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Sigue el Camino Amarillo [Priv. Suhail]

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Sigue el Camino Amarillo [Priv. Suhail]

Mensaje por Kagura el Miér Mar 09, 2016 11:24 am

Aquella era la primera vez que Kagura visitaba el lejano continente de Tellius, que por lo que sabía, tenía más o menos una buena relación con Akaneia. Sin embargo, a pesar de que estaba ya muy acostumbrada a escaparse de casa y a viajar, al momento de desembarcar en los muelles de Crimea estaba hecha un amasijo de nervios y se aferraba con más fuerza que nunca a su querido parasol. En gran parte la razón que le había motivado a alejarse tanto de Hoshido tenía que ver con esa marca tan repudiada que tenía en su nuca. Ella era una ‘marcada’, y por tanto podía hacer cosas que otros humanos normales no podían. Era sólo cuestión de tiempo que tarde o temprano decidiese emprender un viaje a Tellius en busca de sus orígenes. Aunque su condición lejos de ser de ayuda era un considerable inconveniente, puesto que despertaba desprecio y sentimientos encontrados cuando la descubrían. Y precisamente ese riesgo de que la descubriesen aumentaba en el continente de Tellius, donde una importante cantidad de sus habitantes eran en realidad laguz dotados con la instintiva capacidad de sentirla. Por ese motivo se desplazaba por Crimea con mucha cautela, adentrándose siempre en callejones mucho más solitarios que las ya de por sí vacías avenidas de la Ciudadela Central. Tan ocupada estaba intentando pasar desapercibida por temor a los a laguz que no tuvo tiempo de preguntarse por qué la metrópolis de aquel país parecía triste y desolada.

Kagura no tenía en mente un objetivo claro al que dirigirse. No solía pensar demasiado a la hora de tomar decisiones, así que había ido a Tellius sin cavilar mucho acerca de lo que esa decisión acarrearía. Su instinto la terminó llevando a las afueras de la ciudad, donde extensas planicies dedicadas exclusivamente a la agricultura y la ganadería se extendían más allá de donde alcanzaba su vista. La belleza de aquel escenario, bañado por los dorados rayos de un sol que empezaba a ocultarse bajo el horizonte, la conmovió mucho al recordarle a los campos de arroz de Hoshido. Caminó un poco más siguiendo los senderos de tierra que parecían conectar los poblados campestres desperdigados por el paisaje, protegiendo su tez clara de la luz gracias al parasol. No tardó en percatarse que en todo aquel tiempo en el que había estado paseando y admirando el campo, aún no se había tropezado con ningún transeúnte. Aquello le resultó extraño. ¿Por qué Crimea parecía tan… vacía? Pero en vez de detenerse a darle más vueltas al asunto, apresuró su paso para dirigirse al pueblo agricultor más cercano en busca de un lugar donde pasar la noche.

Mientras se acercaba a su destino, notó que una suave y tranquilizadora brisa primaveral removía las hojas de los árboles y de las plantas constantemente, produciendo un sonido refrescante y agradable que ayudaba a aportar a la escena algo de irrealidad, como si de una pintura de cuadro se tratase. Ante la inexistente presencia de gente en el camino pedregoso por el que transitaba, Kagura pudo relajarse un poco más silbando y tatareando una canción tradicional de Hoshido. Por un momento, hasta llegó a olvidarse de lo que había venido a hacer en aquel país, que principalmente consistía en buscar alguna pista que le sirviese para entender mejor quiénes eran sus padres biológicos. Si era una branded, lo más sensato sería pensar que un antepasado suyo había estado alguna vez en Tellius, ¿no? Por mucho que le importunase, en el fondo sabía que tarde o temprano tendría que vérselas con los laguz.

Sus cavilaciones se vieron interrumpidas cuando alcanzó a ver una figura en la lejanía. Kagura entrecerró un poco los ojos como si estuviese esforzándose por distinguirla un poco mejor. ¡Por fin había encontrado a otra persona en aquel desolado sendero! Con una gran sonrisa dibujada de oreja a oreja, corrió en dirección a la que parecía ser una muchachita un poco más joven que ella.

—¡Hola!— empezó a decirle entusiasmada cuando la alcanzó. —¡Me llamo Kagura y soy turista! ¿Sabes por casualidad por qué aquí hay tan poca gente?—
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Re: Sigue el Camino Amarillo [Priv. Suhail]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 11, 2016 11:09 am

Lo que en antaño era un paisaje alegre y lleno de vida, ahora se mostraba mayormente vació y opaco: los caminos que  conectaban los distintos pueblos agricultores de Crimea distaban mucho de mostrarse tal como en antaño, los comerciantes ahora evitaban ciertas rutas, y los trabajadores de los campos habían optado por reducir sus zonas de trabajo. Los emergidos y la misma situación política del país había echo que las personas que habitaban las periferias decidieran ocultarse temprano en sus hogares, eligiendo durante el día una vida más cuidadosa, más oculta. Muchos inclusive habían preferido viajar hacia el centro del país, buscando zonas más pobladas, más protegidas. Pero así mismo otros tenían la fuerte convicción de permanecer en sus tierras, de cuidar y trabajar sus campos, sus rebaños.

A la rubia le había costado decidirse. Sus pasos en un principio temerosos, ahora se mostraban más alegres, enérgicos inclusive: si bien el camino estaba mayormente vació, si bien ya no había carromatos con mercaderes, o personas labrando los campos, el paisaje seguía mostrándose hermoso. La naturaleza ante sus ojos se veía majestuosa, los colores brillaban vividos y bailaban calidamente frente a sus ojos.

Una sonrisa había adornado sus facciones en el momento en que se atrevió a dar un paso fuera de la ciudad, y en contadas ocasiones dicha expresión flaqueo a lo largo del día. Escogió salir por la mañana, lo suficientemente temprano como para poder recorrer una  parte del camino, llevando un ritmo constante al caminar. Si tenía suerte podría llegar al poblado más cercano del que tenía conocimiento antes de que anocheciese... por que si la noche caía sobre ella en medio de las planicies, no sabría que hacer.

Si su maestro siguiese con vida, no tendría temor de acampar en su compañía, junto al acogedor fuego de una pequeña fogata comiendo patatas asadas. Y quizás, si el día había sido especialmente bueno, tendrían los fondos suficientes como para haber comprado pan o incluso bollos, junto con un poco de vino. Entonces, luego de una velada en donde el mayor contase historias y le enseñara nuevas canciones, dormiría bajo el arrullo de las estrellas, para despertar al día siguiente con el aroma a avena caliente, típico de las gachas que el adulto preparaba.

Pero, ese no era el caso. Y temía no ser lo suficientemente rápida, o lo suficientemente hábil o resistente como para ser capaz de llegar al pueblo, o de encender una fogata o salir huyendo si es que la noche le atrapaba a mitad de camino. No quería preocuparse antes de tiempo, si el miedo llegaba a abordarla posiblemente no podría seguir avanzando, y eso a la larga sería peor. Así que había optado por observar el paisaje, sumiéndose en lindos recuerdos de cuando su mentor le había enseñado las tierras de Crimea. Gracias a eso, es que era capaz de recordar el por que de salir de la seguridad de la ciudad: era una juglar, su trabajo era entretener y hacer feliz a la gente a cambio de unas cuantas monedas. El mercado de Crimea era vivo y colorido, la gente allí a pesar de sus preocupaciones igualmente podía ser feliz... pero en los pueblos agricultores era todo lo contrario.

Si ella podía, aunque fuera por solo un momento, dar un poco de color y alegría a la vida de los agricultores, entonces lo haría. Sabía que no debía esperar a recibir algo monetario a cambio, ya que la situación en los poblados no era buena. Pero mientras tuviera un techo bajo el cual dormir se las podría arreglar.

O al menos eso se había obligado a pensar para no arrepentirse a ultimo minuto.

- Esta caluroso, no Ally?.-cuestionaría en voz suave y tenue al periquito que la acompañaba fielmente. El ave que descansaba con suavidad en uno de sus hombros emitió un trinido y sacudió brevemente las alas. Divertida por el accionar del ave, fue que siguió caminando. En algún punto había comenzado a tatarear, y antes de darse cuenta se encontraba cantando. Las horas habían pasado, y ya estaba atardeciendo, los colores naranjas y rosados teñían el cielo y nada la preparo para la voz que se escucho repentinamente a uno de sus costados. Tan sumida estaba en el paisaje, en su propia voz, que inevitablemente dio un brinquito alterada, girándose sorprendida y con expresión asustada para observar a una muchacha un poco más alta que ella, de fina y ágil figura y de cabellos rojos como el fuego.

Parpadeo una vez. Parpadeo una segunda vez. Parpadeo una tercera vez y finalmente detuvo su andar mientras tragaba en seco.- Uh... este....-inconscientemente una de sus manos se alzo para tomar la solapa del sombrero, bajándola un poco para lograr cubrir parte de su rostro. Se le hacia raro ver a una turista por estos caminos...  Titubeante, paso el peso de una de sus piernas a la otra.- Es por los emergidos, señorita.-soltó al final, en un murmullo bajo que fácilmente podría ser llevado por el viento. El sonido de los cascabeles que tenía cocidos a sus ropas se había detenido en cuanto ella paro de caminar, pero las pequeñas brisas de aire cada tanto los hacían volver a tintinear. Como pudo, forzó en su rostro una sonrisa temblorosa.- ¿Se dirige de casualidad al siguiente pueblo?.-cuestiono cordial. La muchacha era una extraña... pero se veía alegre, no parecía ser una mala persona. Además se podía notar que era mayor que ella, si se dirigían al mismo pueblo... podrían ir acompañándose mutuamente. Ya no sería tan peligroso.
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Re: Sigue el Camino Amarillo [Priv. Suhail]

Mensaje por Kagura el Sáb Mar 12, 2016 7:26 am

La dulce muchachita que había en esos momentos frente a Kagura tardó en reaccionar a la atropellada presentación de ésta. Cuando por fin se dispuso a responder la pregunta, parecía costarle también encontrar las palabras adecuadas, puesto que sólo llegó a pronunciar un par de murmullos ininteligibles. Probablemente por timidez, escondió entonces parte de su rostro con la solapa del característico y elegante sombrero que portaba decorando su testa. Mas este sencillo gesto aparentemente pudo ayudarla al fin a susurrar una contestación más apropiada. La pelirroja tuvo que acercarse bastante a ella para escucharla mejor.

— ¡¿Emergidos?! ¿Aquí?— exclamó la kunoichi sorprendida mientras se apartaba con brusquedad de la jovencita para echar un rápido vistazo a su alrededor. Escudriñó los alrededores cubriendo su faz con la mano, con la esperanza de poder vislumbrar a lo lejos a uno de esos pieles-pálidas que tanto interés le suscitaban. Pero cesó en su empeño en cuanto escuchó la pregunta que con suma educación le formuló la extraña. — ¡Sí! Acabo de llegar y busco un lugar donde dormir en ese pueblo de ahí. — respondió mientras señalaba el distante conglomerado de edificios de madera al que parecía conducir el camino que ambas recorrían. Ante la cuestión, Kagura dedujo entonces de manera precipitada que la tímida muchacha también debía de quererse dirigir a ese poblado también. Dando una sonora palmada de orgullo para celebrar la fantástica idea que se le acababa de venir a la mente, -después de haber apoyado adecuadamente el parasol en su hombro- anunció con alegría su proposición.

— Oye, oye. ¿Qué te parece si continuamos el camino juntas? ¡Será más divertido!— dijo satisfecha. Siendo tan locuaz como era, tenía la urgente necesidad de hablar con alguien, puesto que en el barco en el que había cruzado la distancia que separaba Akaneia de Tellius, apenas había tenido la oportunidad de entablar conversación con nadie. Sin darle tiempo a contestar a la juglar, añadió con una sincera sonrisa: —Y no tienes que ser tan formal. Llámame simplemente Kagura y tutéame todo lo que quieras. —

La kunoichi le tendió a continuación la mano, pues comprendía que fuera de Hoshido aquel era el saludo amistoso más típico, y fue entonces cuando reparó por primera vez en la apariencia de la muchacha. Indudablemente parecía mucho más bajita y joven que ella, y vestía los ropajes más vistosos que recordase haber visto en la vida. Cuatro colgantes pendían con simpatía de su oreja derecha mientras que un lindo periquito de exóticos colores descansaba sobre uno de sus hombros. Llevaba además consigo un extraño instrumento musical de cuerda y madera que Kagura no pudo relacionar con nada de lo que había visto en Hoshido. A su lado la sencilla apariencia de la pelirroja, ataviada con su desgastado vestido tradicional, pasaba totalmente desapercibida. Sin embargo, a pesar de la imagen tan llamativa que transmitía, aquella jovencita se comportaba inexplicablemente con mucha timidez. Ese detalle especial despertó la curiosidad de la kunoichi, que enseguida quiso conocerla mejor.

— ¿Cómo os llaman a vosotros?— le preguntó refiriéndose no sólo a la juglar sino también a su acompañante aviar mientras empezaba a andar de nuevo.
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Re: Sigue el Camino Amarillo [Priv. Suhail]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 15, 2016 10:09 am

En un principio se había sentido nerviosa y agobiada por la repentina cercanía, aunque no culpaba a la pelirroja por acercarse: después de todo su voz había salido en un tono demasiado bajo, un susurro apenas audible. Sin embargo, su reacción logro sobresaltarla, causando que retrocediese de manera instintiva un par de pasos.- Aquí?... eh... no, de momento no.-exclamaría atropelladamente. Quizás se había tomado todo demasiado literal, pero ciertamente en el camino no se veían aquellos extraños y pálidos personajes marchando... pero si que habían rumores de ellos por todo el reino.- ¡E-es decir...! Muchas personas les han visto... y se rumorea mucho al respecto... pero de...de-deberíamos estar se-seguras e-en el camino.-lo primero fue pronunciado en una tonalidad aguda, mientras que el final de la oración termino convirtiéndose en un murmullo: era claro por el temor de su voz que buscaba fervientemente convencerse a si misma de sus propias palabras.

Por suerte, a pesar de lo mucho que farfullo, si fue capaz de escuchar una respuesta por parte de la mayor.- Se de una posada bastante económica en dicho lugar...-comenzaría, pensando luego en que quizás no debió haberlo mencionado: no sabía si el establecimiento seguía funcionando, después de todo el pueblo lo había visitado hacia ya bastante tiempo atrás. Apenada, fue que sonrió, alzando un poco el rostro y permitiendo que su sombrero, a pesar de estar siendo sostenido por una de sus manos, no estorbase tanto en su visión y a su vez, permitiese ver un poco más sus infantiles rasgos.

-Me... me encantaría.-contesto al fin. Sonriendo con alegría y con honestidad: agradecía que fuese la joven pelirroja quien hiciese la propuesta. Kagura se mostraba satisfecha, y casi todas sus palabras venían acompañadas de acciones corporales, reafirmando su confianza y su alegría. A pesar de no conocerla, la pequeña rubia pensó en que podría creer en ella, y que el camino a demás de ser menos peligroso se volvería a su vez menos solitario y más animado.- Pero... ¿En verdad esta bien... que la trate de esa manera?.-cuestiono temerosa, la joven era una turista y saltaba a la vista la diferencia de edad. La juglar tenía entonces dos motivos por los cuales dirigirse a ella con respeto: era mayor, e incluso si se habían encontrado casualmente en el camino, era una posible clienta.... aunque bueno, eso ultimo no estaba tan asegurado. Después de todo la chica de extraños ropajes rojizos desconocía su trabajo.

Tan sumida estaba en esa pequeña cavilación, que fueron las siguientes palabras emitidas por la más alta las que lograron sacarla de su ensoñación. Confundida, repaso la pregunta en su mente, siendo precisamente un trinido emitido por su fiel acompañante lo que logro despertarla por completo. La Kunoichi había extendido una mano en su dirección, posiblemente esperando un saludo: ¡Y ella aquí metida en sus pensamientos en medio de una conversación amistosa!. Sintiéndose sumamente torpe fue que titubeo unas disculpas bastante atropelladas, soltando finalmente el ala de su sombrero y extendiendo entonces la que sería su única mano libre: después de todo la otra sostenía con firmeza la correa que sujetaba la guitarra en su espalda.

- Y-yo soy Suhail, y e-este es Ally.-se presentaría, con las mejillas coloreandose de la vergüenza, dándole un apretón leve a la mano de la muchacha, sacudiendo torpemente la muñeca, buscando darle énfasis al saludo. Solo entonces la soltó y alzo la mano, dirigiéndola hacia donde estaba el periquito, que rápidamente paso de estar sobre su hombro a descansar afirmándose entre los dedos de la menor.- ¡Y-y nos dicen Suhail y Ally!.-y aquí es cuando se le iba toda la elocuencia obtenida por su trabajo. Las palabras habían salido un tanto más agudas y a una velocidad en la cual prácticamente se superponían la una a la otra.

Apenada, y sintiendo su cara arder con más fuerza, fue que comenzó a caminar detrás de Kagura. Con un simple movimiento de su brazo el periquito alzo vuelo, comenzando a hacer giros y piruetas mientras acompañaba a ambas muchachas desde el aire.- Uh... Fa-falta un largo trecho Kagu-Kagura.-comenzaría, buscando llamar la atención de la joven de sencillos ropajes rojos: ¿Como sabía ella que ese color era la ultima tendencia en el continente? Sus curiosos atuendos, por que a pesar de lo grande que era el mercado de Crimea nunca le toco ver nada igual, y el color de su cabello causaban que la chica destacase a pesar de la aparente simpleza de sus ropajes. Eso sin contar con la sombrilla que llevaba: ¿No eran esos objetos utilizados para protegerse de la lluvia?... Aunque su forma era diferente, y a simple vista podía deducir que el material tampoco era el mismo que utilizaban para fabricar paraguas.- ¿No quisieseis... descansar un poco? Tra-traigo algunas frutas conmigo.-ofreció nerviosa.

El pueblo podía apreciarse a la distancia, las pequeñas estructuras de madera estaban más lejos de lo que parecía, y si bien sería bueno seguir caminando para llegar más pronto al sitio, también era cierto que la juglar hacia casi una hora ya que pensaba en tomarse un descanso: los tacones de sus zapatos la estaban matando, y no se había atrevido a sentarse bajo la sombra de un árbol debido a la ausencia de compañía y las posibilidades de encontrarse con algún animal salvaje.
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Re: Sigue el Camino Amarillo [Priv. Suhail]

Mensaje por Kagura el Miér Mar 16, 2016 1:49 pm

Kagura empezó a comprender que la jovencita poseía una naturaleza tan desconfiada que le impedía mantener una actitud activa como la suya. Sin embargo y pese a que sus personalidades parecían ser totalmente opuestas, la juglar no le desagradaba para nada. De hecho, las reacciones asustadizas y los tartamudeos que mostraba ésta como respuesta a la brusquedad de sus enérgicas acciones le resultaban hasta encantadoras. La kunoichi de Hoshido notó además que a diferencia de otra gente también tímida, la muchacha de cabello rubio aparentaba esforzarse mucho por superar su inseguridad y sus nervios en un intento de corresponderla con palabras elocuentes. Kagura admiraba ese comportamiento, por lo que intentaba ayudarla a sentirse más cómoda escogiendo con mayor cuidado que de costumbre las cosas a decir y poniendo especial atención a la conversación.
La peculiar juglar de Crimea tenía un modo especial de comunicarse: empleaba de vez en cuando sutiles sugerencias e indirectas para expresar sus pensamientos, temores y anhelos. Era su manera de afrontar su pasividad. Y cuando explicó a la pelirroja que existían muchos rumores acerca de avistamientos de Emergidos en aquella región, añadió no muy convencida que creía que el camino que transitaban era seguro.

— Descuida— la interrumpió Kagura con suavidad y sin fanfarronería. —Puede que no lo parezca, ¡pero soy fuerte! Si por casualidad nos topamos con Emergidos, te protegeré. — Intentaba ser comprensiva e inspirar confianza, ya que había tenido la impresión de que aquello era lo que la muchachita necesitaba oír.

A  Kagura le gustó escuchar la respuesta afirmativa de la joven ante su proposición de continuar juntas el camino que dirigía al pueblo agricultor. Y contestó con un ligero asentimiento de cabeza a la nueva pregunta que le formuló su nueva acompañante. —Solamente tengo dieciséis años. ¡No soy tan mayor!— comentó en un tono de voz despreocupado y amigable.

La juglar, que se presentó finalmente con el nombre de Suhail, tardó un poco en devolverle el saludo del apretón de manos. —Encantada de conoceros, Suhail y Ally. — dijo con una cálida sonrisa a la muchacha y a su periquito. Kagura, que se había detenido para colocarse frente a la jovencita, se agachó un poco para ponerse a la misma altura que su interlocutora mientras decía lo anterior. Intentaba transmitirle con ese gesto que no tenía por qué sentir vergüenza ante su artística presentación, que además, le había resultado muy simpática. Dicho esto, la kunoichi se levantó y retomó de nuevo la marcha. Como no se le ocurría de qué hablar, se limitó a observar distraída al periquito, que tras alzar el vuelo, revoloteaba con alegría por los alrededores. Sin darse cuenta, Kagura empezó a silbar de nuevo aquella cancioncilla tradicional tan pegadiza de Hoshido. Se trataba de una melodía lenta y suave pero con compases firmes, que a su parecer encajaba de manera idónea con la tranquilidad del paisaje. Pero interrumpió sus silbidos en cuanto percibió que los ojos de la otra chica estaban fijos en su atuendo. Frenando su andar, se dio la vuelta para escuchar su pregunta.

Suhail le propuso descansar y le ofreció también comida. El rostro de la pelirroja cambió radicalmente al oír la palabra ‘frutas’: su mirada amistosa y algo más madura que de costumbre, se tornó ansiosa e infantil. ¡En verdad estaba muerta de hambre! Y un oportuno y famélico rugido proveniente de su tripa no hizo más que reafirmar ese hecho. Llevaba en sus bolsillos algo de sukonbu para compartir, pero ignoraba si a Suhail le agradaría el fuerte sabor de aquel aperitivo. — ¡Por supuesto!— exclamó a la vez que tomaba a la juglar de la mano y la arrastraba con rapidez en dirección a un roble cercano, bajo cuya sombra se acomodó instantes después. Sin sentarse aún en el suelo, Kagura apoyó su espalda en el viejo tronco del árbol y cerró su parasol azul, para ofrecerle a continuación a su nueva compañera de viaje una caja de sukonbu.

— ¿Te apetece? Son algas y vinagre. — explicó intentando romper el hielo mientras hundía la punta metálica de la sombrilla en la tierra. — ¿Y qué me puedes contar de ti? ¿Dónde están tus padres?—
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Re: Sigue el Camino Amarillo [Priv. Suhail]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 28, 2016 8:49 pm

Se sorprendió un poco debido a la suave interrupción de Kagura. El pensamiento de que quizás había hablado demás paso por su mente para ser rápidamente desechado debido a las palabras pronunciadas por la pelirroja. Sus ojos se abrieron con ligera sorpresa, antes de entrecerrarse en un gesto cálido y agradecido, sin darse cuenta una sonrisa suave se había dibujado en sus labios, dando a su rostro un aire más animado.- Gracias.-diría, finalmente en un tono alto para ella, medianamente normal para él resto. Las palabras cargadas de seguridad lograron calmar a la pequeña rubia, transmitiéndole tranquilidad y confianza. Reforzando la idea, de que viajar con la muchacha era una buena idea.

-¡Oh!.-fue lo único que logro pronunciar ante la edad de su interlocutora. Inconscientemente la recorrió con la mirada de arriba a abajo, con un deje de notoria curiosidad. ¿No se suponía que a dicha edad una señorita, del estatuto social que creía compartían, debería estar casada?. Es decir, si bien la apariencia de la joven resaltaba por sus colores, era claro la sencillez de sus ropajes. Por lo que había visto, y mayormente escuchado de su maestro, a los quince o dieciséis años ya era común que una mujer de 'vida sencilla' estuviese ya casada y con hijos. ¡Más aun! había oído hablar a su maestro respecto a, que si hubiese nacido en cuna de oro, a su edad actual se encontraría ya desposada. ¿Quizás las costumbres del sitio en donde venía la chica, eran diferentes? O... ¿Acaso era una aventurera?. Incluso si la mayor tenía la apariencia de entrar en esa ultima categoría, no podía evitar pensar infantilmente en que era un riesgo demasiado grande: salir fuera del país, sin compañía... en cierto modo eso solo lograba reforzar la idea de que la pelirroja realmente debía ser alguien fuerte, pero no por eso lograba apartar sus dudas.

Simplemente, la mente de la rubia no lograba conectar ambas cosas. Dejándola en un silencio prolongado y observando a la más alta de manera insistente y curiosa sin siquiera notarlo.- Yo... tengo trece primaveras.-dijo al fin, ladeando la cabeza y desviando la mirada hacia el camino, volviendo a alzar su mano para inclinar parte del sombrero por sobre su rostro. En algún momento se había percatado de su comportamiento y se había avergonzado del mismo.- E-el gusto es nu-nuestro.- respondería, agradeciendo el gesto amable de la chica de trajes orientales, así que trato de corresponderlo mostrandole una sonrisa que si bien en un principio se apreciaba temblorosa, no tardo mucho en convertirse en una más cálida y natural. Que Kagura estuviese atenta a sus palabras y acciones era algo que le llenaba de gozo, después de todo resultaba mucho más usual que fuera de su 'trabajo' la gente pasase de ella por su actitud temerosa y retraída. Pero, al mismo tiempo, era algo que la ponía  nerviosa: estaba poco acostumbrada a la atención fuera de sus pequeños espectáculos callejeros después de todo.

Así pues, se sintió mucho más relajada cuando se retomo la marcha. Tenía una ligera calidez en el cuerpo debido a la alegría que le ocasionaba el conocer a alguien amable, y no podía evitar el reprenderse mentalmente por ser incapaz de retribuir tal actitud hacia su persona de manera adecuada. Al final, sus pensamientos fueron interrumpidos por una tonada que nunca había escuchado, que le llevó a prestar especial atención a la más alta. Era una tonada pegadiza: firme, así como lenta y suave. Una idea cruzo rápidamente por su cabeza, causando que asintiera con algo de firmeza para consigo misma.

Se había decidido.

Y para su buena suerte, su propuesta había sido aceptada con alegría. Lo que nunca espero eso si, fue ser arrastrada hacia un gran roble que había cerca del camino. Sus pasos resultaban cortos, por lo que la rápida y corta carrera de Kagura la hizo casi a saltitos y trompicones para evitar una caída que posiblemente le dejaría llena de tierra. Por mero reflejo, sujeto con algo de fuerza la mano que le llevaba, con la frase de: "¡Voy a caer!¡Voy a caer!¡Voy a caer!¡Voy a caer!" repitiéndose como mantra en su cabeza. Cuando se detuvieron, y la rubia se percato de lo realmente corto del trecho recorrido, fue que sintió la vergüenza trepar por su cuerpo, asentándose en sus mejillas de manera cálida. No tardo en dejar caer su cuerpo contra el piso, teniendo cuidado de no golpear accidentalmente su guitarra.

-¿Uh?.-el sonido vino acompañado de una mirada curiosa. La cajita era pequeña y más larga que ancha u alta. Su mano se alzo por acto reflejo, pero se retrajo en un gesto tímido y marcado de duda.- Uh... ¿Puedo?.-preguntaría por una confirmación, a pesar de que era Kagura quien ofrecía desde el inicio el desconocido alimento.- Ah... N-no recuerdo a mis padres...-contestaría, siendo pillada con la guardia baja. No se esperaba una pregunta de ese tipo, así que había contestado con la confusión plasmada en su cara.

Al ver como ambas jóvenes habían tomado resguardo a la sombra de un roble, Ally dio un par de círculos más en el aire antes de proceder a descender, posándose con cuidado sobre una de las gruesas raíces del árbol.- ¡Ah!... pero, estuve recorriendo Crimea con mi maestro, hasta hace poco.-soltaría, con un deje de alegría que se transformo en nostalgia hacia el final de la oración. Había encontrado algo que podía contarle a la pelirroja sin sentirse temerosa o avergonzada, los recuerdos que tenía con aquel hombre eran alegres y coloridos, se podría decir que gracias a él es que no resentía tanto la ausencia de una figura paterna: El Juglar había sabido suplir esa necesidad en la menor. Por eso, es que olvidando su intención inicial de quitarse los zapatos apenas estuviesen bajo alguna sombra, fue que descolgó con cierta emoción la guitarra de su correa. De manera un tanto cómica se acomodo sobre el suelo, cruzándose de piernas para poder darle un soporte al instrumento, y una vez que estuvo lista... fue que se quedo en blanco. Todos los colores volvieron a subirsele al rostro, dirigiendo una mirada avergonzada hacia la mayor.- Uh.. ¿Quieres ver?.-cuestionaría, dejando atrás la emoción espontanea y alegre para dar paso nuevamente a su característica timidez.
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Re: Sigue el Camino Amarillo [Priv. Suhail]

Mensaje por Kagura el Miér Mar 30, 2016 1:02 pm

Era curioso. Kagura creía simpatizar mucho con Suhail a pesar de que se acababan de conocer y apenas se habían dirigido unas pocas palabras. Aunque le costaba dejar a un lado la mayor parte de su personalidad espontánea y activa para no sobresaltar a su tímida acompañante, le resultaba aún más difícil no verla como una especie de hermanita pequeña de la que cuidar. Siendo una de las kunoichi más jóvenes de su familia, normalmente era ella a la que trataban, por desgracia, con exagerado cuidado. Ahora entendía por qué. Sin embargo, a pesar de que aparentase egoísta, Kagura tenía otros motivos secundarios por los cuales había decidido acompañar a Suhail al poblado. En primer lugar, seguía queriendo aprender todo lo posible acerca de los laguz que habitaban el continente de Tellius. La información disponible en Hoshido con respecto al tema era escasa, y los testimonios de los numerosos extranjeros que últimamente visitaban el país oriental eran tan inverosímiles entre sí, que había preferido investigar por su propia cuenta la única pista de la que disponía. Quizá aquella muchachita tan graciosa podría ayudarla más tarde a decidir cuál sería su siguiente paso. Ya que tampoco es que pudiese ver en los alrededores a nadie con un aspecto que inspirase mayor confianza. Y en la ciudad había preferido no interactuar con ningún habitante por el temor a que un potencial laguz pudiese descubrir su condición.

Suhail preguntó entonces si podía coger la caja de sukonbu y Kagura asintió con la cabeza como respuesta mientras se acomodaba en el piso, sentándose enfrente de la joven rubia. — Pero te aviso de que saben a sobaco de viejo. — explicó con una sonrisa pícara. Era cierto que esas algas tenían un sabor muy fuerte, y pese a que no tenía esperanzas de que a alguien tan dulce como Suhail le pudiese gustar algo tan agrio, no tenía mucha más comida que ofrecerle.

Lo que a continuación su interlocutora le contestó con respecto a sus padres dejó a la kunoichi algo sorprendida. No por el hecho en sí de que no recordase a sus progenitores, ya que ser huérfana en aquellos tiempos tan difíciles no era tampoco extraño, sino por la similitud que creía que compartían sus historias. Kagura tampoco tenía recuerdos de sus padres, ¡y ella también recorría muy a menudo Hoshido con su mentor! El Gran Maestro Dong había sido un hombre bondadoso del que se sentía muy orgullosa, puesto que fue la primera y única persona en aceptarla aun sabiendo su secreto, y por ello se esforzaba cada día en mejorar para honrar su memoria. La pelirroja dedujo de nuevo, por el cambio de tono que adoptaron las palabras de Suhail al final, que su maestro también había fallecido.

Permaneció un rato en silencio, ya que no sabía muy bien qué decir. Sin ser muy consciente de ello, Kagura extrajo una lámina de sukonbu de la caja roja que le había ofrecido previamente a la juglar y la sujetó entre los dientes mientras se tumbaba cuan larga era en la hierba. El cielo anaranjado que precedía el cercano anochecer estaba casi despejado, y las pocas nubes que lo surcaban con timidez eran pequeñas y de apariencia mullida. Tal y como había pensado nada más llegar a aquellas planicies campestres, el paisaje se le seguía antojando igual de mágico.

—Estoy segura de que tu maestro debió de ser alguien excepcional. —
dijo al fin la pelirroja después de haber mordisqueado un poco el aperitivo. La suave brisa que movía de vez en cuando las hojas del árbol bajo cuya sombra se refugiaban aportaba algo de paz a la escena, que progresivamente se había vuelto más emotiva. — ¿Sabes? Creo que tenemos más cosas en común de lo que parece. Yo también tenía un mentor al que echo mucho de menos. —

Kagura estaba tan ensimismada en el movimiento de las nubes que tardó un poco en percatarse de la pregunta que Suhail le acababa de hacer. Una idea le rondaba por la mente. Se le daba muy bien juzgar a la gente y podía presumir de tener un “sexto sentido” a la hora de escoger amistades. Pero nadie antes le había transmitido tantas buenas vibraciones como la joven juglar de Crimea. ¿Acaso podría ser posible que…? No, todavía no. Se acababan de conocer, ¿por qué pensaba siquiera en esa posibilidad-imposible?

—Sí. Sí, claro que quiero ver. — contestó con un tono de voz menos distraído. La kunoichi se incorporó para quedar otra vez sentada y centró su atención en ese extraño instrumento que sujetaba Suhail. —Ally, ¡acércate tú también!—

Se sintió un poco tonta al darse cuenta de que le acababa de hablar sin querer a un ave de aquella manera. Al fin y al cabo, el pájaro se comportaba como si fuese lo suficientemente inteligente como para entender a su dueña, así que inconscientemente Kagura había abrazado la remota idea de que comprendería sus palabras también.
Afiliación :
- NOHR (HOSHIDO) -

Clase :
Ninja

Cargo :
Kunoichi

Autoridad :

Inventario :
Dagas de bronce [1]
Vunerary [3]
Kunais de bronce [3]
Dagas de acero [3]
.
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Re: Sigue el Camino Amarillo [Priv. Suhail]

Mensaje por Invitado el Lun Abr 11, 2016 9:25 am

Ante el gesto claramente afirmativo por parte de su interlocutora, fue que extendió la mano con toda la intención de probar el desconocido aperitivo. Pero no logro tomar ninguna lamina. Su mano quedo a medio camino, sin retraerse hacia su pecho esta vez. ¿Que la había detenido? ¡Las palabras de Kagura por supuesto!. Su rostro se contrajo en una cómica expresión de duda, y su mente se volvió un remolino de preguntas.... y es que: Si sabía tan mal, ¿Entonces por que Kagura lo comía? Bien sabía la pequeña rubia que para gustos, colores. Pero por lo general uno no habla mal de las cosas que le gustan, a menos claro que a Kagura realmente disfrutara el sabor a sobaco de viejo, lo cual era cuando menos.... extraño.

-Ah... bueno, este.-titubeo, ladeando la cabeza con confusión hacia el lado derecho. Aun quedaba un trecho largo hasta la ciudad, pero si rechazaba probarlo ahora: ¿Bajo que excusas podría pedir el probarlo en un futuro?. Nunca había comido un alimento extranjero con anterioridad, mucho menos había imaginado que podría probar algo de otro continente. Así que guiándose más por curiosidad y glotonería que por valor, fue que termino de estirar la mano para coger uno de esos curiosos bocadillos. Era largo, plano y aparentemente oscuro, cubierto de un extraño polvo blanco. Por mera curiosidad lo alzo a la altura de su nariz. "¡Apesta!" pensó, apartándolo de su rostro mientras fruncía el ceño en un gesto de desagrado. La kunoichi le había mencionado antes que eran algas y vinagre... pero nunca pensó que al tomarle el olor él aroma del vinagre le golpearía el rostro como un puñetazo.

Al final, dirigió una mirada a Kagura. Sentía su curiosidad retroceder, pero ya le había recibido el bocadillo a la chica de rojo. No sería correcto devolvérselo sin probarlo. "Uggnyu.... espero que sepa mejor de lo que huele" pensó no muy convencida, sintiendo un ligero escozor en los ojos y tragando saliva antes de llevarse la lamina a la boca, dándole un mordisco.

Su respiración se detuvo. Todo su cuerpo se congeló. Un escalofrió le recorrió la espalda. "¡¡¡Asquerosoooo!!!" chilló mentalmente, su rostro se había puesto pálido debido a lo desagradable del aperitivo. El sabor a vinagre era demasiado fuerte para su paladar, y el polvo blanco que recubría el alga le daba una extraña textura granulada. El resto del bocadillo que mantenía en su mano, fue a parar a su regazo cuando bajo el brazo. Sentía las lagrimillas aumentar en sus ojos mientras con resignación terminaba de saborear el producto. Había tratado de tragárselo, pero no solo no lo consiguió, sino que sintió una extraña sensación de reflujo, como si su garganta quisiese negase a dejar pasar tal producto. Suerte que el mordisco que le había dado a la lamina no había sido demasiado grande. Al final, luego de masticarlo un par de veces fue que logro tragarlo, no sin cierta dificultad.

- Ka-Kagura... tienes gustos.... peculiares.-diría con cierta dificultad. Su tono había salido tembloroso mientras observaba a la pelirroja ahora recostada sobre el césped, cierto que se lo había advertido, pero nunca hubiese imaginado que sabría tan mal. Con un ligero tic en su ojo derecho observo lo que le quedaba del Sukonbu, usualmente lo que no le gustaba se lo daba a Ally, pero temía que esto pudiese terminar enfermando a la pobre ave. Así que opto por sacar un pañuelito de uno de los múltiples bolsillos de su traje, los cuales pasaban desapercibidos entre los diseños y dobleces de la tela. Allí guardo lo que quedaba de esa cosa. Dudaba que se lo comiese más tarde... pero quien sabe, quizás y hasta le servía como método de defensa personal en un futuro. La sola imagen mental le hizo sonreír brevemente, después de todo era una idea bastante absurda y por lo demás imposible de cumplir, sintiéndose entonces un tanto más animada a pesar de que el amargo sabor aun no dejaba su boca.

- Lo era.-mascullo, sin siquiera dudarlo un momento, su rostro iluminándose nuevamente con una sonrisa que esta vez mostraba nostalgia y orgullo. Era una de las pocas cosas que podía sentenciar con tanta seguridad, si es que no la única. Aun hacia morisquetas raras debido al sabor del sukonbu, pero luego de pasar un poco de saliva y de relamerse los labios un par de veces... fue que no lo sintió tan fuerte, aunque la opción de que se había acostumbrado también era posible.- ¿Uh? ¡¿De verdad?!.-pregunto, sorprendida y curiosa por partes iguales por lo que le decía la más alta.- Y... uh... ¿Q-que te enseño tu mentor, Kagura?.-cuestiono, removiéndose incomoda aun sentada, esperando no haber sonado demasiado impertinente con dicha pregunta.  

Sus dedos acariciaban con cariño el mástil de la guitarra, tamborileando de manera dudosa por sobre las cuerdas. Hasta hace unos momentos, luego de escuchar tatarear a Kagura se había decidido a que en algún momento le mostraría aquella habilidad de la cual estaba más orgullosa: poder reproducir con su guitarra algunas canciones que casualmente escuchaba, en este caso la que la pelirroja estaba tatareando, incluso si solo la había escuchado una vez con anterioridad. Pero... ¿Y si se equivocaba?. Nerviosa, se mordió el labio inferior. Que la pelirroja se sentase y la observase expectante y atenta generaba una ligera sensación de presión. "No es la primera vez que tocas para alguien, Suhail!" se dijo a si misma, escuchando como Ally trinaba ante el llamado de la pelirroja, alzando nuevamente el vuelo, solo que esta vez fue para posarse con naturalidad sobre uno de los hombros de la Kunoichi. La pequeña ave conocía su nombre y podía responder a un llamado: ¡mas aun si era por parte de alguien que se mostraba tan amable y simpática con su compañera!.

-B-bien... entonces....-cerro los ojos, buscando concentrarse. Inspiro, tratando de espantar los nervios que tenía encima, logrando relajar su cuerpo mientras suspiraba largo y tendido. Su zurda dejo de jugar en el mástil de la guitarra, y su diestra se posiciono aparentemente lista para comenzar a puntear o rasguear las cuerdas... pero se desvió un poco más abajo, apoyándose sobre el cuerpo de madera de la guitarra.- ¡Aquí voy! .-diría, abriendo sus ojos y sonriendo ampliamente. Las palabras habían salido en un tono alegre, y mucho más alto de lo usual. En unos breves momentos había logrado mentalizarse y concentrarse, dispuesta a tocar para la pelirroja tal como lo hacia en su trabajo diario, con una pasión desbordante y alegre por aquello que realizaba, causando un alto contraste con la forma usual con la que actuaba.




No comenzó enseguida, los dedos de su mano derecha fue golpearon ritmicamente un par de veces la caja de resonancia de la guitarra. Su postura se mostraba más relajada, inclusive dejaba entrever un poco más de confianza en si misma mientras comenzaba finalmente a puntear las cuerdas.  Su diestra estaba firmemente sobre el mástil, presionando las cuerdas contra la madera, cambiando de posición cada tanto, lo cual en conjunto con los rasgueos y punteos terminaba por crear la melodía de una canción procedente de tierras lejanas y desconocidas por la Juglar. El sonido era una buena emulación de lo que antes tatareaba Kagura, pero resultaba evidente de que sonaría diferente para la kunoichi debido al instrumento que empleaba para reproducirla, la rubia desconocía si es que la canción había sido compuesta para ser tocada en guitarra, pero no por eso dejaría de tocar.

El sonido surgía seguro y sin pausas, el periquito se mecía suavemente de un lado al otro aun sobre el hombro de la mayor. Una sensación de tranquilidad se poso en el sitio, era como si la tonada por si sola lograse relajar tanto al cuerpo como al espíritu, renovando de manera lenta pero segura el estado anímico. En algún momento la rubia había cerrado sus ojos, y cuando se percato de ello los abrió para poder observar a la extranjera. Aun seguía tocando, pero no sabía si la canción poseía una letra... así que no pudo evitar observar expectante a Kagura, puede que entendiese el simple gesto, como puede que no: después de todo llevaban poco tiempo de conocerse. ¿Quizás debía preguntarle verbalmente?...No, mejor no. Habían muchas canciones que no poseían letra, y de algún modo creía que esta podía ser una de esas tantas, después de todo la más alta había tatareado, no cantado.
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Re: Sigue el Camino Amarillo [Priv. Suhail]

Mensaje por Kagura el Lun Abr 18, 2016 12:57 pm

Al escuchar la melodía que empezó a tocar Suhail, la primera reacción que se reflejó en el rostro de Kagura fue la sorpresa. Alzó una ceja sin querer al reconocer la música que emitía el ostentoso instrumento de cuerda y madera. ¡Se trataba de la canción que hacía rato había  tatareado! Aunque en esta ocasión sonaba de manera diferente y hasta mejor, quizá porque la muchacha rubia estuviese improvisando parte de las partituras, de modo que añadía mayor cohesión a los fragmentos sueltos de la melodía que ella había entonado instantes atrás. Fuera como fuese, a menos que Suhail hubiese aprendido la canción en el pasado, la kunoichi se sentía incapaz de asimilar que a tan temprana edad fuese capaz de imitar con tanta maestría la música de Hoshido. Ally, el simpático periquito de la juglar, se balanceaba suavemente de un lado a otro como si estuviese disfrutando del momento y Kagura no pudo evitar hacer lo mismo. Al fin y al cabo, la melodía era bastante estimulante.

Las calmadas notas musicales, que brotaban de la guitarra con tanto cuidado y meticulosidad, parecían elevarse con la suave brisa que mecía la vegetación del campo para dar como resultado una composición muy armónica al paisaje crepuscular. La joven cerró los ojos para disfrutar más de la música. Por unos instantes, llegó a creer incluso que se encontraba de nuevo en casa. Cuando volvió a abrirlos, reparó en la mirada expectante que Suhail le dirigía y aunque no comprendió lo que quería decirle, empezó a cantar.

“Hoy la lucha empieza…”



En realidad la canción carecía de letra pero el jonin Shang, muy aficionado al canto, se empeñó tanto en inventarse una y en repetirla siempre que tenía ocasión, que a todo miembro del clan se le había acabado por pegársele. Sobre todo a sus desafortunados pupilos, que debían de estar ya hartos de escucharla durante cada entrenamiento.

“Esa es la misión.”



Mientras cantaba, Kagura se incorporó y dejó a Ally con cuidado en el suelo. Suhail le preguntó antes por lo que le había enseñado su mentor, ¿no? Pues creyó que sería momento de mostrárselo aprovechando que sentía sus ánimos plenamente renovados por la música. Recogió del suelo la primera rígida rama caída que vio y la hizo girar en su mano como si se tratase de un bastón bō. Era poco común que una kunoichi novicia como ella tuviese tanta destreza en el bojutsu, pero el Gran Maestro Dong le había enseñado bien.

“Niñas me mandaron, para tal acción.”



Con la ayuda del bastón, Kagura levantó una piedra de mediano tamaño del suelo y la empujó lejos, repitiendo a continuación el proceso pero con otra roca. Notó que, quizá por el influjo de la música, sus movimientos eran más dinámicos y potentes.

“Hoy dais lástima, vais a aprender…”



Acompañando la canción, realizó varios amplios barridos con el bastón improvisado y acabó por golpear con contundente fuerza el tronco del roble bajo el que descansaban. Como consecuencia, decenas de hojas desprendidas del árbol empezaron a caer con suavidad mientras Kagura continuaba su demostración de destreza.

“…pasión, deber, valor, virtud.”



A continuación y sin interrumpir la coreografía tan extraña, la ninja llevó una de sus manos a sus bolsillos y extrajo tres dagas de bronce que arrojó al mismo tiempo. Cada cuchillo atravesó al menos una hoja antes de quedar clavadas en la madera del árbol. Blandió una vez más el bastón en dirección a Suhail y Ally.

“Pues yo ya lo logré, ahora tú.”



Kagura se detuvo unos instantes para recobrar el aliento mientras las hojas seguían cayendo sobre ella. La rama seca que había estado usando como arma improvisada era pesada y difícil de utilizar, por lo que continuó demostrando su domino de las artes marciales de Hoshido sin ella.

“Mantener la calma en la tempestad…
Siempre en equilibrio y en vencer pensar.”



No se le daba muy bien cantar, pero su voz sonaba firme y segura a pesar de estar en movimiento. Sin el bastón, la kunoichi ejecutaba en ese momento ordenadas técnicas de lucha sin armas. Cada patada y cada golpe de mano resonaban con fuerza a pesar de estar impactando sólo contra el aire, pues Kagura libraba en realidad una lucha simulada contra un oponente imaginario.

“Con valor, seré más raudo que un río bravo.
Con valor, tendré la fuerza de un gran tifón.
Con valor, con la energía del fuego ardiente,
la Luna sabrá guiar el corazón.”



Ni bien la música dejó de sonar, la ninja se sintió muy cansada, por lo que dejó caer su cuerpo al suelo y suspiró mientras una sonrisa de satisfacción se dibujaba en su rostro.

—Pues algo así es lo que me enseñó mi mentor. — respondió finalmente.
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Re: Sigue el Camino Amarillo [Priv. Suhail]

Mensaje por Eliwood el Miér Oct 26, 2016 4:24 pm

Tema cerrado. 30G a Kagura.
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Tónico de def [1]
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Re: Sigue el Camino Amarillo [Priv. Suhail]

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