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Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

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Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Marth el Dom Mayo 22, 2016 1:29 am

Habían pisado tierra en los primeros días de primavera, el aire aún era fresco en las tardes pero cálido en los mediodías, el clima costero alegraba a los habitantes de la isla central de Altea. Cuando el príncipe regresó de su viaje a otro continente el pueblo celebró, las calles se llenaron de cantos y la plaza de bailarines y malabaristas, sin embargo el peliazul no se unió a los festejos, simplemente haciendo una aparición en el balcón de una de las casas de gobierno que daban a la plaza dio el anuncio del éxito de la alianza de Lycia y Altea anunciando a su vez de la prosperidad que esto traería a ambos países, una vez que bajó volvió a tras las murallas de su castillo al plantel de pegasos donde estaba su invitado. Una garza herida, pequeños huesos porosos de majestuosas alas blancas habían traído dolor y angustia a su dueño así como al príncipe, pese a la medicina gastada durante el viaje solo habían podido menguar el dolor mas los huesos no parecían sanar correctamente. Sanadores especializados en los equinos alados supieron como tratar aquella herida, sin embargo tardaría en recuperarse, más medicina y vendas con tablillas guiarían la correcta sanación. Ahora teniendo los recursos necesarios el heredero al trono se encargó de tener lo más cómodo posible a su invitado cediéndole una habitación en el castillo así como la atención médica necesaria, los cocineros se esforzaban en encontrar el punto indicado para la delicada dieta así como los sirvientes se encargaban de mantenerle lo más limpio y cómodo posible, nuevas túnicas llegaron a su habitación como regalo con la esperanza de ser aceptadas. Si bien le había dejado un caballero de confianza para que la garza se sintiese segura, el mismo caballero que le había ido a buscar en Elibe, el príncipe apenas estaba presente.

Tras asegurarse de la seguridad del laguz sus visitas diarias pasaron a ser más espaciadas hasta que debió de realizar un viaje de varias semanas al otro lado del continente. Ordenes claras fueron dadas para que sus invitados y animales fuesen cuidados,no era el único laguz en el castillo, un híbrido de manakete estaba hospedándose allí en calidad de invitado de honor, casi que criatura divina, así como la mascota real, un zorro blanco que en ausencia de Marth tenía la entrada prohibida al jardín interior desde que se había divertido cazando y dando muerte a uno de los cinco pavos reales albinos del príncipe. Otros invitados caminaban por los pasillos pero no generaban problemas, ni siquiera se metían a hablar con lo que consideraban mascotas del príncipe. En ausencia del peliazul las atenciones siguieron siendo dadas a lo que los encargados suponían que debía ser una adquisición sumamente cara de otro continente, aquel hombre pájaro estaba sanando bien y cuando se le fueron retiradas las vendas ya el ala estaba completamente sana, a lo sumo un poco entumecida por la falta de uso. El miedo y el nerviosismo comenzó a recorrer los rostros de quienes estaban encargados de cuidar al hombre rubio de alas blancas, pues con sus alas sanas y con libertad para recorrer el castillo y así también los patios, nada impedía que se fuese cuando deseara, y el príncipe estaría sumamente enojado si perdían a su nueva mascota. Con sumo cuidado entre tres hombres le tomaron, solo las plumas cortas contra el cuerpo, las llamadas rémigues secundarias y tercearias, no afectaría mucho a la vista, pues las plumas más vistosas y largas quedarían intactas, con las alas cerradas indetectables pero no podría alzar vuelo, y por sobretodo sin lastimar a la delicada criatura.

El príncipe regresaba de su viaje esa mañana, los sirvientes estaban alborotados haciendo los preparativos, debían de acomodar todo el equipaje y dejar preparada la habitación, agua caliente fue dispuesta para que el heredero pudiese tomar un baño relajante después de la larga cabalgata, el almuerzo y finalmente en la temprana tarde visitar a sus invitados para constatar que hayan pasado agradable estancia en su ausencia.

El jardín interno estaba en su mayor esplendor, el sol llegaba en su punto justo apenas detenido por los frondosos arboles frutales que daban sombra en los lugares donde había bancos para sentarse, el estanque estaba lleno con peces nuevos, nacidos en esa temporada, el día anterior había sido limpiado el musgo y las rocas por lo que el agua clara dejaba ver los lomos de colores, los arbustos estaban repletos de flores de entrada la primavera y los pavos reales y liebres blancas disfrutaban de la calma del día. Casi no había viento pero el poco que había refrescaba al invitado que fue tomado por mascota y era sacado a diario allí para que estire sus alas y "socialice" con la colección de animales albinos del príncipe. Este salió con una amplia sonrisa, ignorando lo que había pasado, simplemente feliz de ver al rubio con su ala sin entablillar - Príncipe de Serenes, que alegría de verle después de tanto tiempo. He de ver que ya le han sacado los vendajes. ¿Se ha recuperado bien su ala? - traía entre sus manos un pequeño presente, solía traer pequeños regalos a sus invitados cuando les dejaba solos, en este caso una pequeña canasta de mimbre con un paño en su interior y unas pequeñas masas secas de nuez y miel, un dulce que había traído de Ylisse que por ser secas aguantaban mucho tiempo sin ponerse malas y iban muy bien humedecidas en leche tibia.


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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Reyson el Vie Jun 17, 2016 4:49 pm

Otra garza habría muerto por menos. Otra garza, sin ser el príncipe Reyson, habría podido morir de angustia por estar encerrada de ese modo. Eran criaturas delicadas, la desesperanza y la tristeza les eran exactamente tan graves como una enfermedad física y si se les dejaba por mucho tiempo en esas condiciones, terminaba por traducirse verdaderamente en una enfermedad que les desgastara hasta fallecer. Así mismo con la impresión y el shock de tener sus alas cortadas, el acto en sí y la miseria de verse incapaz de alzar vuelo posteriormente podía tener el mismo efecto. El encierro podía hacerse letal.

Era afortunado de que no lo fuese para él. Había sobrevivido bastante en los últimos 20 años, como para dejarse caer ahora. No, no estaba triste, no estaba hundiéndose en desesperanza, estaba indignado y furioso. Estaba odiando al humano que le había puesto en esa situación con cada fibra de su ser.

Le pasaba por confiar en uno de su raza. ¡Debía haber sabido mejor! El príncipe de Altea le había ayudado a sobrevivir y a salir de una situación difícil, y además de eso, la verdad era que el mismo instinto de Reyson le había dicho que las cosas estaban bien, que el joven beorc era sincero en no tener malas intenciones. No había tenido forma de saber, si inclusive su desconfianza adquirida hacia la raza humana quedó suspendida por un momento. Entonces, ¿cómo podía haber terminado así...? Al principio Marth había cumplido tan bien su palabra, lo suficiente como para que Reyson accediera a subir a un barco suyo y ser llevado a un sitio donde pudieran sanar sus alas fracturadas. Mientras se hallaba con él, las cosas no se habían desenvuelto mal. Demasiado lujo y halago puesto a sus pies, todo eso de ser llevado directamente a su castillo, cuidado más de lo que quería y llenado de regalos casi constantemente, pero fuera de no saber si sentirse extraño o si engrandecer su orgullo en base a las atenciones del joven alteano, nada había estado verdaderamente mal...

Supuso que el asunto iniciaba con la forma en que los sirvientes le trataban cuando Marth no estaba. Frente a él sí era Reyson, el Príncipe Blanco del bosque Serenes y si se trataba con él, se hacía bajo protocolo, como con cualquier otro miembro de realeza extranjera. Que su reino fuera uno que ya no existía, era irrelevante. Pero una vez que el príncipe de cabello azul debió partir de viaje, la forma en que se continuaban controlando sus comidas y su tiempo dentro o fuera del castillo... Reyson comenzó a sentirse más como un cautivo que un invitado, y más como un animal que un laguz. Los habitantes del castillo no le hablaban demasiado y eso estaba bien, había dicho que sólo hablaría con Marth si podía dejarlo, pero tenía la impresión de que se hacía adrede; huían muy rápidamente si Reyson preguntaba mucho sobre su estadía o las condiciones de la misma. No le daban elección alguna. Quedaba puesto en una lujosa, cómoda y halagadora jaulita de cristal, pero una jaula al fin y al cabo.

En ese momento, ya se había sentido enfadado y había quedado con mucho que desearía decirle a Marth cuando lo viera. Estar así ya había sido angustiante al punto de causarle una notoria pérdida de fuerzas y ánimos, llegando casi a enfermar. Pero lo verdaderamente indignante había ocurrido cuando su ala había terminado de sanar y las tablillas y vendas fueron retiradas: contra sus gritos, quejas, golpes, pataleos e intentos de huir le habian sujetado, obligado a abrir las alas y cortado sus plumas. No había caso, por más desesperadamente que lo intentara, la fuerza física era lo último que abundaba en su raza y no había podido hacer nada en absoluto. Los humanos del castillo le habían quietado la capacidad de volar. De ser otra garza habría muerto a las semanas de hechos como esos, inclusive de ser la persona que había sido hacía algunos años se habría hundido en depresión; pero Reyson ya era otro. Estaba enfocándose en ira donde podía haber hallado tristeza, y aunque se sintiese más que miserable, pasó a esforzarse en nada más que su escape del lugar.

Maldijo el nombre del humano que le hizo terminar allí, se negó a recibir más regalos o gentilezas en su nombre, dejó de vestir los trajes blancos que le había regalado y sólo exigió que se le prestase papel y tinta. Eso era todo lo que aceptaría de cualquiera de ellos. Negándose a comer hasta que no se cumpliese su exigencia fue que consiguió al fin esas cosas, que de todas formas parecían inofensivas en su uso. Escribió una petición de ayuda a la única persona a la que podía realmente confiar su situación, y ni siquiera la envió por uno de los humanos, sino que susurró en su antiguo y perdido idioma a un ave que pudiese llevarla por él hasta las manos correctas. Desde ese punto pasaron todavía semanas hasta que Reyson volvió a ver al humano al que tanto resentía ahora, pero eventualmente, el día llegó. Se anunció el regreso del joven príncipe y varias horas después, estando Reyson en el patio del palacio, pudo verle venir.

Actuaba y hablaba como si nada malo sucediese. La misma miradita contenta de antes, el mismo respeto en su forma de dirigirse a él. La garza, vistiendo la túnica que había tenido originalmente y sin un sólo regalo del príncipe encima, le dirigió una mirada gélida y tajante antes de apartar el rostro, negándose a ver un momento más al humano. Cruzó sus brazos sobre su pecho. - Sanará. - Respondió. ¿Qué clase de crueldad era esa, preguntarle por su ala cuando eran sus hombres los que le habían mutilado? No seguiría su juego. Dio un paso más cerca y declaró. - Ordénale a tus hombres que me dejen ir de este lugar, humano. Hazlo tú mismo, hoy, o me encargaré de huir y de vengarme. -
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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Marth el Mar Jul 05, 2016 1:47 am

El recuerdo de la garza había acudido a su mente demasiadas veces en su viaje, no había tenido casi oportunidad de compartir con el príncipe blanco del bosque de Serenes y había tanto que quería preguntarle, tanta curiosidad hacia una raza tan hermosa, quería volver a escuchar su voz y deleitarse una vez más con su canto melodioso. Había recreado varias veces en su mente escenas que podrían llegar a ser cuando regresara a su castillo, imaginó aquel canto potenciado por la acústica de su salón de fiestas, sabía la diferencia de un músico interpretando en aquel salón y en cualquier otro lugar, realmente resaltaría la vibración de sus notas y confiaba que pondría su piel de gallina, sentía que la piel de sus brazos se comenzaba a erizar solo de pensarlo. Había imaginado compartiendo té en el jardín, intentó imaginar como sería la risa de una criatura con tal voz pero falló en ello, incluso pensó en pedirle que le deleitase con su forma animal, no lo había visto aún y tenía demasiada curiosidad, tenía pavos reales alvinos y solo con ver las alas blancas del príncipe ya podía imaginar que sería un ave blanca, tanto el manakete como el zorro que tenía en el castillo tomaban forma animal como una versión más hermosa y grande del animal en cuestión.... al  menos el zorro, no podía saber exactamente con el manakete pero según las ilustraciones no le habían parecido animales demasiado grandes y al ver a Kija se había sorprendido de su gran tamaño. Imaginaba a Reyson como un gran pavo real blanco de hermosa cola y brillantes ojos verdes como los que poseía en su forma humana. Esos pensamientos le habían hecho llegar con especial alegría y el regalo en sus manos, pero enseguida detectó la hostilidad en su tono y en su mirada.

En ese momento comenzó a notar que portaba la misma túnica con que lo había encontrado, en su momento cuando le regaló ropa había visto que el príncipe la había utilizado así como los demás regalos cosa qu ele había llenado de alegría, ahora verle solo con la túnica original y sin regalo alguno, sumado a la actitud que había tomado vio en obviedad que estaba molesto, las palabras que le dirigió solo confirmaron aquello. Titubeando y algo confundido mantenía sus ojos abiertos en sorpresa y ya se sentía un poco ridículo con el regalo en sus manos sin terminar de comprender que había hecho para ofender así al príncipe. Tras un par de titubes sin palabras realmente intentó mantener su compostura, quizás el problema no era con él y tenía algún asunto de urgencia que le tenía tenso y solicitaba irse por aquel motivo - Lamento escuchar que desea marcharse tan pronto, esperaba que pudiese acompañarme en la cena, mas nunca han estado cerradas las puertas de mi castillo. No hay necesidad de ordenarle a mis hombres que le permitan marcharse, es libre de hacerlo cuando lo desee. - se acercó unos pasos para quedar más cerca, sus pies hundieron un poco el césped bajo su peso, aún húmedo por el cuidado del jardinero momentos antes. Al estar suficientemente cerca le extendió el regalo - Espero que aún disponga de tiempo para acompañarme en el té de la tarde. Le he traído unos dulces de Ylisse, reino vecino y preciado aliado de Altea. -

Seguía un poco confundido por la situación aunque intentaba que su voz fuese igual de firme y amable como siempre lo había sido, ni siquiera sospechaba que sus hombres hubiesen llegado a confundir a aquel invitado como una mascota más en el castillo, si bien su visión de los laguz era inferior a la de los humanos si respetaba el orden jerárquico que estos tenían, un príncipe era algo que podía entender y respetar y no como le había explicado el zorro aquella jerarquía tan salvaje de grupos de caza y matronas, solo podía ver como salvajes con aquella explicación, en cambio alguien como Reyson le era más sencillo velo viviendo en un castillo y en una sociedad más civilizada, cosa que le había dado más afinidad con el príncipe blanco. Ahora que le veía enojado con él sentía un ligero pánico subirle por el estómago, nunca se le habían expresado de esa manera, mucho menos alguien que ostentaba el mismo título que él...


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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Reyson el Sáb Jul 16, 2016 10:01 pm

¿Por qué esa cara? El príncipe traía la inocencia plasmada en el rostro, al punto de parecerle bastante ingenuo. No estaba siquiera reaccionando a la confrontación. ¿Acaso iba a esquivar todo el asunto? ¿Ignorar su culpa en lo que había sucedido? Aquella actitud frustró aún más a la garza, sintiendo burlado su sufrimiento y desmerecida la gravedad de su situación. Sus manos temblaron en ira. Debió respirar profundo para regresarse algo de calma, alzando el mentón y mirando al humano con el más gélido, despectivo y severo gesto que era capaz de dar.

Sólo era un muchacho. Joven, seguramente inexperto, aún delicado en muchos aspectos. Lo intuía en la forma en que aún le miraba, tan fuertemente descolocado por su súbito rechazo. Y aún así, quería gritarle o golpearlo, si era lo necesario para detener las palabras que salían de su boca, todavía más ingenuas que antes. Realmente quería hacerlo. ¿Y qué lo detenía? Suponía que era tan sólo la necesidad de irse. Y quizás, en menor medida, el miedo. Si agredía al príncipe, pronto tendría a los guardias sobre sí otra vez, la primera experiencia con eso había sido lo suficientemente aterradora como para disuadirlo un poco. Pero estaba al borde. Con la mandíbula tensa, dejó transcurrir un prolongado silencio entre ellos, juzgando las palabras del príncipe con la vista invariablemente puesta en él. Engañoso muchacho...

- No creo en ti. - Declaró con firmeza. No podía creer que estuviese realmente desinformado, debía de estar pretendiendo. Tampoco creía que los sucesos transcurridos en el castillo habían sido sin su aprobación o petición directa, antes asumiría que le mentía. - No han cesado de vigilarme por un sólo instante. Sus "cuidados" y sus atenciones me han tenido encerrado en este sitio, no me han oído para más que responder que debo esperarte a ti. ¡Me has hecho capturar! - Acusó, inconscientemente entreabriendo las alas, erizándose al punto en que sus plumas las abultaban. Al hablar no apresuraba la voz, no se agitaba de sobra, mas sí bajaba su tono a uno cada vez más tenso, resentido. A su vez, bajó su volumen hasta murmurar. - No creeré en una palabra más. Si piensas dejarme ir ahora... de este modo.... -

Había estado tan seguro de su ira. Tan decidido a sobrellevarla de la forma que creía correcta. Y sin embargo, estaba sintiendo ya un nudo en la garganta, al pensar en ello. Un leve ardor en los ojos, indicio de lágrimas. Aún si le dejaban ir en ese momento... con sus alas en estado en que estaban, sería inútil. No le servían de absolutamente nada. Estaba confinado a tierra, le obligasen o no. Tragó espeso para intentar deshacerse del nudo, frunciendo el ceño aún más profundamente a los gestos amables del joven de cabello azul.

- ¿Qué demonios estás intentando? ¿Comprarme? ¿Convencerme? ¡Deja esto de una vez! - Espetó. Y en ese momento, no consiguió contenerse más. Alzó la mano y la descargó en una desesperada bofetada contra la mejilla del joven, un golpe que apenas le movió el cabello y apenas le ladeó el rostro. Su mano era demasiado ligera, su fuerza demasiado escasa. Lo sabía, siempre lo tenía presente, y sin embargo eso no le había detenido. Su palma ardía y el dolor resonaba desde esta, por todo su brazo, fruto tanto del impacto como del impulso por que se había dejado llevar, una punzada de negatividad demasiado tóxica a una garza. Bajó la vista con un quejido de dolor.

Los guardias ya estaban yendo hacia él, desde el instante en que su mano se había alzado frente al príncipe de Altea, con clara intención de apresarlo o cuanto menos contenerlo. El heredero no podía ser dañado en su propio castillo, en su propio patio, bajo la vista de todos.
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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Marth el Lun Sep 05, 2016 7:23 pm

Admiraba la belleza, demasiado quizás, su admiración por el príncipe blanco iba más allá de solo su aspecto exótico si no por su belleza angelical, parecía irradiar luz su sola presencia, su cabello siempre perfecto, sus ojos brillantes como esmeraldas y sus alas tan blancas que parecía irreal pensar en ellas manchadas, incluso con la túnica en no tan buenas condiciones y claramente remendada expelía un aire de realeza y belleza que enmudecería a cualquiera que le tomase desprevenido. Así como era de tan hermoso como un amanecer iluminado parecía ser tan cruel y frío como una tormenta de hielo, la mirada del ave se clavó directo en el pecho del príncipe cuando se giró con tanta severidad y las palabras tan frías llegaron como un golpe a su pecho. Su expresión se volvió aún más lastimera, sus cejas se arquearon en sorpresa por un momento y luego se inclinaron en pesar, sus labios se entreabrieron en un gesto de dolor que no supo como expresar, o siquiera si era correcto decir algo, solo bajó la mirada como si hubiese hecho algo malo por más que desconocía completamente que había hecho para ofender de tal forma al príncipe de Serenes.

Escuchó sus quejas en respetuoso silencio, asintiendo suave a las palabras en indicación que le estaba escuchando pero comenzó a negar cuando las acusaciones le parecieron ridículas, totalmente fuera de lógica. Contuvo su aliento hasta que encontró espacio para hablar - Nunca he dado la orden de que le capturase, príncipe blanco. Seguramente mis soldados simplemente querían protegerle de salir a un mundo que quizás no conozca o que fuese a resultar extraño para usted, recuerde que ya no se encuentra en Elibe si no que en Akaneia, en Altea, en una de sus islas. Sin un guía puede llegar a perderse y hay lugares muy peligrosos en este continente, países enteros adoradores del dragón oscuro que buscan siempre sacrificios, a cuanto más exóticos más su valor... Sepa comprender que podría estar en peligro si sale solo y en desconocimiento de lo que le rodea. - excusó con un poco de desesperación por hacerle entender, por excusar a sus hombres que confiaba que solo habían intentado darle lo mejor a su invitado, como siempre tenían ordenes de hacer. Él mismo se tensó un poco por la actitud del ave, el extender de sus alas le hacía parecer más grande y no necesitaba ser un experto para comprender que era una reacción física al enojo, como un perro erizado o un gato con su lomo arqueado - No le comprendo, desea irse pero cuando se lo permito me dice que no creerá en mí si le permito ir. - confundido intentó encontrar respuesta en los ojos del rubio, aquella mirada brillante cristalina y tan atrapante.

La cachetada sonó clara en el jardín casi al mismo tiempo que un quejido agudo del príncipe de cabello azul, el pavo real alvino que estaba cerca se alteró dando un salto elegante con su larga cola y corrió hacia los rosedales apresuradamente, las galletas cayeron de las manos del príncipe. Estupefacto por el hecho quedó inmóvil, no por el dolor, simplemente sorprendido, apenas sentía un ligero cosquilleo de lo que había sido un golpe bastante suave pero sorpresivo. Los guardias no tardaron en llegar, una lanza se interpuso entre ambos príncipes y de un empujón por el lado de la vara apartaron al rubio del príncipe como si fuese una gran amenaza, ya dos lo rodeaban apuntándole con dos espadas, recién allí el regente reaccionó - ¡No! ¡Atrás! ¡No lo toquen! No estoy herido, no me ha hecho daño. Guarden sus armas, por favor. - los soldados obedecieron aunque no demasiado conformes con esa orden, las miradas severas fueron hacia la garza. El príncipe se adelantó extendiendo su mano para ayudarle a levantarse - Príncipe Reyson, por favor... ayúdeme a comprender que es lo que le aqueja. Le aseguro que no es un prisionero aquí si no que un invitado. ¿Alguno de mis regalos o gestos le ha ofendido? Lamento no conocer las costumbres de los suyos pero créame que mis intenciones no son de ningún motivo hacerle cualquier mal. -


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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Reyson el Jue Oct 13, 2016 4:28 pm

No quería reconocerlo, pero no había deshonestidad en las palabras del príncipe de Altea. Podía creer que las expresiones en su inocente rostro eran todas teatro, falsas y mostradas así adrede, pero cuando decía que no había ordenado capturarlo, Reyson no sentía la conocida punzada de una mentira, ese bloqueo que separaba fuertemente las palabras del verdadero ánimo de quien las decía. No lo había hecho. Igualmente, cuando decía que salir de allí podía ser peligroso y que no deseaba eso para él, no se sentía como una excusa inventada, sino algo que el pequeño príncipe verdaderamente creía y pensaba. Esa era la verdad en él.

Pero Reyson no quería oírla, no quería verla. Había confiado en Marth una vez, el primer humano en quien había decidido confiar, y así le había ido. No quería creer en él otra vez, ni arriesgarse a que las mismas cosas volvieran a sucederle. Apartó la vista, pues no quería seguir enfrentando su juvenil y honesta mirada. - ¿Dices no entender lo que ha ocurrido...? - Murmuró, haciendo cierto esfuerzo por mantener su propia ira viva. La ira y el resentimiento le habían hecho sobrevivir las últimas décadas, y serían lo que le haría sobrevivir más situaciones como aquella. Era la única fuerza que tenía a su disposición y debía aferrarse a ella.

Cuando los guardias llegaron por él, no pensó en Marth ni en nadie como la persona a quien pudiera recurrir por ayuda, y supo que pelear contra lo que ocurría le sería inútil. Sólo con la vara de la lanza, uno de ellos le empujó una considerable distancia hacia atrás, dejando a Reyson sin más que hacer sino trastabillar para evitarse caer, terminar cayendo de rodillas de todos modos y mirar con profundo odio al humano, así como a sus compañeros. Apretó los dientes y se preparó para eludir como pudiera lo que vendría; tenía sus métodos, en el peor de los casos conocía galdr antiguos capaces de quitarle los deseos de luchar a los hombres, aunque sería difícil de usar en un momento así. Sin embargo, Marth intercedió antes de que nada de ello resultara necesario. Sus hombres obedientemente cesaron, alejando las espadas de la garza y permitiéndole respirar con soltura otra vez. A salvo, el príncipe blanco cerró los ojos un instante, agradeciendo en silencio a Ashera. Su cuerpo recordaba el terror de haber sido sujetado por ellos antes, uno que había estado cerca de revivir; por eso, verdaderamente estaba agradecido. Cuando abrió los ojos nuevamente, la figura del príncipe se hallaba erguida frente a él, su mano extendida ofreciendo ayuda. Reyson le miró al rostro, escuchándolo, mas no tomó su mano. Se alzó por si mismo, respondiendo de forma breve. - Si deseas comprenderlo, lo comprenderás. -

Le mostraría lo que supuestamente el muchacho no sabía, el motivo por el que no podía irse tan fácilmente, aunque se lo permitiera. Pesaba en él hacerlo, humillado, vulnerable y dolido como estaba, pero resultaba necesario para hacerle ver. Reyson dio un largo suspiro y se tragó el nudo en su garganta antes de proceder, acercándose un poco más a Marth, andando lento para no alertar a sus protectores nuevamente. Ahora sí tomó la mano del joven con delicadeza, llevándola hacia una de sus prístinas alas blancas, al tiempo en que entreabría ambas en torno al humano. En el blanco espacio en que rodeaba a los dos, guió la mano del príncipe de Altea a la parte baja de un ala, donde las plumas habían sido cortadas, borrando la terminación antes tan larga y elegante.

- Quizás no lo entiendas como yo, príncipe humano. Quizás tú y los tuyos sólo vean esto como... plumas menos en mi, como si fueran unos cabellos menos en mi cabeza. Pero yo veo esto, y me veo desfigurado. Como si hubiesen mutilado mis brazos, o mis piernas... - Bajó la vista al ala él también, frunciendo el ceño y apartándola rápidamente. Odiaba el aspecto de ello. Nunca había sido su meta honrar la belleza por la que era famosa su raza, pero había tenido cierto orgullo en ella, no soportaba verse a sí mismo despojado de su forma natural. Marth, en cambio, tenía que verlo. Presionó su mano donde los cortes habían sido hechos antes de soltarla. - Míralo. Si debo pasar yo la humillación de mostrarme así, de estar así, al menos espero de ti la responsabilidad de mirar de frente lo que tus hombres hicieron. -

Podía haber doblado sus alas de regreso entonces, ocultando el daño con las plumas largas que adelante habían quedado. Pero era igual. Además, separados ambos del resto del jardín en el espacio entre sus alas curvadas, se sentía un poco menos expuesto. Al menos, era sólo a Marth a quien se enfrentaba allí. Bajó sus manos y tan sólo le habló. - Si no puedo volar, no puedo irme, a menos que camine y nade hasta Tellius. ¿Cómo es que no soy un prisionero, entonces? - Preguntó, cuidadoso de no subir mucho la voz esta vez, aunque la tensión en él era obvia. - ¿Qué dirás en tu defensa o la de ellos? -
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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Marth el Lun Oct 31, 2016 8:11 pm

La ayuda que le extendía era rechazada pero era de esperarse por la actitud que mantenía el príncipe blanco con todo lo que estaba ocurriendo, no dejaba de ser algo doloroso para Marth que así fuese, estaba un poco nervioso por toda la situación y sumamente tenso por tener a un invitado tan extremamente disconforme con la hospitalidad que tanto intentaba darle. Bajó su mano sin dejar de mirar al caído, notar la mancha de césped en su ropa y como la caída de la misma se había desacomodado pero no era momento para señalarlo ni mucho menos tomarse el atrevimiento de acomodarselo él mismo. Los soldados retrocedieron varios pasos y bajaron las armas pero no se retiraron, aún sin aparente fuerza la garza seguía siendo un individuo agresivo contra el príncipe, aunque este se mostrase seguro y sin miedo frente al rubio, confiaba que era un ser racional y que podría hablar con él si se calmaba, no era un animal salvaje como otros laguz habían mostrado ser, tenía un sistema monárquico que el príncipe de Altea comprendía y se encontraba frente a alguien de igualdad de cargo, incluso siendo de un país que ya inexistente. Claro, seguía siendo un animal, una criatura inferior en escancia pero lo consideraba más que, por ejemplo, el zorro que tenía por mascota que le había hablado de manadas, zorras matronas y zorros cazadores.

Cuando se acercó la garza el príncipe se quedó quieto haciendo un gesto con su mano para que los soldados se mantuviesen en su lugar pues algunos ya tensaban sus manos sobre sus lanzas. Permitió que se acercase lo que deseara, incluso si era para golpearle nuevamente, intentó mostrar una sonrisa pero el gesto se vio más como una mueca de incomprensión - Créame cuando le digo que lo que más deseo es comprenderle, entender que es lo que le aqueja y el porque de su inconformidad con mi hospitalidad. Quiero poder hacerle sentirse cómodo. - nuevamente era sincero con sus palabras y callando al momento que la mano delicada de la garza tomó la propia. El contacto era reconfortante como siempre, la paz que mostraba su figura, incluso estando enojado, indignado o triste seguía liberando una paz que contagiaba al tacto aunque un sentimiento amargo llegaba al pecho del príncipe, probablemente vestigios de aquellos sentimientos. Sus dedos tocaron las plumas suaves y largas, era como tocar la cola de sus pavos reales pero más tupido hasta que sus dedos llegaron a una parte áspera incluso algo afilada, como una rama cortada. Los canutos cruelmente mutilados que al extenderse sus alas podía llegar a verse el faltante en la zona más cercana a su cuerpo. Si bien a los pavos reales del palacio y cualquier ave decorativa que hubiese allí se le cortaban las plumas de esa manera para evitar que escapasen sin necesidad de poner barrotes el príncipe desconocía lo que sus cuidadores hacían a sus mascotas. Él solo veía aves en apariencia felices, bien alimentadas, que cantaban a diario y mostraban un comportamiento normal a su vista, ninguna parecía estar en dolor ni nada, lo mismo con cualquier animal en el castillo. No vio realmente problema en ello hasta que el príncipe blanco comenzó a explicarle. No habló pero en su rostro se reflejó el cambio de sus emociones, demasiado alterado como para poder ocultarlo, sus cejas tensas y sus delgados labios entreabiertos mostraban la tristeza que le abordaba así como el sentimiento de culpa y vergüenza por lo que había ocurrido.

En la cúpula blanca que había creado la garza Marth intentó decir palabra pero no pudo, apenas tartamudeó un poco y apartó la mirada cuando su mano fue soltada, no demasiado pues comprendió de inmediato que aquello sería mal interpretado así que alzó su rostro para mirar al príncipe a los ojos - L-lo lamento mucho... no tengo excusa más que la ignorancia. Realmente no tenía idea de que habían hecho esto con usted, si bien no he dado la orden de que esto fuese hecho no aludiré a eso para evitar la responsabilidad. Era invitado en Altea y mis hombres le han hecho esto, entonces soy el responsable. - realmente no tenía una solución para lo que había ocurrido, incluso si se lo planteaba como el rubio le había dicho era difícil pensar en como devolverle a un hombre una pierna o un brazo perdido... habían prótesis pero eran solamente estéticas y ninguna funcionaba bien, incluso las patas de palo eran incómodas de llevar. Dudó varios segundos antes de volver a tomar la palabra - No hay nada que decir en mi defensa o en la de ellos. Lo único que puedo ofrecerle son mis más sinceras disculpas incluso sabiendo que no son de ninguna utilidad ni le devolverán sus plumas. Perdón si le ofendo, pero ¿volverán a crecer? los pavos reales cambian sus plumas dos veces al año, si es así permítame ofrecerle refugio hasta que se encuentre en condiciones. Si no confía en mis hombres puedo arreglar para que tenga un hogar para usted solo. O si desea regresar a sus tierras puedo llevarle de regreso a Tellius, le escoltarían en barco, a caballo o incluso en pegaso si es necesario si el terreno no permite ir por tierra. - realmente intentaba encontrar una solución a aquello pero era difícil de verla. No se rendía sin embargo, no permitiría que el príncipe blanco se fuese de Altea sin el conocimiento de que se había hecho todo lo posible para garantizar su seguridad y su comodidad, ahora agregaba también el haber hecho todo lo posible para enmendar su error.


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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Reyson el Sáb Nov 19, 2016 12:13 pm

No sabía cómo sentirse. Su repudio y resentimiento hacia la raza humana seguía siendo el de los últimos años, y seguiría siéndolo a través de aquella experiencia. Pero era con ese humano en particular que se sentía confundido, queriendo odiar con mayor intensidad a quien le había traicionado, mas sin poder encontrar en él rastro alguno de malicia o nefastas intenciones que justificara su odio. Sólo podía aferrarse a los actos de sus hombres en su ausencia, así como al hecho de que por un largo tiempo no podría volar. Perdonar a un humano no sería seguro para él. Perder el vuelo por meses era suficiente castigo por confiar en uno; no podía permitirse más, no podía arriesgarse a que peores cosas ocurrieran. Debía mantener su postura, poner en él la culpa de lo ocurrido, como correspondía, odiarlo por ello y abandonar aquel sitio.

Incluso si el arrepentimiento del príncipe humano era sincero. Incluso si sentía misericordia, pena y pesar por el estado en que él había quedado, un ave confinada a tierra. Era así como debía ser. Reyson soltó un largo suspiro, exhausto del estrés que sus alas mutiladas le causaban y exhausto del torbellino de emociones contradictorias con que debía lidiar. Le escaseaban las energías para mantenerse tan iracundo como quería estar. Miró a Marth y nuevamente lo intentó, buscando con todas sus fuerzas reunir odio hacia ese rostro inocente y palabras humildes, que tanto lo alcanzaban. No lo lograba. Habría destestado ser visto con lástima por el estado de sus alas, al menos, pero Marth ni siquiera hacía eso. Negándose a que el humano lo recuperase, aunque sabía que estaba al borde, apartó la vista hacia el suelo. Su dura expresión titubeaba, mostrando sólo en acumulado cansancio que le inundaba.

- ...bien. - Murmuró en un tono todavía tajante, tan sólo aceptando sus palabras. Se evitaba dejarse llevar. - Si entiendes tu culpa, entonces también debes entender lo que yo debo hacer. Debes entender que me iré. Como sea que deba hacerlo. - Reyson dijo, asegurándose así la decisión que había tomado, y la distancia que necesitaba entre él y el humano. Sólo con aquellas palabras fuera y su decisión establecida, podía mirar al muchacho a los ojos y saber que ya no cedería. Conscientemente eligiría cerrarse en su postura, ignorando los benevolentes sentimientos del alteano, pese a sentirlos en fuero interno. Tomó aire y siguió en voz baja. - Deberás entender no volveré a ti o a tus tierras... por mi seguridad. Las plumas volverán a nacer, eventualmente. Pero no puedo esperarlo aquí. -

El blanco espacio rodeado por sus alas fue abierto, al doblarlas de regreso contra su espalda, quitando de vista el área en que las plumas habían sido cortadas. Nuevamente las alas descansaban relajadas tras él, en un arco que sumaba bastante altura a la imagen de la garza. Quitarles aquella pizca de intimidad y volver a tener perspectiva del patio interior, en que los guardias miraban ansiosamente para comprobar que su príncipe siguiera a salvo, era una forma de cortar los intentos del joven beorc de apelar. Reyson tomó un paso atrás, ya negando con la cabeza a toda oferta de ayuda que le daba, preparado para dejarle así. No obstante, no tardó en dar contra el problema que perduraba. ¿Cómo regresaría, si no aceptaba nada de él? Él mismo lo había dicho, no había modo en que caminara y nadara todo el camino hasta Tellius. Necesitaría la ayuda del príncipe beorc, sin importar cuanto le desagradara la idea. Cerró los ojos unos instantes, apretando los dientes con frustración y pensando en la forma de resolver aquello. La única persona cuya honestidad conocía era Marth; en ninguna forma podría confiarse a otro que no fuese él para esa tarea, ni hablar de sus hombres, quienes lo habían dañado y cuya cercanía todavía le producía escalofríos. Abrió la boca y dudó un poco antes de conseguir articular palabra.

- Confié en ti antes, es por eso que todo esto ha sucedido... pero sólo te pediré a ti mi salida, solo aceptaré que tú vengas conmigo hasta donde puedas llevarme. Justamente, porque fue en ti en quién confié para empezar. - En todo momento habló en voz baja, incapaz de seguir manteniendo un tono feroz o siquiera brusco. Era muy consciente de que nada malo le sucedería si iba con Marth, y aún así, al irse, quería odiarlo y hacer de ello una despedida permanente. Consciente de que el príncipe de aquel reino no lo escoltaría personalmente hasta su hogar, continuó. - Un pegaso... puedo manejar un pegaso. Pero antes necesitaré acercarme a la costa en la dirección correcta, o el animal y yo perderíamos el camino. ¿Podrás llevarme hasta allí? - Preguntó. No era tanto pedir, de ese modo, aunque temía que se negase a prestar al animal a solas. Lo cierto era que él no confiaría en la compañía de un jinete. Más aún, creía firmemente que este lo entorpecería, pues estando a solas la garza podría comunicarse sin problemas con el animal y guiarlo mucho mejor que un humano podría con montura y riendas.
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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Marth el Lun Dic 05, 2016 9:20 pm

Los guardias se tranquilizaron al ver que el príncipe volvía a estar a la vista y sin daño aparente, calmado como siempre se mostraba aunque con una expresión de tristeza y un poco de vergüenza en su rostro que si era bastante extraño de ver. A poca distancia de sus pies estaba aún el regalo que le había traído desde el reino vecino, las galletitas se había esparcido por el piso y la canastita estaba volcada, el césped algo húmedo ablandaba los bizcochos y uno de los pavos reales se acercaba sin miedo arrastrando su larga cola blanca para picotear del alimento, un par de pajarillos que aprovechaban la comida y el resguardo del jardín rodeado de paredes pero con vista al cielo, bajaban también al césped para tomar las migajas más pequeñas que el ave más grande desgranaba. Los soldados quietos y con las armas bajas retrocedieron y volvieron a tomar sus armas en descanso a su cintura y sobre su hombro y con un gesto de la mano del príncipe se retiraron a las puertas a volver a su trabajo como vigilantes. El peliazul esperó a que los guardias se apartaran antes de asentir suave con su cabeza - Lo entiendo perfectamente y me duele en el alma no poder darle la ayuda que deseo y que creo que merece y necesita, pero estaré gustoso de entregar tanta ayuda como desee tomar por poca que sea. - Se acercó a donde estaba la canasta y la tomó pero dejó las galletas en el césped para que los pájaros la comieran, los pajaritos pequeños, salvajes volaron al árbol más cercano ante la cercanía del príncipe del castillo pero el pavo real siguió picando sin molestarse en la presencia conocida, ya el príncipe a veces le daba trocitos de pan o de masa cuando tomaba el té afuera y al terminar le sobraba alguno de los bocaditos y tenía cerca a sus mascotas, lo mismo con los conejos con alguna fruta, disfrutaba mucho de sus animales aunque compartiese poco con ellos y fueran los sirvientes los que cuidasen de ellos.

Con la canastita entre sus manos se volvió a acercar al rubio poniéndose delante, sus dedos delineaban el borde de mimbre, sus dedos finos y de cuidada manicura portaban unos pocos anillos delgados plateados y dorados, solo uno con una pequeña perlita, en su pulgar era el único anillo más tosco donde estaba el escudo de su país y prueba de su linaje, aunque era una formalidad ya que todos los escogidos por Naga nacían con una marca en su cuerpo, aquel anillo era más un símbolo de ser el regente del país en ese momento. No estaba seguro si seguirle insistiendo o aceptar aquella derrota en su hospitalidad, detestaba que se fuera con esa impresión tan negativa de su tierra... no le importaba que odiase a los humanos pero había fallado en mostrar que en Altea las cosas eran diferentes y que respetaba a alguien de la realeza, incluso si era de una raza inferior a su criterio. Estaba contrariado pero notó que no podría hacer nada para que el otro aceptase su hospitalidad y si insistía solo lograría agravar más la situación. Asintió con su cabeza suavemente - Me encargaré personalmente entonces. Altea es uno de los pocos lugares donde criamos pegasos y son criaturas sumamente valiosas y delicadas que no saben vivir en un mundo salvaje... he leído sobre Tellius y los países de besti... lo lamento, los países laguz y entienda que un pegaso no podría vivir en un lugar donde en el cielo hay halcones más grandes que ellos y en el piso gatos tan grandes como ellos que lo cazarían. - dudaba realmente que los de su raza tuviesen establos y las condiciones propias para cuidar un pegaso y si lo soltaba no sabía si el animal sabría regresar a su hogar, entregarle un pegaso era como enviar al animal a su tumba y Marth no estaba del todo seguro de poder hacer eso aunque tampoco quería negarse a lo único que pedía la garza.

Mantuvo silencio un momento y comenzó a considerar el peso de la vida de un pegaso con la de contentar a un príncipe de un país inexistente aunque era una realidad que estaba en deuda, finalmente habló en tono bajo y tratando de sonar lo más comprensible que le era posible - ¿Tiene alguna forma de poder regresar a salvo al pegaso? ¿O garantizarme que el animal esté a salvo? - no quería ofenderle con sus preguntas pero más allá de un ser vivo un pegaso era un bien material en Altea y era mucho más difícil y consumía mucho más tiempo y dinero criar un pegaso que criar un caballo.


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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Reyson el Dom Dic 11, 2016 6:06 pm

El hombre de delicadas facciones miró a los guardias alejarse. No lo admitiría, pero carecer de su prescencia cambiaba las cosas para él enormemente, permitiéndole bajar la guardia y perder un poco la tensión en su mandíbula. El momento en que habían cortado sus plumas, sujetándolo con fuerza que le parecía inamovible, no se iría de sus recuerdos con facilidad. Sólo verlos reavivaba el temor que en el fondo sentía. Relajó sus hombros, sus manos antes hechas puños y sus mismas alas al quedar ante la presencia sólo de Marth, y de los animales que más bien le eran reconfortantes de tener cerca. Se inclinó un poco, estirando una mano hacia el pavo real que se quedaba cerca. El animal de inmediato se acercó, recibiendo del príncipe blanco un par de caricias, más bien un tacto suave para acomodarle plumas sobre la cabeza. Podía percibir la familiaridad de la criatura hacia el muchacho humano. Era gentil para con todas esas criaturas, pese a su obvia ignorancia. Aceptando ese hecho, Reyson dejó al ave regresar a su comida y regresó su atención a Marth.

Quedó viéndole inexpresivamente mientras hablaba, ya neutro en lugar de defensivo e iracundo. El peliazul parecía dudar, después de todo era joven, demasiado joven para ser el príncipe de nada, enfrentándose a una situación de peso, pero al fin y al cabo aceptaba encargarse, bajo las condiciones de Reyson. Ante aquello, el semblante del príncipe blanco lentamente cambió, tornándose mucho más relajado al saber que conseguiría regresar a lo que llamaba hogar. Por un momento bajó la cabeza, cerrando los ojos y soltando un largo y suave suspiro. Los tiempos difíciles pasarían, saldría de esa vertiginosa y aterradora situación. Al levantar la cabeza de regreso, poniendo en consideración las reservas del muchacho sobre sus pegasos, su mirada se suavizó comprensivamente. Los humanos no tenían la percepción que tenía su raza, pero de todos modos intentaría transmitirle sus sinceras intenciones, acercándose a apoyar una mano en su hombro.

- Es verdad que es una especie que los halcones o los felinos cazarían como alimento. Sin embargo, no permitiré que suceda. Puedo hacerme entender ante los demás laguz y criaturas salvajes, te aseguro. - Dijo, convencido y un tanto orgulloso al respecto, pues lo que quería decir era que se sabía imponer ante cualquier de ellos. Había un brillo suspicaz en su mirada esmeralda al pensarlo. - Sé la clase de seres que son los pegasos, y créeme, estoy de acuerdo contigo. No dejaré que nada se le acerque y lo enviaré de regreso enseguida. ¿Puedes creer en mi palabra? - Su voz se tornó un poco más suave entonces, esperando poder mostrarse como deseaba ante el inseguro beorc. Esa función cumplía la mano en su hombro, pues así como él podía percibir las emociones e intenciones al interior de otros si contaba con paz y una mente enfocada, podía transmitir las suyas. El tacto de una garza solía ser fuente de tranquilidad y plenitud. Eran cualidades que en gran medida había perdido con el tiempo, pero lo había intentando, cuanto menos.

- Si te preocupa... - Agregó, al ver que el humano pensaba dos veces en todo el asunto, por el pegaso que podía perder de vista. - Tú puedes venir con nosotros. Yo puedo guiar al pegaso perfectamente por mi cuenta, pero podrás ser quien lo traiga de regreso aquí. Conmigo, el viaje tomará mucho menos tiempo del que has de creer, y el pegaso te aceptará para la ruta de regreso. - Explicó. Por supuesto que no sería un asunto precisamente breve, pero no era algo que estuviese dispuesto a tomar como excusa o como motivo para cambiar de idea. Tomando aquella solución suya como la correcta y la que deberían de seguir, dio un par de pasos atrás, retirando la mano del joven príncipe para cruzar sus brazos. Pese a todo, en aquel momento y con el regreso a Tellius tan cercano, fue capaz de dar una leve sonrisa. - Ve por la criatura y prepárate como debas, príncipe beorc. No hay nada que yo necesite llevar. Te esperaré para partir. -
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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Marth el Jue Dic 29, 2016 11:29 am

Tenía experiencia en asuntos políticos y de etiqueta pero cuando era frente a un laguz se veía sin experiencia alguna, no había recurrido a Artemis ya que un zorro era un depredador natural de las aves como había demostrado dando muerte a uno de sus pavos reales así que daba por sentado que sería una ofensa exponer al príncipe blanco en presencia del zorro, tal como lo sería exponerlo a él frente a un mago oscuro o un sacerdote de Grima. Así que estaba solo en esto y comenzaba a aprender a prueba y error así como la gente que trabajaba bajo su mando, tendría que hablar seriamente para marcarles bien la diferencia entre "mascota" e "invitado" ya que era algo impensable lo que habían hecho... alguien pagaría caro por aquello. Miró con encanto como tocaba al pavo real, aves que si bien estaban acostumbrados a su presencia no se dejaban acariciar, era un logro cada vez, que con paciencia, el príncipe lograba que comiesen migajas de pan de su mano. El animal sacudió su cabeza para acomodar las plumas de su cabeza y volvió a picotear donde estaban las galletas. Marth desconocía las necesidades de los animales que tenía a su alrededor, apenas conocía lo básico como que tuviesen agua, comida y un lugar donde resguardarse de los elementos, incluso desconocía realmente que comían limitándose a darles migajas de pan, tartas y cualquier bizcocho que estuviese él comiendo en el jardín dejando a los cuidadores darles el verdadero alimento a base de semillas, igualmente intentaba cuidarles lo mejor que podía y darles cuantas comodidades pudiese y hacía lo mismo con el príncipe blanco. Al notarlo más tranquilo y neutral se sintió profundamente aliviado, el tacto en su hombro fue más cálido y agradable de lo que había esperado, normalmente no permitía que nadie le tocase pero este fue bastante diferente, incluso ahora sentía como si lo hubiese estado necesitando todo este tiempo, se sentía seguro de lo que debía hacer mostrando una sonrisa cortés.

Si bien el hombre ave hablaba con la razón no era suficiente como para que terminase de convencer al príncipe, no dudaba que pudiese hablar con los otros animales y que les dijese que no atacasen a su pegaso, tampoco dudaba que le obedecieran, pero cuando el príncipe blanco bajase y enviase al caballo alado nuevamente a su hogar no habría nadie que le dijese a los animales que no le atacasen. No replicó, sin embargo, solo mostrándose un tanto escéptico y no muy receptivo a la primera idea que decía. Solo susurró sus preocupaciones cuando la pausa le indicó que podía hablar - Creo en su palabra, no sería capaz de dudar de ella pero no es que tema que la cumpla lo que me preocupa si no en la vuelta del pegaso a Altea... en la ida no dudo que usted lo va a cuidar pero una vez de que el animal retorne ya no le tendrá a usted para cuidarle y advertir a los laguz que un pegaso no es comida... ¿Comprende mi pesar? - intentó ser lo más suave posible respecto a ello. La segunda propuesta solucionaba todo desde cualquier punto de vista posible... menos el suyo, debía de estar en el castillo, más acabando de volver y teniendo tanto trabajo por delante, sin embargo no podía comprometer una buena relación con un reino organizado y en vías de crecimiento aunque inferior como creía que era el reinado del laguz frente suyo. No lo pensó demasiado, tenía un compromiso y una deuda moral con el rubio y no haría las cosas difíciles, así que alzando su mentón con seguridad y asintió con su cabeza mostrando de nuevo su sonrisa delicada como solo un gesto - Gracias por comprender y permitirme acompañarlo. Si me permite tendré que dar anuncio de mi partida y enseguida enviaré a que preparen uno de los pegasos. Por favor, diríjase a las caballerizas superiores, es por el pasillo de alfombra azul directo a la escalera caracol, saldrá a la azotea donde verá a simple vista los establos y los pegasos. No tiene que acercarse a las jinete si no lo desea, si me espera allí nadie le molestará. - aseguró. En ese momento descubrió que no deseaba alejarse, aquel tacto le hacía sentir bien y resguardado, como si sus responsabilidades y pesos fuesen compartidos ahora, a su vez se sentía un tanto desnudo ante ese sentimiento y terminó por apartarse con una ligera reverencia.

Cruzó las puertas del jardín y caminó por el pasillo, la primera persona con la que se cruzó, un escribe, recibió ordenes como si no fuese más que un sirviente enviandole a buscar a su consejero y sus caballeros que deberían estar descansando, pues no hacía demasiado que habían llegado de Ylisse con él. Al segundo que se cruzó, un sirviente esta vez, le envió a empacar la túnica que había regalado al príncipe blanco. Su consejero se presentó cuando el príncipe ya estaba en su habitación cambiando su ropa por un atuendo negro y azul ajustado de botas altas de cuero y una capa corta, ideal para montar, abrigándose para los vientos fríos del cielo, sin detenerse le dio las ordenes y le informó lo que iba a hacer, sus caballeros recibieron también indicaciones de permanecer allí y les dijo el camino que tomaría y cuanto calculaba que tardarían, jinetes pegaso estarían a mitad de camino para encontrarse con el príncipe cuando estuviese regresando pero no debían seguirlos en la partida para garantizar la tranquilidad del invitado.

Finalmente listo subió apresurado a las caballerizas superiores. Al salir a la azotea del castillo el viento le movió sus cabellos y debió de ajustarse su tiara para sujetar algunos mechones y despejar su rostro, allí habían grandes construcciones de madera y piedra, establos amplios donde el techo también se utilizaba con grandes bebederos y cubos de heno donde algunos pegasos comían, en el lugar habían un par de docenas de blancos caballos alados y poco más de una docena de damas vestidas con armaduras livianas atendiendo a los animales, allí no había peones de cuadra ni nadie ajeno a las caballero pegaso pues cualquier presencia ajena a estas alteraba a los delicados animales, incluso algunos se vieron inquietos cuando el príncipe del lugar se acercó. Para el príncipe no era la primera vez que montaría a pegaso y habiendo aprendido con su ex prometida desde pequeño había tomado encanto por aquellos animales tan elegantes visitando seguido las cuadras superiores, le había costado mucho aprender a como acercarse y como mostrarse frente a esos animales mucho más sensibles que los caballos y con todo no todos le aceptaban pero en su mayoría le permitian acercarse e incluso acariciarlos. Había una yegua mansa que su jinete le había acostumbrado para que pudiese montarla y le había enseñado al príncipe a utilizarla, nuevamente bastante diferente que solo manejar un caballo que se movía a nivel del piso. Habló con la dueña del animal y pidió que la ensillase, esta se mostró un poco preocupada pero no puso objeciones preparando al animal, enseguida el peliazul se dirigió al príncipe blanco - Lamento haberle hecho esperar, por favor, le ruego, que acepte aunque sea uno de los regalos que le he hecho, solo la túnica de seda y oro, es una tela suave y duradera traída de otro continente y sus bordados de oro creo que le sientan de maravilla con sus cabellos rubios, por favor, sé que ha sido de su agrado por que la ha utilizado mucho en su estadía mientras yo estaba. - le extendió un pequeño bolsito que fácilmente podía colgarse a su hombro donde contenía la túnica.


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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Reyson el Sáb Ene 21, 2017 3:34 pm

Cuando estaban a solas las cosas marchaban mucho mejor que en presencia de otros humanos. Era un poco como su encuentro en Lycia otra vez, en el que había podido creer en las intenciones nobles del muchacho, según lo que le demostraba, interactuar en paz y sentirse en cierta forma cómodo. Probablemente siempre fuese así, debiendo tratar a solas con las contadas personas en quienes confiaba una pizca... si es que él y el otro príncipe volvían a encontrarse alguna vez, claro estaba, dado que la intención de Reyson a aquellas alturas era evitar los reinos humanos por un largo tiempo, sino pisarlos sólo cuando pudiese hacer algo contra la raza. Pero por esos momentos, siendo sólo el humano de corta altura el que tenía frente a sí, estaba bien. Sintió el alivio en Marth reflejar el toque de relajación que él mismo emanaba, quedando en cierta forma en un estado equilibrado, en un acuerdo silencioso.

Aunque dudara, podía presentir que el humano estaba siendo convencido. Como la garza esperaba, pronto accedió a su forma de resolver las cosas, quedando pactado un inmediato viaje en pegaso para ambos. Irían juntos a Tellius, donde Reyson sería dejado en zona segura, para que luego Marth regresara por su cuenta con el pegaso a Akaneia. Satisfecho con la solución, el príncipe blanco sonrió ampliamente, asintiendo a todas las instrucciones dadas por el menor. Los detalles ya no eran de preocuparse, lo importante estaba asegurado y en cierto modo se enorgullecía de haberlo conseguido. Ser persuasivo era un rasgo nuevo en él, desarrollado desde su vida con los halcones de Phoenicis, pero que continuamente le resultaba de utilidad. - Muy bien, - Dijo, apartando su mano y retornando la inclinación de la cabeza con un gesto igual. Su expresión le mostraba complacido y ya apaciguado. - Subiré y esperaré por ti. No envíes a otro en tu lugar, no escucharé ni hablaré con nadie más. -

Esperó a que el humano se alejara primero, tomándose su tiempo en partir, pues de todas formas él llegaría mucho antes al punto de reunión. A solas con los animales del castillo, la garza levantó la vista al cielo y soltó un largo suspiro. Veía lo alto y ya lo añoraba. El cansancio se adhería a él, dejándole el cuerpo pesado y dificultándole mantenerse. Sintiendo a una liebre curiosear alrededor de sus botas, bajó la vista de regreso al patio y se agachó para acariciar delicadamente al animal. Esa clase de compañía le ayudaba. Sonriéndole a las criaturas cerca, murmuró en su propio idioma sus despedidas a cada uno, antes de levantarse nuevamente y dirigirse por donde se le había indicado. Siguió la alfombra azul, sin hallar guardias en su camino, aunque a través de entradas y al final de los pasillos los veía de tanto en tanto, presentes pero manteniéndose lejos. Comenzó su camino escaleras arriba, cansándose rápidamente al no estar acostumbrado a usar tanto sus piernas, sin ayuda de sus alas. A medio camino ya estaba sujetándose del varandal o la pared para seguir. Un poco más adelante, se detuvo para sentarse en un escalón, resoplando con un poco de molestia. Cuando retomó hizo todo el tramo restante, llegando a la cima algo agitado y sin más deseos de ver escaleras.

El viento que corría allí arriba lo vigorizó un tanto, aunque el cielo despejado y lo liviano que se sentía con la brisa envolviéndolo le hacían desear escapar volando de una vez. Reyson se tomó sólo un momento para apreciarlo, avanzando con agrado contra la leve resistencia que removía sus plumas y ondeaba su cabello tras su espalda. No pasó mucho tiempo para que notase la presencia de los pegasos, hablando nuevamente en su lengua materna para saludarles. Uno de los animales, que bebía agua sobre una de las plataformas altas, bajó para detenerse a su lado y olfatearlo, empujando un poco con la trompa. Casi enseguida otro se unió, curioso por el laguz, pues era casi seguro que no hubiesen visto uno como él antes. Acarició entre las orejas de cada uno al pasar, seguido una corta distancia por ellos. Pronto se topó con las miradas de las mujeres a cargo, sin armas pero portando armadura... cauteloso de ellas y apegándose a su palabra, apretó los labios en un gesto serio y se alejó. No les hablaría, no se acercaría, sin importar lo que hicieran. Esperó en una esquina de la plataforma a que Marth apareciera, estando acompañado todavía por uno de los pegasos cuando el príncipe se le acercó.

- Ah, esto es... - Se giró hacia el humano para mirar lo que le extendía, recibiendo el bolso entre sus manos. Entre tanto el pegaso que le acompañaba se quedó tras él, con la cabeza asomando por un lado de su cuerpo. Reyson recordaba la túnica que le describía, sin embargo, no llegaba a comprender del todo por qué parecía ser tan importante para el humano que se la llevase. Lo miró fija y atentamente, en su cambio de vestimenta, aparentemente listo para partir. Sus ojos no reflejaban una emoción distinta a la de antes. - ¿Por qué? No vas a verme pronto, si se trata de que te agrade verme con esa ropa. - Cuestionó sin problemas, alzando una ceja. No veía como algo extraño la apreciación de la belleza, no le parecía fuera de lugar asumir que el príncipe le regalaba prendas porque le agradaba su aspecto. No era como si le avergonzara, al menos a él. Miró al muchacho a los ojos, suponía que sólo se trataba de eso, no acarrearía repercusión. - Si quieres que la lleve conmigo, la llevaré. - Finalizó con una sonrisa.

Se acercó a él y al pegaso ensillado con que venía, saludando a aquel ejemplar también con una caricia. No le gustaban las monturas, no le agradaba verla puesta, pero entendía que Marth la necesitaría para no caer en el aire después. Pasó junto al animal, llegando hasta su cabeza para verle al rostro, confirmando que no pareciera sentirse incómodo. Todo lucía en orden. Con la mano sobre el cabello del pegaso, giró e rostro hacia el príncipe de cabello azul. - Parece sano y fuerte. Podrá volar hasta allí. ¿Estás listo? -
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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Marth el Lun Ene 23, 2017 1:39 am

Siempre cuidando su porte y su imagen incluso con esa ropa se veía como un pequeño muñequito cuidadosamente vestido y peinado, incluso cuando el viento desacomodó su cabello alzó su mano enguantada para sujetar los mechones al costado de su rostro para que no se pusieran sobre este mientras hablaba con la garza. Con el viento ondeando los cabellos dorados y las alas a su espalda rodeado de blanco contrastando con el cielo azul era aún más hermoso, una belleza etérea y nada humano, era como observar los vitrales de las iglesias de Naga en las mañanas cuando el sol se alzaba en tonos de naranjas y los vitrales azules y trasparentes hacían juegos de luces brillantes y claros. Reyson era una criatura casi sobrenatural a los ojos del príncipe, nada parecido a los laguz que había conocido, quizás su posición como príncipe le daba aquel aire tan especial, tal como él creía en la diferencia entre un nacido en cuna de oro y alguien nacido en un montón de paja, entre los laguz también debía haber cierta diferencia. Las palabras de este enseguida hicieron que sus mejillas tomasen un tono más vivo y se vio obligado a desviar la mirada, temeros de haberle faltado el respeto por mirarlo demasiado. No tenía interés romántico ni carnal por aquel ave, era sincera admiración de belleza y el regalo no era más que una atención que le gustaría que conservase. Sus palabras fueron educadas, como siempre y su tono suave aunque - No es para deleitar mi vista si no para que tenga algún recuerdo grato de su visita en Altea, lamento mucho que mi gente le haya faltado así el respeto al agredirle de esa manera. Es simplemente una ínfima muestra de disculpa y gratitud por su visita. Sería un honor que la conservase y la utilizase. - volvió a mirarle, ahora cuidaba más sus palabras ya que no quería faltarle el respeto o que se tomase a mal un agasajo o su admiración... habían sido rechazadas con brutalidad las galletitas que había traído del reino hermano y no quería que sucediese lo mismo con este regalo.

Estaba un tanto sorprendido también por la familiaridad con lo que los pegasos se aproximaban a él, mansos y tranquilos. Las caballeros pegasos también estaban sorprendidas, no solo los caballos alados se mostraban antipáticos con extraños si no que especialmente con varones, aquel ser alado parecía llevarse incluso mejor con los animales que las mismas jinetes. El príncipe se acercó con cuidado al animal ensillado y permitió que le olfatease su mano para reconocerle, la blanca yegua alada se mostraba cuidadosa pero con la cercanía de la garza tomó confianza casi enseguida, habiendo estado con sus orejas hacia atrás cuando su jinete se apartó dejandolas riendas en manos del príncipe ahora se mostraba relajada con sus orejas hacia adelante. El príncipe acarició con cuidado el costado del cuello de la yegua, con gestos mucho más delicados de los que tenía con su caballo - Es fuerte y mansa, normalmente los pegasos no están cómodos con compañía masculina pero esta me conoce desde que era pequeño y me acepta aunque a veces se muestre con desconfianza. Todos los pegasos aquí son fuertes y saludables, tenemos gente especializada para darles el mejor entrenamiento y alimento así como ejercicio diario y cepillado para mantener su pelaje blanco como las nubes. - se notaba que hablaba con cariño por el animal y con orgullo de su cuadra, no muchos reinos tenían cuadras propias de pegasos donde los animales se reproducían y criaban así como se entrenaban, normalmente los escuadrones de pegasos de un reino eran de animales capturados o traídos de otros reinos, incluso de jinetes reclutados que venían con sus propios animales al reino.

Estaban listos para partir y una vez que el peliazul se aseguró que el animal estuviese calmado y cómodo en su presencia se posicionó a un lado siempre manteniendo contacto con ella para que supiera que iba a montar, primero acariciando la base de su ala donde se unía al cuerpo con gruesos músculos, el pegaso extendió un poco esta para permitirle montar con más comodidad, Marth sujetó el borde de la silla y apoyó su pie en el estribo, primero apoyando un poco de peso para avisarle al animal que subiría y después montando, sujetando las riendas flojas aún extendió su mano y sacó el pie del estribo para que Reyson pudiera subir, sin la ayuda de sus alas no podría solo volar hasta allí y debería subir como un humano, apoyando su pie en el estribo para trepar y quizás hasta ayudándose con la mano del príncipe - Podemos partir de inmediato si ya está listo. -. Dos pegasos más estaban siendo separados y preparados para salir aunque con calma ya que saldrían varios kilómetros detrás del príncipe, incluso fuera de vista de este para poder encontrarse con él cuando hubiese dejado al príncipe blanco en un lugar seguro.


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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Reyson el Sáb Ene 28, 2017 1:10 pm

Un recuerdo de ese tiempo en Altea no era exactamente algo bueno para Reyson. No era malo recordar a Marth, uno de los poquísimos humanos con que había tenido un trato decente, además de ser uno que lo había ayudado en su momento desinteresadamente. La estadía en Altea era el problema; no desearía recordar lo que había pasado allí, lo que le habían hecho. Aún así, no quiso ser demasiado duro en ese entonces, cuando las cosas se solucionaban. Tan sólo omitió lo dicho por el humano y pensó de esa prenda sólo como un recuerdo de él personalmente, de su amabilidad y su capacidad de tratar con respeto al príncipe laguz. Asintió, sin darle verbalmente su aprobación, mas sí con sus acciones. Alzó la correa del bolso junto a sí, pasando primero su ala por la apertura all levarla sobre su cabeza, luego su brazo, para acomodar el bolso a su lado y la correa cruzando su pecho.

Prestó especial atención al modo en que Marth interactuaba con el pegaso que los llevaría, así como a las reacciones de la criatura. Entendería si se producía problema alguno. Su raza, inclinada hacia el orden y el equilibrio, tenía una relación especialmente buena con los elementos de la naturaleza, precedidos por las leyendas que verídicamente mencionaban cómo oían las voces de los árboles y leían las emociones de toda criatura viva. Era de esperarse que el pegaso se sintiese a gusto a su alrededor y se mantuviese tranquilo, aunque sus reacciones particulares al príncipe humano tendrían su propio tinte, perceptibles. Con una mirada crítica, prácticamente buscando a propósito errores y abusos que corregir, la garza vigiló cómo el humano trataba al animal y cómo este lentamente reconocía y aceptaba su presencia, manteniendo calmo el frágil y extremadamente delicado espíritu de todo pegaso. Aunque lo buscara con particulares ganas, no hallaba error. La yegua pegaso le aceptaría como jinete.

Le preguntó en un murmullo al animal, tocando el cabello entre sus orejas. Buscaba confirmar si estaba bien y cómoda con lo que hacía, y parecía estarlo. Convencido, sonrió comprensivamente y volvió la vista a Marth, mostrando con su expresión plácida su aprobación a eso también. - Los beorc no suelen tener la inocencia y amplitud de espíritu que un pegaso necesita sentir, para apegarse a uno de ustedes y aceptarlo como compañero. Son demasiado corruptos y violentos, demasiado negativos de sentir. En las hembras beorc se da más a menudo hallar inocencia y sentimientos distintos, pero los machos carecen de pureza desde demasiado temprano como para llegar a agradar. Supongo que todavía no te desarrollas como los demás varones de tu especie. - Explicó, viéndole montar cuidadosamente. Aún entonces, el pegaso seguía tranquilo. La miró a los ojos antes de alejarse de su rostro, yendo a la montura. - Ella cree que no lo harás. No así. Como sea, yo estoy listo. -

Trepar sin la ayuda de sus alas para despegarle del suelo no se compararía con el esfuerzo de subir infinitos tramos de escalera caracol a pie, pero tendría sus propias complicaciones. Tras mirar con algo de confusión el estribo, la montura y el lugar que todo ocupaba, Reyson terminó por meter el pie donde debía e intentar levantarse con torpeza, debiendo sujetarse de uno de los hombros de Marth para pasar detrás, tardando un tanto en lograr acomodarse. Al hacerlo, resoplando en irritación por lo difícil que todo parecía sin utilizar sus alas para impulso sino apenas abriéndolas un poco para equilibrio, le dio una suave palmadita al pegaso para indicarle que era hora de partir. Sin necesidad de más, el equino alado hechó a trotar hacia adelante, tomando algo de impulso antes de comenzar a batir sus alas, separando sus patas del suelo al fin. Alejándose de la plataforma y planeando a través del enorme espacio abierto de los cielos, la criatura movió sus patas con cierta alegría, como si galopara sobre el mismo aire, antes de comenzar a aletear a ritmo lento y estable. El viento se percibió con mucha más fuerza entonces, tan agradable que el ave no pudo evitar entreabrir sus alas también, aún si estaban dañadas, para sentirlo pasar contra y entre sus plumas.

Recordando al humano y lo distinta que debería ser para él aquella experiencia, Reyson se acercó tras su espalda, mirando por sobre su hombro lo que hiciera con la riendas o si pareciera bien sujetado a su lugar. No resultaba difícil, pues le llevaba un buen tanto de altura al muchacho. Cuidadosamente apoyó una mano tras su hombro, para no sobresaltarlo. - ¿Has hecho esto antes, príncipe beorc? ¿Puedes volar a solas con ella? -
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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Marth el Lun Feb 06, 2017 4:54 pm

Estaba conforme e incluso feliz de lo que estaba haciendo, nunca se había alejado demasiado del castillo volando, mucho menos solo y ahora haría un viaje extendido de varios kilómetros a lomos de un pegaso, esperaba poder mantener el control del animal en todo momento, sobretodo con el tema de mantenerlo tranquilo y relajado, los pegaso eran criaturas mucho más sensibles que los caballos normales, si sentía que su jinete se alteraba seguro también lo haría, si temía o se ponía nervioso podría hacer que el animal ya no lo quisiera sobre su lomo, y a buenas decenas de metros de altura y en medio del océano que separaba los continentes no era buen momento para que ocurriese. Que la garza le hablase al pegaso le tranquilizaba y despertaba aún más curiosidad, sorprendido que le dijese que el pegaso pensaba en él de esa manera sintió el rubor calentar sus mejillas, su mano se adelantó con cuidado y le dio unas caricias a las esponjosas crines del pegaso, sonriendo enternecido por aquello - No sabía que podía hablar con los pegasos. ¿Puede hacerlo con otros animales o solo con los pegaso? - miró sobre su hombro un poco antes de acomodarse mejor en la montura, enderezó su espada y ajustó sus muslos contra el cuerpo del caballo. Este comenzó a moverse y avanzar, sus alas se estiraron y el viento pareció levantarlos cuando las patas del animal dejaron de tocar el piso.

El príncipe peliazul se mostraba tranquilo, no era una experiencia nueva, estaba pensativo en lo que había dicho la garza, sobre la pureza y los varones de su raza que se desarrollaban de manera violenta. Hizo repaso en lo que más conocía, su familia, su hermana siendo una dama delicada, dedicada a la iglesia, irradiaba paz a su paso Su madre, había sido una mujer muy respetuosa, silenciosa, también dedicada a la iglesia y siempre tranquila. Su ex prometida, siendo una jinete pegaso era alguien energico pero para nada violento, de hecho odiaba la violencia y peleaba por la paz de su gente... por otro lado tenía al hombre que había sido su padre en vida, un guerrero fuerte, estricto, de mano pesada. Los caballeros cercanos a él, hombres altos de hombros anchos que blandían hachas de guerra y tridentes como si no fuesen más que palos y ramas. Incluso Eliwood, un hombre civilizado inclinado a lo social más que para la guerra tenía amor por los caballos de guerra y las armas. Podía entender con un poco más de claridad a lo que se refería la garza. Sumido en pensamientos la mano en su hombro le hizo tensarse un poco pero enseguida se relajó sonriendo a nueva cuenta - No es la primera vez. Una amiga de la niñez es jinete pegaso y me ha acercado a ellos desde que era niño. Esta yegua la he montado varias veces y es uno de los pocos pegasos de la cuadra real que parece estar cmpletamente tranquila con mi presencia. - se quedó pensativo unos momentos antes de confesar - Me gusta volar, me gusta ver desde esta perspectiva el mundo y sentirme alejado de todo... es una libertad que en el castillo no gozo. Y me gusta la compañía de los pegasos tanto como la de mis caballos y mis perros, incluso la de mis aves y liebres en el jardín. - no llegaba a terminar de comprenderlo pero era el sentimiento de que los animales no esperaban de él nada más que cuidados y cariño, no veían coronas de oro y ropas de seda, si no al humano que les daba su compañía y alimento. Era una compañía ajena a su título y que le hacía poder relajarse y pensar en cada movimiento, cada palabra que fuese a decir. Donde podía dejar de ser un príncipe y empezar a ser un adolescente.


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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Reyson el Sáb Feb 11, 2017 3:54 pm

No sabía ni para qué se tomaba el tiempo de darle explicaciones serias y reales a un beorc, iba en contra de su forma normal de actuar, o lo que podría esperar de ellos. Pero había salido. En cierta forma le interesaba que el joven príncipe lo supiera, para que se mantuviese en el camino que su compañera alada esperaba de él. Y una vez que ya había empezado, se le dificultaba demasiado seguir mostrándose reacio o forzándose a ver mal al humano; en el fondo, sabía que Marth estaba corrigiendo lo que fuera prudente corregir y aprendiendo de lo que decía, como ningún humano había parecido interesado en hacer antes. No podía evitar continuar, sin impaciencia ni irritación, sin rechazar sus preguntas. Suspiró contra el viento de las alturas. Con todo lo que viva. Mi raza se comunica con todo lo que vive. - Dijo. Podía entrar en detalle sobre su bosque, las criaturas, los árboles, pero no deseaba esos pensamientos en su mente en aquel momento. Tenía suficiente con todo lo que había pasado. Sólo apoyó las manos en el pelaje del pegaso, atento a si esta parecía cómoda con el peso que cargaba. - Ella ya sabe por donde llevarnos, me aseguraré que no pierda el camino, pero deberás ser cuidadoso en el regreso. -

Al parecer no sería tan complicado, si el beorc de cabello azul ya había hecho eso antes. A medida que lo escuchaba, Reyson comprendía que sus palabras calzaban a la perfección con la impresión que la criatura tenía de él, la familiaridad percibida y la cuidadosa aceptación, pese a tratarse de un hombre. Explicaba la anomalía de que le permitiese montar. Aún así, debía de ser un varón bastante particular, para tener las cualidades que aquellos animales requerían en un compañero. Resultaba un tanto intrigante. Por otro lado, satisfecho de poder comprobar que el joven continuaba diciendo la verdad en cada instancia, la garza sonrió plácidamente; era tranquilizador de saber, dentro de todo.

- Entonces es claro que a ella no le molestará. - Dijo, viendo por sobre el hombro del humano al animal relajado, prácticamente yendo por sí mismo, con sus riendas bastante sueltas en manos del muchacho. No haría falta que ayudase mucho. Sólo estiró una mano para tocar bajo las manos del beorc, nada incómodo con tener que pasar el brazo alrededor de él, apoyando los dedos en el cuello del animal. Este en breve ascendió un poco, a una altura en que el paisaje celeste y las nubes les ocultaban prácticamente todo. No había mucho más que ver sino mar debajo, de todas formas. - Ni a ti, este viaje que harás a solas después.... - Agregó. Lucía contento y podía sentir que verdaderamente lo estaba, con ese momento de apacible libertad. Comprendía que le era un alivio, mas no del todo por qué era tan inusual salir a hacerlo. Pegaso y jinete seguramente estarían de acuerdo en volar a solas en cualquier otra ocasión, si las cosas se daban con la calma y lentitud necesaria. No era algo en lo que pudies entromerse mucho. Sólo apartó su mano y se relajó en su lugar, con ganas de abrir las alas totalmente contra el viento, pero demasiado consciente de la falta de plumas interiores como para hacerlo. Apenas entreabrió un poco y respondió con calma. - Aprovéchalo. Sería bueno poder hacerlo más a menudo, ¿no es así? Pero si no es algo que pueda darse cada vez que gustes, aprovéchalo esta vez. -

Era una agridulce nota final para todo lo que había estado pasando. Su encuentro con Marth, la ayuda, la estadía en Altea, el horrible incidente con los hombres del castillo, el regreso del regente y esa despedida que, aunque no era dada con odio, probablemente sería un adiós muy duradero. Las cosas habían salido horriblemente mal, no porque fueran incapaces de comprenderse o llevarse, pero había sucedido. Aunque Reyson compartiera la disposición del príncipe y aunque estuviese seguro de lo que percibía en él, no había nada más que hacer. Descendería en Tellius, y dejaría en manos de la diosa si debiesen encontrarse o no otra vez. De momento, sólo guardó silencio al disfrutar del viaje y dejar que el viento se llevase un poco de su cansancio. Con la suma delicadeza que caracterizaba a los suyos, puso sus manos a ambos lados de la cintura del menor, para sujetarse de él mientras cerraba los ojos. No creía dormirse allí arriba, pero reposaría, lo necesitaba.
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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

Mensaje por Eliwood el Jue Mar 02, 2017 11:02 pm

Tema cerrado. 50G a cada personaje.
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Re: Pájaro enjaulado no canta, lamenta. [Privado | Marth - Reyson]

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