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Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

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Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Sigurd el Mar Abr 26, 2016 6:26 pm

-¿Están todos los caballos listos?
-Sí, Milord Sigurd. Todos la caballería que usted trajo desde Grannvale está esperando fuera para partir.
-Bien. ¿Están listos sus wyverns?
-Nacieron listos, Milord. Listos y hambrientos.
-Mientras de lo único que tengan hambre sea de carne muerta de Emergido, estaré satisfecho ¿Magos?
-Todos preparados y con un buen tomo de hechizos nuevecito en sus manos.
-Excelente ¿Arqueros?
-Listos también. Todos sus carcaj están llenos y sus arcos han pasado las pruebas pertinentes. Todos nos esperan en el patio preparados para marchar.
-Entonces estamos todos. Debemos empezar ya el camino. Los malditos Emergidos no nos esperarán para siempre.
-¡Entendido, Milord!

El comandante hizo un saludo militar, y ambos salieron de la pequeña habitación que habían utilizado como sala de estrategia, en dirección al patio del fuerte. Se encontraban en un fuerte montañoso de Nohr, reino de Akaneia, al que había acudido Sigurd con una parte considerable de sus fuerzas en respuesta al llamamiento del reino de Nohr solicitando ayuda con el fin de expulsar a Emergidos de sus tierras. Una decisión que resultaba bastante polémica en Grannvale, ya que el reino estaba siendo invadido por Emergidos con banderas de Akaneia, de donde Nohr forma parte. Pero Sigurd no vaciló por ello, ya que consideraba que todos los reinos eran víctimas de una misma situación y que el uso de distintas banderas no era más que un burdo truco para crear división ante una amenaza en la que deberían estar todos unidos. Durante un tiempo, estuvo mandando y recibiendo correspondencia con el príncipe Leon Nohr, quien se encargaba de organizar las distintas campañas de lucha contra los Emergidos. Y a los pocos días llenó un barco con sus mejores guerreros y sus caballos (pues el fuerte del ducado de Calphy reside en su caballería) y marchó directo a Nohr en un viaje sin escalas. A los pocos días de viaje, Sigurd fue recibido en el mismo puerto por el príncipe Leon y juntos viajaron hasta el fuerte en donde el duque de Calphy permaneció hasta ese momento.

Habían pasado dos días. En esos dos días, Sigurd estuvo planificando concienzudamente, primero con el príncipe Leon, y luego con sus subordinados, la estrategia a seguir frente a los Emergidos. El problema principal de Sigurd es que no conocía apenas nadas de Nohr, así que tuvo que limitarse en los dos escasos días que tuvo en aprender lo básico de la geografía del lugar que iba a ser el campo de batalla. Una geografía totalmente nueva para Sigurd, quien hasta que llegó a Nohr pensaba que los volcanes eran sólo leyendas.

La misión era sencilla, pero tenía sus riesgos. Se había localizado un grupo de Emergido entre las montañas de Nohr, aparentemente esperando a otro grupo de Emergidos que se dirigía para reunirse con ellos y unir fuerzas. El príncipe Leon y parte de sus hombres decidieron adelantarse para detener al segundo grupo Emergidos, y mientras Sigurd, junto con sus hombres más otros hombres de Nohr, debía de encargarse del otro grupo. Con el agravante de que existía una aldea cerca de la zona que, pese a haber sido evacuada, podía ser atacada (causando enormes daños y destrozos) en cualquier momento por este grupo de monstruos, antes siquiera de haberse reunido con el grupo al que supuestamente estaba esperando. Por lo que convenía actuar con rapidez para proteger dicha aldea antes de que semejante catástrofe pudiese suceder. Desde el fuerte hasta donde se encontraban los Emergidos había dos días de camino. Por ello mismo, había que ponerse ya.

Cuando llegó al patio, efectivamente estaban esperándolos todos. Ahí estaban sus hombres, montados a caballo. A su lado los magos y detrás arqueros. Y sobrevolando por encima de ellos había un escuadrón entero de jinetes wyvern. Y delante de todos ellos, estaba Eolo, el caballo blanco de Sigurd y su más leal compañero. El duque comprobó antes que nada que efectivamente todo estaba en orden, y acto seguido se subió a lomos de Eolo para iniciar la pronta marcha. Mas cuando estuvo a punto de dar la señal para salir, un grito le detuvo.

-¡Esperad, mi señor! ¡Esperad un momento!-gritó un soldado de Nohr, que no formaba parte del grupo asignado a Sigurd. Acababa de salir del fuerte y corría hacia donde estaba Sigurd con todas sus energías.

Sigurd se fijó enseguida en el hombre y esperó a que llegase aquel soldado, quien parecía que tenía un mensaje importante. El soldado se vio obligado a tomar un respiro para recuperar el aliento antes de volver a hablar.

-Perdonadme, señor Sigurd. Os traigo un mensaje del general Osward.-dijo cuando ya podía hablar, con un tono serio.
-Os escucho, soldado.-dijo Sigurd notando que efectivamente aquel hombre tenía algo importante que decir. Al fin y al cabo, el general Osward era con quien había coordinado la misión en ausencia del príncipe Leon.
-Un mercenario os acompañará en esta misión. Su nombre es Alexander Delacroix. Su habilidad os será muy útil contra los Emergidos. El general os pide que os detengáis un momento a esperarle, que está viniendo hacia aquí para unirse a vos.
-Maravilloso. Cuantos más seamos, antes venceremos a los Emergidos ¿Pero sabéis si va a tardar mucho en llegar? No podemos permitirnos demorarnos mucho…-preguntó Sigurd un tanto preocupado. No quería llegar tarde a su cita con los Emergidos.
-Llegará en sólo unos minutos. El general me pidió que me adelantase para que no os fuerais sin él.-respondió firme aquel soldado.
-Habéis hecho muy bien. Sea, le esperaremos. Gracias por vuestro mensaje, podéis retiraros.-dijo Sigurd saludando a aquel soldado, el cual respondió con otro saludo militar y se marchó.

Y Sigurd y todos aquellos hombres se quedaron esperando, impacientes algunos, y curiosos otros, entre ellos el propio Sigurd, por conocer quién era ese mercenario que tanta ayuda le podía brindar.
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 02, 2016 11:43 pm

Había estado desde hace ya varios días escuchando rumores sobre que la realeza de Nohr estaba buscando gente diestra en el combate para ayudar a liberar su territorio de los extraños enemigos que han estado apareciendo desde hace ya un tiempo, los emergidos. No tenía ningún interés en visitar Nohr de vuelta, ya antes había hecho varios encargos en los que me era obligatorio pasar por aquél país porque era ahí únicamente donde se conseguía algo que necesitaba o porque era ahí en donde el encargo se realizaría. La primera vez que fui me sorprendió bastante el paisaje tan hostil y desfavorable para habitar, más sin embargo aquí estaba Nohr, con muchos habitantes y apañándoselas para mantenerse a pesar de lo difícil que esto es. Esto era algo que admiraba de los Nohrianos, el que vivieran tan normalmente a pesar de todo lo que tienen en contra en su día a día, cosas que yo para nada soportaría para nada y por lo que no estaba ansioso en ir.

La curiosidad al final le ganó a mi decisión de no averiguar si era verdad lo que se decía sobre la solicitud que la realeza Nohriana había hecho para contratar a gente interesada en ayudarla así que había decidido partir desde Altea, que era donde me encontraba en el momento de escuchar sobre ello hacia Nohr. Me puse en contacto con un viejo conocido que me debía un favor para pedirle prestado uno de sus caballos pues a pie el viaje sería imposible, una vez que tuve el caballo empecé el viaje en dirección a Nohr. No fue un viaje corto, aún menos lo fue fácil, mientras más me acercaba a Nohr mas se comenzaba a sentir el para mí pesado clima, a pesar de haber ido varias veces antes no lograba acostumbrarme del todo, pero ya estaba aquí, sería una tontería el cambiar de opinión ahora.

Nohr no había cambiado desde la última vez que estuve aquí, algo lógico considerando que mi última visita no había sido hace mucho. Había gente caminando por las calles, comprando materiales y alimentos y cosas que se hacen en cualquier otro lugar, viviendo normalmente como yo recordaba que los Nohrianos lo hacen. Me dirigía hacia donde me imaginaba que se estaban contratando a los que iban a ayudar a la liberación de emergidos la cual me imaginaba era el lugar al cual se dirigían las demás personas que no se veían como civiles. Llegué a un sitio en el que había varias carpas y soldados con personas llegando y alistándose, era aquí. Me bajé del caballo para poder acercarme con facilidad hacia el montón de gente y al llegar me encontré con un rostro familiar.

Pero mirad quién está aquí—comenzó a hablar el general Osward mientras se acercaba a mí—. Si es el joven Delacroix. ¿Qué lo trae por aquí, joven? ¿Tiene un encargo aquí en Nohr?
General Osward, siempre es un placer hablar con usted, señor—saludé en un tono serio ocultando la molestia que me había provocado el que me llamara “joven”—. Y no, no tengo ningún encargo, he venido a ayudar con la liberación.

El general dejó ver una sonrisa ante lo que había dicho, siguiéndolas de palmadas en mi hombro.

¡Oh! ¿Y cuál fue la razón por la que has decidido eso? Supongo que fue el que la misma realeza de aquí fue quien hizo la solicitud.
No me vendría nada mal un poco de trabajo, realmente—respondí encogiéndome de hombros—. Y es que sí, que haya sido familia real quien está contratando significa que las recompensas son muy buenas. Y para que la gente esté segura, también—agregué de ultimo momento—. Así que, ¿me tiene alguna tarea interesante, señor Osward?

Osward se quedó pensando en silencio por un tiempo. Pasados unos minutos hizo una expresión como si acabará de recordar algo importante.

¡Ah! De hecho, señor Delacroix—comenzó a hablar—. No es la primera vez que estás aquí en Nohr, supongo que conoces muy bien los terrenos de este país. ¿Me equivoco?
No señor, para nada se equivoca. Se puede decir que he ido a lugares un tanto peligrosos aquí—respondí—. ¿Por qué la pregunta?
Verá, joven Delacroix. El señor Sigurd de Grannvale ha venido a ayudar también y se le fue asignada la misión de encargarse junto a sus hombres de varios emergidos que han aparecido en las montañas. Sin embargo…—cambió el tono de voz en cuanto empezó con esto, así que me imagine que aquí vendría la explicación de lo que haría yo—. Es la primera vez de Lord Sigurd por aquí y necesita de un guía. Considerando que usted ya ha estado por aquí y conoce bien cómo son los terrenos de Nohr, supongo que podría serle de mucha utilidad. ¿Qué opina?
A ver, a ver—comencé a hablar un tanto molesto. No había venido desde tan lejos para ser un simple guía—. ¿Está diciendo que solo serviré para eso, señor? ¿Para ser un guía?
No, no no—se apresuró a decir—. Sé también que es un talentoso espadachín y un digno descendiente de su padre, que en paz descanse, señor Delacroix. Estoy muy seguro que también encontrará la forma de ayudar a combatir en contra del enemigo, ¿no es así?

Me tranquilicé un poco antes de responder. No se oía del todo mal y estaba seguro que al final la paga lo valdría por lo que aceptar era mi única opción después de haber pasado varios días de viaje. Cuando terminé de pensarlo dirigí la mirada hacia él.

Está bien, acepto entonces esa misión, señor. Espero que la paga sea muy buena.
Estoy seguro que no tendrá queja alguna, joven Delacroix—al terminar la frase hizo una seña a uno de sus soldados para que se acercara—. Soldado, diríjase hacia donde se encuentra Lord Sigurd y avísele que se le unirá el mercenario Alexander Delacroix, por favor. Dígale que les será de mucha ayuda en la misión—en cuanto terminó el soldado asintió y se puso en marcha, como lo hizo a pie supongo que el lugar no sería muy lejos. Cuando ya no pudo verse al soldado el general volteó hacia mí—. Bueno, joven Delacroix, será mejor que se apresure a llegar. Yo no lo interrumpo más por aquí. Supongo que no hace falta decirle hacia dónde debe ir ya que usted lo sabe. Tanto el reino como la realeza de Nohr agradece su cooperación.

Asentí moviendo la cabeza a la cual el general respondió de igual manera y acto seguido alejarse, seguro a trabajar. Como dijo que debía apresurarme rápidamente fui por el caballo para montarme en él y comenzar a avanzar en dirección a las montañas lo más rápido que podía. Fueron unos 15 minutos los que tardé para empezar a notar a varias figuras esperando a lo lejos, debían ser ellos así que atiné a apresurar la marcha del caballo para no hacerlos esperar más tiempo. Al llegar eché una rápida mirada a todos los que se encontraban frente a mí. Eran un gran número de hombres; unos montados a caballo, con magos y arqueros. Al mirar hacia arriba pude ver a varios jinetes de Wyvern montados en aquellas bestias y sobrevolando la zona, demasiada gente como para que fuera una misión fácil. Al llegar hacia donde estaban todos ellos bajé del caballo de nuevo y me dirigí hacia quien no se veía del todo como soldado.

Perdonad por hacerlos esperar, señores. Supongo que usted es Lord Sigurd, ¿me equivoco?—hice una leve reverencia y extendí la mano hacia él en señal de saludo—. Mi nombre Alexander Delacroix y creo que por hoy trabajaremos juntos, señor. Escuché que es su primera vez aquí—agregué—. Así que le puedo servir de guía y también a combatir. No soy Nohriano pero he estado ya muchas veces por aquí. ¿Cuál es la misión, señor?

Finalicé mi presentación. Antes que nada debía saber bien de qué iba la misión y qué se haría para combatir a los emergidos que se decía estaban por esta zona. Por el número de gente aquí no parece que sería algo sencillo, por lo que me llamaba bastante la atención.


Última edición por Alexander Delacroix el Miér Oct 05, 2016 11:36 pm, editado 1 vez
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Sigurd el Jue Mayo 05, 2016 6:25 pm

Sigurd no tuvo que esperar mucho al mercenario, aunque sí el tiempo suficiente como para que su frente se llenase de sudor y tuviese que sacarse un pañuelo para secarse la frente. Una de las cosas que había podido notar de Nohr era el clima caluroso y desértico, a pesar de estar rodeado de altas montañas. Normalmente, a mayor altura, menor temperatura. Pero en este caso concreto parecía todo lo contrario. Y aunque Grannvale no era Silessia, Sigurd estaba más acostumbrado a temperaturas frías. Mas ese día, donde el Sol brillaba con fuerza y no había nube alguna sobre el cielo. Por un lado era bueno, ya que no tendría que temer que el mal tiempo los retrasase. Pero por otro lado, bien tendría que tener cuidado de no pillar una insolación. Y no sólo él, ya que Eolo no pudo evitar soltar un par de relinchos de queja, agobiado también por el calor.

A los quince minutos de recibir el mensaje, el mercenario hizo acto de presencia. Sigurd lo miró con detenimiento. Se trataba de un joven de cabellera castaña recogida en una coleta. Alto, ojos azules y no mal vestido. Iba montado a caballo y portaba una espada envainada. El mercenario se dirigió hacia el duque y le saludó educadamente.

-No, no se equivoca. Y no hay motivo por el que disculparse. Sólo han sido unos minutos, después de todo.-respondió el duque de Calphy mientras correspondía a la reverencia del mercenario y le estrechaba afectuosamente la mano.-¿El general Osward no os ha informado de la misión? Imagino que no habrá tenido tiempo, es comprensible. Marchemos ya y permanezca a mi lado, le contaré todo por el camino.-No le había molestado tener que esperar a Alexander, pero tampoco podían retrasar más la partida, y más cuando poner al corriente al mercenario era perfectamente posible mientras emprendían ya el viaje.-¡¡EN MARCHA!!-gritó entonces el duque mientras levantaba y bajaba el brazo derecho, dando la señal de que comenzasen todos a moverse de una vez.

Un grito generalizado recorrió todo el escuadrón, el cual empezó a moverse en perfecta formación, a pesar de que enseguida y nada más salir del fuerte, el terreno empezó a hacerse angosto y escarpado. Algo lógico al encontrarse aquel fuerte en medio de las montañas. Tenía más mérito al estar el pelotón formado por dos contingentes provenientes de dos ejércitos distintos que no habían luchado nunca antes. Sigurd estaba muy orgulloso de la disciplina de sus hombres, pero debía de reconocer que la de los nohrianos también era excepcional.

A la cabeza del escuadrón iban a caballo tanto Sigurd como Alexander, el uno al lado del otro. Lo primero que hizo el duque fue buscar en su mochila el mapa de la región para pasárselo al mercenario y que lo pudiera ver con detenimiento.

-Nuestro objetivo se encuentra en la X señalada en rojo, un cerro montañoso donde se ha localizado a un grupo de Emergidos. De momento parece que no se mueven, pues aparentemente están a la espera de otro grupo de Emergidos que van a su encuentro. Sin embargo, no hay que temer a ese segundo grupo, ya que el príncipe Leon se está encargando de ello directamente.-Sigurd tuvo que hacer una pausa para volver a secarse el sudor de su frente con el mismo pañuelo, y luego abanicarse con la palma de la mano diestra.-¿Siempre hace tanto calor aquí o es que hemos venido en los días más calurosos del año en Nohr?-no pudo evitar preguntar, un poco agobiado por el calor, mas luego obligándose a volver a explicar la misión al mercenario.-Nuestra misión consiste en eliminar al grupo Emergido. Si tenemos suerte, no se moverán de la X del mapa. Pero cabe la posibilidad de que se dirijan antes de tiempo para atacar a una aldea cercana, señalada en rojo con una Y. El nombre de la aldea es Matasfan, si no me falla la memoria. Los habitantes ya han sido convenientemente evacuados, pero eso no significa que vayamos a permitir que los Emergidos campen a sus anchas por allí y destruyan los hogares de esta buena gente. En caso de que los Emergidos decidan atacar Matasfan, debemos detenerles a mitad de camino y aniquilarlos antes de que puedan causar algún daño a la aldea ¿Alguna pregunta acerca de la misión?

Mientras Sigurd esperaba la respuesta de Alexander, echó una mirada atrás para ver cómo estaba haciendo el resto del grupo. Sus propios hombres parecían luchar contra el calor y parecía también que les costaba moverse por el terreno, mas se las apañaban bien de momento para no perder el ritmo. Sigurd suspiró aliviado por ello.

-Según le he estudiado con el general Osward, nuestro viaje hasta el punto X debería durarnos dos días. Sin embargo, como guía que sois a lo mejor se os ocurre una ruta más rápida. Mientras no entremos en una zona de riesgo… ¿cómo se llamaban? ¡Ah sí, volcanes! Mientras no nos acerquemos a uno de esos demasiado, no debería haber problemas.-Sigurd todavía no podía creerse que existiera semejante cosa, mas no tenía que dudar de las palabras de los nohrianos. Y además, el calor que hacía por la región hacía más creíble todavía sus historias.

El duque volvió a echar la mirada atrás para revisar a sus tropas. Los caballos de Calphy no terminaban de adecuarse al terreno, pero por lo demás, todo parecía ir bien de momento. Así que, mientras volvía a abanicarse, volvió a fijarse en el mercenario pero esta vez con la intención de tener una charla más distendida.

-Bueno, como el viaje va a ser un poco largo ¿qué tal si nos conocemos un poco mejor durante el camino? Me dijisteis que no sois de Nohr ¿puedo preguntaros de dónde sois entonces, si no es indiscreción?-fue una pregunta amable y sencilla, simplemente para romper el hielo, a la que pronto añadiría la siguiente.-También dijisteis que sabéis pelear ¿Dónde habéis aprendido a hacerlo? Tampoco tenéis que responder a esto si no queréis.

Esta segunda pregunta también le interesaba al duque, para poder conocer hasta que punto podría ser útil este joven en la batalla. Aunque si estaba enviado especialmente por el general Osward, debía de ser alguien realmente bueno. Lo que tenía curiosidad Sigurd era hasta qué punto era él de bueno. Aunque se imaginó que a lo largo de la misión tendría tiempo de descubrirlo.
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 16, 2016 7:25 am

Eché una rápida y discreta mirada a Sigurd para hacerme una idea al menos de imagen de con quién trabajaría esta vez. Tenía una apariencia más o menos joven y muy elegante con cabellos de un color azul, seguramente por la forma en que se expresaba de él el general Osward y por la cantidad de soldados con los que contaba venía de alguna familia muy importante, un consuelo que fuera noble también. A juzgar por la apariencia de todos los hombres que estaban en el lugar no había tardado tanto en llegar lo que significaba un alivio para mí, no me gustaba ser el culpable de algún retraso o contratiempo. El cálido clima de Nohr se podía notar tanto en la apariencia de los presentes como en la mía en el sudor que se hacía notar por nuestra piel. El clima y la temperatura eran dos cosas que me desagradaban de Nohr, ya estaba más o menos acostumbrado, pero aún me parecía algo molesto.

Esperé a que Sigurd respondiera a mi saludo, parecía una persona agradable aunque no estábamos aquí para relajarnos y socializar, teníamos asuntos que atender.

Supongo es un alivio escuchar eso, señor. Me alegra no haberme demorado mucho—respondía mientras estrechaba mi mano con la de él y me incorporaba de la reverencia para hablar de lo que se venía a hacer—. Y efectivamente, por desgracia al general Osward no le dio tiempo de explicarme con detalles el objetivo de la misión y la forma en la que se haría así que agradecería mucho que me pusieran al tanto para poder serle de utilidad—expliqué tranquilo a lo que Sigurd respondió que lo haría mientras nos dirigíamos en dirección a donde me imaginaba la misión empezaría de verdad, algo comprensible considerando  que me habían esperado—. Me parece perfecto, entonces. Iré a por mí caballo.

Regresé hasta donde el caballo en donde había venido estaba descansando para montarme en él y dirigirme justo al lado de Sigurd en el suyo para ponernos en marcha en el momento en que éste dio la señal. Ver la sincronización de todos los soldados ahí era de verdad sorprendente, digna de un ejército. Yo me mantenía justo delante de todos siguiendo de cerca a Sigurd quien comenzaba a explicarme de lo que la misión trataba con el apoyo visual de un mapa que me había pasado antes, escuchaba atentamente cada palabra mientras revisaba el mapa para hacerme una idea de cómo estaba la situación.

Ya veo—dije pensativo mientras analizaba el mapa a la par que escuchaba la explicación—. Será un gran problema si llegan a juntarse con el grupo al que esperan. Si de por sí me imagino son bastantes ya, si se une ese otro grupo se nos hará muy difícil limpiarlo, así que esperemos que al príncipe Leon le esté yendo bien en su misión—explicaba mirando al mapa con mucha atención para luego alzar la cabeza en dirección a Sigurd quien se veía un poco incómodo por el clima—. No estoy seguro si haya días más calurosos que otros, pero sí, casi siempre justamente aquí hace mucho calor, por eso es que no me gusta tanto venir para Nohr pero, ya ve, siempre es bueno ayudar a la gente haciendo su hogar más seguro—finalicé para regresar la mirada al mapa de mis manos cuando Sigurd continuó con la explicación—. Bien, eliminar emergidos es uno de mis pasatiempos favoritos—bromeé un poco—. Y por el número de hombres que vamos puedo imaginar que se trata de un grupo muy grande, ¿no es así? Y señor Sigurd, no me agrada mucho dejarle las cosas a la suerte, por lo que hay que estar preparados a cualquier cosa, aunque esperemos que no se muevan de donde están y sigan esperando al grupo que imagino jamás llegará—una expresión de preocupación se mostró en mi rostro al escuchar del pueblo cercano aunque desapareció al escuchar que toda la gente había sido ya evacuada, aunque Sigurd tenía razón, tampoco sería bueno que destruyeran las casas de los habitantes—.  Concuerdo con usted, no debemos dejar que ningún hogar sea destruido por los emergidos. Y no, no tengo ninguna pregunta, lord Sigurd, me ha quedado bastante claro todo y será un placer ayudarle en esto.

Respondí dirigiendo mi mirada hacia él para fijarme que miraba a la parte de detrás de nosotros, en donde caminaban todos los demás soldados. Volteé también para ver qué era lo que le llamaba la atención para fijarme en cómo podía notarse que no llevaban bien el calor. No los culpaba, yo mismo lo estaba aguantando también aunque con menos esfuerzo por haber estado antes aquí. Los caballos al parecer también la estaban pasando muy difícil por el terreno irregular por el que caminaban.

No se preocupe, más adelante seguro no hace tanto calor y pueden soportarlo. Quizá también sería bueno descansar de vez en cuando para los caballos—dije regresando mi vista al frente—. Dos días…—me quedé pensando en lo mucho que sonaban 48 horas—. Podría conocer algunos, es verdad, pero debe tomar en cuenta que en esas veces venía yo solo, por lo que no estoy seguro si sean aptos para el número de personas que somos—además, todos pasaban cerca de algún volcán, a los cuales le habían recomendado no acercarse a ellos, y con mucha razón—. Pero le aseguro me mantendré atento por el viaje en busca de formas para ganar algo de tiempo.

Mientras decía esto noté de nuevo que Sigurd volteó hacia atrás de nuevo. Entendía que estuviera preocupado pues sería un gran problema el que las tropas estuvieran cansadas cuando lleguemos al destino y que por esa razón no puedan pelear bien, pero supongo que con los descansos necesarios se mantendrían con buenos ánimos y energías. Mis pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Sigurd quien se veía con intención de charlar, considerando lo que nos faltaba de camino no lo veía como una mala idea.

Me parece excelente, señor Sigurd—respondí mirando un poco hacia él—. Y no se preocupe, no es ninguna indiscreción, así que no se preocupe. Yo soy de Ylisse aunque me he mantenido viajando fuera de casa por…—hice una pausa recordando la pelea que tuve con mi madre y por la cual había empezado a viajar— unos pequeños asuntos que se presentaron con mi familia—respondí tratando de disimular la pausa—. Verá, mi padre fue un gran guerrero que siempre luchaba por la gente y por el país que era su hogar. Llegó a recibir varios reconocimientos y un gran renombre en Ylisse—respondía emocionado a su siguiente pregunta, siempre me encantaba hablar de mi padre—. Es a quien más admiro y fue él quien me enseñó todo lo que sé en cuanto a combate y espadas. A mí y a mis hermanos. Gracias a él fue que decidí el buscar dedicarme a algo que estuviera relacionado con pelear, aunque justo ahora soy un mercenario por el momento.

Me encogí de hombros y poco a poco calmé el entusiasmo que de pronto había mostrado para volver a estar calmado.

¿Y qué hay de usted, señor? El general Osward mencionó que venía de Grannvale, ¿de dónde, específicamente? Si se puede preguntar, claro está—agregué rápidamente lo último—. ¿Y qué fue lo que lo trajo a venir a Nohr? No parece que lo estén llevando muy bien, aunque es normal, así estaba yo la primera vez que vine.

Finalicé. Ahora solo quedaba esperar la respuesta de Sigurd. Mantenía la miraba al frente observando el paisaje que Nohr proporcionaba. Era una vista tan intimidante pero bella a la vez, de las razones por las que soportaba el pesado clima. Iba a ser un largo viaje, pero al menos no lo pasaría tan aburrido como las anteriores veces.


Última edición por Alexander Delacroix el Miér Oct 05, 2016 11:37 pm, editado 1 vez
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Sigurd el Jue Mayo 26, 2016 1:37 pm

En el poco tiempo que llevaba Sigurd cabalgando junto a Alexander, el duque pudo comprobar que el mercenario contratado como guía era un tipo serio y confiable. Para sus adentros, aplaudió de entrada al general Osward, pues parecía que había elegido a un buen hombre y bastante capacitado, aunque todavía era demasiado pronto como para hacer juicios de valor sobre sus aptitudes.

Lo que primero notó, y en este punto parecía hasta un alivio, es que él también parecía sufrir las inclemencias del calor de la región de Nohr. No es que no se compadeciese de su nuevo compañero de viaje, pero al menos era un consuelo que no sólo él y sus hombres parecían pelear con tan salvajes temperaturas. Por lo visto, aquel calor era toda una constante en la región, o al menos, así lo era de todas las veces que Alexander había acudido hasta allí. Otra cosa que notó y que le gustó del mercenario era que se tomaba bastante seriamente aquella misión. Comprendía lo que estaba en juego, entendía que aquellos dos grupos de Emergidos no podían juntarse por la amenaza que suponía un grupo tan numeroso de aquellos monstruos moviéndose libremente.

-¿Un pasatiempo? Eso está bien. En Grannvale, matar Emergidos es ya deporte nacional. Quizás deberíamos hacer una competición oficial…-respondió Sigurd siguiéndole la broma. Aunque prefería la seriedad que mostraba al principio, también entendía que ante un tema tan importante el mercenario quisiera rebajar la tensión con un chascarillo.-Y si, hemos preparado un contingente lo suficientemente amplio como para poder derrotar al grupo Emergido sin muchos contratiempos. Aun así, no debemos bajar la guardia ni confiarnos demasiado. No serán muy comunicativos, pero esas bestias saben luchar y saben utilizar estrategias bastante inteligentes. Aunque eso es algo que ya sabréis si tanta experiencia tenéis ante los Emergidos.

Luego Sigurd le preguntó por otras posibles vías, y el mercenario respondió que sabía de algunas, pero que no eran aptas para un número tan elevado de hombres como los que había en aquel escuadrón. El duque asintió suavemente con la cabeza, sin entrar más en discusión, aceptando el compromiso de Alexander de buscar maneras de ganar tiempo a pesar de las circunstancias que les rodeaban. Sigurd había estado planeando el viaje con los generales de Nohr, y muy probablemente éstos le hubiesen dado ya la ruta más rápida (a la vez que segura), más nunca estaba de más una segunda opinión.

Y luego llegó a la parte de las preguntas acerca de la vida de Alexander. El duque le escuchó con bastante interés, no interrumpiendo su breve relato sobre el respeto y amor que profesaba a su padre. Sigurd volvió a asentir a la cabeza también. Parecía ser que ambos tenían más en común de lo que hubiera podido parecer a primera vista.

-Veo que no soy el único que tiene un padre al que adora. Sí, mi padre también es un gran guerrero y un hombre bien sabio, que me enseñó a mí también cómo, y sobre todo, para qué coger una espada. Le debo todo.-el tono de Sigurd era un tanto triste y melancólico. Realmente echaba de menos a su padre desaparecido, pero tampoco quería lloriquear por ese motivo delante de aquel mercenario.-Espero algún día tener la oportunidad de conocer a vuestro buen padre, y os deseo que seáis capaz de vivir a la altura de ese buen hombre.-Sigurd no conocía al padre de Alexander, pero lo que el mercenario le había contado le había bastado para saber que se trataba realmente de un modelo a seguir.

Entonces le tocó el turno a Sigurd a responder las preguntas de Alexander. Obviamente, le pareció bien hacerlo, pues era lo más justo después que éste le hubiera respondido a sus curiosas preguntas sobre su vida privada. Además, tampoco tenía nada que ocultar.

-Actualmente soy el duque de Calphy, uno de los seis grandes ducados de Grannvale, que se encuentra justo al sur de la capital. Aunque oficialmente se llama “Chalphy”, todo el mundo lo llama Calphy, yo incluido. Tú llámalo como te resulte más cómodo. Es tierra de jinetes y de amplias llanuras, como puedes comprobar si echas un vistazo a los hombres de nuestro escuadrón que llevan mi baluarte.-explicó Sigurd con cierto tono de orgullo en su voz, pues tenía a su pueblo en gran estima.-Mis motivos aquí son bastante sencillos. Hace pocas semanas recibimos en mi castillo la noticia de que Nohr pretendía liberar a su pueblo de la lacra Emergida, y hacía un llamamiento a todas las naciones que lo deseasen a apoyarla en tan encomiable empresa. Grannvale es un país aislacionista, siempre se ha mantenido al margen de los asuntos externos, y la mayoría han desoído la petición de ayuda del príncipe Leon Nohr, autor del susodicho llamamiento. Mas yo no coincido con la forma de pensar dominante en mi reino. El problema de los Emergidos es un problema de todos, y sólo si trabajamos todos juntos podemos tener alguna probabilidad de éxito. Por eso mismo, he decidido acudir para ayudar a Nohr a liberarse de los Emergidos, como un primer paso en Grannvale para abrirse al mundo y empezar a colaborar en aras de un futuro próspero para todos los países.

Sigurd hablaba completamente en serio al final, y se le notaba en la forma en que acentuaba cada palabra. Al fin y al cabo, se estaba jugando lo suyo con aquella jugada. Los Emergidos que atacaban Jugdral tenían banderas de Akaneia, por lo que apoyar a un reino de Akaneia no era del todo bien visto en Grannvale. Pero Sigurd no se creía que ningún reino estuviese detrás de ese ataque, y que aquello era una maniobra de despiste y confusión. Y que lejos de enfrentarse los unos con los otros, lo que había que hacer era colaborar entre todos, el único camino verdadero hacia la paz.

Mientras hablaba Sigurd con Alexander, el tiempo pasaba, y pronto iba a llegar el momento de hacer la primera parada para comer y descansar. El duque llamó a los jinetes wyverns que usaba como avanzadilla para explorar, los cuales aseguraron que no había ningún Emergido por los alrededores. Entonces se volvió hacia Alexander.

-Bueno, según el mapa, hay una pequeña planicie a un escaso kilómetro de aquí. Será un sitio idóneo para descansar, pero necesitaremos vigilancia mientras lo hacemos ¿qué posiciones y sitios recomendáis?-preguntó Sigurd a su guía, mientras volvía a señalar el mapa para que le diese las indicaciones oportunas.

OFF: Lamento muchísimo haber tardado tanto en responderte. El trabajo estas semanas ha sido agotador (FE Fates también tiene algo que ver, pero sólo de manera muy secundaria) y no he podido rolear al ritmo que quería. Pero espero que a partir de ahora le pueda meter algo más de caña al asunto.
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Invitado el Dom Jun 12, 2016 6:36 am

Miraba al frente del camino escuchando las palabras de Lord Sigurd tratando aún de aguantar el calor que se estaba sintiendo desde que había pisado Nohr. Al ver lo mal que todos los hombres que venían se la estaban pasando imaginé que lo más probable era que Sigurd estaba preocupado por ello por lo que decidí tranquilizarlo, o al menos intentarlo. No era buena idea trabajar con alguien que quizá estaba nervioso porque terminaría desesperándome yo, lo mejor era evitar cualquier preocupación. Confiaba bastante en que me había mostrado lo más serio y tranquilo como me fuera posible, eso ayudaría a mantener la tranquilidad en los demás también.

¿Deporte nacional? Entonces si voy de visita para allá un tiempo quizá me logre hacer un atleta famoso de ahí—continué la broma, el hecho de que Sigurd siguiera el juego a las bromas era buena señal. Dentro de lo que cabía, estaban tranquilos—. Y sí, he notado el gran grupo que han traído para la misión. Es buena idea el traer a tantos hombres para enfrentar a un gran grupo de emergidos pero eso trae a la vez desventajas. Las provisiones, por ejemplo, aunque supongo que también se habrán preparado en ese aspecto, ¿no? Y no se preocupe, sé muy bien de lo que esas cosas son capaces. Parecerán tontas, pero las apariencias engañan, fue algo que vi personalmente en una misión reciente, por eso es que no bajaré la guardia en contra de ellos.

Se me preguntó justo después de comentárseme la ruta que se tomaría para llegar a nuestro destino si conocía algunas rutas alternativas que podrían ahorrarnos tiempo acortándonos el camino hacia la misión. Mi respuesta estaba por ser afirmativa, pero al recordar cuántas personas venían con nosotros no estaba muy seguro de si lograríamos cruzarlas todos los que estábamos ahí, esta era otra de las desventajas de traer grupos grandes de personas. Como no quería ser el responsable de algún accidente tuve que dar una negativa explicando las razones del por qué no era buena idea seguir los atajos que conocía, pero me comprometí a la vez a buscar alguna otra ruta que nos pudiera servir, cosa a la que Sigurd aceptó.

Con todos los temas “importantes” por fin hablados se llegó a un momento de silencio incómodo en el viaje y el cual no tenía idea de cómo evitar. Por suerte fue Sigurd quien después de un rato empezó una charla sobre cosas más tranquilas, lo cual agradecía bastante. Respirando aliviado respondí a las preguntas que me había hecho con cierta emoción cada vez que hablaba de mi padre y que trataba de disimular.

Es… agradable saber que no soy la única persona que le tiene tanto respeto a su padre, Lord Sigurd. Su padre se oye como una persona muy respetable y honorable, si me permite decir—respondí sonriendo, aunque quitándola poco después tomando cierta seriedad—. Sí… yo también deseo poder estar a su altura algún día, de verdad era un gran hombre. Aunque, me temo que no será posible el conocerlo, señor, ya no…

Dirigí la mirada al cielo de manera involuntaria por unos instantes hasta que caí en cuenta de que lo estaba haciendo. Volteé rápidamente al frente y sacudí mi cabeza tratando de que no se haya notado mucho lo anterior. Para disimular un poco fue entonces que tomé el momento en que terminé de contar lo mío para entonces preguntarle a Sigurd un poco sobre él. Escuchaba atento sus respuestas.

Vaya, eso explica la cantidad de hombres que ha traído para esta misión, ya que usted es un miembro de la nobleza de allá, y uno muy importante por lo que parece—respondí dudando un poco si contarle que mi padre había era un marqués de Ylisse. No solía contar eso a las personas con las que trabajaba, y no le veía necesidad de hacerlo ahora, por lo que terminé callando ese detalle. Hice caso a lo que dijo y di una rápida mirada a los hombres detrás que llevaban el baluarte mencionado, efectivamente eran los jinetes. Regresé la mirada hacia Sigurd—. Sí, veo que la mayoría de los jinetes viene de parte suya. Y opino que tiene razón en lo de que el problema de los emergidos nos concierne a todos, aunque tampoco me sorprende que no muchos hayan respondido a la petición del príncipe Leon—solté con cierto tono burlesco, era un tonillo que a veces no podía evitar—. No tiene muy buena fama por algunos lugares y yo personalmente no lo tengo en buena estima, las razones prefiero mantenerlas para mí, espero no le sea molestia. Pero entiendo en qué le favorece a su pueblo la decisión que tomó. Yo haría lo mismo en su lugar, señor. Y le deseo a usted y a toda Grannvale éxito en sus propósitos—cerré los ojos y respiré hondo tranquilizándome un poco, empezaba a sentirme tenso y el calor no ayudaba en nada—. La verdad es que Calphy se oye como un lugar agradable, señor. No me molestaría ir allí a tomarme un descanso de unos días después de estar en el sofocante clima caliente de Nohr.

La charla había durado un buen rato sin que me diera cuenta. Ahora que conocía un poco más de Sigurd me estaba empezando a parecer una persona que lucha y hace todo lo posible por ayudar a su pueblo, me recordaba un poco a la manera de pensar que tenía mi padre. Aunque en el fondo no quería aceptarlo, el hecho de que lo entendía un poco me hacía tener cierta simpatía hacia Sigurd. Cuando llegamos a lo que parecía ser la primera parada para descansar y después de que algunos jinetes Wyverns hicieran una inspección a la zona.

En cuanto lleguemos debemos revisar cuántas formas de entrar al lugar hay, dependiendo de eso opinaría que lo mejor sería poner a cierto número de personas vigilando cada una de éstas y colocarnos nosotros en el centro del lugar, no queremos sorpresas, ¿no es así?—me detuve a pensar en más opciones que nos podrían servir—. Otra opción es colocarnos cerca de dónde debemos continuar el camino para que en cuanto terminemos de comer y descansar solo sea cuestión de subirnos a los caballos, pegasos o wyverns y reanudar la marcha. Con la primera opción me sería más fácil el buscar alguna ruta alternativa, como ya dije antes que lo haría, pero no es seguro que la encuentre, por lo que cualquiera de las dos me parece una buena opción. ¿Qué opina usted, señor Sigurd?

Off: Disculpa también por tardaaaaaaar D: Se me juntaron varias cosas del colegio, ya sabes, evaluación y cosas así. Pero por fin he agarrado tiempo para responder. De verdad perdona D:


Última edición por Alexander Delacroix el Miér Oct 05, 2016 11:38 pm, editado 1 vez
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Sigurd el Dom Jun 19, 2016 6:25 pm

Dirigir todo un pelotón de combate no era nada fácil. Eso fue lo primero que aprendió Sigurd cuando por fin pudo lanzarse al combate dirigiendo a sus propios hombres. De eso ya hacía algún tiempo, y el duque de Calphy había adquirido más experiencia sobre el asunto, mas eso no invalidaba tan rotunda verdad. Afortunadamente, en todo ese tiempo había estrechado importantes lazos de unidad con los sus propios hombres, al punto de poder confiarles su vida sin vacilar ¿pero qué pasaba cuando se trataba de gente a la que apenas conocía? Gente como aquellos magos y jinetes de wyvern de Nohr con los que aún no había luchado una sola batalla. Sigurd no podía poner la mano en el fuego por ellos. Y eso significaba que ellos tampoco podían hacerlo por él. No, en casos como aquellos, Sigurd tenía que ganarse el liderazgo, tenía que comportarse realmente como un buen comandante. Y eso empezaba por ganarse la amistad de aquel guía mercenario. No sólo es que realmente tuviesen cosas en común, cosa que apreciaba, sino que necesitaba ganarse su confianza. No por ningún interés mezquino, sino porque el éxito o fracaso de la misión podía depender de ello. Un líder bien lo sabía, los lazos de confianza entre sus hombres podían decidirlo todo.

Sigurd meditaba en ello, a la vez que escuchaba con atención las opciones que Alexander Delacroix le proponía para el primer descanso. No tardó mucho en responder.

-Iremos por la primera opción. Vamos contra reloj, pero no por ello debemos actuar con demasiada premura o llegaremos agotados a la hora de combatir. Además, si podemos encontrar otra ruta, saldremos ganando aun más tiempo.-razonó Sigurd con calma y distinción, para luego volver a quitarse el sudor de la frente. Odioso calor. Tenía razón Alexander, las tierras de Grannvale no es que fueran más gélidas, pero el clima era mucho más templado.

Al poco llegaron al sitio indicado, y el grupo se dividió para poder descansar, con cierto número haciendo guardia en los rincones señalizados. Era un claro de montaña, con algo de cuesta, pero más llano que la mayoría de lugares por los que habían transitado. Y por lo que podía ver en los mapas, la cosa no iba a ponerse mejor en las próximas horas. Aprovechar ese momento de descanso era fundamental. Además, el claro iba acompañado de un pequeño riachuelo donde Eolo y el resto de animales podían beber, lo cual era un extra que no se iba a despreciar.

Una vez dadas las órdenes pertinentes, Sigurd acompañó a Eolo en dirección a dicho riachuelo para que pudiera saciar la obvia sed que había adquirido debido al caluroso paseo. El caballo dio varios relinchos de placer y Sigurd vio que era el momento de que él empezase a desempaquetar parte de sus propias provisiones para comer durante el descanso.

-Estimado Alexander ¿queréis comer en mi compañía o preferís comenzar ya la investigación de cualquier ruta que…?
-¡Mi señor duque! ¡Mi señor duque!-Sigurd fue interrumpido antes de que pudiese terminar la pregunta.

Se trataba de uno de sus jinetes, de los que habían venido con él desde Calphy y que había colocado como uno de los guardias protegiendo aquel claro. Parecía ser bastante importante, pues venía a todo correr, y con el calor que hacía, eso era realmente llamativo. Sigurd miró un tanto inquieto a aquel jinete, mientras le daba permiso para hablar.

-Se trata de huellas, mi señor duque. Son pocas, y de hace algún tiempo, probablemente varias horas. Pero no queda duda de que son huellas de Emergidos.

El silencio se hizo de golpe durante unos instantes, los instantes que duró la sorpresa para Sigurd ante tal noticia ¿Rastro de Emergidos tan pronto? ¡Pero si se suponía que no se iban a encontrar con ellos en dos días como mínimo! ¡¿Cómo era eso acaso posible?!

-Habéis hecho muy bien en avisar. Llevadme hacia esas huellas de inmediato.-ordenó a su subordinado, mientras hacía una señal a Alexander de que le siguiera también. El jinete asintió y les mostró el camino.

Las huellas se encontraban no muy lejos del riachuelo. Eran sólo dos pares de huellas, formadas por la humedad de la tierra pero secadas rápidamente por el calor. Y sí, en su tiempo luchando contra Emergidos había aprendido Sigurd a diferenciarlos de huellas de humanos normales y corrientes. Aquellos eran Emergidos, no había duda.

-Sólo son dos pares de huellas. Quizás sólo se traen de exploradores que se hayan adelantado del grupo… ¿pero tan lejos de donde deberían estar? No creo que se hayan separado porque sí, algo tiene que haber aquí…-razonó en voz alta el duque, para luego volverse hacia Alexander Delacroix.-Mi instinto me dice que debería mandar de inmediato a los jinetes wyverns para sobrevolar la zona y ver si son capaces de descubrir a los causantes de estas huellas. Pero no quiero enviarles a una posible trampa. Ahora bien, tampoco quiero pasar por algo esta señal. Si el grupo Emergido está tan cerca de lo que teníamos pensado, esto cambia por completo nuestros planes. Debemos averiguar la verdad sobre estas huellas cuanto antes ¿Alguna idea?

La pregunta estaba dirigida obviamente a Alexander Delacroix. Al fin y al cabo, él era el guía asignado para esta misión. Por supuesto, la última palabra la tendría Sigurd, como comandante que era, pero eso no significaba, ni de lejos, que no tuviese en cuenta la opinión del mercenario a la hora de tomar una decisión que podía llegar a ser muy importante para el desarrollo de la misión.
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 08, 2016 1:03 am

Después de razonar un poco sobre las opciones que teníamos al llegar al campamento y ya habiéndoselas dicho a Sigurd me encontraba ahora esperando la respuesta que me daría sobre cuál de las opciones se tomaría para acomodarnos en cuanto lleguemos al sitio donde sería el descanso de la caminata. Sigurd no estaba obligado a tomar una de las recomendaciones que yo le había dado, el bien podría elegir alguna otra formación que tomar pero ya que él mismo me había pedido alguna opinión que aunque bien fuera cierto que tenía pensado decirle algunas maneras en las que veía correcto acomodarnos el que me lo haya pedido me daba a entender que Sigurd estaba abierto a opiniones de los demás en cuanto a cómo se podría hacer una misión. De igual manera, las formas en las que le había dicho cómo podríamos acomodarnos al llegar al sitio de descanso las había pensado tomando en cuenta tanto mi tarea de buscar nuevas rutas como el hecho de estar atento a las diferentes situaciones que se podrían presentar mientras estábamos ahí. Desde algún ataque sorpresa ya no de emergidos, sino más bien de bandidos o hasta algún accidente que pudiera pasar. No pasó mucho rato después de haber terminado de decir mis opciones para que Sigurd diera una respuesta de cuál sería la que se tomaría.

Me parece perfecto entonces, señor Sigurd—le sonreí satisfecho para luego devolver mi mirada al frente—. El buscar una ruta alternativa será mi tarea principal al llegar mientras todos estén descansando, después de comer un poco, claro está. Y tranquilícese, el calor ya pasará, o al menos eso espero.

Lo último lo había dicho para tranquilizarlo un poco, aunque era cierto que desde que habíamos comenzado el viaje no se notaba algún cambio en la temperatura. Lo que quedaba del camino lo pasamos en silencio y no pasó mucho tiempo para que llegáramos a donde sería el esperado descanso. En cuanto arribamos los numerosos soldados que venían con nosotros se dividieron para vigilar las zonas que antes había indicado. Cuando todos estuvieron listos me bajé del caballo y lo llevé hacia donde estaban los demás en un riachuelo donde podían beber agua. Iba a ponerme en marcha hacia el sitio en donde me tocaba estar a mí pero fui interrumpido por Lord Sigurd para preguntarme algo pero éste a su vez fue interrumpido por uno de sus hombres que se acercaba corriendo hacia el sitio en donde estábamos nosotros lo que indicaba que no era solo para saludar. Y tenía razón, en cuanto estuvo a unos cuantos pasos de nosotros podía notársele su preocupación, preocupación que venía porque habían visto huellas, probablemente de emergidos.

En cuanto terminó de informar lo que habían encontrado Sigurd se puso en marcha haciéndome una seña para que lo siguiera, lo cual hice sin dudar. El sitio no estaba muy lejos de donde nos encontrábamos y en el efectivamente se podían ver huellas en el suelo, y peor aún, era huellas de emergidos. Mientras Sigurd decía algunas indicaciones yo me acerqué a las huellas para verlas de cerca con la intención de al menos imaginar qué podría haber sido de los que las habían dejado. Al terminar me levanté en el momento justo en que Sigurd me estaba preguntando otra cosa.

A mi parecer si solo están las huellas eso quiere decir que se han ido—contesté observando las huellas desde donde estaba parada pasando mi mirada levemente por el camino por delante—. Pero mucho me temo que no puedo asegurar si la razón de su retirada ha sido el vernos llegar o simplemente se fueron antes de que nosotros llegáramos. Si la razón fue que nos han visto llegar entonces muy posiblemente tenga razón y más adelante nos espere una trampa, señor Sigurd—me detuve un poco para pensar en las opciones que teníamos, volteando a todos lados—. Bien podemos aprovechar el saber que están por esta dirección para tomar otro camino pero pienso igual que usted y no me gustaría ignorar esto. Por como veo las cosas, a mí parecer lo mejor sería ir hacia allí pero no para explorar sino más bien para matar a los emergidos que se encuentren por allá. Esto lo digo obviamente sin tener conocimiento de las provisiones que se traen ahora mismo por lo que le recomendaría solo hacer esto si se tienen las suficientes para proporcionar energía a sus hombres después de pelear porque como sabrá no es una cosa ligera y mucho menos si se trata de emergidos. Me tendrá que disculpar pero eso es lo único que se me ocurre por el momento—me quedé unos momentos en silencio pensando lo más tranquilo que podía permitirme, hasta que una pequeña posibilidad se me pasó por la cabeza—. Aunque… si me permite agregar algo, puede que esto sea una distracción por parte de esas bestias y su intención es hacernos perder tiempo preocupándonos por algo vacío. Créame, he visto que son inteligentes y no me sorprendería que hayan hecho una estrategia así.

Finalicé mi explicación. Sabía muy bien que era una propuesta arriesgada pues estábamos a contrarreloj y una pelea sería algo muy cansado para los todos tanto como por el hecho de que al final efectivamente como había dicho antes no hubiera nada más allá y hayamos perdido valioso tiempo. Algo no me permitía estar tranquilo sobre todo aquello, pero por ahora solo era cosa de lo que Sigurd decidiera.


Última edición por Alexander Delacroix el Miér Oct 05, 2016 11:39 pm, editado 1 vez
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Sigurd el Dom Ago 14, 2016 5:42 pm

Dos pares de huellas. Dos pares de huellas lo estaban fastidiando todo. Dos pares de huellas estaban complicando una misión que sobre el papel resultaba mucho más sencilla. Un parte de Sigurd, la más infantil, se alegraba un poco, en cuanto que añadía más reto y aventura a la situación. Pero otra parte, la madura y principal en él, no podía más que sentirse inquieto ante el significado de aquellas huellas. Al fin y al cabo, no sólo su vida, ni tan siquiera la de sus hombres, dependía de qué decisión tomaba con respecto a esas huellas de Emergidos. E incluso podría causar un grave conflicto entre Grannvale y Nohr si Sigurd utilizaba especialmente mal las tropas que le había confiado el príncipe Leon.

Por ello mismo, la mirada seguía atenta a las huellas del suelo, estudiando y haciendo cábalas acerca de cuándo fueron hechas y en qué dirección se aventuraban. Sin embargo, eso no implicaba que no prestase atención a cada una de las palabras que Alexander Delacroix le decía en relación a tan relevante asunto.

Parecía ser que Delacroix tenía también sus dudas acerca de cómo proceder. Cabía la posibilidad de que aquello no fuera nada, que esos dos Emergidos simplemente pasaban por ahí. Pero podía ser también una trampa. Todo dependía de la naturaleza de aquellas viles criaturas. Sigurd permaneció callado unos instantes, barruntando acerca de las distintas opciones que se le presentaban. Pero como líder, tenía que tomar una decisión, y cuanto antes lo hiciese, mejor.

-Gracias por vuestro consejo. Me ha servido de ayuda.-reconoció Sigurd al mercenario y procedió a dar su opinión antes de dar las órdenes oportunas.-Coincido en que no se debe subestimar a esas criaturas. Y por ello mismo no correremos riesgos. No hay de qué preocuparse de por provisiones, hemos cogido algo de más por si sucedían eventualidades como esta.

Entonces, Sigurd empezó a caminar en dirección hacia los jinetes wyverns que estaban preparándose para comer. Sin embargo, se interrumpieron al ver acercarse al duque y se encuadraron en posición formal.

-Lamento mucho interrumpir vuestro merecido descanso, soldados. Pero hemos encontrado evidencias de que podría haber un grupo de Emergidos a los alrededores y necesito que unos pocos de vosotros haga una batida rápida para localizarlos cuanto antes.-ordenó con seriedad y autoridad Sigurd, pero también intentando trasmitir serenidad.-Tened cuidado. Cabe la posibilidad de que nos estén tendiendo una trampa. Volad bien alto y aseguraos de que no os alcanza ningún posible arquero.
-¡Señor, sí señor!-dijo el jefe del escuadrón wyvern y enseguida empezó a dar las órdenes oportunas entre los suyos. No parecían estar demasiado contentos de interrumpir su comida, pero ninguno discutió ni puso pegas a la orden del duque, ya fuera por respeto a la cadena de mando, o porque ellos también comprendían el peligro que los Emergidos suponían y tampoco querían correr riesgos.

Seis wyverns alzaron el vuelo al final, y durante el tiempo que estuvieron ausentes, Sigurd comió rápidamente de las provisiones que le correspondían e hizo rondas por el asentamiento improvisado, haciendo guardia como uno más. Al final, los wyverns volvieron a la media hora, y parecían traer noticias alarmantes.

-¡Mi señor, los hemos encontrado!-exclamó el jefe del escuadrón, que había dirigido la batida, nada más ver a Sigurd y sin bajarse del wyvern.-Hay un grupo de Emergidos alejándose de nosotros a varias millas al oeste, muy pequeño, parecen ser una simpe media docena. Puede que se trate de un puesto de de exploración. Puedo garantizaros de que no nos han visto. Si cargamos ahora, podríamos sorprenderlos y derrotarlos sin problemas.
-¿Sólo seis? ¿Es normal que se muevan en grupos tan pequeños?
-No lo sé, señor. A mí también me parece extraño. Puede que se hayan dividido para moverse más fácilmente entre las montañas, aunque es cierto que los Emergidos suelen viajar siempre en grupos grandes pese a las circunstancias del entorno.-respondió el jinete wyvern dubitativo.

Sigurd se mantuvo en silencio, meditando. Este cambio en el comportamiento de los Emergidos era extraño para él, pues ciertamente, él también estaba acostumbrado a luchar contra esas criaturas en grupos bastante más numerosos en Grannvale. Al final, decidió volverse hacia Alexander.

-Si son exploradores, es posible que nos hayan visto antes y estén avanzando para avisar a la fuerza principal. De ser así, convendría darles alcance cuanto antes y matarlos de inmediato. Pero la sensación de que sea una trampa no se me va de la cabeza ¿cómo crees que deberíamos proceder? Y si atacamos ¿qué ruta deberíamos seguir?-preguntó el duque, confiando en el consejo de aquel guía mercenario.
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Invitado el Lun Ago 29, 2016 6:56 am

Lo que se suponía sería un pequeño descanso para que todos pudieran comer y recuperar energía y así continuar el viaje sin problemas fue interrumpido por la presencia de dos huellas que se pensaban eran de emergidos. Después de ir corriendo junto a Sigurd y otros hombres al lugar donde habían sido vistas aquellas huellas comprobamos que en efecto aquellas huellas era producto de esas peligrosas bestias. Desde que se hizo oficial que las huellas pertenecían a emergidos se hizo evidente entre todos los soldados ahí presentes la preocupación de que aquellas cosas nos hubieran visto y ahora se encontraran camino a avisar a los demás. No podía decir que esto fuera la situación pero de serlo el que todos los ahí presentes corríamos peligro era algo de lo que no cabía duda.

Mientras intentaba pensar en alguna situación lógica del porqué esas huellas se encontraban ahí estaba soportando aquellas ganas de ir corriendo por mi cuenta a verificar que no estuviéramos en peligro, a considerar por el número de personas presentes me terminaría metiendo en muchos líos de salir todo mal. Mis pensamientos fueron interrumpidos por Sigurd quien se dirigía a mí en busca de una opinión de lo que podríamos hacer en ese momento. Al estar pensando mucho en las posibilidades que teníamos pasé a exponer algunas cosas de las que se me habían ocurrido y que podrían funcionar. Al terminar de decir todo lo que tenía en mente me quedé en silencio para dejar que Sigurd pensara un poco en lo que se haría, aprovechando aquellos momentos para llevar mi mirada de nuevo a las huellas y un poco a la dirección a la que éstas se dirigían. Así estuve por un tiempo hasta que Sigurd habló.

No tiene que agradecerlo, para eso estoy aquí—respondí mientras mi mirada se acomodaba de nuevo para dirigirse a Sigurd—. Y sí, como ya he dicho, no me sentiría a gusto si solo ignoramos esto y dejamos que avancen más. No sabemos las intenciones que tienen por lo que pienso que deberíamos encargarnos de esto. Me alegra saber que hay suficientes provisiones, así podremos ir sin preocupación al ataque si es necesario.

Me quedé en el sitio dejando que Sigurd diera las órdenes que tenía que dar para aquella situación. Mientras él hacía lo suyo yo seguía con mi concentración en aquél par de huellas y el camino de adelante hasta que los jinetes de Wyvern pasaron volando por encima quitando mi concentración de aquellas huellas. Al parecer Sigurd les había ordenado ir a investigar aquél camino. Mandar a unidades voladoras era una excelente idea en caso de que el suelo estuviera lleno de trampas, ahora solo quedaba esperarlas. No quise interrumpir a Sigurd mientras comía por lo que me limite a estar de pie por el camino en el que las huellas estaban a modo de hacer guardia esperando el regreso de quienes habían ido a investigar. Pasado unos minutos ya se veían a la distancia a los jinetes de camino hacia acá para hacernos llegar la información de lo que habían visto. Según lo que contaron no era un grupo muy grande y se encontraban caminando en la dirección contraria de donde estábamos todos nosotros. No parecía nada difícil, pero no podía confiarme aún. La última vez que había visto a un grupo tan pequeño había sido cerca de una especie de campamento donde se encontraban muchísimos más. Había que ser precavidos.

Ahora que mencionaron que eran tan pocos, creo que estoy casi seguro que en efecto son exploradores—contesté rápidamente en cuanto Sigurd se volteó a mí—. Ya me he encontrado con grupos pequeños de emergidos antes y lo que suelen hacer éstos solo son talar árboles y buscar materiales—hice una pausa para tratar de resaltar lo que estaba a punto de decir—. Pero siempre cerca de donde éstos estaban había otros más juntos en un solo lugar. Como sabemos que si los primeros llegan y avisan a los demás no la tendremos fácil opino que lo mejor es ir y atacar al grupo pequeño evitando que lleguen con los demás—hice otra pausa pero esta vez para ver el terreno y posibles rutas que podríamos tomar para hacer el ataque—. Podríamos aprovechar a las unidades voladoras para, por ejemplo, que lleven a otros que sepan pelear en tierra y una vez estando cerca de ellos saltar y atacarlos por encima, me ofrezco personalmente a ser uno de los que lleven. La otra opción es ir por el camino por donde se fueron y alcanzarlos por detrás, con suerte y no nos notan hasta que estemos lo bastante cerca como para ganar. ¿Qué opina usted, señor Sigurd?

Terminé mi explicación y quedé en silencio de nuevo. No estaba dando más que sugerencias de cómo podríamos resolver aquello, ni siquiera estaba seguro si los Wyvern soportarían el peso de dos personas y de hacerlo si los jinetes estuvieran de acuerdo en llevarnos, pero era lo único que se me ocurría a parte de ir por tierra. Definitivamente debíamos encargarnos de aquellos emergidos, pero ahora la decisión de cómo quedaba en Sigurd.


Última edición por Alexander Delacroix el Miér Oct 05, 2016 11:40 pm, editado 1 vez
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Sigurd el Dom Sep 11, 2016 5:42 pm

Sigurd escuchó atentamente las palabras del mercenario guía una vez más, para tomar la decisión adecuada. Básicamente venía a aceptar él también la idea de que eran exploradores, y que convenía acabar con ellos cuanto antes, no fuera que alcanzasen al grupo principal de Emergidos y les avisasen de donde se encontraban las tropas nohrias y de Chalphy. El duque meditó unos instantes y acabó asintiendo con la cabeza. El tiempo de la deliberación había terminado. Tocaba entrar en acción de una vez, antes de que fuese demasiado tarde.

-Me gusta vuestro plan, Alexander. Propongo lo siguiente, teniendo en cuenta vuestra idea. Cogeremos a un grupo de wyverns acompañados de guerreros para pelear en tierra. Pero no cargarán directamente. En su lugar, los amenazarán cortándoles el paso, obligándolos a retroceder. Mientras, la caballería avanzará por el camino indicado y les atacaremos mientras retroceden, en un rápido movimiento de pinza. Así evitamos riesgos de que alguno de ellos pueda escabullirse y lograr avisar al enemigo. Son muy pocos, pero no por ello debemos actuar desprevenidos.-Sigurd entonces cogió amablemente el hombro de Alexander Delacroix, en señal de confianza.-Acepto que vayas con los wyverns, pero primero necesito que me indiques exactamente cuál es la mejor ruta en el mapa, y al mismo tiempo, los mejores escondites por donde nos puedan tender una posible emboscada. Sé que cada segundo cuenta, pero quiero correr el menor número de riesgos posibles.

Sigurd escuchó las indicaciones de Alexander y, una vez resuelto y aclarado todo con el guía, marchó en dirección a su caballo Eolo, subiéndose rápidamente sobre su lomo y aferrando las riendas. Acto seguido, moviéndose desde encima de su caballo, hizo un llamamiento a las tropas para ponerse todos en movimientos.

-Mis queridos camaradas y mis aliados nohrios ¡Nuestra primer encuentro contra los Emergidos empieza antes de lo previsto! Pero eso no significa que nos pillen desprevenidos ¡Demostremos a esos seres inmundos lo que un ejército humano puede llegar a hacer!-gritó montado sobre Eolo, y una ovación por parte de todos los soldados fue recibido como respuesta. Parecían todos entusiasmados con entrar en la batalla, a pesar de que esta había casi arruinado su descanso y almuerzo.

Los wyverns fueron los primeros en partir, acompañados con una serie de guerreros extra sobre sus grupas, entre ellos el mercenario, como había acordado Sigurd con Alexander. Mientras, el duque reunió a su caballería y se pusieron en marcha a la cabeza, por el sendero mejor indicado por Alexander. Mirando todos cuidadosamente a los alrededores, temerosos de alguna emboscada, aunque no encontraran nada por el camino. Eolo suspiraba inquieto, algo que Sigurd comprendía, ya que se estaban moviendo por territorio completamente desconocido, y que no era natural en el animal. El duque trató de calmar al animal acariciando entre las orejas, donde sabía que a Eolo le gustaba más. Al final, llegaron a una zona de denso follaje justo antes de la entrada de un claro.

-Esperaremos aquí la señal. Cuando veamos venir a los wyverns desde el horizonte, sabremos que el enemigo está acercándose y cargaremos hacia delante ¿Comprendido?-recordó Sigurd a sus hombres, sin levantar demasiado la voz mientras desenvainaba su espada y el resto de los soldados hacían lo suyo con sus propias armas.

Ahora sólo faltaba esperar. Sigurd sabía que aquello era sólo el principio, ya que se trataba de unos pocos exploradores, pero aun así, por alguna razón se sentía como si fuera a entablar una verdadera batalla. Quizás fuera el calor, que le hacía preocuparse demasiado. Pero sentía que algo no iba del todo bien. Sólo esperaba que aquellos wyverns no corrieran verdadero peligro.
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Invitado el Lun Oct 03, 2016 9:29 am

La accesibilidad de Sigurd a escuchar a los que venían con él era algo que me agradaba y que me había ahorrado algunos problemas y discusiones con él. Estaba muy enterado sobre cuál era mi pequeña fama entre algunas personas de no seguir órdenes y de actuar de manera impulsiva a la hora del combate, y puede que esa gente no esté tan equivocada, de hecho me conozco a mí mismo lo suficiente como para saber que no podía negar aquellas cosas sobre mí. Pero por lo mismo que me conocía y porque lo presenciaba de primera mano sabía que aquellas cosas las hacía de manera involuntaria cuando sabía cómo evitar que algo malo, cuando sabía cómo ayudar a alguien. Era mi voluntad de proteger la que me hacía ser así y la necedad de la gente a no escucharme cuando lo sabía. Y sin embargo hasta el momento no había sentido esa necesidad de actuar así con Sigurd. Y era resultado de lo dicho antes, que estaba abierto a opiniones y las escuchaba atentamente para hacer caso de ellas. Prueba de eso era su respuesta al pequeño plan que había improvisado hace poco para deshacernos de aquellos emergidos para que no nos dieran problemas.

Muchas gracias, señor Sigurd—respondí una vez que había escuchado lo que él tenía que decir sobre mi sugerencia. No era por completo lo que yo había dicho, pero lo usaba como base para hacer una estrategia más eficaz—. Los cambios que ha hecho a mi sugerencia me han parecido muy inteligentes, así que estoy de acuerdo en que se haga como lo ha dicho, señor. Es una buena manera de no perder de vista a ninguno—respondí a su gesto con una sonrisa y unas palmadas amistosas en su espalda—. Claro, verá—dirigí mi mirada al camino por el que pasarían Sigurd y compañía, poniendo completa atención al terreno—. Como puede notar estamos en un terreno algo rocoso y el que estemos en una montaña no actúa a nuestro favor. Recomendaría mantener constante vigilancia a las cavernas o puntos ciegos que pueda haber por el camino. Y para finalizar, ¿no le parece curioso que los emergidos tomen exactamente este camino? ¿Qué tal si ellos saben que es el bueno?—pregunté con una mirada confiada, apresurándome a agregar—. Sé que suena loco y poco probable a simple vista, pero créame cuando le digo que no son simples bestias.

Al terminar me dirigí hacia el Wyvern que me iba a llevar hacia los emergidos y dejé que Sigurd tomara las últimas decisiones y preparativos para iniciar con el plan que habíamos formado. Mientras Sigurd daba un discurso de motivación a sus hombres yo me preparaba para el combate que estaba por venir. No necesitaba ningún discurso que me diera ánimos, el simple hecho de un combate ya me llenaba de determinación. En cuanto terminó el discurso fue cuando partimos, siendo los Wyvern y los que íbamos en ellos los primeros en avanzar, como estaba planeado.

El volar provocaba una sensación maravillosa se combinaba a la emoción de antes de una batalla hacía que sintiera a la adrenalina hacerse presente en todo mi cuerpo. No tardamos mucho en llegar hacia donde estaban aquellos emergidos que habían dejado las huellas que tantos problemas nos causaron.
Bien, hay que ir bajando desde aquí para evitar que sigan avanzando y de paso hacer que retrocedan y pasar a atacarlos junto con los demás.
Sí, señor.

Los Wyverns comenzaron a descender para que estuviéramos al alcance de ellos para empezar a hacer que retrocedieran hasta donde Sigurd y los demás estaban. En cuanto me vi capaz de alcanzarlos entre todos empezamos a acercarnos mientras movíamos nuestras armas, pero los emergidos no retrocedían. Por alguna razón por más que lo intentábamos aquél pequeño grupo. Si continuaban sin retroceder no podríamos deshacernos de ellos y asegurar que no llegaran.

Pasó otro rato y aquellas bestias no parecían querer ceder ante nuestras provocaciones. En un momento en que comencé a desesperarme decidí avanzar hasta el que estaba más cerca y con un movimiento de mi espada le hice una gran herida en el pecho.
Pe-pero chico, ¿¡qué diablos estás haciendo!?
Me gritó uno de los hombres que venían en los Wyverns.
Sigurd nos está esperando allá atrás para acabar con ellos—contesté—. Si no avanzan no podremos llegar, y lo siento, pero no me gusta ser impuntual.

El emergido atacado mostró inmediatamente algo que parecía ser molestia a la vez que soltaba un grito. Mi provocación había funcionado. Sonreí orgulloso de que ahora tenía la atención de todo el grupo emergido, ahora tocaba correr y dirigirlos hacia donde nos esperaban. Aprovechando mi gran velocidad por no llevar armadura corrí a través del grupo el cual dio la vuelta y comenzó a seguirme. Podrían tener un poco de inteligencia, pero seguían sin ser seres pensantes. Apresuré la marcha para no perder tiempo y en poco rato podía ver a Sigurd y los demás a la lejanía.

Poco a poco las distancias se iban acortando mientras seguía corriendo y volteando de vez en cuando hacia atrás para asegurarme de que el grupo de emergidos aun me siguiera. Todo parecía ir perfecto, hasta que llegó el momento en que estaba a pocos metros de Sigurd y compañía. De la nada saltaron otros cuantos emergidos más posicionándose en frente mía y debido a que detrás de mí había otros había terminado acorralado, había ignorado los consejos que antes le había dado a Sigurd. Contando rápidamente había llegado a la cifra de veinticuatro emergidos rodeándome y acorralándome. Por fortuna aquellos hombres con los que había ido antes llegaron y llamaron la atención de los que me seguían. Di una rápida mirada sonriente a Sigurd mientras tomaba mi espada y la desenfundaba en señal de que era momento de que entraran. Sin esperarlo un momento avancé hacia el emergido que tenía más cerca y como había hecho antes, ataqué, pero esta vez a más que solo herir. El pequeño plan no había ido completamente como se esperaba, pero había podido llevarlos hasta los demás, aunque seguramente me esperaba un regaño al terminar.
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Sigurd el Lun Oct 10, 2016 2:00 pm

Sigurd esperaba impaciente, espada en mano. Eolo bufaba, tan impaciente como él. Tras tanto tiempo viviendo juntos, el caballo había aprendido a empatizar con las emociones de su dueño, o quizás era algún instinto animal suyo, pero el caso es que el animal estaba inquieto, pero al mismo tiempo silencioso y cauto como lo estaba el duque de Calphy sobre su grupa.

Lo cierto es que Alexander y el grupo de wyverns que había enviado para atraer a los Emergidos se estaba retrasando ¿Acaso habrían encontrado con algún percance? ¿Habrían caído en alguna trampa de los Emergidos? Sigurd no podía empezar a imaginarse lo peor a cada segundo que trascurría, más se obligaba a sí mismo a mantener la calma. Debía confiar en aquellos hombres, y al mismo tiempo, debía mantenerse fuerte para los hombres que le rodeaban a él. Si él empezaba a mostrar dudas o vacilación, sus hombres lo mostrarían más. No, debía mostrarse siempre fuerte y confiado, por él y por todo su pequeño ejército.

Y al final, Alexander no le decepcionó, aunque lo hizo de una manera que Sigurd no se esperaba. Sigurd se esperaba que su guía aparecería montado en el wyvern en el que partió, avisando de que la tropa de los Emergidos les estaba pisando los talones. Pero en vez de eso, lo hizo corriendo por la montaña a todo trapo, perseguido por la horda que lo tenía pisando los talones. No sólo eso, sino que al poco de verle aparecer, Sigurd vio como un grupo de Emergidos lo emboscaba por delante y lo rodeaba por completo. Alexander tenía razón al aconsejarle previamente de partir que vigilase cada recoveco por el que pasaban, pues realmente esas bestias sabían esconderse. Era como si les estuviesen esperando o algo así…

Pero ahora no era el momento de pensar, sino el de actuar. Mas que nada, porque si no, dudaba mucho que Alexander Delacroix fuera a contar aquella aventura.

-¡¡AL ATAQUE!!-gritó mientras sacudía las riendas de Eolo con una mano y empuñaba su espada con la otra. No había tiempo para decir más, ni falta que hacía. Con un rugido de ánimo, tanto sus propios hombres como los nohrios que le acompañaban cargaron con él, saliendo de su escondite para atacar a los Emergidos que habían rodeado a Alexander.

Sigurd iba a la cabeza, y por tanto, fue el primero en llegar, clavándole la espada entre los omoplatos de un Emergido pillado desprevenido e incapaz de reaccionar. Si que reaccionaron otros dos Emergidos a su alrededor, armados con hachas, pero Eolo los esquivó con soltura, y de paso le dio una coz a uno de ellos. Sigurd logró degollar al otro de un preciso corte en el cuello.

Obviamente Sigurd no fue el único que se entretuvo aquella tarde. Los demás caballeros cargaron y derribaron a cuantiosos enemigos y muchos magos dieron cuenta de ellos desde la distancia. Por no mencionar a los wyverns, aquellos en los que debería haber regresado Alexander Delacroix, que también cargaron por el otro lado, de tal forma que todos los Emergidos que habían rodeado al guía ahora estaban completamente rodeados.

El desenlace de la batalla estaba decidido nada más empezar: los Emergidos estaban condenados. Sigurd estuvo mayormente centrado en los enemigos que estaban delante de sí, esa panda de zombis putrefactos de piel morada y gruñidos constantes que de alguna forma sabían manejar un arma, pero que eran completamente incapaces de responder seriamente a toda aquella acometida que estaban recibiendo por todos los flancos. El duque de Calphy tenía que admitirlo, los nohrios sabían luchar, lo hacían de manera muy compenetrada y eficaz. Aunque para su consuelo, sus propios hombres no se quedaban atrás, con su caballería acosando y destrozando al enemigo sin apenas resistencia. Y también pudo fijarse como el propio Alexander también se defendía sin demasiados problemas, a pesar del agotamiento por la carrera emprendida para llegar hasta allí.

No hay manera de medir el tiempo en medio de un combate, pero no debió haber pasado mucho cuando el último Emergido caía al suelo de un lanzazo provocado por uno de los hombres de Sigurd. El ambiente, atronador lleno de gritos, rugidos y choque de metal, se volvió enseguida silencio. Habían ganando, y parecía ser que sin bajas en su bando, pero aún así, el duque de Calphy no podía bajar aun la guardia.

-¡Rápido, que todos los wyverns peinen la zona y observen si queda algún Emergido escondido con vida!-exclamó Sigurd y todos los jinetes wyverns se apresuraron a obedecer, empezando a levantar el vuelo.-¡Todos menos tú! ¡Baja ahora mismo!

El jinete wyvern al que se refería era el mismo jinete con el que había partido Alexander Delacroix. Ese soldado no pareció sorprendido de que el duque le llamase, y descendió del wyvern para dirigirse caminando hacia Sigurd y mostrarse en posición de firme al llegar a posicionarse frente a él.

-Se suponía que Delacroix debía volver montado en el wyvern ¿por qué ha tenido que volver corriendo? ¿Se ha caído del animal?-cuestionó seriamente Sigurd a aquel soldado, el cual se mantuvo firme y serio en todo momento.
-No, mi señor. Obedecimos sus órdenes y tratamos de asustar a los Emergidos desde el aire para traerlos hasta esta posición, pero el enemigo seguía avanzando a pesar de todos nuestros intentos. Así que Delacroix bajó del wyvern por su propia voluntad y cargó contra el enemigo directamente, provocándolo directamente para conseguir que le siguieran.

Sigurd abrió los ojos como platos ante aquella revelación. Lo que se imaginaba es que, por alguna razón Alexander Delacroix se había caído del wyvern y no había tenido más remedio que correr para salvar su vida ¿pero cargar contra tantos enemigos él solo? ¡Era una locura! Pero al mismo tiempo era una locura que había funcionado.

-Gracias por su informe. Incorpórese con sus compañeros para efectuar el rastreo de posibles supervivientes enemigos.-ordenó Sigurd y el jinete wyvern no dudó en obedecer. Entonces Sigurd tomó aire profundamente y se dirigió hacia el guía.-Debo aplaudiros por vuestra audacia, Alexander. Si esta pequeña victoria ha sido posible, ha sido gracias a vuestro valor y rapidez de pensamiento. Pero al mismo tiempo debo condenar vuestra temeridad. Por lo que he podido ver, sabéis defenderos en combate, pero vuestro plan incluía demasiados riesgos. Un pequeño fallo, un tropiezo mientras escapabais, y no habríamos podido llegar a tiempo para salvaros. Recordad que sois nuestro guía, os necesitamos con vida para el triunfo de esta misión, y perderos en la primera batalla hubiera supuesto una verdadera tragedia. Tratad de actuar con más cuidado, por el bien de todos.-más parecía en este caso una petición que una orden, de forma que aunque Sigurd hablaba del bien del grupo o de la misión, uno por la voz podía notar que también se preocupaba por el bienestar de Alexander en concreto. Sigurd volvió a tomar aire.-¿Y bueno? ¿Habéis podido averiguar algo del comportamiento de los Emergidos? ¿Podemos saber qué demonios estaban haciendo aquí? ¿O será otro misterio más sumado al de su existencia misma?
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Invitado el Miér Nov 02, 2016 7:44 pm

El que las cosas no habían salido como yo las tenía previstas era ya un hecho. Viendo cómo estaba yendo la situación hacía que me diera cuenta de que la decisión que antes había tomado tal vez no era lo mejor que pude haber hecho, y sin embargo no me arrepentía de haberlo hecho. El plan era hacer que los emergidos retrocedieran y llevarlos así hacia donde Sigurd y los demás soldados nos estaban esperando listos para atacarlos, lo que no nos esperábamos es que aquellos emergidos estuvieran tan empeñados en seguir su paso llegando a ignorarnos. ¿Qué se supone que debía hacer en este caso si lo que principalmente debía hacer no lo estaba logrando? Obviamente tenía que encontrar otra manera de lograrlo y lo único que había llegado a mi mente en ese instante era bajarme del Wyvern en el que estaba e ir a provocarlos para que me persiguieran.

Tomando en cuenta el número de emergidos que eran no parecía algo que presentara muchas complicaciones para llegar al lugar de encuentro, lo que no estaba tomando en cuenta aunque fuera yo quien se lo sugiriera a Sigurd era cuántos emergidos estarían escondidos por el camino y eso justo fue lo que me había puesto en este aprieto. Cuando estaba a nada de llegar con Sigurd y compañía varios emergidos más saltaron desde las colinas de los lados hasta donde estaba yo logrando rodearme entre ellos. La situación se había complicado de un rato a otro, pero no podía mostrar debilidad ni sorpresa. De un movimiento rápido saqué mi espada y con una mirada indiqué a Sigurd que era momento de atacar.

Sin pensarlo un segundo Sigurd y todos los soldados iniciaron el avance en contra de los emergidos que me venían persiguiendo junto a los que apenas se habían mostrado, y así como ellos yo apoyaba a la pelea también eliminando a varios que tenía más cerca. Poco a poco los roles se vieron invertidos y los emergidos que antes me rodeaban ahora eran los rodeados gracias a la ayuda de losjinetes de Wyverns y demás soldados. Para este punto ya se sabía el resultado de la batalla, solo quedaba llegar a él, algo que inmediatamente todos avanzamos para lograr atacando a todos los emergidos presentes. Era algo increíble ver a un ejército tan grande pelear en contra de emergidos, a pesar de mis viajes y de haber tenido peleas con algunos también era la primera vez que veía algo como eso, algo en lo que mi padre en vida solía ser muy bueno. La leve distracción me había costado que dos emergidos se me acercarán e intentaran golpearme pero con una rápida reacción esquivé dando un giro para esquivar la espada de uno y un salto hacia atrás para evitar el hacha de otro e inmediatamente después contraatacar al del hacha mientras acercaba su arma a él y de un rápido movimiento llevar mi espada hacia el otro, derrotando a ambos.

La batalla continuó por un buen tiempo hasta que no quedó ni un enemigo de pie en el campo de batalla. Aliviado de haber acabado por fin lo más pesado y con el agotamiento muy pesado debido a la carrera que me había echado antes me senté en el suelo recargándome con mis brazos. Mientras recuperaba el aliento pude ver a Sigurd hablar con aquél jinete de Wyvern que me había llevado al inicio mientras los otros se iban seguramente a verificar que no hubiera más enemigos adelante. Sabía muy bien el porqué lo había llamado y sobre qué estarían hablando, y el que al terminar su charla Sigurd se dirigiera hacia donde estaba solo me lo confirmaba. Era obvio que aquél soldado no se echaría la responsabilidad.

Digamos que confío mucho en mi velocidad y reflejos—contestaba medio controlando mi respiración agitada—. De todos mis hermanos yo soy el más rápido, de no tener conocimiento de esto tenga por seguro que ni siquiera habría pensado en hacer lo que hice. Entiendo que esto no me deja exento a tropiezos o caídas, así que solo me queda agradecer a Naga el que me haya guiado por buen camino para evitar cualquier desgracia que me pudo haber pasado—sonreí alzando la mirada hacia Sigurd—. Era un riesgo que debía tomar para que la misión no fracasara de otra forma que no fuera mi muerte. Además, no me gusta ser impuntual y los emergidos no estaban ayudando a eso. Pero tomaré su recomendación de actuar con más cuidado de ahora en adelante, al menos dentro de lo que me sea posible, no puedo prometerle no volver a hacer alguna locura si es muy necesario—me estiré aun sentado en el suelo, ya me sentía más relajado—. Y muchas gracias por el cumplido, aunque debo decir que usted y los soldados no estuvieron nada mal tampoco.

Terminando de estirarme me dispuse a levantarme y a sacudirme la tierra que mi ropa tenía por sentarme en el suelo y estirando un poco las piernas.

Podemos decir que es un misterio, por ahora. Me parece a mí que hay una forma segura de saber qué estaban haciendo por aquí—señalé al camino por el que había venido con aquellos emergidos persiguiéndome—. Como he dicho, los emergidos insistían en avanzar por aquí, tanto así como para llegar a ignorarnos completamente a los Wyverns y a los que veníamos sobre ellos. Este comportamiento de ellos me ha llamado mucho la atención, tal vez más adelante haya algo que venían a buscar y que tenía más prioridad para ellos que pelear con enemigos, y no creo que no sienta curiosidad qué podría ser ese algo que los haga ignorar a los humanos. No creo que más adelante haya emergidos, seguramente todos se hayan concentrado aquí para hacer una emboscada a cualquiera que se le ocurriera venir de regreso y que no fueran sus compañeros, pero nunca está de más recomendar que de ir a investigar no vayamos con la guardia baja. Entonces, ¿qué dice, señor Sigurd? ¿Le interesaría investigar qué buscaban los emergidos?
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Sigurd el Miér Nov 09, 2016 2:41 pm

Cuando Sigurd escuchó la respuesta de Alexander Delacroix acerca de su estrategia improvisada para la emboscada de los Emergidos, sintió una desazón en su interior, como una especie de pinchazo en el corazón. Se reconocía perfectamente en las palabras de Alexander, tanto que hasta resultaba incómodo ¿Cuántas veces había sido criticado por sus maestros y adiestradores de combate por ser demasiado impulsivo, por actuar antes de pensar en las consecuencias? Sigurd había perdido la cuenta. Y la respuesta de Sigurd era la misma para ellos, en la guerra hay que correr riesgos, si no es imposible vencer.

Paro ahora, cuando Alexander le hablaba, se dio cuenta de que la pequeña bronca que le había echado era la misma que le habían echado a él durante todo su tiempo de preparación como guerrero y líder táctico ¿Se estaba convirtiendo en uno de ellos? ¿En uno de esos a los que no hacía mucho tiempo consideraba cobardes? El duque tenía la mente confusa. Veía como su propio discurso tenía razón y fundamento. Efectivamente, en aquella misión, la vida del guía era una de las más importantes del grupo (eso no quería decir que el resto no careciera de valor) y era necesaria que sobreviviera durante el transcurso de la misma para obtener a victoria, por lo que debía correr los menores riesgos posibles. Pero al mismo tiempo veía como la respuesta de Alexander también tenía razón y fundamento ¿Cómo iban a lograr atraer a los Emergidos si no fuera de aquella forma? De encontrarse Sigurd en la situación del guía mercenario, muy probablemente hubiera hecho lo mismo. Sí, quizás es lo que más le preocupaba al duque, que le estaba reprendiendo por algo que él mismo hubiera hecho en su lugar. Realmente tenían razón sus mentores cuando le dijeron una y mil veces que liderar era mucho más complicado que simplemente ser el primero en cargar.

Pero todas esas disquisiciones que se pasaban por la cabeza del duque tuvieron que dejarse a un lado cuando Alexander le explicó que había podido descubrir sobre los Emergidos y qué estaban haciendo en ese lugar remoto, a dos días de donde se les estaba esperando. No era mucho lo que había descubierto. Realmente no había descubierto nada, pero sí que dejaba abierta una pregunta de interés para todo aquel interesado en conocer y/o combatir a los Emergidos ¿qué podría haber que les hiciese interesarse más que atacar a un grupo de humanos? Sigurd no tenía la respuesta, desde luego, y mentiría si dijera que no quería saberla. Sin embargo, tenían una misión en marcha. El duque caviló por un par de segundos.

-Esta operación ya nos ha hecho retrasarnos demasiado. Si nos entretenemos en esto, hay muy altas posibilidades de que lleguemos tarde a nuestra cita con los Emergidos. Y eso el pelotón del príncipe Leon lo sufrirá bastante.-razonó en pose seria sin dejar de mirar al mercenario, para luego añadir.-Sin embargo, descubrir qué hacían aquí los Emergidos también puede ser una información realmente importante. Aunque no tanto como para arriesgarme a llegar tarde y perder la misión. Hagamos una cosa, si es usted capaz de garantizarme que seremos capaz de recuperar el tiempo perdido de alguna forma, le daré dos horas a la misión de investigación que me propone. Piénselo un par de minutos.

Sigurd dejó al mercenario guía esos minutos, en los que aprovechó para echar una mirada al cielo y observar a los orgullosos wyverns de Nohr sobrevolar el cielo, volando por todo el área en busca de Emergidos. Al final, el jefe del escuadrón wyvern empezó a descender y con él, todos los demás. El duque se acercó rápidamente a ellos.

-Sin novedad, mi señor. Ningún Emergido ha sido avistado en varios kilómetros por la zona. O se esconden muy bien, o hemos eliminado a todos los que había aquí.-dijo el jefe del escuadrón antes de que Sigurd le preguntase nada.
-Muy buen trabajo. Realmente demostráis estar a la altura de lo que se dice de los gloriosos jinetes wyverns nohrios.-alabó con sinceridad el duque de Calphy.-Descansad un poco, os lo habéis ganado.

Los jinetes wyverns hicieron un saludo marcial en gratitud a las palabras del duque y marcharon a dar de beber a sus dracónicas monturas. Mientras tanto, Sigurd volvió en dirección a Alexander Delacroix. El tiempo que le había dado había transcurrido.

-Parece ser que la zona entera está libre de Emergidos. Si queremos investigar qué hacían por aquí, es ahora o nunca. Eso sí, preferiría dejar descansar a los wyverns, en posición de guardia para cubrirnos las espaldas en vez de acompañarnos. Todos estamos cansados, pero ellos son los que han hecho más esfuerzo hasta ahora. Si no vamos a investigar, descansaremos media hora y marcharemos inmediatamente ¿qué es lo que habéis decidido, Alexander?-la presión podía ser un tanto fuerte para Delacroix, en cuanto que iba a ser él quien decidir qué era lo que había que hacer ahora. Pero viendo como se había comportado antes frente a los Emergidos, sabía que no sucumbiría a ella, e incluso quizás le sorprendería con su respuesta.
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Invitado el Dom Dic 11, 2016 8:34 am

Mantenía la mirada viendo al suelo mientras estaba sentado en este porque era la única manera que se me ocurría para disimular el no querer tener un contacto visual con Sigurd. Entendía bastante bien que cabía la posibilidad de que haberme bajado del Wyvern y haber cargado en contra de los emergidos para que me persiguieran era una acción que no aceptaría. No podía negar que había sido una decisión arriesgada y que pudo jugarme en contra pero era lo único que se me había ocurrido para poder cumplir de forma satisfactoria el erradicar a todos esos emergidos que se encontraban aquí. Se había cumplido el objetivo y eso era lo que más importaba en este momento.

Mi decisión de no mirarle no era un mero capricho, sin embargo. Era una forma de evitar una posible discusión como las que en la mayoría de las veces que trabajo con alguien más ocurren. Sigurd, a diferencia de todas aquellas personas con las que si había acabado peleado, parecía una persona más comprensiva y lo que menos quería era acabar en malos términos con él. Esperaba algún otro regaño, algún sermón de su parte, pero no fue así. Lo que recibí en cambio fueron unas palabras que apoyaban un poco lo que había sugerido, aunque siempre manteniéndose al margen de lo que más nos podría venir bien, dándome por fin un momento para analizar las cosas, autorizando la misión de investigación si se me ocurría algo con lo que recuperar el tiempo. El peso de aquella preocupación por una posible pelea desapareció en ese momento, lo que me permitió pensar las cosas de una manera clara y tranquila. Solo bastó poco menos de un minuto para que se me ocurriera una buena forma, recordando algo que había notado en mi viaje con los Wyverns.

En cuanto Sigurd volvió a dirigirme la palabra para pedirme que le dijera en lo que había pensado las palabras ya estaban en mi boca para solo salir.

Le doy la razón, señor—respondí mientras me levantaba del suelo y me sacudía los pequeños restos de tierra que se me habían quedado. Le dirigí la mirada tranquilo—. Perdimos mucho tiempo por culpa de esta inesperada situación y sé que lo tenemos muy contado, pero parece ser nuestro día de suerte—sonreí muy confiado—. ¿Recuerda lo que me pidió en cuanto llegamos aquí? Me pidió encontrar posibles rutas que nos podrían acortar el camino hacia nuestro destino, déjeme decirle que en ningún momento dejé de hacerlo.

Camine a aquella entrada en la que hace poco habíamos terminado con los emergidos esquivando ágilmente los cadáveres que ahí yacían y asegurándome de que Sigurd y los demás soldados me siguieran con la mirada. Señalé hacia adelante.

Resulta que en aquél vuelo con los Wyverns, antes de hacer aquella “locura” de atacarlos y salir corriendo para que me siguieran estuve atento a cualquier cosa que nos pudiera servir a nosotros, y la encontré. Casi llegando al final hay una caverna que da justo a la dirección a la que debemos dirigirnos, y lo mejor de todo es que pude notar que al otro lado hay luz. Si hay luz, entonces hay salida al exterior. Conozco muy bien esta zona para decir que ya he usado zonas parecidas para acortar distancias. Véalo de esta forma, señor Sigurd: en vez de tomar la curva, vayamos de manera recta—mientras decía esto hacía con mis manos el ejemplo de una curva y el ir recto—. Menos distancia para caminar, menos tiempo el que nos tomará, un milagro del terreno irregular de Nohr. Nos da tiempo de investigar qué querían los emergidos al ir hacia allá y para poder llegar a tiempo a nuestro compromiso con el otro pelotón—reí satisfecho, mostrando una expresión a la par—. No es por ser egocéntrico ni nada por el estilo, pero tuvieron suerte de tenerme como guía.

Riendo suavemente al terminar como forma de que se notara que lo último que había dicho era una pequeña broma caminé de nuevo hacia donde estaban Sigurd y los demás.

Aunque claro, la decisión final es de usted, señor Sigurd. De hacerse podemos tomar el descanso que dijo, después de todo estoy seguro que el tiempo será recuperado de esa forma.

Sonreí. Ahora solo quedaba esperar a que Sigurd lo pensara un poco y diera su decisión final.
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Sigurd el Vie Dic 16, 2016 7:15 pm

-Interesante. Os escucho con suma atención, Alexander.-le dijo el duque al guía mercenario cuando éste mencionó que podría haber encontrado una ruta para ahorrar tiempo. Sigurd sentía como el tiempo se le estaba empezando a venir encima, y eso que el viaje acababa de empezar. Pero en apenas unas horas ya habían entablado un primer combate, algo que no se esperaba. Y eso le daba mala espina. Sentía que debía de llegar ante el príncipe Leon cuanto antes.

Y como había dicho, escuchó con suma atención. Alexander Delacroix no le decepcionó. Por lo visto, en su aventura con los wyverns antes de llevar a cabo su estrategia pseudo-suicida, había descubierto una cueva por la que podrían atajar atravesando una de las montañas en vez de tener que rodearla. Sigurd sonrió.

-Realmente somos afortunados de teneros, no voy a ser yo quien lo niegue.-respondió muy satisfecho el duque ante las soberbias palabras del guía. A Sigurd no le parecía mal si alguien gustaba de alabarse a sí mismo en demasía si luego demostraba con hechos estar a la altura de lo que sus propias palabras prometían. Y en el caso de Alexander, lo estaba demostrando con creces. Si lo que decía de aquel atajo era cierto, y no tenía por qué dudar de ello, podrían llegar a ahorrar medio día ¡Mucho más de lo que habían perdido en aquella trifulca! Realmente era una buena noticia.

Sigurd miró a su alrededor y contempló a todos sus hombres, a los de Chalphy y a los de Nohr, observando su estado físico y anímico. Alexander le recordó que él estaba al mando y que le tocaba decidir. Al final, el duqeu hizo un leve asentimiento de cabeza e hizo un par de aplausos para llamar la atención de todos.

-¡¡Descanso de media hora!! Aprovechen para dar de beber a los caballos y wyverns. Y tomaros algo todos vosotros, que nos lo hemos ganado con esta pequeña victoria.-las palabras fueron muy bien recibidas por los disciplinados pero ya algo cansados soldados, que tras distintos saludos militares se dispersaron para poder llevar a cabo el descanso.

Sigurd descansó también por su parte, en compañía de su fiel Eolo, al que le ofreció un poco de agua de su propia cantimplora para que el animal no se deshidratase. Luego lo cepilló un poco, y trató de limpiarlo. La sangre de Emergido queda horrible en el pelaje blanco de su querido amigo. Aunque tampoco es que pudiese avanzar mucho. Media hora tampoco daba para hacer milagros. Pero Eolo relinchó feliz tras los cepillados del duque, como agradeciendo el gesto aunque tuviese que dejarlo a medias.

Acabado el tiempo, volvió a reunir a todo el pelotón, y dejó que Alexander marchase adelante, siendo el guía que marcase el camino. El descanso, posterior a la victoria, había sentado bien en los ánimos de los soldados, quienes cantaban alegres canciones y gastaban bromas entre ellos. El duque pudo ver, con agrado por su parte, como los soldados de Nohr y Chalphy charlaban de manera bastante coloquial y abierta, y Sigurd pensó si aquello sería el comienzo de unos verdaderos lazos entre ambos países.

Al final, llegaros a la caverna que Alexander le había indicado. Era grande, sí, pero un tanto estrecho. Como mucho, sólo podrían ir a fila de a dos y los wyverns sólo podrían entrar uno a uno. Además, por el tamaño del techo, obligaba a todos a tener que desmontar. Pero al menos, era una gruta transitable, y si los cálculos eran correctos, el tiempo que ahorrarían merecía la pena con creces. Y aunque la caverna era oscura, también era cierto que al fondo se podía vver una tenue luz que indicaba la salida al exterior por el otro lado de la montaña. Sigurd estaba muy satisfecho.

-En verdad tenéis ojos de águila si desde un wyvern habéis podido ver el fondo de esta caverna, mi buen Alexander. Mi enhorabuena. Cuando termine esta misión, presentaré un informe detallado de todas vuestras imprescindibles aportaciones a esta campaña directamente al príncipe Leon. No sé cuanto os habrán pagado, pero sea lo que sea, merecéis el doble.-comentó muy alegremente Sigurd al guía mercenario, yendo los dos caminando a la cabeza del pelotón dentro de la caverna, mientras con una mano llevaba Sigurd las riendas de Eolo, quien relinchaba molesto ya que no le gustaban mucho los espacios cerrados.

Sigurd estaba contento, bastante contento y se le notaba. Los ánimos de los soldados se le habían contagiado a él. Es cierto que la misión apenas había empezado, pero sentía que tenía las de ganar, y más con la ayuda de tan inestimable guía. La luz que veía al final de aquel túnel era una señal de la gloria que les esperaba a todos después de aquella aventura.

Pero entonces llegaron al final del túnel. Y todo cambió.

Al salir de aquella caverna, se podía ver desde lo alto de la montaña un valle bastante grande rodeado por un par de ríos. Y en ese valle, a perfecta vista de Alexander, Sigurd y de todos los hombres que les seguían justo detrás, se encontraba un pelotón de Emergidos gigantesco, el doble de alto que su propio pelotón. Había de todo, generales, jinetes, soldados e incluso jinetes pegaso pilotado por emergidos de sexo femenino. Todos armados allí en un valle, que estaban utilizando como campamento. Sigurd se horrorizó unos instantes, pero enseguida recobró la compostura y se dirigió a los suyos.

-¡Rápido! Todo el mundo dentro de la caverna, antes de que nos descubran.-la orden fue ejecutada de inmediato por todo el mundo, y rápidamente volvieron a entrar en la cueva, siendo Alexander y Sigurd los últimos en entrar. El duque se volvió hacia su guía.-Ahora sabemos por qué los Emergidos de antes no se pararon hasta que les atacaste directamente ¡Iban a reunirse a este campamento! Probablemente fueran a avisarles de que nos habían visto. Maldita sea, se suponía que no debíamos encontrarlos hasta hace dos días, y que no eran tan numerosos ¡Algo ha debido de fallar!

La situación había dado un giro de ciento ochenta grados, pero aun así, Sigurd no se rindió. No, él estaba al cargo y no pensaba fallar, ni a sus hombres ni a los del príncipe. Tomo aire y su rostro se serenó.

-En fin, no hay mal que por bien no venga. Se supone que nuestra misión es interceptar el campamento de Emergidos, y lo hemos encontrado antes de tiempo. Y sí, son muchos más, pero al matar a sus amigos, contamos aquí también con el factor sorpresa. Si buscamos un lugar donde emboscarles y golpear duramente antes de que puedan recomponerse, podremos ganarles la batalla ¿Alguna idea en especial?-preguntó a Alexander, quien tan buenos servicios le había dado hasta el momento.
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Invitado el Vie Dic 30, 2016 8:20 am

A decir verdad estaba muy confiado en que Sigurd aceptaría todo lo que le había dicho que podíamos hacer. Mientras esperaba su respuesta recordaba lo bien que me había escuchado en todo lo que había propuesto antes, cosa que nunca nadie con quien había trabajado había hecho. No temía por la posibilidad de que ese túnel fuera peligroso porque no había mentido en lo que había dicho antes de haber utilizado lugares así como atajo para ahorrarme una curva que solo me retrasaría de tomarla, inclusive desde que habíamos llegado y se me había pedido buscar caminos que nos sirvieran de atajos en lo que más me concentraba en buscar eran túneles como estos y no caminos a la vista.

Después de esperar un rato Sigurd dijo por fin lo que decidía que haríamos, siendo esto justo lo que yo había sugerido a partir de aquél túnel que podíamos usar de atajo. Me enorgullecía bastante li útil que estaba siendo para la misión, seguramente daría como resultado una mejor paga, o al menos eso esperaba.

Muchas gracias por el cumplido. Siempre intento dar lo mejor cuando se trata de ser de utilidad en situaciones así—respondí con una sonrisa de orgullo mientras poco a poco me iba sintiendo más aliviado—. Recuerde mencionarlo si le piden algún reporte, o hasta recomendarme si puede. Agradecería poder ayudar a más gente de la que ayudo normalmente. Con algunas personas no tengo muy buena fama, por alguna razón.

Guiñé un ojo de manera cómplice manteniendo mi sonrisa orgullosa, intentando de alguna manera agradecer el estuviera tomando tan en cuenta todas mis sugerencias y pequeñas ideas alocadas. Sobre todo porque alguna de estas era notablemente peligrosa.

Una vez decidido lo que se haría no me quedaba otra cosa que hacer más que descansar, cosa que hice en cuanto Sigurd dio la orden de hacerlo. No le estaba poniendo mucha atención para poder aguantar y verme confiado a la hora de dar aquél plan del túnel, pero ahora que no tenía nada que hacer podía sentir el cansancio que había dado como resultado la pelea anterior en la que además había corrido bastante para huir de aquellos emergidos a los que provoqué. Me reí. Recordar aquello ahora era en parte gracioso por lo peligroso que había sido, aunque entendía de lo problemático que habría sido haber muerto a causa de ello. Sacudí mi cabeza para alejar cualquier pensamiento de la pelea anterior, lo que debía hacer ahora era descansar. Caminé lentamente hacia el caballo con el que había venido acercándolo a una roca lo suficientemente grande como para poderme recargar sin problemas y recuperar fuerzas con ayuda de un poco de agua y alimentos que traía yo para evitar quitarle provisiones a los soldados aprovechando también para alimentar al animal.

Terminado el tiempo de descanso era hora de marchar y cumplir aquella misión por la que habíamos venido. Sigurd me había dejado ir adelante para que me siguieran hacia donde estaba ubicada la caverna por la que caminaríamos. El descanso al parecer había servido bastante pues desde donde estaba podía escuchar a los soldados de ambos países cantando y bromeando haciendo notable la subida de moral que habían recibido. Me sentía aliviado de ir delante de todos y no tener que estar en medio de tanto ruido, era algo que me ponía intranquilo y con poca paciencia.

No tardamos mucho en llegar a donde la caverna, nuestro atajo, estaba ubicada. Alcé el brazo para dar la indicación de que nos detuviéramos para que Sigurd pudiera tener tiempo de ordenar el cómo caminaríamos por la misma. No había mucho espacio para ir todos como íbamos hasta ahora, pero con la suficiente organización no sería nada complicado. En cuanto estuvimos listos Sigurd y yo íbamos lado a lado mientras que los demás iban también en parejas de dos por detrás de nosotros, los Wyverns iban de uno en uno.

No fueron ojos de águila, señor—reí un poco—. Verá, en el momento en el que me bajé del Wyvern y toqué el suelo aproveché unos dos segundos en lo que me incorporaba de nuevo para dar una barrida de mirada al lugar. Desde el suelo es más fácil ver cuando este tipo de túneles tienen luz del otro lado—me encogí de hombros—. Supongo son cosas que uno va aprendiendo mientras más va visitando los países y se va aprendiendo la geografía de estos. Combinándolo a las enseñanzas que me dio mi padre estando en vida, pues, al final siempre logro encontrar alternativas de este estilo—respiré una grande bocanada de aire al oír lo del informe y el posible aumento de recompensa, no había nada que agradecía más—.  De verdad se lo agradezco, señor Sigurd. Le diría que no es necesario, pero siendo sincero me servirá bastante para mejorar equipo y comprar algunas cosas más. Así que se lo agradezco en serio—puse mi mano en mi pecho e hice una pequeña reverencia a Sigurd como seña de lo anterior—. Pero bueno, será mejor nos vayamos preparando, estamos a nada de llegar a la salida.

Seguimos por el túnel en dirección a aquella luz que se divisaba al final la cual era nuestro destino. El ambiente alegre en los soldados seguía y podía notar que había llegado un poco del mismo a Sigurd. Como no tenía la intención de amargar la alegría me dejé llevar un poco ante los festejos a medida que nos íbamos acercando. Y cuando estaba más metido en ellos, una situación cambió todo inmediatamente.

Al llegar al final de la caverna y dar un paso al exterior una vista nada agradable nos hizo detenernos en seco. Guardé silencio rápidamente y volteé a ver a Sigurd quien a juzgar por cómo sentía los músculos de mi rostro podía decir que tenía la misma cara que yo. Y es que no era para menos, no había otra manera de reaccionar ante aquél enorme grupo de emergidos completamente ordenado que se podía divisar frente a nosotros.

Corrimos todos al interior de la caverna en cuanto Sigurd dio la orden tratando de hacer el menor ruido posible para resguardarnos antes de ser notados. Una vez que estuvimos todos dentro de nuevo volteé para asegurarme que no habíamos sido descubiertos. Todos los emergidos estaban como antes, así que habíamos logrado escondernos sin problemas. Aquellos festejos y bromas que antes predominaban en los soldados habían desaparecido por completo. Ahora nos invadía un silencio que solo era interrumpido por la voz de Sigurd a quien estaba dejando hablar. En mi rostro no expresaba nada más que una seriedad tranquila. Si algo me había enseñado mi padre era que el guardar la calma hasta en los momentos más complicados podía ser la diferencia entre la derrota y la victoria.

Si interceptarlos es la misión, creo que no hay mejor oportunidad que esta—inicié con un tono confiado en mi voz para así tratar de ir contagiando de confianza a los demás—. Aunque claro, obviamente asegurando la seguridad de todos y cada uno de nosotros—bajé del caballo y en silencio asome mi cabeza por la salida de la caverna para dar una vista rápida al terreno, justo como le había dicho a Sigurd que había hecho para encontrar el atajo—. Su mayor ventaja es ser muchos, pero opino que esa misma es su mayor desventaja. Sobre todo en el terreno en el que se encuentran. Podemos de alguna forma hacer que los que están en tierra se amontonen y se les complique el movimiento para atacar, teniendo nosotros la ventaja de la movilidad. El principal problema que veo haciendo esto son las unidades aéreas, pero por suerte nosotros también contamos con ellas—sonreí—. Y será de las primeras que nos ocupemos usando el factor sorpresa que tenemos y de paso eliminando con estos a algunos cuantos.

Volteé a ver a los soldados para ver si me seguían el ritmo o necesitaba explicar con más detalles lo último. Al ver el rostro de algunos tendría que hacerlo.

Les explico. Como no saben que estamos aquí podemos ir en silencio y cuidando de no ser vistos con los Wyverns y eliminar a los jinetes. Una vez que los jinetes estén muertos nos iremos en contra del animal el cual caerá y aplastará a los que tenga abajo, de esa forma nos quitaremos a varios y tendremos oportunidad de ocuparnos de los que queden como he dicho antes—dirigí mi mirada a Sigurd—. ¿Qué le parece, señor Sigurd? Si tienen algunas otras ideas para complementar lo que dije pueden decirlas, así tendríamos un plan más completo, pero la base sería así como la conté.
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Sigurd el Lun Ene 30, 2017 7:43 pm

Mientras Sigurd escuchaba a Alexander Delacroix, más se daba cuenta el duque de que su guía tenía toda la razón. No tendrían otra oportunidad como aquella. El destino había querido que el grupo que Sigurd lideraba se encontrase con el grueso de las fuerzas de los Emergidos ¡Ahora tocaba demostrar que la buena voluntad de Calphy al acudir en ayuda de Nohr era real! ¡Ahora tocaba luchar!

-Vuestra idea es magnífica, como de costumbre. Me extraña que no ostentéis un elevado cargo en el ejército, vuestros dones se están desaprovechando actuando sólo de guía mercenario. Si alguna vez queréis dejar de recorrer mundo y asentaros en un ejército regular, mi ducado os tendrá las puertas abiertas. No hace falta que me respondáis inmediatamente, pensároslo bien antes.-sus alabanzas eran sinceras. Sigurd podía comprender el lado “romántico” de una vida de mercenario. Después de todo, él mismo había soñado con ese tipo de vida en alguna ocasión, frente a la dureza y rigidez de su educación como duque. Pero al final él tenía un deber que cumplir para con los suyos, y no los podía abandonar ¿tendría Alexander alguien a quien proteger como era el caso del duque? Daba igual, no iba a meterse tampoco en la vida del mercenario por las buenas.-Decidáis lo que decidáis, mi promesa de solicitar un aumento en el informe se mantiene. Pero para ello, debemos salir de ésta primero.

La idea que Alexander había propuesto, de atacar a los jinetes pegasos con los wyverns y utilizar sus cadáveres para derribar a los Emergidos que se encontraban en tierra y sembrar el caos le pareció bastante imaginativa y buena. Sigurd medito durante unos minutos en silencio, tratando de ver cómo mejorarla.

-Esperemos escondidos hasta el ocaso y ataquemos al amparo de la noche. El grupo Emergido no da signos de que se vaya a desplazar, al menos hoy. Sabemos que no duermen, o al menos, que no lo hacen como nosotros. Pero la oscuridad nos permitirá acercarnos más sin ser descubiertos y el caos que infringiremos será mayor.-debido al elevado número de Emergidos, el factor sorpresa era fundamental. Realmente sólo teníamos una oportunidad, por lo que había que escoger el momento perfecto para ella. Era todo o nada.-Algunos de los wyverns llevarán magos. Estos harán caer truenos y bolas de fuego sobre los enemigos de tierra. Intentarán apuntar primero a los arqueros y las ballestas, de forma que no puedan contraatacar. Lo único que tenemos que cuidarnos es de no cargar sobre las zonas del bombardeo, para evitar fuego amigo.

Aquello sonaba como un buen plan. No garantizaba del todo la victoria, pero daba al grupo beorc una clara ventaja sobre los Emergidos, que inclinaba claramente la balanza a su favor. Lo único, la estrategia no estaba exenta de riesgos. En este caso, no podía garantizar que no hubiera bajas por su lado. Eso era lo único que le hacía vacilar. No sólo estaba al cargo de sus propias tropas, también tenía que pensar en los soldados nohrios asignados para su batallón. Pero no podía vacilar, no ahora. No era su estilo. Se dirigió hacia sus hombres, que dentro de la caverna no podían más que contemplar como al final se encontraba su líder, rodeado por un halo de luz que era la propia salida. Sigurd mismo no se daba cuenta, pero aquello le daba un aire místico que hizo estremecer a más de uno.

-¡Queridos soldados! ¡El momento que aguardábamos ha llegado más pronto de lo esperado! Hemos encontrado al enemigo, y esta noche lo abatiremos de lleno. No os mentiré, abajo nos aguarda un gran número de Emergidos. Más de los que nos esperábamos. No será una batalla fácil. Pero no podemos retroceder. Sabemos de lo que son capaces esas cosas. Les hemos visto arrasar aldea, quemar cosechas, liquidar ganado, destrozar todo lo que pasan. Incontables vidas sesgadas por esas criaturas, tanto en mi reino de procedencia, como en esta noble tierra que nos acoge actualmente. Si no los detenemos hoy, otros serán víctimas de su malévola existencia. Camaradas y compañeros, tanto seáis de Calphy como de Nohr… ¡Prestadme vuestro valor una vez más! ¡Acabemos con esta horda maldita! ¡Y libremos el mundo de su pútrida existencia! ¡A la victoria!

El eco de la caverna permitió que todos pudiesen escuchar el discurso del duque, incluso los que se encontraban más al fondo. Cuando éste terminó, un rugido de valor recorrió toda la cueva, y de milagro no sacudió sus cimientos. Gritos de “¡Por Calphy! ¡Por Nohr!” se sucedían de un lado a otro, hasta que Sigurd vio que estaban siendo demasiado altos y los mandó parar, por temor a llegar a ser escuchados por los Emergidos endiablados que aguardaban al otro lado.

Con los ánimos más relajados tras aquel entusiasta baño de adrenalina, Sigurd se reunió con los capitanes de su batallón, en especial los jinetes wyverns, para explicarles el plan que había ideado junto con Alexander Delacroix y cómo llevarlo a cabo. El resto de soldados estuvo descansando dentro de la caverna, ahorrando energías para la batalla encarnizada que muy pronto iba a tener lugar, salvo un par de exploradores que mandó para vigilar al enorme grupo de Emergidos, por si hicieran algún movimiento extraño a considerar.

El capitán de los jinetes wyverns propuso que los éstos no despegaran desde la salida de la caverna, sino que hiciesen un rodeo a la montaña y atacasen desde otro frente. El objetivo era el de desviar la atención de la salida de la cueva, de forma que cuando el grupo principal cargase, el enemigo no les viera llegar y pudiera defenderse en consideración. Sigurd aprobó el plan, bastante satisfecho ante la capacidad de planificación de los nohrios.

Los wyverns partieron al poco después, ya que su viaje iba a ser largo. El duque consideró que en su informe al príncipe Leon también debería mencionar lo útiles que había sido este batallón en particular y que también les recompensara acordemente. Nunca más subestimaría a un wyvern.

Luego pasó revista por el resto de soldados y las últimas horas las pasó cuidando de Eolo, a quien estar dentro de aquella caverna no le hacía mucha gracia. Los exploradores que mandó a investigar garantizaron a su regreso que el enemigo seguía en su sitio, ignorante de lo que estaba a punto de venírseles encima. El Sol empezaba a ponerse en el horizonte. Sigurd se puso encima de Eolo, espada en mano y miró a Alexander, quien tenía justo a su lado.

-¡La gran batalla está a punto de comenzar! Cuando acabe la batalla, tenemos que celebrar una fiesta, cubrámonos las espaldas para que todos tengan oportunidad de disfrutarla.-fueron las simples palabras que el duque le dedicó al guía. Entonces, uan pequeña explosión se escuchó al fondo, seguida de muchos gritos agudos. Los wyverns estaban cargando ya ¡Había llegado el momento!-¡La señal! ¡En marcha! ¡¡Matadlos a todos!!-y cargó Sigurd hacia delante, a la vanguardia, espada en mano, dispuesto a liquidar a cuantos Emergidos se le pusieran por delante.
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

Mensaje por Eliwood el Mar Mayo 09, 2017 9:39 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Sigurd ha gastado un uso de su espada de bronce.

Sigurd obtiene +2 EXP.
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Re: Nohr and Chalphy vs Emergidos [Campaña de Liberación] [Privado Alexander Delacroix]

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