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El recibimiento [Priv. Sigurd]

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El recibimiento [Priv. Sigurd]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 08, 2016 10:32 am

He de admitir que esta situación me resultaba, cuanto menos, llamativa. No me esperaba que uno de los países que en teoría era enemigo me enviase una misiva en la que declarase sus intenciones de ayudar y menos que fuesen tan pacíficos en los medios que usar. Probablemente haya algún motivo oculto, como pedir la asistencia de Nohr para liberar Grannvale, en cuyo caso vería justo. Sin embargo, durante unos instantes, no podía evitar pensar que no era así y que todo era una trampa. Probablemente fuese mi pequeña costumbre de desconfianza hacia los demás. Por otra parte, tras conocer al marqués de Pherae, tampoco puedo decir que es imposible que haya quienes de verdad piensen en el bien ajeno aunque también miren por el propio.

Fue por todo ello que indiqué al duque Sigurd de Chalphy dónde nos reuniríamos. También le informé de que podía usar perfectamente los establecimientos que usa nuestro propio ejército durante la duración de la empresa. Confiaba en que aquello fuese suficiente y, si no, buscaría otra solución para aquello que haya salido de mis cálculos. Por otra parte, debido a asuntos geográficos, lo cité en un puerto al norte de la capital. De esa forma, sería más fácil para ellos hacer el viaje.

Ya había llegado hasta dicho puerto cuando me encontraba en una pequeña reunión de estrategia por otros frentes contra los emergidos, usando a jinetes de wyvern como los mensajeros. También dejé a un soldado conmigo que sería quien se quedase con Sigurd para informarle de los asuntos geográficos que tener en cuenta durante el combate pues, aunque no me agradaba la idea, era posible que no pudiese combatir a su lado.

¡Mi señor! ¡Ya han llegado!

De acuerdo.

Me dirigí hasta la zona de los barcos y ahí estuve esperando a que saliese el duque de Chalphy junto a otros soldados para darle la bienvenida. Una vez llegué allí, empecé a evitar tener pensamientos negativos sobre el hombre al que ni siquiera había conocido aún en persona.
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Re: El recibimiento [Priv. Sigurd]

Mensaje por Sigurd el Lun Mar 14, 2016 3:43 pm

-¡Shhh! Tranquilo, Eolo. Ya estamos llegando, resiste sólo un poco más ¡Ánimo!-susurró por enésima vez Sigurd a su compañero equino mientras acariciaba su lomo con el fin de intentar calmar al animal.

Así había sido constantemente desde que iniciaran el viaje desde Grannvale en Jugdral hacia el reino de Nohr en Akaneia. El viaje tenía que hacerse en barco, ya que ambos reinos estaban en continentes distintos. Y eso era algo que Eolo no podía soportar. Los caballos son animales de tierra, y no les gusta ir en barco. Especialmente Eolo, quien para él era su primer viaje. Encerrado en la bodega, ante el constante bamboleo del buque, no paraba de agitarse, relinchar e intentar escapar constantemente. Sigurd tenía que pasar también constantemente el rato con el pobre níveo animal, tratando de relajarlo para evitar que destruyera la mitad de la bodega a base de coces.

El propio Sigurd también deseaba que el viaje terminase pronto. No es que le molestase pasar tiempo con Eolo, al quien consideraba como su mayor amigo y confidente. Pero también era la primera vez que Sigurd montaba en barco. El duque de Calphy jamás había abandonado el reino de Grannvale en vida, salvo excepción de Manster. Jamás había pisado suelo extranjero antes. La expectativa de conocer otros reinos, otras culturas, otros posibles aliados, le entusiasmaba. Pero al mismo tiempo, él también estaba pasando un mal rato a bordo de aquel navío. Tres veces había tenido ya que asomarse a popa para devolver al mar lo que su estómago había acumulado momentos antes. El mareo se hacía insoportable. Menos mal que efectivamente, ya faltaba poco para llegar a Nohr.

No iba solo. En ese barco y un par mas que le seguían a pocas millas iba un grupo con sus mejores hombres y mas leales, al igual que también otro grupo de caballos encerrados en bodegas que se había convertido en una especie de establo improvisado. Sigurd los había reunido a todos para marchar a apoyar al reino de Nohr en su campaña abierta contra los Emergidos. Nohr hizo un llamamiento público pidiendo aliados para poder erradicar definitivamente a los Emergidos de sus tierras, y Sigurd había decidido acceder y comandar a una parte de sus tropas para cumplir con tan encomiable cometido. Su postura no fue del todo bien vista en Grannvale. Abandonar el reino cuando éste tenía también su propia crisis contra la misma amenaza era un movimiento arriesgado, más aún cuando se hace para ayudar a otro reino del cual se tiene sospechas de estar implicado en los sucesivos ataques que viene sufriendo todo Jugdral desde hace años. Pero Sigurd no vaciló ni un instante. Para el duque de Calphy, todos tenían el mismo enemigo común y todos debían apoyarse mutuamente si querían salir de ésta. Y salir en defensa y apoyo del reino de Nohr sería el primer paso.

-¡Tierra a la vista! ¡Ya se ve el puerto!-Oyó gritar Sigurd una voz, desde la cubierta misma. Sigurd suspiró aliviado. Realmente ya no faltaba nada.

Sigurd acarició nuevamente a su caballo, asegurándose de que estuviera tranquilo lo poco que quedaba de viaje, y rápidamente subió a cubierta. Efectivamente, a lo lejos se podía contemplar el puerto dónde Leon Nohr, príncipe del reino y el encargado de hacer y coordinar el llamamiento contra los Emergidos, le había citado para su encuentro antes de ponerse a batallar. Sigurd estaba un poco nervioso, reconocía saber poco, por no decir nada de Nohr. Esa es una de las críticas que había recibido precisamente a la hora de aceptar ayudar a dicho reino. Pero para el duque, la ignorancia era una mera excusa, y uno no podía dar marcha atrás a su deber por ello. Pero no podía evitar temer meter la pata en cuando se encontrase con el príncipe, al cual sólo conocía de un par de cartas que habían intercambiado, haciéndose saber mutuamente sus intenciones y dándose cita en aquel puerto. Esperaba no causarle mala impresión, no por él, sino por el destino de las relaciones entre ambos reinos. Lo suyo era luchar, no las relaciones diplomáticas. Pero como estaban las cosas en Grannvale, si no empezaba a entablar relaciones él, no las haría nadie. Así que ahí estaba, no había vuelta atrás.

El puerto cada vez estaba más y más cerca y en menos de una hora atracó el barco sin ningún tipo de contratiempo. Desde la cubierta, Sigurd notó que se había organizado un pequeño comité para recibirlo. Le pareció ver a alguien rubio que parecía ser quien daba las órdenes, y pensó que se trataba efectivamente del príncipe Leon. No sólo le delataba su autoridad sino las vestimentas que portaba y que eran propias de alguien de alto linaje, muy posiblemente de la realeza.

Sigurd decidió no hacerle esperar, y con sólo un par de sus hombres a su espalda, se encaminó a la muy recientemente puesta pasarela para ser el primero en bajar y dirigirse hacia donde el príncipe le estaba aguardando. Se sacudió de la cabeza todo posible miedo y se encaminó con la cabeza alta, recordando que estaba actuando en nombre del reino de Grannvale. No podía cometer ningún error.

-¿Sois vos su Alteza, el príncipe Leon Nohr?-preguntó Sigurd en primer lugar, para asegurarse no cometer ningún error de entrada, ya que nunca antes había visto al príncipe en persona.-Mis más cordiales saludos, de mi parte, del ducado de Chalphy y de todo el reino de Grannvale. Soy Sigurd, duque de Chalphy. He acudido ante vos como os he prometido, con el fin de apoyaros en vuestra noble campaña para exterminar la amenaza de los Emergidos de vuestra tierra. Mi vida y la de mis hombres están a vuestro servicio. Es un grato honor y un placer conoceros.-Y acto seguido hizo una suave reverencia al príncipe. No estaba acostumbrado a hacerlas, y no supo darse cuenta de si la hacía bien o no, pero era algo necesario teniendo en cuenta que el rango de su interlocutor, todo un príncipe, estaba por encima de su rango de duque y se encontraba en su reino. Una vez hecho esto, esperó la respuesta de Leon Nohr. Pues efectivamente, desde ese momento se encontraba enteramente a su merced.
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Re: El recibimiento [Priv. Sigurd]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 15, 2016 1:57 pm

Cuando llegó el duque y lo vi por primera vez, por desgracia no pude evitar los pensamientos negativos. Todos surgían en mi cerebro. ¿Por qué había decidido ayudar? ¿Cuál era su razón? ¿Será un espía? De ser así, ¿qué tipo de información busca? También se me pasó por la cabeza la posibilidad de que fuese directamente una maniobra militar, actitud ante la cual ya he tomado medidas. Sus batallas serían libradas en la frontera con Hoshido. Obviamente les explicaría también la situación política para que tuviesen cuidado para que en caso de que traspasasen la frontera fuese culpa de ellos por ignorar mi advertencia.

Él era claramente mayor que yo pero, a diferencia del caso con el marqués Eliwood, su edad estaba reflejada por completo. En ese sentido, me sentí aliviado, pensando que él era una de las excepciones. ¿Habrá alguna razón detrás de la casi eterna juventud que aparentan algunos?

No, Leon. Olvida eso. Ahora mismo has de centrarte en responder al duque que representa a un país entero en una labor de asistencia militar.

En efecto, ese soy yo ―respondí a la pregunta del duque―. Deduzco que vos sois el duque Sigurd.

Hubo un momento de incomodidad por mi parte. Entendía que había que hacer referencia a la posición social de alguna forma y es cierto que un príncipe está por encima de un duque. Sin embargo, me resultaba muy incómodo que alguien claramente mayor que yo de otro país hiciese una reverencia, por muy leve que fuese.

No es necesario tanto formalismo ―dije intentando ocultar mi incomodidad―. Si bien es cierto que soy un príncipe y vos un duque, ahora mismo os encontráis en tierra desconocida prestando apoyo a nuestra patria ―expliqué―. Creo que eso nos debería permitir tratarnos de igual a igual, cuanto menos, ¿no creéis? Es un placer conoceros en persona, sir Sigurd.

Hice un leve inclinación en respuesta y me encargué de ocultar mi opinión personal. Aquello solo podría complicar un poco más las cosas. ¿Dónde se ha visto que un príncipe no quiera ser tratado de forma especial? En su lugar, decidí dar una serie de razones objetivas para evitar ser todo lo personal personal.

Si no es inoportuno, me gustaría acompañaros a un lugar donde podáis dejar reposar los caballos. Después de ello, me gustaría hablaros un poco sobre el país. ¿Habéis leído sobre Nohr por algún casual, sir Sigurd? De no ser así, puedo aseguraros con casi ningún atisbo de duda que su geografía os resultará, cuanto menos, sorprendente.

Yo sí que había leído sobre su país. Me había informado sobre sus leyendas bastante antes del encuentro. Sin embargo, si fuese a preguntarme, negaría conocer nada sobre ellos. De esa forma, podría averiguar cuánto de lo que estudié era cierto y cuánto no lo era.
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Re: El recibimiento [Priv. Sigurd]

Mensaje por Sigurd el Miér Mar 16, 2016 2:45 pm

Sí, efectivamente aquel era Leon Nohr, príncipe del reino de Nohr en Akaneia. Era un alivio para Sigurd el no haberse confundido. Al fin y al cabo, sólo había deducido quien era por su comportamiento y vestimenta, pero eso podía incluir a cualquiera de alto rango. Se trata efectivamente de alguien joven, quizás sólo un poco mayor que su propio hijo. Pero no por ello iba a subestimarlo ni a tratarlo de manera inferior. Por muy mayor que Sigurd fuera, él mismo se daba cuenta de que desconocía de muchísimas cosas. Pero había algo de lo que estaba seguro, y es que siempre se puede aprender algo de cualquiera. Y de un príncipe seguro que se puede aprender muchísimo.

-Como deseéis, Alteza. Reconozco que en mi castillo tampoco suelo gustar mucho del protocolo y demás gestos banales, más temía desagradaros comportándome con excesiva naturalidad siendo invitado en vuestra propia casa. Mas respetaré vuestros deseos.-respondió Sigurd al príncipe, cuando éste le dijo que podían prescindir de formalismos que podían ser tratados como iguales aunque en cuestiones de rango no fuese así.-Y faltaría más, también comparto el placer de conoceros a vos.

Cuando el príncipe mencionó a los caballos, Sigurd recordó a Eolo. Lo cierto es que deseaba sacarlo de aquel barco cuanto antes, tras lo mal que lo había pasado en el viaje. Por desgracia, otros tuvieron la misma idea que él, y mientras el príncipe Leon le preguntaba si sabía algo de su reino, el caos sacudió de golpe la cubierta del barco en el que acababan de desembarcar.

-¡Por todos los dioses! ¡Que alguien pare a esa bestia! ¡Lo va a destrozar todo!
-¡Cuidado, es demasiado peligroso! ¡Acercaos a él con cautela!
-¡Lo siento pero yo no me acerco a ESO! ¡No me pagan lo suficiente para malgastar así mi vida!


Sigurd echó un vistazo y enseguida se dio cuenta de lo que estaba pasando. Eolo había sido sacado de la bodega por miembros de la tripulación del barco, junto con el resto de los caballos. Pero en cuanto el blanco corcel tuvo el cielo azul sobre su cabeza y pudo respirar aire limpio, perdió el control por completo, excitado por la libertad conseguida libre tras soportar tan agotador viaje. Nadie parecía ser capaz de calmar al animal, quien se revolvía despiadadamente de un lado para el otro, coceando y pateando todo lo que se ponía por delante.

-¡Por Baldo bendito! ¡Les dije que no sacaran a Eolo sin mi permiso!-exclamó sorprendido y enfadado Sigurd al mismo tiempo antes de tomar aire y volverse hacia el príncipe en tono de disculpa.-Perdonadme, mi estimado príncipe, mas temo que debo intervenir. Vuelvo enseguida.

Rápidamente dejó al príncipe y subió por la pasarela que momentos antes había cruzado para bajar, y llegó a la zona de proa, donde Eolo estaba pateando un par de barriles de brea que afortunadamente estaban vacíos. El duque no perdió el tiempo y soltó un sonoro silbido que hizo que el caballo se detuviese de golpe. Acto seguido, Sigurd se acercó al corcel y empezó a acariciarlo y a susurrarle nuevamente al oído, lográndolo calmar nuevamente. Acto seguido, le cogió de las riendas y volvió a bajar del barco, esta vez con el caballo a su lado.

-Nuevamente, os pido disculpas por tan inesperada interrupción.-dijo el duque de Grannvale al príncipe de Nohr una vez volvieron a encontrarse.-Os presento a Eolo, mi más fiel y estimado amigo, con el que he compartido grandes, trágicos y hermosos momentos de mi vida. Os garantizo que normalmente es un buen chico, tranquilo y dócil con los amigos y fiero con los enemigos. Pero es su primer viaje en barco y no está acostumbrado a semejante experiencia.-Sigurd golpeó suavemente la grupa del caballo, como a modo de señal, y éste soltó un bufido como aparente gesto de saludo y disculpa al hijo de monarca de Nohr.-Aceptaremos encantados la invitación de los establos para los caballos, pues me temo que necesitan un descanso tan tan largo viaje. Aunque os pagaremos con creces la estadía, como me comprometí en nuestras cartas, eso no se me olvida.

Ambos empezaron la marcha hacia los establos de los que le habló el príncipe. No sólo iban el príncipe, el duque y su corcel, sino que también les acompañaban el sequito del príncipe y los hombres de Sigurd, quienes también guiaban cada uno a un caballo para llevarlos al susodicho establo. Mientras tanto, el duque recordó la conversación que por semejante sorpresivo evento había quedado interrumpida.

-Sobre Nohr, confieso saber poco, por no decir nada. Ya me comentasteis acerca de su peculiar geografía en una de vuestras cartas y lo cierto es que me habéis despertado la curiosidad. Como os conté por mi parte, la postura aislacionista tomada en Grannvale nos ha impedido poder relacionarnos y conocer otras partes del mundo, por lo que todo lo que me queráis advertir será tomado muy en cuenta por mí y mis hombres a la hora de llevar a cabo nuestra estrategia frente a la horda Emergida.-le comentó Sigurd al príncipe, preocupado por dentro por si el príncipe pudiera pensar que semejante curiosidad tuviera intenciones ocultas. Mas nada más lejos de la realidad, pues su curiosidad era sincera. Tras pasar media vida en Calphy y sus alrededores, poder conocer nuevos mundos, culturas, paisajes y horizontes era algo que de alguna forma lograba devolverle a Sigurd a sus años de juventud. Y tras tantas y tan dolorosas pérdidas, quizás algo así era lo que necesitase para poder levantar la cabeza.
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Re: El recibimiento [Priv. Sigurd]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 31, 2016 6:36 pm

El duque era alguien con quien uno podría hablar con comodidad. Además, desconozco si es por título o por cualquiera otra razón, pero me ayudaba también el hecho de que me tratase con cierta familiaridad y confianza. Facilitaba mucho el diálogo con él. Internamente, me alegré por eso, aunque no dije nada. No eran ni el momento ni el lugar.

Pero sobre todo no era el momento adecuado. Una escena se había formado en el barco. Era una escena tal que, por un momento, me dio a pensar que los emergidos serían el menor de los problemas. ¡Jamás me imaginé que un caballo podría dar tanta guerra! ¿Serán así todos los corceles de Grannvale o será una característica propia de este en concreto? En cualquiera de los casos, el duque pidió permiso para ir y no pude evitar asentir casi por reflejo.

No se preocupe, el deber le llama ―respondí medio en broma.

He de admitir que la situación se había hecho muy graciosa. Ver a un único corcel provocar tal caos cuando estábamos preparando una ofensiva contra los emergidos me tranquilizaba desde luego. Me hacía pensar, por unos instantes, que la situación no era tan grave como creía en principio.

El responsable de tal situación se llamaba Eolo. Al menos, así era como le había presentado su amo. Además de ser muy enérgico (quizás demasiado), también estaba bien educado. Sabía perfectamente que había hecho algo mal y, dentro de lo que se podía entender por sus gestos, parecía disculparse por lo sucedido.

No es necesaria una disculpa. Considerando que ha tenido que pasar en un barco sin poder desplazarse, es normal que se sienta animado por poder correr. No soy jinete, pero puedo hacerme una idea de a qué os referís.

Sin embargo, no me quise acercar al corcel más de lo necesario. Existen caballos que solo aceptan que su amo los acaricie o monte. ¿Quién me dice a mí que Eolo no sea uno de ellos? La sola idea de recibir una advertencia por parte del animal me hacía pensar que quizás no sería tan buena idea. Especialmente si, por alguna razón, me considerase un enemigo y fuese tan fiero con ellos como aquellos hombres que intentaron calmarlo hace unos minutos.

Empezamos a hablar sobre Nohr. Sin embargo, el duque de Chalphy me confesó no saber nada de la geografía del país. “Curiosidad”, dice… Bueno, ya veremos el tipo de curiosidad que verá cuando le enseñe el mapa de Nohr y le vaya explicando las peculiaridades. Creo que entonces esa curiosidad puede ser muy interesante.

Para garantizar el mejor apoyo posible, habrá tropas de Nohr que estarán con vosotros en batalla. Los he elegido yo mismo para que sean lo más útiles posibles. Os explicaré con más detalle la situación cuando estemos en el establo. Por otro lado, considerando que compartiréis la estadía con nuestras propias tropas y que venís para ayudarnos, creo que sería más adecuado que nos ocupásemos nosotros de los gastos económicos, ya que somos el país ayudado. Me disculpo por no haberlo explicado de antemano, sir Sigurd, mas nunca he sido muy… afán de hablar de asuntos económicos por medio de misiva. Ya habéis venido exclusivamente para apoyarnos. Sería ilógico pediros que pagaseis vuestros gastos.

Prefería tratar este tipo de cosas de forma directa para que no hubiese ninguna manera de ocultar la información. Sin embargo, dudo que sir Sigurd fuese a siquiera pensar en eso. Al menos, eso espero.

Llegamos después de una larga caminata al lugar donde nos alojaríamos. Un pequeño fuerte en el que podrían dejar a los caballos reposar y, al mismo tiempo, poder discutir todo lo relacionado en la mesa de guerra. Como buen anfitrión y para evitar todo posible inconveniente que pudiese suceder, me aseguré esta vez de dar instrucciones de dejar todos los mensajes relacionados con los emergidos para la mesa de guerra, donde podríamos discutir todo lo que fuese necesario.

Aquí podrán reposar los caballos
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Re: El recibimiento [Priv. Sigurd]

Mensaje por Sigurd el Dom Abr 03, 2016 6:35 pm

El incidente con Eolo ya se había resuelto y el animal, ya pisando tierra firme, se encontraba mucho más tranquilo y dócil. Aun así, Sigurd entendía perfectamente que la mayoría de los hombres que les estaban acompañando mantuvieran sus distancias con respecto al níveo corcel, temerosos de ser víctimas de un arranque similar al sucedido en la cubierta del barco. Afortunadamente, el príncipe Leon Nohr se mostró comprensivo con lo sucedido y decidió pasar por alto lo que el caballo había hecho. Aun así, el duque de Calphy le dedicó al caballo alguna que otra mirada reprobatoria, y Eolo, que no es un equino estúpido, bajaba la cabeza, en señal de arrepentimiento cada vez que eso sucedía.

Mientras caminaba Sigurd a la par con el príncipe, el duque no podía evitar mirar continuamente a los alrededores. No pretendía en lo más mínimo faltar al respeto a su huésped soberano, pero la emoción embargaba al duque de Calphy. Por primera vez en su vida, pisaba un continente distinto de Jugdral. Era una experiencia completamente nueva para él, y que le hacía sentirse como un niño a pesar de cargar sobre sus espaldas más de tres décadas y media de existencia. Pero cuando el príncipe le habló, se concentró en echar de lado tan infantil curiosidad y centrarse en las palabras que éste le dirigía. El deber era siempre lo primero para Sigurd.

El príncipe Leon le estuvo comentando que él estaba al cargo de la estrategia, y que se encargaría de que Sigurd y los caballeros que venían consigo luchasen codo con codo con los mejores hombres de Nohr. También le comentó que Nohr y no Calphy correría con los gastos de la estadía de Sigurd y sus caballeros en su país, en cuanto que el príncipe consideraba que ya era suficiente molestia el que hubieran venido a ayudar como para cobrarles por ello. Lo cierto es que el duque de Calphy tampoco sabía cómo responder a eso. Por un lado, sentía que si aceptaba que Nohr corriera con los gastos, aparecería como un aprovechado. Pero por otro lado, si presionaba para que aceptase su dinero, podría parecer que estaba insultando la economía del país anfitrión por no poder hacerse cargo de los gastos de unos pocos hombres. Al final, decidió ir por un término medio.

-Bueno, si a vos no os gusta tratar temas económicos por carta, he de confesaros que yo no soy de discutirlos tampoco recién llegado de un largo y agotador viaje. Tiempo hay en el futuro para resolver tan insignificante asunto. Lo importante ahora es centrarse en acabar con esos infames seres de ultratumba, lo cual es para lo que hemos venido y de seguro que es lo a vos os interesa.-respondió Sigurd de una manera diplomática y educada, aunque claramente desviando la cuestión por lo incómoda que parecía resultarle.

El viaje hacia el fuerte donde iban a discutir la reunión no estaba cerca del puerto, pero el tiempo se le pasó volando al duque mientras contemplaba conmovido y todavía emocionado el paisaje que le rodeaba. Cuando llegaron, lo primero que hizo el príncipe fue conducir a Sigurd y los suyos hacia el establo mismo del fuerte. Sigurd no pudo evitar asombrarse de lo completamente pertrechado que estaba aquel establo. Había cubículos con agua y heno en abundancia para más del doble de los caballos que había podido traer desde Grannvale. Seguramente, Sigurd no sería el único que había venido en apoyo del reino de Nohr, y el resto de los sitios vacíos se dedicaban para más caballeros dispuestos a ayudar a la causa o para los propios caballeros de Nohr.

Lo primero que hizo nada más llegar es conducir a Eolo a su sitio designado para comer y descansar, y ordenar a sus hombres que hiciesen lo propio con el caballo que estuviesen portando. Nada más llegar, Eolo metió directamente la cabeza en el abrevadero dispuesto a saciar su sed tras tan larga caminata. El duque comprobó que el caballo se encontraba agusto y que tenía todo lo que necesitaba.

-Voy a reunirme ahora con el príncipe, así que vas a estar a solas a partir de ahora. Quiero que te comportes, Eolo. No quiero otro numerito como el de antes ¿entendido?-regaño Sigurd al caballo, aunque de paso acariciaba nuevamente su grupa en señal de afecto. El caballo soltó un largo bufido en respuesta, que Sigurd interpretó como que prometía comportarse a regañadientes. Una vez resuelto el asunto, el duque se volvió hacia el príncipe.-Me imagino que ahora iremos a reunirnos para discutir la estrategia. No os preocupéis por mi posible agotamiento, estoy más que dispuesto a tratar el tema ya mismo. Cuanto antes sepamos mis hombres y yo a qué nos enfrentamos exactamente, antes nos podremos preparar para ello. Ya os lo dije al principio, pero os lo repetiré. Calphy está a vuestra disposición.-y esperó a que el príncipe de Nohr le diera las órdenes oportunas y se reunieran efectivamente para valorar y discutir la estrategia a llevar a cabo contra los Emergidos.
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Re: El recibimiento [Priv. Sigurd]

Mensaje por Invitado el Lun Abr 04, 2016 5:52 am

He de decir que, por lo menos a mi parecer, el duque de Calphy era, desde luego, más avispado que el marqués con el que lo comparé anteriormente. No pude evitar dejar escapar una pequeña sonrisa cuando me respondió con respecto al tema del pago. Bien jugado, sir Sigurd.

Cierto; no había considerado eso. Acepte mis disculpas, entonces. Ya discutiremos esos asuntos después de haber eliminado a los emergidos, entonces ―aunque no iba a ceder. No le veía sentido a que Grannvale pagase por ayudarnos y quería evitar deber una deuda aún mayor.

Llegamos a los establos y pude comprobar que mi primera impresión del corcel, aunque fuese acertada, quizás había sido demasiado extrema. Dudo que nadie quisiese montar un caballo que estuviese tan nervioso nada más llegar a tierra firme. Si el duque lo usa, debe ser porque es seguro y de confianza. Además, pude descubrir que él caballo no era el único enérgico. Eso o sir Sigurd simplemente quería acabar la misión cuanto antes para volver a su patria. Cualquiera de las dos opciones me es indiferente.

Si os encontráis dispuesto, entonces acompañadme, por favor.

Y lo dirigí a una sala en la que había otros dos hombres frente a la mesa de guerra. Tras posicionarme, indiqué al duque de Calphy que se colocase a mi lado y entonces decidí presentarlo a los dos hombres que estaban ahí.

Este es sir Sigurd, el duque de Calphy de Grannvale. Ha venido a ayudarnos en nuestra misión. El formará parte de esta operación.

Hubo unos saludos por parte de los soldados y entones me dirigí a la mesa, dispuesto a explicar la situación.

En primer lugar, os daré una breve lección de geografía sobre Nohr, sir Sigurd, ya que no estáis informado sobre ello. Nohr posee muchísimas montañas y volcanes, además de algunos ríos de lava. Es un entorno hostil ―dije, sin rodeos―. En el peor de los casos, un simple despiste puede llevar a la muerte.

No me corté en absoluto. Sobre todo porque quería dejarle bien claro lo peligroso de la zona a la que iría.

Vuestro grupo se dirigirá a esa zona, pero según los informes, estaréis batallando en una zona en la que no debería haber problemas. Los exploradores se encargarán de mantener un informe continuo de esto. Si un volcán se activase, debéis retiraros. La misma lava acabará con los emergidos. El único peligro que deberíais enfrentar serían los mismos emergidos. Y para conocer más información sobre ellos están estos dos hombres. Ellos os acompañarán durante la batalla y os mantendrán informado de los cambios en el volcán y de los movimientos enemigos.

Di una pausa para dejar que la información entrase con cierta facilidad para poder explicar el resto de datos.

El mayor problema consiste en que hemos descubierto que los emergidos poseen intelecto. Son capaces de urdir estrategias ―afirmé, sin duda―. He recibido informes de intentos, en ocasiones exitosos, de emboscadas organizadas por los emergidos. Demasiados como para considerarlos coincidencia. Mas siempre siguen un patrón. Por eso… ―dejé una pieza de ajedrez (un peón) en la mesa―. Usaremos un cebo. Los emergidos suelen cargar contra el primer ser viviente hostil que encuentran en grupos. Si logramos dividirlos, entonces la batalla será mucho más sencilla. Las tropas de Nohr se encargarán de esta maniobra. Conocemos el terreno y estamos muy acostumbrados a él. ―di una nueva pausa, esperando a que entrase la información de nuevo, para poner otra ficha de ajedrez (esta vez un alfil)―. Cuando los emergidos se hayan acercado lo suficiente, serán sorprendidos por la mayor parte de las tropas.

Y ahora quedaba la peor de las noticias que dar. Qué pasaría si las tropas fuesen derrotadas.

Si sucede que las fuerzas de los emergidos os superan… Huid ―dije, claramente―. Si se da el caso, varios magos volarán junto con jinetes de wyvern y activarán el volcán más cercano con su magia a propósito. Eso es todo ―volví a pausarme―. ¿Alguna pregunta o sugerencia?

Después de todo, no creo que Grannvale usase exactamente nuestras mismas estratagemas. Sería un intercambio interesante si pudiese darnos a conocer su punto de vista.
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Re: El recibimiento [Priv. Sigurd]

Mensaje por Sigurd el Jue Abr 07, 2016 12:24 pm

El príncipe Leon Nohr aceptó diplomáticamente esperar hasta mas adelante para zanjar el tema económico. También aceptó sin vacilación alguna guiar a Sigurd al lugar donde se mantendría la discusión de la estrategia a seguir contra los Emergidos. Éste siguió al príncipe a través del fuerte organizado, mirando y admirando precisamente todo el agotador pero disciplinado trabajo de preparación de la batalla que el ejército de Nohr estaba llegando a cabo.

Sigurd fue guiado hasta una sala dentro del fuerte lo suficientemente espaciosa como para colocar un inmenso mapa de la región sobre una mesa en el centro de la misma. Aparte de Leon y Sigurd, sólo dos hombres más estaban presentes, y el príncipe no tardó un instante en presentar al duque a los susodichos.

-Un honor para mí y para todo Grannvale el luchar a vuestro lado. Que la victoria sea nuestra, y la gloria, la libertad y la paz sean compartidas por todos los pueblos que nos enfrentamos a tan perversa amenaza.-saludó diplomática y cortésmente Sigurd a aquellos dos hombres, antes de centrar la atención en el mapa mismo.

Fue entonces que se dio cuenta de lo realmente extraño que era el lugar al que había ido a parar sin vacilar un instante. El mismo príncipe Leon le explicó ciertas particularidades de la geografía de su reino, que eran perfectamente palpables en el mismo mapa que tenía presente ante sus ojos. A Sigurd le costaba dar crédito a lo que estaba viendo o escuchando.

-Teníais toda la razón del mundo cuando me comentasteis lo sorprendente de la geografía de vuestra región, mi príncipe.-dijo Sigurd, todavía con los ojos bien abiertos ante el shock que semejante descubrimiento le había causado.-¿Volcanes? Eso son montañas que escupen fuego ¿no? ¿Y la lava es eso que se conoce como fuego líquido? ¡Por Baldo! Había oído hablar de la existencia de cosas semejantes más siempre las tomé por leyendas y cuentos de fantasía. Desde luego, en todo Grannvale no existe nada semejante, y tampoco en todo Jugdral ¡Ni siquiera en Thracia! Es increíble… Realmente es admirable que seáis capaces de sobrevivir en un entorno tan hostil incluso sin la existencia de los Emergidos. Envidio vuestra fortaleza.-Sigurd hablaba sin pensar, todavía sumido en la sorpresa y el shock y por eso mismo no medía las palabras a la hora de decirlas, aun teniendo en cuenta que tenía delante al príncipe de Nohr enfrente.

Sin embargo, enseguida se obligó a centrarse en cuanto el príncipe Leon cogió un par de piezas y empezó a moverlas por el mapa, explicando la estrategia que todos debían seguir en la batalla. Sigurd se vio obligado a reconocer que aquel príncipe tenía dotes para la estrategia pues sus planes no le parecían nada desencaminados. Aun conociendo poco de la región, el duque estudió el mapa y la ubicación de las piezas mientras el príncipe explicaba los movimientos a seguir. Parecía ser que el mayor riesgo no provenía de los Emergidos, sino del campo de batalla mismo, ya que si aquellas montañas escupe-fuego llamadas “volcanes” entraban en erupción, la situación se volvía tremendamente más arriesgada. Sin embargo, parecía ser que Leon también contaba con la manera de poder aprovechar esa situación a su favor. Ser capaz de despertar un volcán abría muchas posibilidades, aunque obviamente tenía sus restos.

Sigurd prestó máxima atención, y cuando Leon hubo terminado de explicar su estrategia, buscó en una cajita al lado del mapa una pieza con forma de caballo y la enseñó a los tres hombres reunidos en la sala con él.

-El fuerte del condado de Calphy y de prácticamente la mitad de las fuerzas de Grannvale es la caballería. Es algo perfectamente natural, Grannvale es un territorio inmenso prácticamente llano, con escasas elevaciones y un montón de campo abierto. Lo cual es idóneo para llevar a cabo estrategias de carga y huida. Así es como hemos estado combatiendo a los Emergidos hasta ahora. Golpeamos el frente del enemigo y rápidamente nos dispersamos y nos ocultamos en distintos bosques antes de que puedan responder. Los Emergidos supervivientes se dividen intentando cazarnos y volvemos a cerrarles el paso y matarlos a todos. Simple, pero tremendamente efectivo.-explicó Sigurd con seriedad y franqueza, para luego señalar el mapa y colocar la pieza del caballo sobre éste.-Pero esta estrategia no funciona aquí, eso está clarísimo. Los caballos son tremendamente veloces al llano, pero sufren mucho y se mueven de manera lenta y costosa en territorios escarpados como las montañas. Incluso mi Eolo tendría problemas para desenvolverse aquí. Por tanto, una estrategia de cebo no funcionaría, no al menos usando la caballería para ello. Pues los Emergidos y la lava no tardarían a penas en darles caza y avasallarlos por completo.-mientras hablaba, movía un grupo de peones oscuros, los cuales representaban a los Emergidos, hasta el punto de rodear y dejar sin escapatoria posible al caballo. Entonces cambió la ficha de caballo por una de un wyvern (si, ya sé que no hay piezas de wyverns en el ajedrez, pero hagamos como que aquí sí), la cual se comió a una de las piezas y se movió fuera del alcance de las otras.-En este tipo de terreno, quien tiene la ventaja son las tropas aladas, aunque me imagino que eso lo sabréis vosotros mejor que yo. Si el enemigo carece de arqueros, utilizar un pequeño escuadrón de wyverns puede ser muy eficaz para atraer al enemigo.-Sigurd no las había conocido directamente, pero sabía que Thracia disponía de tropas de jinetes wyvern, muy apropiadas para el terreno montañoso en el que se encuentra dicho reino. Supuso que la diferencia con Nohr no sería muy grande, salvo por el hecho de que las montañas de Thracia no escupían fuego.-Utilizando la estrategia de carga y huida con jinetes voladores nos serviría para poder atraer a Emergidos hasta zonas en donde no pudieran escapar. Atraerles hasta ríos de lava o acantilados. Entonces, cundo ellos se vean acorralados sería el momento de golpear.-y aquí volvió a colocar la pieza del caballo, tras mover el par de peones Emergidos hasta un punto en el que había un desnivel de tierra considerable. El caballo empujó las dos piezas negras, haciendo que se cayeran, interpretando que eran empujadas hasta caer en el barranco.-Para que esta estrategia funcione, hace falta que la caballería permanezca oculta. Para ello, haría falta evitar que el enemigo centrase su atención en el grueso principal. Yo y un par de hombres podemos quedarnos en el margen mismo del barranco para atraer a los Emergidos, ya que no se acercarán tanto si no tienen al objetivo cerca, ni tampoco si su enemigo es capaz de volar. Una vez atraídos, el resto de mis tropas podría hacer un movimiento de pinza y asaltarlos hacia atrás. Es algo arriesgado, pero puede funcionar.-la propuesta era arriesgada, sí. Especialmente para él. Por eso mismo le parecía a Sigurd la más adecuada. Su padre le había enseñado muchas lecciones en su vida, pero una de las más importantes era la siguiente: “Tus hombres no arriesgarán su vida por ti si tú no eres el primero en arriesgar tu vida por ellos”. No era sólo una cuestión de honor o de principios, sino que tenía una vertiente práctica bastante clara, o al menos a ojos del duque de Grannvale. Sólo faltaba ver qué opinaba el príncipe Leon y el resto de lo que el duque había planteado.


Última edición por Sigurd el Lun Abr 11, 2016 1:54 pm, editado 1 vez
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Re: El recibimiento [Priv. Sigurd]

Mensaje por Invitado el Vie Abr 08, 2016 10:56 am

Hubo una respuesta afirmativa, aunque silenciosa, de los que también estaban presentes. Probablemente tuviesen sus reservas a la hora de confiar en los de otro país. No los podía culpar. Yo mismo me sentía así, por muy buena que fuese la actitud del duque. Pero en estos momentos lo importante no son mis pensamientos, sino lo que estas tropas pudiesen ofrecer a nuestro país y lo que no. Por eso nos habíamos reunido.

Se formó un pequeño silencio cuando nuestro compañero de armas habló de su sorpresa al enterarse de la geografía del país. La verdad es que fue un poco… demasiado directo, pero no por ello dejaba de ser menos cierto. Como príncipe, ese era mi mayor orgullo: la fortaleza de mi pueblo. Pero quizás este no era el momento de pensar en ese tipo de cosas y simplemente decidí hacer menciones al resto de información.

La lava es mucho más peligrosa que el fuego, sir Sigurd. Está a una temperatura mucho mayor que este. Nadie sobreviviría el contacto con la misma. En cuanto a los volcanes, ha dado una descripción aunque no incorrecta, tampoco completamente correcta. Espero, sin embargo, que no llegue a verlo con sus propios ojos.

Tras explicar a grandes rasgos la estrategia, sir Sigurd dio una opinión que me pareció de lo más enriquecedora en varios sentidos. Primero, porque dio información sobre el fuerte de las tropas de su terreno y segundo porque nos dijo cómo hacía frente a los emergidos. Debía admitir que era un plan que aquí era más difícil de llevar a cabo, por mucho que nuestros caballos estuviesen más que acostumbrados a las dificultades del territorio, cosa que él mismo había visto ya. Además, se adelantó a lo que sucedería y sugirió usar a los jinetes de wyvern para el señuelo, información que aún no había proporcionado.

De hecho, esa es la estrategia que solemos usar con los grupos grandes, sir Sigurd. Unas pequeñas modificaciones, pero esa es sin duda la base.

La única diferencia es que había magos montados en el wyvern junto al jinete, pero eso es algo que no es necesario decir. Con las tropas de Grannvale no era necesario usar a los magos de esa forma.

Lo que sí que no me esperé fue que el mismo Sigurd se ofreciese para hacer de parte del señuelo. Y, a juzgar por el momento de sorpresa en nuestros compañeros, ellos tampoco esperaban ese ofrecimiento. Iba a un país desconocido en el que podría morir o ser incluso asesinado. ¿Cómo puede confiar tanto en un país del que desconoce absolutamente todo? No tiene sentido…

Agradecemos el ofrecimiento, sir Sigurd ―admití―. Imagino que sois consciente del peligro que os supone tener esa posición, ¿verdad? ―tenía que asegurarme―. Exploradores deberán acompañaros, para poder tomar la ruta más rápida y segura posible. Me encargaré de que también os acompañen ellos. Debemos engañar a los emergidos de la mejor forma posible. Y esa es una muy buena forma, sin duda ―admití, antes de hacer un resumen de las ideas―. Entonces la estrategia será la siguiente de forma resumida: jinetes de wyvern y varios jinetes de Grannvale, acompañados de fuerzas de Nohr, serán el señuelo principal de los emergidos. Por otro lado, varias tropas se esconderán y sorprenderán a los enemigos en un ataque de pinza, tal y como sugirió sir Sigurd ―finalicé―. Aclarado eso, quizá sea el momento de hacer preguntas…

Un pequeño golpe en la puerta para pedir permiso se escuchó. Tras dar una señal de que se podía pasar, un explorador entró.

¿Qué sucede?
Tenemos un nuevo informe. Más tropas de emergidos han aparecido. Tememos que se puedan unir a las tropas que hemos localizado en el este.

Justo en el lugar donde íbamos a combatirlos. Eso haría que tuviésemos que dividirnos en dos grupos en lugar de combatir al lado del duque.

¿Cuánto tardarán en reunirse?
Unos cinco días, señor.
Bien. Quiero un informe detallado sobre las tropas que componen ese grupo de emergidos cuanto antes. Puedes retirarte.

Entonces, probablemente, debería dirigir yo uno de los grupos. El otro grupo, probablemente vaya dirigido por sir Sigurd y uno de nuestros dos silenciosos acompañantes.

Bien… ―suspiré―. Me ocuparé yo de las fuerzas que quieren unirse a las del objetivo. A diferencia de vuestro grupo, este requerirá adaptabilidad al entorno y, en el peor de los casos, usar la lava y el volcán a nuestro favor. Deberá componerse de fuerzas exclusivamente de Nohr. Vuestra estrategia no cambiará. Cuando cualquier grupo haya acabado su batalla, que envíe un explorador al otro para poder analizar la situación.
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Re: El recibimiento [Priv. Sigurd]

Mensaje por Sigurd el Lun Abr 11, 2016 1:53 pm

Sigurd sentía que estaba aprendiendo mucho aquel día. No sólo había aprendido que lo que consideraba mitos y fantasías era actualmente real, sino que en palabras del príncipe de Nohr, era incluso más peligroso de lo que realmente se estaba imaginando. Bien tenía que tener esa información en cuenta si quería sobrevivir y ser útil a la causa de liberación del reino de Nohr.

En cuanto a su contribución en lo que a elaborar una estrategia se trataba, no mucho fue lo que el duque de Calphy aportó realmente. Tampoco lo esperaba, ya que aquellos hombres vivían en aquellas tierras y tenían años de experiencia en combatir tan extraordinaria zona, mientras que Sigurd era un completo recién llegado. Todo lo que había planeado era algo que Leon Nohr y compañía ya tenían en cuenta. Y aun así, los logró sorprender al final cuando se propuso voluntario para hacer de cebo frente a los Emergidos en su propio plan de ataque contra estos.

Sigurd también se esperaba aquella reacción. Y la entendía perfectamente. Si él recibiera a un invitado noble de otro reino en su casa, el duque de Calphy se aseguraría no sólo de tratarlo con sumo cuidado, aprecio y educación, sino también garantizar plenamente su seguridad, pues de acontecerle algún mal él sería el primer responsable, y eso podría traer muy graves problemas diplomáticos. Para Sigurd no era difícil suponer que era eso lo que debían pensar aquellos hombres de Nohr cuando el duque hizo su tan arriesgada propuesta y vio sus caras de asombro por ello. El mismo príncipe Nohr le cuestionó si estaba al tanto del peligro que él mismo iba a correr de llevarse a cabo ese plan. Pero Sigurd quiso tranquilizarlo con una relajante y despreocupada sonrisa en su rostro.

-Por supuesto que soy consciente de los riesgos de mi plan, y entiendo las vacilaciones. Mas no temáis, no es la primera vez que me coloco en primera línea de batalla y he luchado cara a cara contra tales viles criaturas. Todos los hombres mueren, y no soy una excepción, pero os garantizo que no moriré en este campo de batalla, y mucho menos por la mano de esos estúpidos Emergidos.-respondió Sigurd con clara confianza en su voz, como si su derrota fuera algo completamente inconcebible o absurda.

Al final, el príncipe Leon Nohr aceptó, a cambio de que lo acompañasen exploradores expertos que supieran moverse por el terreno. Desde luego, Sigurd no iba a poner objeciones al respecto, pues ni siquiera él era tan idiota como para cargar al enemigo a ciegas en un territorio completamente desconocido. Después de eso, el príncipe hizo un resumen del plan y preguntó si había alguna duda al respecto. Sigurd iba a hacer algunas menores, pero antes de que pudiera plantear nada, fue interrumpido por un golpe en la puerta de alguien pidiendo permiso para entrar. Una vez concedido por parte de Leon Nohr, un explorador hizo acto de presencia, trayendo importantes noticias que afectaban al desarrollo de la cuestión que se estaba tratando en ese momento.

Y realmente era importante. Parecía ser que un nuevo grupo de Emergidos había sido descubierto avanzando en dirección donde tenían localizado al grupo principal, con el fin de unirse a él y hacerlo más poderoso y letal. Sigurd no podía estar más de acuerdo con el príncipe Nohr, había que detener ese nuevo grupo antes de que lograsen unirse con el otro o el resultado podría ser verdaderamente catastrófico. Para ello, Leon Nohr propuso que ellos se dividiesen en dos grupos, uno comandado por el propio grupo y que se encargaría del nuevo escuadrón enemigo recién aparecido, mientras que Sigurd y los suyos (mas los exploradores de Nohr necesarios) deberían hacerse cargo del otro escuadrón que los está esperando. Afortunadamente, el plazo de cinco días que el explorador les había aventurado les daba suficiente margen para poder organizar ambos grupos, pero no tenían tampoco mucho tiempo que perder en ello.

-Comprendido, no hay ningún problema por mi parte. En cuanto acabe la batalla os enviaré a un emisario de los vuestros y estaré atento por si me enviáis uno vos.-repitió Sigurd para dejar claro que había entendido las órdenes recibidas de parte del príncipe.-Si sólo tenemos cinco días, no podemos perder mucho tiempo. Necesitamos que me indiquéis la ruta más cercana para llegar a la zona de encuentro así como el tiempo que tardaremos en hacer contacto con el enemigo. También necesito saber con cuanto de vuestros efectivos puedo contar para la misión. Claro está, tened por sentado que cuidaré de vuestros hombres con toda la atención y respeto que merecen mis propios caballeros. También necesito saber si hay alguna cuestión en particular de la zona por la que deba estar pendiente, además de la lava y los volcanes. Mi padre siempre me decía que la mitad de la batalla se decide en las reuniones previas de estrategia, y la experiencia que he tenido siempre le ha dado la razón. Por ello mismo, debemos atender estos asuntos cuanto antes. Sin prisa alguna para no precipitarnos, pero sin pausa viendo que los Emergidos han sido tan amables de ponernos un tiempo límite.-ironizó al final Sigurd, para luego esperar y atender con suma atención a la respuesta del príncipe a cada una de las cuestiones planteadas por el duque de Calphy.
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Re: El recibimiento [Priv. Sigurd]

Mensaje por Invitado el Mar Abr 19, 2016 6:21 am

A pesar de la advertencia, el duque insistió en que estaría perfectamente en la primera línea de combate. Transmitía seguridad en sus palabras, así que no quise insistir mucho más en el asunto. Si él era el que aseguraba que quería ir, entonces no iba a ser quien se lo impidiese. Por lo menos, aceptó mi condición de dejarle ir en primera línea.

Una pena que aquella reunión se interrumpiese (con motivo) por aquel soldado. Por suerte, sin embargo, tanto yo como Sigurd nos adaptamos rápidamente a eso. Él fue más efectivo en el sentido de que empezó a hablar del tiempo que nos tomaría llegar allí así que empecé a hacer cálculos frente al mapa. No teníamos realmente mucho tiempo, pero ir a toda velocidad provocaría que las tropas se cansasen antes del combate. Y eso no era recomendable en absoluto. Hizo otras preguntas que hicieron que me tuviese que tranquilizar un poco por la tensión de la situación. Tenía que ser como mi hermano y, al mismo tiempo, como el príncipe Marth. Por un lado, debía ser claro, efectivo y directo. Por el otro, debía mantener siempre una cara que transmitiese seguridad, incluso si estaba en una situación comprometida.

Bien… ―me había relajado―. Probablemente el primer grupo de emergidos se quede en espera del segundo. No creo que se vaya a mover. En caso de moverse, sin embargo… ―puse una ficha de ajedrez (un peón) en un punto con pequeños dibujos de edificaciones―, puede que se dirijan a este pueblo. Ya hemos refugiado a los civiles en la fortaleza más cercana, pero eso no implica que dejemos que sus hogares sean destruidos. Por no mencionar que viajeros que se dirijan a Hoshido por el motivo que sea podrían ser atacados por las tropas de emergidos. Esta zona intermedia es más llana que las demás ―señalé con el dedo un punto entre los dos lugares―. Si los emergidos fuesen a atacar el pueblo, sería el lugar ideal para tenderles una emboscada. Si no se mueven, tened en cuenta que, aunque no será tanto como en el otro lado, sigue siendo un terreno montañoso. Los caballos tendrán cierta dificultad para moverse. Dos días de marcha deberían bastar para hacer contacto con ellos. Tendréis tiempo para los preparativos.

Me tranquilicé un poco al poder responder las dudas. El problema sería mi caso particular. Aquellas tropas estaban a más tiempo de distancia.

Nosotros, sin embargo, debemos partir mañana sin demora ―dije―. Están a más distancia y, si nos retrasamos, entonces nos arriesgamos a juntar a ambos grupos, lo cual sería negativo para todos y nos podría llevar al peor escenario posible ―la pausa que di tras eso hizo que mis palabras me pareciesen más pesadas de lo que debían―. Vos, sir Sigurd, y el general Osward os ocuparéis del grupo más cercano. Vuestras tropas consistirán en los jinetes de Grannvale que habéis traído y las tropas de Osward, que consisten mayoritariamente en jinetes de wyvern, magos y arqueros. Yo iré con el general Walter. Nuestras fuerzas consistirán en jinetes, magos, arqueros y algunos jinetes de wyvern, especialmente importantes para la transmisión del mensaje.
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Re: El recibimiento [Priv. Sigurd]

Mensaje por Sigurd el Lun Abr 25, 2016 1:46 pm

Era obvio que la nueva situación había pillado por sorpresa a todos. Sin embargo, Sigurd bien sabía que en la guerra, muchas situaciones eran imprevisibles y que había que tener en cuenta infinidad de variables porque podía llegar a pasar de todo. El príncipe Leon también parecía darse cuenta de ello, pues enseguida se recompuso y empezó a planificar el tiempo del viaje y cómo debían dividirse los distintos grupos.

Había dos posibles escenarios, según el nuevo panorama que se había abierto tras el descubrimiento de ese nuevo grupo de Emergidos. El primero era que el viejo grupo que andaba todavía quieto se movilizase para atacar cierta aldea cercana antes de que llegasen los refuerzos. El segundo es que se quedase en el sitio, esperando la llegada del otro grupo de Emergidos. El príncipe Leon temía por el bienestar de la aldea, a pesar de haber sido ya convenientemente evacuada, y no es para menos. Sigurd bien conocía la sed de destrucción de esos monstruosos seres, y si se les dejaba a sus anchas, no quedarían más que cenizas para recibir a los aldeanos que regresaran a su hogar una vez terminado el conflicto.

-Comprendo vuestro temor ante la aldea, príncipe Leon. Os garantizo que la defenderé de ese grupo de Emergidos como si fuera un poblado más de mis propias tierras.-prometió solemnemente el duque de Calphy dando un suave puñetazo en la mesa como potenciando su propia aseveración.

Leon Nohr pasó a comunicarle que el viaje duraría escasos dos días. Efectivamente, el príncipe tenía razón en que eso le daba tiempo para hacer los preparativos, mas Sigurd sentía que no había que demorarse mucho puesto que dicha aldea podría estar en el punto de mira de esos diabólicos seres y por sorpresa podrían moverse antes de tiempo. Era un fastidio, pues Sigurd quería algo de tiempo para explorar y acostumbrarse al terreno personalmente antes de lanzarse a la batalla, pero no iba a tener suficiente tiempo para ello. Menos mal que le iba a acompañar un general de confianza, de nombre Osward, que le podría servir de guía. Sus hombres consistían en jinetes wyverns, magos y arqueros. Junto con la caballería de Calphy, serían un grupo bastante heterogéneo que podría cumplir todos los francos. Aún debía de conocer el número exacto de los efectivos, su poder de ataque y cómo se movían por el terreno, pero de entrada sentía ya que no iba a la batalla a ciegas ni tampoco al descubierto.

-Entendido, príncipe Leon. Vuestro plan me parece acertado y mis hombres y yo lo cumpliremos sin vacilación alguna. Marcharemos a enfrentarnos al grupo Emergido y os enviaremos un mensaje con el desenlace de la batalla, estando atentos por cualquier mensaje que vosotros nos enviéis. Y será todo un honor combatir al lado de vuestro general.-dijo con el puño en el pecho en señal de respeto, mirando hacia el hombre de la sala que supuso que respondía a ese nombre antes de fijar nuevamente su atención ante el príncipe de Nohr.-Comunicaré inmediatamente el resultado de esta reunión a mis hombres de inmediato y comenzaremos los preparativos. Aunque nosotros tengamos algo de tiempo, es preferible estar preparados por si alguna emergencia nos obliga a salir antes. Lamento que no tengamos tiempo para poder conocernos mejor, pero ya podremos charlar más distendidamente cuando todo haya pasado. Os deseo la mayor de las suertes en la contienda y rezaré por vuestra victoria en el campo de batalla.

Dicho esto, inclinó suavemente la cabeza a modo de respeto y se despidió de los hombres de aquella sala, para llevar a cabo los preparativos de la batalla. Aun quedaba tiempo, pero había mucho trabajo por delante. Sin embargo, Sigurd era optimista. Por lo que había podido conocer, el príncipe Leon era alguien competente y las tropas de Nohr parecían ser eficaces. Junto con la fuerza y destreza de la caballería de Calphy, ningún Emergido podría detenerlos.
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Re: El recibimiento [Priv. Sigurd]

Mensaje por Eliwood el Miér Mayo 04, 2016 12:06 am

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