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Tiempos desesperados, medidas desesperadas [Privado - Ike] [Campaña Lib.]

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Tiempos desesperados, medidas desesperadas [Privado - Ike] [Campaña Lib.]

Mensaje por Reyson el Dom Oct 11, 2015 8:13 pm

Aquellos desagradables seres venían siguiéndolo desde Gallia. Desde Gallia, demonios. Había estado en dicho país varias veces ya, no era su viejo Serenes ni mucho menos, pero al menos era un bosque y se aprovechaba a menudo de la unidad de la Alianza Laguz para pedir una visita o pasar algunos días allí. Jamás se lo negaban, y aunque paseaba bastante, nunca antes había tenido un problema de esa clase, un encuentro cercano con los ejércitos que incordiaban al mundo. Les había visto, en más de una ocasión, pero supuso que jamás se había acercado demasiado a sus rutas como para llamar el interés. Ahora, por algún motivo u otro, se habían ensañado con él y podía jurar que un pequeño grupito de ellos se había hasta desviado para seguir dándole persecución.

Su paciencia se había agotado hacía muchos, muchos kilómetros. Era un dilema de muy mal gusto, pues no había contado más de 5 ó 6 de los soldados aquellos. Número que, seguramente, cualquier simio con un hacha o una espada habría podido diezmar en cuestión de minutos. Pero no, no podía hacerlo él mismo, en primera porque no estaba seguro de poder con el peso de un hacha, en segunda porque no tenía nada útil a mano y en tercera porque su espíritu no lo habría soportado, seguramente se desmayaría por la negatividad de ello. Por sí sólo, lo único que podía hacer era huir, buscando alguna trampa natural, algún río que ellos no pudieran cruzar o algo de es índole como para perderlos.

Oh, pero ni hablar de simplemente volar lejos. Esa había sido su primera opción, pero la transformación le agotaba, había durado poco y ni bien se había vuelto un blanco más grande, habían tenido la encantadora idea de intentar darle con flechas y hasta con piedras; una flecha de punta de bronce le había rozado el ala izquierda, sobre la articulación, haciendo de cada aleteo una incomodidad molesta. Al fin y al cabo, resultaba estar más a salvo cubriéndose entre los árboles, que intentando cualquier otra cosa. Cómo detestaba a esas criaturas. En su corazón no distinguía en absoluto entre aquellos bastardos y el resto de los humanos, aunque estos últimos intentaran decir que no eran los mismos, o que no tenían nada que ver, o lo que fuese; eran todos la misma raza y merecían todos el mismo desprecio.

Y era así como había cruzado el bosque, hasta encontrarse con aprehensión con el borde de este. Menos árboles significaba menos obstáculos, menos escondite contra ese insistente puñadito de bárbaros que no le dejaban en paz. No le venía exactamente bien. ¿Significaba eso que ya no estaba en Gallia? No tenía ni la más menor idea, pero pedir permiso para pisar territorio era la última de sus preocupaciones en ese momento. Estaba encontrándose en campo abierto y no le convenía. Su vuelo se tornó errático, por ratos bajó al suelo para correr, recogiendo sus alas contra su espalda para evitar que las dañasen más, portando ya hilillos rojos de sangre entre las cortas plumas superiores. Era demasiado lento, sin embargo, y debió forzarse a alzar vuelo otra vez, sin más salida.

Divisó una figura a la distancia. Una figura que no estaba apuntándole ninguna clase de arma. Oh, rogaba que fuese algún guardián de la frontera de Gallia, o alguien que hubiese acudido allí para ayudarlo. Sin pensárselo dos veces, Reyson apuró el vuelo y se lanzó prácticamente en picada sobre aquella persona, chocando caóticamente y de frente, todo un lío de plumas, telas blancas y cabello largo.
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Re: Tiempos desesperados, medidas desesperadas [Privado - Ike] [Campaña Lib.]

Mensaje por Invitado el Lun Oct 12, 2015 10:32 am

Los Mercenarios estaban recibiendo mucho trabajo últimamente, y no era difícil saber la razón.

Los ataques de los Emergidos se habían vuelto constantes de un tiempo a aquella parte, y eso implicaba que los puestos fronterizos estaban en mayor riesgo que nunca antes: No era raro escuchar de incursiones de emergidos en los pueblos más cercanos a la frontera y, aunque las milicias eran activas, los constantes ataques eran un azote que, poco a poco, minaba las defensas incluso de las regiones más preparadas para responder a los mismos. Siendo así las cosas, no era de extrañar que las compañías de mercenarios estuviesen recibiendo un gran número de encargos, pues contratar ayuda externa permitía a las aldeas más desprotegidas defender sus territorios sin poner en riesgo a su propia gente, en muchos casos simples granjeros o artesanos que poco podrían hacer con un arma entre las manos, careciendo del entrenamiento para ser capaz de blandir cualquier tipo de arma con efectividad. Incluso los pueblos cazadores, que podían recurrir a la experiencia de sus hombres con el arco y flechas, contaban con pocos efectivos que pudiesen destacar en el campo de batalla y perderlos supondría que la aldea tendría pocas posibilidades de sustentarse en un futuro, por lo que no era de extrañar que se buscase el apoyo de compañías profesionales.

Al fin y al cabo, el oro era necesario, pero no podía compararse en importancia a las personas. No era difícil imaginar, presentándose la alternativa, qué escogerían... Y era por eso precisamente que los mercenarios de Greil se encontraban destacados en aquella región.

La frontera de Crimea con Gallia era uno de los lugares en que la compañía solía operar con mayor frecuencia, dado el número de encargos que recibían de los pueblos cercanos, pero en aquella ocasión no era exactamente para proteger una aldea que se encontraban allí, sino para investigar la frontera en busca de una guarida de bandidos que había estado atormentando la región y, cuando la encontrasen, poner fin a sus actividades. Lo cierto era que esos bandidos, pese a ser temidos en la zona, no parecían demasiado peligrosos: Incluso sin la ayuda de los mercenarios los pueblos circundantes habían conseguido repelerlos en más de una ocasión y por ello los ataques se habían reducido ligeramente en los últimos tiempos, pero por alguna razón esos mismos bandidos que se habían convertido en una broma habían empezado a volverse más violentos, atacando los pueblos cercanos y cobrándose en el proceso varias vidas, lo que había llevado a la necesidad de su actuación. Si Soren estaba en lo cierto, la mayor agresividad de sus recientes ataques tenía que indicar que los bandidos estaban en sus últimos estertores, intentando desesperadamente con sus ataques recuperar algo de su antigua fuerza, pero eso significaba no sólo que abandonaban toda cautela, sino también que eran más peligrosos que nunca. Sin nada que perder, estaba claro que se habían vuelto atrevidos, y la única forma de poner fin para siempre a sus actividades era encontrarlos y eliminarlos a todos, sin dejar uno solo. Claramente, tal cosa era algo de lo que los aldeanos no podían ocuparse... Pero ellos sí.

Y por eso estaba él allí. Su padre había dividido a la compañía en varias partidas de búsqueda para intentar hallar la guarida de los bandidos e informar, tan pronto la descubriesen, de su posición, de modo que se pudiese organizar un ataque con todos los efectivos para ponerles fin de una vez y para siempre... En teoría esa misión era simplemente de reconocimiento, y no se esperaba que ninguna de las partidas enfrentase en solitario a los bandidos, debían mantenerse a la espera e informar, de modo que se minimizaba el riesgo a sufrir bajas fácilmente evitables. Era una labor de responsabilidad, pero el riesgo debía ser mínimo si se seguían las órdenes. Quizá era por eso que Ike había sido enviado allí, en vez de quedarse en la base. Su padre claramente no esperaba enfrentamiento alguno y, para ser francos, Ike entendía la razón...

Sin embargo, aunque su labor no fuese la de combatir a los bandidos, Ike no dedicaba a esta tarea menos esfuerzos. Llevaba algún tiempo ya en la zona, buscando los posibles lugares donde los bandidos pudiesen hallarse, escuchando a los aldeanos, siguiendo caravanas que pudiesen ser potencialmente atacadas, pero hasta el momento no había habido ningún ataque, ni nada que se le pareciese. Ike estaba a punto de suspender la búsqueda para volver a una aldea cercana y replantear su estrategia cuando ocurrió algo que no esperaba: Apenas sí tuvo tiempo de desenfundar su espada e interponerla antes de que una suerte de bola de cañón cayese sobre él, derribándole y haciéndole caer al suelo... El golpe fue más que sonado, y Ike sintió su espalda resentirse por el golpe, pero por suerte el modo en que había interpuesto el plano de la espada había amortiguado en parte el golpe, haciendo que no hubiese que lamentar daños importantes. Aunque dolía como mil demonios...

Claramente, Ike no esperaba semejante ataque y, durante unos instantes, el aturdimiento le impidió preguntarse qué había pasado. Sólo unos instantes después, cuando pudo reponerse, se dio cuenta de que no era ALGO lo que lo había derribado, sino ALGUIEN. Cabellos dorados, ropas blancas... ¿Qué demonios?

Ignorando el dolor que todavía sentía, Ike consiguió acertar a rodar por el suelo lo suficiente para situarse al lado del tipo, lo suficiente para poder inspeccionarlo. Él (o ella, no estaba seguro) parecía haberse llevado la mayor parte del golpe, a juzgar por la sangre que había en su ropa, pero probablemente estuviese consciente. Por estúpido que eso resultase, Ike fue capaz de apartar por un momento de su mente su propio dolor y situar una mano sobre la espalda del tipo, encontrándose entonces con lo que parecían... ¿Alas? Su gesto de sorpresa fue eclipsado pronto al adivinar la sangre, y eso hizo que nuevas preguntas surgieran pero, más allá de ello, lo hizo la preocupación...

¿Quién demonios era ese tipo, y qué había pasado para que le cayese encima de esa forma? Dudaba mucho que nadie usase catapultas para proyectar gente por los aires, pero desde luego la sensación era similar... Para ser honestos, no era frecuente encontrarse con gente que cayese literalmente del cielo, pero lo atípico de la situación era lo de menos si esa persona estaba herida. Al menos por ahora.


- ¡Eh! ¿Te encuentras bien? ¿Qué demonios ha pasado aquí? ¿Cómo has... Qué demonios...? ¿Quién eres?


La pregunta que quería hacer era "¿Qué eres?", pero el sentido común fue rápido al tomar precedencia sobre su evidente confusión. Por fortuna.
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Re: Tiempos desesperados, medidas desesperadas [Privado - Ike] [Campaña Lib.]

Mensaje por Reyson el Mar Oct 13, 2015 2:33 am

Aquella era la peor y más incómoda caída que había tenido en décadas. Literalmente décadas. En lugar de atraparlo, ayudarlo o al menos molestarse en usar su cuerpo para amortiguarle la caída, aquel sujeto había puesto entre ellos algo rígido, como una barra de metal. Fue afortunado de estrellarse prácticamente con todo el cuerpo, pues si el impacto hubiese recaído solamente sobre una de sus extremidades o uno de sus hombros, habría sido fractura segura. Sus huesos huecos y ligeros no soportaban mucho más que eso. Además, había tenido el buen sentido de escudarse con un ala, suavizando el impacto. Qué suerte tenía...

Ojalá. Ese truco con el ala había sido la peor idea del siglo: ahora le dolía horriblemente y si llegaba a tener fractura... si llegaba a darse el caso... aquel torpe vigía no sabría lo que le esperaba. Por lo pronto, ni siquiera en eso podía concentrarse. El dolor sordo en todo su cuerpo le tenía bastante fuera de ello, así como el momento de desorientación al verse sobre el suelo, sin el otro cerca de sí. ¿Cómo había desaparecido tan rápido? Reyson apoyó las manos en el suelo y se alzó con un poco, con un quejido más de molestia que de dolor. Al tacto de la mano ajena en su espalda sus alas se movieron de inmediato, inconscientemente, abriéndose para golpearlo, aunque con una fuerza realmente mínima. El ala lastimada se retrajo inmediatamente. - ¡Ngh...! ¡No toque! - Le reprochó de inmediato, ladeando la cabeza  para ver al sujeto.

Ese no era un guardia de Gallia. Ese ni siquiera era un laguz. No habían marcas tribales, ni orejas, ni cola, ni alas a la vista.

Pues qué asco.

Escuchó a sus palabras de preocupación con una impresión totalmente distinta entonces. No se creyó, ni por un segundo, sus ánimos de ayudarle. Por supuesto, hacía 5 minutos había estado pensando que cualquier simio con una espada podría librarlo de quienes le perseguían, pero ahora que tenía a un beorc con una espada (¡se había chocado contra la maldita cosa!), la cosa había cambiado. Le miró de pies a cabeza con una expresión de desdeño, una mirada afilada en sus ojos de un verde claro. El sujeto lucía relativamente... limpio y decente, si, podía concederle eso. También lucía fuerte. No era el beorc más grande que había visto en su vida, pero su porte era relativamente ancho y parecía tener manos fuertes, además de contar con un arma. Parecía más o menos un beorc adulto, además. No quería pedirle ayuda, pero si iba al caso y consideraba sus escasas opciones, no estaba tan mal.

- No necesito darte mi nombre, humano. - Decía la palabra entre dientes, como si de un insulto se tratara. Pese a su aspecto andrógino, su voz era claramente masculina, inclusive profunda. - Pero harías bien en decirme tú quién eres y qué estás haciendo aquí. ¿Acaso ya admiten humanos en Gallia otra vez...? - Intentó ponerse de pie, pero sin el equilibrio que hacía generalmente con sus alas, era difícil. Los humanos corruptos y de mirada vacía que le habían acosado desde el bosque no debía de estar lejos, no podía perder mucho tiempo con el humano que, además, le miraba de una forma que le irritaba. Como si no supiese o no entendiese lo que tenía frente a sus ojos. Todos los humanos desdeñaban a los laguz, ¿acaso no conocía de cerca a sus enemigos naturales? No era ningún crío, como para eso. La garza no tardó en divisar a sus perseguidores, aún incansables. No había mucho que hacer, ahora ni siquiera podía volar bien, y sin eso, no podría huir a una velocidad decente.

Volvió la vista al muchacho y habló con un tono autoritativo, exigente. - Podría terminar esta reunión y retirarme, pero gracias a ti y a tu... herramienta de metal, no puedo exactamente irme volando. - Apuntó acusadoramente a su ala, los espacios entre plumas delinados de un muy leve hilillo de sangre. Era poco, pero para alguien de su raza, se sentía como bastante. - Así que sugiero que, cuanto menos, vayas y le digas a tus compatriotas que me dejen en paz. No me importa cual es su asunto conmigo, sólo diles que dejen de molestar. -
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Re: Tiempos desesperados, medidas desesperadas [Privado - Ike] [Campaña Lib.]

Mensaje por Invitado el Mar Oct 13, 2015 7:59 am

¿Pero qué demonios le pasaba a ese tipo...?

Los intentos de Ike por ayudarle fueron repelidos de una forma hasta violenta. El modo en que el tipo intentó golpearlo con su ala no le resultó de mayor consideración, habiéndolo considerado un reflejo propio de alguien que se había hecho daño, pero antes de que pudiese disculparse en absoluto continuó con sus palabras de desprecio hacia él, lo que sin duda dejó al joven Beorc con una expresión en el rostro que iba a medio camino entre el asombro y la molestia... Para empezar, el tipo parecía tener muy poco clara la posición en que se encontraba, siquiera el lugar donde estaban: Parecía creer que aún estaba en Gallia, sin embargo, había dejado la frontera atrás hacía ya un buen trecho y el modo en que se refería a él dejaba claro que tenía algo contra los "humanos". Bueno, al menos que hiciese esa distinción le dejaba claro, más allá del hecho de que tuviese alas, que él era otra cosa.

No sabía el qué... Pero desde luego tenía una cosa clara: El modo en que ese tipo le estaba hablando no le gustaba en absoluto y, aunque no sería él el que se negase a tender una mano a quien necesitaba ayuda, en aquel caso estaba considerando seriamente hacer una excepción, no sólo por el hecho de que era el tipo el que se había lanzado contra él forzándolo a bloquear para evitar un verdadero desastre, sino porque además no tenía la más mínima necesidad de ayudar a alguien que lo trataba de ese modo sin saber siquiera de dónde venía o qué le ocurría. Por lo que sabía podía ser incluso un criminal fugado, así que el riesgo de ayudarle era mucho mayor que el de no hacerlo. No le sentaba bien dejarlo ahí, de esa forma, pero Ike no estaba dispuesto a consentir semejante trato.



- ¿Sabes? No sé quién eres, francamente, pero teniendo en cuenta que has sido TÚ el que me has derribado apareciendo de la nada, esperaba un poco más de consideración. Para empezar, estás en Crimea y sí, aquí la mayoría somos "humanos", de hecho, es la primera vez que veo a alguien que pueda considerarse ajeno a esa clasificación y, si todos son como tú, no me extraña un pelo que no haya visto ninguno. De cualquier modo, hace falta mucho valor para tratarme de ese modo y luego pedirme ayuda. Creo que puedes solucionar tú solo tus propios asuntos. No es mi problema.


Así que se levantó, dejando al tipo en el suelo, y se dio la vuelta, tomando consigo su arma para marcharse. Si el tipo DE VERDAD quería su ayuda, haría bien en pedirla cortésmente. Por supuesto, era perfectamente consciente de que si de verdad estaba en problemas acabaría ayudándolo, pero consideraba que era mejor que aprendiese esa lección ahora que se trataba de él y no por medio de otros... Cualquier otro se largaría sin más y lo abandonaría a su suerte algo que Ike, por desgracia, no podía hacer. No al menos sin tener el cuadro completo. Pero mientras creyese lo contrario, esperaba que se portase con algo más de respeto.
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Re: Tiempos desesperados, medidas desesperadas [Privado - Ike] [Campaña Lib.]

Mensaje por Reyson el Miér Oct 14, 2015 11:31 pm

El humano no estaba respondiendo a sus exigencias suficientemente rápido. De hecho, no estaba respondiendo en absoluto. Al mirarle de frente, encontró reflejada en la mirada del otro la misma desconfianza y molestia que sentía él, perceptivo como era, resultaba imposible no darse cuenta. Pero no era a menudo que el Príncipe Blanco oía un 'no' por respuesta, no podía evitar que llegase como una sorpresa. Más aún, los años entre Kilvas y Phoenicis le habían enseñado mejor que nunca que si se mantenía firme eventualmente encontraría cómo hacer a los demás ceder; ante él, las demás aves obedecían rápidamente y quizás se había acostumbrado demasiado a ello.  

Así, las palabras del beorc le encontraron indignado pero silencioso, demasiado ajeno al concepto de que se le negasen exigencias. Oh, pero no doblaría su voluntad tan fácilmente, y aquello no era sólo para con humanos. Simplemente tenía más orgullo que eso. Mientras le oía se enderezó como si pretendiese verse alto, aunque una de sus alas caía mucho más baja que la otra, torcida en un ángulo incómodo, y su altura podía rivalizar la ajena pero de ningún modo su complexión o su porte contra el de un guerrero, luciendo todo menos amenazante frente a él.

- Crimea. ¿Así que aquellos son humanos de Crimea? - Fue a apuntar a los emergidos que le habían estado dando cacería, y para su mayor sorpresa, había dejado de ver a la mayoría del grupo. Habían dos donde antes habían 6, preparándose a cierta distancia con arcos y flechas. ¿Los demás? Probablemente en alguna maniobra extraña, pues se dispersaban hacia los costados, Reyson podía admitir sin dificultad que no sabía absolutamente nada sobre pelear, aquello que llamaban 'formaciones' y 'estrategias' era un nivel de la magia para él. Lo peor era que, si estaba viendo correctamente, no estaban siquiera intentando apuntar hacia el humano que se alejaba de él, reafirmando su creencia de que eran todos humanos de un mismo país, todos conocidos o aliados o al menos unidos bajo un sentido de hermandad, como casi todos los laguz. Ese beorc era extraño. Seguía haciéndose el ignorante, aunque no le atacaba ni intentaba bajarle las alas, como los demás. Pero, ¿de qué le servía si era tan complicado? Reyson se quedó mirando con frustración la espalda ajena al alejarse el mercenario, apresurándose a agregar, terco. - ¡Pero...! ¡Pero por supuesto que no soy un humano, soy un laguz! ¡Y tus compatriotas me han estado dando caza desde un país laguz libre, te hago saber! -

Iba a seguirle, pero el sonido de la cuerda de un arco tensándose le hizo congelarse y desistir, además de que parecía ser tarde, el humano se retiraba ya. No pudo sino quedarse quieto y alerta, aunque sospechaba que no sería mucho más lo que podría hacer, si ese sujeto no le ayudaba. ¡Pero no podía simplemente pedir la ayuda de un humano! Acabó por murmurar una serie de imprecaciones en un idioma que aquel reino probablemente jamás había oído, indeciso.

Y con esas palabras, apresuró sus pasos tras los del mercenario, tomándole por el brazo para detenerle. Con su escasa fuerza intentó girarlo hacia él, tomando aire como si fuese a decir algo, y... no, no podía, se sentía físicamente incapaz. Una mueca se dibujó en su rostro. - Yo... si les detienes... ugh. Agradeceré... que... hmph... - Le costaba horrores y no tenía exactamente todo el tiempo del mundo.
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Re: Tiempos desesperados, medidas desesperadas [Privado - Ike] [Campaña Lib.]

Mensaje por Invitado el Jue Oct 15, 2015 9:41 am

El tipo hablaba con palabras que desconocía. ¿Laguz? Era la primera vez que había escuchado término semejante, aunque desde luego parecía evidente que eso explicaría sus alas, posiblemente fuese una raza de más allá de esas tierras y, por eso, no lo hubiese visto antes... Eso tenía algo de sentido, bajo cierto punto de vista.

Pero aquello no eran sus compatriotas. Ike no se consideraba a sí mismo como perteneciente a ningún país y, probablemente, su padre viese las cosas de la misma forma: Su única patria eran los mercenarios de Greil, la única familia que conocía y, aunque la naturaleza de sus contratos muchas veces los llevase a servir a la corona de Crimea, eso no significaba en absoluto que estuviesen afiliados a ella o le debiesen lealtad alguna. Quizá fue este motivo el que llevó a Ike a girarse rápidamente, incluso antes de que el tipo hubiese llegado a pedirle ayuda de ese forma tan vehemente, tan pronto escuchó el sonido de un arco al tensarse. Para cuando la flecha surcaba el cielo, Ike ya había dado un rápido paso lateral escudando con su cuerpo al hombre rubio, usando su espada para desviar el proyectil antes de que pudiese causarle daño... Tal maniobra era bastante complicada, pues interceptar un proyectil que volaba a gran velocidad era algo que ni los mejores mercenarios podían hacer de forma consistente, pero en este caso la suerte se puso de su lado y la flecha se estrelló limpiamente contra el plano de su espada antes de ser arrojada hacia un lado.

Ike mantuvo en todo momento su gesto tranquilo y firme, aunque interiormente no podía evitar pensar que había tenido mucha suerte, así como plantearse un centenar de modos en que podría haber evitado el golpe, como empujar al tipo hacia un lado y moverse hacia un lateral, o recibir la flecha por él, incluso tirarse los dos al suelo. El que hubiese bloqueado la flecha en vez de eso había sido, sin embargo, un instinto, no un acto plenamente racional, y el mercenario tuvo que dar gracias a lo que fuera que estuviese velando por él porque hubiese tenido éxito, aunque dudaba que fuese a velarlo por mucho más tiempo... Distinguía al menos a dos enemigos, arqueros, pero sabía lo bastante de tácticas militares para saber que los arqueros JAMÁS iban sin apoyo. Muy probablemente el resto de aquella partida de caza se estuviese moviendo para rodearles, pero mientras estuviese atento no lo lograrían.

Así pues, Ike habló...


- En primer lugar, esos no son mis compatriotas. Y, en segundo lugar, no me gustan los abusones. No me importa qué eres, ni de dónde vienes, ni por qué te buscan. Guárdate tus compensaciones. No me quedaré de brazos cruzados mientras matan a alguien desarmado.


Y, con esas palabras, Ike se puso en guardia, intentando plantear el mejor modo de defender a ese tipo. Los arqueros eran el verdadero problema: Si cerraba la distancia con ellos, sería fácil matarlos antes de que pudiesen reaccionar, pero la distancia era excesiva y eso implicaba que, antes de llegar hasta donde estaban, habrían sido capaz de conseguir más de un tiro limpio sobre su protegido, y sobre él, ya que estaba. Además, dejar atrás al tipo iba a ser un problema si estaba en lo cierto y había más enemigos moviéndose para rodearlos. Ike estuvo unos instantes pensando y, entonces, se le ocurrió una idea, aunque era arriesgada...


- ... Necesito que te subas a mi espalda. No puedo dejarte atrás mientras me ocupo de los arqueros o te asaetearán, además, dudo mucho que estén solos. Si te abandono aquí, te atacarán antes de que pueda eliminarlos. Sin embargo, si te subes a mi espalda podré cerrar la distancia sin arriesgarme a que te maten... Puede que me lleve algún flechazo, pero podré soportarlo.


"Asumiendo que no acierten en algún punto vital", pensó, mas esto no lo dijo. Era realmente la única forma que se le ocurría de mantener al tipo a salvo Y poder cerrar la distancia con esos arqueros con un mínimo riesgo... Antes había visto que no pesaba prácticamente nada, así que no impediría demasiado sus movimientos y, mientras corriese en zig-zag, podría evitar la mayor parte de los tiros. Todos, con algo de suerte. Pero tenía que ser rápido y, sobre todo, eficaz... Aprovechar el tiempo en que recargasen para acercarse. Era la única forma de hacerlo.
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Mensaje por Reyson el Vie Oct 16, 2015 11:15 pm

Estaba tanto o más sorprendido de lo que estaba Ike con la maniobra defensiva, no la calidad de la maniobra en sí, sino el hecho de que un humano acababa de bloquearle una flecha. Se preguntó con qué objetivo, para qué, cual era el plan detrás de eso... debía de haber un plan o una segunda intención, no podía ser de otro modo. Los humanos no eran así. Quizás quería que estuviera sano para algún propósito u otro, como capturarlo sin que se desangrara. No podía evitar dudar de ese modo, su historial era suficientemente malo como para dejarle esa como única opción viable. Igualmente, para alguien tan ajeno como era él a las armas y herramientas humanas, resultaba bastante desconcertante detener una flecha a medio vuelo. Parpadeó anonadado por un par de momentos, y aunque la flecha no había llegado a destino, las plumas de sus alas se habían esponjado de todos modos en exaltación.

Ah, el sujeto estaba hablándole. Reyson tardó un segundo en procesar sus palabras, entendiendo con resentimiento que el beorc le veía como alguien desprotegido e inofensivo. Por supuesto que no estaba armado, tampoco era como si pudiera pelear, pero eso no le hacía ninguna clase de damisela en desgracia ni similar. - ¿Es esa una muestra de cierto sentido de justicia, o algo así? Hm. - Murmuró. Ya le haría saber que podía hacerse útil.

Primero, el plan del varón humano. Por supuesto que no le agradaba, tendría que estar más cerca de un humano de lo que habría querido en su vida y no le tenía miedo a la idea, sino sólo rechazo. Sin embargo, debía reconocer que no había otro modo, el humano se veía más fuerte, resistente y veloz que él. Además, a diferencia de Reyson, sabía lo que hacía y parecía tener una idea de qué hacer respecto al campo de batalla. No le hacía falta a él entender mucho para saber que eran 2 personas contra 6 y, por ende, no tenían las cosas a su favor, así que empezando por allí, lo mejor sería cooperar. Respiró profundamente para serenarse, enseguida fijando su mirada en la ajena. No veía, por más que quisiera creerlo, sombra alguna de malas intenciones o de ideas retorcidas. No había pesadez de espíritu. Ciertamente no era muy delicado en su hablar, pero... bueno, no había de otra. - No me haré un estorbo. - Dijo, aceptando, aunque fuese de manera tensa. De paso, le aportó al humano lo poco que sabía. - Hay seis de ellos, hasta donde conté mientras me seguían. Valiendo por dos o tres de ellos, tus posibilidades no son tan malas. -

No se explicó, al menos no inmediatamente. Sólo se escudó tras el otro hombre, sujetándose de sus hombros, su capa de tela común y aspecto de estar lejos de ser nueva. Aleteando sólo con el ala sana levantó un poco su peso, rodeándole el cuello con los brazos, sin apretar demasiado, apenas apoyándose en su espalda. No era necesario mucho más, apenas pesaría lo de un niño o una muchacha, no contaba con entorpecer al mercenario. Al contrario, si de ello dependía su supervivencia, haría algo que a la larga le convendría. Se convencía con toda vehemencia de que no era ayudar al humano, sino ayudarse a sí mismo.

- Usaré algo superior a magia en ti. No cuestiones. Ahórrate comentarios. Si te sientes distinto, sólo trabaja con ello. - Y no necesitaba informarle nada más. Explicar el arte del galdr tomaría demasiado tiempo.

Así, pues, simplemente comenzó. Si Ike necesitaba moverse rápido, ciertamente le haría moverse más rápido. Tomó aire, y el sonido que salió a continuación de sus labios no era ya una simple voz; había una resonancia extraña a la lírica, como si cargaran su propio eco. Era una tonada lenta, notas extendidas, sílabas en un antiguo idioma muy distinto al humano. Hacía poco más que susurrar, pues no necesitaba que nadie más que el mercenario le escuchara, pero habría de ser suficiente para vigorizarlo. Hacerle valer la fuerza de dos, la velocidad de dos al momento de correr. Intentó no pensar en para quién, o por qué, y sólo centrarse en lo que hacía. Se sujetó de los hombros ajenos y entonó para sus oídos.
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Mensaje por Marth el Miér Nov 25, 2015 4:43 am

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