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Entre dagas y mordidas (campaña / privado)

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Mensaje por Invitado el Vie Abr 08, 2016 12:36 am

Definir un punto de encuentro en Norh era  más difícil de lo que . La ciudad principal, construida  la base de un volcán, contaba con tan pocas plazas o tabernas que el pobre ladrón tuvo que recorrer media capital buscando un lugar visible donde indicarle a su acompañante que lo esperara. Finalmente y varias jaquecas después, término eligiendo su lugar favorito en toda la capital, la puerta de salida.
Era una gran arcada de mármol negro, como todo ahí adentro, decorada con un intrincado labrado de ramas ascendientes que coronaban la puerta en un elaborado alto relieve de un extraño dragón de alas .
Contemplando la espectacular obra de arte, sintiéndose todavía más pequeño al tener que elevar tanto la vista para poder mirar  por completo, más aunque reconocía que era impresionante, los gustos Ylisianos del ladrón diferían mucho con los de los .

-… Demasiados ojos.-

Dijo y volvió a buscar con la mirada entre la multitud un buen lugar contra el muro donde apoyar la espalda y poder esperar por un buen rato.
Un par de guardias le pasaron próximo, y el bandido instintivamente se alejó de . Si bien llevaba consigo todos los documentos y papeles que le habían entregado en  que lo autorizaban a estar en la ciudad, el viejo habito de alejarse de los guardias se resistía a morir en él todavía.

Encontró un buen sitio rápidamente, un pedazo de pared lisa alado de la primera columna a la derecha de la entrada, y para su doble fortuna, unos gruesos barriles descansaban ahí. Ahora que tenía respaldo y asiento garantizado, el ladrón se dispuso a hacer una de sus viejas tretas que no usaba hace años, pero que siempre daban resultado. No importaba que parte del mundo fuera.
Frenó a un chiquillo que venía corriendo y jugueteando con un amigo, y dedicándoles su vieja y cálida sonrisa les habló.

-Chicos, quieren ganarse un par de grandes monedas de oro hoy?
Estoy esperando a un amigo mío. Viste completamente de blanco y tiene rl pelo del mismo color. Un rasgo más, una de sus manos  está completamente vendada.
Si lo ven, tráiganlo hasta aquí! Y corran la vos! Ya que quien lo traiga recibirá dos grandes monedas de oro de mi parte!-


Con los ojos brillando de emoción, los niños comenzaron a corretear por las estrechas callejuelas en busca de alguien que coincidiera con  la descripción.
Gaius, sintiéndose victorioso por la acción realizada, se sentó cómodamente sobre el barril y e echó para atrás.
Ahora era solo esperar.


Última edición por Gaius el Jue Mayo 19, 2016 10:57 am, editado 2 veces
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Mensaje por Invitado el Dom Abr 10, 2016 5:47 pm

Tenia un buen rato en aquel lugar, previamente había pasado un rato bastante interesante cuando fu a comprar unas plantas para hacer infusiones relajantes pues si algo había aprendido era el hecho de que debía mantenerse tranquilo si no deseaba perder el control como antes lo había hecho, después de todo no deseaba atacar nuevamente al pelirrojo que sería su compañero de misión esta vez. Hasta ahora ya había logrado transformarse varias veces de forma exitosa manteniendo el temple y la conciencia mas no podía evitar sentirse inquieto pues a diferencia de las demás personas con las que había luchado codo a codo no lo habían visto en su estado más salvaje y descontrolado, ahora que lograba recordar vagamente los sucesos de aquella vez se preguntaba si su compañero estaría tan asustado como el mismo lo estaba ahora.

- Um…. Señor…. -

Entre pensamiento y pensamiento, un niño se le acerco de improviso tirando tímidamente de su capa blanca lo cual llamo la atención del hibrido casi en el acto. Kija por su parte esbozo una pequeña sonrisa pues los niños le agradaban de sobre manera. Se arrodillo para quedar a la altura del infante, mirándolo con los ojos cálidos y pacientes que quizá solo alguien como él podría tener, admirando como el niño desviaba la mirada al contar con la total atención del albino.

- Dime pequeño, en que puedo ayudarte?

Pregunto en un intento de darle ánimos al chiquillo de que hablase aunque la realidad era que no le molestaba esperar el tiempo que fuera necesario para que el infante formulara su pregunta. El aura tranquilizadora del manakete era tan agradable que el niño loro tomar confianza rápidamente, dedicándole una pequeña sonrisa de vuelta.

- Un amigo suyo me dijo que lo llevara con él, puede acompañarme?

Kija asintió sin dudarlo poniéndose de pie y comenzando a caminar guiado por el chiquillo sin dudar de el un solo instante, ingenuo como era fácilmente podría estar siendo arrastrado a algún tipo de trampa y no se daba ni por entrado pues en su mente no concebía la idea de que los niños fueran capaces de cometer actos deshonestos o maliciosos como lo hacían muchos de los adultos, sin contemplar siquiera que estos podían ser obligados o manipulados. Se hiso una pequeña riña pues no paso mucho tiempo para que otros niños, al tanto de la recompensa, quisieran llevarse al albino con ellos por lo que el manakete resolvió aquel problema de la única manera en que considero adecuada. Así, Kija llego por fin al punto de encuentro donde su amigo, si es que se podía llamar así, rodeado por varios niños que venían con singular alegría comiendo galletas horneadas mientras que el más pequeño de ellos iba incluso sobre los hombros del manakete mestizo.

- Buenas tardes, ha pasado tiempo señor Gaius.

Nunca llegaron a convivir mucho ellos aunque ahora que lograba recordar el incidente de forma suficientemente vaga como para saber que lo había atacado sin razón alguna llegaba a sentirse ligeramente incómodo y nervioso. Los niños corrieron hacia el pelirrojo, todos y cada uno clamando que eran quienes habían traído al albino al lugar del encuentro, el híbrido por su parte solo pudo dibujar en el rostro un gesto de ligera confusión pues aun que había resuelto el problema según su criterio no estaba enterado de porque tanto revuelo.
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Mensaje por Invitado el Lun Abr 11, 2016 6:15 pm

La lagartija humanoide llegó rodeada de un mar de niños que le correteaban alrededor. El monstruo en piel de cordero sonreía ante los inocentes niños entregándoles dulces mientras sonreía y bromeaba con ellos. Gaius apretó los puños, él que sabía de su verdadera forma, tan bestial y primitiva que se permitía atacar a sus propios aliados, verlo rodeado de inocentes niños le dieron ganas de volverlo a golpear en la nariz.
Inhalo una buena bocanada de aire antes de ir a hacerle frente. Si bien ya se habían encontrado en otra ocasión y el manakete parecía tener un extraño caso de amnesia cuando se transformaba, por lo que no recordaba el ataque que había recibido la vez anterior de su parte, igual no confiaba en que no fuera a atacarlo. Los recuerdos siempre podían volver, y aunque no lo recodara, era un dragón, motivo suficiente para no darle la espalda.

-Bueno chicos! Quien ha sido el que lo trajo con ustedes?-

Dijo poniendo las manos en las caderas y sonriéndole al pequeño ejército de niños que había alrededor del peliblanco. Todos, muy enérgicos, saltaron con sus manos extendidas empujándose ligeramente entre ellos y cantando a coreo.

-Yo! Yo! Yo! –

Gaius no pudo evitar soltar una risotada, eran realmente todos unos pilluelos, le recordaban a un él más joven.

-Muy bien, muy bien. Entonces será una moneda para cada uno-

Los niños saltaron y bramaron de alegría mientras se agolpaban alrededor del pelirrojo, quien cuido que ninguna de esas pequeñas y hábiles manitos llegaran a sus bolsillos, pero manteniendo su palabra y entregando una moneda a cada niño que se había juntado. Algún listillo trató de cobrar doble moneda, pero no iban a burlar a su ojo con ese viejo truco. Despachó a los niños con un ademan y empezó a caminar hacia su compañero.
Cuando llegó frente a frente al peliblanco, ya no había ningún rasgo de alegría o simpatía en sui rostro. Con su serio semblante le señalo la gran puerta de la ciudad, y con un tono apagado se limitó a decir.

-Te envían de Altea, no es verdad? Entonces ya sabes que hacer. El puesto de avanzada está a unas horas de aquí. Vamos. Tú camina por delante.-
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Mensaje por Invitado el Lun Abr 11, 2016 8:43 pm

Kija admiro como aquellos chiquillos que antes estaban a su alrededor comenzaron a amontonarse junto al pelirrojo, entendiendo ahora el por qué todos aquellos infantes estaban tan decididos a que los acompañara, bajando cuidadosamente al pequeño que tenía sobre los hombros contemplo en silencio aquella pequeña escena sin poder evitar esbozar una pequeña sonrisa no solo por aquella alegre energía de los chiquillos si no por la actitud del pelirrojo hacia ellos. Ahora que se lo ponía a pensar un poco caía en cuenta de que su misión en aquel reino era precisamente el proteger a esos niños, a sus amigos y familias de futuras tragedias provocadas por aquella terrible plaga de cadáveres andantes.... así que por más culpable que se sintiera por acontecimientos pasados tenía que dar lo mejor de sí para garantizarles un futuro mejor a esos críos.

- Entiendo.... -

Se limitó a decir soltando un pequeño suspiro y agachando la mirada. No se necesitaba ser un genio para notar aquel cambio de actitud tan radical que el contrario había adoptado una vez se quedaron solos, era más que obvio que su presencia no era grata y aquellos ojos verdes lo miraban como si pretendiesen acuchillarlo, sería una travesía difícil, eso quedaba claro. De manera obediente y tranquila el albino comenzó a caminar para ir frente al pelirrojo, aunque la verdad no entendía del todo el porqué de aquello.

- Esto…. Hoy hace un día muy agradable, no? -

Aún tenían un par de horas para llegar al punto al que debían así que Kija pensó que quizá lo mejor era intentar limar asperezas, después de todo estarían trabajando juntos un buen rato y aquella relación tan incómoda y falta de confianzas solo podría resultar perjudiciales así que intento entablar una pequeña charla para…. Conocerse mejor quizá?.

- Ahhhh, um…. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, como ha estado?

Según recordaba, aquel parche en el ojo que traía no estaba allí cuando se encontraron en la guardia, mas no creía que fuera buena idea preguntar y menos aun cuando no eran ni remotamente cercanos. El corazón del manakete mestizo latía fuertemente contra su pecho y de alguna manera daba gracias de que Gaius estuviese detrás de el pues estaba seguro que tenía dibujado en el rostro un gesto de nerviosismo bastante notorio. Debía disculparse por el incidente en el que lo había atacado pero no sabía cómo abordar el tema ni mucho menos como podía pedir disculpas adecuadamente pues estaba más que seguro que su interlocutor no se tomaría nada bien si solo le decía “Oye, perdóname por casi matarte la otra vez”. Tenía que buscar la manera pero su mente estaba totalmente en blanco.

- Yo… yo he estado viajando mucho, u-usted sabe… de aquí para allá, viendo esto o aquello… E-eso me recuerda que traje conmigo las galletas que le gustaron la otra vez…. Les di unas cuantas a los pequeños pero me asegure de guardarle unas tantas

Y de allí el chico guardo silencio, aunque no le viesen el rostro directamente era notorio que estaba nervioso con sus ocasionales tartamudeos y voz temblorosa, de verdad que el hacer las paces podría resultar incluso más complicado que el eliminar a los emergidos.
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Mensaje por Invitado el Miér Abr 13, 2016 8:11 pm

El manakete le hablaba de a tal ligera y confianzuda que hacia que el ladrón apretara los dientes.
Inhalando profundamente el ladrón mantenía la calma y un pie delante del otro. No era momento ni lugar para andar recordándose viejas riñas, ya que pronto estarían en una riña de  verdad, y ahí siempre se le podía escapar una puñalada hacia el peliblanco? No, imposible, el muy desmemoriado eras un jodido dragón. Por mas que en su forma humanoide pareciera muy santo y tranquilo, el ladrón nunca debía olvidar este detalle, ya que la ultima vez casi le cuesta la vida a él y a su compañera.

Volvió a suspirar, ya casi nunca pensaba en ella, hacerlo siempre le revolvía el estomago de culpa, pero bueno, tampoco es que pudiera hacer nada para evitarlo. Porque se permitía  tener pensamientos tan profundos? Pensar tanto en sus acciones? La vida le era siempre más fácil cuando simplemente se dejaba llevar por la corriente. Bueno, porque otro motivo estaría aquí y ahora si no fuera por dejarse llevar, no?
Tanteó dentro de su peto la carta que debía presentar ante el primer oficial en el puesto de  avanzada, el documento se lo había entregado el príncipe Marth en persona, con ordenes de presentarse ante el ejercito local y prestar servicios como  soldado.
Ese pequeño príncipe tenia o mucha fe en el ladrón, o se lo quería soplar de arriba muy fácilmente, en cualquier caso el ladrón solo estaba allí por la gran bolsa de oro que el noble le había puesto enfrente por hacer acto de presencia en esta tonta guerra contra los emergidos. Su misión era presentarse como enviado de Altea, y eso era todo. Según había entendido, no bien hiciera eso podía girar sobre sus talones y volver por donde vino. Y con ese pensamiento en mente levanto la vista al manakete que insistía en entablar una conversación con él.

-Aha…. Tu sigue avanzando  blanquito, que pronto llegaremos.-


Gaius imitaba el “amable” tono que tanto lee conocía a los guardias cuando lo escoltaban a las mazmorras, debía admitir que le divertía por fin ser él el que lo usara.
A lo lejos pudo distinguir las banderas del campamento, al igual que los toldos de las tiendas de campaña. Bien, ya habían llegado! Por fin toda esta locura terminaría. Apuró el paso sin importarle sobrepasar al dragón, aunque cuando paso por su lado no perdió oportunidad de manotearle esas tentadoras galletas que tan bien le salían al dragón.

-Vamos! Tenemos trabajo-

Dijo secamente mientras comenzaba a disfrutar de ese crocante dulce.
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Mensaje por Invitado el Lun Abr 18, 2016 9:13 pm

Incomodo, todo aquello era por demás incómodo y por más que se esforzaba por intentar se agradable nada parecía funcionar. En cierta forma sabía que el pelirrojo debió de haberla pasado mal cuando perdió el control, intentaba entenderlo pero aun así no creía merecer ese tipo de trato cuando solo intentaba ser agradable y hacer las paces siendo el colmo de todo que aquel tunante tuviese el descaro de quitarle las galletas pese a que claramente seguía tratándolo de aquella forma tan desagradable.

- Cuando alguien se toma la molestia de prepararle comida que le guste lo menos que se debe hacer es dar las gracias.

Comento el albino acelerando el paso y poniéndose enfrente, estaban juntos en aquella misión y por tanto el manakete pretendía dejar por lo menos las cosas en un punto neutro y así evitar un fracaso estrepitoso en la misión tal como lo veía venir si seguían así.

- Intentaba buscar un mejor momento para hablar de ello pero supongo que tendrá que ser aquí y ahora. Recuerdo vagamente que perdí el control de mi transformación cuando estábamos en Begnion y que arremetí contra usted en esa ocasión, por eso le pido mis más sinceras disculpas.

Comento el joven hibrido haciendo una pequeña reverencia característica de Hoshido cuando se pretenden pedir disculpes por una falta grave que se comete hacia otra persona, esperando que con eso el ladrón entendiera que no tenía nada en contra de él.

- He de hacerle saber que me he esforzado mucho porque esa situación no vuelva a pasar y le aseguro que ya tengo pleno control de mi forma de manakete, así que… de ser posible…. Quisiera que usted me diera otra oportunidad, prometo no defraudarlo.

No esperaba que después de aquello se volvieran cercanos de golpe pues sabía mejor que nadie lo complicada que era la situación, aun así quería hacerle ver al pelirrojo que ya no había peligro alguno y de esta manera poder llevar las cosas de forma más tranquila, al fin y al cabo eran compañeros de equipo.
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Mensaje por Invitado el Mar Abr 19, 2016 7:05 pm

Gaius se paró en seco ante los reproches de peliblanco. Había pensado en dejarlo pasar, en concentrarse únicamente  en sacar toda su ira en el primer emergido que tuviera enfrente y simplemente ignorar o alejarse del draconiano al llegar al puesto de avanzada.
Pero no, el pálido muchacho parecía no entender cuando dejar de presionar al ya molesto ladrón y terminó de desatar la última cuerda que ataba en un correcto comportamiento al impulsivo bandido.
Tirando con fuerza la galleta a medio comer en el enlodado suelo, giró sobre sus talones para tomar al manakete por los bordes de la camisa y traerlo hacia sí, quedando ambos  cara a cara.

-Crees que esto se arregla con una simple disculpa?-

Gaius estaba completamente fuera de sí, la ira lo dominaba enrojeciendo su tez y haciendo gordas y saltonas las venas en su frente. Había pasado por mucho, demasiadas cosas. Y si, estaba echándole más culpas al peliblanco de las que realmente tenía. Pero eso no le importaba en lo más mínimo, en ese momento no tenía enfrente a un muchacho, tenía enfrente a todos sus asuntos pendientes y, en especial, tenía enfrente a un laguz… otro laguz con el que ya había tenido el desagrado de tener que enfrentarse y sufrir las consecuencias de lo irritables y volátiles que podían ser. Otro al cual también le había jurado venganza, aunque con más intensidad de la que le había jurado a esta. Pero no tenia al gran cuervo enfrente, pero si tenía la manakete y sus ganas por causarle el mayor daño posible eran palpables, por lo que cuando el gritó corrió por su garganta, salió con la naturalidad de una verdad irrefutable.

-UNA DISCULPA NO ME DEVOLVERÁ MI OJO!!!-

Lanzó al muchacho hacia atrás después de su fuerte declaración, con la mirada asesina todavía presente. Con los puños apretados simplemente siguió camino hacia las carpas del puesto de avanzada.
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Mensaje por Invitado el Vie Abr 22, 2016 2:14 am

El ladrón tiro con rabia la galleta antes arrebatada y le tomo por el cuello de su túnica acercándole a su rostro con notoria ira en la mirada. La situación era complicada pero el joven híbrido intentaba mantener la calma pues en realidad lo que el mas deseaba era arreglar las cosas y quedar en paz con el pelirrojo. Estaba preparado para que le gritase y se desahogara, incluso para que le tirase un puñetazo y así el pobre hombre pudiera liberar sus frustraciones mas nada podía haberlo preparado para la frase que prácticamente le hiso venir su mundo abajo.

"UNA DISCULPA NO ME DEVOLVERÁ MI OJO!!!"

Aquello lo golpeo mil veces mas duro de lo que un puñetazo podría haberlo hecho nunca estremeciendo el alma y el corazon del albino a un nivel que nunca creyó posible. Se quedo estático, mirando con incredulidad al pelirrojo que le habia soltado bruscamente para seguir su camino, centrando sus ojos azules en aquel parche que tenia en el ojo derecho.
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- Yo... le hice eso? -

Murmuro para si mismo mientras sentía un angustiante dolor en su pecho. No solo ataco a un hombre inocente y a su mejor amiga si no que le había causado un daño irreversible al pobre hombre, era imposible pensar que no era un monstruo ante aquella supuesta verdad pese a lo que las personas cercanas a el le dijeron todo ese tiempo pues la verdad parecía ser clara y marcada de forma permanente en el rostro de aquel pelirrojo que parecía odiarlo con justa razón, peor aun no tenia manera de compensarlo pues tal como se lo grito en la cara nada de lo que hiciera le regresaría el ojo perdido. Y así, con la voluntad y los ánimos hechos pedazos el joven de la zarpa draconica se encamino hacia la carpa del puesto de avanzada para reportarse, sentía el estomago encogido y un nudo notorio en la garganta sin poder siquiera alzar la mirada para encarar a quien estaba al mando.

Kija escuchaba la estrategia que les estaban planteando, en el lugar ya estaban al tanto de las "habilidades especiales" del híbrido vía paloma mensajera y estaban contando con ello para la táctica que se iba a realizar a continuación pues el enemigo les superaba en numero y por mucho, cosa que realmente no importaría tanto teniendo a un dragón gigante de escamas blindadas defendiendo el fuerte ubicado entre dos barrancas donde su numero perdía ventaja. Sin embargo, en toda aquella platica en la que le estaban explicando toda aquella estrategia el manakete no podía evitar preguntarse en como podría ser de ayuda para alguien, como que debía hacer si el era prácticamente un peligro latente para sus aliados. Sin embargo el albino no dijo nada y se limito a asentir con la cabeza confirmando que entendió las ordenes. El viaje hacia la fortaleza que debía defender transcurrió en un incomodo silencio en el que el albino se encontraba cabizbajo y sin muchos ánimos de relacionarse con los soldados que les habían mandado de apoyo.... finalmente estando allá y a pocas horas de comenzar la cruenta batalla Kija respiro profundo cubriendo con su mano derecha la dragonstone que colgaba de su cuello. El albino esperaba que al abrir los ojos su cuerpo se viera envuelto por la luz característica de su transformación, mas cual fue su sorpresa al comprobar que nada cambio en absoluto.

- No funciono.... -

Murmuro para si mismo mirando su dragonstone con cierto pánico dibujado en el rostro, cerrando nuevamente los ojos e intentando forzar a su cuerpo a cambiar de forma, pero nada sucedía. Comprobó que el interior de su piedra aun emanaba su característico brillo tornasol y tampoco parecía cuarteada o dañada lo cual le llevo a una aterradora y contundente verdad.

- N-no de nuevo, por favor. Cambia, cambia.... Por Naga y todos los dragones sagrados, cambia!!! -

Era el peor momento para que su habilidad decidiera irse a quien sabe donde, aun no lograba entender del todo como era que la perdió la primera vez pero le frustraba que sucediera de nuevo cuando había pasado por tantas penurias para recuperarla. Era aun bastante mas frustrante por el simple hecho que contaban con ella para salir victoriosos en aquella campaña.


Última edición por Kija el Miér Abr 27, 2016 8:59 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Invitado el Miér Abr 27, 2016 12:15 am

Gaius siguió camino sin preocuparse en qué estado había quedado su “compañero” después que descargara su bronca en él. Ciertamente él ahora se sentía más relajado y liviano, ya que se pudo sacar las ganas de gritarle a alguien a la cara por la pérdida de su preciado ojo derecho.
Seguía sin pistas sobre ese gigantesco pájaro humano, y el nombre por el que se había presentado la bestia ante él, ya pudo comprobar que había sido falsa, pero era un laguz, de eso no le cabía la menor duda.

Llegaron al puesto de avanzada y extendió los documentos hacia el grueso capitán, quien simplemente leyó la carta, les dedico unas miradas desdeñosas a ambos.
Señaló a mano simple el campo de batalla, donde a lo lejos de podía ver la cruenta batalla que un escuadrón de humanos libraban contra las erráticas bestias. Todo parecía que ambas fuerzas estaban casi a la par de poder, por lo que desempatar el asunto podría llevar algunas horas. El bandido suspiró antes de volver la vista hacia el malhumorado hombretón. Ya sabía que iba a decir y en que tono, y probablemente su trabajo nuevamente fuera escoltar a la lagartija hasta el campo de batalla. Que le habían visto, cara de niñero? Porque de todas las personas bajo el mando del todopoderoso lord Marth, lo enviaba a él, un desgarbado ladrón de poca monta, a un fiero campo de batalla? Seguiría molesto Marth por … Nonono, sacudió la cabeza, no había forma que siguiera molesto por ello y que él conservara la cabeza sobre los hombros.  
Una vez que le dieron la ubicación, el bandido partió escoltando al peliblanco con la compañía de otros cinco hombres armados hasta el campo de batalla. El plan era fácil, el dragón aparecería para inclinar la balanza a su favor, simple, siempre y cuando la bestia pudiera ser contenida.
Gaius miraba medio de reojo al manakete, todavía receloso por toda la engorrosa situación, pero más tranquilo por la cantidad de guardias para protegerlo. Pero en el momento de la verdad, cuando veían a un pequeño escuadrón de emergidos cargando hacia ellos espadas en manos, cuando el guardia a cargo incluso le grito al jovencito que era hora de transformarse y atacar, este nada hizo, solo se quedó ahí parado sosteniendo una piedra opaca entre sus manos. Que Grimas le pasaba? Era hora de atacar! Estaba rezando ahora acaso?

El ladrón no tuvo mucho más tiempo de debatirse o reflexionar sobre la situación, ya que casi enseguida tubo a un soldado arremetiendo contra el con una gruesa espada. Rodando sobre su espalda pudo esquivar el ataque y quedar a suficiente distancia para que no lo pudiera atacar nuevamente enseguida.
Se volvió para ver cómo estaba reaccionando el supuesto salvador de la situación, pero el peliblanco solo seguía con la tonta piedra en sus manos con cara de tonto. Pensaba dejarlos ahí tirados a su suerte? “Bah, mejor” pensó el ladrón. “No tenía ganas de verle las escamas de nuevo”.
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Mensaje por Invitado el Miér Abr 27, 2016 10:54 pm

Todo intento era inútil, por más que se concentraba o llamaba a su dragonstone esta no respondía en absoluto y los enemigos impíos ya estaban frente a ellos. Observo con angustia como los soldados comenzaron a pelear contra aquellos cadáveres andantes, los cuales poco y nada podían importarles que el plan trazado por sus rivales vivos se hubiese ido al traste.

- Nos dijeron que te convertías en dragón, has algo!!!! -

Le grito nuevamente uno de los soldados que batallaba contra un emergido que portaba una pesada hacha, el escenario era poco prometedor y el joven manakete sentía aquella terrible carga pesar sobre sus hombros. Quizá había sido un error regresar a los campos de batalla, había sido arrogante de su parte pensar que quizá un hibrido como él podría hacer una diferencia, el joven gobernante había puesto muchas esperanzas en el pensando que era algún tipo de ente sagrado… pero las tenía claras, su verdadera forma solo podría traer muerte y destrucción, no esperanza como tanto insistían en hacérselo ver.

- No puedo transformarme… no puedo… -

El pecho le dolía a mares mientras sus oídos se llenaban con el sonido de los metales chocando, el calor de la batalla. Las imágenes comenzaban a hacerse ligeramente difusas, los humanos que lo rodeaban estaban peleando con todo lo que tenían para poder librar al mundo de aquella amenaza, arriesgando sus vidas… los humanos eran seres pequeños, frágiles, con vidas realmente cortas y aun así ellos estaban peleando por librar su hogar de aquella terrible amenaza. Si no hacía algo en ese momento cualquiera de ellos podría salir gravemente herido pues los superaban en número… No fue si no hasta que uno de los emergidos fue en su dirección con la clara intención de atravesarlo con su lanza que la mente de Kija se nublo totalmente al igual que su mirada. Su pendiente comenzó a brillar con una luz brillante dando paso a la forma de aquel imponente dragón una vez más. Escamas brillantes, alas traslucidas de colores prismáticos pero con unos colmillos y garras verdaderamente intimidantes.
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- ROOOOAAAARRRRRRRR!!!!!!!!!

Rugió de forma intimidante mientras abría sus grandes fauces y prensaba sin miramientos al primer emergido que tuvo enfrente, sacudiéndolo como si se tratara de un muñeco de trapo hasta partirlo por la mitad. La bestia peleaba desenfrenada desgarrando, mordiendo y aplastando todo lo que tuviese enfrente, dirigiendo su atención siempre a aquellos que lo atacaban sin podad alguna aunque sus armas no lograsen atravesar sus duras escamas. La escena era tan visceral y aterradora que haría temblar al hombre más valiente, especialmente en el momento en que el dragón centrara su mirada en los soldados y en su compañero ladrón con el hocico y las zarpas llenas de sangre negra. Aun así, el gigantesco animal con aquella mirada azulina más fría que el hielo no parecía interesado en atacarlos, quizá de forma muy básica entendía que aquellos eran sus aliados más aún se mantenía agazapado sobre sí mismo, casi como si esperase a que alguien se animara a atacarlo. Quizá aquello podría confundirse con malicia o salvajismo, la verdad era que el joven manakete estaba asustado y aquel campo de batalla había logrado disparar su instinto de sobrevivencia cuando su mente se encontraba débil e inestable.
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Mensaje por Invitado el Jue Mayo 12, 2016 6:25 pm

El emergido que tenía enfrente le estaba dando gran pelea, en especial porque iba armado con una portentosa espada de doble filo, y el apenas con su gastada daga de bronce, la cual empezaba a tener la hoja floja y bailaba dentro de la empuñadura, estaba siendo hora de cambiarla. El monstruo levantó su espada para bajarla con gran impacto donde momentos antes hubiera estado el ladrón, haciéndole un tajo en su negra capa de viaje, la cual no había sido tan rápida como su portador. Apretó los dientes y mantuvo la mirada fija en su rival, al mismo tiempo que intentaba mantener la noción de lo que pasaba a su alrededor. Los demás guardias parecían tener problemas en contener a los agresores, ya que en cada estocada de estos retrocedían un paso, apenas y pudiendo frenar sus golpes, el principal problema era que todos seguían pendientes del peliblanco como esperando que en cualquier momento emergiera de él una fuerza salvadora.
“Incautos, terminaran muertos si esperan que alguien más pelee sus batallas” se dijo el bribón mientras buscaba alguna abertura en la postura de su rival, una brecha en la cual deslizar su daga y terminar con él de una vez. Después de dos estocadas más, por fin apareció esa brecha. Había descargado su espada, pero esta había dado contra un grueso tronco quedando apenas clavada en él, solo tomaba un segundo sacarla, pero ese era el segundo de ventaja del ladrón, no lo dejó pensar, se abalanzó directo al cuello, primero un corte, luego varios, los necesarios para asegurarse que ese monstruo no se volviera a levantar.
En esa tarea estaba cuando un resplandor y un gruñido a su espalda se le hizo extremadamente familiar. Por sobre su hombro pudo ver nuevamente a la criatura que había conocido hacía varios meses atrás en otro continente. Sus escamas blancuzcas con ese extraño tono cristalino eran inconfundibles, aunque debía admitir que lo recordaba más pequeño. Habría crecido desde la última vez? Eso definitivamente no era bueno.
Los soldados a su alrededor clamaron gritos de victoria y alegría, ya que veían en la bestia un portentoso aliado y compañero de batalla. Gaius, que lo veía con otros ojos, comenzó a dar unos ligeros pasos hacia atrás, y cuando la bestia comenzó a destrozar a su primer enemigo fue cuando terminó por dar media vuelta y volver al puesto de avanzada.
Lo había partido a la mitad? Con el estómago revuelto el ladrón corría sin mucho miramiento, solo concentrado en aumentar la distancia con la bestia, y fue por esa ceguera en huir que no vio a un emergido que le había alcanzado y cargaba su espada contra él.
En un acto reflejo, puso la palma desnuda para intentar frenar el espadazo que venía hacia su brazo, y si bien surtió efecto, ya que el corte fue superficial, terminó con un largo y sangrante corte en su mano hábil.
-AAAHHHHH!!!-
Chilló de dolor al tiempo que caía de costado al suelo. Como iba a hacer para defenderse si no podía tomar su propia daga?.
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Mensaje por Invitado el Lun Mayo 16, 2016 5:00 am

Todo era confuso en el campo de batalla y aun que Kija no tenia la capacidad de razonar las cosas adecuadamente en ese momento entendía la situación de una forma bastante básica.... humanos eran aliados, emergidos enemigos, no había que darle muchas vueltas al asunto. El manakete arremetía contra aquella plaga sin miramientos despachando a los emergidos con descarada facilidad pues se había hecho bastante mas fuerte con cada pelea que libraba y con todo lo que había aprendido a lo largo de ese tiempo.

El grito del ladrón llamo su atención por lo que giro su cabeza hacia aquella dirección notando como uno de los emergidos estaba dispuesto a darle el golpe de gracias mientras que el pelirrojo se encontraba herido en el piso. Sin pensárselo mucho Kija avanzo hacia ellos no necesitando mas de que unos cuantos pasos para alcanzarles, lanzando un golpe con su zarpa para alejar al emergido de Gaius prácticamente destrozándolo con la fuerza empleada y el filo de sus zarpas las cuales pasaron cerca del pelirrojo pero sin hacerle ningún daño. Los ojos azules del manakete entonces regresaron la vista hacia aquel humano, pequeño a su parecer mas sin ningún tipo de hostilidad realmente pues ademas de no verlo como un enemigo parecía estar seriamente lastimado así que no lo detectaba como una amenaza comenzando a emanar su aura tranquila de forma casi automática.

En ese momento aquel humano le parecía familiar aun que en ese estado no lograba reconocerlo de buenas a primeras por lo cual acerco su hocico hacia el comenzando a olfatearlo con curiosidad notando un fuerte olor a dulce emanar del humano el cual le resultaba un tanto agradable. De la misma manera pudo notar el olor a sangre venir de su brazo confirmando que se encontraba bastante herido por lo cual termino por recostarse al lado del pelirrojo posando una de sus alas encima de el como una forma de usarla como un escudo para protegerlo pues aun quedaban algunos emergidos en el lugar mas los caballeros de refuerzo podrían encargarse fácilmente de ellos. El manakete recostó la cabeza en el suelo esperando a que todo lo demás terminara recuperando la lucidez poco a poco pues su instinto se iba tranquilizando en cuanto ya nadie corría peligro.

- Señor Gaius?.... -

Pregunto al fin parpadeando un par de veces mientras su miraba regresaba a la normalidad y comenzaba a intentar comprender que había sucedido, fijándose una vez mas en el olor a sangre que venia del ladrón.

- Por Naga!, esta herido!... ughh... u-un momento por favor, c-creo que tengo algunos vulnerarys aquí. -

Declaro mientras que, envuelto de aquel brillo azulino tan característico regreso a su forma humana para intentar buscar aquellas pociones que el humano parecía necesitar. Se notaba notoriamente nervioso pues no recordaba, una vez mas, lo que había sucedido hacia unos momentos.

- Volví a hacerlo, verdad?, lo siento, lo siento!!!, no pretendía lastimarlo de nuevo!!!!... yo... yo.... no tengo excusa para esto... de verdad lo lamento. -

Kija se notaba terriblemente angustiado, al parecer sin darle importancia a las manchas de sangre negra que habían quedado en su boca y cuello por la batalla antes realizada. Por fin encontró aquellas pequeñas botellas que los humanos utilizaban para sanar sus heridas mas rápido entregándoselas al pelirrojo pues ciertamente el híbrido sabia de sobra que tenia una forma mas eficiente para curarse a si mismo por lo que no las necesitaba.

- Tome esto... lo hará sentir mucho mejor... de verdad lo siento. -

Se disculpo una vez mas buscando igualmente en su mochila de viaje algún par de vendas que pudiera usar, inundado por la culpa y sin saber que hacer para remediarlo, seguro que el ladrón ahora lo odiaba mas que antes.

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Mensaje por Invitado el Lun Mayo 23, 2016 1:35 pm

El zarpazo pasó a escasos centímetros del bandido, destrozando al emergido que lo había atacado, y casi logrando que Gaius se tragara su propia lengua del susto.  Con el corazón golpeándole fuerte contra el pecho cayó de espaldas al suelo para ver como la feroz bestia blanca movía la cabeza en su dirección y el bandido gateo en reversa instintivamente, mas para su sorpresa, en lugar de estar asustado y poseído por el terror, mirar aquellas blancas escamas le generaba una sensación de tranquilidad extraña e inusual en el contexto que se presentaba. Acaso esta era la famosa magia de os manaketes? La bestia acercó su hocico hacia él lo que volvió a reptar hacia atrás, ya no  era víctima del pánico, pero eso no significaba que iba a dejar que un dragón le pusiera las fauces encima lo más campante. Vio como la criatura lo cubría con una de sus colosales alas blancas, e incapaz de hacer otra cosa, el ladrón se hizo un ovillo abrazando sus rodillas, esperando que, de ser engullido, por lo menos fuera una muerte rápida.
Pasaron los segundos, pasaron los instantes, los minutos, y el ladón seguían sin recibir la puntada de dolor de los colmillos de la bestia clavándose en su carne. Tampoco se sentía especialmente aterrado o asustado por su situación, estaba simplemente nervioso, pero cómodamente tapado por aquella manta blanca. Era muy extraño todo, no terminaba de decidirse si le asustaba o no.

Un resplandor de luz blanca azulada y la aguda y melodiosa voz de su compañero hicieron que el bandido volviera a levantar la vista. El delgado muchacho volvía a alzarse a su lado en su inofensiva apariencia, inclinado sobre él con gesto de profunda preocupación en el rostro, ofreciéndole una botella plateada para que pudiera curar sus heridas.
Con anos dudosas, como despertando todavía de un sueño, Gaius tomó la botella entre sus manos, y fue a destaparla para dar un sorbo, cuando recordó todo lo anterior. Enojado se puso de pie de forma violenta, sin importarle que empujara al peliblanco al hacerlo.

-No necesito de tu caridad! No necesito nada de ti!-


Sacó uno de sus pequeños saquillos del interior de su peto y se lo arrojó bruscamente al manakete. Lo sacó de forma tan brusca y tan apurada que no se dio cuenta que otra de sus preciadas botellas había caído en el proceso.
Tapándose la herida con la mano libre, volvió a vociferarle al muchacho.

-Acaso crees que porque eres un poco amable conmigo voy a olvidar todo lo demás!?
Quítate de mi camino bestia! Criaturas como tú solo sirven para destruir! Pst! Por lo menos el ejército puede sacar buen provecho de eso!-


Señaló con un ademan el campo de batalla donde los cuerpos mutilados de los emergidos estaban regados por todas partes.
Gaius no dijo otra palabra, solo se dio vuelta y empezó a caminar sin prestarle atención a la patrulla que se acercaba hasta ellos.

Cosas que tiro:
Los objetos que le tiro a Kija ya fueron dados en la sección de transacciones entre personajes
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Entre dagas y mordidas (campaña / privado) Empty Re: Entre dagas y mordidas (campaña / privado)

Mensaje por Invitado el Miér Mayo 25, 2016 2:18 am

El pequeño saco con monedas y alguna otra cosa termino por impactarle en la cara para finalmente caer en sus manos, no fue nada especialmente doloroso pero si que llego a dejarle una ligera marca roja en el lugar donde le habían golpeado. Kija parpadeo un par de veces mirando como el ladrón vociferaba un montón de palabras que le resultaron muy hirientes pues si bien se sentía culpable por la herida que tenia el ladrón pensando que había sido cosa suya el que afirmara que solo servia para destruir logro tocar una fibra sensible en el híbrido.

- De verdad crees que me agrada hacer esto?... -

Respondió por fin el manakete superado por lo mucho que aquellas palabras lo habían lastimado, sus puños se habían cerrado con tanta fuerza que temblaban ligeramente y la mirada del albino se volvió ligeramente cristalina. Se sentía molesto por primera vez en mucho tiempo, indignado y dolido. Estaba acostumbrado al odio y al miedo de las personas, no es que le agradece igualmente pero había aprendido a ignorarlos.... Gaius por otra parte era diferente pues aun que fuera por muy poco tiempo pertenecieron al mismo grupo, fueron compañeros aun que nunca se hubiesen hablado fuera de aquella reunión con terrible comida. Los manaketes eran animales de costumbres al ser tan longevos y, a diferencia de los seres humanos, sus corazones tardaban mucho mas tiempo en cambiar, en sanar. Por eso en ese momento Kija la estaba pasando tan mal.

- No solo eres egoísta si no que también la persona mas desagradecida que haya conocido hasta ahora. Te he dado esas medicinas por que eres el único idiota en este lugar que esta gravemente herido y lamento ser yo quien te lo recuerde pero si no puedes siquiera sujetar tu cuchillo no eres mas que una carga. Aun así voy a tomarte la palabra y dejare de ser amable contigo, deberás cuidarte mejor de lo que lo has hecho en esta batalla pues no pienso volver a cubrirte. -

Llego a esa conclusión rápidamente después de haber analizado un poco las cosas pues recordaba lo sucedido vagamente pero lo suficiente como para darse una idea de lo que había pasado. Guardo el saco de monedas junto al tónico que venia en el mismo saco no por que realmente necesitase el dinero si no por que estaba lo bastante molesto como para dejarle aquellos vulnerarys como un obsequio.

- Los otros puestos de avanzada están lidiando bien con los emergidos pero debemos permanecer aquí hasta que el área quede limpia... no sabemos cuantos podrían venir en el próximo ataque así que descansen. -

Comento el guardia a cargo del grupo mientras que los cansados soldados se disponían a instalarse para tomar una breve pausa. Kija por su parte se notaba bastante pálido pues aun que había logrado enjuagarse la boca ese nauseabundo sabor a hierro aun estaba impregnado en su paladar, no tenia apetito en absoluto y francamente no era para menos. Un desasosiego singular inundo al híbrido al preguntarse cuantos mas pensarían como el pelirrojo y si de verdad lo veían como un arma mas para librarse de aquella plaga, de momento deseaba regresar a casa, a la tranquilidad de aquel templo perdido entre un bosque de cerezos... Lanzo un largo y pesado suspiro pues parecía que era mucho pedir de momento.
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Mensaje por Eliwood el Jue Jun 09, 2016 11:30 pm

Tema cerrado. Cada participante obtiene 80G.

Gaius ha gastado un uso de sus dagas de bronce.
Kija ha gastado un uso de su dragonstone.

Cada participante obtiene un incremento de +2 EXP.

Gracias a este aumento, Gaius obtiene un nuevo skill de la rama Trickster:

Entre dagas y mordidas (campaña / privado) Ventaja Ventaja - Técnica que lidia con la habilidad y velocidad de reacción, permitiendo al truhán ser siempre quien ataca primero. Aún si se le aproxima o le toma por sorpresa otro y aún si es el segundo o último en postear, se interpretará que el ataque del truhán sucedió primero.

El skill será agregado en breve a la tablilla de skills por Clase/Raza.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
espada de acero [4]
.

Support :
Marth Entre dagas y mordidas (campaña / privado) Iwzg0SR
Lyndis Entre dagas y mordidas (campaña / privado) JEIjc1v
Nils Entre dagas y mordidas (campaña / privado) JEIjc1v

Especialización :
Entre dagas y mordidas (campaña / privado) Espada%202

Experiencia :
Entre dagas y mordidas (campaña / privado) Iu4Yxy1

Gold :
327


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