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Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

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Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Pelleas el Vie Abr 15, 2016 2:19 am

La lámpara de aceite parecía surcar la oscuridad por sí sola, una llama y una aureola anaranjada que descendía tras el patio del templo y se perdía entre arboledas. Recortaba en negro la silueta del joven que la cargaba, alto pero cabizbajo, andando a su propio lánguido paso por el camino empredrado. Disfrutaba la caminata, tomaba su tiempo. Nada helaba tan de súbito como una noche desértica, pero iba suficientemente cubierto, tan sólo le hacía falta ignorar la gelidez de sus propios dedos, que las mangas de la túnica oscura no terminaban de cubrir, y el hálito blanquecino de cada exhalación frente a sus labios. El movimiento le mantenía ajeno al frío, despreocupado de ello. Alcanzaba ya el fondo de la ruta y pronto vendría una esfuerzo mayor, cuando recogiese lo que necesitaba de allí.

Su lámpara le aguardó puesta sobre el suelo al final del empedrado. Y cuando él surgió del despeñadero que allí se había formado para recogerla, a los pocos minutos después, ya no estaba a solas. A sus pies yacía atada una figura humana, un especimen emergido de contextura ligera amordazado y retenido al punto de la inmovilidad total, sus destellantes ojos rojizos mostrando una expresión tan neutral como la de todos ellos. Ninguna emoción, tan sólo una mínima demostración de que estaban vivos. Metiendo los dedos como podía entre los ajustados tramos de cuerda, Pelleas comenzó a arrastrarlo camino arriba, sujetando al emergido con una mano y su lámpara con la otra. La maquinal tarea de recoger materiales. Fuera del ocasional jadeo por el esfuerzo físico, intentaba mantenerse silencioso en lo que hacía. La relación de Plegia con los emergidos no era precisamente mala y atacarlos no era considerado prudente, sino bajo muy controladas y restrictivas condiciones. Hacer lo que hacía él estaba lejos de correcto. Pero necesitaba de vez en cuando de un sujeto de pruebas, un blanco para algunas prácticas, y no siempre concordaba con la tradición plegiana de hacer tal cosa entre los mismos magos de institutos y orfanatos. Aquellos eran seres humanos, un emergido no. Al menos, Pelleas se había asegurado de capturar al suyo con precaución, retenerlo separado de su grupo como quien cazara a un animal fuera de su manada, amordazarlo temprano y sólo ir en su busca a aquella entrada hora de la noche. Un oficio impersonal y silencioso.

Alzó la vista con nerviosismo al camino frente a sí, más de una vez. Ese día se había celebrado ceremonia en el templo, no habría otra por al menos 2 días y el recinto debía de estar vacío, pero la cautela le impulsaba a seguir comprobándolo. Un viento helado removió su cabello levemente, silbó entre los árboles y alzó uno que otro ruido extraño a sus oídos. - Ah... ¿h-hola? - Intentó en una voz leve, baja. Tragó saliva mientras esperaba respuesta, y al no obtenerla, prosiguió. No se atrevería a utilizar el mismo templo, pero el patio detrás serviría, las altas murallas laterales le cubrirían un buen tanto. Tomó aire y con un suave quejido volvió a arrastrar a su cautivo, encaminándose hacia allí. Inseguro en gestos, pero con la suficiente fuerza como para cargar esa clase de peso por una considerable distancia, no tardó en alcanzar el resguardado lugar.

Practicaría cuanto le fuese posible en la duración de la noche. Tenía el tiempo y la energía para bastante; ser dejado a sus anchas, como era en sus épocas en Plegia, solía significar que acabase perdiendo sus días dormido y pasando sus noches en vela, y no hacía mucho que se había dignado a arrastrarse fuera del dormitorio. Contaba con sus más productivas horas, realmente. Dejado su cautivo a un costado, cerca de la muralla que rodeaba el patio de escaso césped reseco, el mago oscuro se enderezó y se permitió un pequeño respiro. Movió el hombro derecho para quitarle con un crujido la incomodidad del peso cargado, bajó su lámpara al suelo y ya con una leve sonrisa en el rostro, se quitó el bolso para sacar de este un par de tomos. Tenerlos entre manos, por sí sólo, se sentía tan agradable como para alzar un poco sus ánimos. Ponerlos a uso sería mejor. Abrió el primero de ellos y pasó los dedos con inusitada delicadeza por las páginas, buscando un lugar apropiado para iniciar.

Tan bien había conseguido familiarizarse con Ruina y tanto había podido aprender de su invocación en los meses pasados, que se sentía próximo a dominar el hechizo por completo. Tomar un paso más lejos en su doctrina. Practicar un poco más era todo lo que necesitaba, seguramente, y lo haría a conciencia: de pie junto a la lámpara para leer a su brillo, se susurró las palabras arcanas mientras se centraba en lo que generaban, un hálito negro que rodeaba tanto el tomo como ambas de sus manos. Separó los dedos del papel para manipularlo con mayor soltura, hacerlo crecer hasta que el humo espesara y le rodeara casi por completo. Atacar podía esperar, dominar la conjuración iba primero.
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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Jue Abr 21, 2016 10:47 pm

Ah, hogar dulce hogar… O eso era lo que solía decirse ¿verdad? Después de todo, aquella zona no le era para nada, absolutamente, desconocida. Pues a decir verdad, el taguel negro había visitado esos lares tanto cuando no era más que un cachorro que no podía evitar llevar una amplia sonrisa mientras se veía atraído por los recuerdos. Recuerdos amargos y agridulces, llenos de castigos y torturas, un “entrenamiento” como decía mamá… pero recuerdos de su niñez después de todo.

En su memoria había remanencias de su madre acudiendo a aquellos templos, participando y honrando los rituales y ceremonias. Mientras, Cheza observaba como si tuviera que aprender todo eso y recordaba las palabras femeninas: “No te preocupes, cariño. El Señor Grima también tiene una misión para ti”. Misión, ¿eh? Mamá era tan lista y tenía el corazón tan oscuro, tan consumido por la entrega a su Señor, que ni siquiera ella se había dado cuenta nunca de toda la maldad que sus azucaradas palabras, dichas con su voz melosa, contenían. La recordaba tan amorosa y cruel, que Chezaek nunca supo donde estaba el punto entre el amor pasional y el doloroso castigo físico. Simplemente no podía distinguir nada de eso, pero mamá no solo le había ayudado a no crecer como alguien mentalmente sano, sino que también había reprimido sus más bajos instintos de laguz.

Sin embargo, era demasiado tarde ya para que a Chezaek le importase algo como eso, pues a esas horas altas de la mañana solo buscaba respirar el aire frío de la noche y moverse entre construcciones que le hacían sentir como en casa. Bueno “casa”. Una que no tenía realmente, pues hacía ya tiempo que no paraba de moverse allí donde necesitasen de sus servicios. Sin embargo, Plegia siempre tendría ese encanto especial. Lleno de personas que le seguirían considerando un experimento fallido, o un sub-humano, algo inferior, a pesar de que deberían preocuparse más por lo a anchas que acampaban los emergidos por las calles. Pero aunque pasase largas temporadas fuera, siempre acostumbraba a volver a Plegia y sentir su clima árido y seco, sus noches frías y sus tan imponentes templos a un Señor que para él poca cosa significaba.

Pero oh, ¿Qué era eso que olía? Era una mezcla extraña, tenía que decir. Hacía mucho que no sentía esa clase de energía cerca, y aunque en Plegia no era algo raro, en realidad aquello era más curioso de lo que podía parecer. Se suponía que aquel sitio, a esas horas, estaba desierto. Pero podía sentir, desde una dirección, no solo aquel tipo de magia que tan cercana y familiar se le hacía, sino que también captaba un olor más que los últimos años estaba por todas partes. Olía como el característico aroma extraño y poco agradable de los emergidos. Pero no eran mucho, a pesar de que solían ir en grupo. ¿Se habría perdido uno? ¿O sería una batalla?
La curiosidad del taguel, que conocía bien la zona, aumentó tanto que empezó a internarse por los árboles que se acercaban al pequeño patio trasero de uno de los templos cercanos… y sin querer, hizo algo de ruido al acercarse. Whops, ¿estaba perdiendo facultades?

No pudo evitar sonreír un poco y cuando pudo ver entre los arbustos, con sus ojos rojizos en la noche, pudo ver claramente que no estaban peleando. La escena era asi: un espléndido mago oscuro (Vaya, eso ya ganaba puntos para él) estaba recitando uno de los conjuros básicos para ellos (que Cheza conocía, ¿por fortuna? ¿por desgracia?) Mientras… espera ¿Qué era lo que alumbraba un poco? Ahhh… Allí estaba el emergido. Estaba realmente bien atado de pies y manos y no hacía más que removerse. Así que sí que era un enfrentamiento… ¿o quizás un ritual? ¿Experimento? Él que sabía. Sus ojos estaban demasiado fijos en la figura fina y estilizada del mago oscuro, iluminado por la vela que tenía a sus pies. Sus ganas de algo no hicieron más que aumentar, deseoso.

¡Te he encontrado! ¡Te he encontrado! —Exclamó en medio de la noche. — ¡Juguemos un poco!

Casi sin siquiera pensar y mientras el otro recitaba, el taguel sonrió ampliamente y salió de su escondite de un gran salto, con todas las intenciones de placar a aquella figura que tanto le llamaba la atención. Porque, vamos ¿y si salía corriendo? Quería ver de cerca a aquel mago ¡y es que tenía taaan buenos recuerdos de ellos!
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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Pelleas el Miér Abr 27, 2016 3:28 am

Su único temor allí era que un mago de más alto rango o una autoridad mayor le hallase, Plegia era una de aquellas extrañas ciudades que jamás realmente dormían, pero se había esforzado por hallarse un tiempo, un lugar y un modo discreto de hacer lo que necesitaba. Él era un extranjero, y aunque era bien recibido, no contaba en absoluto con derechos de deshacer lo que entre Plegia y los emergidos se había forjado, como fuera que se hubiese forjado. Su crimen no era tan inusual ni tan grave, ni siquiera gran novedad por allí, mas no sería precisamente bien visto. Y rehuir al conflicto, las complicaciones o la responsabilidad era uno de los más prominentes instintos en Pelleas. De allí su cautela, sus cuidadosas miradas derredor, su inmediata reacción a cualquier sonido. El hombre amordazado frente a sí, sin ser siquiera mereceedor de la categoría de ser vivo, no tenía nada que ver con sus inquietudes ni le generaba sentimiento alguno. Nula culpa, nulas dudas ante su mirada fija pero inexpresiva.

Pero la magia exigía concentración. A aquello sí respetaba profundamente, además de encontrar consiberable disfrute en el proceso. El humo pesado y oscuro respondía con naturalidad a cada pequeño movimiento de sus dedos, crecía y se expandía alrededor suyo, comenzando a ahogar la luz de la lámpara. Aunque recitaba murmurando, sin necesidad de alzar la voz, todo lo que oía era aquel sonido y su respuesta, un ruido blanco, como una pluralidad de voces que jamás sabía si estaban verdaderamente hablándole de regreso o sí yacían sólo en su imaginación. Le agradaba demasiado pensar que la oscuridad le respondía y le acompañaba. Y ya casi tenía suficiente, cercanos a desaparecer de vista él y su invitado. Centrado en lo que le ocupaba, con la mirada perpetuamente cansina pero enfocada en las páginas del tomo, no detectó el otro par de ojos rojos cortando la oscuridad del entorno, sino hasta que la voz repentina y fuera de tono se hizo oír.

Fue como un chirrido directo a los oídos. Un escalofrío le recorrió violentamente la espalda, su desatinado primer instinto fue soltar todo lo que tuviera entre manos y dejó caer el libro, casi al mismo tiempo en que el intruso se abalanzaba hacia él. El espanto y lo desastroso que era lidiando con situaciones de pánico le impidieron actuar atinadamente. Ni siquiera razonó las palabras exactas que oía. Llegó a notar, como primera de sus prioridades, que no se trataba de un mago superior descubriéndolo en la ilícita actividad, sino otra clase de persona. De haberle visto a tiempo habría reparado en el enorme salto que había dado y la agilidad que mostraba poseer, mas en el momento en que volvió la vista a él, tan sólo pudo hallarle atravesando el humo con el destello de una mirada rojiza y un borrón de colores oscuros. Se preocupaba más del libro que había dejado caer que de apartarse, y por ello recibió el impacto de lleno.

Dio contra el suelo y con impulso de sobra, apartado de quien le había saltado encima. Con el libro fuera de sus manos, perdió control sobre lo que hacía y la oscuridad, naturalmente, se inquietó a su alrededor. Invasiva, se movió sobre los seres vivos en el lugar, ni siquiera perdonando al mismo Pelleas; pasó justo a través de él, atravesándole con una sensación fría y dolorosa y obscureciendo toda vista de lo que tenía alrededor. Lo familiar que le era ese dolor, ya soportable, no evitó que tensara la mandíbula, sudor frío bajando por su cuello. Y ese era él, el mago que conocía y conectaba con la oscuridad. Quien le había caído no debía de estar nada mejor. - ¡A-Apártese! Por favor apártese. - Avisó, intentando erguirse y buscarle, aunque en esas condiciones no conseguía ver prácticamente nada.

Lo que halló a los pocos instantes no fue esa persona, sino a su sujeto de pruebas. Tumbado en el suelo boca arriba, con el área entera de la cabeza y del pecho cubiertas de espeso humo negro, sin permitirle ver en detalle lo que la oscuridad le hacía. Sólo veía su torso y sus piernas retorcerse en dolor, antes de quedar completamente quietos, inerte. Acababa de quedarse sin el emergido sin siquiera llegar a aprovecharlo. - Lo he perdido... - Suspiró con desgana y se acercó un poco, apoyando los dedos en el cuello de la criatura para buscar el pulso. Confirmada la defunción, no le quedó más que bajar la cabeza un poco y buscar su libro en el suelo. Era paciente, podría recomenzar, pero aquello era un retraso innecesario y no le complacía en lo más mínimo. - Se ha arruinado, entonces... -
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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Miér Abr 27, 2016 8:55 pm

Vaya, ¡pero qué pocos reflejos tenía aquel chico! Si realmente lo hubiese querido apresar entre él y el suelo lo podría haber hecho perfectamente. Aunque ahora mismo no es que tuviera en mente el cazarle, ni hacerle nada en concreto. Quizá esas ganas de algo que había sentido eran porque hacía mucho que no encontraba a un pobre e indefenso mago oscuro. Sí, las maldiciones y el poder que tenían eran excepcionales, pero siempre estaban tan solos… ¡Chez le haría compañía!

Sin embargo, no parecía muy dado a jugar. El impacto contra el chico había resultado que de la inercia saliese despedido hacia un lado, y aunque Cheza rodó un poco y quedó con una rodilla en el suelo y algo incorporado, su sonrisa fue unos segundos momentáneamente  borrada de su cara. De un momento a otro solo pudo ver a su alrededor el humo negro producto del hechizo que el mago oscuro estaba formulando. Pero aquello, más que asustarle o tenerle confundido era una sensación deliciosamente familiar. De pronto recordó verse a él mismo, tan solo un cachorro, y sentir exactamente lo que estaba sintiendo en esos momentos; algo atravesándole, millones de voces gritándole directamente en la cabeza, no dejándole pensar, no dejándole oírse a sí mismo. Músculos tensándose, notando como si se resquebrajasen, y un sudor frío que le caía por la frente. Temblores, un pedazo de él siendo llevado por la oscuridad y sus manos de pronto en la cabeza. Para él fue peor que para el mago. Pero oh, era muy tarde para apartarse, o es lo que hubiese pensado si realmente hubiese podido entender las palabras que el mago le gritaba desde alguna parte en aquella espesura.

Sin embargo, Chezaek no necesitaba apartarse. Aquel tipo de dolor era maravilloso y dulce, le hacía sentir vivo, uno perdido en el mundo, miserable y patético. Como si le llenase de miedo
“¿Verdad mamá? Te encantaría escuchar eso de nosotros”

Pero era muy tarde para que él pudiese sentir algo como eso.

Haha… Ha… ¡¡HAHAHAHAHA!! —Empezó a reírse fuertemente y a pleno pulmón entre aquella espesura negra, como si todo eso que estuviera sintiendo no le produjese más que satisfacción y júbilo. — Oh, hacía tanto, tanto, tanto tiempo… —Sus dedos pasaron por sus mejillas y se arrastraron por el pelaje de su cuello y luego cayeron como si estuviesen inertes. Todo su cuerpo quemaba como si le hubiesen retorcido la piel, pero esa genial. Una sensación que aumentaba su locura y desquicio, lo que se lo había provocado, después de todo.

Pero al final el pequeño y hermoso mago oscuro no le había encontrado. En su lugar, cuando el propio taguel híbrido arrastró los pies por el suelo con el cuerpo curvado en una silueta de lo más tétrica, la escena que encontró allí fue la del humano junto a ese emergido, no pudiendo soportar lo que el hechizo fallido le hacía a aquellos que no podían sobre pasarlo. Le destrozaría por dentro, sintiendo como si se le derritiesen los sesos y probablemente moriría con esa horrible sensación. Qué pena que esos sujetos no pudieran hablar apropiadamente, le encantaría poder escuchar las últimas palabras cargadas de dolor y desazón…

Ahh… ¿Era tu amiguito? ¿Ya lo echas de menos…? —Se había acercado al chico cuando este por fin encontró el tomo de la magia oscuro, quedando justo detrás y haciendo que sus suaves y ronroneantes palabras cargadas de diversión llegaron a sus delicados oídos. Si se quedaba realmente quieto, estaba seguro de que el otro podría llegar a escuchar su respiración fuerte y un intento de principio de risilla que Cheza parecía irradiar continuamente. — Que poderío… Me encanta. ¿Vas a jugar ahora conmigo?
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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Pelleas el Mar Mayo 03, 2016 11:19 pm

Había tonos dispares y desagradables en esa risa, algo como una voz masculina, mas con demasiada exaltación como para mantener un tono parejo. No podía estar seguro de que se tratase de una persona siquiera. No sería la primera vez que oía una voz en pleno conjuro, un murmullo que le acompañaba más de lo que le distraía; la risa no era esa reconfortante pluralidad de voces ni provenía de la oscuridad derredor, pero algo había salido mal en el hechizo y aún podía ser. Pelleas no se convenció contra ello sino hasta captar algunas palabras más, la presencia de quien le había sorprendido deambulando en algún punto de la negrura. Parecía hablar consigo mismo más que llamarle a él, y su tono parecía ser simplemente así. Se congeló en respuesta, apagando hasta su respiración para oír los arrastrados pasos cerca. Alerta. No era una persona de marcados instintos, pero algo le decía que le convenía estar alerta.

Sus nudillos tronaron al cerrar los dedos alrededor de su libro. Esa clase de tensión hacía estragos en él, pero prefería que le carcomiese el nerviosismo a ignorar lo que pasaba. Exhaló e inhaló el aire frío una vez, tendidamente, antes de ponerse de pie y erguirse, en casa y a la vez perdido entre ese humo. Ya estaría encontrando a quien le había saltado encima, cuando lo disipase. La voz sonó a su espalda en ese entonces, ni sigilosa ni amenazante, pero sonsacándole de igual modo un intenso escalofrío. De inmediato el mago oscuro apretó el libro en su agarre, sirviéndose de la seguridad que le transmitía apoyar los dedos sobre las páginas de Ruina al mirar sobre su hombro, ojerosos y perpetuamente decaídos ojos violeta buscando en ese intruso una señal de peligro. Lo que le recibía era una figura encorvada, ojos enrojecidos en un rostro muy sonriente. Una complexión demasiado ligera como para haber soportado un ataque así de cargado y proseguir con tal tranquilidad. No le aliviaba en absoluto.

- Sólo era un emergido. Descartable, pero... no había llegado a utilizarlo. - Pelleas agachó la cabeza un poco, se apartó algunos pasos. Ni siquiera al girarse hacia el hombre le quitaba la mirada de encima, no se habría sentido tranquilo haciéndolo. Y era que si Ruina había atacado a esa persona, no lo aparentaba del todo; ni gritos ni quejidos ni una adolorida pausa en su andar, aunque había sudor en el filo de su mandíbula y la voz le sonaba a una garganta tomada por un dolor reciente, escuchándole tan cerca. Se enderezó al mirar hacia abajo a la encorvada criatura, intentando distinguir mejor lo que entre humo y nocturnidad se perdía. Algo había parecido inusual en su sonrisa al momento de hablar, una irregularidad en la forma de la blanca dentadura que le hacía sospechar de caninos demasiado prominentes.

- A-Ah. ¿Ha dicho "jugar"? ¿Con usted? - No comprendía. Si iba al caso, tampoco comprendía por qué le halagaba. Como reacción natural apareció en sus labios una leve y nerviosa sonrisa, aunque su paranoica mente sospechaba ya millares sobre el otro. Los dedos del mago, decorados con uno que otro anillo, se movieron sobre la tapa del tomo que sostenía, disipando lo que quedaba del hechizo y causando que el pesado humo que les envolvía retornase entre las páginas, desapareciendo. Cuando aquella oscuridad recedió, encontró con cierto alivio que su lámpara no había llegado a apagarse, el destello llegando a perfilar la figura frente a sí. Las orejas excesivamente largas que caían de su cabeza, el asomo de una cortísima cola, apenas un rodete de pelaje oscuro, similar al que rodeaba su cuello. Como una bestia. Si era una, sin embargo, sería de una especie que el hombre de Daein jamás había visto. Era igual; no se arriesgaría, no volvería a arriesgarse jamás con esa clase de criaturas. Tragó saliva, asustado y a la vez enfermo de molestia por lo que había aparecido en su camino. - Puedo hacer eso. - Respondió al fin.

Y no se hizo esperar. Murmuró su conjuro sin siquiera abrir el libro, conocedor ya de las palabras que seguían en el texto. Con un corto gesto de la mano, como disipando hacia arriba otro rastro de humo, hizo que este saliese más espeso y concentrado que antes, subiendo desde los pies del taguel para rodear el resto de su cuerpo. Entorno a las piernas primero, a través del torso después; le empujó hacia arriba, separándolo del suelo y suspendiéndolo quieto un instante. Apresurándose, Pelleas se adelantó en busca de la confirmación que necesitaba, un detalle delator u otro. Delgadas, huesudas pero bruscas, sus manos sujetaron el rostro de la criatura en ambos lados. Quería ver su dentadura más detenidamente. Forzó sus pulgares en las comisuras de la boca para abrirle la mandíbula, de un lado empujando la pieza inferior hacia abajo al presionar contra la lengua, del otro empujando la superior hacia arriba al presionar contra el paladar. Vio la dentadura afilada, los caninos sobresalientes. Pasó la vista hacia arriba, a las orejas de corto pelaje, y no necesitó más. - Sí es un subhumano, después de todo. ¿Qué clase de bestia? -
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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Mar Mayo 17, 2016 3:23 pm

Claro que aquello le confirmaba casi al completo que lo que estaba pasando allí era, ni más ni menos, que un experimento. Plegia nunca dejaba de sorprenderle, y al mismo tiempo no le pillaba para nada como algo raro; los rituales, las torturas y los experimentos allí estaban a la orden del día, y eran algo tan normal que nadie se inmutaba ante ellos. Ya decía mucho de ellos el hecho de que no les molestase tanto la presencia de emergidos allí, pero de ser así, ¿por qué ese bonito mago oscuro estaba jugueteando con un emergido? Quizá era porque no era plegiano, o porque le gustaba saltarse las reglas. …Le gustaban aquellos que no seguían reglas.

Pero por el momento, el taguel seguía allí agachado, mirando al otro de entre la negrura, hasta que esta fue disipándose poco a poco gracias a que el otro había retirado el hechizo. Chezaek solo sabía cómo funcionaba la magia oscura por años y años de estar expuesto a ella, de ahí también a la cierta resistencia y al gusto masoquismo a la misma. Eso era ciertamente inexplicable, pero su curiosa falta de sanidad, sentido común y entendimiento sobre los valores de una persona de a pie común arrojaban algo de luz al asunto aquel. Chezaek, en definitiva, no era ni por asomo normal, pero, ¿y que importaba eso?

Sí, jugar, conmigo. Y pareces realmente divertido, ¿Quieres que bailemos un poco? Podemos convertir esto en una bonita fiesta… ¡haha! ¡Incluso tenemos velas e invitados! —Ante la idea de jugar, o como él veía todo aquello, el taguel de ojos rojos se puso de pie casi de un salto, entusiasmado y emocionado. Aquello hizo que sus orejas se agitasen y su atributos animales fuesen más visibles. Su figura era larga y flexible, pero desde luego lo que más destacaba en él era, no estos atributos, sino su perpetua y desquiciada sonrisa y sus resplandecientes ojos rojos.

Pero no le dio tiempo ni siquiera de acercarse al bonito mago oscuro, porque antes de que el propio Chezaek se diese cuenta, este había respondido que “podía hacer eso”, contestando a su proposición juguetona, y ya estaba poniendo en acciones lo que quería haber dicho en palabras. El taguel volvió a sentir como cierto dolor opresivo le atrapaba las piernas, pero solo le hizo falta apretar la mandíbula para soportarlo, hasta quedarse ligeramente suspendido en el aire y acostumbrado momentáneamente a esa punzada de dolor en el cuerpo.

En realidad, estaba bastante sorprendido por lo que el otro estaba haciendo, pero más sorprendente  fue el hecho de que Cheza no se mostró violento, ni trató de zafarse, a lo que le hacía aquel nuevo amigo. Como si realmente estuviese más que integrado en su ser el ser sumiso a ese tipo de cosas… incluso dispuesto a disfrutarlas en su retorcida mente.

El taguel abrió la boca cuando el mago quiso explorar, o ver, dentro de esta, encontrando allí aquellos incisivos que parecían más lo de un animal que los de un humano, y entonces entendió que lo que estaba buscando el bonito mago negro era una confirmación de su naturaleza; el hecho de que Chezaek fuese, efectivamente, un subhumano. Bueno, al menos la forma en la que algunos humanos los llamaban. Sin embargo, Chezaek no contestó de momento. Lo que en realidad hizo fue considerar aquello como una invitación a otra cosa y capturó uno de los dedos contrarios entre sus labios, terminando por succionarlo. Su expresión era atrevida y sucia, incluso insolente y desvergonzada, pero la sonrisa que mostraba en sus labios iba muy acorde a lo que estaba pasando dentro de su boca, mientras presionaba ese dedo dentro suyo entre su lengua y paladar, como si realmente fuera… otra cosa. Claro que el taguel no habló hasta que el otro decidió sacar por su cuenta su propio dedo.

¡¡HAHA!! —Chezaek rió fuerte esa vez, mirando intensamente al contrario como si no hubiera hecho lo que acababa de hacer. — ¿Uuh? ¿Por qué pones esa cara? Era lo que querías que te hiciese este taguel, ¿no? —Contestó de esa forma la pregunta echada al aire del contrario. — Me gustas. Si son estas cosas las que te van entonces puedo hacerte mucho más… ¿Quieres que juguemos de esa forma? ¿Mhh…?
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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Pelleas el Mar Mayo 31, 2016 10:22 pm

Estaba comprendiendo que si quería hacer sentido de la situación, lo último que debía hacer era escuchar al subhumano. No era que no se mostrase capaz de hablar como un hombre normal, estaba expresándose perfectamente bien, sino sólo que nada de lo que salía de su boca tenía lógica. Pelleas suponía mejor ignorar todo eso sobre una fiesta o una danza allí afuera; la iluminación del fuego titubeando sobre la silueta del animal daba cierto impulso de mirar a su alrededor, intentar tomar el entorno como a los ojos ajenos debía verse, mas resultaría mejor ni siquiera adentrarse en ello. Imaginación lunática en para bestias extrañas. La versión de la realidad que en la cabeza de la criatura estuviese transcurriendo tan sólo le concernía hasta donde no le afectase directamente, según creía.

Le afectaba, sin embargo, si el taguel insistía en quedarse a su alrededor. No parecía ser que estuviese allí para cazarlo o agredirlo como esperaría de uno de su clase, al menos no por el momento. Se mostraba sonriente y quizás demasiado alegre, atento a un punto en que su mirada inquietaba, mas de ningún modo agresivo. Ni siquiera por la magia. Si acaso Pelleas debiese sobreentender que verdaderamente sólo pensaba en jugar, dudaba en hacerlo y dudaba en asumir cómo, pero el animal actuaba como si así fuese. Sin luchar contra la magia que le tomaba, sin oponer resistencia a aquello que sin dudas debía de serle doloroso; inclusive dócil al tacto de las manos que distaban de ser gentiles con él, sin un intento perceptible de morderle los dedos. Ni siquiera le sentía hacer ese mínimo de fuerza con la mandíbula. Descolocado y confundido por todo aquello, el príncipe no pudo evitar titubear un poco, pasando la vista aprisa entre las fauces de incisivos prominentes, el rostro de la criatura y el cuerpo en sumisa relajación. Quizás se trataba de un esclavo. Había conocido a algunos esclavos laguz, bajo propiedad de otro mago oscuro que tenía por pupilo y amigo, y estos habían mostrado saber cuando permanecer quietos. Podía ser como ellos, esclavo a algún otro mago de la zona, probablemente escapado si estaba allí a solas.

- ¿Qué sucede contigo? - Preguntó en un murmullo a la criatura quieta, más al aire que realmente a él. No obstante, toda conjetura al respecto se detuvo en seco cuando los labios del taguel presionaron alrededor de su dedo; de inmediato temió que hubiese decidido morderlo y llegó a echar medio paso atrás, estirando ya la mano libre a por Ruina otra vez, mas la presión quedó tan sólo en eso. Presión, un movimiento leve. Y si acababa de chuparle el dedo en un gesto desvergonzadamente lascivo, Pelleas realmente no estaba entendiendo. - E-Eh... - No halló mucho que decir, no coherentemente, pero buscar la mirada del taguel por algo de entendimiento no le funcionaba mejor. La mirada de otro maldito, sucio e irrespetuoso subhumano. Clavó la vista hacia abajo, dejando que el cabello algo largo obscureciese un tanto su avergonzada reacción, enmudecido y con la mandíbula visiblemente tensa al retirar su mano con un movimiento brusco. En el camino dos anillos pellizcaron el labio de la criatura, por seguro nada cómodo, pero no importaba. Ese no había sido ya un gesto de docilidad; la docilidad y la obediencia podían agradarle en las bestias, les ponía en el lugar que él consideraba correcto, mas aquello difería bastante. Sin querer siquiera pensárselo e intentando no prestar oído a sus palabras, que seguramente sólo pretendían enervarlo, liberó al taguel del agarre que mantenía sus pies separados del suelo y se apartó en un gesto muy torpemente dado, como si no decidiese si intentaba empujarlo o retroceder él.

- ¡N-No algo como eso! Dioses, por qué los subhumanos deben ser tan... - Contuvo un inarticulado gruñido de molestia, apretando con fuerza el tomo en su mano. Tenía al taguel cerca y por un instante consideró no tomarse el tiempo de invocar un hechizo, pero si perdía los estribos tan rápido y usaba sus puños, lo más seguro era que las cosas se fuesen de proporción. No era propio de él. Se recordó que el subhumano no buscaba allí un enfrentamiento, quizás no lo anticipase. - No es lo que quiero-- sólo quiero continuar mi trabajo, y ahora no tengo modo de. No me parece en absoluto un juego. - Murmuró aprisa, milagro que no trastabillara tanto en el habla, todavía sin poder dirigirle la vista al otro. Pero tenía que continuar, y ahora, a causa de él y su sorpresiva intromisión, carecía del sujeto de pruebas que tanto había costado conseguir. El esfuerzo de capturarlo, ocultarlo, sacarlo a aquella hora y arrastrarlo hasta allí quedaba en vano.

Exhaló con pesar y tomó un par de pasos aparte, retrocediendo; de ninguna forma le daría la espalda a una criatura que sonreía así. Lo que a causa del taguel había perdido, lo cobraría de él mismo sin más. Sólo necesitaba algo vivo en qué practicar, no hacía falta que fuese consensual ni que fuese necesariamente un emergido. Un par de pasos más atrás, un poco más de distancia entre ellos, y ya casi. - Si fuese como hasta justo antes, sería mucho más útil. - Musitó como única explicación antes de murmurar para sí, apenas visible el movimiento de los labios, la invocación que había dejado inconclusa. El humo negro que había confinado al tomo volvió a liberarse del mismo, buscando rodear al laguz, envolverlo en el opresivo y pesado hálito negro. Atacar a traición algo que no le había buscado conflicto valía si se trataba de su raza. - ¿Acaso no duele, taguel? ¿La magia no te causa dolor? - Pelleas preguntó en voz alta entonces, aunque permaneciese cabizbajo y mirando las páginas abiertas en busca de lo que seguía. Antes, no había emitido ni un quejido al respecto.
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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Jue Jun 23, 2016 3:29 pm

Sabía que no se lo había preguntado directamente a él, pero al taguel le hizo igual de gracia la pregunta que escuchó salir de los labios del bonito mago oscuro que tanto le había llamado la atención. Su risita baja se pudo escuchar a través del silencio de la noche, y aunque no fue una muy irritante, si que fue algo oscura y desencajada. Como si lo que hubiese dicho fuera lo más gracioso del mundo que había escuchado. Y en cierto modo, así será. ¿Qué era lo que le sucedía? ¡Si ni siquiera él lo sabía! Y posiblemente esa ironía era lo que encontraba de algún modo divertido. La falta de sentido en todo lo que era su ser, en el juicio de otros, y como trataban de hacerle encajar a la fuerza en cualquiera de las ideas que conocían sobre el mundo y todo lo que habitaba en él. — Mala suerte, chico bonito. No eres especial por tener miedo de lo que no conoces…

Al menos, eso era lo que sus ojos habían captado en él mientras le hacía, prácticamente, una felación a uno de los dedos que habían tratado de examinarle haciendo que abriese la mandíbula en contra de su voluntad. No era como si su hubiese resistido de todas formas, pero algo en la cabeza del taguel le había dicho que aquello era lo que quería el otro. O puede que le hubiese engañado la voz, pero la cara que había puesto el otro no tenía precio comparable alguno. Quizá quisiera probar a conseguir de nuevo ese tipo de expresión en su bonito y oscuro rostro.

Pero antes de que se diese cuenta, la mano del mago oscuro fue retirada abruptamente y sin cuidado de su cara, haciendo que uno de los objetos metálicos que tenía alrededor de un par de dedos provocase que un poco de su labio inferior se quedase enganchado en estos, y al tirar, una pequeña fisura se ocasionó en él. No le dolió especialmente pero sí que pudo sentir un escozor, uno que se mezclada con el sabor metálico de la sangre que estaba recogiendo su lengua ahora mientras no dejaba de mirar al otro. Claro que primero cayó al suelo de pie y flexionando sus fuertes piernas, de modo que volvió a incorporarse de forma lenta y casi cautelosa, dejando que sus orejas se meciesen al son del movimiento.

¿“Tan…”? ¡Venga, acaba la frase! ¿Indecorosos, sucios… animales? Ah, hay tantas posibilidades… Tengo curiosidad por saber con quién más te has cruzado como para pensar algo así. Aunque a lo mejor eso es culpa tuya. —Aquello dejó bastante claro que a Chezaek le daba absolutamente igual un orgullo laguz o algo parecido. — Ya sabes, quizá es que vas provocando… Eres un mago oscuro bastante atrayente. —Le guiñó un ojo mientras volvió a pasarse la lengua para recogerse el nuevo líquido rojizo que había emanado de la pequeña herida. Tras escucharle, Chezaek volvió a reír, pensando en que era tortuosamente adorable. — Oh… pero podemos convertirlo en uno. Después de todo, acabo de decidir que yo te quiero a ti.

Chezaek casi susurró aquello último, pero no fue él quien se movió. El mago oscuro fue quien pso una distancia prudencial entre ellos, como si el taguel fuera alguna clase de ser extraño que, ¿quién sabía que pudiera hacer a continuación? Podía oler y sentir su agitación desde donde estaba, su confusión y su necesidad de defensa. También estaba un poco frustrado, creía. ¡Pero eso no era culpa de Cheza! No era él quien con magia oscura había matado a su pobre juguete.

Pero esa vez, diferente a la anterior, Chezaek era consciente de que estaba siendo rodeado por el humo negro, y saltó justo en el último segundo para acabar más atrás en el lugar, antes de que el humo negro se condensase y oprimiese alrededor de su propio cuerpo como había pasado antes.

¿Si duele? ¿Por quién me tomas? ¿Por un super conejo? —Sus pies derraparon ligeramente por las baldosas metálicas de la superficie del suelo. Sin embargo, había conseguido que esta vez la magia no le rozase. Podía soportarla e incluso le gustaba, pero una cosa era esa y otra que fuese estúpido… O al menos lo suficientemente estúpido como para morir ahí con un par de fuertes ataques más. — Claro que duele. Y es tan deliciosa sentirla en la piel, notarla arder y derretirse o tener la sensación de que puede estar siendo arrancada… Ahh. —Suspiró con satisfacción. Le hacía estar vivo. — Pero Plegia es el hogar de grandes magos oscuros y a mí me criaron aquí de una forma… especial. ¿Tienes curiosidad?
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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Pelleas el Jue Jul 07, 2016 1:35 pm

Una de sus manos sostenía el libro abierto desde abajo, mientras que la otra se posaba sobre las páginas, siguiendo el órden en el conjuro y guiando con pequeños gestos; alzar la mano un poco para ayudar a extraer el humo negro, dar un leve movimiento hacia adelante para apresurarlo hacia su blanco, casi como el gesto de un maestro ante los músicos. Un poco era suficiente para controlar cada cosa. En ello, sin embargo, Pelleas notó algo de sangre en sus dedos, en el espacio entre el medio y el índice. Evitaba mirar a la criatura, su herida era una que no había notado. En aquel momento no pudo sino alzar la vista un poco, mas no se debía exactamente a la vista de la sangre, sino a que no se mantenía impertérrito a las palabras del taguel; y allí se arrepintió de mirar, pues lamerse la sangre de la herida en el labio no hacía al taguel ver más inofensivo, ni más normal. Al contrario, daba tanta más razón a sus palabras.

- Sucios, sí. Además de violentos, indignos, salvajes... todos ustedes lo son. - Pelleas le miró con marcado resentimiento, aunque se hacía bastante difícil captar su mirada gacha entre el cabello algo desordenado. Si se había cruzado verdaderamente con lo peor que podía cruzarse, en lugar de la clase de laguz que habrían podido disipar un poco sus conceptos inculcados, realmente no lo sabía. Lo que había visto era la realidad para él, aún siendo sólo uno, un león de entre esclavos mal educados, antes que aquel taguel. A sus ojos, ya estaba hecho el juicio: no había laguz racional ni digno. Que aquel animal de pelaje oscuro implicara que era su culpa, que de algún modo él había incitado lo que sucedía a su alrededor, no le caía con un ápice de gracia. Apretó los dientes y dio un par de pasos adelante, visiblemente afectado. - ¡Silencio! No volverás a decir tal cosa... - Gruñó. No podía evitarlo. No tenía la serenidad para abstenerse de provocaciones, no las veía venir. Sólo caía y reaccionaba.

No estaba consiguiendo lastimarlo, no todavía, pero ya conseguiría acertar. El problema con la magia que manejaba era, en efecto, ser pesada y lenta en su uso; con un salto que alcanzaba formidable altura, inclusive yendo hacia atrás, el animal se había apartado del área en que la negrura se arremolinaba. Los pies hicieron un leve sonido al dar contra el suelo otra vez, un chirrido breve pero punzante de garras que ayudó al príncipe a no perder rastro. Ya conjuraba de regreso, reuniendo a su alrededor la oscuridad que no había hallado blanco, acumulada cerca de sus manos o haciendo lentos rodeos alrededor de todo él. Las palabras del taguel no le permitían desquitarse con las ganas que en ese momento tenía.

- Ah. No te desagradará del todo... pero, entonces... - Pausó, alejando los dedos del tomo y dando algunos pasos adelante, siempre seguido del hálito pesado y enceguecedor. No estaba seguro de si tuviese punto atacarlo así. No sería desquitarse si no le era desagradable al taguel, aunque ciertamente estaría practicando. Razonó lo que oía, se desplazó un poco de la molestia para ladear el rostro con curiosidad a la criatura de ojos rojos. Si intentaba ir más allá de lo extraño que sonaba, suspirando tan complacido por tan horribles prospectos, creía entenderlo. - ¿...eres el esclavo de alguien de aquí? ¿De otro mago? - Si algo era claro, fuera de toda deducción, era que el taguel conocía la magia oscura cercanamente. Tenía experiencia con ella. Pelleas lo consideró por algunos momentos, mirando de arriba a abajo al animal. Si se trataba de magia, por supuesto que no tendría cicatrices visibles encima; eso rara vez pasaba. Pero no creía que mintiese, no parecía ser ese su daño. Con leves gestos de la mano enjoyada y huesuda guió su magia para permanecer a su alrededor, sólo obscureciendo el ambiente mientras aguardaba a ser utilizada, y finalmente se decidió a que todo eso era provechoso. Caminó con resolución hacia el laguz. - Pues entonces has de estar acostumbrado a estas cosas. Creo que es mejor. -

Respiró hondo. Era una criatura inquieta y ágil, por seguro; persiguiéndole no le iba a atrapar así como así. Pero creía que podía persuadirlo de quedarse quieto. El resentimiento por ciertos comentarios hechos sería mejor invertido en ello: enderezar la espalda, respirar profundo, concentrarse apropiadamente en la agresividad hacia aquellas razas que venía acumulando desde hacía meses ya, canalizarla en invocar la silenciosa magia que otrora le había permitido mantener a algunos otros a raya. Ni dolor ni daño; sólo miedo puro. Era un tipo de magia que jamás había parecido encajar con él, el primero en temblar frente a otras personas, pero la situación le había empujado a emplearla más de una vez. A aquellas alturas, sabía ya cómo invocarla.

- Quédate quieto. - Usar otra clase de magia no le haría tener una voz más poderosa ni expresarse con más brusquedad; su voz seguía siendo la misma, por temor a sonar ridículo intentando ser más autoritario. Lo pedía relativamente por lo bajo, al tiempo que estiraba una mano hacia el taguel para ver si permanecería. - ¿Me dirás sobre quienes te tuvieron? -
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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Jue Jul 14, 2016 11:05 pm

Chezaek no podía evitar reírse con todo lo que salía de la deliciosa boquita del mago oscuro, porque en parte tenía toda la razón y en parte estaba tan equivocado que tenía ganas hasta de llorar de su tan sardónica risa histérica. ¡Todos eran lo mismo! Bueno, aquello era mentira, claramente. Pero el pobrecito mago no parecía que se hubiera tomado más que con violentos, sucios y salvajes laguz. Lo divertido de todo aquello es que Chezaek no era ni siquiera como esos laguz que había descrito. No, claro que no. Si cabía, era peor sin nisiquiera intentarlo. Su naturaleza extravagantemente retorcida y su moralidad carente de toda simpatía o raciocinio puro le hacían una bestia, sí, pero una a la que no le importaba ser objeto de torturas, malos juicios o alabanzas. Todo lo que los humanos pudieran decir de él, incluso otros laguz, absolutamente todo no le afectaba en nada. Ni siquiera sus entrañas se comparaban al estado más avanzado de putrefacción, no. Chezaek estaba completamente vacío por dentro, y aquello era lo que le otorgaba el poder de reír a pleno pulmón con las amenazar de muerto más dolorosas posibles y verse juguetón ante situaciones en las que, si quisieran, podrían cortarle el cuello. Y simplemente, ¡no le importaba! ¿Cómo podría reaccionar diferente a lo que aquel bonito y atrayente mago negro le decía? Si acaso, aquello solo le hacía desearle más.

¡HAHAHA! Vaya, ¿te has enfadado? Pobrecito. ¿Significa eso que vas a venir a por mí? ¿Vas a jugar conmigo por fin…? —Aquello último acabo disminuyendo en intensidad en su voz, y acabó como un susurro grave y que se arrastraba por su garganta, dejando una vibración atrayente en la dejadez del sonido que inundaba el lugar.

Estaba viendo como el mago se estaba preparando. Ah, claro que se preparaba. Le había hecho enfadar, estaba claro que se armaría con los conjuros que supiese e intentaría atacarlo para enseñarle quien mandaba ahí. Pero la magia oscura tenía sus pegas; había que invocarla, dominarla, y costaba manejarla. Chezaek sabía eso y sus piernas eran lo suficientemente rápidas como para hacer que el pequeño y adorable mago se pasase toda la noche intentando acertarle de alguna manera u otra. Y eso le encantaba, ¡le extasiaba! Tenerlo solo para él, y acabando entre jadeos por el esfuerzo, casi al borde de la extenuación. Ah… ¿quizá podría hacerle algo más cuando llegase a ese sublime estado?

¿Es que te interesa saber si estoy libre? Podría decirte que sí, hacerme el interesante, y hacer que luches por mí. Podría decirte que no y dejarte con las ganas de tenerme. Mh, ¿qué hare? —Adoptó una pose que hasta parecía despreocupada ante la clase de ataque que pudiera estar pensando el otro. El taguel estaba demasiado confiado en sus propias habilidades, y quizá incluso hasta se las mostraría para que viese capaz de lo que podría hacerle si quisiera. Adoraba las demostraciones de fuerza y adoraba hacérselas a fuertes seres, que acabasen temblando bajo su cuerpo.

Pero de un momento a otro, el mago pareció dejar de estar tan enfadado y pasó a mostrarse incluso confiado y divertido. Chezaek captó eso en seguida, sintiendo que la resolución de sus pasos y como se movía su magia había cambiado. Entonces fue cuando se mantuvo quieto donde estaba, pero por poco tiempo. De hecho, ya había echado mano a la piedra que guardaba en uno de los bolsillos traseros; la beaststone que guardaba su magia y con la que le era posible transformarse en su verdadera forma de animal. Esta ya empezaba a brillar, como si estuviera transmitiendo la energía hacia el cuerpo de su usuario, y mientras el taguel seguía manteniendo una sonrisa altanera en su rostro, por dentro pensaba que aquello haría que pudiera reaccionar más rápidamente de lo que haría su forma humana, la que tenía adoptada ahora mismo.

Y sin embargo, todo fue tan mal que Chezaek no recuerda bien que fue realmente lo que ocurrió allí, tanto fuera como dentro de él.

Guh… —Se quejó levemente. Aquel fue un quejido no tan extraño, pero lo que estaba empezando a experimentar le parecía… raro. Su cuerpo se había congelado. Notaba sus piernas agarrotadas y temblorosas y todo porque se había quedado mirando directamente a los ojos al mago. De repente, todas las voces de su cabeza empezaron a gritarle al unísono, como si lo hicieran directamente a sus oídos e intentasen escaparse de su cabeza intentando partirla en dos, y salir físicamente de ella. Tan oprimidos, tan deseosos de hacer que le escuchasen. — ¡GHHH! —El taguel experimentó una sacudida por todo su cuerpo, producto del humo negro que le había alcanzado, la magia oscura, y encogiéndose de un momento a otro cayó al suelo, apoyando sus manos y sus rodillas sobre este. Las ligeras convulsiones empezaron a hacer mella en él y entonces se dio cuenta de que había empezado a quejarse más alto, más notable.

No, no, no… Había algo que estaba yendo mal, terriblemente mal. Su cuerpo se lo estaba diciendo, le estaba comunicando que había algo que no tenía que ser así. Simplemente NO. La piedra seguía brillando a su espalda, pero cuando debería cada vez cobrar más intensidad y cubrir al taguel de esa aura violácea que le permitía cambiar de cuerpo, estaba empezando a parpadear, inquieta e inestable, como si estuviese llegando definitivamente al cuerpo de su usuario pero no de la forma que debería. No de lo que estaba… biológicamente aceptado. Y todo era por el terror que el mago, con su magia oscura, le estaba enfundando a la fuerza, haciéndolo tomar como propio, engullendo ese miedo y transformándolo en uno suyo, uno que utilizaba su ser para no dejar que la energía que le permitía transformarse funcionase como debía de funcionar. No, no… Estaba empezando a tener miedo, estaba empezando a experimentar un auténtico terror. Y no solo psicológico, que era lo peor, también estaba empezando a ser presente en su propio cuerpo.

Su respiración ya estaba acelerada, sus pupilas dilatadas al máximo, estaba sudando y con palpitaciones que se acercaban peligrosamente a las taquicardias. Y entonces empezó. Su mirada asustada pasó a contemplar una de sus manos. Sentía en esta un dolor punzante y abrasador, y en cuando quiso moverla, sintió como los huesos de su brazo comenzaron a astillarse, lo sentía, y a emitir los sonidos propios de cómo sonaba cuando se partía. Literalmente. Estaba sintiendo como los huesos de todo su brazo y mano estaban empezando a partirse, poco a poco, por miles de sitios diferentes, cada cual con más intensidad. — ¡¡AAAHHG…!! —Gritó de puro dolor, como si estuvieran picándole la mano con un martillo, hasta que esta, poco a poco, empezó a cambiar ligeramente de forma. En ella desaparecieron las uñas y se transformaron en puntiagudas garras más similares a una bestia que un humano, abriéndose paso por la carne y desgarrándola poco a poco. Dolía, era un dolor que de entrada no le agradaba en absoluto, pero dejaba salir todo lo que sentía en forma de gritos que le raspaban la garganta y de convulsiones violentas de su cuerpo. Chezaek tenía la mirada aturdida, confusa y con miedo, pero fue capaz de mirarse la mano y reconocer, o intentarlo, lo que le estaba pasando. — ¿Q-qué d-diantres… me has…? —Ni siquiera fue capaz de seguir su frase, porque entonces las voces en su cabeza volvieron a gritar con el tono más alto que tenían y le volvieron literalmente loco, provocando que él gritase con ellas al unísono. A continuación, sin darle descanso, ni siquiera a tomar las sienes de su cabeza con la esperanza de poder aliviarla un poco o simplemente arrancársela para acabar con su sufrimiento, un dolor desquiciante en la zona del abdomen y vientre le hizo doblarse con un nuevo alarido y cogérselo como pudo. No fue suficiente, claro, la sensación de sus entrañas removiéndose y recolocándose en otras posiciones, estirándose, aplastándose, incluso enredándose entre ellas, hizo que el taguel vomitase inmediatamente, tosiendo, intentando respirar entre bilis y comida digerida, ahogándose casi en el proceso.

Todo aquello estaba siendo infernal. Había segundos que no tenía la capacidad ni siquiera de gritar de dolor, y mucho menos si quisiera hablar. Pero pareció que intentar respirar mientras estaba doblado en el suelo sobre su propio vómito tuvo el efecto de que su cabeza se quedase en un silencio absoluto y de que recuperase un poco la noción de donde estaba y de qué diablos le estaba ocurriendo. Tembloroso, como un cachorro recién nacido, el taguel intentó incorporarse como puso, más sus piernas parecían gelatina y no hueso y músculo. Sus brazos habían comenzado a cambiar, brotando pelo de donde no lo había y cuando llevó las manos de bestia y con garras a su estómago, lo que descubrió al alzar la camiseta ceñida que llevaba al cuerpo es que su piel estaba moviéndose sola, como si tuviera una criatura vagase por su interior. Chezaek se asustó más de lo que nunca imaginó y se arrancó la prenda como si fuese papel, con tanto temor y odio a partes iguales, que lo que parecía que lo siguiente de lo que fuera a deshacerse sería su piel. No llegó a ello, para su desgracia, pues el mismo pelo de color azabache de sus brazos comenzó a brotar de su cuerpo, y lo hizo tan tortuosamente lento que Chezaek sentía como los poros de estos se desgarraban para dar paso a su nuevo pelaje. Y por Grima, como dolía sentir todo tan lento y abrasante, le estaba quemando por completo y su mente estaba experimentando el peor periodo psicótico desde que su madre estaba con vida. El cuerpo comenzó a convulsionarle de nuevo, e intentó agarrárselo de alguna forma, hacer que no se moviese, que sus huesos no se partiesen de nuevo y no cambiase, pero fue en vano. Demasiados cracks y clicks. Astillas que se clavaban en su carne desde dentro, y luego se movían para formar otro nuevo. El pecho se le ensanchó de repente, arqueándose hacia delante y haciendo una curva pronunciada con un sonido asqueroso, acompañado de un nuevo grito. Y entonces cayó, otra vez. Cuando estaba a cuatro patas, su espalda pareció crecer también y su espina dorsal pareció curvarse hacia arriba como si las vértebras se le desencajasen y volviesen, otra vez, a encontrar un sitio mejor en su nueva forma, más pronunciada en su espalda, viéndose en el proceso como unos bultos sobresalían de la piel entre sonidos de chasquidos, y la piel se volvía pelo, como en el resto del cuerpo. Nuevos aullidos de dolor, la saliva se le escapa de los labios, y en algún momento se había hecho más grande la herida de los labios, porque sus dientes estaban tintados de sangre y el líquido rojo goteaba junto al exceso de fluido. Chezaek pareció tomar fuerzas de la pura rabia que le producía el dolor y se levantó sobre sus rodillas, observando lo que era ahora sus manos y brazos; una mezcla grotesca entre humana y animal, haciéndole gritar. Su mente estaba empezando a perderse. — ¡¡AAAAAAHHHH!! —Tensó los dedos y cuando la fuerza se desvaneció de su torso por unos segundos, acabó clavando las garras en las baldosas del suelo del templo. Comenzó entonces a golpear repetidamente un punto fijo de estas con su puño, transmitiendo toda esa retorcida furia que se estaba agolpando dentro de él, lo que acabó rompiendo el punto justo donde golpeaba, arañando con la otra justo donde posaba. Marcas que aterrorizaban de solo mirarlas, producto de la desesperación de la criatura.

Y entonces, una extraña lástima se apoderó de él y comenzó a arrastrarse lentamente hacia el mago, con un rostro que estaba empezando a ser medio animal, medio humano, y unos ojos desorbitados que ya no sabían distinguir de quien le había producido eso de quien podría salvarle de su sufrimiento. Pero no encontró ni una cosa ni la otra, frente al mago oscuro. Encontró una figura femenina de antaño, que era a partes iguales la que le torturaba y la que le salvaba. — M-mamá… N-no más… P-por… favor… —Quiso llorar, quiso saber si lo estaba haciendo, aunque ya ni siquiera sabía si era capaz de ello, mientras gateaba patéticamente hasta la figura, alargando un brazo tembloroso, donde podía apreciarse como se había partido las garras y sangraban. Pero, en realidad, ¿él buscaba salvación? ¿Realmente quería deshacerse de esas sensaciones que tan vivo como muerto le hacían sentir? ¿Había encontrado lo que tanto anhelaba? ¿Un dolor que le hiciera gritar y llorar y reír al mismo tiempo? …Chezaek rió. Había gritado, había llorado, y ahora había comenzado a reír poco a poco, hasta que la risa se volvió más alta e histérica, desencajada y enferma, tras haberse levantado de nuevo sobre sus dos patas y se sostenía con su propia fuerza.

Chezaek se había convertido, con una transformación fallida, corrupta por la magia oscura, en una bestia que no tenía raciocinio alguno. Cubierto de pelaje oscuro, largas orejas, miembros más largos y diferentes, un rostro horrible…  Era lo que nunca un laguz desearía. Algo anormalmente grotesco, que la naturaleza no quería.

Su cuerpo cayó ligeramente hacia delante, con la espalda curvada y pareció perder fuerzas de un momento a otro, dejando sus brazo casi como pesos muertos. Pero no era así, en absoluto. Su cabeza había hecho un ligero click, y aunque en ella siguieran susurrando extrañas voces que ya no identificaba, no les hacía ningún caso. La sonrisa que tenía en rostro extraño y la mirada rojiza brillante, se paseaban a conjunto por su nueva forma, ahora en completo silencio. Y poco a poco, fue alzando la mirada, divertidamente psicótica y mojada por las lágrimas anteriores, directamente al mago oscuro enfrente suya.

—No mencionó nada, pero, sin perder de vista sus ojos casi ocultos entre el flequillo tupido del mago oscuro, hizo crujir la unión de su cabeza con sus clavículas a ambos lados, primero subiendo un hombro y luego otro, como si se recolocase enteramente la estructura que no había quedado bien acoplada. Antes lo que le había hecho gritar desgarrado de dolor, ahora no producía ni siquiera una molestia en él, a juzgar por su expresión. A ello le siguió ambos a la vez, haciendo fuertes chasquidos mientras seguía lentamente el movimiento en círculos, y entonces inspiró largamente, como si se hubiera descargado en su totalidad.

Ahí fue cuando el mago oscuro creó un monstruo casi sin pretenderlo. La bestia cargó con aura asesina a su creador.
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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Pelleas el Miér Jul 20, 2016 8:51 pm

Quizás sí estaba jugando, después de todo. No pretendía hacer nada de acuerdo a las intenciones del taguel, mas la forma en que hablaba le daba a entender que no percibía las cosas del mismo modo en que hacía él; a sus ojos, en sus retorcidos conceptos, intentar atacarlo de ese modo bien podría contar como jugar con él. Quizás y hasta estuviesen bailando, festejando como antes había dicho. Y si así quería verlo el animal, suponía que no cambiaba las cosas para él. No lo desmentiría, pues inclusive podía ser de su convenciencia.

Había llegado a la conclusión de que ese subhumano no estaba tan mal. Al contrario, en ciertos modos era perfecto: había servido o algo similar bajo magos oscuros antes, estaba acostumbrado a esa clase de magia y estaba dispuesto a jugar con ella. En cuanto a un blanco contra el que pudiese practicar y entrenar, era idóneo. Y además de todo, era un subhumano, por lo que el príncipe no habría de sentir culpa ni preocuparse en demasía por el dolor o cualquier daño incurrido en el proceso. La idea no se presentó por completo sino hasta que el taguel mencionó la palabra correcta, "tenerme", y fue entonces que Pelleas cayó en cuenta de ello con toda claridad. Era perfecto y si lo tenía consigo, podía continuar usándolo. Si fuese suyo, si fuese su propiedad, inclusive se molestaría en mantenerlo sano. Su odio hacia las razas subhumanas menguaba si les veía en la posición que parecía correcta, hasta creía, ilusamente, que hallaría cómodo tal arreglo. Miró con otros ojos al despreocupado animal, ensombrecido a excepción de la amplia sonrisa que tanto resaltaba, y al fin se decidió. - Hmm... serías útil de tener, si lo pienso de ese modo. Sí, podría tenerte conmigo, creo. -

Y ya veía su sutil maldición hacer efecto, dejando quieto al subhumano en su lugar. Exhaló con mayor calma al confiar en que las cosas funcionaban como debían, acercándose para cerrar aún más la distancia entre ellos. Bajo sus pies y alrededor de él, el humo residual de la magia se movía a su paso, siguiéndole y permaneciendo a su alrededor, presente inclusive en la mano que estiraba para terminar por posarla sobre una de las orejas ajenas, apenas rozando el pelaje más corto. De inmediato el animal salió de su alcance, no porque se apartase a consciencia sino porque caía, desplomándose en manos y rodillas al suelo. Se quejaba como si sufriese, aunque no se suponía que fuera así, el hechizo sólo debía de causar temor. Tras él, algo emitía un leve e inestable brillo. Pelleas frunció el ceño y lo observó desde su posición superior, nada dispuesto a agacharse al nivel del animal para ayudarle.

Un crujido resonó en el quieto y frío aire nocturno. Primero uno, luega una pruralidad de ellos; la desmedida agitación del taguel cobraba otro sentido, más allá del terror que Pelleas había colado en su mente, al exhibirse con tal claridad el suplicio por el que pasaba. Si acaso estaba haciendo un esfuerzo por transformarse, o si al contrario, estuviese intentando impedir lo que su instinto pretendía, el hombre de cabello azulado lo desconocía. No obstante, el resultado se desplegaba frente a sus ojos abiertos de par en par, en una cacofonía de crujidos y gritos desesperados. La criatura se dejaba caer, se doblaba y torcía contra la transformación de su cuerpo. El contrariado instinto no le permitió al mago apartar la vista de la desagradable escena más pronto, probando su fuerza de voluntad a la hora de evitarse verlo. Algo había de triunfal en que se hundiese de ese modo bajo el terror infundado.

Aún así, su voluntad flaqueó a medida que la desesperación del taguel crecía, librándose de su ropa como si aquello pudiese ayudarle a sobrellevar la tensión, las torceduras y los forzosos cambios. Cuando fue su caja torácica y su espalda las que cedieron, tomando la forma del lomo y encorvándolo, Pelleas bajó la vista de súbito al suelo, retrocediendo y alejándose un par de pasos del animal, el premio que casi había llegado a reclamar. No logró continuar ya con el hechizo, tampoco seguir mirando, la curiosidad sólo llevaba hasta ese punto. Tragó saliva, tomó un profundo aliento. No sabía qué sucedería con el animal, pero las manos desesperadas que estiraba hacia él le alcanzaron, garras enganchando fácimente la tela y halando un poco. Fue aquello lo que le hizo reaccionar y le convenció de moverse, arrancando la ropa de la garra ajena antes de que pudiese sujetarle más y volviendo a tomar distancia.

Todo había parado ya. No concebía modo en que lo que estaba frente a él, sin que se atreviese demasido a mirarlo, afortunadamente oculto en la oscuridad, fuese la transformación que se esperaba de un taguel. No era una bestia aún, pero estaba seguro de que estaba cerca de serlo. Algo allí había salido horriblemente mal. Notando en sus manos un temblor insistente, severo, Pelleas apretó los párpados cerrados un momento, respirando rápido y buscando detenerlas a voluntad, aferrando los dedos al libro de magia. Sólo unos intantes y ya estaría de regreso en control de sí. Jamás había cesado de oír los crujidos, pero las pisadas fueron de inmediato causa de alerta, forzándole a abrir los ojos aún antes. - Q-Qué ha sucedido-- - Un golpe le robó aire, quitando las palabras de su boca.

Más alta y más pesada de lo que había sido antes, la criatura azotó contra él y le envió de inmediato al suelo. El golpe no era medido, la fuerza fue demasiada y no hubo modo en que lograse mantenerse firme en su contra, apenas atinar a mantener el libro contra sí y evitarse perderlo. Sin magia, estaría indefenso. La bestia que no había deseado siquiera ver de frente, era ahora la que se hallaba directamente sobre él, lo suficiente como para oír con claridad el ritmo de su respiración y percibir cada detalle de su rostro. Con la mirada aterrada puesta sobre el mismo, con la proximidad de esas fauces a él, Pelleas supo de inmediato que conjurar sería inútil, demasiado lento. La desesperación le mantuvo la respiración agitada y le impulsó a moverse rápido, a llevar las manos al rostro del laguz fuera de razón, intentar sujetarlo por la mandíbula y a la vez poniendo el libro por delante, pues si intentaba morder, lo único que acudía a su mente era encajarle el tomo entre los dientes. - ¡¿Q-Qué te sucede?! ¡Responde! - Gritó con la voz tomada por un grueso nudo en la garganta, intentando sonsacar de la criatura palabras, la incoherencia de antes, una muestra de que aún estaba en su extraño y juguetón humor.
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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Mar Jul 26, 2016 9:05 pm

En esos momentos, la mente del taguel ya no podía pensar en nada que fuera lógico. De hecho, no parecía que siquiera existiera una mente dentro de lo que era en esos instantes. Ni siquiera quedaba en el las palabras que el mago oscuro había dicho con anterioridad. “Podría utilizarte. Podrías serme útil” Por desgracia, Chezaek ya había sido utilizado y grotescamente mancillado por el susodicho mago, fruto de la maldición que le había puesto encima. Esta había irrumpido en su sistema y había provocado que su cuerpo sintiera tal miedo y inexplicable terror, que había rechazado totalmente el poder que la piedra le concedía, obligándolo a cambiar forzosamente, provocándole un eterno dolor que le había hecho querer destrozarse a sí mismo, si no lo estaba haciendo ya. Huesos rompiéndose y volviéndose a unir, sus entrañas estirándose, el estomago aplastándose… Su forma no se parecía realmente a nada animal, y su forma de comportarse tampoco.

Se movía de una forma dolorosa, viciosa y extraña, una que provocaría rechazo en todo en que la viera. Y su figura tampoco había mejorado; largas patas desproporcionadas con las otras, su cuerpo alargado y curvado, un rostro que parecía más el de una bestia que otra cosa. Era simplemente horroroso, algo que no debería existir. Y sin embargo ahí estaba, algo que el mago negro había creado involuntariamente.

Estando totalmente en blanco dentro de sí, como si fuera una carcasa sin sentimientos ni voluntad propia (tal y como recordaba a esa clase de monstruos a los que se les había llamado emergidos), Chezaek cargó contra el mago oscuro produciendo una serie de ruidos guturales demasiado enfermizos y graves, mientras enseñaba unos dientes afilados y asimétricos, que pretendían alcanzar y hundir directamente en el rostro y cuello contrarios. ¿Su intención? La destrucción absoluta. Arrancarle la piel, los músculos e incluso los huesos se hacía falta a mordiscos. Violencia visceral en estado puro. No era siquiera capaz de hablar y eso ya indicaba mucho de cómo era su nueva naturaleza en ese estado, si es que era capaz de tener una propia y no verse invadido de lo retorcida que era la magia oscura que invocaban esos magos.

Sin embargo, los dientes de la bestia no impactaron en su objetivo, sino que chocaron con un grueso tomo de magia, en el cual empezó a desgarrar la piel de sus tapas, destrozándolo a cada mordisco que producía, cada dentellada que soltaba y que no podía llegar más allá de ser arrastrada por el material rugoso que empezaba a caer a tiras. Parecía un animal rabioso y lleno de ira, excepto que su forma de proceder venía simplemente de la locura extrema inducida por el otro. No era capaz de contestar nada porque tampoco era capaz de entender las palabras ajenas. Y si las entendiese solo se reiría alto, fuerte e irónico. Lo tenía contra el suelo, jadeando y sudando, con una expresión de miedo inaudito en el rostro, tal y como Chezaek se había imaginado minutos antes. Pero no era algo de lo que él pudiera darse cuenta, porque simplemente no sentía nada en ese estado.

Entonces notó como una mano le agarraba la parte superior de la mandíbula y la otra presionaba la inferior con el libro hacia abajo. De esa forma la criatura se mantenía con la boca abierta sin ser capaz de lanzar dentelladas, aunque aún así la fuerza de su cuerpo lo impulsaba aún hacia delante en ciertas ocasiones, temblando por el esfuerzo que ambos producían al chocar. Sus garras empezaban a arañar el suelo profundamente, provocando que sonaran chirridos y se mezclaran con los gruñidos guturales que producía. Aunque en realidad, no fue lo único que arañaron. Una de sus manos que más parecían una zarpa, aplastó casi con brutalidad el pecho contrario, intento que no se moviese tanto y poder conseguir alcanzar su cuello (o al menos cerrar sus fauces para conseguir herirle), y arrastró tan fuerte las garras que estas desgarraron ropaje y piel contraria, hundiendo violentamente las uñas afiladas en su carne.

Si no podía destrozarle el cuello, entonces lo haría con su pecho. La única forma de salir con vida para el mago sería la inteligencia sobre la fuerza bruta.
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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Pelleas el Sáb Ago 13, 2016 4:12 pm

No iba a resistir para siempre en la posición en que estaba, lo sabía. Los brazos ya le ardían con el esfuerzo de mantenerse como estaba, empujando contra la desmedida fuerza del taguel negro, impensable que pudiese empujarlo o detenerlo propiamente. El libro con el que había atascado su mordida tampoco duraría mucho, al paso en que la bestia desgarraba la tapa y hacía que todo el lomo se desprendiese, soltando las páginas de sus lugares. Con un inarticulado gimoteo Pelleas cerró sus ojos otra vez, no era bueno pensando bajo presión, no respondía bien a las situaciones desesperadas y no encontraba salida rápida. Debía hacer algo, debía pensar en algo ya, antes de que la escasa separación entre él y la bestia se rompiese, pero nada llegaba a él.

Con los ojos aún cerrados, echó a conjurar a tientas. No creía poder mover a la criatura con magia, no en el estado en que estaban ambos de ellos, ni creía lograr llevarle hasta la inconsciencia tan rápido como lo necesitaría, pero conseguiría darse unos segundos de tiempo extra. En ese instante, valdrían mucho. No necesitaba ver las páginas para recitarse a ciegas los conjuros que de antemano conocía, tan sólo mantener las manos sobre el libro para que las sombras se las envolviesen, buscando ansiosamente a su enemigo. El golpe de una pesada pata sobre su pecho le cortó el aire y detuvo sus palabras, haciendo flaquear la energía que acumulaba; la negrura perdió rumbo y potencia, y sin embargo, más desesperado que nunca, Pelleas intentó persistir. Una de sus manos permaneció sobre el tomo y la otra se sujetó de donde pudiese, de lleno contra el rostro del taguel, intentando meter el humo negro por su boca o por donde fuese que hallase acceso. Sin voz, sin aire, no podía hacer más que jadear para mantenerse respirando, ni hablar de gastar aliento en seguir el hechizo o fortalecerlo.

Pero la zarpa en su pecho no permaneció quieta. Doblando los dedos, las garras se arrastraron contra su pecho, desgarrando una capa y otra de ropa con inusitada facilidad, alcanzando su piel. El filo se hundió por igual contra la suavidad de la piel sana y las cicatrices un tanto más difíciles de perforar, creando nuevos surcos que sangraron y ardieron al instante. El hombre de cabello ondulado se arqueó y retorció sobre el suelo, emitiendo un quejido arrastrado y profundo. Sus propios dedos se tensaron sobre el rostro ajeno a causa del dolor, las garras que pasaban una y otra vez sobre la piel, maltratando las mismas heridas y esparciendo un sufrimiento insoportable que le tensaba desde la mandíbula hasta los pies. Cualquier pausa de un instante le daba la oportunidad de tomar aire, agitado y rápido, antes de volver a arquearse de dolor. Para sus adentros maldijo una y otra vez el animal que todavía intentaba morderlo, mas no había modo en que pudise amedrentarlo otra vez; no con temor, al menos. No con esa maldición. Con él mismo tan inquieto era incapaz de ejecutarla, y dudaba que el taguel fuese a ser afectado ya. No obstante, su acelerada e intranquila mente se aferró a lo primero que pudo, se enfocó en el dolor que estaba sintiendo y vio en este una culminación, quizás no una salida, pero al menos sí una pequeña venganza que soltar sobre la bestia. Reciprocidad, y que el resto resultara como pudiese resultar, porque no tenía nada más qué intentar ahora.

Sería un intento desesperado, pero sería algo. El sudor frío corría libremente por el filo de su mandíbula y su cuello, que se tensó un poco al tragar saliva pesadamente. Acorralado de ese modo, sólo había una maldición que el príncipe podía utilizar; y era un descubrimiento reciente, nada pulido a un punto de perfecto control, pero era lo que tenía. Invocaría venganza sobre el animal y por un momento, sus heridas y su dolor serían de ambos. Con la mirada ya ensombrecida bajo su desordenado cabello por el agotamiento, la pérdida de sangre y la falta de aliento, Pelleas miró a la bestia a los ojos perdidos, convenciéndose a sí mismo de quitar el libro con que lo estaba sujetando. Soltó el tomo, aunque sus manos se quedaron enseguida en los costados del rostro ajeno, asegurándose de sujetar mientras le maldecía en silencio, vinculándose con su atacante.

- G-Grima, haz esto funcionar... - Murmuró. Para que el intento sirviese de algo, debía dejarse lastimar más y peor; y rogar que no llegase a tanto como para ser letal. Confiaba en su resistencia al dolor, tan probada en los últimos años y meses, pero no en lo que la bestia hiciese. Seguía siendo tan sólo un humano, mortal y frágil como cualquier otro. No obstante, no tenía otras opciones. Tomó aliento y poco a poco se echó hacia atrás, recostando su cuerpo por completo en el suelo, bajo las garras y la figura encorvada sobre él. - Haz lo peor que puedas. - Musitó al soltarle por completo, dejando sus brazos caer quietos a sus costados, cual perfecta víctima. Se obligó a no apartar la vista, aunque por instinto ladeó la cabeza un tanto. El primer ataque sería el peor, para ambos de ellos.
Afiliación :
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Dark Sage

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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

Mensaje por Eliwood el Jue Dic 22, 2016 10:39 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Pelleas ha gastado un uso de su tomo de Ruina.

Pelleas obtiene +2 EXP.
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Re: Una especie de juego [Privado; Chezaek // Entrenamiento]

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