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Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

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Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Vie Mar 18, 2016 11:22 am

El sonido de la lluvia no era inusual en la primavera; el golpe y el deslice de las gotas en la superficie de las hojas, contra la tierra, y sobre los cuerpos que transitan las llanuras tratando de buscar cobertizos en los que puedan resguardarse. Ese día, además de la lluvia, una brisa soplaba suavemente en el llano, moviendo y flaqueando la capucha que el pastor llevaba para ocultar sus orejas de lobo y los ruedos de la capa con que ocultaba su cola anillada de blanco. Los delgados filamentos de hierba también bailaban junto al repiqueteo de las campanas anudadas a su bastón, toques que ligeramente mantenían a sus ovejas pastando por la llanura verde que se extendía a lo que alcanzaba el verde atrio de sus pastizales. Junto a ellos, y más centrado en el sendero hecho para su translación, el alazán rudo y fornido acometía al camino tirando a su paso la carreta que cantaba rodando por la tierra; aplanando el camino que absorbía las gotas de lluvia sin licuarse, mismas que bordeaban del sombrero de paja que llevaba el conductor calado mientras sus ojos se enfilaban hacia un punto profundo en la extensión de los llanos.

La mayoría de las personas sensatas estarían en el interior de sus casas paladeando algo caliente y observando cómo la lluvia llenaba de vida sus cultivos, pero para la estampa de ambos viajeros; el uno un pastor y el otro un comerciante; fortuitos acontecimientos los habían incitado a una peregrinación desde las misceláneas tierras que bordeaban el gran río. Fran había ultimado sus negociaciones entre las murallas de Bulgar, y había realizado los preparativos para el próximo viaje, cuando repentinamente recibió la visita de un mensajero que cruzando la plazoleta con un papel, lo abordó mientras terminaba de cargar junto a Trombe los últimos enseres en su carreta. El mensajero les entregó el papel, y tras la corta inspección del ribete informativo, Fran dibujó una sonrisa y le indicó al pastor que debían parar por la casa del feudal. 

Una oportunidad como esta contentaba al comerciante del posible lucro que podía exprimir producto directo del medio y las circunstancias, y cuando ambos se presentaron ante el señor de estas tierras, este solo sacó un pápiro y lo cortó en rodajas con un cuchillo de plata, terciando un pergamino en el que con una delicada pluma imprimió algunas palabras hábilmente redactadas; rociadas luego con arena, y finalmente dejada la tinta de estas a secar. Las palabras del señor feudal, naturalmente, llegaron hasta los oídos de Trombe también, y así supo que la carta se dirigía a uno de los poblados diseminados por las extensas llanuras de Sacae. No estaban terriblemente lejos del punto en el mapa, mas al parecer el mandatario quería aprovecharse de la presencia ambulante del mercader para facilitar su influjo en aquél destino de la región.

Habían sellado la carta con un impreso de lacre rojo y luego se la habían alargado a Fran, que ahora la llevaba metida en el bolsillo interior de la chaqueta; y mientras el lupino veía que el horizonte iba descubriendo el aspecto reposado y digno de las montañas, el mismo había aprovechado para inquirir a su acompañante por el contenido de aquella misiva. —Si esta carta redondea la letra de alguien adinerado, he de suponer que está conectada a algún asunto para determinar la posesión de ciertas extensiones de tierra.— La conversación tendía a morir de forma natural en la monotonía lluviosa del largo viaje, pero las reducidas impresiones de Fran habían hecho a Trombe entender las disposiciones de los procedimientos coercitivos que podían subyacer la presente encomienda, y así fue como ambos, no necesariamente ignorantes al hecho, habían decidido a mantener un silencio como sustituto a la conversación real que normalmente hubieran estado encabezando. 

Eventualmente divisaron en la distancia unos pelados troncos viejos, y detrás de ellos la empalizada que comenzaban a parcelar el terreno en nota acorde con la tierra encuadrada para el cultivo. Trombe, tras el primer descanso a mediodía, había mantenido a sus ovejas en un largo trayecto sin descanso, y como habían dejado varias leguas atrás el último lago, esperaba que la gente de ese pueblo le pudiera brindar asilo para detener allí el viaje. Cuando saludaron a un labrador que había salido repentinamente al escuchar la presencia de la carreta, Fran le hizo una seña a Trombe. —Me adelantaré para conseguirnos una posada— El pastor asintió y comenzó a sonar las campanas de su bastón, apremiando a las ovejas para ordenarlas en filas, advirtiendo que la lluvia, aunque ligeramente, estaba aumentando. Terminó acercándose a una vivienda contigua al camino. —Disculpe, ¿sabe usted dónde puedo hallar un abrevadero al que pueda llevar mis ovejas para reponer las fuerzas de un agotador viaje?—
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Dom Mar 20, 2016 2:15 pm

Me encontraba viendo el paisaje desde mi ventana, pacíficamente, donde algunas gotas llegaban a posarse en mi rostro. Ese día no había parado de llover, tanto fuerte como flojo. Pero yo no me quejaba, puesto que el agua era buena para los cultivos, al fin y al cabo. Por suerte, en Sacae, nunca llegaba a hacer demasiado mal tiempo, y es por eso que sus tierras eran tan fértiles. Sin embargo, sí que había la posibilidad de que demasiada agua estropeara algunas plantas.

Me levanté del bordillo donde estaba sentada y cerré la ventana con los tablones de madera. No me gustaba pasarme todo el día sin hacer nada, y a pesar que estuve toda la mañana y tarde ayudando a mi madre limpiando nuestro hogar, necesitaba salir fuera, aprovechando que ahora mismo sólo estaba cayendo una débil llovizna, y antes de que se hiciera más oscuro.

-Madre, salgo un momento a cubrir los tulipanes. -comenté antes de ponerme por encima una vieja capucha de cuero desgastado, por si me tardaba más de lo necesario, ya que parecía que más tarde iba a apretar la lluvia.

Tulipanes; esas flores principalmente decorativas, aunque también servían como recurso para tintes gracias a sus variados pigmentos, hasta para fines medicinales como infusiones o cuidado del cabello, son una de mis flores favoritas. Pero estábamos en primavera, y en esta época era malo que el agua se quedase estancada en la tierra donde estaban plantadas.

Una vez salí por la puerta, me dirigí al patio de atrás, donde teníamos rollos de esterillas de varios materiales, para cubrir los cultivos. Ahí, cogí una lona hecha de gasa de algodón, perfecta para las flores puesto que no ejercía peso sobre ellas. Y aunque no las protegería de la humedad, al ser permeable evitaría que se quedara todo encharcado. Me dirigí de nuevo al pequeño parterre frontal y la posé con delicadeza sobre los tulipanes, enganchándolas a cuatro barritas de hierro para que no volara en caso de viento.

Cuando terminé, oí el tintineo de unas campanas. Provenían de lo que parecía ser un pastor, ya que iba acompañado de un pequeño rebaño de ovejas. Me reincorporé al ver que se dirigió a mí.

-Disculpe, ¿sabe usted dónde puedo hallar un abrevadero al que pueda llevar mis ovejas para reponer las fuerzas de un agotador viaje? -preguntó amablemente el pastor, quien parecía ser un chico joven, cubierto también por una capucha debido a la lluvia. Me fijé en lo poco que se veía de su rostro, tenía una cicatriz en la mejilla, la cual no le di mucha más importancia. Me fiaba de él puesto que las ovejas parecían estar tranquilas con él, así que asentí y le sonreí.

-¡Por supuesto! Justo detrás  tengo uno pequeño, si lo desea. -señalé con el pulgar a los campos detrás de mi casa. -No es gran cosa, pero puede despreocuparse. Está un poco apartado de mis productos, así que sus ovejas no serán problema. -Bromeé. Tampoco es que pasara nada porque alguna que otra mordisqueara las hojas de las hortalizas que tenía plantadas ahí.

Le guié hacia el sitio donde tenía el abrevadero de madera, un pequeño parterre de hierba rodeado por unas vallas y cubierto por un tablón de madera sostenida por cuatro columnas  del mismo material. Allí es donde siempre quisimos montar un establo mis padres y yo, pero no teníamos el dinero suficiente como para cuidar ningún animal. Nosotros siempre habíamos labrado la tierra manualmente, con un par de carros, palas y rastrillos. Sin embargo, aún modesto, era un sitio perfecto para que sus ovejas pudieran descansar.

-También le ofrezco cobijo a usted, si quiere, puede pasar adentro. Le serviré un poco de agua y pan... -sonreí amablemente, señalando mi casa. -¡Debe de estar usted cansado!
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Lun Mar 21, 2016 3:59 pm

El cielo era el punto donde se juntaban todos los ríos. La tormenta que se fue cerniendo progresivamente desde el alba, ahora precipitaba un ejército de nubes grisáceas que cubrían la mitad del firmamento, mientras la otra mitad cedía al atardecer imperante. La lluvia, con el descenso fijo, envolvía como humedecidas telarañas a las siluetas del pastor y sus ovejas, hasta que este afortunadamente divisara, con su visión algo borrosa por la lluvia, a la figura cenicienta de alguien al borde del camino. Irguió la cabeza a través de la borrasca, y vio el rostro de cincelados facciones enmarcada en los contornos de su capucha. Al parecer la había sorprendido saliendo o entrando a su hogar. A fuerza de parpadeos, reanudó la narrativa de sus acciones, se acercó arrebujado en su capa, y habló con un tono que carecía de más expresión que su más sincera esperanza. 

Su voz despejó algo de la oscuridad que ensombrecía su gesto, y lo hizo sonreír con la fruición de la suerte encontrada, relajando sus sentidos para dejar ver una sonrisa y una pequeña reverencia, mientras su mano volvía a castañear las pequeñas campanas anudadas a su bastón mientras caminaba detrás de la chica, siguiéndola hasta el compacto traspatio en el que podría preparar aposento para su rebaño. Se acercó junto a ella, notando que la misma estaba casi a la altura de sus ojos. —Tiene mi gratitud. Son buenas ovejas, y lo único que verdaderamente vician como tal es la sal en la que puedan poner sus lenguas. Aún así le compensaré cualquier molestia que puedan ocasionar— Era una suerte encontrar a personas generosas y hospitalarias, aún más cuando hacía mal tiempo, ya que un viajero como él en estas circunstancias no era siempre bienvenido. Ya en varias ocasiones en que visitara lugares remotos lo habían llamaban fugitivo. 

La casa, por su parte, estaba enclaustrada en un área pequeña, tal vez porque ella vivía en medio de la tierra que quería cultivar, y pronto la mirada que había esbozado sobre el resto de las construcciones del pueblo, había puntualizado que estas también atendían a esa misma moda de rústica construcción. Desplegando su mirada del aire vaporizo, observó el sembrado que había, y descubrió que lo que parecía ser un macizo de flores estaba guarnecido por una especie de lona herméticamente posicionada. Añadiduras de ese estilo denotaban que eran conocedores de la tierra, aunque eso pudiera decirse de todas las gentes que vivieran su vida sacando su sustento solo de ella. Pronto, cuando la chica le señaló el lugar en específico, Trombe, con unos repiqueteos de su bastón, enfiló las ovejas y una por una fueron colocándose en puntos bien escogidos del delimitado espacio, aprovechando para beber del agua del abrevadero.

Después de lo que dijo, el pastor, que más agua no le cabía encima, la observó con la sorpresa visible en su rostro. Ella indudablemente era de carácter compasivo y hospitalario. Viendo el cielo plomizo Trombe confundió en su sonrisa la felicidad y la pena. —Siéndole sincero, ando acompañado de un comerciante, y vinimos sin planear bien la estadía. Ha sido una larga excursión desde Bulgar hasta que encontramos este pequeño pueblo como el único vestigio de humanidad— Fue entonces que se escuchó un llamado como si fuera la inspiración del momento. —Trombe!— el chico sintió que sus orejas temblaron rozando ligeramente contra el cielorraso de la capucha. Sin embargo continuó. y si usted puede extenderle esa invitación a él también, la compensaríamos doblemente por su bondad— Después de todo dudaba que por esas zonas hubiera una gran prolongación de lugares que sirvieran de alojamiento para viajeros como ellos. 
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Mar Mar 22, 2016 8:45 pm

El joven se había sorprendido ante mi humilde invitación.

- Siéndole sincero, ando acompañado de un comerciante, y vinimos sin planear bien la estadía. -dijo, a lo que seguidamente le miré de nuevo y alcé levemente una ceja. ¿Estadía...? Bueno, sólo le había proporcionado cobijo hasta que parara de llover, ciertamente. Pero lo más importante, ¿un acompañante? No le había visto afuera, solamente a él y a sus ovejas. - Ha sido una larga excursión desde Bulgar hasta que encontramos este pequeño pueblo como el único vestigio de humanidad.

Pues sí que ha tenido que ser larga... ¡La ciudad está a varios kilómetros de aquí! El chico pausó un momento; en el cual, no sé si fue mala mi vista o un poco de viento, que había notado ver su capucha moverse ligeramente por arriba de su cabeza. Decidí no darle mucha más importancia a ese pequeño detalle, ya que él siguió hablando.

- Y si usted puede extenderle esa invitación a él también, la compensaríamos doblemente por su bondad. -Terminó de comentar el chico. Yo me quedé un momento pensativa.

Era cierto que por aquí cerca no había nada más, pero normalmente la gente que pasaba por esta zona solían ser nómadas, con sus tiendas a cuestas, o viajeros preparados con casetas de campaña. Y en el pueblo sólo habían cuatro casas contadas y un molino, pero ninguna posada ni lugares indicados para el turismo.

De todas formas, decidí omitir el mal entendimiento que había tenido el joven.

- Pues verá, por mí no hay problema si fuera usted solo. Pero mi hogar es pequeño... Y como usted comprenderá, no es ninguna posada, y podría meter en lío a los vecinos del pueblo. Así que su amigo comerciante nos tendría que ofrecer algo de su mercancía a cambio, para evitar problemas. -sonreí.

Como mercadera, sabía bien que muchos en el negocio no eran de fiar. Sin embargo, si era conocido del pastor, quien no parecía mala persona y cuyas ovejas estaban tranquilas con él, podría bastarme con ese acuerdo.  

Mientras esperaba que el pastor fuera a por su acompañante, subí a comentárselo a mi madre, la cual estaba ya en su habitación, y les abrí la puerta trasera de mi casa, que daba a la pequeña sala de estar. Aquí sólo teníamos un colchón de paja, un horno de piedra que también nos servía de estufa para los días más fríos, los diferentes trastos de cocina, y varios objetos decorativos que pertenecieron a mi padre.

- He visto que no venís preparados con ninguna clase de tienda de campaña, por lo cual me imagino que no sois nómadas. Así que, ¿de dónde sois, si puedo preguntar? -cuestioné mientras les servía un poco de pan y agua.
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Miér Mar 23, 2016 2:42 pm

Ella no respondió de inmediato, pero Trombe sintió un pinchazo en las orejas mientras esperaba pacientemente por su respuesta. ¿Acaso hacerle saber sus circunstancias había sido lo suficientemente efectivo para inspirarle a ella esa compasión que hacía razón para sus ilusiones? Los ojos húmedos, emergentes de la lluvia, la observaron a ella con una actitud vigilante. Sus oídos escucharon el retumbo que corría distribuyendo las salpicaduras en la tierra y en las casas. Su nariz se inflamó con la fragancia de las flores y el agua que confluía el ambiente de unos prados de pintoresca esmeralda. Sintió como si una gorda gota de lluvia cayó en el puente de su nariz al momento en que escuchó su respuesta.

Ella miró a Trombe con una sonrisa que parecía sugerir que había llegado a una conclusión, y tras explicarle sus intenciones, ofreció un acuerdo al que ambos podían transar. Su mente pensó por un momento. Su razón era perfectamente asequible ya que uno no podía simplemente ofrecer favores sin pensar en sacar beneficios, y en eso Trombe tendría que convenir aunque no quisiera.

Se llevó una mano a la cara y se rascó la mejilla con un gesto dubitativo. La forma en que ella había orientado la conversación había decidido el curso de acción, y él, ya que no podía simplemente permanecer callado, sólo asintió en rendimiento: —Muy bien, iré a comparar los pareceres con mi empleador— Y luego de despedirse con un ligero gesto, desandó el camino de vuelta al sendero por el que había rastreado la voz de Fran. La chica había exhibido una entendible cautela, pero salvo cierto tono en su voz, parecía dispuesta a jugar su suerte con Trombe.

—Ni una sola posada en estos lares, al parecer solo son una distribución de familias que se asentaron en estas tierras. Aún así descubrí quién era el anciano del pueblo, y luego de presentarnos como viajeros de taciturno temperamento, nos permitirá que utilicemos un pequeño cobertizo donde guarda las herramientas de la cosecha. Por cierto, ¿dónde están tus ovejas?— Fran dijo todo en una sola ración de aliento, y antes de que se girara para continuar su camino, Trombe lo detuvo poniendo su mano en su hombro. —Eso quería decirte— Y le explicó las circunstancias que había descubierto con la chica que se había ofrecido a albergar a sus ovejas. —Venga, ¿y qué hacemos aquí como hongos bajo la lluvia?— Exclamó, y palmeando con felicidad el hombro de Trombe, le inquirió por la respectiva casa y luego hacia ella encaminó su carreta. 

Imaginó que la chica había ido a anunciar a su familia el caso pertinente, y cuando esta les abrió la puerta trasera, Fran hizo una pequeña reverencia mientras Trombe corría herméticamente la lona por sobre la carreta para evitar que el agua penetrara en la mercancía que cargaba. Finalmente se sacudieron el agua de las solapas y del ruedo de los pantalones antes de entrar. —Perdonen la intrusión, y gracias por su hospitalidad— Dijo el hombre quitándose los zapatos. Trombe casi y olvida lo mismo con sus sandalias, y tras regresarse algo torpe hacia atrás, las colocó en la entrada. Aunque aún así, contrario a Fran que se había retirado la capucha mostrando su rostro afable, Trombe solo entregaba su rostro encuadernado en la tela. —No hay ningún problema. Mi nombre es Fran Thureo, y ese de allí es Trombe. Efectivamente, jovencita, soy un mercader ambulante, tanto que a veces olvido que alguna vez tuve casa— Echó una ligera carcajada mientras recibía el envase de agua y la lonja de pan. —Tal vez no de esa impresión, pero la carreta que tenemos afuera es un lecho sorprendentemente atractivo para dormir. En otra ocasión estaríamos apretados como sardinas debajo de la lona— Otra carcajada surgió del gaznate del hombre, y un escalofrío corrió por la espalda de Trombe que al recordarlo casi derramó el agua del vaso. 

—Venimos de intercambiar algunas mercancías en Bulgar, y actualmente nos encontramos sirviendo de emisarios para una carta en estas latitudes. Lo que me recuerda que en primer lugar, como vamos a quedarnos en su casa, ofreceré una parte de las ovejas que este buen pastor ha conducido hasta sus puertas— Por segunda vez Trombe casi se atraganta con su pan y se vio obligado a tragar una larga bocanada de agua mirándolo como diciendo: "Por favor detente" El hombre volvió a reír y luego continuó. —O también, si le interesa, puedo cederle algunas herramientas para labrar la tierra. Por cierto, Trombe no me dijo su nombre, señorita…— 
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Miér Mar 30, 2016 3:17 pm

Cuando los hombres habían entrado, el acompañante del pastor había realizado una reverencia, y junto a que se habían sacudido el agua antes, me parecieron unos detalles dignos de amabilidad e hizo que confiara más en ellos. Obviamente me habían dado lástima verlos ahí en medio de la nada, pero nunca se sabe de qué extraños fiarse. De todas formas, igual el portón principal siempre se cerraba por la noche, en caso de que la gente que viniera a robar quisiera escapar. No era este caso, por suerte. Ellos mismos parecían valorar sus propias mercancías, las cuales estaban bien protegidas por una lona, afuera en su carreta la cual habían arrastrado hasta delante de mi hogar, para más seguridad.

- Perdonen la intrusión, y gracias por su hospitalidad. -Comentó el hombre quitándose sus zapatos en la entrada, y el pastor igual. Era un detalle que me hacía recordar a algunas costumbres de Hoshido que me solía contar mi padre, pues no era un gesto típico de Sacae, que yo supiera.

El mercader se había quitado su capucha, pero el pastor seguía con la suya puesta encima de la cabeza. Me pareció un chico bastante raro desde que lo vi, así que no le di importancia, pero supuse que tenía que ofrecerle una toalla o algo para que se secasen. De paso, fui a servirles el agua en dos tazones de madera y cortar el pan mientras les atendía.

- No hay ningún problema. Mi nombre es Fran Thureo, y ese de allí es Trombe. Efectivamente, jovencita, soy un mercader ambulante, tanto que a veces olvido que alguna vez tuve casa. -Rió el hombre moreno de la barba, a lo que le sonreí mientras finalmente les servía, tras cuestionarles su procedencia. - Tal vez no de esa impresión, pero la carreta que tenemos afuera es un lecho sorprendentemente atractivo para dormir. En otra ocasión estaríamos apretados como sardinas debajo de la lona. -Carcajeó Fran el mercader, yo reí con él.

-Jaja, ¡a mí me gustaría probarlo alguna vez! -comenté mientras Trombe se puso algo nervioso. No a todo el mundo le gustaría dormir de esa forma, aunque a mí me pareció bastante interesante.

- Venimos de intercambiar algunas mercancías en Bulgar, y actualmente nos encontramos sirviendo de emisarios para una carta en estas latitudes.

¡Vaya! ¿Emisarios? Qué interesante. Me preguntaba qué tan importante podría ser su misión... Igual y me atrevería luego a preguntarles de qué se trataba. Si era un asunto que una aldeana como yo pudiera saber, claro...

- Lo que me recuerda que en primer lugar, como vamos a quedarnos en su casa, ofreceré una parte de las ovejas que este buen pastor ha conducido hasta sus puertas. -Comentó el hombre mientras Trombe tosía un poco. Parecía que casi se atraganta.

- Hey, ¿está bien? -pero parecía que sí, pues Fran rió ante este hecho.

La verdad es que por una parte, sería una buena ocasión para tener un animal. Sin embargo, aunque aportarían abono natural, las ovejas no cumplían el requesito de peso adecuado para labrar la tierra. Aunque sería al menos una buena mascota de compañía para su madre... Me quedé pensando unos segundos.
Pero no quería separar las ovejas de su pastor, quien claramente se veía incómodo. Incluso antes de negarme a su propuesta cordialmente, el mercader siguió hablando.

- O también, si le interesa, puedo cederle algunas herramientas para labrar la tierra. Por cierto, Trombe no me dijo su nombre, señorita… -dí un respingo, pues antes se me había presentarme yo también.

- Ah, disculpen el despiste. ¡Mi nombre es Itsuki! A secas... -sonreí rascandome un poco la cabeza. -La verdad es que preferiría las herramientas, las nuestras ya están un poco viejas y oxidadas.

Seguidamente, miré al pastor, ofreciendole una toalla de algodón para que se secara la cabeza, la cual seguía oculta. -Sus ovejas son muy bonitas y educadas, pero ellas están mucho mejor con usted, gracias.

Miré por la ventana, ya estaba completamente oscuro y seguía lloviendo a ratos. -De todas formas, será mejor que las negociaciones las realicemos mañana, cuando amaine. -dirigí mi mirada de nuevo a mis invitados. -En un rato haré la cena, ¿os gustaría algún estofado de verduras? Mientras, iré a prepararos la habitación.

Por supuesto, me refería a mi cuarto, ya que el salón no había sitio y tampoco era un lugar apropiado para dormir. Yo dormiría con mi madre. Y así también, podría tenerlos cerca en caso de que necesitaran algo.
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Jue Mar 31, 2016 6:35 pm

—Concejos para su siguiente viaje señorita. Cuando estés en una planicie extensa durmiendo sin un techo sobre tu cabeza, las mantas tengan agujeros que escurran los resfriados de la noche, y las tablas de madera sean el único lecho adecuado para tu cabeza, cualquier cosa que plausiblemente pueda protegerte del frío debe rellenarse debajo de esas sábanas, y lo más cálido de todo, naturalmente, es otra criatura con un cuerpo caliente— La voz con que entregó su línea parecía insinuar algo más de lo que pudiera entre letras divisarse, mas sin embargo lo que dijo después colocó el sello habitual de su jocosidad. —Idealmente una con mucho pelaje— Su risa fue catártica para la cantidad de sentimientos que se amasaron en el pecho del pastor con la sorpresa de esa mención, ya que nunca antes se había Fran acercado tanto a la verdad que ignoraba.

Las relaciones interpersonales eran importantes en los negocios. Esto era doblemente cierto en áreas remotas como aquellas, donde un mercader no conocía a nadie, y dependía de la benevolencia de otros. Otro múltiplo, claro está, era cuando además de eso el ambicioso comerciante veía una oportunidad de lucro, y su sensata estrategia le prometía ganancias en aquél pedazo de tierra cediendo solo una barata mercancía como único diminutivo. Fran e Itsuki, charlando y riendo, eran la perfecta estampa de esa aseveración con su afable sinergía. Aún cuando las únicas atribuciones que ejercían referían a una cena caliente, una posada, y la entrega de unos aperos que procuraban el oficio labrador que era menester en aquél pueblo, ese introito no difería de la experiencia que el viejo mercader mancomunaba en su memoria para establecer relaciones de negocios. Fran se lo había dicho a Trombe alguna vez: —Los pueblos pequeños son progresivas minas de oro— Y este era el tipo de poblado rural que a un comerciante más podría interesarle. Sin duda por eso habría ese señor feudal encabezado su carta al anciano de aquél pueblo. 

Fran, que había prometido enviar su carta a cambio de favor en sus rutas comerciales, no iría contra su acometido, pero si trataría de hacer sus propios remedos, porque hasta el tributo de un mercader ambulante puede ser la piedra que al caer en un lago produzca la mayor cantidad de ondas. Trombe comprendía por qué este comerciante querría, en cualquier circunstancia, lanzar un humorado gambito. Claro, eso lo reflexionaba en vano ya que no tomaba parte directamente la conversación y estaba al margen con sonrisas apenadas y asentimientos.

El lupino terminó de tragar con un visaje de esfuerzo, sintiendo el tortuoso trayecto del ensalivado alimento, y luego miró a la chica como si se excusara. —Estoy bien, mala costumbre de tragar sin masticar— Y era cierto, ya que un lobo carecía de mejillas por lo que no podía masticar a gusto la comida, y acostumbraba a engullirla sin muchos miramientos. Claro, eso no sería evidente para la chica a simple vista ya que Trombe tenía las partes de su cuerpo que podían delatarlo herméticamente envueltas; sin embargo, esa explicación inherente a su naturaleza no era del todo sensata, puesto a que en verdad su atragantamiento, si se examinaba su rostro más detenidamente advirtiendo el enrojecimiento de sus mejillas, estaba bien atribuido al bochorno que había expuesto los débiles fundamentos de su dialéctica. Se había cohibido y achicado en el pan que había lentamente mordisqueado hasta hacerlo desaparecer de sus manos. Trombe sentía agudamente su estado forastero de una manera que no había sentido en muchos meses. Quizás fuera el hecho de que fuera un pastor de ovejas, y no pudiera aportar mucho a la conversación.

¡Mi nombre es Itsuki! A secas... —Ah, señorita Itsuki, un buen nombre como ese no necesita continuación— Expuso su galantería mientras Trombe se quitaba trozos de pan que se le habían metido entre los dientes. —Pues mañana cuando escampe se las haré llegar. Imagino que no muchos comerciantes vagan por estos lares, así que usualmente ustedes tendrían que enviar a algún representante a que realice las transacciones en el puesto comercial más cercano ¿no? A menos, claro, que exista un pueblo en la cercanía con el que ustedes puedan comerciar en buenos términos— Fran había empezado a hablar obviando el último trozo del pan que aún sostenía cerca de sus labios. Ciertamente los temas comerciales eran su borracha disquisición. 

Aún así para Trombe su actitud era comprensible, puesto a que quería lentamente establecerse como la conexión de aquél pueblo, que con su pared tenía todas las características para llevar el apellido, con los demás establecimientos. Fue entonces que el acercamiento de la chica le había llamado la atención. La observó con la duda palpable en sus ojos, y cuando entendió lo que la maniobra insinuaba, alcanzó con su mano la toalla mientras ensayaba en su cabeza la frase de su agudeza. —Mis gracias, y aunque las ovejas tengan que quedarse conmigo, puedo separarme de un poco de la lana— Titubeó por unos segundos, y luego, con la mayor naturalidad, se fue bajando la capucha, pero antes de que sus orejas brincaran hacia arriba, pasó la toalla por su cabeza, secando los mechones que caían en su frente y asimismo solapando los aditamentos más acentuados de su naturaleza. En respuesta a lo último que Itsuki dijo, Fran se tocó el estómago con gran aspaviento. —Comeremos hasta las verduras que no tengan oportunidad de cocerse!— Y resaltó eso con otra carcajada.  

Cuando esta se hubo retirado, Trombe suspiró con los ojos cerrados, y cuando hubo deshojado las pestañas, se halló a Fran observándolo de manera insinuante. —Con que la lana de tus ovejas, ¿eh? Nunca antes recuerdo haberte escuchado hacer esos ofrecimientos. Admito que llegó el tiempo en que llegué a pensar que pastabas a tu ovejas solo para comértelas eventualmente. Veo una venidera oportunidad de usufructo— El chico lo observó con un gesto cansado y se encogió de hombros. Después de unos minutos agregó: —Todo se traduce en ganancias ¿no? Hasta la carta que tenemos que enviar; presiento que ya has ideado una forma de lucrarte de las circunstancias Sentenció Trombe mirándolo con agudeza; con las orejas casi punzando la capucha. Fran sacó la carta de su bolsillo. Estaba impecable, su sello intacto. —Un comerciante tiene que cerciorarse de que cualquier situación le desemboque prosperidades. Aunque eso también va para casi todos en la vida—
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Lun Abr 11, 2016 3:10 pm

"Mi siguiente viaje"... ¿Siguiente? Jaja, más bien sería el primero. Algo que ya ansiaba desde hace tiempo. Cuando el mercader mencionó que lo mejor era dormir con un cuerpo caliente, me sonrojé levemente al recordar aquella época en la que había sido prostituta. Algo que no me había salido nada bien e igualmente ya no era para mí.

- Idealmente una con mucho pelaje. -Rió Fran, a lo que yo no podía parar de pensar que a qué se refería con eso. Miré hacia Trombe y de repente, me reí levemente al imaginarme dormir entre las ovejas. Algo que debía de ser realmente cálido, con tanta lana.

Sin embargo, el pastor no parecía estar cómodo, callado y apenas asintiendo y sonriendo levemente. Me había comentado, al casi atragantarse, que estaba bien. Pero en el fondo seguía preocupada. Le veía avergonzado, cohibido y apenado de no poder interactuar. Me recordaba a mí hace algunos años, cuando apenas conocía a nadie del pueblo, temerosa de hacer amistades.

No habría problema en hacer todo intercambio mañana cuando parara de llover.
También, pensé e intercambiar un poco de la lana del pastor, ya que lo había comentado, por algunas fresas de temporada temprana. A su madre le iba a encantar eso.

- Comeremos hasta las verduras que no tengan oportunidad de cocerse! -carcajeó mientras me alegraba.

Me retiré y subí a mi habitación. Dentro, recogí un poco mis pertenencias y me dispuse a dividir la paja de la cama en dos. Puse una colcha de tela gruesa en el suelo y encima dispuse la paja para hacer la segunda cama. Faltaba una pequeña sábana que fui a buscar al cuarto de mi madre.

- Ah, madre. Por cierto, en un rato haré la cena, si quieres bajar luego.

- ¿Cómo están nuestros invitados? -me preguntó mientras yo abría el baúl de las sábanas extras.

- Creo que bien. Aunque el pastor parece algo triste. -le dije mientras sacudía el par de sábanas amarillentas que había sacado. Eran las más nuevas y limpias que disponíamos ahora mismo. - Pero creo que hablaré con él un poco. Creo que es solamente que el comerciante habla mucho. -reí99evemente y mi madre asintió.

- Vale cariño, pues cuando termine de remangar esto bajaré a saludar. -asentí y salí del cuarto. En ese momento, oí hablar un poco a los hombres desde arriba. No escuché muy bien pero parecía que hablaban otra vez de la carta. ¿De qué quería aprovecharse Fran? ...

Una vez terminé de preparar la habitación bajé las escaleras. Trombe se había quitado ya la toalla de encima de la cabeza pero se había vuelto a colocar la capucha.

- Disculpen la tardanza, la habitación ya está lista. -sonreí mientras me dirigí a preparar la cena.

- Sobre el tema del comercio... -empecé a hablar mientras cortaba las verduras. -Pues la verdad es que un miembro de cada familia, usualmente los jóvenes, vamos por nuestra cuenta a vender nuestros productos. Nos organizamos para no coincidir el mismo día en el mismo lugar, normalmente solemos visitar tiendas de nómadas cuando se juntan cerca, y una vez al mes a Bulgar. También de vez en cuando pasan viajeros como ustedes por aquí, hace poco también vino una chica. -sonreí. -Pero no, no hay ningún otro pueblo como nosotros más cercano de lo que puedan estar los nómadas o la ciudad principal. ¡O al menos que nosotros sepamos! -reí y dejé que la sopa siguiera calentándose en el fuego y fui a sentarme al lado de los hombres. En ese momento, bajó mi madre.

- Ah madre, aquí estás. Ellos son Trombe y Fran. -señalé a cada uno, presentándoles.

- Encantada, me llamo Xiao'qin. -saludó ella, atendiendo al caldero con la cena.

Yo dirigí mi mirada a Trombe. - Umm, ¿puedo preguntarle por qué está tan incómodo? ¿No se siente a gusto? -pregunté preocupada.
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Miér Abr 13, 2016 1:32 am

Trombe era consciente de cada sonido, cada susurro, cada madera crujiente, cada balido de oveja en la noche cerrada, y en más, era consciente del sonido de su propio corazón. Sus orejas se erguían y se plisaban, y cuando los pasos de la chica volvieron a hacer roces por el suelo, el pastor no pudo evitar olfatearla pudorosamente desde una lejanía relativamente calma que no provocaría ninguna conmoción. La misma anunció que sus aposentos ya estaban arreglados, y paralela a esa mención, su cuerpo se movió en la faena que aún la entretenía en la acción ejemplar de una perfecta ama de casa. Comenzó a preparar la cena mientras se confabulaba con la conversación que Fran había iniciado minutos antes, mientras que Trombe llevaba una copa a sus labios y correspondía en su talla de testigo ante la entrega de ambos partidos.

Momentos después, por sus susodichas aptitudes, Trombe percibió otro sonido que rápidamente fue tomando forma y próximamente construiría la voz que correspondería a ese nuevo personaje recurrente que Itsuki, con soltura, presentaba para darle una forma a la historia. Trombe dejó la copa de madera que sostenía encima de la mesa, y lentamente inclinó su rostro con gratitud cuando escuchó a Itsuki presentarlos, encorvándose, como otrora, en la flexión de la reverencia. Fran había guardado nuevamente la carta, ya que él, más que nadie, sabía que hablar de negocios solo lo haría pasar por un comerciante encaprichado que se ganaría la apatía de los paisanos. Además de que no planeaba causar detrimento a la cena con comentarios fuera de lugar. En ese sentido su acompañante, el silencioso pastor, era el más propio de los dos; y aún así, su comedimiento y su resignación a ser meramente una boca más que alimentar desentonaba junto a los dicharachos de su contraparte más simpática. 

Fran aprovechó la llegada de la mujer para preguntarle con lentitud, deteniéndose para escucharse a sí mismo, si solo ellas dos vivían en el lugar, comentando, además, que era una cálida casa que adormecería a cualquier viajero. Esa era el tipo de sonrisa cándida que Trombe nunca podría manejar. Mientras el hombre comentaba aquello, entreteniéndose en coloquio con la modesta mujer, Itsuki había subordinado el trabajo de la cena a su madre, y se había deslizado con rapidez para sentarse en otro de los asientos que rodeaban la mesa en la que ellos también aguardaban. Era la segunda vez que el lupino la apreciaba de cerca, y sentía que ese acercamiento le manifestaba distraída quietud ajena a su comedida prudencia, o domesticada vergüenza. 

Desde hace tiempo había aprendido a parecer mohíno y desinteresado para como Laguz encubierto no causar ninguna impresión en la gente que la provocara a involucrarse con él, pero lentamente esa personalidad que se había tallado comenzó a moldear su percepción de las cosas y la forma en que se desenvolvía junto a los demás. En esta velada sufría de sentido de pertenencia, pero sin embargo aquí estaba la chica, sus ojos sin extraviarse de los suyos, atendiéndolo con una mirada que lo anticipaba a lo que planeaba decir. Trombe la observó sin que asome vergüenza o sonrojo en su tez. Así nomás, una mirada de ojos abiertos, dejando pastar las pupilas en esa cercana distracción que eran las suyas.

Sería impropio no confesar sus inquietudes, aunque sea como adjunto gesto de gratitud después de lo que la chica había hecho por ellos. Sentía, sin embargo, que ella hurgaba con esos ojos en su alma, y que podría concebir verdaderamente lo distinto que era, simplemente porque le interesaba saberlo. Sin saber qué minúsculo mundo estaba a punto de defender, y a la altura de la cabeza de ella, soltó una fingida carcajada y respondió prisionero de sus propios misterios. —No, todo está bien, es que me siento algo extraviado en la conversación, y pues tampoco ayuda que mis pensamientos solo orbiten a con mis ovejas.— Se sentía extrañamente calmo diciéndolo, y haciendo un esfuerzo, con tal de corresponder al interés que ella había mostrado con él, continuó. —Si tuviera un perro ovejero me sentiría más a gusto dejando mi rebaño solo Comentó son una sonrisa sincera, ya que realmente era algo que tenía en la mente desde hace varios meses. —Ustedes...¿no tienes problema con los lobos por aquí?— 
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Lun Abr 25, 2016 5:58 pm

Mientras mi madre cocinaba, Fran se había quedado hablando con ella sobre nosotras. Mi madre le habló sobre mi padre, le contó que también había sido comerciante y que lo había conocido en Valentia. Noté como optó por omitir el hecho de que él viniese desde Akaneia, aunque fuesen viajeros, era mejor evitar esos detalles. Detalles que precisamente hicieron que mi padre hubiese muerto a manos de los emergidos... Sobre ese tema, ella sólo mencionó que mi padre había muerto en un accidente a las afueras de Sacae.

Trombe contestó con calma a mi pregunta. Al final, era justo como me imaginaba: se había sentido perdido en la conversación de Fran y mía. No parecía ser un chico de muchas palabras, al contrario que su acompañante el comerciante. Mostró preocupación por el hecho de dejar solo a su rebaño, sin ningún perro ovejero que lo cuidara en su ausencia.

- Entiendo, hoy en día no es fácil conseguir una mascota, ¡y menos de una que ayude con el trabajo! En especial los perros, casi que son un lujo. A menos que se los encuentren salvajes o abandonados, pero me imagino que también serían difíciles de entrenar para la labor. -sonreí- Pero quede usted tranquilo, aquí dentro del pueblo nos respetamos los unos a los otros. Es más, el cobertizo es visible desde la ventana de mi habitación, en la cual se quedarían ustedes. Y si se preocupa por la oscuridad, no es un problema. Hay una pequeña lámpara dentro del cobertizo que proporciona la luz suficiente para controlar lo que pueda pasar.

-Ustedes... ¿no tienes problema con los lobos por aquí? -Preguntó. Tal vez estuviese más preocupado de los animales salvajes que de cualquier ladrón. Y era cierto, un lobo podría morder o matar a algunas de sus ovejas, pero para un ladrón le sería complicado llevarse siquiera a una a cuestas.

Aunque era extraño que preguntase algo así. Estábamos en medio de unas largas planicies abiertas, sin impedimentos a la vista, sin bosques... por tanto, sin lobos ni animales realmente peligrosos. Pero bueno, eran viajeros.

- Pues, no realmente. -le comenté el hecho anterior- Y no se preocupe. Si hubiera peligro, todos los del pueblo nos enteraríamos a tiempo, ya que el portón lo cerramos al anochecer, para evitar posibles... ataques de bandidos o incluso de emergidos, o cualquier ladrón pillo que anduviese a esas horas por estos lares. Aunque esto último ya sé que no es tan grave, lo que me refiero es que hay poca probabilidad de que esto pase. Quiero decir, ya han visto la situación tan recóndita en la que nos encontramos... -solté una carcajada.

Mientras tanto, la cena había terminado de hacerse. Me levanté para ayudar a mi madre a servir los cuencos a nuestros invitados y cenar juntos. Ya era tarde, así que seguramente en cuanto acabaramos de cenar, nos iríamos todos a descansar.
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Miér Abr 27, 2016 11:58 pm

Aquella improvisada entrevista impulsada por la fórmula del chico apocando sus respuestas y la chica abundando sus explicaciones, parecía redundar en el hecho de que ambos trataban de pensar cosas que decir para excusar, por la propia cuenta, su esquivez, y por la de ella, su benevolencia. Quizá se habían conocido a destiempo, cuando él se sentía inseguro y nervioso, y cuando ella contemplaba su aire ingenuo vinculándolo con la desconocida identidad del viajero. Quizá la alusión que presagiaban ambos en la correspondencia, no era consumir el tiempo de espera, sino influir en el carácter contrario regalando un trozo de esa alma que les sostenía el esqueleto. Aunque no podía considerarse una confesión, Trombe sentía que había secretado un tumor de verdad contaminado de sus mortificaciones, aunque ella no adivinara su voluntad al hacerlo. Los mundos de ambos apenas se asomaban a unos metros de distancia, subordinados a la política de las sonrisas y las respuestas que solo podían inspirarse entre desconocidos. 

Luego de que Fran, corrigiendo quién sabe qué destino, había dado su propia impresión en la vida de un comerciante ambulante, todos fueron cogidos de la complicidad del plato humeante que brillaba una sonrisa en la cara de los comensales. Fran escabulló una corta plegaria que acostumbraba a cercenar el circunloquio por un corto engranaje de los debidos sacramentos. Trombe, aún pensando en las palabras de Itsuki, detenido en la mitad de la sala, se mostró lo más suelto y simpático que pudo disfrutando del plato que habían equilibrado entre sus manos. Realmente tenía hambre, una hambre enrarecida por la humildad que era reconocer que el platillo frente a él no sería suficiente para saciarla. Aún así no menoscabó su impresión en la cena que había transcurrido con algunas interjecciones de Fran y comentarios por parte de las anfitrionas. Su garganta suavemente estalló en un suspiro embobado que servía para indicar la plenitud que sentía por la cena, aprovechando para agradecer directamente el servicio que les estaban brindando.

Para cuando terminaran de comer, Trombe se ofreció para ayudar a recoger la mesa presuroso antes de que alguna de ellas pudiera privarle de su deber de ayudarlas. Su agradecimiento no era tanto un deseo como una meditación. En su viaje el contacto que tuvo con las personas siempre estuvo mediado a través del dinero, esto más que enfervorizado por los avatares de su amigo comerciante, pero esta vez, aunque estaban unido bajo los delgados hilos de un justo intercambio, la relación era simple y sin enmascaro; una simplicidad que podía entender sin tener que preocuparse por las intenciones del contrario. Claro, estas últimas intenciones subyacentes irían por parte del par de viajeros, que en cuestión de horas planeaban alterar la placidez del pequeño pueblo con la superstición de una carta y las estrategias que en ella posiblemente estarían disimuladas.

Tras ser guiado a sus aposentos, desfiguró su rostro en una sonrisa y un gesto con el que atinaba a despedirse de Itsuki, y pronto se vio nuevamente a solas con Fran, aunque imaginaba que las paredes de la habitación no harían mucho para preservar las voces de los dos personajes que la compartían. Fran, con encomiable soltura, ya se estaba recostando en su lado, mientras que Trombe pensaba en un devaneo que ese era el lugar donde Itsuki habitualmente dormía, lo que le tenía expuesto a las extravagancias de una que otra fantasía. Casi insuperable de su destino, Trombe miró por la ventana que ella había comentado, y sin descantonar los ojos de la pequeña lámpara que brindaba estabilidad a su pensamiento, le comentó a Fran que se entretendría un rato "contando ovejas" hasta que finalmente cedió a su sueño con las piernas dobladas y con ambos brazos afincados en el alféizar de la ventana.

Su sueño no fue el pasaje predilecto de un bullicioso mercado, o la idea del paraíso que estaría en el recuerdo de la chica inspirado, sino que soñó con su bosque, él sentado junto a una fogata, sus orejas de lobo claramente visibles, mientras que comía la carne que recientemente había cocinado. Solo entonces se dio cuenta de que esa carne no era de oveja como hubiera intuido, sino de lobo. Cuando despertó sentía un vértigo tan grande que terminó por abrir la ventana y sin controlar sus erráticos movimientos, saltó a través de ella. La lluvia ya había cedido, pero él sentía una tormenta en su estómago. ¿La cena de ayer? No, sabía que el malestar que sentía era del sueño, mas sin embargo no pudo evitar vomitar parte de la cena, sino toda. Su capucha estaba corrida hacia atrás, sus orejas apagadas pero claramente visibles, y un cielo en el que los primeros vestigios del sol empezaban a mostrarse. 
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Lun Mayo 30, 2016 7:07 pm

Aquella noche, tras ambos dar las gracias por la cena, Trombe nos había ayudado a recoger los platos. Nosotras les guiamos hacia mi cuarto para que finalmente descansaran.

-Buenas noches, que descansen. -dije con una sonrisa, junto a mi madre antes de cerrar la puerta e irme con ella a su habitación. Mañana sería otro nuevo día y yo tenía que madrugar, como era habitual.

Y así fue. Desde que oí el leve cacareo del gallo del vecino, abrí los ojos. El sonido era casi inaudible, pero al estar acostumbrada a él, siempre hacía que al escucharlo me levantara para ir a trabajar. Era aún bastante temprano, no había salido el sol.
Me levanté cuidadosamente de la cama de mi madre para no despertarla y bajé sin hacer ruido. Al pasar por al lado de mi habitación pude oír ligeros ronquidos, algo que era normal puesto que debían de estar cansados. Salí al campo con la intención de, después de trabajar, preparar el desayuno con algo de trigo y fresas. Me recordé a mi misma que tendría que ir a por un poco de leche de las vacas del vecino, para acompañar.

Hacía bastante frío para ser primavera, pero debía de haber sido por la lluvia constante del día de ayer, la cual había dejado encharcado todo el barro que no había sido protegido con las lonas. Aún estaba algo oscuro para poder averiguar si hoy haría mejor tiempo y quitarlas, así que me dediqué a limpiar el campo y algunas macetas hasta que hiciera algo más de luz. Fui a revisar cómo estaban las ovejas y a llevarles dos sacos de paja fresca y un cubo de bellotas para que comieran. La mayoría de ellas aún estaban dormidas, así que lo hice con cuidado. Un pequeño corderito que ya andaba despierto se puso a comer de mi mano así que lo acaricié un poco antes de volver a salir del pequeño recuadro.

Ya empezaba a aclarar, pero de pronto escuché un ruido detrás de mi casa. ¿Se habría caído algo que estuviera apoyado a la pared al barro? Pensé, pues el sonido del chapoteo pareció provenir de algo pesado. Me asomé a comprobar qué había sido, y lo que vi no fue nada cercano a lo que esperaba.

Allí estaba el que parecía ser Trombe, que pude reconocer por sus ropas, semi tirado de rodillas contra la tierra. No me dio tiempo de intentar explicarme cómo había ido a parar allí, pues algo más me había llamado la atención. Orejas, orejas de animal sobre su cabeza. ¿Un laguz? Era extraño ver uno en Sacae, y de hecho era el primero que veía tan de cerca. Me acerqué corriendo hacia él pues vi que no tenía buena cara.

- ¡Hey! ¡Trombe! ¿Se encuentra bien? -exclamé preocupada al notar el vómito justo debajo y alcé la mirada hacia arriba, donde quedaba mi cuarto, el cual tenía los ventanales de madera completamente abiertos.

Me agaché a agarrarle de los hombros, bastante preocupada. Ahora no era el momento de andarle preguntando sobre su raza. Le ofrecí un brazo para que intentara levantarse, mirándole a los ojos de cerca.
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Jue Jun 02, 2016 1:49 am

Trombe no tenía ningún deseo de desperdiciar una deliciosa comida preparada con la proeza de la compasión, pero sin importar cuán generosa fuese el gesto de preparación, nada podía superar al asco de esa tenebrosa ensoñación. Pero esa no fue la razón solitaria por la que ahora estaba luchando después de la poderosa arcada para permanecer consciente, sino que sentía que tenía que expulsar algo: Su superflua humanidad. El sueño no era algo novedoso, sino que era el disco rayado de las noches en las cuales podría llegar a sentirse más "humano". Sin duda esa cena inflamó su cuerpo con ese sentimiento intruso de pertenencia, tanto Itsuki como su madre eran elementos que le hacían ceder a un sentimiento cálido de pasmosa tranquilidad, y ahora que estaba derrengado en el suelo, las manos en el lodo, ya podría entender por qué su cuerpo se repugnaba de la pastosa sustancia. Aún así, estas cosas no eran relevantes ahora, ya que lo más acuciante de la hora era la presencia de otro personaje en su deplorable escena. 

En contraste con el joven pastor, que tal vez aparentaba tener no más de 18 años y cuya tez estaba de un verde enfermizo, cuando llegó la joven agricultora, que debería oscilar por los mediados de los veinte años, Trombe notó con reojo que su delineada silueta se veía lo suficiente saludable como para brindarle auxilio. No llegó a imaginarse que ella pudiera llegar a presenciar su revés estomacal, y cuando estuvo consciente de ello su boca había perdido todo el sabor. Sintió que alguien lo movía torpemente por los hombros, pero su cuerpo no parecía regular los sentidos con mucha precisión. Tuvo que observarla algo atontado por unos cuantos segundos antes de que su cuerpo comenzara a reaccionar. Y mientras iba recobrando sus cabales, Trombe afloraba la exposición de sus orejas a la misma. ¿Se había subido la capucha? Trató de mirar hacia arriba, y allí las vio, afiladas con su pulgada de filo. La idea de que ella pudiera acercársele de forma tan compasiva y natural luego de verle desarmó por completo sus emociones. 

Por unos segundos sintió que no tenía ningún recurso para decir algo en voz alta, sin embargo, y ya que sabía que estaba pareciendo un real tonto, Trombe asintió pidiéndole que le diera algo de espacio mientras se limpiaba la boca con la manga de su camisa. Luego la observó con una mirad imprecisa y guisó las palabra con sorpresa e indecisión, y esas palabras vinieron, al igual que su forma humana, algo incompletas. —Itsuki…— Su visión parecía borrosa, tanto que llegó a pensar que aquello se trataba de un sueño; de la continuación del sueño. Sueño. La palabra lo volvió a hundir en su estupor y pronto alzó ambas manos hacia delante, tratando de alcanzar los hombros de ella, y prontamente la empujó contra el suelo de forma que su cuerpo estuviera por encima. Sus ojos ya no veían los detalles de su cara, ni su limpia mirada, solo veían su cuerpo, las dimensiones que estaban a su merced, y supuso que necesitaba una boca más grande para devorarla por completo.

Inmediatamente su cara comenzó a transmutar, su nariz afilándose en un hocico puntiagudo cuyo vallar de dientes comenzaron a relucir frente al rostro de la chica aunque luego se detuvo y movió varias veces la cabeza. Su cuerpo ya era completamente el de un lobo, y ambas de sus patas oprimían las muñecas de ella, con las uñas hendiendo al tierra para encarcelarla. Luego de unos segundos aulló de forma portentosa. No podía sucumbir ahora. Tenía que persistir. Después de todo, estaba en territorio enemigo, y si mostraba signos de debilidad, su jauría se desharía de él. La única posibilidad radicaba en el cuerpo anónimo que yacía debajo de su cuerpo peludo. Consumir hasta la última fibra de carne para recordarse que era un lobo, y eso es lo que ellos se dedicaban.
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Jue Jun 16, 2016 8:13 pm

Me preocupaba el aspecto del joven, no tenía buena cara cuando apenas lograba a mirarme de vuelta. Por suerte, asintió levemente, dándome a indicar que estaba bien, limpiándose su boca. Me reincorporé hacia atrás, siguiendo de cuclillas frente a él. Pero Trombe musitó mi nombre antes de volver a perder la mirada, tratando de apoyarse en mí.

Con la misma que agarró mis hombros, me había tirado hacia atrás, contra el barro. Toda mi gabardina y mi pelo por detrás se empañaba con esa mezcla de tierra encharcada. Trombe estaba encima de mí, mirándome con ojos de un cierto deseo.

Esa actitud no era algo nuevo para mí, era una experiencia que ciertamente ya conocía de hace algún tiempo, pero sí que era extraño proveniendo del chico que hace unos segundos se encontraba mal… O acaso, ¿le había juzgado erróneamente ayer?
No, no podía haberlo hecho. El joven parecía verse mareado, tal vez no lo hiciese a consciencia. Pero al fin y al cabo, seguía siendo alguien desconocido…

Aún así, no me dió tiempo de pensar, decir, o hacer siquiera nada más, pues el joven laguz se estaba transformando delante de mí en lo que parecía, un lobo. Irónico teniendo en cuenta que Trombe era un pastor. No sabía casi nada de los laguz, pensaba que no hacían daño a la gente… Pero creo recordar que sólo se transformaban para luchar. ¿Acaso era yo su enemiga?

Abrí los ojos ciertamente temerosa al tener sus fauces a pocos centímetros de mi cara. Notaba su respiración entrando y saliendo por su hocico en mis mejillas; sus ahora patas con largas pezuñas encarcelando mis brazos en la tierra fría, de modo que no me pudiese mover. Noté también como en un momento paró y negó con la cabeza, pero sus afilados ojos anaranjados volvieron a mirarme.

Estaba muda del miedo y no podía moverme. ”Trombe” ¿era?... aulló sonoramente.

Peligro, ahora había un total porcentaje de posibilidad de que todas y cada una de las personas del pueblo lo hubiesen oído, debido a la facilidad del eco que proporcionaban las planicies. Sin embargo quién podría estar en peligro realmente no era yo, sino él.

- ¿T- Trombe…? No debería gastar estas bromas… L-la gente podría malinterpretarlo… -titubeé intentando formar una pequeña sonrisa en mis labios con la mínima esperanza de que verdaderamente fuera sólo una broma… Los laguz también tendrían sentido del humor, ¿no? Aunque fuese de esta manera…

En aquél momento, sólo deseaba que no nos encontrara nadie, o al menos no con Trombe de esta manera, pero era mucho pedir…



OFF:
Siento terminar sin hacer mucho, pero no sabía si querías que viniera gente o Fran o mi madre :P ya me comentarás ^^
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Mar Jun 21, 2016 1:25 pm

Se había decidido bruscamente en esta posición de salvaje cazador; era la más propicia para doblegar a la presa y cebarse de ella. Su hocico húmedo tocó el límite de ese cuerpo y en su mente la única idea que pervivía era la de igualar los dientes con cada palmo de carne que llevaba impreso en su paladar ese olor que por alguna razón lo desquiciaba. No entendía del todo este sentimiento que enclaustraba su cuerpo. Él no sabía en qué lugar remoto estaba, no parecía recordar incluso por qué se encontraba en dicho lugar, además, claro, de la necesidad de apropiarse completamente de ella. Creía reconocer aproximadamente por el olor que había estado lloviendo, aunque los olores que lo envolvían andaban parejos, fundiéndose y complementándose en lo que achispaba el apetito que resoplaba en su aliento. Por lo tanto él no se inmutó en tradiciones de reflexión. Esto era algo simple. Ni más ni menos; solo la necesidad pura de llenar esa hambre enflaquecida. Aún así la voz de la chica no cayó en saco roto, y acabó fijándose de forma curiosa en su presa que ese entonces quiso consumir como la oscuridad que acecha una apaciguante vela. 

"Hazlo antes de que venga otro" Escuchó la voz orbitar en su pensamiento; una voz que resumía la única acción que en esta vida tenía alguna rentabilidad: Comer. Sabía lo que implicaba, una eterna carrera por ser el primero en degustar la vianda sin miramientos que acojan arrepentimiento en su corazón. Y ahora, entre yerbazos y lodo, y sin consideración, sin respeto a la mujer debajo de su cuerpo que presentía conocía, sintió abrirse con fuerza su mandíbula, los dientes de espanto sobrevolando por cada pedazo el cuello de esta. Su voz nuevamente declaró en su mente ese nombre por el que parecía volver a ese molesto grado de pensamiento. No era conveniente que pensase. Seguro que habían otros animales encerrados en un granero; un exceso de ovejas en una cerca que no tendrían posibilidad de escapar. Seguro habría más carne que esta enflaquecida presa que ahorraba las sílabas de su nombre en la respiración que su pecho amontonaba. Hubiera querido disfrutar de este cuerpo y luego continuar, mas aún así no podía reaccionar, como si una común enfermedad lo detuviese antes de que llenase el puchero de su boca.  

Trató de desambarazarse de ese peso que entraba en recelo, en apetito, y en filtros de alguna hechicería emocional, mientras su corazón entonaba una salmodia que venía a diluirse en la sangre que cursaba por sus venas dándole empujones bravos a los músculos latentes en su cuerpo. Esto ya había pasado antes, creía recordarlo, creía haberlo superado, pero, ¿qué hacía ahora? Miró al cielo esperando ver la luna llena, brillante, sin embargo lo que sus ojos veían era un cielo claro; límpido que empezaba a llenarse de esa luz del albor. A su alrededor escuchó el balido de unas ovejas, murmullos varios, sonidos lejanos y estos se metieron por las rendijas de sus oídos hasta que sintiera su cuerpo retroceder, aturdido, y corrió inmediatamente buscando el origen de ese sonido; huyendo. Resbaló de pronto embarrándose de lodo, y cuando llegó al sitio donde estaban las ovejas, espió como un fantasma a los animales, blandiendo sus dientes como el arma más filosa que podía convenir, mas aún así el grupo de las ovejas se mantuvo ajeno a su intento de intimidación; y lo vieron como si quisieran lamerle los dedos.

¿Dedos?

Miró hacia abajo y vio unas manos sucias de lodo hasta debajo de las uñas. Veía todo desde sus ojos humanos. ¿Cuando se había transformado? ¿Cuando aún estaba encima de Itsuki? Miró nuevamente a las ovejas, y sintió su cuerpo retorcerse al imaginarse devorando una. Era casi como si un humano se comiera a otro humano, un lobo se comiera a otro lobo o una oveja se comiera a otra oveja. Ya él era parte de todos esos grupos, así que no podía simplemente conducirse por su instinto y dejarse llevar por el impulso. ¿Qué tanto había perdido cuando decidió unirse a esta sociedad? ¿Algo más que la escasa identidad que tenía? ¿Acaso el Trombe que los demás conocían era la identidad de esta versión humanista de su alma, y no la personalidad real que roía hambrienta desde dentro? Se desplomó en el suelo frente a sus ovejas antes de responder a alguna de esas preguntas. 

Pronto Fran, que conocía el aullido de un lobo cuando lo escuchaba, salió vestido, blandiendo un cuchillo en su mano a circular frente a la casa, dispuesto a protegerla de lo que pudiera estar atentando contra la hospitalidad de sus patrocinadoras. 
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Jue Jun 30, 2016 6:07 pm

El tiempo parecía pasar lento, cuando en realidad todo estaba yendo demasiado rápido.
Trombe no parecía reaccionar y era cuestión de par de minutos que alguien viniese o incluso salieran el comerciante y mi madre al patio, en donde yo estaba siendo el objetivo de los ojos y las fauces afiladas y abiertas alrededor de mi cuello, provocándome ver toda mi vida pasar por delante por mucho que cerrara apretando mis ojos del miedo.

Sin poder hablar ya siquiera, temblaba, hiperventilando tan fuerte como podía. Más poco a poco pude ir notando una menor presión en mis muñecas, que atribui a que ya me había cortado el paso sanguíneo. Mi cuello ya no sentía su respiración, y unos segundos después tampoco sentía su peso encima de mí. Me sentía bastante confundida hasta el punto en el que no sabía si ya había muerto o me había librado del peligro.

Pero el sonido de los campesinos y las ovejas al fondo hicieron que volviera a abrir los ojos lentamente. Justo a tiempo de ver como Trombe, a medio transformar de vuelta, se zafaba corriendo hacia otro lado, torpemente. Por fin logré parpadear dos veces antes de abrir completamente los ojos de nuevo, girándome aún tirada en el barro a mirar en la dirección en la que había huído. Allá quedaba el cerco de sus propias ovejas. Me apresuré a levantarme para correr hacia allí, pero antes de poder hacerlo, mi madre había salido detrás de Fran, que portaba un cuchillo de nuestra cocina, supuse que buscando el origen del aullido. ¿No sabía que había sido de su propio compañero?... Antes de poder llenarme la cabeza de más preguntas, vinieron hacia mí, mi madre abrazándome.

- ¡¡¡Itsuki!!! Querida, ¿qué te ha pasado? -preguntó histérica al verme toda sucia y llena de la tierra mojada- ¿Estás bien? ¿Qué ha sido del otro joven?

Pero ni tiempo me daría tampoco de contestar siquiera algo, pues se habían acercado tres vecinos con sus cuchillas también, y el viejo del pueblo.

- ¿¿Hey, habéis escuchado un lobo?? Provenía de esta dirección, ¿estáis todos bien?

- Yo… estoy bien. -musité, por fin- Sí, escuché el aullido. Respecto a Trombe… -hice una ligera pausa- fue a proteger a sus ovejas. Y yo me asusté tanto que resbalé contra el suelo. -No quería mentir, no era la política de los de Sacae, pero era necesario.

- Pobre hija mía, si aún estás temblando… -dijo mi madre acariciándome el cabello para quitarme un poco la suciedad.

-No es la primera vez que algún lobo llega a entrar al pueblo, aunque sí que es raro que lo hagan a plena mañana, tendremos que reformar la apalizada. -comentó uno de los hombres.

- Cierto, pero por ahora apresuremonos en encontrarlo. ¿Ovejas, dices? Tal vez ese pastor necesite ayuda. -pegué un respingo al ver que se dirigían hacia mi cercado.

- Eh… ¡Esperad! -grité, tartamudeando sin saber con qué más mentir. Quise detenerlos, ya que a pesar de todo, Trombe no me había hecho ningún daño.

Pero, una vez más, no daría tiempo a nada, y por suerte tampoco a que los hombres fueran a donde las ovejas. Pues, de pronto, se escuchó un fuerte golpe más allá, que nos alertó a mirar en dirección al portón principal del pueblo, que ya habrían abierto. Esta vez sí que no podría ser Trombe, pues no le había visto salir del cercado. Seguidamente, escuchamos un par de gritos y una persona a lo lejos gritó:

- ¡¡BANDIDOS EN EL PUEBLO!!

No sabía si alegrarme o preocuparme aún más.

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Que de por empezado el cambio de Tema social a Tema entrenamiento, más que sea para Trombe, supongo XD
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Dom Jul 03, 2016 8:39 pm

El ruido del corazón, ese ruido que suena con enfado, hasta el punto de enervar el rostro agotado, lo descubre de un estupor bruscamente espantado, para así reintegrarlo al rigor de la historia que había abandonado. La primera señal era su rostro aplastado contra un barro frío y mojado. Pulsa y repulsa la impostura de su cuerpo doblegado; y examinándolo más de cerca, su cuerpo encajaba como otro cadáver en la tierra, ajeno a la urgencia del llamado que se amoldaba imprevisto contra el pliegue de sus orejas, cuya maldición era recopilar de forma nebulosa todos los sonidos como esencia inseparable y constante de la vida que tenía que vivirse. Despertando de un sueño improvisado, sintiendo su visión granulosa y su cuerpo aletargado. Thump. Thump. Llegó el sonido de su corazón como unos pies que se hacían más presentes con cada paso. Escuchó la conmoción mientras se ponía de pie trastabillando, tratando de recobrar los recuerdos vagos y confusos que lo habían llevado a ese deprimente estado. No tardó en deshilvanar el hilo del tiempo, y cayendo con ambas manos apoyadas en el suelo, sólo pudo respirar un agotamiento gótico que su corazón trataba de acompasar.

Elevó la mirada y las luces apagaron la oscuridad. Tembloroso hundió sus ojos en la tierra, y esperó hasta que las pupilas se ajustaran a la luz. Le tomó unos momentos para concentrarse, pero desde que lo hizo, entendió el sentimiento primitivo que lo consternaba. El balido de sus ovejas entra liviano, multiplicándose en el gaznate de cada una, constriñendo su paso a ponerse de pie y recobrar la posesión de su cuerpo. Exclamaciones cruzan fugaces por el aire, y mientras Trombe trata de distinguir a los propietarios de las voces, entiende lo que cada una de las palabras insinuaba. No estaba del todo seguro, pero lo más probable era que en aquél trance que había cuajado su entendimiento, había alertado a la gente de las casas circundantes, y estos ya se habían apremiado a buscarle. No fue sino hasta que la voz precaria de Itsuki surgió nuevamente, esta vez para tratar de detener el avance de sus congéneres, que sintió el nudo en su estómago deformarse. 

Cuan contradicción para su mezquina sospecha, la misma estaba tratando de protegerlo de los demás, que no llegarían a darle tiempo a explicar ese revés animal que se había de sus sentidos apropiado. Sintió alivio y asimismo necesidad de medir en términos humanos la ofensa que había cometido, no solo para ella, sino para sus propias creencias. Estuvo a punto de salir a mostrarse de forma imprevista frente a todos, cuando de repente escuchó otro llamado que estaba desprovisto del nombre del lobo o de su profesión, y en más parecía aludir a la presencia infausta de otro grupo que planeaba atentar contra la integridad del pequeño pueblo. Bandidos. 

Las pupilas del lobo brillaron intensamente; cada fulgor animado por el depredador que escaneba el entorno con todos sus sentidos. Trombe calmó su respiración y escuchó las voces con atención, para después subirse la capucha y salir al encuentro de las miradas extrañadas de los presentes, entre ellos la de Fran, evitando concienzudamente la de Itsuki. Tan pronto como lo hizo, los gritos comenzaron a oírse, y la atención de todos se volvió hacia el punto de contacto con los criminales sin sueldo. Trombe aprovechó para correr inmediatamente a la casa, por lo que algunos pensaron que planeaba ocultarse, y ese pensamiento se deshizo cuando el mismo salió agarrado de su bastón, haciendo repiquetear las minúsculas campanas mientras avanzaba, esta vez hasta directo hasta el peligro. 

Allí, en el portal rudimentario de un hogar, el primer asaltante trataba de forzar la puerta de una casa para abrirla. Trombe contuvo el aliento, y luego, fortalecido por el elemento sorpresa, golpeó la parte trasera de su cabeza con el tacón del bastón, y luego, cuando aturdido el hombre se giró hacia él, le dio de lleno en el rostro con el palo, haciendo trinar las campanas al momento en que este caía al suelo. No tuvo tiempo de confirmar si había sido suficiente para encargarse de él, ya que otro de los hombres surgió de manera imprevista, su rostro cubierto por una capucha negra como Trombe, moviendo a su vez una espada que Trombe se vio obligado a bloquear con el bastón que tardó unos segundos antes de romperse. —O dios, perdona mis pecados— Murmuró el hombre mientras la espada continuaba su descenso hasta la tierra, donde Trombe la había esquivado. 

El castaño dio pasos hacia atrás, y luego se agachó a tomar un puño de tierra, tirándola a los ojos del hombre, que aturdido no pudo ver al pastor avanzar hasta golpearle la cara. Antes de poder siquiera tomar un respiro, alguien, al parecer el primero a quien había tratado de noquear, corrió un material férreo por su costado que rápidamente inflamó de dolor sus movimientos. El lupino lanzó frenéticamente su cabeza hacia atrás, golpeando la nariz del sujeto, y así mismo posicionándose para pegarle un codazo en la cara al punto en que este trataba de aferrarse de su capucha, que instintivamente jaló al caerse hacia atrás. Trombe terminó pateándolo hasta que el mismo se desplomó encima de una cerca de madera y observó aterrado a Trombe. —Un demonio!— Sin embargo, al chico no pudo importarle menos, ya que otros tres hombres, entre ellos el segundo que había golpeado, se colocaron a unos cuantos metros blandiendo sus armas, observándolo con cautela. Trombe se agachó a recoger el cuchillo con el que lo habían herido, y sintió el punzante escozor de la herida. Sin duda sería más fácil transformarse en un lobo y deponer de ellos en una ráfaga de zarpas y mordidas, pero si lo hacía sin duda reviviría el momento en que había perdido el control, y no quería que Itsuki volviera a verlo con esos ojos. 
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Miér Jul 06, 2016 7:34 pm

Desde que habían dado el aviso, los tres hombres armados agarraron sus cuchillos.

- Tsk. Seguro que el aullido ha formado parte de su plan. -comentó uno de ellos.

- Sí, es normal que utilicen algo así para distraernos. ¿Pero qué demonios querrán de nosotros?

En eso, por fin había vuelto Trombe, quien parecía estar mejor, ya en su forma humana debajo de la capucha. También estaba algo manchado de barro, pero pasaba desapercibido por suerte. Los hombres lo miraron y se giraron, entendiendo que las ovejas estaban bien y que no había "ningún lobo". Llevé inconscientemente mi mano al pecho y exhalé un suspiro de alivio, inaudible para el resto. Sin embargo, no parecía querer mirarme a la cara de vuelta. Yo seguía confundida desde antes, ¿es que le habría ofendido en algo? Pero no era momento de estar pensando en ello, pues pronto hubieron más gritos. Los tres hombres partieron corriendo en dirección a los gritos. Y Trombe volvió a entrar en mi casa. Era normal que tuviese miedo, de hecho el viejo del pueblo nos había recomendado hacer lo mismo, mientras él lo hacía también. Pero tan pronto como dimos un paso hacia la puerta, de ella volvió a salir el joven pastor, acompañado de su bastón, yendo en dirección hacia donde habían ido los otros hombres. ¿Saldría a pelear él también?

- Pero es cierto lo que dijo nuestro vecino... ¿qué querrían esos bandidos de un pueblo pobre como el nuestro? Lo de más valor son los animales como los caballos o las vacas, pero eso imagino que es complicado de robar y cargar... -comentó mi madre, preocupada, una vez nos habíamos encerrado en nuestra casa.

Ahí estábamos ella, Fran y yo. Yo procedí a bloquear las puertas y tapar las ventanas. No quería por supuesto que se llevaran algún recuerdo de mi padre, pero mucho menos que atacaran a mi madre. Yo siempre estaba preparada para ponerme delante de ella, fuera lo que fuera.

El tiempo parecía ir lento, estábamos los tres tensos y yo no dejaba de mirar por una rendija de las maderas de la ventana en caso de que se acercara algún bandido. Preocupada por mis vecinos, y preocupada por Trombe. Entre lo de antes y esto ahora, no parecíamos empezar con una mañana muy buena precisamente...

Y hasta que no volvieran a soplar los silbidos de que todo habría vuelto a la normalidad, no estaríamos seguros.
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Vie Jul 15, 2016 4:03 pm

Como habría podido deducir de la mirada, Fran entendió el mensaje vago y aéreo que Trombe le dirigía. Se trataba de algo simple, una íntima preocupación humedecida por la prisa de la llamada de atención. —Protégelas— Fue el mensaje que Fran decodificó de esa mirada que estaba al alcance de su mano, como si pudiera palparla, y luego desapareció cuando el joven corrió lanzándose directamente hacia el conflicto. La idea de Trombe como un protector no era novedad alguna, ya que cuando la caravana del mercader se veía atentada por criminales o lobos, el pastor siempre era el único capaz de surgir para encargarse del problema. Ahora que lo pensaba, la idea de un pastor de ovejas protegiéndolo no era del todo lógica, pero Fran, contrario a todas las estimaciones, era alguien que sabía que Trombe no era un simple pastor. Quizás la idea de que fingiera ignorar el hecho de que Trombe escondía algo con la capa y la capucha era lo único que podía hacer para ayudar a Trombe con el objetivo que el mismo parecía tener en la vida. Por eso cuando Itsuki se acercó a ver por la hendidura de las tablas, Fran colocó su mano en su hombro para tranquilizarla. —No te preocupes, si he llegado sano y salvo hasta aquí, se lo debo a ese muchacho. He comprobado que 10 de 10 ovejas se sienten a gustas en su cuidado, siendo yo la primera— Explicó con una pequeña carcajada que enmascaraba la ligera preocupación que sentía. Bueno, al menos Fran tenía suficientes razones para creer en el chico. ¿Acaso Itsuki y su madre creerían también? 

La sangre bajó temblorosa por el costado de Trombe, manchando la tela que envolvía su cintura. Apretaba el cuchillo en su mano derecha, situada frente a él de forma que los criminales se mantuvieran a la distancia del filo. Sabía que esos 3 no eran todos los que habían venido a saquear el pequeño pueblo, pero asímismo comprendía que ellos no esperaban encontrarse con alguien que supiera pelear allí. Trombe pensó en Fran, y en cómo tenía que terminar con esto para proteger a Itsuki y su madre. Esta vez, apretó con más fuerza el cuchillo mostrando la disposición que lo impelía a luchar. Rápidamente se lanzó cuan bala humana hacia delante.

El canturreo del roce de los filos se sucedió de pronto, y Trombe apenas supo cómo patear a uno de ellos y cubrirse del metal del otro. La reconciliación de los metales mantuvieron su diestra entretenida en la maniobra, mientras con su siniestra golpeaba al sujeto de forma implacable. El mismo cayó hacia atrás, y después otro de ellos ventiló desquiciadamente su cuchillo, haciendo cortes en los hombres y en la mejilla de Trombe, aunque nada que pudiera considerase como razón temporal que pudiera provocarlo a sucumbir. Rompió con la ráfaga hundiendo el cuchillo en el hombro del sujeto para así retorcerlo en su carne de forma violenta. El sujeto dejó escapar un alarido de dolor antes de que Trombe le hundiera la nariz con otro rudo puñetazo. El sujeto trastabilló y escapó, tropezándose sobre sus piernas mientras que Trombe buscaba la procedencia del tercero. En ese instante el lupino caldéo su mirada recordando que habían otros de los que tendría que encargarse.

Algunos de los hombres del pueblo vieron a Trombe sin escatimar sorpresa en sus evidentes orejas, pero el joven se mantuvo indiferente a sus miradas, buscando las raíces de conflicto que tendría que erradicar. Comprobó la sangre que había perdido, y juzgó que aún podía seguir. Ingresó rápidamente en una calle donde uno de los bandidos había tomado al anciano del pueblo como rehén, y se escondió detrás de una empalizada. Observó con atención sus movimientos, y luego, como si fuera conminado por algo invisible, soltó un poderoso aullido que efectivamente alteró la atención del truhán. Trombe aprovechó el quiebre de su atención y surgió con toda la velocidad que podía convenir para inscribir el filo de su cuchillo a través de los dedos del mismo. Tres dedos se cayeron de sus manos como frutas podridas, y aturdido por el dolor, el sujeto soltó al anciano y se tambaleó hacia atrás. Trombe, aún sosteniendo el cuchillo, dio unos pasos hacia delante, mirando al sujeto con toda la bestialidad que pudo traslucir, y él mismo, junto a los remanentes criminales, salieron en desbandada hasta perderse en la lejanía. Trombe miró a su alrededor, viendo cómo los demás lo observaban atónitos, y simplemente escuchó cómo el anciano, mirándolo con algo que no era miedo, sino comprensión, silbaba, provocando que las otras personas hicieran lo mismo.
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Re: Emisarios del destino(Priv. Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Mar Jul 26, 2016 7:55 pm

El comentario de Fran y su risa habían conseguido que me calmara, aunque fuese, un poco más. Asentí con la cabeza dándole las gracias mientras seguí mirando por la rendija.

~~~

- Por favor... no sé qué es lo que quieren... pero llévenselo por favor. -titubeó el anciano en manos del bandido. -Llévense lo que quieran pero por favor no hagáis daño a mi pueblo... -exclamó al borde de las lágrimas, el pobre hombre. El bandido, sin hacer caso, apretó más su cuchillo contra el cuello del viejo. Hasta que escuchó un aullido el cual también oyeron otras personas del pueblo.

El bandido se distrajo nervioso mirándo a todos lados intentando saber de dónde había provenido ese sonido tan cerca. Pero su distracción fue letal.

El viejo hombre, por fin libre después del empujón del bandido que había perdido sus dedos, observó a su salvador. Era el pastor que había llegado ayer al pueblo. Observó también sus orejas de lobo, delatándole como lo que conocía por un Laguz. Se apartó cuando lo vió remontar contra el bandido, el cual huyó despavorido junto a sus otros hombres.

Comprendió entonces la causa de ese aullido y el de antes. El anciano se juntó con otras personas del pueblo que enseguida llegaron, admirando cómo el joven pastor Laguz había acabado con aquellos bandidos y haciendo que huyeran, todo él solito. Una vez su pueblo a salvo, el anciano comenzó a dar el silbido de aviso. Pronto los demás, entre algunos aplaudiendo la valentía de Trombe y silbando también para que llegara a todas las casas, otros corriendo a comprobar si sus familias estaban sanos y salvos.

~~~

Tan pronto como oí esos silbidos tranquilizadores, volví a abrir las ventanas y las puertas, y salí corriendo hacia donde provenían.
Era cierto, en las calles ya no había rastro de ningún bandido, apesar de la conmoción de algunos. Me asomé a las viviendas que quedaban de camino para asegurarme de que mis vecinos estaban bien.

Llegué al centro donde se encontraba el anciano del pueblo, junto a Trombe, el cual casi me provoca un infarto al verlo. ¡Sus orejas estaban a la vista! sudé mucho pues tenía miedo de si le harían algo, aunque pude comprobar que, al contrario, le estaban halagando por su hazaña. Pero lo que más me impactó fue ver sus heridas. Corrí hacia él.

- ¡Trombe! -exclamé, sacando una pequeña botella de poción de mi bolsillo. Era un simple ungüento que llevaba siempre en caso de que me arañara o me hiciera daño con la tierra, pero esperaba que lograra hacer algo en el corte de su rostro.

- Será mejor que te curemos también la herida de la espalda... ¡Se ve bieeen horrible! ¿estás bien? -le pregunté al lupino. Por desgracia, yo no tenía mucha idea de estos temas, así que no le podía curar. Sólo sabía de hierbas, pero no cómo aplicarlas.

Pronto llegaron dos hombres con vendas para llevarse a Trombe adentro de una de las casas para curarle mejor. Yo le acompañé, junto con Fran que también había venido detrás de mí.

OFF:
Gasto -1 uso del Vulnerary en Trombe ;D
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