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¿Bienvenida? Te sacaran de aquí con los pies por delante [Campaña] [Priv. Lyndis]

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¿Bienvenida? Te sacaran de aquí con los pies por delante [Campaña] [Priv. Lyndis]

Mensaje por Justine Lorsange el Dom Mayo 15, 2016 11:20 pm

Mirando en dirección a sus terrenos, Justine se atrevió a intuir de que ese día trascurriría en la más lánguida de todas las calmas.  Caía una lluvia espesa y fría, como una cortina de agua que volvía imprecisas las figuras que se descubrían a través del vidrio de su ventana. El diluvio se precipitaba con violencia sobre sus terrenos, removiendo las zonas de tierra que estaban desnudas de hierba, y empapando la copa de los árboles que iban más allá de esos muros destruidos que otrora protegían al castillo. La única sobreviviente de la familia sabía que luego de esa tormenta le esperaba una jornada larga y laboriosa, de secado y acondicionamiento, en aquellas habitaciones que se encontraban en la parte más alta de cada torre y cuyo techo estaba aún agujereado. Hasta el momento, Justine no había encontrado la forma de rellenar tales carencias: ya sea por no haber dado con el material correcto, como también por falta de conocimiento en lo que respecta a cualquier tipo de reformación edilicia. Manejaba la posibilidad de secuestrar a alguien competente para la faena en un futuro, pero antes de ello debía de superar otras cuestiones que consideraba aún más importantes; como por ejemplo, el asegurarse de que cada vez que mirase hacía esas enormes aberturas no se le frunciera el ceño o se le achicase el estómago unas dos tallas. En efecto, tales heridas en su morada habían sido hechas, como tantas otras, en la primera invasión al castillo por parte de los emergidos. El solo mirar esas cicatrices en la piedra suponían para ella un trance amargo que no solo le llenaban la boca con un sabor a sangre y arena, sino que también implicaba una ofensa terrible a su orgullo titánico.  Cualquier marca en el castillo que remitiera a ese primer encuentro de cara al dolor, al miedo y a la impotencia que había sufrido, le redescubría como una persona  terriblemente desgraciada. Así que el día que pudiese hacer frente a éste hecho sin estremecerse, festejaría el asesinato de su propia debilidad planteándose con más seriedad la reconstrucción de esas zonas tan maltratadas.

Ma vie… ¿Estás pog aquí? —

Rompió el silencio y, como si hubiese recitado algún conjuro con su voz áspera y fría, en la habitación se precipito una mezcla de sonidos rastreros y sibilantes que se encaminaron en su dirección. Sonidos que a cada segundo se intensificaban e iban imponiéndose sobre el murmullo de la lluvia. “Meré” o “Megé” (como su pobre pronunciación le permitía) era una enorme boa constrictor, que ingresó en el cuarto arrastrando su pesado vientre sobre la alfombra raída de caracteres bizantinos. Se deslizó bajo la larga mesa, serpenteando entre los soportes de madera labrados a mano, para finalmente dar con la silla de su dueña (en la cabecera más alejada en referencia a la puerta). Ésta estaba orientada en sentido contrario al que se supone debería tener, mirando hacia la altísima y angosta ventana ojival en lugar de la mesa. Justine observaba la lluvia con una expresión de abstracción absoluta, en tanto la boa se le enredaba en las piernas, apoyaba parte de su figura en los muslos femeninos, y recorría su cuerpo hasta descansar la cabeza sobre sus hombros tan estrechos.

La habitación en si misma era más larga que ancha, al punto de que únicamente la mesa rectangular alojada en el centro  ocupaba un 70% del espacio. Coronando la puerta de entrada había un ciclópeo retrato pintado al óleo de un hombre muy pálido y muy serio, con sendos ojos amarillos  y el cabello renegrido; tenía algunas marcas en las comisuras de su boca y en la mitad exacta del ceño que comunicaban un enorme desprecio por la vida y sus misterios. Una mano de dedos larguísimos y reumáticos sostenía una copa con un líquido negro, y la otra señalaba al suelo, en dirección a la puerta . Tanto la pared hacia donde estaba orientado el frente de Justine, como la que estaba a su izquierda, se encontraban surcadas por vertiginosos ventanales de vidrio grueso y esqueleto de madera de cerezo; aberturas elegantes y protegidas que dibujaban contornos pálidos sobre las partes de la mesa, suelo y sillas que lograban acariciar con su lánguida luz. El resto del comedor se encontraba cubierto de sombras espesas y cansinas, que se tragaban las antorchas apagadas, los escudos que adornaban la pared derecha, junto con sus pequeños retratos y bellísimas esculturas en plata y en mármol. En el lugar de la mesa que se supone ocupaba la dueña del castillo, había una copa tallada en hueso que estaba servida de vino hasta la mitad; así como también un plato de madera vacío manchado de sangre.

En aquellos instantes, la chica se preguntaba qué era lo que podría hacer en esa mañana de matices grises y murmullo incesante. Desde su posición tenía un pantallazo parcial a la zona norte, en donde se hallaban desordenadas y dispersas una totalidad de 17 dianas con las cuales solía practicar en días menos húmedos. Barajando sus opciones, la idea de mojar la madera de sus flechas en la intemperie no se le hizo muy atractiva, y llego a la conclusión de que no se moriría por un día sin practicar. Observo la cantidad de huesos humanos abandonados a su suerte, junto a las dianas y cerca de la muralla de ladrillos que separaba a sus humildes terrenos del bosque en sus tres metros de altura. Justine llego a pensar que podría recolectar los cráneos de las últimas víctimas de “Meré” con el fin de recomponer el camino de adoquines  que cruzaban el terreno, y unían la enorme puerta de ingreso al castillo con el portón de salida de la muralla. Concluyo también sería buena idea resguardar en seco las pilas de madera para la leña que se encontraban afuera, antes de que la humedad les arruinara por completo;  o intentar zurcir las prendas que había usado en su última misión.

Había un millón de tareas por las que optar… y, sin embargo, a razón de uno vaya a saber qué,  Justine no podía separar sus ojos de la copa de los árboles. Había algo que no le terminaba de cuadrar en el entorno, una agitación distinta, un murmullo incesante… o quizás era su propia imaginación, a la que solía costarle muchísimo aceptar una jornada de paz como un regalo para su maltratado sistema nervioso.
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Re: ¿Bienvenida? Te sacaran de aquí con los pies por delante [Campaña] [Priv. Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Mar Mayo 24, 2016 1:43 pm

Lyn soltó una maldición al viento al tiempo que continuaba su desenfrenada carrera entre la arboleda. La incesante lluvia no ayudaba en la tarea, haciendo más pesadas sus ropas, enlodando el terreno y brindándole una que otra zambullida en el barro en sus intentos por romper campo de visión con sus perseguidores.

El ruido de las gotas al caer y las ramas meserse era de tanto en tanto interrumpido por el seco sonido de las flechas enemigas clavándose en los troncos de la arboleda, asegurandole que su zigzagueo constante cuanto menos estaba dando resultados. En aquella desesperada situación, cualquier buena noticia ayudaba a su moral y le daba energías para no parar.

¿Como una simple emboscada de tantas había terminado de aquella manera? Había actuado con cautela, sus movimientos prácticamente mecánicos a base de la experiencia y repetición.

Había seguido las pistas, les había observado en la distancia y había esperado hasta que hicieran campamento. Observó sus figuras iluminadas en la distancia antes de acercarse y ocultó como siempre a Madelyn lejos del campo de batalla para evitar cualquier rastro de su presencia.

Y cuando estaba tan cerca de su objetivo, cuando estaba terminando el ultimo tramo en pos de comenzar la larga espera antes del ataque... Le encontraron ¡Y no fueron simples bandidos!

Silentes. Esos malditos seres que colmaban Sacae como una plaga, que dejaban la hierba quemada a su paso cuales langostas gigantes de ojos rojos. Si los bandidos eran bestias en piel de hombre los silentes eran demonios, insectos, criaturas más allá del entendimiento y de cualquier clasificación posible.

¿Pero cómo? ¿Por qué? Había visto el día anterior a los bandidos. Incluso aquella fogata que le guió era de su campamento... ¿Acaso habían sido acabados por aquellos seres antes que ella legara?

Desgraciadamente no pudo obtener respuesta, ni tomarse el tiempo suficiente para especular. Simplemente pudo huir. Era aquella una batalla perdida, superada numéricamente y sin el factor sorpresa. Con los silentes siempre la superioridad numérica estaba de su lado, cual insectos donde había uno siempre había más. Tarde o temprano siempre llegaban más.

Corrió, con los primeros rayos del alba oscurecidos por gruesas cortinas grises que pronto comenzaron a descargar con fuerza contra las llanuras, obligandole a huir a las arboledas con la esperanza de perder a sus perseguidores. La gracia de Hanon estaba de su lado de poder siquiera haber cruzado campo traviesa a pie y continuar con vida.

Así había llegado al predicamento actual. Con el sol oculto poco y nada podía especular cuanto llevaba corriendo y escapando. Aquella situación inesperada le había descolocado al completo al punto que le costaba discernir siquiera en que dirección había huido. Ya habría tiempo para ello cuando la lluvia cesara y su vida no corriera riesgo. Eran SUS llanuras al fin y al cabo, le era imposible mantenerse perdida en sus propias tierras, no era algo de lo que preocuparse en verdad.

Y fue por esto que grande fue su sorpresa al encontrar su camino impedido por una muralla ¡Por Hanon! ¡Una muralla en Sacae! Por un momento barajó la posibilidad de haber huido lejos, más allá de la protección de los vientos de Hanon en tierras extranjeras... Pero era imposible, a menos que aquellas criaturas demoníacas le hayan llevado al mismo averno del que provenían... No era una pensamiento muy alentador.

El ruido de una flecha pasar zumbando junto a su rosto y golpear contra dicha muralla le hizo salir de sus cavilaciones y pasar a la acción. Poco tardo en hacer uso de un árbol cercano para asirse de la parte superior del muro que casi doblaba su altura... Y fue en la cima de aquella construcción, tan ajena a sus queridas llanuras que obtuvo al fin la respuesta de donde se encontraba, sintiendo un escalofrío que le hizo considerar voltear y entregar su vida a sus perseguidores...

El antro de la perdición, el castillo infernal, el fin de los viajeros, el agujero de silentes... Diversos nombres con los que los nómadas y viajeros conocedores se referían a aquel bólido de piedra recorrieron su mente, dejándole sin aliento. De niña había escuchado historias sobre aquel lugar y porque no era bueno acercarse, historias de demonios, de gritos desgarradores en la noche y de exploradores que nunca más se les vio el rastro tras entrar. Le había visto en la distancia de adulta, una decena de veces incluso... Pero nunca tan de cerca. Nunca tan imponente frente a ella, sobre ella...

Aun así se lanzó muro abajo, aterrizando sobre el lodoso suelo y comenzando su carrera entre el cadavérico camino. Si como las leyendas decían aquel lugar era la muerte misma para todo perpetrador, pues enfrentaría su final de frente, como una guerrera.

Solo rogaba a Hanon... que no le esperase algo peor que la muerte.
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Re: ¿Bienvenida? Te sacaran de aquí con los pies por delante [Campaña] [Priv. Lyndis]

Mensaje por Justine Lorsange el Miér Jun 01, 2016 8:20 am

Sin poder dar crédito a lo que veía, parpadeo varias veces y dio un par de palmaditas suaves al orondo cuello de “Meré”. Ésta enseguida capto el mensaje, y se deslizo lentamente de los hombros de su señora hasta al suelo, arrastrando su pesado vientre fuera de la silla para no verse a sí misma como un obstáculo. Justine se puso de pie y se dirigió raudamente al vertiginoso ventanal por donde estuvo husmeado la tormenta durante todo ese tiempo. Había algo en sus movimientos ligeros, de hombros hacía atrás, espalda recta y barbilla en alto, que patentaba la aristocracia de su cuna (una nobleza que no iba precisamente ligada a los buenos principios).

Miro atentamente a través del vidrio, sólo para confirmar que esa minúscula mancha de colores claros que se había trazado en el horizonte de su muralla no había sido producto de su imaginación; y que, en efecto, ésta se aproximaba a toda velocidad hacia donde ella estaba. Supuso que su objetivo era el de alcanzar la enorme puerta de hierro que servía como entrada al castillo, y que actualmente estaba protegida por un gran rastrillo de cilindros gruesos que funcionaba como segundo filtro de personas indeseables (suponiendo que uno cuenta a la muralla como primer impedimento). Justine entorno sus ojos ambarinos e intento evaluar la situación. Puede que la forma de correr de ese individuo ajeno a sus deseos y simpatías le remitiera a un animalito asustado; por lo que pese a que sabía que le mataría tarde o temprano, sentía que no debía depositar en él o en ella toda su hostilidad, al menos no de momento.

Cinco segundos después de haber resuelto eso, sus sospechas se concretaron al descubrir otras manchas más oscuras y de movimientos más torpes dibujándose sobre el muro, logrando repetir el salto del primer intruso, y  persiguiéndole a éste como si se tratase de un cerdo al que había que darle caza.

Como era de esperarse, su apetito de sangre entro en conflicto con la violencia que se le despertaba ver a otra persona que no es ella pisando el terreno heredado de sus antepasados.  Elevo el labio superior en una mueca de asco y sintió un calor intenso al nivel del abdomen. Había algo en sus expresiones de disgusto que le asemejaban más a una gárgola pálida que a una mujer común y corriente: con sus enormes ojos abiertos de par en par, el ceño fruncido y una mueca en la boca que dejaba a la vista un conjunto de dientes blancos, modelados para hacer daño.

— Si segá imbécil… de todos los lugages que podgía escogeg paga que le maten ¿Tenía que elegig éste pgecisamente?... —

Se separó de la ventana con un gesto brusco, rodeo la mesa por el lado derecho y se detuvo en la última silla que se encontraba más cerca de la puerta de salida del comedor. Sobre el asiento yacían depositados su arco y carcaj, este último cargado con 19 flechas. Dos elementos de los cuales jamás se despegaba, siquiera cuando dormía arropada en las frías entrañas del castillo que le vio crecer.

Ma vie… ve a mi habitación ya...—

Le ordeno a la serpiente. Enredo la mano en la correa de la aljaba gris con arabescos de plata y se la colgó en la espalda, para luego tomar el arco en ristre y salir a paso ligero por la puerta, doblando hacía la izquierda.  

Mientras se encaminaba por los estrechos y altos pasillos del castillo, trataba de imaginar en qué punto se encontrarían del patio de armas en ese momento, y cuál sería el número total de invasores. Supuso que la primera figura habría llegado ya a la torre del homenaje que exhibía la enorme y ancha puerta de hierro, totalmente cerrada, con sus rejas protegiéndole como si se tratase de un velo gigante de tejido grueso. Dudaba que le hubiesen alcanzado, ya que a cada lado del portal principal se disponían unas altísimas gárgolas de piedra, que superaban los cuatro metros, y que además ostentaban unas facciones demonizadas y grotescas que resultaban perfectamente escalables. O también podría haber tomado la precipitada decisión de trepar por las robustas ramas de una enredadera que su familia permitió que creciera a su gusto y antojo durante años, y cuya espesura se había encargado de tapar por completo las ventanas y las piedras salientes que conformaban al primer piso del castillo. De ahí se podía escalar hasta algunas de las ventanas  de la segunda planta, que tenía varios de sus vidrios rotos y que podían ofrecer una entrada improvisada si a uno no le importaba demasiado dejarse algún trozo de piel por el camino. Mientras Justine descendía apresuradamente tres pisos  por una mareante y oscura escalera de caracol, llego a la conclusión de que las posibilidades podían ser infinitas. Segundos más tarde, cuando arribo al segundo piso, puso un pie en el rellano y se encamino por el primer pasillo, doblando hacia la derecha. Conto una, dos, tres, y cuatro puertas, antes de llegar a la quinta y abrirle apresuradamente.

Una oleada de aire frío y húmedo como un lamento le golpeo la piel del pecho, hombros y de la cara. Había entrado en una de las habitaciones con el vidrio de la ventana partido (en este caso, por la mitad izquierda), que permitía que el agua de la lluvia entrara descaradamente, mojando el alfeizar y la piedra del suelo. Por lo demás, la habitación era una de esas tantas destinadas a “posibles” huéspedes que la familia nunca tuvo ni quiso tener. Contaba con una cama de dos plazas, sin sabanas. Dos pequeñas mesas ratonas de madera de cerezo a cada lado de la misma, completamente desnudas y con una gruesa capa de polvo por arriba. Un guardarropa venido a menos por las distintas inclemencias climáticas. Dos sillones de terciopelo gris dispuestos en la mitad del cuarto, separados por un metro y medio de los pies de la cama, y que enfrentaban una mesa circular con una copa sucia encima.

Se dirigió hasta la ventana, tratando de entender mejor que era lo que estaba ocurriendo en el patio de armas. Al principio su principal objetivo fue  el de ponerle unos rasgos concretos  y un género al culpable de esa indeseable congregación en sus terrenos. Pero entonces la cara se le transformo cuando conto a más de 20 personas desperdigadas y a la carrera entre sus dianas... 20 personas cuya agresividad y color de piel conocía perfectamente, y sintió como la rabia le enturbiaba más el humor. A sabiendas de que aún no le habían visto por no ser el objetivo buscado hasta el momento, la joven asesina saco una de sus flechas para colocarla adecuadamente en el arco y tensar la cuerda. Entonces saco la cabeza, los brazos y parte del torso por el notable agujero en el vidrio de su ventana, sin importarle que la lluvia le empapara el cabello, el rostro y permitiese que unas gotas frías como el mármol perlaran la piel de sus brazos y descendieran por las suaves curvas de su espalda, apenas abrigada por una blusa de seda negra  que usualmente usaba para dormir.  
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Re: ¿Bienvenida? Te sacaran de aquí con los pies por delante [Campaña] [Priv. Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Sáb Jun 04, 2016 10:28 pm

Comenzó a surcar a grandes zancadas el largo terreno que la separaba de la gigantesca construcción de piedra. La muerte parecía regar el extraño campo, con claros indicios cadavéricos de peleas pasadas, por no decir masacres. Tal como las leyendas decían, aquel era el destino final de muchos viajeros y bandidos.

Escuchó entre el traqueteo de la lluvia el pesado sonido de sus numerosos perseguidores aterrizar junto al grueso muro que segundos atrás había sorteado. Un escalofrío recorrió su espalda, distráyendole un instante y haciendole resbalar en el lodoso suelo. Instantes después, mientras atrerrizaba rodando escuchó el zumbido de dos proyectiles pasar por sobre su cabeza, esquivando la muerte por suerte pura.

Rápidamente, haciendo uso de manos y piernas se incorporó desesperadamente y continuó la peligrosa carrera. Su centro de gravedad bajo, zigzagueando entre las dianas desperdigadas en el terreno rogando que fueran resguardo suficiente ante las saetas enemigas. Y al parecer lo fueron, dado que se vio al fin frente a la gigantesca puerta de metal coronada por aquellas demoníacas criaturas.

Su cuerpo se saltó un respiro ante aquella imagen espectral, ante aquella visión que auguraba más y más el destino inevitable que encerraba aquel lugar. Pero fue solo ese el tiempo que se atrevió a gastar en su sorpresa, la muerte a sus espaldas se acercaba con una marcha constante que no podía de ignorar.

Dos pasos y miradas cautelosas a ambos gigantescos seres antes de cerciorarse de su estática existencia antes de seguir adelante. Debería apostar su vida en que no se moverían aun cuando les diera su espalda.

Un par de zancadas le dejaron frente al pesado e imponente portal... E inamovible tras intentar irrumpir en el mismo sin resultados. Chasqueó la lengua, maldiciendo aquella costumbre extranjera de cerrar el paso del viento en sus queridas llanuras. Amagó con desenfundar su espada y derribarla a fuerza pura...

Pero tras mostrar tan solo unos milímetros de su hoja desistió, sabiendo lo inevitable del acto ¿Acaso enfrentar la muerte a sus espaldas era el único destino que le quedaba?

Desvió su vista hacia el campo, donde el silente ejercito avanzaba en su dirección encuadrado por las gigantescas espaldas de piedra de aquellas monstruosas esculturas. Una batalla en las puertas del inframundo... Cuanto menos sonaba a un final para una guerrera como ella.

Lyn cerró los ojos un instante, sintiendo la lluvia recorrer su cuerpo y soltando en un largo suspiro sus preocupaciones al viento. Aun allí el viento de Hanon soplaba, aun en una zona profana para las sagradas llanuras de la nómada... Era una certeza alentadora cuanto menos.

Desefundó su espada y la apuntó contra sus enemigos, que en respuesta detuvieron su formación. Escudos firmes, lanzas al frente.

Y así la nómada cargó contra ellos.

En su boca se dibujó una sonrisa al tiempo pasaba junto a los perfiles de ambas criaturas de piedra y seguía su carga por el campo ¿Cuantas veces había puesto su vida al limite en el campo de batalla los últimos 5 años?

Vivir por la espada, morir por la espada. Un día más en su vida.

Los arcos enemigos tras la linea enemiga se tensaron, aferrando la nómada con más fuerza el mango de su espada. Solo el viento sabía lo que le deparaba...
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Re: ¿Bienvenida? Te sacaran de aquí con los pies por delante [Campaña] [Priv. Lyndis]

Mensaje por Justine Lorsange el Miér Jun 15, 2016 5:33 am

Inicio: 19 flechas en el carcaj.

Justine tensó la cuerda del arco hasta establecer el punto de anclaje en su mejilla derecha. Ya había elegido al primero de sus múltiples objetivos, así que lo único que tuvo que hacer fue esperar a que todos se quedasen quietos y organizados en lo disciplinado de una formación militar. Aguardo unos pocos segundos más, y al cabo de esos instantes la punta de su primera flecha cortó el aire henchido de humedad en un haz delgado y veloz, hasta clavarse hondamente en el cuello del arquero dispuesto en la esquina izquierda de su correspondiente fila. Éste se desplomo en el suelo con la contundencia de una pesada bolsa, y aunque la lluvia no le dejo visualizar el profuso chorro de sangre que debería de estar manando por el tajo, Justine sonrió ante la expectativa de pasar la jornada entera  apagando vidas como quien sopla al envejecido fuego de una vela mustia y exhausta; diluyendo sus  primeros accesos de rabia.

Rápidamente se escondió adentro de la habitación, con la cara, el cuello y torso calados hasta los huesos. El viento empezó a soplar con  más fuerza, y el color ceniza del cielo llego a adquirir un matiz oscuro y plomizo. Tomo otra flecha del carcaj y se atrevió a reservar unos pocos segundos para elucubrar una mera reflexión. Llegó a contar unos cinco arqueros en formación, así que lo más sensato sería intentar matarlos a ellos antes que a ningún otro, dada la ventaja que tenían éstos en los enfrentamientos a distancia. Las puertas de acceso al castillo estaban cerradas y bloqueadas por sus respectivos rastrillos, necesitando mucho más que el filo de las armas o lo ardiente de una convicción ciega para hacerlas ceder… y ninguno de los individuos abajo parecía cargar con artillería pesada. Sin embargo, había un elemento más en la formula; un elemento que ahora debería estar agotado por la persecución, con frío y la adrenalina embotándole los sentidos. Un elemento fuerte y persistente… un elemento que ella podría usar a su favor y luego arrancarle la piel con los dientes a modo de comité de bienvenida, como bien hubiesen ofrecido las antiguas cortesías de su venerada madre.  

Nuevamente tensó la cuerda del arco y se asomó por el agujero en el vidrio de su ventana. Se sorprendió al comprobar que nadie veía en su dirección, aunque sí percibió una ruptura en el orden anteriormente establecido. Algunos de los “no invitados” se localizaban inextricables en una batalla encarnizada, y otros, menos ardidos con su primer objetivo, estaban desperdigados entre las dianas. Justine supuso que buscaban al culpable del primer ataque a distancia, y pronuncio aún más su sonrisa de dientes punzantes; le gusto verlos así, se le antojaron como animalitos inseguros y desorientados en medio de la lluvia.  Estableció un nuevo objetivo, y lanzo una segunda flecha que fue a parar en la nunca de otro arquero.  No obstante, al momento que se metía en la habitación, escucho un zumbido de volumen progresivo. Con el cuerpo completamente adentro, se corrió hacia la derecha agazapándose en el auxilio de la gruesa y húmeda pared. Ladeo la cabeza en sentido contrario a la ventana  y escucho un estallido de vidrios, que se desplomaron sobre el alfeizar y el suelo como una cascada de destellos y de lucecitas pequeñas.

— Genial… –  Musito, en tanto ojeaba el estropicio — Como ellos no tienen que limpiaglo …–  

Entonces el rostro se le ilumino con una nueva idea, de esas que uno siquiera puede decidir si son fruto de la inteligencia o consecuencia de una locura incipiente.

Con paso decidido marchó hasta el deslucido guardarropa, cuya madera se sentía blanda por la humedad y tenía zonas separadas en gruesas lascas. Lo abrió  de un movimiento tan brusco que la puerta de la derecha se desligo de sus postigones y cayó al suelo en un estrepito. Todo ahí adentro olía a muscínea y a polvo, pero eso no le impidió a la chica tantear la base del mismo hasta dar con un trozo de seda grisácea. En su posición podía escuchar cómo se acrecentaba el volumen de los gritos y de los gruñidos afuera, pero ella sabía que necesitarían mucho más que simple agilidad si intentaban escalar las gruesas enredaderas que abrazaban profusamente a toda la primera planta, sin que ella les bajara de un flechazo primero. Una segunda saeta intento ingresar en la habitación, pero se estrelló en el esqueleto de madera que hasta hace unos pocos minutos se había dedicado a sostener lo que restaba del vidrio ahora desecho. Divertida por la ineptitud ajena, chasqueo la lengua en señal de reprobación y fue hasta el desastre de cristales en el suelo. Tomo uno y se recostó en la pared que enmarcaba la ventana, quedando momentáneamente resguardada de cualquier otra tentativa de intrusión.

Sin ningún reparo, enterró la punta del vidrio en su palma izquierda, pronunciando un tajo desde el nacimiento del dedo pulgar hasta el otro extremo de la mano. Una acción mecánica para ella, frecuente y deliciosamente liberadora. Se enrojeció en el esquema de trazos y pliegues naturales una delgada línea, de la cual empezaron a brotar gruesas perlas de sangre que luego se desplegaron, uniéndose en una única mancha tibia y suave de crecimiento paulatino. Apoyo la tela gris en los dedos extendidos de la mano lastimada, para entonces remojar el índice de su diestra en la sangre y comenzar a dibujar una cruz en su superficie. Entrecruzo dos gruesas líneas en un ángulo recto, para después trazar un círculo en la unión de estas dos perpendiculares, como si fuese un anillo dispuesto en la mitad exacta. Espero unos diez segundos a que se secara, y luego anudo el retazo de tela en la parte superior del asta de una de sus flechas.  Mientras hacía eso, sintió dos silbidos que se precipitaron por el agujero de su ventana, aunque no manifestó ni la más leve inquietud cuando uno de esos dos proyectiles sí pudo ingresar en la habitación.

Confiando en sus instintos, se volvió a asomar sobre el alfeizar. Dos de los tres arqueros que quedaban con vida buscaban entre las dianas otros proyectiles que pudiesen usar, ya que sus carcajes estaban completamente vacíos; en tanto el tercero parecía evaluar con la mirada (y no sin cierta inocencia en su descuido)  cual sería el sitio más óptimo por el que empezar a trepar. Justine aprovecho para mirar en dirección a las gárgolas que custodiaban simbólicamente la entrada a su noble refugio. Entre las mismas se reñía otra lucha, y no le quedo duda de que era ahí donde debería de dirigir el siguiente tiro.

— ¡Ey! –  Le grito, con su voz aguda y ponzoñosa levemente disminuida por el repiquetear de la lluvia. Disparó la flecha que ya tenía preparada, y ésta encontró su destino en la manzana de adán de uno de los lanceros que estaba más cerca de ese guerrero o guerrera que aún no tenían rasgos definidos para ella.

Se escondió ágilmente  en la habitación a tiempo para esquivar otros dos proyectiles, que, sin embargo, esta vez no llegaron siquiera a clavarse en el marco inferior de la ventana.  Otra vez pego la espalda a la pared y tomo una de sus flechas. Tenía parte de su muñeca izquierda empapada de sangre, aunque la mancha se veía irregular y diluida gracias a las gruesas gotas de lluvia. Respiraba agitadamente y sus ojos amarillos estaban alterados por las fuertes cantidades de adrenalina bombeada de su cerebro al sistema nervioso.

Se preguntaba si la criatura con la que buscaba asociarse se habría percatado de su llamado de atención y, más importante, sí siquiera era capaz de notar aquel elemento impropio en la vara de una flecha. No quiso gritárselo, ni hacerlo demasiado obvio, porque aún ignoraba los límites intelectuales de los monstruos que les asediaban. En la tela había trazado una rudimentaria representación de la cruz que se alzaba en la pequeña capilla dispuesta en el patio trasero del castillo, a la cual se podía acceder bordeando el campo de armas.  Una edificación pequeña y vertiginosa, de altísimos ventanales ojivales que exhibían grotescas imágenes en su cristalería de colores. Imágenes que versaban sobre distintas formas de morir, cual más dolorosa que la anterior, contando con: el empalamiento, el degollamiento, el desollamiento, la inmolación, el ahogamiento, la amputación de miembros, la consumición involuntaria de metales derretidos  e hirvientes, entre muchos otros métodos que en su momento servían como un recordatorio a perpetuidad de las posibles consecuencias de una desobediencia a cualquier principio de la familia Lorsange.

Estaba en parte cubierta por las mismas enredaderas que se aferraba al castillo, y si bien era cierto que la entrada principal estaba completamente escondida, en la parte de atrás se podía descubrir una pequeña puerta colocada para el ingreso de una servidumbre ya muerta, afianzada por una falleba débil y fácil de romper  si uno le acertaba un golpe brusco en el lugar correcto.  


Inicio: 16 flechas en el carcaj.
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Re: ¿Bienvenida? Te sacaran de aquí con los pies por delante [Campaña] [Priv. Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Miér Ago 03, 2016 11:26 pm

Y en el viento llegó su ayuda, cabalgando en él como las saetas de la patrona de los nómadas. Cortando la lluvia a su paso, y haciendo flaquear, cuanto menos un instante, la fogosa e inhumana mirada de sus opresores.

Apretó su carga a todo galope, sus piernas moviéndose con toda la fuerza que le permitían para irrumpir entre medio del bosque de lanzas frente a ella. Con los arqueros ocupados, el bronce de su espada encontró rápido el ojo de un oponente que, desplomándose inerte, rompió al fin la formación la férrea enemiga.

La inercia le llevó a rodar más allá de su victima, incorporándose tras las filas enemigas. Lyn no dejó que su cuerpo tuviera tiempo siquiera de detenerse, sabiendo que el momento en que parara lo haría también el viento en sus pulmones.

Como una bestia, dejando a su mente embriagarse con la adrenalina, se abalanzó con todo el peso de su cuerpo contra uno de los flancos con que ahora contaban los silentes. Derriboles, haciendo que aquellas ropas infernales volvieran al mismo lodo del que habían salido.

No tuvo tiempo de aprovechar con la punta de su espada los cuellos listos para la ciega, rodando rápidamente fuera del camino de las lanzas que se abalanzaban sobre ella.

Un calor comenzó a emanar de su costado, no atreviendose a ver siquiera el grosor del caudal carmesí que debía de haber allí. Dejaría en manos de Hanon aquel interrogante de momento o de lo contrario tendría el largo y solitario camino para examinar con detalle sus heridas.

En respuesta la diosa envió cabalgando en el viento otra saeta. Certera, mortal. Pudo sentirla atravesar el espacio junto a ella, acariciando en su trazo sus mejillas. Escuchó el pesado cuerpo caer, retumbando entre el estrépito de la lluvia y asegurandole que pese a todo, no estaba sola.

Rodando fuera del camino de otra lanza y cruzando su filo con el ajeno con vigor renovado, fue que vio en detalle el proyectil de su auxilio. Tan solo un instante, un suspiro, y maldijo instantaneamente al viento entra jadeos al no poder quitar la imagen carmesí de sus ojos.

La sangre no era la marca de Hanon sino de aquello más allá, de lo innombrable, de aquello al amparo de las sombras y lo oculto.

La observaba algo ajeno a las puras intenciones de su patrona.

Un escalofrío recorrió su cuerpo, resbalando y sorteando otra arremetida enemiga por simple suerte o destino. Comenzaba a dudar de vivir aquellos instantes por propia habilidad, por presteza, y sentía una perversa e ineludible mano detrás de todo cuyas intenciones le costaba encontrar como bondadosas.

El combate ganó nuevas heridas en su cuerpo y ropas, moviéndose a lo largo y ancho del campo. Y fue entonces que volvió a ver aquella imagen, coronada esta vez por la luz que inundó los cielos un instante con un fuerte estruendo.

Aquella misma forma carmesí, pero esta vez en piedra fria y solida. Piedra que alejaba los vientos y le confirmaban que su benefactor era aquello con lo que un nómada no debe enfrentarse o vincularse.

¿La muerte o lo prohibido eran sus opciones?  Crueles y ridículas opciones le traían su destino aquel día.

Ella enfrentaba la muerte día, pero no se prohibiría de una chance de burlarse de ella una vez más.

Una patada y el inestable lodo derribó al suelo a otro enemigo y dejó que nuevamente sus piernas dirigieran su camino con todo el poder que sus carentes fuerzas le permitían. Otra luz inundó los cielos al acercarse a aquella forma de piedra más de cerca.

La muerte le dio la bienvenida, presentandose en vistosas y macabras formas en los extraños muros. Más gráfica que la misma realidad en algunos casos, más horroroso que cualquier carnicería de la que haya participado la joven.

Pero las puertas de aquel aberno también se encontraron cerradas, soltando otra maldición al viento, condenando al retorcido sentido del humor de su supuesto benefactor ¿Acaso simplemente le traía allí para ahorrarse el llevarle a las puerta del largo camino al terminar?

Pues le haría esperar de ser así, se mantendría abanti, se jactaría de la muerte un nuevo día, un nuevo amanecer.

Soltó un largo suspiro, decidida, y miro nuevamente hacia los enemigos que inexorablemente se reorganizaban para una nueva ofensiva. Las puertas del más alla tras ella, la muerte al frente.
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Re: ¿Bienvenida? Te sacaran de aquí con los pies por delante [Campaña] [Priv. Lyndis]

Mensaje por Justine Lorsange el Lun Oct 24, 2016 12:51 am

Inicio: 16 flechas en el carcaj.

Por unos cinco o siete minutos, para ella no existió otra cosa en el mundo que aquel intercambio de flechas. El aire húmedo contenido entre techo, paredes y suelo parecía hendirse en una sucesión de saetas que ingresaban o salían de la habitación; aunque ese vaivén de filos no parecía ser razón suficiente como para que la joven asesina abandonase su nuevo punto en la mitad exacta de la ventana.  Justine era una mujer muy inteligente, sí; pero, por sobre todas las cosas, era una Lorsange. Lo cual implicaba vivir constantemente a merced de una locura con sed de adrenalina e ínfulas de reina. Podría moverse lejos de la ventana. Podría intentar esconderse detrás de la pared en cada disparo que amenazara con ser certero (como había hecho antes). Podría también, si quisiera, esconderse en el pasillo y dejar que esos animales con cuerpo de hombre intentaran ascender por las enredaderas, permitir que le invadieran y dejar que las trampas en el castillo se encargaran de ellos.  

Podría hacer todo eso... pero no quiso.  

Tensaba la cuerda, apuntaba y disparaba; si le erraba o la herida que causaba directamente no era de muerte, repetía el proceso. Se agachaba o se movía hacía la izquierda o la derecha cuando había algo que esquivar, aunque jamás despegaba la suela de sus botas del piso. Ya sea por la preocupación de estar siendo invadida o porque simplemente la rabia era tan grande que quería ver el segundo exacto en el que pasaban de la vida a la muerte, la mujer se había transformado en otra gárgola más del castillo. Ella los miraba con la calma de los ángeles, sin una mínima arruga en el rostro que delatase su tensión. Ese era su hogar, después de todo; lo único que podría reclamar como suyo en este cochino mundo, y que iba a defender con la entereza de ese abismo que tenía por alma hasta el último minuto de su  existencia.  

Así fue que, entre tiro y tiro, cayeron los tres. La primera baja correspondió al que estaba trepando las enredaderas, muerto de flechazo en la yugular. El segundo, un poco más distante, sufrió una perforación en el oído izquierdo que termino por rematarlo, debido a que previamente había recibido otro tiro en el tobillo. Al tercero lo atravesó limpiamente en la cabeza, gracias a una punta lítica que ingreso con toda violencia en la cuenca de su ojo izquierdo. Justine, por su parte, lejos de quedar indemne, ahora exhibía un tajo profundo y sanguinolento en su hombro derecho que asomaba su boca desdentada a través de la blusa rota, rasguños en sus mejillas, un corte superficial en la oreja derecha y, por supuesto, una mano izquierda que no hacía más que sangrar sin mermar cadencias. Calada hasta los huesos como estaba, bajo el arco y se dedico a contemplar todo a su alrrededor. El suelo enmohecido cubierto de vidrios, flechas integras o rotas, gotas gruesas de su propia sangre que habían goteado separadamente gracias a lo brusco de sus movimientos, el mueble lastimado por los disparos y una ventana que había quedado completamente desnuda de su cristal.  

Asomo su cabeza empapada sobre el alfeizar, con todo el cabello negro pegado al contorno de sus mejillas.  El patio de armas estaba calmado. Habían algunos cuerpos caídos y desperdigados, cubiertos por esa espesa cortina de lluvia que ya había arreciado. Para su sorpresa,  ninguno de esos cadáveres pertenecía al primer intruso; eso quería decir que existía la posibilidad de que ésta persona hubiese entendido el mensaje. Sonrió sin humor. Metió la cabeza en la habitación, se agacho apresuradamente y tomó un puñado de  flechas enemigas en buen estado, sumándolas a las que aún le quedaban en el carcaj ( 9 suyas + 5 nuevas = 14 ).  

Entonces salió de la habitación y se interno por los pasillos, con la velocidad de una maldición, pudiendo guiarse a través de la espesa oscuridad con la facilidad de un gato desplazándose en la noche. Los altísimos muros de techo abovedado y salientes que emulaban a una red de venas gruesas, le regalaban cierta sensación de aislamiento. En tanto las armaduras desvencijadas, las arañas y los gusanos observaban el paso ligero de una Lorsange que siquiera se gastaba en devolverle la mirada a la sucesión de retratos familiares colgados a lo largo de su trayecto. Ella se abría paso entre sombras, aguzando el oído para que éste lograse captar algo más que el repiquetear de sus pasos o de su  respiración jadeante. Antes de llegar al extremo oeste del castillo, Justine dobló hacía la derecha y descendió una escalera corta de tres escalones, sumergiéndose en otro pasillo todavía más angosto, hasta llegar a colocar la mano en el pestillo de su única puerta. La asesina tuvo que ejercer cierto nivel de fuerza, apoyando el hombro sano a la hora de empujar, logrando que sus bisagras finalmente cediesen y la puerta se pudiera abrir.  

Esta nueva habitación era mucho más pequeña que la otra, con sus tres metros de ancho y dos de largo. Olía a pólvora, metales oxidados y aceite. A la derecha de la asesina se apilaban un montón de hachas, espadas, ballestas, filos de flecha despojadas de su vara y dagas en pésimo estado, en los que Justine siquiera se fijo en su carrera ligera hasta la solitaria ventana posicionada frente a la puerta.  La mujer corrió las cortinas de muselina negra y permitió que la fría luz mortecina de aquella tarde desnudara de sombras cada pliegue, filo o revés en la piedra. Acto seguido, giro el mecanismo del seguro y abrió los vidrios de par en par, asomándose cuidadosamente sobre el alfeizar para contemplar la escena que se desarrollaba frente a ella.  

La pequeña catedral se erguía oscura y solitaria, con su detallada vidriería en perfecto estado, desafiando con orgullo a las inclemencias del tiempo. Al igual que había ocurrido con el castillo, la vegetación se tragó un tercio de toda su longitud y las enormes puertas de madera tallada permanecían selladas. Sin embargo, lo importante ahora era que, pese a la lluvia, podía distinguir mucho mejor al intruso culpable de haber traído semejante carnaval a su castillo. Descubrimiento que supo sorprenderle... ya que jamás imaginó que la persona que había logrado sobrevivir en tierra, batallando cara a cara contra los engendros, pudiese ser, ni más ni menos, que una muchachita tan joven como ella. Sus facciones eran delicadas como una caricia, tenía el pelo imprudentemente largo, estaba calada hasta los huesos y sostenía una espada que, si hubiese sido otro el contexto, Justine hubiese pensado que su única función en el mundo era la de un adorno.  

No obstante, una vez analizado este punto, tuvo que redirigir su atención a esos diez u once emergidos que recuperaban su formación frente a la joven antes de volverla a atacar.  “Cómo se nota que un requisito indispensable para ser soldado, es ser un idiota... importa una mierda que vengas del mismo infierno” pensó, mientras cargaba su arco con una nueva flecha y apuntaba al emergido que estaba más adelantado. Respiro hondamente, tenso la cuerda hasta el punto de anclaje en su mejilla derecha, cerro el ojo izquierdo... y el proyectil voló hasta clavarse en el lateral del cuello del “hombre”, para luego contemplar como éste se desplomaba en el suelo.

—¿Eges de Sacae? –    Le grito a la chica,  en tanto cargaba el arco con una nueva flecha y volvía a apuntar. Justine no regalaba una imagen demasiado amable: con sus labios amoratados, piel pálida, la mano que sostenía el arco roja de sangre y un marco tan oscuro, como vertiginoso, alrededor de ella — La puegta de ing-eso a la catedgal está atgás, aunque vas a teneg que fogzagla de una patada... ¿Te sientes con fuegzas?... –  
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Re: ¿Bienvenida? Te sacaran de aquí con los pies por delante [Campaña] [Priv. Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Lun Nov 14, 2016 10:12 pm

Tensó su cuerpo y alistó en alto su espada, aferrándola con fuerza con ambas manos. La punta al frente y la hoja en paralelo al suelo. Sus piernas listas para despegar el suelo de una patada y abalanzarse como una fiera sobre sus oponentes.

Ellos tenían su formación y armaduras pesadas del ejercito silente de su lado.... Pero ella, cubierta de lodo, con el viento golpeando la lluvia en su cara y el calor de la batalla corriendo en sus venas... ¡Tenía la fuerza salvaje de las llanuras!

Si la muerte le esperaba de frente o a espaldas, dejaría la marca de los indomables nómadas en aquellos silentes que enviara al averno del que salieron ¡La ultima Lorca no caería así como así! ¡Caería como una guerrera!

Una saeta surcó nuevamente el aire, cortando la lluvia en su camino. Su cuerpo reaccionó al instante, no dejando que su mente cuestionase si responder a aquella señal del más allá era una condena o una ayuda en pos a su victoria.

Su destino ya estaba condenado al fin y al cabo desde el día que tomó su espada en pos de venganza ¿Que era una condena eterna más o una menos?

Cubrió con un salto la ultima distancia que le separaba de las lanzas enemigas, abalanzandose como una furia sobre uno de los acorazados enemigos. Su mente confusa y desperdigada, dejó que sus músculos reaccionaran por si solos y le guiaran, con aquella letalidad que solo los años de experiencia le habían dado. Ignoró la herida en el hombro derecho que le obligó a usar su espada solamente con su mano mala, ni se molestó en lamentarse por alejarse arrastrando su cuerpo con manos y piernas y rodando por el lodo hasta que su pelo terminó castaño y no verde. Tampoco se molestó en preguntarse porque no venían saetas enemigas en su busqueda ya, ni porque había otro enemigo abatido sumado al que ella había acabado...

Y entonces escuchó una voz, con una entonación que le era ajena y que se alzaba por sobre la lluvia, rompiendo la música propia del combate, destacando entre los gruñidos y ruidos de metales, los zumbidos y el golpetear del agua. Sintió que el tiempo se detuvo, su vista desviandose de forma instintiva para ver a aquella figura... Que pocas palabras tenía para describir.

Su primer instinto fue el pensar en un silente, con su arco tensado lista para matarle... Pero por algo los silentes eran pues... Silentes.

...Su benefactor... Uno de los demonios viviendo en aquel endemoniado portal al abismo que era la construcción de roca. Le era imposible discernir su forma exacta con la lluvia, la falta de luz y sus ojos irritados por el barro; hasta cierto punto agradecía no poder hacerlo, cualquier invento de su mente sería una mejor imagen de lo que debía haber tras aquel portal.

Le invitaba a entrar, le indicaba que hacer... Y sintiendo el tiempo retornar sobre sus músculos cansados, sobre su cuerpo mojado de sudor y agua, endurecido con capa tras capa de barro... Notó como su músculos se movían instintivamente ante la chance de supervivencia.

Soltó un corte para repeler una lanza que se colaba por su costado, y con un rugido ejecutó una estocada de avertencia que alejó al portador de una espada... Tras eso corrió.

Sus piernas se movían por si solas, siguiendo la pared de roca en rededor hasta encontrar la puerta en cuestión. Escuchaba el tintineo de la cota y placas que se acercaban a paso seguro sobre el lodo, por lo que no perdió el tiempo para dar una patada con todas sus fuerzas sobre la gruesa madera.

La puerta cedió, pero también sus labios en un grito al sentir como la herida en su costado se abría aun más y rompía su tolerancia al dolor. Calló al frente, trasformando rápidamente su caída en un ruedo a puro instinto hasta quedar en cuclillas mirando al exterior.

Su espada alzada apuntando a la apertura, apuntando a aquel portal que tenía el mundo real al otro lado. Estaba dentro... Dentro del abismo del castillo de roca.

Lyn sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, con un temor real y palpable que raramente sentía.

Su visión era difusa por el cansancio, las lagrimas de dolor y el barro. Pero podía ver las figuras dibujadas en la lluvia, cada vez más cercanas. No necesitaba verles el rostro, solo necesitaba mantener su espada en alto hasta el final.

...¿Y luego...? ...Solo Hanon sabía, pero ella mientras hubiera esperanzas de un nuevo amanecer, de un nuevo día de poder cumplir su misión, su venganza, se aferraría a ella.

Quedaba en manos del abismo ahora, y de su misterioso y espectral benefactor...

Lyn soltó sus temores y preocupaciones al viento de Sacae, y se preparó para lo peor.
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Re: ¿Bienvenida? Te sacaran de aquí con los pies por delante [Campaña] [Priv. Lyndis]

Mensaje por Justine Lorsange el Miér Dic 07, 2016 8:55 pm

Inicio: 13 flechas en el carcaj.

El interior de la pequeña catedral era tan lóbrego como un panteón familiar, y tan silencioso como la boca de los muertos que se alojaban en sus catacumbas. El estrépito de la lluvia contra las rocas al caer, el viento fuerte golpeando las gruesas paredes de piedra, el choque de metal de las armaduras y de las armas, todo eso iba perdiendo intensidad de manera dramática en la medida que uno se adentraba a las entrañas del claustro. Hedía a humedad, a tierra, a encierro; hasta la propia voz de quien intentase emitir una palabra allí se escucharía como un eco distorsionado. El templo Lorsange era una edificación dedicada a la calma, al sufrimiento y a la devoción a varios tipos de fuerzas todopoderosas que iban más allá de la comprensión humana. Además, por dentro aparentaban ser más grande de lo que se intuía mirándola desde afuera.  

Los altos ventanales, atusados con plomo y cristalería de colores, a duras penas disipaba las sombras en las hileras de púlpitos de piedra organizados a la izquierda y la derecha en la edificación. Cada antepecho con suerte llegaban al metro de altura, debido a que el enanismo parcial había sido casi una constante entre los integrantes de esta familia (los más altos se limitaban a encobrarse o arrodillarse directamente); sobre su superficie se descubrían larguísimos párrafos escritos en un dialecto propio, consistente en un conjunto de arabescos cuyo significado individual variaba en relación al orden en el que se acomodaran entre sí. En total habían cincuenta púlpitos, separados en dos hileras de veinticinco organizadas de a dos en doce filas, de atrás hacia adelante, dejando finalmente que un púlpito solitario a cada lado rematara ambas filas. Las características distintivas de estos últimos residían en que la piedra estaba notablemente sucia de sangre, no contenía ningún tipo de grabado y eran más altos que los anteriores. Esta formación de veinticinco y veinticinco se separaba por un pasillo de metro y medio de ancho, que desembocaba en una amplia escalera de treinta peldaños sobre la cual se exhibía un conjunto de estatuas cada cual más inquietante que la anterior.  

Seis quimeras, todas de tres cabezas con sus fauces bien abiertas: las de cabra miraban hacía el cielo o hacia el suelo, las de dragón abrían sus fauces amenazadoramente hacía el frente, y las que representaban a un león depredaban lo que parecía ser el lomo de una araña gigante con la cara de una niña asomándose hacía afuera al nivel de sus ojos, por sobre sus fauces. Este rostro comunicaba tanta paz, tanta belleza, tanta ternura... que pese a su pequeño tamaño resaltaba poderosamente en aquel monumento. Aunque quizás lo más trascendente fuera hacía donde estaba mirando esta cara. El tallado de sus pupilas se orientaban en dirección al suelo, específicamente hacia una trampilla a los pies de todos estos monstruos, subiendo las escaleras. Ésta trampilla estaba completamente abierta, y lo que uno podría encontrar al asomarse era una escalera de caracol que descendía hacia una oscuridad tan espesa que aparentaba ser de terciopelo.  

Justine, por su lado, disparó unas tres veces en tanto su “invitada” corría en la dirección indicada. Las dos primeras fueron a parar en distintos puntos en el cuello de un lancero, y una última muy certera pudo perforar a una desafortunada frente sin yelmo. No obstante, al observar como los nueve emergidos restantes se dedicaban únicamente a perseguir a la otra, escapando del alcance de sus tiros, la joven asesina guardo el arco en su carcaj y se subió al alfeizar de la ventana. Ir por el conducto que comunicaba al castillo con la catedral llevaría mucho más tiempo del que realmente tenía, y las puertas principales del castillo estaban clausuradas de forma permanente; salir por una ventana era la única opción viable ( recordando que todo el primer piso estaba aislado en el bendito antojo de la madre naturaleza). Justine se sentó en el vano, para alcanzar con la punta de su pie derecho la primer saliente de piedra a su alcance, afirmándose allí antes de voltear el cuerpo y empezar a descender ágilmente.  

Mientras escalaba hacía abajo, la lluvia iba empapando la totalidad de su menudo cuerpo, lavando la sangre de sus heridas y dejando las gruesas marcas de los flechazos enemigos al descubierto.

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Re: ¿Bienvenida? Te sacaran de aquí con los pies por delante [Campaña] [Priv. Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Mar Feb 21, 2017 1:19 pm

Se levantó con lentitud. La punta de su espada temblando pero sin caer al suelo. El momento en que su espada cayera, su vida también lo haría.

Con lentitud comenzó a retroceder, lentamente, su visión clavada en la puerta y en los ojos rojos que brillaban al otro lado del tétrico umbral. Una cortina de agua y un paso era lo único que los separaba del interior de piedra. Piedra... no podía existir en las extensas llanuras un lugar tan alejado del espíritu de los nómadas y de Hanon.

Los silentes parecían dudar de entrar, o eso creyó la nómada al tiempo que continuaba su lento retroceso. Hasta aquellas bestias del inframundo parecían temer a las puertas del abismo en las llanuras de Sacae.

E irrumpieron.

La escasa luz se apagaba aun más tras pasar por los cristales de las diabólicas ventanas, distorcionandose y alejandose de cualquier bondad que la luz traía. La corrompía y, a los ojos de la joven, parecía fortalecer a aquellas criaturas que cada vez se le hacían aun más incontables.

¿Cuantas ya había abatido ella y su misterioso benefactor? Sentía que eran aun más que un segundo atrás, pero le era difícil pensar con claridad ya.

Sonrió. Bueno, pensar nunca había sido su fuerte.

Entre hileras de extrañas protuberancias de piedra en el suelo, claramente con cierto propósito dada su regularidad, su espalda golpeó una superficie dura. Irregular. Con aquella irregularidad natural que...

Un escalofrío recorrió su espalda, volteando con rapidez, espada en alto, haciéndole a su herida proferir otra grito de dolor. Ni bien vio un cuello su espada cortó el aire, instintivamente, mientras sus ojos le transmitían a todo su cuerpo una sensación de terror absoluto ante la grotesca criatura ante ella.

La bestia permaneció inmóvil, su espada atravesando su cuello... Y rompiéndose ante la dureza de la roca, la punta volando lejos y cayendo por un abismo oscuro que no había percatado.

Soltó una maldición al observar su ahora inútil hoja. Sus enemigos con los escudos en alto avanzando cada vez más y más cerca.

Sin opciones... Encomendó su camino a Hanon y se zambullo en el abismo oscuro. Cada paso pesado, doloroso, condenaba más y más su destino y el largo camino que parecía ya inevitable de surcar.

Con la escasa luz, desaparecieron así sus esperanzas, sus manos su única guía en aquel descenso al mismo inframundo. Hanon al fin le había abandonado a su suerte, lejos del viento y de su voz.
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Re: ¿Bienvenida? Te sacaran de aquí con los pies por delante [Campaña] [Priv. Lyndis]

Mensaje por Justine Lorsange el Jue Mar 30, 2017 5:10 am

Inicio: 10 flechas en el carcaj.

Apenas puso un pie sobre la hierba, Justine emprendió carrera hacía la puerta trasera de la catedral. En aquel descenso se había demorado lo suficente como para que su “inquilina” y demás "invitados" ya estuviesen resguardados de la tormenta en las entrañas del claustro. Mientras corría, sentía cómo el peso de la tela pegada a su cuerpo pretendía helar su piel sin ningún tipo de éxito; ya que no existía temperatura baja en ese momento que pudiera superar la barrera de calor levantada por el esfuerzo y la excitación de sus instintos. Cada exhalación era precedida por una densa nube de vapor que se disipaba entre gruesas gotas de agua y se perdía en las briznas de viento que lograban traspasar las murallas del castillo.  

Finalmente se detuvo frente a la puerta, mirando con recelo las regias espaldas de sus enemigos. Resultaba curioso, cuanto menos, darse cuenta de que parecían prestarle el mismo interés al interior del sitio que a su objetivo. A ciencia cierta, pocas cosas resultaban tan difíciles como el derivar una hipótesis sobre el posible nivel de inteligencia de aquellas criaturas; después de todo, jamás les escuchó hablar o expresar algo más que una tremenda ira, pero era un hecho de que tenían una curiosidad tan permeable como la de cualquier otro ser humano. Quizás hasta eran capaces de comunicarse de una forma completamente distinta, emitiendo sonidos o vibraciones de naturaleza sutil y compleja.  

Fuera cual fuese la realidad, la última Lorsange aprovecho esa rareza para entrar sin ser descubierta. Apenas cruzó la puerta, dobló por la derecha, pegando el hombro a la pared para mantener la totalidad de su cuerpo envuelto en sombras. Invertía el suficiente cuidado al caminar como para no emitir ningún ruido que la delatase. El estrepito del agua orquestado por la tormenta ayudaba bastante, al punto de que pudo llegar a la esquina inferior de la catedral sin mayor percance. Con los ojos acostumbrados a la escases de luz,  encontró la "razón" que le había llevado a dirigir todas sus decisiones hasta ese lugar.  La pértiga de la palanca de hierro pegada a la pared lucía esa cuestionable belleza de todos los objetos que por alguna u otra razón eran olvidados en el tiempo. Un pedazo de nostalgia: frío, húmedo y sucio por el paso de los años. La inactividad le había abandonado a merced de las arañas, quienes no tuvieron reparo alguno en tejer y tejer sobre ella como si quisieran esconderla por alguna razón. Los ojos del dragón repujado en la empuñadura lucían opacos y dolidos. Quizás si la situación fuese otra y ella no tuviese los índices de adrenalina tan elevados, aquella imagen podría haber atrapado a su pequeño corazón en una melancolía de lo más azul.  

Justine inhalo profundo antes de cerrar los dedos en la pértiga del dispositivo, como si estuviera estrechando la mano de un viejo amigo.  

Antes de hacer nada volvió a mirar a los emergidos... aunque las acciones de la joven terminaron por llamar más su atención. Quizás el agotamiento había empezado a hacer estragos en su cabeza, quizás las luces filtradas por los ventanales de colores molestaban a la percepción de alguien desacostumbrado, o tal vez era que jamás en la vida se topo con una estatua. Sea cual sea la explicación, aquella criatura de pelo largo arremetió sorpresivamente contra la piedra rompiendo su espada. Calificar semejante movimiento de “estúpido” era quedarse corto. Aunque a esas alturas se necesitaba mucho más que actuar como un crio desorientado para desacreditar  todo el valor que mostró tener antes; esa mujer era una guerrera, sin lugar a dudas. Justine aguardo paciente mientras ésta descubría la trampilla abierta en el suelo y se escabullía en su garganta con la agilidad de una rata. Momento en el que los soldados ya habían avanzado lo suficiente como para considerar jugar su siguiente carta. Unos pocos pasos más, y llegarían a la última fila de púlpitos; esa hilera que sólo exhibía un pequeño estrado a cada lado y que éstos, a su vez, estaban cubiertos de sangre seca, a diferencia de sus otros 48 compañeros de piedra incorrupta.  

En ese instante la luz intempestiva de un rayo cegó la catedral por unos segundos, precediendo el rugido de su trueno. Justine entendió eso como una señal y bajo la palanca con todas sus fuerzas. Esos tres años de inactividad habían duplicado el esfuerzo requerido para activarla, al punto de que sólo ahí se le ocurrió que el mecanismo podría estar estropeado por el desuso.  No obstante,  su hogar no le defraudo y, apenas logró que la palanca llegara hasta el piso (y no sin mucho dolor), se desató una siniestra sinfonía de escándalos en el techo. La fría música de las cadenas, los resortes y los engranajes excepcionalmente rudimentarios contaminaron el ambiente; eran los sonidos correctos manifestándose en el momento adecuado.  

Los nueve soldados miraron hacia arriba, tratando de entender que estaba pasando sobre sus cabezas, en esa cúpula ennegrecida que se encontraba lejos de la mano de todo dios. Fue ahí que un fino destello corto las sombras en un haz diagonal descendente. La guillotina no era nada especial, a duras penas llegaba a los tres metros de ancho y su hoja herrumbrada desacreditaba buena cuota del filo de antaño. Sin embargo, por la potencia de la caída logró destrozar esos tres cráneos desgraciadamente posicionados en la "línea de peligro". La arista incrustada en cada cabeza los arrastro de derecha a izquierda por el suelo, salpicando de sangre púlpitos y adoquines antes de que los cuerpos inertes se desplomaran en el suelo como juguetes rotos. Pero pese a la crudeza del primer impacto nada mermo la inercia en el vaivén de semejante instrumento; que seguía  danzando  pendularmente de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, en una suerte de muro variable y cruel que separaba a los monstruos de la joven mujer escondida en la trampilla.  

Los seis restantes, o tuvieron suerte, o fueron lo suficientemente rápidos como para retroceder y mirar a sus espaldas al entender que no estaban solos.  Por su parte, Justine ya les esperaba: con una media luna dibujada en los labios y el arco en ristre preparado para atacar.  

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Re: ¿Bienvenida? Te sacaran de aquí con los pies por delante [Campaña] [Priv. Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Miér Abr 19, 2017 12:17 am

Juró que las paredes temblaron, precediendo el atronador sonido que bajó con fuerza y fiereza a las profundidades, envolviendo a la nómada y deteniéndole en su andar.

Tras su paso, solo un ruido constante y rítimico sonaba ahora tras de ella. No más pasos, solo aquel ruido y el sonido de fondo de la lluvia que era ya tan solo un acompañamiento más de aquella escena.

¿Había sido una señal? ¿Era Hanon llamándole a que regrese? ¿O era acaso una bestia infernal que se había desatado?

Se estremeció, recordando aquella figura de piedra deforme y horrenda salida claramente de la mente de alguien que había visto al abismo a la cara. Si acaso una de aquellas bestias había cobrado vida no le hubiera sorprendido en lo más mínimo.

Recostó un instante su espalda en la pared de piedra y pudo al fin tomarse un instante para pensar. El cansancio y la adrenalina hacían costosa esa tarea que jamás había sido su fuerte, y al detenerse comenzaba a sentir las punzadas y el calor de las heridas que ya conocía... y otro tanto de heridas de las que comenzaba a enterarse.

Palpó la herida de su otro brazo, de aquella extensión de metal y comprobó en la oscuridad tras herir su dedo en la punta cual era la magnitud de los daños. Terminal, no había duda. Sus días de gloria habían acabado...

Giro su espada, cambiando el agarre de lo que era ahora tan solo una daga de mala calidad que prometía romperse con el más mínimo ataque... Y retrocedió sus pasos con calma, sus hombros chocando en un errático andar contra la pared de piedra hasta que pudo subir y contemplar nuevamente el interior de aquel altar a bestias infernales y terrores innombrables.

El mismo demonio sonreía desde las sombras, jactándose en los cuerpos de sus perseguidores que ahora se encontraban desplomados en el suelo. No todos, pero su numero era menor ahora.

Sea lo que sea se balanceaba entre ella y lo demás en aquella escena de pesadilla que jamás hubiera podido pintar por si sola. Era simple descubrir para ella lo real de la fantasía: su imaginación era escasa.

Sus músculos se movieron, con la poca presteza que le quedaban y se abalanzo a las espaldas. Más instinto que pensamiento.

Aquel viento, aquella forma pasó a su izquierda. Su brazo pasó el umbral imaginario que esta formaba, clavando los restos de su hoja en el cuello de una de las figuras que le daban su espalda y encontrando un lugar de reposo final. Su otro brazo asió del yelmo a otro silente y tiró con fuerza, su cuerpo mismo de contrapeso para desbalancearlo y.... Su mundo giró.

Sombras, luz, brillos de metal y aquella extraña figura en las sombras se fundieron en una sola imagen, en una sola forma que combinaba todo y entregaba nada a sus ojos. Por lo que los cerró con fuerza, soltando un grito ahogado de dolor por la nueva herida que sentía en su brazo y tras su cabeza.

Los cielos volvieron a descargar otro rugido furioso, cuya luz penetró por detrás de sus ojos cerrados. Los oídos le pitaban, el sonido de la lluvia se escuchaba ya como un recuerdo más que una realidad.

A tientas sacó de encima suyo el peso muerto, inerte, cubierto en metal que pesaba la mitad de lo que esperaba ¿Medio peso muerto?

Contuvo una carcajada. La adrenalina dejaba poco a poco su cuerpo y sonreír comenzaba a dolerle. Sentía algo húmedo tras su pelo seguido de algo duro de piedra. Pero ya no estaba segura.

En aquel abismo no podía confiar ni en sus ojos ni en sus oídos ya... ¿Acaso podía confiar en su tacto?
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Great Lord

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Nómada

Inventario :
Esp. de bronce [3]
Vulnerary [2]
Esp. de plata [6]
Llave de cofre [1]
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.

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Sindri
Luzrov

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Experiencia :

Gold :
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