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Al abrigo de la noche [Campaña] [Privado] [Argus, Caiz Ros]

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Al abrigo de la noche [Campaña] [Privado] [Argus, Caiz Ros]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 17, 2016 1:56 pm

....Su participación en los intentos de liberación por parte del príncipe Marth se había ido prolongando, e incluso en una que otra ocasión se había unido a alguna batalla sin siquiera avisarle a algún superior, importándole poco o nada si a causa de eso no obtenía alguna remuneración adicional. Poco a poco había dejado de blandir su espada por motivos económicos y había comenzado a hacerlo única y exclusivamente por la satisfacción de estar colaborando con una nación que se encontraba tan próxima a lo que era su imagen de reino ideal. Pudo ver la tranquilidad e incluso la alegría en los rostros de las personas que se paseaban por la capital de Altea, y sospechaba que si nadie hacía nada, esa vida tan serena e idílica sería totalmente destruída a causa de los emergidos. Eso era algo que necesitaba evitar.

....Por lo que alcanzó a escuchar en una de las islas se alcanzó a ver, desde los barcos, a varias tropas de emergidos agrupándose y preparándose para una posible invasión. Tenían navíos suficientes como para transportar a docenas y docenas de soldados, y varios temían que justamente el objetivo del nuevo ataque fuera la capital. Fue por eso que se reunió a un grupo bastante grueso, compuesto tanto de soldados como de mercenarios, para que zarpasen hacia la isla en cuestión y realizasen un ataque por sorpresa, buscando no solo mermar las fuerzas enemigas sino también reducir a cenizas sus barcos para evitar cualquier posible traslado, fuese a donde fuese. Y él, para su fortuna, logró escabullirse entre todos los participantes para poder unirse a la lucha.

....La isla no se encontraba demasiado lejana, y por esa razón el viaje tomó apenas medio día o un poco más. Durante ese tiempo pudo comprobar que, por algún motivo, ya le resultaba imposible mantener un perfil bajo. Sí, era cierto que dada su estatura era fácil reconocerlo o verlo a la distancia, pero lo que él había estado notando iba más allá de un simple reconocimiento físico. Algunas personas murmuraban al verle o le señalaban, y aunque él no alcanzaba a escuchar apropiadamente qué era lo que decían sí que llegó a captar unas palabras que parecían ser un factor común entre lo que todos decían: le denominaban "gran león rojo" o "león carmesí"; aparentemente alguien había estado difundiendo algunos rumores acerca de él, o exacerbando un poco su reputación, si bien esto era algo de lo cual el mercenario era absolutamente ignorante.

....Los barcos de Altea atracaron en la costa, lo suficientemente cerca del muelle en donde la movilización enemiga ocurría como para que los guerreros del príncipe no tuviesen que recorrer demasiado. La noche ya había caído y las penumbras se encargaban de ocultar apropiadamente la llegada de los soldados y los mercenarios, quienes contaban con el factor sorpresa para realizar el primer ataque. Y, aprovechándose de esa situación, fueron acercándose poco a poco, en silencio y con lentitud, hasta el punto designado, alcanzando a observar cómo, en efecto, había una buena cantidad de enemigos, si bien varios de ellos se encontraban dentro de las edificaciones, bien fuese descansando o haciendo algo más.

....Súbitamente, como el trueno que resuena anunciando la llegada de la tormenta, los gritos enérgicos, y en algunos casos furibundos, de los hombres de Altea hicieron eco en el silencio de la noche mientras estos se abalanzaban violentamente contra los emergidos que hacían guardia, y contra cualquier otro que hubiese estado desprevenido. No pasó demasiado tiempo para que múltiples enemigos cayesen al suelo, abatidos a causa de estar desprevenidos. Sin embargo el bullicio, los gritos, y el sonido del acero al chocar contra su semejante llamó la atención de los demás enemigos, y en poco tiempo las calles del puerto fueron llenándose cada vez más de combatientes. La lucha estaba comenzando.
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Re: Al abrigo de la noche [Campaña] [Privado] [Argus, Caiz Ros]

Mensaje por Invitado el Dom Abr 03, 2016 4:32 pm

Reúnanse, soldados, hijos de Altea —la voz normalmente seria y calmada de Caiz Ros resonó implacable en medio de la noche, a la vez que el bamboleo del navío y las brisas serenas acompañaban a cada uno de los miembros del destacamento que, ahora mismo, hacían sus últimas plegarias de guerra— Todos están hoy aquí porque tienen algo que proteger. Un hogar, una esposa, una familia, una reputación, incluso una estabilidad económica. Ninguna de esas razones se sobrepone a otras esta noche. Cada una de las cosas que quieren proteger tiene el valor suficiente como para hacerlos apostar sus vidas, y eso es lo único que deben recordar cuando enfrenten al enemigo. ¡Sus vidas son la apuesta! ¡Sus vidas y las de miles de ciudadanos que mañana dormirán tranquilos sabiendo que los valientes que hoy están ante mi cumplieron con su deber! —la intensidad del discurso de Ros acrecentaba, así como los ánimos y los murmullos de aprobación entre las tropas. Hombres, adolescentes, incluso mujeres guerreras se levantaban, dejaban atrás las náuseas y se insuflaban de ahínco— ¡Y su deber es proteger lo que aman y la paz de Altea! ¡Y únicamente lo lograremos aplastando a los emergidos y devolviéndolos al agujero del que salieron! —varios vítores opacaron la voz de Caiz por unos instantes; el estratega desenvainó su espada y la alzó apuntando a los cielos negros— ¡¡A la batalla!!

A medida que se acercaban a la costa, el clamor de las tropas se apagó. Se entregaron a la oscuridad y a la luna, pues el ataque sorpresa era vital para una victoria limpia y rápida. Aquella era la primera batalla que Caiz lideraría desde su afiliación oficial al servicio del príncipe Marth como estratega del movimiento de liberación de Altea y Lycia. A pesar de haber salido de la nada y habiéndosele confiado semejante cargo, el último Ros había sabido usar sus recursos (su apellido y su prosaico don del liderato y el carisma) para que el ejército real confiara en él. No podía negar que hubieran veteranos con más experiencia que el joven heredero de 25 años, inconformes con su nombramiento, pero a Caiz no le importaba. Solo le importaba la guerra que debía librarse.

Por suerte, Caiz disponía de cincuenta buenos guerreros y el factor sorpresa, pero le habría gustado reunir algunos más. El enemigo, si los informantes no se equivocaban, aún era casi dos veces más numeroso. Sin embargo, la misión no tenía como prioridad eliminarlos a todos. Con prender fuego a sus barcos bastaría si la situación se complicase; por esa razón Caiz había dispuesto de tres ladrones contratados para que, en medio del fragor de la batalla, escoltasen a dos magos bien estudiados en la magia elemental pírica para acercarse a la flota emergida. Con eso debería bastar para asegurar el primer objetivo de la operación. Ya había un camino trazado y los puntos donde Caiz había planeado concentrar el combate no interferirían en ello. Si todo marchaba a la perfección, sería una misión perfecta. Ros confiaba en ello; su estrategia lo era.

Y aún así...

El peliblanco de parche no quería darle demasiada importancia, pero un pequeño cabo suelto le inquietaba constantemente. Un espía oyó un rumor en la isla, consistiendo este en que el enemigo había solicitado refuerzos hacía dos días previendo precisamente un ataque anticipado de la ciudad capital para mermar la flota. Si resultaba ser cierto, Caiz y los suyos podrían verse en problemas si esos refuerzos se unían a la refriega. Con todo, el estratega tenía un as bajo la manga al que esperaba no tener que recurrir, si la situación se ponía difícil.

Con total sigilo, las fuerzas de Altea atracaron en la costa, desembarcando a través de cuerdas atadas a cubierta. Poco a poco, se desplegaron moviéndose en escuadrones designados por Caiz. Habían dos escuadrones de arqueros que flanquearían la ofensiva, y el grueso del destacamento eran los mercenarios a pie. Para tal batalla no necesitaban una pesada caballería ni disponer de los mejores hombres del príncipe Marth, que estaban resguardando la ciudad capital; solo espadas decentes que se movieran con destreza y velocidad. Diez mirmidones componían el núcleo del ataque, siendo la fuerza arrolladora de la vanguardia, y tres generales acorazados rodeaban al grupo, con pesadas lanzas y escudos confiables.

Entre todos ellos, Caiz Ros llegó a ver a un individuo distintivo por su apariencia y tamaño. Un individuo que no recordaba haber visto hasta ese instante, algo inaceptable para él pues significaba un detalle que no iba acorde a su planeamiento. Sin embargo, mientras lo veía desde la cubierta del navío, creyó saber de quien se trataba. Sí, las historias y decires sobre el "león carmesí" habían llegado a sus oídos. Sabiendo de sus contribuciones a la causa de Altea, Caiz no ponía en duda que estuviera capacitado para esta misión, pero no le hacía ninguna gracia que se hubiera colado entre sus hombres en vez de haber solicitado formalmente unirse a la empresa. Caiz podría haber adaptado algunos detalles de su estrategia sabiendo que contaba con el león.

Cuando bajó del navío, entre los últimos que cerraban la retaguardia, el guerrero táctico empezó a moverse vigilando lo que sucedía a su alrededor mientras sujetaba expectante la empuñadura de su espada, cuya funda pendía horizontal a la altura de su espalda baja. Como sombras, los guerreros de Altea cruzaban la arena densa de la playa, enrumbados hacia los primeros centinelas que serían pronto los primeros abatidos. Sin embargo, apenas entraran en combate, el puerto despertaría y emergidos empezarían a salir de los edificios como cucarachas.

Levian, Hasseldor, Cardin, lleven a su grupo cerca de los edificios. Busquen posiciones de disparo dentro de ellos una vez los emergidos salgan —iba indicando Caiz— Rofnin, rodea el puerto y vigila los caminos que salen de este. Si ves que se acercan refuerzos, vuelve inmediatamente e infórmame de ello. Los demás, ¡es hora! —ordenó al final, empezando a caminar con más velocidad y alzando una mano como indicativo de que empezaran a aproximarse.

Las tropas pasaron de caminar a trotar. Pronto, a correr. Cuando los pocos emergidos apostados en el lugar como vigías se dieron cuenta de lo que ocurría, ya era tarde para ellos. Les llovieron flechas y mercenarios furibundos, que más rápido que tarde ya se encontraban bramando y haciendo eco en el puerto de que las fuerzas de Altea habían llegado. El hierro y el acero pronto fueron los sonidos estelares de la noche, en conjunto con el griterío de los combatientes. No tardó demasiado hasta que, como Caiz había previsto, los primeros emergidos salieron de una de las casas del puerto, solo para ser rápidamente abatidos por los arqueros que corrían junto a esta. El primer escuadrón de arqueros se apoderó satisfactoriamente del edificio y de un lugar privilegiado para cubrir a sus compañeros que peleaban en la calle.

La batalla había iniciado por completo. La primera caballería emergida azotó calle abajo, obligando a los guerreros de Altea replegarse hasta que varios jinetes fueron derribados por los arqueros. Así, varios de ellos continuaron con el combate a dos pies. La retaguardia no había visto acción hasta el momento, pero eso no duraría demasiado. Algunos emergidos rodearon a la vanguardia y uno de ellos dirigió su espada contra Caiz, quien desenvainó con velocidad rasgando el viento con la hoja de su espada, desviando el tajo directo que pretendía sesgar su vida. A continuación dio un giro evasivo para alejarse unos pasos de su oponente, pero nunca se sabría quién habría ganado, pues una jabalina certera de pronto sobresalió del pecho del emergido, quien cayó de inmediato al suelo soltando su arma.

Tras unos minutos de batalla, Caiz se topó espalda con espalda con el mismísimo león rojo que antes había atisbado. Sostenía su espada con ambas manos, en posición defensiva, mientras cinco emergidos lo encaraban a la vez que varios más se ponían del lado del pelirrojo. Comparado a él, Caiz se veía como un alfeñique insignificante.

Lo conozco. Es usted el gran león del que tanto he escuchado —dijo Caiz en voz lo suficientemente alta como para el otro lo oyera— Me pregunto cómo habrá llegado aquí sin mi consentimiento, pero no creo que sea momento de responder esa pregunta. Creo que veré de primera mano si lo que se comenta sobre su persona es cierto —añadió Caiz, justo antes de que los enemigos se arrojaran al ataque súbitamente.
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Re: Al abrigo de la noche [Campaña] [Privado] [Argus, Caiz Ros]

Mensaje por Invitado el Miér Abr 06, 2016 10:11 pm

....La coordinación del ejército de Altea se mostraba impecable, tanto por parte de los soldados procedentes del reino como por parte de los mercenarios contratados por el príncipe. Tal desempeño no solo mostraba que los más aptos fueron elegidos para esa misión en particular, de vital importancia para preservar la seguridad de la capital, sino que también dejaba clara la habilidad que tenía aquel que se encontraba detrás de todo, orquestando cada maniobra con increíble meticulosidad. Él era el único, valía la pena decir, que no parecía en sincronía con los demás por haberse unido a la misión sin avisar, conociendo vagamente los planes que se iban a ejecutar mediante lo poco que había hablado con los demás durante el trayecto.

....Eso no era demasiado contratiempo, por lo menos. Quizá sí para el estratega que de forma tan admirable ideó todo, pero, en su opinión, no para lo que sería el resultado final de la campaña. Incluso sin conocer a fondo el plan confiaba lo suficiente en su propia habilidad como para saber que sus propias acciones no ocasionarían problemas para sus compañeros.

....No formó parte de la primera oleada que se abalanzó para aprovechar el factor sorpresa, en particular porque su cuerpo no era precisamente el más apropiado para el sigilo y el ocultamiento. En cambio, permaneció al frente de la retaguardia, a la espera de que los enemigos, ya advertidos de lo que había caído sobre ellos, se lanzaran con todas sus fuerzas para contraatacar. Su mirada, al instante, se posó en los numerosos jinetes que habían logrado cruzar tanto las lanzas como las flechas, arrojándose a los representantes de Altea con sus armas en alto.

....Un grito, potente y feroz como el de una bestia, surgió de su garganta cuando avanzó de manera temeraria hacia uno de ellos; casi podía denominarse aquello como su grito de guerra por excelencia. Corrió de frente hacia el caballo, casi dando la idea de que pretendía embestirlo con su enorme fisonomía, pero cuando la distancia entre su enemigo y él fue poca dio un paso hacia un costado, quedando justo en el flanco izquierdo del equino cuando éste pasó junto a él. La espada de plata se arrojó contra torso de la criatura y la atravesó con la velocidad de un aguijón; el impulso que traía el caballo durante su carrera no solo ensanchó la herida gracias al movimiento, sino que también arrastró unos cuantos pasos al mercenario hasta hacerlo caer al piso.

....Su cuerpo se desplomó casi al mismo tiempo en que lo hizo el del caballo, quien malherido relinchó ruidosamente. El jinete comenzó a luchar para quitarse de encima a su montura, y al ver cómo el pelirrojo empezaba a acercársele optó por sostener su espada, la cual había caído al piso, y apuntarla en dirección al mercenario. Pero por muy a la defensiva que estuviera estaba en una posición sumamente desventajosa. Nada más hizo falta un brutal mandoble de la espada propia para desviar, y hasta hacer volar una corta distancia, la del contrario, y seguidamente una estocada directa al pecho para dar fin a los latidos del corazón enemigo.

....Al alzar la mirada contempló cómo unos cuantos emergidos más, al ver la escena, se apresuraron en acercarse al guerrero para rodearlo. Éste, apresuradamente, comenzó a retroceder con su espada al frente. Un paso, dos pasos, tres pasos. Al cuarto sintió cómo su espalda chocaba con la de alguien, y en un acto reflejo volteó la cabeza para ver de quien se trataba. No era un enemigo, y de hecho lo reconocía bastante bien del viaje, se trataba del estratega.


....- No me creerás si te digo que me perdí de camino a la cocina, ¿verdad? - Bromeó mientras sus labios esbozaban una pequeña sonrisa, justamente antes de regresar su mirada al frente y recobrar la fría máscara que utilizaba al momento de combatir, aquella que le permitía insensibilizarse frente a la adversidad y la crueldad de la lucha. - Solo tuve el deseo de facilitarle mi espada a Altea, sin necesidad de cobrar por ello. Digamos que esta vez no lo hago por trabajo sino por vocación.

....Fue la única excusa que pronunció, y la única que tendría tiempo a decir pues en un santiamén los enemigos se habían abalanzado hacia ellos. Por su parte los emergidos dejaron de lado cualquier noción de honor, descartando la idea de un combate individual contra el coloso y haciéndole frente simultáneamente tres espadachines. En respuesta a eso el mercenario se lanzó a correr frenéticamente hacia el enemigo que tenía justamente delante de sí, obligando a los otros dos a cambiar su trayectoria, y cuando el primero tuvo al alcance de su espada al pelirrojo dirigió una estocada contra su pecho, el objetivo más voluminoso que podía tener.

....El hombre agachó por completo su cuerpo y se arrojó hacia el frente, no solo pasando por debajo de la espada sino también embistiendo al contrario a la altura de sus muslos hasta obligarlo a caer al piso por semejante impacto. Y, sin siquiera esperar a que su enemigo se recuperara, se levantó y pateó la espada ajena lejos, lo suficientemente como para que cuando el otro se levantara estuviese desarmado. Se tomó unos segundos, además, para dar un fuerte pisotón en el rostro del caído de tal forma que le pudiese aturdir.

....Pero todavía quedaban dos más, y uno, de hecho, estaba a una peligrosa distancia de él. Cuando logró verle de soslayo apenas tuvo el tiempo de girarse y alzar su diestra, bloqueando el peligroso corte con el brazal metálico en su antebrazo. Una fuerte patada en el estómago fue suficiente para alejar al atacante de él, y así ganar el espacio y el tiempo como para empuñar su espada al frente y bloquear con ésta el corte del segundo contendiente, quien ya había llegado hacia él. -
¡Carajo! Estos parecen más preparados que los que combatí con anterioridad. Más hábiles, más capacitados. - Comentó en voz alta, principalmente para advertir al estratega en caso de que éste llegase a escucharle, para que así pudiera saber a lo que se enfrentaba.
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Re: Al abrigo de la noche [Campaña] [Privado] [Argus, Caiz Ros]

Mensaje por Invitado el Sáb Abr 23, 2016 2:37 pm

La batalla se encontraba en desarrollo. Caiz había dado por provechoso el inicio de la misma; le alegraba que las cosas salieran como las había planeado, era este un placer íntimo para él. Sin embargo pocas cosas le angustiaban y sacaban de su zona de confort como lo imprevisto. El gran león era un imprevisto. Por suerte, no uno que le afectase directamente en contra, mas el obsesivo carácter controlador del estratega hacía que le fastidiara. No es que hubiera mucho tiempo para preocuparse por ello, con varios emergidos lanzándose armas en alto para sesgar sus vidas en ese preciso instante.

El último Ros podía ser un planeador brillante, pero no era el combatiente físico más habilidoso. Si se enfrentaba contra los cinco enemigos que encaraba al mismo tiempo, Altea y Lycia se quedarían rápidamente sin jefe táctico. Por esa razón, en contraparte al león carmesí quien se arrojó como un toro desenfrenado contra sus rivales, Caiz empezó a retroceder. Echó un rápido vistazo para ubicar a sus aliados más cercanos, y se aproximó a ellos lo suficiente para asegurarse de que recibía apoyo antes de que fuera tarde. Sereno, chocó espadas con el primer emergido que llegó ante él, y lo mantuvo a raya hasta que una unidad de soldados pasó como un vendaval llevándose de por medio la mitad de los emergidos que iban en su contra.

Encontrando un momento de debilidad en la cobertura del emergido con el que peleaba, Caiz realizó un corte transversal que acabó con él de inmediato. Miró alrededor: el león se las llevaba bien por su cuenta, pero parecía tener más problemas de los que aparentaba. Advirtió sobre la capacidad de sus rivales.

Así como aprendemos de ellos, ellos de nosotros —respondió Caiz mientras se acercaba a su aliado de gran tamaño, empuñando nuevamente su espada— No desfallezcas —tras añadir esto último, uno de los dos emergidos se lanzó a por él mientras el restante hacía lo propio con el mercenario pelirrojo.

Caiz bloqueó el primer ataque por la derecha. La espada del emergido en cuestión rebotó con fuerza, pero el trallazo había mermado la defensa del estratega, quien rechinó los dientes mientras retrocedía. Su oponente era más fuerte, pero menos rápido. Estrategia a seguir: evadirlo, cansarlo, y acabarlo de un solo golpe. Una táctica en la que Caiz era experto... mas la historia detrás de ello no viene a cuento aquí. Corte tras corte, el filo del arma del emergido rasgaba el viento alrededor del estratega, quien se movía bien y se le hacía relativamente sencillo escabullirse de la fuerza arrolladora de aquel espadachín. Finalmente sucedió, el emergido erró un golpe sumamente lento y Caiz dio un giro elegante, dando un paso al frente a la vez que degollaba al soldado con una estocada que llevaba toda su fuerza de reserva.

Habiendo ayudado al león, Caiz esperaba que se hubiera encargado del otro oponente en combate singular igual como había hecho él. Tras el combate, jadeando, el peliblanco echó un vistazo a cuanto acontecía en el puerto, en medio del eco de las espadas y los bramidos.

Parece que tenemos un momento de respiro, pero no podemos bajar la guardia. Podrían venir refuerzos en cualquier momento —dijo el joven Ros al gran león— ¿Por qué nombre he de llamarlo, león? ¿O es su apodo lo que prefiere? —inquirió.

La mayoría de los emergidos que habían salido en la primera oleada habían caído. Otros habían corrido a resguardarse puerto adentro, pero el destacamento de Altea controlaba con efectividad un edificio de posición provechosa. Viendo esto, Caiz consideraba prudente atraer más emergidos a la entrada, para que fueran abatidos por los arqueros, y despejar el camino para que los magos hicieran su trabajo con la flota enemiga. Sin embargo, en los próximos minutos, uno de los ladrones a cargo de escoltar a los magos salió rápidamente por un callejón y se aproximó al estratega.

¡Milord! ¡Nos interceptaron en la zona norte! ¡Estábamos cerca de sus barcos cuando varios emergidos invadieron los callejones! Han... han matado a Borger —informó.

Caiz pensó con velocidad, sin permitir que la duda asaltara su juicio.

¿Los demás? ¿El otro mago, Elian, vive? —preguntó, con la cara insondable.

Sí, pero mis compañeros y él están atrapados en un edificio fortificado. No tardarán mucho en llegar a ellos. Romperán paredes, demolerán la construcción si es necesario —contestó el ladrón.

Terrick, lleva a tus hombres de inmediato al edificio y rescátalos. Si perdemos a Elian, la misión fracasará. Es nuestra prioridad, ¿entendido? —ordenó Ros— Nos adentraremos en el puerto para asegurarnos de que no los rodeen. Díganle a todos: estoy ordenando un ataque completo al puerto, sin cuartel —mientras hablaba, Caiz hacía señas con la mano para indicar a sus tropas que se reagruparan.

A la orden, señor —respondió Terrick, quien era probablemente el guerrero con más destreza detrás del león.

Todos se pusieron en marcha a la vez que los primeros emergidos de la segunda oleada abordaban la calle. La compañía de Caiz penetró en el puerto: las cosas se acababan de complicar, pero todo seguía dentro de los parámetros... aunque, si los refuerzos decidían aparecer, podrían tener muchos problemas. Podrían rodear el puerto y sitiarlos, no habría a donde ir. Caiz maquinaba un plan de emergencia con velocidad mientras se movía tras sus tropas.

Terrick tenía como misión principal proteger al estratega. Sin un jefe para coordinar el ataque, no tendremos muchas oportunidades. Esa será tu papel dentro de este pelotón —ordenó Caiz al gran león carmesí. Esperaba que, aunque se hubiera unido a la lucha sin previo aviso, no fuera un rebelde reacio a obedecer superiores — Lucha a mi lado ahora. ¡Por Altea! —culminó Caiz mientras se acercaban a la batalla.
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Re: Al abrigo de la noche [Campaña] [Privado] [Argus, Caiz Ros]

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 06, 2016 3:39 am

....Pese a que en ese instante no había tiempo de intercambiar amables palabras, el mercenario realmente se sintió agradecido de que el estratega se aproximase a ayudarle a dividir la cantidad de enemigos. Él hubiera podido lidiar con ambos, pero le habría tomado demasiado tiempo y energía, además de que seguramente no hubiera salido del todo ileso.

....Su mirada se centró en el espadachín que tenía delante, grande y corpulento aunque no tanto como él. Su mano empuñó con fuerza la espada de acero, y casi a la par el emergido apretó sus dedos alrededor de la empuñadura de la suya, una que requería ambas manos para ser manipuladas. Los segundos que transcurrieron antes de que cualquiera de los dos tomase la iniciativa parecieron eternos, hasta que finalmente el pelirrojo avanzó con el vigor de una bestia indómita, a la par que su rival situaba la espada a un costado y corría hacia él.

....La inmensa espada del contrario cortó el aire en el instante ejecutó un golpe hasta el torso del grandulón. Éste interceptó el filo ajeno con el propio tan bien como pudo, aunque la fuerza impresa en el golpe le obligó a hacerse a un costado por el impulso. Gruñó, y tan pronto como su cuerpo volvió a recuperar el equilibrio se adelantó un paso, agachando tanto como le fue posible el cuerpo y ejecutando una estocada hacia el muslo izquierdo del contrincante.

....El grito de su víctima se hizo presente mientras el acero abría la carne como si no fuese más que mantequilla cediendo a un cuchillo ardiente. El emergido, furioso, alzó la inmensa espada por encima de su cabeza, dejando totalmente expuesto y desprotegido su cuerpo. El pelirrojo no esperó a que el mandoble se hiciera presente, y desenterró su arma de inmediato de la extremidad en la que yacía para ejecutar una segunda puñalada en el vientre del enemigo, girando la hoja con un movimiento de muñeca para ampliar todavía más la herida.

....Poco a poco las fuerzas fueron abandonando al herido, hasta que eventualmente la espada cayó detrás de sí. Trató en vano de tomar el cuello del pelirrojo ahora que su arma cayó, pero no tenía energía suficiente siquiera para empezar a asfixiarlo. El león no hizo más que empujar el cuerpo hacia adelante para que terminara de caer desplomado sobre el suelo.


....- Eso ha sido... intenso. - Fue lo único que atinó a decir el mercenario en un primer momento. Podía sentir la adrenalina fluyendo por todo su cuerpo, y su corazón latiendo de manera desbocada. Extensa era su experiencia en el campo de batalla, y numerosos los enemigos a los que había tenido que enfrentar. Pero en esos emergidos hubo algo distinto. ¿Más destreza? ¿Más fuerza? ¿Más determinación? No se pudo preguntar si el enemigo poco a poco se haciá más fuerte. ¿Aprendía de ellos, como dijo el estratega? ¿O era que simplemente se estaban enfrentado a una tropa más fuerte y mejor entrenada que las anteriores?

....El hilo de sus pensamientos se interrumpió con la llegada de un hombre desconocido para él, pero cuyo rostro le era familiar del viaje realizado hasta esa zona. Su atención se volcó enteramente en la conversación, aunque absteniéndose de interrumpir. Su edad y su experiencia nada importaban en ese momento. Él era solo un mercenario cuya espada estaba al servicio del varón que tenía junto a sí, y que le había ayudado en el reciente combate, por lo que su silencio fue una muestra de su respeto. Y no fue sino hasta que el hombre le dirigió la palabra que éste volvió a dejar oír su voz.


....- ¡Que mi espada sea tu espada! Juro protegerte incluso si mi sangre se derrama en el proceso. - Como dotado de renovadas fuerzas, el coloso volvió a blandir su espada con fuerza y avanzó a grandes zancadas para poder alcanzar al estratega y ubicarse a su costado. Toda fatiga o consternación quedaron atrás, junto al cadáver del emergido vencido. Solo cuando ese puerto fuese una zona segura podría darse el lujo de descansar o darle rienda suelta a sus pensamientos. - Por cierto, mi nombre es Argus; a tus servicios. Preferiría que me llamaras así, no estoy muy... acostumbrado, digamos, a todo este asunto de los apodos. - Tales palabras fueron pronunciadas en voz un tanto baja. Y es que inevitablemente le avergonzaba un poco el notar cómo no solo se había labrado lentamente una reputación, sino también un seudónimo que ni siquiera él mismo había promovido. - ¿Cómo puedo llamar al que será mi líder en esta batalla?
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Re: Al abrigo de la noche [Campaña] [Privado] [Argus, Caiz Ros]

Mensaje por Eliwood el Jue Ago 04, 2016 5:51 pm

Tema cerrado. 30G a Argus.
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Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.

Support :
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Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3817


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