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Hijo durante la guerra, solo penas hereda - Entrenamiento privado

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Hijo durante la guerra, solo penas hereda - Entrenamiento privado

Mensaje por Invitado el Sáb Mayo 28, 2016 11:00 pm

Toda la tarde, toda la maldita tarde y gran parte de la noche. Después de almorzar había comenzado como una simple pregunta que llegó a sus oídos mientras su hijo le ayudaba a llevar la losa sucia a la cocina para que lavasen allí algunos de los civiles que vivían en la compañía de mercenarios, una pregunta inocente "¿Me ayudas a entrenar?" lo cual siempre venía con la misma respuesta "No, eres joven aún". La guerra estaba frente a sus narices, ya no tenía excusa más que su terquedad por mantener a su hijo lo más alejado de aquel mundo, pero ese mundo ya se había convertido en el mundo común en el que vivían el día a día y el peligro estaba en todo lugar y momento. Incluso su hijo ya había participado a la par con él en una batalla y lamentaba pero estaba seguro que no sería la única, más si estaban en un grupo de mercenarios, intentaba ser él quien pusiera el trabajo pero los hombres escaseaban y hasta las mujeres estaban aprendiendo a utilizar armas, cada vez eran más jóvenes los niños que empuñaban ya metal letal y golpeaban troncos de árboles para entrenar y practicar la memoria de sus músculos en la batalla. Igualmente seguía terco, Haru debía crecer en un mundo de paz y si tenía que meterlo en una burbuja de cristal junto con su wyvern, así sería.

Haar era un hombre terco, de ideales firmes y puño de hierro cuando se imponía una respuesta, sin embargo esa testarudez había pasado una generación y corría en la sangre del menor. Toda la maldita tarde había pasado insistiendo, mientras habían salido a cazar para la cena, incluso por su voz insistente habían perdido a un venado que había saltado en el momento junto haciendo que la flecha diese en el arbusto, no era un arquero muy bueno y estaba viendo que salir a cazar con Haru era llevar la cosa a nivel experto. Mientras había reparado la pieza de armadura de su wyvern sustituyendo parte del correaje estuvo allí insistiendo, una vocecita que no paró, tampoco cuando intentó dormir al sol de la tarde contra su montura. Había creído que si se lo proponía podría llegar a tomar aquellas demandas del menor como ruido de fondo pero no esperó que el inquieto pequeño alterase también a su regordeta montura que se había unido a molestar a su padre poniendo al wyvern mayor de pésimo humor no quedándose para servir de cama. El castaño con algunos cabellos plateados signos de edad y estress, intentó encontrar tranquilidad bajo un árbol algo alejado del campamento pero se rindió cuando una naranja cayó contra su regazo y una segunda contra su cabeza por estar su hijo trepado. Ayudó a despellejar una anguila, lo que habían traído del lago uno de los civiles del campamento, para hacer un estofado e incansable continuaba el menor insistiendo. Ya el cielo estaba casi negro y con ojeras bajo su ojo visible el hombre de edad se pasó ambas manos por el cabello suspirando de alivio cuando su hijo finalmente se durmió, agradeció a la diosa y se metió en la cama durmiendo tan profundo que apenas recordaba su nombre al despertar.

Ni siquiera aclaraba el cielo, los grillos seguían cantando y el gran lagarto no estaba en la ventana si no que se había acurrucado en las caballerizas entre la paja a causa el frío, su cría le había acompañado buscando inútilmente calor en el cuerpo de su padre, pero aletargado por el frío se mantenía calmo y dormido. El césped brillaba por la escarcha del rocío matutino y el viento helado hacía que las lechuzas y búhos se inflasen como pelotas de plumas. A esa hora fue que el jinete despertó, nuevamente húmedo por el sudor a pesar del frío, se secó con su brazo la frente perlada y se levantó con urgencia para mirar a su hijo dormir. Nuevamente pesadillas, pesadillas que le dieron consciencia del mundo en el que estaban, que le hicieron re considerar la petición de su hijo y recordar palabras del líder del lugar, era mejor que supiese defenderse que ilusamente guardarlo en una burbuja de cristal. Si él no llegaba a estar para mantener aquella burbuja se rompería en mil pedazos y los vidrios lastimarían a su hijo, la ignorancia era lo más peligroso en esa época y lo sabía por experiencia. Se lavó el rostro con agua fría para quitarse el sueño, enjuagó rápidamente su cuerpo y se vistió con su conjunto de lana gris, su ropa interior de hilo, calzones largos y una camisa de mangas largas, cortarían el viento, mientras que su ropa de tejido espeso mantendría el calor corporal, sobre esto se colocó parte de su armadura, no toda, solo su pechera, hombreras y protectores en los brazos, altas botas de cuero serian suficientes. Tomó su hacha larga y pasando la correa del hasta por su hombro la colgó. Pasó primero por el depósito del lugar, tomó un palo largo y con una tabla y algo de cuerda improvisó un hacha de madera, bastante fuerte y al tomarle el peso notó que era mucho más liviana pero serviría por el momento.

Apenas comenzaba a aclarar ligeramente el cielo, ni siquiera los pájaros habían comenzado a cantar aún, pero lo harían pronto, creía ser el único despierto pero para su sorpresa se había cruzado con un par de compañeros en los pasillos, listos para ir a hacer sus tareas. Se metió en la habitación donde descansaba su hijo y tras mirarlo unos instantes tan callado y quieto extendió su mano para sacudir el escuálido hombro, su mano enguantada en cuero parecía sumamente tosca al lado del menor que no parecía estar cerca de crecer de pegar el estirón - Arriba, pulga. ¿Querías entrenar? Levántate y ponte armadura. No tenemos mucho tiempo antes del desayuno. -
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Re: Hijo durante la guerra, solo penas hereda - Entrenamiento privado

Mensaje por Invitado el Dom Jun 12, 2016 1:05 am

Sus esfuerzos no habían dado frutos (en lo que él sabía). Intentó convencer a su padre de buena manera, luego insistió e insistió, tratando de que el mayor cambiara de opinión y finalmente claudicara a sus exigencias y demandas. Se negaba a ser un crío indefenso, así que entrenaba con Malva por su cuenta. Eso no evitaría que fuera un estorbo si llegaba a luchar al lado de su padre si este no le enseñaba lo que debía aprender. La lógica y el sentido común podían guiarle, pero desde luego que había un límite que no sería capaz de superar. Necesitaba un maestro.

Necesitaba que su padre fuera ese maestro. Y ninguna cantidad de lloriqueos, quejas, súplicas y enfadosas y repetitivas peticiones había logrado nada. Fuera de un par de gruñidos y un ronquido especialmente fuerte.

 - ¡Nadie puede dormirse tan rápido!, ni siquiera tú… ¡sé que estás fingiendo! ¡Finges!- había gritado, estampando su pie en el suelo como el crío caprichoso y temperamental que era. Y el mayor no se había movido. Inútil, así se sentía. Instó a Malvavisco a jugar con Queso, tiró naranjas en su cabeza. Fue la más molesta pulga que pudiera existir alguna vez. Y el mayor seguía terco.  Le siguió por todo el campamento, sin darse por vencido y esperando que en algún momento su padre se rindiera, explotara o algo.

Nada.

Finalmente llegó la noche y tuvo que dejar de fastidiar al adulto, no tras unas cuantas insistentes palabras antes de dormir. Incluso mientras empezaba a quedarse dormido seguía murmurando un poquito, frases entrecortadas y destrozadas por su mente adormilada. Y no supo más hasta que una voz empezó a invadir su delicioso y bien ganado sueño. Y una mano insistente le sacudía sin dejarle dormir.

 - Nooouuuu - Haru gimoteó cubriéndose la cabeza con ambos brazos. ¿Qué clase de tortura era esa? ¿levantarse temprano? ¿Había luz de día afuera al menos? Abrió un solo ojito, mirando de forma asesina al mayor.    - ¿Qué mierda? ¿Desayuno? - entendió eso al menos. Bostezando se frotó un ojo y pasó ambas manos por su desordenado cabello, dejando la mota salvaje a su gusto volvió a caer de espaldas en la cama. Algunas palabras volvían, pero no tenían mucho sentido.

 - Está oscuro afuera ¿Entrenar? ¿Qué?- Era injusto, su padre le despertaba de madrugada para entrenar luego de todo el día anterior insistiendo, a horas mucho más razonables.  - Eres… ¡Te estas vengando!- señaló acusador, aún sin moverse de la cama, muy calentito y cómodo tendido de paja.  - ¿En serio? viejo ¡vamos! faltan horas-
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Re: Hijo durante la guerra, solo penas hereda - Entrenamiento privado

Mensaje por Invitado el Vie Jun 17, 2016 6:53 pm

Los movimientos lentos del menor le indicaron que tenía que dejar de sacudir, pero no lo hizo, ya sabía que si se detenía su hijo solo daría media vuelta y seguiría durmiendo. Ni siquiera en su quejido dejó de sacudirlo, solo cuando le vio abrir sus ojos apartó su mano, tan grande en comparación con el delgado y huesudo hombro que podría sorprender que no le hubiese dejado moretón o marca alguna, era cuidadoso con su hijo e incluso manos fuertes y entrenadas para matar en batalla podían ser cuidadosas con el menor. Se apartó solo lo suficiente como para darle espacio a desperezarse y levantarse, aunque las intenciones de este no parecieron ser esas. Alzó una ceja, la única a la vista en su rostro emparchado y se cruzó de brazos, tenía agarrado aún aquella hacha improvisada de madera y cuerda - Aún está oscuro, si, tenemos unos minutos antes que comience a aclarar. - confirmó, en un tono monótono y cansado. Agregó enseguida - Durante el día hay tareas que atender y no hay demasiado tiempo para entrenar, por eso se entrena en la madrugada o en la tarde, aunque nosotros tenemos que cuidar de nuestras monturas lo que deja menos tiempo, por eso entrenar en la madrugada. - explicó con seriedad aunque enseguida mostró un deje de sonrisa - Y también un poco de venganza. Venga que si no, no hay desayuno. - y para enfatizar su punto tomó las cobijas y jaló de estas para destapar al pequeño.

Se apartó unos pasos llevándose consigo cobijas y sábanas, extendiéndolas en la ventana para que se ventilaran aprovechó a abrir las mismas dejando que el aire frío entrase a la habitación. El viento matutino, gélido en esa época del año, hizo que incluso el adulto, completamente vestido y se estremeciera un tanto, asumió que eso sería suficiente para apresurar a su hijo a que se vistiese rápido si no quería agarrarse un resfriado - Te he hecho un hacha del tamaño de la mía, primero te enseñaré a bloquear ataques y desviar, comenzaremos en tierra y cuando puedas blandir un hacha hasta con tus ojos cerrados pasaremos a entrenar con Malva. - se giró para mirar al menor, hombros pequeños, bracitos de fideo, cuerpecito enclenque... se sorprendía que pudiese levantar un hacha siquiera. Él siempre había sudo un hombre de hombros anchos y pecho fuerte, incluso de muchacho ya mostraba que sería un hombre de guerra como su padre, en cambio su hijo parecía que había heredado la contextura delgada y delicada de su madre. El mayor poco a poco comenzaba a perder la esperanza que pronto diese un estirón que le hiciera alcanzarle en altura al menos. A favor tenía que el muchacho era de salud fuerte, pese a su físico delgado nunca había tenido más que un resfriado e incluso en los inviernos más crudos y años de poca comida había sobrevivido de la mejor manera cuando otros niños de su edad en mismas condiciones habían muerto, se sentía orgulloso de ello, si bien no tenía el físico de un guerrero si tenía el deseo de vivir de uno. Cruzó sus brazos nuevamente y sonrió a sus propios pensamientos, aquellos momentos en que pensaba en su hijo llegaba a olvidarse un poco de la situación en la que vivían y le regresaban las ganas de sonreír, recordaba que la vida no era tan horrible como a veces solía llegar a pensar.

De cualquier manera, ahora solo esperaba que el menor se alistase, o si es que necesitaba más persuasión ya estaba mirando a la mesa de noche donde se veía una jarra de latón llena de agua junto a un vaso de madera, tras la fría noche estaba seguro que esa agua estaba poco menos que helada y eso sería suficiente como para despertar a la dormilona prole de uno.
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Re: Hijo durante la guerra, solo penas hereda - Entrenamiento privado

Mensaje por Invitado el Vie Jul 22, 2016 2:33 am

Ignoró todo lo demás y se centró en lo importante.

 - ¡AJA! ¡Lo sabía! solo quieres… atormentarme- giró en su sitio y se quejó audiblemente cuando su refugio desapareció con un rápido tirón de las manos del otro. Se quejó aún más con el frío, gruñendo mientras cubría su rostro con ambas manos. Era difícil desperezarse a una hora tan extraña. Su padre normalmente no se movía hasta que el sol estuviera más alto, que mostrara tal iniciativa era no sólo anormal, sino preocupante. Al grado que descubrió su rostro para observar al mayor con cuidado y sospecha. ¿Qué traía entre manos su querido padre?

Sinceramente. No había esperado que su insistencia fuera a dar algún resultado fuera de un par de clases dadas ya en el hartazgo de tenerle dándole problemas al mayor. En parte también lo había hecho para que su padre no tuviera excusa más tarde de decirle que no le había preguntado a él por entrenamiento. Así cuando Haru tuviera que rebajarse a usar técnicas de caballeros o jinetes pegaso, si encontraba a alguno o alguna que tuviera el tiempo y ganas de enseñarle. O alguien a quien le llegara el precio. Las tutorías eran caras. El tiempo valioso. Los aprendices normalmente se debían de por vida.

No era en todo caso, algo que alguien pudiera hacer a la ligera.

Y definitivamente no era algo que su padre hubiera aceptado con gracia. Su otra opción era seguir pegado a su papá y a Queso, intentando imitar y aprender. Tal cosa no iba a dar muy buenos resultados. Y era peligroso.

 - Arrggg frio frio ¡frio!-  se retorció como un cachorro rebelde al sentir el aire matinal, helado contra su cuerpo. No era nada agradable y terminó por desperezarse lo suficiente para que no tropezara en sus prisas por ponerse algo de ropa encima.    - Maligno, eres maligno y vengativo ¿Crees que te dí problemas ayer? ¡JA! no sabes de problemas, voy a.. voy a vengarme por esto - señaló molesto al mayor, todavía a medio vestir y con la camisa de fuera.  - Mi alma no conocerá descanso hasta obtener retribución - palabras grandes para un pequeñín como él. Pero tenía toda la terca actitud para llevarlas a cabo.

 - Mphhh, ni siquiera lo pienses viejo, puedo ver una idea perversa en tu ojo - señaló nuevamente, al notar como se centraba demasiado en el cazo de agua al lado de la cama.

 - Quieres matarme de una gripe. Sabía que debía dormir con Malva esta noche - siguió quejándose mas y más mientras ataba sus pantalones y luego sus botines, luchando un poco para no pisar demasiado el frío piso. Miró el hacha en manos del mayor, si es que podría llamarse así. Armas de bebés. Su ceño fue acompañado por un mohín. Pero entendía que entrenar con su arma habitual podría terminar en lesiones o un arma rota. Dependiendo de su suerte.

 - ¿Entonces? vamos, ya me has despertado y no te daré la oportunidad de arrepentirse, nada de nada - tiró del mayor en dirección de las puertas, aun debía arreglar a Malva para el día, no sabía si las maniobras que le enseñaría el mayor incluía a su compañero o no, pero esperaba que sí, esa hacha sería difícil de usar en tierra con su tamaño enclenque.
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Re: Hijo durante la guerra, solo penas hereda - Entrenamiento privado

Mensaje por Invitado el Jue Sep 15, 2016 4:50 pm

Rio por lo bajo al ver a su hijo temblar de frío y quejarse - No es de extrañar que estés con tanto frío, no tienes nada bajo tu piel más que huesos. Vamos apresúrate o pescaras un resfrío. - apremió para que el menor se apresurase a salir de la cama. Era consciente que no podían permitirse tutorías, no tenían el dinero para ello ni tampoco los contactos y siendo Haru hijo de un alguien que llegó a tan altos puestos en dos ejércitos y teniendo tantas batallas aún siguiese vivo, era de esperarse que pasase su habilidad al menor. No era un tema de no querer enseñarle o no poder hacerlo, de hecho le llenaría de orgullo hacerlo y verle utilizar sus propias técnicas en el campo de batalla, pero temía del riesgo que ponía la vida del menor. Tenía experiencia y sabía de primera mano lo que pasaba cuando cometía un pequeño error, uno pequeñito como tomar el hacha un poco más atrás de lo debido y no tener el balance adecuado, no pisar bien el estribo y al intentar adelantarse perder pie o incluso el no tener la capacidad de controlar a su montura, sus armas y al enemigos a la vez, no era un trabajo sencillo y él muchas veces había visto la muerte rozar su nariz así como la muerte llevarse abruptamente jóvenes reclutas, incluso por solo una mala pasada de la suerte y no por ser malos en el campo de batalla.  Definitivamente no quería que le pasara eso a su hijo.

Con sus manos cerradas y apoyadas en su cadera formando azas con sus brazos y el improvisada hacha de madera apoyada contra este mantenía una sonrisa en su rostro, desde que había escapado de Daein casi no sonreía, preocupado constantemente por escapar, conseguir dinero, atender las necesidades propias, de su hijo y las de sus dos wyverns apenas tenía tiempo para relajarse. Sonreír le quitaba algunos años de encima y le recordaba a mejores épocas - Aún no sabes lo cruel que puedo llegar a ser yo. Cuanto más rápido te vistas más rápido se te irá el frío, apresúrate y entra en calor. - seguía apurando divertido a las quejas del pequeño que saltaba con su ropa de un lado a otro como la pequeña pulga que era para finalmente empujarle fuera con más entusiasmo que fuerza. Apresuró el paso por los pasillos guiándole hacia el exterior. Si el menor había tenido frío en la habitación ahora se congelaría, el césped aún mostraba pequeños restos de escarcha matutina y el viento calaba los huesos del más valiente, apenas algunos pájaros comenzaban a cantar y era muy poca la gente que estaba despierta. En ese área despejada Le entregó el hacha larga de madera, o más bien el palo con la tabla atada, a su hijo y él tomó su propia hacha de verdad - Primero deberás saber dominar tu arma en tierra, si lo haces te será mucho más sencillo hacerlo sobre tu montura. Lo principal que debes aprender es como sujetarla. - tomó el hacha con sus dos manos separándola del piso, haciendo equilibrio con la derecha, por el medio del mango y con la izquierda casi en la punta opuesta al filo - De esta manera guías y estabilizas con la izquierda y con la derecha haces la fuerza y afirmas. Así es como la debes sujetar cuando estás en tierra. Pero sobre Malva necesitarás una de tus manos para guiar las riendas, sobretodo por que Malva no está acostumbrado a un campo de batalla. - pasó el hasta por su cintura hacia atrás y sujetando con su derecha apretó con el codo contra su cuerpo - Tu cuerpo actuará como estabilizante y guía así. ¿Comprendes? - bajó el hacha clavando la punta en el piso y apoyando su peso en el mango esperando que el menor imitase las dos posiciones y listo para corregirle si se equivocaba en alguna.
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Re: Hijo durante la guerra, solo penas hereda - Entrenamiento privado

Mensaje por Invitado el Vie Sep 23, 2016 3:10 am

 - ¡Hey! ¡sin meterse con el adolescente flaco! arruinaras la poca estima que me tengo. Ya es bastante difícil vivir en un lugar rodeado de tíos peludos y musculosos por todas partes, es perturbador - por no hablar que le hacía muy autoconsciente de su tamaño diminuto en comparación con los titanes que había por ahí. Por fortuna tenía a Malvavisco, o estaría al final de la cadena alimenticia del lugar. Ser un jinete de wyvern daba más prestigio que ser simplemente el chico de los establos, por más músculos que tuviera dicho chico de los establos.

Gracias Malva .

Más impaciente que nada, siguió tirando del mayor hasta llegar al exterior. Soportó el frío lo mejor que pudo sacudiendo y frotando sus brazos flacos. Realmente debía poner algo de carne ahí, pero pareciera que Malva fuera el único de los dos que ganaba peso. Pronto llegó a  la decepcionante conclusión de que no habría ejercicios con su mejor amigo en aquella ocasión. Miró con desánimo el “hacha” que sostenía su padre en sus manos.

 - Eso apenas si tiene forma - masculló como todo buen rezongón pero igual tomó el palo con tabla al final. No debería quejarse, pero era terco. El peso de su arma normal sería suficiente para ponerle en problemas en tierra, debía practicar primero y eso lo sabía bien. Había sido pura terquedad y surte lo que le había mantenido entero hasta el momento. Eso y que su padre nunca estaba lejos. Miró el pedazo de madera y frunció el ceño de nuevo, mirando con atención al mayor y tratando de imitar el agarre. Tuvo que corregirse una vez cuando invirtió la posición, pero no era tan malo en ello. Había sujetado hachas con anterioridad, así que sabía que peso esperar.

 - Con la izquierda apunto, con la derecha rebano mejor cabezas, vale, lo tengo - Ajustó un par de veces el agarre para tener en cuenta su propio tamaño. Las distancias estaban bien para su padre, pero Haru seguía siendo un flacucho algo enano y la postura se sentía algo forzada. Intentó la segunda, era mas cómoda pero aun se sentía poco familiar.

 - Se siente extraño, ¿se va con la práctica? eso o tal vez si deba poner algo de músculo primero jejeje - no que pudiera hacer algo al respecto en ese momento ¿verdad? nah, tendría que esperar a crecer. Volvió a imitar la última postura, Malva era bien portado, pero temía lo que el joven wyvern pudiera resultar bajo una situación de estres.
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Re: Hijo durante la guerra, solo penas hereda - Entrenamiento privado

Mensaje por Invitado el Lun Ene 16, 2017 12:40 pm

Simplemente el hecho de ser un jinete wyvern daba más respeto de sus compañeros sin importar el estado físico del hombre o mujer dueño de la bestia. El simple hecho de ser capaz de controlar a una montura como un lagarto sobredesarrollado mostraba que se trataba de alguien de carácter fuerte y dominante capaz de competir con una de las criaturas más tercas y territoriales existentes en la tierra, también el hecho de manejar, en su mayoría, hachas largas e imponentes de granes y pesados filos, más que las hachas de guerra común, intimidaba un poco más. Era parte de todo, el ser una presencia intimidante con armaduras afiladas, armas grandes y un lagarto gigante con una boca llena de dientes capaces de trozar un caballo con un par de mordidas... Haru tenía un largo camino que recorrer hasta llegar a ser uno de esos caballeros temibles pero iba en buen camino... Malva también tendría bastante que volar. Pero Haar también había sido un niño delgado y entrando en su adolescencia había comenzado a crecer tanto de altura como de hombros así que estaría en sus genes, era cuestión de tiempo antes que la pulga pegase el estirón. En cuanto a Malvavisco, no estaba seguro, Queso había sido un wyvern fibrosos y atlético desde joven así que su pequeña cría regordeta no parecía seguir los pasos de su padre, quizás tuviese más genes de su madre, apenas vista por el jinete castaño mientras custodiaba el nido, así que aún tenía esperanza... o la dieta sería una buena opción si aquel sobrepeso comenzaba a ser un impedimento para el desempeño en el campo de batalla. El temor que algo que pasara a su hijo seguía presente y sabía que no solo bastaba un buen entrenamiento con el hacha si no que también el tener una montura entrenada y en forma siendo esta incluso más importante que su arma en el campo de batalla. En su caso su wyvern, Queso, era mucho más que un arma o un medio de transporte, era en parte su ojo faltante y esto era posible gracias al entrenamiento y la relación, mejor que mucho Haar sabía de la importancia de esto y como se pagaba cuando era necesario. Sinceramente esperaba que su hijo nunca debiese depender para nada de su montura por la falta de alguna extremidad o de algún sentido.

Sacudiendo fuera esos pensamientos solo se centró en la tarea que tenía por delante, la pequeña pulga quejándose (¿cuándo no?) de el hacha improvisada que le había proporcionado con el fin de entrenar sin que se lastimase ni que lo lastimase a él - No seas un quejica, si no es por el frío es por la herramienta de trabajo. Pensaría que solo quieres la recompensa sin el trabajo pesado antes. No podrás ser un buen guerrero si no entrenas y el entrenamiento no puede interferir en el día a día. Vamos que la última vez que me fije meabas de pie y no sentado como para que te quejes tanto. - expresiones bastante chuscas pero comunes en el día a día de un ambiente de mercenarios y proscritos.

Observó con ojo crítico la postura del menor, como ajustaba las distancias y cuanto sobresalía de mango. Para ser justos... el hacha larga propia era casi una cabeza más alta que su propia altura, la cual no era poca, pero para Haru eso era casi el doble de su tamaño, que pudiese levantarla y maniobrarla era ya sorprendente, sobretodo con esos bracitos de fiedeitos que tenía. Miró por sobre el joven y con la misma idea en la cabeza miró al cachorro de wyvern, era mucho más pequeño que su padre, sería como dos tercios el tamaño de este... quizás un hacha larga como la suya no era lo indicado para Haru y Malvavisco. Si bien el muchacho sostenía el hacha de tal tamaño, no sin dificultad, e haber modificado los centros de equilibrio dejaban más mango hacia afuera y más probabilidades de desequilibrio, cosa que siempre es mejor evitar en una pelea. Tendría que encontrar la manera de conseguirle un hacha a la medida del dúo, aunque con la escases de dinero que estaba teniendo costosamente podía permitirse comprar un hacha nueva normal, apenas tenía suficiente para mantener sus propias armas y alimentar a los wyverns y a su hijo, estar en aquel lugar había ayudado bastante pero aún no lo suficiente para estar estable.

Por varios segundos quedó tan sumido en sus pensamientos que miró con su único ojo a un punto en el vacio entre su hijo y el regordete wyvern sin responder a lo que el primero le hablaba, pensando en los problemas y como solucionarlos pasó su mano por su cabello empujando hacia atrás los mechones marrones con reflejos plateados de las canas que se caían sobre su rostro, un profundo suspiro y volvió la vista al menor - Necesitas más músculo, si. Te puedes lastimar las caderas si el mango da contra el hueso sin que tengas músculo o grasa de por medio para afirmar y amortiguar... pero se puede solucionar con armadura o ropa, te conseguiré a tu medida algo de equipo, protectores de muslos y un cinturón ancho para que puedas encajar allí el mango y tengas mejor agarre. - medio escuchó y medio adivinó la preocupación del menor - Quizás empezamos muy avanzado y debas centrarte en entrenamiento físico antes de tomar un arma. - una rutina de ejercicio podría hacer algo más en el cuerpo del pequeño aunque no esperaba que se tomase a bien un retroceso en su entrenamiento, ya se había mostrado medio molesto por empezar con un hacha de madera y con los pies en la tierra y no sobre su wyvern.
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Re: Hijo durante la guerra, solo penas hereda - Entrenamiento privado

Mensaje por Invitado el Jue Ene 26, 2017 2:19 am

Se sentía algo cohibido ante los regaños de su padre por su actitud, no era como que pudiera responderle como usualmente lo hacía, aquel era un entrenamiento y bastante había luchado, rogado y lloriqueando para que el perezoso se dignara a darle su tiempo. El viejo normalmente pasaba por alto esas cosas, aparte de llamarle pulga como burla o regañarle para que tuviera más disciplina (JA!), era todo en su mayoría autodidacta y sus quejas solían ser ignoradas. Cosa que al mayor seguro notaba. Y dado los últimos enfrentamientos que habían tenido, las experiencias cercanas a la muerte y tener que protegerlo de todo a todo momento, a esas alturas su viejo debía estar más que nervioso por traer de cola a un crío sin entrenamiento. Cualquier cosa podría pasarle. De hecho, era un milagro que no se hubiera lastimado con su propia arma ¡o peor! pudo haber lastimado a Malvavisco.

Y sin embargo, los chicos siempre serían chicos. Así fueran hijos de campesinos comunes o niños montados en wyverns. Así que la actitud rebelde e infantil de Haru era de esperarse. Como la mayoría de su edad, actuaba adulto e infantil a ratos, era un constante desarrollo, una experiencia.

 - Recompensa inmediata sería perfecto, pero es pedir demasiado con mi físico.  - murmuró enfurruñado contra si mismo y sus escuálidos brazos, huesudas caderas y huesudas rodillas, aun aferrado a su hacha falsa pero pateando el suelo en una actitud infantil que muy rara vez evidenciaba. Volvió a centrarse en el peso del arma falsa en sus manos, ajustar el agarre para que fuera cómodo no era sencillo, pero empezaba a acostumbrarse a eso de adaptarse a todo. Vivir y viajar con un hombre como Haar como padre hacía de cualquier crío alguien independiente desde temprana edad. Era eso o encontrarse con varias incomodidades, como falta de ropa limpia, horarios de comida más dispares de lo normal y no empezar sobre la variedad de cosas que podía cocinar su viejo. Era perezoso como el que más, si pudiera clavar arroz en un palo y dárselo a comer tostado como brocheta seguro lo haría.

Pero como tal cosa no era posible, brochetas de carne y verduras serían. Y el ocasional caldo o cocido, cuando el agua no estaba muy lejos del sitio de acampada. Sip, si padre era perezoso. Aunque proveedor, ya estaba pensando en armaduras. Pensó en el oro que tenían e hizo una mueca de dolor solo de pensar en quemar las reservas que tenían. No era que ganar dinero fuera difícil, pero no era rápido; no había tantos trabajos como mercenario o mensajeros como uno esperaría, en especial cuando no se tenía una reputación armada.

 - La armadura es cara hombre, seguro podemos arreglarnosla de otro modo - sabía que intentar quejarse era inútil una vez que una idea se le pegaba a su viejo, era tan terco también. Pero tal vez podrían conseguir cuero y sería cuestión de trabajarlo.  - No es que vayamos buscando el peligro, un par de eventos no hacen un hábito ¿no? ¿o tienes planeado ir de héroe por ahí en otro momento? si es así estamos jodidos porque no te dejaré ir solo y aunque me pongas a hacer lagartijas de sol a sol dudo que haya mejoras a corto plazo - se cruzó de brazos, o lo intentó, porque el mango del hacha le dió en la cabeza con su maniobra. Ahí iba su intento de parecer maduro luego de todo el lloriqueo.
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