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Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

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Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Eliwood el Sáb Oct 10, 2015 10:59 pm

Ya no había nadie atándolo a esa labor, y sin embargo, no la había abandonado. Simplemente se sentía como lo correcto. Aún si había perdido todo contacto con la mayoría de los marquesados caídos, territorios fantasma en la Liga, en algún momento había prometido prestar su ayuda en encontrar a la heredera de la casa Caelin, y aunque las pistas eran pocas, menos aún el tiempo y los recursos de los que Eliwood disponía para ello, no soportaría abandonar algo por lo que había dado su palabra.

De cierto modo, se trataba de supervivencia. A su conocimiento, tan sólo tres marquesados  permanecían en existencia dentro de Lycia, rodeados de los compañeros caídos e incapaces de defender más que su propio territorio, ajenos a lo que los Emergidos hacían fuera. Pesada se había vuelto la corona del sobreviviente, del regente que veía a los demás caer y debía mantenerse firme, para quizás, eventualmente, recuperar el terreno, aunque lo que había existido allí no podría recuperarse fácilmente. Era consciente de que encontrar a la heredera no significaría regresarla con su familia, mucho menos darle Caelin como correspondería, pero... sería un círculo que se cerraría y un poco de paz en su mente, si pudiese hacerlo. No estaba seguro de qué podría realmente ofrecerle a la desaparecida dama noble, pero haría lo que pudiese, y al menos sabría que alguien de la estimada casa Caelin vivía.

Ahora bien, la poca pista que poseía había sido totalmente descartada: la mujer, aparentemente, ni siquiera estaba viviendo con los demás nómades que sobrevivientes. No eran buenas noticias en absoluto, Sacae se había vuelto un sitio peligroso y una sola mujer no podría hacer frente a ejércitos Emergidos, si tenía la mala suerte de topárselos. Confundido y desanimado, Eliwood se apartó de las tribus unidas para cabalgar de regreso por las planicies, tan sólo él y su caballo, sin disponer jamás de soldados y recursos de Pherae para su búsqueda personal. Llevaba armadura ligera, pechera y hombreras, sólo por si las dudas, así como portaba una espada en caso de necesitarla, pero eso era todo lo que tenía. Se encontró siguiendo por cierto tiempo el grueso camino de hierba muerta y ennegrecida que los Emergidos habían dejado en Sacae, una mancha de mal gusto en sus planicies normalmente hermosas, como si esperase ver alguna señal, encontrar alguna pista nueva, algo. Así como había desaparecido su padre, luego su esposa, ahora desaparecía una heredera... ¿tan malo era en rastrear personas?

Suspiró pesadamente. Las cosas no marchaban a su favor los últimos años. Vio por mera casualidad un pequeño arroyo cruzando las planicies y acercó su caballo a este, bajando con intención de beber un poco de líquido antes de seguir. Al agacharse junto al agua encontró que tenía muy, muy poca experiencia en eso de tomar de un río natural, así nada más. Desconfío de que estuviera limpia. Haciendo una leve mueca, distraído, no apartó la vista sino hasta oír a su caballo relinchar, inquieto. - ¿Hm? ¿Qué te sucede? - Le habló en voz baja al animal, era extraño de un corsel entrenado de Pherae inquietarse.
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Sáb Oct 10, 2015 11:30 pm

Sentándose en una piedra, Lyn sacó un paño de entre las alforjas de Madlyn y comenzó con cuidado a limpiar su espada. La hoja sucia tras acabar con uno de esos extraños soldados silentes que yacía a unos metros de ella, derrotado.

La hierba muerta alrededor del cuerpo, ennegrecida como todo lo que tocaba aquel extraño ejercito. Los pocos mercaderes que atrevían esos días a avanzar por los peligrosos caminos los llamaban extranjeros, demonios, plagas y todo tipo de nombres, muchos de los cuales su decencia le impedían siquiera pensar. Ella por su parte poco se interesaba en sus nombres. Eran uno de tantos males que había en el mundo, nombre o no mucho no cambiaría lo que en verdad eran.

Enemigos, que cuando posible mejor derrotados que vivos. En su corazón le dificultaba poner prioridad a estos o a los bandidos... Al final del día, ambos mejor muertos en una tumba, sin importar el nivel de su mal.

El que había aparecido cerca era el primero de muchos. Una avanzada posiblemente. Su experiencia le decía que donde había uno, pronto habría más. Matar uno, dos o hasta tres no presentaban problemas para la joven ¿Cuatro? Difícil. Cinco con el terreno a su favor no era imposible. Pero, ¿ante las interminables filas de aquella armada calada en extraños estandartes? Una debía saber cuales eran sus batallas a pelear, más cuando no podía de esperar refuerzos de nadie.

Terminando de limpiar su hoja, dio un par de pasadas de la ya gastada piedra de afilar sabiendo que posiblemente pronto la necesitaría en su mejor estado posible. Su instinto le decía que las cosas se pondrían feas pronto. Si no era su instinto, era su experiencia, en quien confiaba aun más.

Montando en su yegua, pasó a espolearla cuando notó una mancha en la distancia. Pasaría desapercibida para un cualquiera, pero oh, no para ella. Eran sus planicies, SU casa. Solventando las manchas negras que comenzaban a abundar más y más día a día, conocía como la palma de la mano todo el relieve.

-Un viajero- concluyó, no pudiendo atribuir aquella mancha en la distancia a una masa de mayor tamaño. Una caravana no era, y que los cielos la partieran si era uno soldado silente que no provocara negrura a su paso.

Espoleando con rapidez a Madelyn, Lyn comenzó a cubrir la distancia hacia el extraño. A la vera del río, si su mapa mental no le mentía, cada vez más identificable en la distancia gracias a la cabellera escarlata que surcaba su cabeza y lo hacia parecer como una fogata en el paisaje verde, azul y, desgraciadamente, negro.

Se aseguro de alzar ambas manos cuando la distancia fue suficiente como para que le identificara, aminorando la marcha hasta quedar una distancia segura.

-Mal día para surcar las planicies, viajero- saludó, con un movimiento de cabeza, aun con ambas manos alzadas demostrando que no buscaba el mal ajeno.
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Eliwood el Dom Oct 11, 2015 11:56 pm

Se quitó uno de los guantes blancos que solía llevar para cuidarse las manos de las riendas, apoyando la diestra en el cuello del caballo para darle un par de palmadas tranquilizadoras. Veía, ahora, por qué el animal había llamado su atención: se les acercaba compañía, al parecer también sobre una montura. Atento, Eliwood mantuvo un semblante neutral, permaneciendo con calma junto al caballo. No era la clase de hombre que llevase la mano a la espada rápidamente, inclusive en casos en que le agrediesen primero. Mientras no se tratase de uno de aquellos tétricos soldados silenciosos, consideraba a todo ser en Elibe un aliado a quien prestar ayuda.

En Sacae la situación era distinta, de todos modos. A cada habitante que había visto en sus viajes, a cada grupo y familia con el que se había encontrado en el asentamiento principal, le había pedido encarecidamente información. Buscaba estar en los mejores términos posibles, y aquella mujer que cabalgaba hacia él claramente era de alguna de la tribus. Una técnica impecable sobre montura, como la de cualquier nómada. Le daba la impresión, además, que de algún modo se desplazaban sin arruinar demasiado el césped o afectar el terreno, pero aquello podía ser superstición suya, nada más; veía con cierto misticismo a gente tan... en contacto con el mundo natural.

Para su fortuna, fue la mujer quien se identificó primero como aliada en lugar de enemiga, alzando las manos sin aparente pérdida de control respecto a su corsel. Exhalando con alivio, Eliwood se centró en ella; parecía joven, mas andaba con la espalda recta y si sus ojos no el engañaban, portaba una espada a su costado. Al tenerla frente a sí, el marqués tomó las riendas de su caballo para enderezarlo, como si los presentase a ambos frente a la recién llegada, e inclinó la cabeza en saludo, su capa cayendo a su espalda con la ligereza de cualquier tela carísima.

- Buenas tardes, dama. ¿Se refiere usted a hoy en particular? - No hacía falta más de dos palabras de su parte para ostentar un poco su clase; su tono era cordial, su entonación tan correcta que parecía practicada, y eran muy pocas las personas en el mundo que oían de Eliwood un "tú" en lugar de "usted". - Puesto que, con el estado actual de las cosas, cada día me parece igual de peligroso. - Completó cuidadosamente, pues no pretendía cuestionar el juicio ajeno. Habiendo saludado debidamente se tomó la libertad de aproximarse un poco, discreto en buscar en el rostro de la mujer señales de ascendencia. Con como iba la búsqueda, en dos de cada diez mujeres estaba creyendo ver un parecido que las relacionara con la casa Caelin y aquella era otra más, ya no confiaba tanto en su propio juicio, seguramente su ansiedad respecto a encontrarla estaba engañándole la vista, pero no estaba permitiéndose perder esperanzas. Nada perdía con continuar preguntando.

- Este... - Se aclaró la garganta, había cierto aire de seriedad en muchos sacae que le hacía sentir un poco inadecuado pidiendo favores. - No pretendo incordiar, es sólo que hay algo que me retiene en Sacae estos días. En cuanto termine mi asunto, le aseguro que me retiraré enseguida, - Como para confirmar, haló un poco las riendas para apartar a su caballo del riachuelo, haciendo amago de alejarse. - Estoy buscando a la nieta de un amigo mío. Tengo entendido que habitaba aquí, en la tribu de Lorca, pero entenderá que localizarlos resulta un poco difícil actualmente... ¿cree usted poder darme alguna clase de indicación? Cualquier cosa serviría, realmente. - Probó suerte. En un principio le contaba la historia completa a cada persona, mas después de varias decepciones, había optado por una versión más breve.
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Lun Oct 12, 2015 12:22 am

Lyn no necesitó ver el saludo con la capa, las palabras fueron indicador suficiente para informarle la cuna noble de su interlocutor. No que fuera algo raro, muchos eran los nobles que surcaban los campos como mensajeros, jinetes y caballeros. Pocas opciones tenían aquellos hijos nacidos en 4° linea o superior en sus familias. Era el honor en la aventura, o la guerra, o el morir desheredado como mendigo. Muchos casos como el de aquel pelirrojo había visto en sus años en reclusión.

-Día malo en particular me temo, a pesar de los días oscuros que vivimos, mi lord- se apresuró a responder, asegurándose a agregar el honorifico correspondiente para evitar una discusión sin sentido en aquel momento. Lord suyo no era ni por asomo, pero había aprendido con los años que era más bien una formalidad totalmente obligatoria que una palabra con verdadero significado.

Abrió los ojos en reconocimiento del nombre de su tribu, agitando su cabeza a lado a lado sabiendo que la persona que este buscaba estaba muerta. Pero por más que era descortés guardarse la respuesta de momento, había asuntos que requerían mayor atención, y el dar un pésame era algo que siempre tomaba tiempo.

-Puedo darle indicación e información detallada sobre ellos- le explicó, eligiendo correctamente sus palabras -Mas el tiempo apremia, mi amigo- Girando su yegua para darle la espalda, señalo el trayecto por donde vino.

-He abatido un silente a una media legua de aqui. Nada más que una avanzada pero... Donde hay un silente...- dejó la frase allí, a qué se refería era más que claro: el ejercito estaría pronto sobre ellos, arrasándolos a su paso si es que se encontraban en su camino.

-Si valora su vida por sobre su misión, conozco resguardo río a arriba- señaló esta vez las montañas en la lejanía. -Grutas allí donde ni los silentes pueden seguirnos, y donde obtener amparo hasta que pase todo. Poco tiempo para decidirse, temo-

La bondad nunca debía transformarse en estupidez. Si rehusaba su ayuda, le daría las malas nuevas con rapidez y partiría a resguardo por su cuenta. Silentes o no, los bandidos aun moraban las planicies Sacae y no tenia planeada una visita temprana a la tumba.
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Eliwood el Lun Oct 12, 2015 10:44 pm

Parpadeó con leve sorpresa al oír a la mujer llamarle 'lord'. No cesaba de sorprenderse de los modales de la mayoría de los habitantes de Sacae. En algún momento de sus años jovenes e ignorantes había creído que "nómada" era lo mismo que "bárbaro", había igualado a aquellos que habitaban las planicies con los desacatados hombres de altamar. No había tardado en darse cuenta del tremendo error, aunque honestamente eran pocos los nómadas que había conocido cercanamente en su vida. Para su alivio y alegría, aquella mujer no sólo le había dirigido un trato considerado, sino que también ofrecía la clase de información que en meses nadie había sido capaz de ofrecerle. ¿Cómo era que no se había topado con ella antes? ¿Por qué era que la persona indicada para ayudarlo, justo ella, parecía desplazarse sola en la inmensidad de las planicies? Había estado allí tantas veces, y sin embargo, estaba seguro de que aquel era un primer encuentro. Realmente era algo curioso. Deseó preguntarle sobre ella misma también, al menos saber si se encontraba bien en esas condiciones, pero debía atender a otros asuntos primero.

- Se lo agradecería tanto, cualquier cosa será de utilidad. No sabe cuanto he estado buscando rastros. Si hay algún modo en que pueda, desde ya, agradecerle... - El hablar de un noble jamás era particularmente breve, para su desgracia, mas debió interrumpirse al oír que la mujer no contaba enseguida con tiempo para hablarle. Dirigió la mirada donde le indicaba. No les veía aún, pero si prestaba atención, el clamor distante de la marcha estaba allí. - Oh... ya veo... -

La mujer se preparaba ya para tomar otro rumbo. Temiendo perder aquella oportunidad, Eliwood alzó las manos como si fuese a detenerla, mas no estaba en sus modales retener a alguien físicamente. Tan sólo se adelantó, haciendo un intento de ser más claro y breve. - Quizás si valore más mi misión, pero no pondré la vida de usted sobre la línea por ello. Así que... por favor, por favor déjeme ir con usted. Seré rápido, no me haré una molestia-- sólo, permítame, vamos juntos. - Pidió, antes de regresar apresuradamente a su montura, subiendo con la facilidad de un jinete entrenado y poniéndose a la par de la nómada. Era su única pista en mucho tiempo y Eliwood sabía cuando perseguir sus propios intereses, sin embargo, también le era inevitable preocuparse por ella. Seguía siendo el producto de una cuna de plata y seguía teniendo el ejemplo de mujeres de la corte ante todo, haciéndole preocuparse naturalmente por una joven que anduviese a solas, portase o no un arma. Su voz se tornó un tanto menos delicada, más firme, conforme a lo decidido que estaba. - Vamos, entonces. Guíe a sus anchas, me mantendré tras usted. -

Podía verlo ya, un ligero remecer de la tierra que generaba ondas sobre la superficie del agua, el río que seguirían. Los números de aquellos ejércitos eran realmente abismales, imposible adivinar donde habían estado ocultos tantos soldados antes de que el asunto estallara. Definitivamente algo contra lo que apenas 2 personas no querían encontrarse. Esperó a que la joven dirigiera el camino para seguirle hacia las montañas; pese a la pesada y ornamentada montura con que cargaba, y pese a su propia ropa opresiva y la armadura, podía desplazarse con suficiente agilidad como para seguirle, río arriba, entre las colinas y la sombra que ofrecían.
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Lun Oct 12, 2015 11:44 pm

Hizo rápidamente un movimiento de rechazo con la mano ante la oferta de un pago. Una buena acción no se pagaba, ella tenia el tiempo y los medios, así que era su deber el ayudar al mensajero.

No pudo evitar sonreír, suprimiendo con su mano una risita al ver como el chico se preocupaba por su bienestar. Era el bienestar del pelisrojo el que estaba en juego, no el suyo. Aun si no llegaba a resguardo en la montañas, las llanuras siempre le proveían a un nómada lo que necesitaba. No sería fácil, pero en su tierra no había ejercito, aun uno silente, que pudiera acabar fácilmente con su vida si él empeño de Lyn estaba en sobrevivir.

-Aceptaré entonces, por mi seguridad más que la suya, mil lord- contestó, aun con aquella sonrisa que intentaba a toda costa convertirse en una serie de carcajadas. No que se burlara de él, simplemente le divertía la forma tan simplista que algunos extranjeros tenían de ver el mundo, en especial aquellos de cuna noble.

Con rapidez el tono del viajero pasó del de un noble al de un guerrero. Parecía no ser simple valentía sin sentido lo que lo impulsaba a atravesar las llanuras en tiempos difíciles como aquellos, mas le era imposible distinguir si aquella entereza estaba forjada en endeble bronce o duro acero. Si era solo escapar a resguardo, bronce la bastaba, pero mantendría su guardia alta en caso que la situación mellara aquel metal del guerrero.

Espoleó a Madelyn sin más aviso, comenzando a surcar los pastizales bordeando el arroyo con destino al norte. Su trayecto en perpendicular al de la mancha negra en el horizonte, pero si apuraban el paso podrían llegar a asilo antes que ambos caminos se encontrasen.

Le sorprendió el ver como el corcel de el pelisrojo se mantenía a paso seguro tras su Madelyn. Jinete diestro o caballo caro, y por más que no podía inspeccionarle los dientes a la montura ajena se inclinaba por experiencia personal más a lo segundo. Aun el hijo más alejado de la linea de sucesión de una casa noble no salía de su mansión sin montar al animal más seguro, veloz y entrenado.

-Lycia, ¿Me equivoco?- preguntó, volteando sobre la montura para sentarse mirando hacia atrás y poder ver al chico al rostro. Señalo su propia garganta y prosiguió -El acento. Suena como la gente de esa zona-

Dejaba que la yegua dirigiera la marcha sin disminuir el andar en lo más mínimo. El trecho era largo, y el estar a la espera de la inminente llegada de la armada silente no hacía más que hacerlo aun más extenso. Un poco de charla siempre ayudaba a aligerar la tensión.
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Eliwood el Lun Oct 19, 2015 6:09 pm

No estaba seguro de cómo o en qué punto, sentía como que su... ¿caballerosidad estaba mal puesta? La forma en que la mujer aceptaba su protección le daba a sentir como si sólo estuviese entreteniéndolo, o dejándole hacer. Los primeros momentos cabalgó un poco confundido, como intentando ordenar esa impresión en su cabeza, pero no debía ser nada. Seguro una malinterpretación de tono o enunciación, sería de pobre educación cuestionar. Sólo era natural que ofreciese proteger a una mujer joven que anduviese por allí a solas. Lo haría aún si no se lo aceptase, era simplemente la forma en que le habían criado.

De cualquier modo, si algo tenía que cederle, era que no cesaba de impresionarse con lo diestra que era como jinete. En más de un momento, distrayéndose al vigilar el horizonte, se había encontrado a sí mismo cayendo atrás, quedando a su vista la espalda recta y la larga cabellera atada de ella, ondeando en el viento pero jamás estorbándole. Se le ocurrió que probablemente lo atase de ese modo por mera comodidad, mas estimaba que le sentaba bien.

Agradeblemente sorprendido, apresuró el paso, inclinando el torso para ajustarse al cambio de velocidad y afirmando su cuerpo a la montura, pies bien puestos en cada estribo. No intentaba ser competitivo, mas de cierto modo se divertía. Raro momento, raro contexto, pero no pudo evitar sonreírle como si de un juego entre amigos se tratase. Por supuesto, su sonrisa fue rápida en tornarse en un gesto boquiabierto al ver la maniobra de la nómada. - ¡Cuidado--! Oh. - Lo había tomado, en primera instancia, como una clase muy extraña de accidente. Al ver que la mujer estaba totalmente bien carraspeó, retractándose y bajando las manos así como las riendas un poco. Verdaderamente, ¿con qué clase de persona se había topado...?

- De acuerdo. Esta no es exactamente una ocurrencia rara del día a día para usted, veo. Pero, ¿mirar por donde uno va está tan sobrevalorado? - Bromeó, suavizando un tanto la tensión en sus gestos. Enseguida, aprovechándose de la posición de la mujer, espoleó a su montura con un gesto leve y medido del pie derecho, adelantándose a ella y dejándole mirando sólo el camino que dejaban atrás. A su paso dio una leve risa, curiosamente, sí se divertía, y bastante. - ¡Así es! Lycia, yo... ¡n-no me presentado! - Alzó la voz. Esa era una falta terrible, no podía creer que le hubiese evadido. Una decadencia en sus modales que corrigió enseguida. - Soy el marqués Eliwood, de Pherae. Me encantaría saber de usted, al menos por qué viajaba sola hoy, y si se encuentra usted bien... pero podría llegar a conformarme con un nombre. -

El camino se volvió más estrecho, las sombras entre colinas le cubrieron por completo, haciéndole parpadear varias veces hasta ajustar la mirada al cambio de luz. Aminoró el paso al ver que al caballo comenzaba a serle problemático continuar el camino, hasta eventualmente detenerse, estimándose suficientemente oculto. Se giró, mirando con detenimiento el paisaje que habían dejado atrás, río abajo. Allí apenas corría el viento y los ruidos llegaban amortiguados, mas contuvo el aliento al vigilar si eran seguidos o no.
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Lun Oct 19, 2015 7:26 pm

Sonrió divertida al ver la reacción del muchacho ante su giro en el asiento. No pensó que fuera algo tan raro pero era verdad que nunca había visto a un extranjero hacer una maniobra así. Un scout nómada podía hacer ese mismo movimiento sin destensar su arco ni perder su objetivo, era un simple truco de niños lo que hacía la solitaria Lorca en comparación.

-Madelyn sabe tan bien el camino como yo y... ¡Hey!- gritó, soltando una risa al ver como se quedaba mirando el camino mientras una mata de pelo roja cruzaba a su lado y se le adelantaba. Podía de ser algún 5° hijo de noble de un reino lejano, pero claramente algo de alma de viajero poseía.

Corrigió rápidamente su postura, y equiparó la marcha de su yegua con el otro corcel. Era un ejemplar extraordinario en velocidad el otro, aunque dudaba de que tuviera la resistencia de un verdadero caballo nómada para durar en aquel ritmo una larga jornada como lo era la montura de la chica.

Abrió los ojos sorpendida ante el titulo que salió de los labios del otro joven. No era algo que escuchase todos los días, no como una presentación al menos.

-No dudo de su palabra, pero se encuentra lejos de sus tierras y sin escolta, mi lord. Creo que es más curioso los motivos de su soledad más que de la mía- respondió, con mirada curiosa al sujeto, escudriñándolo detenidamente de arriba a abajo. No tenía motivos para dudar de él, aunque tampoco para confiarle. Pero si rey, marques o bufon de un reino era, la nómada no tenia los medios ni recursos para poner en duda la veracidad de ello. Marqués era pues, hasta que se demostrara lo contrario.

-No tengo motivos para omitir ni uno ni otro, lord Eliwood. Viajo sola porque sola viajo, es tan simple como ello. Y nombre merece otro nombre en respuesta- sonrió, entretenida con la extrema formalidad del sujeto para todo lo que decía -Lyn a secas, no poseo un titulo rimbombante como el de mi lord me temo- acompañó esto de un leve movimiento de cabeza sin esconder su diversión.

Con el camino estrechándose y el terreno bajo sus pies cambiado a roca, llegaron al fin a las cercanías de su destino, desmontando debido al paraje no apto para un jinete. Escudriñando las llanuras podía ver como la mancha negra del horizonte ahora era un mar que atravesaba la vera del arroyo donde nómada y lord se habían encontrado. Habían hecho buen tiempo y evitado lo peor, pero lejos estaban de estar a salvo.

-Desmonte y prosigamos- le indicó casi en voz de mando al noble, adoptando una mirada seria. Poco le importaba el titulo nobiliario de una tierra lejana o cercana cuando alguien se ponía a su cargo. Había aceptado su ayuda, y ella no prestaba servicios a la mitad, menos cuando había dado su palabra al respecto. Un Sacae no miente y mantiene sus promesas.

-Hay veces que vienen silentes voladores, no son comunes pero tampoco es del todo extraño- Sin dejar de mirar a su interlocutor hizo un gesto con su cabeza en dirección al camino entre las montañas -Hay unas grutas más adelante, debemos ir a pie y tirar de los caballos, pero una vez dentro hay lugar para ellos y para nosotros. Lo mejor es acampar allí, y como una tormenta esperar a que pase y este el cielo despejado. Ya mañana saldrá el sol.-

Sin esperar más, tiro de las riendas de Madelyn y la obligó a avanzar por el estrecho camino del terreno, que poco a poco se volvía más angosto y oscuro. Tiempo que no usaba aquella gruta... De seguro no la habían vuelto a habitar tras desalojarla... Poco probable, pero aun así llevo su mano libre a la empuñadura de su espada por precaución.
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Eliwood el Jue Oct 22, 2015 7:21 pm

Se sentía extraño, iluso, de cierto modo un poco bobo por encontrar disfrute y motivos para reír en tal situación; no olvidaba la marcha de los emergidos y ciertamente no podía ignorar los sentimientos de lástima y desasosiego que le generaban, pero no se permitía decaer, y si la presencia de la nómada le estaba siendo amena, aceptaba ese hecho tal y como venía. Había prometido pistas, le daba motivos para sentirse más positivo aquella jornada. Tan sólo podía esperar encontrar algo en qué ayudarla de regreso, era afortunado para él que las tribus de Sacae fuesen compuestas de gente recta y orgullosa, o su buena voluntad se habría confundido muy fácilmente con deseos de repartir sobornos. Hasta el momento, nadie había pedido recompensa alguna y cualquier oferta de recompensa, ya fuese por pequeñas pistas o por el tiempo gastado, había sido cordialmente rechazada. No podía evitar pensar que debía haber algo que pudiese hacer por ella, o algo que pudiese ofrecerle. Cuanto menos una montura nueva.

- Pherae no es un sitio muy grande, ni muy poblado. La limitada milicia de la que dispongo está mejor enfocada en proteger a mi pueblo, que en llevar estandartes a mi lado por ningún motivo en particular. Especialmente estando yo en una misión estrictamente personal. - Se explicó. No veía motivo para esconder de ella un hecho simple como aquel, no consideraba cuestionable ni poco acertada su forma de obrar, como gobernador. Al oír el nombre de la joven parpadeó un par de veces. 'Lyn'... una coincidencia demasiado grande. De Lyn a Lyndis, la mujer que buscaba, la diferencia era mínima. Pensó en comentar al respecto, no era su lugar andar cuestionando así, pero era demasiado curioso... no obstante, le distrajo un momento el habla de la nómada y no pudo evitar echar a reír, murmurando. - ¡'Rimbonante'...! - Se llevó una mano a cubrirse la boca un poco al reír. Lenguaje de gente común, siempre tan encantador. Se tomó un respiro, carraspeó y se corrigió. - ¡L-Lo siento mucho! No era mi intención reír, me ha tomado desprevenido. -

A la indicación de su guía, que tanto mejor que él conocía aquellas áreas, se apeó del corsel, que no se movió un centímetro sin ser guiado por su amo. Tomando las riendas le siguió confiado, la rápida confianza no era la mejor de sus características, pero estaba convencido de que no le llevaría a mal. Entraba ya a caminos que le serían difíciles de recordar, difícil regresar por su propia cuenta si debiese de, y más confianza debía de poner sobre Lyn en ese entonces. Atento a sus indicaciones, asintió en silencio al echar a seguirla; a medida que se adentraban y que las sombras les cubrían por completo, el ambiente tomaba cierto eco. Sus pasos ya resonaban demasiado en las partes rocosas del terreno, su voz seguramente lo haría más si seguía hablando. Algo se sentía desagradable respecto a esconderse en temeroso silencio a esperar que las cosas pasaran, le recordaba a días menos brillantes en Pherae y a la caída de los marquesados vecinos, pero entendía que tal era la necesidad del momento.

El camino tomó cierta inclinación al acercarse a aberturas en la montaña, muchas de las cuales debían llevar a sitios poco seguros o poco agradables. Confiaba en su guía nómada para saber cual era una gruta apta para permanecer y cuales no. Murmurando para evitar demasiado eco, Eliwood habló con cuidado. - ¿Cuantos de ellos suelen cruzar por Sacae? Si es un pasaje tan prolongado, me deja con la impresión de que son demasiados los que están sirviéndose de las planicies... es preocupante. - Dijo. Hacia Sacae no tenía responsabilidad alguna, más que la de encontrar a la heredera de Caelin y prontamente retirarse del lugar, pero no podía evitar preocuparse.
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Sáb Oct 24, 2015 4:36 pm

Sonrió la nómada divertida antes la extremadamente educada actitud de su interlocutor. Le era imposible mantenerse seria cuando hasta el más simple detalle generaba tales reacciones en el otro muchacho.

-Se reconocer una risa burlona de una compañera, no se preocupe mi lord- contestó, volteando y guiñándole un ojo juguetón -Suficiente experiencia tengo tratando con extranjeros que creen no saber la diferencia y consideran que sus bolsillos abultados valen más que una espada afilada aqui fuera.- se encogió de hombros, recordando alguna de esas tan aborrecibles caras gordas y dejó que aquel desprecio que le producían se lo llevara el viento. Al menos el marques parecía tener la grasa distribuida donde correspondía y no abultada en sus mejillas o estomago. Si no era así, lo disimulaba muy bien.

Le sorprendió el no tener que explicarle los peligros de alzar la voz en aquellos parajes al pelisrojo. Pocos humanos rondaban por allí, pero era aquello que no lo era lo que más se sentía atraído por el canto de los bípedos. Mejor era no tentar su suerte.

-Demasiados, más de los que deberían- la voz de Lyn tomando un tono más oscuro del deseado, claramente mostrando la indignación que aquello le producia -Las tribus lo ven o como una plaga o algo de orígenes oscuros con lo cual mejor no relacionarse. Un clan no es suficiente para acabarlos, la experiencia se los demostró a los Djute cuando los silentes aparecieron por primera vez, siendo sus perdidas de decenas y marcando al ejemplo al resto de las tribus que pronto decidieron que las llanuras eran lo suficientemente grandes como para ignorarlos.-

El desprecio a la decisión de las otras tribus era claro en el tono de Lyn. Desgraciadamente poco podía hacer ella al respecto. Era una contra una plaga interminable... Se aborrecía por aceptar la conclusión de los otros clanes, pero se había resignado a aceptarlos como otra gran tormenta o tornado. Solo había que sobrevivir hasta que pasara... ¿que más le quedaba? Además no podía morir combatiendo contra aquellas fuerza, tenía otra misión más importante y, contrario a los clanes, no tenia nadie a quien pasarle la antorcha en caso de perecer en combate.

Era un camino solitario y pesado.

Una marca blanca, casi imperceptible a simple vista en la penumbra, separaba a la gruta del resto y le marcaba a la nómada su destino. Aun se sentía el olor ferroso dejado tras el combate, y sospechaba aun seguían las manchas dentro del interior de la gruta, algunas de las cuales procedían de sus propios fluidos.

Lugar más seguro que ese desconocía en aquel paraje, y aunque sola se creía capaz de burlar silentes, dudaba que el noble pudiera salir victorioso para ver el alba.

-No tuve tiempo de amoblarlo, sepa disculparme milord.- bromeó, con una leve reverencia, para luego atar a la reticente yegua a una estalagmita en el suelo. Como ella, Madelyn odiaba estar encerrada en aquel estrecho lugar, pero no era algo que pudiera evitar dadas las circunstancias.

Sin más preambulos, Lyn comenzó a sacar lo necesario de las alforjas para acampar dentro de la oscura gruta. Al menos no era una compañía desagradable.
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Eliwood el Dom Oct 25, 2015 11:47 pm

Le dejaba algo consternado imaginar, a raíz del comentario de Lyn, la impresión que otros nobles hubiesen dejado allí. Entendía que apenas lo había dicho casualmente, que no era una acusación ni ameritaba más atención que aquella, pero le preocupaba un tanto. Si lo pensaba, Sacae podía parecer un punto políticamente vulnerable en la situación en que estaba, aunque lo veía muy lejos de realmente caer, y algunos nobles eran menos prudentes que otros, especialmente aquellos de riqueza y no de nacimiento... sin atreverse a indagar en el momento, sólo podía imaginar las experiencias de la nómada y avergonzarse un poco, de segunda mano.

Habían temas de mayor urgencia a tratar. Debía dejar de prestar tanta atención a la situación personal de la chica, que claramente no estaba arreglándoselas mal a solas, y persistir con su misión. Se convenció de que indagar un poco respecto a la situación de Sacae era prudente al caso, aunque se sentía un tanto extraño enterándose de las decisiones de la nación así, tan casualmente. No se sentía muy en derecho. No obstante, la sopesó con seriedad. - Entiendo que una decisión así evite más pérdidas y de cierto modo preserve la paz, pero... requeriría saber, con seguridad, que los Emergidos se mantienen en una única ruta. Que no volverán su atención al resto de Sacae. - Dijo en un tono dócil, cuidadoso. No era su lugar ser el consejero de ninguna nación, aunque estuviese hablando con una única nómada, que ciertamente no estaba defendiendo la estrategia de los demás. - Desconocemos sus patrones de acción en tales casos. Realmente no me fiaría... - Ni arriesgaría un pueblo a tan desesperanzada vida. El bienestar mental y la ilusión de estabilidad eran temas que Eliwood manejaba demasiado bien, tanto como para preferir omitirlo.

Ingresó a la gruta con un andar cuidadoso, desacostumbrado a lo escabroso del terreno. Con aún más cuidado guió a su caballo, mucho más adaptable que él, dejándole tranquilamente sin ataduras. - Oh, descuide, señorita Lyn. Su compañía será lujo suficiente. Por lo demás, sabré aguantar. - Dijo de buena gana, tomando rápidamente con humor la disposición de su guía.

No era nada grave, no había supuesto que estarían allí mucho tiempo, a lo sumo, un par de horas de tensa espera antes de salir a echar una mirada. No le haría falta acomodarse. Menos lo lograría, por cierto, considerada la mezcla del aroma a humedad, encierro y otras cosas que no definía, sumada a la carencia de suelo liso, de agua, de cualquier comodidad. Por el momento estaría bien con ello, había tenido su porción de aventura lejos de casa y de ambientes menos que placenteros, mas no hizo más que permanecer junto a su montura, parado recto y formal, sacudiendo algo de polvillo de su ropa. Sus pocas joyas, un protector sobre su frente y el anillo de bodas aún en su dedo, además de su armadura, reflejaban la poca luz de una forma que resaltaba cuanto desencajaba en ese paisaje. No estaba hecho para eso. No obstante, contaban con tiempo y se encontraban lejos del peligro, mientras no hiciesen nada llamativo a ojos u oídos que patrullaran sobre la entrada de la gruta. Supuso, pues, que no habría nada maleducado respecto a pedir las respuestas que ansiaba.

- Sobre la tribu Lorca... - Comenzó, poniendo sus manos tras su espalda como si pretendiese hacer guardia en su lado del escondite. - Es curioso, realmente. La mujer Lorca que busco tiene el nombre de Lyndis. ¿Es tan común en su tribu? Espero que no hayan otras similares con las cuales confundirme. - Sonrió un poco, sin pensar nada extraño de ello, más que una gran coincidencia. Aún así, vigiló a Lyn con atención, quien poseía la información era ella y no quería presionarla. Resultaba extraño a sus ojos, sin embargo, que comenzara a quitar pesos de su montura y a bajar algunas cosas al suelo.

Cierta piel y cuero enrollados le recordaron a una rudimentaria colcha para barracas. Al ver aquello los puntos se unieron en su mente, y con un tono dudoso el marqués comentó, anonadado. - No estará usted preparándose para una estadía muy prolongada... ¿o sí? -
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Lun Oct 26, 2015 12:11 am

Lyn arqueó una ceja divertida ante el comentario del marques. No recordaba nunca haber escuchado a un noble referirse de esa forma a su compañía. Los extranjeros del estrato del pelisrojo preferían tener poco y nada contacto con los nómadas, y aunque sus ropas parecían siempre captar la atención de estos por algún motivo, al ver su espada y la forma en la que la usaba los disuadía de cualquier intensión más que laboral o de información.

La sonrisa divertida en su rostro se congeló al completo al escuchar las siguientes palabras del extraño lord. Sus manos, dispuesta a comenzar a prender una fogata lejos de la entrada, se detuvieron al tiempo que un escalofrío recorrió su espalda.

-..Tiempo que no escuchaba ese nombre- murmuró, clavando su vista en las piedras que usaba para prender la yesca para la fogata. Sus labios repitieron nuevamente aquel nombre, extrañanadose de la picazón extraña que producía en sus oidos, y de las memorias que el mismo despertaba. Recuerdos olvidados, enterrados.

-Para el resto de la tribu siempre fui Lyn- comentó, cerrando los ojos e ignorando las siguientes palabras del pelisrojo, absorta en el pasado. -Pero cuando estábamos solos los 3, juntos en la intimidad, siempre fui Lyndis-

Volver a escuchar el nombre dicho por su propia voz le remitió a su madre. Su voz más gruesa ya que en la infancia, había tomado un tono similar al de su progenitora, era como si solo al escuchar esa palabra se hubiera dado cuenta de ello. Cinco años ya que no escuchaba a alguien pronunciar aquel nombre... Cinco años.

-No, solo hay una nómada con ese nombre entre los Lorca. La última Lorca para ser más exactos- contestó, clavando sus ojos en los del noble, llenos de emociones reprimidas durante largo tiempo. Dejando que estos contaran más de los que sus palabras y pensamientos revueltos le permitían contar.
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Eliwood el Mar Oct 27, 2015 12:09 am

Imposible no notar el cambio en el semblante de la mujer nómada. Su sonria seguía allí, vagamente presente en sus labios, pero su mirada había perdido momentáneamente la chispa de su buen humor. ¿Era algo de lo que había dicho? ¿Había errado? ¿Había hablado de una forma que resultase descortés a la cultura de ella? Consternado, dio un corto paso adelante, dispuesto a disculparse de inmediato. Era incapaz de ver a alguien atribulado o incómodo a su alrededor, sentía la necesidad de remediarlo y aquella mujer, que ya le había prestado su ayuda y compañerismo, no sería excepción.

Lyn habló. Sin saber qué interpretar, Eliwood guardó un solemne silencio por un momento y se adelantó, arrodillándose frente a ella, tan solo su rodilla derecha en el suelo, su espalda tan recta que parecía que se arrodillase frente a una monarca. Con movimientos cuidadosos, no deseando tomarla por sorpresa o alterarla, posó sus manos en las ajenas, cubriéndolas. Sus dedos enguantados apenas le rozaron al tomar la yesca, pretendiendo al menos aliviarla de la tarea inmediata. Podía encender un fuego, como mínimo. Su mirada no buscó la de Lyn, no estaba en su naturaleza presionar de ese modo; tan sólo se centró en la yesca. El chasquido de la roca resonó en la gruta, así como un distante murmullo de algua pequeña corriente de agua más adentro.

- Lyndis. - Repitió en voz baja, con cierto agrado; como el nombre de una persona ya querida. Lyndis era la conclusión de un capítulo, el saldar de una deuda con tierras caídas, una suerte de descanso para su conciencia. Pasaba a ser aquella solitaria nómada de larga cabellera y mirada orgullosa, entonces, quien representara tal alivio. Sin comprender sus palabras, seguramente pensamientos personales, cuestionó en un tono gentil. - ¿Los 3, dice usted...? -

Las chispas dieron un tenue destello anaranjado antes de tomar fuego, generando una luz de igual tono y un agradable calor entre ellos. Al menos la humedad del ambiente comenzaría a irse pronto, de ese modo. Sonriendo con alegría por su pequeño logro (podía usar yesca, pero no significaba que le fuese fácil), Eliwood inconscientemente alzó la vista a ella, como aguardando una reacción positiva. Titubeó, sin embargo, al oír de sus labios el lúgubre hecho de que había hallado a Lyndis de los Lorca, sí, pero la única Lorca que se podría hallar en Sacae. Adivinó en sus hombros rectos y su mirada firme un peso enorme, que hundió su pecho hasta sus entrañas tan sólo de imaginarlo. Era un camino pesado el que transitaba él también, pero jamás tan solitario como para saberse el único de su clase, el último de una línea casi condenada.

No podía juzgar si Lyn, ahora Lyndis, sería la clase de persona que encontrase refugio en el hombro de alguien que apenas conocía, mas lo ofrecería de todos modos. Rodeó la pequeña fogata y quitó de sus hombros su capa, apoyándola con cuidado en el suelo; oh, le dolía en el alma poner allí la tela fina y saber que se ensuciaría, pero para eso estaban hechas las capas, entre otros usos convenientes pero poco glamorosos en el mundo exterior. Tomó asiento en una esquina de esta, dejado un amplio espacio junto a sí, al cual gesticuló. - Es mejor que sentarse contra el suelo. - Dijo. No había en sus conocimientos de protocolo una respuesta adecuada para la situación de Lyn, por lo que no tuvo más opción sino hablar con sinceridad. - Mi más sentido pésame. Debe de haber pasado por mucho este último par de años, es... una clase de soledad y de aislamiento que me temo que no logro imaginar. -
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Mar Oct 27, 2015 8:42 am

En algún punto la yesca había salido de sus manos y ahora se había transformado en una pequeña fogata, que lentamente comenzaba a arder con más fuerza. Lyn estiró su mano hacia ella, agradeciendo el calor que le brindaba y que le ayudaba a alejar el frío de aquellos oscuros recuerdos.

Cerró sus ojos un instante, secando los inicios de aquellos ríos salados que buscaban formarse en sus ojos, y recuperó levemente la compostura. Mas no se incorporó, clavando sus ojos en las llamas y observando las lenguas de fuego danzarinas en el mismo.

No pudo evitar soltar una risa y sonreir al ver al noble improvisarse un asiento. Un noble era noble aun cuando estaban en una cueva en el medio de la nada, o eso parecían contar las acciones del mismo.

-Prefiero el suelo, es un compañero siempre confiable- bromeó, con voz aun cortado, pasando de cuclillas a sentarse en el mismo lugar donde se encontraba. No andaba con deseos de moverse.

-Y no deseo que pueda imaginarselo tampoco.- contestó, con una sonrisa amarga, comenzando a dibujar pequeñas formas con su dedo en la fina capa de tierra que cubría el suelo de roca. El recuerdo de aquel nombre le hacía sentir... Pequeña, remitiendole a épocas pasadas donde todo era más simple. Donde era Lyndis, otra nómada más, parte del clan Lorca e hija de dos amorosos padres... Tiempos ya lejanos y que parecían ajenos e inconexos con Lyn la guerrera, temor de los bandidos y fiera espadachina.

Cerró nuevamente sus ojos, inspirando profundamente y soltando lentamente todo el aire en sus pulmones. Dejó que junto a ello, sus temores, preocupaciones y miedos se fueran, llevados lejos por el viento. Más calmada abrió los ojos, rojos por las lagrimas contenidas pero firmes, era nuevamente la mirada de la nómada y no la de la niña de 13 años abandonada a su suerte en las bastas llanuras de Sacae.

-Aqui tiene a Lyndis, marqués- sintió un escalofrío al pronunciar de nuevo su nombre, obligándole a cerrar sus ojos un instante pero igualmente continuo con tono firme -¿Para que me busca?-

Tras la sorpresa inicial, la calma trajo frialdad a sus pensamientos... ¿Como conocía aquel nombre? Solo sus padres lo conocían... ¿Acaso estaba aliado con los bandidos de Taliver y buscaban terminar de acabar con su tribu de una vez por todas?

Disimuladamente, comenzó a mover lentamente su mano hacia la empuñadura de su espada. Si asi era, no caería sin pelear...
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Eliwood el Miér Oct 28, 2015 10:29 pm

Pretendía ayudarla de cualquier forma en que pudiese, era una necesidad natural en él, la de ver cómodos a todos a su alrededor, aún si fuese por su propia comodidad a fin de cuentas. Pero poner su capa en el suelo no había sido un acto para causarle gracia, ¿acaso había hecho algo inusual a sus ojos? Un poco descolocado, carraspeó y alisó la tela en el piso cuanto pudo, decidiendo que habían cosas sobre los nómadas que jamás entendería. Si no ponía nada, considerado el corte bastante revelador de su... ¿falda? Prenda, como le llamase, pero su piel estaría en contacto con el suelo y eso significaba que se ensuciaría. Por qué alguien querría ensuciarse escapaba a su entendimiento, aunque de todos modos era bueno que riese; sus ojos se habían tornado cristalinos por un momento y no estaba seguro de qué haría si llorase, cómo ayudarla si no tenía la confianza como para abrazarla ni la conocía tan bien como para saber las palabras justas que le animaran.

Lyndis permanecía firme y aún así tenia el dilema, desde ya, de no imaginar qué podía hacer para rectificar la situación. Ofrecer su hombro habría sido de descarados modales; apenas se atrevío a posar su mano enguantada sobre el antebrazo de la chica, cuidadoso. - Me cuestionaba cómo podía usted ser la única en Sacae que jamás vi en la reserva de las tribus o en Bulgar. Me cuestionaba también si se encontraría usted bien, viajando a solas de ese modo, contra la ruta de los Emergidos en lugar de evadiéndola. No dudo que sea muy capaz, pero entiendo ahora que no está bien. - Una atrevida conclusión, mas no cabía en su mente forma alguna en que Lyndis fuese feliz, viviendo de ese modo. Creía enteramente en lo que decía. - Ningún ser humano prospera en soledad, aunque seguramente no necesita que yo se lo diga para saberlo... -

Le permitió un momento para componerse, aunque al ver que moderaba su respiración sus deseos de sostenerla o de poder hacer algo sólo crecieron. Apretó los labios, intentando mantenerse serio. No permitiría más de aquello. Si Lyndis había prevalecido como última superviviente de su tribu a la vez que única superviviente de su línea de sangre, debía de significar algo.

- Tan sólo le he buscado como emisario de quien verdaderamente la quería a su lado: su abuelo, abuelo materno hasta donde sé, lord Hausen de la casa Caelin, padre de la noble dama Madelyn. - Por una vez, hizo un esfuerzo por no extenderse de sobra. Su mirada se dirigía solemne hacia Lyndis, con el mismo respeto con que se dirigiría al marqués que mencionaba. - Dado que lord Hausen se encontraba enfermo, sumado a la aparición de esta extraña plaga en nuestras tierras... me ha pedido que, de darse el caso de que me encuentre con cualquier nómade de Sacae, intente remitir hasta usted sus intenciones. Lord Hausen deseaba verla a salvo, recibirla en Caelin de ser aquello lo más indicado. - Y venía allí la parte difícil. Una que, sin embargo, deseaba remitirle lo más pronto posible; mejor matar enseguida esperanzas que jugasen en su contra en ese momento, y darle los hechos como los conocía. - El marquesado de Caelin se ha disuelto. Desconozco si lord Hausen se encuentra a salvo, y de ser así, cual sería su paradero. Pero es usted la única persona de su línea de sangre que conozco y es aún mi deber, en honor a lord Hausen, llevarla a Lycia y permitirle ver las cosas con sus propios ojos. -

Había esperado mucho de aquel momento. Había anticipado de la nieta de Hausen una dama como su madre, una gema apenas disimulada en su tribu, a quien poner en el trono de Caelin si este podía reestablecerse, o al menos albergar en Pherae. Siendo la heredera una guerrera de tan firme mirada, sin embargo, se sentía aún más optimista respecto a retirar de Lycia la plaga. Pero se adelantaba demasiado, notó con cierta culpa. Agachó un tanto la mirada e inclinó la cabeza en disculpa. - Lo siento, quizás me apresuro demasiado en decirle todo esto... -
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Miér Oct 28, 2015 11:21 pm

Lyn se tensó al sentir la mano ajena sobre su antebrazo, mas no le quito porque no sentía hostilidad en el noble. Por un momento se preguntó como había logrado sobrevivir aquel viaje solo desde Pherae... Le dificultaba ver a aquel hombre como peligro alguno en ningún sentido. No emitía seguridad, pero su franqueza era loable, remitiendole levemente al pastor de libros que conoció menos de un ciclo atrás en Bulgar.

No le extrañaba descubrir que no era fácil seguirle el rastro. Buscarla entre las tribus a ella era en vano... Salvo algún ocacional e inevitable cruce, las esquivaba y ellos a ella, muchos considerándola un espectro o una criatura maldita por ser la única en sobrevivir de todos los Lorca.

No pudo contradecir la conclusión de Eliwood sobre su estilo de vida. Era la verdad, no buscaba progresar sino sobrevivir, ver el alba cada día en pos de lentamente cumplir su venganza. Mientras sobreviviera las esperanzas no desaparecían, y podía seguir peleando. Mientras su espada estuviera en su mano, y su hoja afilada y certera era suficiente para ella.

Pero nada le pudiera haber preparado para lo que el marques dijo a continuación.

Un... ¿un abuelo? ¿Familia? Pudo sentir en su corazón un tirón, una conexión a otro ser vivo que no pensó que jamas volvería a sentir. Su realidad desmoronándose mientras su mente poco a poco interpretaba las simples pero contundentes palabras de Eliwood.

Cerró los ojos, alejando su visión de la sincera mirada del noble y comenzó a meditar en sus palabras, no dudando un seguro de la verdad tras las mismas. Estaba... feliz, pero a su vez angustiada. Años en soledad para enterarse de que no estaba sola. Que había alguien que compartía su misma soledad, y que solo ella podía acabarla. Y solo él la suya.

Las noticias no eran solo buenas, el saber que el tiempo apremiaba no ayudaba a calmar su corazón que comenzaba a darle vuelcos con vida propia. Su mente parecía imitarlo, pero en dirección contraria, haciendo todo bailar en una danza desenfrenada e imparable.

Súbitamente, Lyn se puso en pie, alejándose así del agarre del muchacho y se dispuso a caminar a lo ancho de la gruta. Ida y vuelta. Intentaba calmar sus pensamientos, y el sentirse aprisionada entre la piedra no le ayudaba.

Tras un par de minutos, no supo cuantos, al fin suspiró, sintiendo como el viento se llevaba el fragor de sus emociones y alcanzaba al fin la calma. -No tiene nada de que disculparse. No hubiera preferido escucharlo de otra forma- respondió, con tono firme y decidido, sonriendo para asi calmar también a su interlocutor. A pesar que le doliera admitirlo, veía todo claro ya. Para bien o para mal.

-Mi vida se ha dedicado a pelear por mi tribu desde que pase a ser la única integrante de ella- le explicó, manteniendose firme y hablando como quien ya ha decidido cual será su camino -Peleo por mi gente que ya ha pasado al camino solitario, mi lord. Pero usted... Usted me ha traido la dicha de saber que aun queda alguien de ella por quien luchar allí afuera.-

Su mirada se desvió del rostro del marques a las llamas y continuo -Sacae, Lycia, Lorca, Caellin... Sin importar el que y donde, el saber que hay alguien alli afuera... Pelearé contra el viento de la propia Hanon si es preciso- volvió a clavar su mirada en el pelisrojo -Mi lord... No, Eliwood Marques de Pherae ¿Podría contar con su ayuda para llegar a Lycia?-
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Eliwood el Dom Nov 01, 2015 8:19 pm

Aún él, en su ilusa forma de ver las cosas, dudaba un poco del bien que estuviese haciendo por Lyndis. Habría sido rápido en asumir que con sus noticias todo se arreglaba, le daba a la solitaria Lorca otro título, otra familia y otro mundo que considerar. A sus ojos, solucionaba todo y tendría que estar mejor. Pero... era el hecho de que tampoco podía prometerle Caelin, el que le hacía dudar. No podía darle precisamente el final de su camino solitario, tan sólo una posibilidad incierta y una esperanza que podía ser tan benigna como dañina, a fin de cuentas. Quizás sí lo había hecho sólo para sentir saldada su deuda y poner el espíritu de quienes habían vivido en Caelin a descansar. Sin embargo, conociendo a Lyndis y teniéndola allí con él, le era imposible no preocuparse personalmente por su persona y por lo que le deparase el nuevo destino. No era alguien frío, ni siquiera hablando lejanamente de números, tropas e inventario podía desconectarse de cada vida humana de la que se sentía responsable. Caelin entraba en esa categoría. Lyndis no exactamente, no era tan sólo una persona más a quien proteger, sino alguien a quien debía de realzar casi como una igual; la idea de entregarle Caelin como a un marqués era lejana, ilusa y no del todo realista dada la situación, pero la mantenía en su mente.

Al verla alzarse y caminar por la caverna, se preocupó momentáneamente de que las cosas no fuesen tan simples ni tan perfectas como las imaginaba. Permaneció en su lugar, la humedad y el frío no le venían del todo bien y prefería permanecer junto al fuego, aunque se giró para seguirla con la mirada, de un lado a otro y de regreso. Sus palabras le daban cierta paz, aunque sentía que no terminaba de comprenderla.

- Esperaría que no se trate todo de combatir, mi estimada Lyndis. - Ofreció una leve sonrisa, dudando aún de cómo pudiese resultar todo aquello. Al menos sabía que prefería llamarla por ese nombre. - Esperaría que veamos paz lo antes posible. Oh, y ansiaría verla a usted en una vida de paz, que según dice ha tenido anteriormente, pero ya me cuesta un poco imaginarle en tal contexto. - Un comentario dicho a la ligera, en intentos de alivianar los ánimos, pero no menos verdad. Tenía la hechura de una guerrera y ya se preguntaba cómo podría darse una transición a diplomática o a una dama noble. En algún momento tendría que suceder, aunque ciertamente no la veía saltar a la idea de pasar de la clase común a la de los nobles, como cualquiera habría hecho.

- Puede contar conmigo. Más que eso, mi deber no termina en llevarla hasta Lycia. Considerado el estado de Caelin... - Su voz bajó a un tono cauteloso al referirse siquiera al tema y carraspeó. - Lo menos que he de hacer por usted es ofrecerle Pherae como hogar lejos del suyo. Le proveeré de una vivienda donde hospedarse y los recursos que me sea posible, aunque espero comprenda que no puedo disponer de demasiado, muy difícilmente de soldados siquiera. El resto quedaría en sus manos. -

Comprendiendo la decisión de Lyndis y rezando que se viese ya impaciente de comenzar, tomó su oportunidad para alzarse del suelo, más apresurado de lo debido. Quizás no tenían que quedarse en la húmeda gruta mucho tiempo más, y si los dioses le sonreían, evitarse dormir en tan horrible ambiente. Recogió su capa, colgándola de su brazo. - El camino es relativamente breve, pero sería prudente acortarlo lo más posible, ¿sabe? -
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Dom Nov 01, 2015 9:12 pm

Cerrando los ojos, Lyndis sonrió aliviada, sabiendo que en aquella travesía tendría un aliado con quien contar a su lado, por primera vez en tanto tiempo. -Gracias- respondió, haciendo caso omiso del apuro del joven por salir y volviendo a sentarse. -Créame que conozco el camino hacia Lycia, al menos en la parte que conlleva a las llanuras, y nada ganaremos saliendo al amparo de la noche... No tras una avanzada de silentes- contuvo una risa, ante la clara inconformidad del noble en pasar allí la noche. Por más que el tiempo apremiaba, de nada servía si llegaba a Caellin muerta.

Sacando un par de provisiones frías de las alforjas, le lanzó un puñado al noble para que comiera y procedió a hacer lo mismo. Mejor era recuperar energías y partir al alba. Le esperaban un par de días de viaje antes de poder surcar de un lado a otro las llanuras.

-Aunque agradezco grandemente su ayuda, deberé rechazar el ofrecimiento de amparo- continuo la conversación de minutos atrás, sin dejar de masticar su comida mientras hablaba -Si mi abuelo esta en Caellin, alli será mi hogar... Al precio que cueste.-

Volvió a dibujar circulos en la tierra con sus dedos, aunque esta vez con un animo mucho mayor. Estaba segura de lo que debería hacer, y aunque desconocía la situación al completo, el tono de Eliwood había sido más que claro en lo poco prometedor del asunto.

-La paz se oye como algo maravilloso, pero tras tantos años no tengo esperanza de encontrarla o de que siquiera exista. Con que haya una tribu a la que volver... Mientras mi abuelo siga allí... Con eso me basta, aun si es un camino cubierto en sangre, será mi camino- su tono era casual, ya había imaginado todo camino posible, y se había decidido a transitarlo. Había familia que la esperaba tras tantos años.. ¡Familia! ¿Acaso habría algo que no haría por obtener de vuelta aquella palabra en su vida?

-Podría...- Lyn se tomó un par de segundos en buscar aquellas palabras tan ajenas a ella, casi doliendole al pronunciarlas -¿Podría contarme como es mi abuelo?- Bajó la mirada al pronunciarlas, un poco avergonzada por la emoción que le causaba el pensar que había aun alguien con su misma sangre fuera de las bastas llanuras.
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Eliwood el Lun Nov 02, 2015 2:25 am

Creía de lleno que estaba siendo discreto y que Lyndis no entreveía su incomodidad respecto a dormir a la intemperie, pues para él, una gruta era lo mismo a dormir en el suelo, cualquier suelo. Era algo que había hecho con suerte una o dos veces en su vida y no ansiaba volver a hacer. No tuvo suerte, quedando sin más opción que esbozar una sonrisa muy poco segura, asentir para darle la razón y volver a acomodar su capa para sentarse sobre esta. Tendría que lidiar. Había lididado con cosas peores que las condiciones naturales, tendría que mostrarse firme, se recordó que tan sólo sería una noche, nada tan grave.

Su determinación flaqueó considerablemente cuando la mujer le aventó un pequeño paquete envuelto en alguna clase de papel, sin explicación alguna respecto a su contenido. Eliwood lo atrapó antes de tomar asiento, y apoyándolo en su regazo lo abrió cuidadosamente, encontrando alguna especie de pan o bollo horneado, al igual que algún tipo de carne seca, fácilmente confundible con un trozo de cuero. Apretó los labios, el único gesto de tensión notorio, pues hacer una mueca habría sido de pésima etiqueta. - Se lo agradezco mucho, no había pensado en prepararme para algo así. - Dijo, cordial. Podía comer el pan con las manos, no estaba acostumbrado a nada de eso pero podía lidiar. Aunque no se había lavado las manos, y lavarlas en el agua que oía en el interior de la gruta... no estaba muy seguro. Al oír a Lyndis hablar y alzar la vista a ella, encontrándola ya comiendo y no precisamente esperando a tragar entre frase y frase, decidió que mantener sus propios modales era necesario.

Se alzó para dirigirse hacia donde oía agua, una corriente muy pequeña seguramente, pero al menos confiaba en que el agua que fluía entre rocas era limpia. - Su ruta hasta Caelin no ha de ser breve. No puedo asegurar en qué estado encuentre usted el marquesado, pues se considera ya caído, al estar fuera de contacto con el resto de nosotros. Es un territorio peligroso. - Advirtió, encontrando lo que buscaba. Quitó sus guantes de sus manos, sujetándolos bajo su brazo a la vez que guardando cuidadosamente su anillo de bodas en su bolsillo. Lavó sus manos lo mejor que pudo allí y regresó a tomar su asiento. Extrajo un pañuelo con el cual secar sus manos, dejando tanto este como los guantes de lado y tan solo volviendo a ponerse el anillo. Aún considerado viudo, no se sentía ni creía sentirse pronto en ánimos de dejar de usarlo. - Sepa que no estará a solas en el camino, no sé si pueda estar junto a usted en la totalidad de este, pero mi apoyo seguirá allí. A una visita o a una carta de distancia, si no permanecerá en Pherae. -

Escuchó el relinchar de un caballo, demasiado distante como para ser el de cualquiera de ellos dos. Pausó, volviendo su vista hacia la entrada de la gruta, aguardando. Un aleteo distante. Emergidos voladores, como bien había predicho ella. Se aseguraría de bajar su voz. Por lo pronto se centró en comer, aún si el aspecto no era el mejor, el pan sabía bien y no estaba tan duro como aparentaba. Comió de a pequeñas mordidas, con delicadeza comparable a la de una mujer, pensando distraídamente en la curiosa impresión que le daba Lyndis. Parecía tan dura y probablemente jamás entendiese su gusto por sentarse en el suelo y por ensuciarse las manos, pero había algo enternecedor en su forma de tocar la tierra, al igual que en el leve titubeo de su voz. No pudo evitar sonreír cálidamente, bajando la vista a la comida para no hacerle sentir vigilada, darle ese tanto de privacidad.

- Su abuelo es un marqués bueno y justo, un hombre fuerte y extremadamente persistente, incansable respecto a su trabajo, inclusive un poco insistente en hacer de sobra y no admitirlo, pero oigo que con su familia es mucho más abierto. Un poco terco, quizás... - Motivo por el cual no lo sentenciaba ya de fallecido, mas prefería no mencionar eso, no dar esperanzas de sobra. - Oh, tiene una mirada tan intimidantemente firme como la suya, Lyndis, si me disculpa. - Agregó con una sonrisa, excediendo quizás su confianza.
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Re: Pesadas coronas [Privado; Lyndis]

Mensaje por Lyndis el Lun Nov 02, 2015 8:05 am

La forma de comer del noble era por demás curiosa, recordandole a Lyn a una ardilla. Una gigantesca y pelisroja ardilla, y parlanchina sin lugar a dudas. Pero adorable en su forma peculiar, volviendo a su mente la preocupación de como aquel marques se había aventurado solo y sin escolta tan lejos de su reino... Le costaba imaginarselo sobreviviendo solo a la intemperie.

Escuchó atenta las palabras sobre su abuelo, grabándolas a fuego en su corazón. Identificaba los rasgos que recordaba de su madre en aquella descripción, muchos de los cuales ella había heredado. Algunos muy a su pesar.

Esbozó una sonrisa totalmente divertida en respuesta al comentario del noble -¿Así que le intimido, Eliwood?- preguntó con una seriedad fingida que no pudo mantener, pronto convirtiendose en una pequeña risa entre dientes. No podía negar que le agradaba, pese a su cuna noble. Le recordaba cada vez más al pastor de libros que conoció en Bulgar, pero el pelisrojo tenia una gracia y delicadeza en su andar y forma de expresarse que hacían aun más interesante su actitud.

Despertaba su instinto maternal cuanto menos, y se preguntaba si quedaría tranquila una vez se separaran para que el marqués partiera a Pherae. Quizás debería de acompañarle...

Notó al fin la argolla en la mano del noble en forma curiosa. Los nobles no perdían tiempo en casarse ¿eh? Sospechaba era incluso más joven que ella y ya comprometido... A esa edad difícilmente podían demostrarse los logros en batalla como para ser un prospecto real para cualquier pareja... Agitando su cabeza, concluyó que nunca terminaría de comprender las costumbres de los extranjeros.

¿Extranjeros...? ¿Acaso ahora ella no era también de Lycia?

Un escalofrío recorrió su espalda, ante aquel concepto nuevo y extraño. Ella ahora de Lycia tanto como de Sacae...

-Sea por sangre cuanto menos- cortó el silencio nuevamente, intentando expresar el enmarañado de ideas en su cabeza -Soy ahora también de Lycia. De la misma forma que me ofrece su ayuda, que sepa que cuenta con la mía para lo que necesite.- clavó su firme mirada en la del chico, aquella mirada intimidante que antes este había descrito, sintiendo un calor en su pecho al saber que era esa una conexión que tenía con su abuelo, aun sin conocerle -Para lo que necesite, mientras no traiga el mal de Lycia, tiene mi palabra de sacae que siempre estaré allí para ayudarle-

Para un nómada cualquier juramente era sagrado, y una vez dicho no podía retractarse de sus palabras. Era lo menos que podía ofrecerle, lo poco que podía ofrecer tras que trajera las noticias que había aun esperanza para ella allá afuera. El noble había hecho más que suficiente para ganarse aquel juramento, y estaba tranquila en que eran palabras depositadas en alguien confiable.
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