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La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

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La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Gerome el Jue Mayo 05, 2016 10:08 pm

Las garras de la noche aún no tocaban el manto celestial cuando el Wyvern Rider cayó a tierra. Todo había ocurrido muy rápido, primero se encontraba en una misión sencilla de camino al único territorio que pareciese ser bien recibido por Akaneia, Tellius, pero al parecer él no era el único vigilando los cielos esa tarde.

Como un solado en entrenamiento, poco era lo que se podía esperar de él, su destino estaba sellado y él lo supo en el mismo momento en donde aquella flecha derribó a Minerva de los cielos. ¿Es que acaso el Destino cruel le tenía tejido en su manto tan poco tiempo para cumplir sus objetivos en la vida? Si era así, entonces era aquello lo que debía esperar.

Un grupo de Risens habían visto a su Wyvern volar por cerca de la zona de Elibe, y no pensaron dos veces antes de lanzar flechas en su dirección. Minerva cayó como roca velozmente hacía las planicies boscosas de un territorio que Gerome no había pisado nunca. En un último intento de mantener a su amigo a salvo, Minerva aleteó con fuerza para evitar una caída brutal y así amortiguar el golpe. La caída hizo un sonido seco y varias aves de la zona volaron lejos del impacto. Luego un silencio sepulcral.

Unos minutos más tarde, Gerome entró en consciencia de nuevo, su cuerpo protegido por el ala de Minerva. Se enderezó y bajó de la montura para ver los daños que su querida amiga había recibido. No vio la flecha en su ala, eso era buena señal, el objeto no había atravesado el ala, solo golpeado, por lo que la sanación sería rápida.

Con gentileza revisó el rostro de su compañera. Ella lo miraba fijamente, un gruñido salió de sus fauces, era casi doloroso escucharlo. Gerome pasó sus manos sobre la cabeza de ella haciendo un leve sonido tranquilizador.

-Minerva, descuida, te recuperarás en poco tiempo... te cuidaré-

Ante lo que ella gruñó otra vez y elevó su cabeza mirando al frente, hacía espaldas de su amo, sus ojos fijos en la distancia y su nariz olfateando. El soldado sabía bien que los Risens no demorarían en llegar a ellos, y antes de la caída pudo vislumbrar que le superaban en número. Sin su Wyvern en condiciones para la batalla, parecía que sería él y su fiel hacha esta vez.

-Minerva, en marcha, puedes caminar, te llevaré a un lugar más seguro. Yo me encargaré-

Su voz no daba opción a discusión, y no era como que el reptil pudiera responderle en algún sentido que nadie más que él pudiese entender tampoco, pero lo miró y gruñó. Ese llanto de desesperación volvió a emerger de su garganta y Gerome tuvo que colocar su mano sobre las fauces del animal para calmarlo. Ella no quería dejarlo pelear solo, pero solo en reposo podría volver a volar y saldrían de aquél lugar.

No muy lejos de la zona de la caída, había una cueva no muy bien cuidada, en su estado natural más puro. Gerome refugió el cuerpo de su Wyvern allí y sacó su hacha de la montura, afirmándola sobre su hombro. Miró a la distancia. El viento dejó de soplar por unos instantes. Su corazón bombeaba sangre cargada de adrenalina por todo su cuerpo. Calmó sus ansias con una respiración calma.

-Si he de morir aquí, me aseguraré de que puedas escapar, Minerva... Si mi Destino es perecer, por lo menos mi sacrificio no será en vano-

Y aunque Gerome no era el joven más sociable, y las posibilidades de que sacrificara su vida por la de otro ser humano eran muy bajas... Por Minerva sería capaz, su fiel compañera y amiga, desde la infancia. No iba a dejar que los Risens tomaran al único ser vivo que le importaba hasta el momento.
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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Justine Lorsange el Dom Mayo 08, 2016 8:39 pm

Inicio: 17 flechas en el carcaj.

— Menuda suegte la de esos dos…-

Musito, mientras veía como un hombre y su montura se precipitaban a toda velocidad del cielo al suelo, a una distancia muy próxima de su ubicación actual.   Justine se encontraba bien oculta entre las sombras de un árbol muy viejo, que superaba los cinco metros de altura y cuyas ramas le habían servido como sitio de descanso y soporte en esa tarde durante su camino de vuelta a casa. Ella nunca dormía en tierra, como tampoco se veía tentada a pagar la habitación de una posada los días en los que transitaba por alguna ciudad. Su sensación de seguridad estaba íntimamente ligada a la distancia del suelo, y solo en las alturas podía considerarse verdaderamente a salvo. Además, las locaciones elevadas le brindaban una perspectiva mucho más despejada y certera de lo que estaba pasando a su alrededor en un momento dado.  

Observo entonces como una bandada de Picatueros emprendía un vuelo repentino para alejarse de esa zona, perdiéndose entre nubes, y sopeso si debía de dirigirse hacía ahí o no. Por un lado, si habían muerto en la caída, ella podría robarle al hombre y aprovechar una nueva fuente de recursos, que sería su Wyvern, en donde se proveería de carne para varios días,  así como también de sangre y de huesos, que siempre resultaban muy útiles cuando de armas y de ungüentos se trataba. Sin embargo, era un hecho de que antes de que pudiese siquiera pensar en poner un pie en esa dirección, debería de tener en cuenta de que tarde o temprano se vería obligada a limpiar la zona. No importaba si se trataba de emergidos, o de otros asesinos como ella, todo se resumía en una necesidad por mantener el control territorial.  Finalmente decidió que lo mejor sería ir hasta ahí para jactarse el estado de aquel par de infortunados: Si habían muerto, se limitaría a aniquilar a los otros forasteros desde las alturas, lenta y progresivamente. Pero si estaban vivos, significaría tener un aliado temporal que se vería obligado por las circunstancias a ayudarle a eliminar a los intrusos.

Lo que haría después con ellos… se atendería en su momento. Ahora no importaba.    

Con muchísimo cuidado ató la bolsa cargada con provisiones y su escaso dinero a la rama del viejo roble en donde estaba sentada, para luego colocar el arco en el carcaj y  situar éste mismo en su espalda, como si se tratase de un bolso cuyo seguro le cruzaba el pecho, desde el hombro derecho hasta por debajo del seno izquierdo. Aseguro las manos al tronco y, apostando los pies en los lugares correctos, fue descendiendo suavemente hasta llegar al suelo. Piso tierra apoyando primero el empeine de su pie derecho, y luego bajo el talón, para luego repetir el proceso con el izquierdo. Saco el arco de su soporte y una de las flechas, para entonces emplazarle en el arma y tensar la cuerda. Durante unos pocos segundos permaneció completamente inmóvil, aventurando los 5 sentidos en el entorno. Su audición le traía pasos lejanos y erráticos, como si los atacantes estuviesen consientes del daño que habían causado, pero no hubiesen prestado una real atención al paradero de sus víctimas. Justine respiro profundamente y sonrió, tratando de ignorar el ligero ardor de una herida aún no muy bien cerrada que le escocia entre los omoplatos, recuerdo de su última misión.  

Torno el cuerpo en dirección al Este y empezó a caminar vigilando los alrededores. Pese a que sus pasos eran ligeros, ella dirigía vistazos esporádicos al suelo para cerciorarse de que no se encontraría con una rama, hojas secas, o cualquier otro elemento que delatara su posición. Trataba de asegurar cada paso y de transformar en un refugio efímero a toda sombra espesa propiciada por algún árbol de follaje tupido, intentando profundizar su recepción del entorno aguzando la vista entre las rendijas que se podrían descubrir en la separación de cada tronco, y en las gruesas telarañas compuestas por ramas secas o arbustos desnudos. Cuando se jactaba de que era seguro continuar, avanzaba por un corto trecho hasta llegar a un nuevo punto de inflexión y reanudar así la observación. Todo le resultaba muy extraño, porque si bien no alcanzaba a descubrir a nada ni a nadie, era un hecho de que el bosque a esas horas estaba bastante poblado, y que los sonidos ajenos a él se volvían a cada minuto más intensos.

Finalmente, llego al punto deseado a los 20 minutos de trayecto, aunque para su sorpresa no había nadie. La mujer entorno los ojos y respiro profundamente, llenando sus pulmones del olor a resina que abundaba en el ambiente gracias a las ramas caídas y troncos rajados por el desplome del dragón.  Se mordió el labio inferior manifestando cierta tensión, para entonces redescubrir un juego de pisadas que parecían haberse deslizado del destrozo hacia el Norte.  Si no pudieron emprender vuelo, era porque la montura no estaba en condiciones, lo que les obligaba a moverse despacio.  Emprendió un nuevo trayecto bajo la misma estrategia, aunque éste resulto muchísimo más cortó.

No bastaron ni cinco minutos para avistar entre los troncos dos elementos importantes: En primer lugar,  sus dos objetivos iniciales, enzarzados en lo que se le antojo como una situación súper acaramelada, innecesaria y peligrosa; a casi cuatro metros delante de ella  ubicados en la entrada de una cueva. Y, en segundo lugar, a un arquero a cinco metros y medio por encima de sus cabezas; apostado en una rama gruesa, agazapado en sombras, y tensando la cuerda de su arco. La joven asesina no se lo pensó demasiado y enseguida apunto con la flecha en dirección a ese segundo elemento en su mismo oficio, soltando el proyectil e insertándolo en la parte de atrás de su cuello. El enemigo cayo de frente hasta estrellarse contra el suelo, quedando muy próximo y a la vista del jinete y su montura. Rápidamente, Justine busco con los ojos a su alrededor por si aparecía alguien más, pero no encontró nada. Se adelantó en dirección al cadáver y retiro de un movimiento brusco la flecha, desgarrándole aún más  la carne del cuello. Herida que  empezó a manar sangre a borbotones, manchando la nuca y la espalda del cadáver,  tiñendo de rojo burdeos la tierra a su alrededor.  Justine se limitó a caminar hacia adelante y volver a colocar el mismo proyectil en su posición de ataque.  

— Lamento infogmagte que sí te matan aquí y ella no puede escapag…- Expreso en voz baja, sonriéndole al varón de la misma manera que podría hacer una madre cuando su hijo hace algo muy estúpido sin mala intención —tu muegte no habga segvido paga nada… ¿Lo captas?-Se río y lo miro a los ojos. Disfrazando su escama de condescendencia — ¿Os doy una mano o te dejo continuag con el numegito…?-

Avanzo un poco más y se desembarazo de las sombras del pequeño bosque, aunque sin bajar la guardia y con la cuerda del arco visiblemente tensa.

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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Gerome el Miér Mayo 11, 2016 8:41 pm

Gerome determinó un sonido, no ubicando completamente su ubicación. Recién se percató de lo ocurrido cuando sintió el sonido que hace una flecha al cortar el aire. Un sonido que conocía muy bien, siendo estas las armas que son su punto débil en muchos aspectos. Un cuerpo cayó al suelo en seco, una flecha atravesándole y, en las manos del cadáver, un arco y flecha que parecía haber sido apuntado en su dirección.

El soldado se colocó en postura defensiva. No era de Risens pelearse por una presa, siquiera tenían una mentalidad de voluntad propia que les permitiera atacarse entre ellos, eran como una colmena y solo pensaban en matar. O por lo menos esa había sido toda experiencia del joven. Pero sus dudas fueran prontamente resueltas cuando la voz femenina se hizo conocer entre las sombras.

Finalmente la figura se mostró ante él. Gerome la observó mientras era reprendido con cierta condescendencia que él mismo había usado en otros antes. No sintió la molestia que todos parecían sentir cuando él hablaba con ellos... Era incomprensible entonces, si él podía recibir aquellas palabras entonces otros también. El hombre no bajó la guardia ni un segundo.

-El Destino es caprichoso, si sus deseos son esos, no habrá más opción que aceptarlos. El Destino no puede ser cambiado-

Respondió a la fina argumentación de ella. La observó fijamente, con esa mirada inexpresiva, detrás de una máscara negra. Su rostro poco reflejaba alguna línea de pensamiento. La mujer frente a él era pequeña, baja, pero tenía unos ojos brillantes y unos colmillos que le recordaban a un Wyvern en su etapa más joven. ¿Es muy extraño ver a una mujer y pensar en que se parece a un cachorro de Wyvern? Quizás.

Afirmando bien su hacha y mirando no solo en dirección a la mujer, sino a lo que sabía que venía por detrás, el hombre la volvió a mirar. Minerva, detrás de él, emitió un sonido entre gruñido y chillido.

-Dice “gracias” y yo también agradezco la ayuda. Si deseas ir contra nuestros enemigos como aliados temporales, me parece una buena opción.-

Caminó en dirección a ella pero no se acercó demasiado. Se posicionó en modo defensivo y miró al frente. Minerva se movió de dentro de la cueva y extendió sus alas, sus fauces abiertas en silencioso gruñido, postura de ataque, detrás de su amo. No podría volar pero bien que podría morder.

-Eres arquera, una posición alta será la mejor. Si no me equivoco, hay dos árboles que te darán una altura casi perfecta, si nuestros enemigos vienen de aquella dirección...-

Y señaló el sendero por el cual seguramente vendrían. La basta vegetación impedía que sus enemigos se movieran velozmente, pero ese tipo de caminos nunca dificultaría a un Wyvern Rider ni a una Arquera. Hizo una pausa pensando un instante.

-En realidad, sabrás bien qué hacer. Te ves muy hábil. Yo me encargaré de lo que venga de frente.-

Y eso fue lo único que necesitaba decirle. Intercambiar nombres no era necesario y luego de esta pseudo tregua temporal, no sabía qué pasaría o qué intenciones reales tendría la joven. Él era consciente de estar en un territorio no amistoso con los de su nación y también era conocedor de que las personas no ayudan a otras sin segundas intenciones. Pero eso sería un asunto a resolver luego del problema de Risens.
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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Justine Lorsange el Sáb Mayo 21, 2016 5:15 pm

Inicio: 17 flechas en el carcaj.


Justine le contemplo un tanto contrariada. A su juicio, no podría haber una táctica de autoengaño más negligente que la de “creer en el destino”; en realmente sostener que los movimientos de cada criatura en el mundo ya están escritos, y que la vida misma consiste en una lectura de esas palabras impresas en el alma. Ella lo veía como una excusa para justificar la propia ineptitud y lavar los errores de una conciencia que poco o nada entendía de derrotas. Eso le hizo replantearse si realmente sería prudente unir fuerzas con él, o que si, por el contrario, constaría como un planteamiento poco inteligente aliarse con alguien que desde el principio se entrega a lo prosaico del concepto de un futuro como algo ya establecido.

Se dedicó a examinarlo durante unos pocos segundos, respaldada siempre en una actitud apática y critica, en tanto mantenía la cuerda de su arco visiblemente tensa. Consideraba que todo lo que se encontraba por arriba de la base del cuello del hombre, constaba como una diana tierna que podría llegar a perforar rápidamente de necesitarlo. Era indudable que lo que parecía caracterizarlo era la fuerza, ya que no muchas personas lograrían llevar puesta una armadura pesada, cargar un hacha de ese tamaño, y moverse con cierta soltura por aire o por tierra. Siendo notablemente más alto que ella y con una máscara ocultando parcialmente las facciones de su cara, a la arquera se le ocurrió que la decisión más prudente que podría tomar en aquel momento era la de mantener una sana distancia entre ambos. Así que con lentitud se apartó un poco de los árboles, para colocarse en un punto que le permitiese contemplar la mayor cantidad de elementos posibles; quedando de ésta manera con el jinete y montura a mano izquierda, y la desordenada y profusa hileras de árboles de donde había salido a su derecha.

Mantuvo la calma e intento aguzar el oído por si captaba algún sonido fuera de lo normal, pero entonces le sorprendió un gruñido y no tuvo otra que voltear su rostro en dirección al dragón.  

Después de la inmediata explicación del jinete,  Justine se encogió de hombros y un escalofrío le crispo la nuca — No es pog seg desagadecidapego mantenla callada. Que teneg a un Wyvegn gugiendo es exactamente igual a estág desnudos y pintados de amagillo en la mitad de un bosque…– Le increpo, al tiempo que lo veía aproximarse unos pocos pasos, distancia que ella por reflejo desanduvo hacía atrás. Se percató también de como el lagarto gigante se ponía en posición de defensa, y decidió elevar el rostro, observando a los tres árboles que tenía más cerca. Trató de descubrir cual le daría una mejor ventaja táctica… hasta que escucho, nuevamente, un comentario que muy bien podría pasar por… una orden.

La joven arquera fulmino al varón con la mirada y esbozo la más cínica de sus sonrisas. —  Sé… lo que tengo que haceg, ma vie… no te pgeocupes… – respiro profundamente y agrego —  Yo me ocupage pgincipalmente de los que vea lejos del suelo o con agcos y, en segunda instancia, avisagte si algo viene pog tiega… ¿te pagece bien?- Le pregunto, aunque no espero por su respuesta. Justine se dio una media vuelta y se encamino al árbol que estaba a mano izquierda del jinete. Parecía mucho más alto y grueso que los otros, ofreciéndole una gran cantidad de ramas por las cuales desplazarse y follaje más profuso en el que ocultarse. Guardo la flecha y el arco en el carcaj, aposto una mano en la primera hendidura que encontró y comenzó a escalar. Las bolsas de cuero que traía ajustadas en el cinturón guardaban únicamente dos brebajes curativos, el resto de las provisiones estaban muy bien escondidas en su posición inicial, por lo que esa ascensión resulto mucho más ágil y rápida.  Una vez apostada en la primera rama segura después de varios minutos, a seis metros del suelo, la chica se limitó a buscar con la mirada cualquier señal de movimiento en las alturas.

En una primera impresión no hubo nada que le llamase especialmente la atención,  ojeando entre ramas torcidas, brácteas y retazos de cielo. Entorno sus ojos color ámbar y entonces escucho una secuencia de sonidos torpes y pisadas rápidas a nivel del suelo. — Dos al fgente… - Se limitó a decir, en un tono moderado y claro, en tanto observaba como un par de elementos con armadura ligera se desplazaban indiscretamente entre troncos y atravesaban arbustos que apenas llegaban al nivel de sus muslos.  Se preparó, sacando el arco y colocando perpendicularmente a éste una flecha al azar, sin manchas de sangre.
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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Gerome el Mar Mayo 24, 2016 11:04 pm

La joven mujer no había parecido tenerle afecto alguno y eso no le sorprendía. Las acciones que ella cometía eran iguales a las que él hacía cada día en el campo, en el cuartel, en la vida en general. Una versión suya en femenino sería demasiado pero puede ser que tuvieran actitudes comunes. Sin decir nada en ningún momento, puesto que sus palabras habían despertado cierta molestia en la mujer que era tangible, solamente calló a Minerva con un sencillo gesto de la mano que la Wyvern no demoró en obedecer.

La escuchó moverse detrás de él entre los árboles, haciendo caso a su sugerencia no tan sugerida previamente. Afirmó su amarre en el hacha que sostenía. Cerró los ojos y se concentró profundamente. El ruido del bosque era opacado por los sonidos del próximo combate. Sentía el leve ruido que hacían las hojas al ser pisadas, los arbustos al ser arrastrados por las ropas de otro, los insectos musicales que escapaban de un depredador 1000 veces más grande. Gerome respiró hondo antes de volver a abrir los ojos al mismo tiempo que escuchaba a la mujer decir de qué dirección venían sus rivales.

-Entendido-

Musitó y apoyó su pesado pie izquierdo hacía atrás para darse un impulso directo en dirección de sus dos adversarios. Levantó su pesada hacha de hierro y ejecutó con experticia un movimiento tajante. Los enemigos no supieron ni qué los golpeó. La pesada arma moviéndose con velocidad cortó a la mitad a ambos emergidos. Eran débiles, armados solo con un par de lanzas de hierro y madera. La sangre de esas criaturas se derramó al rededor de él manchando su armadura. Dio un salto de regreso a su posición inicial.

-Vienen muchos más, esos eran los exploradores nada más-

Aseguró, consciente de que en todo grupo militar, por más descerebrado que sea, carente de alma, aún hay ciertas características que conservan.

Minerva se movió sobre sus patas girando su rostro hacía el lado opuesto del cual vinieron los enemigos. Gruñó molesta, recordando la orden de su amo, el cual miró hacía ese lado también levantando más la guardia y poniéndose en modo de defensa. La Wyvern extendió sus alas de manera amenazante conteniendo en la garganta su rugido de batalla.

Entre el múltiple follaje de aquel oscuro bosque de desplazaban los grupos armados de Risens, lo que Minerva había escuchado no era más que cuatro soldados de violácea piel y ojos rojos, cubiertos de sangre de batallas anteriores, con sus lanzas y espadas en mano. Dos al frente, dos atrás. Los del frente, con espadas, se lanzaron contra Gerome, el cual bloqueó el golpe con el hacha frente a él y empezaron a forcejear mientras la Wyvern agarraba al segundo enemigo con sus fauces, arrancándole la cabeza de golpe. En la lucha Gerome perdió vista de los otros dos lanceros.
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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Justine Lorsange el Dom Jun 05, 2016 9:20 pm

Inicio: 17 flechas en el carcaj.

Se concedió a si misma unos pocos segundos para curiosear sobre los métodos de los que su socio se valía para el asesinato.  Le vio descargar el impulso de su hacha sin piedad en los cuerpos de ambos lanceros, tajándoles al nivel del estómago con una facilidad escalofriante; dando la sensación de que a él le resultaba igual de sencillo trocear tendones y músculos a cortar una manzana o pelar un durazno. La sangre manada con abundancia de las heridas empezó a teñir la tierra y las hojarascas secas en el suelo, y Justine sintió como ese espectáculo tan sencillo le vigorizaba el espíritu.  

Con mucho esfuerzo se obligó a desprender la atención de ese punto en concreto y dirigió la mirada en dirección contraria, de dónde ahora provenía otro juego de pasos: con sus gruñidos jadeantes y a la carrera hacia ellos en las máximas del escándalo.  La asesina estaba lista para darles el aviso al jinete y su montura, pero el dragón se percató enseguida por propia cuenta y alertó a su amo.  Así que Justine aprovecho para mirar a los alrededores que quedaban a su altura y en niveles superiores, controlando los ritmos de su casi imperceptible respiración. No descubrió a nadie buscando esconderse entre el espeso follaje que ofrecían los sicomoros, ni ruidos que revelaran animales más grandes que un pájaro o una ardilla; todo sonido ajeno a la neutralidad del bosque parecía resumirse al grupo de abajo, en donde ahora se mezclaban la aguda disonancia que ejecutan los filos de las armas al chocar y repeler ataques, con la alerta de los pájaros emprendiendo vuelo lejos, o el canto de los grillos tan característico en las zonas agrestes.

Entorno los ojos y puso su arco en ristre. Ésta vez fueron cuatro los nuevos elementos en escena: dos adelante cargando con espadas, y dos en la retaguardia empuñando lanzas. Su socio temporal ya se estaba enfrentando a uno de los Emergidos armado con espada, en tanto su monstruo domesticado peleaba con el otro. Los lanceros, en cambio, parecieron tomar sus distancias e intentar rodear al hombre distraído por la batalla, con el evidente objetivo de llegar a apuñalarle por la espalda. Justine cerró su ojo izquierdo, y en foco el derecho (que era el dominante) en el que considero más peligroso, al verlo tomar impulso para atacar. Estiro la cuerda con su diestra hasta el punto de anclaje establecido en su mejilla y disparo la flecha, acertando en el lateral izquierdo del cuello de su objetivo. En este caso la asesina no se detuvo para ver el resultado de su ofrenda a la muerte, rápidamente saco otra de sus flechas y apunto al segundo lancero que había volteado en su dirección, tratando de captar que fue lo que saco de circulación a su compañero. Al instante una segunda flecha fue a parar en el ojo izquierdo del Emergido, destrozándole el globo y enterrándose mucho más allá, hasta que el astil tuvo un tercio de su longitud hundido en el cráneo.

Ésta vez sí quiso disfrutar de lo que había hecho, pero un elemento externo no se lo permitió. Tuvo la rapidez suficiente en sus reflejos como para reaccionar a tiempo ante el zumbido, y pegar el cuerpo al tronco. Una flecha pasó rozándole el pecho velozmente, y terminó su trayecto de forma brusca en el árbol más próximo a su siniestra. La rugosa textura de la madera raspo la herida en su espalda que ya traía consigo de la misión anterior y aún estaba roja,  escociéndole como una quemadura recién hecha. Sonriendo de oreja a oreja miro en dirección al responsable de ese proyectil, descubriendo un rostro amoratado de facciones anodinas, que al parecer había pasado desapercibido de su anterior examen gracias a que las gruesas ramas de los árboles que les separaban se habían antepuesto y le supieron esconder. El Emergido tenso la cuerda de su arco otra vez, y Justine reacciono rápidamente agachándose. Para cuando la segunda flecha se clavó en el lugar exacto en donde había estado apoyada la cabeza de la mujer, ésta ya se encontraba dos ramas abajo, cargando su arco, protegida por ese mismo juego de brozas gruesas que antes no le habían permitido descubrir a ese posible agresor.

Fin: 15 flechas en el carcaj.
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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Gerome el Miér Jun 08, 2016 9:33 pm

En el fervor de la batalla, a pesar de tener su corazón bombeando sangre y adrenalina como loco por todo su cuerpo, pudo distinguir como una vez más, su socia temporal le regalaba su puntería para salvarle de los lanceros. Gerome tenía en cuenta de que estaban ahí pero el Risen que lo entretenía en su duelo no le dejaba atacarlos. Las ventajas de tener la espalda cubierta eran grandes.

Su enemigo fue derribado poco después, el hacha atravesó el pecho de su rival con dificultad por la armadura, pero utilizó una fuerza bruta tan bestial que terminó salpicando su sangre putrefacta por todo su alrededor. Con sus fauces ensangrentadas de fluido ajeno, Minerva miró en la otra dirección, sin rivales cercanos. El arquero que se debatía a duelo con Justine en ese momento pasó casi desapercibido por Gerome y su Wyvern. Recién cuando la segunda flecha impactó cerca de ella, fue cuando el Rider pudo ver con claridad.

-Minerva-

Pronunció en voz decidida, como domador acostumbrado a que solo una palabra sea más que suficiente para que su criatura obedezca. Minerva, que era más grande que él y por lo tanto abarcaba más terreno de un salto, se desplazó rápidamente hasta cerca del árbol donde se refugiaba el arquero. Golpeó con la cabeza el grueso tronco, haciendo que su enemigo perdiera momentáneamente el equilibrio, casi cayendo del árbol pero sujetándose finalmente.

Gerome pensaba saltar en dirección al enemigo pero antes de llegar al paso de Minerva, una llamarada apareció como por “arte de magia”. El joven estando totalmente seguro que era, en efecto, magia. Oculto entre dos árboles estaba un Risen hechicero, armado de su tomo de fuego y lanzándole otra llamarada al Rider.

Gerome uso su hacha de escudo contra la llamarada y giró sobre su talón en dirección a su enemigo. Sintió el aroma a quemado de la tela de su capa, que rozó las llamas en el giro veloz. Viendo que aún había una distancia entre su rival y él, se refugió junto al árbol más próximo. Las ventajas de estar en un bosque era que tenía muchas zonas que servían de refugios y escudos naturales. Las desventajas eran la difícil movilidad entre la espesura del follaje, a pesar de estar en un claro, pero un claro pequeño.

El Risen mágico parecía estar muy ocupado contra él y para la suerte del joven, no atacó a Minerva. Gerome se ocultó, corriendo y esquivando las llamas que le lanzaba su enemigo. Arbusto que usaba de escudo, arbusto que quedaba reducido a hojas chamuscadas y tristes. Pero no corría sin dirección, sino que corría hacía atrás de su enemigo que, por un momento, no logró verlo. Fue en ese momento donde Gerome saltó por detrás del Risen y le rebanó el cuello de un tajo. Otra ventaja de los que no usaban armaduras pesadas como las suyas... eran fáciles de cortar.

Mientras el Rider se debatía a duelo con aquél hechicero, la montura, Minerva, escuchó el sonido de otras pisadas y dio un brinco, alejándose del arquero tambaleante para ponerse en postura defensiva a tiempo de cubrirse con sus alas antes de que le golpearan con una lanza. La criatura no demoró en dar un rugido estruendoso en puro disgusto. Si bien no había sido lastimada, estaba muy molesta.
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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Justine Lorsange el Dom Oct 16, 2016 4:52 pm

Inicio: 15 flechas en el carcaj.

Justine aposto la totalidad de su peso en una rama tan gruesa como la pierna de un elefante, para después posicionar el arco en ristre y apuntar directo al hueso hioides en el cuello de su enemigo... cuando de repente el árbol empezó a temblar. Con esa astucia que sólo tienen las arañas, ella se agacho asegurándose con una mano al tronco, antes de advertir que el enorme Wyvern de su socio circunstancial había sido el culpable. Frunció el ceño y entorno los ojos, porque al principio no supo interpretar si, en efecto, la enorme bestia quiso ayudarla o atentar contra su vida también. Para finalmente llegar a la conclusión de que sería algo estúpido creer que querrían eliminarla, cuando era el único apoyo a distancia que tenían y los enemigos no paraban de salir de entre las sombras.

Esperó por unos instantes más, por si al Wyvern se le ocurría embestir de nuevo, pero al no suceder se decanto por elevar la cabeza y ver en que situación había quedado su enemigo. Una mirada tan calma como la de un ángel contempló el brusco oscilar del emergido, que se sostenía con ganas a esa misma rama que le había servido de soporte a sus pies hace tan solo un minuto atrás. El “soldado” se movía torpemente, como queriendo ascender hasta arriba sin encontrar en sí mismo las fuerzas suficientes para auparse. Justine entendió que estaba muy cargado: con un carcaj que llevaba, mínimamente, 50 flechas y una armadura con ciertas aplicaciones metálicas en brazos y canillas que sin lugar a dudas sobraban en un arquero. La asesina no tuvo que pensarlo demasiado, una depredadora siempre sabe qué hacer y cómo hacerlo.  

Se puso de pie con cuidado, sin regalarle al otro la posibilidad de poder patearla en la cara accidentalmente en sus fallidos intentos por ascender, mientras que ella guardaba el arco en el carcaj y se limitaba a empuñar una flecha sosteniéndola con firmeza desde la vara. Fue una suerte, ciertamente, que el emergido jamás hubiese reparado en su presencia después de que se escapo de aquel último flechazo. Así que posicionarse con agilidad frente a él y asestarle la primera puñalada resulto muy sencillo. La chica penetro con la punta lítica de su flecha en la delgada tela que cubría el estomago del emergido hasta llegar a pinchar el cuerpo, para luego sacarla con brusquedad y volver a enterrarla ahí, con mucha más fuerza y profundidad. Sintió los espasmos de dolor en una criatura que parecía haber sido condenada al mutismo absoluto; vio como trataba de elevar las piernas con la intención de desestabilizara, sin éxito alguno. La asesina aprovecho esa segunda intromisión para tomar la flecha enterrada en la carne con ambas manos, y sajar un tajo hasta el ombligo de su enemigo. Tuvo que morderse la lengua para no gruñir por el esfuerzo, en tanto el filo irregular se hundía más en el enemigo, cortaba su carne y le separaba la piel. Para cuando termino de abrir todo lo que sus fuerzas buenamente le permitieron, un hilo de sangre se deslizo por la comisura izquierda de sus labios negros hasta la barbilla. Contempló así una nueva boca, roja y sangrante, que aparentaba invitarla a sumergir las manos hasta la "garganta" para extraer de allí todo lo que quisiera, pero estaban en una batalla y el tiempo apremiaba.    

En ese momento, el fuerte hedor metálico de una herida tan grande empezó a mezclarse con el tufo de las hojas y tela chamuscadas. Justine volteo el rostro e intento ver algo, pero esa misma espesura que la había escondido de miradas enemigas, ahora le impedía tener una visión clara de lo que estaba pasando abajo.  

—C'est une megde...— Observo al emergido moribundo, que ahora colgaba con el espíritu lúgubre y derrotado, para rodearlo velozmente con sus propios brazos hasta alcanzar su carcaj y sacar de ahí un puñado de flechas. No se tomo el tiempo para contarlas antes de guardarlas, pero creyó calcular unas 11 con la mirada. Desvió su atención hasta la rama de la que él se sostenía, para inmediatamente flexionar las rodillas y lograr el impulso suficiente como para sujetarse ella también, solo que desde el otro lado. Pese a estar algo cansada, la asesina logro escalar hasta arriba. Una vez sobre la rama (que resultaba ser un poco más delgada que la otra), pisó las manos del emergido que estaban sujetas a la corteza como tenazas, logrando que se soltaran. El cuerpo ya sin vida choco contras varias ramas, antes de caer contundente al suelo, con sus brazos y piernas doblados en posturas antinaturales.

Entonces escuchó rugir al Wyvern de nuevo, y permitió que éste captara su atención. En esa nueva posición estaba más expuesta, pero eso le permitía también tener un panorama claro de lo que sucedía abajo.  La bestia de su socio estaba siendo atacada por un lancero, por lo que ella tomo rápidamente su arco y ubico en él la misma flecha que había usado para apuñalar al otro emergido. Cerro su ojo izquierdo, enfoco el derecho, tomo aire... y perforo de lado a lado el cuello al lancero, trazando una línea perfecta e invisible que fue desde su arco, hasta el musculo esternocleidomastoideo del otro. Sin reparar en como el emergido se desplomaba, la asesina descubrió finalmente la batalla entre el mago y su socio. Ahora tenía sentido que de repente ponderara el hedor a quemado, pero no supo como proceder para apoyarlo. Ya que si bien podía moverse e intentar llegar al hechicero con alguna de sus flechas, se enfrentaría a alguien que le superaba en capacidades de alcance a distancia. Podía llegar a esquivar su flecha, para luego atacarla a ella con algo que no pudiese ser muy eludible... y todos estamos de acuerdo en que Justine puede ser mucho más útil viva que muerta.  

Así que aguardo unos instantes allí, examinando el entorno con la mirada y, de tanto en tanto, ojeando la pequeña batalla por si sucedía lo peor. Afortunadamente, ni se topo con movimiento importante en los derredores, ni la cabeza del mago duro demasiado tiempo en su sitio. Con la misma facilidad que anteriormente había descubierto en él a la hora de descuartizar a alguien, el hombre con mascara decapito a su enemigo en un solo movimiento. Le resulto divertido recordar y comparar cuanta fuerza tuvo que empeñar ella en sus pobres puñaladas; era un hecho de que por más compañeros que fueran en aquellas circunstancias, la estrategia más prudente sería la mantener un cierto nivel de distancia de forma permanente.  

Paso el dorso de su mano por su frente blanca y lisa secando su humedad, sin dejar de prestar atención a todo con sus cinco sentidos. El perfume de los pinos había logrado reconquistar aquel terreno que el tufo de la sangre y el fuego le habían robado por un rato; en tanto el sol parecía despedirse de aquella tarde endureciendo las sombras a su alrededor antes y tiñendo el cielo de azafrán. La cantidad de movimiento que podía percibirse con los oídos había mermado considerablemente, al punto de que apenas podía escucharse una leve agitación a la izquierda de ambos Segán cuatgo... o a lo sumo cinco...— Dijo, con su voz firme y clara, pero sin llegar al grito.

Fin: 25 flechas en el carcaj.
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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Gerome el Sáb Oct 29, 2016 5:10 pm

El lancero que atacó a Minerva cayó derribado por una flecha y la bestia no dudó en agradecerle a la mujer aliada con un gruñido más amable que los que dedicaba a los Risens usuales. La bestia caminó con más lentitud, sus pasos certeros, mientras recorría con la vista como los enemigos habían disminuido y, por un segundo, parecían no haber más. Tanto ella como su jinete sabían que era mentira ya que habían sido derribados antes por un grupo más grande que solo los que ya habían derrotado.

Gerome por su lado se reunía lentamente con su montura mientras registraba el área sin darle la espalda a la espesura del bosque. La temperatura disminuía por la caída del sol y las sombras duras y gélidas del ambiente no ayudaban a establecer si quedaban más enemigos. Eso era hasta que el chico escuchó las palabras de la mujer. Aún con acento podía entenderle y cuatro o cinco rivales más eran factibles de derribar si trabajaban juntos.

-Gracias por ayudar a Minerva, por cierto-

Murmuró también en un tono bajo y tranquilo, aunque estaba ciertamente agitado por el esfuerzo físico que suponía haber degollado tantos seres. Su armadura que, antes de la caída, estaba brillante e impecable, plateada y fría, ahora estaba manchada de diversos patrones de salpicadura de sangre. Esa sangre espesa y corroída, de un color rojo oscuro, se escurría por las hombreras del chico y su capa estaba dañada en los bordes por el fuego del mago.

Empuñó el hacha una vez más, levantándola del suelo con mayor dificultad pero con los gestos de alguien acostumbrado a ello. No se arrimó demasiado a la arquera, la ventaja de ella era estar lejos del centro caótico de la batalla.

-No estas herida ¿verdad? Si solo son cuatro o cinco los que vienen... ¿podrás aguantar?-

No era una expresión que mostraba superioridad contra ella al preguntarle si lo resistiría, era más bien el tono neutro de alguien que planeaba por delante de las acciones de otros o buscaba una estrategia en caso de lo inesperado.

Finalmente de los arbustos que los rodeaban salieron dos lanceros y dos guerreros. Para fortuna del Rider, ningún mago. Minerva dio un paso delante junto a Gerome antes de que el jinete diera un salto impulsado por sí mismo contra los guerreros. Por capacidad de pelea y armamento los guerreros eran más difíciles de derribar, las flechas los atravesarían con más dificultad así que prefirió encargarse él de los más resistentes.

Rápidamente la espada larga de uno de los guerreros se trancó en duelo con el hacha de Gerome, ambos metales chocando con fuerza, haciendo chispas en cada roce y ninguno de los dos viéndose disminuido en poder físico. Gerome golpeó con su hombro empujando a su enemigo hacía atrás, alejándolo del centro del descampado. Minerva, por su parte, se metió frente al otro guerrero, evitando su paso y enfrascándose en una pelea de cuerpo físico contra espada corta. Ella golpeaba con su cola, sus escamas duras eran capaces de recibir algunos golpes en el lomo. Entretenía al guerrero para que no atacara a la arquera.
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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Justine Lorsange el Dom Nov 27, 2016 9:18 pm

Inicio: 25 flechas en el carcaj.

De haber tenido una piedra en mano, seguramente se la hubiese lanzado por la cabeza. Tenían una clara desventaja numérica, sus recursos estaban contados, la imponente bestia que le acompañaba se encontraba herida, la noche iba a tragárselos de un bostezo... y él, aún así, se tomó la libertad de bajar la guardia con el único fin de subestimar sus capacidades. Era un chiste de mal gusto. Un chiste que en otras circunstancias le hubiera costado mucho más que una respuesta hostil.  

—¿Cómo que si “podgé aguantag”? ¿Es una bgoma?— empezó, en voz alta y clara —No me toques el humog con pgeguntas idiotas que me tienten a...— suspiró y esperó un poco —Sólo miga al fgente y pgesta atención— “Que si tu mueres, al wyvern lo mato yo” completo mentalmente, pensando en todos los recursos maravillosos que podría extraer del enorme cadáver: huesos para tallar, carne para abastecerse durante días, escamas que ofrecían material para una armadura nueva, sangre... en definitiva, todo aquello que siempre le hacía falta. Lástima que sólo podía aspirar a eso sí su jinete moría (Justine es cruel, no estúpida).

Aprovecho aquel pequeño instante de paz para otear a su alrededor y jactarse de que nadie venía de ningún otro sitio que no fuese el señalado antes. La serenidad de un conjunto de sombras espesas se desarrollaba a lo ancho y a lo largo de la espesura, devorando cualquier rastro de luz a su paso. El claro en donde se encontraba el hombre era el único espacio en su rango de visión medianamente iluminado por ese cielo rojizo. La arboleada que los enmarcaba parecía reducir su complejo cuadro de troncos, ramas y arbustos en siluetas negras y enmarañadas. Ella misma era una irregularidad del entorno, apenas divisible gracias a lo pálido de su cara y a los destellos esporádicos y de impresión lacerante en las puntas de sus flechas.  

Un minuto más tarde, el ambiente se volvió a agitar. La chica puso su arco en ristre, y con sus ojos deslucidos como viejas monedas de oro examino a sus nuevos enemigos. Contó cuatro. Prontamente su socio y la bestia escogieron a sus victimas, facultándole a ella el cuello de los dos lanceros. Medito unos instantes sobre qué hacer, para llegar a la conclusión de que se encontraban demasiado lejos como para asegurar un tiro letal. Por lo que antes de siquiera intentar atacarlos, lanzó una flecha que quedo clavada en la mitad exacta del claro con el único fin de llamarles la atención. Iniciativa que, lamentablemente, sólo fue percibida por uno de sus objetivos, dado que el segundo se había movido abruptamente para esquivar el enorme cuerpo del wyvern quedando de espaldas y un poco más lejos de su posición inicial. No obstante, antes de volver a intentarlo prefirió deshacerse del “monstruo” que si se había percatado de ella y que ahora se aproximaba velozmente con lanza en mano. Justine cargo el arco con otra flecha, consciente de que estaba a una altura del suelo que no representaba ningún tipo de problema para el arma de su enemigo. Entonces cerro su ojo izquierdo, haciendo un corto seguimiento con la punta de su flecha mientras realizaba un calculo rápido y a grandes rasgos sobre la velocidad a la que éste se movía. Apuntó rápidamente unos centímetros más abajo de donde se encontraba el lancero y solto la cuerda, logrando que coincidan la punta de su flecha con el hueso frontal de su cráneo.  

Le hubiese encantado sentir los crujidos del impacto, pero su mala suerte consiguió disuadirla de la idea. Se abstrajo tanto en el calculo de su último tiro, que no alcanzo a percatarse de que su enemigo (anticipándose a ella) le lanzó su propia arma como si ésta fuese una jabalina. De repente se vio asaltada por un ardor horrible. La punta de la lanza cortó parte de su hombro izquierdo, quedando clavada durante unos momentos en el tronco antes de caer sobre la rama. De la rabia, Justine la pateo fuera del árbol para luego intentar examinar con la yema de sus dedos la gravedad de su herida. “No puedo creer que no me haya dado cuenta. Si seré imbécil...” El dolor no le penalizaba absolutamente en nada, pero sí la sorpresa. La mano izquierda era con la cual sostenía el arco, y ésta ahora temblaba a causa de la impresión. Lamentablemente, a esas horas no contaba con luz suficiente como para lograr examinarse a detalle, por lo que quiso creer que la herida no había sido grave por la cantidad de sangre que le entibiaba la piel y la longitud del tajo.  

Miro hacía el frente y volvió a colocar su arco en ristre. Trato de ignorar el leve temblequeo de su mano, concentrándose únicamente en la violenta pelea que se desataba a metros de ella. El otro lancero se había unido al guerrero que enfrentaba al wyvern, aunque no parecía representar una ventaja significativa. Sin embargo, lo que si valía la pena de apreciar es que ahora éste se localizaba más cerca de ella, y aparentemente ninguno de los tres se dio cuenta de que habían sufrido una baja. Así que aguardo unos pocos instantes, respiro profundo y disparo una flecha más que quedo clavada muy cerca de los pies del lancero. Logrando finalmente llamar su atención.

Fin: 22 flechas en el carcaj.
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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Gerome el Sáb Dic 31, 2016 2:36 am

Gerome hubiera querido tener tiempo para explicarse ante la dama que poco intento de burla habían tenido sus palabras, pero ciertamente ese no era ni el lugar ni el momento para conseguir armar una frase no brusca y mal formulada a otro ser humano. A veces el muchacho pensaba que solo Minerva podía entenderlo, o quizás él solo había aprendido a hablarle a ella por ausencia de otra entidad humana con la cual comunicarse. Fuera cual fuese el caso, nuevamente, poco apropiado era el momento para ponerse a pensar en ello.  

El Emergido guerrero era un oponente digno para un soldado ya cansado, luego de haber escapado de un mago de fuego y de haber caído a gran distancia contra el suelo mientras volaba, Gerome no estaba en su mejor condición, pero sus ansias de destruir a ese desgraciado lo mantenían en pie y fuerte. Su hacha golpeaba sucesivas veces contra el arma enemiga, un movimiento de embiste junto con un intento del enemigo para darle un tajo profundo, lograron que él tuviera un punto perfecto para clavar su hacha.

El Emergido emitió un sonido ahogado de dolor mientras el filo el hacha penetraba por su abdomen, un tajo se abría en su torso desangrándose rápidamente, embarrando la tierra a su alrededor. Gerome no podía visualizar con tanta precisión su entorno pero podía ver los brillos de las armaduras, el contorno de su Wyvern y los movimientos de sus rivales. El rojizo del cielo, aunque en otro contexto sería agradable, ahora solo daba cada vez más la sensación de que el tiempo se les agotaba.  

Minerva se encargó del otro guerrero golpeándolo con su larga y peligrosa cola, derribándolo contra el suelo. Su jinete llegó rápidamente a su auxilio para culminar el ataque con un golpe del hacha. Minerva mantenía con su pata al enemigo en el suelo y Gerome cortaba su cuello. El filo de su arma era tal que cortar la carne parecía cortar mantequilla, suave, delicado, los huesos eran a penas un estorbo sutil. La fuerza bruta con la cual se manejaba el muchacho era aterradora si se lo tenía como enemigo. Como aliado... podía considerarse una ventaja.  

Minerva levantó su cabeza mientras su jinete terminaba con el guerrero a tiempo de ver la flecha caer frente al pie del lancero faltante, aquel que había estado estorbándole a ella por un rato ya pero que su arma no era lo suficientemente penetrante como para darle un daño importante a su escamosa armadura natural. Gerome se incorporó para notar como el lancero empezaba a correr en dirección a la arquera. Minerva entonces golpeó ambos pies contra el suelo y de un salto, giró su cola para golpear al lancero justo en sus tobillos, derribándolo en el suelo. El Emergido se volteó rápidamente y lanzó su arma en contra de su rival, Minerva. Pero la criatura esquivó el ataque, resultando en Gerome usando su hacha para bloquear la punta del arma que venía directo a su rostro.  
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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Justine Lorsange el Miér Ene 04, 2017 1:49 pm

Inicio: 22 flechas en el carcaj.

Justine observo cómo sus dos “compañeros” le cambiaban los planes derribando al último de los lanceros, para entender inmediatamente que le estaban ofreciendo otro tipo de oportunidad. La arquera avanzo unos dos pasos sobre la gruesa rama que le soportaba, y apunto al enemigo. Aunque en esta ocasión sí que resulto un tanto desesperante el temblequeo en su brazo, principalmente porque ahora debía de prestar atención también a una pequeña cantidad de dolor que nacía desde su hombro y le abrazaba el pecho y el antebrazo hasta desembocar en la mano que sostenía el arco. Apretó los dientes. Con todas sus fuerzas intento concentrarse en los brillos azulados y esporádicos en la armadura de su socio temporal y en la del emergido, intentando distraerse de lo que estaba sucediendo en su hombro.  

Entonces disparó, pero la flecha reboto sobre el peto del lancero sin siquiera rallarlo. Un error común y comprensible en un arquero fatigado, herido, y engullido por las sombras... para Justine fue una falta completamente humillante. Así que sin pensárselo demasiado, tomo otra flecha y puso el arco en ristre. Se mordió el labio inferior hasta lastimárselo y, para cuando una gruesa gota de sangre descendió de su comisura izquierda hasta la barbilla, el emergido tenía una flecha clavada en el brazo derecho. La asesina embriagada en rabia continuo y le perforo el muslo, para después colar otra flecha en su mejilla izquierda, otra en la coronilla, y finalmente, una última muy próxima a la manzana de adán. Para cuando termino, el cadáver inerte enmarcado en una silueta negra se asemejaba más a un almohadillado de alfileres desvencijado y olvidado, antes que cualquier otra cosa. No obstante, por si acaso, la asesina agrego Cógtale la cabeza... que con ésta oscugidad más nos vale no fiagnos de nada— Su idea de ir e intentar arremeter contra el jinete y el wyvern desde lejos, aprovechándose de ellos y de su cansancio, a estas alturas no parecia siquiera una idea divertida (o meramente viable).    

Del agotamiento retrocedió los pocos pasos que había avanzado y se dejo caer sobre la rama, apoyando la espalda contra el tronco. Cerro los ojos. Nuevamente trato de auscultar algún sonido, pero no parecía haber nada más allá del murmullo de las hojas acunadas por el viento, o de los ruidos tan característicos en los animales nocturnos. En momentos así, en donde solo se revelaba  el dolor y el cansancio, ella se amparaba con todas sus fuerzas en la rebatible teoría de que aquellos “monstruos” no contaban con las capacidades cognitivas suficientes como para ejercer cualquier tipo de sutileza. Paso el dorso de su guante de cuero por su barbilla, limpiándose la sangre de la herida en el labio que ella misma se había causado, mientras su respiración retomaba unos compases más tranquilos y sentía como el caos a su alrededor adquiría una forma mucho más solida en la calma.  

—Dime, muchacho... ¿tu... “compañega” puede volag?... ¿O están muy... hegidos?— inquirió pausadamente, hilvanando un plan mucho más realista en su cabeza — Mi hogag queda, como mucho, a una hoga de aquí... no os voy a mentig, no me hace ni puta g-acia tgaeglos conmigo, pego también es... un hecho que no me encuentgo en mis mejoges momentos...— hablaba en voz alta con el fin de que le escuchasen bien, aunque por el esfuerzo se podían descubrir los primeros desniveles de una ronquera incipienteVosotgos tendgéis un techo bajo el cual pasag la noche, algo de comida... y yo me asegugo de llegag en un pieza... todos ganamos—  

Saco una de sus flechas del carcaj y, con la punta, troceo parte de la "falda" de su traje arrancando una tira larga, gruesa e irregular de tela. Con dificultad, pero también mucha costumbre, se empezó a vendar el hombro pasando la tela por debajo de la axila, la parte frontal en donde vendrían a ubicarse los tendones rotadores, luego sobre el acromion, para después bajar por la espalda y volver a la axila, repitiendo el mismo camino una y otra vez, hasta que la herida quedo completamente cubierta. Mientras se entretenía con eso, pensó en lo oportuno que era que su castillo se encontrara apropiadamente abastecido con ungüentos medicinales y sustancias desinfectantes; ya que pocas cosas hubiesen resultado más estresantes tener que improvisar algún tratamiento en ese nivel de agotamiento. Remato entonces el improvisado vendaje con un nudo bien apretado, para luego alzar la cabeza y mirar hacia el frente —¿Y bien?... ¿Que me dices? — En este punto de la noche, las sombras habían consumido tanto wyvern, como a su jinete, apreciándose estos como ligeras figuras irregulares en un cuadro de matices azulados. Justine tenía la esperanza de que, tarde o temprano, el tiempo desnudara de nubes a la luna y a las estrellas, y éstas pudieran ofrecer un poco de luz a su retorno.

Fin: 16 flechas en el carcaj.


Última edición por Justine Lorsange el Dom Feb 12, 2017 11:59 am, editado 1 vez
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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Gerome el Vie Ene 27, 2017 10:04 am

Gerome retrocedió unos pasos al ver el ataque de lluvia de flechas de la arquera. En su vida jamás había visto a alguien derribar a un Emergido con tanta saña, más aún cubriéndole de esa manera con afiladas flechas. Una vez que, entre las sombras, escuchó la voz femenina con acento, arqueó una ceja pero no negó la orden, ya que le parecía tener sentido.  

Se acercó al cuerpo caído del Emergido final y, con un contundente y veloz movimiento del hacha, cortó su cabeza, separándola por completo de su cuerpo. Observó como la sangre espesa y desagradable, de un color corroído, manchaba el pasto humedecido por el inicio del rocío nocturno.  

Se mantuvo parado un instante, escuchando como el silencio y la calma volvían al orden natural de las cosas. Sus ojos atentos trataban de descubrir entre la penumbra las figuras de algún enemigo restante pero estaban totalmente solos los tres en ese claro del bosque. El hombre miró en dirección a la arquera, su wyvern también miró en la misma dirección y ambos se acercaron con paso cauteloso.

-¿Puedes volar, Minerva?-

Le preguntó a su compañera y ella parecía pensarlo mientras movía sus alas lentamente hacía arriba y abajo. Luego de un momento, la Wyvern respingó con aire caliente saliendo de sus orificios nasales y asintió en un gruñido de aprobación. Gerome miró en dirección a la chica otra vez y asintió, pero asumiendo que estaba demasiado oscuro como para poder verse bien las caras, decidió por hablar.  

-En efecto, ella puede volar. Tampoco me hace gracia quedarme en esta zona por más tiempo, se suponía que debía estar de camino a Ylisse antes del altercado... Sacae no es una zona en la cual me tengan en estima pero aceptaré el refugio temporal y a ti te sirve que te transporte... No le temes a las alturas superiores a las de un árbol ¿Verdad?-

Últimamente se veía en la necesidad de preguntarle a cualquiera si temía o no a las alturas. Aunque ya había visto a la chica escalar en un árbol, pero si ella no podía volar, cuanto mucho podría llevarla sobre el lomo de Minerva para que reposara. Miró atento a la chica haciéndose un vendaje a sí misma. Recordaba las veces que tuvo que hacer eso de niño, cuando entrenaba junto a Minerva en sus completas inexperientes peleas. Minerva había sido un tanto difícil de domar, pero una vez domada, las criaturas como ella eran firmes y leales a su jinete.  

Minerva se movió junto a la joven arquera y agachó su cuerpo, extendiendo sus alas contra el suelo, para hacerle fácil el acceso a la mujer más herida. Gerome se acercó un paso más y las miró a ambas.

-Minerva te permite montar sobre su lomo. Tu indicas el camino, yo guío a Minerva hasta el destino... ¿Has montado un Wyvern antes?-

Dijo el joven jinete, poniendo su mano en la empuñadura de su hacha y volviéndola a guardar en su vaina, mirándola directamente.
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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Justine Lorsange el Mar Feb 14, 2017 12:39 am

Inicio: 16 flechas en el carcaj.

Gracias a que la oscuridad que los envolvía imposibilitaba que unos y otros se viesen las caras, Justine se valió plenamente de sus oídos para comprender lo que sucedía a su alrededor. Aunque intentar descifrar la curiosa amalgama de ruidos guturales que provenían del wyvern demandó cierto tipo de sensibilidad auditiva que ella, claramente, no tenía. Lo único que pudo hacer en aquellos instantes fue esperar a que el muchacho se lo tradujera todo, en tanto  ella valoraba sí el tono de la "intervención" se podría o no calificar de amenazante.  

—¿Miedo a las altugas? No, cgeo que no... ¿Pego qué más da? No es como si tuviésemos muchas opciones...— sonrió. Su voz sonaba más ronca a cada palabra que pronunciaba, necesitaba tomar agua y comer algo. Estaba tan fatigada que la idea de cruzar la noche en el lomo de un reptil gigante con un desconocido no le inquietaba ni mínimamente, pese a que en otros momentos de mayor lucidez y menos agotamiento hubiese resultado completamente inconcebible. Ahora sólo quería llegar a casa.    

Justine pudo apreciar los contornos de una enorme silueta negra colocándose justo debajo de ella, acompañada por el murmullo de un suave batir de alas. El jinete hablo de nuevo, pero ésta vez, en lugar de responder, prefirió echar un vistazo a cada lado de la rama en dónde estaba sentada con el fin de encontrar el sitio más apropiado por el cual bajar en semejantes condiciones. Viro su delgada figura hacía la derecha, para después darse una media vuelta y quedar con el vientre apoyado sobre el tronco mientras sus manos se aferraban a la corteza. Deslizó su cuerpo fuera de ese soporte hasta que sus piernas oscilantes en el aire encontraron el apoyo de la rama deseada. No obstante, ese simple movimiento no sólo incremento el dolor en su hombro, sino que también provocó que el escozor de la vieja herida en su espalda despertara como un mal recuerdo. Para su fortuna aquel descenso sólo requería resistencia y no precisión, por lo que semejante aleación de dolores no le impidió encontrar equilibrio en aquella nueva superficie al momento de soltarse de la rama superior.  

Respiró profundo y repitió el mismo proceso, con el fin de llegar hasta el siguiente nivel.  

Éste último costo un poco más, ya que no sólo la distancia que le separaba de la siguiente rama era mucho mayor, sino que también ésta estaba situada más hacia a la izquierda. Nuevamente tuvo que deslizarse y quedar colgada con las manos bien aferradas a la corteza durante algunos instantes, mientras su cuerpo se balanceaba de atrás hacía adelante buscando dar con el impulso necesario. Una vez conseguido, se soltó y logró caer de píe sobre su objetivo. Respiró profundo. Miró hacía abajo.  Calculó que la distancia que ahora le separaba de wyvern era de unos dos metros y medio, a lo sumo.  

—Y no... tampoco me he subido en algo semejante. Aunque nada puede seg peog que andag sola a estas hogas, en estas condiciones y en esta zona...— Respondió finalmente, mientras caminaba con toda lentitud hacía adelante, manteniendo el equilibro sobre esa rama que resultaba ser mucho más fina que las otras. Apenas estuvo situada sobre su nuevo e imponente objetivo, se animó a saltar fuera del árbol, aterrizando justo sobre el lomo del wyvern. Tuvo la condenada suerte de no lastimarse con ninguna de las salientes  pronunciadas que dibujaban el recorrido de su columna, empezando por la cabeza y terminando en la punta de su cola.  Paga tu suegte, soy liviana...— le susurro a la bestia en donde pensó que podría estar su oído. Luego se acomodó sobre la silla de montura, con las piernas abiertas a cada lado del escamoso cuerpo.  

Pasados unos segundos, volteo el rostro en dirección al jinete. Sus ojos dorados brillaban con la lacerante impresión del oro fundido, aunque éstos no podían ver más allá del metro y medio de distancia  —Desde dónde estamos, al sug oeste. Os vais a dag cuenta. Es el único... castillo que vegéis en kilómetgos. —"parcialmente en ruinas" pensó, pero decidió no aclararlo —Sin emba-go... pgimego me gustagía que nos detuviégamos a mitad de camino, necesito gecogeg unas cosas que deje a salvo antes de venig a por ustedes. Sólo fgenagemos unos pocos segundos ¿De acuegdo?...— Indico la asesina. Sabía ubicarse perfectamente en las extensiones de Sacae, estaba tan familiarizada con ellas como lo estaba con cada mínima parte de su cuerpo.

Lo único que le alteraba ahora era sensación de calor en su hombro lastimado que incrementaba conforme pasaban los segundos. De seguro el precario vendaje, hecho en la falta de luz y de recursos, se había aflojado por el esfuerzo.

Fin: 16 flechas en el carcaj.
Afiliación :
- SACAE -

Clase :
Archer

Cargo :
Asesina

Autoridad :
-

Inventario :
Vulnerary [3]
Arco de bronce [2]
Crossbow [4]
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
175


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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Gerome el Mar Feb 14, 2017 11:54 pm

Gerome esperó pacientemente a que ella se acomodara sobre Minerva. Como un caballero hubiera ayudado a la dama herida... pero, para ser sinceros, no veía casi nada en la negrura del bosque nocturno. Su ayuda haría más mal que bien, tomando en cuenta que podría herirla más con su propia armadura. Lo protege a él, pero no protege a los demás de él. Minerva, por su parte, se preocupó mucho por no hacer movimientos bruscos cuando sintió el cuerpo de ella caer sobre la silla de montar. Al susurro de la joven, diciéndole que era liviana, la criatura pareció lanzar un leve sonido que solo Gerome supo interpretar como una risa ahogada. Elevando una ceja solo miró y decidió que los especímenes hembra de todas las especies parecen ser curiosos, como mínimo.  

Él observó entonces como dos pequeñas llamas doradas lo miraban, y miró fijamente al fuego solar que emanaban esas orbes... Escuchó atento a la voz de la mujer, su acento no le parecía familiar en lo absoluto, pero tampoco es que él visitara esa zona muy seguido en su corta existencia en la tierra, perfectamente podría ser el acento normal allí y él ni enterado. Por un segundo se preguntó si los Emergidos tendrían acentos, si es que hablan en primer lugar.  

-Un castillo, está bien. Iremos para allí cuando recojas tus cosas...-

Recordó que no sabía su nombre, pero tampoco vio necesidad de preguntar. Colocando su mano en el hocico de Minerva, dirigió al animal al punto donde ella hubiese escondido sus pertenencias antes de partir directamente al castillo.

Subió detrás de la arquera al lomo de Minerva. Sintió más fuerte el aroma a sangre de la herida de su colega de batallas, por lo que tuvo cuidado al moverse para dirigir a su montura por los cielos nocturnos. Cuando se elevaron, el bosque parecía un arbusto pequeño y la luz de la luna dejaba ver más el camino, ahora que no había copas de árboles estorbando en su trayecto. Se dirigieron al castillo, que para la suerte de Minerva, no estaba tan lejos. Ya quería descansar y no volver a caer de los aires así.
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Wyvern Rider

Cargo :
Soldado en entrenamiento

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [3]
Hacha larga de bronce [1]
Hacha larga de bronce [2]
.
.
.

Support :
None.

Especialización :


Experiencia :

Gold :
1201


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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

Mensaje por Eliwood el Lun Feb 20, 2017 12:04 am

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Justine ha gastado un uso de su arco de bronce, el cual se rompe.
Gerome ha gastado un uso de su hacha de bronce.

Ambos obtienen +2 EXP. Gracias a esto, Gerome ha obtenido el primer skill de la rama Wyvern Rider:

Salvador - Permite al caballero aprovechar su rápida movilización sobre wyvern, además del espacio extra sobre este, para retirar a otra unidad del campo de batalla. Una vez que esté con el caballero, al protegido no se le podrán dirigir ataques ni atención enemiga, pasando a ser indetectable, a la vez que se le considerará oculto en caso de tener un límite de espacio o necesitar ingresar a un sitio.

¡Felicitaciones!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Esp. de bronce [1]
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gota de Veneno [2]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2945


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Re: La caída [Campaña] [Priv. Justine Lorsange]

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