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Drink me [Priv. Kagura]

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Drink me [Priv. Kagura]

Mensaje por Invitado el Lun Abr 04, 2016 10:45 pm

Las ordenes habían sido claras y precisas. Dichas de tal modo que había resultado incapaz de hacerme la desentendida. Con aburrimiento observe hacia arriba, la tonalidad purpurea resaltaba gracias a los nubarrones amarillos y verdes que salpicaban el cielo del puerto. Las tostadas-mariposa que sobrevolaban el sitio, viajando en cadena una tras la otra, me indico de que ya me encontraba cerca del mediodía. Una sonrisa divertida se abrió paso por mis resecos labios: ¡Ya era casi la hora!. El solo pensarlo me embargaba de una emoción indescriptible, de un sentimiento hacia mucho olvidado.

- A la larga, la lechuza al ratón atrapa~ .-murmure en tono ausente. Había bajado la mirada, observando a los herbívoros desperdigados en el puerto. ¿El dodo les haría correr esta tarde?  La gente sería muy estúpida si no lo hiciese, ya que esa era la única manera que tendrían para poder secarse.- Te-En-Con-Tre~.-silabe, bajando de un ágil salto la pequeña muralla en donde me encontraba hasta hace poco sentada. Mi oreja derecha se dejo caer hacia atrás, mientras que la izquierda se mantenía alerta, moviéndose cual radar atenta al más mínimo sonido. En la mañana apenas y si recordaba mi propio nombre, ahora en cambio no me preguntaba "¿Quien era yo?", sino "¿Quienes son ellos?". Y es que la variedad de especímenes aquí presente era fascinante.

El delgado cuerpo de una mantis religiosa se atravesó en mi camino, ataviada de ropajes sencillos y portando una caja. Atrás suyo avanzaban tres pequeñas criaturas, su cuerpo coincidía con quien creía era su madre, pero su cabeza resultaba completamente diferente en anatomía: Un búfalo, un cerdo y por ultimo una mosca. Mis ojos se abrieron brevemente en sorpresa, y sin poder evitarlo fruncí la nariz con cierto desagrado: los múltiples ojos del ultimo niño me habían observado más tiempo del que creía necesario. Obviando la sensación de repugnancia fue que decidí seguir mi camino: no podía permitir que el ratón se escabullese.

El roedor, en antaño un proveedor de Bumby, al parecer se había negado a realizar ciertas entregas al curandero. Y este, iracundo, había optado por borrarlo del mapa. Algo radical, pero comprensible: ¿Quizás tenía temor de que ciertas sustancias, atravesasen las aguas?. ¿O por el contrario, temía de lo que la rata podría traer desde más allá del horizonte?. La curiosidad me embargaba en lo que continuaba mi caminata, aunque bien sabía que no era algo de lo que realmente debiese preocuparme. Cada tanto mi atención era hurtada, ya fuese por los productos que se transportaban de aquí para allá, como por las criaturas que los llevaban de un sitio a otro.

En algún momento comencé a tatarear, cada tanto soltando un sutil silbido. Llevaba las manos en mi espalda, e iba caminando casi danzando de una manera infantil y relajada. El pequeño ratón había entrado en la ratonera: el mercader solía realizar tratos pequeños y anónimos en esta zona del puerto. Era un secreto a voces en el bajo mundo la preferencia que tenía por una pequeña edificación que servía a modo de bodega. El curandero no había desestimado esa información, de la cual muchas veces se había valido con anterioridad para enviarme a buscar algo que él había encargado. Y solicitando que otra persona escribiese la carta fue que cito al roedor en dicho lugar.

-Bastante descuidado, como siempre.-medite de manera casual. No había borrado en ningún momento la sonrisa de mis labios. ¡Era un buen día para trabajar!: ¿Remordimiento por tener que hacer desaparecer a un conocido? ¡En absoluto!, todos eran reemplazables en este mundo, incluyéndome: si se dejaba de ser de utilidad, simplemente debía desecharse. Y yo no quiero ser desechada. "¿Tan grandecita y sigues buscando medios para justificarte?, pmmffmuajajaja~¿No es eso un poco patetico, niñata?".-Nadie ah buscado tu opinión, Haiga.-sisee, creyendo ver ante mis ojos como mi anterior estado anímico decaía al punto de estrellarse en el cristalino piso.

La puerta de bodega se había cerrado: los dientes habían chocado entre ellos a sus espaldas, sumiendo el sitio en un tenso silencio. Las paredes de carne parecían palpitar con vida, los dientes eran utilizados como pequeños contenedores y la lengua era húmeda y resbaladiza. Cerca de la campanilla, se encontraba el pequeño roedor. Permanecía sentado en uno de los últimos molares, rodeado de restos de comida. Tan sumido estaba revisando sus pertenencias, que no había notado mi presencia.

-"Perrrrrrfecto~".-escuche ronronear. No me moleste en confirmar la presencia del felino. Solo sonreí con salvajismo, con una mirada perdida: ¿Estaba realmente observando al ratón?... no. Tenía la vista fija en su dirección, pero se encontraba vacía y carente de emoción. El andar se volvió sigiloso, mientras rodeaba por atrás de los blancos dientes al bichajo del cual debía encargarme.- La vida es una muerte que viene.-anuncie, regocijándome en el sobresalto del ratón.

"Los ojos violetas brillan, carentes de toda cordura. La boca muestra unos dientes blancos, con los labios torcidos en una sonrisa maníaca: la risa brotó divertida, extasiada y desesperada."

No quería darle oportunidad de escapar, pero tampoco sería entretenido si le quitaba toda esperanza. Una de mis manos, enfundadas en negros guantes se alzo hasta el sombrero. La que permanecía libre, tomo en un ademán burlesco parte de mi falda. Inclinándome, emule un saludo formal al mercader cuando este se giro con rapidez para observarme: tan torpe fue su movimiento y tan grande su sorpresa que termino reculando, terminando en el piso.- Y la muerte...¡Jeje~! ¡No es más que una vida vivida!.
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Re: Drink me [Priv. Kagura]

Mensaje por Kagura el Dom Abr 10, 2016 4:47 pm

-Eh, ¡eh! ¡¿Pero se puede saber qué intentas hacer con el ratoncito!?- preguntó Kagura indignada mientras se interponía entre la intrusa y el traficante, cuyas roñosas facciones recordaban vagamente a las de una rata. Había visto a la laguz de risa insana entrar de manera furtiva en la oscura bodega, y tras usar las sombras a su favor para permanecer oculta desde el principio, ¡tenía más que claro que se encontraba ante la presunta asesina de la que tenía que ocuparse para cumplir su misión! Rauda y veloz, extrajo de su bolsillo un trozo de papel arrugado que desdobló y mostró a la taguel con enojo. El pergamino, iluminado bajo la insuficiente luz de las lámparas de aceite que alumbraban el sótano, permitía leer en él una serie de crípticos caracteres, que escritos en una caligrafía muy cuidada, conformaban lo que parecía ser un encargo. Un dibujo fidedigno del traficante de aspecto ratonil figuraba también bajo la descripción codificada de la misión. Kagura sabía descifrar el mensaje secreto del manuscrito, pero como dedujo que la laguz no lo entendería a menos que fuese una erudita avezada en el campo de la criptografía, optó por explicarle lo que quería decir.

-¡No puedes matarlo! ¡No!- continuó diciendo casi a gritos, porque la mirada vacía de la extraña la inquietaba hasta tal punto que ignoraba si en realidad estaba comprendiendo sus palabras. -Se supone que tengo que defender al ratoncito. Si lo matas, ¡no me darán la recompensa!-

Kagura dobló otra vez el papel y lo introdujo de nuevo en su sitio. Le intranquilizaba estar hablando con la extraña, ya que tenía entendido que algunos laguz podían distinguir de forma instintiva a los branded como ella de los seres humanos normales, corrientes y requetemolientes. Aunque esperaba poder razonar con ella, era consciente de que pasase lo que pasase, debía asesinarla. Figuraba en su contrato, al fin y al cabo…

Sin embargo, el ruido de una huida precipitada a su espalda hizo que la kunoichi se voltease bruscamente y descubriese cómo su protegido escapaba a toda prisa mientras maldecía por lo bajo su insignificante existencia. “Idiota”, fue lo primero que pensó la pelirroja. Ya llevaba cuatro días cubriéndole las espaldas, ¡y seguía sin entender por qué el tipo no comprendía que su vida estaba más segura cerca de ella y no al revés! ¿Sería acaso porque se empeñaba en denominarlo ‘ratoncito’ a pesar de que éste le había dicho en reiteradas ocasiones que no le gustaba el mote? Fuera como fuese, tenía que darse prisa y encontrarlo. ¡Podía haber más asesinos acechando! La bodega era mucho más extensa y profunda de lo que parecía, ¡y más que bodega parecía un laberinto! Temía que esa taguel tan extraña se aprovechase de la situación e ignorase lo que le acababa de explicar. ¡Pues ella misma comprendía también que una presa era una presa! Sin decir nada más, la ninja se internó en el oscuro laberinto de cajas de madera y leñosos barriles.

La frenética persecución del ratón escurridizo había comenzado. Pero, ¿qué hacía una kunoichi de Hoshido tan lejos de casa en primer lugar? Esa pregunta tiene una clara respuesta. Y es que Kagura, una de las genin más destacadas del clan Yato, estaba visitando Altea en esa ocasión con un propósito muy distinto al habitual: tenía una misión.

La verdad era que a espaldas de su familia, que aún se negaba a querer prepararla para la ceremonia que la convertiría en una ninja en pleno derecho, adoptaba la identidad secreta de ‘Carrot’ precisamente para aceptar y cumplir encargos así de manos de todo aquel que estuviese dispuesto a pagar el precio apropiado. En realidad no tenía ni idea de lo que significaba la palabra ‘Carrot’, ni recordaba tampoco cuándo la había oído o leído por primera vez. Por lo que para ella, no era más que una palabra sin sentido ni definición cuya sonoridad se le había antojado lo suficientemente divertida como para empezar a usarla de pseudónimo.

El misterioso individuo encapuchado que la había contratado hacía poco en una de las tabernas menos concurridas de Hoshido, le había contado que debía viajar primero a las tierras del oeste para luego encontrar a cierto traficante que aseguraba que su vida corría peligro. La misión era sencilla: protegerle y asesinar a sus potenciales asesinos. ¡Sus actividades clandestinas tampoco podían salir a la luz! Aunque en condiciones normales Kagura habría rechazado encargos tan enigmáticos, la recompensa que le ofreció entonces el encapuchado resultó ser tan alentadora que no pudo resistirse a aceptarlo. Partió sin demora al día siguiente tras soltar una ridícula excusa acerca de no-se-qué-viaje-espiritual a su maestro.

Fundada por el linaje ancestral de varias familias de héroes leales a la causa de Naga, la esplendorosa nación de Altea constituía uno de los países costeros más populares de toda Akaneia. Por desgracia, su buena fama intercontinental se había visto resentida severamente debido a la llegada de los Emergidos, cuyos inexplicables levantamientos en aquellas tierras orientales sucedían de manera constante a las ciudades islote más apartadas, y por lo tanto, más vulnerables.

A pesar de la evidente disimilitud entre la arquitectura y la cultura de Altea con respecto a la de Hoshido, Kagura se sentía muy a gusto deambulando por las bulliciosas avenidas de la capital. Tan llenas de vida, el jolgorio del lugar bastaba para hacer olvidar a cualquiera de sus preocupaciones. ¡Y es más!, los habitantes locales parecían vivir totalmente ajenos al conflicto bélico que acaecía casi a diario en las islas vecinas. Eso ayudaba a crear un ambiente relajado y hasta alegre, sobre todo en las áreas más comerciales de la metrópolis, donde incluso el sol parecía brillar con más vigor y júbilo.

¡Pero ella no se encontraba en Altea para disfrutar del buen tiempo! ¡Atraparía al ratón antes de que alguien lo hiciese antes!
Afiliación :
- HOSHIDO -

Clase :
Thief

Cargo :
Ninja

Autoridad :

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Dagas de bronce [2]
Vunerary [3]
Kunais de bronce [3]
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Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1357


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Re: Drink me [Priv. Kagura]

Mensaje por Eliwood el Miér Oct 26, 2016 4:24 pm

Tema cerrado. 10G a Kagura.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.
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Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
500


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Re: Drink me [Priv. Kagura]

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