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El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

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El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Judal el Vie Mayo 06, 2016 12:05 am

Nohr era una tierra muy poco vistosa, sus paisajes oscuros y cielos cubiertos eran sumamente hostiles para cualquiera que quisiera hacer turismo, o al menos cualquiera con gustos normales. Judal había llegado desde Plegia hacía ya varios días en compañía de un mago oscuro que le había llevado hasta esas tierras... suponía que tendría que olvidarse de sus intenciones de viajar a Hoshido. Tras un paso bastante veloz por el castillo de Nohr teniendo una corta audiencia con el príncipe del país ya firmaba un contrato de trabajo por una corta temporada. Tenía un documento sellado de recomendación de un senador de Begnion, una carta de servicios prestados a un miembro de la corte de Altea y ahora estaría en Nohr, engrosaba los documentos que le darían el peso político que necesitaba, había prestado consejo a duques, marqueses e incluso a un príncipe aunque fuese por un corto periodo de tiempo y ahora tendría un trabajo breve, no era mucho pero suficiente para tener un sello de Nohr en un documento real.

Sus ausencias se hacían cada vez más amplias mientras trabajaba en el castillo incluso pasando alguna noche en una taberna lindera a la gran formación por debajo del nivel de la tierra que era el castillo sin ir hasta el pueblo donde se hospedaba el mago oscuro con el que viajaba. Estaba conforme con su trabajo, el oro no era demasiado por la poca importancia del trabajo que le habían dado pero lo que más le importaba era el papel de contratación, igualmente el oro le serviría bastante, aún viajando con alguien que parecía que las monedas doradas se resbalaban de sus bolsillos aún tenía gastos propios de los cuales no podía solventar con su compañero. Ahora mismo regresaba al pueblo donde estaba este, a paso veloz su larga trenza ondeaba a su espalda, estando en Nohr había cambiado su vestuario, igualmente predominando el negro y el dorado tenía un pantalón algo ajustado, demasiado bajo dejado ver con claridad los huesos de su cadera y el inicio de su cava así como el claro final de su espalda, en su prenda superior colgaban dos largas tiras de sea semi trasparente de tonalidad violeta haciendo juego con la sombra de sus ojos y estas se abrían a la altura de la cadera hasta sus brazaletes usuales de oro, una capa corta cubría sus hombros y hasta su cintura  por la espalda, bordada en dorado se identificaba como un trabajador del castillo de Krakenburg. Sus zapatos de tela delgada y suela fina con un ligero taco de madera resonaba en el empedrado de la calle que daba a un alto edificio, el silencio se hacía demasiado evidente cuanto más se alejaba del pueblo más y se adentraba en aquella apartada construcción. El cielo encapotado no dejaba distinguir si era día o noche y las espesas nubes negras engañaban con ser un avecino de tormenta pero no eran más que cenizas del volcán cercano. En su apresurado camino no noto los movimientos en el gris y oscuro paisaje.

Ingresó al templo, el ambiente apenas estaba iluminado por hileras de velas, las estatuas de piedra proyectaban sombras que parecían vivas al temblar de las incontables pequeñas llamas. Tenía noticias de suma importancia y debía comunicarlas lo antes posible, escaseaba en detalles pero no necesitaba demasiados, si tenía que escoger bando se quedaría en donde sacase más provecho y con aquel viajero tendría más ganancias a largo plazo que quedándose como fiel a Nohr donde apenas tenía un trabajo temporal. Al ver la silueta del mago de cabellos violetas alzó su voz - Mi príncipe, necesito hablar con usted de inmediato. Me temo que no traigo buenas noticias del castillo. - su voz era claramente masculina y su manera de entonar no mostraba amaneramiento alguno, cosa que podía muchas veces sonar un poco chocante viendo su apariencia delicada.
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Pelleas el Vie Mayo 20, 2016 2:22 pm

En su diestra portaba un candelabro con una vela roja recién encendida, en su zurda un par de libros de escrituras grimleales y sobre su hombro, colgada en una sola pila, la muda de ropa que le correspondería cuando oficiara como sacerdote. Sus pasos perdían un poco del letargo usual en ese entonces, al caminar a través del templo con una pequeña y poco notoria sonrisa en los labios, la misma que no podía sino mantener en todo el tiempo que pasaba allí. El lugar simplemente le ponía de buen humor. El templo era hermoso, un tipo de construcción que jamás había visto, y lo que contenía era igualmente fantástico. Habituado ya a esos pasajes ocultos y esas habitaciones subterráneas, construidas en una orientación siempre descendiente, Pelleas surgió del pasadizo bajo el altar y depósito sobre el mismo lo que traía. A la luz de las numerosas velas de allí arriba, eligió de entre los dos gruesos libros el que deseaba revisar y lo llevó consigo al frente de las hileras de asientos para los fieles, tomando lugar en uno de los espacios vacíos. Se acomodó a gusto y lo abrió sobre su regazo: una copia de las escrituras sagradas de la religión de Grima, un equivalente a la biblia de Ashera o la recolección de sus enseñanzas. Si el príncipe Leon iba a concederle un puesto honorario en el clero, así fuese sólo como mago capacitado para difundir su doctrina, querría estar plenamente inmiscuido en el tema.

El eco de la puerta que se abría y el rítmico sonido de los pasos de Judal, ligeros y presurosos, bastante reconocibles para el príncipe a esas alturas, le hallaron tan enfrascado en las páginas que ni siquiera volvió la vista hacia él. La docilidad de su acompañante y la nula presión que ponía sobre él le habían tornado bastante cómodo a su alrededor, lo suficiente como para no inquietarse por su sola presencia. O quizás se debiese a que, después de todo, veía a Judal mucho menos de lo que se anticiparía de un compañero de viaje estable; por supuesto que en los primeros días, aquellos en que había debido preocuparse de que el bailarín recobrase su salud, había permanecido a su lado lo más posible. Pero entre las intermitentes desapariciones de Judal y las ocupaciones o la nocturnidad del mismo Pelleas, era de esperarse que aquello cambiara. Sólo sabía que el bailarín terminaba apareciendo en un momento u otro, la mayoría de veces con noticias o con un buen puñado de nimiedades que comentar. Contaba con ello.

- ¿Mh...? - Interrumpió su lectura al pasar el pelinegro a su lado, pues su sombra se posicionó exactamente sobre el tomo que leía. Sin más que hacer, lo cerró con cuidado. Las palabras de cautela de parte de su acompañante ciertamente eran dignas de la atención, aún si eran enunciadas con el mismo medido respeto de siempre. - ¿Ha sucedido algo allí, Judal? - Preguntó al dejar el tomo, enderezando su espalda con un sonoro crujido de algún hueso u otro regresando a lugar, repercusiones de las malas posturas que nunca se dignaba a corregir. Su columna, en esa ocasión, por encorvarse un poco al leer. Se puso de pie y se estiró un poco en un par de gestos cortos, disimulados, sólo echar los hombros un poco hacia atrás y asegurarse de andar recto por un rato. Si había algo de qué preocuparse, no asumía que fuese nada de gravedad. Nada que no pudiese decirle allí mismo. La situación en Nohr era buena, al menos para ellos; todos los tratos y codiciones cerrados y en marcha.

Cuando finalmente miró a Judal de frente y con la apropiada atención, un parpadeo algo perplejo y un gesto admirativo se dibujaron en su rostro. Bajó la vista a él como si en días no le hubiese visto, brevemente enmudecido. Era, en efecto, la primera vez que le veía en varias jornadas, mas no era ese solo hecho el que le tomaba desprevenido, sino los cambios visibles en su acompañante. Si la vesimenta de antes no lo había sido, estaba convencido de que esa sí era ropa de dama, que sin embargo lucía perfectamente apropiada en él. Algo respecto a la forma del vientre y la cadera, quizás sólo asuntos de postura. No entendía a los bailarines varones ni intentaba demasiado entender a Judal. - ¿Creí que ejercía otro oficio en el castillo? - Murmuró mientras volvía el rostro en otra dirección, tomaba su libro y lo regresaba con sus demás hallazgos recientes, reacomodando. Tendría que volver a eso después. Aún tenía mucho tiempo para prepararse, mucho más hasta que se concretasen sus intenciones, podía darle unos minutos al otro. Seguiría teniendo el templo a solas por al menos unos días. - Aún estoy lejos de comenzar esto, así que... -
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Judal el Dom Mayo 29, 2016 11:45 pm

Si bien no había estado habituado esa clase de lugares no podía decir que se sintiese incómodo, en Begnion los blancos y los dorados dominaban la decoración de toda casa y todo salón de reuniones, todo era sumamente luminoso y los atuendos oscuros del bailarín saltaban a la vista como un arándano sobre una montaña de harina. Luces que le hacían visible y siempre centro de atención, la alegría en sus movimientos siempre había llevado sonrisas en sus presentaciones ejerciendo su oficio como artista así como su profesión como consejero o contador, siempre. En cambio desde que había juntado caminos con el príncipe de Daein todo eso había cambiado, sus entornos ya no eran iluminados, pasaba más tiempo en la noche que en el día, los lugares que visitaba ahora eran grises, oscuros, con sombras que ennegrecían cada rincón y pequeñas velas que apenas alcanzaban para iluminar los textos frente a él. No se sentía fuera de lugar, aprendió rápidamente a moverse en ese ambiente, a mantener silencio mientras estudiaba mostrando un aspecto de él que nunca había sido visto por otros, un Judal centrado y serio sobre un libro en un entorno lúgubre y cerrado. Estaba aprendiendo sobre una nueva religión y cada palabra que devoraba le abría el apetito a más, se sentía como niño en pastelería encontrando en abundancia aquello que solo había escuchado con cuentagotas en su tierra. Prefería aquello, incluso el castillo de Nohr se sentía más acorde a él que los iluminados pasillos de Begnion aunque no se quejaba del oro que obstentaba esta última nación y que en cambio en Nohr parecía faltar, en su lugar hierro y acero decoraban las molduras del castillo.

Aquel templo no era diferente, había visitado iglesias a Ashera en Begnion, grandes edificios de altas torres y picos que parecían intentar tocar el cielo, grandes ventanales que iluminaban todo el interior, pisos de mármol blanco que iluminaban el lugar, figuras de la diosa y pinturas de la creación así como retratos de las apóstoles. Los templos al dragón oscuro podían parecer diferentes pero no lo eran, toscos edificios que en catacumbas y continuas escaleras se hundían en la tierra, como si quisieran llegar al mismo centro de esta, caminos ocultos y pasadizos que llevaban a habitaciones repletas de conocimiento, estatuas y molduras del dragón oscuro, los ambientes de piedra negra alejaban cualquier reflejo de luz solo permitiendo ver un par de palmos delante de donde se caminaba si se acompañaba con una vela. Ambos lugares eran perfectos negativos y por ende no podían ser más similares, edificios hechos para un dios, gente adorando con ofrendas a este, enseñanzas, poderes que eran conferidos por la adoración, todo tan similar, pero a su vez tan diferente. El pelinegro estaba más que encantado con aquella dualidad que acababa de descubrir y claramente ya había tomado su camino dando la espalda a las creencias de su hogar. El hombre que acompañaba tenía más que ofrecer que cualquiera en Begnion y él estaba dispuesto a tomar todo lo que pudiese, cada gota de poder, cada moneda de oro y cada gramo de dependencia. Ese era su principal plan, volver a aquel tímido príncipe un dependiente de su palabra, por eso mismo se dedicaba tanto a atenderle y cumplir cada comodidad.

Se aproximó por el costado del alto hombre de Daein, manos a su espalda y mentón alzado observó que estuviesen solos en el amplio salón antes de hablar, observando cómo este guardaba despreocupadamente su libro - Me temo que n... ¿Qué quiere decir con "otro oficio"? Mi príncipe... no sé que está pensando pero no debe ponerse celoso~ mero trabajo administrativo realizo para la nobleza de Nohr, con su movimiento bélico contra los emergidos tienen mucho trabajo para organizar sus tropas y hacer los nuevos ingresos así como balances en sus provisiones, tanto alimenticias como en armamento. Se podría decir que soy un portapapeles... - se encogió de hombros un tanto más relajado, ahora que lo pensaba nunca le había especificado realmente que hacía en el castillo de Nohr, simplemente le dijo que había conseguido un trabajo. Pestañó un par de veces intentando centrarse y siguió muy de cerca al mago, casi pisando sus talones, si se giraba muy de pronto seguro chocaría con el bailarín - Mi príncipe... no podemos quedarnos más en Nohr, sería prudente irnos... - hablaba en vos baja pero igualmente miró a su alrededor con desconfianza - Nohr tiene asuntos con Daein y no se te ha informado. No puede significar nada bueno esto, su hospitalidad solo puede significar una cosa. Usted está en grave peligro. - era silencioso al moverse, solo sus pasos hacían un muy suave "tip tip" cuando se movía pero tan ligero que de haberlo querido podría ir completamente en silencio.
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Pelleas el Miér Jun 01, 2016 3:30 pm

Aún si en ningún momento había aceptado formalmente a Judal como consejero, inclusive habiéndolo rechazado en primera instancia, el bailarín había tomado cierto lugar a su lado con el que Pelleas se sentía extrañamente cómodo. Si no eran más que compañeros de travesía en esos momentos, con el mago oscuro enseñándole una que otra cosa y el bailarín ayudándole con un montón de otras, no había necesidad lógica de que le tratase como a un superior. Y sin embargo, era esa deliberada sumisión y lealtad la que mantenía al nervioso muchacho bastante a gusto con su acompañante, le permitía continuar con Judal con la agradable impresión de que no le era ninguna molestia, sino lo contrario, un arreglo bueno para ambos de ellos. Ingenuidad suya; recibía alegremente cualquier cosa que le quitase responsabilidad de encima, le habilitara a preocuparse menos y le hiciese ver las cosas mejor de lo que eran. Tener a alguien que le reportase las cosas, le ayudase a organizar y mantuviera todo en línea era fantástico. Y se sentía bien ver al hombre de ligera complexión a su lado, recto y con las manos tras la espalda como un asistente suyo o su propio hombre de confidencia, en efecto. Los comentarios que soltaba lo hacían parecer más aún.

- ¿C-Celoso? No es así, discúlpeme si, um, le retengo de algún modo... - Titubeó y se excusó enseguida, esquivándole la mirada repetidamente como un obvio culpable, aún si no terminase de ver el modo en que hubiese dado la impresión. Sólo sentía la necesidad de saber exactamente con quienes lidiaba el consejero, a qué reinos se acercaba. Judal podía trabajar para la corona que deseara, eso no podía impedírselo si no le tenía él en empleo. Claro que Pelleas le había tomado un aprecio mucho mayor de saber que era afiliado a Daein, creyendo aún la lealtad que sobre un altar en Plegia había asegurado tener, pero si sólo se trataba de un oficio temporal y superfluo no veía problema alguno. - No está bajo contrato por mi parte, ¿no? Así que no me molesta... más bien, debo decir que me sorprende lo bien que puede adaptarse. Es realmente tenaz. - Alabó, poniendo en sus labios una leve sonrisa. Eso era algo que podía aprender de Judal. De no ser por su título, estaba bastante seguro de que jamás habría sabido abrirse paso como hacía el bailarín. Distinto habría sido, claro, si en lugar de emplearse de ese modo y sugerir para los dos buen lugar en Nohr, se hubiese acomodado allí como estratega. Muy posiblemente Pelleas habría albergado sentimientos más turbulentos al respecto, pero con las cosas como eran estaba bien.

Naturalmente, oír en un momento así y con todo yendo a favor que debían irse de Nohr, habiendo llegado hace tan poco, le sentaba más que extraño. Detenido tras el altar para acomodar sus recientes hallazgos, el mago oscuro cesó lo que hacía y tan sólo apoyó las puntas de los dedos pasivamente en la superficie, volviendo la vista con lentitud al hombre que acudía tan presto a él. Sonaba serio y seguro respecto a lo que decía. Aún así... - ¿Ah? ¿H-Hay un conflicto? - Preguntó, bajando su voz en la misma medida en que lo hacía el otro, pese a saber que eran sólo ellos dentro del recinto. Por supuesto que valía la pena oír a Judal, había estado a su lado ese tiempo y velaba por el bien de ambos, no cuestionaba que sus intenciones fuesen buenas, era sólo que no estaba preparado para creer en algo tan extraño tan de súbito. Bajó la vista, confundido y atribulado. - Pero inclusive ahora se me está recibiendo tan bien... el príncipe Leon aceptó mi pretición y todo. Me ha permitido oficiar aquí, como ve. Puedo aprender cuanto guste de la religión de Grima y podré intercambiar conocimientos de magia con sus sacerdotes, sus fieles... ¿c-como podría ser esto algo malo? No lo entiendo... -

Si Daein estaba de algún modo en peligro, querría intervenir, pero necesitaba saber que así era. Por su propia persona, no se preocupaba tanto, no creía que fuese a sucederle mucho. No obstante, era sólo él en todo un país que posiblemente estuviese en su contra. El asunto exigía cautela. Mantuvo la vista baja mientras sopesaba las opciones, silencioso, pero menos nervioso de lo que él mismo habría anticipado estar. El gesto en su rostro, algo obscurecido por el cabello ondulado, no era más que pensativo. No temía a tener enemigos a su alrededor. Descubría que los conflictos no le asustaban, después de todo; en algún punto de su educación junto a su padre había descartado con naturalidad ese sentimiento. Confiaba en lo que era capaz de hacer y no tenía la menor reserva sobre hacerlo. Aún así, no había seña de agresión alguna en su contra; el otro lado no parecía tener la intención. - Si hay algo que parezca fuera de lugar, quizás debamos hablar con el príncipe. - Terminó por murmurar. Parecía lo más acertado. - El mismo príncipe Leon, quiero decir. Puede que haya alguna confusión... ¿cree que sería eso prudente? Podría ser que él no sepa ciertas cosas, pero... - Alzó la vista a Judal, y en hacerlo, su vista captó un movimiento ajeno al ambiente de la catedral. Las grandes puertas se hallaban entreabiertas, colándose desde allí una brisa templada y un sonido distante, una especie de golpeteo amortiguado, como pasos en el descampado. - ¿Hm? Creo que ha dejado la puerta abierta, Judal. -
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Judal el Lun Jun 20, 2016 2:11 am

Si bien no había firmado contrato alguno con el príncipe el pelinegro sabía como meterse entre la nobleza, no era tan sencillo como simplemente ofrecer sus servicios y ser aceptado, ningún noble aceptaría a un hombre de manera tan directa y sencilla. La confianza se ganaba y la dependencia se creaba, eran cosas por la que tenía que trabajar para obtener y eso hacía. Quería llevarse su tajada del poder del inseguro príncipe de tan fuerte país y para ello ya debía comenzar a actuar como su sirviente, como su consejero y hombre de confianza, tenía que mostrar no solo que podía hacer el trabajo si no que no habría nadie más calificado para hacerlo, incluso si era un trabajo que no necesitase ser hecho. Abriría su camino y tomaría esa oportunidad, ver al príncipe titubear y desviar la mirada con nerviosismo le hacía nacer una sonrisa en su rostro pues le afectaban sus palabras y su aspecto, cosa que jugaría tremendamente a favor.

- Gracias, mi príncipe. Pero sin importar que contrato anteceda a mi firma sabe donde está mi lealtad. Por eso estoy aquí ahora. - recalcó cuando consideró oportuno, cuidaba mucho sus palabras y también sus acciones, el tomar ese trabajo en Nohr había sido fríamente calculado también, sabía que en tiempos de guerra y en una nación donde la tierra no era cultivable y el agua escaseaba la economía era la piedra angular en la supervivencia de la población y habría podido conseguir un buen trabajo como contador o derechamente economista en aquel lugar, pero aquello era un trabajo de mucho más peso y mayor compromiso que comprometerían su lealtad a ojos del príncipe de cabellos violetas, mejor mantener las cosas seguras y un trabajo justo para tener el sello real de Nohr en su portfolio y la confianza del príncipe de Daein intacta. La respuesta dudativa del heredero no le extrañó, la duda parecía ser lo que siempre le tenía la lengua cosquilleando y sus dedos nerviosos, se apresuró a aclarar aquello casi de inmediato - No puedo saber las intenciones del príncipe Leon pero el conflicto existe y usted no ha sido informado. No sería de extrañar que esto fuese una acción deliberada, si su padre, el Rey de Daein se está intentando comunicar con usted puede que el correo esté siendo controlado y no lo esté recibiendo, que Nohr no le esté comunicando a usted es derechamente para evitar su huída. Que se le permita oficiar aquí no es más que una garantía de que permanecerá en este lugar, será un preso político sin siquiera saberlo, el mismo príncipe Leon puede estar actuando para mantenerle a usted tranquilo, dócil y en un lugar alcanzable sin comprometer su posición y relaciones al no tomarle preso por la fuerza. Le ruego, mi príncipe, que sea prudente y escape mientras aún pueda. - la urgencia en su voz era medida, suficiente como para expresar la seriedad del asunto pero no tanta como para entorpecer sus palabras. - Si quiere hablar con el príncipe, le recomiendo que lo haga cuando haya salido de Nohr, cuando se encuentre en territorio neutral. - si bien entendía las dudas del príncipe espiritista no comprendía porque dudaba tanto en su seguridad, aún le sorprendía al bailarín como un heredero a la corona viajaba solo y sin protección alguna más que su propia magia.

Al ver que la mirada del príncipe se dirigía por sobre su figura hacia la gran nave del templo se giró para observar también lo que este decía, frunció su ceño al notar las puertas entreabiertas - Estoy seguro que dejé las puertas cerradas y fuera no hay viento tan fuerte como para que las abriesen nuevamente... Puede que no estemos solos. - la sospecha principal era un espía, que le hubieran seguido, un ladrón quizás, llamado por las joyas de oro que portaba el bailarín. Su atención enseguida fue llamada por un sonido en la oscuridad, pasos lentos y algo arrastrados, en una de las paredes se proyectaron dos sombras débiles por las velas que apenas daban luz al lugar. Llevó su mano a su cadera y de entre la tela vaporosa que colgaba de esta apartó dejando a la vista los mangos de varios cuchillos que llevaba contra su pierna, sacó uno y lo acomodó entre sus dedos mientras tocaba el costado del mago con su codo y señalaba con su cabeza hacia las sombras para prevenir al otro.
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Pelleas el Miér Jun 22, 2016 9:59 pm

Pelleas era consciente de que la política no era su fuerte. No había sido ampliamente formado en ese aspecto, su padre siempre había mostrado más en ejemplo que en explicación y había sido muy poco tiempo, previo a su partida de Daein, en que le había permitido ser un poco más partícipe en el tema. Claro que admiraba de sobremanera el tópico y a aquellos que lo dominaban con soltura, personas diplomáticas como Judal, pero era un talento del que él carecía. En ese sentido, podía contarse afortunado de tener al bailarín allí para que le explicase las cosas. No había nada más conveniente que contar con un fiel a Daein y a la vez un consejero político en esos momentos, pues en efecto, Pelleas no olvidaba que esa era la verdadera profesión de Judal. Atendió a cada impresión y comentario suyo, en iguales partes impresionado e indignado por las facetas del problema.

Si lo pensaba, sí tenía bastante sentido que cualquier conflicto le fuese ocultado. No podía saber si se le había permitido entrada a Nohr bajo esa misma premisa o si era un desarrollo reciente, mas de ambas formas, Judal tenía razón en que a un Nohr enemistado le convendría. No creía que el príncipe con el que había hablado le hubiese mentido, principalmente por ser ambos de ellos magos oscuros, pero todo encajaba muy bien; no habría creído muchas cosas de frente, pero de la forma en que Judal las mencionaba, tenían demasiado sentido como para no preocuparse. Tenía que considerar esos casos y actuar de forma responsable. Aún si lo que menos creía era que su padre intentara contactarlo, pues siendo crudamente realista, pasarle informe de la situación política de Daein era lo último que imaginaría del rey Ashnard. En su acompañante sí confiaba, sí le creía. Y lo que Nohr había hecho le era tan admirable en su sutileza como indignante en el hecho. Vuelto consciente de todo un espectro de verdades ocultas que no había considerado, el mago oscuro no pudo sino volverse hacia el varón de cabello largo con renovado asombro. - Todo eso... por supuesto que tiene sentido, es lo mejor que podrían hacer en este momento. Bien puede ser la situación en que estamos ya envueltos. Siento que acaba de abrir mis ojos. - Dijo, dedicando al bailarín una honesta y agradecida sonrisa. Asintió a su recomendación, y a paso decidido se acercó un poco a él. - Me alegra mucho que esté conmigo en este momento, Judal. Saldremos, verá. Le prometo que lo mantendré a usted a salvo. -

Pero antes de recoger sus pertenencias y hacer su retirada, antes de poder siquiera planear la misma, tenía que constatar la seguridad allí dentro, en el templo. Encargarse de aquellos intrusos. Su rostro tomó considerable seriedad al sopesar que se tratase de hombres de Nohr, antes de cualquier otra sospecha. Tan pronto como el sutil codeo de su acompañante le alertó a las sombras en un costado de la nave, el mago se volvió hacia el altar para tomar no un libro de las escrituras de Grima, sino uno de sus tomos mágicos. - Por favor aguarde. - Murmuró, tomándose el tiempo de abrir el libro y observar las páginas, buscando, sin echar aún a conjurar. Las sombras continuaron moviéndose en ese intervalo, desplazándose por el costado del edificio; dos de aquel lado, seguramente dos moviéndose en espejo al otro. Querría hacer las cosas bien, no dejar un sólo margen de descuido en el asunto. Adelantándose a que Judal hiciese cualquier movimiento desmedido, se posicionó frente a él con el tomo entre manos, bloqueándole el paso. - Vaya tras el altar y apague las velas, por favor. -

Dicho eso, comenzó. La invocación apenas murmurada logró hacer un eco ininteligible en la enorme bóveda, y con ella, el libro entre las manos llenas de anillos comenzó a emanar un humo negro y espeso, que arremolinó alrededor del hombre que lo llamaba. Si las velas se apagaban, la oscuridad en el ambiente no haría ni más ni menos potente su hechizo, pero quizás disimulase la dirección en que lo enviaba, así como la posición del mismo mago. Sin tiempo de aguardar mucho, las sombras se dirigieron ya el costado de la nave donde Judal había avistado las sombras, moviéndose no como humo, sino entonces como una ráfaga que golpeó contra la pared y lo que había entre esta y los asientos, generando en respuesta un ruido de dos respiraciones ahogadas, quejidos. Pelleas se dirigió hacia allí enseguida, sin soltar su libro ni cesar sus murmullos al andar, con intención de ir a por los cuerpos. Una cosa a la vez, ya buscaría a los demás asesinos, que preparaban oportunamente sus arcos. Dos de ellos del otro lado del salón, dos más desde el balcón en el nivel superior.
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Judal el Jue Jun 23, 2016 9:56 pm

El mostrarse sumiso y servicial con el príncipe había sido la piedra angular de ganarse su confianza, ahora que se imponía un tanto más era simplemente para sacar a relucir su mejor habilidad como estratega político. El mostrarle la situación en donde los nobles no la veían era su mayor talento entre otros varios, con solo unas pocas pruebas y unos vagos hechos era capaz de ver el abanico de posibles situaciones, obviamente seleccionar las más probables y las más peligrosas para poder actuar en consecuencia. Según lo que había escuchado estaban al borde de una guerra si no es que ya lo estaban, incluso el solo decir "conflictos" ya era suficiente como para retener a un prisionero político como medio preventivo, tenía que sacar al príncipe lo más rápido posible de aquel lugar, después habrían tiempo para preguntas, pero no podría hacerlas desde una celda. Si bien no había levantado sospechas en el castillo, pues su día laboral había terminado normalmente y se había despedido por el día con una sonrisa, podía perfectamente haber dado la información y haber regresado a su puesto de trabajo, incluso si le atrapaban ahora podría fácilmente ponerse de lado de Nohr si era lo que le convenía pero si pensaba fríamente las opciones, cosa que había hecho en el día y en su camino hasta el templo, no había dudas que el lado que más le convenía estar era el de Daein. Viendo de primera mano la fuerza militar de Daein que hacía tener de cuidado a Begnion, un país tres veces más grande, economía tan estable como su fuerza aérea de wyverns siendo el propio rey un wyvern rider respetado por su país y ahora informado que su hijo era un mago oscuro dejaba por lejos las áridas tierras de Nohr donde los príncipes no dejaban sus hogares y la gente no tenía algo tan básico como el agua y los alimentos. Si solo lidiando con el problema de los emergidos Nohr parecía tener problemas no quería estar ni cerca cuando hubiese realmente guerra. Extendiendo un poco más esto siendo la religión del país la adoración al dragón oscuro como Plegia no estaba en buen camino, visitado Plegia y pasado por Altea e Ylisse podía ver la tensión entre ambas culturas y nuevamente, países que se daban el lujo de hacer fiestas entre nobles y despilfarrar riquezas en espectáculos y artistas, como había dicho Suzuki, quien trabajaba para la casa de Altea, suponía que no estarían en mala posición a la hora de tomar armas, sumando los rumores de que Altea ya estaba libre de emergidos los ponían sobre una posición favorable... no necesitaba pensar demasiado más sobre la postura a tomar.

Ya le estaba sonriendo y agradeciendo lo cual era un punto a favor gigante, si bien estaba en un tema serio lo tomaba como una victoria que no cuestionara más al respecto y ya mostrase sus intenciones de emprender camino en ese momento. Sin embargo las sombras les interrumpían, podían tanto ser emergidos como soldados de Nohr... si eran estos últimos estarían en problemas, ya consideraba prudente ir pensando en una alternativa más extrema, robar caballos e ir directo hasta la frontera más cercana, si no se equivocaba si iba directo al norte llegaría a Ylisse en menos de un día, no sería lo ideal pero era mejor que estar en un país en conflicto. Afirmaba el agarre de su daga dispuesto a abrirse paso pero la petición del príncipe le hizo bajar su arma. Una sonrisa apareció en sus labios, aparentemente se librarían de esto con magia y le alegraba poder participar, verla actuar de cerca y aprender quería ganarse el favor del noble no  solo por trabajo si no por que buscaba aprender de aquella arte oculta. Se apresuró detrás del altar para mojar sus dedos con su lengua e ir apagando una a una las velas que iluminaban el lugar.

La oscuridad envolvió el lugar por completo cuando la última vela murió, apenas se veía la línea de la puerta entreabierta pero la oscuridad de afuera no hacía nada por iluminar el interior. Recordaba un poco el lugar de cada cosa en aquel templo pero no tanto como para poder ir a ciegas. Por las dudas afirmó el agarre de su daga y tanteando el borde del altar se volvió hacia el mago mientras su vista se intentaba acostumbrar. Ahora podía escuchar con más claridad los pasos de los enemigos, incluso el detener de sus respiraciones y el ahogado gemido del enemigo que intentaba luchar contra aquella masa de oscuridad que ponía el reverso de sus brazos con la piel de gallina. Sintió el tensar de arcos y se sobresaltó, se preguntó si los arqueros le estaban viendo y no simplemente se había puesto como una presa más fácil al apagar las velas. No se atrevió a decir palabra para no llamar la atención de los enemigos, incluso se quitó las sandalias para eliminar cualquier sonido al caminar. Se adelantó hasta los escalones los cuales bajó uno a uno deslizando su pie por el borde para no tropezar, siguiendo el sonido de los hombres ahogados, la magia les quitaría el aire, les comprimiría sus órganos, pero podía llegar a ser que quedasen con vida, los remataría al caer.

Llegó a ver el borde de los cuerpos alzados, envueltos en oscuridad, su vista poco a poco se acostumbraba y se apresuró a llegar a ellos pasando por encima de unos bancos de piedra para ganar altura y estirando su mano hasta tocar a uno se guió hasta el cuello donde pasó su daga para degollarlo. Agradecía que la oscuridad invocada por el príncipe fuese tan fuerte en su tormento que inmovilizaba a los pobres diablos.
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Pelleas el Vie Jun 24, 2016 11:27 pm

La oscuridad se arremolinaba, golpeaba como olas contra una costa rocosa, azotaba y se expandía sobre los enemigos, atravesando y empujando los cuerpos a gusto. Pelleas no pretendía ser cuidadoso en aquella tarea, sino eficaz e infalible. Debía de atacar a matar. Mientras trabajaba continuó su camino hacia aquel lado del gran salón, y a su paso percibió la luminosidad del ambiente morir de a vela en vela, a medida que Judal se encargaba de apagarlas. La oscuridad pronto de hizo total. El mago se aseguró de no perder su camino, así como se mantuvo consciente de que aquello que se movía tras él, sigiloso y ligero, no era otro sino su acompañante. No pudo dedicarle las palabras de agradecimiento que habría deseado, pues no podía interrumpirse a sí mismo en recitar sus conjuros, mas sí sonrió para sí al sentirle pasar cerca, subiendo a los bancos de piedra con un muy suave ruidito al caer su piel, su peso, sobre el material. La mano que descansaba sobre Ruina se tensó, doblando los dedos sobre el tomo, ejerciendo fuerza sobre algo invisible al asegurarse de sujetar quietos a los invasores. No querría poner en peligro a Judal, quien tanto acababa de hacer por él.

El bailarín alcanzó a los arqueros antes de que lo hiciese él. Al aproximarse, Pelleas consiguió atisbar en el nocturno ambiente el movimiento de la daga, así como el manantial de líquido oscuro y espeso que se abría en la garganta de cada uno. Ni un ápice de duda en el ataque, ni un ápice de misericordia en el lugar que elegía cortar. Apartó una mano del libro para llevarla hacia Judal, rozando su espalda descubierta con yemas de dígitos fríos; no era confianzudo con nadie y no había comenzado a serlo con el esbelto hombre tampoco, tan sólo tocaba porque no podía hablarle, ocupado en recitar en un grave murmullo aquellas palabras en un idioma perdido, rítmico y calmo. Inclusive entonces, su forma de tocarlo era sólo apoyando las yemas de los dedos para llamar su atención, evitando acercar la palma. El tacto apuntaba a indicarle que permaneciese allí, tanto como reconocerle por lo que acababa de hacer. La oscuridad regresó al tomo que la había invocado y Pelleas pudo pausar para hablarle al otro hombre, manteniendo la voz en susurros. - ¿Puede revisar los cuerpos? Quisiera saber si son... - No supo terminar y se abstuvo de hacerlo. Judal seguramente comprendería su duda.

Tenía que buscar al resto de sus enemigos. Tan sólo habían atisbado a esos dos, mas se le hacía poco creíble que fuesen los únicos en escabullirse al interior del templo. Debía de haber otros. Se apartó un poco de donde estaban, a modo de dejar al bailarín a su tarea, no llevar el peligro hacia él. Tomó aire y en esa instancia su voz no fue un murmullo, sino un trémulo recitar, lento, audible y profundo. Caminó hacia el centro del recinto sagrado. Las palabras no eran de una lengua comúnmente hablada y el mismo Pelleas apenas conocía rudimentariamente el significado aproximado, pero sabía leerlas, las sentía y sabía cuando correspondía poner algo más de fuerza en su enunciación. El templo retornaba en eco la voz del mago, como el cántico perfecto para ofrecer dentro de esas paredes. La magia comenzó a acumularse nuevamente.

Ocurrió lo que supuso que ocurriría. Los hombres que buscaba hicieron notoria su presencia, no en mostrarse fuera de sus escondites, sino en un par de flechas certeramente disparadas desde el otro lado de la recámara. Antes siquiera de comprobar su trayectoria, antes de pensárselo realmente bien, pues no era precisamente un guerrero experimentado ni un estratega, Pelleas pensó en alertar a su acompañante. - Judal-- ¡ngh...! - La flecha no había buscado al bailarín a un costado de la estancia, sino a él, cuya voz había estado delatando su posición todo ese tiempo. Y había dado en el blanco. El humo negro a su alrededor logró amortiguar el impacto y hasta desviar la trayectoria de los proyectiles un tanto, mas no evitó que una flecha diera en el brazo del príncipe, no incrustándose, sino dejando una herida alargada que cortaba el dorso de su mano y un tramo en su antebrazo, rasgando la manga de la ropa. Audiblemente, los arcos se tensaban otra vez. Pelleas sólo pudo pensar en retomar el conjuro interrumpido, ahora que sabía donde estaban.
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Judal el Miér Jul 20, 2016 6:30 pm

De pie sobre la roca helada sentía como sus dedos comenzaban a doler por el frío del lugar, sobretodo en sus articulaciones donde tenía la tensión de la situación y de mantener el mayor silencio posible en sus pasos, sabía que era vital no ser oído o podría ser él quien tuviese la garganta abierta. El líquido espeso y cálido recorrió su mano indicándole cuando soltar el cuerpo dando solo un paso hacia atrás sintiendo los dedos helados del mago incluso a travez de la delgada tela, si podía tocarlo con tanta precisión asumía que podía ver, poder de mago oscuro o quizás simplemente estaba más acostumbrado , así que solo asintió con su cabeza para apartarse, nuevamente al dar un corto saltito se escuchó un ligero chasquear de sus pies descalzos sobre la roca. Obediente a las palabras del hombre vio con fascinación como la espesa neblina negra se movía entre sus pies con un ligero hálito helado regresando hacia su dueño. Se acercó a los cuerpos y sintió pegajoso entre sus dedos, había metido el pie en el charco de sangre sin darse cuenta ya fría y comenzando a coagularse sobre la piedra helada. Agachándose con cuidado de no manchar sus rodillas tanteó los cuerpos, buscó alguna clase de identificación como guardias de Nohr, piezas de armadura, los característicos símbolos que eran como una estrella de cuatro puntas, pero nada, de hecho sus ropas estaban en malas condiciones y un aroma bastante desagradable que hizo que el consejero soltase enseguida y pasase sus manos por sus muslos con un gesto de asco mientras se alejaba.

Arrastró los pies mientras se alejaba para quitarse un poco de la sangre de estos y siguió el sonido de la voz, del cántico monótono y profundo que hacía eco en la recamara, podía ver la oscuridad moverse, volver a juntarse a los pies del mago y extenderse poco a poco por sobre el piso del templo como grandes tentáculos. Miró a su alrededor intentando ver más allá pero la escasa luz que entraba por la puerta abierta apenas dejaba ver difusamente algunas siluetas de los bancos y no mucho más, todo era tragado por las sombras más allá de la nave central. El tensar de los arcos le erizó la nuca y antes que pudiese decir nada escuchó el quejido del príncipe después de su llamado - ¡Mi príncipe! - escuchó nuevamente los arcos tensarse y corrió hacia la silueta que era el príncipe empujándolo del camino, era un hombre alto pero su constitución no era tan fuerte como sus anchos hombros indicaban y Judal si bien no era fuerte contaba con ser bastante alto y con el impulso de la corrida pudo moverlo de su lugar, lamentaba si lo tiraba al piso pero prefería eso a que le alcanzase una flecha. Sintió las flechas dispararse e impactar cercano a el contra la roca y ahora había escuchado de donde había venido. Alzó la vista al balcón y pudo ver dos sombras en la oscuridad, rápidamente acomodó el cuchillo entre sus dedos y lo lanzó hacia la figura. El sonido húmedo seguido de un quejido indicó que le había dado a uno, pero sin ser suficiente como para bajarle ya volvian a tensar sus arcos - ¡Salgamos de aquí! Tienen ventaja, no son soldados de Nohr. - ya conocía los emergidos, en diferentes ocasiones se había enfrentado a ellos y ya había escuchado toda clase de noticias al respecto, y entre esas historias estaba su incapacidad para comunicarse o siquiera para comprender palabras, al menos de manera evidente.

Nervioso por la tensión de los arcos corrió hacia las bancas y se acuclilló dentras de unas contra las columnas donde se protegería de las flechas, esperaba que su príncipe hiciera lo mismo y no que se quedase en terreno abierto. Ambos en el pasillo central seguramente eran blanco fácil y podrían ser vistos desde el balcón por los arqueros - Están sobre el balcón, lo mejor será simplemente huir. Será cuestión de tiempo antes que vengan soldados de Nohr en su búsqueda o que refuercen su vigilancia. - Esperó respuesta de su compañero, pero por mientras rehacía en su mente e mapa del lugar, por donde debería sacar al príncipe de la catedral, la puerta principal sería la mejor opción, aunque había una puerta detrás del altar por uno de los laterales que daba a una de las tantas recámaras, por un pasillo legarían a una pequeña cocina y una salida por el costado del edificio, sería un lugar más arriesgado ya que podrían atraparlos si llenaban ambos lados del pasillo, pero si no había vigilancia del otro lado saldrían por un área más segura y más cerca de la caballeriza.
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Pelleas el Jue Jul 21, 2016 2:57 pm

Intentaba convencerse de que el modo en que progresaban las cosas no era motivo de alarmarse, que resultar herido era sólo lo anticipable. Su experiencia en campos de batalla, hasta el momento, no había sido más que eso: matar al otro o perder su vida primero, sin puntos intermedios. Nada ameritaba parar. Y él pensaba continuar hasta estar seguro de que se había puesto a sí mismo y a Judal a salvo, ignorar el dorso de la mano y el brazo sangrante y seguir, mejor aún sabiendo en qué locación aproximada se hallaban sus enemigos. Fuese a ser más veloz él o el siguiente par de flechas, apartarse no era parte de sus ideas. Cuando Judal se lanzó a por él, Pelleas permanecía aún en exactamente el mismo sitio; con un quejido más por el punzante dolor en su mano que por el impacto en sí, fue tomado de lleno y empujado hacia los largos bancos en la nave central, dando contra el respaldo de uno antes de caer entre los asientos. El súbito movimiento y la enceguecedora oscuridad le desorientaron por un momento, mas no tardó en intentar alzarse, consciente de que no debían de parar.

Se sujetó del borde de una de las piezas de madera y se movió con un prolongado quejido, evitando usar la mano herida en ello. Ni siquiera era muy consciente del peligro que acababa de evadir, sino sólo de que tenía al hombre de cabello largo en frente, ileso, y que todavía ambos podían pelear. Jamás había sabido que Judal pudiese defenderse siquiera, quizás a causa de las circunstancias en que se habían conocido, o mero juicio hecho a base de su aspecto. Al oír sobre sus enemigos su atención recayó enseguida en la prioridad correcta. - ¿No son soldados de Nohr? - Dijo, soltando una exhalación aliviada. Aquel no era un intento deliberado contra su vida, al parecer. Las cosas no habían tomado su peor nivel de gravedad tan pronto. - Oh... entonces, um, sólo han de ser emergidos. Aunque justo ahora... - Frunció el ceño un poco, estirando una mano para tomar al bailarín por la muñeca. Se había movido y, temiendo que pensara emprender la huida en aquel mismo momento, el mago le haló sin brusquedad alguna para que el lugar en que tomase refugio fuese aquel mismo, tras la banca contra la que él había caído. No quería irse, no quería abandonar a su suerte el mayor templo a Grima en Nohr. Se acercó al otro hombre para tomar refugio con él, y aunque sabía que su consejo era acertado, intentaría persuadir, sujetándolo y susurrando aprisa. - No, no puedo dejar este sitio sin más-- -

Tan sólo pudo comenzar, antes de que le interrumpiese una ráfaga de aire gélido contra el pecho. Había movimiento en la oscuridad a su alrededor, ni el frío nocturno ni ataques enemigos, sino el conjuro que había dejado a medias, las sombras hallándose sin dirección ni control, encontrándolo al fin. Dejadas de ese modo, no hacían más que lanzarse de regreso al hechicero, retrayéndose violentamente al libro en su mano tanto como a su persona, atravesando carne y hueso para volver dentro. Cuando lo hicieron, Pelleas se encorvó al instante hacia adelante, soltando un quejido de dolor y un jadeo seco al intentar respirar, falto de aire y oprimido en el pecho. Dejó la muñeca ajena libre y por un par de momentos no pudo hacer nada más que eso, permaneciendo doblado sobre sí e intentando respirar otra vez.  - J-Ju... dal... - Masculló apenas el aliento se lo permitió. Tomó aún unos segundos más respirar con normalidad, estabilizarse lo suficiente como para proseguir. Alzó la cabeza de regreso, llevándose una mano instintivamente al cuello, sintiendo la garganta cerrada. - E-En lo posible... por favor, no vuelva a interrumpirme utilizando magia. Puede ser peligroso. No sólo para mi, sino también para usted. - Habló por lo bajo, tosiendo al finalizar, en un intento de quitarse la extraña sensación de la garganta. Al menos, estaba bastante acostumbrado y no lidiaba tan mal.

Apenas se recuperó, volvió a ver a Judal sin amago alguno de dirigirse hacia la salida. Aunque se le dificultase expresarse con firmeza, su decisión ya estaba tomada. - No podemos irnos de inmediato... l-las escrituras de Grima, las reliquias de este templo... no podría abandonarlas, por favor, comprenda. - Explicó, viendo a los ojos del otro con un gesto que delataba que quería su autorización. Aún mientras había negado emplearlo como consejero, se dejaba llevar mucho por su palabra. Tras ello miró de soslayo al altar, apenas visible en la penumbra, donde había dejado los ropajes eclesiásticos y las escrituras que había traído. - Al menos, debo de rescatar eso. - Concluyó, alzándose para ponerse de pie, saliendo del área segura. Estaba expuesto nuevamente, pero mientras no hiciese demasiado ruido, no sería fácil para los arqueros hallarle sin una sola vela brillando en el recinto. - Permanezca a salvo. - Le dijo, por último, a su acompañante. Y entonces echó a correr hacia el altar, sus pasos resonando en un inevitable eco, retornado una infinidad de veces por aquellas paredes de piedra. Tomaría los preciados objetos, los protegería con su vida.
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Judal el Dom Jul 24, 2016 3:13 pm

Cayó junto con el mago oscuro cuando le derribó, sin quedarse quieto no tardó en ponerse a refugio, casi que ignorando por completo las palabras que el otro decía. Había sido criado entre algodones, el único peligro real que había pasado en su niñez y adolescencia eran las lenguas venenosas de la corte y los nobles con los que se codeaba, había aprendido a sobrevivir en ese mundo con soltura y se adaptaba muy rápido a cualquier situación social, siempre saliendo airoso de aquellos problemas. No había esperado que esa capacidad de adaptación se extendiese a situaciones como las que había tenido que enfrentar desde que había dejado la cunita de oro en Begnion y había salido al mundo exterior, antes de eso nunca había empuñado su daga para nada más que amenazar a algún ladrón y solo había herido una vez a un hombre en la mano cuando había intentado propasarse con él, tampoco había recibido mayor daño que algún músculo esguinzado por el baile o un golpe por caer mal en alguna pirueta, el haber recibido mordidas, espadazos y hasta una lanza en su espalda habían sido dolores que se habían quedado clavados en su mente para saber como evitarlos. Había aprendido por las malas que era mejor evitar un ataque que simplemente tirarse al frente, historias de caballeros y soldados que seguían peleando con extremidades menos habían eran mentiras a sus ojos, o gente muy mal de la cabeza.

Se había preparado para huir, estaba con su cuerpo tenso y observando hacia la salida, calculando aún si podrían correr más rápido de lo que los arqueros podrían apuntar, un flechazo en una pierna podría ser fatal, tanto como un flechazo en el pecho. Incluso pensó en la posibilidad de dejar atrás al mago si llegase a caer, era un príncipe y si le salvaba la vida tendría asegurado el puesto así como el favor del rey de Daein, nada pequeño, pero arriesgaría su propia vida y era consciente que no podría cargar al príncipe caído de ser necesario. Demasiadas cosas pasando por su cabeza cuando le tomaron la muñeca sin permitirle seguir con su plan, ladeó el rostro para mirarle por más que solo en la oscuridad apenas veía una sombra donde estaba la silueta del mago tomando asiento en el piso junto a él, era una realidad que no podía quedarse allí por siempre, los arqueros en algún momento bajarían a buscarlos. Sintió un escalofrío desagradable cuando la oscuridad pasó como una ráfaga entre sus piernas y hasta un cosquilleo doloroso tal cual sentiría cuando se dormía sobre uno de sus brazos y el mago enseguida emitió un quejido de dolor. El consejero se alertó, había posibilidades que hubiesen otros magos oscuros, ni siquiera emergido, si no magos de Nohr que hubiesen venido por el mago, nuevamente tenso se giró aunque no se movió, pues las palabras del príncipe aclararon la situación casi enseguida - No, no es seguro... no le harán nada al edificio y hasta puede ser que corran tras nosotros dejando el lugar atrás, en cambio si estamos dentro puede que hasta recurran a prender el lugar en llamas para matarnos... - una idea surgió en su mente... era perfecto, prender fuego el lugar, dejar cuerpos de emergidos dentro y algunas pertenencias del príncipe, incluso podrían ponerle el anillo de este al dedo de uno de los emergidos y dejar que el fuego consumiese, a los ojos de quienes fueran a buscarlos estarían muertos y no les perseguirían. Pero en medio de aquellos pensamientos el príncipe ya corría hacia el altar - Maldita sea... - musitó y salió al descubierto también, empuñando entre sus dedos dos cuchillos.

Tenía que distraerlos del príncipe, este estaba haciendo ruido al correr así que sería un blanco fácil, tenía que hacer que él fuese un blanco más tentador o al menos más peligroso. Escuchó los arcos tensarse enseguida, dos de ellos, su anterior ataque no había hecho mucho en uno de los enemigos pese a que había escuchado que había acertado. Esperó el momento junto y lanzó la daga cuando dejó de escuchar la tensión, momento que los arqueros estarían apuntando y calculando, la daga cortó el aire y volvió a dar en algo blando como había escuchado, no se detuvo y lanzó la segunda al mismo sitio, Un quejido ahogado y una flecha lanzada pero que dio contra el piso, el cuerpo cayó por el borde del balcón sobre los bancos haciendo un escándalo en el silencioso espacio - ¡Tome lo que tenga que tomar y corra! ¡Lado este del altar hay una puerta, salga por ella! - gritó mientras emprendía huída hacia el alatar para reunirse con el príncipe, el segundo arquero no pareció inmutarse por la caída de su compañero y lanzó la flecha al blanco más sencillo, el que estaba gritando. La punta metálica alcanzó el hombro del bailarín, un dolor profundo se extendió por todo su brazo y pecho haciendo que cayera de rodillas hacia adelante acompañando de un grito, teniendo el proyectil clavado en su espalda a la altura del omóplato no llegaba a quitarlo y el dolor a cualquier movimiento era demasiado como para poder retorcerse mucho, con lágrimas en sus ojos intentó sujetarse del borde de las escaleras para levantarse, al menos arrastrarse hasta un lugar seguro. Su resistencia al dolor era bastante escasa.
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Pelleas el Jue Jul 28, 2016 2:25 pm

No podía dejar de lado el templo y lo que contenía, aún si debiese comenzar a considerar a Nohr un lugar en el que no era bienvenido, ni siquiera un sitio seguro. La incalculable riqueza de conocimiento religioso y objetos de importancia para los grimleales no merecía perderse, fuese por la causa que fuese, y era de personal importancia para él hacer algo por defenderla. No obstante, las advertencias de Judal al respecto no pasaban desapercibidas. Pelleas había llegado a ser tanto o más propenso a confiar en el juicio ajeno que en el propio y si el bailarín auguraba peligro para el templo, habría de creerle de lleno. Si se quedaban y si los emergidos seguían viniendo a por ellos, bien podrían intentar quemar, derrumbar o dañar el lugar. Por un motivo o el otro, el resultado volvía a ser que tendrían que irse cuanto antes. Lo haría, se encomendaría a las decisiones de un hombre claramente más sagaz que él mismo, pero había dejado un par de cosas ya bastante valiosas a la vista y esas, al menos, tendrían que ser puestas a resguardo.

Trastabilló con el primer escalón que alzaba el altar al final de la nave, atrapándose con una mano para poder continuar, luego tanteando el borde de la estructura para rodearla. En la oscuridad total escuchó un grito extrañamente breve, seguido de un estruendo en las bancas, como si algo diese con fuerza contra estas. - Grima y todos los dioses... - Pelleas murmuró por instinto, sobresaltado y perdiendo por completo el ritmo en su respiración. Ese no podía ser Judal, seguramente no fuese, el hombre era demasiado escurridizo como para que lo hubiesen atrapado tan pronto. Aún así, ya era demasiada incertidumbre y demasiada agitación para él, suficiente por una tarde; tan sólo quería terminar con ese horrendo asunto e irse. Exhaló con vasto alivio al oír la voz masculina hablarle, dándole más autoritarias instrucciones. Habría respondido con una afirmativa, mas seguía siendo lo más prudente guardar silencio; tan sólo le obedecería, y esperaba que en aquella salida se reencontrasen. Sus dedos se toparon con los tomos que había estado revisando así como el bulto de tela junto a estos, los cuales atrajo hacia sí para meterlos a tientas en su bolso. A oscuras, no vio su mano herida humedecer las portadas con sangre, ni manchar la inmaculada prenda de ropa. Pero tenía lo que había querido salvar y no necesitaba más para retirarse.

Aún así, escuchar a Judal gritar en dolor derrumbó el plan antes de que se concretara. Lo había oído cerca, sabía que debía estar por allí, del otro lado del altar, mas de algún modo el enemigo le había alcanzado. Sin pensárselo en absoluto, Pelleas se regresó aprisa a la corta escalinata. La necesidad de terminar pronto con aquel asunto se volvía más imperiosa. La urgencia y el instinto, ese raro hecho de tener algo que proteger, guiaron sus manos en conjurar de regreso, lanzando un hechizo tras otro a su alrededor, ráfagas sombrías sin dirección ni blanco fijo. Sólo enviaba tantas de ellas como podía y esperaba que diesen contra algo. Oía a Judal aún más cerca, casi a sus pies, mas no tenía aún oportunidad de vigilar su estado.

Cuando el cansancio le hizo desistir de su frenética e inútil tirada, a sabiendas que seguir sólo terminaría de desgastarle, se agachó frente a él. La clase de magia que manejaba agotaba con rapidez, y en el caso particular del príncipe, el nerviosismo y la urgencia no le ayudaban a empujar más fuerte, sino que le volvían más torpe; se había sobrepasado y estaba más cansado de lo que debería. Y sin embargo, se recordaba que lo que restaba era sólo un último poco, el esfuerzo de salir de ese lugar y nada más. - L-Lo siento, no creí que debiese salir a solas, en estas condiciones... - Comenzó a explicarse, aunque las condiciones exactas eran algo que ignoraba. Veía la vara del proyectil sobresalir de la espalda del bailarín, nada más, y no se atrevía a tocarla por miedo a abrir una herida mayor. Sólo podría levantarlo, ya en un sitio más lejano y más iluminado pensarían en el resto. - C-Con su permiso, tendrá que disculparme, pero es que-- - En ese momento, él mismo pensó que estaba hablando y explicándose demasiado, se silenció y sólo se dispuso a separar a Judal del suelo. Si le tomaba bajo la cadera y bajo el pecho a la altura de los brazos, no era tan difícil moverlo. La ligereza del cuerpo del otro, lo fácil que resultaba rodear la figura más pequeña con los brazos, facilitaban aún más la tarea; tanto que una súbita y aumentada consciencia respecto a la fragilidad del otro surgía en el mago oscuro, disparando su preocupación.

Apenas había aprendido que Judal era capaz de luchar y defenderse, mas no debía confundirse, seguía pareciéndole tan vulnerable como antes y nada le aseguraba que soportase otra flecha. - Lo siento. - Volvió a murmurar, en parte porque no acostumbraba tocar a nadie sin claro permiso y parecía todavía imprudente de su parte. El resto, era por la situación en general. Un gesto apesadumbrado y serio permaneció en su rostro. Mantuvo al otro cerca, convencido en aquel entonces de que era él a quien le correspondía proteger, ayudándole a poner de pie y a emprender camino a la salida, cuan aprisa o cuan lento debiesen hacerlo.
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Judal el Vie Sep 02, 2016 1:28 am

La oscuridad, el frío de las rocas, perder la noción de donde estaba todo a su alrededor, la espesa sangre caliente acariciar su espalda y apegar las vaporosas telas que salían del pequeño cuello de su traje eran solo pequeñas piezas que se hacían secundarias frente al dolor que estaba sintiendo. Anteriormente le habían perforado la piel con una lanza, pero la situación había sido diferente, la adrenalina estaba en su punto máximo y la herida había sido dentro de todo superficial y rápidamente curada con medicina, sin embargo esta vez la flecha se había hundido directo en su carne, la adrenalina no era más que un poco por la urgencia de la situación pero no suficiente como para impulsarle fuera de aquel umbral inmovilizante de dolor, ahora hasta respirar le hacía sentir un dolor horrendo en todo el pecho, cualquier movimiento le daba la impresión que la flecha seguía abriendo su camino en su interior hasta salir por su pecho, simple impresión suya, pero una que le aterraba, era consciente lo peligrosas que podían ser las heridas de flechas, tan pequeñas pero tan propensas a hacer desastres internos y hemorragias que no se podían parar. Sintió las manos húmedas, no sabía ya si era por sangre o por las lágrimas que corrían por sus mejillas, todo era demasiado confuso, ni siquiera pudo escuchar los pasos del príncipe acercarse, solo la frialdad recorrer el piso, aquellas ondas escalofriantes que pasaban como fantasmas a su alrededor solo dejando una estela de terror como si estuviese sobre una tumba profanada.

El terror le hizo apretar sus dientes y sollozar en voz baja, agradecer a Naga, Grima, Ashera y todos los dioses habidos a lo largo y ancho del mundo cuando sintió las manos sujetarle y alzarle. Sus dedos delgado se aferraron con urgencia a las ropas del mago, sin siquiera escuchar sus palabras se aferró con cuanta fuerza le restaba hundiendo su rostro en su pecho, entre las telas de su capa corta sin contener los cortos gritos de dolor al ser movido - ¡Sáqueme! ¡Vamos de aquí! ¡Solo salgamos de este maldito lugar! - rogaba en desesperación secando su rostro al apoyarlo en la cara tela, uno de sus brazos rodeando el hombro ajeno y aferrándose a su espalda mientras su otra mano se agarraba tan fuerte como podía al antebrazo ajeno, sus piernas apenas tenían la fuerza para rodearle por la cintura. Para nada cohibido con la cercanía ni el contacto con otra persona, no por la situación, si no por su misma forma de ser tan física, no parecía ni siquiera reparar en la incomodidad que el príncipe parecía sentir.

Escuchó demasiado claro, todo a su alrededor era un caos de oscuridad, sus oídos zumbaban y cualquier sonido parecía confundirse con otro pero aquello su mente lo aisló al instante, como una presa que escucha los pasos de un predador: la cuerda del arco tensarse nuevamente. A la altura del balcón apenas le habría llegado las  oleadas de magia oscura, y de haberle llegado ya estaba recuperándose nuevamente y volviendo a alzar su arco contra ellos. El pánico se apoderó de él, el dolor menguó un poco al disparo de adrenalina que le hizo separar la cabeza del pecho ajeno y gritar casi en su oído - ¡CORRA! ¡CORRA AHORA! - sus piernas se apretaron más contra el cuerpo del mago y sus dedos se hundieron tanto en la tela como en la carne bajo esta.
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Pelleas el Vie Sep 02, 2016 3:01 am

Estaba contando con que, dadas las circunstancias, Judal no fuera a incomodarse mucho ni quedase molesto por lo que hacía. Después de todo, era de vida o muerte; estaba desprotegido en la oscuridad y Pelleas no podía encargarse de todo, no a la vez. Huir era lo sensato, mientras el mago todavía pudiese andar y cargar a Judal consigo, gracias a lo escaso de su peso. Aún podían lograrlo. Con lo que no contaba era la efusividad del bailarín al respecto, aferrándose a él de tal modo que tironeaba las telas de su ropa en un extremo y otro, ahorcándole un poco con una capa de ropa mientras sentía la otra deslizarse de su hombro. Judal se le sujetó con las piernas y los brazos, firme y desesperado en alguna forma; le hacía un lío entre tenerlo a él y no dejar caer lo que cargaba, pero hallaba su acomodo, hallaba fuerzas en tener alguien que tanto dependía de él para salir de la situación.

Aunque oírle sollozar de ese modo hacía estragos en él. La capacidad de defenderse que había demostrado hacía pocos momentos no equivalía a resistencia al dolor; no reducía la severa realidad de lo que estaba sucediendo. Cualquiera de ellos era vulnerable a las puntas de las flechas. La herida de Judal era grave, por poco había esquivado a la muerte, pero el dolor no lo soltaría tan pronto y eso era algo que no todos los hombres nacían listos para soportar. Pelleas debía hacerse responsable por llevarle a seguridad. Le arropó contra su pecho, torpe, dubitativo en el gesto, guiando al varón más pequeño a una posición en que no le impidiese el movimiento o la vista hacia el frente, aunque sus piernas parecían inamovibles ya alrededor de su cintura y sus manos se aferraban con fuerza que no sabía que un hombre herido pudiera juntar. No era mucho lo que conseguía moverle, si acaso guiar un poco los insistentes gestos del otro al acercarse, prácticamente treparle u ocultarse contra él. Demasiado movimiento, quizás; demasiada cercanía para su propia comodiad, sumada a que los roces eran novedad para él. Las piernas rodeándole la cintura tampoco ayudaban. Tragó saliva e intentó dejarlo de lado.

- ¡S-Sí! - Obedeció sin chistar a las palabras del bailarín, llevándolo con ambos brazos al deshacer camino. Sus manos traían enredada la vaporosa y delicada tela del atuendo nuevo del pelinegro, todos los libros y objetos que rescataba yaciendo entre ellos, incluído el libro de magia que quedaba ahora fuera de su alcance. Sólo podría correr. Se recordó con urgencia los desniveles y pequeños escalones, pasándolos cuan rápido poía ir al buscar la puerta del lado Este del altar, como Judal había dicho en un principio. Y por allí se escabuyó, ya pesado en respiración y exhausto, pero aliviado de que el corto pasillo de paredes de piedra les resguardara de las flechas enemigas hasta dar con la puerta al exterior. Tuvo que ladearse, poner el hombro contra el que Judal no estaba y golpear de medio lado la puerta, sin manos libres ni tiempo para abrirle. El impacto sin dudas le dolió, pero la adrenalina amortiguaba y la urgencia exigía pasar de ello.

Salió a la noche de Nohr, silenciosa y cálida, como si nada en absoluto estuviese sucediendo. Pelleas no pudo sino parar un instante allí afuera, sintiendo el aire, los sonidos lejanos de construcciones y pueblos vigorizarlo a cuenta nueva. El respiro había sido necesario, así como el sentido de libertad fuera de aquella oscuridad casi absoluta. Tan sólo bajó la vista a Judal un corto momento, apretándolo a cuenta nueva contra sí con la zurda resbaladiza de la sangre del mismo bailarín, y prosiguió en la huida. Quedaba largo camino por andar hasta estar fuera de Nohr, fuera de todo peligro inmediato. Judal le había dado las advertencias necesarias y en eso, le había salvado; ahora era su turno de regresar aquel favor, llevándolo a las fronteras del reino y encontrando salida de este cuanto antes. - L-Le mantendré a salvo, verá, lo prometo. S-Sólo aguante ahí. - Murmuró. Ni siquiera sabía si su compañero seguía despierto y alerta, a aquellas alturas, pero sentía que necesitaba decirlo. La sensación de deuda hacia quien era su compañero de viaje, mas había jurado su lealtad en intenciones de ser su consejero, se fortalecía cada vez más. - Después de todo esto... después de todo lo que ha hecho... aceptaré su propuesta. Es lo menos que he de hacer... -
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

Mensaje por Eliwood el Jue Sep 08, 2016 10:55 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Pelleas ha gastado un uso de su tomo de Ruina.
Judal ha gastado un uso de sus dagas de bronce.

Ambos obtienen un incremento de +2 EXP.

Adicionalmente, la ocupación de Judal ha sido modificada, contando ahora con 2 estrellas de autoridad.
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Re: El que cava un hoyo caerá en él. [Judal - Pelleas] [Campaña]

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