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Negociaciones junto a una taza de té. [Social] {Priv; Hasim}

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Negociaciones junto a una taza de té. [Social] {Priv; Hasim}

Mensaje por Invitado el Vie Abr 22, 2016 12:58 am

Una semana habría pasado desde su regreso al castillo, la duquesa ya se había encargado de las tareas correspondientes a su posición en el reino, y comenzaría a ocuparse de los temas personales; entre ellos, la preparación para la visita de cierto hombre que vendría al país en viaje de negocios. Tras reunirse con la jefa de sus sirvientas le explicó detalladamente el tipo de habitación que deberían preparar para el visitante, claramente esta no podría dar alguna sugerencia, sólo podría escuchar y acatar lo que le ordenasen, ya que de lo contrario, su trabajo no sería lo único que perdería.

Semanas habrían pasado, todo estaba preparado para la estadía del visitante. Las órdenes ya habían sido dadas a los respectivos cargos, por lo que sólo faltaría esperar su llegada. En el mar, un barco específicamente de uso militar, estaría esperando a aquel navío con bandera blanca que la duquesa habría indicado, de esta forma, una vez que hicieran contacto, tendrían que escoltarlo hasta la base naval de la isla Dandul. Al llegar allí, los extranjeros deberían dejar su barco y realizar un trasbordo a una coca delegado especialmente por la duquesa, el cual poseería su bandera para el traslado hasta el continente. Dicho transporte, sería un barco tripulado y liderado especialmente por los hombres pertenecientes al séquito de la mujer; estos, a la misma vez, serian quienes les escoltarían hasta la base militar posicionada en el sur el ducado de Phebia casi al límite al territorio de Corbia. Este trayecto había sido planificado para que el invitado fuera capaz de observar el lugar al que habría ingresado, y darse cuenta  así, quien era la duquesa con la que había contactado. No era una noble del montón.

Al momento de llegar a la costa del continente, los invitados podría observar los lanza-piedras posicionados en la costa, situadas a una distancia considerable una de la otra, para atacar cualquier embarcación enemiga o aliada, que no respetara sus aguas. A la hora de desembarcar, un pequeño grupo de veinte jinetes, quince lanceros, diez arqueros y cinco caballeros, liderados por uno de estos, serían un total de cincuenta hombres dispuestos a sacrificar sus vidas para escoltar al extranjero hasta el castillo de la duquesa. Los hombres también habrían preparado unos caballos para aquel llamado Hasim, y para sus guardias, como además algunas carretas que se encargarían de llevar a los sirvientes de aquel hombre, y a la infantería para un rápido traslado. El viaje por tierra contaría con un total de cinco días, y cuatro noches en las cuales podría descansar; permitiendo de este modo, que el invitado llegase al castillo una vez que estuviera preparado el banquete, y su habitación lista para dormir. Su viaje sería largo, y no podría permitir que un invitado sintiera cansancio; a la mañana siguiente podrían comenzar con las negociaciones, acompañados de una reconfortante taza de té de Rooibos Helena. No obstante, sus acompañantes deberían de compartir habitación con la servidumbre de la duquesa; no podría permitir que un noble durmiera junto a simples lacayos.

Finalmente, luego del largo viaje, deberían seguir el último punto del protocolo, sus hombres tendrían que dejar sus armas a la entrada al ingresar castillo. Sólo los guardias del castillo tenían permitido portar estas, si se negaban, estos deberían de dormir fuera de los murales.

o―o―♘♓―♗―♓♘―o―o

Un día calmado, sin presencia de vientos molestos, y lleno de tranquilidad en los alrededores del castillo como en la ciudad de Alaýen. Un atardecer habitualmente perfecto para la Duquesa quien se encontraba sentada en su gran comedor bebiendo una taza de fino té de jazmín, con su vestido de color lavanda y detalles en tonalidades magenta, hecho de la más fina seda y terciopelo que se pudiera conseguir en el país; su cabello alvino perfectamente peinado, recogido, trenzado y adornado con una flor púrpura recogida de sus jardines. Los guardias se encontraban en la puerta para que nadie le interrumpiera y su sirvienta en una esquina. Acercando sus brazos hacía su juego de té de gran calidad, la mujer tomó con su mano izquierda el pequeño plato en donde se encontraría posada la taza, la cual sostuvo por el asa con el dedo índice de su diestra, extendiendo el meñique por simple educación y elegancia. Elevó ambas manos hasta el nivel de su pecho para así terminar de llevar únicamente la taza hasta su boca, para así beber un pequeño e insonoro sorbo de su contenido. Inmediatamente volvió a depositar nuevamente la taza sobre el platillo y luego, ambos sobre la mesa.

Al terminar la infusión de jazmín, la mujer lentamente se levantó de la silla, a la misma vez que su sirvienta se encargaba de retirar el juego de té de porcelana. Tras esto, comenzó a caminar hacia la puerta de la habitación para que los guardias le abrieran el paso, mientras mantenían su cabeza baja. se encamino hacia la cocina para dar un pequeño vistazo al trabajo de su jefe de cocina, porque debería asegurar que el festín fuera digno para su invitado. Tras haber visto que todo se encontraba en orden, regresó a su habitación para que, de esta forma, sus sirvientas pudieran vestirla y peinarla nuevamente para la ocasión.

Una vez perfectamente preparada para la llegada de su importante invitado, ya vestida con un fino vestido de seda color beige acompañado de adornos de terciopelo dorados, peinada con una trenza recogida en forma de rodete. Las sirvientas se encargaban de colocar los últimos detalles en el gran comedor para el recibimiento del noble, para que disfrutara de un buen ambiente durante la cena a la luz de las velas en el gran comedor del castillo. Una alargada mesa con capacidad para veinte personas, cuyas cabeceras serian ocupadas tanto por la duquesa como por el noble visitante. También estaría ya lista su habitación;  una cama de plumas preparada con una almohada que hiciera juego con el conjunto de sábanas de seda, una afelpada alfombra roja que recubría todo el suelo de la habitación, y un ropero de la más fina madera de roble.

Un águila sobrevolaba el área alrededor del castillo, esta habría sido adiestrada por años para comprender órdenes concretas y completar ciertas tareas para las que era útil. Actualmente a esta ave le habían ordenado la tarea de mantenerse en alerta a la llegada de una caravana. Mientras la duquesa se encontraba en el balcón, posicionado en la parte frontal del castillo, logró ver como su pequeña Ekaterina, su águila mascota, pasaría volando frente a ella. Esta acción era una clara señal de que había terminado con su labor, el invitado había llegado. Henrietta, volviendo al interior del castillo, dirigió su mirada a un grupo de sirvientas para indicarles realizando un gesto con su mano, indicando que continuaran la siguiente parte del trabajo, preparar el baño para el invitado. En ese instante la mujer bajaría las escaleras para esperar al noble en la entrada del castillo.

Un ligero trote de caballos resonó frente a la propiedad de la duquesa, las carretas que transportaban a la infantería al igual que los jinetes se detuvieron a una distancia considerable de la entrada, mientras que aquella en la que iban los sirvientes, continuó su trayecto junto a noble y sus hombres, acompañados por los caballeros hasta estar frente a la entrada del castillo, donde la duquesa, Henrietta Helene, los recibiría junto una decena de sirvientes. La mujer al ver la llegada de su invitado, realizó una pequeña reverencia alzando levemente los pliegues de su vestido. ―Bienvenido a Nagaýen, señor Hasim, mi nombre es Henrietta Helene, duquesa de Phebia y capitana de los ejércitos del reino.― Dijo la elegante mujer dándoles un recibimiento memorable. ―Es para mí todo un honor recibirlo en mi castillo. Espero que su viaje haya sido placentero.― Añadió de forma inmediata a la vez que una de sus sirvientas se acercaba. ―Si bien ya me habría informado por su carta, que traería sirvientes, permítame ofrecerle los servicios de Sarah, una de mis mejores empleadas, para enseñarle a los suyos todo lo que necesiten saber sobre el castillo durante su estadía. La cual espero humildemente sea de su agrado.― Agregó súbitamente una vez culminada su presentación, ante aquel hombre que permanecería por tiempo indeterminado en sus tierras. ―Permítame añadir que la cena, hecha especialmente para usted por el jefe de cocina, estará lista en una hora; pero antes de eso, se le ha preparado un baño de agua caliente. Ahora si me permite, tengo asuntos que atender antes de la cena.― Concluyó la dama para dejar al hombre a cargo de su sirvienta. Sarah: ―Es un placer conocerlo, mi señor, lo guiaré hasta el baño, por favor acompáñeme.― Mencionó la sirvienta a la vez que, nuevamente, realizaba una reverencia al hombre, para luego girarse y comenzar a caminar hacia el mencionado lugar.


Off:
Quise hacerlo realista, bien de la nobleza de esa época. Espero que te guste. Cualquier cosa un MP y corrijo.
Ahora al tema: si queres narra la cena y a dormir, al siguiente día iniciamos las negociaciones con un tecito.

Por cierto, en el tema mencione un barco que seria un coca, aca te dejo una imagen del barquito.
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Re: Negociaciones junto a una taza de té. [Social] {Priv; Hasim}

Mensaje por Hasim el Dom Mayo 01, 2016 4:37 pm

Hasim estaba harto, se quería bajar de esa infernal nave de una buena vez. Llevaban semanas arriba de esa caja de madera siendo sacudidos por tormentas y mareas. El joven señor de Seliora, quien estaba viviendo su primer viaje largo en barco, había experimentado lo suficiente, y había dado la orden de regresar varias veces durante la travesía. Afortunadamente para quienes lo esperaban en su destino, su grueso grupo de consejeros que también viajaban con él, habían logrado convencerlo de que lo mejor era mantener el rumbo por el bien de su nación y la imagen de su padre. De muy mala gana Hasim se resignó a continuar camino en la bamboleante caja de madera, cuyos movimientos oscilatorios no lo dejaban ni dormir ni comer. Si bien ya le habían dicho de que no era posible hacer este viaje por tierra, a su regreso encontraría la forma de evitar viajar en barco lo más posible.
Para colmo de toda esta desagradable  experiencia, las indicaciones de su anfitrión detallaban un extraño y  complejo trayecto, en el cual debían cambiar de barco en reiteradas ovaciones, pasando de camerino en camarote. De naves que los hombres de Hasim habían adquirido, a naves que su anfitrión le proporcionaba. El movimiento de banderas y la extraña e intrincada ruta traían sin cuidado al caprichoso jovencito quien se sentía intocable bajo su titulo y anillo en el meñique. No le importaba estar en tierras extranjeras de  incógnito. Si bien oficialmente nadie sabia a donde iba, una carta había sido mandada en manos de un muy fiel sirviente para que se la entregara a su amado padre en la capital. En ella no detallaba el motivo de su viaje, pero si con quienes se iba a reunir y las especificaciones de su ruta. Si sufría alguna suerte de “accidente” mientras estaba fuera de su hogar. Sabia que su sabría hacer sentir el peso de la gran nación de Begnion sobre la cabeza de los culpables.  

En su comitiva había muy poca pompa o excentricidad. Ninguno de sus bailarines o sirvientes de entretenimiento habían podido viajar al ser esta una misión en  sigilo. Únicamente guardias, sirvientes y algunos de sus mas confiables consejeros lo acompañaban, haciendo del noble un mocoso aburrido y propenso a los berrinches,  más de lo habitual, poniendo a prueba la paciencia de todos los miembros de su comitiva.
El único al que no aquejumbraba  con sus gritos y reproches. Era a su nuevo y preciado  esclavo, el cual permanecía dócil y tranquilo a sui lado dándole al aburrido jovencito horas de quehaceres enseñándole absolutamente todo sobre vivir en sociedad. Debía admitir que el espadachín era un verdadero as en el campo de batalla,  pero un desastre y una abominación en las actividades diarias, ya fuera comer en la mesa, dormir en una cama, o siquiera hablar con todas las palabras. Enseñarle le llevaba largas horas de trabajo y  dedicación, pero el jovencito las hacia con gusto. En especial desde que había descubierto que cuando este estaba de buen humor, le regalaba un hipnótico ronroneo.
 
Hasim ya contaba con que su vida con el mestizo iba a ser un deleite de sensaciones, pero cuando  encontraban en el ultimo tramo de su viaje, el destino le iba a demostrar lo equivocado que estaba  
Una noche, sin que los experimentados marineros pudieran haberlo previsto, una feroz tormenta sacudió el pequeño barco. Que hizo todo lo posible por permanecer a flote y no dejarse arrastrar hacia las profundidades. Todos, desde los marineros hasta la escolta personal del muchacho, estaban en cubierta corriendo de un lado a otro plegando velas, ajustando poleas y haciendo todo lo posible por mantener la nave a flote, incluso la mascota favorita del  peliblanco.  
Todo pasó en un instante. La gran ola golpeó desde babor, llenando y barriendo la cubierta de todo objeto o incauto que no hubiera estado firmemente agarrado. Dos esclavos, un marinero y su preciado  mestizo fueron las víctimas que se cobró, los cuales fueron arrastrados por la fuerza del agua y expulsados del bote, perdiéndose en las agitadas aguas sin que nadie pudiera hacer nada para impedirlo.  

***  

Era una mañana soleada e día que  finalmente arribaron al que sería su destino, Hasim, quien había llorando desconsoladamente todos los días desde la tormenta, llevaba puestas unas profundas ojeras y expresión de angustia que ni sus sirvientes encargados de su imagen lograron disimilar. Con gran pesar, e noble había sido convencido de continuar con esta empresa a pesar de que su corazón estaba hecho añicos y solo quería dejarse hundirse en la suavidad de sus almohadas hasta reunirse con su señor en la otra vida.  
La escolta que los guio hasta el caserón de su anfitriona era ciertamente imponente, y todos sus consejeros y sirvientes se mostraron en todo momento muy maravillados con el despliegue que se había preparado para recibirlos. Si bien la comitiva que los recibió en puerto tenían consigo suficientes caballos para todos sus hombres, Hasim no sabia cabalgar a caballo, por lo que afrontar varios días cabalgando en uno, no era una opción. Sus sirvientes pasaron varias horas y perdieron valioso tiempo en acondicionar una de las carretas de carga adosándole una de las carpas de acampar en la cajuela. También decoraron su interior con una numerosa cantidad de almohadones para que el noble viajara lo más cómodo posible. Hacer tal reforma no solo implicaba llegar fuera de organigrama a su reunión con la duquesa, sino que implicó que el peso del equipaje que iba a ser cargado por la carreta ahora debía ser distribuido entre los fardos de los caballos, por lo que la comitiva demoraría un día más de lo que originalmente se había estipulado.  
En otras circunstancias Hasim habría hecho un gran escandalo sobre lo poco preparada que estaba la comitiva que los fue a recibir, y lo humillado que se sentía que su anfitriona pretendiera que él cabalgara durante cinco días seguidos. Pero la perdida de su preciada mascota había hecho de los gritos del jovencito un acto cada vez menos frecuente, ya que se pasaba el día echado entre almohadas, abrazándolas y negándose a hablar con nadie.  

En ese lastimero estado fue que Hasim y su comitiva llegaron hasta las puertas del gran caserón de  Phebia, donde la bella gobernante los esperaba para recibirlos como el protocolo dictaba.  
Sus consejeros y sirvientes fueron los primeros en descender de sus monturas. Mientras algunos consejeros rápidamente iba a saludar y agradecer por todos los servicios brindados, un consejero y tres sirvientes entraron al carruaje del señorito para acondicionarlo y darle ánimos para recibir a su anfitriona. La lavaron la cara, lo peinaron, le repitieron las lecciones de como obrar en tales circunstancias, pero Hasim los miraba hablar sin oírlos realmente. Su mente estaba en otro lado, un lugar bajo el agua.  
Desesperado, su concejal llegó a abofetearlo al noble, temiendo por su vida al hacerlo, pero entendiendo que se estaba jugando la reputación de una nación en territorio enemigo. Y por mayor diplomacia que demostrara la duquesa de momento, el grueso grupo de soldados que los venían escoltado, también eran un yugo sobre sus hombros, y un eterno recordatorio de quien gobernaba allí.

-Señor! Despierte por favor! El mestizo se ha ido, pero usted tiene una responsabilidad con esta misión … con su padre. Esta viajando en su nombre en estos momentos, si no reacciona ahora, esto podría resultar en una gran decepción para él.-

Aquejumbrado por el peso de las palabras del canoso hombre, Hasim se dispuso a salir de la carreta predispuesto a hacer su trabajo e incluso pasar por alto la ofensa física que había sufrido.

Erguido caminando entre los miembros de su comitiva quienes se habrían paso para dejarle pasar, Hasim se paró enfrente a su recepcionista.

-Saludos Lady Henrietta Helene, señora de Phebia. Yo Hasim, hijo del gran duque de Seliora le agradezco que nos haya escoltado en nuestro viaje y nos reciba dentro de su castillo.-

Dijo estas palabras con su mano derecha sobre el pecho, mientras el resto de sus allegados daban una reverencia a la señora. Únicamente Hasim y sus guardias fueron los que permanecieron erguidos en ese momento.  

-Como rige la norma, mis guardias depondrán de sus armas antes de entrar en sus dominios, y quedamos a su entero cuidado.-
 

Miro de arriba abajo a la sirvienta que se le ofrecía con el semblante inmutable. Era más que evidente que tal "préstamo" no era más que una espía dentro de sus aposentos. Permitirle a la duquesa husmear entre sus cosas y pertenencias mientras este no mirara. Pero negarse a sus servicios, seria una grave ofensa. La dama era lista, pero Hasim sabia muy bien como llevar el baile.  

-Por supuesto, será un placer contar con la ayuda y la buena gracia de su dama de compañía, así mismo permítame entregarle este presente en agradecimiento por recibirnos en sus tierras.-  

A una señal de él, dos criados se acercaron portando uno un gran carrete de fina y suave seda blanca, y otro una pequeña cajita que abrió enfrente a la duquesa. En esta había un elaborado collar de oro con pendientes que le hacían juego. Todos elaborados con el estilo que era típico de su tierra natal. Una vez que los obsequios fueron presentados enfrente a la señora, y que esta los hubiera revisado correctamente, se le entregaron a sus damas de compañía.  
Con eso finalizaba el intercambio de presentes y cumplidos.  

-Muy bien, la veré en la cena entonces, mi señora-  


Hasim y su escolta personal entraron a palacio y se dejaron conducir a las recamarás. El jovencito no dijo ni una palabra mientras esta extraña mujer lo escoltaba. Con la mirada en el suelo se dejó conducir.  
Una vez allí, dejo  que le dieran un baño, lo acicalaran y vistieran con galas correspondientes al clima local y descendió para la cena con su anfitriona. Era momento de que comenzaran a conocerse mejor.
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Re: Negociaciones junto a una taza de té. [Social] {Priv; Hasim}

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 22, 2016 6:08 pm

El noble de Tellius habría traído unos regalos desde su tierra para entregarle a la duquesa, fue por eso que la mujer se vio obligada a recibirlos por educación y agradecerle con una reverencia antes de que él se retirara siguiendo a la sirvienta. Inmediatamente, Henrietta se dirigió junto al líder de la tropa que escolto al joven Hasim, al verla, el caballero dejo caer una fría gota de sudor mientras tragaba saliva, dando a entender el peligro en el que se encontraba.

―El reporte del viaje en diez minutos.― Exigió al hombre que se encontraba con los pies temblando.  Caballero Edward: ―Lo tendrá en su escritorio en cinco minutos, mi señora.― Mencionó firmemente el hombre, quien en el momento se retiró hacia donde se encontrarían sus soldados. Fue entonces cuando Henrietta se acercó a uno de los sirvientes y con unas simples señales de su mano le ordeno preparar la recompensa que recibirían los escoltas. Clara que esta la recibirían dependiendo de lo que diga el escrito que pronto le entregarían.

Al pasar ya lo cinco minutos, la señora del castillo de Alaýen se dirigió a la oficina donde el soldado estaría esperándola con el reporte, y como este habría mencionado anteriormente, el hombre ya se encontraba en el lugar. Este se encontraba parado en completo silencio a la espera de que la mujer leyera el informe que se encontraría en el lado derecho del escritorio. Henrietta tomó asiento y lentamente tomo los papeles, aún faltaba para la cena y el invitado estaría tomando un baño, por lo que aprovecharía el tiempo para leer el escrito.

―Traiga aquí a su segundo hombre al mando.― Ordenó la mujer al terminar de leer, a la vez que el hombre acató las palabras en silencio y se retiró a buscar al mencionado hombre. Durante la ausencia, esta aprovechó para releer el escrito y sacar conclusiones de lo leído, se mantuvo así hasta que ambos soldados llegaron. C. Edward: ―Mi señora, he traído a Druli, él es el segundo caballero al mando de mi tropa.― Hablo presentando a su compañero. ―Bien, Edward, según el informe, puedo notar que el retraso de un día no fue a causa suya o de sus hombres.― Menciono la mujer al poner ambas manos tras su espalda. ―Aun así, este acontecimiento merece un castigo apropiado y se me acaba de ocurrir cual será el indicado. ¡Druli!― Dio a conocer sus pensamientos antes de nombras al segundo caballero. Druli: ―A sus órdenes mi señora.― respondió al llamado. ―A partir de este momento, usted estará a cargo de la tropa a la que pertenece, hasta que la estadía de veinte días en el calabozo como castigo para el caballero Edwar concluya.― Así el tiempo que dedico a ambos soldados terminaría, los guardias que custodiaban la puerta entraron a la habitación y luego que quitarles las armas, a Edwar, se lo llevaron directamente al calabozo. Inmediatamente Henrietta se dirigió hacia el comedor para esperar al mocoso malcriado Hasim, quien no le llega a los talones a un noble.

Una vez en el gran comedor, la mesa ya estaría completamente lista con un total de dos platos de plata sobre ella junto a los respectivos cubiertos que serían necesarios, uno en un extremo de la mesa para el invitado y otro en el lado contrario para la duquesa. No hay necesidad de mencionar que no podrían hablar entre ellos una vez comenzaran a comer ya que la distancia entra ambos seria demasiada debido al tamaño de la mesa, y sería mala educación levantar la voz durante la cena, otro punto era que a la señora del castillo le disgustaba que hablaran durante las comidas, pero esto seguramente la sirvienta Sarah ya se lo habría comunicado al invitado.

A los pocos minutos, en joven noble llego al comedor, seguidamente Henrietta se dirigió a su respectivo asiento en el cual una sirvienta habría colocado un pañuelo de fina seda y le acercaría la silla para que la duquesa se sentara. Una vez que ambos estuvieron sentados, el cocinero se acercó hasta quedar en medio de los dos y así poder anunciar cuales serían los platillos que deleitarían sus paladares. Acabadose la cena, la duquesa se había alistado para retirarse, mientras que, la servidumbre se encargaba de retirar todos los utensilios. Antes de retirarse, se acercó al intento de duque para informarle. ―Por la mañana un sirviente ira a buscarlo para que me acompañe en la hora del té, allí también podremos comenzar con nuestras negociaciones. Ahora si me permite, le deseo buenas noches, espero disfrute de su descanso.― Tras esto, la mujer se retiró del comedor.

Una vez en la habitación, la duquesa fue vestida por las sirvientas para luego irse a dormir y así pasar la primer noche antes de comenzar las futuras negociaciones. Al día siguiente, a las primeras horas del día mientras una sirvienta abría las cortinas de los ventanales de la habitación, Henrietta se despertó. Inmediatamente al ver que la mujer se habría levantado, un grupo de sirvientas apareció trayéndole agua para lavar su rostro y posteriormente comenzaron a cambiarla, peinarla y prepararla para ir a tomar el té.

Minutos más tarde, la duquesa Helene, se encontraba en el balcón del frente del castillo, exactamente donde la mujer estuvo esperando en la noche anterior la llegada de su invitado. En el lugar habría una pequeña mesa redonda con dos sillas que serían utilizadas por ella y por Hasim. Henrietta quien vestía un elegante vestido color verde con motivos florales, se encontraba esperando a su invitado mientras estaba parada en el balcón mirando al horizonte.

Off:

Disculpa por la tardanza
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Re: Negociaciones junto a una taza de té. [Social] {Priv; Hasim}

Mensaje por Hasim el Lun Jun 06, 2016 11:30 pm

Hasim tomó el baño y se dejó fregar por la sirvienta prestada por la señora del castillo. No iba a dar pelea en el juego de las apariencias, lo mejor siempre era mostrarse indefenso y dócil, les daba a los confabuladores una falsa sensación de control.
La mujer le fregó el cuerpo mientras estaba en la tina y le eligió las ropas para bajar a cenar. Todo el tiempo con el rostro ausente, Hasim suspiraba por lo bajo mientras todavía no superaba el duelo de su preciado Naruga. La herida todavía latente, a pesar del tiempo, la clara imagen de las olas al engullir al espadachín… todo era muy vivido.

Las ropas que eligió la mujer se le antojaron demasiado abultadas y pesadas, pero no iba a poner objeción alguna, ya que ella era local, y sabría cómo iban vestidos los nobles locales. Así dictaba la costumbre. Si se veía ridículo y la duquesa se burlaba de él, solo se reiría de ella misma.
Limpio, peinado y vestido bajo los gustos locales, el jovencito bajó hasta el hall principal donde se encontró primero con sus consejeros antes de entrar al gran salón.
La cena fue amarga, como todo en ese castillo, más el noble no dijo ni una palabra. Mientras no se rompieran los códigos del protocolo, él no tenía derecho a quejarse u omitir opinión alguna. Peor ciertamente la amargada y demandante mujer le resultaba completamente repelente. Ya de por si le resultaba desagradable que una mujer le hablara en tono jovial, esta mujer que encima pretendía simular ser superiora o más importante que él .. era más de lo que podía soportar el noble, que si no fuera porque se encontraba allí representando a su padre, ya habría hecho un gran escándalo por el tema. Peor sería paciente. Al otro día de seguro todo iría mejor.

Al otro día, después de sobrevivir esa insípida cena, en comparación a los picantes platillos que disfrutaba el joven en su hogar, se reunió un par de veces con su consejeros donde solo le indicaron cómo debía sentarse y en que tono hablar, mientras la mayor parte del tiempo se quedaba acostado contemplando el techo de su cama. La sirvienta prestada observaba cada movimiento que hacía, y en un par de oportunidades estuvo tentado a pedirle a la mujer que le liberara tención con sus labios, solo para ver hasta qué punto se le habían indicado que debía obedecerlo. Pero no lo hiso, no quería esa clase de rumores corriendo, no en el castillo donde una mujer parecía estar al mando. Ellas siempre se ponían neuróticas y hacían escándalo por ese tipo de tonterías.
A la hora señalada, nuevamente vestido y peinado por la espía,  fue escoltado hacia el balcón donde pasaría la tarde con los señores del castillo.
Al legar, hizo una pequeña reverencia a la dama que ya estaba allí sentada y esperó a que la dama de compañía que se le había asignado le acomodara la silla para que se pudiera sentar.
-Muy buenos días mi señora. Luce usted más hermosa que ayer, si eso es posible.- Dijo con una amable sonrisa el jovencito, al tiempo que mantenía la postura impecablemente erguida en su asiento, mientras su taza de té le era servida.
-A que hora se reunirá con nosotros el señor?- preguntó con tono casual al tiempo que se llevaba la taza de té a la boca.
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Re: Negociaciones junto a una taza de té. [Social] {Priv; Hasim}

Mensaje por Invitado el Mar Jun 28, 2016 4:20 pm

En la mañana comenzaba el entrenamiento de los soldados que no debían estar haciendo guardia en el castillo o la ciudad, la actividad de estos era fácilmente visible desde el balcón donde la duquesa estaba esperando a su invitado para disfrutar de una taza de té. Durante la espera, la mujer observaba como sus hombres realizando un duro entrenamiento como exigían los superiores; los mas recientes reclutados realizaban ejercicios físicos, aprendían como marchar en un ejercito y luchar en grupo, al mismo tiempo los más experimentados entrenaban luchando entre ellos con armas de madera y así los perdedores eran enviados a correr alrededor del castillo como castigo.

Los minutos pasaron y finalmente Hasim llego al lugar indicado, este tomo asiento tras haber realizado una reverencia para la mujer que lo esperaba sentada en el otro asiento y luego un le dio un cumplido que obviamente era por etiqueta del momento. ―Se lo agradezco. Puedo ver que a usted le quedan muy bien esas ropas señor.― Durante los cumplidos, una joven laguz gatuna de rojos cabellos apareció por puerta que daba al balcón trayendo consigo el té que que ambos disfrutarían. En la bestia era visible el "collar" que la identificaba como una esclava, pero a diferencia de los que trabajaban en las minas o algún otro lugar, esta se encontraba bien vestida, como toda sirvienta que trabajara en el castillo debería estar. Inmediatamente luego de que la sirviente completara su tarea, se dirigió a un lado de la entrada donde habría un pequeña mesa , en esta deposito la tetera y la felina se quedo completamente quieta, en silencio esperando a que alguno de los nobles pidiera otra taza de té.

Al memento de que Hasim bebiera un sorbo el la de la infusión, este realizo una  algo curiosa, la cual logro que Henrietta lo mirara seriamente durante unos segundos antes de llevar su bebida hasta su boca para beber un su té. Al bajar nuevamente la taza, la mujer volvió a mira al joven y aparentemente algo sordo noble.―Tal vez el cansancio del viaje no le permitió escuchar correctamente.― Al menos esa podría ser la escusa perfecta del mocoso al no prestar atención a la presentación de alguien claramente superior. Inmediatamente la mujer mientras llevaba ambas manos hasta su regazo a la vez que entrelazaba sus dedos, continuo. ―Permitame presentarme nuevamente.― Añadió con un tono apenas algo más fuerte de lo normal para así dejar en claro su posición. ―Soy Henrietta Helene, duquesa de Phebia, capitana general del ejército de Nagaýen y, dueña y señora de este castillo.― Concluyo nuevamente con su presentación para que entendiera que no habria un "señor". Luego llevo sus manos hacia la taza y comenzar a levantarla. ―¿Desea realizar alguna otra pregunta?, ¿O pasamos directamente al tema principal?― Menciono con un tono nuevamente relajado para así beber un sorbo de té al terminar de hablar.  Claramente la mujer debía darle a entender al joven donde se encontraba para que así cuidara sus palabras, de lo contrario solo debería enviar otra carta a su tierra preguntando el motivo por el cual, Hasim, no habría llegado a Nagaýen como habrían acordado.
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Re: Negociaciones junto a una taza de té. [Social] {Priv; Hasim}

Mensaje por Hasim el Lun Jul 11, 2016 6:24 pm

El castillo le parecía espantoso. Toda la arquitectura de piedra tosca o ligeramente pulida. Todo metal o madera y decoraciones demasiado insulsas en comparación a su castillo en su preciada Seliora. No había ni un solo mosaico, ni un solo jardín interno con enredaderas… ninguna fuente… y encima lo frio de la zona hacia que Hasim llevara tanto abrigo encima que parecía varios kilos más gordo de lo que era en realidad. Lo odiaba, odiaba todo. Odiaba haber tenido que viajar tanto para llegar a ese feo castillo, odiaba tener que ser servido por una sucia laguz quien probablemente estuviera echándole sus pulgas a su te, odiaba estar obligado a beber ese te por etiqueta y odiaba que esa mujer le confirmara que, efectivamente, ella era la señora del castillo y que tendría que hacer toda las negociaciones con ella enfrente. Nada le hubiera gustado más que darle vuelta la mesa en la cara, y abandonar para siempre esa tierra maldita por la desgracia de tener una mujer como gobernante. La tierra que se habia tragado a su Naru en sus costas.
Miró hacia otro lado y parpadeo un par de veces para disimular que los ojos se le habían humedecido por el recuerdo.
Al apartar la vista pudo ver a los caballeros entrenando en el patio interno de la fortaleza y se concentró en eso para despejar la mente. “Bueno, por lo menos este lugar tiene grande y fornidos hombres… Lástima que estén tan vestidos para entrenar… Este tonto clima gélido los obliga a entrenar completamente vestidos, sudando sus propias ropas por dentro… Qué asco. En mi país pueden entrenar a torso descubierto, es mucho más higiénico. Que sucio país este” pensaba el muchacho mientras volvía lentamente la mirada a su anfitriona ahora que ya había logrado calmar sus pensamientos.

-Oh! Solo preguntaba si íbamos a recibir más compañía. Pero seguro, pasemos al tema principal.-

Dijo mientras bajaba su taza, apenas y había bebido un sorbo de esta ya que la sola idea de que un piojo hubiera caído del pelaje de la esclava le revolvía el estómago.

-Aunque… Usted disculpe, mi buena señora. No hay demasiados oídos para este tema?-

Miró directamente a la esclava laguz y a la sirvienta que le había sido asignada. Él había tenido especial cuidado en que ninguno de sus consejeros lo acompañara para tocar el tema tan delicado. Pero aparentemente esa tonta mujer no se daba cuenta de algo tan básico y elemental. “Pst! Que podía esperar de una tonta mujer. De seguro está tan acostumbrada al chimento que para ella esto es solo una detalle sin importancia. Claramente no es digna del cargo que ocupa si no se da cuenta de esos detalles sin importancia”.
Su rostro solo mostraba una sonrisa formal y ojos relajados, como todo buen niño entrenado en las artes de la diplomacia sabía hacer, ocultando sus verdaderos sentimientos en esa mascara de porcelana.

-Aunque supongo que siempre podemos hablar en términos de oferta y demanda. Dígame, mi buena señora… cuanta demanda requiere su prospero reino de mi producto?-
Afiliación :
- BEGNION -

Clase :
Priest

Cargo :
Heredero a Duque

Autoridad :
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Báculo de heal [2]
Elixir [1]
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Re: Negociaciones junto a una taza de té. [Social] {Priv; Hasim}

Mensaje por Eliwood el Miér Sep 28, 2016 4:10 am

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Great Lord

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Marqués de Pherae

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★ ★ ★

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Vulnerary [1]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
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Marth
Lyndis
Nils

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