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Between swords and daggers | Chezaek - Campaña Remunerada.

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Between swords and daggers | Chezaek - Campaña Remunerada.

Mensaje por Invitado el Lun Mar 07, 2016 9:38 pm

No había descanso para un guerrero.

Habían desembarcado hacía ya unos días, y ya tenían montado un campamento. No estaba conforme con su propio rendimiento hasta el momento: a falta de hombres, había tenido que asumir más tareas de las que podía, y a falta de brazos armados, había tenido que gastar sus pocos momentos de soledad, de silenciosa noche y tenue resplandor, para combatir a cuanta amenaza osase plantarle partido —todo para que sus hombres pudiesen descansar en paz. El problema de acostumbrar a ser la persona a cargo era que, incluso cuando no lo era, se responsabilizaba por todos de sobremanera, desviviéndose para que presentasen las mejores condiciones. Un soldado sin descanso no era útil en combate —y todo ejército era tan fuerte como el eslabón más débil. No podía darse el lujo de tener eslabones débiles, puntos flojos, pues el enemigo era conocido por aprovechar su fuerza bruta. En un ataque semejante, siempre salían a la luz las debilidades en la defensa, que sucumbía de inmediato al avance enemigo. Una situación así equivalía a ser aniquilados: a perder todo lo que habían conseguido hasta entonces. No, eso no pasaría mientras él estuviese en pie.

Había estado montando guardia desde que habían desembarcado, y ya su cuerpo le reclamaba por semejante esfuerzo: exigía un merecido descanso para sus exhaustos huesos. Pero, ¿cómo podía darse un lujo de esa clase, cuando el enemigo los superaba en números? ¿Cómo podía confiar en que no los atacarían, bajar la guardia y dormitar, cuando el contrario avanzaba implacable sin necesidad de descanso, sin hambre ni fatiga, sin miedo alguno a la muerte? Un general competente con un ejército de esa índole sería imparable. Debía agradecer que carecían de inteligencia, o esa guerra habría estado perdida desde incluso antes de comenzar.

Sin saberlo, se había quedado dormido. Sus ojos habían empezado a cerrarse a últimas horas de la noche, y ahora que el Sol yacía sobre él con todo su esplendor, comenzaba a abrirlos de nuevo. La espalda de dolía, pues un tronco había sido su único respaldo hasta entonces. El suelo lo había contenido como un frío lecho, pero que lo había bienvenido después de tanto tiempo sin verlo. Se levantó con lentitud: la armadura le pesaba, los músculos todavía no terminaban de despertarse, y la vista le jugaba malas pasadas, impregnada de neblina y brillos molestos. La claridad del día le tomaba por sorpresa, ¿cuánto había dormido?

Pero no había sido el Sol quien lo había despertado con sus dorados rayos: había sido el griterío. Sus sentidos se aguzaron de inmediato, y volvió la vista por sobre sus hombros. Los soldados se agrupaban como podían, buscando prepararse para el avance de incontables figuras que se aproximaban. Estaban superados en número. Tomó su escudo y descendió por la colina al trote, empezando a escuchar los gritos de los que sí estaban a cargo. Eran muy claros: Emergidos.

Son demasiados —comenzó a murmurar, mientras se unía a las filas de soldados que se agrupaban. Destacaba, no solo por su porte, sino por la enorme armadura que portaba, junto con un casco rojizo similar a un demonio; alzó su escudo, y su mano se acercó poco a poco a la empuñadura de su espada—. Si nadie tiene un plan, nos van a masacrar. Así que, quienes tengan arco, vayan preparándolo. Los demás, adelante conmigo. Escudos al frente —afirmó, apretando los dientes por debajo del casco. No iban a ganar si no tenían una mejor idea—. Hay que ganar tiempo. —finalizó, poniéndose voluntariamente al frente de todos, el escudo por delante de su cuerpo.

Sería un largo día.
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Re: Between swords and daggers | Chezaek - Campaña Remunerada.

Mensaje por Invitado el Mar Mar 08, 2016 11:49 am

Al parecer, la situación en las ciudades islote de Altea era peor de lo que se había pensado cuando se unió temporalmente al ejército de la alianza. Al principio se le pasó por la cabeza el por qué de contratar a mercenarios y sabuesos cazarecompensas para que formasen parte de un ejército con tanto prestigio como era Altea (al menos de lo que había oído. De Lycia poco podía opinar porque poco sabía, sencillamente), pero al ver que hacía falta más manos con armas que selectividad en sus filas, pudo entender incluso como alguien como él, con sus habilidades especiales, fue contratado y enviado en seguida. A él, las guerras entre reinos como tal le venían dando un poco igual, lo que le había llevado hasta allí había sido el dinero, simple y llanamente, pero también sabía reconocer que para quien pelease por honor y por protección (conceptos que nunca acababa de entender por más que lo pensase) debía de ser algo sumamente importante.

Los emergidos estaban infestando las islas de Altea poco a poco, y cada vez le daban menos coba a las avanzadillas y a las tropas de refuerzos.

Fue por esto, por lo que le fueron a buscar expresamente a la tienda que ocupaba en otro campamento, situado en el puerto contrario de la isla en la que se encontraban. Según algunos escoltas enviados para conocer la situación de los enemigos conforme a los asentamientos de campamentos del ejército de la alianza, se había comunicado que uno de ellos, casi recién formado, iba a ser atacado en breves. No daba tiempo a que llegase un barco con refuerzos para ellos, y los emergidos cortaban cualquier vía de desplazamiento que se pudiera hacer con otro campamento cercano. La única opción era enviar a soldados específicos que pudieran llegar allí rápidamente. Jinetes pegaso, wyverns… o alguien como Chezaek. Resultó ser el único que se encontraba en la misma isla, por lo que podría llegar fácilmente en su ayuda sin que los emergidos se los impidiesen.

Así que ahí estaba él, con una orden muy clara: acude directamente al campamento atacado y ayuda a la compañía a que las tropas enemigas no penetren en la base de operaciones. De lo contrario, se sufrirán grandes pérdidas.

Bueno, era una suerte que a él todo eso le resultase altamente divertido, y más si le enviaban directamente donde iban a empezar a ocurrir sucesos interesantes.

A la mañana siguiente, el sol se alzaba entre gritos y ruidos de acero. El campamento que iba a ser atacado en breves se había levantado sorpresivamente y revuelto con el avistamiento de las fuerzas emergidas aproximándose peligrosamente a su objetivo. Docenas de soldados se encontraban en pánico, pero este no era nada comparado a sus ansias de supervivencia, por lo que ya se encontraban en formación y agarrados firmemente a sus preciadas armas, que quizá les permitirían sobrevivir un día más en aquellas condiciones. En medio de todo el tumulto, había un hombre que parecía ser el líder (y de no serlo así, ejercía muy bien de ello) por lo que Cheza decidió que sería a él a quien se mostraría.

De pronto, frente a la compañía y el hombre en pose de defensa, preparado para la contienda que se avecinaba en cuestión de minutos, una gran bestia negra apareció derrapando y levantando polvo, como si hubiese venido corriendo sin descanso. Era grande, con garras, largas orejas de conejo y ojos rojos brillantes, tan penetrantes como cualquier lanza de acero. De haber sido encontrado en la oscuridad de un bosque, podría haber pasado perfectamente por una criatura procedente del poder del mismo Grima. Pero aquel, era un taguel en su forma primaria. Era Chezaek que había corrido por horas en la noche, habiendo llegado justo en el momento justo para poder prestar su ayuda contra las tropas que se iban aproximando.

Una voz reverberante pero extrañamente sardónica procedió de Chezaek, mientras miraba intensamente al hombre al frente del escudo.— Aquí ha venido tu caballería. ¿…O debería decir “conijería”?
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Re: Between swords and daggers | Chezaek - Campaña Remunerada.

Mensaje por Invitado el Miér Mar 09, 2016 8:13 pm

Incluso ante esa extraña visión, no retrocedió.

Incluso aunque la primera línea de defensa dio un paso atrás, él no retrocedió; todo lo contrario, se aferró al suelo con los pies, listo para contener cualquier ataque que se le fuese lanzado. No sabía si la nueva criatura que entraba al combate era aliada o enemiga: pero, y bien lo sabía por experiencia, la primera reacción ante cualquier novedad debía de ser una defensiva. Nunca se podía confiar a la suerte el bienestar propio, y mucho menos en una situación como aquella, donde la vida, no solo propia, sino ajena, dependía enteramente de las decisiones a tomar.

Los demás soldados se alejaron unos pasos, en parte presos del pánico anterior; ver tanta cantidad de emergidos podía hacer mella en el temple de cualquier hombre, pero la idea de que éstos fueran comandados por una enorme bestia salida de lo más profundo del reino de Grima era, en todo aspecto, infinitamente más atemorizante. Sin darse cuenta, tenía ya la mano en la empuñadura de su espada, aunque ésta dormitaba aún en su funda. Si no era enemigo, no quería tentarle a cambiar de opinión. Tuvo que bajar la cabeza y ocultarse tras la parte superior del escudo para evitar el polvo que su marcha había provocado, pero tras eso, clavó sus ojos en el contrario. Realmente no creía conocer uno en una situación semejante, pero tampoco estaba seguro si quería hacerlo.

¿Caballería? —musitó, soltando un poco el agarre de la empuñadura de su espada; no parecería necesitarla, al menos hasta que los Emergidos se acercasen más—. Te hace falta un jinete, entonces.

Miró por encima de él; los Emergidos se agrupaban, apilándose uno encima del otro, sedientos de la sangre de sus enemigos. No pensaban estrategias, no razonaban ni contemplaban las consecuencias de tal ataque: no temían al dolor o a la muerte, y lo único para lo que tenían habilidad era para blandir la espada. Ellos eran más inteligentes, y hasta quizá más habilidosos, pero les faltaban soldados. Quizá, y tan solo quizá, si lograban causar suficiente disrupción en las filas enemigas...

Oye, mi conejil aliado —empezó, esta vez cambiando su vista de objetivo, clavando sus amarillentos ojos en los rojizos contrarios—. ¿Quieres conseguir un jinete y cometer una locura? —propuso; su vista, un poco más preocupada, analizando las posibilidades—. Hay que romper sus filas. Pero, si logramos hacerlo, quizá tengamos una posibilidad de salir vivos de aquí. —finalizó.

Los soldados habían vuelto a sus posiciones, aunque estaban tan alertas de los Emergidos como del enorme conejo que ahora se postraba ante ellos: todavía no confiaban en que fuese un aliado, y a decir verdad, el propio general tenía sus dudas. Pero prefería dejarse llevar por la única idea que podía unirlos, la de sobrevivir, y rogar eso fuese suficiente para que combatiesen del mismo lado, aunque fuese únicamente por esa ocasión.

Se limitó a observarlo; lo cierto era que la complexión que tenía podía ser engañosa, pero se preguntaba si podría soportar su peso. No era la persona a cargo, pero a falta de una, la responsabilidad de ser el primero en cargar recaía sobre él —una responsabilidad que estaba más que listo para afrontar. El problema era que, si su aliado no estaba en óptimas condiciones, podía terminar en medio de un batallón de Emergidos, sin otro compañero que su espada y su escudo, rogando su armadura fuese suficiente para dejarle cargarse a un par antes de abandonar este mundo.

¿Qué respondes? —preguntó, esta vez usando un tono más directo. El tiempo se les acababa, y las ideas posibles cada vez eran menos probables de realizar; las soluciones se convertían cada vez más en promesas vacías, y el problema se acrecentaba a cada momento que se mantenían exánimes—. Quizá no sean demasiado inteligentes, pero compensan con fuerza bruta —aclaró. Ni siquiera el conejo podría argumentar en contra a eso: sin importar cuán bravo o poderoso fuera, ser sobrepasado cien a uno siempre terminaba mal para ese soldado solitario—. ¿Entonces? ¿Cargaremos hacia la victoria? —finalizó, esbozando por primera vez una sonrisa divertida.

Estaba a punto de cabalgar un conejo hacia la gloria.
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Re: Between swords and daggers | Chezaek - Campaña Remunerada.

Mensaje por Invitado el Jue Mar 10, 2016 3:28 pm

Tuvo que admitir que le hizo bastante gracia que la primera línea de defensa del campamento, los hombres que había tras aquel general, se asustaran de su repentina presencia ante ellos. Sí, sí, sabía que ahora no era momento de regodearse en eso de asustar a los demás porque estaban pasando otras cosas más “importantes”, pero es que le encantaba la reacción que inspiraba en los demás cada vez que le veían. No fue el caso del hombre al frente, claro, que más bien adoptó una pose más defensiva por si a Cheza se le ocurría atacar. Al menos era listo, y responsable, algo que al taguel le faltaba… bastante.

¿Jinete? ¿Es que has visto alguna vez a una montura que hable?. —La voz reverberante sonó de nuevo desde al animal y casi pareció reír divertido ante la sola idea de ello. Eso sí, podría ser mejor montura que cualquier bichejo que pudiera existir por ahí; más rápido, más grácil… ¡y más bonito, por supuesto! Pero el sonido de una compañía acercándose le hizo alzar ligeramente esas orejas largas, mirando hacia la dirección de donde provenía el ruido. Vaaaya, sí que estaban desesperados por atacar. Desde luego, de no tener una buena línea defensiva, destrozarían sin dudar el campamento. Ahora entendía bastante porque le habían dado esas órdenes urgentes de última hora. — ¿Uh? —Su cabeza y sus ojos rojos y brillantes se concentraron de nuevo en el hombre del escudo que le hablaba. — No sé si necesito conseguir jinete pero… ¡¡Me encantan las locuras!!

A él lo que le preocupaba es que aquello fuese exitoso y le pagasen. Lo de salir vivo no le preocupaba, porque si no salía, al menos no le preocuparía si no le acababan pagando. ¡Eran cosas que pasaba! Pero al parecer el hombre del escudo quería vivir y, bueno, él quería divertirse de verdad. Si se moría, no podría disfrutarlo como tocaba.

Nunca nadie antes se había montado encima suya, como si fuese una montura, pero para todo había una primera vez ¿no? Por su parte, él también observó al general. Uhh, eso tenía pinta de pesar. Pero si lo hacían los caballos, los pegasos y los wyverns, ¿por qué él iba a ser menos? ¡Él era igual de fuerte! O más, si cabía. Esas patas traseras tan musculosas no las tenía nadie. ¡Y a base de zanahorias!

Mh, mientras no me claves la armadura, que soy sensible, ¿por qué no? ¡Soy mucho más veloz que cualquier caballo! Eso sí, cuando me pruebes, no vas a querer tener a otra montura nunca. Así de bueno soy. ¿Estás listo para eso? —Volvió a dejar salir de él una risa, pero esta vez algo más socarrona, mientras se posicionaba hacia los emergidos que lentamente, se iban acercando. Los arqueros ya se estaban preparando para cargar. — ¡¡Vayamos hacia la victoria!! ¡¡Larga vida a los conejos montura de batalla!! ¡¡Poder tagueeeel!!
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Re: Between swords and daggers | Chezaek - Campaña Remunerada.

Mensaje por Invitado el Jue Mar 24, 2016 5:28 am

No estaba del todo seguro qué era lo que le preocupaba más: el hecho de que una bestia gigante hubiese aparecido frente a él, o que sus hombres se hubiesen retraído a la mínima visión de inminente peligro. El código que a él lo movía le impedía retroceder: en todo caso, le urgía a avanzar. Alzar el escudo, plantar los pies en la tierra, y detener al enemigo hasta que el último de los alientos se le fuese arrebatado: hasta que la llama que refulgía dentro de su cuerpo se extinguiese, hasta que el último de los pensamientos fuese acallado y el silencio se sobrepusiese a sus clamores de guerra. Se vio tentado a mirar por sobre su hombro, a quejarse de la falta de valía de aquellos a quienes confiaba su vida, pero él no era quien estaba a cargo: tan solo era un soldado más, uno que parecía saber lo que hacía, a diferencia del resto.

No una que hable —dijo. Tenía un punto: las bestias no hablaban, al menos no en un idioma que ellos fuesen capaz de comprender; sin embargo, si la bestia misma se consideraba una montura, él no habría de desestimarla como tal—. Pero toda montura, hable o no, necesita de un jinete. —repuso. Esta vez, la razón recaía en el propio argumento.

Dudaba de la estabilidad psicológica contraria, pero llegado el caso, también empezaba a dudar de la propia: estaba ofreciéndose a cabalgar una bestia gigante, total y absolutamente desconocida, directo al corazón de la formación de Emergidos, con la esperanza de no morir en el intento. Nada tenía sentido en su mente, pero los interminables gritos enemigos acallaban cualquier noción de cordura que pudiese quedarle: en un atisbo de sanidad, supuso que aquella era la única opción viable —o, aún peor, la única que tenían.

Muchas palabras, ya veremos qué tanto es cierto —dijo, acercándose a la bestia. Tenía que subirse a su lomo, por lo que esperó el contrario se dispusiese a ello antes de acomodarse. Su armadura pesaba la mitad de lo que él; el escudo y la espada añadían un poco más. Ciertamente sentiría su presencia, de eso no cabía duda alguna—. ¡Hoy, cargaremos hacia la victoria! ¡Hoy, nos ganaremos nuestra gloria! —levantó el escudo, y rogó el taguel se levantase en dos patas para que aquello fuese aún más épico. Quizá hasta podría hacer soniditos de conejo.

Los soldados se agruparon a su alrededor; serían los caballeros, los primeros en cargar, la primera línea de ataque que se encargaría de penetrar las defensas contrarias. Su tarea era el crear casos: entretener a aquellos insensatos guerreros, distraerlos de sus verdaderos objetivos (si es que realmente entendían lo que era un objetivo), y dejar que los arqueros acribillasen a las formaciones que se agrupasen detrás. Serían un muro de escudos, detrás del cual llovería muerte. Tan solo esperaba que, al momento de que los arcos se tensasen, las flechas fuesen soltadas y el cielo se tiñese de negro, no estuviese del lado equivocado de la muralla, o toda aquella idea terminaría teniéndolo a él como una baja colateral. No estaba dispuesto a morir a causa de su propio plan, al menos no aquel día.

¡Vamos, conejo de batalla! —se aferró al lomo, esperando no caerse; se encorvó hacia adelante, adoptando una posición apropiada para resistir grandes velocidades y para, luego de alcanzar el corazón del enemigo, bajarse con rapidez y reanudar el combate—. Demuéstrame qué tan rápido puedes llegar a ser. —le retó, aferrando su mano alrededor del gran escudo.

Las filas de Emergidos tenían muchas brechas; no avanzaban de forma uniforme, sino que se veían tentados por la idea de conseguir sangre fresca, de cortar y rasgar, de destruir a cuanta cosa se cruzase por delante. Gracias a ello, les sería fácil distraerlos: el problema yacía en que, si se metían en medio del enemigo, todo Emergido en kilómetro a la redonda querría matarlos, como bichos atraídos por una enorme luz conejil. Sin embargo, en cierto sentido, eso era justo lo que querían. Cargarían a toda velocidad, y cuando por fin su improvisado compañero se detuviese, sería él quien se movería; plantaría los pies en la tierra, y con el escudo por delante, buscaría reagrupar a los soldados de a pie que fuesen llegando. Pero todo era teoría: la práctica era apenas un misterio.
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Re: Between swords and daggers | Chezaek - Campaña Remunerada.

Mensaje por Invitado el Mar Abr 05, 2016 7:35 pm

No sabía por qué se había creído el hecho de que realmente fuese una montura. Chezaek solo estaba siendo lo más irónico que se le ocurrió en ese instante pero no sabía si era por la situación o porque el hombre no conocía de aliteraciones (espera, que palabras más rara ¿no? A saber donde la había aprendido antes) que aquello resultó en que pensase que necesitaba un jinete sí o sí. Obviamente él no necesitaba jinete alguno para pelear, iba por su propia cuenta y riesgo siempre, y además, ¿Quién necesitaba a un humano?. Pero en realidad, al taguel le resultaba gracioso y en parte aquello le daba igual, así que si al hombre le hacía ilusión ser un jinete taguel por una vez en su vida, y probablemente el primero, no le iba a quitar esa ilusión. ¿¡Quien era él para hacerlo!? Solo esperaba que no le rompiese la espalda, en cuyo casi tendría que adelgazar unos quilitos.

¡Oh! Así que eres solo un hombre de acción. ¡Ya veo, ya veo! No creo decepcionarte, ¡Espero! —Y si lo hacía, bueno, tampoco es que le quedase demasiado honor. El orgullo ya era otra cosa. Cuando se giró a decir no-se-qué a sus soldados, el esperó ahí de forma un poco extraña porque no estaba nada acostumbrado a esas charlas motivacionales del ejercito. Y pensar que él en realidad iba a formar parte de uno… ser soldado no le habría gustado mucho, la verdad. El conejo se rió con ello y se inclinó un poco para que pudiese subírsele encima. ¡Y realmente sí que pensaba mucho, así que reprimió un leve quejido pero en su lugar salió una risita algo forzada y siniestra. — ¿Eso que me clavas es tu espada o es que te alegras de verme? —No pudo evitar soltar, rompiendo con la solemnidad del momento. — ¡Era broma! ¡Broma! —Luego hubo un pequeño silencio entre ellos. —  …Oh ¡Oh! Que quieres que… vale, vale ¡Ya lo pillo! —Tuvo que encabritarse cual caballo, pero el problema es que él casi se sentó en dos patas y como el hombre no se cogiese bien a él seguramente se caería. ¡Bueno! Problemas de ser una montura primeriza.

Oh, ¿aquello habían sido palabras de desafío hacia su persona? ¿Quería que fuese rápido? Dudaba que pudiese ser TAN rápido como cuando no tenía ninguna carga ultrapesada en su espalda, pero sin embargo a Chezaek le encantaban los retos, y más si eran ligeramente imposibles. Su naturaleza orgullosa de taguel salía a flote en momentos como ese, porque nadie era más rápido que él, sin duda. — Espero que tú sepas agarrarte bien…

Aquello fue lo único que le dijo, segundos después aceleró tanto con sus patas traseras que dejó dos pequeños socavones tras de él, y fue entonces cuando comenzó a correr, adquiriendo desmesuradamente velocidad, nada de poco a poco. Iba a la mitad de la que podía adquirir de cero a cien, pero seguía siendo seguro lo más rápido que aquel hombre había experimentado en su vida. Y no solo eso porque cuando Cheza estuvo muy cerca de ellos, comenzó a saltar, continuamente, sobre cada cabeza de emergido que se encontraba, destrozando al dueño de esta que estaba en su interior de una fuerte y resistente patada y desgarre de sus garras traseras y utilizando la siguiente como amortiguador y repitiendo el proceso.

Para cuando terminó, Cheza aterrizó con una risa divertida y algo desencajada fuera de lugar, en un hueco que los emergido habían dejado entre ellos, y donde el hombre podría desmontar.
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Re: Between swords and daggers | Chezaek - Campaña Remunerada.

Mensaje por Invitado el Mar Abr 26, 2016 3:34 am

Hombre de acción podían ser palabras exageradas: una descripción que no se adhería del todo a lo que el general representaba. Lo suyo era planear las batallas con cautela, buscando quizá no la victoria, sino la menor pérdida de vidas posibles. Era, en todos los casos, el primer en cargar hacia la batalla, y el último en retirarse: su cuerpo era el escudo de la legión, la columna inamovible que avanzaba por entre las filas enemigas creando distracciones para aquellos más diestros que él en el arte de matar hiciesen lo que les correspondía. Y eso era exactamente lo que se disponía a hacer ahora: montar a una bestia aliada y cargar en un acto impensable, una combinación de locura y bravura, directo al corazón de los Emergidos.

Estuvo a punto de hablar, pero parecía que iban a un ritmo totalmente diferente; para cuando él se dispuso a comentar al respecto, la improvisada montura cayó en la cuenta de lo que el general le estaba pidiendo, casi sentándose en dos patas de un momento a otro. De no ser porque se aferró con fuerza al pelaje del animal, hubiese caído: y entonces, de ser un épico rugido de guerra, aquella escena se hubiese convertido primero en un coro de risas, y luego uno de llantos al ver que los Emergidos los masacraban a todos. Muy para su suerte, o luego comprobaría para su desgracia, logró mantenerse encima del taguel.

Bien, creo que esas suficientes teatralidades de momento —murmuró, volviéndose a acomodar encima del conejo gigante—. Aunque aprecio el esfuerzo. —finalizó, como si de alguna forma le estuviese dando ánimos a su primeriza montura.

Supo había metido la pata cuando el contrario entendió sus palabras como un desafío; y si bien no le conocía en absoluto, no necesitaba hacerlo para comprender que desafiar a una bestia enorme a que le demostrase cuán veloz podía llegar a ser, estando él de jinete, no era una buena idea. En absoluto, teniendo en cuenta que el destino de tal carrera era justamente el lugar menos deseado, justo en medio de todos los Emergidos. Debía de admitir que estaba sorprendido: en parte por seguir vivo, por haber logrado aferrarse con suficiente fuerza para no caer, y en parte por la velocidad que su conejil compañero había logrado alcanzar. Más rápido que cualquier caballo, por seguro, y debía de ser más peligroso que cualquiera de los presentes. Agradecía, en cierta forma, tenerlo de aliado, incluso aunque su presencia pudiese incitar cierta discordia entre los propios soldados, desconcertados ante la visión de un taguel transformado.

Lo que no se esperaba eran los saltos; en un momento dado se encontró a sí mismo lejos del suelo, y por encima de las cabezas de los Emergidos. El conejo saltaba con maestría de enemigo en enemigo, acabando con ellos ayudándose de sus poderosas patas y afiladas garras, pero no había utilidad bélica alguna que justificase a sus ojos semejante travesía: no iba a marearse ni caerse, pero era una experiencia que se ahorraría la próxima vez. En otro momento y lugar, en un futuro que ciertamente no sería muy distante, habría de caminar.  Cuando por fin los saltos pararon, y el mundo dejó de dar vueltas frente a sus ojos, se vio apto para bajar. Dio un salto, aterrizando con toda violencia en el suelo con ambas piernas: el impacto provocó tal ruido que muchos de los Emergidos que todavía no habían mostrado interés en la dupla se volvieron, ahora dispuestos a cenarse al conejo y al general. Era una interesante visión, miles de Emergidos acercándose lentamente desde todos los flancos.

Por lo menos no morimos antes de llegar. —afirmó, recuperando su estabilidad en el suelo.

Blandió el escudo por delante de su cuerpo, rompiéndole el rostro al primer Emergido que quiso saborear al general de un escudazo. Escuchó cómo el monstruo soltaba el primer alarido: un grito que no parecía ser enteramente humanos, pero tampoco sonaban enteramente bestiales, como si portasen parte de ambas estirpes dentro de sí. Terminó proporcionándole un derechazo con el escudo a otro Emergido, golpeándole con el borde exterior directo en la tráquea: no sabía si eso era suficiente como para matarlo, pero al menos los mantendría alejados mientras armaba un perímetro. El problema era que debían de hacer tiempo; mientras ellos los distraían, las verdaderas tropas de choque avanzarían por el flanco principal. La idea en papel no era exageradamente descabellada: pero ahora, que se encontraba en medio de infinidad de Emergidos con la vista clavada en él, no supo cómo había aceptado semejante idea.

Bien, poder taguel, adelante. Cuando gustes. —musitó, sarcástico, invitándolo a pelear en vez de saltar por el lugar.
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Re: Between swords and daggers | Chezaek - Campaña Remunerada.

Mensaje por Invitado el Mar Mayo 03, 2016 4:18 pm

A él cuándo le echaban un desafío a la cara, no podía hacer más que ponerse a ello y demostrar que podía. Por naturaleza, por cabezonería… ¿quién sabía? La cosa era que debía de hacerlo.

Así que eso había hecho, correr tanto como el peso en su espalda se lo permitiese y al final había hecho una entrada tan triunfal y perfecta que ni él mismo se lo creía. ¡Eso le enseñaría que tipo de montura de calidad había tenido el honor de montar para aquel envite! Cuando al final cayó al suelo con ambas cuatro patas, dejó que el hombre desmontase y en seguida se puso a moverse para barrer con sus patas traseras a un par de emergidos que estaban lo suficientemente cerca, volviendo a adquirir la posición inicial. Claro que se puso a reír después contra todo pronóstico, escuchando que era lo que le había dicho.

¿Muertos? ¡Si ha sido perfecto! ―La voz del animal salió estruendosa y reverberante, mientras se ponía a dos patas en la espalda del hombre. Necesitaba un pequeño descanso de unos minutos porque la espalda se le resentía de llevar aquella tonelada encima. En serio ¿Qué era lo que le daban de comer a los soldados de ahora? En fin.

Aquello resultó en que su cuerpo se destransformase en pocos segundos, revelando la apariencia humana de largas orejas largas, cola, sonrisa amplia y marcas en la cara que lo calificaban como laguz. Tenía los puños en alto para defenderse y soltar ciertos zarpazos (aunque los puñetazos a los puntos débiles también eran bastante efectivos) a los emergidos que se acercaban demasiado. Un ataque de espada de uno no muy lejos le hizo retroceder un poco, pegando su espada contra el contrario, lo que le hizo reír, sintiendo la adrenalina corriendo por sus cuerpos.

Oh, ¡te lo has aprendido! Pero por cierto, ¡me llamo Chezaek! ―Crujió algo sus nudillos y llevó una mano de nuevo al bolsillo trasero de su pantalón. La piedra empezaba brillar ligeramente con ese color violáceo, pero necesitaba unos momentos para recargarse volver a adquirir su poder. Después de la carrera para llegar a aquel punto y la fuerza que había utilizado para conseguir meter al otro de la armadura justo en medio de las tropas enemigas para distraerlos era normal que necesitase una pequeña pausa. Era mejor que perder su transformación por quedar exhausto, porque era peligroso. Sin embargo, con unos momentos de charla insustancial le bastaba. Aunque predecía que iba a llevarse gritos ¡Y eso que estaba hablando con toda la educación del mundo!.― Tenemos unos momentos antes de que nos cierren, pero al menos nos miran a nosotros. Es lo que querías, ¿no? ¡Oye! ¿Y tú, fortachón? ¿Cómo te llamas?
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Re: Between swords and daggers | Chezaek - Campaña Remunerada.

Mensaje por Eliwood el Jue Jul 14, 2016 7:50 pm

Tema cerrado. 30G a Chezaek.
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- LYCIA -

Clase :
Great Lord

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Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
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Dagas de acero [4]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.

Support :
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Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
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