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Last Look to the Past (Priv. Faysal)

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Last Look to the Past (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Vie Jun 03, 2016 3:03 pm

La caravana de la familia Daumont se asentó sin problema ni dificultad en los dominios del duque de Sodoma. Bueno, sin más problemas que con los que entró. Doce componentes iniciaron la caravana de huida, de los cuales solo diez consiguieron salir de Carcino para mandar noticias de la puesta en camino. Al final solo llegaron tres, con un total de quince afortunados entre los que no se encontraba el cabeza de la familia ni su esposa. Como único superviviente de la sangre de Daumont quedó la hija, que cuando se recuperara un poco, se iría con unos tíos suyos al norte, cruzando el mar. La chica se había quedado destrozada, aunque al joven no le extrañaba, según ella, se ha quedado sola y eso nunca hace bien a nadie.

La estancia que el dueño del palacio les dejó era amplia, delicadamente adornada con casi todo tipo de lujos; seguramente para hacer que los invitados se sintieran como en casa. Contaba incluso con pilas para poder limpiarse, pues las dos jornadas de viaje junto con otras tres de asedio fueron demasiado intensas como para poder permitirse aquel lujo. Una rápida mirada bastaba para saber que no fue todo lo bien que pudo. Al chico no se le notaba demasiado desde el punto de vista anímico, lo que lo delataba era la suciedad, el deterioro, algunas heridas y salpicaduras de sangre. A la chica, con verla se la notaba destrozada: la mirada perdida, los ojos vidriosos, la cara desencajada, restos de lágrimas y baba secas por su cara, la no reacción ante otras personas… Lo mejor era no molestarla y dejarle el tiempo a solas que necesitara.

Dejada a la heredera reposando en los que serían sus aposentos por un tiempo, le tocaba al joven y rubio participe de la familia Daumont aun sin su sangre ir a agradecer de forma total y absoluta al hospedador. Y de paso así pediría perdón de parte de ambos, él y su compañera de vida estos años, por no haber tocado apenas el copioso y abundante banquete, pues se podía ver desde la distancia el enorme trabajo y despliegue que se hizo para prepararlo. Paso a paso, el joven se acercaba a la puerta de los aposentos del duque, quitándose con el dedo las manchas de sangre seca que le quedaban por encima todavía e intentando hacerse un esquema mental de lo que había pasado en ese último día.

*La caravana no se había detenido en toda la jornada pasada más que unas breves pausas. Los caballos empezaban a sentir el cansancio causado por el trote y la tracción contínua. El sacrificio que hicieron los partícipes de los carros tirados por los bueyes sería siempre recordado por los supervivientes que, horrorizados, pudieron ver el comienzo de la cruel carnicería innecesaria contra los que quedaron atrás. Padres, hijos, hermanos, madres, hermanas e hijas se perdieron; pero ninguna tan cercana a los Daumont como para sentir un dolor real, solo un poco de compasión más o menos forzada.

Revisaban constantemente los alrededores, cualquier indicio de los emergidos hacía correr de nuevo la caravana que buscaba desesperadamente su salvación. El hambre era algo que algunos sentían de verdad en su vida por primera vez, para otros solo era un recordatorio de que las malas épocas podían volver en cualquier momento. Los había que buscaban el consuelo en su familia, otros en sus dioses… Pero aunque agradecieron poder hacer un pequeño descanso para sus doloridos cuerpos, todos maldecirían haber parado en aquella laguna.
*

El guardia de la puerta sacó de sus pensamientos al joven rubio, que terminó llegando frente a los aposentos del duque e incluso había dicho los asuntos por los que quería ir a verlo mientras estaba pensando en otras cosas. Pero al parecer, el duque se encontraba de un humor lo suficientemente magnánimo como para que le abrieran el paso al oráculo de Beleren.
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Re: Last Look to the Past (Priv. Faysal)

Mensaje por Invitado el Jue Jul 14, 2016 8:25 pm

Sodoma. Un ducado de pequeño tamaño rodeado por una alta muralla, su ubicación en medio del desierto los aislaban de casi todo problemas del mundo exterior, los emergidos que llegaban eran pocos y con la caída del gobierno de Jehanna la prosperidad había aumentado aún más en el pequeño ducado. Construido en torno a un oasis, el ducado nunca había sentido realmente el peso de los demás puebles del desierto, aunque conscientes de que aquello era un recurso limitado el agua era cuidada y muchas veces se traían de las afueras, influía también que su acceso fuese restringido, pues la gran laguna estaba en la mansión del duque y como parte de su ridículamente amplio jardín siendo la mitad del ducado parte de la vivienda y propiedades del duque. Regido por sus propias leyes desde que el primer Taghia había tomado posesión de esas tierras ahora, con la ausencia total de Rey o señor al cual responder este ducado funcionaba como si fuese un territorio autónomo, su comercio era estable aunque su puerto estuviese a varios kilómetros al sur en la costa, un pequeño pueblo lo rodeaba y muchos de sus habitantes eran mismos sodomitas que habían tenido su vida en el ducado. Rodeando ambos lugares, aunque más en el ducado en sí, habían mercenarios contratados por el gobierno que mantenían a los emergidos fuera de la ciudad o cuanto menos avisaban de su proximidad, una vez dentro del ducado ya el tema era diferente. Ni bien llegada la caravana, tan cansados y desgastados como estaban, fueron detenidos por los guardias dentro de las murallas, siempre dirigiéndose hacia los varones e ignorando a las damas presentes se les informó de las principales costumbres de Sodoma como se le hacía a todo visitante extranjero. Principales a recordar era la legalidad en la esclavitud, la falta de derechos de cualquiera que no fuese un humano varón libre y que el grueso de la justicia era aplicado por mano propia, que la intervención del gobierno significaba que alguna de las partes conflictivas perdería una parte corporal o sería convertido en esclavo y vendido en las subastas semanales a celebrarse en la plaza de la ciudad.

Una vez que fue dado el comunicado fueron escoltados a la mansión del duque, una casa de grandes dimensiones aunque solo de dos pisos debido al terreno arenoso que no permitía construír cimientos demasiado firmes sin costes demasiado elevados. Sin embargo las riquezas se hicieron visibles ni bien pasada la entrada principal, los tapices tejidos eran de fibras teñidas de rojos y azules, los tintes de mayor costo así como bordados con hilos dorados, no había sección del piso que no estuviese cubierto por alfombras y las paredes estaban cubiertas por cuadros de diferentes partes del mundo, esculturas de oro mostraban el emblema de la familia, un felino de gran tamaño conocido como caracal y del lado opuesto un serval, otro felino de orejas más redondeadas y patas más largas. Las versiones vivas de estas esculturas descansaban en amplios almohadones pasando la sala principal, ambos felinos con gruesos collares de cuero pero sin cadena alguna dormían en las comodidades de cualquier noble con agua y comida a disposición así como un esclavo masculino junto a ellos parado cuidando de la comodidad de las mascotas del duque. En ese mismo salón que tomaba la función de comedor se extendía el banquete de bienvenida, variedades de carnes, verduras y frutas preparadas de diversas formas para el gusto de cualquier paladar, vinos, destilados y zumos de frutas también los esperaban para saciar la sed de gargantas cansadas por un viaje en el desierto. Sin embargo el duque no estaba allí para recibirles. Las habitaciones estaban preparadas para los invitados dispuestas con las comodidades pertinentes y los lujos que alguien de la nobleza debía de estar acostumbrados, incuso a disposición esclavas y esclavos, personas de excelente presencia y escasa ropa con brazaletes dorados en muñecas y tobillos que indicaban su condición sin libertad.

El patricio del lugar se mantenía ocupado, lo suficiente como para no poder recibir a los refugiados y asumiendo que solo desearían descansar ni siquiera se había molestado en hacerse un espacio. En la comodidad de su recamara, una habitación en el segundo piso de grandes dimensiones y dividida por medias paredes en tres recintos menores tenía un gran despliegue de comodidades. Las amplias puertas dobles eran de madera y las molduras doradas enmarcaban escenas puntadas sobre la madera que representaban la vida libertina de aquel ducado, custodiadas por dos esclavos de ancha constitución con orejas redondeadas, largas colas rayadas y tribales oscuros sobre su piel, permitieron al oráculo ingresar. La luz fuerte del sol del desierto estaba atenuada por cortinas de seda de diferentes colores que daban una luminosidad agradable a la estancia, en el primer recinto se encontraba el duque, sentado en un amplio almohadón con una tabla decorada en su regazo donde acomodaba una hoja de papel en la cual escribía con bastante agilidad, a su lado, de rodillas, un esclavo, identificado por sus brazalete en muñecas y tobillos, le sostenía el tintero en una mano y un paño para limpiar el exceso de tinta en la otra, a su lado había una mesa donde se disponían varias hileras de montañas de monedas cuidadosamente acomodadas junto a una balanza, un esclavo con orejas puntiagudas y frondosa cola gris jaspe pesaba monedas y las acomodaba en hileras dejando de lado las que no tenían el peso correcto. Dos esclavos más estaban de pié detrás del duque simplemente esperando alguna orden, del otro lado de la estancia una mujer vestida tan ostentosa como una noble y con su cabello castaño tan decorado como si de una reina se tratase permanecía sentada recostada en un diván mientras leía un libro. La presencia del oráculo llamó la atención del duque y su esposa mas los esclavos no se movieron de su puesto, solo uno de los que estaban parados se acercó para recibir la tabla con el papel si es que el arcano decidía entregarla. Este, como siempre, se encontraba arreglado, entre su cabello lacio se entreveían plumas negras y pardas que agregaban volúmen y un aire un poco espiritual al rostro que enmarcaban, sus ojos dorados estaban perfilados solo en su parpado con una gruesa línea negra que espesaba aún más sus pestañas, su pecho estaba cubierto por collares de oro así como sus muñecas y brazos distrayendo la mirada de la simple túnica blanca que portaba con solo un bordado de oro en la parte baja, sus pies estaban descalzos pero tanto las uñas de esos como las de sus manos estaban teñidas de negro y ligeramente largas dando un aspecto afilado. La sonrisa se hizo presente en su rostro el cual inclinó a modo de saludo
- Le doy la bienvenida a Sodoma, Lord Belerén, oráculo de Daumont. Espero que usted y los suyos hayan encontrado todo de su agrado, estoy a su disposición para que estén más a gusto en sus aposentos. Mi más sentido pésame a los que no lo han logrado, ya me han comunicado que su caravana fue mucho más reducida de lo que había sido informado en un inicio. - el timbre profundo y amable del varón resonaba en el silencio de la estancia donde ni siquiera el viento hacía presencia pese a las grandes ventanas abiertas, solo un muy efímero tintinear de las monedas al ser acomodadas por el esclavo felino. La dama del otro lado de la estancia bajó el libro y se quedó expectante, mirando con indignación a su esposo por no haberla presentado pero sin atreverse a decir palabra.
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