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Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Lun Ago 08, 2016 5:13 pm

El lobo mantuvo su vigilancia aún después de que los criminales habían desaparecido, manejando el timón de su nariz para ver si su olfato capturaba otro olor que produjera cualquier tipo de sospecha. Mientras tanto, y con la colaboración de varios pregoneros, el grupo comenzó a lanzar silbidos que el muchacho descifraba como algún tipo de señal para alertar a sus compueblanos de que el peligro se había zanjado. Cuando se cercioró con sus propios sentidos, Trombe suspiró profundamente y se despojó del cuchillo lanzándolo a la tierra. En su diestra había salpicado algo de la sangre de los dedos que le había mutilado a se criminal, y aunque sintió la necesidad de ocultar la sangre, rápidamente se vio abrumado por los aplausos y la rechifla que la gente entonaba para felicitar su valentía. Tuvo que comprobar dos veces si sus orejas y su cola estaban visibles antes de que comprendiera que la gente estaba haciendo caso omiso a esos detalles. Sin saber qué hacer o cómo comportarse, el pastor bajó la cabeza llevándose una mano al cuello sonriendo con ligereza sin mirar a nadie a los ojos. Transparentó esa actuación por unos momentos hasta que escuchó una voz que conocía muy bien pronunciar su nombre de una forma que no había escuchado antes. 

Itsuki vino corriendo, y aunque pudo haber alguien más detrás de ella, Trombe no se fijó, ya que sin nada que interponer entre el cuerpo de ella y el de él, el lobo se vio imposibilitado para esconder el perfil de la herida de la que se había, hasta ese punto, olvidado. Al ver en los ojos de ella tan sincera preocupación, Trombe renqueó unos pasos hacia atrás, claramente nervioso, más por el acercamiento de la chica que por el conocimiento de esta al tratar su herida. Le remordía en cierta parte la consciencia por lo que había tratado de hacerle con anterioridad, y aunque era ciertamente penoso de admitir, algunos de las inquietudes biológicas que había proferido en su forma lupina se filtraron de vuelta en su forma humana. De pronto lo supo. ¿Acaso su forma humana y forma lupina eran dos personas distintas? ¿Acaso la una era el lado avieso de su naturaleza de la otra? No, ambas eran las caras de la misma moneda; mitades proporcionalmente equitativas la una de la otra. Aunque tratar de comerla había sido una metáfora algo letal para traducir lo que en ese entonces sentía.

Se había ensimismado tanto en sus pensamientos que no notó como Itsuki había circulado a su alrededor, puntualizando las heridas que eran menester tratar con prontitud. Ante su preocupación el castaño desvió su mirada y carraspeó. —Ah, esto no es nada. En mi tribu nosotros simplemente acostumbrábamos a lamer las heridas del otro como único tratamiento medicinal— Trató de comentar con humor, y fue un poco después, con una mirada sorprendida de Fran, que Trombe percibió la insinuación candorosa que había hecho inconscientemente. Rápidamente alzó ambas manos y las revoloteó en frente de si. —Claro, no hay nada que supere la buena medicina moderna ha ha ha— Trató de simular una carcajada controlando el rubor en sus mejillas mientras se rascaba la cabeza apenado.

Prontamente se presentaron dos hombres que parecía que tenían conocimiento en la aplicación de la medicina que Itsuki había ofrecido, y Trombe se dejó conducir por ambos, apoyándose de vez en cuando en la persona que estuviera a su lado al andar. Cuando terminó de sentarse en la cama que prepararon para él, rápidamente le dijeron que se quitara la capucha, y este obedeció quedando desnudo desde arriba hasta la cintura. Ahora que se concentraba en ello, las heridas no habían sido profundas, pero habían sido cortes extensos. Se imaginaba que el corte en su espalda dejaría una larga cicatriz cuando terminase de curar. El corte en su mejilla y en sus hombros era más leve en comparación. Aún así, cuando comenzaron a suavizar las heridas con el místico elixir, Trombe tuvo que contener un quejido y retorció su rostro en un visaje de dolor. En abrir sus ojos descubrió que Itsuki lo había acompañado y, después de tragar saliva, sonrió débilmente. 


Luego de que terminaron de untarle la medicina, se encargaron de vendar su cuerpo, y colocaron una pegajosa hierba contra su mejilla que tenía un olor terrible, aún más para el lobo doblemente agudo y orgulloso de su olfato. —Gracias.— Les dijo a quienes le habían tratado para después ver cómo Fran daba unos pasos hacia delante, observándolo con un rostro inexpresivo. 

—Fran, yo…— No supo cómo componer esa oración, y el hombre, sonriendo la misma sonrisa de siempre, se acercó y le palmeó la cabeza, tocándole indiscriminadamente las orejas que se afilaron ante el roce de sus dedos. La caricia que se le antojaba al castaño paternal, pronto se transformó en palmadas que golpetearon su cabeza y que pronto le restregaron el cabello con fuerza sacándole una sonrisa al chico que trató de quitárselo de encima. —Nos salvaste de nuevo. ¿Qué más hay que decir?— El lupino lo observó y luego asintió, bajando la mirada. —¿Estás llorando?— Inquirió seguidamente el hombre a lo que Trombe se restregó los ojos. —Es esta cosa pegada en mi mejilla. El olor que exhala me está ardiendo en los ojos— Mintió mientras Fran se daba media vuelta y terminaba de salir del lugar. Afuera, el mercader se dedicó a buscar al anciano del pueblo para hablar con él acerca del ataque, pero antes de sacar la carta que le habían ordenado darle, uno de los hombres reportaría que habían lámparas de aceite en la cercanía, por lo que posiblemente algunos de los criminales habían intentado, o al menos tenían pensado, prenderle fuego a las viviendas en el pueblo.

Mientras esas deliberaciones ocurrían, Trombe, que se había dado cuenta de que los habían dejado solos en la casa, simplemente juntó ambas manos y observó a Itsuki sin saber bien qué decir. —Gracias, por la medicina Itsuki.— Reiteró, practicando el volumen de su voz. —También…perdona; por lo que ocurrió antes— Explicó tocándose las manos que aún estaban manchadas de lodo, tratando de quitarse la tierra de las uñas. —Estuve un poco fuera de mis cabales. Creo que pensé que estaba cambiando, que se me había olvidado quién era. Cuando vives tanto como yo, y vives gran parte de ese tiempo ocultando quién eres, es inevitable hacerte la pregunta de si estás cambiando, irremediablemente— Murmuró de pronto mirándola sin saber bien si estaba haciendo sentido. 


Terminó de retirar algo de la tierra debajo de sus uñas. 

Off:
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki1 el Miér Ago 10, 2016 6:06 pm

Reí ante la broma de Trombe, quien por un momento enrojeció. ¿Lamer? No me imaginaba yo como otra Laguz de su tribu curándole las heridas, pero sería sin duda una escena bastante tierna.

En cuanto lo llevaron a la casa de un vecino, los curanderos del pueblo empezaron a tratarle las heridas con varios medicamentos. Los cuales parecían escocerle, pues andaba retorciéndose de dolor. Trombe no se había dado cuenta hasta ese momento que yo estaba allí en la puerta, junto a Fran, y sonrió algo avergonzado. Le sonreí de vuelta mientras los hombres terminaban de vendar su cuerpo, el cual pude notar que estaba lo suficiente tonificado como para ser un pastor. Evidentemente ya me había dado cuenta antes de que él no era un hombre cualquiera. Y era la primera vez desde la tarde de ayer que veía a Trombe sin la capa puesta, no solamente bajada dejando mostrar sus orejas, sin contar encima su transformación.

En el poco tiempo que le conocía, ya había visto varios aspectos de Trombe, que no importase cómo, pero siempre me daban curiosidad. Todo lo nuevo, ajeno a lo que estaba acostumbrada en aquél recóndito lugar de Sacae, me daba una evidente e irremediable curiosidad.

Observé como Fran reconfortaba a Trombe, como si el comerciante fuese la figura paternal del chico. En cierta parte hizo que mi pecho se encogiera por unos momentos, echando de menos a mi padre... Él también me hacía lo mismo a veces, a pesar de que le hubiera escondido cosas, como parecía con Trombe y Fran. O al menos eso es lo que me habían dado a entender todo lo que sucedió de la mañana hasta ahora, ¿cómo había podido ocultarle algo así a su compañero de viajes? Había oído que habían viajado durante mucho tiempo, y aún así... Pero era comprensible, pues Trombe... no parecía él en aquel momento.

Cuando terminaron de hablar, Fran salió afuera junto a los otros dos hombres, dejándonos solos accidentalmente a Trombe y a mí. Me acerqué a él unos pasos, lentamente, parecía que quería decirme algo así que le dejé hablar, disculpándose por lo que había pasado. A pesar de los nervios, le escuché atentamente.

¿Había vivido tanto tiempo? No tenía ni idea de la esperanza de vida de un Laguz, sólo sabía que claramente vivían más que nosotros. Aún así, se veía bastante joven...

Me quedé unos segundos en silencio, sin saber qué decir tampoco. Ver como se quitaba la tierra hizo que inconscientemente empezara yo también a manosearme un par de mechones de mi pelo, sucio.

- Bueno... Supongo que todo el mundo cambia con el tiempo, eso es un hecho. Hasta yo he cambiado bastante... jeje. -dije con una leve sonrisa- Pero... ¿tan diferente te sientes? Es decir, pensaba que los Laguz... -comenté con un claro tono de duda- podían, ya sabes... ¿Controlarse a sí mismos? En vuestra forma completa...

- Ah, ¡perdón por mi ignorancia! -reí nerviosa- A propósito... Entonces, ¿cuántos años tienes? -le pregunté, no aguantando mi curiosidad.

~~~~~~~~~~~~~~~

Mientras, afuera, donde Fran...

- ¿Por que querrían algo así? No lo entiendo... no sacan nada de beneficio, si al menos fuera robarnos los productos y nuestros animales... ¿pero quemar nuestros campos? -se preguntó el anciano al recibir la noticia.

- ¡Es sin duda incomprensible! Incluso si los mandara alguien... ¿para qué? ¿y quién podría considerar enemigo a un pueblo pequeño como este? -comentó otro de los hombres.
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Vie Ago 19, 2016 4:34 pm

¿Se desgarraba su cabeza en una terrible lucha entre la pura razón y la más aviesa naturaleza? Le hubiera gustado consentir con ello; coartar la brutalidad de sus acciones diciendo que existía una ficticia superioridad animal en su ser que de momento a momento incapacitaba su capacidad de reflexión y lo volvía una bestia resoplante. Sería mucho más fácil justificar sus acciones si creaba una conclusión definitiva en la inestabilidad de su idiosincrasia. Claro, bien dentro sabía que ese no era el caso. El personaje que ocultaba sus orejas y su cola era Trombe. El personaje que opinaba a requerimiento y se guardaba sus pensamientos era Trombe. El personaje que se exponía al peligro con tal de defender a las personas que le importaban era Trombe. El personaje que utilizaba su calidad como Laguz para justificar su comportamiento era Trombe. ¿Qué tan diferente se sentía? La pregunta de Itsuki era apenas un paliativo de reflexión para todas las dudas que revoloteaban dentro de su cuerpo. Quizá no era una pregunta novedosa para Trombe que se la hacía probablemente a diario, pero sí era la primera vez que alguien se interesaba en preguntarle qué tanto había cambiado. 

Vaya, sus heridas habían sido tratadas con ideal refinamiento, pero frente a la mirada limpia y lozana de Itsuki Trombe se seguía sintiendo vulnerable a otro tipo de infección. Carraspeó luego de que se ensimismó en reflexión por casi un minuto y luego de estrechar los brazos en la cama detrás de si, miró hacia al techo como si estuviera reconciliándose con el pensamiento. Luego sonrió desembarcando un vallar de dientes, y miró a Itsuki metiéndose dos dedos en la boca, para así tirar del borde de sus labios y abrirla mostrándole el interior de sus mejillas. —Bueno, aún no me acostumbro a usar estas. Como tal vez sabrás, los lobos tragan las cosas enteras sin tener que masticar.— Trató de aliviar el aire con otra broma, pero esta rápidamente se tiñó de incomodidad y sacó los dedos mojados de su boca. —Lo siento— Se llevó una mano al rostro, cuidándose de no tocar el área ensalivada por la medicina en su mejilla. —Hoy tuve un sueño.— Lo dijo de forma concluyente, como si eso explicara la ambivalencia de su comportamiento. 

—Bueno, no es que no acostumbro a soñar; en más, lo hago con mucha frecuencia. Pero si tengo que comparar este sueño con los que tengo casi siempre, este es indudablemente diferente. Verás, yo siempre sueño desde la perspectiva de mi cuerpo lupino. Corriendo por el bosque, persiguiendo a mi jauría, aullando a la luna llena.— Sonrió al imaginarse las imágenes de ensueño. —Es lo natural y esperado. Sin embargo, esta vez no soñé con ser un lobo.— Tascó el freno de su lengua mientras consideraba lo siguiente que iría a decir. Tragó saliva. —Soñé que era un humano, sin orejas peludas, sin cola. Un perfecto humano, y sentado frente a una fogata, rodeado de otros hombres iguales a mi, comía la carne de un lobo— Como había supuesto, relatarlo no había sido tan macabro como vivirlo, pero aún así sintió un escalofrío que se escurrió por su columna al decirlo. 

Juntó ambas manos apretándolas entre sí y continuó: —Entonces cuando desperté…Sólo corrí pensando en que eso era imposible; que yo nunca me comería a otro lobo. Y pensándolo ahora, lo que me repugnó no fue sólo la idea del canibalismo, sino el hecho de que reconocía al lobo que me estaba comiendo…era yo.— La miró directamente llevándose las manos a las orejas. —Yo me estaba comiendo a mi mismo. Supongo que con tal de ocultar para siempre mi alter-ego estaba dispuesto a comer frente a otros la carne de un lobo. Que patético, ¿no?— Trombe no pudo evitar sonreír conmiserativamente mientras miraba su mano. —Lo primero que supuse fue que si era capaz de invertir los roles y me comía a un humano, podría desmentir ese sueño. Y por eso traté de…Pensé que podría hacerlo sin remordimiento. Apenas te conocía, y al escuchar el aullido y luego encontrar tu cuerpo, la gente supondría que te atacó un lobo. No se habrían equivocado— La miró directamente mientras decía todo eso. —Pero no pude hacerlo. No pude. Tal vez porque eras tú. De la misma forma si hubiera sido Fran o siguiendo esa misma lógica, tu madre, creo que no hubiera podido hacerlo. Los demás en el pueblo, sin embargo, eran un caso diferente.— Con las pestañas enjuagó dos lágrimas que apenas se deslizaban por sus mejillas cuando se terminó acostando a medio talle en la cama, mirando el techo de forma difusa. —Me alegra que hayas sido tú.


Lo dijo con todo gramo de sensatez. No sabía cuándo se había ocurrido el cambio; cuándo se había perfilado para ser quien era ahora, pero al menos estaba seguro de eso. —Por cierto,— Recordó de pronto con los brazos aún explayados en la cama. —Creo que actualmente yo vendría siendo u sexagenario. Aunque no sabría decir si con los años gané sabiduría. Viví tanto tiempo en un bosque que apenas me mantuve al tanto de las lunas que crecían y decrecían. Aún así admito que se siente bien tener a alguien que después de todo ese tiempo esté dispuesta a escucharte.— Hizo una pausa admirativa y luego concluyó con un rápido giro a la conversación. —Pero creo que ya he hablado demasiado, ¿tú qué tanto has cambiado?

***


Mientras dentro el lobo explayaba el alma, afuera los hombres explayaban los sesos. Las deliberaciones constantes a con el extraño ataque y las especulaciones de acuerdo a las lámparas de aceite encontradas en la cercanía estaba desarrollándose rampante. Fran, que luego de entretener a la madre de Itsuki con algunos comentarios amenos se había alertado con la conversación de la improvisada tertulia, profundizó en sus propias dudas y teorías agazapadas bien adentro, para finalmente acercarse al pequeño círculo de hombres y así dirigirles sus palabras al anciano. —Disculpe mi tardanza en hacerle este acercamiento, pero, ¿podría usted leer esta carta y confirmar mis sospechas?— Fran le extendería la carta, mostrándole que el sello de la misma delataba que no había sido leída con anterioridad. En el anverso venía escrito el nombre del anciano adjunto del título oficial del pueblo. 

Dentro se leía:

"La casa de Marheit, fructuosa en sus comercios en Bulgar, se complace en enviarle esta misiva para comunicarle a vuesa merced de una proposición beneficiosa en todo el sentido de la palabra. Últimamente ha llegado a nuestros oídos que la presencia de criminales en las tierras libres de Sacae se ha vuelto un fenómeno lamentablemente frecuente. El bienestar de vuestras familias es imperativo para nuestra casa, y por eso hemos decidido extenderles nuestro abrigo a quienes los necesitan. Además de protegerlos de los criminales, en primera instancia planeamos reabrir vuestro molino con vuestra ayuda claro está. Compartiremos los bienes del esfuerzo invertido y desarrollaremos lentamente vuestro pueblo hasta convertirlo en una ciudad próspera. Es nuestro más sincero deseo fomentar las relaciones con nuestros vecinos, y así volver de Sacae uno de los países más prósperos de Elibe.

Piense en el bienestar de usted y vuestra familia antes de hacer una elección. Esperamos con ansias la respuesta afirmativa, y con ella, para certificar este tratado, su firma."

Más abajo del mismo papel había un espacio poner la respectiva firma. Sin tener que leer la carta, Fran bien se imaginaba cuál sería su contenido. El reciente ataque de los criminales había sido un claro indicativo. —Esta carta me fue entregada por un sirviente de la casa de Marheit en Bulgar. Más que una familia, Marheit es una compañía de comerciantes que buscan remplazar las verdes planicies de Sacae con calles bulliciosas con el comercio. No es la primera vez que envían misivas a estas latitudes con intenciones de ir apropiándose del terreno. Sus métodos dejan mucho que desear, pero aún así es conocido que no se rinden en la búsqueda de lo que quieren— Fran dijo todo eso mirando con seriedad al anciano; esperando por su respuesta. 
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki1 el Sáb Ago 20, 2016 4:27 pm

Me quedé mirando sorprendida a Trombe, pues la primera reacción que había tenido era enseñarme su boca por dentro, con los dedos señalando a sus muelas perfectamente humanas. Era una escena extraña y un poco incómoda, a decir verdad, pero no pude evitar soltar una carcajada en aquella situación. El chico me pidió disculpas enseguida, volviendo al tema principal. ¿Un sueño? ...Lo dijo de una forma que me hizo preguntarme si para los Laguz era raro soñar. Pero nada más pasarme esto por la mente, Trombe siguió explicando, contestando a esa duda como si me hubiese leído el pensamiento. Permanecí un momento en silencio, tras escucharle, había sido sin duda un sueño macabro.

- Vaya... Eso tuvo que sentirse horrible, Trombe... -comenté apenada en voz baja, sin saber qué más decir, antes de que continuara hablando.

Así que realmente estaba siendo consciente de sí mismo en aquél momento…

- Um… E-eh… -tartamudeé, apartando unos segundos la vista de su mirada tan directa, nerviosa por la “confesión” de Trombe. - Bueno, supongo… que tiene lógica, al fin y al cabo…- Le dije, con la cabeza gacha.

¡Eso era casi como decirle a alguien que habías estado apunto de matarlo queriendo a posta! Así de la nada, ¿cómo se supone que me debía sentir? ¿cómo se sentiría ese alguien? Era una situación un poco rara, siendo sincera...
Pero volví a mirarle, al escuchar lo último, con un leve tono rosa que me había aparecido en las mejillas por unos momentos.

- Yo también me alegro… -pausé por un par de segundos, pues aquello en verdad significaría que si no hubiese sido yo, hubiera devorado a algún otro vecino- …de que al final no me comieras, quiero decir. -bromeé riendo levemente, para digerir un poco el ambiente.

Justo en ese momento me había parecido ver lágrimas cayendo por sus mejillas, pero se recostó y no pude ver con claridad.
Pero… sí, eso significaba que había cambiado. No conocía al Trombe de antes, pero tal cómo lo comentaba, había cambiado aunque sea un poco, en su forma de actuar hacia los demás. Y me alegraba saber, o suponer, que ese cambio había ido para bien.

Le miré sorprendida, ¿sexagenario? No sabía cuánto equivaldría eso a humano pero se veía bien joven. Sonreí de vuelta a Trombe.

- Pues a diferencia de tí, yo no he vivido tanto, realmente... -hice una pausa- Jaja, quiero decir, en cuanto a experiencias. -me senté en una silla que estaba al lado.

- Yo… bueno, de toda la vida he sido una mera campesina. Nada del otro mundo. Es decir, ¡me encanta hacer esto! Pero no salir de aquí me llegó a crear una especie de… leve inseguridad en mí misma, por mucho tiempo. No me atrevía a hablar con nadie, sólo conocía a mi familia y vecinos. Era muy tímida. -sonreí.

- Y así pasé sin muchos cambios salvo hasta un momento. Poco a poco me di cuenta que solo había una solución y… -pausé con la cara algo roja, seguía siendo un poco incómodo hablar de esto para mí- Bueno, todo es cuestión de probar en esta vida. El primer paso para cambiar es querer hacerlo. Modificar tu propio destino. -paré de hablar- ...O algo así. -carcajeé por la vergüenza que me había provocado decir algo así.


~~~


Los varios vecinos del pueblo miraban expectantes a que el viejo sabio terminara de leer aquella carta que el buen mercader le había traído desde Bulgar. Una vez les había explicado de qué se trataba, los vecinos permanecieron un rato en silencio.
Podían ser pueblerinos, pero no eran tontos. Todos sabían bien, y habían asociado de repente aquél ataque, a la proposición de esa carta. Eso parecía también haberlo intuído hasta Fran. Hasta que por fin habló el viejo, aún con la carta en la mano.

- Muchas gracias por la entrega, buen hombre. Y por la información… -contestó al mercader, también con un semblante serio.

- Tenemos que decidirlo entre todos los del pueblo. Hagamos una reunión ahora mismo, aquí mismo. Avisen a los que faltan. -declaró el anciano, seguido de unos pocos que fueron a buscar a los que se habían quedado en casa, rápidamente.

Xiao’Qin, la madre de Itsuki, tocó en la puerta donde estaba su hija con el ya descansando herido.


~~~


- Pero al fin y al cabo conseguí, y ahora soy más abierta con la gente, como ves. -guiñé un ojo. -Y creo que hubiera incluso conseguido más si no hubiera sido por… -bajé mi rostro, del cual había desaparecido ya la sonrisa al recordar lo de hace dos años. Hasta que unos toques en la puerta interrumpieron.

No sabía si alegrarme o no, pero suspiré con una sonrisa y me levanté.

- Gracias por escucharme tú también, igualmente. -sonreí a trombe girando mi cabeza hacia él, antes de abrir la puerta. Era mi madre, al parecer había reunión importante. En cuanto me explicó resumidamente la situación, volteé de nuevo la mirada hacia Trombe, el cual me miró de vuelta.

Así que de eso se trataba la misteriosa carta que había traído el comerciante...

Al salir, allí estaba todo el pueblo reunido. Y muy pronto, salieron los resultados, que habíamos escrito en un trozo de papel con nuestras opiniones y entregados al anciano.

Como era de esperar, algunos efectivamente querían aceptar por temor a perder a su familia y otros simplemente estaban a favor de expandirse a una ciudad. Sin embargo, y a pesar de que éramos pocos en el pueblo, la mayoría era el tercer grupo, que rechazaría por completo la oferta.
El verde de las planicies era algo irremplazable, y en eso sí que coincidíamos todos. Al fin y al cabo, la gente de Sacae solía ser respetuosa con la propia naturaleza, agracedidos a Hanon por sus vientos.

Y si enviando bandidos era su manera de “protegernos” contra ellos, estaba claro cuál sería la respuesta. El anciano habló por todos y mayoría, escribiendo en la carta la respuesta negativa, firmando con un claro rechazo. Le entregó de nuevo la carta a Fran.

- Gracias de nuevo, señor Fran. Disculpe la tardanza y espero que entienda que esto no es cosa mía, si no de importancia para todos y cada uno de esta aldea. -el anciano sonrió amablemente.

Sin embargo, en el fondo, aunque estuviera de acuerdo en la decisión de la mayoría, me seguía preocupando por mi madre. Después de aquellos salvajes… Me preguntaba qué hubiera pasado si se hubiera aceptado el trato. ¿Hubiéramos conseguido seguridad de verdad? Sabía muy bien que permanecer así no nos quitaría del peligro ni mucho menos sabiendo lo insistente que era aquella gente…

Apreté un puño escondido en mi espalda. Suspirando, la solté de nuevo y me relajé.

Cuánto había pasado en una sola mañana...



OFF:
Perdon el tocho post, me diste mucho que escribir xD ^^
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Dom Ago 21, 2016 3:30 pm

Sus orejas se irguieron al escuchar el chiste de ella. Se trataba de una declaración que para cualquiera se trataría del punto más fino de la conversación. Él que hacía unos minutos estaba a punto de saltar de la cama y pegar la cabeza contra el suelo para disculparse nuevamente, se vio suspendido en las palabras buscando rápidamente un sustituto para el embobado gesto en su mirada. Era realmente sorprendente que a pesar de lo que había ocurrido, ella parecía estar sinceramente dispuesta a perdonarlo, y en más, a corroborar sus bromas amenas añadiendo la sonrisa que estaba derivada para una conversación cualquiera. ¿Cuándo habían aprendido a decir chistes y a reír sin ocultar los dientes? Esta parecía la reunión de dos conocidos que después de encontrarse a través del azar del destino, memoraban con el placer de la nostalgia una ocurrencia peligrosa que el tiempo había madurado en el recuerdo hasta hacerla ver a los ojos como una situación divertida. Por supuesto que estaba sorprendido. Ella efectivamente le había pedido que digiriera el nudo amargo de la conversación mientras reía la candidez vindicativa que se atragantaba en su faringe. Y lo hizo.

Ambos podrían ser auto-indulgentes, pero aún así sentían con claridad la más mínima ración de humildad al decir cada una de sus palabras, como si no estuvieran seguros de si tenían el derecho de decir ciertas cosas. Aún así era evidente que habían franqueado unos cuantos grados de confianza, aunque considerando lo que había sucedido, esa extensión era de esperar. Escuchándola Trombe entendía algo que se había preguntado cientos de veces con el paso del tiempo. La gente cambiaba, eso era inevitable, pero eso no significaba que tenían que cambiar en formas de las que pudieran arrepentirse. Aunque uno cambiara eso no significaba que sus metas tenían que cambiar, y esa clase de optimismo era uno que el lupino había ignorado hasta ahora. —Modificar tu propio destino, ¿eh?— Cuando la escuchó decirlo Trombe advirtió que tanto el rostro de ella como el de él empezaban a mostrar destellos de enrojecida incomodidad. Ciertamente era imposible decir o escuchar frases como esas sin avergonzarse, aunque se hablaran entre quienes ya no eran simples extraños. 

Justo en medio de otra declaración que podría darle otra connotación a la conversación, Trombe escuchó un crujido en la madera, y se volvió un segundo antes de que alguien tocara en la puerta. Alterada la placidez de su privacidad, ambos se pusieron de pie, y Trombe escuchó el comentario de Itsuki sin moverse mientras la veía avanzar hasta el portal. —Si puedes hablar estas cosas con un lobo huraño he de suponer que ciertamente el cambio te ha hecho mejor persona— Lo dijo y luego vio cómo el resquicio de la puerta lanzó una flecha de luz en su cara, recordándole del ardor de sus heridas y del aire caliente que aún flotaba en el ambiente por el pasado combate. El hecho de que hubiera sido capaz de hablar con Itsuki ignorando parcialmente esos detalles era un milagro de por si. 

La madre de Itsuki les explicó en pocas palabras la presente encomienda, y Trombe no tardó en ponerse algo de ropa para así seguirlas hacia el espacio que servía de plaza para el pueblo. Varios ojos saltaron a ver a Trombe de forma inmediata, y esta vez el lobo sólo pudo observar a Fran de forma silente. Luego de que organizaran una pequeña votación para decidir el curso de las circunstancias, un repentino miedo circuló entre ellos como un viento que soplaba agorando desgracias. Trombe apretó los puños en un reflejo, y caminó hasta Fran apartándolo de la multitud. 

—¿Qué haremos?— Fue lo primero que el castaño preguntó. Estaba dispuesto a desnudar sus colmillos en cualquier momento. Fran lo observó con detenimiento y luego dijo: —Bueno, ellos ya tomaron su decisión. No estamos en posición de reclamar o exigirles nada— Al escucharlo Trombe sintió un nudo en el pecho, no, en el corazón. —Yo los protegeré. Yo puedo,— Fran lo interrumpió en el mismo son de su dicción. —¿quedarte a vivir aquí? ¿Defenderlos para siempre de los bandidos?— Trombe tragó saliva y desvió la mirada. —Los voy a,— Nuevamente el hombre completó su oración sin perder un pálpito. —¿Matar? ¿Matarás a todos los bandidos que envíen?— Trombe no lo miró a los ojos, sin embargo, asintió con su silencio. Fran suspiró y luego puso una mano en su hombro. —No eres solo un lobo, o un pastor, o un viajero; recuerda que también eres un comerciante, y la gente de nuestra calaña siempre piensa en ganancias y pérdidas. Sacar todo el provecho de las circunstancias ¿eh?— Trombe lo miró con la duda en el rostro y Fran apenas echó una carcajada que por su volumen llamaría la atención de los demás en la cercanía. 

Fran caminó nuevamente hasta el grupo de personas que aún no se habían dispersado, y volvió a hablar en voz alta. —No debe de usted preocuparse, no esperaba otra respuesta de su parte. Mi orgullo como comerciante me impide que ignore la deuda que tengo con vuestro pueblo, y aún más, con la compasión de sus habitantes— El hombre observó a Itsuki y a su madre sonriendo de forma amena. —Por suerte se me ocurre un plan que puede solventar el problema y ampliar sus opciones. No tendrán que sucumbir al mandato de una compañía, o esperar la condena de su abierta hostilidad. Al contrario, existe un camino alternativo que puede vadear cualquier conflicto por completo— Hizo una pausa admirativa para ver a las personas expectantes a su respuesta, y luego apuntó a Trombe que estaba igual de sorprendido que los demás. —El lobo!— Exclamó de pronto. Claro, a pesar del impecable discurso, las personas, incluyendo a Trombe, ignoraban de qué se trataba su palabrerío, así que continuó. No habló, sin embargo, sino que buscó algo en su bolsillo. 

Luego de que hubo sacado una moneda de la faltriquera se la pasó a la persona más cercana para que esta se la fuera pasando en interrumpida procesión a los demás. Estos verían que en el anverso de la moneda de plata había un cuño de dos espadas cruzadas mientras que en el reverso había un lobo aullando al cielo. —En cierta región que visité hace unos años, existía un grupo de guerreros protectores de la libertad. El emblema en su bandera era un lobo, y como puede intuirse ellos se consideraban hijos puros del fiero animal. Sus logros en batalla inspiraron a que las personas de esa ciudad imprimieran el símbolo de su grupo en la moneda de facto para el comercio, y con el paso del tiempo el lobo había transmutado desde un símbolo en una moneda hasta transformarse en una deidad. El lobo se había vuelto un ente que protegía la libertad en el corazón de cada quién.— En ese momento la moneda llegó a las manos de Trombe que solo pudo sostenerla en silencio observando el lobo al reverso. 

—Ciertamente el grupo de mercenarios que peleaban como lobos crearon un símbolo que todos los bandidos empezaron a temer, hasta el punto en que la ciudad gozó de paz sin que los mercenarios tuvieran que desenvainar sus armas otra vez para defenderlos. Para que algo se vuelva divino solo necesita que alguien crea que lo es. Es lo mismo con los rumores. Y es por eso que mi plan redunda en la divulgación de cierto rumor.— Ya todo iba encajando en la mente de Trombe, que empezó a sonreír. —Se tratará de un rumor simple. Las planicies de Sacae están protegidas por una jauría de lobos que defienden a los pueblos de cualquier daño. Después de que el rumor tome arraigo,— En ese entonces, siendo el último en la fila, Trombe decidió intervenir y le lanzó la moneda a Fran que la atrapó con una mano para observar la figura del lobo en su palma. En estas circunstancias Trombe se vio compelido a terminar la oración de su compañero. —Solo será menester crear las testificaciones, ¿no?— En ese instante Trombe cerró los ojos, y todo su cuerpo comenzó a encogerse y el abundante pelo a aflorar de su piel. Fran le devolvió la sonrisa, siendo la primera vez que veía algo similar. Ya el plan había sido corroborado por ambos. Ciertamente se trataba de una farsa en su mayor parte. Pero solo comerciantes astutos como ellos eran capaces de convertir mentiras y engaños en verdades. —En todo caso, tendremos que actuar de inmediato. Yo tengo que volver a Bulgar hoy mismo para entregar la respuesta de la carta y de paso difundir los rumores. Trombe, tú sabes qué tienes que hacer ahora, ¿no?— El lobo aulló con fuerza. Ahora solo restaba escuchar las opiniones de los demás. 

Off:
La inspiración hizo maravillas conmigo ayer y hoy xD. Ciertamente me está encantando el desenlace que podemos alcanzar con el tema :3
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki1 el Jue Sep 01, 2016 5:49 pm

En aquellos momentos en los que las personas del pueblo cuchicheaban entre sí, después de haber tomado ya sus decisiones, dirigí la vista hacia donde Trombe se había llevado a Fran para hablar con él. A pesar de que no podía escucharles ni mucho menos leerles los labios, sabía que lo que conversaban tendría que ver con nosotros. Cuando Fran rió, todos voltearon a verlos también, mientras el mayor se acercaba de nuevo.

Al parecer el comerciante se sentía en deuda con nosotros, por ayudarles y acogerles el día anterior, supuse al notar su mirada hacia mi madre y a mí. No mucha gente era así de agradecida hoy en día. El hombre comentó de una tercera opción a nuestra decisión, algo que no la cambiaría sino que se añadiría como extra. Tras hacer una pausa exclamó “El lobo”, señalando a Trombe. Todos los del pueblo nos quedamos curiosos de saber a qué se refería con ello. En ese momento, fue haciendo pasar una moneda mientras explicaba el significado de aquella. Cuando la tuvo mi madre en las manos por unos segundos, yo también pude observarla. Su historia era de lo más interesante. Detalles como aquellos es lo que me hacían querer viajar por el mundo, tantas cosas nuevas por aprender…

Mientras Fran iba explicando, poco a poco lograba entender a qué punto quería llegar. No era muy complicado: Se trataba de necesitar un motivo, del que todos estuvieran de acuerdo, que todos conocieran para convertirlo en realidad, para lograr proteger a nuestra aldea y mucho más. Cuando resumió, todo quedó claro para todos nosotros. Había que empezar a correr el rumor con hechos. Miré hacia Trombe, quien empezó a transformarse. Todos quedaron sorprendidos ante este acto. Como yo, nadie o casi nadie en el pueblo había vivido para ver laguzes y mucho menos convertidos o incluso ser testigos de su transformación. Eso me hizo recordar los momentos de antes, pero ya no me puse nerviosa al verlo así u oírlo aullar. Trombe me lo había explicado todo y se había disculpado, no había motivo para tener miedo, ya no.

- Ha sido un placer teneros aquí, por salvarnos a todos y usted por proponernos tan genial idea… -comentó el anciano, agarrando las manos a Fran, agradecido.

- Pero… -habló una de las señoras del pueblo- Este jóven es sólo uno, ¿cómo haríamos para que el rumor sean varios lobos? -le preguntó al comerciante. Yo miré a Trombe, era cierto.

Pero era también cierto que ya se iban, lo cual me entristeció un poco, siendo sincera… Mi madre y yo nos acercamos a Fran para despedirnos de ellos.

- Ya saben, nosotras siempre estaremos aquí si ustedes quieren volver a pasarse por aquí, les acogeremos en mi casa con gusto. -comentó mi madre a lo que asentí sonriendo. -Tengan un buen viaje de vuelta.

Seguidamente, yo me acerqué a donde estaba Trombe, alzando un poco el brazo, pues mi primer instinto al verle así fue acariciarle la cabeza, aunque su cuerpo fuera enorme. Pero paré y cerré el puño suavemente mientras bajaba de nuevo la mano, no quería incomodarle. Alcé la vista a mirarle a él.

- En serio. Una vez más… gracias, Trombe. Por… todo, ya sabes. -le dije, esbozando una sonrisa sincera. -¡Espero que nos volvamos a ver muy pronto!

Definitivamente, había congeniado muy bien con él. Pues en dos días, se había ganado mi confianza. Y en el fondo, una leve irregularidad que se me estaba formando en el estómago, inconscientemente me hacía pensar que la próxima vez que lo viera seguramente conseguiría algo más. Pero no me daba cuenta y nada era seguro aún.
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Sáb Sep 03, 2016 3:10 pm

—Cuando uno es extorsionado o sufre un fraude; cuando se enferma o se lesiona; cuando sufre pérdidas o necesita de santuario para una noche, es una bendición tener a alguien que pueda superponer sus carencias con la compasión que es intrínseca de un alma noble— Declaró Fran con una pequeña sonrisa, sin duda recordando el tiempo cuando a él se lo habían dicho. —Ciertamente devolver ese favor no está por encima de un pobre comerciante como yo— Dijo estrechando la mano del mayor mostrándole su sonrisa más comercial. Mientras tanto, una mujer, algo escéptica, cuestionó el plan preguntando cómo Trombe iba a poder multiplicarse para darle veracidad al susodicho rumor. En ese momento fue que el lobo surgió hacia delante, su voz gutural por su nueva forma, pero aún así lo suficientemente clara para poder ser entendida. 

—Lo que usted pregunta es una duda perfectamente válida. Ciertamente un solo lobo no podría causar suficiente impresión en una persona como para convencerlo de que este pueblo está protegido por una deidad, pero bien no pretendo ser sólo yo quien haga valer el rumor.— Hizo una pausa dando unos pasos hacia el norte, enfilando su hocico hacia delante. —En en bosque donde vivía me conocían como alguien de moderada autoridad. Sin duda puedo reclutar a unos cuantos lobos en la cercanía y patrullar las zonas limítrofes encargándome de que el mayor número de personas me vean. Del resto se encargará Fran y el resto de ustedes que puedan hacer circular la noticia— Concluyó sonriendo con un colmillo, siendo que el plan era tan interesante que estaba emocionándose a tal punto en que estaba ansioso por llevarlo a cabo. Después de todo, se volvería una deidad si podían engañarlos a todos.

Ciertamente el viaje a este pueblo había terminado siendo más interesante de lo que podía pensarse en un principio. ¿Quién podría asegurar que entregar una carta podía significar tanto en tan poco tiempo? Vicisitudes, peripecias no del todo gratas, vivencias a plenitud de los sentimientos, encuentros insospechados; su estadía en esa pequeña comunidad de aldeanos había sido una cargada de nubarrones, pero el día en que al fin partía, el cielo estaba despejado; ni una sola nube empañaba su límpida claridad azulada. Siempre que se preparaba para irse de un lugar, miraba el cielo, y veía como el infinito se explayaba por encima del horizonte, hendiendo la mirada en una perpetua suspensión embobada en la espera que resulta de transitarla. Miraba los rasgos de ese cielo infinito, y se recordaba que seguirían mirando el mismo cielo aún cuando hubieran ellos el lugar abandonado. Al menos así fue que Fran se lo explicó al lupino la primera vez que tuvieron que dejar atrás el primer pueblo de la ruta comercial que hasta este punto habían viciado. Trombe había vivido varias décadas de su vida estancado en el mismo lugar, por lo que viajar le había parecido una ocurrencia fortuita, pero esta vez, sin embargo, la partida demostró ser más difícil de lo que hubiera intuido. Por suerte se había recluido en su forma lupina para evitar tener que despedir a Itsuki con el rostro esmaltado. Claro, ahora tenía otro problema; su cola se meneaba de forma sugerente al nerviosismo. 

Cuando Trombe y Fran se enfrentaron a la contraparte femenina que los había acogido la noche anterior, los adultos se despidieron con gracia, mientras que tanto Trombe como Itsuki, ya sea porque la una se despedía de un perro, y el otro no tenía valor para volver a transformarse, se dijeron adiós desde una posición un tanto bochornosa. Quizás sea por lo que había acaecido entre ambos, o mejor dicho, lo que el lobo se había visto obligado a reconocer. La chica no era la primera que había descubierto su secreto, mas sin embargo había sido la primera que a pesar de haberlo descubierto, lo había aceptado. Estaría mintiendo si dijera que no se sentía más positivo de lo normal en lo que a Itsuki concernía, pero siendo algo inexperto con esos sentimientos, se había limitado a tomar forma de lobo y esperar que ella no pudiera entender lo que significaba el movimiento incesante de su cola. Por la sonrisa insinuante de Fran ya sabía que en el viaje de regreso el hombre lo molestaría. Antes de partir dejó con Itsuki las herramientas que había prometido. —Una primera inversión— Sentenció con una carcajada para luego montarse en su carreta, fustigar al caballo, e iniciar el largo viaje de regreso.

Trombe también decidió partir de inmediato, su cuerpo cuan torpedo atravesó la planicie dejando el pueblo atrás, a Itsuki atrás, y más extrañamente, a sus ovejas. No había sido un despiste demasiado mortal, claro, ya que pretendía regresar por ellas. Estas eran la perfecta excusa para tener que regresar. Por ahora, el trajinar del día lo entretuvo con ferocidad. Encontró el grupo de lobos que había estado olfateando, y luego de un pequeño encontronazo con el alfa, había tomado control de la jauría. Rondó las planicies asustando a viajeros, atacando un campamento de criminales, y haciéndose ver donde sea que pudiera. Cuando anocheció, el lobo había hecho todas sus rondas. Eventualmente se despidió de los lobos, pidiéndoles, o tal vez ordenándoles, que se mantuvieran al tanto de los criminales en la cercanía. No estaba seguro de si cumplirían, pero ciertamente lo habían escuchado con cierto grado de entendimiento.

Cuando regresó con el velo de la noche, se encargó de ser sigiloso con su avance. Lentamente regresó a su forma humana, y luego entró a través de la abertura hasta el aposento donde aguardaban sus ovejas. Calló sus balidos rápidamente, y luego buscó el bastón que había guardado en algún lugar. No partió inmediatamente, sino que caminó por el patio, recordando con algo de vergüenza su ataque a Itsuki en esta ración del terreno, para luego detenerse frente a su ventana. Buscó algo en su bolsillo, y luego sacó la moneda. Tras un momento de reflexión, la colocó en el alféizar, de forma que ella pudiera verla desde que abriera las ventana en la mañana. El castaño rápidamente se alejó, haciendo sonar en un momento las campanas de su bastón, aunque eso no hizo que se volviera atrás, a la ventana cerrada, al cuerpo posiblemente durmiente, y a la moneda pisada en el marco mostrando la imagen de un lobo aullando al cielo estrellado. 

Off:
Bueno, con este post concluí mi parte en el tema. Al parecer 7 meses es el tiempo que se toma para terminar una buena trama como esta(?) Con todo y todo, fue un gusto rolear contigo. Sin duda ha sido uno de los temas más divertidos en los que he podido participar. También me sirvió para desarrollar un montón a Trombe, como pretendía. Espero que tu también hayas podido sacarle provecho ;3 No se si vayas a postear de nuevo, si crees que quieres agregar algo más, leeré sin duda, sino, ya nos leeremos en otra ocasión! Saludos!
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki1 el Lun Sep 05, 2016 10:28 am

Acepté las herramientas que me había prometido Fran, de las cuales ya casi me había olvidado, entre todo lo que había sucedido. Serían perfectas para reponer las viejas.

- Gracias de verdad. ¡Buen viaje! -despedí con una sonrisa junto a mi madre, al comerciante que partía de nuevo.

En cuanto me daba la vuelta, Trombe ya había desaparecido. Se había ido también, y todo el mundo se fue a sus hogares después de limpiar un poco las calles del desastre que habían formado aquellos bandidos que no volverían a ver gracias a aquellos dos viajeros que se habían quedado en nuestra casa.
Era hora de volver a la normalidad, a una tranquilidad sumamente mejor, eso estaba claro. Pero seguiría siendo el día a día.

Al regresar a mi hogar, recordé un hecho al mirar hacia al patio. No fue lo que había pasado en la tierra, si no lo que seguía estando en el parterre techado. Pegué un brinco y enseguida fui corriendo a comprobar.
Sus ovejas seguían allí. ¿Se habría olvidado de ellas a posta? Supuse que ya vendría luego u otro día, después de lo que tuviera que hacer. Acaricié algunas de ellas antes de seguir con el cultivo, trabajo que había dejado pausado en la mañana por motivos obvios. Después de terminar, volví a comprobar las ovejas. Mientras les daba algo más de paja y les cambiaba el agua, recordé al lobo marrón meneando su cola. Un hecho que me parecía gracioso, sabía que eso lo hacían los caninos cuando estaban feliz. Y sin embargo, no estaba segura de lo que significaba para Trombe.

Me quedé hasta tarde esperando el regreso del pastor a por sus compañeras, pero ya se estaba haciendo oscuro y tenía que descansar. En un mes se acabaría la primavera, y había que preparar los cultivos las mañanas siguientes. Entré de nuevo a mi casa y fui al cuarto donde teníamos el barril para bañarnos. Me lavé rigurosamente el cuerpo y pelo que habían quedado con restos de barro seco y me preparé para irme a dormir después de cenar.  

No había regresado aún, así que supuse que ya se pasaría por la mañana, y cerré los ojos acostada en la cama. En donde la noche anterior habían dormido ellos dos. No tardé en quedarme dormida a causa del cansancio físico y emocional. Y a pesar del sueño pesado, desperté por unos segundos, había jurado oír un campaneo en medio de la noche, pero mi cuerpo no reaccionó más y volví a caer dormida.

Con el cantar de los gallos y el primer rayo de sol, volví a despertar. Al abrir la ventana como de costumbre, un punto de brillo cegó por un momento mis ojos. Bajé la mirada para ver lo que había reflejado la luz y ahí encontré una moneda. Al coger la moneda, de inmediato supe y comprobé que se trataba de la moneda de ayer. Enseguida me asomé por la ventana, buscando desesperadamente con la mirada por todos lados. Pero ya no había rastro. Observé que allá en el parterre tampoco estaban sus ovejas ya. Volví a dirigir la mirada hacia la moneda en mi mano y sonreí levemente. Cerrando el puño y guardándola en la gabardina, en un bolsillo que estaba cerca de mi pecho. Me la puse encima y salí a trabajar, contenta como siempre.

Sólo que hoy tendría un motivo más para no dejar de sonreír.

OFF:
a mí también me ha encantado cómo ha quedado, no esperaba desarrollar algo así para itsuki (en el buen sentido). Así que definitivamente te volveré a pedir tema dentro de poco ;D gracias!!!
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Eliwood el Jue Sep 08, 2016 11:03 pm

Tema cerrado. Ya que el tema es evaluado como Entrenamiento (debido al combate incluido, así sea breve), se le otorgará a cada participante 110G por el tema.

Itsuki ha gastado un uso de Vulnerary.

Ambos ganan un incremento de +2 EXP.

Gracias a este aumento, Trombe obtiene el primer skill de la rama Laguz (Wolf), que coincide como primer skill de varias ramas laguz:

Corazón Salvaje - Permite al laguz permanecer en su forma animal por todo el tiempo que necesite, si se encuentra en una situación de presión en que le sea necesario estarlo. La urgencia puede hacerle ignorar el agotamiento hasta que el laguz decida transformarse de regreso, momento en el cual desfallecerá de cansancio.

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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

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