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El segundo comienzo [Privado; Katsuie, Nagahide]

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El segundo comienzo [Privado; Katsuie, Nagahide]

Mensaje por Eliwood el Sáb Abr 02, 2016 3:17 pm

El tiempo se le iba de entre manos más rápido que nunca, aquellos días. El final de jornada llegaba siempre muy pronto, aunque la pesadez en sus hombros y el cansancio en todo el cuerpo bien le indicasen que no era ligero asunto el que se desenvolvía. Madrugadas de preparar y organizar a las tropas, mañanas de marcha hasta adelantar un poco más su posición a través del reino, recuperar una leve porción más de Lycia; días y hasta sus noches enteras en el frente de batalla, por el tiempo que tomase limpiar cada área y defender la nueva posición, un fuerte o un campamento de avanzada. A veces eran interceptados, a veces surgían complicaciones en el camino, como también a veces hacía falta perseguir grupos enemigos que persistieran. A veces simplemente no caían con facilidad, aún con la amplitud del ejército aliado, y llevaba días y noches de corrido soportar oleada tras oleada de ellos. Los emergidos no eran torpes ni carentes de inteligencia. La movilización militar estaba trazada de antemano por los estrategas de Altea, pero el plan no siempre conseguía realizarse de la manera esperada, o tomaba tiempos enteramente distintos a las estimaciones.

Pero no cesaba de sorprenderse de lo que estaban logrando hacer. Debía darle su justa apreciación al momento y el lugar, preguntarse si era precisamente eso lo que llamaban 'hacer historia'. Suponía, de todos modos, que no le importaba demasiado si los libros documentaban el esfuerzo de todos ellos y les catalogaban como personas que habían tomado y transformado su propio destino; siempre y cuando se lograse el cambio que buscaban, un atisbo de luz para su atormentada patria, podía perdonar a los libros por no dar espacio a su historia en absoluto. Su prioridad era otra.

Y aún mirando pensativamente el escudo de Altea en los estandartes, aún sintiéndose en el umbral de la historia y del mundo entero, remitía su corazón a esa pequeña prioridad. No creía ser un hombre destinado a hacer historia, y con lo que allí lograban le era suficiente. Quizás estaba tocando la edad en que perdía esa clase de ambiciones, nada más. Pero era una noche despejada sobre el gran campamento instalado dentro y alrededor de un fuerte recién recuperado, era una brisa fresca y limpia la que allí soplaba, y el marqués se sentía satisfecho. Las antorchas derredor estaban siendo encendidas ya, los soldados puestos desde hace un rato a descanso y dispersos en sus ocupaciones. El conteo de heridos no era excesivo aquella vez, nada que gastar un par de báculos curativos no reparase. Todo estaba en órden. Con eso, él también quedaba en paz.

Sin embargo, no se permitió aún considerar la campaña por terminada ni desprenderse de la ligera armadura que portaba, pechera y hombreras aptas para el cómodo uso de la espada. Habían sido años sin tener que llevar armadura, y ya no parecía tener día en que pudiese quitársela, lo mismo con la espada asegurada a su cinto. Al caminar por la vía principal y al acercarse a la estancia principal del campamento, la sala común en la planta baja del fuerte, buscó un par de rostros en particular entre el amplio número de soldados. Le restaba tiempo suficiente, era buen momento para escuchar el reporte de la jornada tanto como el reporte general del movimiento militar, semanas desde que había podido estar al tanto de los detalles. Bien podía hablar con un par de soldados y enviar por las jóvenes a las que había encargado tales tareas, pero no se le antojaba hacer una reunión formal de ello. Estar fuera de su habitación cerrada, entre los demás, era algo que le hacía falta aún. Pueril de su parte, quizás, pero era una necesidad ocasional.

Localizó al menos a una de ellas; o así creía, viendo a contraluz el cabello largo de una figura femenina, cerca de donde un cuidador de caballos y un par de sanadores se las arreglaban para reponer las dosis de vulnerary de cada quien. Aprovechó de entrar en fila tras ella, las manos puestas tras la espalda tranquilamente, como un soldado más; aunque bien sabía que todos allí conocían su rostro. Le divertía, de cierto modo. - Buenas noches. ¿Será posible disponer de algo de su tiempo? - Habló con toda la calma que podía conferirle al asunto, sin darle especial importancia.
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Re: El segundo comienzo [Privado; Katsuie, Nagahide]

Mensaje por Invitado el Lun Abr 04, 2016 6:38 pm


Las labores de un soldado eran bastante arduas, la ejecución de muchos de los encargos de los superiores podrían colmar la mente más preparada si no se era lo suficientemente capaz. Desde viajar a tierras lejanas para ayudar aliados en batallas estratégicas, hasta trabajar en la tierra natal capturando y persiguiendo criminales de poca monta, todo ello podría saturar la capacidad de muchos; pero no era así en el caso de la gran lancera de Pherae, no, ella decía ser siempre la mejor, porque a su parecer claramente lo era. Una preparación mental de una prodigio, y una forma de actuar tan desconcertante le daban a esta mujer la capacidad innata de destacar, o simplemente nada de esto sería verdad, y de un modo u otro lograba siempre destacar; fuera cual fuera la verdad, ella siempre resaltaba entre los demás. Era arrogante, si, y hasta quizá demasiado. Ella no era herida, sino que intencionalmente dejaba que le lastimasen para que así sus enemigos se confiaran, claramente así debía de ser, después de todo ella era la mejor.

Durante aquel día habría formado parte en las líneas delanteras del movimiento de reconquista. La soldado habría aprovechado el momento para doblegar a sus enemigos a la distancia que su arma le permitía estar. No había mayor placer que ser siempre quien quedase victoriosa. Rivalizar con soldados que sólo veían el enfrentamiento como un deber por su patria, mientra que, ella sólo quería acabar con más sólo para alardear, algo que haría aun si perdiera por falta de cantidad. Su lanza había sido usada en reiteradas ocasiones para robar emergidos de las manos de sus propios aliados, reclamando así su superioridad. No importaba el método que usase, ella siempre iba buscar el modo de ganar.

Petulante escena la que se pudo presenciar, iluminada por la luz de las antorchas, las tropas delegadas por Eliwood habrían avanzado junto a las tropas aliadas de Altea contra los emergidos retomando parte del territorio perdido; con esto un punto más sería anotado para la liga de Lycia, los emergidos debían ser reprimidos en todo momento, un fallo y estos podrían voltear la situación actual. Con la confrontación acabada, los grupos descansaron al levantar allí un campamento, era seguro el deber continuar, puesto que no había momentos para descansar plenamente. Una parada estratégica, heridos que tratar, tropas que reagrupar, un ego que alimentar.

Junto a una suave briza, la mujer se abanicaría al momento de descansar en las cercanías del cuidador de los caballos del ejército. ¿Cuál era la razón de sujetar un abanico en un día ventoso? Simple, el estilo, y un aire de superioridad. Reía internamente al pensar lo lamentable que debía ser estar al cuidado de animales, mientras que, ella personalmente se encargaba de parlotear y menospreciar a sus enemigos.

Ameno el sonido del caminar de los hombres, reagrupando unidades, descansando a lo largo del campamento antes de deber volver a luchar. Suspiró profundo sin soltar el asta de su arma, cuando un par de pisadas sonaron por detrás. ¿Pero le estaban hablando a ella? El hombre de los caballos no parecía haber atendido al llamado, por lo que no demoraría en voltear el rostro cubierto por su abanico y ver quien sería exactamente aquel que pedía algo de su tempo. Eliwood, su señor, sólo necesitaba decir un número, y eso se convertiría en hijos. ¿Por qué no? Si llegase a ser la mujer de un marques, podría ver desde arriba a quienes ahora tenía a su lado.

―Vaya, vaya~― Musitó sorprendida por la presencia del hombre de apariencia superflua. ¿Había estado él en el frente de batalla y no se había percatado? ―No haga semejante pregunta, sería un honor, mi señor― Replicó parándose firme para luego arrodillarse ante su presencia. Si este le había llamado, claramente la habría reconocido como lo que era, una gran mujer. ¿La deseaba tomar como esposa? Ella no estaba preparada para algo así. Aunque si este fuera el caso, no le vendría nada mal.

Las palabras de la mujer fueron oídas, y el hombre del junto a los caballo inclino su cabeza y continuó; tenía trabajo que hacer, era lo menos que podía hacer por él. Aún habían pequeños grupos de heridos por atender, de los cuales, en esta ocasión la lancera no había de pertenecer.



off:
Espero que esté bien xD
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Re: El segundo comienzo [Privado; Katsuie, Nagahide]

Mensaje por Invitado el Jue Abr 07, 2016 4:32 pm

Un difícil día para los miembros del ejército, los soldados en el frente de la batalla luchaban sin parar contra los enemigos que ocupaban el territorio del castillo más cercano. La alianza tenía como objetivo recuperar un de los castillos en territorio Lyciano y afortunadamente se cumplió el objetivo antes de la caída de la noche, aunque el número de bajas era mínimo, muchos soldados salieron heridos. La soldado de castaña cabellera logro ver como varios salían heridos, y como muchos eran salvados por una lancera que mataba rápidamente a los enemigos antes de que estos asesinaran a sus compañeros. La usuaria de hachas la respetaba por eso ya que, aquella lacera llamada Nagahide, se arriesgaba a recibír heridas por salvar la vida de sus compañeros de armas.

Con la luna en lo alto del cielo estrellado, los soldados heridos eran tratados mientras que aquellos que salieron ilesos de la batalla de aquel día descansaban o mantenían guardia ante la posible aparición de los enemigos. Entre los heridos se encontraba Katsuie, quien daba vueltas por el lugar con una flecha incrustada en el antebrazo izquierdo envuelto con un trozo de tela, la cual pasaba de lado a lado. La mujer deambulaba por el campamento buscando un lugar donde trataran su herida y la ayudaran a retirar dicha flecha, ya que anterior mente retiro una por su cuenta, para solo saber que no debería hacerlo sin ayuda a causa de no ser fácil vendarse por sí sola, además de poder verse ante un posible desangrado o infección.

En varias ocasiones, mientras se movilizaba por el campamento, aquellos encargados de tratar a los heridos le decían a la soldado que esperara para que la atendieran, pero ella lo rechazaba solo por considerar que los demás soldados esperando tenían prioridad y que su flecha podía esperar un poco más.

La mayoría de los reclutas se quedaban observando como la mujer caminaba por el campamento. ¿Quién no se quedaría observando a una mujer deambulando, como si nada pasara, con una flecha en su brazo? Después de avanzar un poco más por el lugar la mujer logro encontrar a quien se dedicó a salgar vidas durante la batalla.

―¡Nagahide! Al fin encuentro a alguien, necesito que me ayudes.― Anuncio en cuanto se acercó a su compañera, esta seguramente no tendría problema en ayudarla con su herida, no como los demás soldados que simplemente se quedaban mirando. Mientras seguía caminando hacia la peliazul logro ver nada más ni nada menos que a Eliwood, él estaba hablando con Niwa y ella los interrumpió al no lograr ver a su señor antes de acercarse. ―Lo lamento, no era mi intención interrumpirlo mi señor.― La mujer se disculpó ante el noble mientras se arrodillaba ante él en señal de su respeto, ignorando completamente el dolor de su brazo izquierdo, el cual quedo se encontraba a la vista mostrando claramente la flecha que lo atravesaba.
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Re: El segundo comienzo [Privado; Katsuie, Nagahide]

Mensaje por Eliwood el Vie Abr 15, 2016 7:11 pm

No intentaba pasar desapercibido pero sí, cuanto menos, pasar de forma casual. No hacer de su presencia una causa de atención para las cansadas tropas. Después de una campaña de días y noches por una pequeña avanzada más, permitirles su descanso era sólo lo natural; y después de compartir la batalla de aquellos días, liderando la reconquista de un fuerte que desde su adolescencia no había visto, estar entre la caballería y los soldados parecía sólo lo apropiado. Dar una impresión de unión que suavizara el impacto de ser reforzados por un ejército tan grande como era el de Altea, asegurarse de que la moral se mantuviese aún alta. Eran detalles y delicadezas en las que no cesaba de pensar, aunque por ratos sospechase él mismo que se preocupaba demasiado.

Deseaba que su acercamiento a aquella joven pasara de la misma forma, calmo y sin ceremonia, mas la discreción le duró pocos momentos. Sobre el abanico reconoció el rostro de la mujer tan bien como para recordar su nombre, verdaderamente pocos los nombres femeninos en la lista de reclutamiento, al igual que no demoró ella en reconocerle. - Se lo agradezco-- - ...y ya estaba ella arrodillándose en reconocimiento de su estatus, antes de que pudiese decir mucho. El hombre mayor soltó un suave suspiro. No podía realmente estar descontento por ello; apreciaba la formalidad y la inculcaba en demasiada medida como para sorprenderse de que le recibiesen de tal modo. En sí, hacía bien. No había más que hacer sino sonreír con la infinita paciencia que mantenía, y manejar grácilmente la situación. Tenía sus modos de ser gentil y persuasivo. - No son necesarios sus respetos ahora mismo, en el servicio de estos días se demuestra lo suficiente. Por favor, siéntase libre de relajarse. - Le tendió una mano, por una vez carente de los guantes de seda que en el campo de batalla sólo le habrían entorpecido el agarre del arma. - Permítame. -

Tenía frente a sí una de las personas que había buscado, esa era buena fortuna. Tan sólo tenía que pedirle mayores discreciones y salir en busca de la otra mujer, general que en aquel mismo instante se aproximaba a ellos. El marqués parpadeó con cierta incredulidad hacia su mejorada fortuna, pues no tendría ni que buscarla. Aunque, con eso, ya eran dos que se arrodillaban a su presencia. Mejor cambiar aquello antes de que los demás soldados pensaran que había motivo para estar en ceremonia, o peor aún, retomar las armas y prepararse para salir a cuenta nueva.

- Katsuie, usted también manténgase de pie. Permítanme algo de compañerismo, si no es demasiado pedir. - Dijo en jovial humor, aunque su sonrisa disminuyó levemente al ver la extraña vara que parecía sobresalir del brazo de la mujer. Le tomó varios segundos comprender lo que había frente a sus ojos, notar que no era algo atascado en su vestimenta, sino algo atravesado directamente por el brazo. Palideció en al instante. Podía ver bastante sangre en un día allí afuera, podía derramar bastante él mismo o ver la suya derramada, pero jamás podría acostumbrarse. Olvidó la mano que le tendía a Nagahide para centrar su atención en la otra mujer, agachándose un poco para alzarla por la cintura, no tocar de ninguna forma sus brazos, aunque lógicamente sólo el brazo lastimado debía doler. Exagerada preocupación para quien veía cosas así tan a menudo, pero eso jamás iba a cambiar. - ¡Dioses...! ¿Ha visto lo que trae en el brazo? ¿Acaso no lo ha sentido? ¡Por todo lo...! -

No estaba capacitado para tratar heridas. Había tenido la fortuna de contar con estudios al respecto, lo suficiente para entender la gravedad de algún daño u otro, saber un poco sobre cómo manejar las distintas heridas en una situación en que detenerse no fuese opción, pero distaba mucho de ser un sanador. Y si no se atrevía ni a tomarle el brazo el herido, por miedo a causarle dolor, menos aún podría hacer. Frunciendo el ceño en profunda consternación, volvió la vista hacia Nagahide. Las doncellas solían recibir educación para remendar heridas, dependiendo de su estatus. Aunque era más bien apoyo lo que buscaba; con que tuviese más aplomo que Eliwood para esa situación le sería suficiente. - Me temo que hablaremos posteriormente. Esto debe ser atendido de inmediato. -
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Re: El segundo comienzo [Privado; Katsuie, Nagahide]

Mensaje por Invitado el Vie Abr 15, 2016 11:56 pm


Las palabras de su señor le daban a entender cuan agradecido estaba por su gesto. A ella, exclusivamente a ella. No sólo le permitía tener el honor de su presencia, sino también de dirigirse hacia su persona. Tan bellas palabras que deseaban acortar la distancia omitiendo la formalidad; ¿cuáles serían los intereses de su señor al acercarse hacía ella únicamente? ¿Podría significar este acercamiento una oportunidad en su vida? ¿Deseaba un lazo de intimidad? Quien diría que los extravagantes y ególatras actos de la dama ante él serían dignos de su atención. Este incluso extendía su mano descubierta hacia ella para que la tomara y se levantara. Menos no podría esperarse de tal caballero. ¡Qué buen gusto tenía su señor!

No lo iba a pensar demasiado, tomaría la mano que humildemente le habían extendido. No podía insultar un gesto tan simple pero detallado. Tendría el privilegio de haber tocado a su señor, para alardear de eso por los siguientes años. El mudo definitivamente quería que tuviera un buen futuro; era la mejor, no podía ser de otro modo. No obstante, en aquel mismo momento la mujer de "gran personalidad" exclamaba su nombre inoportunamente. Debía de ignorarle, no podía perder su tiempo haciendo esperar a su señor. ―Qué humilde gesto― Dijo rápidamente, intentando hacer caso omiso al pedido de ayuda que arruinaba por completo SU glorioso momento. Lamentablemente, la susodicha de pechos parlantes ya se encontraba allí, faltando el respeto a SU señor, quien estaba hablando a solas con ELLA. ¿No podía dar vueltas por allí y volver luego? No, aparentemente no podía; tenía que interrumpirla en el mejor momento. Lo peor de todo fue, que inmediatamente captó la atención de su señor; le estaba robando toda la gloria. Echarla podría hacerla ver mal, y a la vez insultar a su señor. Debía callar, pero no podría permitir que tomara la mano que había sido extendida exclusivamente para ella.

Extendió su mano lentamente, mientras su señor a la misma vez la retiraba... ¡Todo era culpa de esa mujer! ¡Acaparadora de atención! ¿Qué importaba lo que tenía en su brazo? ¿No era consciente de lo que hacía? ¡Seguramente hasta era intencional! Dudaba que fuera tan inteligente como para saber que su señor se fijaría en la competente mujer anticipándose al hecho, aunque en cierto modo era algo que tarde o temprano iba a suceder. Debía estar celosa de lo que presenciaba, a tal punto de ignorar su herida para arruinar todo por lo que en largos años ella había trabajado. Tenía a su señor justo en frente, y venía ella a agitarle los pechos por delante. ¡Tramposa! ¡Era injusto actuar así sólo por haber nacido con dos bolas de cebo delante! Abrió su abanico nuevamente ya una vez estuvo de pie, mordiendo disimuladamente su labio tras este. ¡Era injusto! Pero debía admitir que había jugado sus cartas muy bien. Tendría que tener cuidado de hoy en adelante, porque una lanza accidentalmente podría clavarse en su otro antebrazo.

Sonrió bajando su abanico cuando su señor volvió a dirigirle la atención que realmente merecía. No importaba una simple flecha atravesada entre dos huesos si la tenía a ella delante; pero su señor parecía ser del tipo de persona bondadosa que priorizaría el estado de salud de sus hombres sobre cualquier cosa. ¡Qué coincidencia! ¡Ella también era increíblemente bondadosa como para perdonar el haberle interrumpido con su estúpida herida sin importancia! ―Cómo usted diga, mi señor― Respondió calmada y atenta; para posteriormente dirigir la amable sonrisa hacia la embustera a su lado. Una dulce sonrisa que significaría una bella y futura venganza. ¡Cuánta bondad! ¡Nagahide era la mejor!

La solución estaba delante de sus ojos, o más exactamente justo detrás. Los sanadores que estaban sumergidos en trabajo de rellenar las dosis de aquella cosa rara podrían encargarse de ella, sanarla y sacársela de encima para dejarla a solas con su señor. ¡Era tan fácil como eso! ―Disculpen. Tenemos una herida aquí― Dijo volteándose muy sutilmente a los sanadores a su alrededor; para que de este modo le dieran la atención que la mujer de grandes pechos le había arrebatado de su señor. Ahora sería momento para que su señor notara su amabilidad. Bastaba con que le hicieran un buen vendaje para que pudiera así retirarse. Ella estaba muy ocupada como para perder su tiempo con ella y sus heridas.

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Re: El segundo comienzo [Privado; Katsuie, Nagahide]

Mensaje por Invitado el Miér Abr 20, 2016 11:06 pm

Lo había arruinado, el noble probablemente había ido a felicitar a la lancera por sus hazañas durante el combate. Claramente cualquiera felicitaría a un soldado que arriesga su vida por sus compañero, o eso es lo que Katsuie creía que había sucedido. En todo caso el señor Eliwood estaba allí para felicitar a su compañera por sus actos y ella lo arruinaba con su torpe aparición, había olvidado por completo la flecha al momento que vio al marqués, ya que sólo pensó que debía arrodillarse y mostrar su respeto hacia él.

Al parecer el hombre de alta cuna prefería que no se arrodillaran, tal vez sólo no quería llamar la atención para así no distraer a quienes se encontraban tratando a los heridos. Al escuchar esta petición, la mujer sin decir una palabra, solo asintió y se levantó manteniéndose en el lugar. Segundos después, cuando el marqués habló nuevamente con un tonó de preocupación, una pequeña sensación volvió a su brazo. ¡La flecha! Lo había olvidado completamente y al recordarlo el dolor volvió de a poco pero no pudo disimularlo tan bien como venía haciendo hasta el momento ya que una pequeña mueca de dolor se reflejó en su rostro para así esconder su brazo tras la espalda por simple reflejo.

El noble sólo con mencionar que la herida debería ser tratada de inmediato, hizo que la lancera rápidamente se levantara acatando la posible orden del marques. ―Cómo desee, señor.― Mencionó Katsuie al escucharlo y ver la rápida reacción de la peliazul. Aquella herida, aunque doliera, podría hacerse esperar mientras que se trataban a los demás soldados; pero al ver que su señor estaba tan preocupado como para ordenar tratar la herida, entonces sólo debería hacerlo. A la misma vez la mujer herida mostraría una leve sonrisa al saber que servía a un noble que se preocupaba por sus hombres.

Al momento que ambas mujeres acataron la orden, Nagahide se acercó a los sanadores que se encontraban más cerca de ellas para anunciar que tenían a una herida. Al escucharla, los hombres que justamente se encontraban recargando las dosis medicinales, voltearon hacia ella para ver la herida. Sanador:―¿Katsuie? ¿Aún no hace revisar ese brazo?― Voceó uno de ellos al ver a la mujer quien ya había pasado por el lugar hace bastantes minutos atrás. ―Siéntese, sin escusas de “que los demás soldados tienen prioridad”. ¡Ese brazo se infectará si no retiramos la flecha!― Al momento de decir estas palabras, su compañero se acercó rápidamente tomando a la mujer por el  brazo sano y prácticamente la arrastro hasta un tronco que estaría usándose como asiento. Era evidente que al ver nuevamente a la mujer que había pasado hace tiempo, y que aún mantenía la flecha en su brazo, no notaran la presencia de Eliwood por mantenerse concentrados en su trabajo.

Instantáneamente una vez que la mujer se sentó, ambos sanadores se concentraron en su brazo herido, uno con cuidado mantenía este estirado, mientras que el otro con delicadeza retiraba el vendaje que rodeaba la flecha. Una vez que el proyectil se encontró completamente a la vista, tras haber quitado el vendaje y la punta a la flecha, quien sostenía el brazo con una mano utilizo la que aún estaba libre para retirar la mencionada vara rápidamente y de esta manera su compañero podría así limpiar la sangre del brazo. ―¿Y está herida?― Preguntó el hombre al ver una herida aun cicatrizando a unos centímetros más abajo de la actual. ―Es de una vieja herida.― Respondió la mujer que se encontraba soportando el dolor y sensación del proyectil siendo retirado. Al cabo de unos minutos en tratamiento había terminado, la flecha ya no se encontraba en el brazo, la herida había sido limpiada y le habrían colocado un nuevo y limpio vendaje.
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Re: El segundo comienzo [Privado; Katsuie, Nagahide]

Mensaje por Eliwood el Miér Abr 27, 2016 8:28 pm

Asumía que si Nagahide no se encargaba ella misma de la herida de su compañera, debía ser por falta de conocimientos médicos, nada más que eso. Naturalmente que debía de estar tan preocupada como estaba él. No podía sino parecerle que se lo tomaba con demasiada calma considerada la gravedad de la situación, pero sin dudarlo asumía lo mejor; que mantenía la calma porque así ayudaba a los demás a tranquilizarse, que hacía lo que se podía hasta donde se podía. Ingenuidad pura y cruda de su parte, que salía a relucir tan pronto como se le conocía más de cerca. - Ah... gracias. - Musitó, parpadeando un tanto inseguro al respecto. Algo se sentía extraño sobre lo ocurrido, probablemente el hecho de que si se trataba sólo de volverse hacia los demás y encargarles la tarea a ellos, habría podido hacerlo él mismo. Pero sus modales estaban demasiado arraigados como para pensar de tal modo.

Nada de qué preocuparse demasiado. No eso, al menos. Tenía serias sospechas y preocupaciones respecto a la general y su herida, sobre todo ante la falta de reacción de su parte. No podía sino mantener su atención sobre ella, pues no había modo en que todo eso fuese normal. Se movía con demasiada naturalidad todavía, hablaba sin un ápice de dolor tomándole la voz. Con esa clase de perforaciones, lo correcto era efectivamente dejar el arma o proyectil en la herida, apenas cortando los tramos sobresalientes si sobraba el tiempo para ello, pues era cuando se retiraba el acero que el sangrado empeoraba y el dolor llegaba a su pico; no significaba, por supuesto, que la herida quieta fuese a dejar de doler. No era capaz de mantener la vista sobre el brazo herido, mas sí estaba atento a lo que tuviese el sanador para decir al respecto. Y le horrorizaba. La inquietud se obvió en su rostro al oír que había estado dejando tan grave herida estar, quien sabía por cuanto tiempo. Incapaz de desentenderse del asunto así como así, además de tener aún otros asuntos que posteriormente tendría que tratar con la mujer, no se apartó demasiado de ella al ser trasladada entre los sanadores.

- Pues eso lo explica. - Dijo con un consternado suspiro, perdiendo la jovial y tranquila expresión de antes, por un gesto mucho más serio. - Katsuie, ¿acaso ha dejado de sentir su brazo? Eso podría ser aún más grave... - Era la forma en que se explicaba a sí mismo la resistencia de la mujer. Se mantuvo algunos pasos fuera del camino para no entorpecer la labor de quienes le atendían, mas mantuvo la vista en el rostro de ella; quizás era su impresión, su preocupada mente haciéndole ver cosas, pero estaba seguro de que la notaba más pálida de lo que realmente era. - No puede dejar sus heridas yacer de ese modo. Nuestros votos prometen a Pherae nuestras vidas, pero he de recordarle que no es su deber luchar hasta morir. Su patria no prescinde de su sangre ni busca su sacrificio, valorará más que cuide de sí misma y nos permita a todos una jornada más a su lado. ¿Lo ha entendido? Cuide de si misma, no robe a este ejército de un valioso ho-- una valiosa dama. - Habló mientras era atendida, titubeando a la falta de costumbre con la que lidiaba, todavía novedoso y hasta extraño para él el aumento de mujeres en sus fuerzas. En las de Altea había inclusive más. Habría pretendido continuar, pero el proceso que tomaba lugar frente a sus ojos le hizo inevitable bajar la vista al brazo herido, y al comenzar a descubrirse la herida y la sangre no pudo sino apurarse a quitar su atención de allí.

Se giró de forma poco discreta para no continuar viendo, quedando de frente a la mujer de larga cabellera azul que les acompañaba. Por un momento, había perdido noción de ella. Sintiéndose demasiado en evidencia con su desagrado hacia las heridas y la sangre, hasta avergonzado de la reacción que acababa de tener, sintió sus mejillas acalorarse levemente. Oh, pero Nagahide parecía una dama paciente y gentil, esperaba que no lo tomase a mal. El resto, para su suerte, no estaba poniéndole demasiada atención; quizás era el hecho de que llevaba aún la armadura y la espada, disimulándole un poco mejor entre ellos, aunque la banda de oro en su frente y la capa de fino material a su espalda resaltaran bastante. - Ajem... - Se aclaró levemente la garganta, intentando retomar sus ideas y lo que le había llevado allí. - Le ruego me disculpe. Pretendía hablar con usted tanto como con su compañera. Me resulta bastante conveniente hallarles juntas, pues entenderá que no dispongo de demasiado tiempo, pero si hemos de permitirle descansar y es ahora un momento inconveniente, puedo posponerlo. No se trata de algo de urgencia ni de absoluta necesidad. - Dijo. Reunirse a solas con cada una de ellas no habría sido práctico en absoluto, por lo que se inclinaba a descartarlo.
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Re: El segundo comienzo [Privado; Katsuie, Nagahide]

Mensaje por Invitado el Sáb Abr 30, 2016 1:04 am


La sonrisa de satisfacción que la pechugona mostraba a su señor por lograr llamar la atención, le enfermaba. ¿Quién se creía que era esa mujer? ¡Embustera oportunista! ¡Ojala le quedasen astillas dentro de su brazo! ¡Desgraciada! ¿Cómo osaba preocupar a su señor usando como pretexto una herida tan insignificante? ¡Zorra! ¿Creía ser más que ella para robar el tiempo que su señor tan delicadamente le habría pedido? ¡Perra! Cada movimiento que esta hacía, parecía mantener la mirada de su señor Eliwood sobre ella. ¡Ramera! ¡Eso era una injusticia! Nagahide había sido llamada primero, tenía prioridad ante una cualquiera. No sabrían cuánto anhelaba el sufrimiento de aquella entrometida, acaparadora y oportunista trepadora social. No era rival para Nagahide, pero su señor no parecía darse cuenta en aquel momento.

No existía palabra que pudiera calificar lo agradecida que estaba al momento de escuchar como su señor le reprendía por su movimiento tramposo; usar una flecha para arruinar su momento, afortunadamente no parecía haber sido del completo agrado del hombre. Eso le pasaba por meterse en su camino, nadie, pero absolutamente nadie, sería capaz de hacerle frente. Ella era perfecta en todo aspecto; bella, tenía estilo, y hasta una personalidad y habilidad tan insuperable que daba envidia. Mujer entre mujeres, única e inigualable. Mantuvo en todo aquel momento, una sonrisa de satisfacción detrás de su abanico; mas su señor en algo se había equivocado, la única mujer de valor era la gran lancera de la liga de Lycia. ¡Aquella otra mujer merecía ser castigada más que con simples palabras! ¡Nadie se metía con Nagahide y salía ilesa! Había algo en esa herida que la llenaba de gozo, ¿o sólo sería imaginar cuanto dolor merecido sentiría aquella entrometida? ¡Un derramamiento de sangre muy bien merecido!

Le era aburrido esperar, ella no había esperado por nada. Si su señor le había hablado, claramente tendría algo importante que decirle. No iba a permitir que toda la espera que la entrometida fuera en vano. ¿Acaso se iba a ir con ella dejándola en completo abandono? Ni su señor podría tener semejante descaro... Pero afortunadamente, lo correcto ocurrió, y este nuevamente le dedicó algo de atención. ¡Ya era hora! Escuchó atentamente las palabras de su señor, y para su sorpresa no podía aceptar algo como eso. Él no disponía de tiempo como le hacía comprender e incluso ella imaginaba; pero no iba a arruinar tan gran casualidad sólo por una herida superficial como una flecha atravesando un brazo. Claro, porque ella no era la herida. ―Mi señor― Dijo en voz tenue ante su enunciado. ―No malgaste así su tiempo. Está aquí, aquí nos tiene― Añadió mostrando una cálida sonrisa que jamás borraba de su rostro por más mezquino que fuera su pensamiento. ―Ella sentiría culpa si su tiempo fuera desperdiciado a causa de su brazo. ¿No es así?― Alegó y volteó su rostro al preguntar; mostrando nuevamente una cálida sonrisa que ocultaba una mirada asesina. No podía decir que no, ¡no a ella! ―Por favor, continúe. Soy toda oídos― Concluyó volteando nuevamente a su señor, él único merecedor de su atención allí presente; no le importó en ningún momento lo que la otra pudiera decir, ya que ella tenía sus prioridades ordenadas. Ella, y por último aquella.

Sentía gran curiosidad por lo que su señor quería decir; más al mencionar que no sólo a ella buscaba, sino también a quien le había molestado con su presencia. ¿Qué podía querer de ellas? De sí misma se podía dar alguna idea, pero incluir a la otra mujer le hacía dudar de las verdaderas intenciones de su llamado. ¿Es que era polígamo? No le importaba que así fuera, pero no por ello se degradaría al nivel de la otra mujer, claramente Nagahide era mejor, debía de ser la primera.
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Re: El segundo comienzo [Privado; Katsuie, Nagahide]

Mensaje por Invitado el Sáb Mayo 21, 2016 7:30 pm

Sin intenciones, la atención que la soldado recibía opacaba completamente a la lancera que había sido llamada por su señor en primer lugar; y todo era a causa de su personalidad negligente ante las heridas. De haber sido algo más egoísta, podría haber tratado la herida antes que estar cediendo el paso a otros heridos de la batalla. No obstante, ella sabía que no presentaba ninguna herida dorsal, abdominal o algo considerable que pudiera peligrar su propia integridad. Era su brazo la única parte de su cuerpo implicada. Comparado con una flecha sobre el torso, la herida que ella cargaba era como una hormiga delante de un elefante. Si, el dolor del desgarro muscular por la varilla que atravesaba de lado a lado pasando entre los huesos era doloroso, pero no algo mortal. No quería preocupar a su señor con algo tan insignificante como una herida en un brazo, siendo más preocupante otros soldados que habían recibido cortes de mayor magnitud y aún estaban siendo atendidos. Era aquella preocupación lo que hacía recordar a la soldado Shibata que servía a un buen señor, y que su lealtad estaría con él hasta la mismísima muerte.

El rostro de la mujer expresaba la realidad de la lesión al momento de ser atendida, algo que su señor pudo notar desde la cercana distancia que había priorizado mantener. ―No, no señor.― Alegó al comentario sobre su propio brazo, el cual notablemente lo sentía, aunque intentaba ignorar lo mejor posible el dolor para no preocupar de más a su señor. Pero entonces, fue allí que oyó la reprimenda del hombre al cual había decidido dedicar su vida; y este tenía razón. Su propia torpeza y falta de egoísmo le había llevado a olvidar el importante detalle de que para poder servirle debidamente, debería de mantenerse con vida y en el mejor estado posible. Ignorar una herida como esa, por más que no fuera de la mayor gravedad entre los presentes, si podría ocasionar efectos colaterales secundarios que podrían ocasionar la muerte parcial o hasta total del miembro en sí; y también la de la persona si el problema se agravaba por no ser tratado jamás. Tenía únicamente la fortuna de haber perforado su brazo entre sus huesos, y no haber dañado ninguna de sus articulaciones que podrían anular posteriormente su movilidad.

Ella bajó el rostro tras escuchar todo lo que el hombre había expuesto, pes en nada se había equivocado. Ella era quien a causa de su personalidad había cometido un error imperdonable a su parecer. Le había fallado a su señor al tomar una mala decisión.―Lo siento mi señor, tiene razón, no volverá a ocurrir― Musitó con decepción de sí misma, para sí misma. Sentía que era una mala soldado en aquel momento, preocupando a su señor del modo que realmente evitaba que ocurriera. Guardó silencio por unos instantes hasta que acabaran su tratamiento, dejado que su señor nuevamente se dirigiera a quien por sus inicios lo habría hecho.

Durante la agonía mental que el silencio le significaba, escuchó como la lancera que admiraba desde aquel combate reciente se refirió a ella con respecto a su señor. Aquella mujer parecía conocerla mejor de lo que ella misma pensaba, su sonrisa aparentaba comprender la preocupación que ella sentía en aquel momento por fallarse al hombre frente a ellas, como si entregase en sus manos la oportunidad de redimir su pecado imperdonable con una simple respuesta que no dudaría en dar. ―Mi señor, concuerdo con sus palabras.― Dijo inmediatamente volviéndose a poner de pie inclinando su cabeza en señal de disculpa por su negligencia. ―No puedo permitir que mi brazo le sea una pérdida de tiempo. Hable, mi brazo sanará. No tiene de que preocuparse más― Agregó en un intento de aliviar sus culpas internas, aunque sabía que no podría asegurar la integridad de su brazo si debía de volver al combate; algo que de igual manera no era muy posible que ocurriese, al menos por el momento.
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Re: El segundo comienzo [Privado; Katsuie, Nagahide]

Mensaje por Eliwood el Vie Jun 03, 2016 6:05 am

Era un hecho que el marqués no era bueno regañando a nadie. Tenía un hijo ya no tan pequeño, al que había regañado tan pocas veces que seguramente se contarían en los dedos de una mano; gran fortuna que sus sus allegados, caballeros y tutores hubieran sabido ponerlo en línea el resto del tiempo. No funcionaba muy distinto con el ejército. Se conocía a sí mismo y había buen motivo por el que no entrenaba personalmente a las tropas, la disciplina simplemente era su parte menos favorita del deber. Ya se sentía suficientemente culpable de ver a Katsuie aceptar culpa con tal facilidad. De inmediato sintió un toque de arrepentimiento por cuanto había dicho, aunque hecho estaba; no quedaba más que mantenerse firme y dejarlo así. Aunque quizás debiese compensar de alguna forma... no, así estaba bien. - Pues bien, ¡asunto zanjado! Por favor no se sienta culpable, no ha sido nada esta vez. - Dijo, intentando borrar con presteza el momento amargo.

Verdaderamente, el motivo por el que había pretendido posponer la ocasión era su propio nivel de impresión hacia las heridas, una clase de empatía que ningún campo de batalla conseguiría quitarle, más que el descanso de la mujer. Sabía que un sanador podía solucionar eso en un instante, si fuese asunto de presión. No obstante, no había mucho caso si Nagahide insistía y la misma Katsuie le respaldaba. Sólo pudo suspirar largamente. Allí se quedaría. Sintiéndose algo bobo en el modo en que tercamente miraba la dirección opuesta, hizo un esfuerzo por dividir su atención entre la lancera y la general omitiendo la herida de la última; aún así, captó por el rabillo del ojo el brazo ya vendado, y algo de tensión dejó sus hombros al instante.

- ...de acuerdo. No daré rodeos, entonces. - Bajó la voz levemente, y con la misma sonrisa paciente de siempre dirigió la vista a los sanadores y asistentes que permanecían alrededor. - Señores, ¿podrían concedernos algo de privacidad? Lo apreciaría muchísimo. - Dijo. Por supuesto que sus tropas le obedecerían, no cabía duda al respecto, pero nunca sobraría ser cortés respecto a esa clase de cosas. Aguardó a que recogiesen sus implementos y se apartaran un poco, pasando la vista contemplativamente por el entorno en que quedaban: el banquillo para heridos con su variedad de manchas de sangre seca ya impregnadas en la madera, el espacio apartado entre pilares de aquel lado del fuerte, y su iluminación de tres grandes lámparas de aceite para facilitar la vista en la labor médica. No era tan privado después de todo, pero era discreto; la experiencia le indicaba que en ciertos casos eso solía ser mejor.

Y había dicho que no daría rodeos, pero no estaba en Eliwood realmente soltar las cosas sin pensarlas. Era sólo dar cierta impresión de levedad. Como siempre, sería cuidadoso en elegir sus palabras. En cuanto la sombra de los demás hombres hubo dejado la pared, habló con aquella practicada tranquilidad que siempre esgrimía, su inquebrantable disposición a toda índole de asuntos. - He de darles aviso que dentro de poco se realizarán ciertas... divisiones de nuestras tropas aquí. Es decir, damas, que estaré retirando a un número de soldados de Lycia de este frente de batalla. - Dijo, vigilando con interés cualquier reacción notoria en los rostros de las demás. Quizás no tanto para ese preciso momento, sino para atisbar el modo en que tomasen lo que seguía. - Somos ya una considerable minoría en respecto a las tropas de Altea que nos asisten; ninguno de nosotros podría negarlo. Sin embargo, es precisamente esto lo que me empuja a pensar de este como el momento propicio para algo que por largo tiempo ha necesitado hacerse. Y ustedes, ambas, están entre mis electos para ser alejados de este lugar. -

Era consciente de que era un extraño movimiento en un extraño tiempo, estando en mitad de la marcha de liberación que él y su aliado extranjero habían orquestrado. Nada era sin motivo. No obstante, cuidaba con gran delicadeza el flujo de cuanto decir y cómo decirlo, y en lugar de dar mayores explicaciones, miró a la dama del abanico y la recientemente sanada. - Por lo pronto, deseo oír de ustedes un reporte de nuestra situación aquí y ahora. ¿Cómo se ha desenvuelto la última campaña? ¿El movimiento en general? Quisiera oír de testigos del mismo campo de batalla una impresión respecto a nuestras posibilidades de éxito, si fuesen tan amables. -
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Re: El segundo comienzo [Privado; Katsuie, Nagahide]

Mensaje por Invitado el Miér Jun 08, 2016 2:52 am


Lo bien que se sentía oír a aquella desgraciada disculpándose ante su señor, no tenía modo de explicarse a la perfección. Impertinente mujer que se había atrevido a interponerse en su camino; bien merecido lo tenía, ser regañada y por qué no, expulsada. Infortunadamente, eso último era meramente un anhelo personal de la gran lancera, quien había tomado su osadía como algo personal. De no ser por sus propias palabras, esta susodicha desgraciada habría logrado que su señor se marchase sin más; a causa de una absurda intromisión. No había sido más que un rápido actuar, mas no por ello no tendría cosas que zanjar con la entrometida. Ella podría esperar, pero antes a alguien deseaba escuchar. ¿Qué sería lo que él quería decirle?, o mejor y incoherentemente, a ambas. Aunque estaba bien sabido que con su persona sería más que suficiente para lo que fuere, por alguna razón esta otra también estaba incluida en el asunto a tratar. ¡Le mataba la curiosidad!

Finalmente, tras la consecuencia de su insistencia secundada por aquella desgraciada, su señor accedía a decir aquello por lo que desde un principio habría ido. Internamente no pudo esperar a que los sanadores se retiraran como se les había pedido; dejando a solas a la gran soldado con su señor, y claro, la entrometida castaña también. ¡Maldita impertinente! ¿No podía percatarse de que ella sobraba en el lugar? Fuera lo que fuera que él fuera a mencionar, con Nagahide habría de bastar. Su aviso comenzó, con algo que, acompañada por la tenue luz de las lámparas, ciertamente a ella le desconcertó. ¿A qué podría referirse con aquel "retirando"? Palabra a palabra, cada una que escuchaba le dejaba aun más desconcertada, intrigada e indignada. ¿Algo que debía de hacer hace tiempo? ¿La última campaña? Cada palabra parecía acercarse cada vez más a la petición de su renuncia. ¡Intolerable! ―Con todo respeto mi señor― Replicó la mejor lancera de todo Pherae, omitiendo su última pregunta a causa de cargar en su respuesta, el futuro de su propia vida. ―¡No puede estar hablando en serio!― Prosiguió, cerrando su abanico en señal de injusticia. ―Le he servido durante siete años. ¿Y ahora simplemente me expulsa del ejército? ¿Es porque soy una mujer?― Continuó; ignorando en todo momento a la acorazada soldado que se vería en la misma situación, pero a ella nada le importaba lo que fuera a ser de aquella.

Siete largos años empuñando su lanza bajo su bandera y nombre; y por motivos propios y personales también. Ella no era cualquier mujer, era la mismísima Nagahide Niwa que todo lo puede y jamás se equivoca.... aunque realmente este sería su octavo año perteneciendo a la línea ofensiva de Pherae, mas sería lo suficientemente comprensiva para aceptar haberse equivocado aunque eso supuestamente no pudiera pasar. Era Nagahide después de todo. ―¡Tú!― Añadió señalando a la más posible causante de toda esta decisión. La mujer que había sido herida, y que con ello, habría demostrado el factor de "debilidad" que él podría asumir que también existiría en la gran lancera que sólo se había dedicado a rematar a los enemigos de sus propios compañeros para mantener un contador imaginario de aproximadamente tres a uno. ―¿Aún puedes moverte verdad? ¡Hazle saber a nuestro señor que aún le puedes servir!― Culminó con un tono de exigencia.

Si alguien tenía la culpa, claramente sería de aquella castaña que le resultaba familiar de algún lugar, más no por ello le agradaba su presencia. Si alguien debía ser expulsada, sería la pechugona desgraciada que había demostrado debilidad, y no ella misma que había resultado ilesa en aquel combate que no aceptaría fuera su último.
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Re: El segundo comienzo [Privado; Katsuie, Nagahide]

Mensaje por Eliwood el Vie Sep 09, 2016 1:41 am

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