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Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

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Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Jue Jun 02, 2016 4:24 pm

Regna Ferox. Un reino duro y curtido como los habitantes que lo ocupan. Pero sobretodo, tremendamente frío. Muy frío. Virion lo notaba en sus carnes mientras caminaba por las calles nevadas en esa hora oscura en plena noche. EL arquero de arquero no estaba acostumbrado a un clima tan gélido. Tanto su añorada Rosanne como la tierra a la que serví, Ylisse, son sitios más cálidos. No tanto como el desierto de Plegia, ciertamente. Pero suficiente para que el contraste hiciera que sus dientes castañeasen y su piel se erizase ante la brisa y los copos de nieve que no paraban de caer del cielo.

¿Y qué hacía Virion allí? Después de tanto tiempo en Ylisse, parecía casi una bendición divina el que el magnífico Virion se dignase a visitar a sus reinos vecinos. La realidad es que había llegado allí en una misión, en compañía del ilustre príncipe Chrom de Ylisse. Ambos habían iniciado un viaje por toda Akaneia en compañía de un simple escuadrón. El objetivo era sencillo, pero no por ello dejaba de ser importante: consistía en ir reclutando guerreros para poder crear un pelotón especializado llamado “Los Custodios”, del que Chrom era el líder y Virion su primer miembro reclutado. Un grupo encargado de luchar contra la amenaza Emergida y defender los principios de paz y justica del Sacro Reino de Ylisse. El reino fronterizo de Regna Ferox era la primera parada para esta gira de reclutamiento, y tras un sencillo viaje, no habían tardado en llegar a la capital.

Ahora bien, a la segunda noche de llegar, Virion pidió permiso para tener unas pocas horas libres por la noche en las que poder vagar por las tabernas de la zona. El permiso se le fue concedido, más que nada porque la mayoría en su escuadrón pensó que sólo quería llevar a cabo su sano y nada polémico hobby de ligar con toda chica con la que se encuentra, independientemente del momento y lugar. Y normalmente tendrían razón, pero esta vez había otra razón por la que quería estar a solas en aquella ciudad.

Tapado con un gran abrigo, Virion siguió caminando cuidando de no resbalar por el hielo, hasta llegar a una taberna con un cartel que ponía “Pegasos Cozeadores”. Se trataba de una acogedora taberna, que por el ruido que se podía escuchar estaba bastante animada. Virion sacó un trozo de papel de un bolsillo, lo comparó con el cartel y asintiendo con la cabeza, entró en la taberna.

¡Por Naga! ¡Qué calentito! La chimenea estaba encendida y las llamas ardían con plena fuerza e intensidad, caldeando el local a temperaturas lo suficientemente elevadas como para hacer que Virion se quitase el abrigo casi de inmediato, revelando sus ropajes nobles. Normalmente se dirigiría a la barra e intentaría ligar directamente con la camarera de turno o con cualquier otra clienta que estuviese allí arrimada. Pero esta vez optó por buscar una mesa que estuviese medianamente escondida y al margen del bullicio que en forma de música, baile y pelea ocupaba el centro del establecimiento.

Echó un vistazo al local… No, él todavía no había llegado. Bien, no había problema, Virion era consciente de que había llegado pronto. Mientras tanto, se sentó y esperó a que una tabernera algo entrada en años le preguntase con claro acento norteño qué era lo que deseaba tomar.

-¡Oh, diosa misericordiosa! ¡Me habéis deslumbrado con vuestra amabilidad, elocuencia y profunda belleza! ¡No soy digno de tan alta hermosura y benevolencia! Mas si tanto os empeñáis, os pediré una botella de vuestro mejor vino y dos jarras donde servirlo. Sí, estoy esperando a alguien, mas si es vuestro deseos, podéis hacernos compañía de manera que podamos congraciarnos de vuestra gracia y preciosidad consumada y eterna.
-No he entendi’o la mita que has dicho, pero va a ser que no, polluelo. Ahora traigo el vino, y da gracia que no escupa dentro la botella.-respondió con ese acento tan cerrado, medio confundía con las palabras del arquero, y sin saber si sólo la estaba tomando el pelo.

Sin embargo, Virion no había mentido. Realmente había quedado en aquel local con otra persona. Y no con alguien cualquiera, sino con el mismísimo príncipe Pelleas, heredero al trono de Daein. Una reunión de gran importancia y que el noble arquero había esperado desde hacía ya mucho tiempo.

Había conocido al príncipe de Daein en Ylisse, en un encuentro fortuito en el Mercado Modelo. Enseguida se hicieron amigos, más al comprobar que ambos les movían un objetivo común, el deseo de estudiar a los Emergidos con la finalidad de destruirlos. Tras acabar ese encuentro y ante la inevitable separación, no tardaron en pactar mandarse información por carta con todo lo que fueran descubriendo acerca de aquellas viles criaturas. Y ambos cumplieron lo pactado, aunque por desgracia, ninguno de los dos pudo encontrar información que les pudiera ser efectiva y útil para tan noble causa. Lo que si acabó descubriendo el príncipe Pelleas por casualidad fue el pasado de Virion como duque de Rosanne, y la opinión que su propio pueblo tenía de él en la actualidad. Como respuesta, Virion se comprometió a contarle su versión de lo que había sucedido, pero quería hacerlo en persona, por la delicadeza que ese asunto suponía. Y tras comentarle que iba a estar en Regna Ferox de viaje por una misión, el príncipe Pelleas acordó quedar con él para, no sólo hablar de su pasado sino comentar nuevos descubrimientos acerca de los Emergidos y afianzar la amistad de ambos hombres. Al menos así lo veía Virion, que esperaba impaciente la llegada del príncipe.

La botella fue servida, esta vez por otro camarero, seguramente porque la mujer no quiso acercarse a Virion temerosa de escuchar otro discurso pretencioso del noble. Sin embargo, Virion no la abrió todavía. Decidió esperar a que llegase el invitado y que comenzase lo que parecía ser una larga pero interesante noche.


Última edición por Virion el Jue Ago 25, 2016 9:24 am, editado 1 vez
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Vie Jun 17, 2016 1:05 pm

Había algo respecto a la nieve sobre las murallas de Regna Ferox de lo que Pelleas podía enamorarse fácilmente. El sólo ver escarcha sobre piedra evocaba los inviernos en Daein, regresaba a su mente una imagen nítida y melancólica de cada muro de Nevassa en cada instante digno de recuerdo. La vista desde afuera, cuando niño. Las madrugadas en que el reflejo del sol sobre ese manto blanco le cegaba la vista un poco, las tardes de nevada leve y lenta en acumularse. Era fantástico ver algo así otra vez, en tan lejano rincón del enorme nuevo mundo. El ingreso al reino guerrero llevó a él un buen humor que de ningún modo habría anticipado, mas uno que disfrutó enormemente. Aún si no había forma de confundir un sitio con el otro, a medida que el carruaje pasaba portones de control y era aceptado a través de murallas, el príncipe que viajaba dentro se dejaba llevar por la alegría de un entorno que al menos se asemejase a su hogar. Su estadía en Regna sería breve, mera parada en un recorrido mayor, pero la disfrutaría. Y ya pronto estaré viendo esto de nuevo, ya pronto, se dijo a sí mismo, sonriente, al sentir el carruaje detenerse entre ese paisaje.

Tendría que agradecerle a Virion el estupendo sitio de encuentro, coincidente o no. Tan precioso lugar. Pelleas bajó del carruaje directo a la posada, haciendo pasos apresurados en esa mínima distancia para que el frío no calase demasiado profundo, mas fue poco el tiempo que permaneció en el hospedaje. El hombre que ahora viajaba con él, un inofensivo bailarín de extraño talento en lo administrativo y lo político, se encargaría de que el equipaje fuese puesto en su lugar y todo lo demás, él sólo debía de proceder con sus propios asuntos. Cómodo y contento con las complicaciones que ya no recaían sobre él, tal como hablar con personas nuevas o corroborar su título frente a extraños incrédulos, el tímido hombre de Daein salió en busca de la taberna en que encontraría a su amigo extranjero. No era excelente en orientarse, pero el sitio no estaba a demasiadas puertas de distancia ciudad adentro, por lo que no tardó demasiado en hallarlo. Cubierto de una gruesa capa negra con un reborde de pieles alrededor del cuello, pesados sus bolsillos en oro y un par de documentos necesarios a la conversación venidera, Pelleas ingresó a la cálida y ruidosa estancia.

Nada mal, pues. No se trataba de un sitio de mala clase en absoluto, si acaso sólo más vivaz de lo que habría creído. No obstante, el muestrario de vinos y otros alcoholes ocupaba tan buen sitio tras el mostrador y estaba tan ostentosamente decorado, que era de asumirse que allí se comía y bebía caro. Las mesas amplias y los asientos acolchados invitaban, especialmente aquellos más cercanos a la hoguera. Pelleas pasó la vista por el local, sin hallar de inmediato al arquero. No hubo más remedio sino acercarse al mostrador a consultar por un hombre de sus características, aunque la camarera parecía cambiar el nivel de amabilidad en su trato de golpe al comprender de quien hablaba, indicándole la mesa con desgana.

El caballero por el que consultaba era un tal Virion de Ylisse. Esa era la identidad con que le había conocido en el sacro reino meses atrás, y era la identidad con que calculaba más prudente continuar refiriéndose a él. Al menos hasta terminar de entender del mismo arquero su procedencia, su relación con tierras perdidas en Valentia donde no se hablaba de un Virion caballeroso, valiente, hábil y noble, sino de un Virion que llamaban cobarde, carente de valores honrosos y otras tantas cosas. Un Virion que el príncipe prefería asumir separado del que conocía, una versión menos real o un malentendido de la gente de Rosanne, de alguna forma. Tanto porque creía en el hombre que había conocido en Ylisse, aquel cuyas ideas inspiraron varias páginas de su diario de viajes, como porque se sentiría mejor él, personalmente, si las cosas resultaban así. Sería menos conflictivo. Más fácil, también. Esa siempre sería su preferencia, si la suerte lo permitía. Quería seguir estando del lado de quien ya apreciaba; quería los motivos para estarlo.

Al hallar al hombre, no podía sino convencerse de que siempre había sido el mismo. Una suerte de modelo a seguir, pulcro y digno. Las dos copas y la botella en la mesa le mostraban que aguardaba preparado. Un largo tiempo y una infinidad de viajes y sucesos le separaban de la última vez que había visto al Custodio, y por algún motivo, se sentía algo nervioso respecto a aparecer otra vez. Imposible calcular si luciría mejor o peor que antes, en cualquier aspecto. Respiró hondo y terminó de aproximarse.

- ¡Lord Virion! Un gusto verle nuevamente. - Inclinó la cabeza, le pareció que más de lo necesario, pero no erraría en ser demasiado cortés. O eso creía. Prosiguió al otro lado de la mesa, la silla enfrentada a la que ocupaba Virion, para quitar la capa negra de sus hombros y dejarla en el respaldo. La escarcha acumulada se derretiría sobre la tela en algún momento, pero el calor de la hoguera cercana seguro la secase rápidamente. Él mismo recobraba temperatura ya, sus dedos algo entumidos estaban sintiéndose mucho mejor. No podría decir que nada de eso le hubiese incomodado. - Gracias por... permitirme alcanzarle en este lugar. Jamás había estado en Ferox antes, ¿sabe usted lo similar que es este sitio a Daein, a la vista? Me ha alegrado tanto. - Dijo. Pero hablaba de pie, lo cual probablemente no fuese una muestra de sus mejores modales; al notarlo, se apresuró a tomar asiento con algo de prisa. Y en ver de frente al arquero, silenciándose un momento, recordó dos cosas: que había temas nada ligeros que discutir, y que él, personalmente, no tenía la más mínima idea de cómo encararlos. No había planeado muy bien nada de eso. Quedaba obvia en su rostro la intención de decir algo, mas no pudo sino carraspear suavemente y poner la vista en la madera de la mesa.
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Sáb Jun 25, 2016 4:37 pm

El príncipe Pelleas todavía no había llegado, por lo que nuestro arquero de arqueros decidió adelantarse y catar un poco del vino que le habían servido, no con otro fin que el de matar tiempo. No estaba mal, aunque desde luego el vino de Ylisse era mejor. Por lo que veía, los residentes de Regna Ferox eran más de cerveza, bebida que le parecía demasiado vulgar a gustos de Virion. Pero el vino, aunque no una maravilla, tampoco estaba del todo mal, y serviría para el propósito con el que el príncipe de Daein y él se iban a reunir esa noche.

No tardó mucho en hacer acto de presencia. Eso sí, a Virion le costó reconocerle al principio, pues venía ataviado con una potente capa negra para hacer frente a las inclemencias del frío feroxí. Eso sí, cuando le saludó e inclinó la cabeza, al arquero no le quedó duda alguna que se encontraba enfrente del mismo hombre al que hizo de guía en Ylisstol a cambio de un libro sobre Emergidos.

-¡Greetings, estimadísimo príncipe Pelleas!-dijo Virion mientras se levantaba de su asiento y le hacía una solemne y grácil reverencia, igual que las tantas que le hiciera en su primer encuentro.-¡Es realmente un honor y un placer estar en vuestra principesca presencia! Sentaos, sentaos. Y servíos directamente algo de vino. Os aviso, no es tan bueno como el que os hice probar en Ylisstol, demasiado ácido esta vez. Pero está bastante bien, y servirá para armonizar y dar ambiente a tan prometedora velada.

Una vez hecha la reverencia y dichas las palabras, Virion escuchó el comentario que hizo el príncipe Pelleas acerca de cómo Regna Ferox se parecía a Daein. El arquero no pudo evitar soltar una amable carcajada como respuesta.

-Espero que no os refiráis al frío. Por Naga bendita, que este frío se me hace insoportable. Si vuestro reino es tan frío, temo que no os visitaré hasta asegurarme que sea pleno verano y aun así, bien que iré abrigado.-respondió con tono alegre, como si estuviese haciendo un chiste. Lo cierto es que Virion no sabía si era simplemente al frío a lo que hacía referencia e príncipe u a otra cosa, pues nunca estuvo en Daein y apenas sabía nada de aquel reino. Nada salvo lo poco que le contó el príncipe en su primer encuentro.

Lo cierto es que esta reunión, aparte de para recordar y hacer frente al pasado de Virion, iba a poder servir también para conocer al príncipe de Daein y a su reino un poco más. No estaba detrás de aquella noche su deseo de obtener aliados que le ayudasen en su lucha contra los Emergidos para recuperar las tierras de las que había sido expulsado. También había algo de curiosidad en lo referente a aquel joven príncipe. No sabía muy bien que era, pero había algo que le intrigaba, quizás fuera su sed de conocimiento o que le gustaba viajar y ver otras culturas… Era alguien interesante, y del que sentía que podía aprender mucho, incluso mas allá de su objetivo de exterminio de Emergidos.

-¿Cómo ha sido vuestro viaje hasta aquí, mi querido príncipe? ¿Habéis tenido algún percance o ha ido todo acorde a vuestros designios?-Virion razonó que lo mejor que podía hacer para comenzar aquella conversación en aquella taberna era romper el hielo con una conversación sencilla y amena, antes de entrar en el plato fuerte.-En mi caso, todo tranquilo. No es que haya sido un viaje especialmente cómodo. El príncipe Chrom no es de muchos lujos, cosa que apruebo en esta ocasión, ya que no conviene llamar mucho la atención. Un par de caballos, un carruaje, víveres y ropa y a ir tirando. Afortunadamente, no hemos tenido ningún encuentro con Emergidos durante el trayecto. Pero sinceramente… tanta paz me ha perturbado un poco. Es casi como si supiesen que el príncipe fuera a ausentarse y nos estuviesen dando vía libre para atacar la capital mientras nosotros no estamos… ¡Bah! Seguro que son paranoias mías. Todo ha ido bien…-y bebió un poco de vino, como para dar a entender que estaba divagando sin sentido.

Lo cierto es que Virion trataba de disimular como podía los nervios que él mismo sentía. Sabía bien a lo que había venido, sabía bien de lo que iban a hablar aquella noche, pero aun así, no podía evitar sentirse inquieto por dentro. Al fin y al cabo, enfrentarse a lo más oscuro de tu pasado no era algo que uno hacía todos los días. Pero aun con ese miedo, el arquero no iba a dar marcha atrás.

-Como sabéis por las cartas que nos hemos enviado, hemos quedado para poderos explicar al detalle el motivo de mi exilio y el abandono al que he sometido a mi pueblo. Mi pueblo merece esa explicación, y también lo merecéis vos. Mas no voy a hacerla sin antes escuchar al detalle qué es exactamente lo que habéis escuchado de mí noble persona para poder deciros cuánto de cierto hay en cada una de sus palabras.-Si el príncipe Pelleas se daba cuenta, no ha habido en todo momento todavía palabra alguna de vanagloria o adulación hacia la propia persona de Virion en lo que llevaban de encuentro, algo que sólo ocurría cuando el exduque se ponía muy en serio con respecto a lo que estaba en juego. Y es que aquella ocasión, no merecía menos. Bebió otro trago de vino, mientras contemplaba la reacción del príncipe al proponerle que hablase ya directamente de aquel espinoso asunto.
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Vie Jul 01, 2016 3:05 pm

Los ánimos del arquero eran considerable alivio, aunque cabía cuestionarse, con cierto humor, si iría tan lejos con ello como la vez anterior. En ese entonces habían estado andando en casi todo momento; ahora, si pretendía darle 8 reverencias consecutivas, tendría que estarse parando de la mesa todas esas veces. Pelleas sintió que algo de tensión comenzaba a abandonar sus hombros al recordar de buena gana todo ello. No eran mal recibidos esos extravagantes modales del arquero, aunque no podía evitar echar una rápida mirada alrededor, demasiado consciente de si las miradas de los demás comensales cayesen sobre ellos o no. No era un hombre que gustase de llamar la atención. Para su suerte, la mesa estaba bastante apartada y en el ángulo desde el que veía, sólo percibió un par de miradas pasajeras, nada más grave que eso.

- Le agradezco, y con su permiso... - Con una larga exhalación y una sonrisa aliviada tomó la copa puesta allí para él, y ni tan diestro ni tan elegante como el otro caballero la sirvió generosamente. No era buen bebedor en el sentido que desconocía sobre alcoholes y como tomarlos precavidamente, pero sí que lo disfrutaba. - Pues sí se trata de esta nevada, pero puedo prometerle, si le sirve de algo, que es sólo en lo más frío del invierno que Daein luce así. El verano es tan cálido como lo puede pedir. No es que pensase exigir visita suya, pero siendo así, me temo que el clima no sería excusa. - Dijo, de buena gana, antes de empinar el primer trago del líquido violáceo y oscuro. Si era más ácido o de inferior calidad, no estaba enteramente seguro de darse, mas al calor de la hoguera cercana le parecía que cualquier alcohol le sabría bien.

Quizás le sirviese para afrontar con más aplomo lo venidero. Oía que a algunos hombres el alcohol les volvía más temerarios; ojalá y fuese así con él, que a lo sumo recordaba adormilarse. Un tanto más de calma tampoco estaría mal. Miró la superficie del líquido, deteniendo las yemas de los dedos en la base de la copa ociosamente a medida que sopesaba el modo de plantear el asunto. Realmente se preguntaba qué transcurría en la mente del custodio, respecto a Rosanne y respecto a él mismo, como para verse tan jovial y en control como siempre. Si algo tenía de distinto el hombre, si alguna señal había de que fuese a darle peso a aquella charla, Pelleas no la percibía del todo aún; consideraba normal que hablase de la travesía de aquellos meses, y hasta un punto en el que conseguía entenderle muy bien. Alzó la vista un poco, hablando de inmediato al sentir que sabía exactamente a qué inquietudes se refería. - Puedo comprender la preocupación de lo que podría suceder mientras está uno lejos del hogar, créame. Pero Ylisse siempre ha estado bien protegida, mejor ha de estarlo cuando regresen ustedes. Um, si proceden bien sus reclutamientos, claro. - Dijo. Era más o menos lo que se decía a sí mismo al estar lejos; Daein no le necesitaba en particular a él para estar a salvo, su rey era perfectamente capaz, podía tomarse su tiempo en construir lo que necesitaba construir. Pero entendía la ansiedad. - Ha sido un camino muy largo para terminar nuevamente en Akaneia, realmente mucho ha pasado... pero no ha habido ningún percance que no pudiese sobrellevar. Um, por fortuna. No ha habido travesía sin ataques en el camino, pero de algún modo, creo que es... ¿algo a lo que me he acostumbrado? No habría creído que así fuera a terminar. -

Cayó en cuenta, apenas terminar, que aquello sí se sentía nuevo. De un modo u otro, Virion había expresado una preocupación suya. Una cosa fuera de la total seguridad y la vanagloria. No supo si tomarlo como una agradable o preocupante señal; seguida, para su fortuna, por las palabras que él mismo no se había atrevido a llevar sobre la mesa. El exilio de un duque de sus tierras. Ya estaba dicho, entonces. Una vez que las palabras difíciles fueron dichas en voz alta, los hombros del príncipe bajaron con un notorio alivio, pudo cesar el nervioso gesto de sus dedos a la base de la copa y tomarla con naturalidad. No estaba hecho para esa clase de tensiones, ni parecía correcto mantenerlas entre él y el arquero. Librarse de ello le tranquilizaba de sobremanera. - Mi señor... quiero poner de mi parte en esto, realmente, pero no estaría muy seguro de decir lo que pide que diga. Repetirle las palabras de esas personas. ¿Es realmente lo que quiere oír...? - Habló con honestidad, aliviado de poder hacerlo pero lejos de alegre con ello. Respetaría los deseos de Virion si esos eran, no era su lugar negarle ese vínculo con lo que había perdido, mas no creía que fuese agradable.

Desvió la mirada con inexplicable culpabilidad, siquiera por ser el mensajero de malas nuevas. - Le llamaban traidor. - Carraspeó. Bajaba la voz, y al proseguir no podía evitar bajarla aún más. Aún en la apartada mesa, cuidaba con excesivo recelo no ser oído por nadie sino el caballero frente a él. - Han dicho que su antiguo señor es uno que, apenas comenzada esta crisis, tomó sus riquezas y huyó del peligro. Que abandonó sus tierras para huir a otro continente, algún lugar más seguro. - Las versiones variaban, por supuesto; habían anécdotas de un poco de todo, desde cosas odiosas que el hombre había hecho en su camino, como cuentos entre heróicos y frustrantes de cómo había muerto demasiado pronto. Pelleas intentaba quedarse con lo primordial, asumir que la mitad no era más que mito y leyenda proliferando en el tiempo que Virion no había estado allí. - Por supuesto, no saben si se haya usted realmente con vida o no, mucho menos que está en Ylisse, o que forma parte de su ejército. - Y él, claro, no había creído prudente mencionar nada de eso. Sólo había oído cuanto había conseguido que se le dijese, e inclusive con eso, estaba seguro de que había lucido un poco sospechoso. Tomó un largo trago de vino y agregó, excusándose por el mensaje que remitía. - Lo siento, sé que esas cosas no han de ser ciertas-- no debe ser agradable saber que es lo que circula. Debe haber inmensos malentendidos en todo esto... -
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Vie Jul 01, 2016 5:56 pm

Virion se esperaba la respuesta de Pelleas. De hecho, debía reconocer que el príncipe estaba siendo amable, intentado minimizar el daño. Pero aun así, cuando escuchó la palabra “traidor” de los labios del príncipe, no pudo más que sentir como si le hubiesen clavado un puñal en el estómago. Aunque sabía bien de sobra que eso era lo que pensaban de él, recibir una nueva confirmación le seguía doliendo, y bastante.

Aun así, mantuvo la calma. Por eso mismo había pedido quedar en un sitio como aquel. En una taberna, rodeada de gente, con vino y música de ambiente, Virion se sentía más a gusto. Era consciente de la naturaleza tímida del príncipe Pelleas, y por ello, aparte de no ser escuchados por oídos curiosos, había elegido una mesa separada del resto y más alejada del mundanal ruido tabernario. Pero el arquero necesitaba un buen lugar para asimilar la noticia y poder dar su versión de los hechos tranquilamente.

El arquero tomó aire solemnemente y bebió otro sorbo de vino. Disfrutó de su sabor, aunque no le gustase tanto como el que servían en Ylisse. Dejó el vaso sobre la mesa y entrecruzó sus manos a la vez que miraba fijamente a los ojos del príncipe a la cara.

-Gracias, mi querido príncipe. Sé lo difícil que es a veces ser sincero, pero tengo plena confianza en que lo estáis siendo ahora mismo y de ahí, mi gratitud ante ello. Y aunque os confieso que duele un poco, no habéis dicho nada que no esperase que dijeseis. Al in y al cabo, soy plenamente consciente del pecado cometido contra mi pueblo.

Volvió a coger el vaso de vino y volvió a beber un sorbo, simplemente para volver a recrearse en su sabor. Hecho eso, lanzó un vistazo alrededor, para asegurarse nuevamente que no había gente cerca que pudiera escucharles y pasó a dar su versión de los hechos.

-Bien, toca contaros qué es lo que pasó, desde mi punto de vista. Podéis o no creerme, es mi versión. Pero sólo el hecho de sacármelo del pecho creo me hará mucho más bien que mal, así que adelante.-era obvio que el tener que rememorar el pasado no era agradable para el arquero, pero ya no había vuelta atrás.-Todo empezó ya hace unos cuanto años. Yo apenas llevaba tiempo siendo duque, tras la reciente muerte de mis padres, mas no quiero que penséis que lo que ocurrió fue por culpa de mi falta de veteranía y mi inexperiencia en el campo del gobierno. No, no voy a excusar mis errores aludiendo a juventud o inocencia. Pero sí que cometí un grave error, y es el motivo por el cual me vi obligado a abandonar mi patria.

Virion bebió un sorbo más. Hacerlo le hacía sentirse relajado, pero se aseguraba de no beber mucho, sino tomar ligerísimos tragos. Una cosa era tranquilizarse y otra muy distinta acabar borracho. Lo último que quería esa noche era acabar borracho delante del príncipe justo cuando le contaba algo tan trascendente en su vida.

-El caso es que cuando aparecieron los Emergidos, malditos sean eternamente, nuestro pequeño ducado fue uno de sus primeros objetivos. Pertrechados y marcados con emblemas y banderas en su mayoría de Akaneia , se lanzaron sin aviso ni misericordia sobre nuestras aldeas, saqueándolas todas sin piedad alguna. No tuvieron piedad ni con mujeres, niños o ancianos. Quemaron campos enteros, eliminaron nuestro ganado y en definitiva, lo destrozaban todo a su paso.-el odio y la rabia que sentía Virion por los Emergido se mostraba en el tono cada vez más alto en que recitaba cada una de las palabras. El mismo Virion se dio cuenta de aquello, por lo que tomó otro trago y volvió a echar un vistazo, no fuera a ser que al elevar la voz hubiera llamado la atención de alguien. Por fortuna, no fue así.-Mi ducado no estaba preparado para semejante brutal ataque ¿Por qué íbamos a estarlo? Durante décadas, Rosanne fue siempre un reino pacífico Nunca tuvimos un conflicto serio. Es cierto que ha habido tensiones con el imperio de Valm, pero nunca hemos llegado a un enfrentamiento directo. No había ninguna razón por la cual debíamos estar preparados para una invasión, y en consecuencia, no lo estuvimos cuando los Emergidos atacaron. Desde luego, yo no lo estaba, pero tampoco voy a usar eso como excusa de mi error. El caso es que en su momento sí que intenté prestar batalla y luchar contra esos monstruos. Reuní a mis tropas y las dirigí al campo de batalla, como un auténtico Lord debe actuar, a pesar de ser mi primera batalla real. Pero fue inútil. La mayoría de mis hombres… murieron en combate. Yo mismo no lo hubiese contado si ellos… no hubiesen dado… su vida… por mí…

La voz del arquero se quebraba. Era natural, el recuerdo le dolía en lo más profundo del alma. La pérdida de todas aquellas vidas, algunos de ellos amigos con los que había compartido tanto, todavía le desgarraba el corazón. Pero no hizo más que beber otro pequeño trago de vino, cerrar los ojos en un patético intento de ocultar sus lágrimas y seguir hablando.

-Aunque mi corazón no quería aceptarlo, mi mente se dio enseguida cuenta de la realidad. La batalla contra los Emergidos era una batalla perdida. Como sabéis, soy ducho en vanagloriarme, para una habilidad de la que soy realmente experto y puedo demostrároslo en cualquier momento. No tenéis más que traerme un tablero de ajedrez y os enseñaré mi loable virtud encantado. Soy un gran estratega, uno muy habilidoso. En aquel entonces, me faltaba experiencia práctica, pero mi habilidad era ya portentosa. Gracias a ello pude reconocer lo inevitable: daba igual que estrategia usase, Rosanne estaba destinada a caer. Sabido eso, no quedaba otra que hacer lo que creía que un Lord haría en esas circunstancias: Pedir a mis súbditos que desistiesen de luchar y huyeran cuanto antes, pues de esa manera salvarían sus vidas, en vez de perderlas inmisericordemente en manos de aquellos malnacidos y repugnantes engendros.

La tristeza pasaba nuevamente a la rabia, y Virion volvió a darse cuenta de ello, con lo cual, volvió a dar un trago de vino. En serio, ese vino, aunque no era el mejor, le estaba ayudando bastante a controlar sus emociones. El arquero daba gracias a ello.

-Mi pueblo no aceptó. En aquel momento pensé que su honor y servicio hacia mi persona obligaba a mis hombres a luchar, aunque fuera una causa perdida. Me vi obligado a contemplar como muchas otras vidas caían fútilmente luchando contra los Emergidos. Así que decidí tomar una dura decisión con el fin de salvar a mi pueblo: huir. Pensé que si la causa por la que luchaban era por mí, al huir perderían esa motivación y huirían por fin, perdiendo sus hogares, pero salvando sus vidas. Me equivoqué. Fue brutal para mi alma cuando recibí la noticia que casi todo lo que quedaba de mi guardia mas la mayoría de mis súbditos dio su vida luchando, a pesar de que su señor los había abandonado. Lo entendí todo mal. No luchaban por mí, luchaban por sus hogares. Mi orgullo fue la el responsable de mi error, como mi pecado. Eso fue de entrada lo que pasó en Rosanne, contado por su señor Virion de Rosanne.

Dicho esto, tomo aire y se relajó un poco, sintiéndose algo aliviado, como si se hubiese quitado efectivamente un peso de encima, aunque el dolor siguiera ahí. Sus ojos se clavaron en los del príncipe.

-Por supuesto, la historia sigue, pero antes quiero saber vuestra opinión al respecto. Sois libre de pensar lo que queráis, no creo que vuestro juicio vaya a ser más duro que el que mi propio pueblo profesa.
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Jue Jul 14, 2016 9:00 pm

La anaranjada luz de la hoguera daba de medio lado allí, iluminando un lado de ambas copas y reflejando sobre la superficie oscura del vino. Obscurecía y exponía la expresión en el rostro del arquero de a ratos, según se removieran las llamas en el lugar. El príncipe no cesaba de pensar en lo extraño que era verle tan serio como en ese entonces se mostraba, mas suponía que no podía ser de otro modo, no con esa clase de asuntos. Virion tomaba culpa, inclusive llamaba pecado a lo que había sucedido entre él y sus tierras. Sentía que arrastraba al hombre de regreso a un desagradable pasado, y no terminaba de decidir si era bueno o malo que así fuese, pero la verdad surgía de sus propios labios y cuanto menos querría escucharle. Era lo que podía hacer por el ex-duque en esos momentos, también.

El vino acompañó y subsanó el suspenso, al oír cada palabra del extraño prefacio. Sería la historia de un error y de caminos sin salida, entonces. Se rehusaba a creer que fuese enteramente culpa del arquero, como este insinuaba, mas tan sólo pudo asentir y mantenerse atento, con la mirada puesta en el narrador de aquella historia. Cuando la revelación comenzó y cuando el desastre fue mencionado en cada desagradable y frustrante faceta, Pelleas se halló prontamente bajando la vista, en un esfuerzo consciente por no comentar e interrumpirle. Se ocupó en beber. Nada era fácil de oír, como no debía ser de decir en voz alta. Las cosas iniciaban mal y se tornaban peor.

Pero el final de aquella historia era uno que ya conocía, y contra este, lo que verdaderamente más le afectaba no cesaba de ser la actitud del Custodio. Ya era extraño verle tan serio; un quiebre en su voz, además de dejar a Pelleas momentáneamente pasmado y un tanto boquiabierto, confería al asunto de inusitado peso. Había liderado tropas, tropas que le habían sido plenamente leales, y había perdido de la más absoluta forma. El mago buscó con torpeza palabras de aliento que dar, hablando demasiado rápido cuando su mente no encontraba aún lo requerido. - N-No, mi señor, no es... no ha de asumir culpa, es tan sólo que... um, p-para un soldado, es normal... - Y la luz anaranjada se encargó de perfilar, además de cada instancia en que se alzaran las copas, lo cristalino en la mirada del peliazul. El detalle silenció a Pelleas de regreso. No había nada que pudiese decirle a esa persona que fuese a cambiar su perspectiva.

Así que sólo permitió al caballero continuar. Era un interesante desarrollo el que presentaba, al haber podido predecir lo que sucedería en su campo de batalla. El mago llevó la copa de vino a sus labios y apenas la bajó al oír, entre sorbo y sorbo, poco medido. Sus dotes estratégicos eran verdaderamente nulos; parte del motivo por el que estaba aceptando la compañía y considerando contratar a un consejero, aquel que había dejado atrás en la posada. Admiraba el talento donde sí lo había, pues un buen estratega cargaba el peso de voltear lo inevitable. Asintió, considerando razonable y acertado el proceder que el arquero había decidido, mas al parecer no había conseguido desarrollarse de la forma planeada, y allí era donde todo había pasado de mal a peor. Había sido una apuesta arriesgada, todo por todo, y no había funcionado. Bajó la vista a medida que el relato culminaba.

- Peleó por ellos. Hasta donde pudo, claro está, pero... no se retiró sin luchar. - Murmuró, al tiempo que notaba la copa casi vacía en la mano ajena. Se tomó la libertad de tomar la botella y servir nuevamente, pues en lo que al arquero respectaba, prefería que se enfocase en la historia. Aunque, por lo pronto, nada más iba a narrarse. Tapó la botella y la posó de regreso en su sitio. - El resto es la historia de su llegada a Ylisse, ¿no es así? Entiendo que no es del todo de mi incumbencia, pero me gustaría oírla también... terminar de comprender esto, en su enteridad. Ha pasado usted por mucho en estos cortos años. - Dijo. También había sido de ese modo para él, pero su travesía le había sido gentil, en mayor parte. Había tenido un par de incidentes mejor enterrados en la memoria, mas lo que había sucedido con Virion se trataba de una penuria más trascendental, de algún modo más impactante.

Pelleas la entendía demasiado bien. - Imagino esos sucesos en mis tierras, imagino tener esa decisión en mis manos... y-yo no podría haberla tomado. De ser yo, probablemente habría permanecido y eso sería aún peor, porque significaría el fin definitivo. Sin las tierras ni el señor, nada queda. - E imaginarlo le retorcía suficiente el estómago. Exhaló tendidamente, poniendo en su rostro una expresión más calma; hablaría con honestidad y pretendía que así se viese. - Si pide mi opinión, pienso que hizo todo lo que pudo e inclusive más, intentando aquella última estrategia... um... no negaría que es vergonzoso de realizar, sí, la milicia que conozco lo llamaría colgar la dignidad del líder, pero fue su sacrificio personal, ¿no es así? A favor de la supervivencia de los suyos. - O al menos, así era como lo procesaba. Su carácter no quitaba su educación en ese aspecto, la visión de Daein respecto a quién era un guerrero y quién era un indigno cobarde era tajante, inclusive en la mente del mago. Lo suficiente como para comprender las acciones ajenas como un descarte de dignidad; necesario, pero algo de enorme esfuerzo mental para el hombre que hasta el momento había visto como poseedor de un alto y más que saludable ego. Quizás no era todo lo que parecía. Tras el silencio de un corto instante, prosiguió. - Admiro Rosanne. No puedo no admirarla, su gente habrá tenido buenos motivos para sentir tal amor a sus orígenes, que fueron tan lejos para proteger sus hogares y mantenerse unidos. Sin embargo, se han equivocado gravemente en su juicio hacia usted... ¿no hay acaso alguna forma de que vean la verdad? -
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Miér Ago 17, 2016 6:27 pm

Tenía que reconocerlo. Hablar de aquello, rememorar el pasado y soltarlo con confianza, se sentía bien. Dolía, era innegable. Pero al mismo tiempo, al acabar de contar la parte más dura, era como si la carga no pesase tanto. Estaba ahí, pero ya no era exactamente lo mismo. Al final, incluso se contuvo Virion de beber otro trago de vino, pese a que muy amablemente el príncipe le había vuelto a llenar el vaso.

Pero no había ido a ese lugar para sentirse mejor. No, ese no era el objetivo de su misión. Tenía un objetivo, el mismo objetivo desde que tuviera que abandonar Rosanne. Ese encuentro formaba parte de su plan. Es por ello, que debía continuar. Además, el príncipe de Daein, entre palabras de ánimo y consuelo, le demostraba que quería saber cómo continuaba la historia, y el arquero no pensaba en defraudarle.

- Lo que sigue es bastante simple. A pesar de ser un noble de alta alcurnia, no tenía suficiente amistad ni alianza como para buscar refugio a la hora de huir. Al fin y al cabo, cuando les envié misivas para pedirles ayuda contra la horda de Emergidos, ninguno tuvo el coraje o la dignidad siquiera de darme una respuesta, y mucho menos, acudir en nuestro desesperado auxilio. Tampoco esperaba mucho de esa panda de sabandijas traicioneras, sinceramente.-el rencor era evidente en las palabras del exduque a la hora de hablar de los de su clase en Valm, quienes recordaba que siempre le miraron por encima del hombro por su juventud y por su fama de mujeriego, pero ese era un detalle que no merecía la pena mencionarse.-Pero el caso es que desde que me planteé mi huida, una cosa recorría mi cabeza. Debía reunir fuerzas para volver y recuperar las tierras. Al principio vagué sin mucha orientación ni destino certero, disfrazado de un simple aventurero mendigo e investigando entre grupos de mercenarios y demás chusma quienes pudieran asistirme en tan sagrada misión. Afortunadamente, conté con la ayuda de una amiga de confianza, probablemente la única superviviente de mi círculo más íntimo, que me ayudó a sobrevivir tan aciagos días, aunque por desgracia el destino acabó por separarnos también.

El recuerdo de Zerche y todo lo que hizo por él todavía estaba fresco en su memoria a pesar de todo el tiempo trascurrido. Le debía muchísimo a aquella joven mujer y esperaba poder pagárselo algún día ¿Qué sería de ella? ¿Dónde estaría ahora? ¿Estaría a salvo? Virion no podía evitar preguntárselo en su cabeza, pero aun así, continuó narrando su historia sin distracción.

-El caso es que a los pocos días mis planes sufrieron una leve variación. Tras conocer otras tierras que sufrían el azote de los Emergidos y saber que no me encontraba solo ante tanta desdicha, decidí que debía investigar el asunto con más profundidad. No me bastaba reunir a quienes fueran capaces de derrotar a aquellas criaturas. También era necesario saber contra qué exactamente nos estábamos enfrentando ¿Qué son los Emergidos? ¿Cómo fueron creados? ¿Por qué hacen lo que hacen? Y lo más importante ¿Quién está detrás de todo esto?-Virion no tenía mucho que añadir a esto, pues el príncipe ya sabía del interés que tenía el arquero por tales criaturas de ultratumba. Al fin y al cabo, se conocieron por la casualidad de que ambos perseguían un mismo libro sobre los Emergidos. Pero había una duda que a Pelleas se le podía plantear al respecto, y que antes de que la pudiese pronunciar, Virion fue directo a responderla.-Como recordará, los Emergidos portaban banderas de Akaneia cuando atacaron. Es más que lógico que se pregunte entonces cómo es que estoy actualmente sirviendo a uno de los reinos que supuestamente invadieron mi hogar y me forzaron al exilio. Pero la respuesta es sencilla si uno se para a pensarlo: investigar desde dentro si alguno de esos reinos tiene verdadera responsabilidad con respecto al ataque de los Emergidos. Elegí Ylisse porque de las banderas que utilizaban los Emergidos, la que más se repetía era la de Ylisse, el Sacro Reino conocido por ser el más pacífico del continente ¿no es irónico? Me las apañé para subirme a un barco que atracó en Plegia y con un ligero rodeo llegué enseguida hasta Ylisse y directo a la capital. El cómo llegué a mi posición de Custodio fue fácil, no tuve más que demostrar mis habilidades con el arco y el mismo príncipe Chrom me recibió con los brazos abiertos. En Ylisse también se sufre el ataque de los Emergidos y cualquiera con disposición de luchar es aceptado sin mucha distinción. Y no, no descubrí nada todavía acerca de una posible relación entre los Emergidos e Ylisse. El mismo príncipe Chrom parece un buen tipo, demasiado incluso para su propio bien. Mas no pienso bajar la guardia por ello. Si al final resulta que Ylisse no tiene nada que ver, entonces aprovecharé mi “amistad” con el príncipe para solicitarle ayuda para recuperar el trono. Y si resulta que Ylisse sí tiene algo que ver… entonces pasaré a tomar medidas.-y aquí el arquero se calló, dejando entre sombras de silencios que supuestas medidas era las que pensaba tomar.

Virion bebió otra vez, pero ya no tanto como para calmar los nervios, sino porque su garganta se había gastado un poco de tanto hablar. Sin embargo, aún no había terminado. El arquero había estado atento a las palabras que el príncipe le había dicho, palabras de ánimo acerca de cómo no se rindió de verdad y cómo hizo todo lo que estuvo en su mano para salvar a su pueblo. El exduque sonrió amablemente.

-Mil veces me he preguntado cuál era la opción correcta, y aun así me lo sigo preguntando ¿hice bien en huir? ¿o debí quedarme aunque todo estuviese perdido? Pero luego recuerdo que lo hecho, hecho está. Y lo importante es lo que haga a partir de ahora. Esta es una lección que todos, no sólo los líderes, debemos aprender: debemos aceptar la responsabilidad de nuestros actos, pero siempre mirando hacia delante.-había bastante convicción en las palabras del arquero, llenas de determinación y hasta cierto coraje.-¿Me preguntas qué puedo hacer para ganarme el perdón de mi pueblo, y que éste corrija el juicio hacia mi persona? Lo tuve claro desde el día que me enteré de la destrucción de mis tierras ante mi huida. Debía expulsar a los Emergidos y recuperarlas, es la única manera de salvar a mi pueblo y que este pueda realmente perdonarme. Mientras no haya recuperado los hogares perdidos, las tierras, granjas y colinas de Rosanne, mis súbditos tienen todo derecho a despreciarme. Pero si logro retomarlas y devolvérselas a los míos, entonces podré pedirles perdón con la cabeza bien alta, y ellos podrán decidir si me perdonan o no. Ese es mi anhelo, y por lo que trabajo cada día de mi vida.

Virion bebió un trago más, relajado y hasta sonriente, quizás por el efecto del vino. Había hablado seriamente, pero pensando en retrospectiva, le había salido un relato bastante trágico y épico. Sí, su historia parecía sacada de cuentos de bardos que tanto le encantaban desde siempre. Es por ello que confiaba, que como en esas historias, la suya también tendría final feliz. Sólo faltaba ver qué opinaba el príncipe al respecto.
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Dom Ago 28, 2016 5:30 pm

La travesía de Virion se quedaba en Valm tras su escape, aunque se estancaba en un temporal callejón sin respuestas. Allí se tornaba de mayor intriga el asunto. Cada palabra que adelantaba la historia del ahora Custodio, Pelleas remitía a memoria en el orden en que calculaba las escribiría posteriormente, no para esparcir el cuento del ex-duque sino para registrar en su diario personal. El librito antes tan cargado de meros pensamientos se había transformado en ya tres libros separados, gruesos por los cuentos de tantos lugares y personas que armaban la travesía de Pelleas hasta ese entonces, sus notas y aún sus ideas sobre todo, mejor expresadas en papel que de sus propios labios. Esa nueva historia dejaría mucho que considerar luego, quería asegurarse de que la recordaría.

Aunque había cosas que ya tendría que estar pensando con seriedad, pero omitía hacerlo. El hecho de que Virion no hayase las tropas que le retomaran su hogar era una parte predecible del relato; el siguiente paso, no tanto, mas la lógica que le había llevado a buscar sus verdaderos enemigos tras las tropas emergidas era una que él también tendría que aplicar. En el fondo, sabía que ese era el curso correcto de acción, buscar la fuente y erradicar el problema donde correspondía en verdad. Su padre y rey se contentaba con cuidar sus propias tierras; si se le pedía más, Pelleas sabía ya que lo próximo era acusar a lo vecinos directos para tener terreno conquistable al cual comenzar a marchar, aunque en ningún modo fuese razonable. En Daein no se estaba haciendo el menor esfuerzo por resolver la situación como realmente se debía. Y aunque el príncipe siempre había visto las fallas en actitudes y métodos, nunca había pensado en hacer nada distinto. Era más fácil permanecer egoístamente a salvo, que ponerse a contrariar al rey o a encarar una tarea demasiado grande para un muchacho todavía aprendiz de magia. No tenía ni la valentía, ni la fuerza, ni la grandeza de espíritu para eso. No estaba entre sus metas erradicar una crisis mundial o ser el primero en descubrir el secreto del declive del mundo.

Comenzaba a ver, en esa ocasión meses después del primer encuentro, que el motivo por el que habían coincidido sobre un libro era enormemente distinto de un hombre al otro. Él sólo había perseguido el conocimiento práctico respecto a cómo enfrentar a las criaturas. El motivo de Virion había parecido igual de directo, mas enmascaraba motivaciones mucho mayores, más altruistas de lo que podía haber imaginado. Era interesante, después de todo. Sin culpa ni envidia, sino curiosidad, el príncipe bebió y escuchó hasta toparse con una parte de la historia que, si bien se hacía fácil de entender, tardaba en encajar en su visión de todo.

- Un momento... - Interrumpió por lo bajo; aunque bastante tarde como para que se llamase verdaderamente interrumpir. Toda la explicación tenía buena lógica, excelente de parte del arquero, pero aún así era extraña. - Entonces su servicio en Ylisse es... ¿era un encubrimiento? ¿Sigue siendo un encubrimiento? - Parpadeó algunas veces, asombrado. No lo culpaba. Tampoco estaba seguro de considerar el movimiento uno de mala fe; si la culpa se descubría, quien tenía la voz de la justicia habría sido Virion desde el principio. Sólo se sorprendía. De la actuación, del planeamiento, de todo. - Siendo así... vaya... habría sido mucho tiempo actuando de ese modo, pero... para tan buenos resultados. Yo jamás habría pensado en hacer algo así-- err, o de pensarlo, no habría sido capaz. Es impresionante. - Con sus dudas y vueltas, igualmente terminó por ser un cumplido.

En sí, no veía error en la forma en que el Custodio había manejado el asunto. Nada mejor se le habría ocurrido a él mismo. Eran excelentes ideas y podían aún funcionar; contando con ello y con que la historia no necesariamente tendría un final aciago, pudo sonreír de regreso con calma. El nerviosismo de la reunión se había desvanecido, y aunque seguían intentando ser discretos en esa taberna lejana y cálida, se le antojaba un ambiente optimista. Entendía que las palabras finales del otro hombre eran también de ese estilo, su valerosa convicción para seguir adelante, pero allí Pelleas hallaba algo que no terminaba de agradarle, y no podía evitar comentarlo. Demasiada comodidad como para callarse las cosas, quizás. - Um. Eso no me parece correcto... está deseando que le perdonen por algo que no hizo. Hizo algunas cosas que, um, que no son tan dignas, pero no hizo las que ellos piensan. ¿Realmente dejará que eso quede así? ¿Que piensen así de usted? Imagine si es así como se escribe en las historias... - Se explicó, en buena medida consternado. La historia mentiría si terminaba por inmortalizar a Virion como un cobarde que luego regresó para corregirse, cuando desde el principio no lo había sido. Era innecesariamente vergonzoso. Tras plantearlo, sin embargo, cayó en cuenta de que se estaba dejando llevar por su natural pesimismo, y que sus palabras quizás atentasen contra el buen humor que Virion de alguna forma mantenía. Tamborileó los dedos un poco alrededor de la base de la copa con un ruidito agudo del cristal, mientras se corregía. - Este, por supuesto, no es que sea lo central de la cuestión... más bien... espero que halle algo en Ylisse, después de todo. ¿Cree que se esté acercando a descubrir algo? -

Mejor pensar así. Hacia adelante. Y Pelleas veía esa parte del asunto con calma; le había gustado Ylisse mientras estaba allí, pero no más que Plegia u otros lugares. No tenía particular apego o un respeto que le impidiese verle como sospechoso. Si tampoco ofendería a Virion cuestionando al reino, no dudaba en explicarlo. - La verdad es que yo... no entiendo mucho de todo el asunto, sin importar cuanto viaje y cuanto vea. Supongo que veo la misma posibilidad de culpa en todos lados, excepto en mi propio reino... y en los que ya han caído, razonablemente. He pensado que sólo a medida que continúen así, sólo cuando queden muy pocos de ellos, sabremos cual fue el verdadero culpable. Considerando lo que pasó en casi todo Valm, esos son ya muchos lugares que descartar. Ylisse... no lo sé en absoluto. -
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Vie Sep 02, 2016 1:01 pm

Si el ambiente se había vuelto tenso en algún momento durante la narración de la trágica historia de nuestro querido arquero, éste volvió a su amigable estado natural cuando el arquero hubo terminado. Virion sentía definitivamente mejor, más aliviado y hasta un tanto contento, tras poder compartir, aunque fuera con una simple persona, tan profundas confidencias.

El príncipe Pelleas también parecía relajado. Quizás fuera el vino, quizás fuese la música, quizás fuese la pelea de borrachos que se había montado hace un minuto entre dos barbudos lanzándose sillas y taburetes, o simplemente es que se había sentido cautivado por la narración del ex-duque, pero el caso es que, el normalmente tímido e introvertido príncipe heredero parecía algo más abierto, tanto como para poder dar su opinión sincera sobre el tema, algo que Virion agradeció para sus adentros. Pudo notar su sorpresa y asombro al descubrir que su fidelidad a Ylisse era interesada, y hasta pudo notar algo de admiración en sus palabras, lo cual servía para aumentar el desmedido ego del arquero.

-Es cierto. Mi deber para con Ylisse es sólo hasta que descubra la verdad acerca de los Emergidos y cómo hacerles frente. Pero eso no significa que hasta llegado el momento, mi lealtad para con Ylisse no sea real. Al fin y al cabo, hasta que se demuestre lo contrario, ellos también son enemigos de los Emergidos, y ya se sabe el dicho: “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”.-claro que eso podía traer la cuestión de qué pasaría si Ylise entrara en guerra con otra nación también enemiga de los Emergidos, pero Virion decidió no sacar el tema si el príncipe no lo mencionaba.

Que había logrado las simpatías del príncipe Pelleas, era evidente cuando este mostró preocupado, incluso parecía que un poco indignado, acerca de que el nombre de Virion nunca pudiese acabar del todo limpio. Virion bebió un trago más de vino y sonrió amablemente.

-Como duque, mi servicio es para con mi pueblo, no para con los libros de historia. Mas comprendo perfectamente lo que sentís. El vulgo prefiere a un héroe honorable y caballeroso derrotado en el campo de batalla que alguien que triunfa esa batalla utilizando tácticas y métodos que pueden considerarse tramposos y ruines. Para ellos, huir es sólo algo de cobardes, y no les cabe en la cabeza que pueda hacer otros motivos detrás. Y cambiar la forma de pensar de tanta gente es tarea mil veces más ardua y complicada que derrotar a todos los Emergidos de un solo golpe.-el príncipe Pelleas notó que estaba tocando un tema algo sensible, y decidió cambiar, siguiendo el consejo de Virion acerca de mirar hacia delante y preguntándole si había descubierto algo en Ylisse acerca de los Emergidos. El arquero negó con la cabeza.-Por desgracia, o quizás por suerte, no he descubierto nada. O por lo menos, nada que no os haya trasmitido ya por carta. No he encontrado todavía ninguna relación entre Ylisse o los Emergidos, aparte de la evidente hostilidad hacia ellos que nos encontramos en la mayoría de los reinos. Aun así, todavía considero que es demasiado pronto para considerar a Ylisse completamente inocente. Todavía tengo mucho que investigar.

Ahora que Virion era Custodio, y además estaba próximo a la realeza de Ylisse, podía conocer algunos de los más importantes entresijos del reino. Pero eso no significaba que todas las puertas estuviesen de par en par para él. Virion escuchó como para el príncipe Pelleas, salvo todos sus reinos salvo el suyo y los totalmente destruidos eran igual de sospechosos. El exduque asintió con la cabeza.

-Comprendo perfectamente vuestra posición. Seré sincero, cuando llegué por primera vez a Akaneia, para mí todos los reinos eran igual de sospechosos. De hecho, si escogí Ylisse era porque el simple número de banderas con el que atacaron mi reino era favorable, aunque tampoco por mucho, al Sacro Reino. Ahora bien, mentiría si dijera que si al final se descubriese que Ylisse es culpable, no me sorprendería. Y es que, por el tiempo que ya he transcurrido allí, pude comprobar que su imagen de reino pacífico era real y no una mera fachada.

Virion toqueteó un momento la mesa con sus dedos, como si estuviera pensando y el sonido de sus yemas tocando la madera le ayudase a concentrarse. Sonriendo, meditó sin dejar de mirar a la cara al príncipe.

-Hagamos un experimento. Uno sencillo. Parémonos un segundo y preguntémonos qué reino o país es el más probable de ser el culpable. No se trata de preguntarnos cual realmente es, sino cuál consideramos que tiene más posibilidades. Al fin y al cabo, alguien tiene que estar detrás de todo esto. Veamos…-sus ojos se fijaron un momento hacia el techo de la taberna, como si se concentrase pero sin dejar de sonreír, como si aquello le divirtiese al mismo tiempo.-Primero de todo, tiene que ser una nación con amplios conocimientos y acceso a una gran fuente de poder de magia negra. Todavía no sabemos mucho de los Emergidos, pero es obvio que ha debido de ser creados de una manera completamente anti-natural. Segundo, tiene que ser una potencia ya militarizada. Al fin y al cabo, si es descubierta se va a encontrar con todo el mundo en su contra y tiene que estar preparada para defenderse en caso de que así ocurriera. Y debe ser al mismo tiempo, una nación comercial, ya que si ha sido capacidad de organizar un ataque global, es porque goza de conocimientos de cada uno de los continentes, y la mejor forma de obtener esa información es a través del comercio. Por lo que una nación isolacionista tiene menos probabilidades de ser la culpable. Dentro de Akaneia, las dos naciones que cumplen más estos requisitos, y por tanto, tienen más probabilidades de ser nuestra candidata son Plegia y Nohr, con Regna Ferox siguiéndoles de cerca. Las tres naciones son fuertemente militarizadas y no temen el comercio, y las dos primeras además cuentan con famosas academias y un buen arsenal de magos oscuros. Pero claro, sólo estoy hablando de Akaneia. De los lugares que vos habéis visitado, ¿cuál consideráis que es el más probable de ser el culpable? Recuerde, no les acusamos de nada, sólo aplicamos estadística.

Virion tenía curiosidad por saber dónde les llevaría el experimento que se le acababa de ocurrir. Quizás no descubriesen nada, pero quizás lograsen alguna pista. Y aunque no descubriesen nada, sería una bonita forma de ejercitar sus mentes y demostrarse entre ellos cuanto eran capaces de razonar sobre el tema.
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Lun Sep 12, 2016 2:50 pm

Ser el confidente de aquel relato, la vedadera historia tras Virion, le alegraba en una medida que no era capaz de expresar en voz alta, por temor a sonar extraño o incomodar al hombre mayor. Aún así, era algo que él mantenía presente, con cada verdad revelada y cada paso de la travesía que le era explicado. Y entre la confianza que le era otorgada y el conocimiento de lo que Virion enfrentaba, Pelleas no podía sino sentirse responsable de hacer algo por él, por darle una solución de alguna forma u otra. No suponía que con ser un confidente bastase, tampoco se sentía justo ver todo aquello y dejarlo transcurrir. Pensó en ello mientras le oía, sin llegar a mucho; Virion no había hecho particulares descrubimientos en Ylisse, por lo que el siguiente paso en su plan no era aún claro, ni lo que Pelleas podía llegar a hacer por él.

Rellenó las copas antes de posar la vista en la oscura superficie del vino, sin llegar a distinguir en esta más que un leve reflejo de la hoguera cercana y una muy vaga impresión de su propia silueta. Allí yacía su atención, pese al ruido que por ratos crecía o disminuía en la taberna. Tan fácil le era mantenerse retraído en sí, que así mismo se encerraba en la privada conversación y en pensamientos de la encrucijada del Custodio. - Pero si no se trata de Ylisse, y verdaderamente piensa usted que no ha de serlo... - Murmuró, un poco desesperanzado. No veía, desde allí, cómo podría proceder. Era bueno para Ylisse dar tan impecable impresión inclusive para alguien que buscaba fallas, pero de nada le servía a Virion, o eso asumía el joven mago.

Alzó la vista con curiosidad, al suave tamborileo de los dedos del hombre en la mesa de madera. Sacado de su ensimismamiento, también la volvió momentáneamente por sobre su hombro, al resto del lugar, que se había tornado demasiado animado con una especie de altercado cerca de la entrada, pareciendo captar la atención de gran parte de los comensales. Mejor para ellos, supuso, para salvaguardar la privacidad de la conversación. Volvió la vista al frente, prestando su confusa atención al juego de supuestos que proponía el arquero. No estaba seguro de que pareciese lo más apropiado, ni de que fuese una forma factible de progresar hacia su meta, pero no terminaba de atreverse a interrumpirlo. Bebió en descolocado silencio. Y para cuando Virion mencionó sus suposiciones sobre magia negra, lo que Pelleas deseó hacer ya no era interrumpirlo, sino adentrarse acaloradamente en ese hipotético escenario. Apretó los labios un poco para contenerse hasta que terminase. No era la primera vez que oía sospechas dirigidas hacia Plegia, aunque sí respecto a las otras dos naciones.

- ¡P-P-Pero Plegia no-- Plegia no estaría i-involucrada! - Dijo, aireado, tan pronto como pudo. La prisa revirtió su habla a un nivel de tartamudeo ya bastante dejado atrás. Al defender la fausta reputación del reino llevaba el ceño fruncido en una expresión aquejada, y aunque reconocía que estaba siendo más vocal y expresivo de lo que era usual en él, no podía evitarlo. Tan sólo bajar la vista después, sintiéndose enrojecer tanto que el rostro entero se le acaloró. Era un hombre apasionado respecto a pocas cosas, pero muy vehemente en ellas. - Err... l-lo siento mucho. - Continuó en una voz ínfima, avergonzado por el súbito arranque frente a una persona admirada. Alguien frente a quien querría parecer racional, capaz de seguir sus ideas. Supuso que se había hecho ver menos que inteligente, deseando enseguida que un botellazo perdido de un pleito lo alcanzara y le quitara la consciencia. - Plegia es... Plegia ha sido un segundo hogar para mi, desde que dejé Daein. He estado meses enteros allí. Debe comprender, a veces me siento más adecuado en Plegia de lo que me sentí en mi propia patria, y eso es... muy importante, para mi. Ha sido un lugar de provechoso aprendizaje, inclusive es al sitio donde llevo mis estudios, antes que a casa... s-sinceramente, si bien creo que es el lugar más cercano a realizar descubrimientos significativos sobre la materia, no pensaría que es culpable de nada. -

Se preguntó si sería aquella una buena oportunidad para mencionar que él mismo era instruido en las artes arcanas, o que había estudiado en Plegia hasta obtener cierto nivel de reconocimiento en sus institutos. O que era un grimleal convertido, alegre y aliviado de sentirse conectado a algo, como la magia dentro de él le hacía sentir respecto al dragón caído. Preveía un momento un tanto incómodo, por lo que decidió en contra de ello casi al instante. Pese a cuanto le desanimara oír la vinculación entre los emergidos y su propia doctrina, prefería ir por la ruta tranquila y dejar que se considerase un poco. Bebió dos gruesos tragos de vino para ayudar a su coraje, tras lo cual resolvió enfocarse y contestar las conjeturas del arquero como este pedía. Debía admitir que era novedoso. No muy a menudo se le pedía su opinión; ciertamente jamás se le había pedido en asuntos militares, los más sagrados en su hogar, y ahora que alguien lo hacía, no estaba seguro de cómo pensar o cómo hablar al respecto, pero lo intentaría.

- Um... Ylisse, Plegia, Begnion, las Islas de Durban, Ilia, Sacae, el viejo territorio de Valm, Nagaýen... nuevamente Plegia, Altea y ahora Regna Ferox. Esos son todos los lugares que he transitado, en mis viajes. - Los nombró, asombrándose a sí mismo de lo larga que había llegado a ser esa lista, sin que tomase mucha cuenta de ello. - Nunca lo he pensado en este modo, pero creo que tiene razón respecto a comercio y militarización, y... siendo así... si bien muchas banderas de Elibe pasaron fuera de las murallas de la capital de Daein, no lo creería demasiado plausible de ninguno de sus reinos. No descartaría; como dije, quien sobrevive aún parece un poco culpable, pero... se trata de reinos tan pequeños, en su mayoría. Tan simples. He oído que la milicia de Bern es la más numerosa y capaz, pero inclusive ellos no son demasiados, y parecen mejor protegidos entre sus montañas que buscando algo fuera de estas. De Valentia, simplemente no estoy seguro. Es extraño. La gran caída, el resurgimiento de Nagaýen... no sabría decir. - Alzó y bajó la vista un par de veces en aquellas últimas palabras, inseguro respecto a plantear ideas así. Estuviese donde estuviese, podía oírse como una conversación imprudente de sostener. Más aún cuando era tan poco lo que realmente sabía.

Pensó en Akaneia entonces. En Nohr, en particular. Las sospechas hacia Plegia le causaban profunda desazón, pero no podía decir lo mismo respecto al otro reino grimleal, pues aún no lo visitaba. Su visión era positiva de antemano, admiraba lo que conocía respecto a Nohr y era tal el motivo por el que deseara ir hacia allí, pero tenía que dejar algo de espacio a la conjetura. Serenó sus ánimos y se refirió a ello en voz alta. - En Regna Ferox sólo me hallo de paso. Creo que lo mencioné... mi destino en este momento es Nohr. Si hay algo inusual allí, quizás tenga oportunidad de verlo. No sé si conocerá este hecho usted, pero existe una escuela de magia negra tan grande como los templos de Nohr en Renais también, en los territorios de un reino caído que Renais amparó... y es muy posible que mis viajes me lleven en ese rumbo después, en mi camino a casa. Podré verlo de cerca. - Mencionó, suponiendo que sería de interés para el arquero, considerado el rumbo de sus sospechas. Pelleas podría decirle bastante de cada escuela de magia oscura, con un poco de tiempo. No era muy bueno exponiendo sus propias ideas, en gran medida dudaba en tenerlas, pero al menos podía ayudar de ese modo.

Spoiler:
[Disculpe la calidad del post, Virion :'D He andado atascado/desanimado y los posts están saliendo medio sddsdg, sorry si es un poco mezclado o confuso (siento que essss), al proximo ya iré mejor ;D]
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Vie Sep 16, 2016 2:47 pm

Virion podía comprobar fácilmente, no sólo por las palabras que pronunciaba el príncipe Pelleas, sino también por su actitud general, tono de voz y reacciones, que sentía empatía por el exduque, y comprendía sus padecimientos y las decisiones tan duras que había tomado en su vida. El arquero sonreía, no sólo ya por haber podido desahogarse tras tanto tiempo, sino por saber que podía empezar a contar con un nuevo aliado a la hora de iniciar su tan ansiada Reconquista de Rosanne.

-Comprendo vuestros temores, mi estimado príncipe. Pero no os preocupéis por mí. Aunque Ylisse resulte completamente inocente y no encuentre nada de valor acerca de los Emergidos, mi tiempo no habrá sido malgastado. Aun en otro continente y en otro reino completamente distinto, desde mi posición de Custodio puedo hacer cosas por mi pueblo.-el arquero no lo decía explícitamente, pero no era muy difícil inferir a qué se refería. Al fin y al cabo, al estar tan cerca del príncipe de Ylisse no le sería demasiado difícil ganarse la confianza de la Casa Real y conseguir su alianza en el momento cumbre de recuperar sus tierras. Y no era sólo la Casa Real de Ylisse. Desde esa posición podía tener contactos y acceso a otros varios reinos y facciones a los que poder caer en gracia y buscar su apoyo. El mismo Pelleas era todo un ejemplo.

Hablando del príncipe Pelleas, Virion se mostró sorprendido ante la reacción emocionada e impulsiva que mostró cuando el exduque mencionó a Plegia como uno de los posibles reinos sospechosos detrás de la invasión Emergida global. Al arquero le pareció interesante aquello, pues le permitía conocer un poco más a fondo al príncipe. Parecía ser que Pelleas tenía en buen grado a Plegia por todo el tiempo que había pasado allí y lo mucho que había aprendido en tan desérticas tierras. Virion asintió con la cabeza, como quitándole hierro al asunto.

-No tenéis que disculparos de nada, comprendo lo que sentís. Mas os recuerdo, esto es mera hipótesis especulativa, no estamos acusando a ningún reino de nada. Sólo nos preguntamos, de manera aséptica y objetiva, cuales son los que tienen los mayores medios para perpetrar tan terrible invasión. No podemos acusar directamente a nadie, porque por desgracia sabemos que ninguno de los dos tiene pruebas que nos lleven a una dirección determinada.-aclaró Virion, tratando de limar cualquier aspereza que el nombramiento de Plegia pudiera haber causado a lo largo de la conversación. Sin embargo, Virion se sentía en parte complacido por dentro, en cuanto que aquello le sirvió para conocer un poco más al príncipe.

Después de beber un par de tragos más de vino, el príncipe Pelleas empezó a enumerar los lugares por los que había transitado. Y eran bastantes, más de los que el mismo Virion había supuesto en un momento. Se había imaginado que el príncipe le gustaba viajar, pero no se había imaginado hasta que punto. Prácticamente había estado en casi todos los continentes, habiendo visto mucho más mundo que el arquero. Después de enumerar los reinos en los que había estado, empezó a inquirir por la posibilidad de que ellos fueran los responsables, y Virion le escuchó con total atención. Los reinos de Elibe fueron descartados casi de inmediato, en cuanto que todos eran reinos demasiado pequeños y sólo había uno militarizado, de nombre Bern, que no parecía mostrar ansias expansionistas. De Valentia sólo mencionó el curioso ascenso de Nagaýen, el cual el arquero también conocía por ocurrir en su mismo continente de procedencia. Fue entonces cuando mencionó a Nohr, una de las naciones que Virion había señalado como más sospechosas dentro del continente de Akaneia y Pelleas mencionó que hay una poderosa escuela de magos oscuros allí.

-El caso de Nohr es más que curioso. Me consta que a Ylisse ha llegado una petición de auxilio desde la Casa Real de Nohr, solicitando ayuda para el exterminio de Emergidos. Por lo visto, no hemos sido los únicos informados, sino que el aviso ha sido enviado a prácticamente todas las naciones que quieran ayudar, por lo que supuestamente vos también habréis estado al corriente.-mencionó el arquero tras otro traguito de vino, recordando como ese rumor se había extendido por el castillo apenas había llegado la noticia dentro de sus murallas.-Ese aviso es sospechoso. He oído murmurar a algunos que consideran que Nohr quiere quitarse de encima cuanto antes a los Emergidos para poder iniciar una invasión contra los reinos colindantes enseguida, y el pedir ayuda es una estrategia para simular debilidad y no perder a sus propias fuerzas antes de llevar a cabo sus ataques traicioneros. Obviamente, sólo son rumores, pero se me abre una cuestión. Si Nohr fuera responsable del ataque de los Emergios ¿por qué pedir a otras naciones que vengan a socorrerlas? ¿No estarían corriendo el riesgo de que dichas naciones, al estar dentro de sus tierras y ver sus entresijos, pudieran descubrir que son ellos los que mueven los hilos de la invasión Emergida?

Aquella era una pregunta retórica, pero aun así, Virion calló esperando una respuesta del príncipe. Lo cierto es que Virion todavía no sabía si podía confiar o no en Nohr, y si el príncipe viajaba allí, bien que le vendría si descubría algo y le avisaba de ello.

-Lo curioso es que cada nación parece tener una política diferente a la hora de tratar con los Emergidos. Naciones como Altea o Nohr buscan alianzas, algunas bastante curiosas, con otros países para acabar con los Emergidos que tienen en casa. Otras naciones, como Ylisse, buscan hacer fuerte su propio ejército para no tener que depender de otros, creando en este caso a los Custodios y haciendo una gira para reclutar poderosos guerreros. Otras naciones como Plegia parecen intentar, en la medida de lo posible, una especie de coexistencia pacífica con los Emergidos. No parece haber una única respuesta, por desgracia no basta con una simple política de ir y matarlos a todos.-suspiró resignado el arquero, mirando ensimismado la copa de vino, para luego levantar la mirada y preguntar al príncipe con una elegante sonrisa-¿Y cómo lo hacéis en Daein? ¿Buscáis alianzas, os apoyáis sólo en vosotros mismos o directamente os da igual? Tengo curiosidad, lo admito…
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Lun Oct 03, 2016 2:10 pm

Todo era hipótetico, no olvidaba esa parte, mas así como había conseguido exaltarle la sospecha dirigida hacia Plegia, conseguían despertarle sentimientos extraños las demás posbilidades puestas sobre la mesa. Nadie le había pedido su opinión antes, ni él mismo la había formado cuidadosamente, pero nada terminaba de cuadrar a su parecer. Las piezas no le indicaban nada. Por suspicaz que sonara todo el cuestionamiento del arquero y cuanto le aliviara al mago que no presionara en particular contra Plegia, por algún motivo, no terminaba de convencerse de mucho respecto a Nohr tampoco. Bien podía deberse a que no estaba dispuesto a albergar sospechas contra un reino grimleal, o el simple hecho de que aún no había pisado siquiera cerca de la frontera, quizás inclusive lo pequeño del territorio, pero no despertaba grandes sospechas en él, por más que la lógica fuese sólida y creíble. Giró la copa un poco en su mano, pensativo, y sin recordar cuando se había vaciado otra vez.

- No es un mal ángulo. En estos tiempos, en este estado de las cosas, con cada reino tan involucrado en sobrevivir y apenas defenderse... el primero en no tener que preocuparse ni emplear sus recursos en tal cosa contará con mucha ventaja. Tendrá a los demás débiles frente a sí, casi indefensos hasta donde comprendemos. Alguien en esa situación podrá hacer todo lo que desee. - Asintió en acuerdo. Lo cierto era que él había oído de tal cosa tan sólo de su compañero de viaje, su potencial consejero, gracias a lo hábil que este era en enterarse de los rumores y palabras que por el continente circundaran; nada tenía que ver con que él fuese un príncipe. Rara vez eso solía traerle responsabilidades. Un alivio para él, que tan poco capaz se sentía para sobrellevarlas, mas su poca incidencia en casi todo asunto oficial era algo que prefería guardarse, por ningún motivo más que un deje de verguenza. Había oído, al fin y al cabo, y era el motivo por el que había elegido ese momento para dirigirse a Nohr. A un reino del que no conseguía sospechar mucho. - Aunque aún no sé mucho respecto a Nohr... no pienso que sea eso lo que sucede. - Dijo; todo era hipotético, por lo que no veía problema en decirlo en voz alta. - Siendo honesto, inclusive considerando todos los lugares que he visto con mis propios ojos este último tiempo, del único que imaginaría algo así es, um, Begnion. -

Allí estaba su verdad. Dicha con suma naturalidad y simpleza, pues tan tensa había sido siempre la relación entre su Daein y el Begnion vecino, que Pelleas no dudaba que suposiciones similares fuesen dichas con la misma calma en la teocracia. Nada malo veía en apuntar dedos en esa dirección, ni hipotéticamente ni de otro modo. Sin un solo gesto de culpa ni una muestra de duda en su expresión, el mago prosiguió. - El reino más extenso de este mundo sin duda ha de tener soldados de sobra. Inclusive la influencia necesaria para conseguir más. Y, según entiendo, siempre se han inclinado a tácticas ocultas y extrañas... ser los receptores de la voz de Ashera, a través de su Apóstol, les ha hecho actuar con superioridad en bastantes ocasiones. Pienso que es posible. Pero también que la verdad se revelará eventualmente. - Sonrió un poco. Si lo pensaba, llegaba a sentirse bastante seguro de su única gran sospecha, mas no pretendía convencer al otro. - Los caídos serán descartados, los supervivientes se volverán pocos y llegará un punto en que todo salga a la vista. Sólo debemos vivir lo suficiente y estar preparados. O eso creo, al menos. -

De todas las cosas que Virion parecía conocer sobre otros reinados, Pelleas no estaba al tanto de prácticamente ninguna, mas por la dignidad de su título y su innato sentido de verguenza prefería callar. Sólo asentir con la cabeza como si conociese ya los asuntos de Altea y de otros, asegurarse de recordar lo mencionado y proceder a lo de relevancia. Tan sólo reconocía, con cierto inexplicable orgullo, lo exitosa que resultaba la extraña táctica de Plegia al respecto. Al menos, Daein era un asunto que sí conocía y del que sí podía hablar. No debía de, ciertamente no era un acto prudente, pero Pelleas no era un hombre del todo prudente. Podría haberse descuidado con un extraño; sin chistar le cedía esas confianzas a un amigo, si acaso sólo porque tener uno era la novedad de los años para él. Se enderezó un poco, animado y aún más orgulloso.

- Daein se encuentra bien con lo que tiene: un grandioso ejército, las montañas del norte como protección y a su rey. Hasta el momento no ha necesitado más, y creo que tampoco lo necesitará para sobreponerse a todo esto. Mi rey es un gran guerrero y un gran líder... y es porque sé que puede hacer a Daein más fuerte y hallar la salida a esto, que no he temido a estar lejos de casa. - Habló con más confianza de la que solía expresar; alguna vez había dicho que Daein sería el país indicado para derrotar al enemigo y reclamar su libertad, y seguía creyenda absoluta y ciegamente que así sería. Sonriente, no fallaba en reconocer que no él mismo no era una persona clave en el destino de su reino, aunque le agradaba pensar que cuando regresara podría serlo. Tras hablar, tomó aire para retornar de inmediato la pregunta, mas acabó por bajar la vista en una pausa un tanto demasiado alargada, obvia. Las cosas no funcionaban del mismo para Virion, lo sabía. Pero sentía que valía la pena mencionarlo, de igual modo.

- Sobre Rosanne... - Empezó en voz baja; se había dejado llevar fuera de ese hilo por unos minutos, y aunque ninguna conversación con Virion se le hacía carente de mérito, sentía que una conclusión para su problema era necesaria. Por más tranquilo que el Custodio pareciera en esos momentos, Pelleas no olvidaba la vulnerable expresión de antes. - Creo que debería tener cuidado. Respecto a donde obtener ayuda, quiero decir. Buscarla de quien secretamente resulte ser su verdadero enemigo sería... desastroso. Aunque, um, quizás ni siquiera sea lo que tiene en mente. - Dijo, alejando las manos de la copa vacía para juntarlas sobre la mesa, entrelazando los dedos. Había bedido suficiente; no lo sabía porque lo sintiese, sino porque no veía más en la botella. Si su costumbre al clima o la hoguera del lugar no cancelaban en su totalidad el frío de la noche nevada, eso habría terminado de hacerlo.  Divagando un poco, atinó a reformular correctamente lo que intentaba decir. - Disculpe, este... ¿qué sería lo que tiene en mente ahora? Si no le molesta hablar de ello, claro. Ha de tener un plan. Alguien como usted seguramente ya tiene un plan. Y quizás yo, um, si se da a lugar, pueda ofrecer algo para apoyarle... -

Más de una cosa había acudido a su mente, desde la mitad de la historia del arquero en adelante. Pero inclusive algo como una oferta de ayuda se asemejaba a una imprudencia en su imaginación, si fuese a imponer con demasiado entusiasmo lo que él creía que podía hacerse; prefirió tantear de aquel modo, primero. Quizás el hombre hubiese ya planeado sus siguientes pasos o trazado su propia ruta a la victoria, después de todo. Aunque, en cierto nivel, ilusionaba al mago la noción de participar de la historia oída, si acaso en el último tramo o en la resolución de la misma; era algo. Ser un espectador a un gran suceso, al menos.
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Miér Oct 12, 2016 9:18 am

-¿Begnion, eh? Reconozco que nunca he estado. Aunque siendo el reino más extenso, y si de veras goza de una fuerza militar más prominente, ciertamente cumple con algunas de las notas que le introducen en la lista de reinos sospechosos.-comentó Virion satisfecho al escuchar la opinión de Pelleas al respecto. El arquero desconocía por completo Begnion, y la relación de ese reino con Daein, pero eso no importaba realmente lo más mínimo. Lo que le interesaba era ver como el príncipe empezaba a tomar posición. Eso le agradaba, pues bien sabía de la timidez del príncipe heredero, y si algún día iba a tener que gobernar, más le valía que empezara a espabilarse. Aquello era un comienzo.

Sin embargo, el comentario que a continuación dijo el príncipe no le gustó tanto, y no pudo evitar fruncir el entrecejo, aunque ese fue el único gesto de desaprobación que Virion mostró en su rostro. Bebió plácidamente un poco más de vino antes de responderle:

-Desde luego, yo no pienso esperar a que ese grupo de monstruos asquerosos destruya medio mundo para descubrir la verdad, mi querido príncipe. Más que nada porque ya será demasiado tarde. Con esas cosas lo último que se puede hacer es esperar, lo sé por propia experiencia.-realmente empezaba a conocer cada vez más al príncipe. Parecía que no le gustaba la responsabilidad, y trataba de rehuir de ella, o al menos esa era la impresión que le estaba dando.

Ya al principio, cuando le conoció en Ylisse, le sorprendió que ese muchacho tímido pudiera ser el príncipe heredero de toda una nación tan supuestamente poderosa como era Daein. Ahora que le conocía más, su opinión no había cambiado mucho. Reconocía que aquel joven era todo un erudito, y como escolar o profesor de alguna Universidad sería alguien perfecto ¿pero como príncipe? Gobernar no es algo que sólo se aprenda viajando y leyendo libros. No, Virion bien sabía lo difícil que podía ser gobernar. Cuando le toque el momento de tomar decisiones importantes ¿Qué hará el príncipe Pelleas? ¿Buscar la respuesta en los libros? ¿Irse de viaje? Virion no podía evitar preocuparse por el futuro de Pelleas. Al fin y al cabo, no quería que el príncipe acabara sufriendo lo que le habí pasado al arquero, o algo peor. Vaya, parecía que cada vez que se encontraban conectaba más con el muchacho.

Mientras divagaba acerca de esas cuestiones en su cabeza, Virion escuchó atentamente al príncipe hablar de su reino otra vez, y contempló como lo hacía henchido de orgullo. Realmente Pelleas quería a su patria, eso era indiscutible. Y Virion lo aprobaba. Sin embargo, tuvo que intervenir al final.

-Si lo que decís es verdad, sois realmente afortunado. Saber que vuestro reino goza de semejante fortaleza es algo realmente tranquilizador. Sin embargo, debéis no bajar la guardia. Yo soy de la opinión de que este es un problema global, y que sólo se resolverá si todos los reinos implicados actuamos conjuntamente, o al menos en la medida de lo posible. Sí, un pensamiento quizás algo idealista, lo confieso. Hay demasiados intereses cruzados como para que una acción conjunta de tan alta escala sea posible. Pero la alternativa a ello no me suena nada esperanzadora. Bueno, es mi opinión personal, no debéis tomarla en cuenta si no queréis.-comentó Virion con un tono calmado y sereno, bebiendo otro trago de vino hasta el punto de verse obligado a rellenar el vaso y vaciar por completo la botella. Debía cuidarse, o acabaría dando tumbos y vomitando en alguna esquina si seguía a ese ritmo durante mucho más tiempo.

Entonces, el príncipe, con los dedos cruzados sobre la mesa, hablando en voz baja, se atrevió a preguntarle si tenía pensado algún plan en concreto para recuperar Rossane. Virion sonrió abiertamente ante la pregunta del príncipe, inclinándose hacia atrás mientras colocaba sus manos detrás de la cabeza, con una actitud totalmente despreocupada y cómoda.

-No soy quien, mi querido príncipe, para daros lecciones de absolutamente nada. Al fin y al cabo, no soy más que un exduque que ha perdido todos sus derechos nobiliarios en la guerra y vos sois un príncipe capaz con todo el futuro por delante. Aun así, voy a atreverme a daros un último consejo, espero que no os moleste la osadía.-dijo tranquilamente el arquero, para luego acercarse al príncipe y hablarle con el mismo tono bajo con el que él le había preguntado antes.-En la vida hay cosas que uno no debe confiarle a nadie. A NADIE. Ni siquiera a su mejor amigo, hermano, esposa, padre, madre o hijo. Sobre todo si son cuestiones que afectan a la vida de muchísimas personas. Como mínimo es una irresponsabilidad, y como máximo… Bueno, digamos que puede tener catastróficos resultados.

El tono que había usado Virion mientras decía aquello al príncipe había sido seco y hasta duro, pero el arquero no se arrepentía de nada. Por un momento, parecía que se había hecho el silencio en el lugar, a pesar de que seguía habiendo el mismo bullicio caótico de siempre, o al menos, lo acostumbrado en una taberna de Regna Ferox. Sin embargo, tras unos segundos, Virion retomó su alegre y jovial sonrisa, aunque sin dejar de hablar en voz baja.

-Eso no significa, ni por asomo, que no confíe en vos. Todo lo contrario, valoro muchísimo toda la ayuda que me habéis prestado hasta ahora y espero poder seguir contando con vos en el futuro. De entrada, lo que os pido es que sigamos como hemos estado haciendo hasta ahora. Mantenedme al corriente de todo lo que descubráis sobre el tema de los Emergidos, y yo seguiré informándoos a vos en compensación de lo mismo. También avisadme si descubrís algo en vuestros viajes que permita descubrir a la nación culpable. Si en mi gira por Akaneia en compañía del príncipe Chrom o en algún otro momento más adelante descubro yo algo, también os informaré de ello lo antes posible. Y bueno…-y aquí Virion echó un vistazo a su alrededor nuevamente para asegurarse que no había oídos curiosos cerca.-Esto no es ni de lejos a corto plazo, al contrario, puedo esperar lo que haga falta, pero me gustaría poder concertar una reunión con vuestro padre, el rey de Daein. Me gustaría saber cuál es su posición personal al respecto del problema de los Emergidos, y hacerle alguna serie de propuestas que creo que podrían beneficiarnos tanto a Rosanne como a Daein ¿Creéis que eso sería algo posible? Ahora que lo pienso, nunca os he preguntado acerca de cómo es vuestro padre, aunque por lo que he escuchado, parece que le tenéis en muy buena estima.-y acto seguido, empezó a beber un poco de su último vaso de vino, preguntándose si debía pedir otra botella o no mientras esperaba la respuesta del príncipe.
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Miér Oct 19, 2016 11:25 pm

Un ápice de inquietud, como una sóla uva particularmente ácida entre el racimo, surgió al caer en cuenta de que había hablado en un modo quizás insensible ante el arquero. Y claro, recapitulando, le había hablado sobre sobrevivir y esperar a ver a un hombre a quien ya le había sucedido mucho, un hombre que había perdido todo excepto su vida y quizás un par de arcos, en todo ese tiempo que Pelleas apenas y había empezado a considerarse responsable. Tragándose el nerviosismo de eso, algo amortiguado de por sí bajo el reconfortante efecto del vino, que parecía volverle un hombre un poco más relajado dentro de los confines de su propia mentalidad, intentó tomarlo naturalmente y sólo asentir. Aunque la verdad, en el fondo y obviando sus preocupaciones por el caso de Virion en particular, era que podía seguir esperando. No era un héroe, no era particularmente fuerte, ni siquiera una persona valiente; no fantaseaba sobre salvar al mundo, ni le generaba mucho interés la noción tampoco. Era alguien aislado, con salvar lo que amaba tenía suficiente, y había llegado a amar a su país con suma entrega, mas no así al mundo en que vivían también bestias subhumanas, mestizos y quién supiera qué más. A Virion le admiraba, un hombre que había hablado tanto con su tímida persona y había tomado tan en cuenta sus ideas, siendo que era mucho más experimentado y en numerosos sentidos más culto. Aprendía de él a cada instante. Se preocupaba ya por él y los suyos, pero dudaba poder hacerlo por todo el resto de lugares, de nobles y de personas en general en tan inmenso mundo.

- Cómo podría explicarlo, lord Virion... - Dijo. Acertados eran los consejos del hombre, no lo dudaba, mas no sabía responder a ellos sin sonar como alguien desalmado; sinceramente esperaba no serlo. Dejó que la calidez de la bebida asentada reconfortantemente en él, quitándole la ansiedad de mover las manos o cualquier otro impulso con que solía distraerse, le ayudase a hablar con la verdad más simple. - No puedo imaginar algo como eso occuriendo... no creo que sea idealista, es sólo que no imagino que sea posible. No defendemos todos lo mismo; no podría culpar a nadie por querer proteger tan sólo lo que ama, puesto que es lo que yo hago... y si a mi se me pidiese, sé que no acudiría a luchar por algo que para mi carezca de importancia. Quizás mi corazón no sea tan amplio como el suyo. O quizás mi mente estratégica, pues la cooperación en cosas como esta me suena mucho más a un derroche de fuerzas sin promesa de éxito, que a una alternativa mejor... - Podía alegar al alcohol, a la hora en la noche, a lo mucho que disfrutaba la atmófera de una nevada en Regna Ferox o simplemente a la confianza que sentía para con el hombre de largo cabello celeste, pero lo cierto era que inclusive tras expresar tan abiertamente ideas tan personales, no sintió ni temor ni verguenza. Una leve curiosidad, sí, por lo que un hombre más sabio pudiese decirle al respecto, mas ningún temor a su juicio.

Curioso, pues, que casi de inmediato dijese que no era alguien para darle lecciones. Pelleas parpadeó reptidas veces a esas palabras, ladeando la cabeza con leve desconcierto, pues bastante obvio le parecía que sí lo era. Más aún, que para él estaba bien que lo fuese. Cualquier consejo suyo era uno que recibiría, si no terminaba por ir escrito a su diario personal. - Adelante, por favor. Diga. - Le instó, todavía dudando seriamente de aquella actitud. Cuando aquel último consejo fue pronunciado, fue claro a la brevedad que se trataba de uno de gran importancia para el hombre mayor. Por supuesto que lo oía con la mayor consideración. Y sin embargo, no le dejaba menos desconcertado.

Una persona que había hablado de la conveniencia de la cooperación, también le hablaba de tener cosas que no pudiesen confiarse a absolutamente nadie. No se le hacía del todo incoherente, más sí bastante confuso y difícil de procesar. Una sutileza que no creía estar entendiendo, o que quizás no estuviese capacitado para entender aún. De cualquier modo, dejó que Virion continuase y aceptó sin problemas sus aclaraciones, pues si decía él que no se refería en absoluto a una carencia de confianza entre ambos de ellos como individuos, fácilmente le creía. Su mano instintivamente fue hacia su copa, a la que bajó la vista al sentirla ligera, vacía; y mejor así, quizás, pues una botella compartida podía hacerle un hombre calmo con un tartamudeo poco prominente o hasta inexistente, pero 2 botellas compartidas podían hacerle un hombre dormido en la silla, estado en el que no quería terminar tan pronto. Menos cuando las palabras del arquero le interesaban cada vez más, dibujando en sus labios una ilusa sonrisa y borrando cualquier tensión pasajera que la confusa lección le hubiese dejado.

- Debe permitirme decirle, primero, que sí es usted apto a darme lección, o consejo, en... ¿creo que prácticamente cualquier temática...? Es lo que ha hecho varias veces ya. Sé que puedo parecer perdido o poco preparado para mucho, pero no deseo que deje de hacerlo. Intento aprender de aquellas cosas, pero... ¿h-hacer propuestas, dijo? - Aquello podía significar un relacionamiento mayor entre Daein y el ducado que lideraba Virion, si este volvía a establecerse. O antes. La idea indudablemente le motivaba, aunque la pregunta sobre su padre logró disipar un poco aquella emoción inicial.

El rey era un hombre difícil de entender y difícil de tratar. Pelleas recordaba la última vez que se habían visto como si de años atrás se tratase; y recordaba el peso de su gran mano sobre su propio hombro, el sabor de llevar la boca llena de sangre y tragar continuamente para que no desbordase, la palpitación de golpes frescos en el rostro, la debiliad en las piernas, la sonrisa orgullosa del hombre y un par de palabras de aprobación cuando se mantenía de pie, silencioso, obediente y con las manos unidas tras la espalda. Recuerdos como aquel último abundaban en sus años juntos, siempre prominentes; no aquellos sobre la dureza del entrenamiento o sobre dolor, sino aquellos donde había conseguido la aprobación del hombre, donde un entrenamiento bien completado había llevado a una plática relativamente agradable sobre su reino, su futuro, o simplemente algo de tiempo juntos. Y nada había, ni la distancia ni el dolor ni la súbita confusión entre sabor a vino y sabor a sangre, que pudiera convencer a Pelleas de que su padre no era el único y el mejor que podía pedir, o el más brillante y admirable rey que Daein había tenido. Porque así como el alzar de su voz aterraba, sus órdenes remitidas a sus tropas habían sabido proteger el reino aquellos dos años. Y así como su mentalidad severa y cerrada hacía terrible hallarse en un desacuerdo con él, su éxito político y administrativo había mejorado a la nación y la vida en esta de un modo incuestionable.

- Mi padre es, um... es muy distinto a mi. Es alguien fuerte, brillante, es un líder nato y... sé que muchas personas fuera de Daein le ven como alguien, err, duro quizás, y lo es, pero... hace bien. Siempre le ha hecho bien al reino. Y a mi. Puede ser un poco brusco o parecer seco, pero maneja muchas cosas y sé que al final de todo, sólo hace lo que es mejor para proteger lo que es suyo. - Esas eran las palabras que elegía, al final. Alabanza y admiración, que el joven mago creía con todo de sí. No obstante, no olvidaba que a lo que el Custodio había apuntado era la posibilidad de una reunión; respondió a aquello con un momento de duda. - Él... me temo que su vista está vuelta tan sólo a Daein y a nuestros vecinos inmediatos, en estos tiempos. No sé si recibiría, o se fiaría a un extranjero lejano. Así que no sabría decirle... p-pero me alegra tanto que desee usted entablar algo con Daein, ¿acaso no hay algo que yo podría hacer? Aún siendo sólo el príncipe todavía, quiero ayudarle. - Ofreció, a cuenta nueva haciendo el amago de tomar la copa, gesto que de alguna forma debió asemejarse a una señal, pues un mesero apareció en breve para llenar las de ambos hombres. Pelleas no se atrevió a corregirse en aquello, y tan sólo lo aceptó, tentado desde antes.

La pausa en que mirase el líquido oscuro le había recordado algo, de todos modos. El contraste del color oscuro y los destellos amarillentos de la hoguera le trajeron recuerdo de ropa oscura y joyas, de la persona a quien siempre recurría él, a quien ciegamente obedecía cuando de política se trataba. O de dinero, o de decisiones, o de cualquier cosa cuya responsabilidad él se sintiera más cómodo compartiendo. Alzó la vista a Virion, sonriente, al vocalizar esa idea. - No tengo mucho conocimiento o experiencia en todo esto, pero, ¿sabe? Conozco a alguien que seguramente sí podría decirle cómo recobrar el gobierno de Rosanne efectivamente, o incluso cómo, um, lograr las cosas con mi padre, o más... es realmente hábil en todo. ¡Debería conocerle! Si no le es inconveniente, claro... se trata de una de las personas que conocí en todos estos meses viajando, así como usted. -
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Sáb Oct 22, 2016 9:18 am

Si algo había que decir a favor de Pelleas que acababa de descubrir aquella noche, era que el joven príncipe era alguien bastante honesto. Es cierto lo que decía, mucha gente no se preocupa más que por lo que considera más cercano, y si tuviese que elegir entre salvar a alguien cercano o salvar a un montón de desconocidos, elegiría mayormente lo primero o sería lo que estaría más tentado a hacer. Pero muy pocas personas admitirían abiertamente en público un pensamiento tan supuestamente egoísta. Para hablar en los términos en los que hacía Pelleas hacía falta un tipo de valor que no se encuentra habitualmente en el mundo, y eso agradaba al arquero. Además, aunque pudiera parecer lo contrario, Virion también compartía su punto de vista. El objetivo del exduque era recuperar sus tierras y reconstruirlas, lo demás era secundario. Incluso acabar con los Emergidos era sólo un medio para él. Virion quería eliminar a los Emergidos completamente de la faz de todo el planeta, pero sólo porque esa era la forma de garantizar que lo que le había pasado en Rosanne no fuera a pasarle de nuevo.

-Créame, mi querido príncipe, no estoy hablando de lograr la paz en el mundo ni chorradas por el estilo. Es una cuestión meramente pragmática: “la unión hace la fuerza”, frente al “divide y vencerás”, que forma precisamente parte del ABC de la estrategia. En cuestiones de probabilidades de éxito, una acción conjunta de varios reinos tiene más garantías de triunfar que si estos trabajan aisladamente. Lo he vivido en mis propias carnes, si hubiese recibido ayuda en su momento, no me hubiese obligado a exiliarme. Y de la misma manera, soy consciente de que por mi cuenta y sin ayuda, seré incapaz de recuperar lo que me ha sido arrebatado. Quizás esté extrapolando mi experiencia personal al conjunto de los reinos. Quizás haya reinos lo bastante fuertes como el vuestro que puedan sobrevivir todas las oleadas de Emergidos sin tener que depender de nadie. Pero en mi opinión, mientras siga existiendo Emergidos, ningún reino estará completamente a salvo. Y un solo ducado, reino o nación no puede acabar por si sola con todos los Emergidos.

El odio que sentía Virion por los Emergidos era cada vez más evidente. Si bien intentaba mantener la cabeza fría, quizás fuera por el efecto del vino, pero cada vez que pronunciaba la palabra “Emergido”, lo hacía con un deje de rabia cada vez más evidente. Sin embargo, no perdió la compostura en ningún momento, mientras seguía conversando plácidamente con el príncipe Pelleas.

Virion se dio cuenta entonces, cuando le propuso el tema de reunirse con su padre, que efectivamente, como le estaba diciendo Pelleas, le había estando dando consejos continuamente. No sólo aquella noche, sino que aquella especie inusual de relación “maestro-pupilo” se podía remontar a la primera vez que se encontraron en Ylisstol. Y lo más curioso es que Virion no se había dado cuenta hasta ahora. Sí, había pensado varias veces en que el príncipe necesitaba un guía y que todavía estaba bastante verde si alguna vez esperaba gobernar. Pero nunca se había pasado a pensar que él mismo estaba haciendo ese papel a cada momento en el que hablaban. Ese pensamiento le estuvo rondando la cabeza por unos instantes. Al fin y al cabo, Virion pensaba que el arquero tenía razón cuando le dijo antes que él no era nadie para darle consejos al príncipe. Para empezar, de ser mayor que él, sólo le llevaría un par de años por delante, lo cual no es base alguna para desarrollar semejante tipo de relación. Ambos habían viajado bastante, pero el príncipe había viajado y conocía mucho más mundo que el arquero. Y es cierto, que frente al príncipe, Virion sí que tenía experiencias reales de gobierno… Pero muy breves y con resultados además catastróficos. Y sin embargo, ahí estaba, dándole continuamente consejos de cómo debía actuar un gobernante como si él mismo hubiese sido duque durante ya varias décadas y no sólo un par de años y conociese perfectamente cómo lidiar con todos los problemas del mundo. El príncipe no sólo era consciente de ello, sino que le animaba a que continuase pero Virion no estaba tan convencido ¿Era aquello señal de lo mucho que confiaba el príncipe en el arquero? ¿O era un rasgo más de dependencia suyo y de huida de responsabilidad el esperar a que otros le digan que hacer en vez de decidir hacerlo por sí mismo? Virion no estaba muy seguro de cómo debía proceder, pero algo estaba claro y es que él mismo se preocupaba por el futuro de aquel muchacho. Realmente apenas le conocía de dos encuentros y varias cartas, pero no sólo le había contado su vida sino que había establecido una relación de confianza y respeto mucho más allá de la actitud con la que se muestra con la mayoría. Se había justificado a sí mismo su proximidad al príncipe en cuanto que podía ser un útil aliado a la hora de obtener fuerzas para recuperar su reino, y al mismo tiempo también un aliado a la hora de investigar a los Emergidos y descubrir cuál era su naturaleza, su origen y sus puntos débiles. Pero sentía que había algo más entre ellos, algo que le hacía confiar en él y valorarlo más allá de ser un simple aliado, aunque no sabía muy bien que era. Lo que sí estaba claro también, es que fuera lo que fuera, tampoco iba a interponerse en la sagrada misión de Virion. Por eso mismo, prestó suma atención cuando el príncipe le habló de su padre.

El arquero se dio cuenta de que al príncipe le costaba buscar las palabras adecuadas para describir a su padre, lo cual llamaba su atención pues parecía que etaba disimulando o quería ocultar algo de él. Virion no sabía aún mucho de Daein, pero si su propio hijo decía que tenía fama de “duro”, el arquero empezaba a poder cavilar qué era lo que podía esperar de él. Lo que sí estaba seguro, por la forma en que el príncipe hablaba de él, era que le respetaba y lo admiraba bastante. Virion asintió con la cabeza.

-Tenéis razón. Lo cierto es que no tengo mucho que ofrecerle. Desde luego, ahora mismo no tengo nada que él pueda querer, e incluso después de retomar mis tierras, vuestro reino y mi ducado están demasiado alejados el uno del otro como para que fuera fructífera alguna relación de tipo comercial o diplomática. Sin embargo, quería tantearlo, por si estaba interesado en expandirse hacia el Sur.-Virion adoptó una pose bastante más seria, mientras fijaba su mirada hacia el príncipe, como tanteando su reacción.-Mi ducado estaría fuera de cuestión, pero no es la única tierra que está ocupada por los Emergidos. Después de mí, otros han caído también, y no me importaría si esas tierras se convirtieran en protectorados de Daein o de cualquier otro reino que quiera ayudarme una vez expulsados los Emergidos. Al fin y al cabo, al no querer prestarme su ayuda en un momento tan crítico, sus anteriores señores soberanos han demostrado no merecer en lo absoluto el cargo que en su día ocuparon.-su voz no podía nuevamente ocultar la rabia que sentía. Por un lado, comprendía que aquellos nobles no quisieran ir a socorrer a Rosanne en su momento. Pero por otro lado, eso no significaba que debiera sentir ninguna simpatía hacia ellos por algo así. Pelleas había sido valiente a la hora de expresar lo que sentía hacía unos momentos, y Virion se vio obligado a hacer otro tanto.

Entonces, el príncipe reaccionó como si se le hubiera ocurrido la idea del siglo y mencionó que conocía a otra persona bastante hábil que podía ayudarle con el tema de Rosanne. Virion obviamente se interesó. No tenía ni idea de quién podía estar hablando, pero si el príncipe consideraba que podía ayudarle ¿por qué iba a negarse de antemano? Al menos, no antes de conocerle siquiera.

-¡Estupendo! Siempre estoy abierto a ampliar mi red de alianzas. Si de verdad conocéis a alguien que puede ayudarme, gustoso estaré de conocerlo ¿de quién se trata y cómo le conocisteis?-preguntó el arquero realmente curioso, para luego preguntarse si debía beber un poco más o ya había consumido demasiado alcohol por esa noche.
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Mar Nov 01, 2016 12:33 am

Más allá de su predisposición a creer en la experta palabra de otra persona por sobre sus propias ideas con facilidad, Pelleas veía el mérito en el pensamiento estratégico del arquero. Del modo en que explicaba las cosas, parecían tornarse simples y obvias. Después de todo, a través del tiempo que seguramente había tenido para pensar en el asunto en profundidad, no debía de sorprenderle que Virion tuviese una perspectiva tan clara de lo que le era más conveniente hacer a continuación, y lo que le sería conveniente hacer inclusive cuando se viese a cargo de un gobierno nuevamente. Y sin embargo, era tan admirable como insospechado.

Debía de razonar las cosas; un paseo por Ylisstol y una plática de índole más cultural que cualquier otra cosa podían dar buena medida del intelecto de un hombre, mas no de su espíritu combativo ni su forma de afrontar la gran guerra. La ira de Virion hacia la plaga mundial afloraba propiamente tan sólo entonces, porque era allí que podía hacerlo. Y aunque era extraño oírle así, de alguna forma apreciaba aquella faceta en un hombre que había parecido tan relajado y dispuesto a divertirse. La claridad de su planeamiento apenas salía la luz; y más aún cuando hablaba del relacionamiento que pretendía para con Daein. La mirada de Pelleas cayó en él con más atención e interés que nunca, al ser mencionado con tal honestidad todo lo que el duque exiliado no podía ofrecerle a Daein, así como lo que ambos gobiernos eran incapaces de ofrecerse el uno al otro. No obstante, la posibilidad de algo más estaba allí, algo que no podían simplemente cederse mutuamente, sino ayudarse a conseguir. Era una propuesta eficaz, práctica, inclemente y quizás hasta cruel a los ojos de algunos, mas el mago presentía allí un método estratégico que su padre disfrutaría de sobremanera. Virion tenía tierras que retomar; Daein tenía tierras que podía tomar, si las condiciones se daban. En ese escenario, los intereses de dos gobiernos en continentes separados no tendrían conflicto alguno.

- Lord Virion... permítame hablarle de esto a mi padre, en cuanto regrese a Daein. No será dentro de demasiado tiempo. - Respondió, con un aire serio en reflejo de la verdadera atención que daba a aquel desarrollo. Su mirada se tornaba menos tímida y esquiva en ese entonces; más que la gentileza, la solaridad o la paridad, era esa clase de tenaz y ambiciosa actitud la que su padre le había acostumbrado a oír de un gobernante, la que se había tornado natural para él. - No puedo asegurarle una reunión, pero... con esto, creo que mi rey me oirá, al menos a mi. Creo que verá el mérito de sus ideas. - Dijo, esbozando una sonrisa leve, prontamente cubierta por la copa de vino que acercaba a su boca, con intención de apurar ya lo que quedaba. Si algo no terminaba de encajar allí, era el abismo de diferencia entre la personalidad de Virion y la de su padre, como personas de intenciones quizás afines. Se sentía en cierta obligación de advertir al ex-duque, de alguna forma, aunque él mismo no terminaba de dilucidar de qué; si acaso de su padre como persona, o de sus ánimos bélicos. - Aunque, um... ¿está seguro? Una vez dicho algo como esto ante él, sé que no aceptará que ninguna parte se retracte. Si lo acepta lo realizará, estoy seguro de ello, pero será hasta el final y, um, probablemente no sea muy flexible respecto a cambiar métodos o cambiar de ángulo... por eso, le pregunto si se encuentra seguro, en este momento. -

Aquello respectaba a Virion y Daein; Rosanne y Daein, en un posible futuro. Mas Pelleas sostenía su intención de asistir al custodio con la recuperación de sus tierras, así fuese sólo como personal asunto suyo, y aquella era una tarea mucho más inmediata. Vació la copa por última vez y al dejarla de lado, presa de un estado de relajación que le mantenía más locuaz y menos nervioso en sus ademanes, prosiguió sin duda alguna. No contuvo la amplia y contenta sonrisa que se formó en sus labios al tener la aprobación del hombre frente a sí, pudiendo hablar del gran contacto que a su parecer había hecho. - ¡Qué bueno! Su nombre es Judal y es, err... es un consejero político por oficio, por el momento no es que esté a mi servicio, puntualmente, pero sabe mucho sobre presupuestos y reunir contactos y... ¡es muy hábil! Seguramente si consultamos con él sobre toda su situación, tenga algunas ideas que ofrecer. Dudo que se oponga si se lo pido. Aunque en este momento sólo somos compañeros de viaje, desde mi última visita a Plegia, cuando estudiaba... - Se detuvo allí, aunque tardíamente, recordándose que aquel tema solía ser mejor evitado. El contexto en que había conocido a Judal era difícil de explicar; el hombre había sido el sacrificio humano en lugar de emergido a una práctica de ritual básica, hasta que algo de labia y actuación de su parte habían convencido a Pelleas de que tal cosa estaba mal, como también de que su oficio posiblemente sería útil si le permitía salir. Decidiéndose, había liberado al consejero y accedido a llevarle consigo para cuidar de él en su camino. Ninguna parte de aquel relato sonaba apta para mencionar a nadie fuera de las escuelas de magia oscura.  - Y... este... pues, me ha acompañado desde Plegia, a través de Altea y hasta aquí. - Optó por culminar de ese modo su explicación, sin necesidad de mayor detalle.

La tranquilidad de ánimos otorgada por el vino y el impulso de los planes que se gestaban le inclinaban a pensar en llevar al Custodio ante Judal inmediatamente, mas al ver por la ventana, a través de la nevada todavía más espesa de lo que la recordaba en un principio, la profunda oscuridad le recordó la entrada hora de la noche que seguramente fuese. No tenía una perspectiva clara de cuanto tiempo llevaban en aquel sitio, pero recordaba que no se habían reunido muy temprano, para comenzar. Judal quizás durmiese ya. Pelleas admiró la caída de la nieve por un par de instantes más, reminiscente del añorado hogar, antes de ladear la cabeza nuevamente hacia Virion.

- ¿Cuanto tiempo más permanecerá en Regna Ferox? Si es posible para usted, mañana podríamos reunirnos con Judal. Seguramente ha conseguido una habitación amplia de la que podamos disponer. - Ofreció, optimista respecto a todo el asunto. Por aquella noche sería suficiente; en mayor parte por deferencia a Virion, quien según comprendía no lidiaría tan bien con el frío y los centímetros de nieve en el suelo. La salud de Pelleas no era increíblemente fuerte, pero al menos era un entorno familiar para él. Aunque deseaba todavía hablarle de una infinidad de encuentros y observaciones en aquellos pasos de sus viajes, debía de velar un poco por el arquero, en reciprocidad. - Creo que la nevada se hará más pesada a través de la noche. Será mejor regresar por hoy. Es agradable, en verdad, pero a la falta de costumbre... -

Spoiler:
Vamos terminando este, no? ;D Calculo que tu respuesta y una última mía, right?
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Mar Nov 01, 2016 7:46 pm

Virion lo sentía. Podía sentirlo profundamente. La mirada del príncipe Pelleas estaba puesta completa ya absolutamente en él cuando el arquero le propuso qué podía ofrecer al reino de Daein a cambio de su colaboración. No es que Pelleas no le hubiera prestado atención antes, todo lo contrario, era más que evidente para Virion que el príncipe había prestado atención a cada una de sus palabras dese que empezase aquella velada juntos. Pero cuando sacó ese tema concreto, el exduque sentía que aquello había dado un salto hacia un nuevo nivel. Y le parecía bien, ya que de lo que hablaba era rotundamente en serio, y no quería que se le quitase la importancia que le tenía.

Al final, aceptó informar a su padre, el rey de Daein, de la propuesta de Virion. Y lo hizo con confianza, asegurando que con esas condiciones, era posible esperar el apoyo del rey en su empresa. Sin embargo, el príncipe le avisó de que se pensase bien si quería proponérselo al rey, puesto que una vez hecho eso, no habría marcha atrás. Por las palabras que le trasmitió el heredero, Virion pudo hacerse más o menos una idea de cómo era su padre.

-Si lo que decís es cierto, todavía no aviséis a vuestro padre. Si de veras cuando hable con él no habrá marcha atrás, primero quiero preparar una serie de cosillas. Al fin y al cabo, no puedo abandonar mi posición de Custodio en Ylisse como si nada, y tampoco quiero detener aún la investigación que estoy llevando a cabo desde dentro. Pero será pronto cuando termine y entonces aceptaré gustoso tratar con vuestro padre. Y no temáis, pase lo que pase, no me echaré atrás. Estad pendiente y os avisaré de cuándo será el mejor momento.-Virion no mentía cuando mencionaba que quería todavía un poco de tiempo para seguir investigando Ylisse y el resto de reinos del continente de Akaneia. Pero había otra razón por la que retrasaba el posible encuentro o la alianza con Daein. Por el interés descarado del príncipe, y las palabras que había mencionado éste acerca de su padre, Virion se había hecho una idea general de qué tipo de hombre se trataba. Y ante ese tipo de hombre, uno debía proceder con cuidado. Si aceptaba su ayuda sin más, y partía a Rosanne sólo con tropas de Daein, el exduque se imaginaba perfectamente que el rey no se detendría sólo con las tierras circundantes de Rosanne, sino que podrían tener interés en Rosanne misma, y nada impediría reclamárselas. Podía confiar en que el príncipe no quería ningún ml al arquero, pero tras escuchar todo lo que había dicho de su padre, se imaginaba que éste no sería tan compasivo ni benevolente. Como mucho y con suerte, Virion se imaginaba que el rey le dejaría ser duque de Rosanne, pero siempre sometido a la voluntad y designios de Daein. Un gobierno títere. Y eso era algo que no podía aceptar. Virion quería recuperar Rosanne, pero recuperarla libre y con plena soberanía sobre sí misma. Su pueblo no le perdonaría si recuperaba sus tierras sólo para esclavizarlos a otro reino. Por eso mismo, necesitaba encontrar más aliados, aliados que equilibrasen la balanza. Si Virion marchase sólo con Daein, éstos no tendrían ningún obstáculo para hacerse con todo. Pero si marchase con otros reinos al mismo tiempo, dichos reinos podrían contrarrestarse mutuamente, pelearse por los cachos de la tarta, y Virion aprovecharse para quedarse con el trozo de la misma que le interesa: Rosanne.

Obviamente, aquello no era algo que le pudiese decir directamente al príncipe de Daein. Por eso dijo simplemente que quería algo de tiempo para investigar a los Emergidos, sin ninguna otra implicación. Y gracias a sus dotes de actuación y a pesar del vino, pudo hablar con suficiente naturalidad como para no revelar sus intenciones ocultar.

Además, el príncipe parecía demasiado contento para darse cuenta de nada. Y es que al aceptar Virion reunirse con ese sujeto que supuestamente podía ayudarle, el ánimo del príncipe Pelleas se elevó notablemente, con una sonrisa de oreja a oreja en su rostro. El tipo del que hablaba se llevaba Judal, y como consejero político parecía ser la llegada de Naga a Akaneia, de lo por las nubes que lo ponía el príncipe. Se habían conocido en Plegia, y al arquero no se le escapó como el príncipe titubeaba al hablar y era completamente vago al respecto. Sin embargo, no inquirió sobre el tema, pues no veía necesidad y tampoco quería perturbar al príncipe inútilmente. Ya se preocuparía Virion de indagar por su cuenta una vez haya conocido a Judal en persona si es que resultaba necesario.

Entonces el príncipe le propuso quedar mañana. Lo cierto era que la noche ya era del todo cerrada y al arquero le dio un escalofrío cuando Pelleas mencionó la nevada que hacía fuera. Había olvidado, con el agradable calor de la taberna, que se encontraba en uno de los reinos más fríos de Akaneia, y que iba a tener que pasar por un infierno helado para poder volver a su habitación en la posada que había pagado el príncipe Chrom. Virion tembló unos instantes sólo de imaginarlo, pero se recompuso enseguida.

-Me parece un plan excelente, y encantado acepto quedar con vos y su amigo Judal mañana para seguir conversando sobre este y cualquier otro tema que necesite mañana, mi estimado príncipe. Dígame dónde y cuándo y allí estaré.-lo único, tendría que encontrar una excusa para justificar su ausencia esa mañana ante el rey, pero seguro que se le ocurría algo. A la hora de mentir y encontrar salidas para todo, Virion era un maestro.-¡Camarero, la cuenta del vino, por favor!-gritó mientras se levantaba de su asiento, y a la vez rebuscaba de entre una de sus bolsas unas cuantas monedas de oro y las puso sobre la mesa.-Al vino invita un servidor. Si eso os hace sentir mal, podéis mañana devolverme el favor.-le dijo con una sonrisa cómplice al príncipe, mientras que el camarero se acercaba para recoger el dinero allí depositado.

Una vez terminado aquel asunto, Virion se limitó a hacer una suave reverencia al príncipe, no tan acentuada como las que le hizo en Ylisstol el día en que se conocieron, pero sí lo suficiente para llamar la atención de alguno que otro dentro de la taberna. Quizás el príncipe se sintiera incómodo con ello, pero al arquero no le importaba lo más mínimo.

-Grandioso ha sido este encuentro, y provechoso en grado sumo, al menos en mi caso, espero que también para vos. Si mañana es como esta noche, podemos mirar al horizonte con esperanza y confianza, pues el futuro es nuestro y nada ni nadie podrá arrebatárnoslo.-sí, Virion volvía a ser el de siempre, lleno de alegría, confianza y soberbia desmedida. Sacudió levemente el hombro del príncipe, en gesto de confianza cordial y afectuosa.-Nos vemos mañana, amigo.-el “amigo” lo dijo por si alguien le escuchaba ahora que se había levantado, para no delatar al príncipe como tal. Pero por otro lado, cierto es que no podía negar que empezaba realmente a ver al muchacho como un amigo. Un amigo con el que podía empezar a contar en las duras batallas que aun le esperaban para poder reclamar su ansiado hogar perdido. Con ese sencillo pero alegre pensamiento, Virion se puso el abrigo y reunió todo el coraje que pudo para salir de la taberna y hacer frente al frío de Regna Ferox.

Spoiler:
Efectivamente, basta con que hagas un simple post de cierre si te parece y lo podemos mandar a cerrar. Como siempre, un gigantesco honor el haber roleado contigo e impaciente estoy de ver como resulta el rol a tres con Judal ¡¡Nos leemos!!
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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Mar Nov 15, 2016 8:47 pm

Spoiler:
Y termino, pues! ;D Cuanta genialidad política en el último post aaaahh, tiene todo mi respeto por darse cuenta de las implicaciones y detallitos y tener todo en consideración!

Había tiempo aún para planificar y preparar, pues el momento en que toda noticia de sus viajes llegase a oídos de su rey sería apenas cuando Pelleas pisara Daein nuevamente. No recibía ni enviaba comunicación al reino al estar fuera. Desde el principio, el carácter de su padre y la relación que compartían le había dado a suponer que no habría cariñosas misivas con anécdotas que intercambiar en el camino, y había acertado. Desde su partida del reino no había leído una sola palabra de su progenitor. Después del primer intento, él mismo había dejado de escribirle. Tan sólo había recibido más oro de su parte para continuar la ruta y una que otra firma y sello que le abriese puertas, entregas realizadas por caballeros wyvern que seguramente comunicasen al rey que su heredero seguía vivo, nada más. Sabía que así seguirían las cosas y hasta su retorno a casa no hablarían, por lo que todo asunto era inevitablemente pospuesto hasta aquel entonces. Para él y Virion, por ende, había aún bastante tiempo; y agradecía que así fuese, pues distaba de sentirse preparado y apto para el glorioso retorno del hijo pródigo.

Al asentir con calma, pensaba tan sólo en el tiempo que le restaba y todo lo que aún no había aprendido, cuan débil aún era para las expectativas que debía de llenar. De no haber bebido cuanto había hecho aquella noche, el pensamiento le habría apesadumbrado el pecho. Las implicaciones políticas mayores de lo que se discutía pasaban por sobre su cabeza, no sólo porque eran otras prioridades las que ocupaban su mente, sino porque aquella era una sutileza que aún tenía por adquirir; aceptaba las palabras del custodio al nivel que eran dadas, tomando por sentado que el potencial arreglo estaba completo, listo para ejecutarse tan pronto como Virion diese palabra. - De acuerdo. En ese caso, esperaré a que sus preparativos estén completos. Yo también debo hacer bastante, me quedan un par de paradas todavía, así que está bien. Solo le haré saber cuando regrese a Daein. - Respondió, tratando el tema con el libre optimismo que desde su punto de vista ameritaba.

Teniendo la aprobación del otro hombre para reanudar al día siguiente sus asuntos, no había otra forma de verlo. Para variar, el taciturno joven se permitía algo de optimismo. Pisaban el umbral de toda la historia de allí en más, e inclusive entre aquella noche y la próxima jornada, tenía con qué redactar varias páginas nuevas en su diario personal. No necesitó pensar mucho en las condiciones ni en los tiempos, pues su único objetivo en Regna Ferox había sido el encuentro con el Custodio, sin más motivo de estar ni ocupación particular hasta el par de días en que partiría a Nohr. Se alzó con él, lo suficientemente relajado como para no avergonzarse de la atención que atraía su extravagante carácter, sino sólo reír un poco a su lado.

- Por la mañana, lord. Um, eso sería, en cuanto se libere de sus compromisos con su señor y su compañía pueda prescindir de usted un poco. Puede pedir por Judal en la posada que da a la puerta Norte, creo que estaba tras una estatua de un antiguo Khan... yo estaré allí también, por supuesto. Aguardaré su visita. - Dijo, tomando distraída nota del pago que el varón de cabello azul dejaba en la mesa; se aseguraría de despilfarrar por él en agradecimiento la próxima vez, si no pensase directamente en un buen y costoso regalo con qué retornarle el gesto. En el inusual caso de alguien volviéndose importante y cercano al mago oscuro, ser generoso era tan sólo lo mínimo que sentía necesario hacer a cambio. A Virion, en particular, se sentía aún bastante en deuda, si acaso sólo por la sabiduría que conscientemente tomaba de él cada vez; no disimulaba el hecho de que le admiraba, tanto que su pequeño discurso falló en parecerle excesivo o fuera de lugar, sino sólo inspirador y alegre. Algún día, aprendería a imitar esa locuacidad, ojalá antes de que hablar en público se volviese parte de sus deberes. - ¡S-Sí! Muchísimas gracias. Mañana será importante, estoy seguro. Descanse. - Se inclinó de regreso, agachándose considerablemente, pues era necesario para que un joven de su altura bajase ante una respetada contraparte. Seguirle el paso a la vistosa forma de actuar de Virion se dificultaba bastante menos con un par de copas de vino en el estómago. Sus gestos no le causaban más que un poco de bien intencionada risa, que no amortiguó tras una mano frente a la boca ni acalló por aquella vez; en lugar de ello, su voz resonó como pocas veces en un sitio público al despedir al duque. Indudablemente le veía ya como un hombre de alta cuna y posición, terco en mantener su imagen de él pese a los rumores oídos en Valentia. Había oído ya la verdad, y había elegido qué pensar.

Su capa se sentía seca cuando la tomó, deshecha de la escarcha con que había entrado y algo tibia por la cercanía al fuego dentro de la taberna. Pelleas se la echó sobre los hombros y salió airoso a la noche nevada del norte de Akaneia, sintiendo la brisa helada como un agrado en lugar de un inconveniente. Si el tiempo no escaseara justo en ese entonces, habría optado por permanecer un poco más afuera, recordando otra vez el manto blanco sobre los muros de piedra de Nevassa, mas se conformó tan sólo con transitar en deliberada lentitud el camino hasta la posada. El peso de la nieve en sus hombros y la sensación fría contra su cabello eran nostalgia suficiente. Como había supuesto, en el hospedaje hallaría habitaciones ya alquiladas y camas ya preparadas, su equipaje organizado, sus recursos monetarios contados y a su compañero de viaje ya fuera de vista. No el cansancio sino la bebida le urgirían a retirarse a su propia cama de inmediato, guardadas sus ansias de escribir o de discutir sus grandes planes. De madrugada hallaría tiempo para todo.
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Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [8]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari
Yuuko

Especialización :

Experiencia :

Gold :
823


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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

Mensaje por Eliwood el Miér Nov 23, 2016 10:02 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Virion, como el único personaje presente en su primera clase, obtiene un incremento de +1 EXP.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
588


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Re: Una larga historia y un buen trago de vino [Privado Pelleas]

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