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Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

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Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Marth el Jue Mar 10, 2016 6:50 am

Desde que se había hecho público el rompimiento del compromiso de el Príncipe Marth y Lady Shiida se le había notado un tanto abatido al joven peliazul, momentos de quedar observando el vacío mientras se encontraba en su estudio, perder interés en sus actividades recreativas incluso algo de falta de apetito. Demasiadas cosas pasaban por su mente, quizás muy diferentes a las que sus sirvientes y caballeros pensaban, si bien estos creían que el príncipe estaba sufriendo por desamor, la realidad es que por su mente pasaban temas un poco más fríos que la pasión del corazón. El matrimonio con Lady Shiida había sido voluntad de su padre, y el rompimiento era algo Marth veía directamente como ir contra la voluntad del monarca desaparecido, así mismo no podía ascender como Rey si no estaba casado y sin prometida no podría simplemente casarse con la primera mujer que viese en la corte... bien, como poder podría, pero no era lo que quería para Altea, no era un hombre que desease poder para él solo, si no que velaba por lo mejor para su país y el futuro de este. Lady Shiida, princesa de un pequeño territorio había perdido su título cuando Ylisse se hizo cargo de este, la perdida de prestigio había golpeado fuerte a la corte de Altea, siempre siendo compromisos entre nobles de alta alcurnia, no estaba bien visto el bajar así de posición y desde su último encuentro donde la joven le había expresado al príncipe que viajaría por el mundo y no asumiría su papel como mujer, ni siquiera en cuidar a su padre enfermo, el joven príncipe había tomado la difícil decisión de cortar aquel lazo.

El mal trago había pasado, Altea celebraba las victorias en el campo de batalla así como nuevas alianzas y tratados a lo ancho de Akaneía y cruzando los mares, eran tiempos más brillantes. Y ahora se respiraban tiempos de alegría en el castillo, el ánimo festivo estaba en cada uno de los habitantes de este. Desde recibida la noticia todo había sido un revuelo de alegría por parte de todos alrededor del príncipe, sirvientes y caballeros por igual incluso dentro de sus tratos correctos y conducta impecable recibieron con sonrisas y halagos las nuevas buenas. Meses de cartas y acuerdos con el reino del este había llegado a la conclusión que una alianza sería lo indicado para ambos reinos adoradores del dragón sagrado, estando en una situación tan poco estable Hoshido veía en Altea un apoyo que podría significar la estabilidad que estaban necesitando, y Altea podría celebrar una alianza hermana como la que tiene con Ylisse sumando a su corte importantes influencias en el territorio. Un matrimonio políticamente arreglado era lo mejor que podía dar a su país y tras serle ofrecida la mano de la princesa y Marth aceptar, finalmente llegaba el día en que le conocería en persona.

El castillo se vestía de gala, los sirvientes corrían de un lado a otro haciendo los últimos arreglos, colgando los mejores estandartes, poniendo las grandes alfombras azules en el recibidor y las cortinas de terciopelo en el salón principal, la platería más fina estaba terminándose de pulir y ya estaba dispuesta la vajilla más pintoresca. Incluso en las calles se colgaron banderas y se decoró con banderines, la gente salía a las calles a celebrar el compromiso del príncipe Marth y la visita de su nueva prometida la tercera princesa de Hoshido. Ese día llegaría para celebrar una reunión entre ellos, discutir detalles y hacer oficial el compromiso, presentarse en el balcón en la tarde para presentar oficialmente a la futura Reina de Altea ante su pueblo. En la noche un baile privado con solo la corte de Alea y unos pocos invitados extranjeros para coronar la celebración. Pasaría unos días después con la joven donde podrían conocerse mejor, aunque la decisión estaba tomada y el beneficio político y económico era más fuerte que los sentimientos. Marth tenía demasiado claro que aquellos cuentos de amor no eran cosa de la vida real, no era algo que él se pudiese permitir vivir, él era Altea, no un individuo y tomaría aquella responsabilidad.

El vocero llegó apresurado, la corte presente perfilaba ambos lados del recibidor alineados en recibimiento, encabezando enfrentado a la puerta se encontraba el príncipe, ataviado con sus mejor traje, predominando el blanco el traje entallado decorado con botones de oro y cordones de plata tenía bordado en hilos de seda los bordes, altas botas negras contrastaban junto con el cinturón de donde colgaba su espada de plata. Tenía sobre sus hombros y cayendo pesada por su espalda hasta casi sus tobillos una capa de interior celeste y exterior blanco con el escudo de Altea bordado en hilo de plata. Todos miraron al vocero con expectativa y cuando anunció que la comitiva de la princesa había llegado todos se enderezaron para esperar su llegada. Sobretodo el príncipe, con una mano sobre su espada y la otra a su espalda podía sentir el nerviosismo apretarle bajo su estómago.


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Re: Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 11, 2016 11:49 pm

Recordaba perfectamente cuando se lo habían dicho por primera vez, ¡hasta había pensado que era broma! Rompió en risas, llegando a algunas carcajadas, cuando se le ofreció la idea, pero éstas murieron tan pronto como notó que su madre no sonreía, su expresión era seria e incluso poseía un poco de culpa. Se negó, pues en ese momento era sólo una idea, una opción que la reina de Hoshido había tanteado y ofrecido a su hija para que lo pensara. ¡Estaba en completa oposición ante un matrimonio arreglado! Jamás podría aceptarlo, ¡era una tontería! Ella deseaba enamorarse, casarse con un hombre que la hubiera cortejado y conseguido su corazón, para varios era una idea infantil, pero para Kamui… era su todo.

Sin embargo, en sus visitas al reino pudo notar que su país no estaba en la situación que pensaba, no todo era flores y felicidad, no todo era… una fantasía. Un día pudo entrar en razón y, aunque no lo hubiera hecho, ese mismo día su madre le dijo que era su obligación como princesa casarse con un príncipe. Aceptó con dolor, sólo una persona había presenciado su llanto por algo que nunca iba a suceder, por un sueño tonto que tomó lugar en su corazón y ahora era desechado como basura.

Se permitió imaginar que se enamoraría de su prometido, que sería todo un caballero: gracioso, juvenil, interesante, culto… aunque poco a poco caía en la realidad de que probablemente era otra fantasía que sólo estaría en su cabeza y jamás sucedería. Mínimo una buena amistad, eran sus pensamientos actuales mientras se trasladaba a Altea, un viaje largo y tedioso pero con un propósito satisfactorio para su pueblo «Pero no para ti.». ¡No! No podía permitirse aquellos pensamientos tan egoístas, ella era una princesa, ¡debía tomar su lugar como una! Sólo los plebeyos podrían permitirse tal lujo como un… Ni siquiera quiso pensar en aquellas palabras por el dolor que traían consigo.

Está lista, princesa —dijo una de las sirvientas que había traído con ella, arreglándola con un precioso vestido rojizo para resaltar el color de sus ojos (Aunque Kamui creyera que ese color era algo… atrevido para la ocasión, ¡pero no discutiría con ellas! Era imposible ganarles),  claro que no iba a negar que estaba algo incómoda, pues el vestido era ceñido de cintura hacia arriba, con numerosos volantes en su diseño, que relucen en las mangas, cuello y la falda. La misma se pica en dos en un modelo victoriano que muestra una falda blanca que parece tener varias capas una encima de la otra.

Suspiró al verse en el espejo pues no se sentía especial, ni bonita, al contrario, se sentía vacía e indigna de lo que sucedería. Toco con suavidad su cabello, temerosa de arruinarlo, pues se encontraba recogido en una coleta alta y algunos mechones que enmarcaban su rostro, ¡lo cual era un milagro! Normalmente su cabello era tan rebelde que ni se esforzaba en hacerse algún peinado pero… Nuevamente soltó el aire que contenía y unos toques delicados en la puerta le hicieron saber que ya debía irse, era hora de conocer a su prometido.

La ciudad era espléndida, al parecer no era un secreto su visita, ¡todo el lugar estaba adornado de manera hermosa! Casi deseaba poder salir y celebrar con la gente, todo parecía estar tan animado, claro que no podía, y cada minuto pasante le llevaba más cerca de su destino. Por la ventana de su carroza pudo ver el enorme castillo de Altea, donde residía el príncipe Marth, y una ola de nerviosismos tomó posesión de sí. Intentó tranquilizarse respirando profundamente, ¡pero era imposible! La puerta de su transporte se abrió y un nudo se hizo en su garganta haciendo que se diera cuenta que aún no estaba lista. Pero ya no había tiempo.

Bajó con ayuda de un lacayo quien sujetaba su mano con firmeza, probablemente para que no sucediera algún accidente que pudiera incordiarle, pero agradecía el gesto, regalándole una sonrisa porque quizá sin él sus piernas hubieran tambaleado. Sentía sus palpitaciones golpear con fuerza su pecho en cada paso que daba hacia la entrada, y no pudo recordar cómo fue que entró hasta el punto de ser presentada.

Mordió sus labios mientras caminaba, notando todos los ojos sobre ella y, por primera vez, notó el salón. «Qué deleite de vista —no puedo evitar pensar—. Todo es perfecto.» Entonces su mirada paró en, esperaba, el príncipe y pudo sentir su corazón detenerse. ¡Era absolutamente atractivo! Un pequeño sonrojo acudió a sus mejillas mientras dejaba que una dulce sonrisa se posara en sus labios.

Muy buena tarde —saludó dando una leve reverencia, aunque dentro de su mente no dejaba de dudar si fue correcto lo que hizo o las palabras que empleó. ¿Debía presentarse? No, no, el vocero ya lo había hecho, pero quizá... Está bien, debía calmarse y respirar—. Estoy encantada con sus tierras, la gente parece maravillosa y no puedo evitar hablar de lo espléndido que se ve su hogar. Espero mi llegada no haya sido inoportuna. Por otro lado, debo decir que me siento honrada por, finalmente, conocerle.

¿Debía agregar alguna otra cosa? ¿O esperar a que él hablara y fueran a un lugar más privado? Sus manos empezaban a humedecerse por los nervios, ¡necesitaba algo para relajarse! Y no pudo evitar pensar en su familia, si estuviera en casa… Se llamó la atención mentalmente, no era hora de pensar en eso, era hora de hacer lo mejor para su país.
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Re: Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Marth el Dom Mar 13, 2016 6:39 am

No iba a mentirse a sí mismo, había estado nervioso, en su mente había repasado una y otra vez ideas un tanto egoístas. Había pensado en que pasaría si la princesa no era agradable a la vista, si era una persona desagradable, con personalidad rebelde o modales impropios, incluso que pasaba si era alguien quien solo buscase poder y se hubiese ofrecido explícitamente solo para tener la oportunidad de ser reina, había una princesa de mayor edad en el reino y era más normal que fuese ofrecida ella y no alguien de menor edad, sin embargo podría llegar a ser también que la mayor ya estuviese comprometida, no estaba realmente informado al respecto y no era cortés preguntar. Eran miedos y pensamientos justificados pero que se los reservaba solo para él, su mano no temblaba al firmar las cartas, su voz tampoco en comunicar las indicaciones de los preparativos para la visita y su mirada se mantuvo firme cuando las puertas se abrieron.

La presencia de la princesa era obvia, incluso sin ser el centro de la procesión era su aspecto que la resaltaba enseguida como alguien de la realeza. El alivio de príncipe fue enorme al ver a una dama elegante, joven y de rasgos hermosos acercarse a un paso firme y sutil, su vestido era llamativo y hacía un hermoso contraste en las alfombras azules del palacio, agradeció haberlas mandado cambiar para la ocasión, pues si seguía teniendo las rojas no habría resaltado de manera tan hermosa las ropas de su prometida. Al estar más cerca aún pudo notar el brillo rojo en sus ojos, enmarcado su rostro en los mechones plateados que le hacían casi una figura etérea, irreal de cierto modo.

Comenzó a avanzar cuando ella estuvo cerca para encontrarla a medio camino, una sonrisa cortes en sus labios y mirada amble que no se apartaba de los ojos ajenos. Cuando habló pudo sentir la dulzura en su voz, definitivamente era una voz que podría escuchar por el resto de su vida. Extendió su mano para tomar la ajena, enguantada en blanco los dedos delgados del príncipe apenas rozaron los dedos ajenos al levantar su mano y se inclinaba ante ella para besar el reverso de su mano a modo de saludo y señal de respeto, alzando su mirada pero aún manteniéndose inclinado ante ella - Permítame darle la bienvenida, Princesa Kamui. Su presencia nunca será inoportuna en mi reino, mucho menos en mi castillo, es bienvenida y espero que pueda sentirse a gusto, pues pronto este será su hogar. Es un placer finalmente conocerla. - su voz seguía siendo joven y siendo un par de años menor que ella al menos le superaba un poco en altura.

Al enderezarse mantuvo la mano ajena en la suya, sujetando con su pulgar con una presión muy sutil, casi una caricia, pese a que recién se conocían ya eran prometidos como arreglo político, aún quedaba, sin embargo, discutir los detalles - Lamento no permitirle descansar, pero me gustaría poder terminar los asuntos oficiales antes. Su procesión podrá retirarse a las habitaciones que ya han sido preparadas para tal fin, mis sirvientes les llevarán a ellas. Por favor, acompáñeme a mi estudio para poder discutir en privado. - seguramente ella tendría algún escolta o escriba que cuidase de ella y que seguramente haría la voz a la hora de hacer los acuerdos, o podría ser que mismo ella fuese su propia voz y presencia política de Hoshido. A fin de cuentas aquel compromiso era una negociación entre países y tanto podía venir un vocero a ofrecer a la princesa como ser ella misma la que negociase con él.


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Re: Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 16, 2016 1:40 am

Ligeramente, la sorpresa tomó posesión de sus facciones, ¡¿y cómo no?! No tardó demasiado para que un delicado tono rojizo igual se posara en sus mejillas mientras el príncipe de Altea cogía su mano, colocando con cuidado sus labios sobre el dorso de su mano. Y por un muy breve instante se preguntó por qué se había colocado los guantes, pero pronto la memoria de que sus manos tenían la tendencia a ponerse un poco húmedas, cuando estaba nerviosa, la hizo recapacitar.

Los ojos profundos del príncipe la observaban fijamente poniéndola en un estado peor del que estaba, ¡sentía que estaba viendo su alma! Sus secretos, todo lo que había dentro de ella. ¿Cómo era aquella palabra? ¡Expuesta! La mirada del príncipe Marth le hacía sentir de alguna manera expuesta, ¿cómo aquello era posible? ¿Serían imaginaciones suyas? Por supuesto que sí. Respiró profundamente escuchándolo hablar, una voz tranquila, masculina y melodiosa. No como la de Takumi, que era poco más puberta; ni como Ryoma, profunda y ronca.

Era… la voz de él. Soltó el aire, el cual no sabía que sostenía, al ver cómo su anfitrión se levantaba dejando ver la diferencia de estatura más enfatizada. Se maldijo interiormente por dejar que aquello le afectase, pues su corazón empezó a palpitar con algo más de fuerza y ya no era por los nervios. No podía evitar sentirse afectada, ¡cualquier jovencita de su edad estaría como ella, ¿no?! Las facciones delicadas y atractivas pero sin perder ese toque masculino le hacían sentirse, de alguna manera, pequeña y… femenina.

Muchas gracias —logró murmurar ante las palabras de bienvenida, pero dudaba que le hubiera escuchado, ¡no se reconocía aquella voz tan suave! Le recordó a su querida Sakura (¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Haciendo muñecos? ¿Pensando en ella?) y su forma tan especial de hablar; en ese momento empezaba a desear ser más femenina como su hermana y no tan… Kamui.

Se volvió a regañar mentalmente cuando se dio cuenta que, nuevamente, estaba perdiendo el hilo de sus pensamientos. Las palabras del príncipe le hicieron saber que aún no podría descansar como deseaba, ¡pero lo sabía de antemano! Claro que no pudo evitar tener una ligera esperanza en que podría dormir después del largo viaje que hizo pero no era demasiada de todas formas. Sabía que había varios asuntos importantes para tratar y su madre le había dejado representarlos, sin embargo, tenía sus dudas de si lo haría bien. Tenía miedo de equivocarse. De que su prometido se desagradara y decidiera romper el compromiso. No lo conocía y de repente una ola de arrepentimientos le vino.

Quizá debió haber ido a más reuniones sociales, a viajes políticos a lado de su madre, más empeño en sus clases de modales, atención a lo que Ryoma le comentaba de la situación del país, a Hinoka para ocultar mejor lo que sentía… Probablemente sabría qué decir y qué acción hacer, quizá conocería al príncipe Marth, quizá podrían ser amigos y ella se sentiría cómoda con la situación, o enamorados y felices con el compromiso.

Muchos, muchos “hubiera”.

Por favor no se disculpe, he descansado en el viaje —mintió pero se dijo a sí misma que lo había dicho con convicción, que él no se daría cuenta… o al menos eso esperaba—. De cualquier forma —agregó rápidamente—, sé que hay asuntos más importantes por resolver, yo le seguiré hasta su estudio, príncipe Marth.

¿La llevaría al lugar de la mano? Antes de que pudiera siquiera analizar aquella opción, había retirado su mano con delicadeza y esperaba su guía. Por su cabeza no dejaban de pasar los desenlaces que podrían ocurrir, como el que todo terminara bien, ambas naciones se aliaran con el matrimonio y el futuro de ellas fuera brillante. Aunque igual estaba el que terminara mal… Frunció el ceño para sí misma, ¿por qué se concentraba tanto en la negatividad? Normalmente era bastante positiva, siempre pensaba que pasaría lo mejor, pero ahora sentía como si alguien hubiera tomado posesión de su cuerpo.

Sé que lo he mencionado antes, pero sus tierras son espléndidas, la belleza que poseen me recuerda a Hoshido. Es bastante acogedor —dijo aunque lo último prácticamente lo decía para sí misma. Aquello era verdad, en el viaje pudo observar con atención Altea, los prados verdes, algunos pueblos y de lejos notaba algunas granjas. Cuando empezaba a anochecer, se le buscaba un lugar para descansar en algún poblado próximo y podía ver de cerca a la gente, la satisfacción que tenían. No todo estaba bien, o eso pensaba, ninguna nación era perfecta, pero las personas con las que logró cruzar algunas palabras no parecían odiar el país, y eso realmente importaba para Kamui—. Debe de estar bastante orgulloso de cómo ha manejado a Altea, seguramente su padre tam-. —no terminó. Un error. Su madre le había dicho que no mencionara nada sobre ese tema. No sabía bien qué sucedió pero era algo que no debía decir, se lo recalcaron.

No se permitió decir otra palabra hasta que llegaran al estudio, quizá podría fingir que no dijo nada y el príncipe podría seguirle la corriente… O no. Se tenía que prometer a sí misma que no hablaría sin pensarlo dos, tres, cuatro veces. Su progenitora le dijo que debía mencionar los beneficios que traerían a ambas naciones —aunque ella sólo veía para Hoshido—, que la alianza sería para un bien mayor.

Apenas estuvieron solos, por alguna razón, volvió a hablar sin pensar. Otra promesa rota.

Príncipe Marth, ¿por qué razones desea aliarse con Hoshido? —su mirada confundida y temerosa paró sobre el aludido, preguntándose si éste comprendería su duda.
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Re: Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Marth el Dom Abr 03, 2016 10:16 pm

Los "hubiera" eran pensamientos recurrentes en la mente del joven príncipe, sobretodo en sus temas amorosos. Inexperto en la materia, solo actuaba guiado por las enseñanzas más estrictas de modales y etiqueta, dolido por la situación vivida con Shiida decidió no permitir de nuevo hacerse ideales que podrían fallar, por eso mismo la elección de su nueva prometida habían sido tan meditados y consultado, totalmente un movimiento político y ni siquiera había pensado en temas personales, apenas había pasado por su mente la descendencia que tendría que dejar para el trono de Altea y esperaba estar haciendo una buena elección. Al menos al verla sentía un peso menos sobre sus hombros, una incertidumbre menos de la cual preocuparse y por las buenas referencias que había tenido de ellas así como de su país, no debería preocuparse en teoría.

La joven le aceptó en su invitación a ir al estudio por lo que enseguida mantuvo su mano un poco alzada llevándole de esta, no estrechándola, solo extendida y con la de ella sobre la suya, a una considerable distancia que mantenía una respetuosa distancia honrando su espacio personal. Apenas un paso por delante le guió por uno de los amplios pasillos, seguidos por los escoltas y un par de caballeros, siendo el resto de la comitiva guiada por los sirvientes hacia sus habitaciones para que pudiesen descansar. El castillo era tan grande por dentro como lo parecía por fuera, las amplias y altas ventanas dejaban ingresar gran cantidad de luz natural y los vidrios tintados así como esmerilados dibujaban colores en las paredes y distorsionaban un poco la vista hacia el exterior, cumpliendo la misma función a la inversa no pudiendo reconocer de manera sencilla a quienes iban caminando en su interior, apenas un preventivo hacia posibles espías o incluso arqueros que pudiesen intentar algo desde fuera del castillo. Los pasos del príncipe dejaron de ser silenciosos cuando comenzaron a caminar sobre los pisos de mármol, el "tac tac tac" era bastante claro con sus botas tan nuevas que aún tenían la suela lisa - Se agradece mucho y es de mi alegría que mis tierras sean de su agrado. Lamentablemente no he visitado Hoshido pero espero que eso cambie pronto. - se le hacía bastante ilusión visitar tierras tan pintorescas, templos al dragón divino y hermosos jardines, le habían hablado de árboles que en lugar de hojas crecían flores y construcciones hermosas realizadas con madera y papel en lugar de roca. No podía siquiera imaginarlas.

La mención de su padre no perturbó su semblante, sabía que era un tema delicado de tratar, sobretodo con extranjeros, y ya bastante clara tenía la situación como para que le pusiera nerviosa, siendo experto en sellar sus sentimientos solo mostró su sonrisa habitual mientras hablaba - No es cuestión de orgullo el realizar la tarea que se supone que se debe hacer, mi padre ha dispuesto las mejores de las bases para que pudiese continuar con su trabajo en su ausencia. Es un hombre muy fuerte y agradezco mucho su trabajo en el campo de batalla, es mi motivación para realizar un mejor trabajo desde el castillo. - como siempre, negaba que estuviese desaparecido o muerto, a más de un año que no verle seguía manteniendo la coartada de que su padre simplemente estaba ausente por que estaba peleando en la frontera con Plegia.

Frente a la puerta solo empujó esta, ya abierta y el interior dispuesto para la reunión, dos cómodos sillones enfrentados con una mesa ya dispuesta con el servicio de té, sobre el escritorio a un lado habían papeles, las cartas que se habían intercambiados, incluso la mesa alta del escriba estaba dispuesta y abastecida por si decidían redactar cualquier documento - Por favor, pase, siéntase cómoda. - le permitió ingresar primero e ingresó él, fuera quedaron los escoltas y los caballeros, solo siendo seguidos por uno de los sirvientes que comenzó a disponer del té - Creo que las razones son más que obvias. Una alianza es una aseguradora de la paz y prosperidad entre países. Ambos somos territorios ricos y prósperos, ambos entregados a la voluntad del dragón divino. Los primeros pasos para una unión pacífica fueron dados dos generaciones antes cuando una alianza similar se dio entre Altea e Ylisse, siguiendo los pasos de mis antepasados me gustaría extender esta familia a Hoshido. ¿O acaso está interesada en razones más técnicas? - al decir esto cerró las puertas del estudio para poder hablar en comodidad.


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Re: Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 16, 2016 4:03 pm

Su mirada se suavizó poco a poco, no quería parecer demasiado tiesa o falsa, además no podía ser tan malo. En el poco tiempo que llevaba con el príncipe, éste no había hecho algún comentario fuera de lugar, o alguna mirada indiscreta que pudiera ofenderle; su educación incluso la sorprendía y, al mismo tiempo, le hacía sentir lejana a él. Pareciera la escena perfecta de un libro, dos jóvenes nobles conversando armoniosamente. Sin embargo, temía que siempre fuera así; el que nunca se conocieran lo suficiente para tocar otro tipo de temas, el de bromear, ¡ni siquiera podía imaginar al príncipe haciendo algún movimiento que pudiera arrugar su traje!

Se preguntaba si algún día sería capaz de comentarle sus inquietudes personales, si él podría hacer lo mismo con ella. Deseaba poder dar a luz sus miedos sobre el compromiso, pero no lo conocía y quizá nunca lo haría, seguro la tomaría de a loca por atreverse a contarle aquello. Intentaba permanecer armoniosa con sus movimientos, pero la sonrisa que recibió al soltar la lengua sobre su padre le asustaba y bastante. ¿No le importaría su familia? ¿Sería que el Rey de Altea sí estaba en campo de batalla y por eso no parecía preocupado? ¿O estaría sellando sus sentimientos?

Si estuviera en su situación, ¿podría hacerlo? Seguramente no, ella apenas escucha que Sakura sufrió un rasguño y ya entra en una crisis emocional volviéndola un manojo de nervios hasta que la ve sonriente asegurándole que todo está bien. Necesitaba saber sobre su prometido, ¡su alma lo exigía! Saber qué tipo de persona era, qué le hacía feliz, qué le daba miedo; su yo romántico desea con todo su ser poder comprenderle y amarle con sus defectos y virtudes.

Su mente volvió en sí cuando se encontró sentada en el sofá, regresando al segundo donde había soltado una pregunta algo imprudente pero el príncipe no parecía perturbado e incluso respondió su pregunta con las partes más obvias de la alianza. Las conocía pero… ¿por qué sería Hoshido? ¿Solamente por su adoración en común por el Dragón Divino? Cuando el té había sido servido y las puertas del estudio cerradas, se permitió relajarse un poco, pensando en lo que diría a continuación. Tenía que analizarlo bien pero, por lo pronto, soltó una sonrisa aliviada.

Muchas gracias por su hospitalidad, Príncipe Marth —¿O debía llamarlo prometido? ¡Eso no le habían explicado!—. Estaría muy agradecida si me diera unas especificaciones más técnicas. Tengo entendido que, para nosotros, una alianza con usted en enriquecedora. Su pueblo, según sé, casi no oye de los emergidos, claro que mi información podría estar mal; y Hoshido… no está tan libre como Altea —dijo tomando un poco del té—. Sus alianzas con Ylisse seguramente nos traerían bastante seguridad por lo que… Realmente no veo por qué darnos tanto cuando nosotros no podemos ofrecerle lo mismo.

Colocó un mechón detrás de su oreja con nervios, ¿habría revelado demasiado de la situación? ¿Intuiría sobre su… tensa relación con Nohr? Nohr. El hogar de su gemelo. Pensó en él un instante cuando lo recordó. Él había dicho que estuvo en Altea, y había conocido al príncipe de ahí, su corazón palpitó con ansiedad, ¡quizá aquí había una pista de su paradero! Su mirada se detuvo en el príncipe, ¿él no habría notado el parecido? ¿El nombre? ¿Lo había dejado pasar para no incomodarle con preguntas? Aunque su hermano pudo haberle contado todo y por eso su tranquilidad, por otro lado, la forma en que la arreglaron podría hacer que no se parecieran.

Por otro lado, sería un gusto invitarle a Hoshido, en primavera tiene una vista espectacular. El Dragón Divino nos recompensa con flores que nacen en árboles, de diferentes colores y olores, estaría encantada si usted pudiera observarlo —sonrió con nostalgia, pensando en sus tierras. En su familia. En aquellos momentos donde almuerzan en el patio con las flores bailando a su alrededor o regalándoles sombra—. Cuando se encuentre disponible podría comunicarse conmigo y me encargaría de todo, Príncipe.

Primero debía tratar con los asuntos políticos, los importantes, se dijo intentando convencerse, después quizá mencionaría a su gemelo. Rogaba a su Dios que él supiera algo sobre Kamui, mínimo que estuviera a salvo, era lo único que deseaba.
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Re: Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Marth el Sáb Mayo 21, 2016 8:09 pm

Mentiría si dijese que no estaba nervioso, pero era capaz de mentir, de mentirle al mundo y a sí mismo, mostraba un semblante tan calmo que incluso él mismo se sorprendió cuando escuchó el tintinear de la taza contra el platillo al tomarla. Sus dedos no tenían tanta fuerza como era usual y un ligero temblar de su mano le hizo recordar que en algún lugar de su pecho tenía comprimido aquellos sentimientos de inseguridad y temor. Aquel encuentro tenía que salir perfecto, el futuro de todo Altea estaba en ello, si ya era malo haber perdido a una prometida sería peor perder a dos... confiaba que su padre hubiese aprobad su decisión y proceder con la ex princesa de Talys y sus locas ideas de salir a explorar mundo y ser una mujer independiente abandonando sus deberes y responsabilidades y en crear un trato de mayor envergadura con una princesa de otro reino, adoradores de Naga y de prosperidad en su gente sería una gran agregado a su alianza. La joven era sumamente educada y aquello le complacía mucho, de carácter dócil, al menos en lo que mostraba al inicio, y de modales correctos ya estaba teniendo la buena vista del príncipe que tenía gustos bastante chapados a la antigua.

Atravesó el estudio a paso apresurado y ligero, un sirviente ya estaba sirviendo el té para ambos, cuando el príncipe tomó asiento en un sillón enfrentando a la joven tomó la taza dejándola un momento en el aire mientras el sirviente ponía un pequeño chorro de leche y terminaba por dejar la cucharilla en el platillo, el peliazul tomó la misma y removió el líquido apenas haciendo un claro sonido tintineante, ofreciendo siempre una sonrisa y toda su atención a su invitada. Las preguntas no parecían incomodarlo ni tomarle por sorpresa, y si lo hacían no lo mostraba - Altea e Ylisse comparten una alianza por la unión de las familias reales, una alianza que hace que ambos países, más que simples aliados, sean como hermanos. La buena relación de las familias permiten una economía próspera para ambos pueblos, siendo las fronteras meramente un formalidad para la gente de ambos reinos el libre comercio ha hecho que la prosperidad de ambas naciones quedase más en manos de la gente que de sus gobernantes. Si bien hay comercio a mayor escala, las ferias y festividades de ambos países permite a los comerciantes de ambos países sacar lo mejor de ambos lugares sin problemas al moverse, sin fronteras cerradas o caros peajes y claro, protección de ambos reinados garantizando un viaje seguro. La economía de ambos reinos se ha establecido y crecido después de la unión de ambas familias. La política de ambas naciones estaría favorecida, claramente. Si bien Hoshido no tiene una fuerza militar importante, si cuenta con especializaciones que son desconocidas por el ejercito Alteano, creo que ambos podemos crecer cuando nuestros jefes de guerra compartan mesa de estrategia. Mentiría si dijese que la inclinación religiosa no tuviese peso, verá, estimada princesa, filialmente el mantenimiento de la sangre real es muy importante para los que portamos la marca del exaltado, prueba de tener en nuestras venas la sangre del primer escogido por Naga, protectores de Akaneia. Espero que entienda que la importancia de la sangre es primordial. - hizo una pequeña pausa solo para asegurarse de que ella estuviese siguiendo sus palabras. Tenía entendido que la familia real de Hoshido tenía sangre del dragón divino, le costaba un poco mantener aquella idea en su mente, la joven frente a sí no parecía ser alguien que portase aquello, aunque si se ponía analítico podía llegar a ver algunas similitures en los rasgos que había visto en el otro híbrido de manakete que había conocido. Su cabello blanco, piel suave y pálida, si miraba con atención en sus ojos carmines podía llegar a ver la pupila ligeramente rasgada. Sin querer ser descortés bajó la mirada  su té para dar el primer sorbo. No veía en ella ninguna parte escamosa o desproporcionada como la había visto en el otro híbrido... agradecía, y suponía que debería ser por ser del dragón sagrado de quien se hablaba y no cualquier manakete.

- Siendo claros. Hoshido posee costas con acceso al este los cuales nos permitirían trazar más rutas marítimas, en especial con nuestros aliados en Elibe. Su ejército tiene una fuerza especial que se caracteriza por su sigilo y habilidad para el espionaje e infiltración, Altea haría buen uso de este recurso. Tengo entendido que por sus venas corre la sangre del dragón sangrado, como portador de la marca del exaltado considero que el fruto de nuestra unión dará un descendiente digno al trono de Altea. Estaría de más aclarar lo que Altea tiene que ofrecer en este trato, como bien dijo Hoshido encontraría enriquecedora esta alianza. - su tono era un tanto distante, como si aquella negociación no fuese un matrimonio y una vida en conjunto si no un simple intercambio, un trato comercial a fin de cuentas. Bebió un trago largo de té volviendo a ofrecer una sonrisa amable, volviendo a posar su mirada en los rasgos delicado de la joven, un rostro que estaría feliz de ver día a día. No pensaba en ese momento en su vida juntos como marido y mujer, intentaba no hacerse ilusiones, ya se había sentido traicionado y prefería plantear aquellos arreglos en papel que simplemente hacer tratos de palabras.

Bajó la taza a la mesa y agregó un terrón de azúcar mezclando nuevamente con la cucharilla de plata y enseguida tomar un dulce de la bandeja, un disco pequeño de masa dulce coronado con jalea roja, aquel bocado saturaría sus papilas gustativas con dulce, por lo que endulzaba de antemano su té para evitar sentirlo amargo después del bocado, suficientemente pequeño para poder meterlo en su boca sin hacer migas y poder comerlo con la delicadeza inculcada por las damas de su familia - Flores en los árboles ¿cómo árboles frutales antes de dar su fruta? Me encantaría velo, si no es molestia me gustaría que nuestro próximo encuentro fuese en Hoshido. -


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Re: Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Invitado el Sáb Jun 11, 2016 4:04 pm

Decidió dejar de pensar por una vez en la reunión, un momento donde pudiera tener la cabeza despejada para escuchar a su acompañante, intentar comprenderle y analizar sus palabras. Cada aspecto que comentaba sobre los beneficios que tenía la alianza que se había hecho en Ylisse y Altea le hacía pensar en cómo mejoraría Hoshido, en lo contenta que se vería la gente si tuviesen ese tipo de relaciones con otros países tan importantes como eran éstos. Además que comprendía su argumento sobre la religión, sabía que en su familia corría sangre del dragón divino directamente, y que Altea poseía sangre del primer elegido por éste.

Sus ojos divagaron por el salón hasta detenerse en los del otro que, de forma fija detenidos en ella, le miraban igualmente. y sintió sus mejillas enrojecerse, recordando el cómo sus criadas le habían arreglado especialmente para esa tarde, cuando no notó alguna facción desanimada con su físico al bajar el príncipe la mirada, se sintió halagada, quizá bella. Parpadeó avergonzada para tomar un poco del té que fue servido, ¿tan superficial se estaría volviendo? Quiso regresar corriendo a Hoshido apenada por los pensamientos que tenía… y volvió a observar a su prometido, sus movimientos calculados y la gracia que poseían, cómo las facciones de él se movían remarcando su atractivo, entonces la pregunta llegó a su mente como relámpago. ¿Qué edad tenía él?

Continuó hablando sobre la alianza y cómo beneficiaría al linaje de ambos países, haciendo que la cara de la joven empezara a arder. Ella iba a dar luz a sus hijos, del príncipe Marth, ¡parecía un sueño! Él lo hablaba como si fuese nada, como si fuera algo ajeno a ellos mientras que para Kamui era demasiado íntimo, ¿así de diferentes serían? Cuando hablaba de esa manera, la joven se sentía como un simple producto de mercado haciendo que su cuerpo se pusiera rígido, respiró con profundidad en un intento de calmarse. Si lo pensaba fríamente, realmente estaban haciendo un negocio donde ambos eran los objetos a entregar, no podía culparle de cómo pensaba.

Sería un placer poder tenerle en Hoshido, príncipe —repuso la joven al sentir que se le había dado el permiso de hablar—. Sus argumentos sobre lo que buscaba en una alianza con mi país son remarcables, sería un placer que éste tuviera tantas ventajas como usted menciona, un tiempo donde el comercio entre las tres naciones fuera libre, como si fueran uno solo, aquello suena utópico. Aprender sobre la fuerza militar de Altea hace que mi curiosidad despierte, perdóneme si cambio ligeramente de tema pero, ¿usted hace algún tipo de deporte, príncipe? Si me permite comentar, uno de mis pasatiempos es aprender sobre nuevas técnicas de combate con espadas, hace un tiempo pude practicar con el marqués de Pherae y debo decir que la forma de usar el arma en Lycia es bastante peculiar —una sonrisa cálida se posó en su rostro al recordar al mayor, aquel que sentía como un segundo padre, ¡le admiraba demasiado!—. Disculpe, seguro tenemos temas más importantes que tratar —deseaba conocer un poco más sobre él pero quizá debía esperar a la siguiente reunión, en Hoshido—, si no es molestia, podríamos continuar tratando sobre los temas oficiales que usted mencionó.

¿Preguntaría directamente sobre la boda? ¿Sobre ella? ¿Sobre su familia? Tenía que esperar a que le contestase pero la ansiedad se la carcomía poco a poco, ¿sería por el poco descanso que había tenido durante el viaje?
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Re: Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Marth el Mar Jun 21, 2016 3:24 pm

A media que fluía la reunión se sentía más afortunado, ella mostraba modales dignos de su puesto como princesa y su apariencia no dejaba lugar a quejas realmente, todo en ella era hermoso, como un fresco pintado en el techo de una catedral, cada pincelada cuidadosa, pintada cabello a cabello con pinceles de cerdas de cola de marta, no podía imaginarla con nada de menor calidad. Sonriendo de su dicha debía de repetirse que debía ser cauteloso, no permitiría que nuevamente le traicionaran de tal manera, aunque una princesa de un país estable y de considerable territorio no era lo mismo que una ex princesa de un país caído, lamentaba más por el padre enfermo de la su ex prometida que por ella misma, de cualquier modo apenas la había conocido por más de sus más de 14 años de compromiso.

Asintió suave con su cabeza y volvió a alzar su taza de té pese a que no bebió enseguida, no pudo contener su sorpresa cuando ella expresó su pasatiempo, por un momento sintió desilusión, siendo un hombre machista por educación esperaba que su esposa fuese como su hermana o su madre, mujeres que se dedicasen a las artes y a quedarse en el castillo, a lo sumo que se involucre en la sociedad y en la economía del país pero no en la guerra que eran asuntos más masculinos, era un problema similar que había tenido con su ex prometida, pero intentó no tacharla enseguida de imprudente como esta última. Kamui no mostraba ser igual a ella, era una mujer forjada con otro molde, un molde más parecido al suyo a su primera opinión - He recibido entrenamiento militar, mi formación como espadachín aún está en proceso así que ocupa una actividad diaria mi entrenamiento. No es un pasatiempo propiamente pero desarrollo también actividades de equitación, como actividad social la caza a caballo es una de mis predilectas. - una pequeña mentira aquello último, no era su actividad preferida por más que la desarrollaba bastante seguido, sobre todo con los invitados. Detestaba ir de caza, odiaba quitarle la vida a un animal pero tras un incidente con su padre donde él, de pequeño había caído en lágrimas al su flecha alcanzar un venado y escuchar los lamentos del animal moribundo, se había negado a darle muerte y su padre había descargado una fuerte bofetada sobre la mejilla del pequeño heredero, palabras duras como no ser digno de la corona de Altea y poco valor como hombre habían sido dichas y grabadas en la memoria del peliazul. Muchos años después seguía sintiendo como su pecho se contraía cada vez que sus dedos soltaban la flecha que daba en su objetivo, como príncipe no se podía dar el lujo de fallar en sus tiros, y aún sentía el arder de su mejilla cada vez que evitaba dar el remate y dejaba que los perros se encargasen o mismo los siervos que les ayudaban en la cacería. Bajó su taza sin haber dado siquiera un sorbo y no ocultó su entusiasmo - ¿Conoce a Lord Eliwood? Que dicha, es un gran amigo mío y su marquesado así como la liga de Lycia es un valioso aliado de Altea. Es perfecto que ya ambos países tengan relaciones, no hay cosa que anhele más que la paz entre nuestras tierras y nuestra gente, sería sumamente agradable poder tenerles a ambos, mi mejor amigo y a mi prometida, en las fiestas del castillo. - perdiendo apenas un poco el aire serio su sonrisa se mostró más sincera y relajada aunque su postura seguía siendo algo rígida como de costumbre.

Distraído un poco por ya pensar en un futuro más próspero, si Lord Eliwood tenía tan buenos tratos con aquella dama como para practicar juntos espada entonces era obvio que le tenía en buen grado y sentía que contaba con la aprobación de su aliado. No era algo que necesitase pero ahora que sentía que la tenía se sentía un tanto más seguro de sus acciones, sobretodo más confiado en la chica. Esta vez si bebió un trago antes de bajar la taza a su regazo - Pues creo que sobre el tratado no hay mucho más que decir, mi escriba ya tiene listo el acta y solo faltaría su firma y la mía como promesa de matrimonio. En conjunto con las cartas son una promesa entre ambas naciones para una alianza por sangre. Si desea puedo facilitarle el documento para que lo lea y si está de acuerdo firme. Tampoco es mi intención el aburrirla con temas diplomáticos cuando está cansada del viaje, si he despejado sus dudas creo que no hay mucho más que discutir y podremos pasar a hacer social esta reunión. Claro, si desea retirarse a descansar también está en su derecho, su habitación está lista y la servidumbre dispuesta para atenderla para la cena. -


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Re: Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Invitado el Vie Jun 24, 2016 2:29 am

¡Sabía sobre combate! Es decir, era obvio, siendo un príncipe heredero  al trono, ¡ay, Kamui! Aunque ello no evitó que sonriera algo ilusionada, ¿podría un día ver el estilo de combate real de Altea? Esperaba con ansias que sí, claro que tenía en claro que primero debía tener más confianza con el príncipe, estaba casi segura que por ahora no parecía correcto pedir un entrenamiento con él. Escuchándolo, pensó en que ella no era demasiado talentosa con lo que era equitación, no era terrible en ello (Gracias a las clases que fue obligada a asistir) mas no estaba capacitada para hacerlo sin escolta que le vigilase. Su pensamiento cambió de tema al mencionar que no era un pasatiempo la práctica con su espada, cuando a ella le agradaba en demasía, ¿serían demasiado diferentes por la educación que les fue dada? Esperaba que aquello no terminara siendo un impedimento en formar una relación de, mínimo, amistad. Claro que sus ánimos subieron apenas el joven mencionó su relación con el marqués de Pherae.

¿Es su mejor amigo, príncipe? —le sonrió entusiasmada con la idea, ¡podría ver al marqués! Siempre tan educado y propio, que tomaba un espacio de su ocupado tiempo cuando estaba en Hoshido para visitarle, ¡qué maravilla!—. Él visita algunas veces Hoshido y normalmente tengo la oportunidad de encontrármelo, es un hombre encantador —¿estaría mal adular a un hombre que no era miembro de su familia? No estaba segura si le habían mencionado eso, se asustó ligeramente con la idea, debía tranquilizar y arreglar su error que quizá no era error—, lo he podido considerar como un amigo cercano mío, es un placer que posea una relación tan estrecha.

Observó con atención que la sonrisa de él parecía tener un aire diferente, ¿quizá más jovial? ¿Sería a causa de su amigo en común? Dentro de sí celebró aquello, si ambos se llevaban con el marqués significaba que ellos mismos podrían tener una relación cercana, ¿no? Empezó a relajarse, concluyendo que el príncipe Marth no podía ser alguien aprovechado ni detestable si el marqués le tenía en tan alta consideración, podía confiar en que su matrimonio, si se casaban, no sería una pesadilla. Los cotilleos que escuchaba a veces con las criadas de su hogar, de esposas que son golpeadas, encerradas y demás cosas horripilantes; no le sucederían.

Algo más confiada con lo que ocurriría entre el joven presente y ella, pensó en pedir los documentos, aquello que sellaría el trato de matrimonio cuando apenas lo conocía y dudó por unos segundos. Casarse con alguien que no amaba y sabía que no podría remover su palabra sería duro para ella, prácticamente lo estaba jurando y el no hacerlo llevaría a consecuencias para su país, unas que ni siquiera deseaba pensar. ¿Realmente haría eso por su reino?

Aceptaré su oferta, príncipe Marth, ¿sería tan amable de mostrarme los documentos? Creo que con todo lo que me ha dicho, no puede estar más claro que una alianza entre nuestras naciones será fructífera —dijo, sentenciándose a sí misma. Y rogaba al Dragón Divino que no se equivocara— y, si no es molestia, posteriormente me retiraré a descansar —necesitaba estar en un cuarto a solas con sus pensamientos. Acaba de tomar la decisión más importante de su vida, o al menos por ahora lo era, primeramente debía leer con atención cada palabra y… firmar, claro. Un tratado acerca de ellos dos, de su vida juntos, de Hoshido, prácticamente, volviéndose uno con Altea, siendo que los problemas de uno serían los del otro, o eso entendía.

«¿Podré pasar el resto de mi vida con el príncipe Marth?» Era la pregunta que rondaba en su cabeza. ¿Sería tan carismático? ¿O todo sería monótono con él? ¿Le daría regalos o la trataría como un objeto? Tenía claro que no era un mal hombre, pero… ¿esposo? Ni siquiera sabía su edad, ni todas sus aficiones, además de la caza a caballo. Anotó mentalmente en mejorar en ese aspecto, quizá podría tener más temas para conversar si le tomaba el gusto a aquella actividad, claro que no podría matar animales por mero gusto y se preguntó cómo él podría, ¿sería algo común en Altea? ¿O era algo de hombres? Mas debía admitir para sí misma, que era bastante agradable a su vista, cómo le gustaba el tono que poseían sus orbes, podría mirarlos todo el día y encontrar nuevas tonalidades, n-no era que ya hubiera empezado a hacerlo. Contuvo un suspiro juvenil mientras sus mejillas se coloreaban con ligereza, ¡debía entrar en sus sentidos!

¿Le parece bien, entonces, que nuestra próxima reunión se haga en Hoshido? —preguntó finalmente, tocando sus mejillas para tantear qué tan sonrojadas estaban y agradeció que no estaban hirviendo—. Puedo hacer los arreglos para recibirle en cuanto me diga, príncipe Marth —le sonrió con calidez—, déjeme darle la recomendación de visitarlo dentro de estos tres meses, ya que es cuando Hoshido tiene la época más bella del año, hay una abundancia de flores que —soltó un suspiro soñador recordando sus tierras—… es mágico.

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Re: Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Marth el Mar Jul 05, 2016 1:29 pm

Ante la afirmación de la joven alzó su mano para que el escriba presente comenzara su trabajo. Mientras el príncipe continuaba su reunión de manera normal el hombre de mayor edad acomodaba unos papeles dispuestos sobre la mesa del escriba, un podio algo alto con una inclinación cómoda para escribir, reducida en tamaño solo para sostener el ancho de dos hojas de pergamino y por encima un cuenco para apoyar el tarro de tinta y descansar la pluma. - Confío que el dragón sagrado pondrá buena fortuna a nuestros pueblos con este tratado, ya lo ha hecho conmigo, al menos, al presentarme tan encantadora dama. - acentuó un tanto su sonrisa aunque no pudo mantener demasiado la mirada bajándola casi de inmediato a su taza de té, se sentía un poco avergonzado por haber hecho aquel cumplido, esperando que fuese bien recibido. Si bien estaba acostumbrado a dar cumplidos a damas, sobretodo en las fiestas y en las cortes, siempre eran hacia sus parejas o familiares, nunca dirigía un cumplido directamente a la mujer, era un formalismo y una felicitación al acompañante masculino, en este caso no solo era dado directamente a la joven si no que realmente creía lo que decía, la conocía poco pero estaba agradecido de corazón que la joven que había llegado desde el otro lado del continente fuese de su agrado.

El escriba acomodó los papeles y los acercó a la joven princesa dejándolos en la mesa delante de ella, sin apresurarla, simplemente colocándolos a su alcance para cuando desease leerlos, acto seguido se quedó a un lado dando solo dos pasos hacia atrás con sus manos a su espalda a la espera de que todos estuviesen de acuerdo para proceder con la firma. El peliazul dejó su té sobre la mesa y quebrando un poco su imagen tan recta y firme se inclinó apenas un poco hacia adelante, ambos pies sobre el piso y sus rodillas ligeramente separadas, ansioso y dispuesto para cualquier cambio, igualmente agregó - Si desea leer a solas puedo facilitarle mi estudio. - Había revisado esos papeles incontables cantidades de veces, les había hecho muchas modificaciones y finalmente había enviado una copia a la reina de Hoshido aunque la noche anterior los había vuelto a revisa y tras unas pequeñas modificaciones había enviado re escribiros nuevamente, ningún cambio grande, más bien palabras más exactas, algún punto extendido un poco más. Era la primera vez que había redactado un acuerdo de ese tipo y si bien había leído en el archivo diferentes a lo largo de los años, incluso el suyo propio con la ex-princesa de Talys, sentía que todos eran demasiado vagos y faltaban demasiados puntos los cuales tocar. Habían muchas cosas por las que él se consideraba inflexible, siendo la religión uno de estos, tema que nunca había sido tocado en ningún tratado anterior que había leído, especificar lo obvio como que ella debía mudarse a Altea cuando el matrimonio fuese consumado, cada punto y beneficio de cada lado de la alianza así como cada obligación, comercio y como sería la relación de Hoshido con los otros países aliados, pues ahora compartiría la alianza hermana que Altea tenía con Ylisse.

- Tendré en cuenta sus consejos sobre mi futura visita a Hoshido, realmente suena como un lugar maravilloso. - ya sin té en su mano y la taza estando casi vacía no tenía problema alguno en retirarse o simplemente esperar a que ella hiciera su lectura. No era extensa, apenas un par de páginas de letra elegante y clara, aunque si bastante más que las medias páginas que había visto antes. Volvió a ofrecer una sonrisa amable - Procuraré que tenga un buen descanso cuando estos asuntos queden zanjados. Vuelvo a disculparme por apresurar este asunto ni bien ha llegado. - sabía que el viaje era cansador y que seguramente bajo aquella imagen pulcra y elegante estuviese una muchacha sumamente cansada. Al menos era algo que compartían y Marth aprobaba aquello.


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Re: Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Invitado el Vie Jul 08, 2016 1:01 am

«¿C-Cómo?» ¿Había escuchado bien? ¿Le había llamado encantadora? Bajó la mirada inmediatamente, sin poder controlar el acaloramiento que estaba sintiendo, ¡necesitaba aire! Sintió su corazón golpear violentamente su pecho ante aquello, no podía decir que no estaba acostumbrada a los cumplidos, pero siempre le eran dados en lugares públicos, realzando la belleza —que no creía poseer— debido a su estatus de princesa; era extraño que se lo dijera tan… ¿personal? No sabía qué palabra estaba buscando.

Gracias —dijo apenas los papeles fueron puestos frente a ella y pudo sentir la figura del príncipe acercarse un poco más con aquella aura de paz—. No se preocupe, me parece que es mejor en su compañía, si alguna duda surge sería más rápido para despejarla —le sonrió algo nerviosa tomando el documento para leerlo con atención.

Cada palabra parecía hecha con sumo cuidado, además de que era bastante exacto en lo que pedía, notando que casi todo lo hablado estaba allí, un poco más explicado para no dejar un solo cabo suelto. Era una grata sorpresa leerlo, ¿lo habría hecho el mismo príncipe? Empezaba a sentir una admiración hacia él y, finalmente, se sintió orgullosa de lo que hacía. Era una princesa y cumpliría con su deber, ayudaría a engrandecer Hoshido; quizá no conseguiría el matrimonio con amor como había deseado, no obstante su pueblo estaría feliz. Y eso era lo más importante.

Por favor, no se disculpe. Creo haberle mencionado que tuve un pequeño descanso en el viaje así que no hay ningún problema —Repetir una pequeña mentira no haría nada malo, ¿no? Había querido descansar antes, pero ahora agradecía haber terminado con el tema, se tomaría un largo descanso en Altea desde el día siguiente. Pasaron unos minutos más mientras la albina terminaba de leer todo, no era tan largo pero no podía pasar por alto nada, hasta finalmente dejarlos sobre la mesa, regalándole una sonrisa a su prometido—. Está todo bien redactado, príncipe. No me queda ninguna duda que hizo un trabajo espléndido —halagó algo asombrada— y, por supuesto, estoy de acuerdo en todo —ahora quedaba esperar a que trajeran aquel cuenco con los objetos necesarios para firmar.

Lo haría, se dijo, ¡lo haría! Y su mano tomó con firmeza la pluma, sumergiendo levemente la punta de ésta en la tinta para llevarla en la zona donde debía firmar en la escritura. Por su mente pasaron varios pensamientos, sus temores, sus anhelos dejados de lado, todo para acabar con el ideal de que lo hacía por Hoshido y, con elegancia, dejó plasmado la firma poseedora de su nombre, cerrando y aceptando el trato, para casarse con el príncipe Marth, de Altea.

Que el dragón divino bendiga nuestro matrimonio, príncipe —dijo dejando el documento para que él pudiera firmarlo y, sin quitar aquella sonrisa cálida de su rostro, se levantó dando una pequeña reverencia—. Si usted me disculpa, he de retirarme a la habitación que me ha sido preparada —caminaba hacia la puerta con su mente astillando su cabeza y, apenas ésta fue abierta, volteó su rostro para observar a su prometido—. Debo decirle que… me alegro mucho que fuera usted —confesó con un pequeño sonrojo—, que tenga buena noche.

Apenas salió pudo sentir cómo la puerta se cerraba detrás de ella, dejando salir el aire que había contenido todo el rato. Su guía le llevó directamente a su habitación donde le esperaba su criada para ayudarle a cambiarse, pero apenas estuvo en soledad dejó salir las lágrimas de sus sueños rotos. Sabía que no se equivocaba en aceptar el matrimonio impuesto, sin embargo, además de ser princesa era una joven, ¡de diecinueve años! Y había tenido muchas esperanzas en enamorarse para después casarse con su príncipe azul pero no podía suceder.

Estaré bien —susurraba para sí, sabiendo que pronto no le dolería, que aceptaría la idea y estaba segura que su prometido no era un mal muchacho, después de todo era amigo cercano del marqués de Pherae y confiaba en el criterio del hombre que prácticamente consideraba su segundo padre. No podía haberle tocado un mejor matrimonio, se intentaba convencer, aunque sabía que le tomaría un tiempo.
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Re: Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Marth el Lun Jul 25, 2016 11:17 pm

Estuvo expectante mientras ella leía, sentado ligeramente al borde del asiento con su espalda separada del respaldo pero sin mostrar inclinación hacia adelante, hubiese sido demasiado descortés un lenguaje corporal como ese, simplemente se mantuvo atento mientras sus manos descansaban sobre su regazo. Al ver que ella alzaba su mano para pedir la pluma amplió su sonrisa y respiró con alivio, al parecer ella no había encontrado error alguno y estaba de acuerdo con todo lo que él había puesto, se había esforzado bastante en ese documento y a su propia manera formal era el equivalente a votos matrimoniales. El escriba le entregó la pluma lista para la firma y el príncipe hizo un gesto de agradecimiento con su cabeza - Le estoy muy agradecido y me llena de dicha que sea de su agrado y acepte. - su voz  se mantuvo suave, como si ella necesitase silencio para plasmar su firma. Cuando los documentos fueron entregados al regente, este tomó la misma pluma y cargandola en el tintero que el escriba le acercó escurrió la gota en la punta y plasmó su nombre en caligrafía tan elegante y decorada como la femenina. El documento fue entregado al escriba que lo dispuso sobre el escritorio para dejar secar la tinta, después serían guardados y una copia sería entregada a Kamui para que la llevase a Hoshido. Cuando ella se levantó él también lo hizo haciendo una reverencia - Que el dragón divino bendiga nuestra unión. - secundó para afirmar las palabras de ella - Un escolta le llevará a su habitación, espero que encuentre todo de su agrado y tenga un agradable descanso. La esperaré en la cena. - dijo finalmente viendo a la joven retirarse del estudio.

No pudo soportarlo más - Déjeme a solas. - ordenó y el escriba así como los guardias en la puerta hicieron una reverencia y se retiraron de la estancia. A solas el príncipe se sentó nuevamente en el sillón dirigiendo su mirada hacia el escritorio donde descansaban los papeles recién firmados. Una sensación similar a las nauseas subió por su pecho y debió de respirar profundo para recomponerse, eran solo el efecto de los nervios pasando, demasiados nervios contenidos que ahora liberaba cuando todo había pasado, estaba todo firmado y el pacto cerrado, sin embargo seguía con el miedo de que volviese a ocurrir lo de su primera prometida. No. No ocurriría, Kamui se veía como una muchacha totalmente diferente y encantadora, ella no sería capás de dejar sus deberes como princesa para perseguir una falsa libertad, ella no faltaría a sus responsabilidades y no huiría dejando a su familia y a su prometido en la vergüenza. Tenía que acomodar un poco sus ideas sin embargo, tenía que aprovechar esos pocos días para conocerla, cortejarla y hacerla sentir en su hogar, pues Altea lo sería en poco tiempo.


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Re: Erase una vez en un reino lejano... [Privado | Kamui - Marth]

Mensaje por Eliwood el Jue Ago 04, 2016 5:15 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Kamui obtiene un incremento de +1 EXP. Debido a ser un personaje ya en su segunda clase, Marth no obtiene experiencia de este tipo de tema.
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