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Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

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Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Gaius el Lun Abr 11, 2016 11:42 pm

La noche estaba oscura y fresca. Todavía no era esa época del año en Ylisse donde se debía salir con gruesos abrigos de piel, pero si era una noche que pedía una comida caliente y la compañía de un fuego, y que mejor lugar para obtener ambas cosas que una taberna!
“Los caprichos de mi mujer” Así se llamaba esa extraña taberna de la capital Ylissiana, la cual tenía un extraño sentido de la decoración en su interior. Por lo general las tabernas se decoraban según el gusto primordial de su dueño. Algunas con grandes trofeos de casería, otras con colecciones de banderas o estandartes locales. Las había con más historias, como la que había visitado en Begnion que pertenecía a un viejo marinero que había colgado todos sus viejos arpones y banderas de altamar. O una más extraña en Daein, donde las paredes estaban tapizadas de cascos de los muchos enemigos que había derrotado el tabernero en sus años como soldado.
Pero esta… esta era un poema por sí misma. En las paredes había de todo, desde estandartes de reinos lejanos, redes de pesca, cuadros de elegantes y afeminados caballeros, e incluso sobre algunas mesas había pequeños cuencos de metal con alguna que otra flor marchita en él. Si bien algunas mesas tenían mantel, no todos los manteles eran iguales, y parecía como que hubieran puesto a secar las sabanas de la cama más que una mesa servida. El lugar era un desastre, por lo que Gaius ahora comprendía el chiste dentro del nombre.

Sentándose en un taburete junto a la barra, el bandido pidió una jarra de hidromiel y un plato de qlo que estuvieran sirviendo esa noche. Mientras esperaba a que su comida llegara, se sentó a disfrutar del bullicio y movimiento típico de estos establecimientos. El  lugar todavía no estaba llenó, pero la noche era joven.
Suspiro, hacía mucho que no tenía una noche para relajarse, escuchar historias y beber hasta perderse.


Última edición por Gaius el Jue Mayo 19, 2016 10:54 pm, editado 1 vez
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Virion el Jue Abr 14, 2016 10:47 pm

Hoy la noche era oscura y fresca, pero no gélida y el tiempo estaba despejado ¡Una noche estupenda para practicar el deporte favorito de Virion! Muchas son las aficiones del arquero de arqueros, entre están la lectura, los juegos de estrategia, el tiro con arco (obvio),… pero hay una que sobresale por encima de las demás y que siempre suele tener prioridad para el exduque de Rosanne: ligar con chicas. Y esa noche, prometía ser perfecta para ligar con chicas.

No era la primera vez que lo hacía. Era habitual en él salir por la calle de noche, metiéndose en tabernas y locales de diversa índole y condición, con el fin de conocer y conquistar a hermosas damas que pudiesen estar reunidas. A Virion no le importaba el tipo de antro o local en donde las encontrase, ni hacía distingos en la clase social o renta que tuviese la mujer a la que pretendía enamorar. Para Virion, todas eran merecedoras de su amor. Por desgracia para él, las chicas a las que se dirigía cada una de esas noches no pensaban lo mismo del arquero, por lo que nunca o casi nunca alcanzaba Virion su ansiado sueño de lograr que al menos una mujer acabase sucumbiendo ante su arrebatadora belleza.

Pero a pesar de la cantidad ingente y cuasi infinita de fracasos acumulados, Virion no desistía y seguía saliendo en búsqueda de doncellas, sin dejar de perseverar ni un instante. El arquero era de los que no permitían que el desánimo le hiciese desistir, a pesar de la cantidad de calabazas recibidas, y cada noche que podía, salía para volverlo a intentar, sin temor a un nuevo fracaso. Y algo le decía que esa noche iba a ser especial. Lo notaba en el aire, en la luz de las estrellas, en lo cachondo que se encontraba ¡Hoy tenía que ligar sí o sí! Estaba más que dispuesto a ello. Para ello se había arreglado, peinado, lavado, vestido apropiadamente y acicalado como un verdadero caballero debía hacer para satisfacer los gustos de cualquier dama.

Ylisstol es una ciudad bastante grande, y aunque Virion llevaba ya un tiempo en ella, todavía había parte que no conocía. Partes inexploradas, con posibles mujeres lujuriosas deseosas de lanzarse hacia el primer arquero apuesto y seductor que se cruzase con ellas. Siempre se puede soñar. Su continua búsqueda le acabó conduciendo hasta un local que se hacía llamar “Los caprichos de mi mujer”. Ese nombre dio buenas vibraciones a Virion, y tras ojear por un momento el ambiente y ver que el local no parecía estar demasiado lleno (y por tanto, no era nada agobiante), decidió entrar para probar suerte.

Lo que le llamó más la atención a Virion nada más entrar fue la decoración misma de aquel lugar. Había de todo, de todo tipo y colgado de todos los lugares. Había estandartes de distintos reinos, redes de pesca, dianas para jugar a los dardos ¿Y ese era un retrato del príncipe Chrom semidesnudo? El arquero sacudió su cabeza para quitarse la imagen de su memoria y lanzó una rápida mirada al local, en búsqueda de alguna doncella a la que abordar. Por desgracia, todavía no había ninguna que llamase su interés, por lo que decidió acercarse a la barra a tomar algo y esperar. No había prisa, la noche es joven.

Virion se sentó al lado de un tipo curioso, pelirrojo y con un parche en el ojo. Mas su atención se centró en el tabernero que atendía en el servicio. Un hombre gordo, de unos cuarenta años y de aspecto afable. Por desgracia, no era una mujer.

-¡Greetings, amable tabernero! Un placer y un honor entrar dentro de vuestro acogedor y soberbio establecimiento. Mi nombre es Virion, arquero de arqueros, poeta y genio y os estaría sumamente agradeció y complacido si me sirvierais un poco de vuestro mejor vino.

El tabernero parecía sorprendido ante el saludo de Virion, pero se limitó a gritar un “¡Marchando!” sonriente y fue a cumplir con su cometido. Parecía ser un buen hombre, o al menos Virion lo percibió en ese momento. Se limitó a esperar la bebida, y al mismo tiempo, esperar a ver si alguna bella mujer hacía acto de presencia y se convertía esa noche en una verdaderamente memorable.
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Invitado el Vie Abr 15, 2016 12:04 am

¿Qué hacía allí?

No, en serio. ¿Qué hacía allí?

Lon’qu se repetía aquello prácticamente a cada paso que había dado por las frescas (y un tanto abarrotadas para la hora que era) calles de Ylisstol. Durante el día la verdad es que no había tenido la oportunidad de recorrerlas ya que el turismo no era el motivo de su visita, pero si así era como estaban de noche las áreas cercanas a las tabernas… no quería ni pensar en cómo estarían durante el día. Seguramente sería agobiante recorrer dichas calles.

Pero se estaba desviando del tema. Si el motivo de su visita no era el turismo, ni mucho menos socializar con los habitantes de aquella ciudad, ¿cómo es que ahora estaba sentado en la barra de aquella taberna de nombre cuestionable? ¡Pero si a él ni siquiera le gustaba beber, por los dioses!

En realidad la respuesta a aquella pregunta era bastante simple: al Khan le había parecido que Lon’qu estaba aburrido y tenía hacer algo para divertirse. Y, aparentemente, aquel algo que Lon’qu necesitaba había resultado ser ir a tomar unas jarras de cerveza, hidromiel o de lo que se prestase a una taberna. Adiós a su plan de pasar la noche limpiando y abrillantando su equipo. Respetaba muchísimo a su Khan, de verdad. Estaba dispuesto a cumplir cualquier orden (la prueba de aquello era más que evidente teniendo en cuenta donde estaba) pero ganas de haberse negado en rotundo no le habían faltado.

Había estado incómodo desde el momento en el que había puesto un pie en el establecimiento; si bien detrás de la barra había un hombre al que le podría venir bien el comer sano y dejar la cerveza una temporada, en todas las mesas que estaban ocupadas había mujeres, algunas acompañadas, otras solas. Además, también había varias de ellas pululando entre las mesas y la barra.

Todos los clientes de la taberna sin excepción tenían delante una buena jarra de bebida que era más grande que sus cabezas y sus manos juntas, y más de uno estaba más que ebrio, diciendo tonterías o intentando piropear a alguna de las camareras que servían las mesas. Una escena un tanto desagradable, si le preguntaban su opinión. Pero bueno, a él ahora lo que le preocupaba era pasar desapercibido, sentado a una banqueta de distancia de un pelirrojo que tenía dulces en el cinto que cruzaba su pecho, donde la mayoría de guerreros solía llevar alguna que otra daga.

Todavía no había pedido nada de beber, ni pensaba hacerlo, la verdad, ya que dudaba que le sirvieran un vaso de agua si lo pedía. Solo tenía un plato con unos pedazos de queso y de pan, que era lo único que había llamado su atención. El plato de la noche no tenía muy buena pinta y no iba a arriesgarse a comerse… eso, lo que quiera que eso fuese.

Estaba a lo suyo masticando un bocado de queso cuando alguien se sentó en el taburete libre. Una mirada rápida le bastó para comprobar que no era una mujer, así que no le dio mucha importancia y volvió a su cena. Aunque no pudo evitar echarle una segunda mirada por el rabillo del ojo en cuanto el tipo abrió la boca. ¿De verdad hacía falta tanta parafernalia y tanta floritura para pedir una simple copa de vino? Con lo fácil (y rápido) que era decir ‘una copa de vino.’

Pero bueno, si aquel tipo era feliz así, bien por él. Lon’qu solo iba a terminarse lo que le quedaba en el plato, y volverse a la posada en la que se alojaba. El Khan nunca había dicho que tuviese que quedarse allí hasta bien entrada la madrugada ni que tuviese que beber, así que estando un ratito ahí, él ya había cumplido.
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Gaius el Vie Abr 15, 2016 3:47 am

Gaius había perdido la mirad con cierto cuadro del príncipe Chrom el cual se presentaba en particular poca ropa, haciendo que su sus ojos no se pudieran apartar del marco. No iba a mentir, había pasado mucho tiempo desde que hubiera disfrutado los placeres carnales, y la desesperación comenzaba a ser latente en su cien. Además. Su último encuentro con el príncipe de Norh solo había incrementado su frustración, r lo que ese cuadro de su majestad era lo más parecido a “ acción” que el ladrón había visto en mucho tiempo, no sabia si reír o llorar.
Ensimismado estaba en sus pensamientos cuando un extraño y ligeramente afeminado sujeto se sentó en la butaca de manera tal que le tapaba con sus largos y sedosos cabellos el cuadro de su majestad. Mal diciendo con los labios apretados, el ladrón se volvió hacia su plato de comida y su jarra de cerveza al verse privado de su bella vista. El cantinero, quien iba y venia de un lado a otro de la barra. Llegó con su cena  mas en lugar de dejarla lo miro fijamente escudriñándolo con los ojos,

-Ts! Será mejor que te completes, o vas a dejar agujeros en la pintura de mi esposa. Si eres de esos será mejor que vallas a comer a otro lado. No quiero que uno de los tuyos me haga perder un cliente. -


El bandido inmediatamente infló el pecho ofendido por el terriblemente grosero y  discriminador comentario del gordo tabernero, que aunque no estaba obrando fuera del marco de lo comprensible, ofendía igual a el bandido que se vio obligado a tomar una actitud desafiante para defender su honor.

-Mira gordo manteca! Si me he quedado mirando la  pared, es asunto mío! Que tu no puedas sacarle los ojos de encima al cuadro de “tu mujer” no es mi problema. Pst! Y tu hablas de generar problemas a tus clientes?-


Había dado su discurso en el mismo tono bajo pero firme que el cantinero, por lo que las mismas personas escucharían su brillante y ocurrente respuesta, por la cual el ladrón todavía se felicitaba. Ofendido el gordo bigotón se fue a atender al extraño peliazul, mientras el asiento que los separaba era ocupado por un extraño y callado sujeto, el cual tenia cara de querer salir corriendo.
Todavía perseguido por haber sido descubierto por el cantinero, el ladrón sentía la necesidad de proclamar su hombría a cualquier costo, y una joven mesera que pasaba caminando junto a la barra le dio la idea para terminar de matar a los fantasmas que pesaran sobre él y su imagen.
Esperó a que la muchacha pasara lo  suficientemente cerca de él y con un rápido manotazo, la atrapó de las caderas y tiro sobre él mientras terminaba de enroscarle los brazos alrededor del tronco, atrapando a la inocente  muchacha. Esta, en el tirón, había soltado las jarras que transportaba regando con ellas el piso y al callado recién llegado. Con sus débiles brazos la muchacha golpeaba en el pechodel bandido, mas no le hacia ni cosquillas. Este, con una malévola y libidinosa sonrisa en los labios interpretó de maravillas su papel.

-Vamos linda, deja de hacerte la difícil. Cuanto me saldrá la noche con una belleza salvaje como tu?-

Enrojecida de vergüenza como un tomate la muchacha respondía con alaridos.

-No soy de esas!! Suéltame pulpo de poca monta! O yo…-
-Ja! Soltarte? O que? Que harán esos delicados brazos de señorita?-
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Virion el Lun Abr 18, 2016 12:27 pm

Virion probó un poco del vino que el tabernero tan amable y diligentemente le había servido. Lo cató como un experto, primero oliéndolo y luego mojándose los labios para distinguir el aroma y sabor del mismo. No era mal vino, ninguna obra maestra ni delicia exquisita pero se podía beber con gusto, y sabiendo del tipo de local en el que se encontraba, ya con eso el arquero se encontraba más que satisfecho. Nada podía compararse a los vinos producidos en los viñedos de Rosanne, pero había que reconocer que los vinos de Ylisse no estaban nada mal.

-Perdone caballero ¿Sería tan amable vuestra siempre dispuesta y amigable merced de cederme un poco de queso con el que acompañar tan maravilloso vino que tan diligentemente me habéis servido?-solicitó Virion, de la misma forma de siempre, mientras depositaba en el mostrador un par de monedas de oro con el que pagaba tanto el queso como el vino servido.

El tabernero asintió con la cabeza y rápidamente fue a servirle a Virion un trozo de queso, de aspecto rancio, pero que Virion aceptó sin rechistar ya que al menos serviría para poder disfrutar del vino sin tener el estómago vacío. Aun así, antes de que pudiera probar nada del queso, Virion fue testigo de una no muy larga pero incómoda discusión entre el tabernero y el sujeto pelirrojo que se sentaba a su lado en la barra de la taberna.

El motivo de la discusión no podía ser más curioso. Por lo que el tabernero decía, algo cuasi imposible de no escuchar de lo alto que hablaba el tipo, el hombre pelirrojo se había pasado un buen rato contemplando el retrato semidesnudo del actual príncipe del Sacro Reino de Ylisse, y en consecuencia le acusaba de tener una serie de gustos harto cuestionables para la época que les ha tocado vivir.

Sin embargo, el hecho de que la posible orientación sexual del pelirrojo no fuera aceptable en la sociedad medieval en la que se encontraban, no impedía que Virion simpatizase con aquel pelirrojo ¡Cuántas veces había pasado Virion por una situación similar! No por su atracción por los hombres, sino por su atracción desmedida por las mujeres, la cual le había ganado el título de “pervertido mujeriego” en la mayoría de los locales en que había entrado. Aunque se le acusase de algo distinto que a ese hombre tuerto, sentía que ambos eran víctimas de una sociedad que no les comprendían. Además, cuantos más hombres como el pelirrojo, mejor, pues significaba menos competencia para el arquero.

-A mí me preocuparía mucho más el hecho de que mi mujer se dedicase a dibujar hombres semidesnudos. Es una clara señal de que alguien no está lo satisfecha que debería…-comentó Virion como si hablase para sí mismo, pero con el suficiente volumen para que todos los de la barra, incluido el tabernero, le escuchasen perfectamente.

La reacción del tabernero no se hizo esperar. Si antes había servido a Virion con alegría y buena disposición, ahora la mirada de odio que le dedicaba cortaba más que la espada del príncipe Chrom. Pero al exduque eso no podía importarle menos. Ya había pagado la bebida y la comida, y en Ylisse sobraban tabernas. Si le echaban de una más no era una gran tragedia.

¡Pero no era momento de discutir con el tabernero! Una atractiva mujer, camarera del local, estaba pasando cerca ¡Oh, Naga bendita! ¡Qué hermosa era! Aunque iba algo sucia, con un delantal manchado de cerveza y vino, la mujer de pelo moreno ondulado y curvas sugerentes desprendía una belleza natural cautivadora a ojos del arquero ¡Era el momento de actuar!

Por desgracia, el hombre pelirrojo se le adelantó, antes de que Virion pudiese hacer nada, agarrando a la mujer por sorpresa cuando llevaba para servir un par de jarras de cerveza. Dichas jarras de cerveza acabaron por empapar a un sujeto bastante callado y de corte extranjero que se había sentado al lado de ellos en la barra. El pelirrojo abrazaba e inmovilizaba a la mujer, que intentaba liberarse y resistirse con todas sus fuerzas, pero fracasando en el intento. Virion sabía de sobra, porque se notaba a kilómetros, que el hombre estaba fingiendo con el fin de ocultar sus verdaderas inclinaciones. Sin embargo, al ver a la pobre mujer se vio obligado a intervenir.

-Estimado señor, es comprensible la reacción de cualquiera ante tan hermosa y exuberante mujer, más como leal caballero que soy al servicio del amor, no puedo quedarme de brazos cruzados al ver como tratáis de manera tan baja a tan elevada encarnación de la belleza femenina.-dijo Virion al pelirrojo, con clara intención de que convencer al hombre para que soltase a la mujer (y poder intentarlo él con ella).-Tranquilizaos, mi dulce dama, anhelo de mis sueños y de mi ambición, pues Virion, héroe, poeta y vuestro mayor amante está aquí para socorreros de tan vil aprieto en que estáis atrapada.

La mujer escuchó atentamente las palabras de Virion, y mucha confianza no le debieron causar, pues enseguida centró su atención al otro hombre, el extranjero callado al que había bañado accidentalmente con cerveza.

-¡Por favor, tú pareces normal! ¡Sálvame de este par de pervertidos!-suplicó la mujer a ese hombre, mientras intentaba todavía zafarse de la prisión a la que el pelirrojo la tenía sometida.

-¿Me acusáis de pervertido, yo que acudo en vuestro auxilio? No sé como habéis llegado a tan errada conclusión, mas os demostraré que mis intenciones son puras y honestas para con vos.-Virion se sintió abofeteado por el hecho de que la mujer le metiese en el mismo grupo que en el del pervertido. Pero aun así, no iba a desistir a salvarla, ni tampoco a conquistar su corazón en consecuencia.
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Invitado el Vie Abr 22, 2016 1:10 am

Mientras se llevaba otro pedazo de queso acompañado por un bocado de pan a la boca había escuchado con todo lujo de detalles la conversación entre aquel pelirrojo tan raro y el tabernero, y no porque hubiese querido hacerlo, precisamente. Teniéndolos tan cerca…. Era imposible ignorarles por mucho que quisiera. El tema de la conversación la verdad es que tampoco le interesaba mucho. Sí, tener esos gustos era algo que estaba muy mal visto en cualquier reino. Pero eso era un tema que era asunto de cada cual así que, mientras a él le dejasen en paz, le daba lo mismo. Cada uno sabía que es lo que hacía con su vida y con quien  se relacionaba. Obviamente, las relaciones personales no eran lo primero en la lista de prioridades de Lon’qu.

Él siguió a lo suyo sin mirar ni al pelirrojo, ni al tabernero, ni al desconocido que hablaba con tanta floritura ni, por supuesto, al provocativo retrato del príncipe Chrom que había dado pie a toda aquella situación. Era un poco incómodo estar allí sentado en medio de tanto comentario envenenado y tanta mirada cargada de furia aderezada con cierta humillación, pero había sobrevivido a cosas peores. Además ya sólo le quedaban un par de pedazos de queso y media rebanada de pan, así que su sufrimiento no duraría mucho más.

Lo que no esperaba (pero que en el fondo tampoco le sorprendió) era que el hombre del parche intentase defenderse de las acusaciones de aquella forma tan patética y evidentemente forzada. No había que ser un lince para darse cuenta de que el pelirrojo no estaba interesado en la chica a la que había agarrado. Al igual que a él no le había importado la situación en sí hasta que, en consecuencia de dicho agarrón, él y lo poco que quedaba de su cena habían terminado bañados en cerveza.

Si Lon’qu hubiese sido uno de esos mentecatos brabucones de los que bebían hasta que no podían mantenerse derechos que solían frecuentar las tabernas, ya le habría soltado un buen puñetazo al pelirrojo para dejarle morado el ojo que conservaba. Pero por suerte para el desconocido, no era un borracho y además tenía mucho autocontrol. Solo esperaba que el desagradable olor de la cerveza no calase mucho en su ropa y ésta no oliese demasiado cuando terminase de escurrir la parte de atrás de su vestimenta. Ya era bastante haber tenido aquel olor amargo metido en la nariz desde que había entrado en la taberna como para encima tener que aguantarlo también hasta llegar a la posada en la que se hospedaba.

-… esto no es asunto mío.- Su tono de voz era un tanto menos firme que la apariencia que daba, pero lo suficientemente alto para que la camarera le escuchase por encima de las excusas que el hombre pomposo usaba para intentar defenderse de unas acusaciones que le parecían injustas.  –A mí no me metáis en esto.- Añadió  después de levantar la mirada de su echada a perder cena, fijándola en un punto entre el hombro del hombre pelirrojo y la mujer durante un segundo, desviándola de inmediato al pedazo de tela entre sus manos. Después de empaparle en cerveza, la mujer todavía pretendía que la ayudase. ¿Se podía tener más mala suerte? No era que tuviese nada en contra de ayudar a la gente, ni mucho menos pero… seguro que aquella mujer había salido de situaciones más incómodas. Aquello en las tabernas debía de ser el pan de cada día.

-¡Por favor!- dijo la camarera, su voz algo más aguda que en su anterior petición.

Podía notar como la mirada suplicante de la camarera se clavaba en él y aquello le estaba haciendo sentir más incómodo que toda la situación en sí. Prefería enfrentarse él solo a una de las numerosas hordas de emergidos que asolaban Akaneia que el tratar con una mujer. Ya no tenía la excusa de observar su ropa; estaba claro que ya no iba a poder quitar ni una gota de cerveza más, por lo que su mirada fue directa al tabernero, quien por cierto estaba haciendo un trabajo muy bueno en fingir que no se estaba enterando del problema a sus espaldas.
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Gaius el Miér Abr 27, 2016 3:52 am

Un estirado caballero se acercó a el bandido, el cual tomaba firmemente a la dama por la cintura, pero cuidando que sus manos no fueran a tocar nada indebido. Sus intenciones eran solo aparentar, no pretendía que la muchacha se emocionara tampoco.

-Eh?! Que dices?!-

La pregunta e Gaius era completamente honesta ya que el intrincado vocabulario que estaba empleando el excéntrico caballero estaba por lejos fuera de cualquier cosa que fuera de uso común para el ladrón. Mirándolo de arriba abajo pudo constatar que su calzado era de buena calidad, por ende era una persona de buena familia. La buena ropa siempre se podía disimular o aparentar más calidad de la que eran, pero como buen estafador, sabía que lo primero que debía mirar en alguien para saber su estatus quo, era con que se separaba del suelo. Cuanto más elevado del mismo, más ricachón.
Unos elegantes zapatos, algo gastados y viejos, pero típicos zapatos de noble al fin, y le calzaban a la perfección. Si, este hombre tenía más alcurnia de la que se frecuentaba en este tipo de establecimiento. Así que bien podía ser un excéntrico ricachón que gustaba de juntarse con los inferiores, o un noble con pocas monedas en su haber. Cualquiera de las dos opciones le indicaban que probablemente no llevara mucho oro arriba, bah! No más del que el bandido ya llevaba encima.

-Mira afeminado, ve a hacerte el héroe a otro lado o puede que termines lastimado.-

Lo volvió a mirar de arriba abajo, pero esta vez de forma alevosa y burlona.

-Además, a quien va a salvar un alfeñique como tú? Pst! Ve a que las damas de la corte te cepillen el cabello. Haz como el otro cobarde de aquí alado y no te metas en donde no te llaman, o puedes resultar lastimado, princesita-

Señalaba con un ademan de cabeza al callado hombretón que estaba sentado a su costado. Agradecía internamente a la dama que siempre le sonreía porque el atlético hombre, resultara un quedado y cobarde, ya que había visto la espada que le colgaba del cinturón, y pensó que tendría problemas no bien le salpicó la primera jarra de cerveza.
La muchacha seguía retorciéndose entre sus brazos y Gaius ya no sabía porque la mantenía prisionera. Era solo para mantener un punto y no dar el brazo a torcer? Ciertamente si le rompía la nariz al desgarbado noblezucho que tenía enfrente borraría de la imagen de los presentes la bochornosa discusión con el tabernero.
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Virion el Lun Mayo 02, 2016 6:36 pm

La situación en aquel lugar se había vuelto algo peliaguda. Por un lado, la hermosa mujer seguía atrapada en manos de aquel bribón que no tenía todavía intención de soltarla. Y por lo que parecía ser, nadie más que estuviera dentro de aquel establecimiento estaba dispuesto a ayudarle. Ni el hombre que se había sentado al lado y cuya asistencia reclamaba la damisela en apuros, ni el tabernero ni ningún otro comensal o miembro del servicio del local parecía dispuesto a ayudar a la mujer. Sólo Virion se había levantado para proteger el honor de aquella joven, mientras los demás actuaban de manera cobarde o ruín.

Viendo que Virion iba a estar sólo en la misión de rescate y que no podía contar con nadie más, empezó a analizar la situación. Por un lado, el joven pelirrojo la había tomado con él, amenazándole descaradamente al mismo tiempo que le insultaba por sus gustos refinados y elitistas. Se fijó en profundidad en aquel tuerto. No es que fuera muy musculoso, en cierto modo el apelativo alfeñique se le podía aplicar a él. Además, tenía el defecto de sólo poder usar un ojo. Sin embargo, por la forma en que estaba vestido, se notaba que era alguien de los bajos fondos, alguien posiblemente curtido en este tipo de encuentros o peleas y aunque pareciera a simple vista desarmado, quien sabía que armas podía esconder bajo la manga.

En cambio, Virion sí que venía completamente desarmado a la taberna, y aunque hubiese traído su arco, no le hubiese sido útil en aquella situación. Virion era completamente inútil en las batallas cuerpo a cuerpo, aunque no le gustase admitirlo. No, aunque ese hombre fuese alguien delgado y no muy fuerte, incluso alguien como él podría vencer al arquero en un combate uno contra uno sin mucha dificultad. No, no podía aceptar pelear contra él, debía buscar otra solución.

Pero Virion lo tenía claro. Su punto fuerte no era el combate, sino su inteligencia. Y era su inteligencia el medio por el cual iba a resolver este problema y salvar a la chica (y ligársela, ya de paso). Virion se daba cuenta de que el pelirrojo había montado ese numerito no tanto para realmente manosear a la mujer como para demostrar que sus gustos sí eran los propios y aceptables en la época en la que vivían, algo puesto en duda por el tabernero y el hecho de que todos vieron como el tipo había estado usando su ojo sano para mirar el retrato semidesnudo del príncipe de Ylisse durante un largo periodo de tiempo. Y era ese conocimiento lo que debía aprovechar si quería salir airoso de aquello. Era el turno de usar un poco de psicología inversa…

-Quiero que sepáis, mi buen señor, que no soy de aquellos de los que juzgan a la gente por sus gustos en el amor, mas comprendo que en estos tiempos que corren deseéis fingir una excesiva hombría por temor al rechazo que pueda suscitar el que el mundo conozco vuestra verdadera condición.-argumentó pausada y relajadamente el arquero, sin mostrar temor pese a las amenazas que había lanzado el pelirrojo contra él.-Mas nuevamente, no sería honorable ni caballeresco por mi parte permitir que dañéis la imagen de esta pobre dama sólo para pretender probar lo que no sois.

Téngase en cuenta que Virion decía todo aquello en voz bien alta, de tal manera que cualquiera que estuviera dentro de “Los Caprichos de mi Mujer” podía escucharle a la perfección. Obviamente, el arquero lo hacía a propósito.

-Y viendo que secuestrar a una pobre y guapísima mujer no basta, habéis decidido tomarla con el “alfeñique” de turno para tratar de demostrar vuestra disfrazada masculinidad. El único alfeñique que por cierto está demostrando que no es un patético cobarde.-y esto lo dijo descaradamente para todos los demás, que realmente estaban actuando como auténticas gallinas.

Aunque el caso del tipo de al lado era extraño, ya que Virion vio también que éste iba bien armado con una afilada espada y su musculatura demostraba que el tipo sí que era un luchador capaz. En combate, muy probablemente podría derrotar al pelirrojo con una mano en la espalda. Y sin embargo, parecía querer quedarse al margen de todo ¿Acaso no le importaba nada aquella mujer? Vale que le había mojado con cerveza, pero eso era culpa del pelirrojo, no de ella ¿Por qué se mantenía al margen? Virion no pensó más en ello, le bastaba con saber que estaba sólo en el asunto y hacerle saber al resto lo que pensaba de ello.

-Os propongo una salida sencilla para zanjar este asunto cuanto antes. Vos liberais a la mujer y a cambio, dejo que me deis una paliza. Tranquilo, no me resistiré.-propuso repentinamente el arquero al pelirrojo, con total confianza en sí mismo.-De esta manera, dejais en paz a la pobre muchacha que nada culpa tiene y vos demostrais lo macho que sois derrotando al único hombre que ha osado plantaros cara en todo este establecimiento. Todos salimos ganando. Menos yo, claro, pero como caballero que soy, no dudo en sacrificarme por el bien de tan hermosa, radiante, guapa, magnífica y adorable joven que tan vilmente tenéis sujeta entre vuestros brazos.

Virion sonrió y lanzó un sugestivo guiño a la mujer, la cual dejó de pelear por liberarse, totalmente boquiabierta ante la propuesta del arquero. No era la única, el tabernero y la mayoría de los presentes también estaban sorprendidos, y más de la mitad se preguntaban si aquel noble había perdido el juicio.

-¿Qué me decís? ¿Aceptáis el trato? Lo único que os pido es que tengáis cuidado a la hora de golpearme, dónde decidís hacerlo. Pues el objetivo es tratar de alejar las dudas acerca de vuestra masculinidad, no de generar mayores dudas.

Virion sonrió ampliamente. Jaque mate. El arquero sabía que el pelirrojo no podía tener a la mujer aferrada eternamente. Pero si ahora decidía golpear a Virion, ya no estaría probando su masculinidad, sino todo lo contrario, ya que el arquero lo hizo explícito ante todo el mundo que ese era el objetivo a la hora de darle una paliza. Terrible era el poder de la psicología inversa. Y si igualmente el pelirrojo no se daba cuenta de la trampa y atacaba de todas formas al arquero, al menos podría presumir a la mujer (y a todas las demás que estuviesen mirando) de ser un héroe que ha dado la cara para protegerla. Incluso en el peor de los casos, salía ganando.
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 13, 2016 12:56 am

Ya iban dos veces en las que prácticamente le habían llamado cobarde a la cara. Primero el pelirrojo tuerto al que parecía preocuparle lo que el resto de la clientela pudiese pensar sobre él después de aquella afrenta a su masculinidad por parte del tabernero. Y ahora aquel noble que hacía gala de tener un vocabulario muy refinado y extenso. Y, en opinión de Lon’qu, completamente inútil e innecesario. Una pérdida de tiempo para el que tuviese que escucharle.

No le interesaba para nada una riña de taberna (ni la taberna en sí, ya puestos) pero no iba a consentir que le llamasen cobarde en su cara sólo porque no quería meterse en una discusión que no tenía ni pies ni cabeza y que desde luego no era asunto suyo. Si el pelirrojo era un… desviado no era su problema. Como tampoco lo era que el tipo noble tuviese toda la pinta de ser un mujeriego redomado. Allá cada uno lo que hacía con su vida. Pero si había algo de lo que Lon’qu se enorgullecía además de su habilidad con la espada, era de no ser un cobarde que se daba la vuelta y salía corriendo a la primera de cambio.

Si hubiese estado bebiendo algo, estaba seguro completamente de que lo habría escupido de una forma un tanto indecorosa al escuchar el ‘plan’ del tipo pomposo. Lo que sí que hizo fue chascar la lengua condescendiente, mirándole por  primera vez al hablar.

-Que plan más estúpido,- espetó sin moverse de su asiento, notando como un pequeño tic en la mano, un picor que le animaba a desenfundar su espada y utilizarla. Por suerte para ellos, todavía le quedaba un poquito de autocontrol y no era del tipo que enseguida se liaba a golpes. Mira que había escuchado planes estúpidos en el campo de batalla, pero desde luego este se llevaba la palma. Tenía que admitir que con tanta palabrería al final el nombre se las había arreglado para dejar al pelirrojo en mal lugar, pero por lo demás, todo era un tanto patético. Solo esperaba que el tipo que sujetaba a la camarera (quien por cierto, para su gran alivio, ya había dejado de mirarle de forma suplicante pidiéndole ayuda) no fuera tan bobo como para morder el anzuelo e intentar demostrar su hombría a golpes. –Solo un idiota caería en algo así.-
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Gaius el Lun Mayo 23, 2016 5:01 pm

-Ah?-

Fue lo único inteligente que logró mascullar ante la elocuente perorata que le estaba soltando el habilidoso arquero. No era que no llegara a comprender la totalidad de las palabras que usaba, pero hacerlo le requería mayor concentración. Que le pasaba a ese tipo? Estaba pidiendo que lo golpeara? Acaso era uno de esos loquitos que le gustaba que le pegaran?
Gaius lo recorrió de arriba a abajo con la mirada tratando de medirle el tamaño y cualquier posible arma escondida, al no encontrar nada amenazante en su persona, volvió a mirarlo a la cara con gesto interrogante. Debía golpearlo o no? Empezaba a dudar y veía por el rabilo del ojo como cada vez más miradas comenzaban a posarse sobre ellos. Esto se estaba volviendo cada vez más confuso, pero por suerte quien había salido a hacerle frente era ese flacucho y no el fornido espadachín que estaba a su costado.

Sintiéndose presionado por la situación y por su propio afán de “demostrar su hombría” Gaius dejó de titubear y lanzó a la muchacha hacia un lado, arrojándola sobre el espadachín para que este la atrapara y no la dejara caer al suelo, y sin más palabras saltó sobre el desarmado arquero.

-A quien le llamas cobarde! Basura!-

Bramó mientras caía sobre el arquero inmovilizándolo al sentarse sobre él y tomándolo por su coqueta chorrera de seda blanca.  Levantó el puño amenazante sobre el rostro del escuálido, esperando que eso fuera suficiente escarmiento para que el afeminado se retractara de ss palabras. Solo buscaba quedar bien parado esa noche, no pasar la velada en una mazmorra por empezar una pelea en una taberna. Pero tenía una imagen de sí mismo que hacer respetar, en especial en ese mundillo de tabernas y posadas. Nadie mejor que él sabía que lo que pasara ahí esa noche, sería comentado por semanas, pasando de boca en boca, llegando hasta quien sabe dónde. No, debía mantener su imagen bien arriba, tenía demasiad publico delante.

-Retráctate afeminado o te llevaré ante Naga en pedacitos!-
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Virion el Mar Mayo 31, 2016 10:14 pm

Virion sonreía satisfecho. Lo había vuelto a hacer. Había utilizado su privilegiado y asombroso intelecto para resolver el grave problema presente a él. Al ver la cara de enorme confusión en el rostro de aquel tuerto pelirrojo, el arquero cantaba victoria por dentro. Gracias a su poderoso argumento, había dejado completamente desarmado a aquel hombre, el cual ya no sería capaz de hacer nada sin dejarse en evidencia ¡Por Naga bendita, que listo que es Virion! ¡Y qué guapo, además! Pronto salvaría a aquella mujer y ésta le amaría por siempre por ser su héroe y pasarán una noche romántica y…

Mientras Virion soñaba despierto, el otro hombre sentado en la barra, el tipo con la espada que hasta entonces se había quedado al margen de todo, mencionó sin pudor alguno que el plan del arquero era completamente estúpido ¡Bah! ¿Qué sabrá él? ¡Envidia cochina que tiene el hombre, por no haber pensado un plan tan genial! Sin embargo, Virion tuvo el sentido común de no formular aquella opinión en voz alta, mientras echaba miradas furtivas a la espada de aquel hombre y a lo rápido que podía ser desenvainada si se atrevía a decir algo como aquello. En su lugar, prefirió seguir hablando con el pelirrojo.

-Bueno, mi estimado caballero. Aquí le aguardo, mas no tenemos toda la noc…-Virion fue interrumpido cuando aquel tuerto se lanzó sin previo aviso contra él, tirándolo al suelo, sentándose sobre él y agarrándolo por el pañuelo de cuello que portaba y amenazándole con un puño. Virion se quedó en blanco unos instantes, pues no se esperaba una reacción como aquella. Sin embargo, cuando vio que la mujer estaba ya libre, sonrió a pesar de la situación tan oscura en la que se encontraba.

Vale, la mujer estaba libre, y en manos del espadachín, al menos por aquel instante. El objetivo estaba cumplido. Ahora sólo faltaba librarse del hombre tuerto que le amenazaba con pegarle una paliza si no se retractaba. El arquero estaba asustado y en cierto sentido se le notaba, tanto en la mirada como en el sudor que empezaba a surcar por su frente. No es que no hubiese tenido ya trifulcas por mujeres en el pasado, pero eso no significaba que dejara de temer por su bello rostro. El pelirrojo le exigía que se retractase de sus palabras, o acabaría cobrando. Desde luego, Virion no quería cobrar, y el objetivo de salvar a la mujer ya estaba conseguido ¿Mas qué pensaría aquella misma mujer si pasaba a suplicar como un niño pequeño para proteger su lindísima cara? No, había que terminar con aquella trifulca de alguna otra manera ¿Pero cómo? ¿Luchando? Desde luego que no, Virion no duraría apenas nada contra el pelirrojo. No, tenía que usar su cabeza otra vez. Si su maravilloso intelecto le había metido en esa situación, su maravilloso intelecto le sacaría de él. Tomo aire hondo, despejó su cabeza, y habló con serenidad.

-Me rindo, mi estimado señor. Habéis demostrado tener grandes reflejos, fuerza abismal y gracia portentosa. Ante vos soy totalmente impotente y reconozco vuestra soberana hombría. Me disculpo ante mis palabras y os envidio por vuestra masculinidad tan desbordante.-todo esto lo dijo en voz bien alta, de forma que todo el mundo pudiese escucharle. Pero al mismo tiempo, lo hizo sonriendo y con un tono de voz confiado y alegre, casi como si diera a entender que estaba haciendo un papel. Como si quisiera dar a entender que se estaba dejando ganar.

Si el pelirrojo tenía memoria, recordaría efectivamente como Virion le había dicho que iba a dejarse dar una paliza para que el tuerto pudiese demostrar su virilidad. Por lo tanto, lo que parecía entonces es que se estaba rindiendo no porque se sintiese realmente acobardado por el ladrón, sino porque simplemente estaba cumpliendo el pacto acordado: soltar a la chica a cambio de tomarla con el arquero y demostrar así que es un hombre y no alguien de gustos “cuestionables” en la época en la que vivían. Para acentuar aquello, Virion le lanzó un guiño descarado, no sólo visible para él, sino también para cualquiera que mirase en su dirección.

El efecto que buscaba Virion era el mismo que hacía unos instantes, antes de que el tuerto le atacase. Si el pelirrojo le atacaba nuevamente, parecería que seguían con el plan pactado, ese plan tan estúpido según el espadachín, dando a entender que tenía algo que ocultar realmente. Cabía la posibilidad de que el pelirrojo no captase algo tan “sutil” para él, pero entonces ya no tendría tampoco razón para pegarle, puesto que en los hechos, Virion se había disculpado esta vez y había reconocido su hombría. Realmente, si seguía adelante el ladrón, lo único que conseguiría era ponerse en evidencia.

Claro está que la última palabra la tenía el pelirrojo. Y viendo como había actuado antes, Virion ya no estaba tan confiado. Incluso tragó un poco de saliva a pesar de la confianza mostrada antes al hablar. Si el ladrón se decidía a atacarle y nadie salía en su ayuda, tendría un problema muy grave ¡Oh Naga bendita! ¡Protege el suave y dulce rostro de nuestro siempre magnífico Virion!
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Gaius el Jue Sep 15, 2016 9:06 pm

Con el muchacho debajo de él, Gaius sintió como su presión sanguínea volvía a niveles normales como su mente se despejaba. Miró rápidamente en todas direcciones a ver si alguno de los locatarios tenía intenciones de salir a detenerlo, pero solo se encontró con ojos de sorpresa, de indiferencia y algunas manos agitadas alentando la pelea.
Se mordió el labio, que estaba haciendo? Así solo conseguiría pasar una noche en el calabozo, aparte que su víctima parecía bien vestido, de seguro tenía algunos amigos con poder que fácilmente lograrían sacarlo del aprieto y echarle toda la culpa al ladrón.  
Volvió a bajar la mirada al hombre de pelo azul al que tenía tomado por el pañuelo del cuello, quien en torpes palabras reconocía su clara superioridad como hombre y su masculinidad

-Pst! Por supuesto que sí! Veo que no eres tan tonto como aparentas!-  

Dijo mientras comenzaba a salir de encima del arquero, el cual todavía le sorprendía que no hubiese puesto ningún tipo de resistencia o pelea.. Acaso se estaba volviendo más fuerte él? O su contrincante era enserio tan debilucho como aparentaba? .  
Ya estaba por levantarse por completo cuando las palabras anteriores de su rival volvieron como un flash a su mente.

-Un momento! Te estás pasando de listo conmigo! Crees que soy tan tonto que no me voy a dar cuenta que te burlas de mí?!-


La pregunta era claramente retórica, el peliazul ya se había burlado de él, solo que la lenta mente del bandido recién se percataba de ello, así que molesto volvió a echarse sobre el arquero y esta vez di descargó su puño contra su rostro.
No le importaba si venían los guardias, no iba a dejar que se burlaran de él tan fácilmente. No sin dejarle un ojo morado por lo menos.
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Virion el Dom Sep 18, 2016 9:39 pm

¡Había funcionado! ¡Lo había conseguido! El tuerto había caído en la treta del arquero y se levantaba del suelo triunfante, tras las supuestas palabras de rendición que tan abiertamente Virion había soltado por su pico dorado. La sensación de triunfo del exduque era enorme, y sólo estaba empañada por la preocupación de haberse manchado mucho su carísima vestimenta al haber estado en contacto con el sucio y plebeyo suelo de aquella taberna de barrio bajo.

-Efectivamente, soy lo suficientemente listo para reconocer lo fuerte y poderoso que sois, mi señor.-siguió actuando de manera descarada el arquero, a ojos y oídos de todos, mientras se quitaba el polvo de encima con parsimonia y tranquilidad.

O al menos lo hacía hasta que el tuerto se detuvo de pronto y reaccionó a las palabras del arquero, como si se estuviese dando cuenta AHORA de que estaba siendo burlado. Y su reacción no se hizo esperar, con un puñetazo que fue directo al ojo izquierdo de Virion, y que este no tuvo tiempo alguno para esquivar o detener de forma alguna.

El golpe fue lo suficientemente fuerte como para volver a derribarlo al suelo. El dolor lo paralizó durante unos instantes, aunque la sorpresa también tuvo que ver en ello. En verdad había subestimado a su oponente, o quizás lo habría sobreestimado. Fuera como fuera, el dolor intenso no se lo quitaba nadie. Pero no podía rendirse, no después de haber llegado tan lejos. Esa chica camarera les estaba mirando, y él tenía un espectáculo que seguir dando si quería conseguir atraer el corazón de aquella bella muchacha. Así que a duras penas, apoyándose en una astillada silla de madera, se levantó y volvió a confrontar al pelirrojo tuerto.

-Os he tratado de dar una salida digna, pero la habéis rechazado. Supongo que no tengo más remedio que ponerme serio. Os haréis un favor a vos mismo si huís, nadie os mirará por ello y salvaréis mucho más que vuestra dignidad.-amenazó de repente Virion, mirando cara a cara a aquel sujeto con plena con gesto de absoluta y plena confianza. Confianza que no tenía en lo más mínimo. Al contrario, Virion pensaba que si realmente llegaba a las manos con aquel tipo, tenía todas las de perder o más. Pero había llegado hasta ahí y no podía dar marcha atrás ¡Ay, los sacrificios que hay que hacer a veces por una mujer! A ver si tenía suerte y el tipo aquel se espantaba ante el cambio de Virion y no prestaba batalla…

Pero nunca pudo saberse realmente la reacción del pelirrojo tuerto, pues muy poco tiempo después de que Virion acabase de hablar, un grupo de soldados con armaduras y lanzas entraron prestos en la taberna, bloqueando la entrada.

-¡Que nadie se mueva! ¡Esta es una orden del servicio de patrulla de Ylisstol! ¡Todo el mundo quieto!-gritó el primero de los soldados al entrar, quien parecía ser el capitán de aquel grupo de soldados.

Virion por supuesto obedeció, quedándose quieto sin mover un músculo ¿Qué era aquello? ¿Había acudido la guardia a detener la pelea? ¿Tan rápido? ¿Antes de que empezase? ¡Imposible! Nadie había salido del local, nadie podía haberles avisado ¡¿Qué hacían entonces allí?! La sorpresa había paralizado al arquero mucho más que el puñetazo que había recibido y que ya empezaba a teñir su rostro de morado. Y no era el único. Todos se habían quedado en silencio ante aquella entrada de la guardia.

El capitán de la patrulla miró hacia los lados de la taberna, hasta que al final encontró a quien parecía que estaba buscando: la camarera. La misma camarera por el que el pelirrojo y el arquero habían estado peleando hasta ese momento. El capitán hizo un gesto señalando a la mujer y se acercó a ella en compañía de otros dos soldados, con sus lanzas en ristre. La mujer parecía tan sorprendida de aquello como todos los presentes.

-Cassandra Levihaterd. Tenemos una orden de captura contra usted por el asesinato en serie de cuatro ciudadanos. Entréguese de inmediato o afronte las consecuencias.-ordenó con total gesto autoritario el capitán, mientras los otros dos soldados apuntaban al cuello a aquella bella muchacha.
-¡¿Qué?!¡¿De qué está hablando?! ¡Yo no he matado a nadie! ¡Se ha equivocado por completo! ¡Es imposible! ¡IMPOSIBLE!-la sorpresa e había convertido en rabia e indignación, pero eso no detuvo a aquellos hombres. Mientras uno de los soldados la seguía apuntando al cuello con su lanza, el otro sacó unas cadenas y empezó a atar sus manos a la espalda con ellas para inmovilizarla completamente.
-Grita lo que quieras, pero tus días de asesina en serie han terminado, “Súcubo blanca”. Ningún joven volverá a ser víctima de tus encantos.-respondió impasible el capitán.

Un murmullo intenso se adueñó de toda la sala. La “Súcubo blanca”, Virion no había oído hablar de ella, pero parecía ser que era toda una celebridad en aquel barrio. Expresiones como “No puedo creer que sea ella”, “La Súcubo blanca asesina jóvenes después de acostarse con ellos” o “Por fin podré volver a ligar sin poner a riesgo mi vida” llenaban toda la taberna y eran escuchados por el arquero con claridad ¡¿En serio aquella mujer era una asesina en serie?! Por Naga bendita, menos mal que entonces no había logrado encandilarla, o si no, no hubiese podido vivir para contarlo.

La supuesta asesina protestó y trató de revelarle, pero aquellos soldados la inmovilizaron sin problemas, y al final la sacaron de la taberna arrestada. El tabernero, dueño del local, cuando pasó aquello, no le quedó otra que pedir a sus clientes que salieran para cerrar, ya que la misma guardia pedía inspeccionar el lugar. Virion no tuvo más que obedecer.

Menudo giro de los acontecimientos ¿Y ahora qué? Se fijó en el pelirrojo. Ahora no tenía él ninguna razón para pelearse con aquel tipo, pero era posible que el tuerto todavía le siguiera manteniendo rencor. Así que decidió que, para evitar que le asaltase por algún callejón por la noche y le diese una paliza (o algo peor conociendo sus gustos) decidió buscar una manera de hacer las paces con él.

-Vaya acontecimiento más inesperado, ¿no crees? Tranquilo, vengo en son de paz.-dijo Virion ya en la calle al pelirrojo, una vez que la multitud se había disuelto.-Mira, soy consciente de que hemos empezado con mal pie, así que ¿qué te parece si te invito a tomar algo en algún otro lugar que no tenga camareras asesinas psicópatas y olvidamos el feo y estúpido asunto de allí dentro? Por cierto, mi nombre es Virion, arquero de arqueros, encantado de conocerte.-e hizo al pelirrojo una solemne reverencia a modo de saludo y presentación.

Virion sabía que aquel tipo podría no aceptar, pero estando la guardia tan cerca como habían podido comprobar, y ya no habiendo gente a la que probar ninguna hombría, dudaba que aquel hombre tuviese más ganas de pelear. Y quien sabe, a lo mejor en otra parte, juntos conquistaban a otro par de ligues. Aunque esta vez sin pelearse. Dioses, el ojo todavía le dolía, y estaba tentado de pedirle al pelirrojo un parche para él de lo morado que ya debía estar.
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Gaius el Miér Sep 28, 2016 10:42 pm

Si bien Gaius pensó que golpear en la zona del ojo seria la menos dolorosa para sus nudillos, no tuvo en cuenta lo duro del cráneo en la cuenca ocular, así que al tiempo que su compañero volvía a caer al suelo, el bandido se agarraba su mano adolorida y la frotaba para aliviar el dolor

-Por Naga! … Eres un verdadero cabeza dura!-

Con su oponente nuevamente en pie Gaius se posicionó para poder hacerle frente a cualquier tipo de ataque que el flacucho le pudiera efectuar, con un ligero sudor nervioso en su cien ya que en verdad comenzaba a creerse que si ere tipo era como decía peleando, huir era su mejor opción. El bandido tenia múltiples talentos, pero pelear no era uno de ellos. Confiaba en que la blanca dama le había sonreído y permitido tirar al muchacho al suelo, pero no quería seguir tentando a su suerte. Porque entonces no escapaba del lugar? Por honor? Dios no! Eso nunca le quitaba el sueño. Simplemente se negaba a bajar los brazos ante ese petulante niño de alta cuna, el cual sabia tanto de palabras y modales que se notaba que nunca había pasado hambre en su vida, y hablaba tan pedante que hacia evidente que le sobraban un par de dientes.

Antes de que ninguno de los dos combatientes pudiera dar un paso hacia el otro, en la batalla épica que todos los presentes estaban esperando, un grupo de fuertemente armados guardias entraron en tropel a la posada, bloqueando la entrada principal.
Mucho antes de que el guardia terminara de pronunciar su discurso de presentación, el bandido corrió tras la barra como la vil y rastrera rata que era, tratando desaforadamente de escapar antes de que pudieran ponerle una mano encima. No importaba quien tuviera razón o siquiera porque estaban ahí los guardias, en su mente si un soldado aparecía en su campo de visión él corría, no importaba contexto o dar explicaciones, eso se guardaba para después que te habían atrapado. “no le pueden cortar las manos a quien no pueden atrapar” esa era su política.

El tabernero lo miró con fiereza mientras el pelirrojo se escondía detrás de su preciada barra de madera, aun así no movió un músculo para denunciar el hecho ya que los guardias de inmediato cogieron a su empleada y la arrastraron fuera armando un gran alboroto a cada tiron que daban, dejando más pasmado con esta noticia al panzón que dejó de prestarle atención al pecoso. Pero no bien los guardias abandonaron la sala, tomó al bandido por el cuello y lo lanzó a la calle mientras terminaba de despedir a sus clientes para cerrar antes de tiempo.
Sacudiéndose el polvo estaba el ladrón cuando el arquero se le acercó nuevamente petulante y engreído. Por Naga! Quería volver a estamparle sus nudillos en el ojo que le había faltado y dejarle ambos de igual color. Peor no, debía controlarse, los guardias estaban próximos todavía a la zona y todavía no sabía a ciencia cierta si era tan buen combatiente como decía serlo.

Arqueó la ceja ante el despliegue de ceremonia que se le  ofrecía con la incredulidad pasmada en el rostro. Era enserio? O era acaso alguna broma? “Con estos estirados nunca se sabe…”

-ya ya… - No sabía bien que responder, pero cierto era que si el hombre le ofrecía una cerveza había posibilidades de que no terminara en el calabozo esa noche. Además, si todavía se mostraba dispuesto a mantener su compañía significaba que le daba más tiempo al ladrón para colar sus dedos entre las prendas de ese pusilánime y quitarle algo más que la sonrisa del rostro.

-Je! Aceptaré tu disculpa … si además de cerveza incluye unas papas picantes-
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Virion el Sáb Oct 01, 2016 11:30 pm

Recapitulemos lo sucedido hasta el momento: Virion había salido esa noche a buscar una taberna donde beber algo de buen vino y conocer a alguna moza a la que poder seducir con su belleza y buen porte. Encontró un sitio algo curioso, y mientras bebía algo, observó como el tabernero reprochaba a un tipo pelirrojo con pecas y tuerto que se había sentado a su lado, porque este mostraba indicios de tener una inclinación sexual no aprobada para los cánones de aquella época. Ese mismo tipo, tratando de manera harto patética de desmentir las insinuaciones de homosexualidad, decidió coger a una camarera con el fin de abusar de ella delante de todos. Virion, quien no podía quedarse de brazos cruzados al ver a tan hermosa dama en apuros, y siempre con el desinteresado y noble fin de conquistarla y mantener una romántica noche con dicha mujer, salió en su rescate. La situación pronto se transformó en una pelea entre el pelirrojo y Virion, donde éste logró propinarle un terrible golpe de ojo en el puño del infame acosador. Pero la batalla no llegó a más porque un grupo de guarias acudió para arrestar a la camarera, la misma por la que ellos dos se estaban peleando, acusándola de ser una asesina en serie. Una noche normal en la vida de Virion de Rosanne.

El caso es que estaban fuera todos, habiendo tenido el tabernero que cerrar prematuramente debido al arresto de su empleada. Y Virion había decidido invitar al pelirrojo a tomar algo en un intento de hacer las paces, no con otro fin que el de evitar que éste le guardase rencor e intentase asaltarle por algún callejón en compañía de algunos amigos, para darle alguna paliza, o conociendo los gustos “atípicos” del tuerto, algo peor.

AL principio, el tuerto reaccionó con sorpresa ante la invitación del arquero, algo comprensible ante tal gesto cuando escasos momentos antes estaban a punto de liarse a golpes entre ellos. Pero al final, el ladrón accedió, siempre que las bebidas estuviesen acompañadas de papas picantes.

-Sean con papas picantes, no hay ningún problema. Todavía no es muy tarde, así que no debería costarnos encontrar alguna otra taberna cerca que nos pueda servir lo que deseamos.-razonó Virion mientras echaba un leve vistazo por los alrededores. Aquel no era un barrio que el exduque conociese, y estuvo tentado de ir mejor algún lugar de los que él era más habitual y que todavía no le habían denegado la entrada por pervertido, pero esos lugares tenían la peculiaridad de ser un tanto más exquisitos, y con total probabilidad no permitirían entrar a alguien con las pintas con las que se mostraba aquel pelirrojo.-Oh, ese local del fondo de la calle parece tener buen aspecto, probemos a ver qué tal.

Empezó a caminar, pero siempre teniendo a la vista al pelirrojo. Era obvio que no confiaba en él, a pesar de haberle invitado. No era sólo que hacía poco había recibido un puñetazo de su parte, también estaba el hecho de que cuando llegaron los guardias, el hombre había salido corriendo hacia detrás del mostrador para ocultarse de ellos. Estaba más que claro que ese tipo no era trigo limpio y que más le valía tenerle siempre a la vista. A él y a su propio monedero.

El local al que llegaron era un poco más “normal” que el anterior, no estaba compuesto de multitud de muebles y cosas estrambóticas colocadas al azar, y probablemente tampoco tuviese a ninguna camarera psicópata dentro. De nombre “El Pegaso Afable”, el local era una simple taberna sencilla y acogedora, y además, parecía tener bastante éxito. Cuando entraron, todas las mesas estaban ocupadas, por lo que no quedaba más remedio, como en la vez anterior, que dirigirse a la barra, donde por lo menos, había un par de taburetes para que pudiesen sentarse algo.

-¿Qué les pongo, caballeros?-preguntó en tono cordial un tabernero treintañero con bigote y medio calvo, mientras limpiaba con un paño una jarra de cerveza. Por desgracia para Virion, volvía a ser un hombre.
-¡Greetings, mi estimadísimo tabernero! Sabed antes que nada que tenéis la grandísima fortuna y la dicha inmensísima de encontraros con el gran Virion, arquero de arqueros, ilustre genio humanista, maestro de las palabras, conquistador de doncellas, héroe Custodio al servicio del Sacro Reino de Ylisse y ser más bello del universo ¡Regocijaos ante la buena nueva de mi presencia bendiciendo vuestro hermoso establecimiento y serviros junto a nosotros una jarra de cerveza y una ración de papas calientes y picantes para los tres! ¡Por Ylisse y por las bellas personas de este mundo!

Muchas son las distintas reacciones de la gente al ver actuar a Virion de manera tan particular. En el caso del tabernero, éste empezó a reírse de manera descomunal, como si le hubiesen contado el chiste de su vida. Una vez tranquilizado, negó tranquilamente con la cabeza.

-Lo siento, pero estando de servicio no puedo tomar nada. Normas de la casa. Pero enseguida tengo vuestro pedido.-dijo mientras cogía la jarra que estaba limpiando y empezaba a llenarla de cerveza. Virion normalmente prefería vino, pero esta vez aceptó la cerveza para no desentonar más todavía con aquel pelirrojo.-Pero sabed vuestra graciosidad que para ser el ser más bello del universo, tenéis la cara un poco perjudicada.-inquirió mientras servía la primera jarra a Virion y llenaba una segunda para el pelirrojo.
-Oh, no fue más que una apuesta entre mi amigo y yo. Ambos discutíamos quien era capaz de dañarse más el globo ocular de su rostro, y como podéis comprobar a simple vista, he perdido apabullantemente. De ahí que yo invite. Si podéis hacerme el favor de darme también un paño frío para el dolor, mi gratitud no conocerá límites.
-Faltaría más, dadme un segudo.-contestó y fue tanto a por el paño como a por las papas que habían pedido.

Entonces, Virion se dio la vuelta para mirar al pelirrojo. Todavía estaba tenso, a pesar del ambiente relajado que se respiraba en aquel local, y era porque todavía no sabía que podía esperar de aquel tipo. Lo mejor, a opinión del arquero, era tratar de romper el hielo.

-Por cierto, con todas nuestras prodigiosas y épicas aventuras pasadas de esta noche gloriosa, aún no he tenido la oportunidad de preguntaros cuál es vuestro nombre ¿Cómo debería llamaros, oh compañero de desdichas e ilusiones?
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Gaius el Miér Oct 05, 2016 11:13 pm

Mientras el arquero buscaba un nuevo establecimiento, Gaius le recorría el cuerpo con la mirada, fijándose en cada bolsillo en cada pliegue, viendo por donde podría tener su oro el petulante y cuál era la mejor forma de tomarla. Dio un paso decidido hacia él, tentado de asaltarlo por la fuerza en esa misma callejuela oscura, pero justo cuando pensaba en colar su mano entre las prendas ajenas, este se volteó para preguntarle si un establecimiento le apetecía. Rápidamente disimuló su gento como si estuviera estirándose las mangas de su propia ropa, pasando desapercibido su primer atentado.
-Sí, sí, cualquiera está bien.- Dijo con una amplia sonrisa mostrando a todo lo ancho sus amarillentos dientes, pero por dentro maldiciendo que el arquero volviera a mirarle al rostro.

Intentó  posicionarse detrás del arquero cuando avanzaban hacia la nueva taberna, pero la incesante mirada sobre él lo obligó a ponerse a la par para no levantar demasiadas sospechas. Aun así maldecía de labios apretados que el peliazul le estuviera dejando la tarea tan difícil. Por suerte el tramo fue corto, y pronto los dos estaban sentados en la barra codo a codo una vez más.
El lugar era un lujo, de esas tabernas a las que el bandido siempre evitaba entrar ya que los taberneros y meseras siempre le estaban echando. Las mesas estaban pulidas y sin muescas de dagazos, la barra estaba sin polvo y la jarra donde le trajeron su bebida no tenía hongos. Acojonado en su butaca Gaius se sentía como sapo de otro poso a cada segundo que pasaba ya que en este establecimiento donde el aire no llevaba meses viciado, su propio hedor personal no era tan fácil de disimular como en otros lados, además que sus fachas manchadas y rotas lo hacían el imán de todas las miradas, y el bandido odiaba que lo miraran.

“Oye… no sabes pedir un trago sin decir tres veces tu propio nombre” se dijo a sí mismo y miraba a su compañero acodado y agazapado sobre la barra, postura cual no hacía más que darle un aspecto más sospechoso al tuerto mendigo, pero era la única en la cual el ladrón se sentía cómodo ya que tenía a mano la daga que guardaba a su costado y siempre que tenía sus dagas a mano, se sentía un poco más tranquilo.
Permaneció callado durante toda la perorata que el arquero y el tabernero mantenían entre ellos, tratando de sonreír amablemente cuando este desdeñaba el golpe en el ojo dejado por el ladrón momentos atrás.
-Nunca hagas apuestas de ojos con un tuerto! JAJAJAJA!- Rió abiertamente mientras le daba una palmada en la espalda al arquero en una actitud cómplice con la historia que había contado momentos antes.
El tabernero marchó a la cocina a traer sus pedidos, dejándolos nuevamente en la intimidad y el incómodo silencio entre ellos dos, silencio que el arquero no tardó en romper con un largo parlamento para soltar la pregunta más simple. Después de dar un sorbo a su cerveza, la cual era la mejor que había probado en su vida, contestó amablemente pero todavía desplayado sobre la barra.

-Ah? Mi nombre? Hay formas más cortas de preguntarlo, sabes?
Gaius es y a la mensajería me dedico.  También  Ylissiano de nacimiento, pero no de profesión tan heroica como la vuestra.
Aunque ahora que lo mencionas… que hacia un noblezucho en una taberna de los barrios bajos? Tratabas de que se te pegaran las pulgas acaso?-

Mientras hablaban intentó acercar el cuerpo un poco más al de su compañero, simulando curiosidad y un poco de coquetería ya que mantenía un rastro de lascivia en su mirada, pero su verdadero objetivo era permitir echar mano a la bolsa que ya tenía ubicada en su cadera.
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Virion el Vie Oct 14, 2016 5:07 pm

A cada instante que transcurría en compañía de aquel tuerto, Virion no podía evitar preguntarse sí había hecho bien en pedirle que le acompañase. Por un lado, lo hacía para evitar que el tipo, probablemente resentido por lo ocurrido en la anterior taberna, tratara de vengarse. Por otro lado, sentía que tenía que estar continuamente vigilándolo. Estaba claro que ese hombre no era de fiar, y Virion tampoco quería correr más riesgos de los necesarios.

Pero ahí estaban los dos, cerveza en mano cada uno. Virion bebió un poco, pero el resultado tampoco le acabó de agradar. Ylisse tiene buenos vinos, no tanto como Rosanne, pero los tiene. En cambio, en cuestión de cerveza, dejaba más que desear. Había oído que la cerveza de Nohr era la mejor del continente, pero no sabía si eso era un rumor infundado o era real. Mientras pensaba en los distintos posibles tipos de cerveza, escuchaba como el tuerto se presentaba.

Su nombre era Gaius ¿Mensajero? Sí, ya. Probablemente lo fuera, pero de mercancías no muy legales. Desde luego, Virion era lo suficientemente listo como para no preguntar detalles acerca de qué tipo de mensajero era aquel pordiosero. Lo que sí podía hacer era responder a la pregunta, bastante lógica por otro lado, que el tal Gaius, si ese era su verdadero nombre, le hacía al arquero. Aunque antes también quiso dejar una cosa clara.

-Cierto es que hay formas más sencillas de formular una cuestión, mi estimado Gaius ¿Pero cómo privar a la humanidad del glorioso don de poder escuchar mi divina y excelsa voz? ¡Sería todo un desperdicio!-habló con mirada altiva, con la arrogante soberbia que tanto le caracterizaba, en respuesta al comentario primero de Gaius acerca de que había formas más fáciles de preguntar su nombre.-Y en cuanto mi presencia en estos lares humildes, no busco más que realizar la sacra misión para la que he nacido y he dedicado toda mi vida.

Aquí hizo Virion una pausa dramática de unos segundos, antes de la gran revelación sobre su misión histórica. De paso aprovechó para beber otro sucinto sorbo de cerveza y para vigilar bien al pelirrojo no hiciese algo inesperado o indeseable.

-Mujeres. Ese es el fin de toda mi existencia. Adorar y venerar a toda bella damisela que me encuentre, y ofrecerle mi más puro y desinteresado amor. Todas y cada una de ellas son maravillosas, con total independencia de su origen, raza o condición social. Todas merecen ser amadas por el gran Virion. Bueno, todas menos las que sean asesinas psicópatas que se dedican a matar hombres después de acostarse con ellos.-a Virion todavía le costaba trabajo creerse lo que había pasado hacía sólo unos instantes en la otra taberna.-El caso es que considero que es gran injusticia sólo dedicarme a honrar y servir a las mujeres de mi entorno más cercano, cuando hay tantas y tantas que también deben ser amadas con toda la fuerza de mi pasión. Y el estrato social para mí no es una barrera que deba impedir a ninguna hermosísima dama el ser venerada por mi corazón sufriente y puro.

Virion iba a continuar su diatriba acerca de su tarea sacra con respecto al sexo femenino, mas fue interrumpido por el camarero que les atendió anteriormente, el cual les ofreció las papas picantes que habían pedido momentos antes. También le trajo el paño húmedo, que el arquero no dudó ni un instante en aplicarse en el ojo malherido.

-Mi eterna gratitud por tan presto y elegante servicio, mi buen señor.
-No es nada, que lo disfrutéis.-fue su rápida respuesta después de dejar el plato, para atender con suma premura otras tareas que le reclamaban.

Con una mano apretujando aquel paño, utilizó la otra para probar las papas que se servían en los platos. Nada mal. Quizás un poco demasiado fuertes. Tanto que enseguida tuvo que beber un poco de cerveza para aliviar el picor. Aun así, en todo momento, no dejó de observar al tuerto, sus reacciones y todo lo que pudiera más. Y más le observaba cuando añadió lo siguiente, retomando la conversación anterior.

-Entiendo si vos no comprendéis mi tarea histórica en este mundo. He podido observar perfectamente que vuestros gustos son… distintos ¡Oh, no digo esto para ofenderos, no me supone ningún problema! Y creo que ambos no estamos interesados en otra pelea...-dijo Virion tratando de quitarle todo el hierro al asunto como podía, no sabiendo todavía del todo bien como iba a reaccionar el pelirrojo.-Cada uno debería poder amar a quien quiera y cómo quiera, sin ningún tipo de imposición social. Por ejemplo ¿por qué el hombre debe encadenarse a una sola mujer? ¡Es injusto! En especial para las demás mujeres, quien deberían tener la oportunidad también de recibir mi amor. Pues al igual que yo, entiendo que vos también sufráis de una situación semejante, renegado por una moral excesivamente restrictiva e impositiva, no sé si me entendéis bien… Lo que dijo el anterior tabernero me pareció completamente injusto, llamándoos la atención sólo porque os gustase el cuadro ese. Pero no deberíais ocultar quien sois porque haya paletos que no sepan comprenderos. Aunque bueno, me imagino que vuestra vida será más complicada que simplemente eso, no sé qué pensáis.-y volvió a tomar otra papa con cuidado, esperando no haber ofendido al tuerto por sugerir lo que ambos ya claramente sabían. Por si acaso, el tono de Virion había sido lo suficientemente bajo como para que nadie más les pudiese escuchar, por si eso pudiera incomodar al pelirrojo.
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Gaius el Miér Nov 02, 2016 3:01 am

Gaius puso los ojos en blanco, realmente este pusilánime estirado tenía la intención de hablarle hasta morir? Acaso no se cansaba de escuchar el ruido de su propia voz. Empezaba a pensar que, más que una venganza contra el arquero, estaba padeciendo una tortura de su parte.
Se rascó la cien tratando de aliviar el dolor de su mente, ya que la pobre estaba haciendo su mejor esfuerzo tratando de asimilar tanta palabra extraña al mismo tiempo, no iba a mentir le entendía la mitad de las cosas al aquero, por lo que no sabía si estaba siendo honesto, mintiendo o si se estaba riendo de él de esa forma en que los estirados solían hacer.
“No importa, un segundo más y le estampamos la cara contra la barra, tu solo aguanta… un segundo más, ya falta poco” se daba ánimos internamente mientras se forzó a sí mismo a girar el rostro hacia su compañero y sonreír por compromiso.
-Mujeres, claro.- Fue el escueto comentario que pudo sonorizar ante la extensa palabrería  que le había soltado su compañero.  Gaius lo miraba hablar, tratando de fingir el mayor interés posible en sus palabras  y arrimando muy lentamente su cuerpo al de su compañero, esperando cualquier distracción de su parte para poder  acercarse lo suficiente y manotear entre sus ropas en busca de su bosa de oro. Donde la guardaría? Rogaba a Naga que no la guardara en el mismo lugar que él solía hacerlo, pues este arquero no le generaba ninguna simpatía como para andarle tocando las partes.

El cantinero volvió con la comida y compresa para el ojo del peli azul y aprovechó a que miraba hacia otro lado para simular que se caía de su taburete muy próximo al noble.
-Uf! Parece que he bebido más de la cuenta jajaja! –
Mintió mientras se ponía de pie, pero ya no se sentaba inmediatamente en su butaca, sino que permaneció hombro con hombro con el invitado, picoteando las suculentas patatas picantes.
En su trayecto al suelo y mientras se levantaba había podido ojear en las caderas del arquero y visualizar donde había un bulto de mayor volumen que el de las prendas o el natural, por lo que ahora ya sabía dónde tenía que colar sus dedos.
Aquel parloteo  sobre mujeres nuevamente aburrían al ladrón, peor le dieron la chispa de ingenio que necesitaba para dar su golpe maestro.
-Así que… solo le interesan las mujeres?- Dijo mientras acercaba descaradamente su rostro al del arquero y dejaba caer su mano sobre sus hombros.
-Vamos amigo… no tiene que seguir fingiendo conmigo. Porque le invitaría una cena completa en un elegante lugar al caballero que le acaba de dejar un ojo negro sino es porque desea que el golpe venga por otro lado.-

Con la mano sobre sus hombros atrajo hacia si el cuerpo del muchacho mientras con la otra comenzaba a buscar y desatar el bulto que ya había visto con anterioridad. Sabía que a espaldas de ellos parecerían una extraña y contra natura pareja, pero en este caso el noble estirado le pesaba más tal imagen negativa y a él, bueno, simplemente su reputación no corría tan lejos como para que un escándalo de taberna llegara a mancharlo.
Sabía que se venía el empujón, golpe o pataleta, por lo que apuró todavía más a su mano diestra a seguir desanudando la bolsa.
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Virion el Mar Nov 08, 2016 1:03 pm

Virion sabía que el tuerto no le estaba prestando realmente atención. Tampoco es que eso le importase demasiado, al arquero le encantaba el sonido de su propia voz. Sin embargo, cada vez estaba más seguro de que el tipo estaba preparando algo. No era ya sólo porque no le hiciese caso, y su atención fuese claramente fingida, eso era algo a lo que estaba acostumbrado. Era la forma en que el tuerto le miraba, como se posicionaba cada vez mas cerca de él… Por un instante se le pasó por la cabeza al arquero que el ladrón podría tener cierto interés en él, pero enseguida descartó la idea. Por muy bellísimo que fuese Virion, tú no te enamoras de quien le has dado un puñetazo minutos antes. No, sus intenciones eran otras, más oscuras… Y él que le había invitado para hacer las paces, si es que en estos días no se puede ser bueno… Vale que lo había hecho para ahorrarse problemas con el pelirrojo, pero parecía ser que iba a ganar más. No era la primera vez que un plan le salía mal al exduque.

Sin embargo, Virion siguió comportándose con naturalidad, como si no sospechase absolutamente nada de aquel tipo, casi como si fueran completos amigos a pesar de haberse conocido apenas una hora y no de la mejor manera. Pero mientras hablaba y comía, no dejaba de analizar al tuerto pelirrojo, y buscando soluciones acerca de cómo podía salir de esta situación, sin tener que recurrir a la violencia.

El pelirrojo decidió empezar antes de lo esperado. Virion pensó que el tipo no haría ningún movimiento hasta que terminasen de comer y salieran de la taberna donde no hubiera testigos. Pero no, cuando el ladrón se cayó al suelo, fingiendo una borrachera que claramente no tenía, el arquero ya supuso cuales eran las verdaderas intenciones del sujeto. Vamos ¿de verdad se pensaba que un tipo acostumbrado a los bajos fondos se caía al suelo de una sola cerveza? ¡Eso no es ni ponerle esfuerzo! ¡Cúrratelo un poco más! En fin, era obvio que el ladrón estaba buscando meterle mano, y no de manera pervertida precisamente. Que motivaciones más simples, más vulgares ¿Pero qué se puede esperar de alguien que se esconde detrás de una barra cuando aparece un guardia? Virion decidió enseñarle como un verdadero maestro del engaño actúa, y decidió actuar como si no pasase nada.

Por eso mismo, cuando el ladrón se abalanzó sobre él con falsas intenciones “románticas”, el arquero fingió sorpresa como si no viera venir aquello desde hace millas. Hizo aspavientos, retrocedió levemente e incluso tembló como si no supiera qué hacer…

-Os… os co-confundís caballero… Yo realmente… no tengo interés en ho-hombres…-dijo tartamudeando, como si estuviera en estado de shock y no supiese como responder bien.-Y si… y si… alguna vez… lo tu-tuviese… sería con alguien que no fuera directo a por mi dinero.

La última frase la dijo en tono normal y directo, sin tartamudeo alguno, y mientras con una mano atrapaba la muñeca de Gaius, cuya mano se cernía sobre su bolsillo, evitando que pudiera realizar su cometido. Lo hizo de manera suave y elegante, de tal forma que nadie que les estuviese viendo directamente se diera cuenta de lo que pasaba. Virion sonreía con cierta superioridad.

-Me basta un grito para que acuda la guardia de la ciudad corriendo hasta aquí. Ambos sabemos que no andan lejos, y sabemos también que no te gustaría que pusieran sus manos encima de ti. Por lo que no te conviene que se forme aquí ningún escándalo. Así que ¿qué tal si nos dejamos de juegos tontos y disfrutamos de la cena? Estas papas no están mal, sería una pena que se echasen a perder.-lo dijo todo de nuevo con un tono bajo, sin ocultar una leve sonrisa de superioridad. Esperó unos segundos en los que miró atentamente el ojo del ladrón y soltó la muñeca del mismo cuando vio que no había peligro, para luego meterse una papa en la boca.-En serio, come, están buenas. Y es lo máximo que vas a sacar de mí esta noche. Tratar de engañar al gran Virion ¡Ja! No te ofendas, pero hace falta un verdadero profesional en el arte del engaño para lograr hacerme bajar la guardia y colármela. Aun así, hay cierto talento en ti, lástima que lo estés desaprovechando.

Su intención no era provocar al ladrón, al contrario, era sincero cuando alababa sus habilidades, aunque necesitase pulir todavía el arte del engaño. Aun así, vete a saber cómo podría tomarse el ladrón todo aquello. Quién sabe, a lo mejor volvían a acabar a tortas esa noche.
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

Mensaje por Gaius el Mar Nov 15, 2016 6:01 am

Gaius sonrió ante la sorpresa y tartamudeo de su compañero. Por supuesto que sí! Era un maestro del engaño! Y esa treta de falso romance siempre funcionaba. La mayoría de las veces terminaba con un ojo negro, pero también con un buen puñado de oro en la mano.
Ya se sentía ganador, terminado de desanudar aquella pesada bolsa de monedas, cuando el tono de voz del aquero cambió abruptamente y le atrapaba al mismo tiempo la muñeca en pleno acto ilícito.
Sorprendido de que ese tonto arquero tuviera algo de astucia debajo de ese largo y sedoso pelo suyo, Gaius arrugó los labios mientras miraba a los ojos mientras este le … amenazaba? Reprendía? El bandido no estaba del todo seguro de la diferencia en este momento. Palido de vergüenza de ser atrapado en pleno acto le mantuvo la mirada unos instantes a su compañero mientras le era regresada su mano. En sepulcral silencio volvió a tomar asiento mientras le mantenía la vista encima en todo momento.

-Ya… ok…–

Dijo mientras terminaba de escalar a su banco y quedaba con la mirada perdida frente a su jarra de cerveza.
Su treta de hacerse el romántico siempre daba resultado y era la primera vez que alguien lo atrapaba en el mismo acto. Acaso ese arquero sería un caso especial , o estaba perdiendo agilidad en sus dedos?  La idea comenzaba  a atormentarlo, haciendo que su pobre mente se debatiera constantemente en que acciones había hecho bien y cuales mal.
Intentó comer, pero su mente seguía dándole vueltas al asunto. Así que con una papa a medio masticar todavía en la boca se giró a preguntarle al arquero sin ningún tipo de tacto.

-oye! Aclárame algo. Como te diste cuenta, eh? –

El tono del ladrón era lo suficientemente bajo como para que su charla solo fuera escuchada por ellos, manteniendo al margen de esta al cantinero y demás clientela. Pedazos de su comida saltaron de su boca mientras hablaba, pero los modales eran lecciones completamente ajenos al bribón, por lo que no tuvo la menor vergüenza o reparo en este hecho.

-He hecho ese movimiento unas mil veces y siempre ha funcionado! –

Estaba cada vez más colérico por el asunto. Primero este don juan de cuarta le hacía quedar en vergüenza ante toda una taberna, y ahora se le burlaba abiertamente de su mejor movimiento. Que era? Un paladín de la bondad que detectaba el pecado con solo mirarlo al ojo? Era eso posible?  
Estaba tentado de lazarle la fuente repleta de patatas al rostro del noble y salir corriendo despavorido. Se iría sin su oro y probablemente sería capturado a los pocos pasos y pasaría una noche en los calabozos, si. Pero esa camisa tan blanca y cara quedaría inservible cuando la salsa grasosa de las papas quedaran para siempre impregnadas en ellas.
A pesar que tal imagen metal le sacó una media sonrisa de los labios, el bandido prefirió no recibir una golpiza por parte de los guardias esa noche. Finalmente, para no dejar que su mente siguiera fomentándole ideas que le dejarían un ojo negro a él también, dio un manotazo al  mostrador para llamarse a sí mismo la atención.

-Necesito que me lo digas! Que hice mal?! -
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Re: Ahogándose en una jarra de cerveza (Entrenamiento // Privado Virion - Lon'qu - Gaius)

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