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La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

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La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Pelleas el Vie Mayo 13, 2016 4:00 am

El mejor camino desde Plegia hasta Regna Ferox era a través de Altea. Fácil, directo, una ruta terrestre que podía transitarse en carruaje y sin demasiada demora. Para ello, Pelleas había pagado en Plegia el transporte que más confiable parecía: un carruaje grande y de grueso material, madera labrada y barnizada, llevado por dos caballos negros de gruesa contextura. Otro tanto de oro se había ido en pagar su pasaje en la frontera de Altea, respondiendo sin chistar a los protocolos, pues su ruta era simple y sus intenciones no trascendían de llegar rápidamente a Ferox a reunirse con un amigo. Estaba encaminado y aunque el viaje tardaría un poco, pues la distancia no era precisamnente corta, lucía como un recorrido tranquilo. Como primera regla de su servicio, el dueño del carruaje no hablaba con quien fuera o lo que fuera que se transportaba, y cobraba un bono bastante alto si debía de hablar o negociar con alguna suerte de guardia fronteriza o atravesar alguna otra complicación. Pelleas se las había arreglado por sí mismo en esos aspectos, así que a usos y efectos se contaba a solas. Apreciando, de igual forma, lo confiables y discretos que siempre le habían sido los plegianos.

Al interior del carruaje, bloqueadas sus ventanas por gruesas cortinas azules, el príncipe se ocupaba en leer. El leve traqueteo había probado ser más un incentivo que una molestia, así como la comodidad de su puesto. Con la espalda apoyada en un costado y las piernas estiradas a través del largo asiento, se enfrascaba a su gusto en una novela ficticia, una intrincada historia de traiciones y tretas situada en el Imperio de Valm, previo y a través de su caída. Vuelta la enteridad de su atención en la historia, a escasas páginas del final, se le hacía ajeno e irrelevante cualquier ruido del exterior; los cascos de otros caballos, voces, ocasionalmente un chasquido distante y misterioso. Nada que pudiese despegarle de las páginas. Aún cuando la ya mortecina luz comenzó a disminuir más y más, nublándose de sopetón el ambiente de una tarde antes despejada, Pelleas prosiguió tercamente. El mismísimo protagonista de la novela moría, el último miembro de la farsante y traidora familia. Una muestra increíble de justicia poética.

Sólo cuando en aquellas amargas pero satisfactorias líneas concluyó la lectura, el joven heredero cerró el libro con respetuoso cuidado y alzó la vista al oscurecido entorno. Habría creído que caía la noche, de no ser porque estaba seguro de que era demasiado temprano para ello aún. Entreabrió la cortina para mirar afuera, al cielo engacapotado y negruzco. Nubes cargadas apareciendo de súbito, de vez en cuando un sordo crujido de trueno. Adentrándose en el área, su carruaje comenzó a aminorar el paso, deteniéndose por completo en pocos momentos. El tiempo no era tan malo, se atravesaba peor en Plegia; no comprendía la necesidad de parar. Al instante vio una formación de varios caballeros pasar galopando junto a su ventana, revestidos en armadura completa y portando tal calidad de armas y estandartes, que creería que escoltaban al rey del territorio. "Alteza", "princesa", algo de aquel estilo fue llamado a toda prisa. No comprendía nada en absoluto, pero parecía que eran algunos de aquellos caballeros los que había ordenado a su carruaje desistir de la ruta que tomaba, y tendría que interceder él mismo. Dejó su libro y se alzó de su asiento, abriendo la puerta del carruaje y apoyando el pie en el primero del par de escalones de descenso.

- Um. Mis disculpas. ¿Puedo preguntar qué sucede...? - Alzó levemente la voz. Las cosas allí afuera parecían mucho más agitadas de lo que un simple mal tiempo ameritaría, los caballeros reuniéndose en el camino un poco más adelante, en torno a quien seguramente les lideraba, y sólo un par de ellos quedando atrás para intentar que desviase su carruaje. Antes de que obtuviese respuesta alguna un relámpago encandiló la vista del mago, haciéndole de retroceder y cerrar los ojos un instante. Cegado de lo que ocurría en ese par de segundos, tan sólo pudo oír el poderoso chasqueo de varios truenos descendiendo a la vez, magia dirigida a varios puntos a su alrededor. Uno de ellos cayó directo sobre el techo de su carruaje, y aunque este era lo suficientemente fuerte como para soportarlo, el impacto logró dejar una gran marca negra en el mismo, así como tapar por completo los oídos de Pelleas, dejándole oyendo tan sólo un continuo pitido.

Estaba dentro del área de peligro, sin dudas. Las nubes negras volvieron a arremolinarse sobre el área, los caballos volvieron a movilizarse; alguien volvió la cabeza en su dirección y le habló, Pelleas vio sus labios moverse, pero no pudo oír una sola palabra. Sólo el ruido agudo en sus oídos. No sabría si le habían pedido permanecer, retirarse, salir de su carruaje o ocultarse de regreso dentro del mismo, pero no quería que su único transporte fuese dañado y su ruta quedase impedida. Se introdujo tan sólo para tomar un libro de magia y, decidido, salió del carruaje.


Última edición por Pelleas el Dom Mayo 22, 2016 7:52 pm, editado 1 vez
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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Marth el Dom Mayo 22, 2016 2:09 pm

Había arribado acompañado de una pequeña comitiva de caballeros, el pequeño escuadrón no era más que 20 caballos contando al príncipe que los encabezaba con un corcel blanco de fuertes músculos, los animales ya estaban sudados y resoplando cuando llegaron a todo galope, atrás a marcha firme refuerzos a pie iban llegando cortando los caminos y auxiliando a los que escapaban de la zona de desastre. El llamado de auxilio llegó a oídos del príncipe mientras este, junto con sus hombres viajaban de regreso a la isla principal, regresando de una campaña exitosa cerca de la frontera con Plegia, mientras descansaban en un pueblo cercano había llegado un jinete alertando de un avance de un grupo de emergidos que se dirigía hacia allí. Los hombres de príncipe no dudaron en dejar su descanso para ir por los caballos, interceptarlos antes que llegaran al pueblo era lo primordial, retenerlos hasta que llegase la ayuda y salvar la integridad del pueblo y la vida de su gente, mejor si evitaban incluso alterarlos.

El cansancio caía sobre los hombros de cada uno, no habían esperado ser recibidos con tantos magos y una formación de acorazados delante. Los cansados animales comenzaban a ser torpes, las lanzas llegaron al pecho de algunos de ellos y el príncipe desmontó apenas teniendo tiempo de girar la cabeza de su montura hacia el pueblo y darle una suave palmada en sus ancas para que regresase, el caballo estaba suficientemente ataviado de estandartes alteanos como para ser fácilmente distinguible como el caballo del ejercito, confiaba que los soldados que venían detrás lo interceptarían y llevarían a lugar seguro. Un acorazado atacó al peliazul, interceptando la lanza con su espada la logró apartar - ¡¡Concéntrense en la formación, desmonten y no rompan filas!! - ordenó con su voz cansada y manteniendo su espada en alto trancando la lanza para dejar al descubierto la defensa del acorazado bajó una línea de luz directo hacia el arma. Un grito agudo de dolor hizo que el príncipe soltase su espada y retrocediera con sus brazos entumidos y un fuerte dolor en su pecho, sus hombres acudieron de inmediato a él para cubrirle y dar muerte al enemigo inmediato. Los magos continuaban con sus libros abiertos leyendo tranquilamente, una de sus manos en el aire convocaban las nubes oscuras, despreocupados de la carnicería que se estaba dando frente a ellos entre alteanos y sus propios compañeros.

Los refuerzos llegaban, pocos a batalla estando al gran mayoría cerrando el camino y evacuando a los viajeros, un par de soldados discutiendo acaloradamente con el dueño de un carruaje que se negaba a desviar o parar, ya un hombre de Altea sostenía a los caballos del carro por sus riendas evitando que avanzaran. El golpe del rayo asustó a los caballos y alteró a los hombres que discutieron con más fuerza, ahora gesticulando con sus manos para disuadir al dueño de seguir avanzando, alarmándose más cuando vieron bajar al que parecía un miembro de la nobleza. Ignorando el pitido en el oído de la mayoría uno intentó razonar con él - ¡Por favor regrese! ¡Su alteza de Altea se encuentra con sus hombres luchando contra los enemigos! ¡Si no desean desviar, les ruego que retrocedan y esperen! - Ya no intentaban hacer desviar, pues veían que era inútil.

El príncipe, habiendo retrocedido se apartó un poco de sus hombres, asistido por un caballero que le acercaba su arma e insistía en que se retirase. Sus guantes estaban enegrecidos y al quitarlos vio sus manos con grandes quemaduras que subían hasta sus antebrazos en una ramificación que mostraba el camino que el rayo había tomado por su cuerpo. Con un gesto de dolor y sus ojos al borde de las lágrimas tomó la botella que colgaba de su cadera y recibió la ayuda del caballero para abrirla y poder beber su contenido, tragando casi de una sola empinada la medicina de amargo sabor. La figura parecía menuda junto a sus hombres, el adolescente desentonaba en aquel campo de batalla como lo haría un ave del paraíso entre halcones, su cabello azul estaba sostenido por una tiara de oro y una pequeña joya roja, pese a tener armadura ligera protegiendo sus hombros y pecho la misma no parecían propia para un campo de batalla, bordes de oro y con la capa sostenida por una pieza de oro y rubí parecía más vestido formal que para luchar. Su cuerpo delgado quedaba aún más en evidencia por el contraste de su caballero a su lado y la ausencia de armadura en el resto de su cuerpo solo mostrando un traje azul de cola larga sostenido por un cinturón donde colgaba la funda de su espada, los pantalones ajustados y las altas botas eran óptimas para montar pese a que ahora se encontraba en tierra. El dolor comenzaba a menguar y ni bien pudo sujetar su espada nuevamente le dedicó una sonrisa al preocupado caballero y pese a que este le miró con severidad le permitió regresar a la formación.


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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Pelleas el Dom Mayo 22, 2016 10:07 pm

Aún con los oídos tapados e invadidos por ese molesto pitido, y aún con el incipiente dolor de cabeza que sentía ya generarse, Pelleas podía entender perfectamente que los soldados no querían que procediera por esa ruta. No necesitaba oír con claridad para comprender sus apresurados gestos, como tampoco necesitaba mucho para saber que había una batalla librándose justo allí, a la que necesitaban regresar cuanto antes. Distinguía con facilidad un conjuro de truenos de una tormenta que llegase naturalmente, y aquello era magia. Una estática en el aire que entumecía, para nada accidental. Cual fuese el combate que tomaba lugar en el área, había magos involucrados en él, muchos de ellos si se guiaba por la forma en que habían conseguido encapotar gran parte del cielo sobre su cabeza. Magos muy entrenados, o en su defecto muy bien organizados. Y si era crudo respecto a lo que yacía frente a sus ojos, diría que aquellos magos llevaban la ventaja por sobre los cansados y maltrechos soldados.

Una situación complicada. Si a él también le atacaban, apostaría a que el lado de los magos era un ejército de emergidos. Es significaba que no tendría necesariamente que involucrarse, pero cambiar de ruta o demorar más su viaje no era una buena opción para él; la persona que le aguardaba en Ferox estaría allí por poco tiempo, si él no llegaba pronto todo el camino sería en vano. Tenía que abrirse paso y estaba dispuesto a hacerlo, así fuese tan sólo abrir camino para su carruaje. No temía. Conocía la magia cercanamente, sabría arreglárselas. Si realmente eran muchos, entonces se confiaría un poco a su resistencia y atacaría con más ahínco a matar, pero nada mermaría su avance. El príncipe se presionó el tabique de la nariz y apretó los ojos cerrados, esperando que el punzante dolor de cabeza recediera al menos un poco, y tras ello avanzó más allá de donde había detenido el carruaje, a través de los hombres armados. El tomo de magia negra fuertemente sujeto en su diestra estaba casi sin uso, tendría que bastar para lo que enfrentaría.

Los hombres de Altea ya no estaban poniéndole atención a él, menos si se trataba de su sola persona avanzando por la ruta en lugar del gran carruaje moviéndose. Quien los lideraba parecía haber recibido daño, siendo replegado tras la formación para recobrarse; la prioridad pasaba a ser defender el frente y cubrirle. En su caminata hacia adelante Pelleas pudo presenciar casi todo el proceso, aquella persona siendo despojada de sus delicados guantes largos y luego asistida en tomar un curativo, pues con las manos quemadas por el trueno no lo sujetaba fácilmente. Resultaba no tratarse del rey de la nación costera, sino una figura mucho más pequeña, mas revestida de igual modo en telas finas, armadura ligera y condecoraciones de oro y joyas. Un heredero, quizás. El hombre de Daein se le acercó mientras tenía la oportunidad. Si apelaba a quien lideraba allí, tendía mejores posibilidades de que no le impidieran ir.

- Disculpe-- no interrumpiré por mucho, sólo un instante, por favor. - Pidió aprisa, sin prescindir de una breve y algo rápida inclinación de la cabeza. Habiendo alcanzado a la persona y estando frente a ella, le notó mucho más pequeña de lo que a distancia habría calculado. Cabellera azul en una corta melena, ojos cristalinos todavía por el dolor sufrido, rasgos suaves, manos tan delicadas que sorprendía verlas sujetando un arma. Armadura de pecho y hombros solamente, como la de una caballero pegaso. Pelleas recapituló lo poco que sabía sobre los múltiples príncipes y princesas en las familias reales de Akaneia, y se preguntó qué haría la princesa de Altea combatiendo en un sitio tan complicado, nada menos que al frente. No estaba desacostumbrado a ver mujeres en el campo de batalla, en Daein las había en gran volumen, mas una que luciese tan frágil era otro asunto. Ni siquiera se justificaba siendo una sanadora o una maga. No parecía algo seguro. No obstante, no estaba en lugar de opinar al respecto. Sólo se aclaró la garganta y prosiguió.

- Soy Pelleas de Daein. Necesito alcanzar la frontera de Regna Ferox cuanto antes, me temo que no hay otro camino que pueda tomar... p-pero, si me permitiesen seguirles, no estaría en su camino. Encontraré forma de pasar. Sólo necesito poder seguir por aquí. - Con ese pitido en los oídos no podía distinguir si hablaba demasiado bajo o demasiado alto, sólo intentaba hacerlo como siempre. Mantuvo la mirada en la de la dama en todo momento, sus ojos perpetuamente decaídos mostrando un gesto que acompañaba a su petición. Tras sus palabras un nuevo crujido eléctrico se escuchó a la distancia, aunque los rayos no caían todavía; Pelleas miró con aprehensión a la princesa y presionó un poco más. - Por favor. Tengo experiencia con magia, no seré una carga. -
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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Marth el Lun Mayo 23, 2016 2:19 am

Los soldados observaron como el pelivioleta se apartaba y se abría paso a travez de ellos hacia el frente de batalla, haciendo oídos sordos a sus advertencias y peticiones se lo permitieron, al menos no era el carruaje y seguramente desistiría al ver un verdadero campo de batalla. Con esas ropas y como estaba viajando estaban más que seguro que aquel noble no habría visto una batalla en pleno desarrollo. A medida que los soldados se desocupaban de atender a los civiles volvían al campo de batalla para servir de apoyo a sus agotados compañeros. Los hombres del príncipe mantenían a raya a los emergidos, costosamente caía uno y los gritos de los heridos eran aplacados por los golpes de acero y los estruendos de los rayos que de tanto en tanto iluminaban el lugar cegando por preciados instantes la escena, los gritos de los heridos preocupaban al príncipe, sus hombres caían y no tendrían refuerzos, no quería hacer una retirada hacia el pueblo y obligar a civiles tomar armas para defender o en el peor de los casos tomar sus pertenencias más preciadas para evacuar. Se encontraba en un estado crítico y el caballero que le acompañaba tenía aquello muy presente, listo para enviar al príncipe lejos de allí en cualquier momento.

Este mismo miró con el ceño fruncido adelantándose para interponerse entre el príncipe y el forastero que se aproximaba, siendo un hombre alto y ancho no llegaba a la altura dle mago, cosa que se vio reflejada en un instante de sorpresa en sus facciones cuando se enderezó. Sin embargo se quedó al margen cuando Marth se acercó para poder atender mejor al alto caballero. Los sonidos de batalla le tenían nervioso y urgido, aunque no tanto como para ser descortés e interrumpirlo, frente a él no secaría su rostro y sus ojos aún cristalinos se esforzaban por no dejar caer la lágrima que se acumulaba al borde de sus pestañas azules. Asintió con una sonrisa un poco forzada, más bien tensa - Sir Pelleas, la situación está muy comprometida. Normalmente no permitiría que un ajeno se viese involucrado pero bajo estas circunstancias aceptaré su ayuda. Mis tropas están al borde de su capacidad, venimos de semanas de batallas sin descanso en la frontera Plegiana. - el dolor en sus manos estaba pasando, donde antes habían estado las yagas de las quemaduras ahora se veía la piel ligeramente más rosada, sujetó la espada, esta era de hoja más delgada que una espada convencional, su mango curvo cubría parte de la mano y la punta terminaba fina y recta, un estoque mucho más ligero y apto para el estilo de pelea del príncipe - Mis disculpas por no presentarme, heredero a la corona, Mar... agh! - no llegó a terminar que la estática en el aire desapareció de pronto y se descargó un rayo que cayó cerca de donde se encontraban ambos, el destello cegándoles por un instante y el sonido azotando nuevamente sus oídos. El caballero había tomado al príncipe por los hombros para apartarle de donde quedó una gran mancha negra y humeante en el piso. Agitado y con la mano en su pecho miró la mancha y al forastero con preocupación - Por favor, si sabe lidiar con magos, nos sería de suma utilidad su apoyo. Su ayuda será recomenzada y me encargaré de que llegue a su destino a salvo y a tiempo. - sin decir más el joven intercambió miradas con su caballero antes de retomar su posición nuevamente hacia el frente.

Los hombres abrieron su formación permitiendo al príncipe volver a la pelea, nuevamente con sus manos útiles se aferraba de su espada usando su agilidad para da cortos pero precisos estoques a los enemigos de armadura, sus soldados se encargaban de bloquear los ataques poniendose en posición defensiva mientras el príncipe buscaba hábilmente los puntos más débiles como bajo los brazos o en la cintura para hundir la punta delgada de su arma y si bien no eran ataques letales debilitaban al enemigo. Era un trabajo lento y costoso pero el agotado y reducido ejército no podía permitirse más por el momento.


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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Pelleas el Vie Mayo 27, 2016 4:43 pm

Aguardaba la respuesta de la dama con una nueva persuasión en la punta de la lengua y una expresión casi de ruego ya, seguro de que se le diría que no. De allí, en parte, que omitiese mencionar tan prontamente su cargo, no venía a lugar y no ayudaría a que le aceptasen en el área de peligro. No obstante, no fue necesario reiterar más encarecidamente su petición, pues con bastante rapidez la líder aceptaba su auxilio. Podría ir con ella y los suyos. No era que pretendiese exactamente acudir por el reino de Altea, no le preocupaba en lo particular el destino de una tierra tan lejana a la suya, a fin de cuentas lo que deseaba era sólo hacer su camino a través del sitio. Sin embargo, si así era como resultaban ser las cosas, no le molestaba ni más ni menos acompañar al batallón; podía ser de ayuda y serlo siempre se sentiría agradable, cuanto menos. Además, debía admitirse que la joven muchacha frente a sí ganaba su admiración. Para ser alguien de tan frágil aspecto, precisamente la clase de chica que observaría encantado en un contexto menos caótico, ponía una increíble muestra de voluntad manteniéndose aún al mando de la situación y conteniendo las lágrimas acumuladas. No ostentaba el invencible aspecto de los generales experimentados, sino una realista vulnerabilidad. Pelleas no podía sino reconocer aquello, flechado de una inmediata empatía para con la muchacha.

En efecto, quería saber su nombre. Algo había aprendido en Ylisse sobre las familias reales de la zona, cómo la de Ylisse era unida a la de Altea y ambas casas contaban con un príncipe y una princesa. ¿O eran más de ellos? Posiblemente les confundiese con las aún más numerosas casas de Nohr y Hoshido. Como fuese, quería familiarizarse con la princesa alteana que tomaba cargo del frente de batalla, una tarea que él mismo estaba muy lejos de poder tomar. Con una larga y aliviada exhalación, inclinó la cabeza lo más posible ante ella. - Se lo agradezco mucho. Haré todo lo que esté a mi alcance, le prometo. - Murmuró, y aguardó atento su nombre. Interrumpida la voz de ella por el rayo que iluminó de sopetón el sitio, Pelleas no tuvo más opción sino la de dejar la duda yacer, pues claramente había asuntos de mayor presión que tendrían que estar atendiendo. En otro momento lo averiguaría.

Por ese entonces, tan sólo habiendo cerrado los ojos y vuelto el rostro en otra dirección ante el brillo, el mago oscuro miró consternado a la chica. La agitación en ella y la necesidad de la protección de sus guardias le hacían cuestionarse a cuenta nueva si estaba bien que se hallase allí, mas debía reconocer que eran justificadas, viendo la ennegrecida marca en el suelo junto a sus pies. Un ataque dirigido a ella con casi perfecta precisión. Verdaderamente eran buenos magos, con los que contaban los ejércitos emergidos. El príncipe extranjero tragó saliva y asintió una única vez, creyendo comprender a la perfección la insistencia de los caballeros en proteger tan cercanamente a la princesa. - Um. B-Bien. Así será. - Intentó mostrar que estaría bien y que sabía con qué lidiaba, mas su sonrisa era todo menos segura. Y sin embargo, viéndola partir de regreso al frente, quedaba convencido de que era ella quien necesitaba la ayuda más que la generalidad de su ejército. Él mismo querría asegurarse de que estaría a salvo.

Y quizás fuese el efecto de compararle con los fornidos caballeros a su alrededor o influyese inclusive el ensordecedor pitido en sus oídos, pero su voz tan leve y tan cuidadosamente entonada no había quitado ni por un instante su impresión de que trataba con una muchacha. En Daein no se veían varones con tales características, después de todo. El príncipe de cabello indigo sólo habría tenido a cierto bailarín de Begnion como referencia, hombre ahora leal a Daein que había subido a la carroza contigua de su carruaje, con la mayoría de las pertenencias y documentos de valor; volvió la vista en esa dirección al recordarlo, preguntándose si seguiría durmiendo a través del mal tiempo. Sería mejor que sí, prefería resolver las cosas a solas y sin involucrarle, proseguir con normalidad en cuanto fuese plausible. Tendría que ser veloz con ello. Observó cuidadosamente la formación que tomaban los caballeros y la princesa entre ellos, y supo al instante lo que sería mejor que hiciese: abrirse una rendija de paso y buscar a los magos para encargarse de ellos, como la dama le había pedido.

No tendría que ser muy difícil. Atisbó a los soldados que bloqueaban el paso de los alteanos, enfocándose en una de aquella pesadas y anchas armaduras, hechas para resistir; tendían a hallar poco que hacer frente a magia. Sin pensarlo en demasía entreabrió su tomo, quedándose tras filas para hallar el conjuro deseado y comenzar a invocarlo en un ininteligible susurro. Una vez visto lo que desaba emplear, no necesitaba terminar de leerlo, pudiendo recitar a memoria lo que proseguía. Pudo, entonces, bajar el libro en su camino hacia adelante, seleccionando a uno de los emergidos cerca de la princesa como la puerta que les abriría. Con un gesto decidido en sus movimientos usualmente torpes, puso el libro por delante y contra la rendija lateral en la armadura, alzando levemente el volumen de sus murmullos hasta terminar de conjurar; el aura oscura entraría de las páginas directamente al interior de la armadura, sin mostrar más que la quietud del enemigo, el ruido del hombre que se asfixiaba dentro del metal que le escudaba y la posterior caída del mismo, inerte. Hecha la pequeña apertura, Pelleas miró a la muchacha de corta estatura y agraciados rasgos. - ¿Podría ayudarme a buscar a quienes conjuran este mal tiempo? ¿Por favor? -
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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Marth el Mar Ago 30, 2016 6:47 pm

El ejército estaba agotado ya de los largos días de pelea, interrumpidos en su regreso a sus hogares recibían con alegría cualquier mano de ayuda que pudiesen recibir, incluso si venía de un desconocido que no aparentaba ser soldado, sin siquiera tener una espada entre sus manos. Altea poseía magos en el ejército, pero no eran tan numerosos como los soldados y caballeros montados que engrosaban las filas. La preparación de un mago era costosa, sus libros también lo eran y no eran muy versátiles en el campo de batalla, a lo sumo había unos pocos que lograban empuñar tomos y báculos dándole una ventaja sumamente amplia por sobre los demás, quienes lograban llegar a tener estas habilidades tenían un puesto asegurado en el ejército y con una muy buena paga, si no, era bastante difícil ingresar. Por eso mismo no fue de extrañarse que los soldados mirasen con escepticismo al mago que se acercaba sin armadura y como única arma un libro algo viejo, sin embargo no hubo queja siquiera ya que él mismo príncipe le había incluido en las filas.

El peliazul, cuidadosamente cuidado por dos grandes guardias, se abría paso intentando alcanzar a los soldados con menos metal encima, blancos en los cuales su espada fuese más eficiente dejando a los grandes acorazados peleando con sus soldados, pero uno se negaba a apartarse y tan grande su armadura que por más que la punta del estoque buscaba entre las uniones solo encontraba más metal sin lograr hacerse paso hacia el enemigo. Pasó justo junto a su hombro la mano del mago apretando el libro contra el enemigo, el espeso humo oscuro buscó su camino entre las placas y desbordando la misma no tardó en verde pequeñas fugas de espesa neblina negra caía, el enemigo perdió fuerzas y los caballeros junto al príncipe tomaron  este por los hombros para apartarlo del mago oscuro. Un pequeño revuelo se armó, un forcejeo interno del lado Alteano de uno de los caballeros sujetando al príncipe hacia atrás apartándole del hombre de Daein, un segundo caballero se interponía entre ambos mientras el príncipe de cabello azul forcejeaba para que le soltasen, los soldados alertaron enseguida - ¡Un mago oscuro! - - ¡Plegiano! - - ¡Un infiltrado! - a lo que la voz del príncipe se alzó, aguda por la desesperación - ¡Suéltenme! ¡No! ¡Este hombre es de Daein! ¡Está prestando su ayuda! -. Finalmente los caballeros le soltaron atendiendo los enemigos que intentaban tomar ventaja del temblor en la defensa Alteana aunque seguían mirando con desconfianza al mago oscuro, el príncipe se acercó aunque con más precaución que antes, notorio miedo hacia las artes que el otro dominaba - L-lo lamento. Le abriremos paso. - buscó con la mirada a los magos detrás de uno de los acorazados y un soldado enemigo, tocó la cintura de uno de sus caballeros, la parte donde solo había tela y no armadura para que pudiese sentirle y este asintió, enseguida se encargaron de atacar a aquel punto en específico para abrir una brecha en la defensa enemiga.

Los emergidos peleaban con energías que a los Alteanos le faltaban, pero la precisión de un ejército bien entrenado y de impecable disciplina, más por la presencia del príncipe allí, les hacían flaquear de a momentos, sobretodo cuando la pesada espada de un caballero trabó en el hacha de un emergido y la afilada punta del estoque del príncipe se hundió debajo de las costillas enemigas directo hacia su pecho, tan delgada la espada que la sangre de la herida solo manchó hasta la cintura del desafortunado pero volcando sangre al abrir su boca perdió rápidamente fuerzas y cayó al piso perdiendo poco a poco su vida. Con una brecha abierta hacia los magos el príncipe le permitió paso al oscuro - ¡Mantengan abierta la defensa enemiga! - ordenó y el ejército del país se reubicó al instante para cumplir dicha orden centrándose ahora en desarmar la formación enemiga más que en matar a los emergidos.


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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Pelleas el Lun Sep 12, 2016 5:42 pm

El humo que salía de la armadura enemiga no era una mala señal para él, si acaso sólo una indicación de que había invadido al emergido dentro con tanta de su magia que su cuerpo y el armatoste fuera ya no la recibían. Funcionaba suficientemente bien. En ningún modo habría anticipado, sin embargo, lo que ver su hechizo causaría en los soldados de Altea. El rechazo y el temor fueron tratados con una actitud defensiva, tan eficiente que Pelleas fue incapaz de reaccionar, siendo ya apartado de la princesa y bloqueado por un hombre que le veía como si la sombra del mismísimo Grima viviera en él. Plegiano, le habían gritado, y el joven mago no necesitaba más que eso para comprender. Le temían al reino; a sus magos arcanos; a él, por consiguiente. Alzó las manos un poco, soltando de inmediato el tomo oscuro y dejándolo caer a sus pies, temeroso de lo que podría suceder de otro modo.

La princesa no demoró en interceder por él, acrecentando la admiración que el muchacho de cabello ondulado albergaba ya por ella, su entereza y su valor. No obstante, la mirada en sus ojos no era demasiado distinta a la que los soldados dirigían a él, inclusive después de ser reconocido como un aliado en lugar de un enemigo. La admiración menguó. Un sentimiento agrio y pesado se asentó en el pecho de él entonces, jamás dispuesto a avergonzarse de la magia que tanto atesoraba, pero dolido igualmente de las miradas que le eran dirigidas por ello. Ella también temía. Agachando la cabeza, encorvando su considerable altura, Pelleas evadió por completo ver al rostro de la supuesta chica y dibujó en sus rasgos una débil, incómoda sonrisa. El viento de la tormenta llevó su cabello a obscurecer la expresión en sus ojos. - P-Pero... entienda, le ruego, yo sólo... - Los truenos distantes ahogaron en su crujido el murmullo, que igualmente no apuntaba a nada concreto, y el mago paró. Desistió de hablar al respecto, pues nada había para discutir y el tiempo no sobraba para intentarlo; sólo se agachó a recoger su tomo y empuñarlo nuevamente.

Aún era su intención ayudar, independientemente del incómodo altercado. Vio a la muchacha partir y reintegrarse al combate, perforando al hombre que se interponía en su camino y haciéndolo retirar. El combate cercano y la defensa de las primeras líneas eran algo que Pelleas no se sentía capaz de hacer, mas era por distintos motivos que no se atrevía a seguirla muy de cerca, aproximándose sólo cuando el camino a través de las defensas enemigas fue claro a sus ojos. - ¡G-Gracias! - Pelleas habló al pasar junto a ella, apresurándose a la oportunidad creada y enfocándose más allá. Detrás, entre la oscuridad del día antinaturalmente nublado. Allí podía distinguir las figuras de los magos del trueno, formando un círculo de tres hombres de pie, que conjuraban juntos sobre libros abiertos. Los vientos agitaban sus capaz y el trueno relucía sobre las páginas entre ellos, caótico y chispeante, antes de lanzarse a los cielos y acumularse en la bóveda tormentosa. Pelleas reconocía la mancomunidad, la amplificación de la magia causada por la colaboración de ellos tres; ese círculo, núcleo de todos los problemas de Altea, sería el que debería de encargarse de deshacer. Tragó saliva, apretó su libro contra sí y echó a correr en aquella dirección.

No obstante, no era ignorada su presencia ni inclemente su camino. Numerosas lanzas fueron puestas a su paso, para su suerte y debido al poco espacio, más astas que lo empujaban hacia atrás que puntas que le amenazaran. Algunas eran retiradas por lo que asumía era la intervención de los soldados de Altea, otras las evadía él mismo de alguna forma, demasiado enfocado en llegar a su meta como para temer en demasía a las estocadas que pasaban tan cerca. Cuando la distancia comenzó a cerrarse echó él a conjurar, murmurando sus hechizos incesantemente y creando en su tomo, sus manos y el aire a sus pies una gruesa nube de humo oscuro. La negrura se movió por debajo de los guerreros, como nacida de la sombra del mago arcano, arremolidándose allí y creciendo cada vez más, hasta ser una masa considerable entre la que él caminaba sin problemas. Aprisa la dirigió hacia los magos del trueno, como una ola que se alzaba y se dejaba caer sobre ellos, tragándose la luz del relámpago y ahogando las chispas hasta matarlas. No los mataría tan fácilmente, pero detener la magia era primordial. Con inquietud, Pelleas miró enseguida por sobre su hombro, necesitando saber si se hallaba allí a solas, si sólo él se veía del otro lado de las filas enemigas o si tenía la suerte de no estar rodeado.
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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Marth el Vie Sep 16, 2016 3:25 pm

Una historia de dos culturas opuestas, una historia de libros enteros de la enemistad entre los dos dragones sagrados y una historia de los países adoradores de Naga enfrentados a los países adoradores de Grima. Con guerras aún frescas en la mente de los soldados y muchos de ellos habiendo no solo escuchado historias si no que las habían vivido, habían visto compañeros morir ahogados por aquellas presencias oscuras, ver como la piel de sus aliados se secaba y era extraído de sus poros la sangre de sus venas sin heridas visibles, visto sacrificios en los campos de batalla y como los maleficios y condenas que aquellos magos proferían hacia los hombres Alteanos hacían que muchos cayeran en desgracia o presas de enfermedades, habían visto tierras secarse y frutas pudrirse en sus árboles. Era sabido y conocido que nada bueno salía de Plegia. Por algo esas artes estaban prohibidas y los hombres y mujeres que las dominaban se les tomaban como claros opositores de Naga y entregados al dragón oscuro, por ende enemigos declarados de la nación que ese mago parecía estar tan dispuesto a defender. No era de extrañar que las tropas y mismo el príncipe temieran de aquel hombre y desconfiaran de sus intenciones, pero la situación era de vida a muerte, no solo por salvar el pueblo si no que ya acorralados corría riesgo la vida del príncipe, primogénito y único hijo varón del rey y en quien recaía el peso de la corona si su padre no regresaba de la guerra, sus caballeros reales sabían eso y asumían que ese era el momento de poner sus juramentos a prueba dando su vida para salvar al príncipe si era necesario.

El príncipe agradecía de corazón aquella entrega y protección que sus hombres le daban, pero en ese momento tenían un enemigo más preocupante, y tan obediente como nobles los caballeros obedecieron pese a sus inquietudes. El camino estaba abierto y la mente del príncipe volvió a concentrarse en la batalla aunque aún seguía haciendo eco el hecho de la especialización del otro, nuevamente se veía presa de sus propios prejuicios, esperaba que un mago oscuro fuese un hombre anciano, de mirada afilada, dedos huesudos y piel gris, con túnicas negras y capuchas que cubriesen su rostro, con libros viejos y olor a pantano, para nada esperaba un hombre de alta cuna, finos ropajes y mirada tímida ser uno de esos doctrinados tan temidos. No era momento de distraerse en pesar en esas cosas, no cuando los truenos iluminaban de a momentos el lugar y los vientos azotaban tanto que su capa se sacudía con violencia a su espalda - ¡No se dejen vencer! ¡Cubran al hombre de Daein! - ordenó él mismo adelantándose cuando la brecha se abrió, solo dos caballeros siguieron al príncipe que corrió detrás del mago ayudando desde su espalda a eliminar a los soldados enemigos, apartando las lanzas y dando muerte a quienes intentaban acercarse facilitando así el avance. Al lograr pasar la línea enemiga el peliazul salió al trote detrás del mago oscuro seguido de cerca por los dos caballeros a pie, pretendía ayudarle y cuidar su espalda mientras conjuraba, mentalizándose en tratarle como un mago más y darle tiempo seguro para leer los hechizos. O esa era su intención hasta que comenzó a ver la oscuridad crecer y manifestarse desde el arcano. El príncipe se detuvo casi en seco atemorizado, incluso retrocedió topándose con el pecho de uno de sus caballeros que le sujetó por los hombros temiendo que fuese a tropezar pero por un momento solo se quedaron los tres observando con pánico la muestra de poder que aquel mago sacaba de si mismo. Los magos canalizaban los elementos a travez de los libros, se veía que era de estos de donde se extraía la magia, eran sus páginas que materializaban elementos y los magos quienes los moldeaban en ataques, pero allí era claro que esa oscuridad provenía del hombre y era el libro que le daba forma al ataque.

El grito de dolor de uno de sus caballeros fue lo que les sacó de aquel trance, una punta de lanza se había colado entre las placas de su armadura y le había herido empujándole contra el otro que aún sujetaba al príncipe de manera protectora de la magia oscura, descuidando el verdadero peligro que era estar en medio de filas enemigas. El caballero se recuperó de inmediato, aún sangrante empuñó su lanza y arremetió contra el enemigo, el otro con su espada en mano fue en su ayuda dejando al príncipe detrás de ellos, mirando aún con temor al mago y negándose a darle la espalda solo empuñó su florete para desviar un ataque de una lanza, una cura trazada en el aire y la punta se clavó en el pasto deteniendo al enemigo y dejándole los valiosos segundos descubierto para que el peliazul clavase su estoque en la garganta del enemigo y la extrajese dejando a un emergido ahogado en su propia sangre caer de rodillas frente a él. Los tres Alteanos, pese al temor que mostraban a la magia estaban allí en las filas traseras del enemigo cuidando al mago arcano para que hiciera su trabajo.


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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Pelleas el Mar Sep 27, 2016 1:28 am

La voz de la princesa quedó atrás, entre el clamor de metales y los truenos acechantes en el cielo encapotado. Pelleas sólo podía asumir que ella estaría bien, sus caballeros claramente la sobreponían a todo, por lo que era de esperarse que estarían cuidándola sin importar lo que sucediese. Él no gozaría de tanta protección, claro estaba. Lo asumía, recordando las miradas que los hombres le habían dirigido antes. Y aún así, no se contenía de volver la vista por sobre el hombro en búsqueda de la dama de cabello azul, deseando hallarla entre los guerreros y comprobar que se mantuviese a salvo, si acaso sólo por su propia paz mental. Mientras el pesado e inquieto manto de oscuridad se dejaba caer sobre los magos enemigos, Pelleas se aventuró a mirar atrás, dejando a la negrura viva obrar sin su supervisión; su voluntad y la del mago eran similares, nada fuera de control habría de suceder.

Y allí Pelleas encontró a la chica de cabello corto y tiara dorada, flanqueada por sus protectores, más cerca de lo que habría creído que vendría. En cierto modo, le hacía feliz. Aún en la gris iluminación pudo ver el temor todavía presente en su expresión, la duda tensando su lenguaje corporal, pero estaba allí, había venido tras él, seguramente para cuidarlo, y eso significaba bastante por sí sólo. Desde su posición un poco más adelante, con las sombras rodeándolo y engullendo a los enemigos unos pasos más allá, el mago miró con una insegura sonrisa a la princesa. Allí mismo presenció los ataques que se precipitaban sobre sus caballeros, cuyo propio temor había mantenido menos atentos, hasta que la líder alteana debió de interceder y regresarlos a todos al caos del combate. Intentaban acompañarlo y ayudarlo, pero temer de él demostraba ser un impedimento a su cooperación en la batalla; un peligro, inclusive, para la princesa. Una inmensa y premeditada culpa creció en Pelleas. Sin desearlo les ocasionaba problemas, mas nada había que pudiese hacer en contra, pues no tenía mejor medio para defenderse sino su magia.

Necesitaba disculparse. Por sobre todo, necesitaba reasegurar a la princesa de que no sería una amenaza para ninguno de ellos, antes de que el temor le causara un peor accidente. Dando un par de pasos en aquella dirección, Pelleas se movió envuelto en la oscuridad que tan sólo crecía, emanando de sus dedos en estelas negras al alzar una mano sólo un poco hacia la noble mujer. Sólo con el movimiento sus manos salían de las sombras, que se movían violentamente a su alrededor y tras su alta figura, recién conjuradas y fuertes, ansiosas de engullir y extinguir más. - Um... por favor, no tenga miedo... - Habló en su usual voz baja y tono inofensivo. No podía acercarse sin llevar consigo su magia, por lo que prontamente desistió del contacto y bajó su mano, buscando evitar darle mayores sobresaltos a ella. Se limitó a hablarle, mirándola con cuanta vehemencia y honestidad podía. Su voz era casi la de un ruego ya. - Por favor. Sólo los atacaré a ellos. Mi magia no le lastimará, lo prometo, sin importar lo que pase. -

Podía hallarse completamente seguro de que no pasaría, de que la princesa de Altea podría caminar a través de su oscuridad si lo deseaba y salir ilesa; podía decírselo y jurarlo por su nombre y el de su padre, pero no podía saber si ella le creería. No le restaba hacer más que volverse de regreso hacia sus enemigos, alzando con gestos de su mano enjoyada las sombras a sus pies. Esta vez, la magia oscura se movió mucho más rápido que antes, precipitándose sedienta y agresiva contra los cuerpos afines para invadirlos, rodéandolos y adentrándose en ellos. Tanta magia y tan ansiosa de penetrar a sus blancos, que el humo que atravesó sus cuerpos pudo verse escapando por sus bocas e invadiendo sus ojos. Pelleas lo retuvo cuanto pudo, repitiendo los murmullos finales del conjuro una y otra vez, ofreciendo aquellos magos a la oscuridad hasta que la presión pareció ser demasiada. Los emergidos se tornaron lánguidos entre las ráfagas negras y terminaron por caer. A los pocos instantes, como cuervos que no hallaban más carroña para llenar sus estómagos, la oscuridad se arrastró fuera de sus cuerpos para regresar a su amo. Sin un ápice de incomodidad para Pelleas, volvió a él y a su libro. Muertos los enemigos y terminada aquella tarea, el mago oscuro cerró el tomo, aunque la magia tardaría aún un poco más en disiparse por completo.
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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Marth el Miér Sep 28, 2016 5:05 pm

No pasó mucho tiempo que los enemigos notaron la infiltración en sus propias filas y el camino que los alteanos habían abierto se cerró haciendo imposible a los dos príncipes y los dos caballeros regresar a la seguridad del apoyo y a los otros soldados acercarse para ayudar, por el sonido de las espadas cruzarse y los gritos de los heridos tanto emergidos como cansados alteanos se notaba que no había mucho espacio para que los hombres se preocupasen por algo más que no fuese su propia vida, un descuido era perder la cabeza allí. Para suerte de los caballeros que cuidaban al heredero al trono de Altea, este estaba fuertemente entrenado en el arte de la esgrima por lo que podía defenderse bastante bien solo permitiendo darle tiempo al caballero herido de revisar su cinturón haciendo uso de una de las medicinas que cargaba para menguar el dolor de la herida y cortar el sangrado, bebió apresuradamente del amargo líquido mientras su compañero se encargaba de protegerle e incluso el príncipe se ponía a su lado para cubrir ese flanco. La espada liviana era mucho veloz que la pesada de su caballero pero menos letal. No pasó mucho que estaba nuevamente en el campo de batalla con su espada al servicio de defender el mago que se encargaba de manera sumamente efectiva del mayor problema.

El príncipe de cabello azul era quien parecía preocuparse más por la seguridad del mago oscuro, su mirada iba cada tanto a él mientras sujetaba su espada con fuerza apartando a cada enemigo que osaba intentar ir hacia el arcano, como una aguja la punta se metía en el enemigo sin hacer mayor desastre que interno, dejando manchas rojas donde salía, pequeñas pero que pronto sangraban profusamente por los derrames internos que los ataques provocaban, siempre apuntando a puntos vitales. Cuando el mago se acercó envuelto en aquella aura oscura extendiendo su mano que despedía finas estelas de humo negro el príncipe no se apartó pero no mostró señal de temer menos o siquiera de aceptar esa mano, solo la miró aferrando su espada listo a defenderse si era necesario - Quiero confiar en lo que dice, buen caballero, pero... - su mirada fue más allá del noble de Daein donde la espesa oscuridad se removía como una criatura viva sedienta de sangre, donde los cuerpos de los magos se tensaban sin poder respirar y se arqueaban sostenidos por una fuerza invisible o mismo por la oscuridad que los envolvía. Por primera vez Marth pudo ver la desesperación en la cara de un emergido, nunca había visto mostrar dolor o cualquier clase de sentimiento pero aquella magia parecía tomar la poca humanidad que tendrían y la sacaban a flor de piel antes de arrebatársela por completo. Sin poder articular palabra y nuevamente presa del terror, con sus ojos celestes abiertos desmedidamente y sus labios entreabiertos sosteniendo su aliento fue apartado bruscamente por su caballero que habiendo eliminado las amenazas de los emergidos ahora notaban lo que estaba ocurriendo. Uno de ellos sostuvo al príncipe por sus hombros nuevamente mientras el otro se interponía entre él y el mago oscuro, en contraste Marth parecía más delgado y pequeño junto a los dos hombres anchos de armadura que le protegían. Ambos hombres tensando su agarre y alzando sus armas cuando la energía se movió de manera más violenta regresando al mago y el príncipe cerrando sus ojos como esperando a que aquella masa oscura le golpease en cualquier momento.

La batalla comenzaba a menguar, cada vez menos enemigos quedaban en pie y el barrullo se iba aplacando. Por unos momentos la tensión entre los cuatro congeló el tiempo, cada quien en su espacio expectante y el mago con aquella masa de oscuridad danzando a sus pies. El príncipe abrió sus ojos y tomando aire se apartó a cuenta nueva de sus caballeros - Por favor, no alcen sus armas contra un amigo. - dijo con un hilo de voz y las armas bajaron de inmediato aunque las miradas severas seguían hacia el noble de Daein. La mano del caballero seguía sobre el hombro del príncipe sin soltarle, tampoco permitiéndole acercarse, eran caballeros reales de alto rango y tenían la suficiente potestad como para tomar esa clase de acciones protectoras con el menor. Este no parecía molestarle tampoco permitiendo que le sujetase y tampoco avanzando más - Sepa disculpar... no es nuestra intención ofenderle ni faltarle el respeto. Le agradecemos profundamente su ayuda, pero está en tierras de Naga.... ¿comprende lo que le estoy diciendo? - intentaba ser lo más mediático y comprensible que podía pero frente a un mago oscuro, tras tantas barbaridades vividas por el ejercito y pueblo de Altea e Ylisse no podía dejar de pensar en lo ruines y viles que eran esa clase de personas. Le había ayudado pero seguía siendo un practicante y adorador de Grima, por ende estaría involucrado en sacrificios de inocentes y acciones de poca moral.


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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Pelleas el Miér Oct 12, 2016 1:14 pm

Nada que él dijese o hiciese convencería a la princesa, cada vez se volvía más aparente ese hecho. No había modo. Por primera vez en su vida, Pelleas estaba siendo temido por alguien que de algún modo protegía, sin poder hacer absolutamente nada al respecto. La dama noble, pese a que entendía sus palabras y claramente intentaba confiar en él, mantenía entre ellos una insondable e insalvable distancia, nacida del miedo y el rechazo por su doctrina. No sólo sus caballeros se interponían para separarla del mago, sino que ella misma mostraba la verdad del asunto, con sus grandes ojos celestes cerrándose en terror y su mano tensa en su arma. No importaba lo que Pelleas hiciese por ella, en ese momento. No importaba el modo en que se comportase, o cuanto hiciese en su nombre; la oscuridad con la que él había pactado y la hermosa princesa de Altea no eran compatibles. Siempre seguiría temiéndole. Él, siendo un hombre entregado a aquella oscuridad, no tenía esperanza de aproximarse a la chica que claramente estaba hecha para algo diferente. Más dignos escudos y más gloriosas armas tenía a su disposición.

No hubo necesidad de que sus guardianes hiciesen más. Por sí mismo, Pelleas había cerrado su tomo y lo bajaba ya, poniendo a descanso la energía oscura que se disipaba de regreso. No obstante, cabía aún preguntarse qué harían con él, pues inclusive cuando bajaba su arma los caballeros lucían preparados para arremeter. Nuevamente fue la princesa quien debió de detenerles, intercediendo por el mago aunque ya ni siquiera le era permitido acercarse a él. Pelleas la escuchó en la mayor quietud y calma que pudo, temiendo que un movimiento súbito suyo fuese a ocasionar alguna clase de desastre. Mencionaba a Naga. Con eso, la distinción no podía quedar mejor aclarada. Comprendido el problema, y ante el tacto y la amabilidad de la princesa, Pelleas no pudo sino sonreír, asintiendo lentamente. - Yo, um... pues, he hecho lo que necesitaba que hiciera. No interferiré más en su batalla. No usaré más esto. - Respondió, moviéndose con la misma lentitud al guardar su tomo y presentar sus manos vacías ante los hombres, tan sólo dotadas de relucientes anillos de oro. Quedaba desarmado en el campo de batalla. No podía rehuir a la aprehensión que aquello le causaba, mas no tenía otra opción. Miró a los hombres más grandes antes que a la princesa. - Pero esto no ha terminado, creo... -

Desvió la vista al entorno más allá de los alteanos. La batalla proseguía a su alrededor y más atrás en el camino, subsidiendo pero sin finalizar aún. Al menos, ahora que los magos habían perecido a manos del arcano, las nubes de tormenta comenzaban a abrirse y a permitir la luz del sol de regreso en el lugar. Se tornaba visible el estado de las cosas, con los soldados diezmando eficientemente los números enemigos y cerrando la formación a su alrededor. Seguramente conseguirían sobreponerse, sólo sería cuestión de tiempo. Pero el sitio de combate era loo que separaba a Pelleas de su carruaje, y si acaso hubiese podido escabullirse a través antes, resguardado en la oscuridad para evadir ojos enemigos, esa oportunidad ahora se hallaba perdida. Estaba desprotegido y no tenía modo de apartarse por sí sólo. Aunque no desease ser una molestia, no tenía más opción sino recurrir a la princesa y sus acompañantes.

Habiendo mostrado sus manos vacías, se tomó la libertad de aproximarse un poco de regreso a ellos, desprovisto de todo vestigio de su magia y revelado a la luz del sol como cualquier otro hombre. Sólo un muchacho largirucho y un poco cabizbajo, sin los torbellinos y las sombras vivas de hacía algunos minutos. Aún así, fue cauteloso en aproximarse, haciéndolo sólo hasta donde se le permitiese sin más armas alzadas. - Lo siento, pero, ¿qué debería de hacer ahora? - Preguntó entonces, preocupado e inquieto. Terminó por dirigirse más a la princesa; con los demás, no había intercambiado una sola palabra, sino las acusaciones que antes le habían gritado. Sería mejor tratar con ella. - Si es mejor que regrese a mi carruaje, lo haré, aunque desarmado es más difícil... si me permite regresar con ustedes, al menos, le estaré agradecido... -
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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Marth el Lun Oct 17, 2016 5:13 pm

La tensión seguía en el aire tan fuerte que parecía una cuerda de violín, los hombres del príncipe se mantenían sumamente cerca de este, los anchos caballeros reales se habían colocado a cada lado del joven heredero y aun dos de ellos mantenían una mano en cada hombro del príncipe no permitiéndole avanzar. La prioridad saltaba demasiado evidente a la vista, los caballeros cuidarían al peliazul incluso contra su voluntad pues el primer paso que el mago dio hacia ellos las manos que sujetaban las armas se tensaron pese a las ya varias veces que el príncipe había dicho que el noble de Daein era un amigo y que no debía ser atacado. La primera arma a levantarse fue una espada que no se alzó de manera ofensiva pero si defensiva, de lado frente al mago oscuro para que no avanzara más y con esta acción todos los demás que rodeaban al regente de Altea reaccionaron levantando sus armas incluso cuando el mago no tenía libre entre sus manos. El desconocimiento y la ignorancia generaban miedo y el miedo llevaba a la violencia, la magia oscura era un tabú tal en Altea que se había vuelto un enemigo fantástico, los rumores e historias decían cosas exageradas, magos arcanos que no necesitaban de libros para invocar la oscuridad, que podían dar mal de ojo y enfermar con solo mirar a su víctima, era bastante ya que permitieran al mago tan cerca. El príncipe apoyó su mano en la muñeca de su caballero para que bajase la espada pero este no obedeció y mantuvo el arma alzada aún con el príncipe de menor tamaño a su lado sujetándole sin fuerza, solo con un tacto delicado como todo lo era en él - Lord Pelleas, sepa disculpar pero entienda también nuestra situación. Si bien expresa ser de Daein, esta ruta es directa de Plegia y ha mostrado dominar las artes que allí se inculcan. Plegia y Altea están en guerra, los magos oscuros han cobrado demasiadas vidas Alteanas de maneras tan horrorosas que ninguna mente sana puede siquiera imaginar. - cuando el príncipe intentó avanzar un tirón en su hombro le regresaron hacia atrás pese a su quejido y un rápido intercambios de miradas entre él y su caballero que no permitía que su gobernante se expusiera a peligro tan abiertamente. Suspirando con hastío desvió su rostro ofendido y movió su hombro para que lo soltara aunque sin éxito. Sin una orden directa el hombre no mostraba intención de soltarle así como tampoco el otro tenía intención de bajar su arma.

Marth no era irracional y comprendía el peligro en el que estaba, incluso frente al noble que casi rogaba por su comprensión, pero nada bueno salía de Plegia y aquel hombre venía justo de ese camino, por lo que sabía podía estar mintiendo descaradamente para hacerse su camino hacia él. Se quedó allí solo mirando a los emergidos cuando lo mencionó. No se acercaría pero no ignoraría aquel ruego en su voz, al menos le dejaría en claro las razones, tenía cierta afinidad al hombre que mostraba claramente ser un noble de alta cuna, alguien de la altura del príncipe - Los magos oscuros han cruzado estas fronteras como si fuesen suyas sin respeto alguno, se han robado niños de sus cunas y arrebatado hermanos, maridos y esposas de sus familias, no matan a los soldados si no que los arrastran hasta sus oscuros edificios donde los muy pocos que han logrado escapar cuentan las atrocidades que ocurren de ese lado del mundo. No solo Plegia es nuestro enemigo declarado si no cualquiera que siga las artes que el dragón oscuro abale. Lamento decirle que no es bienvenido en Altea. Cumpliré mi palabra y mis hombres también. Son hombres de honor y si alzan sus armas es de manera defensiva pero si no les da razones no harán un solo tajo sobre su piel ni dejarán moretón alguno en su cuerpo. - Aquellas palabras fue un recuerdo para muchos que bajaron un poco sus armas al tener ahora el honor de la palabra del príncipe. Este volvió a mirar a los emergidos más allá del camino donde los soldados seguían luchando, incluso muchos de los que cuidaban al príncipe se mantenían en una posición de alerta para socorrer a sus compañeros en el momento que la seguridad del peliazul estuviese asegurada y el extranjero se alejase. Vio el carruaje y regresó la mirada azul a los ojos de aspecto cansado del noble. Dudó por unos instantes antes de asentir con su cabeza - Le cubriremos para que pueda regresar a salvo a su carruaje, dos de mis caballeros le escoltarán hacia la frontera para que pueda seguir su camino pero agradecería que abandonase estas tierras lo antes posible... y por favor no vuelva a invocar su magia en este lugar. Ofende a Naga, ruego un mínimo de respeto si se encuentra en sus tierras. - fue mucho más firme en aquellas palabras y volvió a tomar su espada para guiar a sus hombres hacia los enemigos que cubrían el paso.


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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Pelleas el Miér Oct 19, 2016 7:44 pm

Jamás había hablado en detalle respecto a quien era, y quizás así era mejor, después de todo. Podía decirle en ese entonces a la princesa que él era de similar clase; mostrar su anillo, inclusive, como prueba. Pero la mala situación tenía más que ver con su doctrina mágica que su procedencia, y era posible que tornara las cosas incusive peores hacer a la dama de Altea pensar mal de Daein también, sólo por la magia que él manejaba. No veía esperanza de reparar las cosas en ese modo. No se molestó, entonces, en excusarse inútilmente. Tan sólo bajó la cabeza a cuenta nueva, asintiendo en derrota a sus explicaciones. Era una justificación buena y válida, racional, pero en nada le servía al joven oírla. El desaire quedaba hecho en exactamente el mismo modo.

Pero no culpaba a la princesa de corta cabellera azul. Ella, tan comprensiva y considerada en todo ese tiempo, no había hecho sino su mejor esfuerzo por mediar entre todos y permitir que la situación se desenvolviese sin incidente, pudiendo luchar todos de un mismo lado hasta tener prácticamente derrotado al enemigo que les había impedido el paso a ambos. No era ella quien pedía que le separasen tampoco, sino sus caballeros que lo hacían en intentos de mantenerla a salvo. Aún así, se resignó a la distancia impuesta y cesó de intentar acercarse, aceptando el desesperanzado final con el pesimismo que a él le caracterizaba; como antes había pensado ya, no estaba hecho en su más inherente naturaleza para estar cerca de alguien como ella. No podía hacer más que reconocerlo y aceptarlo. No eran compatibles. Y esta vez sí era ella misma quien terminaba de alterar su corazón y apagar su humor, profesando su propio rechazo hacia quienes practicaban las artes oscuras. La princesa era un tipo de persona distinto, destinado a andar bajo la luz y a tomar entre sus manos un destino más glorioso y puro; Pelleas comprendía eso. Aún así, perder toda posibilidad de estar cerca de ella siquiera para sostener una conversación representaba un desánimo.

- Uhm... yo, uhm... m-me dirigía a Regna Ferox, creo que le dije... - Titubeó; no creía estar sonando del todo coherente, pero era lo que era capaz de decir en un momento así. Se apresuró a intentar hilar mejor sus ideas, antes de volver aquel instante más incómodo de lo que era ya. - No estaré en Altea por mucho tiempo. Sólo el necesario para cruzar hasta Regna Ferox. S-Será solo eso, así que... supongo que... esto es todo. Gracias por ayudarme hasta ahora. - Fue breve, pues no hallaba demasiado que decir. Las condiciones eran claras, sin espacio a refutarse. Sería acompañado a su carruaje, se iría ahora que su camino estaba más despejado, y se esperaría que dejara los límites del reino cuanto antes. No había nada que discutir. Y él difícilmente se veía en ánimos de defenderse, pues cierto era que formaba parte de la religión de Grima en aquella época, aún si no había cometido aquellas atrocidades ni había sabido mucho sobre una guerra con Altea. Defenderse habría significado discutir con la joven princesa, y prefería ceder a hacer eso. - Lamento el inconveniente. - Musitó finalmente, agachando la cabeza en un gesto entre una inclinación, y su simple hábito de tomar una postura algo encorvada cuando no tenía dónde ocultarse de una situación tensa.

Tan sólo siguió tras ella cuando el camino fue indicado, despejado por sus tropas para regresarle a su transporte. Demasiado consciente entonces de la tensión en los soldados y la cercanía de las armas, jamás apuntadas a su persona pero tan listas para estarlo, no pudo hacer más sino caminar con las manos vacías. Confiar su vida a aquellos caballeros le retorcía el estómago. Miraba a los soldados emergidos derredor y no se sentía nada menos que vulnerable ante ellos, incapaz de apoyarse en nada para asegurar su bienestar, sino lo que él mismo pudiese hacer. Aunque no debiese, aunque sabía que no cumplía en toda exactitud su palabra, no soportaba la ansiedad de dejar las cosas así. Mantuvo la cabeza gacha, tan sólo viendo de reojo a sus enemigos por entre ondulados mechones de cabello indigo, y con la obscurecida mirada invitó a su más vieja maldición a manifestarse en él. Inevitable e innato, aquello que residía dentro del tímido varón alzó una presencia mucho más notoria y sobrecogedora de lo que el mismo Pelleas era, causando en aquellas criaturas tanto como en todo quien se le aproximase un terror que les frenaría de atacar. Quizás a los caballeros les afectase también; no era fácil controlar la maldición, no había aprendido a hacerlo y probablemente así sucediera, pero ya habían temido de él antes. No le haría causar una impresión peor de la que ya tenían de él. Quizás la maldición alcanzase inclusive a la princesa, pero no había nada que el mago pudiese hacer para evitar eso y, si lo pensaba, prefería saber que los enemigos temblarían antes de intentar luchar con ella. Podía llegar a serle otra barrera de defensa, mientras no le perjudicase.

Con un pesado suspiro, Pelleas siguió su camino hasta alcanzar el carruaje abandonado, aún en pie. Subió sin pensar en despedirse, con su maldición dudaba que fuese conveniente dirigirle la palabra a la princesa de Altea, mas sí con una cautelosa mirada atrás. Sólo para confirmar que ella siguiese con vida y a salvo, y que el camino fuese seguro de transitar ahora, como había sido el objetivo de la espontánea parada. Apenas divisó la figura de corta estatura y delicada complexión andando entre los demás, apartó la vista nuevamente y entró, poniendo la pesada puerta de madera entre él y el paisaje exterior. La penumbra al interior del carruaje le recibió con familiaridad, cómoda y conocida.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [8]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari
Yuuko

Especialización :

Experiencia :

Gold :
541


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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

Mensaje por Eliwood el Miér Oct 26, 2016 6:51 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Marth ha gastado un uso de su espada de bronce, la cual se rompe.
Pelleas ha gastado un uso de su tomo de Ruina.

Ambos obtienen un incremento de +2 EXP.

Gracias a la nueva experiencia, Marth obtiene un nuevo skill en la rama Great Lord:

Cese de Armas - Confiere al Great Lord la incuestionable potestad de llamar a un cese momentáneo de armas en cualquier tipo de tema, sea campaña, misión o entrenamiento. Todo compañero de rol deberá detener todas las acciones de agresión que estuviese realizando, así como enemigos y emergidos se detendrán y tomarán distancia por 1 turno. Otras acciones (no ataques) están permitidas en dicho turno. Al siguiente post del Great Lord, si el tema no se ha finalizado, el combate se reanudará. Sólo puede usarse 1 vez por tema, pues las facciones no responderán dos veces al cese.

Adicionalmente, Pelleas ha maximizado su barra de EXP, pudiendo avanzar a la siguiente clase.

- Class Change -



¡Pelleas ha ascendido de Dark Mage a Dark Sage!

¡El nivel de uso de tomos ha sido aumentado!
La barra de EXP es reseteada. De ahora en adelante, sólo los temas tipo Campaña, Entrenamiento y Misión darán incrementos de EXP.

¡¡Felicitaciones!!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gema de Ascuas
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2901


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Re: La princesa y el admirador [Privado; Marth // Campaña]

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