Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados


Project Fear.less

Crear foro

Mensajería wyvern, escamitas en sus paquetes [Entrenamiento] [Privado]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Mensajería wyvern, escamitas en sus paquetes [Entrenamiento] [Privado]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 12, 2016 3:16 pm

 - Porque nunca vi~ ni espero ver~ a un emergido volar~ a uuun emergido volar~ - tarareaba la canción más idiota del continente, bueno, de la isla. Considerando que si había visto emergidos volando/cayendo antes, desde las fauces de Malva o Queso. El jovencito sonrió malicioso. Haru, el reciente mensajero Haru, acababa de dejar un buen y pesado paquete de provisiones en un campamento cercano. Y tenía dinero extra por ello, era feliz, por un lado al menos.

El día era claro, el horizonte despejado de molestas nubes. Deseaba que hubiera sido así la semana pasada que tuvo que ir de barco en barco y volando largos trechos con Malva y con carga. Rascó las escamas del lomo de su mejor amigo. El wyvern era tenaz, de eso no tenía que preocuparse, pero era Haru quien no hubiera querido exponer a su montura a un clima ventoso y con lluvia. Eso y que el mal clima retrasa las entregas, cosa mala la reputación de un desempleado buscando dinero extra para él y su papá ¿Cómo se supone que obtenga buena paga y trabajos posteriores si se tardaba dos días más de lo prometido? quería y golpear algo, o alguien.

NO… no pienses así . Se regañó a si mismo y apartó con fuerza esas ideas de su cabeza. Intentaría mantenerse optimista. Una persona negativa o gruñona no ganaba nada con ello, estaba decidido a no dejar que pequeños reveses le amortiguaran el ánimo, más importante que eso era que Malva parecía feliz, tal vez porque le prometió un pescadote, mismo que llevaba en su alforja para comida en esos momentos. Solo buscaban un buen punto para descansar un rato y practicar. Malva no necesitaba práctica en su opinión, pero el mismo si requería acostumbrarse a luchar en tierra y no solo sobre su amigo. Confiaba mucho en él y eso era bueno, pero se sentía culpable.

 - ¿Qué opinas amigo? ¿Es un buen sitio para que comas? - Sitio abierto, no demasiada gente alrededor, no parecía haber guardias extremadamente gruñones. Eso era importante, no quería pasar de nuevo por todo el asunto de comprobar de dónde venía, adónde iba, qué negocios traía y amenazas para pagar peaje, eso era habitual pero molesto.

 - Bajando~ con permiso - con cuidado de no derribar ningún árbol, descendieron en lo que parecía una plaza, solo que muy verde y sin tanta decoración fuera de una banquita por ahí y por allá. Era curioso, como un jardín, pero sin una casa detrás o enfrente para reclamarlo. Como un pedacito de salvaje ahí puesto. Como fuera, no estaba en una zona comercial y Malva podría comer tranquilo sin nadie curioseando cerca suyo, los niños eran los peores (lo dice el muy adulto) y no tenía tiempo para esas cosas infantiles, ahora que era mayor debía tomar más en serio su entrenamiento, no quería ser un pasivo al lado de su padre, ni ser responsable de que se hiriera protegiéndolo. Así que entre sus objetivos estaba el traer dinero a “casa” y aprender a defenderse mejor. El punto uno ya lo estaba trabajando, faltaba poner más empeño en el punto dos.

Aterrizaron con un revuelo de hoja sueltas, el wyvern dejaba algunas huellas, caminando pesadamente hasta un árbol cercano, bajo el cual se tumbó, moviendo la pesada cabeza para tratar de dar empujones con el hocico a la alforja de comida.

 - Ya voy, es importante quitarte las riendas primero - regañó suavecito, alcanzando con las manos las tiras de cuero y metal, quitaba todo lo que pudiera ser molesto o incómodo para Malva, confiaba en su compañero y sabía que si necesitaban hacer una retirada rápida este le entendería lo suficiente con sus tirones de escamas y empujones con las rodillas, al menos para huir del lugar sin dudar demasiado.

Pronto el joven wyvern estaba relajado contra el árbol, comiendo su pescado con felicidad. Así que Haru podía enfocarse a lo suyo, que era encontrar un modo de sujetar esa hacha normal sin sentirse todo extraño al respecto. El cambio de peso en comparación a su hacha de mango largo era enorme y era una lucha no usar tanta fuerza como la que usualmente requería, tal vez si tuviera con quien practicar. Concentrado, con su ceñito fruncido hacia el arma ofensora, no notaba mucho los alrededores. Malva por otro lado, tenía instintos muy protectores y alzó la cabeza con interés ante el ruido de pisadas.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Mensajería wyvern, escamitas en sus paquetes [Entrenamiento] [Privado]

Mensaje por Invitado el Dom Mar 13, 2016 8:19 pm

Para un trabajador del camino, un errante como Caiz, no existía un día en que la comida fuera segura. Dos años llevaba ya viviendo de aquella forma, aceptando infinidad de empleos para ganarse una paga honrada con la que subsistir. Lo bueno de su estilo de vida, era que se había convertido en todo un cartógrafo y un cosmopolita en cuanto acontecía al continente de Akaneia. El último Ros había ayudado a alimentar wyverns para el ejército de la poderosa Altea, había servido en labores de mantenimiento en la gran muralla de Regna Ferox, combatido emergidos junto a magos oscuros en Plegia y Nohr, e incluso ayudado en campos de cultivo en las tranquilas Hoshido e Ylisse. Caiz Ros, tras dos años de vagar sin rumbo por doquier, había aprendido más que en el resto de su vida como noble en su ducado caído.

Su vida como nómada y guerrero táctico del camino acontecía con más calma de la que cualquiera esperaría. Habían sido realmente escasas las situaciones en las que Caiz había tenido que echar mano de la espada para llevar comida a su boca y a la de su fiel yegua. Sin embargo, sí había unido fuerzas muchas veces con mercenarios, soldados, nobles y muchos otros variopintos personajes para poder ganar enfrentamientos contra emergidos. Sus servicios de estratega, hasta ahora, siempre habían sido bien recibidos y remunerados. Pero ser un líder táctico era bastante menos emocionante de lo que parecía. Muchas horas sentado ante maquetas, mapas y guerreros efusivos, cuya atención era difícil de obtener. Sin embargo, era lo que Caiz hacía mejor. Lo único que podía hacer.

Sus andanzas, actualmente, lo sitúan en el mítico reino de Altea, hogar de héroes y descendientes de leyendas. Era una de esas raras ocasiones en las que tenía dinero asegurado para una semana entera. Había ayudado a un grupo de mercaderes a rodear un campamento de emergidos satisfactoriamente, salvaguardando la carga de sus carretas con mucha eficiencia y velocidad. Era un numeroso grupo de comerciantes bienhallados, atravesando un momento económico fuerte, así que le habían recompensado con una porción que sobrepasaba su usual taza de ganancias. Por lo tanto, la mañana siguiente decidió descansar en una tranquila taberna del reino, sitio que frecuentaba y tenía en estima por su atención y comodidad.

No sólo conocía al tabernero, un hombre bonachón y gordo, sino que el lugar se ubicaba en las proximidades de una bella plaza donde el verde predominaba, lejos del bullicio de la ciudad capital, por cuanto permanecían ahora en uno de los islotes próximos a esta, donde la amenaza de los emergidos no estaba cien por ciento ausente, pero aún se podía caminar con tranquilidad en las zonas más habitadas. Caiz gustaba de llevar allí su yegua, observarla pastar y meditar en silencio recostado contra el tronco de una vieja haya inclinada. De modo que, cuando hubo pagado por su estadía en el pub, se dispuso a cumplir su cometido.

Caiz Ros, llevando de las riendas a su cansada yegua, descendió por un estrecho sendero que conectaba la morada con la plaza, abriéndose este cada vez más y absorbiendo el verdor brillante del césped. La radiante luz del sol bañaba cada centímetro del lugar, despejado y fresco. Uno de esos sitios donde respirar es revitalizador, y el aroma silvestre impregna todos los sentidos, no solo el olfato. Pocas personas merodeaban por allí: aldeanos humildes, niños correteando y comerciantes transitando con su inventario eran el común denominador, aunque a veces se veían pasar mercenarios y caballeros, siendo los corceles de estos últimos un bosquejo de dioses en comparación a la yegua de Caiz. Pero Caiz palmeaba con tranquilidad a su animal, gustoso de tenerla.

Al llegar al árbol bajo el cual normalmente se afianzaba, Caiz descubrió que ya había alguien haciendo uso de su sombra. Más bien, algo. Se trataba de un wyvern, aunque quizá algo más manso que los que Caiz había visto en su vida tan de cerca. A lo mejor se debía a que la criatura era de complexión poco común; la mayoría de los wyverns solían ser pesados y fibrosos, más allá de sus escamas, pero este, si podía decirse, estaba "rellenito". ¿Una alimentación ejemplar, un cuidado envidiable? Caiz no podía saberlo, pero se lo preguntaba, como siempre.

Parece que tendremos que buscar otro árbol, amiga mía —susurró Caiz con calma a su fiel equino, disponiéndose a dar marcha atrás, cuando reparó en que el wyvern no estaba solo.

Había un niño cerca de él, un muchacho de cabello azabache sosteniendo un hacha sencilla con las manos. Cuando se dio cuenta de aquella otra persona en las cercanías, el reptil bajo el haya se percató también de Caiz y su yegua, alzando la cabeza en su dirección. El peliblanco de parche no pudo más que vigilar algo cauteloso al wyvern, pero le picaba muchísimo la curiosidad sobre lo que ocurría delante de él, así que se aclaró la garganta para llamar la atención del infante. Viéndolo de frente, se veía que era un chico de unos doce o trece, rozando la pubertad. Pero que sostuviera un hacha y estuviera con un wyvern contrastaba con su edad. Nunca había visto un domador de wyverns tan joven.

Disculpa la interrupción, joven. Suelo venir aquí a descansar, aunque me encuentro ahora delante de algo inédito para mí —empezó a hablar Caiz, con un tono serio y respetuoso— No me equivoco al afirmar que eres el jinete de este wyvern, ¿es así? Solamente quería expresar mi admiración. Jamás me topé con un guerrero de tu clase tan joven. Espero no te moleste mi intromisión en tus asuntos, pero ¿de casualidad sirves al reino de Altea? —inquirió el estratega.

También pudo reparar fácilmente en que el pequeño jinete sostenía su arma con un ligero grado de incomodidad. No hubo que atar muchos cabos por parte de Ros para darse cuenta de que había interrumpido una sesión de entrenamiento en la cual el pre-adolescente buscaba perfeccionar su técnica con el hacha. Aguardó la respuesta del joven con tranquilidad mientras posaba una mano la crin de su yegua, que se había puesto algo nerviosa cuando el wyvern del chico había clavado sus ojos en ellos.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Mensajería wyvern, escamitas en sus paquetes [Entrenamiento] [Privado]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 19, 2016 12:36 am

El rellenito wyvern le mantuvo la mirada unos segundos, antes de tragar un poco, resoplar y ladear la cabeza un par de veces ante el extraño. Los ojos inteligentes pasaron entonces a fijarse largo rato en la yegua, el joven wyvern resopló más para captar el aroma equino y de su jinete, evaluando el nivel de amenaza que presentaba aquel par. Despacio se inclinó hacia su pescado, y como si temiera que este fuera a ser arrebatado, terminó el tercio de pez que quedaba de un solo bocado. El mordisco fue voraz y dejó ver un par de filas ordenadas y muy grandes de afilados dientes. La lengua enorme y rosada salió del hocico para lamer los contornos, chocar con su nariz, volver a entrar al hocico y repetir la acción por el otro lado. Sólo entonces soltó un pequeño gruñido de desconfianza, alertando al pequeño chiquillo que tenían visitantes.

El jovencito se tambaleó un momento, apretando el agarre en su hacha y sin salir de su postura de defensa. Había estado muy centrado en su pequeña práctica, en sentir el suelo bajo sus pies, el peso del arma en sus brazos (algo flacos, seamos sinceros) como para notar a un extraño colándose de esa manera. Si no fuera por Malva algo malo le hubiera acontecido ya a Haru.

 - ¿Qué? ¿Perdón? - pocas palabras. No era lo que se dijera un chico muy educado, su padre era algo perezoso en ese aspecto también, no había necesidad de enseñarle a hablar elaboradamente si lo que iba a hacer toda su vida era tratar con Malva, trabajar con él, buscar modos de ganarse la vida sin meterse en problemas. Un chico común del montón. Con un wyvern muy joven a su cargo, un hacha en las manos. Claro, como cualquier otro. ¿Que no tenían todos los jóvenes de hoy en día un buen wyvern en quien confiar?

 - ¿Qué significa inúdito?- si, lo dijo mal. Pero para un jovencito de su edad, viviendo siempre en viajes, con su padre y sus dos wyvern, había pocos lugares de donde pudiera aprender un lenguaje más apropiado para los lores y las más altas cunas. Su cunita había sido una muy cómoda de paja y telas, nada muy elegante. Se sacudió las dudas con un encogimiento de hombros y le apuntó con el hacha.

 - Malvavisco, su nombre es Malvavisco. Él y yo no servimos a nadie más que a nosotros mismos - Que bien se sentía declarar aquello. Ridículo claro, todos servían a alguien en algún momento.

 - Y a quien me pague por hacer una entrega - repitió el gesto de encogerse de hombros. Señaló con el hacha los morrales ahora vacíos y el resto de los tirantes de cuero que tenían  como fin el atar cargas pesadas al lomo de su compañero wyvern.  - Haru y Malvavisco, viajes aéreos, mensajes y paquetes por toda la isla, si un barco va en esa dirección, llegamos en la mitad del tiempo o antes si el clima es bueno - infló el pecho con orgullo. Claro, era joven y tenía un wyvern, combinación perfecta. Dicho wyvern soltó otro gruñido de recelo y resopló varias veces, moviendo sus patas pesadas contra el suelo.

 - Oh si, no se supone que hable con extraños - le lanzó una mirada desconfiada de las suyas.  - especialmente cuando tienen curiosidad sobre para quién trabajo -
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: Mensajería wyvern, escamitas en sus paquetes [Entrenamiento] [Privado]

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.