrella naranja en el mar esmeralda de Sacae. Una fogata, como la suya pero mucho más grande, fácilmente deducible gracias su sinigual fulgor. El ruido de conversación y risas llegaba a sus oidos por momentos, traídos por el viento y poniendola aun más aprueba aquella noche, profundizando en su ser las palabras de antaño de los ancianos Lorca y reafirmando su ausencia.

Les había divisado ya desde temprano, en el ocaso. Se encontraban cuanto mucho a una legua de distancia, una trayectoria que fácilmente podría cubrir con Madelyn, trayectoria que podría haber cubierto varias veces desde divisarla pero... Su mente estaba en el oeste, en la frontera de Lycia y en el grupo de bandidos al que perseguía.

Comúnmente solía agradecer y disfrutar la presencia de viajeros, el intercambio y ocacional trabajo con ellos. Pero ya había perdido demasiado tiempo abasteciéndose en aquel pequeño pueblo no hacía mucho, y era grande la ventaja de terreno que le llevaban los bandidos. No la suficiente para justificar marchas nocturnas, pero cerca.

Su camino era otro al fin y al cabo, pero le costaba no mirar con añoranza el lejano campamento ¿Mercaderes? ¿Juglares? Posiblemente lo primero, desde hacía dos inviernos no eran muy comunes los segundos en las llanuras. Los caminos eran de por si peligrosos con los bandidos para sumar ahora a los silentes.

Era necesario un buen motivo para adentrarse en el peligroso mar verde de los nómadas. No era lugar para solitarios aventureros como antaño.
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Invitado el Miér Jun 22, 2016 12:50 am

No es que esté enfadado... no, no estoy enfadado, pensaba el muchacho, alejándose de la gran fogata de a pasos cortos, con desgana. El calor dejaba su espalda y el viento le recibía en frente, remeciendo su cabello entorno a su rostro. Comenzaban a venir los escalofríos. No obstante, el escozor en sus ojos y mejillas se hacía cada vez más difícil de ignorar. Se repitió que no estaba enfadado porque acabasen de echarlo de ese lugar, que tampoco estaba triste, ni siquiera resentido. Sólo lo aceptaba. Así eran las cosas, y así continuarían siendo por un tiempo largo aún.

Quizás sí estaba frustrado, sólo un poco, pero contaba con que se le pasaría. Había sido su culpa en primer lugar, por mostrarle a ese grupo de artistas ambulantes que era un marcado. Debía de esperarse que hubiese una reacción como esa. Por un lado, no se avergonzaba de lo que era y mantenía la convicción de ir sin esconderlo en absoluto, sucediese lo que debiese suceder, mas por otro lado una parte de él se había hecho a la ilusión de que, en ese caso en particular, no sería así. Le habían visto con tan buenos ojos y le habían dirigido tan amables palabras al verle realizar una pequeña muestra de lo que podía hacer, una versión corta de su propio espectáculo. Intercambiar nombres y saludos también había salido fantásticamente, casi una bienvenida formal. Fue al momento en que la lectora de fortunas le había preguntado qué era lo que tenía como dibujado en la piel, que las cosas habían cambiado. No podía participar, no podía ir con ellos, tampoco podía pasar la noche allí. La dama aseguraba que atraería un desastre, el viento silbaba demasiado alrededor de él. Alim estaba segurísimo de que tal cosa no sucedía, pues no era un mago de viento, pero no había nada que hacer sino aceptar el veredicto y marcharse pacíficamente.

No se enfadaba con ellos. Había visto la mezcla de culpa y temor en sus ojos, justo antes de dar media vuelta y partir. Seguramente enviar a un niño a solas en la noche pesara en sus corazones, Alim les entendía con misericordia. No se sentían a salvo con él alrededor, eso era todo, y tenían que cuidarse. Estaba bien. Las cosas eran así y los perdonaba. La noche parecería larga y se sentiría tan sólo como en sus peores días, por seguro, pero todo eso pasaría cuando la mañana llegase y el pequeño mago sabría continuar.

Una luz pasó a su lado, anaranjada y cálida. Alim se pasó el dorso de la mano por ojos cristalinos y un poco enrojecidos antes de ladear la vista a ella: una saeta de fuego que no terminaba de perderse en el aire, una de las aves que él había creado justo antes, en su demostración. Todavía estaba acompañándolo, viajando en su propia línea recta hacia adelante. De algún modo, le daba ánimos. Apurando el paso un poco, el marcado trotó y eventualmente corrió junto a la brillante ave, deseando ver qué tan lejos llegaba antes de terminar de apagarse. La distancia acabó por hacerse larga, difícil de llevar; la mitad del trayecto era colina abajo y eso facilitaba un poco, mas no quitaba que cuando finalmente alcanzara destino, estuviera agitado por la carrera y ya trastabillando con cualquier irregularidad en el camino.

El destino no era sino otro punto brillante, otra fogata, aunque mucho más pequeña que la que había dejado atrás. Su ave se metió a aquel fuego, engrandeciéndolo y haciéndolo danzar por el impacto unos instantes. Cuando el movimiento cesó y el brillo hubo recedido, Alim pudo ver a la persona responsable de esa fogata: una sola mujer, de aspecto joven y largo cabello verde. Lindo rostro y ojos muy atentos, eso lo notaba enseguida, tanto como que no lucía muy protegida del viento de esa noche. Tampoco lo estaba él. Se preguntó si podría hallar allí nuevo refugio, aunque el rechazo de los anteriores saltaba de inmediato a su mente y le había titubear. Tendría que intentarlo. Nunca había tenido suerte particularmente mala, no creía que fuese a tener dos episodios de esos juntos.

- Disculpe la entrada, señorita~ Hace fría noche para estar afuera, y hace peligrosa noche para estar a solas. - Habló con calma y una sonrisa paciente, para nada infantil en su rostro. Había aprendido a ser educado y respetuoso, lo aplicaba constantemente, aún cuando sus años de ilusionista le enseñaran a expresarse de una forma un poco más pintoresca. Nuevamente dudó un poco, avivándose la sensación rara en su pecho. Silenciosos nervios a la respuesta que pudiera tener. - Este... ¿no compra los servicios de un vigía y un mago poderoso? Cuesta 2 manzanas y una hora de compañía, nada más. - Propuso, alzando su bolso colmado de libros a medio salir para demostrar que era un mago. Claro, el hechizo escapado era una cosa, pero tenía que poder demostrar que había venido de él.
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Lyndis el Jue Ago 11, 2016 6:06 pm

Concentró su vista en las llamas y cerró sus oídos al viento, ignorando con todas sus fuerzas al lejano grupo de viajeros. Sus ojos le ardían, pero su determinación era tal que no cedería.

Sería una noche, como tantas otras que pasaría a aquel recóndito lugar de los recuerdos sin importancia... Hasta que la fogata reavivo con nuevas fuerzas sus llamas.

¡Había cobrado vida!

Se sobresaltó, asustada, asiendo el mango de la espada frente a ella con fuerza. Su vista nublada por la luz de las llamas no notó la presencia de aquella pequeña figura hasta que palabras comenzaron a salir de sus labios.

Giró violentamente hacía él, mostrando milímetros de la hoja de su espada... Para luego bajarla con delicadeza, como quien no intenta asustar a un conejo, y depositarla del lado opuesto del recién llegado. Era...

¿Un niño? ¿Solo en las llanuras en una noche como aquella?

Vinieron con rapidez a su cabeza extraños cuentos de fogata sobre apariciones, criaturas más allá de este mundo y extrañas deidades disfrazadas de viajeros...  Pero aunque era precavida de aquello no visible, su experiencia le decía que normalmente lo que los ojos ven es aquello que es y será.  Aun sus ojos no le habían fallado lo suficiente para comenzar a dudar de ellos.

-Sin duda lo hace- respondió, notando que, pese a su propia ropa no apta para aquel entorno, aquel extraño niño parecía de estar en una condición aun peor. Un escalofrío recorrió su espalda con solo ver como iba vestido ¡¿Cómo podía de viajar así en una noche como aquella?!

Su mente rápidamente unió cabos, porque aunque el raciocinio no era lo suyo, solo había otra fuente de luz en las circundantes llanuras. El hijo de algún miembro de aquella caravana más que seguro. Algún pleito familiar le había hecho huir o simplemente un caso grave de exceso de curiosidad. No pasaría mucho tiempo hasta que alguien note su ausencia y vaya a por él.

-Lamento decir que no necesito vigía ni mago poderoso esta noche- respondió con una sonrisa divertida, ante el aire de negocios que sentía por parte del niño. Si la parte de mago era cierto, al menos eso explicaba el despertar en las llamas de su fogata. El extraño libro en sus manos ayudaba a su historia sin lugar a dudas, y no era suficiente conocedora como para contradecirle aquel detalle.

-Pero la parte de la compañía suena tentadora.- cedió con una mirada cómplice, un poco por lo entretenido que sonaba la oferta, un poco por... Aquella necesidad de contacto humano que sentía aquella noche. Si el viento le había llevado hasta allí, no era quién para rechazar la compañía. Más aun a tan módico precio.

-¿Que tal te suena una patata asada fría y 3 manzanas por dos horas?- retrucó la oferta tras hurgar en sus alforjas, tratando de hacer uso de su limitada experiencia en comercio de los últimos 5 años. Aquel exceso de provisiones proveído en el pequeño poblado quizás y hasta le sería útil.
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Invitado el Sáb Sep 10, 2016 3:06 pm

No tenía un sentido muy despierto respecto al peligro, realmente. Si lo tuviese, vivir la vida que vivía sería una ocupación mucho más estresante y menos llevadera de lo que era. Si aproximarse a la señorita en la siguiente fogata era una mala elección o un riesgo irresponsable, Alim estaba dispuesto a ver las consecuencias venir; estar acompañado era algo que necesitaba y que disfrutaba demasiado, ninguna cautela le haría desistir de buscarlo, aunque por un instante viese el arma en manos de ella y sintiera inquietud. Las personas le gustaban menos cuando estaban armadas. Desearía que no fuese necesario siquiera tener espadas por ahí, pero seguía sin creer estar viendo a una persona peligrosa. Era sólo que el mundo se había vuelto peligroso últimamente, tenía que entender eso, y con que la espada quedara enfundada por el momento calculaba que podría apartarla de su mente. Alzó la vista de las manos femeninas al rostro afable, intentando desde ya olvidar el detalle.

- ¿Es porque la señorita se hace guardia a sí misma? ¿Se defiende a sí misma? - Preguntó en mera y pura curiosidad, aún con un gesto calmo. Pese a que su servicio como mago había sido rechazado no se rendía, no decaía; la sonrisa de ella le daba espacio a sentirse victorioso ya, pues por la precisa mirada en sus ojos sabía que le estaba viendo a él como a un niño y eso le estaba jugando a favor. Muchas veces lo hacía. Donde no alcanzara con su capacidad de vender sus servicios, de vez en cuando solía ayudar la misericordia o la ternura que su aspecto físico despertase. Algún factor allí estaba impidiendo que la chica de cabello larguísimo le enviara a partir enseguida, más aún, hacía que aceptase su compañía. Se aliviaba de aquel hecho y lo agradecía en fuero interno.

Si compañía era todo lo que ella quería, compañía podría darle. Antes siquiera de la oferta fuese dada, Alim se asercaba ya al fuego, alzando su bolso fuera de sus hombros para dejarlo caer junto a una de las rocas en resguardada formación alrededor de la fogata, cortando un tanto la brisa fría. Con pasos saltarines siguió su camino, aproximándose, y para cuando la oferta final fue dada, la respondió sin parar un instante. - ¡Pero le doy hasta horas extra, señorita! - Rió, pues lo que ofrecía sobraba para satisfacerlo. De todas formas, las horas extra venían por su propia cuenta, dado que no tenía mejores opciones para pasar la noche. Mejor allí, resguardado y cálido hasta el amanecer, que vagando a esas horas. Se acercó al fuego, alzando los brazos para estirarse frente a este con un ruidito precedido de un largo suspiro complacido, aprovechando ahora que tenía permiso. Sus ánimos mejoraban al instante; era una persona que valoraba vivir en el momento actual, y descontando la mala suerte de hacía un rato, la fortuna de ese mismo instante merecía reconocimiento y alegría. Compañía, calor y comida eran buena fórmula para mejorar la noche. - ¿Donde estará esa patata fría? Estoy interesado. -

El trato quedaba hecho, eso ya era seguro. Y como un invitado en un hogar Alim se ponía cómodo sin chistar, tomando calor frente al fuego con una leve sonrisa. Era bueno adaptándose al clima, más si se trataba de calor extremo que del frío nocturno, pero vestir como vestía no solía serle un inconveniente; apenas y lo percibía como una diferencia. Con estar cerca del fuego le bastaba. Aunque, viendo a la muchacha sentada y lo bien que parecía ella también, suponía que el mejor lugar para estar era más bien ese. Compartiría la calidez aún mejor y más a gusto cerca de la linda dama, seguramente. Se acercó a ella con suma confianza, instalándose sentado a su lado, tan cerca que apoyaba su costado contra el de ella. - Con su permisoooooo. - Avisó con una sonrisa gustosa pero inocente, todavía cerca del fuego pero en una posición más provechosa. Simplemente le ponía feliz; siempre existía la distancia de su sangre llamada maldita, sus años y su aspecto, pero le hacía feliz la compañía de damas de rostro gentil.
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Lyndis el Dom Sep 18, 2016 5:40 pm

-Sí, tengo buena experiencia defiendendome- contestó con una sonrisa risueña, dandole dos palmadas a la confiable arma a su lado. La había arrebatado de manos de unos bandidos hacia menos de un ciclo y, pese a sus corruptos orígenes, había demostrado ser una herramienta útil en combate. No le condenaría por su cruento pasado.

-Me alegra oírlo- contestó, feliz de que aceptara su oferta. No tuvo que indicarle al niño que se acercara al fuego con confianza, antes de siquiera poder decir algo ya parecía cómodo y como en casa en el pequeño campamento. Una casa sin paredes y con una fuerte correntada, pero el tipo de hogar que deleitaba a la nómada. Eso de las paredes no eran lo suyo.

Desvió su vista un instante hacia el campamento lejano al escuchar lo de que se quedaría más tiempo aún. De seguro debían de estar preocupados por él... Si se quedaba dormido procuraría de llevarlo antes del alba con ellos para que no le creyeran perdido.

Contuvo una carcajada, y rápidamente cedió al pedido del muchachito lanzándole la patata que ya había perdido su calor de horas atrás. -Podemos calentarla un poco si quieres; las manzanas también. Hace bien algo caliente en el estomago en una noche como esta- ofreció, contenta en verdad por poder intercambiar palabras con alguien que le contestase. Madelyn era buena compañía pero...

Como si le leyera la mente, o quizás por la sorpresa de que se sentase el niño a su lado, la yegua levanto la cabeza y le dedicó su somnolienta mirada a ambos. Tan solo un instante, dado que rápidamente decidió que dormir era un mejor empleo de su tiempo.

Teniéndolo a su lado, Lyn le observó en detalle: pese a sus ropas y su clara apariencia extranjera, no parecía muy afectado por estar lejos de los suyos en una noche como aquella... ¡Y en los tiempos que vivían! Debía de ser un niño muy valiente... o muy tonto.

Dejó que los instintos maternales que tan ajenos le eran le guiaran, y con una sonrisa y tonos acordes procedió a preguntarle -¿Y que hace un mago tan valiente surcando las llanuras a estas horas?-
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Invitado el Miér Oct 12, 2016 12:14 am

- ¿Experiencia? Eso no suena bien, señorita. Lo lamento mucho por usted. - Comentó al ponerse a su lado, tan natural como podía salir; era obvio, a su parecer, que la experiencia en batalla era una muestra de infortunios más que cualquier otra cosa, una carga adicional puesta sobre selectos valientes en el mundo. Alzando la vista a ella con una paciente sonrisa, hizo amago de estirarse a pasarle el brazo por los hombros, y al medir que no llegaría por lejos, se limitó a darle una palmadita en la espalda. - Esta noche, no haga nada de eso, ¿de acuerdo? No hará falta, si estoy yo aquí. - Le miró con calma al decir aquello, no en soberbia sino en cierto ánimo de asistir. Su aspecto podía ser el de poco más que un niño, pero costosamente quedaban en él una que otra actitud afín, y esa no era una de ellas.

La patata asada que era parte del trato entre ambos, dejada hasta el momento en su regazo, fue tomada entonces por el mago que se estiró un poco hacia adelante, intentando calentarla al fuego desde esa distancia. No iba a servirle de mucho, todavía estaba sin pelar pero iba a sobrecocerla en lugar de lograr calentarla así. Un gesto contemplativo tomó sus facciones por algunos momentos, pensándose ciertas vías prácticas, mientras le respondía a la mujer de largo cabello verde. - ¿Las manzanas también? ¿Calientes? No es necesario sacrificar buena fruta para eso. - Dijo, con una leve risa. No sonaba muy apetitoso, a su parecer, pero suponía que se trataba de particularidades de la cocina local. Si se trataba sólo de retener un poco más de calor, prefería ayudar a su modo. Miró a la chica de aspecto mayor y guiñó del modo en que sólo un aparente niño podía hacer y salirse con la suya, impune. - Le resuelvo todo eso en un instante, sólo mire. -

Pero no era que pensara hacer nada cuestionable, bajo las libertades que su aspecto le daba; más bien, sólo tomaba la oportunidad para hacer algún truco de los suyos e impresionar o divertir. Ella estaba siendo amable con él, aún si pareciese sólo un niño que no haría mucho más que comerle provisiones y requerir su atención. Era una adorable persona. Alguien a quien deseó mostrarse un poco más capaz, o cuanto menos poner un gesto sorprendido en su rostro, del que pudiese gozar él mismo un par de segundos. Extendió frente a sí la patata, sujeta entre ambas manos; esa era la parte crucial del truco, en que mostraba que no tenía nada sospechoso encima. Luego, retirando una mano, hizo un gar de gestos ondulantes con esta en el aire, tan amplios que rozó la tela atada a su cadera, cubriendo la parte alta del pantalón; el sitio donde escondía siempre el verdadero truco, páginas y trozos de algún libro de magia para poder conjurar rápido y en discreción. Se susurró el hechizo, pues ese paso era ineludible por mucho que prefiriese omitirlo, y de los movimientos ondulantes de su mano nació fuego. Pequeñas llamas en las puntas de sus dedos, danzando en esa moción circular alrededor de la patata asada, y luego simplmente en el aire frente a Lyndis. Alim giró la muñeca y cerró la mano entonces, ahogando las pocas flamas y desapareciéndolas de allí. Su patata estaba caliente, y si ella lo necesitaba, podría ayudarle con la temperatura en cualquier momento.

Y entonces, hecha su parte y procediendo a intentar quitarle la piel de encima a la comida, le respondió a la chica con una sonrisa satisfecha y alegre. - Lo que un mago debe hacer, señorita: pasar al menos una vez, ¡y luego desaparecer! El oficio del mago debería ser un oficio nómada, por definición-- ow. - Paró en su animada habla, sacudiendo la mano, pues al intentar pelar la comida con los dedos se quemaba a cada tanto. No con el fuego que había conjurado, pero sí con una patata caliente. Se lamió las puntas de un par de dedos, e intentando dar un aire sabio prosiguió. - Viajando se encuentra la verdad de las cosas, se descubren más misterios del mundo que encerrado en una torre. Y yo he viajado por este mundo por muchos, muchos años, ¿sabe? En todos lados hay sabiduría, y yo he juntado bastante. - Dijo. No le molestaba decir qué era, no lo escondía, aunque en ese misterioso modo le venía mejor, al menos por la ocasión. Mantuvo la vista en ella, pues era el gesto en su rostro lo que le interesaba. - Pero las llanuras no están siendo muy buenas conmigo. No me han enseñado nada todavía. ¿Por qué será? -
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Lyndis el Dom Oct 30, 2016 10:28 pm

Miró curiosa, sorprendida, al muchacho ante tan peculiar respuesta ¿Lamentar su experiencia en combate? ¿Por qué la lamentaría? Era una guerrera, cada batalla era un examen que daba fe de su presteza con la espada, de su habilidad, de su capacidad. Pero aun asi, no pudo evitar sonreir conmovida ante el ofrecimiento del chico.

¿Era su inocencia lo que inspiraba tanta confianza? Sonaban con peso aquellas palabras, impregnadas de una verdad y convicción casi palpables fisicamente.

-De acuerdo-cedió, asintiendo y respondiendo el contacto físico del otro posando cariñosamente una mano sobre la cabeza del niño. Era  un buen muchacho, sus padres de seguro debían de estar extrañandole mucho en aquellos momentos. Era el tipo de niño que fácilmente notas cuando no está.

Le observó unos instantes como parecía estar pensando algo... Planeando. Casi podía verse sobre cabeza del niño como alguna ocurrencia o travesura correteaba lista para ver el mundo exterior. Y cuando estuvo a punto de responder lo deliciosas que eran las manzanas asadas, aquella maquinación del muchacho floreció en algo sorprendente.

¡Una llamarada de fuego salió de sus manos!

¡Y no fue cualquier llamarada! Con sus manos parecía darle forma al fuego y envolver la patata. Parecía como si el fuego le obedeciera, danzando aun frente a la cara de la nomada hasta finalmente desaparecer cuando el chico cerró las manos.

Lyn quedó boquiabierta, más aun tras recordar que era un mago el muchacho... Pero que jamas tocó un tomo mágico durante tal hazaña...

-¡Que sorprendente!- enunció al fin, con una jovialidad e inocencias completamente ajenas a su tono maternal de hacía instantes. Su mente se remitió a tiempos de antaño, pero por motivos distintos a más temprano en la noche.

A aquellos tiempos donde los juglares no eran raros en Sacae. A tiempos de maravilla y felicidad sin aquellas cosas malas que acontecieron luego. A tiempos de risa sin silentes... Sentía una llama reavivarse aunque sea levemente en su pecho.

Rió, divertida, y le dio al fin un merecido aplauso al niño. Con ese pequeño espectáculo había compensado con creces la paga.

-Hablas como un conocedor y amante de los caminos. He conocido otros magos antes pero eres el primero con el verdadero espíritu de un nómada- le reconoció, con un movimiento respetuoso de cabeza. Por sus palabras su conclusión inicial de que era hijo de mercaderes viajantes parecía totalmente acertada.

Hablaba como quien ha vivido largos años viajando, pero podía ver en sus ojos que debía haber visto en su vida maravillas más grandes de las que ella podría imaginar pese a su clara diferencia de años. Pero de las llanuras su conocimiento era infinito y cuanto menos en eso estaba confiada de ganarle: 18 años de experiencia en aquel mar esmeralda.

Sostuvo con fuerza aquella profunda mirada del niño, sintiendo en ella un ímpetu que no sabía explicar. Pero aun así sonrió cómplice y alzó su indice lista para instruirle.

-¡Ah! Es que las llanuras son peculiares. Los nómadas siempre hablamos de como los extranjeros no saben tratarlas.- explicó, con tono calmado pero apasionado, demostrando el cariño que tenía por su tierra amada. -A las llanuras no se les pregunta nada, no es necesario. Solo basta escuchar, y dejar que ellas hagan el resto.- llevó el dedo esta vez a su oído mientras acercó el otro frente a su boca, en el universal gesto del silencio -Y estas de suerte, esta es la mejor noche para ello.-

Cerró los ojos, y dejó que el viento terminara la instrucción. Con sus fuertes silbidos y rafagas, con sus cantos lejanos de bestias, de insectos. Con el clamor de los arboles y la hierba, y aquel frío que aderezaba las palabras de la brisa.

Era una noche inhospita para los debiles... Pero tan llena de vida y sabiduría para los fuertes. De esperanza y desesperanza por igual... De magia sin principio ni fin, como las interminables llanuras de aquel mar de jade.

Era una de aquellas noches donde las llanuras hablaban como nunca, donde el viento de Hanon azotaba con fuerza... Y donde la compañía frente a una fogata era el mayor placer para cualquier viajero.
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Invitado el Sáb Nov 12, 2016 12:58 pm

Tenía la recompensa que quería por sus esfuerzos: un gesto sorprendido que no cuestionaba, no exigía la demostración tras el truco ni buscaba escépticamente, sino que permitía a la maravilla ser. Los aplausos eran un buen agregado para él, aunque era principalmente con tan felices reacciones que se sentía satisfecho. Era el motivo por el que se había convertido en un mero ilusionista en lugar de un invocador poderoso, para empezar. Aunque claro, no negaría que existía en él un gusto por aquella atención también. Naturalmente, debería darle a la chica un poco más que contemplar antes que la noche acabara; su aparición entera sería su espectáculo, en cada cosa que hiciese o le contase. Decidido, sonrió con satisfacción y aprovechó su primera e inmediata oportunidad para responderle con un asomo de sus más sorprendentes viajes.

- ¡Claro! He estado por todos lados, señorita. Los desiertos de Jehanna, el terrorífico castillo de Grado antes de que pasara a ser de Renais, el bosque de Serenes donde antes vivían las legendarias damas aladas... la lista sigue y sigue. Hasta lugares cuyos nombres nunca supe. - Lo último se debía más a que no se acercaba siempre a preguntar, sino que disfrutaba por su cuenta y en soledad de ciertos paisajes, pero sonaría más atrayente así. Le importaba pagar la bondad de su salvadora siendo, cuanto menos, una compañía agradable o idealmente entreteniéndola. - Puedo contarle de todo lo que quiera, contarle historias toda la noche. O si usted ha escuchado de algo, yo le puedo decir si existe y lo he visto. Hay buena probabilidad. Pero también hay hambre. - Dijo; palabras entre las que no había mentira alguna, desde la infinidad de curiosidades que había presenciado hasta que el hambre reclamaba que terminara de pelar la patata y se la comiera de a trozos.

La comida caliente, en efecto, ayudaba mucho. Cierto era que le reconfortaba un poco y ayudaba a dejar atrás el desasosiego, si acaso como un efecto regular o tan sólo la simpleza en los placeres del marcado. De un modo u otro, funcionaba y lo agradecía. Comió mientras dejaba a la muchacha de larguísimo cabello ser quien le sorprendiera un poco a él, hablándole de las tierras que claramente eran su hogar. Sus ojos eran honestos, el pequeño sabio intuía en ellos las fundaciones de una mujer íntegra, orgullosa y gentil, y así, con esa facilidad, sabía que le agradaba mucho. La escuchó con respeto, musitando en respuesta cuando culminó. - Todavía me falta algo memorable de aquí... quiero oírlo. - Se quedó en cierta anticipación, hast notar que las palabras de la joven no habían sido puramente retóricas, y que había cerrado sus ojos en ejemplo.

Se apresuró a imitarla, ladeando la cabeza de regreso al frente y cerrando los ojos. El calor del fuego estaba allí, abrazándolo, mas el viento en el inmenso espacio abierto silbaba más allá. No era un lugar solitario, pese a ser lo que podría llamar vacío; si la presencia animal no era suficiente, lo que el mago percibía con inusitada fuerza era la del viento, en una forma increíblemente clara y poderosa. Invocar al elemento seguramente fuese muy eficaz en un sitio donde parecía vivo de por sí, manifestado en las planicies no como el normal flujo del aire en los reinos, sino como si cien magos de las órdenes antiguas lo hubiesen invocado antaño. Sin embargo, no estaba seguro de que eso fuese lo que la mujer quería que percibiera. Dejo pasar unos momentos, antes de abrir los ojos y espiar el semblante de ella, en busca de mayor guianza para seguir. - Así que es una nómada de Sacae. - Mencionó en voz baja, sin desear perturbar demasiado esa atmósfera.
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Lyndis el Lun Nov 14, 2016 7:27 pm

De todos esos nombres conocía dos, pero mencionados al pasar, y no con esas maravillas que el niño parecía de conocer... Y se lamentó grandemente al sentir que pasó el momento de preguntar sobre aquellas maravillas. El niño, pese a su edad, se movía con las palabras como alguien que las usa y maneja como un instrumento, más que simplemente las usa para hablar.

Sonrió, ante las palabras finales del chico. Dudaba si en verdad entendería la magia del viento de Sacae... Pero esperaba que aunque pequeña, esa corta experiencia en una noche como esa haya dejado una buena impresión sobre las llanuras.

-En efecto, soy una nómada. Lyn el nombre- respondió, presentándose al fin, un poco incomoda de que el tema haya sido desviado hacia ella. No había mucho de que hablar de ella... No mucho que un niño pequeño tan ajeno a su mundo pudiera entender. Hablaba en efecto con sabiduría el pequeño, pero no dejaba de ser eso... un niño, y un niño a simple vista ajeno al campo de batalla... Hablar sobre ella era hablar sobre un tipo de mundo que prefería mantener al joven alejado.

-Y tu eres... ¿un mago y juglar?- tentó, curiosa de confirmar sus suposiciones del pequeño. No esperaba confesara haber escapado de la caravana de sus padres, pero cuanto menos le confirmaría el oficio de los mismos.

Muchas preguntas le venían a la cabeza, muchos deseos de seguir preguntando sobre esos lugares y cosas que mencionaba... Era un pequeño rompecabezas por demas intrigante el joven niño, y también lo eran las reacciones que le producían.

Sentía aquel instinto maternal por momentos, de abrazarlo y cuidarlo del mundo... Y por momentos se sentía ella la niña...
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Invitado el Mar Nov 29, 2016 2:58 pm

No sabía si había más secretos en las planicies que él mismo pudiera percibir, o si estos desearían mostrarse ante él para empezar, pero había sentido cuanto menos la intensidad de la magia en ese aire y era algo. A sabiendas de que esperar con los ojos cerrados no daría mayor resultado, y prefiriendo de todos modos poner su atención en la agradable muchacha junto a sí, Alim optó por quedarse con esa respuesta de momento. Desearía aprovechar la compañía de ella mientras pudiese; una persona viva que le permitía estar un tiempo a su lado era una bendición jamás a malgastarse. Y ahora tenía su nombre, para mejor. Era poca información, pero era preciada y se le hacía suficiente.

- ¡Una nómada de Sacae y un nómada de afuera de Sacae! El destino nos quiso juntar, señorita Lyn. - Respondió con optimismo, engrandeciendo adrede. En los momentos siguientes, en que terminaba su patata y se deshacía de la piel en las llamas, anticipó que continuase con bastante más, o cuanto menos alguno que otro detalle, mas no parecía ser la intención de la mujer. Le extrañaba esa respuesta escueta, percibida en una forma más genial y admirable que sospechosa. - ¿Alguna vez ha viajado más allá de todas estas llanuras? ¿O sólo viaja en Sacae, señorita nómada? - Preguntó para intentar sonsacarle un poco más. Sin querer quedarse atrás él mismo, el ilusionista se decidió a hacer de su siguiente respuesta a ella mucho más impresionante; no se trataba de competitividad, sino tan sólo de continuar subiendo el nivel al misticismo de ese encuentro. Bajó de su asiento y se desperezó casualmente, estirando su cuerpo aún menudo.

- Soy más que eso. - Dijo entonces, en un volumen bajo, sopesando con rapidez el próximo truco. Ejercitar su creatividad con su magia le divertía tremendamente, como le complacía ver las reacciones en un público contento. Sonriendo ya ante su desafío autoimpuesto, el marcado murmuró un encantamiento, y llevando una mano por delante comandó el fuego de la fogata a moverse. Las flamas siguieron los gestos de su pequeña mano, envolviéndola cercanamente y dispersándose otra vez. - Dígame, ¿qué es un mago, según entienda usted? - Preguntó, entretenido y enfocado en lo que hacía, de momento dando la espalda a Lyn. Tras un par de movimientos de prueba, se atrevió a separar las llamas un poco más. Con una profunda inhalación previa avanzó, pisando con sus ligeras sandalias las ascuas al fondo, rodeado y acariciado inofensivamente por el fuego en su pasar, hasta salir del otro lado de la fogata. Al interior del fuego era fácil tocar sus páginas escondidas y deshacerse del papel, ocultando todo rastro de los hechizos. Con el truco, la temperatura de su cuerpo se había elevado a un nivel que no habría soportado un par de segundos más, dejando leves gotas de sudor brillando sobre la piel al descubierto, pero no había incurrido daño alguno. Había atravesado la fogata sin incidente. - Esa sola palabra ya es muchas cosas. Creo que debería usarse con un poco de atención. -

En esos momentos, deseaba fervientemente tener un tomo de trueno consigo. No había mucho en el entorno con lo que pudiera jugar si manipulaba el viento, pero tenía toda la bóveda del cielo sobre ellos para dibujar en brillantes relámpagos, si hubiese tenido la magia correcta a mano. El fuego debería ser suficiente, tendría que ser imaginativo para compensar. Al girarse a ver a la nómada, del otro lado del fuego, su mirada brillaba con el reflejo amarillento y la satisfacción de un acto completado con éxito. - "Juglar" no está mal, tampoco. Soy un viajero que ha visto mucho y quiere ver más, pero si un juglar es alguien a quien le gusta entretener, eso está bien. - Era lo que planeaba hacer, de cualquier modo. Tenía un par de horas con ella, un par de horas para dejar los sucesos menos agradables atrás y divertirse un poco. - Pero cuénteme usted primero de sus andanzas, ¿sí? Quiero saber. -
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Lyndis el Lun Ene 23, 2017 7:12 pm

-El destino no, es el viento. El viento de Sacae llama y junta a los nómadas, asegura siempre su regreso y... en tu caso su llegada- contestó, guiñando un ojo cómplice.

La pregunta sobre sus viajes, sus idas y venidas en aquel inmensurable mar verde le rememoró a tiempos de antaño. -No... bueno, sí... he llegado a los limites de la llanura, sentido el frio de Illia, el escalofrío que me provocan esas horrendas montañas de Bern y he visto más allá hacia los caminos que van hacia Lycia... Y el mar, he visto el mar... -se estremeció levemente- pero no, jamas he salido más allá de Sacae- respondió sinceramente, tornándose su sonrisa de placer de momentos gratos a... la amargura de la ignorancia descubierta. -Esta es mi tierra- continuó, tomando un puñado de pasto y soltándolo levemente al viento. Siguió con la mirada como se arremolinaban por sobre las llamas e iban más allá... Más allá de los vientos de Hanon, quizás, de su protección y de su hogar -Adoro escuchar historias como cualquier nómada, pero no aspiro a más que ver a mi casa libre de plagas... es todo- abrió los ojos como platos un instante, sorprendiéndose a si misma por aquella respuesta extremadamente sincera de su parte... No es que mintiera pero... había temas que era mejor no hablar con un niño... Ni si quiera con uno tan claramente versado como aquel.

La inocencia era algo que también rogaba preservar... Aquella visión más sincera y simple del mundo que ya tiempo atrás había perdido. Pero que recordaba, como un sueño lejano o una historia contada de palabras ajenas. Que el viento parecía traer a sus oídos aquella noche.

Los movimientos del pequeño alejaron esos pensamientos, con aquella luz que parecía proyectar aun más allá de su magia. Abrió la boca para responder a su pregunta, una respuesta simple se había formado en su mente, nada trascendental ni lleno de sabiduría.

Adjetivos relacionados al poderío, lo arcano, lo místico... Pero allí quedo su respuesta, en sus labios separados, sin poder ser formulada ante la sorpresa y maravilla de la escena a sus ojos.

El fuego parecía moverse a la voluntad del chico... ¿O era el viento? ¿Era el viento que partía las llamas? ¿O ellas respondía el llamado del muchacho, su presencia, su poderío? Era claro que su mente díficilmente pudiera enunciar una respuesta acertada sobre algo tan ajena a ella, algo tan...

-¡Maravilloso!- aplaudió nuevamente, sus labios al fin modulando aquella expresión sincera de sus sentimientos y sintiendo como si una fatiga que no supiera que tuviera se desprendiera de sus hombros. Era algo espectacular, desconocía exacto que pasaba frente a sus ojos pero estaba muy segura de eso: ¡Era algo sorprendente!

-Concuerdo en que "juglar" suena mejor- asintió con una sonrisa, decidida a que cualquier lugar alejado del campo de batalla era lo mejor para aquel niño. Era claro en sus ojos que había visto mucho... y podía ver aquella sed de saber más... Pero no era el arte del combate algo que debiera aprender un joven así. Ante ella no veía un guerrero de nacimiento sino todo lo contrario.

-...No soy buena contando historias- admitió un poco apenada a la solicitud del juglar. De alguna forma se sentía por momentos cada vez más y más como una joven nómada... y no como una guerrera ambulante curtida en combate.

El viento agitó sus cabellos, oscureciendo unos instantes su visión con su coleta. Al volver instantes después el rostro del chico chico a su visión... sonrió, un recuerdo surgiendo y comenzando a salir de la punta de su lengua.

-Hay una tribu en Sacae- se quedó pensando un instante, y se corrigió -Hay muchas tribus en Sacae. Decenas, cientas... Dicen que hay tantos nómadas en las grandes llanuras como estrellas en la noche... Pero concordamos que somos más aun. Las estrellas son demasiado escasas para usarlas de comparación- sonrió, un poco divertida con aquel clásico comentario de fogata. Dejó que su mirada se posara un instante en las llamas, casi pudiendo ver aquel recuerdo exacto que buscaba para luego volver a ver a Alim a los ojos.

-Pero hay una de ellas en particular muy curiosa ¡Tienen cuernos!- puso sus manos sobre sus manos abiertas sobre su cabeza imitando las astas de un venado y sonrió divertida -¡Parecen demonios salidos de las más peligrosas leyendas! Sus cuerpos curtidos, por el sol y por la batalla. Fieros guerreros... y algunos bastante salvajes- el rostro de aquella amiga en dicha tribu pasó un instante por su mente y contuvo una risa -...Pero eso a simple vista. Son cuernos tallados, todos los usan. Son simbolos de prestigio y adoración para ellos.-

Y así como empezó la historia paró. En algún punto del corto relato se había incorporado levemente, por lo que volvió a sentarse, poniendo sus manos sobre sus rodillas y mirando expectante al joven. Una expresión de triunfo en su rostro.
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Invitado el Mar Feb 07, 2017 2:44 pm

Era él quien se había llamado a sí mismo una clase de nómada, pero cuando Lyndis le hablaba así, como si el viento de Hanon lo reconociese también, se sentía parte. Así fuese por tan sólo un instante, en una forma abstracta otorgada por una muchacha solitaria, disfrutaba de sobremanera sentirse perteneciente a algo. Guardó silencio, dejando a la sensación asentarse, tomando nota en una forma que pudiese recordar claramente después. Le serviría para otros tiempos en su interminable peregrinaje, cuando la suerte lo llevara a través de Sacae otra vez, o cuando sus cansados ánimos añoraran una parada invitante. Era inconmensurablemente valioso, lo que Lyndis acababa de regalarle. Atesorándolo, estimó nada malo que la señorita no conociese más que aquel, su hogar, empero tan minuciosamente y con el amor que creía percibir. Era suficiente. La escuchó con respeto, pensando en decirle que había tiempo para todo, mas recordando en breve que no era exactamente así; para las personas comunes, quizás no lo hubiese. Se guardó las palabras.

Por supuesto que sabía de qué hablaba la nómada al decir que quería ver libre su hogar, seguramente no hubiese persona en el mundo que no lo supiese a aquellas alturas. Alim había buscado sitios recónditos, perdidos, aspirando a algo de paz y un escape a ello, mas jamás los había hallado. No se explicaba por qué el mundo se había tornado tan violento de forma tan súbita, pero era un hecho. No obstante, era un tema que no disfrutaba mencionar en voz alta, por lo que con facilidad dejó pasar el momento de sobresalto, fingiendo distracción con la fogata. Se enfocó adrede en algo más agradable, poniendo esfuerzo en distraer su mente ya bastante inestable aquella noche. Lo que eligió, con gusto, fue el buen momento que conseguía hacer pasar a su anfitriona, recibiendo con alegría su asombro y aplausos. Hizo una reverencia leve tras las llamas, quedándose allí para dejar que el viento le enfriase y esperar a que el sudor se fuese, pues arruinaría un poco la ilusión si mostraba de cerca que las llamas sí habían tenido cierto mínimo efecto.

- Incluso desde este lugar hay mucho que ver y contar. En todos lados lo hay, si uno sabe donde mirar y se toma el tiempo de ir en busca, ¿no? Moverse aprisa, sin experimentar el sitio, no llevaría a aprender ni descubrir nada. ¡Lo que quiero decir es que creo que lo que usted hace también está muy bien! - Aseguró, hablando con todo motivo desde la experiencia. Un sólo reino podía proveer de cuentos para un largo tiempo, así como secretos que las personas que lo habitaban jamás descubrían, aún estando todas sus vidas allí. Pero era en aquellos mitos y secretos, no lo visto en la superficie sino en lo susurrado por los edificios antiguos y reliquias, donde yacía la verdadera esencia, las bases del reino y el alma de su gente. La historia y un poco más, un producto indescriptible que sólo se expresaba en el estilo de vida y forma de pensar de un habitante. Alim amaba todo ello. - Es hermoso tener un hogar. Claro, para los juglares ambulantes como yo, eso puede ser un poco de todos lados, y no da el tiempo de recorrerlo todo. Hay que recortar un poco. - Comentó, riendo. Era probablemente el motivo por el que seguía moviéndose; se daba tiempo a ver y siempre terminaba enamorándose de otra pieza del mundo, pero deseando conocer la siguiente. Quería oír las historias de Lyndis porque eran, justamente, las de dentro de Sacae, que ya apreciaba por la buena bienvenida de Hanon.

Así que aguardó, alegrándose más aún cuando Lyndis venció su pequeño momento de timidez y pareció decidirse a contarle algo. Ahora que el calor había dejado su piel un poco, el pequeño rodeó la fogata para verla a ella mejor, pues las llamabas danzaban altas y a él llegaban a obscurecerle la vista de lo que tenía del otro lado. Puso las manos tras la espalda y esperó. Lamentablemente, lo que iniciaba como una posible historia con todas sus letras y altibajos, llamando la expectante emoción del mago, no llegaba muy lejos. Claro, su inicio había sido de muy buena narración, pero justo cuando más interesante se ponía, revelaba que no era nada anormal y ahí quedaba el cuento. Como si acabaran de prometerle un concierto y terminara de súbito después de dos notas, el marcado mostró una expresión ilusionada y enseguida esta decayó, parpadeando con confusión. Había sido bastante anticlimático. - Pero esa historia no es muy... - Murmuró, soltando enseguida una risa. Tampoco estaba mal, algo interesante le daba, y tanto parecía haberse esforzado haciendo gestos incluso, cosa que la hacía lucir adorable. Asintió enérgicamente, animándola a agregar. - ¡Bueno! Qué lástima que no fuera nada extraño al final, pero ¿de qué son los cuernos? ¿Qué animal? Seguramente esa parte es la impresionante. -

Le faltaba dramatizar con su experiencia personal, era todo. Pretendiendo cumplir una parte suya también, no tardó en iniciar con ligereza una historia que hasta ese momento le traía intrigado a él mismo, de una aventura tenida hacía poco. Casual, no hizo gran despliegue al inicio, calculando que se ganaría ese momento más adelante. - Me gusta recolectar historias, aunque para eso lo mejor es ir a cazarlas en persona. Por ejemplo... hace tiempo estuve en Tellius, al Norte, porque quería buscar una historia que nadie ha contado antes... ver algo que parece que nadie ha visto en mucho tiempo. Quería ver esa leyenda con mis propios ojos, para poder repartirla luego frente al público más difícil de maravillar. ¡Podía ser mi mejor cuento! ¡Espectáculo asegurado! Esa era la leyenda de los hombres ave del bosque de Serenes. ¿Conoce? - Preguntó, ladeando la cabeza hacia ella. Era difícil, pero a veces el saber de boca viajaba más lejos de lo esperado. Igualmente no tardó en retomar. - Lo que yo sabía de ellos era sólo lo que leí sobre ellos en un libro, pero incluso ahí no había imagen, y decía honestamente el por qué: aunque lo intentaron, ningún artista pudo jamás retratarlos bien. Personas tan hermosas que no se puede dejar de mirarlas, con piel de marfil, cabello pálido tan sedoso que ninguna princesa de ningún reino se llega a comparar, miradas inocentes, libres de cualquier oscuridad del mundo, pero capaces de ver hasta el alma de uno, y enormes alas de ave para alejarse volando de los corazones malvados que se les acerquen... decía que quitan tanto el aliento de mirar, que uno nunca más puede olvidarse. ¡Ni enamorarse! Es un embrujo, demasiada belleza como para dejar de pensarla, le quita a uno la capacidad de estar con otra persona... pero, ¿que podía pasarme a mi por verlos? Yo ya amo a mucha gente, no hay problema. ¡Y realmente quería tener esa historia! Esa historia que nadie tenía, pese a que estaban justo ahí en Begnion, nadie a quien le preguntara había ido a verlos, y en serio que nadie tenía ni una sola pintura vieja ni nada... sabían, pero, ¿cómo que nadie se atrevía a ir a buscar el cuento? Yo por un cuento de los buenos voy muy lejos, tenía que intentar ir. -
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Lyndis el Miér Feb 22, 2017 6:28 pm

-Principalmente de caballo- contestó animada ante el, a sus ojos, claro interés del chico en su historia. -Según sus proezas sus formas y tamaño van cambiando y complejizandose ¡Son muy hermosos!-

Sonrió feliz y orgullosa al ver que el pequeño había disfrutado de su relato. Si había algo curioso en Sacae era aquella tribu ¡En muchos lugares podrías encontrar demonios! ¡Pero en pocos falsos demonios amigables! Fue sin duda una brisa de inspiración que le había dado en aquella historia.

Quizás contar cuentos no se le daba tan mal.

Escuchó atenta a los detalles de la vida del viajero. Del viajero de más allá de fronteras, no uno tan acotado como ella. Su vida era el camino, sí, y podía comprender y compartir con el chico aquel sentimiento del dejar atrás algo al andar y ganar algo con cada visita. Pero... su amor estaba allí. La curiosidad y las dudas de que había cruzando el horizonte eran fuertes, pero más fuerte era lo que le ataba allí.

Lo bueno... y lo malo... Con los años sentía que era esto último lo que más le ataba... Porque si ella no estaba allí, si ella no se dedicaba a cazar las plagas... ¿Quién lo haría? Además... ¿donde iría? Era... su lugar aquel, era lo que le quedaba. Era su deber permanecer con su familia.

Su menté quedó atrapada ni bien Alim comenzó su relato. Era simple, era claro, pero tenía ese algo... Instintivamente envolvió sus rodillas con sus brazos, inclinándose al frente y mirándole atenta. Las palabras surcaban el viento, meciéndose hasta sus oídos y quedando grabadas en las profundidades de su memoria. No solo las palabras, la escena misma... Era... una familiaridad y solemnidad que no dejaban de remitirle más y más a aquellos tiempos de antaño.

Negó instintivamente con rapidez, meciendo su coleta de lado a lado ante la pregunta del chico. La zona mencionada le sonaba... lejana sin duda, no de por allí. De esos pedazos de tierra más allá de todo. Gatos y lobos había visto... Zorros incluso, en el mercado atrapados y vencidos, tras barrotes al mejor postor. Grandes bestias, sin duda, solemnes y regias pero que su piel humana dejaba entrever aquello más allá, aquella naturaleza claramente salvaje y animal. Porque eran eso: animales.

Pero las criaturas que describía el chico sonaban distintas. Seres de una pureza que le costaba imaginar, su mente relacionandola con aquellas finas vasijas y jarrones que algunos negocios en Bulgar vendían ¡Criaturas con tal delicadeza!

La imagen de los poderosos y majestuosos pegasos vino a su mente. Corceles de la mejor calaña, y fieles como ninguno pero que, vistos de cerca, no eran más que eso. Corceles, monturas que cabalgan no solo la tierra sino los mismos vientos de Hanon. Pero animales, no ese algo más.

Totalmente enfrascada, sus labios partieron, expectantes, ante el silencio que se generó tras la ultima palabra -¿Y luego? ¿Los encontraste?¿Los vistes?- exclamó, sin camuflar en lo más mínimo su interés en el asunto, arrastrando su cuerpo aun en la misma pose ya sea un paso más cerca, como si la distancia escondiera aquellas palabras y respuestas que añoraba.

¿Existían en verdad criaturas así?
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 28, 2017 6:23 pm

Lo que tenía frente a sí justo en ese momento, lo que estaba pasando justo en ese entonces, era todo a lo que aspiraba en su ocupación. Público atento, buena compañía, maravillas nacidas de nada más que el mundo que habitaban, realzadas para el disfrute del espectador; a él, le fascinaba oír de las tribus que compartían esas planicies. Sería un saber que se llevaría a otras fronteras, que mantendría en su larga memoria por las numerosas décadas que le quedaban, siempre acumulando una maravilla más. Quizás su público en general no recordara o no creyera cada cosa que saliera de sus labios, pero creía que Lyndis sí tomaba sus palabras por verdad, y probablemente sí podría recordarlas; y aún así, si no lo hiciese, con ese momento de atención era suficiente. La forma en que se sentaba para oírlo, la atención, le daban un aire más juvenil del que había tenido con una espada entre manos. Un alma todavía joven para ese mundo, más de lo que era la de Alim, por seguro. Confiaba en que las armas y los combates no terminaran de quitarle eso pronto.

- Pues... - Se aclaró la garganta antes de darle el resto del relato. Ya había hecho algo de simple exageración en la primera parte; para la segunda debía improvisar un poco para darle algo bueno, pues la verdad llana simplemente no iba a estar a la altura. No deseaba perder el encanto ahora que tenía a Lyndis enganchada. Siguió con naturalidad, agradecido de que no pareciese cuestionar el que un niño viajase tanto - Fui hasta el bosque, claro. Yo a solas, a ver qué pasaba. ¡Y vaya sorpresa! Resulta que el bosque de Serenes no es lo mismo que antes, algunas cosas han pasado ahí, un accidente natural o algo similar, y ya no hay tantos árboles ni viven tantos animales... ¿cómo iba a encontrar así a los hombres ave? Se me fue un poco el miedo a lo que podría pasar si los veía con mis propios ojos, pero no sabía qué más hacer. - Explicó, caminando con lenitud alrededor de la fogata, mientras gesticulaba con sus pequeñas manos en el aire, acompañando su relato. Hacía la condición de Serenes sonar más liviana de lo que era adrede, pues de lo contrario se tornaría muy trágica la explicación. De allí en adelante, sin que la realidad diese un final verdaderamente interesante a la historia, improvisaba por completo. - Antes de irme me senté a descansar en una piedra, y aunque era de día, por algún motivo tuve mucho sueño... me dormí ahí. Me dormí soñando que la música del bosque me arrullaba. ¿Raro? Un poco. Tenía un tarareo en el oído. Algo así... -

Se dejó caer sentado cerca de Lyndis, en la roca que a sus espaldas servía de cortaviento, dejando por delante sólo el calor de la fogata. Y allí, con los ojos cerrados y un dedo alzado en el aire, marcó las nuancias de su propio tarareo, replicando la tonada. Aquella no era algo que escuchara en el bosque, sino una tonadita oída en festivales de Crimea, que justamente rumoraban que era el ritmo cantado por las garzas a diario. Quizás no había verdadera conexión, pero podía ser que sí, y servía a su relato de ese entonces. Al terminar, Alim prosiguió. - Cuando me desperté para irme, descansado como si no hubiera tenido dolor de pies o cargado bolsos en mi vida, vi algo adelante. Entre los árboles. Alas blancas, eso ví, esponjosas pero suaves como terciopelo, en la espalda de algo como una persona de ropa blanca, una persona muy pálida, de cabello muy largo... creo que era un hombre, pero más lindo que todas las señoritas de una compañía de bailarinas juntas, y a la vez muy elegante. O quizás si era una mujer. No llegué a ver bien, la verdad. Fue muy poco. Además, por más que lo busqué por horas después de eso, nunca más encontré nada. ¿Lo habré soñado? Pudo ser, como pudo no ser. - Hizo una pausa allí. Normalmente, ese sería el final de cualquier historia, pero Alim tendía a agregar sus propios toques; para lo místico, era importante una conclusión especial. Una reflexión que hiciera al público seguir imaginando, incluso después del espectáculo. Suspiró largo y tendido, y alzó la vista al estrellado cielo nocturno. - Al final, no importa si lo soñé o no. La cosa es que, desde entonces... la verdad, no he dejado de pensar en ello. ¡Siempre sueño con esa persona! Mucha belleza puede ser algo muy peligroso, quizás sea mejor que sean seres fuera de alcance... y menos mal por mi, que no llegué siquiera a verle tan bien, o definitivamente me caería la maldición de no poder enamorarme en esta vida después. Espero no habérmelo soñado y causarme todo esto por cosas de la imaginación, hay quienes dicen que los magos tenemos demasiada. ¿Quien sabe? Yo sólo sé que eso me pasó, y la canción todavía la oigo cuando quiero dormir... hay cosas increíbles en este mundo... -

Ahí el verdadero fin, el que abría todas las puertas de una continuación personal, de perseguir lo místico fuera del relato, en el resto del mundo. Alim espió las reacciones de Lyndis una vez más entonces, y habiendo bajado la voz a un secretivo e inspirado murmullo en las últimas partes, culminó regresando al tarareo de antes, por mero efecto y toque final. A él mismo le agradaba la tonada, y se sentía bastante cómodo tararearla así, sentado frente a la fogata, en una despejada y hermosa noche de las planicies; con una linda muchacha como detalle agregado, claro estaba. Un simple pero enorme agrado, de los que tanto atesoraba el viajero.
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Lyndis el Mar Mar 28, 2017 7:02 pm

Casi podía verlo, encantada por la magia de quien sabe hacer perfecto uso de las palabras y su voz, de sus expresiones, de su cuerpo. Veía al pequeño Alim, cargado en bolsas de viajes explorando un bosque que reflejaba glorias de antaño lentamente perdidas.

Los había visto, en Sacae había en algunos rincones de las llanuras, lugares donde se podía sentir la magia en el aire, ya perdida pero que dejaba rastros... Rastros que los cuentos relataban, sobre seres más allá del entendimiento, más allá de aquel mundo... pero que lentamente iban perdiendo su lustre. Grises, de un verde apagado que solo predicaban aquellas glorias de tiempos mejores.

Podía verse a ella misma allí... Sentada en el claro, la luz colándose entre los arboles, entre las ramas. Dormitando... y despertando para ver... algo más allá.

Eran palabras que generaban imagenes claras para ella, retratos de escenas vividas pero que se quedaban más allá del simple gesto de algo más... Que en verdad declaraban la presencia de aquel misticismo que siempre sentía presente en los lugares recónditos del mar esmeralda.

Se preguntó si aquella música del bosque sería lo que los ancianos siempre hablaban de la voz de Hanon, aquellos cánticos del bosque, de las ramas, del viento que ella tantas veces sentía que escuchaba pero nunca con aquella claridad absoluta... Pero se convenció de lo contrario al escuchar la tonada que emitía el cuentista... ¿O acaso aquella era la verdadera tonada y su oído no llegaba siquiera a poder captarla?

¡Y la figura! Su aparición le dejó perpleja... Intentaba imaginarla, componerla, pero le era imposible terminar de imaginarlo... ¿Como una mujer pero a su vez un hombre? Era una descripción que le costaba terminar de hilar, de construir, pero que aumentaba más y más el misticismo del relato...

Y con la tonada nuevamente sonando de los labios del chico, el hechizo lentamente se rompió... La luz entre los arboles siendo solo la luz de la fogata, que crepitaba meciendo sus llamas en aquella ventosa noche. Y no más figuras en la distancia, entre los arboles, solo... ella... y el muchacho, en una de aquellas desoladas noches, que separan al fuerte del débil, donde la soledad apremiaba...

Se quedó mirando al pequeño, estudiando sus facciones... ¿O quizás buscando un nuevo relato oculto en ellas? ¿Una continuación? ¿Una pregunta...?

Era sorprendente como una historia tan grande podía estar oculta en alguien tan pequeño, era una pregunta que surcaba su mente. Ese sin duda ya era un misterio en si mismo que, como el cuento, sentía que solo agregaba a un misticismo que quizás las dudas solo condimentaban como especias a un buen trozo de carne. Una solo lo come, preguntar que tiene era solo rudeza de extranjeros rudos. Y ella era una nómada.

-Siento que la paga a quedado corta- acotó al fin, estirándose levemente y bostezando. El día y aquella traicionera noche comenzaban a hacer mella en la nómada. -No soy una experta en comercio,- prosiguió -pero se bien cuando ando pagando menos de lo debido por algo... ¿Que puedo ofrecerle a tan especial juglar por tal especial relato?- preguntó, con cierta pompa como la que algunos nobles esperan sus mercenarios usen, sonriendo divertida por el uso que le daba en aquellas circunstancias.
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Invitado el Mar Abr 11, 2017 5:39 pm

Si el público no era engatusado apropiadamente, cuestionaba la historia. Y si la historia era cuestionada, siempre se hallaría un punto dudoso que la arruinase entera, o simplemente fallaría en tener efecto emocional alguno. Alim usualmente estaba preparado para lidiar con cuestionadores, responder preguntas y esforzarse por poner al resto del público de regreso en humores, mas cuando su público era una sola persona, todo ese proceso podía dificultarse. Aún así, sostuvo de reojo la fija mirada de Lyndis, preparado por si llegaba una duda que finalmente ni siquiera apareció. La tenía. Había conseguido atraparla. Satisfecho y feliz cuando el gesto de la nómada le reveló eso, el branded se felicitó en fuero interno por un trabajo bien realizado, relajándose un tanto más.

Rió al oírla, aunque verle alzarse y por ende separarse un poco le hacía amagar estirar su mano para alcanzarla. Desistió y cambió de acción a medio camino, quitando de su cabeza la tela envuelta con que otrora se protegería del sol de Jehanna, pero que en sus viajes se había vuelto un valioso recurso de múltiples usos. Abriéndola, se la puso sobre los hombros para mantener sus descubiertos brazos dentro, mientras volvía el rostro hacia arriba, a la mujer que en encantador discurso reconsideraba su paga. En ese momento, aunque su rostro iluminado por la fogata no lo reflejase, Alim también lo reconsideró. Le correspondía ya retirarse. El tiempo había transcurrido, y se tornaba obvio que nadie del otro campamento vendría a por él, por lo que se agotaban las excusas fáciles para su situación. Con el crepitar de las llamas llenando el silencio a su alrededor, Alim pensó cuidadosamente en su próximo paso. Suponía que estaba bien de alimento como para proseguir, Sacae era una tierra generosa y abundante, donde no sería difícil recoger fruta y hasta disfrutaría una mañana de pesca. Su ropa estaba bien, soportaba el clima excelentemente y este no era particularmente arduo en la zona, sólo un poco ventoso. En ningún modo pediría dinero, por lo que nada más acudía a su mente, que pudiese pedir de Lyndis.

Y entre todas aquellas ideas, rehuía a la que sabía verdadera: no deseaba otra paga más que la de permanecer allí, junto al fuego y en compañía de otra persona. Su instinto de supervivencia así como las experiencias pasadas le recordaban que jamás era bueno permanecer, que ser un niño interesante era una cosa pero uno sospechoso no servía de la misma forma, en lucha contra el deseo personal que insistía en que aprovechase, que disfrutara un poco más. Acabó por tomar una decisión, prometiéndose a sí mismo que todo eso no pasaría del amanecer. Al despuntar del alba, fuera en las condiciones en que fuera, desaparecería del lado de Lyn, seguramente escabulléndose cuando ella durmiese. Tomada esa decisión, el pequeño artista se dispuso enseguida a asegurarse la noche, y con un gran bostezo y una plácida expresión le respondió. - ¿Hmm? A mi nada, señorita, o no sé... - Se reclinó un poco más contra su roca, pasando la vista a su alrededor pese a estar ya seguro de lo que quería y no quería. - Seguro le hacía un regateo más complicado en otro momento, pero es que ahora me he cansado y la mente se vuelve menos aguda. Con esto está bien. -

Toda la paga que quería era esa, al final. Que fuese aceptada su compañía era suficiente; una noche cálida ante una fogata era un grandioso agregado. Exagerando un poco lo adormilado que estaba, cerró la tela blanca en torno a sí más cercanamente, para luego removerse un poco hacia su izquierda, dejando más espacio a su lado, en la protección contra el viento. - Venga, comparta. - Le sonrió a la nómada, animado sobre eso también. Un hombro sobre el cual descansar la cabeza era un sutil pero fantástico agrado que aprovecharía si podía. En preparación, atrajo las rodillas contra su pecho, descansó por completo la espalda en la superficie ya en absoluto fría y cerró los ojos, esperando la compañía para apegarse a descansar. Sin importar lo profundo que durmiera, el menor ruido en la intemperie solía despertarlo, si no el paso de pocas horas; contaba con poder abrir los ojos primero y escabullirse a tiempo, antes del amanecer.
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Lyndis el Miér Abr 26, 2017 10:44 am

Aunque poco convencida, asintió. Se le hacía poca la paga y no le gustaba sentir que había estafado a alguien en un negocio: las cosas tenían su precio justo, ni más ni menos. Y que la otra parte fuera un niño... le dejaba un mal sabor de boca que no le agradaba.

Se quedó pensando, inspeccionando las llanuras en la oscuridad. Sus ojos cegados por la luz de la fogata notaban con dificultad las formas en la noche. Aun podía ver, lejana e inconfundible la fogata de la caravana de donde provenía el muchacho. Como dijo el mismo ya era tarde, y debían ya de quererle de vuelta... Seguro estaban preocupados, más aun en una noche como aquella.

Volteó al muchacho, decidida a instarle de que quizás era hora de volver y... -De acuerdo- cedió, no pudiendose negar a tan humilde y simple pedido.

Tras desajustar un poco su faja y desarmar su coleta, se recostó junto al muchacho. Las botas se quedaban, demasiadas historias sobre gente perdiendo dedos había escuchado de pequeña.

Con cautela y cuidado, envolvió con sus brazos al pequeño, trayéndolo hacia ella, dejando que sus instintos le llevaran. Poso su mejilla contra la cabeza de este, impregnandole el olor de su pelo: el típico aroma del camino presente en todo nómada... pero con un algo más, misterioso como todo en aquel joven juglar.

Y en algún punto... se durmió, el calor de una historia en su pecho, el del muchacho contra su cuerpo y el viento frío susurrándole al oído llevando su consciencia más allá de la realidad. Llevándole a recuerdos y situaciones lejanas.

Llevándole a noches de antaño como aquella, donde las llanuras hablaban como nunca, donde el viento de Hanon azotaba con fuerza... Y donde la compañía frente a una fogata era el mayor placer para cualquier viajero... compañía con la que aquella noche contaba.
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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

Mensaje por Eliwood el Lun Jul 10, 2017 10:13 pm

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Re: Cuentos de fogata [Privado Alim]

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