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Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

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Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Kija el Lun Mar 07, 2016 10:26 pm

Era un lugar totalmente obscuro donde solo el eco de sus apresurados pasos podía escucharse resonar en la negrura. Estaba corriendo con todas sus fuerzas y la angustia se apreciaba fácilmente en su rostro, su respiración era agitada y por más que forzaba a sus piernas a seguir escapando aquella fiera bestia que le perseguía le seguía de cerca, tanto que casi podía sentir su aliento resoplarle cerca del hombro. En ese momento tan angustiante Kija era incapaz de percatarse que sus 2 brazos eran exactamente iguales, humanos, pues toda su atención estaba centrada en el inmenso manakete de más de 4 metros de alto de blancas escamas con destellos tornasol que le perseguía con intenciones que, por donde lo mirase no podían ser buenas si mantenía las fauces abiertas con esas filas de dientes tan grandes como espadas y rugía como una bestia salida desde el mismísimo abismo de los infiernos. Intentaba gritar pero no le salía la voz, tampoco parecía que hubiese alguien en las cercanías que pudiese tenderle la mano hasta que finalmente y con un traspiés ocasionado por su larga túnica blanca cayo de bruces al piso mientras el monstruo se le abalanzaba para devorarlo.

- GAHHHHHHHHHH!!!!!!!!!

El joven hibrido se levantó gritando, sudando a cantaros y con el cuerpo temblándole de forma notoria, aun respiraba agitado por la pesadilla que estaba fresca en su memoria. Cuando es que aquello había comenzado?, siendo franco consigo mismo no estaba del todo seguro pero algo le quedaba muy claro: No solo dicha pesadilla se estaba haciendo muy recurrente si no que aquella bestia estaba cada vez más cerca de atraparlo. Kija abrazo sus propias piernas sujetando fuertemente su brazo derecho con desesperación, no tenía idea de que hacer o que estaba pasando con el pero le quedaba claro que no era nada bueno. Después de todo lo acontecido en aquellos escasos meses el joven albino no solo se había percatado de que era incapaz de transformarse a voluntad si no que a ratos se despertaba en lugares extraños con todo a su alrededor destruido y sin un solo recuerdo de lo sucedido…. Agradecía para sus adentros que aquello no hubiese ocurrido en ningún pueblo o ciudad hasta el momento.
Spoiler:

- Tengo que apresurarme y ver a los dragones….

Se dijo a si mismo dándose un poco de coraje para continuar. Había escuchado rumores acerca de que esas tierras eran habitadas por dragones por lo cual había decidido viajar hacia Goldoa en un intento desesperado por conseguir ayuda…. No sabía a quién más recurrir pues aun que tenía buenos amigos humanos que lo apoyaban ninguno de ellos sabía a ciencia cierta que le estaba pasando. No estaba seguro si su calidad de hibrido representaría un problema o si aquellos chismes que escucho eran solo eso pero prefería morir en el intento a lastimar nuevamente a alguien que fuese importante para el…. Según la lógica del chico si alguien podía entender que era lo que ocurría debían ser otros dragones, mientras tanto y ya que no podía conciliar el sueño nuevamente siguió su camino. El lugar montañoso era ya de por sí difícil de recorrer a pie con la luz del sol alumbrando pero estando casi totalmente a obscuras la dificultad se veía notoriamente incrementada. No fue si no hasta el alba que el joven semi manakete tomo más confianza en el terreno pues la luz le permitía ver un tanto mejor, sin embargo el terreno no dejaba de ser traicionero por lo que no pudo evitar resbalar un par de veces acompañado de unos cuantos golpes y moretones. Finalmente y ya pasando el medio día fue que Kija por fin encontró un lugar apto para descansar, encendiendo una pequeña fogata para hervir unas cuantas verduras y recuperar algo de fuerzas.
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Reyson el Sáb Mar 19, 2016 9:57 pm

Habían pasado algunas semanas ya desde Elibe, pero todavía gozaba de lo bien que se sentía estar de regreso en su continente. Volver a "casa" era un concepto extraño y muy vago para él aquellos días, no había un sitio que pudiese llamar definitivamente su hogar, pero la enteridad de la Alianza Laguz le daba la bienvenida, a su modo. Eran sitios a los cuales retornar. Y Goldoa en particular se sentía bastante cómoda, como sitio donde pasar sus días pacíficos, entre un paisaje muy poco afectado por el tiempo y habitantes que valoraban por sobre todo la tranquilidad. Siempre era bien recibido en el reino y su palacio, y aunque por ratos le pareciese extraña e irreal la calma que se respiraba dentro de las murallas de la ciudadela, podía entender por qué los dragones luchaban tanto por preservarla. Era tentadora vida. Los siglos apenas tocaban Goldoa, era llamativo el concepto de pasar sus décadas restantes en ese ambiente... ¿por qué no lo hacía? La verdad era que una parte de él necesitaba de esa calma, se nutría de ella y reconfortaba sus ánimos. Sólo estar en Goldoa se sentía reparador. ¿Por qué no alegrarse de estar vivo y quedarse en Goldoa y listo, entonces?

Motivos de fuerza mayor. Eso era todo lo que podía decir. Con el estado en que yacía el mundo esos días, con las hostilidades que les amenazaban, Reyson simplemente no podía aspirar a una vida tranquila y resguardada allí. Había mucho que hacer, no podía eludirlo, tampoco ser tan ingenuo como para apartar de su mente la aspereza de la realidad. Pero... mientras estaba en la Alianza, podía sentirse bastante mejor, más optimista y hasta contento. Podía disfrutar la estadía en Goldoa tal y como era, algo temporal. En cierta medida, estaba en casa en la Alianza y se sentía plácido.

El viento que corría a través del reino era tan llevadero como siempre bajo sus alas, cálido y sin humedad que le entorpeciese. Uno de sus cielos favoritos aún. Rivalizaba con el cielo de Phoenicis, que ponía a sus espaldas en su camino hacia el noroeste. Donde se encontraba habían muy pocas nubes para su gusto, pero se sentía bastante más tranquilo volando sobre las montañas que resguardaban la ciudadela de Goldoa que sobre mar, así que lo aceptaba de buena gana. Como una saeta blanca en el infinito celeste, el príncipe del antiguo Serenes hizo su camino en su verdadera forma, aquella en que se sentía mucho más cómodo, poniendo el viento bajo sus alas y su cola de plumas largas y algo pesadas. Sólo un par de aleteos lentos, y podía planear un rato, guardando energías cuanto le era posible. El trayecto era largo de todos modos, y más de una parada era necesaria para descansar antes de alcanzar su destino. Contempló detenerse en algún lugar resguardado entre las montañas y las sobrevoló con lentitud, eligiendo.

Había una especie de humo o de vapor en el aire por allí, aunque no tenía entendido que hubiesen aguas termales ni nada similar. ¿Fuego? No le parecían señas de un incendio natural, nada grave. Curioso, bajó a tierra prácticamente sobre el pequeño lugar de descanso del manakete blanco, dando un amplio círculo en el aire para poder descender cuidadosamente a escasa distancia, donde la enorme caída de las plumas de su cola no fuese a estar ni cerca del fuego. Entonces, sin molestarse en cambiar de forma, el ave tan sólo se volvió hacia el manakete, detenida en estoica actitud, como si lo evaluara. Recordaba su rostro, por supuesto que recordaba todo sobre él, era el único híbrido que conocía y su encuentro había significado un impacto. Sólo estaba asegurándose de que sus ojos no le engañasen, pues verle allí no era precisamente algo que hubiese anticipado. El ave dio unos pasitos hacia él, todavía más altiva de lo que su forma humana lograba verse, y al reconocerle con certeza, sí se dignó a cambiar de forma.

Un suave destello brilló sobre él a medida que se erguía y cambiaba, apareciendo nuevamente como un hombre de aspecto delicado pero aún masculino, larga cabellera y alas de mayores proporciones. Tan pulcro y compuesto que no parecía parte del mismo paisaje que el otro, con la ropa lejos de inmaculada e inclusive rastros de sangre o moretones. - ¿Kija? ¿Has venido... a visitarnos? ¿A visitarme? - Dijo. No le ponía mucha atención al lugar que se había acomodado el manakete, ni a lo que hacía en la pequeña olla de viajero con ánimos de improvisar, sino sólo a él. ¿Le había hablado de la Alianza Laguz? Seguramente lo habría invitado, era sólo que no recordaba hacerlo propiamente, y aún en ese caso, le parecería extraño que hubiese decidido ir. De todas formas, le ilusionaba en cierta medida la idea de que estuviese allí para visitarlo. - Lo último que me has hecho saber es que continuarías estando entre humanos, no creí ver el día en que vinieses aquí. -
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Kija el Dom Mar 20, 2016 5:12 am

Estaba hecho trisas, tanto física como mental y espiritualmente. No había descanso ni un solo día de paz y tras todas las batallas que en las que participo hasta ahora su espíritu noble y tranquilo había terminado por quebrantarse... se sentía como un despojo de si mismo pues en contraste a su actitud normalmente apacible ahora no era mas que una criatura asustada, confundida y con heridas emocionales que no parecían querer cerrarse pronto.

Quizá por eso era que el escalar y bajar de aquella montaña le estaba resultando casi terapéutico. Si, era verdad que para alguien sin alas era peligroso a ratos y sus heridas de golpes acompañadas de su respectivos moretones a lo largo de su cuerpo eran una prueba suficiente la verdad era que el ambiente en general lograba darle algo de calma, silencioso, apacible y con un aire fresco con el que las ciudades y poblados humanos no contaban. Sus ropas estaban ligeramente rasgadas y sucias e incluso su cabellera blanca estaba teñida de un color grisáceo opaco algo desaliñado lo cual daba a entender que llevaba un tiempo sin poder asearse correctamente.... después de todo no es como su fuese fácil encontrar un matinal o lago a media montaña. Sin embargo si que había encontrado un pequeño riachuelo suficiente para llenar su pequeña olla de viaje con agua y raíces para darle un poco mas de consistencia al caldo de verduras que estaba preparando. Estaba sumido en sus pensamientos intentando luchar contra el agotamiento que le provocaban las pocas horas de sueño cuando algo llamo su atención de improviso. Era una gran ave de inmaculado plumaje blanco y aspecto delicado que había aterrizado cerca de el, mirándole detenidamente. Por un momento Kija no logro reconocerlo pues sus recuerdos aun seguían siendo nebulosos desde aquella ocasión en el que había recibido un relámpago de lleno por lo que algunas personas o sucesos habían logrado convertirse en pequeñas lagunas mentales las cuales difícilmente podía esclarecer si no recibían algún pequeño estimulo del exterior así que, ligeramente extrañado admiro a aquel hermoso animal que se le acercaba dando pequeños pasos. No pudo evitar sorprenderse ante el repentino cambio que sucedió ante sus ojos tras un leve destello dando paso ahora a un elegante hombre rubio de ojos esmeralda con grandes y hermosas alas blancas en su espalda. Kija por su parte no pudo hacer mas que mirarle en silencio mientras le escuchaba hablar.

- Señor... Reyson? -
Spoiler:

Aquel rostro si que le era mucho mas fácil de reconocer pues no solo venia un retrato suyo en su viejo y gastado diario de viaje junto con lo acontecido en aquella aldea oculta hace ya tantos meses sin no que activamente le evocaba una sensación de felicidad que le era difícil de explicar, aquella que se siente cuando no se ha visto a un buen amigo en mucho en tiempo. No recordaba todos los detalles pero si lo llamaba por su nombre quería decir que lo consideraba alguien lo bastante cercano como para habérselo revelado. Por primera vez en mucho tiempo los ojos del híbrido se iluminaron ayudando a que a estos les regresara algo de vida.

- Francamente no tenia idea de que usted se encontraría por estos lugares pero me alegro mucho de que así sea. Es.... reconfortante encontrar un rostro conocido bajo estas circunstancias. -

Después de todo había perdido contacto con casi todos sus amigos desde que el grupo al que pertenecía se había desmoronado y aun que sabia perfectamente cuanto los apreciaba y ellos lo apreciaban no podía evitar resentir un poco la soledad de repentinamente se había apoderado de su rutina diaria y se mentiría a si mismo si dijera que no agradecía la presencia de su amigo rubio en ese momento en concreto, quizá el gran dragón sagrado Naga le cuidaba las espaldas después de todo.

- Sobre eso.... yo.... -
Spoiler:

Soltó un leve suspiro mientras evitaba la mirada ajena con cierto pesar, no era que le desagradara vivir entre los seres humanos pero dada su condición actual era peligroso que se acercara a los poblados. Punto y a parte desde que había perdido la protección de su gremio debía acostumbrarse una vez mas a mantenerse al margen de los seres humanos pues era inevitable que muchos se asustaran por el aspecto de su mano derecha. Aun así, no sentía correcto decir nada al respecto, el rubio ya tenia suficientes problemas como para preocuparse por los asuntos de alguien mas, por otra parte hacia ya mucho tiempo que no se veían las caras y lo que menos deseaba era arruinar ese encuentro con sus embrollos personales.

- Si.... se podría decir que vengo de visita.  E-escuche que por estos lugares.... quizá.... habría ruinas bastante antiguas e interesantes por lo que vine corriendo a investigar.... y-ya sabe usted que no me puedo quedar quieto, hahahaha. Turismo, si, solo vengo a hacer turismo. -
Spoiler:


Kija intento forzar una sonrisa para no preocupar a su emplumado amigo, desgraciadamente para el no solo era un pésimo mentiroso si no que resultaba por demás extraño el hecho de que decidiera escalar y bajar la montaña a pie cuando en su forma de manakete, aun con su precario y torpe estilo de vuelo le seria millones de veces mas sencillo el llegar a Goldoa. Pero no, allí estaba básicamente a medio camino de montaña con el cuerpo y las ropas hechos un desastre por el difícil sendero montañoso, corriendo un riesgo aparentemente innecesario por un rumor sin fundamento acerca de unas ruinas que, si bien podrían existir, seria imposible que hubiese rumores de ellas pues los humanos no tenían permitido adentrarse mucho en aquel reino de dragones y tampoco es como si ellos tuviesen muchas ganas de hacerlo.
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Reyson el Dom Abr 10, 2016 1:06 am

¿Por qué parecía tan sorprendido? Tenía la impresión de que Kija era alguien distraído y fácilmente confundido, pero era un manakete de respetable edad. Una criatura antigua como él no podía tener corta memoria. Distraídamente, culpó al tiempo que había vivido entre los humanos por volverle incapaz de reconocer a un ave de otra, pues sabía que a aquella raza se le dificultaba exageradamente distinguir razgos entre una criatura y otra. A él en particular, se lo perdonaba. Estaba feliz de verlo, después de todo. Eran pocos los motivos de agradable sorpresa y pocas las buenas noticias que movían a Reyson en esos tiempos, no iba a negarse a sí mismo una. Asintió a su nombre, y con una complacida sonrisa se acercó al pequeño acampamiento.

A medida que le oía y que se aproximaba a él lo suficiente como para apreciar en más profundidad su humor, extraños detalles saltaban a su atención. Estaba alegre de reencontrarse con el manakete, sin dudas, pero de alguna forma le parecía que no estaban conectando los mismos puntos. Kija no había estado esperando verlo. La garza aminoró un poco sus pasos hasta detenerlos, dudando en acercarse. Cosas así fácilmente le hacían sentir como si no viviesen la misma escena, o como si los sentimientos de Kija no fuesen similares a los suyos en absoluto... ¿acaso no estaba feliz? ¿O no tenía muchas ganas de ver a Reyson, en el fondo? Parpadeó y repasó su rostro con interés, buscó en sus ojos de cristalino color. Temía que así fuese. ¿Estaba incordiándolo? ¿Había pasado algo en el espacio de tiempo entre su primer encuentro y aquel, para cambiar la opinión del manakete sobre él? No eran muchas las cosas que le emocionaban a cuenta nueva aquellos días, Kija había sido una y no deseaba creer que estuviese errado respecto a él. Aunque la idea le dejase un profundo desasosiego, no permitiría quedarse con aquella duda a cuestas, mucho menos que le evitasen la mirada de ese modo.

- ¿Cuales son esas circunstancias? - Cuestionó, terminando de cerrar la distancia entre ellos, e invitándose confianzudamente a tomar asiento junto al otro en el suelo. Abrió sus alas levemente hacia atrás para equilibrarse al bajar, se sentó con las piernas dobladas bajo sí y las manos posadas en el regazo, lsin disimular en absoluto la forma en que le analizaba, pues estaba vuelto directamente hacia él. Atentos, sus ojos esmeralda se mantenían en el rostro ajeno, intentaban distinguir qué era lo que se sentía fuera de lugar. - No pareces realmente a gusto de encontrarte conmigo. Tampoco viniste a la Alianza por ese motivo, ya veo, así que... -

La verdad era que el motivo que estaba dándole no le gustaba en absoluto. Si bien había perdido en gran parte el uso de la intuición propia de su raza, nublada por una mente que no hallaba su propio equilibrio y su propia paz, no necesitaba ser demasiado perceptivo para detectar una mentira tan enorme. Le permitió decirla, no le detendría de eso; inclusive, mientras le oía titubear en sus palabras, apartó la vista para contenerse de interrumpir muy pronto, curioseando en lo que cocinaba. Le alegraba no ver que utilizara restos de criaturas y, siendo sincero, su nariz le decía que había sabido elegir muy bien qué especias combinar. Pues bien, si las cosas no se daban de favorable modo, no le interrumpiría en su almuerzo por mucho. Y una vez que hubo terminado, Reyson volvió la vista a él, frunciendo el ceño con leve inquietud. - Toda construcción en Goldoa es tan antigua como Tellius, pero puedo asegurar que ninguna está en el estado de lo que considerarías 'ruinas'. Sin embargo... -

Ahora sí se enteraría. Alzó ambas manos para llevarlas al rostro del manakete, sujetándole por los costados del mismo a la altura del mentón. Suave, pero suficiente para que no se pusiera a desviar el rostro. Miró detenidamente por largos momentos, sin el menor temor a incomodarlo; no tenía una presencia invasiva, naturalmente, pero si se sentía observado tendría toda la razón. - Hmph. Toma audacia mentirle a una garza, más aún a un amigo. ¿Soy considerado uno aún? - Prefería ser frontal, aunque no fuese para nada impávido al asunto. Le preocupaba. Se rehusaba a soltarle hasta que diese una respuesta más satisfactoria, una que le sonase creíble. No había nada que él mismo consiguiese sospechar a raíz de lo que veía: un manakete tan maltrecho en territorio tan lejano al que frecuentaba, pero no por visitar, ni por el trabajo al que comúnmente se dedicaba. - Lo he recordado, jamás tuve oportunidad de mencionarte la Alianza Laguz, aunque tenía la intención de hacerlo. Asumí que vendrías a visitarme a mi, o cuanto menos a tus hermanos dragones. Pero si no es eso, y tampoco esta malísima excusa... - Quería dejar en claro lo que era. Cuando se trataba de poner las cosas sobre la esa, no era muy flexible que se dijese, aunque no pretendía ser particularmente severo con Kija. Al contrario. Su tono fue siempre parejo y tranquilo, inclusive más suave en esos momentos, al intentar ofrecerle las soluciones que podía. - Dime, ¿necesitas que te deje a tus asuntos? Luces un desastre, no quisiera... ser un incordio más que una ayuda. -

Más que molesto, estaba frustrado, pero intentaba ser comprensivo con él. Si su presencia realmente no era requerida ni le acomodaba, sabría hacerse a un lado. Por supuesto que esperaba que no fuese así, mas no pensaba aferrarse a algo ilusorio. Prefería entender lo que sentía. Y no admitiría nada distinto; suaves pero estables, sus manos continuaron sujetándole el rostro, sin permitirle evadir su observación.
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Kija el Dom Abr 10, 2016 8:26 pm

El rubio se sentó a su lado, mirándole atentamente por lo cual Kija no pudo evitar sentirse culpable de mentirle respecto a las razones por las cuales se encontraba en ese lugar, sin embargo no estaba del todo seguro el cómo podría tomarse el que le dijera que era incapaz de controlar su forma laguz a voluntad…. Se preguntaba si él también se asustaría por ello y aun que fuese egoísta por su parte no deseaba que más amigos suyos lo mirasen con miedo y se apartaran.

- Ahhh, no me mal interprete señor Reyson, lo que sucede es que estoy algo sorprendido de encontrarlo por estos lugares pero de verdad, de verdad me alegro de verlo. Disculpe si no pude reconocerlo al principio pero hace unos meses me golpearon con un relámpago que me dejo varias semanas en letargo y desde entonces mi memoria es un desastre…. Uhh… pe-pero no se preocupe, creo que ya puedo recordar casi todo aun que se me escapan todavía algunas cosas. Lamento si ha parecido otra cosa.
Spoiler:

Se apresuró a decir pues no quería que el otro pensara que era una compañía desagradable sino todo lo contrario, de hecho se sentía aliviado de poder hablar con alguien familiar en esos momentos en los que se sentía tan inseguro y asustado. Y entonces paso lo que tenía que pasar pues si bien Kija sabía que no era buen mentiroso la rapidez con la que Reyson desmorono su mentira le cayó como un balde de agua fría. Un terrible escalofrió le recorrió desde la espalda baja hasta la nunca en cuanto el otro le pregunto si aún le consideraba un amigo mientras le sujetaba el rostro para que ambas miradas mantuviesen contacto, imaginaba que el otro estaba molesto y la verdad era que no le sorprendía que lo estuviera pues aunque sus intenciones eran las de no preocuparlo el hecho de mentirle era una clara falta de respeto a su emplumado amigo.

- Créame cuando le digo que usted nunca podría llegar a ser un incordio, lamento mucho haberle hecho sentir de esa forma con la mentira que le dije.

Se disculpó sinceramente, intentaría compensar su error diciéndole la verdad pues a final de cuentas se suponía que los amigos debían confiar los unos en los otros. La mirada del manakete distaba mucho de ser aquella tranquila y pacifica que tenía el día que se conocieron pues sus ojos azules estaban opacados con una sensación de temor e intranquilidad muy parecidos a la vez en la que mato a su primer oponente a base de mordidas en l recóndita aldea oculta, solo que esta vez aquella inseguridad había logrado echar fuertes raíces en su alma.

- Perdí la capacidad de transformarme, creo que desde aquel incidente en el que el relámpago me borro la memoria que recién le he comentado. Pero previamente ya había estado empezando a perder el control de mi forma laguz así que…. Por eso estoy aquí. Escuche que Goldoa era un reino de dragones y ya que no conozco a ningún manakete y mi padre sigue extraviado pensé que quizá lo mejor era consultar mi situación con los dragones de Goldoa. Eso sería un resumen rápido del porque estoy aquí en primer lugar.

Aquello era una versión muy resumida pero esperaba que fuese una respuesta satisfactoria para el rubio, era una situación difícil para el quien no estaba del todo acostumbrado a pedir ayuda o a hablar abiertamente de sus sentimientos, de hecho Kija era del tipo de persona que solía guardarse todos los miedos, tristezas e inseguridades para sí mismo y así no preocupar a los demás, sin embargo las circunstancias lo superaban ya por mucho y al ser tan inexperto en temas como aquellos poco había que pudiese hacer por su cuenta.
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Reyson el Dom Abr 17, 2016 11:39 pm

¿Un accidente con trueno? ¿Acaso no había sido él mismo quien le advirtió, hacía tiempo ya, de tener mucho cuidado con tal elemento? Era bueno que le contase las cosas, por lejos lo prefería así, pero no quitaba que fuese terriblemente preocupante. Hablaba de un accidente tan grave como para empañar su memoria, ¡y dejarle incapacitado por semanas, nada menos! Fácilmente podría haber sido letal. Quedaba más preocupado por lo que le hubiese sucedido al manakete en ese tiempo, que lo que estaba haciendo allí en ese momento. Mirándole de frente aún, parpadeó con algo de sorpresa y susurró sólo para asegurarse de que había oído correctamente. - ¿Te han atacado con un trueno...? -

Eso sólo demostraba que vivir entre humanos no era una buena idea. Aún desconociendo en su totalidad lo que había pasado, pues por el momento Kija sólo lo mencionaba apresuradamente, Reyson no dudaba en culpar a los humanos con los que había estado compartiendo. Nadie sino los humanos podían controlar los elementos y utilizarlos para dañar, por supuesto, y Kija siempre había insistido que había humanos buenos y malos, pero de no haber estado con ellos no habría tenido que meterse en problemas con los menos pacíficos. Reafirmaba su creencia de que aquella gentil criatura no podía estar a salvo entre tal raza. ¡Y con cuanta calma mencionaba lo que le había sucedido! Lo hacía peor aún. Levemente indignado ya por el asunto, el gesto del príncipe blanco fue tornándose cada vez menos paciente, apretando los labios un poco y afilando la mirada.

Al menos, sabía que ahora estaba diciéndole la verdad. Su mirada no titubeaba al decir que no le incordiaba, aunque la garza distara de verse satisfecha por la atribulada expresión que cargaba. De cierto modo, no era el mismo Kija; aquel miedo no era característico en él, faltaba mucho del cristalino brillo que en su momento habría reconocido. Algo marchaba mal, sin duda, pero no era que no le quisiera cerca. Al constatar aquello exhaló con algo de alivio, asintiendo para indicarle que ahora sí estaba creyéndole. - No será inconveniente que permanezca contigo, entonces. - Dijo, decidido. Con mayor motivo quería hacerlo ahora, pues si algo sucedía con el manakete, no se confiaba de dejarle a solas. Y Kija le debía ese tiempo juntos. No hacía falta ya que le sujetase el rostro para obligarle a sostener su mirada, mas antes de soltarle se tomó la libertad de rozar su mejilla levemente con el pulgar derecho, intentando comprobar si el área oscurecida que veía era polvo o el inicio de un moretón. No necesitó más que rozar para saber que era lo segundo. Tendría que estar atento al estado de su amigo. Cuidadosamente apartó los dedos de la pálida piel, bajando las manos de regreso a su regazo. - Esperaba encontrarte en algún momento, así que esta ocasión tendrá que servir. Es buena coincidencia, que sea justo en este sitio... -

Se acomodó en su lugar en el suelo, ya no mirándole de frente, sino al centro de su pequeño y simple acampamiento, la fogata con la olla encima. El fuego le daba algo que ver y seguía un poco alegre de encontrar otra criatura que, como él, no se alimentaba de carne. Todo aquello le tenía bastante curioso. Observó distraídamente mientras oía al manakete; guardando para sí la infinidad de pequeños regaños y comentarios preocupados que podría haberle dado por terminar en ese estado, por supuesto, al menos para no interrumpirle. No comprendía del todo su situación, pero podía hacerse una que otra idea al respecto. Ante severos daños un laguz sí podía perder momentáneamente su transformación, por el simple principio de no tener fuerzas para ello. Lo que a aquel dragón le sucedía era distinto y mucho más extenso, mas no creía que fuese imposible de resolver. Un asunto de control, probablemente. Si el daño podía ser deshecho, creía que estaba en el lugar más acertado para hacerlo.

- Dime, Kija, quien te hirió tan gravemente... entiendo que sólo pudo haber sido un humano, pero, ¿acaso fue uno de tus...? - Desistió de la pregunta, mejor ni hablar de los humanos. No porque pudiese dejar de lado el asunto, sino por respeto al mismo Kija, quien ya le había demostrado no sentirse del todo cómodo cuando se antagonizaba a una raza o la otra. Merecía esa consideración de su parte. El príncipe negó levemente con la cabeza. - ...no, olvida eso. No es importante. Has dicho que perdías el control de tu forma laguz, antes de volverte completamente incapaz de utilizarla. Pero, dime, ¿tuviste alguna vez un completo control de ello? ¿Lo aprendiste, en un principio? - Preguntó. No pretendía presionarle demasiado al asunto, pero no podía evitar su propia curiosidad ni su deseo de asistirle. Y recordaba aún el momento en que él mismo había visto a Kija transformarse. Por sobre todo, recordaba su forma inexperta y muy poco grácil de volar en su forma verdadera.
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Kija el Lun Abr 18, 2016 9:11 pm

Era imposible no percatarse de los cambios en las expresiones del príncipe blanco conforme relataba la verdad detrás de su problema y le preocupaba en sobremanera el hablarle de los detalles que involucraban ese incidente con su amiga pues estaba seguro que solo acabaría empeorando la mala impresión que ya tenía el rubio de los humanos, admitiendo que razón no le faltaba, aun así la suave caricia en su rostro le resulto sumamente reconfortante aunque no pudo evitar hacer un pequeño gesto de dolor en cuanto el rubio verifico uno de los golpes que tenía en este. Agacho la mirada casi de forma instintiva en cuanto su amigo estuvo a punto de preguntarle sobre el incidente pues si bien era verdad que le habían arrojado el relámpago a sabiendas de que eso podría hacerle mucho daño, el por su parte entendía que aquel fue probablemente el único método que tuvieron para detener su ataque desenfrenado. Aun así muy dentro de si el hecho de haber sido atacado de aquella manera por quien consideraba una persona muy cercana al resultaba tortuosamente doloroso.

- Um... mi padre nunca fue muy entusiasta al respecto pero me enseño todo lo necesario para usar el poder de mi dragonstone como cambiar de forma, usar mi hálito y muy vagamente a volar aunque siempre insistió en que solo debía usar mi transformación cuando fuera absolutamente necesario. -

Las lecciones se habían vuelto sumamente vagas y flojas desde el día en el que accidentalmente el manakete de ojos dorados termino por herirlo gravemente en la espalda dejándole una cicatriz que la recorría de lado a lado y eran más teóricas que prácticas, probablemente por miedo a lastimarlo nuevamente en un descuido.

- Pero si bien nunca tuve problemas para controlarme con mi otra forma eso comenzó a cambiar cuando comencé a usarla con más frecuencia con propósitos de.... usted sabe.... "defensa".

En un principio estuvo totalmente en contra de usar aquella forma para lastimar a otros pero en muchas ocasiones se vio forzado a defender su vida y la de las personas que más apreciaba y, antes de darse cuenta aquellas situaciones se habían hecho cada vez más frecuentes al punto de verlo como algo normal y necesario aun que la culpa siempre regresaba en las noches cuando todo estaba en calma y tenía el tiempo de pensar las cosas.

- Antes de ese incidente ya me había percatado que cosas extrañas comenzaban a suceder conmigo, como si… “algo” perverso comenzara a manifestarme dentro de mi cada vez que participaba en una pelea. Para cuando me daba cuenta todos a mi alrededor me miraban con miedo, percatándome que mi boca y mi cuello estaban llenos de sangre.

Suponía que todo aquello desemboco en su total pérdida de control y posteriormente a lo que acontecía en ese momento. Seguro la diosa Naga estaba disgustada con él por hacer tan mal uso de sus poderes y le estaba castigando con la incapacidad de usarlo. Poco y nada podía saber el joven manakete que aquello era su propio instinto que despertaba de golpe al no ser capaz de asimilar el ambiente tan hostil al que se estaba viendo sometido después de pasar prácticamente toda su vida resguardado en un ambiente seguro y pacífico.

- Pe-pero bueno, mira que soy grosero. No nos habíamos visto en tanto tiempo y yo solo hablando de cosas desagradables, si mi madre me viera seguro que me reñiría por ello y le ofrecería una taza de té a modo de disculpas…. Ahora que lo pienso, no es mala idea después de todo. Le gusta él te señor Reyson?, tengo muchos tipos de hojas que he comprado en diferentes partes de Akaneia y Tellius…. Tengo aromáticas, relajantes y de frutas

Deseaba cambiar el tema momentáneamente pues hablar de todo ello le resultaba sumamente difícil, no porque desconfiara en su amigo sino más bien porque se avergonzaba de sí mismo y en cierta forma temía asustarlo… a final de cuentas casi todos sus amigos terminaban sumamente nerviosos en cuanto mencionaba aquel problema que se presentaba al transformarse.

- Y-y descuide!!!, como ya le dije actualmente no puedo transformarme así que usted no corre ningún peligro… no puedo lastimar a nadie cuando estoy en mi forma humana así que puede estar tranquilo. No soy peligroso!!… d-de verdad…

Parecía muy empeñado en aclarar aquello, el pobre no era más que un manakete confundido hecho un manojo de nervios e inseguridades, además de que de manera inconsciente comenzaba a asociar su forma laguz como algo peligroso y malo lo cual solo empeoraba su situación con respecto a ello pues nada bueno podía salir si el híbrido comenzaba ya a negarse a sí mismo.
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Reyson el Sáb Mayo 07, 2016 2:00 pm

Pensaba que quien había sido el mentor de Kija, fuese su familia o no, no había hecho el mejor trabajo posible. Si apenas y le había enseñado, Reyson podía entender cómo Kija se desempeñaba de la forma en que lo hacía. Y era peligroso, no cabía duda. Que un laguz no supiese utilizar su propia forma de un modo completo y comprensivo representaba un peligro para él tanto como para todos a su alrededor, pero se abstenía de hablar al respecto o acabaría culpando al padre del manakete. Eso probablemente no fuese agradable, no tendría sentido hacerlo. Sólo cerró los ojos unos momentos, atento en escucharle y en considerar la naturaleza de su problema, asintiendo una que otra vez.

- Por supuesto, - Soltó un leve suspiro. Creía ver las cosas claras. Kija era alguien transparente, no se negaba a darse a conocer, no le dificultaba a Reyson comenzar a comprenderlo. Su problema era con la agresión, solamente. - Tu raza, como la mía, se inclina hacia el equilibrio. Y un combate es un desequilibrio desmedido entre facciones, así que es natural que te desagrade. No estás hecho para ello, tu diosa o la mía no te han creado para que agredas a quienes habitan este mundo contigo. - Explicó con calma. No estaba seguro de ser la mejor persona para hablar de eso, no con la forma en que había guiado su vida los últimos años, pero eran cosas que Kija necesitaba saber, le habría hecho un terrible servicio como amigo si no se dignase a enseñárselas. - Piensa en ello. ¿Qué clase de energía puede ser peor que la de una criatura que está intentando matar a otra? Esa clase de ambiente fácilmente se te mete bajo la piel, especialmente si eres susceptible a ello. Transformado o no, nubla tu capacidad de pensar. - Hizo una pequeña pausa, cuidadoso del modo en que estuviese sonando; suavizó un poco su tono al continuar, sólo por si las dudas. - No sabría decírtelo si no fuese porque me complica las cosas a mi también. Funcionamos de forma similar. -

Él no tenía problemas en decirlo ni hablar extensamente de ello, inclusive discutir las cosas que el manakete había hecho, recuerdos que claramente mantenía frescos todavía. Todo dependía, claro, de que Kija estuviese dispuesto a entrar en detalles, o al menos a oír lo que tuviese Reyson para decir. Entreabrió un ojo esmeralda para mirarle de soslayo, volviendo a captar su desaliñado, herido y maltrecho aspecto.

No... no parecía que tuviese exactamente ganas de ello. Su mirada distante y apagada daba a entender suficiente. Cuando el manakete intentó desviar el enfoque del asunto fuera de su persona y su problema, Reyson lo dejó pasar, sin queja alguna. Podía ser paciente con él. Se acomodó donde estaba sentado, apoyando su costado con un golpecito contra el de Kija y apoyándose allí con suma calma. Tenía la suficiente comodidad alrededor del otro laguz como para tales gestos. Inclusive estiró sus alas hacia atrás un poco, más que nada para equilibrarse. - Té suena bien. No consumo nada que provenga de otras criaturas, tampoco raíces de flora viva, no sería capaz de... si no presenta complicación para ti, cualquier cosa estará bien. Estaré feliz de acompañarte en ello. Sorpréndeme. - Dijo, levemente animado a la idea. Tenía buenos motivos para resistirse un poco a lo extranjero, pero era sólo té y provenía de Kija, no creía que fuese problemático. Con lo limitada que era su alimentación, tampoco no era muy a menudo que podía gozar de variedad. Era una buena ocasión, después de todo.

- Kija, - Alzó la mano entre ellos para detenerle de sus nerviosos comentarios, bastante rápido y certero en ello. Lejos de regañarle por el asunto que tan temeroso le tenía, sólo permitió que una suave risa escapase de sus labios. - Por favor. No tendría miedo de un laguz, ningún tipo de laguz. Puedo y podría acallarte perfectamente bien, si tanto te preocupa, pero estoy seguro de que nada de eso será necesario. - Habló con confianza. No veía maldad en sus razas ni creía en la agresión entre hermanos. Por lo demás, era quien más capacitado estaba para asistir a un laguz alterado. - El problema no es tu transformación, en cualquier caso, sino el hecho de batallar. Asumir nuestras verdaderas formas no es un proceso intrínsecamente violento, por más que hasta este momento sólo lo hayas utilizado para ese fin. No es así como debería ser... - En eso sí tomó un leve tono de reproche. Inclinó la cabeza un poco, buscando cuidadosamente las palabras con que quería explicarse, el largo cabello cayendo hacia adelante como una ligera cortina dorada. - Asumir tu verdadera forma debería ser... un proceso cómodo. Se relaciona más con conectar con tu verdadera naturaleza y la de tus ancestros, comprender quien eres y enorgullecerte. -
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Kija el Mar Mayo 10, 2016 3:41 am

Escucho en silencio las palabras de su amigo rubio reflexionando con cuidado cada una de ellas mientras seguía en su tarea de calentar el agua para el te y revisar que las verduras lograran hervirse correctamente pero sin quedar cocidas de mas. Le sorprendió en sobremanera que el príncipe blanco supiera poner en palabras exactamente el como se sentía pues efectivamente sea lo que fuera se que apoderase de el al transformarse lograba atravesar su confiable armadura de escamas brillantes y consumía su mente sin poder hacer nada al respecto.

- El viento aciago.... al principio pensé que solo emanaba de los emergidos pero la realidad es que fuera del santuario donde crecí se siente por todos lados. Es casi imperceptible la mayoría de los casos pero lo cierto es que los campos de batalla, aun cuando el conflicto termina, quedan infectados por aquella energía.... Puede ser que me haya expuesto demasiado a el últimamente. Si le digo le verdad, nunca me sentí cómodo al transformarme y las primeras veces no podía siquiera mantenerla mucho tiempo... ahora que lo pienso mi padre si que parecía cómodo recostándose en el patio de la casa en su forma verdadera y yo siempre me pregunte como era capaz de relajarse tanto cuando mi cuerpo terminaba hecho polvo cada vez que me transformaba. Supongo que mi sangre humana tendrá algo que ver con eso. -

Batalla tras batalla solo con un par de noches para lamentarse y asimilar lo que sucedía sin mencionar los horrores que ya había contemplado en las tierras nevadas donde los cuerpos de personas inocentes estaban apiladas una a una en una pira ya extinta de fuego, aquel recuerdo súbito logro revolverle el estomago haciendo que su rostro consiguiera ponerse mas pálido de lo que ya era. Como manakete se supone que entendía que todos los seres vivos debían morir algún día y aun que cada muerte prematura era ciertamente lamentable no había manera de que aceptara aquello como algo normal, un asesinato era algo antinatural y enfermizo por lo que no había manera de que lo aceptara de la forma tranquila en la que miraba la muerte normalmente. Se decidió a apartar aquellos pensamientos de su cabeza, ese no era el momento de pensar en cosas tan desagradables, debería estar feliz y agradecido de poder volver a su amigo después de tanto tiempo, quizá pasar una tarde agradable era todo lo que necesitaba para que toda esa angustia por fin desapareciera de su pecho.

- Ah, descuide, las infusiones de te no son de plantas frescas si no que se dejan secar una temporada antes de poder usarse como tal. Igualmente tampoco usos rices recién cortadas para preparar mi comida pues tienden a hacer que el sabor del estofado se vuelva mas amargo. Um.... las verduras si que procuro que sean lo mas frescas posibles pero al final termino sembrando los tallos por allí a donde voy. Quien sabe?, algún día podrían salvar a un viajero de morir de hambre -

Le entrego a Reyson un pequeño vaso de arcilla vertiendo un poco de te para que pudiese beberlo. El liquido era un color dorado claro y desprendía una fragancia a flores encantadora. Su sabor era suave y ligeramente dulce produciendo un efecto relajante típico de ese tipo de bebidas. Kija por su parte se acomodo igualmente al lado del rubio disfrutando igualmente de su taza de te mientras que la olla con la verdura producía leves silbidos, era ciertamente un momento tranquilo y agradable como hacia mucho tiempo no tenia.

- Ahora que lo pienso, en la comarca oculta usted entono una melodía muy particular que me ayudo a recobrar la calma cuando me estaba alterando. En mi diario de viaje pone que fue el sonido mas maravilloso que jamas haya escuchado en mi vida y para serle franco me sentí bastante irritado al leerlo pues no logro recordar como era. Estuve varias semanas intentando imaginar cual seria "El sonido mas maravilloso" que jamas haya escuchado pero nada me venia a la memoria y la única pista que tenia era el retrato que hice de usted y un resumen de lo que paso ese día. Intente escuchando el sonido del rió acariciar las rocas, las hojas de los arboles meciéndose al viento, el trinar de las aves, incluso llegue a pasearme con mayor frecuencia en los teatros públicos pero aun que eran sonidos muy bellos ninguno me daba la sensación de ser lo que sea que yo no recordaba. -

No pudo evitar reír un poco ante aquello pues había pasado semanas intentando escuchar cuanta cosa tuviera alrededor para ver si se daba alguna pista sin ningún resultado y algunos de sus amigos decidieron ayudarlo llevándolo a los pequeños mercados de chucherías en busca de algo que lograra hacerlo recordar esa melodía que se había perdido en su memoria.

- Al final lo mas cercano que encontré fue este pequeño recuerdo que compre cuando regrese a mi hogar en Hosido, se llaman "campanas de viento" pero aun así tengo la sensación de que no se acerca siquiera -

Comento notoriamente animado sacando de su bolso de viaje una pequeña campanita de cristal con un largo listón para que pudiera colgarse de cualquier lado, haciendo un pequeño sonido tintineante cada vez que la esferita golpeaba suavemente la pequeña campana.

- Esto.... s-si no es molestia... aun que sea un poco.... podría por favor recordarme como era?... Aun que esta bien si no quiere hacerlo, lamento hacerle una petición tan egoista -

Pregunto tímidamente el joven híbrido mientras su rostro se ponía totalmente rojo y jugueteaba un poco con la campanita de cristal dándole golpesitos con una de las garras de su mano draconica produciendo igualmente aquel sonido claro tan característico de aquel objeto. Por supuesto que le daba vergüenza por hacer tal petición pero ahora que lo recordaba su curiosidad lo estaba matando y esta vez daría lo mejor de si para no volver a olvidarlo aun que por supuesto si el otro se negaba no insistiria.
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Reyson el Sáb Mayo 28, 2016 11:04 pm

En el fondo, él también se cuestionaba un poco las cosas. Conocía en gran detalle la historia de todos los países de la Alianza Laguz así como su historia conjunta, sabía también casi todo lo que había para conocer sobre cada raza particular, poseía inclusive sabiduría sobre ellos y sobre el mundo que otros laguz no manejaban... pero, ¿donde encajaba un Branded en el orden de las cosas? ¿Había lugar para ellos, o estaban realmente fuera del equilibrio contemplado por Ashera al crearlo todo? Podía ser que su lado laguz y su lado humano estuviesen en constante conflicto, y que a raíz de ello Kija tuviese los problemas que tenía. Era posible. Pero habría sido un destino arbitrariamente cruel, y Reyson no estaría muy dispuesto a aceptarlo.

Prefería pensar que sí se trataba de los problemas que él conocía, el viento aciago soplando por los vastos confines del mundo y llevándose más que vidas en el camino. Se negó a creer que fuera de otro modo y se remitió a lo que el dragón decía, solamente. La imagen mental de su padre, sin dudas un manakete en plena adultez, recostado en descanso en su forma dracónica, bastaba para hacerle sonreír un poco. Asintió. - Así es como las cosas deberían ser. -

Lógicamente, la meta era que Kija llegase a tal estado de paz también. Si se trataba de resolver una relación conflictiva entre su lado laguz y su lado humano, aún en sus mejores intenciones e intentando guardar la mayor neutralidad posible, Reyson sólo podía ayudarle a reconciliarse con su lado laguz. ¿Se trataba de egoísmo? Había estado tan alegre de pensar que Kija estaba allí por la Alianza, o cuanto menos por él. Por supuesto que quería que estuviese allí, que fuese parte de todo ello, aún si sus viajes lo llevasen lejos otra vez. Pero no, no se trataba de egoísmo, sino de lo que creía que el manakete necesitaba. Se guardó silenciosamente aquellos pensamientos mientras decidía como proceder. Iría con cuidado, sería paciente con el manakete, pero en definitiva no se quedaría sin hacer nada.

- ¿Hm? Realmente eres... respetuoso, Kija. - Alabó con considerable sorpresa, abriendo los ojos un poco más ampliamente mientras recibía el vaso del té. Tenía sus complicaciones, no pretendía ser exigente pero las cosas simplemente eran así para él, había mucho que no podía ingerir y muchas cosas que simplemente no aceptaba. No se las guardaba en absoluto, los palacios laguz que le recibían habían tenido que amoldarse a él y acomodarle en ciertas cosas, pero lo normal era que no consiguiese sentirse del todo satisfecho con el proceder de los demás. De algún modo, se encontraba a sí mismo sin nada que decir contra Kija, ni una sola cosa que pudiese reprocharle. Era un agradable alivio, mas también un motivo de desconcierto. ¿Podía ser todo tan acertado como sonaba? Rodeó el vaso de arcilla con ambas manos. El material ni siquiera le quemaba los dedos. Con suma curiosidad acercó el vaso a sus labios, sin percibir nada sino agradable e invitante respecto al aroma. Al probarlo, confirmó que no había absolutamente nada malo al respecto, e inclusive tenía buen sabor; lo dulce siempre venía bien al gusto de la mayoría de aves. - ...es perfecto. Tienes mi felicitación esta vez. Sigue preparándolo exactamente así, y puede que vuele hasta donde estés sólo para repetirlo. Son pocas las cosas que una garza puede permitirse... -

Quedaba bastante alegre, en ese entonces, manteniendo el vaso apenas tibio entre sus manos y soplando concienzudamente la superficie del líquido entre sorbos. Tras el borde del mismo, disimuló a medias la sonrisa que se dibujó paulatinamente en sus labios, escuchando los fragmentados recuerdos del manakete respecto a la comarca y la ocasión allí. Su memoria verdaderamente parecía afectada, mas halagaba saber que en algún olvidado instante había catalogado su voz como lo más maravilloso que hubiese oído. ¿Volvería a creer que lo era, si conocía su voz otra vez? Ansiaba comprobarlo. De todos modos, el albino no se detenía allí. En ser comparado con sonidos naturales que Reyson podía imaginar a la perfección, en saber que había sido perseguido tan ampliamente el recuerdo de su canto... ni siquiera él podía prevalecer inmutado. No eran nuevos a sus oídos los halagos, usualmente ni siquiera recibidos con agrado; pero había algo en la honestidad del manakete que no podía sino aceptar. Carraspeó un poco y bajó la vista, sintiendo sus alas erizarse y aparecer más abultadas. Había sido buen tiempo desde que era alabado de tal modo. Su sonrisa se ensanchó con marcado orgullo.

- ¿Oh? No conozco este... ¿artefacto? ¿Instrumento? Como sea, me agrada. - Dijo, observando con leve interés la campana de viento. El sonido era claro y armonioso, lo que difería severamente era su timbre. Prefería la atención del manakete donde había estado antes, al fin y al cabo, mas no demoró en regresar: haciendo repiquetear la campana, pidió lo que Reyson preveía ya que pediría. Y su respuesta estaba preparada de antemano. Regresó el vaso a sus labios y apartó la vista con un deje de altivez. - Hmm. Me temo que yo estoy demasiado ocupado con mi té en estos momentos. - Dijo, dejando una pausa de un par de instantes y entreabriendo uno de sus ojos para ver la expresión que se dibujaría en el rostro del otro laguz. - ...pero, creo que estará bien hacerlo después. Tan sólo pondré una condición de por medio, si no te molesta. Espero que entiendas que el canto de mi especie, el galdr, es una clase de magia antigua y poderosa, conlleva su justo desgaste, así que optaré por hacérmelo un poco más cómodo. -

No tenía problema alguno respecto a cantar, en realidad. Sí era una clase de magia tan vieja como lo era el mundo, sí presentaba cierto desgaste, pero Reyson era suficientemente fuerte si de magia se trataba y tomaría muchísimo que percibiese agotamiento por ello. Sólo aprovechaba de guiar de Kija en la dirección correcta, mientras podía hacerlo con persuasión delicada. Bajó el vaso un poco, y con el mayor disimulo que era capaz de reunir, tan sólo le ofreció al manakete una sonrisa suave y paciente. - Llevas anotación de tus viajes, ¿no es así? ¿Debido a los fallos en tu memoria, o a la extensión de tu vida? - Preguntó con simpleza, sin hacer de ello un asunto de gravedad. - Hay mucho que querré que escribas después de hoy. Cosas que debo mostrarte en este lugar, claro, pero espero que terminen en tu diario igualmente. Prometo que valdrán la pena. - Aseguró. Lo que decía no era exactamente un mandato de su parte, pero quedaba claro igualmente que era lo que Kija debería aceptar como condición, a cambio de al menos una canción suya. La garza se aseguró de confirmárselo. - Y si me permites enseñártelas y prometes escribir sobre ello después, haré como desees, pues me alivianará las cosas considerablemente. ¿Qué dices? -
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Kija el Lun Mayo 30, 2016 9:04 am

Una amplia sonrisa se dibujo en el rostro del joven mestizo ante los buenos comentarios acerca de su cocina y del te que preparaba, aquella era una actividad que disfrutaba mas cuando lo hacia para otras personas pues si bien le gustaba la buena comida lo que mas le complacía era que los demás se sintiera satisfechos y felices, gusto adquirido desde muy temprana edad cuando su madre le enseñaba con paciencia a preparar sus platillos favoritos y se reforzó con los años según ella fue envejeciendo, quedando el albino a cargo de las labores domesticas pues el cuerpo humano de la mujer se volvía cada vez mas frágil ante el inclemente paso del tiempo, marchitándose a una velocidad que para Kija fue tan fugaz como un suspiro.

- Me alegra escucharlo, procurare entonces siempre llevar conmigo una cantidad pertinente de te. Así quizá nos encontremos mas seguido. -

Comento el muchacho riendo un poco por lo feliz que se sentía, después de todo disfrutar de una taza de te en compañía era algo que siempre le resultaba grato, de hecho y siendo franco consigo mismo cualquier excusa para no estar solo le resultaba igual de buena.

- Supongo que es un adorno, los hay de muchos tamaños, formas y colores pero esta fue la que mas me ha gustado. -

Comento el manakete guardando la pequeña campanilla para escuchar lo que el rubio de alas blancas respondía a su petición, aguantando incluso la respiración sin poder evitar que sus ojos celestes brillaran con la emoción de un niño a la espera de una afirmativa. Sin duda alguna era un verdadero libro abierto pues aun que no lo desease todas sus emociones se reflejaban en su rostro como si se tratara de un manantial de agua clara, por lo que, ante el primer comentario de la garza de inmediato se noto como agacho un poco la cabeza un tanto desilusionado mas después de que Reyson continuara hablando el interés del joven híbrido se vio aun mas intensificado. Aquel sonido que no recordaba era en realidad magia antigua?, se sentía un tanto mal por hacer aquella petición ahora a sabiendas de que dicha actividad era algo desgastante para su amigo pero su curiosidad ahora era tan grande que no deseaba echarse para atrás ahora que había accedido.

- Ah, b-bueno, decidí documentar mis viajes en un diario por que no deseaba olvidar nada de ellos. Cuando encontrara a mi padre, cuando este asunto de los emergidos y el viento aciago se resolvieran planeaba regresar a mi hogar en Hoshido y pasar los días tranquilamente... Y... leerlo de vez en cuando para revivir todas esas experiencias -

Kija dibujo en su rostro una sonrisa ligeramente amarga al decir aquello pues el haber perdido gran parte de sus memorias le lastimo mas profundo que cualquier herida que pudiese haber recibido pues si bien su diario había documentado gran parte de sus experiencias vividas a largo de su recorrido no ponía nada de su vida antes de salir de viaje por lo que muchas cosas no regresaban aun que se había esforzado por recuperarlas, como por ejemplo la voz de sus padres e incluso sus rostros y muchas de sus enseñanzas ahora eran difusos, casi inexistentes. Decidió dejar aquellas ideas de lado a final de cuentas pues estaba seguro de que acabaría culpando a su amiga por aquello si le daba demasiadas vueltas y, aun que lo había lastimado mas allá de lo imaginable no deseaba guardarle ningún rencor por ello.

- Ahhh, descuide, después de aquel desafortunado evento decidí documentar con mas detalle todas las cosas que aprendo. Me prometí que no volvería a perder mas recuerdos, nunca. Aun que por otra parte estoy escribiendo libros con información de todas las cosas que veo y creo útiles para que puedan leerlos quienes deseen aprender cosas nuevas independientemente de mi diario que contiene cosas mas personales. Desea que escriba en mi diario y en un libro o es algo que debo conservar solo para uso personal?. Sea lo que fuere créame cuando le digo que para mi sera un placer y un honor aprender cosas nuevas de usted, de por seguro que no perderé detalle de todo lo que decida mostrarme. -

El joven albino estaba dispuesto a cumplir al pie de la letra cuanta cosa le pidiera su buen amigo con tal de volver a escuchar el sonido "mas maravilloso que hubiese escuchado nunca" pues estaba seguro que si estaba escrito en su diario debía ser exactamente eso lo que sintió en ese momento, mas aun, seria testigo de como el rubio invocaba un poder antiguo que quizá en aquel momento no fue capaz de prestarle su debida atención, tanto como un amante de las cosas trascendentales y antiguas como un joven estudioso siempre hambriento de saber aquella era una oportunidad que no dejaría pasar y toda aquella emoción se veía notoriamente reflejada en sus ilusionados ojos brillantes, su sonrisa de oreja a oreja y sus pálidas mejillas de un notorio tono rojizo.
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Reyson el Sáb Jun 11, 2016 1:11 am

Se relamió un poco y disfrutó el regusto del té dulce, el aroma que se mezclaba con sutileza en el aire limpio de las alturas. Predecía que Kija podría encajar a la perfección en un lugar como Goldoa, pero lo más seguro era que debiese ser él quien saliera a buscarlo, si quisiera volver a verle de ese modo. Lo aceptaba, en cierto nivel. No se sentiría correcto alejar a Kija del camino que él eligiese, no sería capaz de indicarle precisamente qué hacer, ni siquiera cuando claramente había tomado un par de malas decisiones que le habían hecho terminar como se mostraba ahora. Pero no podía negar que le agradaba estar como estaban. Si tan sólo se le viera más a menudo en la Alianza... pero bueno, eran cosas imposibles de controlar. Bebió el té de a cortos sorbos y observó divertido al manakete, halagado de su sincero interés y sintiéndose de cierto modo bastante importante, ante la mirada brillante que le dedicaba. ¡No debía de ser bueno que alguien alimentase tanto su orgullo! Intentaría que no se le fuese a la cabeza. Hizo un esfuerzo por no dejarse llevar por la mirada que recibía, mantenerse igual y hablarle con tranquilidad.

- ¿Dejarías todo esto atrás, para retirarte a vivir una vida más pacífica? Es envidiable. Me agrada la idea. - Mencionó ante el plan del dragón. No sabía mucho de Hoshido, sólo lo que Kija le hubiese hecho saber, pero la idea de retirarse a un lugar apartado y calmo siempre le sonaba bien. Ah, ojalá él pudiese hacer algo así también. Sonrió aprobatoriamente y asintió. - Entonces, las cosas que documentes en tu diario serán recuerdos que no volverás a perder. Aún si sean muchos los que llegarás a llenar, diría. - Eso cubría lo que era importante para él. Deseaba ayudarle a sanar. Todo lo que aquejaba al cuerpo y al alma era una herida, por igual, y si él ayudaba a sanar la de Kija, desearía que fuese un remedio duradero. Conservar en papel el recuerdo de todo lo que sucediese en esa visita le aseguraba que no sería un esfuerzo en vano, inclusive si su memoria volvía a fallar; quedaba perfecto.

Ahora bien, si el arqueólogo resultaba ser productivo de sobra y estar separando sus apuntes en más de un cuaderno, suponía que no cambiaría mucho las cosas desde su perspectiva. Lo pensó brevemente, quizás y hasta ayudara a que lo recordara mejor. - Humm... creo que servirá a tu uso personal, más que cualquier otra cosa. Son asuntos laguz, cosas que la gran mayoría ya conocemos. Y aunque me gustaría que los humanos se informaran también, dudo que se interesarían, así que no lo sé. Queda a tu criterio, sin quejas de mi parte. - Concluyó. Al menos sus condiciones quedaban aceptadas. En un gesto satisfecho y complacido, la garza extendió un poco su ala derecha, cerniéndola alrededor de Kija con apenas un roce; un gesto disimulado, pues lo hacía mientras apuraba un poco algunos tragos de té, sin necesidad de mirar para medir la extensión o la curvatura precisa de su ala al resguardar a su acompañante. Las plaumas aterciopeladas le estrecharon muy suavemente contra el príncipe blanco, sólo un poco, y este declaró con renovados ánimos: - Queda decidido, entonces. Te enseñaré. -

Terminó el té y bajó la taza con un prolongado y feliz suspiro, pues el dulzón aroma a flor era uno que estaría percibiendo por un buen rato aún, y que se quedaría en sus manos. Le regresó la taza de arcilla a su dueño, vacía, y estirando sus alas cómodamente hacia atrás se puso de pie. Para enseñarle cosas debía enseñarle sitios, y para enseñarle sitios tendrían que movilizarse. Una lástima saber que no sería capaz de cargar a Kija, significaba que irían bastante más lento y no tan lejos, pero se las arreglaría de todos modos. Alisó y quitó el polvo de la blanca caída de su túnica pacientemente, y entonces se giró hacia el emocionado manakete. Por la diosa, si hasta estaba rojo en las mejillas. ¿Cómo no sentirse importante frente a él? Rió un poco y le extendió una mano para ayudarle a alzarse.

- Te enseñaré respecto a la Alianza, respecto a los laguz en general, ¿de acuerdo? Hay cosas que es francamente imperdonable que desconozcas sobre ti mismo, creo que te hará bien conocerte mejor. - Explicó. Si no deseaba transformarse Reyson no le obligaría a hacerlo, si no deseaba tener mucho que ver con la Alianza Laguz tampoco le obligaría a ello, pero creía que era sabiduría que el albino necesitaba en esos momentos. Paseó su mirada esmeralda por el pequeño acampamento en que se había detenido, la olla que emanaba vapor y todo lo que tenía alrededor. - Ah, empaca. Iré a orientarme un poco, ver hacia donde puedo llevarte desde aquí. Si pensabas almorzar, tienes unos... diez minutos para hacerlo. - Dijo, asegurándose de poner en sus labios una agradable y convincente sonrisa al decir aquello. Él mismo comenzaba a emocionarse a toda la idea.

No aguardó más que un par de momentos antes de dejar a Kija allí, un poco menos preocupado de lo que había estado al principio. Su aspecto todavía era menos que óptimo, los raspones y moretones a la vista mantenían un recordatorio del delicado estado en que verdaderamente había aparecido, pero podía dejarle unos minutos a solas mientras revisaba lo que debía. Se apartó unos pasos y alzó vuelo sin esfuerzo alguno, tan natural como respirar, perdiéndose en el cielo claro y despejado, contra el blanco de las nubes. Desde allí arriba buscó la dirección del palacio de Goldoa, localizó las fronteras que daban a los reinos laguz y la que daba a Begnion, se recordó un poco los caminos en la montaña... y una vez que se hubo orientado y decidido por donde estaría guiando a su invitado, bajó de regreso a buscarle. Estaba de alegre humor ya, tomándose como una ocupación bastante divertida la ayuda que le prestaba al manakete. - ¿Kija? Creo que tengo todo listo. - Reflejó su buen humor en el tono llevadero y armonioso de su voz.
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Kija el Mar Jun 14, 2016 5:40 am

Asintió suavemente ante lo dicho por su compañero pues si algo le quedaba claro al hibrido era que difícilmente podía encajar en un solo lugar por mucho tiempo. El mundo era un lugar que sufría cambios demasiado drásticos en un periodo de tiempo que para el resultaba ser bastante corto y por tanto le era difícil adaptarse a ello con facilidad, en un día pertenecía a un grupo y la pasaba, en el otro enfrentaba hordas de enemigos o peleaba por su vida, en un momento era tratado con indiferencia o rechazo y al siguiente como un ser casi divino. Demasiado caótico, demasiado confuso, incluso doloroso en algunas ocasiones.... incluso así había momentos maravillosos que atesoraba y aun que deseaba vivir tranquilamente una vez se solucionara el problema con los emergidos sentía insoportable el pasar el resto de sus días completamente solo, por eso es que aun buscaba a su padre con tanta insistencia.

Dejando eso de lado estaba bastante entusiasmado con la idea de aprender más acerca de los laguz pues aun a sabiendas que difícilmente podría instruirse acerca de su propia raza por lo escasos que eran sí que le interesaba conocer más de aquella sociedad en general de la que su padre nunca se molesto en hablarle, quizá por que no lo creyó necesario pues lo más seguro es que contara con que su retoño nunca se vería en la necesidad de abandonar "el nido". La alianza laguz... ciertamente era un nombre interesante lo que hacía preguntarse cuantas especies diferentes la conformaban, de momento podría adivinar que se trataban de los dragones terrenales que se rumoraban vivían en Goldoa y la garza quien, al igual que él era probablemente uno de los últimos ejemplares de su especie... bueno, dejando de lado claro que siendo mitad humano el linaje de los manaketes tal como eran podía ya darse por perdido.

Sus pensamientos sobre tantas teorías de lo que aprendería y un tanto de encrucijadas existenciales fueron dejadas de lado en el momento en que un tanto aterciopelado lo trajo de vuelta a la realidad, el joven albino estaba tan metido en sus pensamientos que no se dio cuenta en qué momento la garza lo había arropado de forma sutil con aquel impoluto plumaje blanco. Con anterioridad ya había tenido contacto físico con esas alas, si, esa parte sí que la recordaba pues la bofetada que estas le dieron cuando el rubio se despertó alterado era sin duda ese tipo de recuerdos que no se iban fácilmente, curioso. Sin embargo en esta ocasión era ligeramente diferente, era relajante sin duda y el hecho de pasar aquel momento de tranquilidad con alguien a quien consideraba un amigo le dio un respiro a su alma que llevaba atormentada tanto tiempo que sentía que podría llegar a volverse loco y quizá eso era lo que estaba pasando, por eso es que su forma laguz ahora era una fuerza descontrolada y destructiva o por lo menos así lo miraba Kija. Tomo la taza de arcilla ya totalmente vacía que le ofrecía el rubio habiendo terminado su te, mirándole alzarse y sacudirse el polvo con elegancia al hacerlo. Lo admiro por unos momentos con aquellos orbes azules, intentando grabar profundo en su memoria esta vez al príncipe blanco. La vez anterior que se conocieron la situación fue bastante emocional y un tanto dura en cuestión de que aquella fue su primera batalla, por lo cual se daba cuenta apenas ahora que el dibujo que hiso de su amigo en su diario carecía de detalles. Era entendible que el dibujo quedara así al hacerlo varios días después ya estando en la tranquilidad de un barco camino a Begnion pero no le parecía justo tomando en cuenta que muchos de sus amigos incluso posaron para que el dibujo quedase bien, ya se daría a la tarea de retratarlo como Naga manda junto a todo los detalles de aquello que aprendería de él.

- Entiendo, lo tendré todo listo para partir -

Le sonrió de vuelta mientras lo miraba partir, según entendía para orientarse un poco. El no poder transformarse en ese momento lejos de hacerlo sentir aliviado como llevaba ocurriendo hasta ese momento lo llenaba de una sensación de culpabilidad pues quizá eso le ocasionaría más de una molestia al rubio. La forma humana de un manakete era frágil, quizá en compensación al tremendo poder que poseen en su otra forma... sea la razón que fuese esperaba no ser una carga. Se dio a la tarea de poner los vegetales que hervía en un cuenco y, soplando para enfriarlos más rápidamente se dio a la tarea de consumir su almuerzo. No era mucho lo que había en el pequeño caldero más que agua y algunas verduras aderezadas con raíces secas por lo que termino en relativamente poco tiempo. Apago el fuego con el agua restante de la olla asegurándose de que quedase totalmente extinta para que no fuera a causar algún incendio y guardo todas sus cosas en su alforraja de viaje.

- Todo está muy tranquilo en este lugar.... pero por alguna razón no se siente igual a la comarca oculta -

Reflexiono un poco mientras esperaba por el regreso de la garza, perdiendo su mirada en el amplio cielo que ofrecía el panorama de Goldoa. Mentiría si dijera que no les tenía miedo a los dragones terrenales pues en todos los libros en los que aparecían los ponían siempre como lagartos gigantes y cegados por la sed de sangre. Normalmente no se tomaría tan enserio esa información de no ser porque su padre mismo le había relatado historias sobre las brutales batallas que llegaron a tener en el pasado con el clan de los dragones sagrados, manaketes todos ellos. Por tanto tenía razones de sobra para estar tenso y nervioso tomando en cuenta que supuestamente había venido a verlos pues era portador de dos criaturas distintas que estuvieron en guerra con ellos y, ya que su padre le relataba los acontecimientos como "recuerdos de su juventud" adivinaba que habría dragones en esas tierras que activamente fuesen los sobrevivientes de aquellas épocas y aun estuviesen resentidos con su padre. No paso mucho tiempo hasta que Reyson estuvo de vuelta y, contagiado por los ánimos que mostraba el rubio Kija se puso de pie con una amplia sonrisa en el rostro.

- Todo listo por aquí también así que podemos partir en cuanto usted lo diga -

Comento el manakete poniéndose en marcha en cuanto su compañero marcara el rumbo a seguir a partir de allí. Kija procuraba cuidar sus pasos pues su calzado no estaba hecho para atravesar ese tipo de terreno y el desgaste en estos era muy notorio al igual que en sus ropas, sin embargo el albino se notaba mucho mejor que antes de haberse re encontrado con su amigo alado pues tenía los ánimos en alto por la emoción que le provocaba aquella excursión improvisada.

- Esto... señor Reyson, usted ha conocido a los dragones de Goldoa?. Tengo entendido que son lo que en Akaneia conocemos como dragones terrenales y no he escuchado cosas muy favorables sobre ellos realmente. A-aun que bueno, igualmente supongo que no todas las historias han de ser ciertas... verdad? -

Tenía que expresar su preocupación al respecto aun que estaba seguro que la respuesta tarde o temprano llegaría, por otra parte le interesaba en gran medida el conocer un punto de vista ajeno al humano. Al final nada era seguro tomando en cuenta lo amplio que era el mundo y lo que para unos es aterrador e incomprendido para otros era todo lo contrario, sabia aquella verdad de primera mano después de todo.
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Reyson el Dom Jun 26, 2016 4:37 pm

Le alegraba ver a su amigo en mejor estado, encontrándolo habiendo ya recogido sus pertenencias y listo para emprender la caminata. Su mirada tenía mejor aspecto, inclusive. Realmente le tomaba gusto a tener ojos vueltos hacia él en admiración, con el manakete de tanto en tanto se volvía inevitable, así como el toque de culpa por disfrutarlo tanto como lo hacía. Igualmente, ver reacciones de admiración o de emoción en él le alegraba en general, puesto que mostraba que la vivacidad podía regresar a él, era una señal optimista. ¿Era el instinto arqueólogo de Kija surgiendo otra vez? Quizás por eso le ponía tan alegre un paseo. Como fuera, era un progreso y le alegraba.

Los pies de la garza tocaron el suelo, descendiendo sin sonido alguno frente a Kija. Era consciente de que tendrían que andar con los pies, aún si ambos eran criaturas voladoras y a Reyson francamente le desagradase caminar. No podría cargar al manakete por los aires aunque deseara hacerlo. No obstante, el paisaje de Goldoa le era agradable y suponía que, por una vez, no le molestaría tanto una caminata breve. Por el momento, plegó sus alas a su espalda al tomar lugar junto al albino, caminando a su lado para guiar con soltura la ruta. Aunque su estatura y contextura no difiriese mucho de la ajena, dobladas, sus alas quedaban en un arco cerrado y alto, engrandeciendo su silueta. Le guió por la vía que desde las alturas había elegido, caminando ligero e insonoro, cuidadoso pues su ropa tampoco estaba hecha ni para apoyar los pies mucho en el suelo, ni para enfrentar cómodamente las imperfecciones en este.

- Estamos en Goldoa, por supuesto que conozco a los habitantes de aquí. Incluive a su familia real. El príncipe de Goldoa tanto como sus guardaespaldas son cercanos amigos míos. ¿Pasa algo con ellos? - La pregunta fue un poco tensa; no pudo evitarlo. No se trataba de algo personal para con Kija, sino ciertas sospechas respecto al origen de su pregunta. ¡Había estado tanto entre humanos! ¿Quien sabía qué ideas habían puesto en su cabeza? Le desagradaba pensarlo, pero estaba en perfectas condiciones de desmentir cualquier cosa. Suspiró audiblemente. - No podría decir qué esté sorprendido, se dice mucho sobre todos nosotros... me imagino que inclusive de los manaketes, han de encontrar algo que rumorear. Pero vamos, alguien como tú no puede estar temeroso respecto a los dragones, ¿no? - Intentó cambiar el ambiente en torno al asunto con una sonrisa y una ceja arqueada, cuestionando con un tono algo divertido. Kija era un dragón también, ni siquiera por diferencias de especie parecía razonable que les temiese; y era miedo, exactamente, lo que le parecía que había mostrado. Intentó no tomárselo demasiado a pecho.

- No te apartes de mi. No hallarás nada peligroso por aquí, pero será mejor que permanezcas cerca. - Avisó, rozando la mano escamada del manakete con sus dedos, al guiarle fuera del camino marcado en el ascenso montañoso, llevándole más bien entre los árboles, donde el terreno tomaba una inclinación bastante marcada hacia arriba. Sí, irían colina arriba, tan colina arriba que Reyson alzaba las rodillas un tanto al ir, estirando sus alas un poco tras de sí para mantener su equilibrio. No era lo más cómodo, paro con un suave aleteo él siempre podía impulsarse un poco, y era el camino que necesitaba tomar para llevarle sin largos rodeos al sitio que había elegido. - Siendo que viniste a sus puertas, a su reino, es de esperarse que te encuentres con varios dragones. Pero descuida, por ahora, no te estoy llevando hacia la ciudad, así que es posible que no veas a ninguno de ellos. Sólo vamos... por aquí... y un poco más alto... -

Se afirmó a los troncos de los árboles que crecían inclinados y torcidos en la escalada, a modo de adelantarse con más facilidad. Un par de veces volvió la vista a Kija, pausando si quedaba atrás, aunque suponía que si él era capaz no habría motivo para que el albino no lo fuese. Después de todo, el sitio que había elegido quedaba apenas subiendo esa parte de la montaña. Un lugar tan alto que las aves de cacería estarían gustosas de anidar allí. Tomó un respiro profundo y lo soltó con algo de pesadez, desacostumbrado a cualquier esfuerzo físico que no fuese el de volar. No era nada fácil. Creía que se hartaría bastante rápido y posiblemente terminase resignándose a volar, quizás halar a Kija como se pudiera, pero antes de pensarlo dos veces ya había asomado la cabeza fuera de la arboleda, encontrándose de súbito en el sitio correcto entre los picos montañosos.

- Exactamente aquí... ¡por aquí, Kija! Ven. - Llamó por sobre su hombro, ya no fijándose tanto en el manakete, sino en el paisaje que tenía a su alrededor. El viento apartó su cabello con suavidad fuera de su rostro, y la garza pudo admirar a gusto esa vista. 

Desde esa altura, podía verse la costa de la que Kija probablemente había provenido, y más allá, entre la blanca bruma marítima, las siluetas de un enorme conjunto de islas perdidas en la grandeza del mar. - La costa, las islas de Kilvas y Phoenicis, - Murmuró prácticamente para sí, pasando la mirada de un lado al otro. Mirando hacia donde iban en lugar de donde provenían, lo que se hallaba era el descenso de las montañas, así como las amplias planicies de tierra llana, rocosa en algunas partes, que guiaba hacia la ciudadela amurallada. - El palacio real de Goldoa, - Miró un poco más allá, a donde se percibía un descenso de las planicies, aunque no llegaba a verse más. - La vía hacia el mar verde de Gallia, - Agudizó la vista un poco, buscando lo que faltaba. Estaban demasiado lejos como para poder ver el cordón montañoso alrededor de Goldoa bien, pero en algunos puntos del horizonte podía llegar a atisbarse la silueta distante y oscura de alguna parte del mismo. - Y las montañas de la frontera. -
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Kija el Miér Jun 29, 2016 4:52 am

Y comenzaron la marcha. Mas tarde que temprano Kija se dio cuenta que quizá su pregunta había sido algo descortés pues Reyson afirmaba ser un amigo cercano incluso de la familia real de Goldoa. No diría que eso lo tomaba por sorpresa pues al final la garza también era parte de la realeza pero la incertidumbre de estar frente a frente ante los dragones terrenales estando totalmente indefenso llegaba a resultarle intimidante. No obstante aquella sonrisa divertida por parte del rubio lo tranquilizaba en gran medida, sintiendo que por medio de una indirecta le afirmaba que no había nada que temer así que se limitaría a confiar en él y esperar que todo resultara de la mejor manera posible.

Le aliviaba un poco el que no estuviese planeado ver a ningún dragón de momento, no se sentía listo todavía. Que podría decirles?, como comportarse frente a ellos?, se daba cuenta de que efectivamente no sabía absolutamente nada de los llamados laguz aun que en parte era uno de ellos. A parte de la garza no había convivido con ninguno que se denominara así.... quizá con otros mestizos pero con ningún dragón a parte de su padre. Por eso apreciaba mucho lo que estaba haciendo el rubio por él y mostraría su gratitud prestando mucha atención a todo lo que decidiera mostrarle pues estaba seguro que esos conocimientos seguirían prestándole su ayuda aun si Reyson ya no estaba... era un obsequio sumamente valioso de su parte.

El camino hacia arriba era algo complicado pero nada a lo que Kija no estuviese acostumbrado ya pues había viajado bastante siempre en su forma humana, aun así no negaba que estaba ligeramente preocupado por su amigo quien parecía tener problemas para desplazarse si no era volando mas mirando el entusiasmo con el que lo guiaba no se atrevió a decir nada. Aun así, no demoraron mucho tiempo en llegar a la cima del lugar señalado, un sitio tan alto desde el cual se podía apreciar claramente un paisaje único. Los ojos azules del manakete brillaban reflejando la luz del sol mostrando un enorme asombro conforme admiraba cada lugar que le señalaban, las costas lejanas con sus respectivas islas, como el paraje iba cambiando a las tierras llanas de Goldoa y como la ciudad de los dragones se alzaba orgullosa pero sin opacar la belleza natural que la rodeaba. Un verdor impresionante se extendía mas allá de las montañas, un inmenso bosque que tal y como Reyson lo describía parecía un enorme mar de color verde esmeralda. Era en realidad todo un mundo nuevo para el manakete ya acostumbrado a las ciudades humanas, algo que lo hacía sentir pequeño en comparación a todo lo que los rodeaba, su corazón latía con fuerza y el aire puro en las alturas de aquel pico en el que encontraban llenaba gratamente sus pulmones y revolvía su desaliñado cabello blanco que en ese momento era más concretamente de un color grisáceo opaco gracias al tiempo que tenia sin darse una ducha decente.

- Es.... increíble.... me va a costar trabajo hacerle justicia en papel a una vista como esta pero voy a hacer mi mejor intento. Cielos, la arquitectura del palacio real de Goldoa desde aquí ya se ve magnifica, su estructura es solida y se mantiene en sintonía con el ambiente, me pregunto de que la habrán hecho y como se les ocurrió semejante obra maestra, cuantos siglos llevara en pie y si tendrán algún tipo de tallados o mensajes en lenguas antiguas. -

Sentía un escalofrió recorrerle todo el cuerpo pues era costumbre suya el emocionarse por cosas como esas, quizá demasiado en algunas ocasiones. El manakete mestizo le dedico una mirada ilusionada al rubio unos momentos y después siguió contemplando el paisaje intentando memorizar cada detalle que le fuera posible, precia un niño al que le habían dado un juguete nuevo, incapaz de contener las ganas de jugar con él o siquiera esconder su felicidad desbordante.

- Las islas de allá, Kilvas y Phoenicis también son habitadas por dragones?, ha visitado todos estos lugares?, hay mas ciudades como la que rodea el palacio de Goldoa? -

No quería agobiar al rubio son muchas preguntas pero siquiera se daba cuenta de ello y solo se movía de un lugar a otro del pequeño pedazo de tierra que aquel lugar elevado des ofrecía para intentar ver más de lo que obviamente sus ojos le permitían. Por un momento pensó que era una verdadera pena el no poder sobrevolar el lugar, sentir el aire de las alturas bajo sus alas y mecerse suavemente conforme recorría ese amplio paisaje y entre aquellos pensamientos la piedra que Kija portaba al cuello comenzó a brillar de forma muy tenue mas sin la fuerza suficiente para activarse totalmente y llevar a cabo una transformación involuntaria, aun así eso paso desapercibido para el albino quien aparentemente solo buscaba la manera de contemplar mejor el paisaje divagando con infinitas teorías y preguntas respecto a todo aquello.
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Reyson el Mar Jul 05, 2016 9:26 pm

Quitó los ojos del paisaje y se volvió hacia Kija, justo cuando este aparecía para contemplarlo por primera vez. Se quedó allí unos instantes, quieto, sólo observando con una sonrisa divertida las expresiones que pasaban por el rostro del manakete, tan transparente como siempre. Parecía haberse revertido bastante hacia la persona que había sido en su primer encuentro, recuperaba la vivacidad y los ánimos, eso era bueno. Sus ojos brillantes y enormes sonsacaron una pequeña risa de la garza, quien no hizo intento alguno de detenerlo o bajarle la intensidad. Adorable. Así estaba más que bien.

¿Debería contestar sus preguntas? Quería hacerlo, pero a su vez, Kija iba tan emocionado que no estaba muy seguro de si escucharía. Por lo pronto, dio un par de pasos tras él en el reducido espacio de aquella meseta, algo de césped mullido y suave bajo sus pies, algunos desniveles de roca, un par de árboles algo torcidos en la base... había donde acomodarse, pero también bastante con qué tropezar, y no quería que su invitado terminara rodando montaña abajo. Unió sus manos tras su espalda, contento, y sólo le siguió para asegurarse de que no se lastimara de alguna forma.

- Confío en que te agrada lo que ves, entonces. - Comenzó por decir eso, llevando ya una sonrisa inmensamente plácida en los labios. - Goldoa es el reino más antiguo de nuestro mundo. Todo lo que ves, ha estado allí desde tiempos inmemoriales y probablemente esté aún cuando todo lo demás desaparezca. Nadie sino los dragones debió de construir sus edificaciones. El mismo rey dragón es el laguz de mayor edad que nuestras tribus conocen, no sé el número exacto de sus años, pero sé que ha estado aquí desde los tiempos de todos mis ancestros... y no luce tan anciano como podrías pensar. Has de imaginarte que la sabiduría con la que cuenta esta gente es incomparable. - No era su gente o su tribu exactamente, pero podía enorgullecerse al hablar de ellos, por el sólo hecho de tratarse de laguz. Pasó junto a Kija, ladeando la cabeza un poco para volver a ver su rostro, con las largas hebras de cabello dorado cayendo desde su hombro hacia adelante. Quería asegurarse de que prestase atención a cada palabra, pues eran importantes para él y, según consideraba, de utilidad para el manakete.

Todavía lucía exactamente igual de emocionado. El brillo en sus ojos reflejaba un poco la luz que emitía la dragonstone, apenas asomándose por el cuello de la ropa, mas Reyson no pensó nada extraño de ello. Artefactos de ese tipo existían por docenas, seguramente sólo fuese uno que no conocía aún. Alzó la vista al rostro del albino ante sus preguntas, distrayéndose un momento del brillo.

- He estado en todos estos sitios por mucho tiempo, pero no, Goldoa es el único reino dragón. Es muy respetado dentro de la Alianza Laguz, tanto por su antiguedad como por su estabilidad. Verás... hm, ¿por qué no te sientas un momento? - Pidió, echando un vistazo a lo cerca que se habían parado de una escabrosa caída hacia abajo. Tomó no una, sino ambas manos del manakete, pudiendo sujetar una con facilidad y sin lograr cerrar los dedos alrededor de la otra; le jaló suavemente para que se apartara de allí y le acercó a las crecidas y sobresalientes raíces de los árboles, tomando asiento él mismo allí, con la vista hacia la ciudad. Respiró profundo el aire limpio y fresco de las alturas, apretando sus alas contra su espalda para poder reclinarse un poco. - Goldoa, como la ves, es un reino con muchos recursos naturales aún. Además de la ciudad hay algunos poblados, pero Goldoa siempre ha sido... ¿cómo decirlo...? Un sitio mesurado. No se expande donde no requiere, no gasta mucho. Goldoa siempre ha buscado la tranquilidad y la paz. A veces parece inexplicable y yo mismo me he visto enfadado, por su falta de acción ante ciertos hechos del mundo, pero... es como son las cosas. - Hizo una pequeña pausa, poniendo su mirada esmeralda fijamente en los ojos de Kija, pues lo que diría en ese momento era lo que consideraba más importante. - Ser un dragón no significa ser una enorme criatura que respira fuego. Ser un dragón significa ver el mundo a través de la sabiduría de siglos, guardar serenidad y convivir con todo esto que ves a tu alrededor. ¿Por qué deberia ser un dragón algo temible? Claro que pueden defenderse muy bien y no debería nadie enfadarlos, pero las cosas importantes son otras. Como es en cada tribu laguz, imagino que no ha de existir dragón que no se vea a sí mismo y se sienta enorgullecido de ser el guardián de todo esto. -

Sabía que había hablado en extensión, mas en ningún momento se apresuraba. Valía la pena ir parte por parte y dar el detalle que ameritaba. Al terminar, se reclinó un poco más y cruzó una pierna sobre la otra, como acomodándose. No esperaba irse de allí por bastante rato todavía. - Eso es, a resumidas cuentas, lo que sé sobre Goldoa. Si gustas te hablaré de los demás reinos, aunque no soy un completo experto en ninguno de ellos. -
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Kija el Sáb Jul 09, 2016 4:12 am

Asintió suavemente para confirmar que el paisaje ante sus ojos prácticamente le había arrebatado el aliento. Había viajado por muchos lugares pero pocos entornos naturales se encontraban casi tan intactos como los de Goldoa, o por lo menos no tan extensos. El hibrido, normalmente un joven de carácter tranquilo y reservado no podía evitar sentirse feliz y emocionado por todas las cosas nuevas que estaba apreciando en un tiempo tan relativamente corto pues normalmente el descubrir y aprender era una tarea que le tomaba varios días al investigar por su cuenta. Se dejo guiar sin resistencia alguna en cuanto Reyson le tomo de ambas manos para después invitarlo a sentarse en la comodidad del césped a la sombra de un árbol que había logrado crecer sano y fuerte en ese lugar. Todo aquello era un respiro para él pues pocas personas había que lo tratasen con tanta familiaridad en especial tratándose de aquella zarpa recubierta de escamas y garras en cada dedo. Escucho atento sin apartar la mirada un solo instante de su interlocutor, asimilando todo lo que el rubio le decía sobre esas bastas tierras y sus habitantes, los dragones terrenales.

- Ya veo.... los dragones terrenales lograron encontrar su lugar en el mundo y a través de los siglos han sabido vivir en armonía con el entorno que los rodea. Si, definitivamente es algo para sentirse muy orgulloso. De verdad me alegro mucho por ellos. -
Spoiler:

Al decir aquello lo invadió una ligera sensación agridulce, por una parte se sentía genuinamente feliz de que esa raza que sufrió tanto en la época de la plaga como en la guerra que tuvieron contra los humanos hubiese logrado asentarse para tener una vida pacífica, apoyándose unos a otros y viviendo en una comunidad por sosegada que fuera... no es como si pudiera decir lo mismo de los manaketes que se encontraban desperdigados por quien sabe dónde, ocultos de la vista de todos al grado de ser considerados una especie ya extinta. "Un lugar al cual pertenecer", se preguntaba si existía algo así para alguien como él mientras desvió su mirada celeste hacia su brazo derecho, casi como si lo culpase por un momento de todas sus desgracias y extinguiendo el brillo que hasta ese momento tenía su dragonstone. Las palabras de su amigo le habían hecho comprender la nobleza de los dragones y en algún punto su temor se había transformado más que nada en una curiosidad muy prudente. No sabía si el entraba en la categoría aquella, si su propósito en la vida fuese uno tan noble como el que Reyson mencionaba, era mitad humano después de todo.

- Vaya.... si solo hay dragones en Goldoa, quien habita en los demás territorios de la alianza lagos?. Francamente los únicos que conozco son quizá mi padre, usted y un tanguel con el que tuve una experiencia algo.... intensa. Pero si habitan en lugares tan extensos deben ser igualmente numerosos. um... si no es mucha molestia podría hablarme un poco sobre Kilvas y Phoenix?, me llama la atención quien podría habitar en un lugar que incluso desde aquí se ve poco accesible. -

A la lejanía se podían apreciar las islas pero el mar lleno de riscos daba la impresión de que no fuera un lugar seguro para atravesar por mar. Entonces, quien si no los dragones podrían llegar hasta ese lugar?, por un momento fijo su mirada en su compañero y las grandes alas blancas que había en su espalda... el era una garza y no dudaba que el sí que pudiese llegar sin problemas a ese lugar pero según marcaba su viejo diario el rubio le había hablado del trágico destino que sufrieron los de su especie. Cabía la posibilidad de que los habitantes de las islas no pudiesen salir de ellas pero lo descarto recordando que si eran una "alianza" debía ser porque mantenían contacto entre ellas. Kija miro expectante a su compañero esperando que pudiese resolver sus dudas pues entre mas pensaba en ello mas deseaba saber la verdad detrás de todas las teorías y suposiciones que se agrupaban en su cabeza.
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Reyson el Dom Jul 10, 2016 10:50 pm

Miró con curiosidad a su acompañante de ojos claros, muy interesado en la forma que tomase todo eso. Parecía que estaba escuchando todas sus explicaciones y siguiéndole el paso sin problemas. Bien, tenía un aprendiz atento. Le sonrió un poco, contento de oír sus impresiones, aunque no estaba muy seguro de que le sirviesen aún. No era problema, aún quedaba bastante que decirle y mostrarle, creía que algo tendría que serle de utilidad. Esperó a que se acomodase sobre el césped antes de seguir, recuperándose de la escalada al respirar con calma bajo aquel poco de sombra.

Francamente, le sorprendía que fuesen tan pocos los laguz de conocía. ¿Qué clase de vida había estado viviendo...? Entendía que había pasado mucho tiempo con humanos, presumiblemente por elección personal, pero, ¿no era eso estar demasiado aislado de todo? ¿Cómo había vivido tanto tiempo así? Le sorprendía bastante, aunque no precisamente le molestaba, pues no le era desagradable explicarle lo que faltaba. Al contrario, comenzaba a entretenerle. Era bueno recordar muchas de esas cosas. El sentido de orgullo que evocaba, también, era agradable de sentir. Se alegró de que preguntase precisamente por el hogar de las tribus aves, aquellos que eran más cercanos a Reyson, y mostró en el leve esponjar de sus plumas sobre sus alas lo bien que respondía a ese tema. Aunque no fuera la parte más relacionada con Kija, era su favorita.

- Los dragones no son muchos. Quizás sean tan pocos como los manaketes. Del mismo modo en que un sólo dragón vive muchísimos años, toma un largo tiempo que conciban descendencia, inclusive el embarazo es de años... pueden pasar décadas sin ver a un nuevo dragón nacer, así que continúan siendo pocos. Pero en fin, - Puso la vista él también en las islas asomando entre la bruma, los picos montañosos y riscos de aspecto poco accesible y hasta peligroso, que tanto le gustaban a él. - Sobre Kilvas y Phoenicis... aquellas islas son el hogar de las tribus aves. Los cuervos y halcones, respectivamente. Actualmente, son también mi hogar. - Dijo, alegre de pasar a aquella explicación. - Ni los cuervos ni los halcones son muy similares a las garzas. Son laguz, y como tales, compartimos todos nosotros el respeto por el mundo que nos rodea, especialmente los cielos que habitamos... a las aves jamás les ha preocupado pelear por territorio ni competir en recursos, pues el cielo es infinito y a todos nos corresponde. Sin embargo, sí se trata de razas algo diferentes. A los cuervos les caracteriza su ingenio y adaptabilidad, son pocos, pero les guía el rey que mejor puede cuidar de ellos y aunque a algunos no nos agraden todos sus hábitos, pues no se apegan totalmente a lo tradicional... son criaturas admirables. - Esa era la forma en que él mismo se hacía paz con el tema. Los cuervos eran quienes habían aprendido mejor a adaptarse al mundo, lamentablemente eso había implicado relacionarse bastante con los humanos que vivían fuera de la Alianza, pero no era necesariamente malo. - Los halcones, por otro lado... les caracteriza su fuerza y sentido del honor. Les guía un rey que es el más fuerte entre ellos y velan por proteger a los suyos incansablemente. Eso no sólo incluye a la tribu halcón, sino todos los que reconozcan como hermanos. Creo que son quienes más podrían decir sobre orgullo laguz. -

Una nostálgica y distante sonrisa había aparecido en el rostro del rubio a medida que hablaba. Junto sus manos en su regazo y admiró las islas por algunos instantes, recordando detalles, episodios, sucesos... finalmente dio un leve suspiro. - Sí... así es precisamente como se explica que, cuando ocurrió el incidente en Serenes, fue un cuervo quien pudo encontrarme y sacarme de allí... y fue un halcón quien me protegió todo el tiempo, desde entonces. - Intentaba pensar de ello en una luz positiva. Sentirse contento y satisfecho, en lugar de lamentarse por el modo en que las cosas se habían desarrollado. Ya no era el momento para tristeza, menos cuando le hablaba de las razas a un extranjero. Y faltaba sólo una. Reyson apuntó al espacio verde en el horizonte, sin límite definido ni nada más nítido que apuntar en esa distancia. Continuó con la voz tranquila y melodiosa de siempre. - El último sería el reino de Gallia. Allí conviven las tribus felinas: tigres y gatos, liderados por los leones de la familia real. Son criaturas organizadas y cooperativas, regidas en gran medida por tradiciones, reglas y procedimientos muy antiguos. De alguna forma... son quienes mejor han podido llevarse con la raza humana. Les han permitido a algunos beorc vivir en su territorio, siempre y cuando se apeguen a sus códigos y respeten la cultura de Gallia. Esas serían todas las tribus laguz de la Alianza, Kija. -

Finalizada la explicación, se volvió nuevamente hacia el manakete, esperando haber retenido su atención durante todo eso. A veces veía un brillo cerca de él y a veces no, comenzaba a ser realmente distrayente, pero no terminaba de entenderlo así que tampoco sabía bien cómo indagar. Por lo pronto sólo le vio con interés, ladeando la cabeza un poco. El viento continuaba soplando y moviendo levemente su cabello, mas sólo necesitaba volver a acomodarlo tras su oído para que no se hiciese un problema. Se excusó finalmente, y con una breve risa. - Sé que ha sido algo extenso. Espero no haberte aburrido con esto, pero creo que es exactamente lo que te dará la solución a tu problema. - Dijo. Quizás no pareciese obvio, pero en su mente, lo tenía bastante resuelto. - Así que... ¿qué hay de ti, Kija? ¿Qué podrías decir sobre los manaketes, a un extranjero como yo? ¿Qué define a los tuyos? -
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Kija el Mar Jul 12, 2016 3:11 am

Kija alzo la mirada unos momentos para divisar el cielo mientras escuchaba la explicación que le había solicitado a su amigo sobre aquellas islas misteriosas. Sonaba sencillamente increíble el como criaturas tan diferentes podían convivir de aquella forma, como se complementaban entre sí. Dibujo una amplia sonrisa en cuanto Reyson afirmo que el cielo era para todos pues aquello era tan contundentemente cierto que le sorprendió no haberse percatado antes de ello, menos aun siendo técnicamente una criatura voladora. No sabía cómo eran físicamente esos laguz de los que le hablaba pero en sus viajes sí que había visto halcones y cuervos por montones, intentando visualizar las características que había visto en esos animales y complementándolos con la descripción que el rubio le ofrecía. Por sobre todo, agradeció de sobremanera el que le relatara aquello aun que sabía de sobra que el recuerdo de su gente debía serle doloroso pero, de alguna manera logro entrever cierta felicidad y orgullo por parte de su interlocutor.... seguro era una de esas experiencias agridulces de las que se tienen pocas en la vida. Le alivio de igual manera enterarse que otros laguz, más concretamente los felinos sí que podían llevarse mejor con los humanos, quizá no de la misma manera que el pero eso era ya un rayo de esperanza que le indicaba que quizá, solo quizá podría ser aceptado por ellos sin tantos miramientos, el futuro se antojaba prometedor.

- Son entonces como una gran familia, cierto?. No me sorprende entonces que el ambiente por las cercanías sea tan liviano si todos se llevan así de bien. Oh, y ahora que se donde vive podría visitarlo más a menudo para tomar el té. -

La idea de ir hacia aquellas islas para visitar a su amigo después de conseguir hojas de te exóticas que lograse encontrar en sus viajes le hacía mucha ilusión, incluso podría traer consigo algunas golosinas o galletas para acompañar por si los amigos alados del rubio quisieran unirse. Incluso y ya siendo un poco mas idealista se imaginaba una reunión con toda la alianza laguz hablando de cualquier cosa como una gran familia, pero estaba divagando y de momento debía centrar su atención en lo que Reyson le explicaba.

- Umh... bueno, no creo poder hablar por los manaketes en general ya que solo he visto uno en mi vida y era mi padre. Me ha contado unas cuantas cosas pero normalmente cuando le pedía detalles siempre respondía con evasivas. Aun así, le diré todo lo que se sobre el tema. -

Comento Kija haciendo un gesto ligeramente pensativo, escudriñando entre todos esos recuerdos borrosos algo que lograra ser de utilidad, debía plantearse seriamente el escribir igualmente acerca de él y los manaketes para no volver a olvidar detalles importantes pues, mal que le pesara sabia de sobra que aquella no sería la última vez que acabaría siendo golpeado por un relámpago en todos los siglos que le quedasen de vida.

- Para comenzar lo que mas caracteriza a un manakete es la fuerte conexión que tenemos con la naturaleza en general. Es como si el mundo a nuestro alrededor se contactara con nosotros mediante sensaciones o energías. En nuestras formas transformadas presentamos características de esa misma conexión con la naturaleza aun que cada uno la presenta de formas distintas. Mi padre por ejemplo tenia escamas muy similares a ópalos blancos y alas cristalizadas pero igualmente me ha relatado que conocía a otros manaketes con escamas verde brillante y alas que parecían hechas de hojas, algunos incluso llegaban a tener plumas o eran de colores azules como los mares o ríos. Lo que todos compartimos sin excepción es ese brillo prismático que tienen nuestras escamas lo que nos hace bastante resistentes a la magia... o bueno, a la mayoría de ella. -

Relataba el alvino armando poco a poco un perfil general de la raza de su padre, había muchas cosas escritas y otras que su padre le había contado así que procuraba hacer una explicación más completa uniendo las piezas de rompecabezas que ya tenía.

- En su mayoría son criaturas muy pacificas y es normal para ellos buscar un lugar apartado de todo que les resulte cómodo y quedarse inactivos por años, décadas o siglos. Relacionarse con otras criaturas resulta siempre algo.... doloroso más que nada porque viven muy poco así que procuran mantenerse al margen a menos que "algo" mayor los forcé a intervenir... la plaga de los emergidos y el viento aciago es una de ellas por ejemplo. -

No recordaba haber sufrido un dolor más grande que el haber visto desde joven como su madre humana envejecía a pasos agigantados hasta el día en el que finalmente se fue, con el paso del tiempo tuvo que dejar de lado todo eso y comprender que era inevitable, la muerte formaba parte un ciclo natural que no podía ser detenido o interrumpido.... ya no le resultaba doloroso pero el recordarlo siempre le hacía sentir una molesta sensación de soledad, una a la que ya se había acostumbrado demasiado bien.

- Los manaketes también son conocidos por la capacidad de inducirse a sí mismos a un sueño realmente profundo al que llamamos "trance" o "letargo". Este puede durar desde varios días hasta unos tantos siglos y tiene la función de ayudar al manakete a recuperarse de heridas muy serias de forma efectiva, algunos lo hacen para meditar o porque simplemente no quieren que los molesten, por eso actualmente se les considera extintos... puede que haya varios pero la mayoría están ocultos o están dormidos, de hecho es muy probable que mi padre haya decidido tomar una siesta en alguna ruina o cueva y perdiera la noción de cuantos años han pasado desde que me dejo solo en casa. Yo también puedo entrar en estado de letargo, en especial cuando estoy lastimado pero mis siestas no son tan prolongadas, supongo que al ser mitad humano no soporto estar mucho tiempo inactivo. -

Dibujo una pequeña sonrisa en el rostro, recordando lo ultimo característico de su raza aun que tomando en cuenta que el tanguel que conoció también usaba algo similar pensaba que quizá no era ningún secreto para los laguz.

- Según me explico mi padre, hace muchísimo tiempo una plaga azoto a todos los dragones por igual  la cual llamaban "Degeneración", enfermedad que atacaba las mentes de los dragones y los volvía sumamente violentos y agresivos. Curiosamente dicha enfermedad no afectaba a aquellos que tomaban forma humana así que desde entonces el clan de los dragones sagrados guardo su poder dentro de piedras afines a ellos y así nacieron las "Dragonstones". Desde esas fechas los manaketes han sido incapaces de transformarse sin ellas y yo no soy diferente... o bueno, lo era, tal como le he comentado actualmente soy incapaz de hacer que la mía funcione. -

Al decir aquello se quito el colgante del cuello el cual tenía la forma de un dragón hecho de plata que sostenía una piedra con destellos tornasol pero que no brillaba como lo había hecho hasta hace un momento. Kija incluso de lo quito del cuello y se lo extendió al rubio para que pudiera verlo mejor, era algo importante pero confiaba plenamente en Reyson y de todas maneras no es como si pudiese utilizarla de momento.
Spoiler:


- Supongo que es todo lo que podría decirle acerca de los manaketes. Quizá no son tan impresionantes ni unidos como la alianza laguz pero estoy seguro que a su manera tienen una vida tranquila. Ah, espero no haberme extendido mucho, quizá debí resumirlo un poco?.... l-lo lamento de verdad -

Hasta ahora se daba cuenta de que quizá había estado hablando demasiado tiempo coda de la cual quizá no se percato antes debido a que prácticamente tenía una concepto diferente del pasar de las horas o días, aun así esperaba no haber aburrido a su compañero con tanta palabrería.
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Re: Cuando el silencio habla más alto que las palabras [Social][Priv. Reyson]

Mensaje por Reyson el Lun Jul 18, 2016 7:02 pm

Desde ese punto de vista, en la cima de aquella montaña y rodeados del paisaje de la Alianza, tan calmo y natural, Reyson sentía que no habitaba tan mal mundo, después de todo. Al menos esa porción era equilibrada y casi perfecta a sus ojos. El problema era lo que había más allá, en el resto del mundo, con el resto de quienes lo habitaban... pero si enfocaba su vista sólo allí y dejaba que ese paisaje lo calmara, todo parecía bien. Tomar a las personas por quienes se preocupaba, como era Kija, y simplemente ponerlos en ese ambiente mucho más seguro sonaba a una buena forma de proceder. Demasiado realista como para imaginar siquiera que el dragón se quedase allí permanentemente, se conformó con lo que en esos momentos ofrecía. - Me encantaría que visites. Tendrías que resolver aquello sobre volar, claro. No hay muchos otros modos de subir a Phoenicis. - Lo decía en un liviano tono de broma, mas no lo era en absoluto. Pararse en la costa de Phoenicis no llevaba a absolutamente nada, si uno no tenía los medios para alzarse en el aire.

Apoyó sus codos sobre sus rodillas y descansó su mentón sobre sus manos, la mirada vuelta hacia Kija, esperando de él una explicación bastante breve en comparación. Le había quedado claro ya que no tenía amplia experiencia con otros laguz, era de esperarse que no hubiese convivido siquiera en una comunidad completa de manaketes. Nada sorpresivo allí. No obstante, lo poco que tuviese para recordar sobre sus orígenes y su gente era de sumo interés para la garza; su primera lección, realmente, pues él tampoco había conocido manaketes aparte de Kija. Pensando de forma optimista, podía ser el primer paso a que la Alianza Laguz extendiese una mano a otra especie de hermanos. Extender la familia, quizás.

Sonaba como si pudiesen encajar perfectamente, después de todo. Criaturas pacíficas, respetuosas del mundo que les rodeaba, longevas... similares a los dragones en varios sentidos, y más a las garzas en otros. La descripción de ellos le hizo abrir los ojos un poco más ampliamente, asombrado. Manaketes que pareciesen nacidos de las olas, o hechas de la tierra y la vegetación... sonaba bello, sin lugar a dudas. Estaba aprendiendo todo lo que podía, y cuando Kija pausó pensativamente por unos instante, Reyson no tardó en motivarle a seguir. - Continúa, por favor. Estoy escuchando. - Dijo en voz baja, suave, sólo para mostrarle que estaba bien extenderse. Podía hacerse una idea ya bastante buena de cómo vivían esas criaturas. Según lo que Kija explicaba, no sería tan simple encontrar a uno de ellos, pero al menos les comprendía. Para hallar el modo de ayudar a su amigo, eso era todo lo que necesitaba.

Aquel "letargo" que describía, la capacidad de suspender su estado vital, era algo de lo que jamás había oído. Así mismo la gran plaga que describía. Enseguida lo tomó en consideración, ¿tendría algo que ver esa enfermedad, con el hecho de que Kija no pudiese transformarse? Valía la pena pensar en ello, pero no, no creía que lo fuese. No hacía falta pensarlo más que un par de segundos para llegar a esa conclusión. Su poder ya estaba contenido en una dragonstone, Reyson permanecía convencido de que su bloqueo debía ser algo puramente mental. No obstante, no rechazó en absoluto la oportunidad de admirar la piedra de tan curiosas propiedades. La recibió en sus manos con sumo cuidado, sujetándola en su palma e intentando sentir lo que en ella yacía. Usable o no, percibía allí algo que le era completamente nuevo. Resguardó el preciado objeto casi con cariño, y su mirada permaneció en este.

- No, descuida. Es exactamente lo que deseaba saber. Te lo agradezco mucho. - Respondió a las palabras del albino, alzando la piedra dracónica un poco, de modo que la luz de aquellas alturas la alcanzase mejor. El destello jugaba con los colores sobre la superficie curvada de hermosa forma. La garza sonrió al apreciarlo, mirando por sobre la joya a su dueño. - Esta es la piedra que contiene tu capacidad de transformarte, entonces... - Hizo una leve pausa, eligiendo sus palabras. - Lo he comprendido. Ser un manakete no se trata sobre ser poderoso, ni tener la capacidad de agredir a los demás con ese poder, ¿no es así? Se trata de hallar la paz entre un ser y su mundo. Tomar un equilibrio tan absoluto con este, que te transformes en parte de él; espuma marítima, hierba, o piedras preciosas. ¿Por qué, entonces, deberías de temer a asumir la forma real de un manakete...? -

Bajó la piedra un poco. Una de sus manos tomó la ajena, girándola palma arriba para depositar la dragonstone de regreso allí. Serio, mas hablando en una voz tranquila y cuidadosa, Reyson continuó mientras sujetaba la dragonstone contra la mano del otro laguz. - Pienso que ese es el problema que te aqueja respecto a transformarte, mi apreciado Kija. Has usado tu transformación para defenderte y para luchar, y como tal, imagino que la ves como una muestra o un método de poder. Ha de ser algo horrendo. Si yo viese mi transformación de ese modo, tampoco desearía volver a realizarla. - Dijo. Hablaba con completa seguridad, pues aquella era la conclusión a la que había llegado. Era lo que su intuición le indicaba como lo correcto. Miró al manakete a los ojos y siguió. - Pero no es así. Te he hablado del orgullo de las razas laguz porque espero que comprendas lo que significa, para la mayoría de nosotros, tomar esa forma... nuestra verdadera forma. Es una expresión de quienes realmente somos, parte armoniosa de este mundo, habitantes de este cielo, compañeros de nuestros hermanos... cuando tomamos nuestras verdaderas formas, sentimos orgullo. Paz, pues es lo más correcto que existe. Deseo que cuando tú recuperes la capacidad de tomar tu verdadera forma, lo hagas de ese modo, recordando quien eres y tomando orgullo en ello. Eres un manakete, pero no eres la verdadera demostración de la armonía entre un ser y este mundo si no te hayas en tu forma original. -  

Dejó transcurrir un par de momentos, tan sólo sintiendo la leve brisa que corría en aquellas alturas. Comprendía que lo que acababa de decir quizás fuese bastante para procesar, y por ende, no podía hacer más que sonreír pacientemente. Finalmente, bajando un poco la voz, preguntó con cierta esperanza. - ¿Crees que puedas intentarlo de ese modo, en el futuro? -
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