Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados


Project Fear.less

Crear foro

Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Dom Mar 27, 2016 5:00 pm


Las magníficas vivencias de la soldado arrogante han de continuar luego del regreso de un viaje que había tenido que realizar hasta Altea, donde habría formado parte con ejércitos de emergidos. Fue hace dos meses la última vez que tocó suelos de Lycia, ahora estaba en su tierra natal nuevamente. Los días de volver a trabajar ayudando a los pequeños pueblos regresaron, mas sin embargo, ella esta vez había sido enviada a trabajar en las afueras de un pueblo, más exactamente dentro de una prisión, prisión donde había acabado aquel mercenario meses atrás. Su primer trabajo no sería exactamente el vigilar las celdas o los murales que rodeaban el terreno de la prisión. En esta ocasión, debía de realizar una vigilancia a los prisioneros que serían trasladados a trabajar en las montañas. Para ello, claramente también formaría parte del grupo de escoltas que se encargarían de llevar a los prisioneros a trabajar.

La mujer se encontraría en la prisión recibiendo sus órdenes, y reiría posteriormente al decir lo simple que iba a resultar lo que se le había indicado. No parecía haber nada difícil para ella, como si todo lo pudiera sólo porque sí. Alardeaba demasiado, realmente demasiado.

La caravana que trasladaría a los presos hasta las montañas, estaría lista para partir. Los prisioneros seleccionados para trabajar forzosamente contra su voluntad, habrían sido atados por sus antebrazos, y encadenados por sus tobillos con los demás reclusos; de esta manera se formaban grupos de cuatro a seis prisioneros que serían llevados en carretas acarreadas por un caballo guiado por un jinete del ejército desarmado. Estas eran custodiadas por un total de seis soldados cada una, manteniendo una mayoría numérica de unos pocos hombres más que la cantidad de reclusos a movilizar. Serían veinticuatro prisioneros, y un total de treinta y dos soldados armados -los jinetes poseían armas, pero por seguridad, estas eran llevadas por otro soldado alejado de las carretas-.

Tras cargar a todos los reclusos el grupo finalmente partiría, encaminándose hacia las montañas donde forzarían a los prisioneros a picar rocas, para luego cargarlas en las carretas que las llevarían a prisión para que nuevamente allí las sigan picando; además, aquellos que mostraran un mal comportamiento, deberían de cargar las rocas a pie desde la montaña hasta la prisión. El camino era algo largo, unos cuantos kilómetros que les tomarían un par de horas para llegar. Si todo salía bien, terminarían antes del anochecer.

Al transcurrir la primera hora, habían alcanzado el pie de la montaña, donde deberían de tomar un angosto sendero que costearía a esta de un modo bastante peligroso. La irregularidad y ancho del camino dificultaba el movimiento de las carretas, debían moverse con lentitud, sólo para que el jinete y el caballo no sufrieran un accidente, ya que los prisioneros realmente no importaban. Formaron una hilera, resguardando siempre cada carreta por un grupo de soldados armados, y finalmente de modo muy ordenado continuaron su recorrido. El camino se alzaba por lo menos a unos treinta metros de alto y ascendiendo constantemente, podían verse a un lado las copas de los árboles de algunas zonas boscosas en el pie de la montaña. Un sonido se oyó en lo alto, y una roca cayó justo cuando la caravana tomaba una curva. El caballo que evitó ser aplastado se asustó y parándose en dos patas relinchó. El hombre a su mando intentó detenerlo, pero sin que este obedeciera, corrió y acarreó la carreta por el bode del acantilado. El primer carro caía a más de treinta metros de altura. El jinete, el caballo, un soldado escolta y cuatro prisioneros ahora estarían siendo los protagonistas de un accidente que podría acabar con sus vidas.

El traslado se vio varado, mientras un grupo pretendía descender la colina en busca de sus hombres, el caballo, e impedir que los prisioneros huyeras si era que lograban sobrevivir. Un total de diez hombres comenzaron a bajar por la colina, y en ellos estaba la arrogante mujer. A pocos metros encontraron a su compañero arrollado  y sin vida colgando de las ramas de un árbol. El caballo habría sobrevivido, pero lamentablemente su estado sería crítico. No había rastros del jinete y la carreta con los prisioneros; estos debían de haber llegado al fondo del barranco debido a todo el peso que llevaban.

A la distancia se encontrarían los restos de la carreta de madera entro los árboles del bosque, lo poco que había sobrevivido a los vuelcos y los impactos de la caída. El jinete y un prisionero debajo de esta sin vida; junto a este por las atadura de la cadena, uno con heridas de gravedad, luego otro con una pierna y brazo rotos, y finalmente la cadena acababa en la pierna del mercenario y espadachín que había sido apresado por la mujer arrogante, pero él estaría completamente ileso. ¿Era suerte o desgracia para él? Capaz se le podría llamar suerte por sobrevivir, pero su desgracia de haber sido apresado por error, o sobrevivir estando unido a heridos y muertos no lo sería tanto. Tentaría su suerte, pues un grupo de diez hombres estaba en su búsqueda, bajando el peñasco por el cual la carreta había caído.

―¡Ohohoho!― Rio repentinamente la soldado que se había adelantado a los demás. Tenía motivos para reír, pues a sus pues había una rueda y una tabla de la carreta que buscaba. Ella había encontrado la primer pista, claramente era la mejor.  Soldado.E:―Se está riendo otra vez, seguro encontró algo. Que insoportable mujer― Dijo uno de los soldados más arriba del peñasco, dirigiéndose a otro soldado junto a este. ―Deberían ser únicamente hombres en el ejército, como tú y yo, sería lo mejor― Alegó mirando fijamente a su compañero. Soldado.L:―Lo siento, no pateo para ese lado― Respondió e ignoró todo lo dicho continuando su descenso, dejando al otro completamente impactado al hacerle notar que acababa de decir algo que podía malinterpretarse de muchas maneras.

El grupo de soldados se reunió en el lugar donde provenía la risa causante del eco en el ambiente. Tenían el primer rastro, sólo debían terminar de bajar para encontrar a los demás prisioneros, al jinete, y lamentablemente los restos de la carreta. Si los hallaban con vida, los tendrían que hacer caminar; pero si estaban muertos, los podrían dejar allí.



off:
Listo, aclaro que aún estaría bajando, tendrías tiempo de pensar que hacer. No es necesario encontrarse en el primer post, podes permanecer ahí si queres, puedo hacer que aún bajamos si queres tiempo. Así el tema se alarga (si nos cruzamos, podrá terminar rápido xD) Tranqui.
Kagu igual, puede vernos y después encontrarnos, o bien toparse a Kayn. ¡Hagan lo que gusten! Naga reirá igual (?)

Kayn primero, después Kagura.


Edito:
Aclaración tardía.
Soldado E es con espada, L con lanza, H será hacha y así. Así los diferenciaré xD


Última edición por Nagahide Niwa el Sáb Abr 23, 2016 8:42 pm, editado 2 veces
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Lun Mar 28, 2016 1:45 am

Los últimos meses del antiguo mercenario fueron bastante duros en la prisión, no solo tuvo que soportar el trato de los guardias con los prisioneros sino que también tuvo que tener cuidado de sus compañeros de celda que de vez en cuando trataban de aprovecharse de su persona para apaciguar sus deseos carnales, sin duda alguna un verdadero infierno estaba experimentando un joven de 20 años, aunque él todavía tiene un poco de fe en que las cosas mejorarían, pero a medida que pasaban los días perdía la esperanza de conseguir su libertad y de que los soldados eran buenas personas. Un pequeño rayo de esperanza ilumino la mente del pelinegro al enterarse de que sería trasladado de la prisión para realizar trabajos forzados en las montañas, tal vez la vida en aquel lugar sería un poco mejor que estar encerrado con otros tres sujetos y sufriendo los abusos de los soldados, el pelinegro simplemente espero su turno y siendo atado de sus antebrazos, además de que sus tobillos fueron encadenados a alguno de los prisioneros, Kayn se subió a su caravana asignada esperando que fuera un viaje tranquilo por lo menos. Escapar en ese momento era una idea realmente estúpida ya que cada caravana estaba vigilada por una gran cantidad de guardias, además del hecho de que estar encadenados a otras personas limitaba aún más sus acciones, para no decir que lo hacía casi imposible fugarse de la prisión.

El inicio del viaje fue bastante tranquilo, nadie al interior de la caravana decía alguna palabra y pareció que estuvieran esperando su inminente fin o su forzado destinado en aquel lugar que estaban siendo trasladados. Fue en ese instante que se pudo escuchar desde el exterior lo que parecía ser un desprendimiento de rocas haciendo que el interior de la carroza fuera inestable, lo próximo que recordó el pelinegro fue que despertó totalmente ileso y con un par de cadáveres a su lado aparte de que habían algunos heridos de gravedad que no tardarían mucho en sucumbir, a parte que la carroza que lo llevaba se encontraba completamente destruida por el impacto de caer treinta metros de altura. ― Al parecer una fuerza superior está velando por mi seguridad ― fue lo que pasaba en esos momentos por la mente del joven mientras intentaba recuperarse de la desorientación al haber caído junto a sus compañeros de prisión, el pelinegro pensó que sería la oportunidad perfecta para escapar del lugar ya que seguramente conociendo lo abusivo que eran los soldados, podrían culparlo perfectamente de causar el accidente y hacer aun mayor su tormento en la prisión. Lo primero que tenía que hacer el mercenario era quitarse las ataduras de su antebrazo y las cadenas de sus tobillos, por suerte el jinete llevaba un arma consigo así que podría utilizarla para cortar el tobillo del maleante que estaba al lado sufriendo y liberarse de la opresión de las cadenas.

Sin pensar en el estado de los que aún estaban vivos, el pelinegro comenzó a caminar un poco aturdido aun por la caída hacia el cuerpo muerto del jinete y retirando la espada de su cinturón con ambas manos atadas, el joven nuevamente estaría armado y listo para realizar su plan. Primero coloco la cuerda de sus antebrazos alrededor del filo de la espada para poder cortarla, Lo siguiente en su agenda fue acabar con la vida de la persona que estaba sufriendo por sus heridas luego de caer, este antes de morir le agradecería su acto de misericordia y le desearía suerte en su fuga. Con respecto al tipo con parte de sus miembros rotos, el pelinegro decidió acabar con su vida porque justo era una de las personas que le caía bastante mal en la prisión, el maleante intento suplicar por su vida y de que podía ayudarle a escapar, pero Kayn estaba decidido a realizar la fuga en solitario por lo que le hizo un profundo corte en el cuello del prisionero para que este fuera al otro mundo. Una vez que se aseguró de ser el único superviviente, el pelinegro cortó o mejor dicho desmembró el tobillo de la persona que estaba unido a su cadena y de esa forma se pudo liberar de llevar el peso muerto de los otros. Aunque ahora llevaba una cadena que le seguía a donde fuera junto la parte cortada del prisionero muerto, pero bueno eso era mejor que estar encadenado y atado. En ese instante comenzó a llover en el lugar haciendo que el suelo y las rocas estuvieran más resbaladizos, esto seguramente haría retrasar el descenso de los soldados que ya estarían por llegar para investigar el accidente. El problema era que el pelinegro no tenía rumbo fijo, por el momento trataría de refugiarse en alguna cueva que estuviera en las cercanías para comenzar a planear mejor las cosas, de esta forma empezó el intento de fuga del espadachín.

Off:
Hace rato no hago post largos, cualquier cosa me avisan para editar y Naga espero que no me jodas mucho(?), recuerda que dije que no quiero quedar tuerto ni nada ewe
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Kagura el Lun Mar 28, 2016 8:50 am

-¡Oye tú!- exclamó Kagura tratando de llamar la atención del joven desorientado al que había estado observando en silencio desde casi el principio del accidente. La kunoichi de Hoshido se encontraba agazapada sobre la robusta rama de un árbol grueso y al parecer, el preso fugitivo no se había percatado aún de su presencia. Vistiendo en aquella ocasión con su típico vestido de seda rojo y con unos pantalones negros tradicionales, el atuendo que ataviaba su delgado cuerpo resultaba tan ostentoso en esas tierras extranjeras que quedaba patente que procedía de otro país. La pelirroja acompañó sus anteriores palabras con una carcajada risueña antes de fijar su mirada en la cadena de metal que aprisionaba el tobillo de su interlocutor. -El tipo al que pertenecía ese pie que arrastras con tanto orgullo podía haber sobrevivido, ¿sabes?-

Aunque no lo aparentase demasiado, la ninja estaba muy contenta de haber encontrado por fin alguien a quien poder hablar. Llevaba cuatro días vagando por Lycia sin saber adónde ir exactamente, puesto que pese a que su intención original había sido viajar al marquesado de Ostia para entregarle un mensaje oficial importante a un joven diplomático que conocía, lo cierto era que se había perdido y ya no sabía dónde estaba. ¡¿Por qué demonios Lycia era una nación tan compleja?! Las elaboradas indicaciones que los guardias y civiles le aportaron para ayudarla a llegar a Ostia no hicieron más que confundirla, por lo que sin quererlo, acabó por encontrarse en esas solitarias montañas tan alejadas de la mano de Naga. Era comprensible entonces, que al escuchar el lejano relincho de un caballo asustado acompañado segundos después por el estruendo de algo pesado cayendo y rompiéndose cerca de su posición, fuese decidida a investigar qué había sucedido en busca de alguien que pudiese guiarla a su destino.

-A todo esto, que sepas que me llaman Kagura. Encantada.- se presentó a continuación la kunoichi mientras bajaba del árbol. Su extraordinaria destreza en el descenso era inusual ya que la madera se encontraba mojada y resbaladiza a causa de la repentina llovizna que había comenzado instantes atrás y que en esos momentos parecía dispuesta a aumentar en intensidad. ¿Sería quizá presagio de una tormenta? La muchacha, sin cavilar demasiado acerca de lo anterior, acercó entonces peligrosamente su rostro al del prisionero para observarlo mejor, tal y como hacía con la mayoría de personas que le despertaban curiosidad. Pero se apartó rápidamente con expresión de desagrado. Olía mal. ¡De hecho despedía un hedor muy fuerte para su sensible sentido del olfato! Era como si no se hubiese dado un baño desde hacía muchísimo tiempo. ¡Hasta los vagabundos de Hoshido olían mejor! Pero en vez de reprochar la cuestionable higiene del joven espadachín, Kagura prefirió disimular sus intentos de no-respirar el mismo aire del extraño y mostrarse más compasiva que de costumbre. De ese modo, introdujo una mano en el zurrón que cargaba a su espalda en busca de sus ganzúas, que usó después para liberar al fugitivo de sus cadenas. Como ninja la habían entrenado para depender más de su instinto que del raciocinio. Y su instinto le comunicaba a gritos que ayudar a escapar a un prisionero no era para nada una buena idea. ¡Pero eso a Kagura le daba igual! A pesar de no conocerlo, le resultó tan infantil la manera en la que había asesinado a los otros dos prisioneros que ya le caía bien. Aparte de que en vistas de su incapacidad de ubicarse en Lycia, pensó que quizá podría pedirle que le devolviese el favor llevándola por fin hasta Ostia.

-Una cosa.- empezó a decir nuevamente la joven ninja tras guardar las ganzúas de nuevo en su zurrón. A su espalda también portaba la funda alargada de su inseparable parasol azul, que extrajo tardíamente para cubrir tanto al espadachín como a sí misma de la lluvia. La pelirroja señaló lo alto de la colina por la que suponía que había caído la caravana de la que procedía el otro joven antes de continuar hablando. -Deberíamos irnos rápido. Se acercan.-

Dicho esto, cogió al espadachín de la mano y lo forzó a seguirla a toda prisa mientras se abría paso por el frondoso bosque. Instantes atrás había escuchado atenuados pasos y conversaciones -que se le antojaban a esa distancia como murmullos- de individuos acercándose gracias a su excelente sentido de la audición, muy superior al de cualquier ser humano debido a su sangre mestiza y su adicional adiestramiento como kunoichi. Si se trataban de los guardias de la caravana como su instinto le advertía con insistencia, no podía permitir que los pillasen. Era por eso que se dirigía con tanta vehemencia a cierto lugar que pensaba que podría servirles de refugio al menos hasta que acabase de llover. Kagura ponía especial atención donde pisaba, intentando ocultar cada huella de sus pasos. Su calzado y su destreza en el arte del sigilo le permitían avanzar por el bosque dejando muy pocos rastros a sus potenciales perseguidores, que probablemente serían borrados poco después a causa de la lluvia. Esperaba que su acompañante fuese igual de discreto.

-¡Aquí estamos!- anunció Kagura al fin, deteniendo con brusquedad su carrera. Ante los dos jóvenes se erigía una triste cabaña de madera abandonada largo tiempo atrás. La kunoichi la había descubierto y explorado mucho antes del incidente de la caravana, y estaba segura de que sería un lugar perfecto para ocultarse, ya que la maleza a su alrededor era tan frondosa que la propia edificación parecía mimetizarse con el entorno. Arrastró al fugitivo al interior del lugar y cerró la vieja puerta por la que entraron de golpe.

Kagura suspiró aliviada.

OFF:
¡Visto que todos ponen OFF yo no podía ser menos! (?) He pensado que por el momento seré cómplice de la fuga de Kayn (que Naga, la diosa, se apiade de mi alma xD). Por desgracia, lamento no haber dejado muchos datos que faciliten a Nagahide Niwa una respuesta elaborada ;_; Lo compensaré a posteriori. Lo prometo :D No obstante, creo importante recalcar que aunque mi personaje ha intentado no dejar rastro, no quiere decir que no haya dejado ninguno.
Afiliación :
- HOSHIDO -

Clase :
Thief

Cargo :
Ninja

Autoridad :

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Dagas de bronce [2]
Vunerary [3]
Kunais de bronce [3]
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1357


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Lun Mar 28, 2016 10:38 am


La caravana se detuvo sólo al momento de vigilar el primer descenso de los hombres que actuarían como retratistas y a su vez como posibles escoltas de los supervivientes de aquella caída mortal. No podrían dejar a un prisionero en libertad, su prioridad sería evitar que uno de ellos escapara en caso de haber logrado vivir. Jinete:―sigamos, tenemos que cumplir nuestro trabajo. Ellos se dirigirán directo al punto acordado― Dijo el jinete a la cabeza de la caravana agitando las riendas del caballo, retomando el curso del viaje nuevamente, siendo seguido por los demás soldados y carretas hasta la zona donde irían en busca de las rocas.

El pequeño grupo de soldados se encontró con la insoportable mujer que reía ante cualquier cosa que la hiciera verse como la mejor; en este caso, sería el hallar el primer rastro que daría indicio de hacia donde se habría dirigido los restos de la carreta que buscaban. Habían encontrado hasta el momento, al primer soldado muerto sobre un árbol, al caballo en sus últimos momentos, y una rueda del carro un par de metros más abajo. Por la posición de los árboles este podría haber dado varios vuelcos debida la inclinación, cayendo en dirección al este por golpear contra los troncos de las gigantescas plantas. Los troncos presentaban sus cortezas rotas en la dirección que parecían querer seguir. Estaba claro su rumbo a seguir, sólo faltarían unos doce metros más para encontrar seguramente más muertos. ¿Quién sobreviviría a una caída así? ¡Nadie!

Soldado.H:―Allí, parece haber golpeado aquí, y caer en aquella dirección. Sigamos― Diría un experimentado soldado nacido en los bosques, este sabía seguir algunas clases de rastros al haber sido en el pasado un viejo leñador y cazador, aunque ya estaba algo viejo para esto. Soldado.L:―Bien, va...― Diría otro de los soldados intentando tomar el mando de la búsqueda, mas sin embargo alguien parecía haberse adelantado interrumpiendolo al mismo tiempo. ―¡Ohohoho!― Reiría la arrogante mujer tomando la delantera nuevamente para ser la primera en llegar, era de vital importancia siempre ser la primera y ganar en todo; sin mencionar que en ese carro estaba su presa, si alguien debía matarlo era ella misma. ―...mos...... ¡Qué esperan, tras ella!― Alegó con un firme tono en su orden, movilizando a los hombres que se verían en todo momento a espaldas de la mujer de inmensurable ego.

Súbitamente, gotas de agua comenzaron a caer. Los soldados ya habrían visto el cielo gris, pero no parecía haber sido lo suficiente como para preocuparse ante la posibilidad de lluvia. En todo caso, los prisioneros serían quienes habrían tenido que soportarla, pero aún así estos creían que no iba a llover en todo el día, sino que sería una nube pasajera. Soldado.L―¡Sean precavidos, el suelo podría volverse inestable!― Gritó en modo de precausión para quienes se movilizaban a su lado, dejando que el eco llegas a oídos de la mujer, a quien poco le iba a importar un poco de agua que más que perjudicar, le podría ayudar.

La soldado ignoró la alerta y postrando el escudo de su espalda contra el suelo, sujetó el regatón de su lanza y como si fuera un trineo se deslizó cuesta abajo. Aceleró de este modo pequeños tramos, algo que le daría una inigualable ventaja de sus compañeros. Ella iba a encontrar la careta primero, nadie más que ella lo haría. ―¡Ohohoho!― Volvía a oírse con el eco del viento entre los derrapes que daba cuesta abajo la mujer. Estaba demasiado cegada por conseguir la victoria de algo sin importancia. Soldado.L―¡Al diablo, muévanse!― Redactaría su orden con tal de aligerar el paso para encontrar a los posibles supervivientes o los cuerpos de aquellos caídos de la caravana.

Finalmente el descenso había acabado, los soldados se habían reunido en el fondo del barranco sin rastro alguno de la mujer que claramente se había marchado por su cuenta. Soldado.L:―No soporto a esta mujer― Murmuraría para el soldado lacero que sentiría pena al tener a alguien tan insoportable dentro de su mismo grupo de armas, como si fuera un insulto a todas las lanzas la personalidad altanera de aquella fémina. Soldado.H:―¿Escucharon la voz de una mujer?― Diría el viejo leñador silenciando a los soldados a su lado tras haber creído escuchar la voz de una joven a la distancia. Soldado.L:―Debió de ser Niwa, vamos― Replicó el hombre retomando la calma y adelantando el paso para encontrarse varios metros adelante, el rastro de la carreta destruida junto a la mujer y varios cuerpos tirados.

―Vaya, vaya~ Ya era hora― Alardeo la mujer como le era costumbre, mientras que simplemente el otro lancero le ignoraba y analizaba lo que veía con la mirada. Soldado.H:―Falta uno, y a este le falta parte de su pierna― Expondría su análisis el viejo hombre del hacha. El grupo pudo ver como dos de los hombres habían perecido a causa del golpe de los pesados maderos sobre sus cuerpos, otro que parecía haber recibido gran daño, presentaba un corte profundo que no parecía ser a causa de la caída, y lo mismo para la otra persona que carecía de un pie. Estaba claro, uno había sobrevivido y se habría hecho de algo para matarlos a todos teniendo plena libertad para huir. Era un criminal peligroso, no podían dejarlo suelo. Deberían matarlo. Soldado.L:―Tenemos un prófugo aparentemente armado, sean precavidos― Alertó el hombre a todo el grupo allí reunido, inclusive la mujer.

Soldado.H:―Oiga, ¿es sólo uno? Creo que hay alguien más― Dijo el hombre analizando el suelo mojado que dejaba a la vista dos pares de huellas marcadas y frescas que se adentraban al bosque. El actual auto-proclamado líder se alertó, ¿alguien lo habría ayudado? ¿Sería todo el accidente algo planeado? Sería una locura pensar así, ya que no podría asegurar vivir tras esa caída, debía ser una coincidencia. Soldado.L:―Sigamos el rastro, tarde o temprano deberemos encontrarlo... ¡maldición!― Ordenó nuevamente acabando con un grito de maldición al ver que la mujer nuevamente habría salido a la cabeza. Si alguien iba a encontrarlos primero, sería la mujer. El grupo nuevamente comenzó a movilizarse tras el posible rastro indicado por un soldado; el mismo que la mujer había aprovechado a seguir.



off:
Pensar que armé el rol  como para que kayn pudiera tener arma, escudo y hasta ayudar al criminal de los miembros rotos (El jinete estaba desarmado, lo aclaré dos veces xD mate a un soldado para que encontraras un arma, pero bueno. Rueda restante del carro o algún tablón como escudo y tablas por todos lados para tratar los miembros y tener un npc a tu lado como escudo humano xDD. Desperdiciado~ ;D) No es necesario que escriban mucho, yo solo quise hacer una intro más introductoria (?)
Kagu, descuida, Kayn me facilitó el encontrarlos por poner lluvia~ (igual trataré de seguir buscando, ni da encontrarlos al instante)
Me gusta escribir off y mp qnq
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Mar Mar 29, 2016 11:29 pm

¿Qué lugar sería perfecto para refugiarse por lo menos hasta que pasara la lluvia? Kayn no quería enfermarse ya que eso podría empeorar su condición y peligrar su vida en el caso de que fuera atrapado por los guardias. Desafortunadamente el espadachín no pudo decidir con claridad su destino a seguir ya que de repente escucho la voz de una mujer que le llamaba, rápidamente el mercenario llevo su mano a la espada robada y se preparó para luchar. La mujer dueña de la voz era una chica pelirroja con una vestido del mismo color, este claramente decía que no era un habitante del país y seguramente sería una extranjera, no había que ser un genio para deducir aquello. Kayn mantuvo su guardia en alto mientras observaba a aquella mujer esperando que realizara algún tipo de movimiento, pero esta le hizo una pregunta bastante particular. El joven no dijo palabra alguna ante su pregunta ya que la verdad era que mato a ese hombre porque le caía mal y seguramente se merecía la muerte por sus acciones, además de que no tenía pensado estar acompañado si iba a decidirse con la fuga de prisión. La mujer se presentó con el nombre de Kagura haciendo que el pelinegro hiciera lo mismo como acto de cortesía eso sí sin bajar la guardia en ningún momento.

Un leve sonrojo se postro sobre la cara del mercenario al tener el rostro de la chica a escasos centímetros, pero su siguiente acción le dejo en un mayor estado de sorpresa ya que la mujer le libero de las cadenas de sus pies y sintiendo un gran alivio, el pelinegro dejo de sentir el peso de las cadenas mojadas en sus tobillos. Aunque a medida que el tiempo pasaba y la lluvia se intensificaba, las preguntas sobre el accionar de la mujer solo incrementaban en la mente del mercenario. ¿Qué razones podría tener aquella chica en ayudar a un prisionero? ¿Acaso no le tenía miedo ya que podría ser alguien realmente peligroso? ― Espera un segundo ― fueron las únicas palabras que pudo decir el joven mientras le tomaban de la mano y era arrastrado hacia el interior del bosque, Kagura la extraña mujer tenía un punto y eso era el hecho de que no podían permanecer junto a la carroza destruida, seguramente los soldados ya estarían a punto de llegar al lugar del accidente y enfrentarlos en esos momentos sería bastante problemático. Mientras era arrastrado sin rumbo aparente por el bosque, Kayn pudo notar como la chica era bastante cuidadosa en dejar la menor cantidad de pisadas posibles por lo que el joven siguió su ejemplo para tampoco dejar muchas pistas que pudieran usar los guardias para rastrearlos.

La carrera de Kayn junto a la misteriosa chica término en una cabaña abandonada en medio del bosque, el pelinegro termino por adentrarse junto a la chica mientras trataba de recuperar un poco el aliento por las acciones precipitadas de la mujer. ― Sí que tienes bastantes energías Kagura ― fue lo que dijo un con un tono bastante agitado el espadachín mientras se colocaba de espaldas a una pared y se sentaba para recuperar un poco las energías, el clima en el exterior empeoro ya que la intensidad de la lluvia aumento y unos truenos comenzaron a caer sobre el bosque. Sin pudor alguno el fugitivo saco la parte superior de su traje y la dejo un lado ya que estaba completamente empapada, por suerte el joven antes de partir había sacado el traje de uno de sus compañeros caídos ya que estos no podrían utilizarlo estando muertos, una vez con en el pequeño cambio de vestimenta que estaba un poco menos mojada que su traje anterior, el joven observo a la chica para hacerle una pregunta de forma directa. ― No es por menospreciar tu ayuda, pero ¿Por qué me estas ayudando? Seguramente te habrás dado cuenta que soy un fugitivo y te puedes meter en problema al ayudarme a escapar en el caso de que fuéramos atrapados ― fue lo que dijo seriamente Kayn mientras observaba a la mujer de vestido rojo. El espadachín sabía que tarde o temprano se encontraría nuevamente con los soldados ya que uno al ser fugitivo y estando en un reino como Lycia sería bastante difícil escapar hacia otro reino o continente, no le gustaba el hecho de tener que volver a prisión, pero en el caso de que fuese atrapado nuevamente lo aceptaría sin rechistar. El problema era que no quería meter a alguien ajeno en sus problemas personales por eso que le hizo esa pregunta a aquella mujer.

Tal vez hayamos logrado escapar por el momento, pero tarde o temprano nos encontraran. Otra cosa que no he solucionado del todo es el hecho de nuestra ubicación geográfica, la verdad no tengo idea de cuantos kilómetros estaría el pueblo más cercano y tampoco sabemos si los soldados me están buscando en pueblos cercanos al lugar del accidente. Si quieres marcharte puedes hacerlo ahora ya que pienso continuar con esto en solitario, no quiero que te metas en problemas ― fue lo que dijo fríamente el pelinegro mientras tomaba con fuerza la espada robada y miraba hacia una de las ventanas rotas como la lluvia caía con intensidad. Kayn esperaba que la chica se retirarse y lo dejase en solitario, aunque primero tendría que escuchar su respuesta.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Kagura el Miér Mar 30, 2016 2:50 pm

El prisionero fugitivo dejó caer su cansado cuerpo sobre las rectas tablas de madera polvorienta que constituían el suelo de la cabaña abandonada. Kagura, por su parte, prefirió sentarse sobre la decrépita silla rústica cercana a la única puerta que daba al exterior. La joven echó un rápido vistazo alrededor mientras trataba de recuperar el aliento. Se encontraban en una caseta no muy grande, puesto que constaba de una única estancia circular que hacía de cocina, de dormitorio, de salón y de comedor a la vez. La humedad carcomía las entrañas del edificio con saña y a juzgar por la cantidad de vegetación que empezaba infiltrarse al interior, debía de llevar largo tiempo abandonada. Gracias a su excelente visión nocturna, la kunoichi pudo distinguir sin problema cada detalle de la habitación a pesar de la moderada oscuridad que reinaba en el ambiente. Cuatro era el número de las únicas y diminutas ventanas presentes en las desgatadas paredes que sujetaban el techo de la cabaña. Fuera quien fuese quien había habitado en el pasado aquel sitio, debía de padecer una extraña fobia a luz natural, ya que de otro modo, Kagura no sabía cómo explicar aquella peculiar a la par que insuficiente disposición de fenestras.

No obstante, el mobiliario no parecía haber sido saqueado ni desplazado. Todo aparentaba estar donde debería estar. Cualquiera pensaría que su abandono habría transcurrido el día anterior de no ser por el evidente mal estado de la ornamentación y las telarañas que invadían los rincones más sombríos. Probablemente Kayn y Kagura fueran los primeros en mucho tiempo en pisar la caseta.

-¿Que por qué te estoy ayudando, dices?- preguntó retóricamente la kunoichi al espadachín en vez de aportarle una respuesta directa. -Bueno, en mi país siempre estoy al servicio de las autoridades. Así que es natural que tenga curiosidad por ver qué pasa si hago lo contrario, ¿no te parece?-

La muchacha, que había contemplado el torso desnudo del prisionero, alzó una ceja extrañada al cavilar a continuación acerca de ese detalle. ¿Por qué se había mojado tanto? Juraría que había hecho todo lo posible por cubrir a Kayn con su parasol azul incluso durante la carrera anterior. Pero entonces reparó en que su ropa tampoco estaba totalmente seca. ¡Qué despiste! Al fin y al cabo, era de esperarse que un parasol de tela permeable no funcionase bien con ese tipo de lluvia tan pesada, que en esos momentos parecía haber empeorado en el exterior. Se acercaba una repentina tormenta. Por suerte, en su zurrón también guardaba algo de ropa de repuesto. A diferencia del equipaje que tendía a llevar en sus otros viajes, esa vez había procurado marcharse de Hoshido con todo lo necesario.

-¡Mira que eres tonto!-
le espetó de pronto Kagura a Kayn como contestación a lo siguiente que éste dijo. -¡Me gustan los problemas! Además, te necesito para que me guíes. Quiero llegar a Ostia pero no sé dónde estoy. Y la gente de aquí no sabe ni explicarse a la hora de dar indicaciones. Me quedo contigo.-

Acto seguido y con menos pudor del que el propio espadachín mostró antes, la ninja se incorporó y se quitó el vestido mojado, quedando únicamente vestida con sus pantalones y zapatos negros. Su busto, no obstante, estaba firmemente cubierto detrás de varias vendas blancas que rodeaban su tórax. Kagura, que evitaba darle la espalda al espadachín para que así este no pudiese descubrir la marca de branded ubicada en su nuca, buscó en el zurrón una blusa verde también de confección tradicional con la que repuso su exótico atuendo. El cuello alto del ropaje tapaba tan bien su marca de nacimiento como el vestido que había llevado antes, por lo que más cómoda, procedió a sacar de la bolsa varios frascos y tres kunais de bronce.

-Esto es un potente somnífero.-
dijo Kagura a su compañero tras sentarse de nuevo en la silla. Se refería a las ampollas de cristal a través de las que se podía ver un líquido azulado. A continuación empezó a impregnar las hojas de los cuchillos arrojadizos con aquel ungüento. -Está claro que nos van a encontrar tarde o temprano. Y podemos convertir este refugio en una trampa para los que te persiguen. Así que deberías prepararte para una posible lucha.-

Cuando terminó su labor, Kagura se incorporó otra vez para acercarse a Kayn y le tendió una diminuta esfera de cristal. -Ten.- se trataba de una Semilla del Loto Rojo, cuyo humo de color carmesí era mucho más denso que el de una bomba de humo normal y corriente. Un arma secreta del misterioso clan ninja Yato de Hoshido, en definitiva.

-Si en algún momento te ves en apuros, rómpela y escapa lo más rápido que puedas.- le dijo. -¿Sabes qué tipo de armas usan aquellos que te persiguen?-
Afiliación :
- HOSHIDO -

Clase :
Thief

Cargo :
Ninja

Autoridad :

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Dagas de bronce [2]
Vunerary [3]
Kunais de bronce [3]
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1357


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Miér Mar 30, 2016 8:45 pm


La mujer había escuchado sobre la existencia de dos pares de pisadas de uno de los hombres que le seguían en todo momento, y por ello acabó tomando la delantera en la dirección que dichas pisadas parecían marcar. Se abrió paso hacia el bosque con una única dirección, una línea recta que culminaría con un árbol al frente. Pero allí, no veía nada para seguir, sólo sus propias pisadas de regreso. ¿Se habría equivocado? No, eso no era posible, era Nagahide, la mejor en todo. Tomó un camino al azar costeando el árbol y continuó; no se iba a poder equivocar, ella no.

A varios metros detrás de ella se encontrarían los demás soldados siguiendo el rastro, el cual por cierto era tan complicado como fácil de seguir. De no ser por el suelo húmedo que se marcaba aunque uno fuera cuidadoso, no hubiera sido simple el mantener la pista fresca, pero del mismo modo parecía que quienes fueran los responsables de estas, eran bastante precavidos e intentaban evitar dejar marca; con la lluvia, eso sería difícil en un suelo de tierra. Aunque... Soldado.H:―Es extraño, las huellas son más descuidadas― Alegó en cuclillas y pensativo el soldado que se encargaba de vigilar constantemente el suelo en busca de pisadas y de la vegetación por sus hojas. ―Deberíamos regresar― Añadió poniéndose de pie nuevamente ante los compañeros que seguían sus indicaciones. Soldado.L:―No podemos perder tiempo, debemos continuar el rastro― Replicó el más alterado hombre del grupo, quien mantenía el mando de modo momentáneo.

El hombre cometería un gran error, no era como la mujer lancera, él era un simple hombre con una lanza; o así al menos lo vería ella. No tendría realmente lo necesario para estar al mando, su paciencia e intuición serían inferiores a las de quien nublaba su juicio, la arrogancia femenina del grupo que se les habría adelantado. Un sonido se oyó a un par de metros delante de ellos, justo detrás de unos grandes arbustos. Mientras la lluvia comenzaba a caer con mayor fuerza, el grupo del hombre se hacía señales para rodear el matorral y evitar que escapara quien estuviera del otro lado. Cargaron sus armas y se prepararon para recapturar a quien asumirían estaba allí, el prisionero, con o sin su acompañante. Soldado.L:―¡Alto ahí!― Exclamó súbitamente siendo seguido por los otros dos que seguía su marcha -ya que al iniciar el recorrido, el grupo se habría dividido al dejar algunos encargados de los cuerpos de sus compañeros caídos- ―Vaya, vaya~― Replicó "el criminal buscado".

Soldado.L:―¡Has estado siguiendo sus pisadas!― Expondría el frustrado soldado al encargado de seguir los rastros dejados mientras señalaba a la mujer que se abanicaba bajo el resguardo de un árbol. Estaban perdiendo el tiempo, y el rastro; pues sí, posiblemente Nagahide habría destrozado gran parte del rastro principal al salir por su propia cuenta, pero a ella eso no le importaría en lo absoluto. ¿Acaso la mujer se había perdido? ¿Por qué estaba allí abanicándose en vez de continuar corriendo como había estado haciendo hasta el momento? Soldado.H:―Ya sabía que por alguna razón eran más descuidadas― Murmuraría para sí mismo el viejo hombre experimentado. Soldado.L:―...veo que perdiste el rastro― Dijo a la mujer con un tono amargado y gélido; no la soportaba por el simple hecho de ser ella, y ahora por su culpa sus propios esfuerzos resultaban ser en vano. ―¿Perderlo? Sólo estaba descansando, son muy lentos~― Le respondió alardeando, siendo que realmente si se había perdido, pero no lo aceptaría jamás.

La tolerancia de una persona había llegado a su fin. El cielo se tiñó de blanco con la luz de una serie de relámpagos que dejarían como alguien completamente sombrío al soldado frustrado. Alzó su arma y posicionó su escudo delante de sí mismo entrecerrando la mirada. Soldado.L:―Tú y yo. Ahora― Retaría el soldado lancero a la mujer que también portaba un largo asta. Soldado.E:―¿Una confesión?― Musitó de forma tenue desde la distancia él, quien pocas palabras habría dicho hasta el momento para no ser interpretado como no debía, sin embargo, el experimentado hombre que estaba a su lado lo golpeó con el codo por la estupidez que acababa de decir. Claramente estarían por presenciar un duelo entre soldados por un simple brote de ira nacida de uno de ello a causa de la personalidad altanera de la otra.

Era sensato, era muy cuerdo. El hombre que cargaba un par de hachas tomó el hombro del espadachín y replicó las palabras que anteriormente su anterior líder momentáneo habría dicho "No podemos perder tiempo"... qué ironía. Este se llevó contra su voluntad al joven que no parecía tener demasiadas neuronas, pues tenían un trabajo que hacer como prioridad, y no tenían por qué involucrare en los problemas personales de los demás, un prisionero aún estaba suelto, y debían de dar con él antes de que pudiera llegar al pueblo más cercano aunque esto significara varias horas a pie.

―Te acabaré con una mano en mi espalda ¡Ohohoho!― Aceptó el reto con una burla que indirectamente la daría a reconocer como alguien superior, era la mejor, no iba a perder contra un simplón como era él. Sus palabras enfadaron aún más a su retador. Cada segundo su rostro se enseriaba cada vez más, tendría la oportunidad de callar a la mujer con sus propias manos de una vez por todas. Del mismo modo, ella podría hacerle comprender que todas las veces que le habría hablado de lo inferior que era, tenía razón.

°~°~°~° ❀ °~°~°~°

Mientras tanto, en un campamento de las montañas sumamente remoto y apartado de la civilización, a la distancia se vería como varias carretas acercarse junto a varios prisioneros atados los unos a los otros. El viaje de la caravana habría sufrido un accidente poco antes de llegar, pero tal y como se había acordado, habrían llegado. Gral. Byron:―¡Ya era hora!― Exclamaría el hombre de alto mando al ver como las carretas se adentraban al campamento... en el cual no había rocas. El hombre les dio las indicaciones a los hombres que acababan de llegar para que realizaran su trabajo. Estos hicieron bajar a los presos postrándolos de rodillas junto a las carretas que el general señalaba y contaba con su dedo especulando que algo faltaba.

Los soldados ejecutaron a los criminales a la vista del general, como había sido planeado desde el principio. El material de construcción ya había sido picado, ya no los necesitaban y eran mala hierba para la sociedad; la justicia debía ser llevada a cabo sobre ellos. Gral. Byron:―¿Qué ocurrió con la última carreta?― Cuestionó a uno de los jinetes. Mientras la sangre derramada se mezclaba con el suelo húmedo del medio de la nada.



off:
Así es, en este post no, pero en el otro puede que los encuentre. O quizá nunca lo haga y rolee todo en paralelo (?) De momento sigan si quieren en modo social, Naga tiene cosas que atender~ ;D

Final 1: Kayn vuelve a prisión (después de salvarse de que lo maten ;D).
Final 2: Escapa (incógnita secreta)
Final 3: Será reclutado por el ejército.
Final 4: Kagura digievoluciona (?)

Son los finales posbles, depende que hagan, a cual encaminaré, te lo recuerdo Kayn (?)
Kagu, ya tengo algo planeado posterior a esto sobre Hoshido~

Me gusta escribir off, van a ver más off (?)
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Vie Abr 01, 2016 12:22 pm

Kayn se extrañó un poco con la primera respuesta de la chica ya que no era razonable ayudar a un prisionero por el simple hecho de la mera curiosidad, pero bueno la mujer le ha sido de gran ayuda por lo que en el fondo le estaba bastante agradecido. De acuerdo ahora la impresión que tenía sobre la mujer surco un nuevo aspecto cuando le contó la razón del porque preferiría quedarse con su persona, aparte de que el joven no pudo evitar mostrar cierta vergüenza cuando la chica hizo lo mismo que el pelinegro y se quitó aquel vestido rojo que llevaba, por suerte su delantera estaba cubierta por vendas o el pelinegro hubiera muerto de la vergüenza. Una vez que la chica termino de cambiarse, el joven observo como aquella mujer le agregaba un líquido extraño a sus dagas y luego le contaba al joven que se trataba de una clase de somnífero, el espadachín se acercó donde la chica y le pidió prestado un poco de aquel líquido para impregnarlo en su propia espada. Dejar dormido a los soldados sería bastante útil para poder escapar de ellos en caso de una emboscada y así evitar tener que matarlos ya que fue suficiente el hecho de haber tenido que matar a sus compañeros de prisión.

Espero no tener que utilizarla pronto, la última vez que use algo parecido termine en prisión ― fue lo que dijo con un fuerte suspiro el joven recordando a su intento fallido de lanzar una bomba de la misma clase a la cara de la mujer soldado, tal vez debió haberla usado en contra del suelo y se hubiese evitado todas aquellas molestias que le siguieron a aquel evento. Kayn se aseguró de guardar aquella bomba tan especial por parte de la chica y luego se puso a meditar sobre la pregunta con respecto a los soldados que seguramente le perseguirían. ― Seguramente irán por nosotros soldados que lleven espadas, hachas y lanzas. No creo que tengan arqueros a su disposición o magos, aunque me preocupa la participación de cierta persona en particular. Se trata de una mujer soldado que lleva una lanza, tiene una risa bastante particular y una actitud bastante altanera, pero tiene una gran habilidad ya que en el duelo que tuve en contra de ella solamente utilizo su arma para combatir contra mi sin siquiera llegar a usar su escudo. Bueno no diré que el duelo fue justo ya que estaba cansado y ella estaba equipada hasta los dientes, pero una derrota es una derrota así que habrá que tener cuidado con ella ― fue lo que dijo seriamente el espadachín mientras se cruzaba de brazos y pensaba un poco sobre lo que podía hacer en estos momentos para preparar el campo de batalla.

Por cierto veo que eres experta en trampas y el sigilo. ¿Tal vez podrías enseñarme lo básico de esto? Dudo mucho de que pueda serte de utilidad sino tengo el conocimiento básico para  crear trampas ― fue lo que dijo con una leve sonrisa el mercenario mientras se levantaba de su lugar y miraba hacia la ventana como la lluvia continua cayendo con fuerza y la tormenta se intensificaba, el clima era bastante malo y salir al exterior no sería una buena idea, pero eso a la vez era beneficioso ya que seguramente retrasarían el movimiento de sus perseguidores. Aunque antes de escuchar la respuesta de la mujer a su sugerencia, el pelinegro busco al interior de la cabaña algún tipo de palo suelto que le pudiera servir de soporte y una vez que encontró algo con esas características lo coloco a un lado de una de las ventanas de la cabaña y le puso el traje de prisionero que estaba mojado y se había quitado con anterioridad. ― Como es de noche y hay tormenta, seguramente los soldados tengan problemas para identificar correctamente que se trata de un simple muñeco. Esto servirá como distracción y así emboscarlos en caso de que nos encuentren, casi lo olvidaba dijiste que te quedarías conmigo porque quieres que te ayude como guía. ¿Sabes que un prisionero no es la mejor opción para serte de ayuda? Sobre todo si es un fugitivo ― fue lo que dijo tranquilamente el espadachín mientras terminaba de adornar el muñeco vestido de prisionero, el joven le puso como pelo un par de trapos sucios y abandonados que se encontraban al interior de la mueblería de la cabaña abandonada. Ahora solo quedaba esperar a que la lluvia cesase para marcharse de la cabaña.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Kagura el Sáb Abr 02, 2016 6:36 pm

Así era ella. Espontánea, caótica, directa y de carácter volátil y personalidad cambiante. Kagura jamás llegó a pensárselo dos veces antes de emprender un repentino viaje a Tellius con la excusa de querer indagar un poco en sus orígenes, ¡o a la hora de robarle aquella misión tan peligrosa al propio Maestro Nhat para demostrar su valía! Actuaba sin coherencia aparente porque hacía lo que le apetecía cuando le apetecía. Y no pensaba mucho en las consecuencias que traerían sus temerarias acciones. Se podía añadir sin temor a la equivocación que el orden y el sentido no figuraban en su vocabulario, mas la diosa Naga cuidaba de los suyos y Kagura se sentía especialmente protegida por esa deidad. ¿Ayudar a un prisionero a fugarse? ¡Por favor! Escupirle a la cara a un poderoso mago oscuro en Plegia había sido más arriesgado que eso. ¡Y seguía sana y salva!

La osada kunoichi sonrió entonces satisfecha al ver cómo Kayn usaba el somnífero líquido para impregnarlo también en su arma. Bastaría con que una única gota de ese ungüento de aspecto aceitoso entrase en contacto con la sangre de un adversario para dormirlo casi al instante. Por ese motivo, se trataba de una alternativa bastante más pacífica que el asesinato para hacer frente a sus potenciales perseguidores. No obstante, no le quedaban más dosis aparte de las que acababan de usar. Sin tener la suficiente evidencia en realidad, y mientras Kayn le explicaba lo que sabía acerca de los soldados, Kagura empezó a dar por sentadas sus principales sospechas: que los guardias estarían buscándolos en esos precisos momentos. Su instinto se lo decía también. Un brillo de interés se reflejó en su mirada al terminar de escuchar la anécdota de la mujer soldado de particular risa. ¿De verdad era tan fuerte como Kayn la retrataba?

-¿Espadas, hachas y lanzas? Eso son armas patéticas.- respondió Kagura haciendo una mueca de burla y sin darse cuenta de que indirectamente, estaba insultando el arma que su compañero sostenía. A su parecer, las dagas eran una elección más práctica y barata. Más fáciles de esconder que una espada, mucho más veloces que cualquier hacha y en las manos apropiadas, con bastante mayor alcance que una lanza.

-¿Y cuántos son?- se propuso preguntar a continuación. Pero se sintió interrumpida por el espadachín, que le pidió que le enseñase lo básico del sigilo y de las trampas.

-¿Trampas? ¡Yo tampoco tengo idea de esas cosas!- contestó con una sonrisa despreocupada e inocente mucho más amplia que la anterior. Se rascó la nuca, incómoda, para dejar aún más patente que su nivel de razonamiento estratégico rozaba lo nulo a pesar de ser ninja. -Pensaba que TÚ sabrías de trampas.-

Kagura observó atentamente a Kayn cuando éste se levantó y preparó un maniquí improvisado con lo primero que encontró. A pesar de que la oscuridad que los envolvía se había incrementado al ocultarse el sol instantes atrás, el espadachín demostraba poseer un sentido de la orientación y una visión excelentes en aquel lugar para ser un humano normal y corriente. La idea de encender un fuego para iluminar la estancia quedaba por lo tanto descartada, ya que sólo serviría para los guardias -que posiblemente siguiesen intentando encontrarlos a pesar de la intensa tormenta intensificada y la llegada de la noche- los encontrasen antes.

-¡Ooooh! ¡Pero si es clavadito a ti!- exclamó la kunoichi con un tono de voz que entremezclaba el asombro y el sarcasmo al contemplar la obra finalizada del joven ex prisionero. Levantándose de la silla sobre la que había estado sentada todo ese tiempo, se acercó al maniquí para apreciarlo mejor. Estaba tan atenta examinándolo que ignoró por completo la exhaustiva explicación que Kayn le aportaba con respecto al muñeco. Kagura se llevó un dedo a los labios, pensativa. ¿Acaso no era ella la ninja? Que su aliado fugitivo-con-un-extraño-complejo-de-asesinar-pobre-gente-lesionada-sin-explicación-aparente fuese capaz de preparar ese tipo de distracciones tan divertidas aunque no supiese absolutamente nada trampas, la dejaba a la altura del barro. ¡Tenía que hacer algo para colaborar! Escudriñó los alrededores de la caseta con la ayuda de su superior e innata visión nocturna en busca de algo que usar para preparar ella también su propia trampa. ¡Hasta que lo encontró! ¡Un cubo! ¡Exacto!

La kunoichi, orgullosa de sí misma, sacó un cubo de madera del interior de un armario repleto de ropajes carcomidos por las polillas y desgastados por el tiempo. ¡Acababa de tener una idea fabulosa! Le mostró a Kayn el decrépito recipiente manifestando el mismo entusiasmo que experimentaría cualquiera al obtener el objeto más preciado del universo. Acto seguido y sin mediar mayor palabra salió de la cabaña como una exhalación entre sonoras carcajadas y gritos de alegría inexplicables para alguien que no fuese ella. No le preocupaba el hecho evidente de que sin el refugio que le proporcionaba la cabaña ante la lluvia fuese a mojarse otra vez, o de que pudiese coger un resfriado. ¡Estaba demasiado concentrada en recolectar agua con su cubo como para preocuparse de esas minucias! Daba vueltas alrededor de la caseta burlándose del mal tiempo como una maníaca al ver que sus planes estaban yendo como la seda.

Cuando el contenedor estuvo lleno, regresó empapada a la cabaña con una expresión de regocijo indescriptible. Guiñó un ojo a Kayn, y colocó el cubo sobre la puerta entreabierta de la cabaña con sumo cuidado.

-¡Ahora! ¡Cualquiera que entre aquí sin llamar recibirá una ducha de agua fría!- exclamó la pelirroja, que empezaba a sentir cansancio. Era lo normal, puesto que había estado viajando durante todo el día. Se dejó caer, mojada y agotada, sobre un ruinoso diván del que surgieron varias pequeñas arañas asustadas e intentó decirle “buenas noches” a Kayn, pero se quedó completamente dormida antes de siquiera poder gesticular la primera palabra.

OFF:
Hum... Nagahide, lamento no haber podido intervenir de manera más directa en tu post, pero en fin. Espero que los misteriosos gritos y exclamaciones de euforia psicótica de Kagura ayuden a tu personaje a encontrar nuestra ubicación (?)
Afiliación :
- HOSHIDO -

Clase :
Thief

Cargo :
Ninja

Autoridad :

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Dagas de bronce [2]
Vunerary [3]
Kunais de bronce [3]
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1357


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Dom Abr 03, 2016 5:36 pm


¿Un acto de traición podría ser considerado retar a un propio compañero a un duelo con armas reales? Algo era seguro, eso no era en lo absoluto una confesión. Exasperado, el lancero ignoró completamente las palabras y acciones de la mujer que menospreciaba la habilidad del mismo. Comenzó a caminar en círculos seguido por la mujer, ninguno de los dos permitiría darle la espalda al otro; sin embargo, literalmente la fémina habría puesto una mano detrás de su espalda mientras permanecía sonriente. ¡Cuánta arrogancia encerrada en una simple humana! Pero ella sabía que iba a ganar, ya que él ni en cien años no le llegaría ni a los tobillos. Los segundos pasaban, y ninguno realizaba la primera acción; hasta que a último momento, la mujer deslizó lentamente un pie hacia atrás, y fue cuando el lancero la embistió directamente con su escudo. Ella lo evadió gracias al resbaladizo suelo, por lo que ante dicho fallo, el soldado realizaría un golpe amplio haciendo uso del escudo con la intención de derribar a la mujer. Esta se vio obligada a golpear la húmeda superficie con su única mano amada para repelerlo, y en ese momento, la lanza ajena se adentró.

De un momento a otro, el hombre se encontraba revolcándose en el suelo sujetando fuertemente su entrepierna. Como si hubiera ocurrido en un parpadeo, la mujer habría girado su asta para desviar la lanza del enemigo, dejándolo de brazos abiertos; y desde su espalda habría sacado su escudo con el cual golpearía en un golpe ascendente la unión inferior de la armadura del soldado de su mismo rango. ¡Crack! Las nueces se rompían, los huevos perdían su cascara, los pollitos veían la luz. El borde del escudo se abría adentrado en la hendidura hasta alcanzar el vital objetivo capaz de desarmar al más fuerte de los hombres. Soldado.L:―Me.. me las pagarás... ¡argh!... ¡tramposa!― Alegaría furioso y con pleno dolor entre dientes el soldado postrado en el fangoso suelo. ―Jamás dije que no usaría la mano que llevaría a mi espalda. ¡Ohohoho!― Replicaría la mujer en su defensa, completamente triunfal. No tenía nada de malo atacar las partes bajas si eso amerizaba una victoria segura. Amarrando su escudo nuevamente, y sin poder hacer uso del abanico guardado en su cintura a causa de la lluvia, la mujer riendo se retiró. ¡Victoriosa!

El contratiempo de la mujer no habría durado prácticamente nada, se sentía con plena libertad para retomar la búsqueda que habría estado encabezando; no obstante, no había seguido bien los rastros anteriormente, y en este preciso momento, el más experimentado rastreador no estaba cerca como para aprovechar su capacidad. Debió caminar sin rumbo por el lluvioso y resbaloso bosque esperando que el destino estuviera de su lado. Los soldados habrían regresado al punto de partida para retomar la búsqueda con exactitud, mientras que la mujer se habría dirigido hacia un lateral completamente al azar. Estaba zigzagueando por el bosque, hasta que tras un deslumbrante haz de luz producido por el cielo, divisó a la distancia lo que podría ser la cabaña de uno de los apartados leñadores arraigados en el bosque. Sus luces se veían apagadas, por lo que dada la lluvia, claramente si alguien vivía allí, ya no debía de estar. Sin desear perder el tiempo, la soldado se dio media vuelta y emprendió un inicio de retirada.... pero... había algo que estaba olvidando...

Dos pares de huellas en la zona del accidente, bosque habitado por escasos leñadores bastante alejados de los poblados. Era de noche, llovía, y había un criminal suelto. ¿Qué pasaría si en vez de "no estar" estaba allí, sólo que con ningún tipo de luz encendida? Tendría sentido. Debía de haber habido un leñador trabajando en la zona en la que el accidente ocurrió, al encontrarse con el prisionero actualmente fugitivo, este debería de haberle amenazado para que lo refugiara en algún lugar, matando a los prisioneros que parecían haber sobrevivido sólo para que este supiera que hablaba muy seriamente. Tras ello, la persona que viviría en la cabaña que ella acababa de ver, habría tenido que llevar al prisionero hasta su vivienda impidiendo que la luz revelara su ubicación por simple temor a ser asesinado por el fugitivo. ¿Por qué la gente podía ser tan ruin como para meterse con las personas que simplemente deseaban trabajar en paz?

La soldado al pensar en la más coherente posibilidad, volvió a darse la vuelta para acercarse a la descuidada vivienda de húmedos maderos. Pudo escuchar muy vagamente la voz de una chica que parecía estar gritando desde el interior. No sabía que decía a causa de la lluvia y la distancia, pero lo más probable era que esta estuviera suplicando por su vida, haciendo que su hipótesis fuera completamente cierta, dando por sentado que el convicto se encontraría en aquel remoto lugar. ¡Esta era una posibilidad perfecta para destacar! Nagahide pensaría en salvar a la jovencita, y acabar con el fugitivo demostrando ser la mejor nuevamente. Nadie se metería con la gente de Lycia mientras ella estuviera viva. ¡El mercenario estaría en peligro por sus indebidas acciones!

Paso a paso se acercó a la cabaña, completamente sola, empapada de pies a cabeza. Sus pasos se ocultaban entre los fuertes sonidos de las gotas golpeando el suelo, sin mencionar los relámpagos que iluminaban el cielo haciéndolo parecer un momento aterrador. Cargaba su casco empapado con todo su cabello sujeto dentro, su armadura formaba pequeñas líneas de agua que goteaban a cada segundo. Levantó su lanza y con la otra mano sujetó la parte posterior. Estaría lista para apuntalar lo primero que viera moverse, aunque de ser la muchacha que pretendía ayudar sólo para recibir reconocimiento, debería de ser precavida. Su objetivo era el fugitivo armado y peligroso que mataba gente sólo por placer. Si tan sólo supiera que ella había visto a través de sus pasos, este comenzaría a temer de ella con solo verla. ¡Una feroz loba en busca del conejito escurridizo!

Se postró finalmente contra la pared de madera pensando en el mejor modo de entrar que no arruinara su plan, lo que significaba no hacer que la mujer muriera por su aparición; aunque aún no era completamente certero que realmente el prófugo estuviera allí. Entrar directamente sin avisar podría representar abuso de autoridad, por lo que debía de planificar con cuidado el cómo lo iba a realizar. ¡Era tan claro como las gotas que recorrían por completo su armadura! Ella debía de actuar con rapidez para cubrir cualquier posible malentendido, y ya sabía cómo hacerlo. Volvió a alzar su arma entre sus manos acercándose a la puerta que se encontraba entreabierta, y con un fuerte golpe abrió la puerta de pan en par. ―¡Con su permiso, entra Naga…!― Exclamó la mujer recibiendo un nuevo baño de agua sobre su cabeza… Cómo se atrevía ese criminal a tender una trampa tan infantil, parecía a la vez que le había tirado una cadena esperando que ocurriese un milagro. ¡¿Por qué siempre se tenía que burlar de la gran Nagahide de modos tan absurdos?! Ya no había duda, definitivamente ese acto era digno del ingenuo que había enviado a prisión. ―… Vaya, vaya…― Musitó desde la puerta completamente empapada, aunque realmente ya lo estaba. Estaba oscuro dentro, pero no por ello le dejaría fácil a ese prisionero el escapar. ¡Ni bien lo divisara, lo apuñalaría otra vez!

°~°~°~° ❀ °~°~°~°

Un poderoso hombre montó un caballo mirando en la dirección de la que las carretas habrían llegado hasta el campamento. Soldado:―¿Señor?― Cuestionó confuso el de rango bajo al ver cómo sin explicación, su superior parecía estar dispuesto a retirarse. Gral. Byron:―Si uno quiere que algo salga bien, debe hacerlo uno mismo― Fue lo que dijo al agitar las riendas del caballo en dirección al sitio del accidente. Este hombre no parecía confiar demasiado en sus hombres, o simplemente quería asegurarse que los prisioneros estuvieran muertos en el lugar; de lo contrario, al ejército le podría ir mal. Estaba dispuesto a matar de un espadazo y sin preguntar, sin embargo, al haber escuchado sobre lo ocurrido, había algo que no dejaba de pensar.

El caballo recorrería el camino de regreso, hasta encontrar señales que le harían saber dónde detenerse. El suelo indicaba mojado delataba la irregularidad de la tierra al haber sido víctima de un desvió forzado. Temerario, y sin pensarlo dos veces, bajó de su caballo y comenzó a descender por la cuesta de fango directo al bosque. ¿Qué sería lo que haría el hombre al ver lo sucedido en carne propia?



off:
Amo tu trampa Kagura xDDDDD, La de Kayn no sé qué tan útil resultara si es de noche y no han usado luces para que alguien de afuera vea la figura del muñeco, pero Naga podría mojarse si entra (?)
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Mar Abr 12, 2016 5:09 pm

Sin duda alguna el pelinegro esperaba que su acompañante supiera algo de trampas, pero cuando ella le revelo que la persona que debía tener ese conocimiento era el mismo espadachín, un gran suspiro y silencio medio incomodo se dio lugar al interior de la cabaña, sin duda alguna aquella chica era bastante particular. Dejando de lado aquello, el pelinegro una vez que termino de preparar el muñeco volvió a retomar su lugar cerca de la pared que estaba distante de la entrada principal de la cabaña y mas cerca de su muñeco, por su parte su compañera comenzó a buscar por la mueblería de la casa sin saber a ciencia cierta qué es lo que estaba buscando, finalmente la chica le mostró un cubo de madera bastante desgastado y con una sonrisa la mujer salió de la cabaña. Lo primero que hizo el joven fue reclamarle el hecho de que no debía salir a causa de la lluvia intensa que aun los estaba acosando sino que también que aún estaban los soldados buscándolos para atraparlos, pero Kagura hizo caso omiso a sus comentarios y regreso a la cabaña una vez que tuviera el cubo lleno de agua. ― Dudo mucho que alguien llegue a entrar por la puerta principal ― fueron las palabras expresadas por el mercenario ante la trampa colocada sobre la entrada por parte de la mujer pelirroja.

Kayn en verdad estaba asombrado por la actitud relajada de la chica a pesar de que ahora eran unos fugitivos peligrosos, incluso la pelirroja se fue a dormir en medio de toda esta situación, pero bueno el pelinegro no tenía mucha opción para elegir a sus acompañantes por lo que simplemente decidió levantarse de su lugar y afinar los últimos detalles de su muñeco. Fue en ese instante que la puerta principal se abrió de golpe y el pelinegro pudo escuchar como el cubo de agua caía y hacia un ruido al chocar con el suelo, lo peor no era eso ya que que el joven pudo reconocer la voz de aquella mujer que exclamo al ingresar a la cabaña, se trataba de la mujer soldado que metió en prisión a Kayn y ahora finalmente los había encontrado aunque gracias a la oscuridad del lugar no podía verla bien del todo. El mercenario ahora se encontraba justo al lado del muñeco y al lado de una mesa bastante maltratada, pero lo suficientemente grande para meterse por debajo, lenta y sigilosamente se fue apegando a las paredes y de manera agachada se metió debajo de la mesa y llevo sus manos a su arma prestada. La mujer soldado cuyo nombre desconocía seguramente lo atraparía, pero primero debía acostumbrarse a la oscuridad y segundo seguramente su atención se fijaría en el muñeco, si llegase a pasar eso el pelinegro pensó en utilizar el somnífero que estaba impregnado en su espada para hacerle un par de cortes en las piernas de la mujer, ya que según recordaba Kayn, esa era una de las pocas partes que la soldado tenia descubierta, ademas de que el mercenario tenia el factor sorpresa y la distancia del suelo al techo de su lado, esta apenas era de dos metros y eso dificultaría bastante a la soldado en utilizar su lanza.

Desafortunadamente el mercenario tenía un pequeño problema en su estrategia, Kagura se encontraba durmiendo justo en la entrada de la cabaña y el pelinegro no podía hacer nada para despertarla que no llamara la atención de su perseguidora, ¿acaso la mujer soldado arrestaría a Kagura? El pelinegro no podía tener la menor idea de cómo ella actuaria ya que por el poco tiempo que conoció a la chica esta era bastante impredecible. Al tener poco tiempo y que el enemigo se encontraba en la entrada, el mercenario fugitivo decidió esperar bajo la mesa y rogar que la chica se acercara lo suficiente para atacarle de sorpresa en sus piernas, si el somnífero cumplía su función eso le daría suficiente tiempo para escapar ingresando al bosque, aunque tendría que dejar a su acompañante ya que por el momento rezaba para que la mujer soldado confundiera a Kagura como una simple niña perdida que se refugio en la cabaña abandonada por la lluvia. De esta forma Kayn se quedó bastante quieto en su lugar y aguantando la respiración lo máximo posible esperaba a que la otra chica se acercara para atacarla.

Off:
Bueno como tenia tiempo antes del pabellón me puse a crear la respuesta, la verdad no se si estara bien ya que perdi un poco el hilo del tema y bueno no tenia claro que es lo que hacer, cualquier cosa me pueden decir por mp y yo edito cuando pueda. Ahora me iré a esperar el pabellón que faltan 3 horas xD
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Kagura el Miér Abr 13, 2016 2:54 pm

Tres pequeñas dagas de bronce cruzaron en silencio el espacio que separaba el diván de la entrada de la cabaña, quedando clavadas al final en el umbral del pórtico y por ende, cerca de la recién llegada. No se trataban de las cuchillas que una media hora atrás la kunoichi pelirroja había impregnado con el somnífero azulado, puesto que estas yacían todavía sobre la destartalada mesa más adyacente a la entrada junto al zurrón, pero seguían estando lo suficientemente afiladas como para suponer una amenaza a tener en cuenta.

Las había lanzado casi sin querer una somnolienta Kagura como reacción a la súbita puesta en escena de la soldado, ya que como ninja, la habían entrenado para que desarrollase un sueño bastante ligero que le permitiese repeler con mortífera contundencia cualquier tipo de peligro. Sin embargo, la causante del desvelo repentino de la muchacha no fue el grito interrumpido de la intrusa solicitando permiso para entrar, sino el portazo que ésta dio para irrumpir en la habitación y que resonó incluso a través del ruido de la intensa lluvia que afuera caía.

-¡No es juuuuuusto!-
replicó de inmediato la joven pelirroja en un tono de voz que denotaba cansancio, mientras trataba a duras penas incorporarse de su cama improvisada. Atacar de manera repentina a todo aquel que osase despertarla se había convertido en toda una especie de rutina diaria para Kagura, y por ese motivo en el clan Yato pocos se atrevían a despabilar a la muchacha cuando esta dormía demasiado. El caso era que en esos momentos la ninja no había recobrado del todo su consciencia, así que su temeraria reacción había sido involuntaria. -Maestro, deme cinco minutitos más, por favor…-

Pero entonces, algo hizo sinapsis en su adormilada testa y recordó de repente que no se encontraba descansando dentro de su cálido futón en Hoshido. ¡Ni mucho menos! Estaba en Lycia, una tierra lejana habitada por gente a la que a su parecer le costaba dar indicaciones. ¡Y tenía que llegar a Ostia a como diese lugar! Se frotó los ojos a la vez que se ponía de pie. Le dolía un poco la cabeza. ¿Por cuánto tiempo había estado durmiendo? Sin embargo bastó con que echase un rápido vistazo alrededor para descubrir que algo iba mal y olvidar esa cuestión. En primera instancia, ¿dónde estaba el asesino fugitivo? Y en segunda, ¿qué hacía esa esbelta figura detenida en la entrada? Sus ojos acostumbrados a la oscuridad le permitieron distinguir los detalles del atuendo de la desconocida. Vestía con una armadura ceñida que cubría la mayor parte de su cuerpo. ¡Y el casco estaba adornado con un lazo rosado! Una persona con tan buen gusto decorando armaduras debía de ser alguien excepcional, ¿a que sí? La combinación de la gigantesca ingenuidad de Kagura y la escasa lucidez que poseía en esos momentos, le impidieron sospechar siquiera que se encontraba frente a una de los guardias que se suponía que debía evitar.

-¿Uh? ¿Y tú quién eres?- preguntó confusa la ninja mientras se acercaba a la extraña con un ojo cerrado y el otro semiabierto por el adormecimiento que sentía aún. Aunque no pretendía atacar a la visitante, en el interior de uno de sus bolsillos guardaba la funda de la que las anteriores tres dagas habían salido, pese a que la mayor parte de sus armas seguían escondidas dentro del zurrón. Fue entonces cuando Kagura reparó en el cubo de madera cercano a los pies de la mujer y entendió tras unos largos segundos de cavilación lo que había pasado.

-¡Ya lo entiendo!- exclamó risueña a la par que alzaba el dedo índice de su mano como si fuese una eminencia que acabase de descifrar el misterio detrás del origen de los Emergidos. En efecto, la muchacha pelirroja creía que la recién llegada no era más que otra pobre excursionista  a la que la repentina tormenta la había tomado por sorpresa. Debía de creer que en esa cabaña podría resguardarse del agua, ¡pero por desgracia su propia trampa la había empapado más aún! Sintiéndose culpable, fue que tomó a la extraña de la mano y la invitó a internarse en la caseta.

-Perdone por lo del cubo. Es que no pensé que una excursionista como usted quisiera refugiarse en este sitio.- se disculpó mientras la dirigía a la mesa bajo la cual se escondía Kayn. ¡Al menos tendría que ofrecerle algo de comer y encender un fuego como compensación! -Es que verá, mi amigo y yo estamos escapando de unos guardias que…-

Kagura no llegó a terminar su explicación, pues se detuvo justo al momento de darle la espalda para buscar comida en su zurrón. Acababa de recobrar su sentido común adormecido.

-Tú e-eres…- empezó a tartamudear sin atreverse a darse la vuelta. Por instinto extrajo parcialmente de su bolsillo una daga, preparada para actuar si la situación lo requería.
Afiliación :
- HOSHIDO -

Clase :
Thief

Cargo :
Ninja

Autoridad :

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Dagas de bronce [2]
Vunerary [3]
Kunais de bronce [3]
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1357


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Jue Abr 14, 2016 7:50 pm


La inminente y deslumbrante grandeza de la mujer que habría luchado contra emergidos, batallado en la captura de criminales buscados y perseguido a los más peligrosos y maquiavélicos prófugos; se había visto cubierta por la infantil e ineficiente trampa "mortal" que su presa parecía haber colocado con el fin de acabarla. Podía matar a los criminales con los que había compartido noches de calor y posiblemente pasión; pero no a ella, no, de ella siempre tenía que burlarse, parecía tener algo en su contra en todo momento. Pese a haber caminado bajo la brutal y fría lluvia, ahora, ya mojada de pies a cabeza, se había vuelto a mojar. ¡Cuánta maldad! ¡Una trampa digna de un demonio! ¡Ella no podía permitirse morir allí! Pero esperen... sólo era agua... ¡Sólo agua! Agua fría que hacía correr hirviente ira por las venas de soldado de Pherae. ¿Por qué? ¿Qué le había hecho ella para ser tratada como objeto de constantes burlas? Si bien lo había apuñalado y llevado a un largo encierro para que trabajara contra su voluntad antes de ser enviado a una segura ejecución, no debía ser razón para convertirla en la víctima de sus bromas y arrogancia. ¡Ella era mejor arrogante! ¡No iba a perder!

El cubo de madera que había golpeado el casco poco antes de volver a bañar en agua el cuerpo que había caminado bajo la lluvia, acabaría en el suelo sin más. Musitada su sorpresa internamente ya esperada, sabía que iba a matar a alguien esa misma noche. No se percató del filo amenazante por tener su  cabello por delante. No actuó con agresión, ya que a sus oídos llegó la voz de una femenina implorando a su maestro unos minutos más... ¿A qué se refería? ¿Quién era? ¿La leñadora en al cual había fundamentado su propia hipótesis? De ser así, a quien se refería como maestro, ¿su padre, el leñador? Aunque dada la situación pareciera haberse confundido, aún existía la evidencia fundamental del cubo de agua que claramente aquel mísero criminal habría colocado. No había posibilidades de que no estuviese allí, en esa tan pequeña y maloliente cabaña. Debía estar alerta, algo allí pasaba; levantó una ceja en respuesta a las somnolientas palabras. Fue entonces cuando la persona que se encontraría hablando anteriormente se le acercó, adormilada, ¿confundida o algo desorientada? ―...― Mantuvo el silencio ante su primer pregunta repentina, ya que no le sería lo más seguro actuar de ningún modo; al menos por ahora.

Inmediatamente tras unos segundos, esta parecía haber entendido lo que la soldado hacía en aquel lugar. Si, era evidente su presencia, ya era hora de que notase que estaba allí cumpliendo su labor. ¡Ya era hora! En ese momento se disculpó por el cubo de agua, como si hubiera sido su culpa; pero claramente había sólo una persona capaz de hacer semejante ridiculez y aun así ser capaz de decir que era mejor intentarlo a quedarse de brazos cruzados. No obstante, al mismo tiempo esta repentinamente la tomó por su mano para hacerla entrar al lugar. ¿Algo sospechoso? Soltó su mano cuando próximamente escuchó lo que necesitaba saber. "Su amigo", si, su cómplice, amigo, colega, y cuantas referencias innecesarias le quisiera dar. Esto era perfecto, como si los planetas se alinearan para iluminar la ubicación del asqueroso truhan. Ahora definitivamente sabía que él tenía relación con quien a primeras instancias creyó sería una simple leñadora cautiva por el susodicho. Sin embargo, ahora sabía que ambos eran igual de pecadores. ¡Pero un momento! Su "amigo" estaba cerca, en algún lado debía estar. ¿Dentro o quizá afuera? Debía mantenerse alerta. ―¡Vaya, vaya!― Repitió a espaldas de la imprudente mujer que la había invitado a acabar tanto con su amigo, como con su propia persona.

¡Sí! Ella era... ¡una de los guardias que los estaba buscando! ¡Y los había encontrado! ¿Pero cómo iba a imaginar que la "leñadora" de su hipótesis resultaría también una criminal? Nada podía salir mal de ahora en adelante. Había dado con el criminal y la persona que ahora sabía le había ayudado a esconderse; y no sólo eso, no había quien pudiera robarle el crédito esta vez... aunque todo esto había sido a causa de un accidente, no habría méritos a fin y al cabo.

―¿Quién soy?― Respondió alegremente ante su posibilidad de dar a conocer su identidad a quienes les daría un bonito fin; ambos podrían recordar el nombre de quien acabaría con sus asquerosas vidas, al menos recordarlo hasta el momento en que los matara. No obstante, aún debía de ser precavida, porque sólo una de las dos personas se encontraba allí, en la oscuridad de una cabaña bajo una ruidosa lluvia que obligaba a levantar un poco la voz. ¡Era el momento de poder decir su nombre sin interrupción, su tan solemne nombre! ―Soldado de Pherae, la gran...― Comenzó a identificarse por segunda vez, con paciencia y tranquilidad, además de una sonrisa constante en su rostro.

Soldado.L:―¡NAAGAAAAA!― Se oyó su nombre en el grito del soldado derrotado desde el exterior, interrumpiéndole su momento de gloria, una vez más. ¡¿Pero quién le había permitido usar su nombre y ni siquiera ser capaz de decirlo correctamente?! ¡Era tan simple como decir Nagahide, no Naga! ¿Era tan difícil decir un nombre sin tener que acortar un par de sílabas? ¿Qué le había hecho ella para que le interrumpiera de ese modo?, además de posiblemente dejarlo sin la posibilidad de tener un heredero, claro estaba. ¿Ahora tendría que encargarse de los tres? Nada aseguraba que el soldado se hubiera calmado y hubiera comprendido su lugar. ―Naga...― Concluyó ante un suspiro, cansada de que todo se pusiera en su contra una y otra vez impidiendo que dijera su nombre.

Preparó su lanza dando un par de pasos hacia atrás, regresando hacia la puerta por donde había entrado. ―¡Llegas tarde como siempre!― Exclamó ante el hecho de haber encontrado al fugitivo primero, como debía ser. Acercándose a la cabaña, y frustrado por las primera palabras tras aquella riña que acababan de tener; no sabía si estar anonadado porque ella realmente fuera capaz de hallarlos. El comprendía que había estado mal por lo que había hecho al levantar el arma contra un "igual", pero no por ello la iba a tolerar. Soldado.L:―Espera ¡¿Está aquí?!― Replicó incrédulo ante lo que veían sus húmedos ojos. ―¡Ohohoho!― Rio victoriosa sin bajar su guardia, puesto debía esperar que la actitud del soldado dejase su inferioridad de lado para centrarse en las personas que habían estado siguiendo. ¿Deberían ejecutar al prófugo una vez que dieran directamente con él? ¿Qué debían hacer con la mujer de la cabaña? ¿Aplicar la ley en ella por igual? Sería entendible si esta hubiera sido amenazada, ya que así se lo conocía al fugitivo, siempre haciendo uso de sus sucias artimañas.

°~°~°~° ❀ °~°~°~°

Sonoros pasos se oían entro un grupo de hombres velando por los suyos caídos. En silencio y con pleno respeto, al ver la escena no ordenó con ningún aire superior; simplemente encomendó. Gral Byron:―Llévenlos al campamento, allí podrán continuar― Sin más que decir, este palmeo la espalda de uno de los hombres y continuó cuesta abajo. Pasados varios metros de pendiente encontró finalmente los restos de la carreta del accidente mencionado, ya una vez sin el cuerpo del jinete fallecido, pero aún se encontraban allí los criminales abandonados. Los observó detenidamente para llegar a una conclusión.

A pocos metros divisó un par de soldados buscando rastros; y sin titubear les preguntó exactamente qué era lo que buscaban. Ambos respondieron que habían estado buscando a un prófugo sobreviviente y un posible rastro más. Mas con la lluvia se les había imposibilitado hasta el lugar donde su acompañante estropeo las marcas por andar sin pensar. Gral Byron:―En esta zona era habitado leñadores. Deberían rastrillar más el lugar― Alegó retomando la marcha en dirección opuesta a la pendiente del accidente. Nada iba a detener a ese hombre ahora que sabía con exactitud que tenía algo que buscar en el bosque.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Mar Abr 19, 2016 10:16 pm

El pelinegro se mantuvo en su escondite improvisado esperando alguna acción por parte de su cazadora, desafortunadamente su compañera de fuga le causaría más de un problema al pobre mercenario. Primero mientras despertaba de su sueño ataco con sus dagas a la enemigo que por suerte no llego a impactarla sino la mujer soldado seguramente le atacaría sin piedad, acto seguido Kagura tuvo el descaro de decirle a la mujer soldado de que estaba escapando junto a Kayn, una vez que se dijeron aquellas palabras su acompañante se quedó callada y el pelinegro simplemente se llevó su mano al rostro para lamentarse por el hecho de tener una persona como compañero que no podía guardar un secreto bastante importante. Dejando de lado aquellos dos errores, la fémina hizo algo correcto ya que acerco a la otra chica lo suficiente cerca a la mesa en la que se encontraba el joven para poder realizarle un par de cortes en sus piernas descubiertas de armadura. ― Esta será mi única oportunidad para escapar ― era lo que pasaba por la mente del pelinegro mientras tomaba su espada prestada y se preparaba para lanzar su ataque.

Antes de lanzarse a su perseguidora, una nueva persona hacia su incursión al interior de la cabaña y se trataba de uno de los compañeros seguramente de la mujer soldado, quien revelo lo que parecía ser el nombre de la mujer soldado llamada Naga. Un nombre bastante extraño, pero bueno el pelinegro no era quien para juzgar ya que su propio nombre era inusual.  Saliéndose del tema de conversación entre ambos soldados, ahora las cosas se habían complicado ya que ahora se tendrían que enfrentar a dos oponentes, pero bueno era la hora de actuar por lo que aprovechando que la mujer aún se encontraba distraída, el espadachín iba a rodar hacia adelante para acercarse lo suficiente a Naga y utilizar su espada para realizar un corte horizontal para ambas piernas en donde su piel estaba descubierta de su armadura. El objetivo de este ataque no era dañarla o causarle algún tipo de herida profunda, sino más bien algo superficial lo suficiente para que el somnífero que estaba por todo el filo de su espada hiciera efecto en el cuerpo de la soldado femenina, desafortunadamente Naga al alejarse de la mesa en la que estaba impidió que este plan pudiera llevarse a cabo y un poco resignado, el espadachín decidió salir de su escondite para pelear de frente, no sería la mejor de las opciones, pero ya estaba cansado de escapar, además de que si quería volverse el mejor espadachín del reino debía derrotar a todos sus oponentes.. ― Me buscaban soldados, pues aquí me encuentro. Por cierto Kagura vaya manera de guardar un secreto ― fue lo que dijo con cierto enfado el pelinegro mientras salía de debajo de la mesa y miraba con mucha seriedad a ambos soldados, el pelinegro tomo su espada con ambas manos y la llevo adelante para hacerles entender a sus enemigos que no caería sin luchar.

Me imagino que están aquí porque me escape, pero no fue mi culpa lo del accidente con las piedras, además porque no me pueden dejar en paz si no soy un criminal peligroso ni nada por el estilo. No he dicho nada hasta el momento, pero me parece bastante extraño que me hayan mantenido encerrado todo este tiempo ya que lo único que hice fue a ayudar a esa mujer con sus hijos al salvarlos de las manos del secuestrador. ¿Acaso ella no les dijo que yo no le hice nada de daño y más bien quería ayudarla? Es más termine realizando el trabajo que debían hacer ustedes los soldados y así es como me pagan ― fueron las serias palabra que soltó el pelinegro con bastante enfado, la verdad ya estaba harto de tener que cumplir con una sentencia que no se merecía en lo más mínimo, la vida dentro de la prisión fue bastante dura y no pensaba regresar a aquel sitio. ― Si a pesar de eso deciden tratar de capturarme, les aviso que luchare por mi libertad ― fue lo que dijo seriamente el pelinegro mientras tomaba la mesa que estaba a su lado y colocándolo frente suyo, utilizo su pierna para darle impulso y lanzársela hacia la mujer soldado. Una vez realizado aquella acción, el joven se acercó a la nueva posición de la mesa y utilizando una gran fuerza con su espada y poder perforante, atravesó la madera vieja y débil de la mesa para poder causar una herida en las piernas descubiertas de Naga, no le importaba lo profundo que pudiese llegar a dañar la pierna de la mujer soldado ya que el objetivo del espadachín era hacer que el somnífero que estaba cubierto por toda la hoja de su espada hiciera efecto en el cuerpo de la mujer, además de que Kayn contaba con la ayuda de Kagura para que le cubriera de un posible ataque de Naga o de su compañero.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Kagura el Sáb Abr 23, 2016 4:26 pm

¿Había oído bien? ¡No podía ser! Pero sin duda, ¡usar ese nombre sin motivos era algo impensable para la ingenuidad de Kagura! Aún más ensimismada que antes, dejó de prestar todo tipo de atención a su entorno mientras trataba de buscar, en vano, cualquier tipo de explicación al dilema que rondaba por su mente. Puso su mejor cara de pensadora centrada, rascándose de vez en cuando la barbilla y dirigiendo su mirada a una lejanía inexistente ubicada más allá de las vigas de madera que sujetaban el techo de la cabaña. Ausente como estaba, tampoco dio indicios de escuchar el reproche de su compañero que, decepcionado por la información que la kunoichi había revelado a la soldado de la lanza, salió de su escondite. De no haberse encontrado en medio de complejas cavilaciones tan filosóficamente importantes -al menos, para ella-, su respuesta habría sido aún más desconcertante. Al fin y al cabo y a su posible parecer, la culpa la tendría Kayn por no especificar que su fuga e intenciones de huída eran un secreto, pues estaba claro que esas cosas se debían aclarar desde el principio... ¿o no?

Kagura pasó de rascarse la barbilla como un anciano sabiondo a frotarse la frente con agitación. Su tergiversado razonamiento estaba a punto de llegar a una conclusión inesperada, y esto podía notarse también en la cantidad de palabras ininteligibles que murmuraba a toda velocidad y sin conexión aparente. Por suerte, la oscuridad del interior del edificio era casi impenetrable, y la única con los ojos capaces de ver a través de ella con claridad era la propia ninja pelirroja. De haber sido de otro modo, el potencial sobresalto de todos los allí presentes habría corrido el riesgo de convertirse en una realidad. Por suerte la sarta de inconexas reflexiones, casi tan propia y digna de las deducciones de una auténtica lunática, pasó desapercibida gracias al severo alegato del afligido ex prisionero, cuyas palabras se superpusieron a las suyas.

-¡Bingo!- exclamó de repente Kagura, regresando al fin a la realidad. Había encontrado una respuesta muy pero que muy convincente a sus dudas y estaba dispuesta a compartirla con los presentes. Mas le bastó dirigir un simple vistazo a su alrededor para comprender que algo malo ocurría. Kayn, en un arrebato de violencia, propinó un potente empujón a la mesa más cercana a él para que se precipitase  en dirección a la primera soldado. -¿Hum?- se preguntó por un instante. Las patas del mueble chirriaron con estridencia mientras sus bases rozaban con saña la superficie del desgastado suelo de madera, y la kunoichi creyó comprender el objetivo de todo aquello. ¿Pero qué diantres estaba haciendo ese loco? ¡Tenía que pararle los pies antes de que fuese demasiado tarde!

Y entonces, Kagura experimentó por primera vez esa famosa sensación de la que sólo existen habladurías. Y es que aquellos que habían vivido y experimentado determinados tipos de situaciones de gran tensión, solían afirmar que a veces percibían cómo el tiempo parecía transcurrir mucho más lento de lo habitual. Pues eso era exactamente lo que Kagura estaba sintiendo en aquellos instantes. ¡En efecto! ¡Conocía a la soldado del casco con lazo! Aunque quizá ella no se acordase, la pelirroja no podía dejar que Kayn hiriese a alguien tan importante como Naga. ¡Eso sería traicionar a una vieja amiga que había estado con ella desde el principio!

-¡No! ¡Basta!- gritó a pleno pulmón la pelirroja. Aunque sus palabras fueron entonadas con claridad, debido a que seguía percibiendo que todo a su alrededor se movía a menor velocidad que de costumbre, ella las escuchó como si sonasen con mucha menos elegancia. En realidad, oyó su grito como algo más así: “¡¡Nnnnnoooooo!! ¡¡Bbbaaaassstaaa!!”.

Sin pensárselo dos veces, empezó a correr a en dirección a Kayn justo cuando éste se disponía a perforar la madera de la mesa con la espada. Trató de interrumpir su ataque pisándole las manos con las que sujetaba la empuñadura de su arma. Y como por arte de magia, todo a su alrededor pareció volver a recobrar su velocidad original.

-¡¿Pero se puede saber qué haces, hereje?!- le espetó Kagura con enfado desmesurado. -¿Acaso no ves que ella es Naga?-

Entonces se dio la vuelta y encaró a la soldado. Ignoraba al otro recién llegado porque no era importante para ella. Y porque su casco tampoco estaba adornado con un bonito lazo rosa. Sin dejar tiempo de reacción a nadie, se postró en dirección a Naga en señal de profundo respeto.

-¡Oh, mi muy estimada diosa! Por favor, perdone las malas acciones de este hereje.-

Por muy inverosímil que pareciese, las deducciones de Kagura la habían conducido a creer que se encontraba ante la mismísima reencarnación de la famosa diosa Naga, tan venerada en Hoshido, su tierra natal.
Afiliación :
- HOSHIDO -

Clase :
Thief

Cargo :
Ninja

Autoridad :

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Dagas de bronce [2]
Vunerary [3]
Kunais de bronce [3]
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1357


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Sáb Abr 23, 2016 8:37 pm


Caballero:―¡Enemigos! ¡Ataquen!― Fue lo que gritó un alterado caballero perteneciente al campamento de las montañas. Su punto estratégico de descanso había sido ultrajado. Su objetivo de actuar como refuerzos, era directamente deshecho por los enemigos. Sin dudar, los soldados tomaron sus armas y abandonaron su descanso para abatirse contra el indeseado visitante. ―AAAHHRG― Fue el alarido que recibió como respuesta del otro lado del campamento. Seguido de aquel alarido, los arqueros formaron una línea frontal alzando sus armas en lo alto, y soltando sus proyectiles para luego dar un paso atrás; permitiendo de este modo que sus tropas armadas se abalanzaran contra los soldados del campamento.

Los primeros en caer, resultaron los soldados desprevenidos. Cuerpos cubiertos de flechas llameantes acabaron abatidos en el suelo. Pero no todo humano era únicamente su blanco. Las tiendas que estos empleaban, sus suministros, y todo aquel que estuviera vivo lo era. El fuego lentamente inició, superando la velocidad de la lluvia para su extinción. Columnas de humo se alzaron hacia el aire; el campamento poco a poco era destruido. Habían sido superados en número, y el general al mando se había retirado a causa de un accidente. Un ataque por la retaguardia, una emboscada, los había reducido por completo. Sangre y fuego era lo que se presentaba. Enemigos masacrando y destruyendo todo a su paso. Era sólo un suicidio continuar, no lo lograrían. Caballero:―¡Retirada! ¡RETIRADA!― Gritó a más no poder para que todo aquel sobreviviente intentase mantener su vida a salvo. Sin embargo, este no sería quien, su garganta había sucumbido a último momento por una flecha que la habría traspasado, haciéndole caer finalmente del caballo en el que se encontraba.

Fue inminente su destrucción, habían sido superados en tres a uno; los enemigos al acabar se dirigirían al campamento principal para actuar como refuerzo por la retaguardia, del mismo modo que a estos les habrían atacado. Todo quedaba en manos de los ejércitos de la liga de Lycia, el ejército unido de los marquesados tendría que lograr a toda costa contener y derrotar a este grupo. Afortunadamente el campamento al menos había acabado con una pequeña parte de los atacantes, principalmente de arqueros. De este modo el ejército principal tendría tiempo a reaccionar sin que las flechas volaran sobre sus cabezas.

°~°~°~° ❀ °~°~°~°

Avanzando entre los árboles, los dos soldados observaban las señales de su general, quien les indicaba si veía alguna señal para así asignar una ruta a seguir. Avanzaban lentamente, cubriendo un amplio terreno de al menos treinta metros. La lluvia pronto debería acabar, el aguacero brutal no parecía poder continuar por mucho más. Fue allí, que mirando hacia la copa de los árboles el general se percató; no era una nube normal, el oscuro color ascendente que esta presentaba claramente la delataba como un pilar de humo, sin mencionar que su dirección era la misma que la del campamento. Gral. Byron:―No puede ser...― Voceo para sí mismo mirando a lo alto. El campamento del cual estaba a cargo, había sido arrasado sin que él estuviese presente. La tarea que creyó no le sería un impedimento, se habría convertido en un acto de deslealtad; había abandonado a sus hombres a su suerte, sólo podía rezar por que alguno hubiera sobrevivido. ¿Cómo podía haber ocurrido en tan poco tiempo? ¡El enemigo sin lugar a duda era numeroso!

Debía tomar una importante decisión. Ya era un hecho el que habría dejado a sus hombres atrás, no podía volverse a repetir; pero al mismo tiempo, debía salvar cuántas vidas pudiera. ¿Continuar o regresar? Si continuaba podría acabar con su búsqueda, aunque en aquel momento ya no parecía tener demasiada importancia; pero al mismo tiempo aún había soldados dispersos en la búsqueda del criminal. ¿Podía dejar a su suerte a sus hombres y dejar peligrar a la gente con un asesino brutal? ¡No! Por su honor como caballero debería cumplir, no dejaría más a sus hombres atrás; nada lograría con regresar, si el campamento ya no estaba más.

Adelantaron su paso, avanzando sin mirar atrás. Su objetivo sería reunirse con los dos soldados que se habría separado ante su repentino conflicto personal; para así, retirarse y reagrupar a todo sobreviviente e ir al campo de batalla directamente. Era sólo un plan improvisado, ya que en el transcurso del camino, todo podía cambiar. La lluvia comenzó a disminuir, aunque los cielos permanecían turbios, el principal aguacero parecía estar pronto a concluir. Cada segundo que pasaba, impedía ver con claridad dentro del bosque. La noche había caído completamente, y el cielo cubierto de nubes no permitía que siquiera la luna iluminara el camino a recorrer. Avanzaron al trote, manteniendo una corta distancia entre ellos. La lluvia se detuvo, y a un par de metros los tres oyeron, lo que menos deseaban oír. Un ruido que delataba el inicio de un enfrentamiento. Debían mantenerse cubiertos e ir hacia el lugar. Su vida podía peligrar.

°~°~°~° ❀ °~°~°~°

―Vaya, vaya~― Voceó la lancera al escuchar la voz de aquel mercenario que tiempo atrás había enfrentado y apresado. Hoy era el día de su ejecución, no debería haber ningún inconveniente si lo matase, ya que, podía recordar que la vez anterior el viejo general la había detenido. Esta vez, era la oportunidad que tanto había deseado aquel día, él lamentaría haberle lanzado esa bomba y hacerla toser. No obstante, aunque ella empuño su arma para adelantarse a los hecho, el mercenario comenzó a protestar exigiendo libertad a causa de ser una víctima de la injusticia. A ella no le importaba en lo absoluto que fuera una víctima de un robo, un secuestro o lo que fuera, él la había agredido cuando debía patrullar, y eso no se lo iba a perdonar. Pero allí, había una persona que se había dedicado a oír todo lo que consideraría solo basura, puras mentiras. ¿Él no sabía que no habían ido a capturarlo simplemente? ¿Acaso los soldados habían olvidado mencionar que ese día él habría sido trasladado al campamento para ejecutarlo lejos de la ciudad? Pues sí, en ningún momento se había mencionado a los reclusos. La situación se convertiría en un dos contra dos; ya que su joven cómplice seguramente le ayudaría.

El colérico mercenario no sabía que la persona que decía "haber ayudado" habría atestiguado en su contra. Si él no lo sabía, el cómo este mató a su compañero le podría haber atemorizado. Cuando los soldados le hicieron comprender la frialdad de sus actos, esta había asumido que sólo estaba siendo engañada para saciar su sed de sangre; no por nada se le habría acusado de asesino, secuestrador, ladrón y desacato a la ley. Era una simple campesina, si alguien le decía algo, lo más normal era que esta acabara siendo influenciada por lo que escuchara, creyendo todo lo que se le decían los respetados soldados. El soldado de la lanza, quien había permanecido fuera del umbral de la cabaña, al escuchar toda esa palabrería sólo pudo llevar su mano a su frente, para comenzar a reír levemente, le parecía todo una broma que anteriormente ya habría oído. ¿Hacer su trabajo? ¿Quién le había dicho que metiera sus narices? Si tan inocente decía ser, se hubiera quedado de brazos cruzados, pero no, él tenía que "ayudar" asesinando a otra persona sin inmutarse siquiera. ¿Dónde había escuchado algo así? Soldado.L:―...¿Crees que vives una injusticia?― Murmuró para sí mientras posicionaba su lanza para atacar. Bajó su mano mirando la lluvia que a pesar de disminuir, continuaba golpeando directamente su rostro.

Violentamente el acusado empleó una mesa para usarla como un elemento suplementario en pleno ataque contra la lancera. Pero aunque ella no podría ser alcanzada por esta, ya que se encontraba bajo el marco de la puerta, el acto siguiente que este realizaría si que podría haberla dañado. Dio un salto hacia atrás, aunque sin comprender exactamente lo que ocurría, su cómplice parecía oponerse a que le atacara. ¿Acaso la conocía? ¿Qué tanta importancia tendría ella como para no ser atacada? Comprendía que era la mejor, y que podría encargarse de ambos ella sola; pero por qué tan desesperadamente habría actuado para impedir que le hiciera algo aquel enclenque que detestaba.

La mujer quiso responder al alago espontáneo que la muchacha expuso. Si le decía diosa, claramente la conocía y sabía cuan grandiosa era. Pero no pudo, ya que el lancero la quitó del camino tumbándola con su escudo mientras cargaba su lanza en alto. Su mirada gélida se denotaba completamente vacía, las palabras de aquella muchacha lo habían hecho perder completamente la cordura. ¿El mercenario creía vivir una injusticia? ¿¡Él no sabía lo que era tener que tolerar a esa arrogante mujer que encima ahora era adorada por el enemigo!? ¿Era por su sangre noble? ¡Eso era una injusticia! Soldado.L:―¡No sabes lo que es injusto!― Gritó cargado de furia. El honor del ejército se vería manchado de no tratarse de un criminal, mas su actitud no era la correcta, su cordura había desbordado, y no era capaz de razonar con claridad. Había explotado todo lo que siempre había cargado. Su odio había sido detonado, en su estado actual era posible que no sólo al acusado criminal quisiera matar, sino también a la arrogante e insoportable mujer que tenía como compañera.

El tiempo parecía haberse detenido. Era un todo o nada. Perder el honor y manchar la buena reputación con semejante actitud, a cambio de quitarse un peso de encima... No, no era eso lo que le había detenido en el tiempo. Por su mente sólo una imagen apareció, una larga secuencia de imágenes comenzó a circular.


Clara:―¡Hermano!, ¿por qué no tenemos para comer?― Preguntó la niña que sujetaba firmemente la mano de su hermano mayor. Jacob:―Porque somos pobres. Pero no siempre será así, ¡conseguiré algo de dinero y te compraré todo lo que quieras!...Sólo espera un poco más…― Respondió el entusiasta niño intentando mantener la esperanza en un futuro mejor, quien ante sus palabras recibiría un fuerte abrazo. Sin embargo, la realidad era muy diferente y difícil, eran tiempos de guerra en los que ellos vivían. Sus padres habían muerto, y ellos sólo se mantenían de migajas de pan, afortunadamente sin robar; eran jóvenes, once y seis años respectivamente. Ellos debían vivir bajo un manto de desgracia, mientras que los arrogantes y adinerados nobles disfrutaban grandes festines sentados frente al calor de una hoguera. No existía la equidad, sólo una vaga definición de justicia.

Un año después, el niño vio como los soldados de Pherae habían salvado la vida de su pequeña hermana ante la aparición de un desquiciado criminal. Los odiaba, asesinos y delincuentes que sólo sabían mentir y arruinar los esfuerzos de los demás para sobrevivir; por otro lado, sentía admiración por el ejército, y deseaba unirse a él, ya que estos siempre arriesgaban su vida por gente que pudiera vivir en la miseria. Usaba una de las herramientas del campo como arma para practicar, ya tenía un objetivo, unirse al ejército para poder ganar un buen dinero y también erradicar la hambruna del mundo. Era un niño, siempre era válido que pudiera soñar, pero la realidad siempre era muy diferente a las fantasías.

Con doce años irrumpió a un alto cargo, solicitando y rogando que le permitiera unirse; pero dada su edad, aún le faltaban mínimo dos años para que pudiera usar su voluntad. El hombre le explicó y rechazó, por su seguridad. Sin embargo, el niño replicó que ya no tenían familia y él personalmente  debía de cuidar de su hermana... el caballeroso hombre se apiadó, y una oportunidad le dio. Le ofreció un trabajo, el cual era asqueroso, pero no le haría arriesgarse, permitiendo así que continuara cuidando de su hermana. El pequeño sin importar el anticuado y asqueroso trabajo, aceptó con lágrimas en sus ojos. Desde ese día el niño se encargaría de ser ayudante en la limpieza de los cuarteles y el cuidado de los caballos.

Odiaba a la gente arrogante, siempre menospreciaban a los demás y los marginaban sin más. ¿Qué culpa tenía el de haber acabado en la miseria? ¡Él quería acabar con eso! ¡Se haría rico y ayudaría a los demás! Al cumplir los catorce años, suplicó nuevamente al hombre de alto mando que le permitiera unirse al cuartel, pero como un soldado más. Ya tenía edad y conciencia para comprender lo que suplicaba; arriesgar su vida durante tiempos de guerra, para jugar un juego de azar, en el que su vida de un día a otro podría acabar. Cargo con orgullo un escudo y una lanza, y un nuevo camino recorrió, por el bien de su hermana y de todo aquel que cayera en la miseria también.

Pasaron cinco años, y su situación financiera cambió; un ingreso fijo les había permitido conseguir un techo para vivir. Comían juntos con su hermana, y como podían, se mantenían.
Jacob:―Hoy cenemos un festín― Dijo el joven dejando una bonificación que había obtenido debido a realizar algunos logros en el campo de batalla. Ese dinero sería usado por su hermana para comprar lo que quisiera comer, claro, él prefería que ella comiera lo que gustase, era un buen hermano mayor. La realidad no siempre es color de rosa, esa misma noche, el joven Jacob viviría una pesadilla.

Al regresar para cenar con su hermana, encontró la puerta abierta, y en interior un muerto de hambre comiendo los ingredientes que su hermana había comprado, pero eso no era lo que destruyó su corazón; en el suelo se encontraba el cuerpo de su hermana, sin vida. ¿Por qué la había matado? ¿Por qué? ¿Cuál había sido su necesidad? Ella era buena, si le pedía comida, se la hubiera dado. ¿Por qué la mató? ¡Clara!
Vago:―¡Yo no fui! ¡Lo juro! ¡No me hagas daño!― Exclamó el hombre al darse cuenta de la presencia del soldado. Sus manos estaban cubiertas de sangre, la sangre de su hermana menor, y el cuchillo que había utilizado para apuñalar reiteradas veces a su amada hermana, estaba allí, junto a él. ¿Cuál era la necesidad de matarla sólo para comer? Comprendía la guerra, y sabía que no era necesario matar a alguien para poder vivir. No dudó, no lloró, sólo el cuello del hombre con su lanza atravesó. Todos los criminales decían ser inocentes... todos mentían, merecían morir como la basura que eran. Los odiaba.

Jacob continuó con su vida, apagada y sin comprender cómo continuar desde aquel día. Ya no tenía a su hermana, y el dinero que invertía en quien vivía como una vez lo hizo él, ahora sólo lo guardaba. Llegó al ejército un día una mujer, arrogante e insoportable, la detestaba, aunque también sabía que nada le podría hacer. La gente que odiaba ahora también lo rodeaba. Desde aquel día, el buen Jacob murió, y un amargado realista nació, y por más que fuera una víctima viviente, jamás se quejó por ello y siempre continuó. Pero el mundo era realmente extraño, los sueños nacían y morían sin ser cumplidos. ¿Cuál era la razón para soñar? El mundo estaba lleno de injusticias, y él lo sabía mejor que nadie.



¿Qué eran esas imágenes que circulaban por la mente del frustrado lancero? ¿Sueños? ¿Recuerdos? La vida comenzó a pasar ante sus ojos en aquel instante, una tras otra; escasos segundos se convirtieron en una eternidad, una muy dolorosa de recordar. ¿Acaso aquel mercenario le había hecho recordar lo cruda que era la realidad? ¿Qué estaba vivo y por ello podía sufrir, amar, odiar y extrañar? ¿Qué se suponía que  estaba haciendo él? ¿No era él un niño que quería erradicar el hambre y acabar con el mundo criminal? ¿Por quién había sido inspirada su meta? Clara… su hermana… su querida hermanita. Si tan sólo ella estuviera allí. ¿Estaría orgullosa de él?

La lanza del soldado cayó. Su ataque de ira inmediatamente culminó. No logró cumplir su meta de asesinar al criminal detrás de la mesa que había sido detenido por la joven que él desconocía. Una sensación extraña sintió, y fue ello lo que le hizo frenar. La flecha que atravesaba su cuello  con la mano que sostuvo su lanza quiso sujetar, pero al alzar esta, descubrió también tener un proyectil clavado en su antebrazo. ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Por qué? Las flechas habían sido apuntadas en primera instancia a la mujer que se había asomado por fuera de la cabaña, pero en el último instante el hombre armado la habría apartado. ¿Quién diría qué el orgulloso y honorable soldado moriría salvando a una persona que odiaba? ¿No es realmente el mundo injusto? La sangre comenzó a gotear por su boca mientras sus de sus ojos comenzaron a brotar las lágrimas que por años habría de guardar. Jacob, había encontrado al fin lo que tanto habría esperado, morir. Finalmente sentía que podría ver a su hermana una vez más, y cenar aquel festín que le había prometido.

―¡AAAHHRG!― Se oyó, un alarido que desquebrajaba los oídos, inmediatamente tras este un cuerno sonó. ¡Emergidos! ¿Cuántos eran? ¿De dónde habían salido? ¿La lluvia los habría camuflado? ¡Maldición! La soldado tomó su lanza y detrás de la pared de la cabaña se ocultó. Los criminales ya no tenían escapatoria, aunque claro, estando ella sola tampoco la tendrían. El problema ahora era mayor, ella había luchado contra emergidos en un par de ocasiones, y no eran exactamente enemigos simples de derrotar. Tenían estrategias, conocimiento, y buena movilidad. No eran idiotas como aparentaban. Soldado.E:―¡Naga, Jacob!― Exclamó el soldado que de estos anteriormente se habría separado. Su espada cargaba  la sangre del emergido que había sonado aquel cuerno, pero lamentablemente ya era tarde. El aviso se había dado, y no sabían cuántos tendrían que enfrentar; los números no estarían fácilmente a su favor. Al acercarse el grupo de soldados pudieron descubrir que Jacob ya no estaba con ellos, vieron a la distancia sus pies en el suelo, y su cuerpo completamente desplomado con flechas en él. También era tarde para aquel soldado que en combate había caído.

Sus acompañantes se adelantaron hasta ubicarse frente a la puerta de la cabaña. Todo había ocurrido en un abrir y cerrar de ojos, pero aun así el general Byron que acababa de llegar, había podido divisar al susodicho criminal. Gral. Byron:―¡Tú!― Le gritó señalándolo con su dedo, era él a quien había decidido buscar con anterioridad. ―¡Únete a mí y olvida tu pasado!― Añadió en menos de un parpadeo; pues si alguien podía vivir a una caída de treinta metros como le habían informado, claramente lo querría en su ejército.

Fue en ese momento, donde la lancera dejó su lugar, y tras escuchar las palabras del general y conociendo la personalidad del criminal, sabía cómo actuar. Quitó las ataduras de su escudo y a sus pies lo arrojó. No había mucho que entender en ese cambio de actitud, si luchaba contra emergido seguramente sufriría, y ella lo disfrutaría, porque no le agradaba. ―Con eso no necesitaras correr como cobarde― Dijo la mujer manteniendo los ojos sobre el bosque como los otros soldados que le acompañaban. Gral Byron:―Toma ese escudo y jura lealtad a nuestro señor ¿Qué dices? ― Agregó posteriormente al acto de la soldado que a este sorprendió. Si este se unía, serían cinco en total, ya que uno de ellos acababa de caer.



off:
Para que se entienda: entre esto "°~°~°~° ❀ °~°~°~°" será un "bloque"

En el primer bloque, es el plano del campamento, sólo para dar a conocer el peligro de la situación y ambientar un poco.
En el segundo bloque narro el desplazamiento de los otros soldados que buscaban, allí ven lo del 1° y tiene un cierre abierto con un ruido.
Bloque 3, el último, es donde nos encontramos, allí al final, uno el final abierto del bloque dos, usando el sonido del alarido o bien del cuerno, para realizar el encuentro final.

(Sólo necesitan del bloque 3 para responder)

Espero les haya gustado xD
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Jue Mayo 05, 2016 11:18 am

El ataque del mercenario parecía que iba a llegar a conectar si no fuera por la interrupción inesperada por parte de la compañera del joven, Kagura contra todo pronóstico en vez de ayudarla a luchar contra los soldados, ella procedió a pisarle con fuerza sus manos haciendo que el joven se desviara de su trayectoria y su espada no pudiese llegar a conectar con su objetivo ya que a pesar de que le dolió la pisada por parte de su compañera, el pelinegro pudo mantener su arma con sus dos manos. Kayn rápidamente dirigió una mirada enfadada a la pelirroja y le exigió que le diera una explicación ya que ahora estaba convencido de que la mujer no era su aliada y sino una maldita traidora, no solo le revelo su ubicación a los enemigos, ahora lo estaba saboteando. ―¿Qué demonios estás haciendo? Ella es el enemigo y no se trata de una diosa, bueno eso no importa me has revelado tus verdaderas intenciones y solo me has demostrado que eres una traidora y nunca quisiste ayudarme ― fue lo que dijo con una mirada de odio a su compañera ya que el espadachín sentía bastante dolor a la traición, en especial porque por su propia experiencia al ser ignorado por su familia el apreciaba demasiado las relaciones que pudiese a llegar a formar y si estas le traicionaran como su familia, el mercenario simplemente no se los perdonaría.

Las cosas se complicaran bastante ya que ahora Kayn tendría que enfrentarse a tres personas, claramente era la hora de utilizar el instrumento que le dio la traidora de Kagura para escapar, aunque antes quería ver la reacción de la mujer soldado de nombre Naga. Eso si el primero que dijo algunas palabras fue el soldado que acompañaba a su captora, el espadachín dirigió su mirada a aquel hombre y comenzó a escuchar lentamente sus palabras. Estas eran expresadas con furia y el pelinegro se preparó para un inminente ataque por parte de aquel hombre enfurecido, pero algo inesperado se llevó a cabo que cambiara las cosas por completo y el futuro de Kayn. Unas flechas se clavaron en el cuello del soldado provocando que fuera una herida fatal y lo que era inesperado en su ataque de furia el soldado había apartado a la otra mujer salvándole así su vida del ataque de las flechas. ¿Qué demonios estaba ocurriendo? ¿Por qué los soldados atacarían a uno de sus hombres? Había muchas interrogantes en la cabeza del espadachín, pero lo único que tenía claro en esos momentos que el peligro solo estaba aumentando a medida que pasaba el tiempo.

De todos los momentos, porque “ellos” tuvieron que aparecer ― fue lo que dijo con bastante nerviosismo el pelinegro mientras se acercaba a la mesa que había lanzado para refugiarse detrás de ella, Kayn había escuchado de los emergidos que estaban causando destrozos en el reino y el resto del mundo, pero nunca había podido tener la oportunidad de enfrentarse contra ellos. Ahora simplemente estaba perdido en solitario contra tantos enemigos, al parecer no podría llegar a cumplir su deseo de ser reconocido por su familia. De repente una nueva voz hizo acto de presencia en la cabaña y una persona de mayor rango o eso pudo deducir el joven por su armadura, señalo al pelinegro para decirle una propuesta bastante interesante. El espadachín sabía lo que tenía que hacer si quería continuar viviendo, debería transformarse en un perro del ejército, tal vez no era una agradable idea para su persona tener que seguir ordenes, pero preferiría estar vivo que muerto, además de que podría aprender varias cosas si convivía con el enemigo, es por esta misma razón que el joven tomo el escudo que le paso la mujer soldado y equipándoselo se preparó para una inminente batalla. ― No es como si tuviera opción realmente, pero me uniré al ejército y jurare lealtad a su señor poniendo mi propio honor en juego. Eso sí veo que hay abusos de poder muy grandes del ejercito me retirare del mismo y volveré a andar como mercenario ― fue lo que dijo seriamente el joven mientras se movía cuidadosamente hacia un lado de la puerta para tratar de mirar cuantos enemigos se estaban acercando. A ciencia cierta, no se podía saber con exactitud el número de enemigos, pero la primera oleada ya llego a la zona y rodeo por completo a la cabaña con los soldados y la chica de cabello rojo. Estos se trataban de “emergidos” equipados con espadas y hachas, llevando algunos de los uniformes de los que se utilizaban en los distintos reinos de Akaneia, sin duda alguna eran bastante problemáticos para mantener la paz de los reinos ya que causaban mucha confusión entre los mismos. Sus nuevos enemigos no poseían vida en sus ojos y parecían ser cascarones vacíos de lo que alguna vez fueran seres humanos, dejando de lado aquello llego el momento de escuchar al general para ver si tenía algún plan, además que aun tenia algunas cosas pendientes con Kagura.

¿Tienen algún plan en mente? Porque será cuestión de tiempo que lleguen sus refuerzos y si tienen arqueros será bastante problemático ― fue lo que dijo seriamente el joven mientras observaba como los enemigos se acercaban y no tuvo más remedio que salir de la cabaña para enfrentarse contra el primero de los emergidos que decidió acercarse por su cuenta y fuera del resto de su “ejercito”.  Kayn miro fijamente a su enemigo y tomando bien fuerte su espada se lanzó en contra del emergido que llevaba una hacha, parecería ser una simple carga, pero cuando el enemigo iba a contraatacar a su ataque, el joven se movió a un lado para esquivar el hachazo y estar en una buena posición para realizar un corte profundo justo en el cuello del enemigo, este emergido tuvo la mala fortuna de no llevar casco y tener que enfrentarse a un espadachín enojado. ― Es hora de que paguen por todo el caos que han hecho a este mundo ― fueron las frías palabras dichas por el pelinegro a unos hombres sin mente y alma mientras uno de los arqueros enemigos que habían llegado al lugar para reforzar sus tropas lanzaba una flecha apuntando al pecho del nuevo soldado del ejercito, el proyectil no logro tocar el cuerpo del espadachín ya que este utilizo su escudo para bloquear la flecha enemiga y las posteriores que comenzaron a lanzar los arqueros enemigos obligando a Kayn a tener que retroceder lentamente hacia la entrada de la cabaña. La batalla había comenzado.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Kagura el Mar Mayo 10, 2016 3:13 pm

La insolencia escondida tras las palabras de Kayn logró enfurecer a Kagura, puesto que no le resultaba nada agradable que la acusase de ser una traidora. Sin embargo al encontrarse postrada ante la magnánima diosa, quería evitar dar mala impresión espetándole al hereje violentamente toda esa la clase de insultos y ofensas que se le solían ocurrir en aquellas situaciones. A su parecer el blasfemo espadachín, que tanta confianza parecía depositar en sus habilidades, no había reparado en un error básico en su estrategia de ataque. Y es que por muy débil que estuviese la madera de la mesa que pretendía perforar, a posteriori tendría dificultades para extraer su arma al quedar expuesto a cualquier tipo de contraataque enemigo. Incluso si Kagura hubiese tenido la intención original de cubrirle, no podía garantizar poder proteger a ambos de dos potenciales adversarios ataviados con armadura y armados con lanzas.

No obstante, en vez de espetarle sin más lo que pensaba, la ninja se limitaba a morderse el labio con enojo en un intento de contener sus crecientes ganas de asfixiar a Kayn. Si bien instantes atrás le había considerado un valioso -a la par que divertido- aliado, en esos precisos instantes le maldecía por su atrevida afirmación de que la soldado del lazo en el casco no era en verdad una diosa. ¿Acaso estaba ciego? ¡Era evidente que era la reencarnación de Naga! Y aun así el espadachín seguía empeñado en no mostrarle respeto. Jurándose a sí misma que luego intercambiaría unas palabritas nada amistosas con el ex prisionero, Kagura se atrevió a alzar al fin la mirada como respuesta al iracundo grito del otro soldado, que tras apartar de manera brusca a la diosa parecía muy dispuesto a acaparar la atención de todos con un aburrido y típico discurso acerca de la injusticia.

La kunoichi al ver esto, estuvo a punto de reprocharle al guardia alterado que empujar de esa manera a Naga era una falta gravísima. Sin embargo, lo que ocurrió a continuación bastó para que la muchacha pelirroja se reincorporase instintivamente de un salto y retrocediese unos cuantos pasos: una flecha, acompañada por su siseante y letal sonido característico, irrumpió en la tensa escena al atravesar el cuello del pobre lancero. No hubo tiempo para reaccionar. Ni siquiera Kagura, acostumbrada a lidiar con todo tipo de emboscadas repentinas, se sintió capaz de asimilar la idea de que estaban siendo en verdad atacados. Le resultaba inverosímil, pues después de haber estado deambulando tanto tiempo por aquel bosque, en ningún momento había percibido alguna presencia hostil aparte de los soldados que perseguían a Kayn. Pero el ruido de aquel estruendoso cuerno en la lejanía, cuya intensidad obligó a que Kagura se tapase sus sensibles oídos, era bastante real. Y más reales eran aún los numerosos gruñidos inarticulados que resonaban alrededor del claro. La ninja había escuchado sólo una vez en el pasado ese tipo de sonidos cuando tuvo que pasar por la escalofriante ciudad de Plegia. Así que sabía quiénes se estaban acercando poco a poco a la cabaña, aunque este hecho no le supusiese ningún consuelo.

Como salidos de ninguna parte, los emergidos avanzaban a través de la maleza en pos de un objetivo abstruso. Pero mientras que tres nuevos soldados aparecieron en el umbral de la puerta de la cabaña, probablemente muy dispuestos a poner en práctica un plan de contingencia para escapar, Kagura se limitó a permanecer estupefacta en una esquina de la habitación, bajo el amparo de las penumbras y con la vista fija en ningún lugar en específico. Por un momento, se había olvidado del asunto de la diosa Naga y de su reencarnación, pues le costaba dejar de pensar en el soldado fallecido. Como era de esperarse por su oficio, había visto perecer a muchos hombres honorables a lo largo de su vida. Pero por alguna razón que le costaba encontrar, la muerte de aquel guardia le había resultado especialmente repentina, triste e injusta. Aunque no le conociese de nada. Aunque fuese su enemigo. Kagura sabía apreciar la valía de las acciones de un buen guerrero, y bajo su punto de vista, aquel recluta que se había sacrificado para salvar la vida de Naga era uno de ellos. La sobrecogedora imagen del valiente soldado cayendo muerto sobre el húmedo suelo, con esas honestas lágrimas brotando aún de sus ojos, quedaría grabada en sus recuerdos para siempre. Por lo que procuraría no olvidar nunca su encomiable acto, y trataría de honrar su memoria protegiendo a la diosa durante aquella emboscada.

Cuando Kagura volvió a prestar atención a la escena que tomaba lugar en frente de ella, miró con envidia a Kayn al descubrir cómo Naga le recompensaba con su escudo. ¡No era justo! ¿Por qué premiaba al hereje con semejante regalo? Aunque una vez más, tuvo que reprimir sus intensos deseos de estrangular al espadachín. Pues, ¿quién era ella para cuestionar los designios de una entidad tan superior como Naga?

Disimuladamente se asomó por una de las pequeñas ventanas traseras de la cabaña para intentar examinar los alrededores en busca de enemigos a la vista. El cristal estaba sucio y quebradizo, aunque aun así pudo distinguir a varios emergidos deambulando a trompicones, como si estuviesen muy cansados de caminar. Le resultó también extraño percatarse de que algunos de ellos vestían con viejos y pesados uniformes samurái de Hoshido.

-Creo que tenemos otro problema. Aparte de los arqueros.-
se atrevió a decir al fin Kagura en un tono de voz incrédulo. Asomada aún a la ventana, parecía negarse a dirigir siquiera una mirada a los demás presentes. Aunque nunca se había enfrentado directamente a un emergido y tenía entendido que eran más inteligentes de lo que parecían, le costaba creer que fuesen capaces de utilizar explosivos. Sin embargo, lo que estaba presenciando en esos instantes probaba lo contrario.

-Creo que tienen bombas.- continuó explicando la ninja, esta vez abandonando su sitio y dirigiéndose a toda prisa al otro extremo de la estancia con los oídos tapados de nuevo. -¡A cubierto!-

El ensordecedor sonido de la explosión retumbó en todo el claro. Y una impenetrable humareda de polvo se extendió por el interior de la cabaña y sus alrededores más cercanos, sumiendo al lugar en una invidencia casi total. A causa del imprevisto ataque, una de las paredes de la vieja cabaña circular y parte de su techo habían quedado reducidas a escombros, dejando a los guardias más vulnerables que nunca y a merced de sus infatigables enemigos. Sin embargo y por extraño que pareciese, durante esos breves segundos de confusión no hubo ofensiva por parte de los emergidos. Sus gruñidos podían oírse todavía, pero sonaban incluso más distantes que antes.

Para el momento en el que el humo empezó a disiparse, Kagura, su parasol y su zurrón habían desaparecido, quedando tan solo los guardias de Pherae en el interior del dañado edificio, en cuyo suelo yacían los cadáveres de varios emergidos. Con un cuchillo clavado en el cráneo de cada uno de ellos.
OFF:
¡Nin nin!
Afiliación :
- HOSHIDO -

Clase :
Thief

Cargo :
Ninja

Autoridad :

Inventario :
Dagas de bronce [2]
Dagas de bronce [2]
Vunerary [3]
Kunais de bronce [3]
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1357


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 15, 2016 4:09 pm


Un ataque sorpresivo, un caído. De una búsqueda bajo la lluvia, ahora se viviría un campo de batalla. La muerte del soldado Jacob no sería en vano, no al menos para sus compañeros que lucharían por sobrevivir y en su nombre; aunque no podía decirse lo mismo de la lancera de Pherae, quien sólo asumiría tener menos competencia ahora que él había muerto. Fue en aquel momento en que el mercenario-prisionero-espadachín-recluta improvisado del ejército al menos momentáneamente, balbuceó. Parecía creer estar en posición para dar exigencias, las cuales a su misma vez carecían de todo sentido. ¿Un criminal hablando de abuso? Eso era una buena broma, pero no estaban en el mejor momento para bromear; un soldado había muerto, los enemigos se estarían moviendo hacia ellos, y debían irse de inmediato si no querían correr el riesgo de morir al desconocer a ciencia cierta el número de seres con quienes podrían enfrentarse.

Gral. Byron:―¿Ah?― Replicó inmediatamente al palabrerío sin sentido que acababa de escuchar, mientras que aprovechaba los escasos segundos que disponía para pasar su mano sobre el rostro del hombre caído, cerrando así sus parpados para dejarle descansar. El joven podría ser ingenuo, algo idiota, estar aturdido por el accidente que había protagonizado, o bien todo eso a la misma vez; mas claramente no parecía percatarse de que hablaba sobre el honorable ejército de Pherae, sería él quien cerraría las puertas de su vida si realizaba abusos, ya que no se le daría una nueva oportunidad. Era bien sabido que el trabajo mejor pago era el de un soldado, trabajo fijo y estable además; si este prefería un oficio del bajo mundo sumamente ligado a la suerte, pues quizá fuera más que un simple ingenuo.

Al ponerse de pie, nuevamente escuchó al joven decir algo que ya lo comenzaba a dejar desconcertado. ¿Meditaba por lo menos cinco segundos las cosas que le preguntaba? ¿Quién tendría un plan ate una emboscada inesperada?, quizá un genio… pero no había tiempo ni lugar para detenerse a pensar, apenas un par de segundos habrían transcurrido desde que el cuerno resonó. Gral. Byron:―Claro, sobrevivir― Respondió de modo conciso mientras con sus manos hacía señas a sus hombres, y la mujer, claramente estaba incluida.

Cuando los soldados de Pherae comenzaron a moverse, el sonido de algunas armaduras se oyó; sin embargo, dicho sonido no provenía de sus protectores, sino que este era proveniente de los primeros emergidos que habrían alzado el punto en el que ellos se encontraban. En aquel escaso instante, las rutas de escapes se vieron completamente limitadas, y sin ser precavido, Kayn actuó. Inmediatamente se convirtió en el blanco de un par de arqueros, empleando el escudo que la tan amable lancera le había lanzado para que su agonía se extendiera hasta que fuera ella quien le diera fin; si, ella era muy bondadosa, y rencorosa.

Una fugaz mirada, una rápida reacción. Junto al primer emergido caído, el viejo leñador cargó una de las hachas de su cinturas y con su surda la lanzó. El tiempo para apuntar era escaso, por lo que por mero instinto a lo alto la arrojó; de un fuerte pisotón se movilizó hacia quien había atacado, interceptando el disparo que a la espalda del mercenario se dirigía. La suerte estuvo de su parte esta vez, ya que su pequeña hacha aun habiendo fallado, había cortado la cuerda del arma rival, obligándole a disponer su tiempo para tomar un cuchillo de su cintura, aunque para aquel entonces, este ya estaba sobre él, acabándolo completamente.

Por otro lado; el espadachín novato del ejército se habría movilizado hacia un matorral que creaba un punto ciego ante el arquero que habría lanzado una de sus flechas contra el escudo prestado recién llegado; no obstante, a diferencia del veterano, este no pudo alcanzar al enemigo antes de que desenvainara su pequeño arma de respaldo. Y fue allí donde la grandeza de la mujer de Pherae se lució; en un ataque a traición, empleó el regatón de su lanza para golpear la parte trasera de las rodillas del espadachín, obligándole a esquivar la tajada gracias a haber caído al suelo; y en un segundo movimiento, ella lo remató atravesando su garganta. ―Un punto, llevo la delantera. Oh~ hoho~― Dijo alardeando su ventaja sobre la competencia que acababa de crear.

Gral. Byron:―¡Es una trampa, cúbranse, al suelo!― Exclamó el hombre que había tomado el mando poco después de escuchar el aviso de la jovencita que sin percatarse habría ignorado anteriormente. Sin pensar, se abalanzó sobre el cuerpo del hombre caído, intentando mantener la integridad del hombre que bajo su mando habría caído.

Los segundos se volvieron una eternidad, un infierno. Una segunda columna de humo se alzaba hacia los aires, naciente de aquella explosión en la que se habían visto involucrados. Podía olerse en el ambiente el azufre y el salitre empleado para explotar el lugar, cubriéndolo de llamas, y reduciéndolo a escombros. Los sonidos difícilmente se podían reconocer, el aturdimiento del repentino ruido del explosivo, saturaba la capacidad auditiva de aquel que inmerso en esta se encontrara. El general abrió sus ojos mientras retiraba residuos de su cuerpo; divisó su entorno y notó el caos en el que estaban envueltos. No era un lugar en el que tuvieran ventaja, ya que a diferencia de sus enemigos, estos no contaban con petroquímicos para poder crear tales armas masivas, sin mencionar que sus números eran muy escasos. Para el momento en que sus oídos dejaron de zumbar, se percató que la muchacha había desaparecido. ¿Había muerto? ¿Ya estaba muerta? Dado que no recordaba haberla visto en un principio, un calosfrío recorrió su cuerpo ante tan extraña posibilidad de poder haber escuchado a un fantasma. Estaba aturdido, intentando incorporarse nuevamente para buscar a sus hombres. Afortunadamente estos habían reaccionado a su grito de alerta y habrían seguido la orden de resguardarse.

El bosque ardía en un corto radio, el fuego podía avanzar lentamente, la humedad que aún permanecía en el ambiente no sería lo suficientemente útil para detener el incendio que de allí podría surgir. Gral. Byron:―¡Soldados!― Clamó en la espera de poder recibir una rápida respuesta. Pasando los primeros segundos, la respuesta llegó de parte del viejo leñador, quien cubría su hombro derecho ensangrentado con su otra mano. Soldado.H:―Aquí― Seguido de este, el espadachín y la lancera de gran ego replicaron también. El general espero oír la respuesta de su hombre capaz de resistir caídas de treinta metros, mientras que miraba el hombro de aquel hombre bajo su mando, con una cara de desilusión; desilusión por sí mismo, viéndose incapaz en una situación como tal.

Gral. Byron:―Reagrupación urgente, hay que movernos― Sentenció el hombre a todos sus hombres. Eran pocas las posibilidades a realizar; podrían volver por donde habían llegado esperando poder escapar por la vía libre de emergidos, o podrían aventurarse y organizarse para reprimir la emboscada en la que se habían visto envueltos, intentado de ese modo emboscar la emboscada.

Soldado.E:―¿Dónde está la joven?― Añadió el soldado novato al ver que entre los escombros y cuerpos de emergidos caídos por la explosión, no podía divisar la cabellera colorada de aquella muchacha extranjera, y del mismo modo, no estaba junto a ellos. ―Seguramente murió, como todos los compañeros de la rata ¡Ohohoho!― Contestó la lancera comenzando a moverse bajo las órdenes del general del escuadrón. Por otro lado, el general estuvo a punto de suspirar al percatarse de que ella no era lo que temía, un fantasma. En ese instante, el hombre de mayor edad entre ellos, posaba su oído sobre el suelo para sentir los sonidos producidos por los enemigos. Soldado.H:―No están muy lejos, y asumo que hay caballos con ellos― Expuso el herido soldado informando a los presentes con lo que llegaba a concluir.

Byron, cargaba consigo el peso de la culpa de sus malas decisiones, pero en su mente creía estar pensando en la mejor decisión que podría haber tomado en todo ese día. Él sabía que no disponían de un numeroso grupo, en el cual además había dos espadachines; uno novato, y el otro cuyas habilidades le eran completamente desconocidas, exceptuando su envidiable suerte y/o resistencia. El sentimiento de deber enmendar sus malas decisiones lo abrumaba. Su campamento caído, sus soldados heridos y caídos. No era una opción retirarse después de todo lo que había ocurrido, aún si por ello debiera seguir por su cuenta a costa de su vida, lo haría. El saber que había caballos en las líneas enemiga le era preocupante; aun habiendo árboles entre ellos que pudieran darles desventaja a los arqueros, no era un impedimento mayor para los hombres a caballo; y él había dejado el suyo atrás.

Gral. Byron:―No les mentiré. No sé exactamente a qué nos enfrentaremos; por lo que si alguien quiere retirarse, se lo permitiré. Yo continuaré― Dijo el hombre al grupo que había reunido, comenzando a caminar hacia el lugar del cual los alaridos enemigos se oían; pisando cuerpos de emergidos y escombros se marchó. Sin respuesta alguna, sus hombres siguieron detrás de él; pero durante la marcha, el experimentado hombre aconsejó al nuevo con quien deberían lidiar. Soldado.H:―Sé más precavido la próxima vez― Su hombro aún mantenía un fragmento de una flecha que se había alojado justo en su articulación, imposibilitando que pudiera volver a usar su brazo derecho; información que se mantenía en secreto al ser justamente diestro. Él iba a continuar, era viejo, su prioridad era que los jóvenes vivieran más que él mismo; aunque por otro lado, tenía una nieta que conocer, y debía de volver con vida de todo esto. ―Y ponte algo de ropa, rata escurridiza ¡Ohohoho!― Alegó inmediatamente su consejo después de que el viajo lo hubiera hecho; pues el mercenario-prisionero-espadachín-recluta improvisado del ejército al menos momentáneamente no llevaba nada encima. Ella simplemente iba a seguir porque no iba a permitir que otros destacaran si ella no podría, además de que debía matar más enemigos que los demás, algo de vital importancia para ser la mejor de los mejores.

Antes de continuar caminando, el novato espadachín también sintió la necesidad de hacerle una pregunta al nuevo recluta de pasado oscuro con quien debería compartir el campo de batalla. Soldado.E:―¿Qué clase de relación tienes con la chica de cabello rojo?― Le importaba saber, le era muy importante saber que la chica que notablemente captaba su atención no era nada de él; no sería bien visto interponerse entre una pareja… pues sí, el insecto del amor había volado entre emergidos y lo había picado directamente a él; se había cautivado por la cabellera colorada de la extranjera por más mojada y despeinada que estuviera. Él era joven, y ella parecía serlo también, y ante sus ojos era un ángel de cabellos llameantes.


Off:
Bueno, es todo un caos, y asumo iremos hacia los enemigos. ;D
Kagura flechó el corazón de uno de los soldados (?)

P/D: Espero haber entendido todo bien, se dio un giro rápido,y como estoy moviendo ahora 4 personajes, me enredo un poco xD. No seas precipitado Kayn, un escudo pequeño y de madera no te salvará por siempre, ni el viejo que ahora será surdo (?).
Kagu-nin nin, quiero saber que está haciendo... capaz moja a los enemigos con cubos de agua y los derrite (?)
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 22, 2016 8:56 pm

El plan de su nuevo general era bastante sencillo, sobrevivir eso es lo que haría el espadachín a aquel maldito día de donde paso a ser fugitivo ahora a formar parte del ejército de Pherae, aunque en estos momentos solo como un mero recluta novato con un pasado turbulento.  Luego de haber derrotado a uno de los emergidos, el pelinegro quedo expuesto a un tiro fácil para uno de los arqueros enemigos, quien seguramente habría acertado una herida mortal si no fuera por el leñador que acompañaba al ejército, este utilizando un hacha logro evitar que el arquero disparase y luego fue acabado por el mismo leñador. Kayn agradeció a aquella persona y nuevamente se colocó en guardia para evitar quedar desprotegido de los ataques enemigos, aunque el pelinegro no estaba contento con la actitud presumida de su anterior captora, pero no pudo reprocharle nada ya que rápidamente tuvo que hacer caso al general luego de que se escuchara la advertencia por parte de la pelirroja ninja sobre las bombas. Kayn rápidamente se tiro al suelo y solo pudo escuchar el ruido de la explosión, aparte de estar sometido a la gran cortina de humo que se formó luego de la misma, estaban en problemas, si los emergidos les atacasen en ese mismo instante estarían en serios problemas.

Una vez que la cortina de humo se fue dispersando con el viento, el espadachín retiro los escombros que estaban encima de él y miro a sus alrededores para ver el estado de sus nuevos compañeros, al parecer estos se encontraban bien, pero no había señal alguna de Kagura. ¿Acaso había fallecido en la explosión? También existía la posibilidad que se hubiera marchado de aquel lugar a causa de tenerle miedo a los emergidos, de cualquier forma gracias a ella Kayn había sobrevivido a la explosión. ― ¡Aquí! ― fue lo único que replico al escuchar la orden del general mientras se acercaba a donde estaba el hombre de mayor edad y se reunía con el resto de sus compañeros de batalla. ― Si vamos a hacer compañeros de ahora en adelante, preferiría que no me llamaras rata, de todas formas Kagura seguramente escapo antes de la explosión y ya se encuentre lejos de aquí ― fue la opinión que expreso el ex mercenario con un tono bastante serio, dudaba mucho que la fémina soldado le dejara de llamar “rata” por el simple hecho de que ella parecía odiarle sin motivo aparente. Cuando el general les dijo que podían huir, claramente no era una opción para Kayn ya que si lo hiciera lo volverían a tachar de fugitivo y ahora de cobarde, cosa que no le agradaba en lo más mínimo al espadachín.

A pesar de que le molesto nuevamente otro comentario de la fémina, el joven estaba de acuerdo con ella del hecho de que necesitaba protección, a causa de ser un fugitivo con suerte tenía una vestimenta decente por lo que haciendo caso al consejo, el joven busco entre los escombros y cadáveres de los emergidos derrotados lo que parecía ser una armadura con aspecto de samurái, Kayn le llamo bastante la atención a aquella armadura y se la coloco, para su suerte esta era de su talla y ahora el nuevo soldado contaba con una mejor protección de la que llevaba. ― ¿A qué te refieres con eso? Recién la conocí en este día en medio de mi fuga, así que podríamos decir que no hay nada entre nosotros, por ahora solo concéntrate en sobrevivir ― fue lo que dijo seriamente el mercenario para luego incorporarse nuevamente a los demás que se le habían adelantado. Ahora el grupo estaba entrando nuevamente en territorio enemigo, se podían escuchar algunos quejidos de ellos a lo lejos, pero aún no se podían divisar a su vista. Mientras tanto en uno de los matorrales que no había sido afectado por el fuego de la explosión, se encontraba esperando minuciosamente un emergido arquero, quien estaba apuntando su arma justo a la cabeza del general del grupo. El enemigo tensaba con fuerza la cuerda de su arco mientras apuntaba con la flecha esperando al momento que el general de mayor edad pasara justo al frente de su matorral y una vez que vio a su objetivo en el blanco, el emergido disparo de la flecha. Desafortunadamente para el mismo, justo se colocó en frente de su objetivo un gran ciervo perdido que recibió de lleno la flecha del enemigo haciendo que su ubicación fuera delatada por su ataque. ― No te escaparas maldito ― fueron las palabras que dijo el mercenario al encontrar el escondite del emergido y sin dejarle tiempo a que pudiera reaccionar con otra de sus armas, el joven le realizo un profundo corte en su cuello para hacer que este quedara desplomado en el matorral. ― Pobre animal solo fue una víctima de esta lucha ― fue lo que dijo con cierta tristeza el pelinegro esperando a siguientes ordenes por parte de su general, Kayn sentía pena por el animal ya que seguramente se asustó mucho con los ruidos provocados por los emergidos y luego la explosión causada por ellos también. De todas formas no parecían haber mas señales de emergidos escondidos en las cercanías de donde se encontraba el grupo de soldados, tal vez mas adelante se encuentren escondidos esperando a que aparecieran sus próximas victimas.

Off:
Espero un mensaje nuevo de Naga, yo se que me harás editar(??)
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Kayn, el pica piedras mercenario // {Campaña} Kayn-Kagura

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.