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Haar - Black Tempest

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Haar - Black Tempest

Mensaje por Haar1 el Lun Oct 12, 2015 1:21 am

Haar
Wyvern Rider
We know that we should follow our hearts, even if it makes us traitors. We know that better than anyone.

Datos
Nombre: Haar. En algunos lugares simplemente se le llama "Traidor".

Edad: 38 años.

Clase: Wyvern Rider.

Especialización: Hachas. Se especializó en hachas de mango largo y arrojadizas debido a que monta un Wyvern, pero también sabe luchar con hachas cortas a pie.

Afiliación: Daein, aunque recientemente desertó y le están dando caza.

Ocupación: Trabajaba como General de uno de los platones de Wyverns Riders en Daein, pero desertó de su puesto y fue declarado traidor. Actualmente toma pequeños trabajos como mandadero o mercenario.

Personalidad
A primera vista parece un hombre extremadamente vago y sin amor por la vida, quizás buscando la salida fácil de todo y tratando de terminar rápido su trabajo para volver a sus siestas, costosamente manteniéndose despierto. La realidad no podría estar más alejada de la imagen que da, en algún momento de su vida, en su juventud, fue un niño con demasiada energía y amor por el mundo pero ha perdido estos rasgos debido a los difíciles obstáculos que la vida le ha hecho enfrentar. En la actualidad presenta una personalidad bastante cerrada y desconfiada y signos marcados de depresión que le hacen no tener demasiada iniciativa para hacer las cosas, sin embargo se esfuerza por continuar y seguir su camino.
Pese a esto, Haar tiene un fuerte sentido del honor y valores muy fuertes que antepone a su propia seguridad o conveniencias, siendo extremadamente leal a quien se gane su confianza y entregado a los que ama, como ser su hijo y su wyvern anteponiendo la seguridad de estos por sobre la suya si es necesario. Es sumamente fiel a su corazón y sus sentimientos por lo que no es mentiroso, por el contrario es sumamente honesto, demasiado, y carente de tacto en sus palabras muchas veces tiende a herir sin notarlo al decir algunas cosas, sobretodo cuando se molesta.
Si bien parece ser alguien sumamente serio y de mirada cansina, a veces es algo sarcástico y hasta bromista si la situación lo amerita y está en confianza, aunque a veces bromea con temas que no debería tocar o suelta comentarios que debido a su rostro impasible y serio no se sabe muy bien si los dice en broma o serio.
Es alguien sumamente familiar y compañero, cosa que otras personas, especialmente otras personas que no sean caballeros wyverns, creerían increíble, pero la verdad es que considera, no solo a su hijo, si no que a su wyvern como familia, criándose casi desde niño y cachorro juntos ha generado un lazo casi irreal con su montura al punto que pueden entenderse de manera sorprendente y trata de pasar el menor tiempo posible apartado de él, incluso durmiendo contra su cuerpo o bajo su ala, comiendo a su lado o incluso llevándole al mercado dejando que vuele por encima de los puestos de venta mientras hace sus compras.

Historia del personaje
Siendo hijo de un destacado jinete wyvern que servía para el ejercito sagrado de Begnion, Haar se crió más sobre el lomo del wyvern que en la tierra un tanto contrario a lo que su madre había esperado para él. Si bien su madre había querido que su hijo llevase una vida mucho más simple no pudo poner objeción a su esposo cuando este comenzó a aprovechar la fascinación de su hijo por la montura y su propio trabajo comenzando a llevarle por el camino de la milicia. Al cumplir su octavo cumpleaños su padre trajo a la casa un, no tan pequeño, wyvern de escamas negras, desde ese momento Haar no se separó nunca más de su compañero y comenzó a entrenar a su lado siguiendo al pie de la letra todas las enseñanzas de los sagrados dracoknights de Begnion formando un lado sumamente estrecho con el reptil. Este no era mucho más pequeño que un pony cuando Haar lo recibió y siendo, tanto wyvern como dueño, de carácter inquieto y curioso terminaban metiéndose en problemas muchas veces llevándose fuertes reproches de su madre, pero recompensas por parte de su padre celebrando el lazo que iban formando el menor y su montura.
Apenas cumplió 14 años fue presentado para comenzar su entrenamiento formal en las filas de Begnion con otros Wyverns Riders mostrando tener, no solo una gran predisposición al uso de hachas y un manejo impecable de su montura en el aire, si no que un lazo envidiable con la misma. Su apego hacia su wyvern era tal que comenzó a realizar casi todas las tareas de su día a día en compañía del animal, desde comer, hacer sus deberes, entrenar y muchas veces hasta dormir, atendiendo siempre muy de cerca sus necesidades. Subió rápidamente en los escalones militares llegando a ser un soldado destacado pero no durando demasiado en dichas filas.
Si bien siempre había sido un soldado modelo, obediente y dispuesto a dar todo de sí por la causa, comenzaba a tomar dudas a dicha causa, si bien creció viendo a la apóstol como símbolo de divinidad y sabiduría, comenzaba a notar que las ordenes que recibía no venían exactamente de ella si no que del senado. No le hubiese molestado si no hubiese comenzado a notar irregularidades que no le cerraban del todo, algunas misiones a las que eran enviados eran sospechosamente cortas y puntuales, misiones de "liberación" que no eran más que ir a asesinar a supuestos opresores, pero nunca encontró razón, ¿opresores de qué? ¿no creyentes incluso?, creía más en la tolerancia y al estar caminando por los pasillos del palacio regresando de recibir su paga mensual se entretuvo conversando con una de las sirvientas que le ofrecía las sobras de las gallinas que estaban faenando para su wyvern, y viendo una junta sospechosa decidió investigar, viendo de primera mano como uno de los senadores recibía dinero para "contratar" a sus caballeros wyverns para que se deshicieran de un deudor, incluso comentarios que descalificaban a estos como simples brutos montando lagartijas gigantes creyéndose tan sangrados como los pegasos.
Intentó hablar con su padre al respecto pero al no recibir más que un golpe en su rostro y la simple frase "Haz lo que se te ordena, para eso se te paga" supo que no encontraría lo que buscaba allí. Sin embargo no fue demasiado sencillo, era joven e iluso, pensando que era una regla general que los caballeros wyverns tener el mismo honor que él tenía y se le había enseñado, acudió a sus compañeros encontrando desinterés, subiendo en escalafones llegó a su comandante, pero ya estaba haciendo demasiado alboroto y comenzaba a llamar la atención y no se podían permitir a alguien así entre los suyos que pudiese llegar aires de disconformidad o alborotadores a los senadores, fue su propio general que le recomendó simplemente callarse y hacer su trabajo, que si era bueno en su trabajo y en mantenerse callado recibiría un bono un tanto mayor en su paga. Sin aceptar aquello y mostrando su intención de seguir insistiendo con el tema recibió una advertencia un tanto más explícita, de manos de quien había confiado su vida varias veces en el campo de batalla Haar perdió su ojo derecho y recibió una advertencia que si no quería que las cosas llegasen a mayores, que se quedase tranquilo y callado. En su hogar su padre no dijo palabra al verlo, su madre simplemente lloró pero no hizo preguntas ni quiso escuchar explicaciones, simplemente le rogó que se quedase tranquilo.

Haar faltó a su puesto de trabajo al otro día, al día después de ese y al siguiente, también de su hogar cuando un compañero le fue a buscar. Había empacado leve y no avisó ni siquiera a su familia, simplemente se fue a lomo de su wyvern que desde el incidente, notando el cambio de humor de su dueño así como la herida en este, se había vuelto de un humor bastante intratable y mucho más apegado al humano. Voló lo más lejos que pudo descansado solo al llegar a tierras de Daein, encontrando en un pueblo gente que le ofreció ayuda, él nunca explicó su historia pero aceptó la ayuda en una mínima medida hasta que le aconsejaron presentarse ante el ejercito de Daein para ofrecer sus servicios. Tras unos pocos días para recuperarse y lograr estabilidad su humor y el de su montura, se presentó para aplicar al trabajo. Siendo rechazado en primera instancia pero conociendo en la prueba a un hombre que tras hablar bastante logró contarle lo que ocurrió, poco tiempo después, cuando estaba listo para irse de la ciudad y seguir su viaje buscando trabajo, recibió la noticia de que había sido aceptado como soldado. Fue bastante su sorpresa al ver que ese hombre era el general de aquel platón de caballeros wyverns.
Haar había cambiado, si bien en un momento había sido un joven alegre y con mucha energía, ahora era un adulto sumamente tranquilo y serio. Generó un apego incondicional al hombre que le había dado trabajo encontrando todo lo que su padre no fue en él, le dio su lealtad y dedicación ascendiendo nuevamente gracias a sus aptitudes.
Su vida había mejorado, no podía decir que no, tenía un trabajo estable, su ojo había sanado bien y solo cubría su cuenca vacía con un parche sin generarle demasiados problemas en el campo de batalla, había conocido a una dulce mujer a la cual le pidió matrimonio apresuradamente al enterarse con alegría que sería padre, aunque nunca había recobrado su energía, desde que había dejado Begnion dormía más y no tenía las mismas ganas de levantarse por las mañanas que había tenido antes. No tenía realmente problemas allí mas que alguna pelea con su esposa por dormir fuera con su wyvern o pasar demasiado tiempo con este y no con ella... o tonterías como dormirse en las tardes en lugar de hacer los labores que un esposo se supone que haga en su hogar al volver de trabajar o en sus días libres. La llegada de Haru a su vida fue un respiro de aire fresco, su joven hijo le devolvió las ganas de levantarse y las energías para jugar con él día a día.
Si bien Haar había pretendido, como había sido en su caso, conseguirle un pequeño wyvern para el octavo cumpleaños de su hijo, tuvo un abrupto cambio de planes cuando en uno de los viajes anuales que solía hacer con su wyvern hacia las montañas para que simplemente socializara, comenzó a ver que este había comenzado con su madures sexual. Visitando el nido a diario por bastantes meses, cuando el cascarón quebró mostrando un pequeño lagarto no más grande que un perro, Haar lo llevó con pocos días de nacido como regalo a su hijo, teniendo claro que el vínculo que tendría sería mayor si ambos se criaban juntos. Haru penas tenía 5 años y pese a la desaprobación de su madre, Haar insistió, aunque la mujer ya tenía bastante con la montura de su marido y aquel lazo que hacía que no pudiese estar solo ni dos minutos teniendo siempre una cabeza asomada en la ventana o teniendo que comer afuera por que la criatura estaba inquieta arañando la puerta y dejando pequeñas marcas de amor, como Haar les decía.

A medida que Haru crecía, Haar se dedicaba más al trabajo, habiendo conflictos de territorios comenzó a faltar por temporadas enteras no pudiendo estar tanto tiempo con su hijo como hubiese deseado. Encontrando actos nuevamente bastante cuestionables por parte del platón al que pertenecía expresó, esta vez con más confidencialidad, sus preocupaciones a su general. Ambos hombres hablaron tendidamente a solas y allí Haar se enteró de planes de conquista, de situaciones complicadas que obligaban a su general actuar en contra de sus valores teniendo que escoger entre la vida de su familia y de sus soldados por sobre vidas anónimas de inocentes que perecían en fuego cruzado o simplemente servían de carnada o como piezas en el juego de la guerra. Haar reafirmó que tenía su lealtad así como le dijo que no estaba de acuerdo con ello, pero comprendió en la situación en la que se encontraba su superior y continuó bajo su mando, aún sabiendo que perecían vidas inocentes en sus acciones. Perdió nuevamente la energía de vivir, sus siestas se hacían más largas así como volvió a hacersele tedioso el despertar en las mañanas. Su vida familiar empeoró teniendo discusiones con su esposa por su actitud apagada y largas horas de sueño, ni siquiera se molestaba en responder, sabía que lo que hacía estaba mal, incluso dejando de prestarle tanta atención a su hijo como solía hacerlo antes. No fue si no hasta la muerte en el campo de batalla de su general que Haar decidió volver a hacer un cambio en su corazón, si no lo había hecho antes había sido por ese hombre y por su familia, pero podría simplemente renunciar y conseguir otro trabajo, quizás alejarse de la guerra. Pero no se le fue permitido, amenazas volvieron a recaer sobre sus hombros al mismo momento de recibir un ascenso para tomar el puesto del difunto general. Haciendo oídos sordos, sin creerles capas, desertó siendo declarado en ese momento como traidor. En un intento de matarle Haar debió de alzar su hacha hacia los que una vez fueron sus compañeros dándoles muerte para poder escapar, al llegar a su hogar encontró la puerta forzada, estaba vacía y los muebles y cosas tirados en el piso, en una de las habitaciones encontró el cuerpo de su mujer sin vida, señales de pelea había en su ropa así como en toda la habitación pero no se detuvo. Empacó ligero tomando todo el oro que tenía en la casa, algo de ropa para él y su hijo, comida que pudiese llevar y armas, cargando a su wyvern un tanto más de lo acostumbrado se dirigió a donde suponía que estaría su hijo, con miedo de no encontrarle o encontrarle en el mismo estado que su madre sintió el pánico humedecerle la mirada, suspirando de alivio al verle en el lago donde solía pescar con su wyvern. No le dio explicaciones pero le entregó una alforja que contenía su ropa así como un hacha y le obligó a ir consigo y salir de aquella área lo antes posible.

Estableciéndose en un área limítrofe con Begnion, conociendo bastante bien las áreas donde la milicia no cubría se asentó con su hijo en un pequeño pueblo donde comenzó a tomar pequeños trabajo de mandadero o incluso de mercenario escoltando personas. Evitó todo lo que pudo contarle a su hijo lo que realmente ocurrió, inventando historias como que su madre se había ido con un hombre mejor o incluso que había comenzado una vida de mercader recorriendo Daein y que él iba a seguir una vía más tranquila, pero debió de contarle que su madre no seguía con vida después de despertarse por los movimientos inquietos de su wyvern y chillidos que le alertaron que a plena noche Haru estaba intentando escapar para ir a buscar a su madre. Ambos varones se sentaron junto con sus wyverns y Haar le contó que su madre no seguía con vida, que el día que habían huido su madre había sido asesinada y que él intentó protegerle llevándoselo lejos lo antes posible, que había dejado su trabajo en el ejército y no regresarían más a su hogar. Su depresión no mejoraba con la carga de la muerte de su esposa y menos aún cuando se enteró que su cabeza tenía precio en Daein, tenía que pensar en seguir moviéndose, más que nada para cuidar la vida de su hijo.

Extras
► Su wyvern se llama Queso... Haar era joven y estúpido... y el día que se lo regalaron, el wyvern se robó una horma entera de queso de la cocina y se la comió haciendo enojar a su madre.
► Cuida a su wyvern y le habla como si fuese una persona aunque el animal actúe más como un cachorro gigante caprichoso y dependiente siempre queriendo estar encima de su dueño... claro, esto con su dueño, lejos de su entrenador es tan amenazante y agresivo como cualquier wyvern.
► Sufre de narcolepsia e hipersomnia recurrente raíz de una profunda depresión que nunca superó, pero como estos trastornos son desconocidos para la época nunca fueron tratados ni diagnosticados.
► Su depresión es raíz de ver que el poder está corrupto e incluso lo que la gente considera santo y un apoyo religioso puede ser comprado por el oro, así mismo como ve que la gente no tiene ni valores ni honor, ni siquiera su padre, figura que en algún momento admiró.
► Aún tiene su armadura de Daein y su armadura de Begnion, para trabajar utiliza la armadura de Daein aunque le ha quitado toda la tinta roja y la ha enviado a pavonar a la herrería para que tomase un tono gris oscuro más neutral.
► Pese a su problema con el sueño a la hora de pelear es sumamente confiable manteniéndose despierto y alerta.
► La falta de su ojo le da algunos problemas para percibir la profundidad por lo que no es raro que se llegue a tropezar con algo o tenga que tantear dos veces antes de tomar un arma alegando estar somnoliento si alguien lo nota, sin embargo esto no le impide pelear. Sobre el wyvern confía en este para que se acerque lo suficiente y ya se acostumbró a medir su espacio sobre la montura de manera de no lastimarlo y acertar al enemigo, cuando pelea cuerpo a cuerpo procura hacerlo de cerca para poder sujetar al otro o tener alguna clase de contacto para medir la distancia y poder atacar.
► Debido a que a viajado mucho tiene conocimiento general más amplio de lo que parece, en especial de la cultura, religión o incluso de laguz.
► No es prejuicioso, racista ni clasista, no le preocupa de que raza, nacionalidad o clase social es la persona mientras demuestre valer... o que le deje tranquilo.
► Aprecia la comida casera, no es quisquilloso para comer pero una de las cosas que más extraña de su esposa es su comida.
► Enlazado con el punto anterior, es sumamente malo cocinando, no solo no tiene voluntad de hacerlo si no que tampoco tiene mano, quema la comida, siempre está desabrida y rara vez acierta con las cantidades. A decir verdad es bastante malo en cualquier tarea del hogar, por lo que le deja eso a su hijo, prefiere ir a hacer la compras y abastecerse de conservas o comidas que pueda comer sin cocinar como fruta o carne salada y seca.

Prueba de rol
Su corazón golpeaba apresurado contra su pecho con tal fuerza que sentía la repercusión dentro de sus oídos, el sudor frío perlaba su frente cayendo por los laterales de su rostro llegando a humedecer las prendas de su uniforme, la única pieza de armadura que llevaba puesta era su pechera y sus hombreras, y estas hacían un sonido disonante y rasposo cuando se removía contra la pared intentando liberarse. Sentía el sabor a cuero en su boca y la mano encima de esta que le impedía gritar pese a que sus pulmones ya dolían y su garganta ardía del esfuerzo. La luminosidad escasa del lugar, apenas por un par de lámparas de aceite y la luna que filtraba un poco de luz por las ventanas, ni se molestaba en mirar hacia afuera, sus ojos estaban fijos en el hombre que tenía delante, un rostro que conocía bien y ahora le tenía aprisionado contra la pared y dos de sus compañeros le estaban reduciendo sujetándole para que no pudiese escapar. Escuchaba la voz como un eco lejano, las mismas advertencias que le habían dado unos momentos antes y él había refutado. Sus pupilas estaba contraídas pese a la escases de luz y su mirada se desvió al cuchillo que se alzó frente a su rostro. Pudo sentir sus músculos tensarse y así también el agarre de los dos hombres, el filo acercarse a su rostro, intentó gritar más fuerte pero el dolor le cortó la voz.

Despertó sobresaltado, agitado, bañado en su propio sudor y con la cabeza de su wyvern girada hacia él, su mirada color perla parecía brillar en la noche, ni siquiera amanecía y, como pocas veces, no tenía ganas de volver a dormir. Tocó su rostro, su parche se había movido y lo acomodó nuevamente en su lugar, pasó su mano por su frente para quitarse los restos de sudor sintiendo un pequeño golpe del la trompa de Queso seguido por una lamida bastante húmeda que no ayudó demasiado. Emitiendo un gruñido empujó la cabeza del animal algo lejos y se estiró apoyándose más en su costado, se había dormido afuera y aún vestía sus pantalones y camisa suelta, ni siquiera se había quitado las botas. Se levantó sujetándose del nacimiento del ala de su montura, la piel fría, escamosa cubriendo un músculo fuerte era ya natural bajo el tacto del castaño. Miró a su alrededor, no muy lejos, durmiendo en una bolita se encontraba su hijo con su wyvern... notoriamente pasado de peso, incluso pudiendo ver como sobresalía su panza regordeta por el costado mientras respiraba. Se terminó de secar el rostro babeado con su manga y se trepó al lomo de su animal recostándose contra su cuello mirando hacia el cielo, cruzando sus piernas y apoyándolas en su lomo. - Y así son las cosas, compañero. ¿Crees que estamos haciéndolo bien? - giró un poco la cabeza para mirar a su hijo y a la cría de su wyvern, estiró sus brazos hacia arriba y entrelazó los dedos tras su nuca para acomodarse mejor de como estaba. El wyvern mayor emitió un bajo gruñido y el castaño suspiró - Quizás... Pero al menos estamos en el camino correcto. - volvió la vista a las estrellas, su ojo se entrecerró mostrando la mirada cansina que normalmente tenía, bostezó intentando recobrar el sueño perdido, con algo de suerte podría olvidar aquel mal sueño. Al menos allí arriba no estaba tan resguardado del viento nocturno y el sudor que humedeció sus prendas le darían los suficientes escalofríos para mantenerle lejos de las pesadillas. El cielo estaba de un azul profundo pero no tan oscuro como la noche cerrada, pronto comenzaría a amanecer y con el sol se despertaba su hijo como un torbellino, tenía que juntar la mayor cantidad de horas de sueño para al menos poder hacerle algo de desayuno, mínimo ir a buscar leche fresca. Al otro día se preocuparía de seguir en movimiento, de averiguar lo suficiente como para seguir viajando y finalmente dejar Daein, tendría que alejar a Haru aún más de todo lo que él arrastraba.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Wyvern Rider

Cargo :
Mercenario

Inventario :
Hacha arrojadiza [2]
Hacha larga de bronce [2]
Vulnerary [3]
Vulnerary [3]
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.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1391


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Re: Haar - Black Tempest

Mensaje por Marth el Lun Oct 12, 2015 2:56 pm

• Ficha aprobada •


M a r t h
FichaCronologíaRelaciones ❝Lo lamento pero... no puedo permitirme una derrota.❞

Premios:






Afiliación :
- ALTEA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Príncipe de Altea

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
esp. de acero [4]
esp. de bronce [2]
lanza de bronce [2]
Vulnerary [3]
.
.

Support :
Eliwood
Eugeo
Artemis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3017


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