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Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

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Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Feldsphar el Sáb Mar 05, 2016 11:34 am

No podía decir que sus días consistieran en una serie de rutinas o algo parecido, Feldsphar no tenía ninguna manera de conocer en que día de la semana vivía ni que hora era aproximadamente. Se guiaba por las horas de luz para saber que era hora se encontraba, en el clima para saber más o menos el mes y sus actividades se basaban en satisfacer sus necesidades: ¿Tenía hambre? Entonces debería ir a cazar o pescar. ¿Tenía sueño? En ese caso, se subiría a la copa de un árbol para dormir. No era la mejor vida y probablemente era una manera de sobrevivir bastante rústica pero le gustaba vivir de aquella forma; no conocía ninguna otra forma más.

No había demasiada diferencia entre unos días y los otros; quizás sus actividades eran diferentes pero todo en aquel bosque se encontraba igual. Las zonas se repartían entre los animales que habitaban allí, depredadores unos de otros y después se encontraba el humano; diferente a todos ellos. No parecía ser una presencia intimidadora para ellos, pero probablemente llevaba tantos años viviendo en el bosque que aunque fuera un solo humano en aquel lugar se habían acostumbrado a su presencia. Pero no podía evitar percibir que había algo que estaba fuera de lugar; los animales no se encontraban en las zonas que debían estar y se encontraban más agitados de lo normal. Feldsphar no podía acabar de deducir que era lo que producía a sus amigos animales comportarse de aquella forma.

Ágilmente se movía de una rama a la otra en el árbol en el que se encontraba, cuando estaba en una de las ramas que más le aproximaba al suelo, se sentó en ella y dejó caer su cuerpo hacía abajo, sujetándose con sus piernas para no caer en el suelo yo hacerse daño. El rubio intentaba analizar a su alrededor: no veía nada a su lugar pero podía oír como habían más presencias de lo habitual en el lugar. Debería ir con cuidado: quizás se estaba preocupando demasiado y solo se trataba de un grupo de magos que provinieran de la ciudad pero algo en su interior le decía que era algo malo. Y quizás no tenía los sentidos tan desarrollados como los animales que habitaban allí con él, pero tampoco iba a bajar la guardia. Su misión en la vida era sobrevivir y de momento lo estaba consiguiendo.

Soltó sus piernas de las ramas del árbol, extendiendo los brazos para apoyar sus manos al tocar suelo firme y con una pirueta ponerse en pie sobre el terreno boscoso. Sus ojos rodaron contemplando su alrededor y estuvo unos segundos en silencio para decidir cual era la ruta que debía tomar hasta que se decidió. Pero ir directamente a lo que pensaba que era el peligro no era una idea demasiado buena, pero de todas formas sacó la hacha que tenía envuelta entre pieles en una bolsa improvisada de su hacha, nunca se sabía si tendría que usarla si las cosas se ponían feas. Avanzó con pasos apresurados entre árboles, siguiendo lo que él pensaba que era el núcleo del problema.
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Trombe el Sáb Mar 05, 2016 5:45 pm

En el meridiano de las aguas quedó una estela de transparencia, un leve tiento de acumuladas ondulaciones trazando el trayecto del gran cascarón de madera que carece de buen vino en su bodega. Los marineros se conformaron con las botellas de ron que les ofrecieron los tripulantes como dádivas y gratificaciones, mismos que se mantenían la mayor parte del tiempo en sus camarotes desde el embarque a hora tan matinal. La mayoría de esos comerciantes no habían viajado anteriormente en barcos, y si hoy lo hacían, era porque consideraban los riesgos irrisorios cuando se comparaban con las ganancias que sobresaldrían de sus bolsillos. 

Mientras veían alejarse el puerto, respirando la brisa marina que revolvía el aire y le daba principio al viaje, conversaban con el nudoso y barbudo capitán la naturaleza vital de la mercancía con la que habían embarcado. Recalcar y asegurar dicha importancia para evitar por todas las vías los posibles accidentes que pudieren acaecer en el transcurso del viaje. No tanto por el peligro que representaría para sus vidas, sino por el funesto golpe que sería propinado en sus bolsillos. Muchos de ellos eran parte del mismo gremio de comerciantes, y en un colosal esfuerzo habían juntado el dinero para contratar ese barco, convenciéndolo de visitar esas latitudes no del todo civilizadas. 

Usualmente la cantidad de dinero que llegaban a recaudar de su gremio y que lograban sacar de sus rotas calderas determinaba el tipo de transporte, el tipo de mercancía y la cantidad que podrían asegurar para el viaje, mas sin embargo esta vez habían recibido el apoyo de un señor feudal de la religiosa capital de Etruria, lugar de donde habían partido. Los residentes de aquella ciudad eran todos muy devotos, y le daban la mayor parte de su dinero a la Iglesia a través de la recaudación de los impuestos tributarios, claro que este señor feudal no quería que todo el diezmo se quedase en la propia iglesia de la ciudad, por lo que decidió fluir su metálico a distintas regiones que no estuviesen bajo el mismo mandato de las oficinas de la iglesia y no estuviesen sujetas a sus impuestos. Así había decidido extender una relación con los islotes de Durban, gobernados por algunas figuras monárquicas puestas por el mismo gobierno de Etruria. 

Así el grupo de comerciantes había terminado cargando con un documento donde era redactado que su patrocinador les proveería de los bienes que iban a vender, y que un jugoso por ciento de sus ventas se reflejarían directamente de vuelta en su patrocinador, aunque ellos recibirían una ganancia extracontractual por el hecho de llevar, vender las ganancias y traer el dinero. El trato les era tan oportuno que podría hasta compararse con la idea de toparse con una barra de oro en una calle abandonada y empolvada.

Sobre estas expectativas el barco había empezado a buscar distancia en las aguas, teniendo pautado vislumbrar tierra para el día siguiente, o el alba del que seguía. Sin importar el tiempo, la mayoría de ellos se mantendrían enclaustrados en sus dormitorios, tratando de controlar el malestar estomacal que les traía el enervante movimiento del barco que ora iba apresuradamente, sus velas hinchadas por alguna corriente apremiante, y ora acompasadamente, como si las sábanas del trinquete fueran apenas estrujadas por los vientos alisios.

Los días pasaron y el barco siguió balanceándose de lado a lado, y de vez en cuando Trombe, uno de los tripulantes inciertos entre dormir y despertar, filtraba una mirada hacia el cielo por la ventana circular, buscando ese punto abultado y enrojecido que se disputaba el firmamento, calentando el sendero de las nubes somnolientas, asentando el resto del horizonte como las dobladillas de una manta que borda los límites del infinito, y cuan centinela, aunque su trabajo aún no tuviera relevancia, vigilaba la mercancía desde el depósito de carga en cuya oscuridad parecía dormir más a gusto. Había tenido la oportunidad de viajar con anterioridad, por lo que no tenía la mala cara de los demás mercaderes, mas sin embargo no era un recordatorio tan grato como podría esperarse.

El lupino había sido contratado principalmente para proteger a la comitiva de mercaderes de lobos en la cartografía de Sacae, y su trabajo ahora se extendía al de un guardia presencial en todo el transcurso del viaje que pudiera darles su sabiduría, ya que era conocedor de mucho por mucho haber viajado, y además de que tenía cierta facilidad para combatir. Claro, lo que estos desconocían era que en esas horas que aún no amanecía, Trombe traía al descubierto su cabeza, sacando a relucir dos orejas de lobo cuya autenticidad era verificable junto a la frondosa cola que barría suavemente el suelo de madera en que estaba apoyada. Era un Laguz que ocultaba su identidad, como muchos acostumbraban a hacer, y este, sin sentir ninguna hostilidad hacia los Beorc, había hasta fundado una relación de mutua necesidad con ellos. 

Tal vez por eso estaba parado en el puerto, su capucha calada, sus sentidos afilados; porque quería ayudar a sus amigos, no tanto por el pago, o por la aventura que insinuaba el viaje. Trombe tomó su bastón de peregrino y presenció el desembarque en las costas de una de las islas de Durban. Siendo la mercancía una marcada cantidad de armadura, con sus correctos aditamentos de armas y guanteletes, podría entenderse que la mercancía que era enviada tendría un uso bélico. El puerto en si tenía más movimiento del que Trombe hubiera esperado, y al principio se le ocurrió pensar que la ciudad costera estaría teniendo algún festival, mas a partir de lo que veía por el movimiento y la gran cantidad de barcos que estaban abarrotando las aguas, entendía que la gente, y con esta se refiere a los nobles que tienen prioridad sobre la mayoría, estaba saliendo de la isla. Más allá, perdido en la distancia, podía también ver el bosque; y pensó entonces que esa franja de verde ocultaba algo extraño también.
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Invitado el Dom Mar 06, 2016 9:50 pm

"Genial, adoro ser un mandado" pensé con ironía, mientras bajaba del barco en el que había arribado a aquella pequeña ciudad, en aquella también pequeña isla. El barco formaba parte de la armada del ejército, como yo ahora. Hacía poco que me había unido, siguiendo los agradecidos consejos de la reina, y la verdad es que me había adaptado con suma facilidad.

Por supuesto, ser nuevo en algo así comprendía muchas actividades molestas, reservadas únicamente a los "novatos" si bien a mí no me dejaban las más desagradables. No solo porque ya tenía una edad y una experiencia que se notaban a la legua, sino también porque sabía moverme dentro de un grupo así y evitar que la mierda me salpicara.

Pero eso no me había librado de aquella tarea, que consistía en acercarme al linde de la ciudad, que daba al "gran" bosque que ocupaba la mayor parte de la isla, para ir en una pequeña expedición por el mismo, en busca de restos de actividad pirata. Resultaba que hacia no mucho, la propia reina había participado en una caza de piratas que habían acabado en esa isla tras una incursión marítima con los barcos donde se encontraba la soberana.

¿Cuán segura podía estar esa mujer de sus capacidades para hacer algo así? Por lo que había oído, incluso ella misma había ido sola a enfrentarse a aquellos tipos. Pero, sonaba un poco a trola, pues si bien, y tras conocer a esa mujer no dudaba que fuera capaz de algo así, las historias también mencionaban a un "guardián del bosque" que acompaño a su majestad en aquella aventura. Y claro, eso sonaba a cuento, lo quisiera o no, incluyendo también los pocos detalles en general.

Como fuera, debía de pasar los límites de la ciudad y llegar a una cabaña en el comienzo del bosque, donde me esperaría para acompañarme un mago encargado de la zona. Por lo visto aquel tipo se había ofrecido para cuidar el bosque, y además para estudiarlo o algo así. Vete a saber, los magos en general se motivan por cosas muy raras.

"Vaya, cuanta actividad..." pensé, paseando por el puerto en la dirección en la que se me había indicado. La verdad es que había algo de bullicio, y no éramos el único barco que había atracado, si bien había varios que se preparaban para marchar. Quizás comerciantes, u otros empresarios. Bueno, daba igual, tenía algo de curiosidad, pero no era mi asunto ahora mismo.

Así, con paso firme y continuo, me dirigí al borde de la ciudad, tardando apenas unos 15 minutos. Como decía, aquella isla no era muy grande, pero la ciudad ocupaba apenas un pequeño trozo de la misma.

—Joder, esto pica...— murmure, quitándome el casco de infantería y rascándome la cabeza. ¿No os habíais fijado? Como parte del ejército, por supuesto, llevaba ahora el uniforme del mismo. Era bastante sencillo, pero muy funcional. Una armadura oscura y laminada que cubría el torso y la espalda, y otras 4 láminas metálicas que cubrían las caderas y tanto la "vanguardia" como la "retaguardia". También tenía unos cubre-antebrazos de cuero curtido, y unos cubre-gemelos del mismo material. Debajo de todo esto, habían además una camisa y un pantalón de tonos rojo sangre, bastante sueltos, pero ceñidos bien en los protectores. Era sorprendentemente cómodos, si bien no opinaba lo mismo de los calcetines negros con las sandalias apretadas. Prefería unas botas, sin duda. Y el casco. Ohh, que poco me gustaba el casco.

Me lo volví a poner, algo reticente, y observe el linde del bosque. Era algo impresionante, como una muralla de verde y marrón, que separaba un mundo de otro. Pero yo había estado mil y una veces en bosques como aquel, mas aterradores incluso, y por lo tanto, no me daban ninguna sensación particular, ni siquiera cuando me adentre en él. Por suerte, había un pequeño camino por donde había entrado, del que se me había informado previamente, como todo el conocimiento para llegar hasta allí, que señalaba claramente hacia donde estaba la cabaña del mago.

No tarde en llegar a esta, pero mi sorpresa fue palpable al ver que, según me acercaba a la pequeña cabaña de madera, la puerta esta tirada hacia dentro.

—¿Que cojones...?— dije por lo bajo, mientras mi diestra se ceñía en el mango de mi espada, que colgaba de mi cadera izquierda. Me acerque con cuidado, y asegurándome de no oír nada, entre a la cabaña. Estaba totalmente destrozada por dentro, como si un tornado se hubiera colado en la estancia. Había restos de papeles, madera y otras cosas por el suelo. Pero lo que más destacaba, claramente, era el cadáver mutilado en medio de todo aquello. Debía de ser el mago, o eso deduje, pro su túnica hecha jirones. Estaba lleno de cortes por todas partes, lo que había provocado que su vestimenta, de un tono verde claro, acabara manchada de carmesí. Su cara estaba irreconocible.

Aquello no parecía obra de algunos piratas, pues aquel mago debería de haberse podido encargar de algo así, con sus trucos y poderes o algo por el estilo. Pero, más bien, parecía como si una violenta magia se hubiera desatado ahí y hubiera dejado todo como estaba, incluido al muerto hechicero. "Pobre hombre" pensé en un pequeño minuto de silencio interno, mientras me agachaba y tocaba la sangre con dos dedos. Esta se pegó a mis dedos. Parecía fresca, y el cadáver aún no estaba helado, quizás también gracias a la pequeña protección de la vivienda. Eso había pasado allí hacia nada, quizás menos de media hora. ¿Pero, por qué? ¿Que estaba ocurriendo?

Entonces un sonido en el exterior me puso en alerta.

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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Feldsphar el Mar Mar 08, 2016 2:51 pm

Las últimas semanas estaban siendo demasiado ajetreadas y no podía soportarlo en absoluto. No es como si odiase a la gente pero no estaba acostumbrado a tener que tratar con ellos y Feldsphar necesitaba su propio espacio personal, que era evidentemente su bosque, para mantenerse al margen de toda sociedad establecida con sus propias normas. El bosque era su zona de confort, donde podía moverse libremente y en el que se sentía a gusto, a veces tenía que soportar la presencia de algún que otro mago pidiéndole reportes de la situación allí. Pero últimamente la paz parecía haber ido desapareciendo poco a poco. Podría soportar la idea de tener que cumplir las órdenes de los magos superiores de vez en cuando pero aquello le estaba colmando la poca paciencia que tenía.

No le había supuesto mucho problema ayudar a los magos para echar a los piratas del lugar, en cierta medida, porque la presencia de los piratas en el lugar también suponía un problema para él mismo. La cuestión es que esperaba tener algunos días de tranquilidad entre medio antes de que volvieran a aparecer problemas en el bosque, y no fue así; animales agitados y a medida que iba acercándose más a la zona que le provocaba una mala sensación, la situación del frondoso bosque parecía más fuera de lugar que las últimas veces que algo había ido mal allí. Normalmente en lugar de ir con pasos apresurados por el bosque sujetando su hacha con sus manos, preferiría saltar de árbol en árbol para tratar de recaudar información sobre que era lo que parecía ir mal; pero tenía una sensación de que habría una pelea. Quizás solo era pesimista sobre lo que podía ser que produjese que las cosas no fueran bien pero se sentía más protegido si estaba alerta para un ataque..

Entonces pudo reconocer una silueta humana a la lejanía pero no reconocía sus ropajes como un mago de la ciudad. Guardó su hacha entre pieles en la bolsa que colgaba de su espalda y trepó por el tronco del árbol más cercano para saltar de rama en rama, haciendo maniobras de saltos y balanceos con sus piernas y brazos; bien conocía que una caída desde esa altura podía ser peligrosa y herirle bastante, pero estaba acostumbrado a hacer aquello y no tenía miedo alguno. Cuando se acercó más a él, le pareció extraño ver a un solo hombre allí solo. Sujetó sus piernas en una rama y dejó caer el peso de su cuerpo boca abajo delante de aquel desconocido. - ¡Alto! - Se balanceó un poco para caer al suelo y con una pirueta volverse a poner en pie.

Le analizó de pies a cabeza, oh, no era un mago. - ¿Soldado... Durban? - Ladeó un poco la cabeza mostrando confusión pero al cabo de unos segundos se giró en dirección opuesta al escuchar algún sonido desconocido. Eran pasos y por como sonaban no era de una persona o dos, eran un grupo más numeroso que eso, avanzó un poco más en aquella dirección pero parecían estar lejos como para verlos a simple vista. Feldsphar señaló en esa dirección y luego volvió a mirar al soldado. - ¿Habéis venido más?
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Trombe el Jue Mar 10, 2016 8:04 am

A medida que se desplazaban dejando atrás el puerto, Trombe y Fran hormigueaban por las calles bordeadas de casas encaladas, de angostas plazas y numerosos cuarteles comerciales. Cuanto más avanzaban, más se veían recluidos a las sombras que encharcaban el andar de sus pies. Por la luz del sol no podía juzgar que fuera mucho más pasado el mediodía, y la inexistencia de paisanos en continua transición por las calles, o en la tribuna de sus comercios, o serenamente distribuidos dentro de las casas, era ciertamente extraño para el rodaje que se daban esos dos viajeros. 

Trombe compartió una mirada que declaraba resueltamente que algo andaba mal, Fran, un comerciante que daba una falsa sensación de gordura, consintió estrujándose sus bigotes de una forma especial para cuando consideraba algo que le provocaba a una duda. —No va a quedar gente que compre las armaduras si se sigue reduciendo el material humano.— Murmuró Trombe doblando en la próxima calle y viendo que apenas una persona, probablemente un borracho, se estremecía caminando de forma errática sin poner ojos hacia donde se dirigía. En ese instante sintió que hubo un acento extraño en la forma que pronunció la palabra "humano", como si se distanciara de esa taxonomía. Por un momento se preguntó si su compañero lo había notado, mas sin embargo el mismo parecía estar pensando en otras partes de su afirmación. —Si hubiera venido sin preparación para comerciar, esta visión hubiera sido un rudo golpe contra mi corazón.— Replicó Fran echando una carcajada y palmeando a Trombe en la espalda. 

Bordeando una especie de centro comercial donde ahora trataban de fisgar la franquicia del gremio a quien planeaban portear el bagaje armamental, divisaron a una escuadra de soldados parados frente al respectivo lugar. Tenían la escarapela que los identificaba como soldados de Etruria representando la infantería de Durban, y frente a ellos, un hombre parecía discutir algo con el personaje dentro de la casa. —Puede hacer promesas de pago, pero si quiere que incursionemos por esas veredas, debe darnos calzado para caminar por ellas.— Fue por entonces que ambos llegaron frente al lugar, alertando a los soldados que parecían algo apenados de su falta de armadura, ya que solo llevaban un trozo de tela con el símbolo heráldico del ejército, y las variantes de lanza y espada.

—Creo que tengo la respuesta a sus ruegos gentil caballero.— Fran se aproximó a ellos haciendo una reverencia, y mientras lo hacía, los ojos de los presentes sobrevolaban su saludo asaz respetuoso para ver los tres vagones en total que les seguían el paso por las calles, cada uno empujado por un par de caballos. Los vagones no tenían asientos de los conductores, y otro de los comerciantes, Zhak, estaba acostado en la cama del último vagón con una gran sonrisa, mientras que un trabajador contratado en el puerto guiaba cada carro mientras caminaba. 

Cuando presentaron las armaduras, los comerciantes y el representante del señor feudal se enfrascaron en conversación mercantil, contrastando pérdidas y ganancias como si recitaban pasajes de algún libro. Fran le entregó una carta al representante, y este, tras leerla, estrechó su mano y se dirigió al caballero líder de la escuadra, que parecía distraído por la extravagancia de dos caballos por vagón, cuando él, un soldado oficial de la isla, no tenía siquiera un corcel brioso que llamar su monta. —Aquí están vuestros aditamentos. Repártalos entre sus hombres y resuelva este problema, si no quiere empezar a trabajar llevando flores a las tumbas de los emergidos.— El capitán asintió tragándose cualquier réplica que pudo conjurar, y realizó un llamado de atención a sus tropas tras lo cual se enfilaron junto a las carretas. 

—La transacción sucederá cuando verifiquemos la integridad de la mercancía, por ahora la llevarán al campamento.— Con un ademán el hombre los invitó a pasar dentro, seguramente para que esperasen dentro las impresiones de los soldados, mas sin embargo Franz negó con la cabeza mostrándole su mejor sonrisa de mercader ambulante. —Hay una regla tácita de que nadie puede poner manos en mercancía ajena hasta que se complete la transacción, así que si no le molesta, yo y mi acompañante nos uniremos a las filas de soldados para estar presentes cuando suceda el análisis de la mercancía.— Fue una respuesta inesperada; el sujeto pareció darse cuenta de la sorpresa que había exhibido, y tras un ligero carraspeo, concedió con ambas manos. —Ah, por supuesto!— 

Trombe y Fran dejaron las formalidades con Zhak, y montaron el carruaje que ahora era liderado por los soldados de Durban. —¿Hacia dónde queda vuestro campamento?— Preguntó Fran bebiendo del odre que Trombe le alargó. —El campamento está más adelante, en un claro del bosque.— El guardia no esperó una réplica, y Fran no se la dio. —Ah, leche de cabra y ginebra! Ustedes los pastores de ovejas tienen buenos gustos.— Comentó devolviéndole el odre a Trombe, que simplemente sonrió llevándolo a sus labios y dando también un trago de la bebida. —Admito que tiene un sabor nostálgico.— Mencionó él. —¿Te recuerda a tus ovejas?— Trombe carcajeó con ligereza sin acceder ni refutar a la insinuación. 

Tras unos minutos los caballos se habían adentrado a una parte limítrofe y espaciosa del bosque. Las orejas del lupino resaltaron imperceptiblemente de su capucha, escuchando un errático aleteo de aves, como cuando se lanza una piedra a sus nidos. —Oiga, ¿aquí está a salvo?— Preguntó Fran al mismo soldado que interrogó minutos antes. Este, aunque no del todo certero en su respuesta, asintió. —No hay de que preocuparse, ya hemos deslindado esta zona del bosque. Tenemos a algunos hombres diseminados por la zona, y otros más en camino.— Trombe advirtió otro movimiento furtivo entre unos árboles, y dos sentidos eran apenas necesarios para advertir que el bosque palpitaba de una forma inquieta. Algo estaba rompiendo el balance natural, de una forma en la que solo un mismo animal podría advertirlo. —El campamento está más adelante. Ya verá que tenemos todo bajo control.— Trombe observó las llanuras salvajes, el sinfín de tierra sin cultivar, y pensó que ese sujeto no conocía la tierra sobre la que estaba parado. 
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 14, 2016 4:15 am

Mi primera reacción al oír los sonidos procedentes del bosque fue rápida. Pegue mi espalda a la pared de aquella casucha, justo al lado de la puerta y conté hasta 3. Me asegure de seguir escuchando en esos pobres segundos, pero era suficiente. El ruido de fuera era constante, como de ramas y árboles. Leves crujidos y otros más fuertes, junto al mover de hojas. Pero era poco el estruendo. Quien fuera que estuviera afuera haciendo ese ruido, estaba probablemente solo.

Eso fue lo que me hizo arriesgarme a salir, aunque con la mano colocada sobre el mango de mi espada, y habiéndome colocado, previsor, de nuevo el casco. Entonces el ruido se terminó de acercar, y tras una repentina exclamación, de entre los árboles, en concreto de la rama de uno de ellos, salió un muchacho frente a mí.

—¡Uh!—No negare que su entrada, con un pirueta para aterrizar de pie fue bastante llamativa. Tampoco mentiré diciendo que no pegue un leve brinco en cuanto lo vi caer ahí delante de mi ¿Quién podría esperarse algo así, después de todo? El susto estaba bien justificado. Aun así, mantuve la calma y lo mire fijamente, aun alerta.

El joven, de cabellos castaños ¿O eran rubios? -no sabría decirlo con la trémula luz del lugar y el aseo del muchacho- parecía muy joven, un adolescente, y vestía únicamente unos pantalones raídos de tonos oscuros, muy desgastados. Su torso estaba salpicado -o quizás embadurnado sería más correcto- de barro, igual que su cara. A su espalda llevaba una especie de macuto, atado a torso.

No parecía mostrar ningún tipo de hostilidad hacia mí, solo curiosidad, como demostraba su pregunta. De hecho, viéndolo, me acorde de los comentarios de mis compañeros y de lo que había oído. Una de las historias mencionaba que el "Guardián del bosque", el que había estado con su majestad, era un crio salvaje. Era una de las primeras historias que había descartado al respecto, pero, aquel frente a mi cumplía ampliamente con la descripción. De todas formas, aun no estaba seguro de nada. Y menos teniendo en cuenta al mago muerto en la choza.

—Sí, soy un soldado al servicio de Durban.— dije con cautela mientras miraba al chico, aunque algo me decía que no tenía que preocuparme por él. Como mencione, no me transmitía malas vibraciones. En cambio, los ruidos que ahora oía más allá en el bosque, sí. Parecía que se acercaba un gran grupo.

—Se supone que no... Creo que...— mi mente trabaja con velocidad, aun valorando al chico y lo que venía. ¿Había mas grupos de soldados peinando el bosque? Algo me habían dicho al respecto, creo, pero ¿Y qué pasaba con la vivienda destrozada y el mago asesinado? Eso claramente no era obra nuestra... ¿Y si el joven en realidad...? Era una opción, pero...

...Los ruidos se acercaban, y se oían con más claridad. El choque de metal contra metal, me activo la mente. Era un sonido que había oído muy a menudo en mi vida, en especial últimamente. El entrechocar de armas y armaduras, de un grupo numeroso. Mierda.

—¡...Rápido, entra!— le susurre en alto al joven, mientras lo sujetaba del hombro y lo hacia entrar en la cabaña con rapidez, de manera que las paredes de la vivienda nos tapasen de la vista de donde debería de venir aquel grupo. Supuse que el chico protestaría o algo peor, pero, le hice un "Shhh" con el dedo frente a su boca, en un inequívoco gesto de que se callase si intentaba hablar. Entonces, asome la cabeza para ver al exterior. Lo que vi me dejo helado.

No se trataba de un grupo de rufianes o corsarios. Era un pequeño pelotón de soldados. Pero, no de Durban. Reconocía las armaduras y bandera de aquellos que se plantaban cerca de la cabaña. Eran de Altea, donde había tomado mi último trabajo como mercenario. Y precisamente por ese trabajo, sumado a lo ilógico de que se encontraran esos soldados ahí, fue que supe que pasaba. Aquellos no eran verdaderos soldados de Altea. Eran puñeteros emergidos. Algún brillo rojizo ocasional en los ojos de algunos a los que podía ver, y entre la ranura de algunos cascos, me lo confirmo.

Debían ser por lo menos 30, de lo que parecían soldados de infantería. Y estaban formando, ahora, parados frente a la casa. Y delante de ellos, había uno que lucía diferente, sin armadura y vistiendo unos ropajes distinguidos del resto. Sabía que era. Era el atuendo de un mago del ejército del país que "representaban" esos seres.

Un mago. La idea encajo y tomo forma en mi cabeza. Ya sabía que había pasado en esa misma choza, y como había ocurrido aquel "inexplicable" destrozo de la misma y del hechicero que vivía en ella. Oh, aquello pintaba horrible. Y por si fuera poco, mas sonidos parecían venir del bosque ¿Se dirigían aún más emergidos a esa posición? De ser así, si miraban en la cabaña, estaríamos muertos.

Tan centrado estaba en lo que estaba viendo entonces, que casi había olvidado por completo al joven al lado mio.
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Feldsphar el Mar Mar 15, 2016 9:48 am

Cuando escuchó por las palabras del soldado la confirmación de sus sospechas de que evidentemente era un soldado de Durban, el chico se sintió más calmado acerca de las amenazas externas aun si no lograba identificar aquel ruido que indicaba que no eran los dos únicos en el bosque. Últimamente las cosas no se encontraban como debían estar, Feldsphar no podía decir 'ocurre esto y por lo tanto algo anda mal' porque era un simple sentimiento de que las cosas empezarían a ser turbias: y aquello no le gustaba en absoluto. ¿Porque había un soldado de Durban? Simbolizaba la figura de un potencial aliado en el bosque pero también era indicativo de algún hecho en particular que desconocía.

Los ruidos cada vez eran más cercanos y el soldado había balbuceado que en principio no debería haber más como ellos. Escuchaba un ruido acercarse hacía ellos, pero no era un ruido familiar que podía reconocer, estaba alerta por la amenaza que significaba pero debido a que no podía descifrar que era no se sentía del todo preparado a lo que podría ser... ¿otra vez piratas? Si hubiera estado solo probablemente se hubiera asomado entre las copas de los árboles para saber a que se enfrentaba pero no tuvo oportunidad de ello porque antes de que pudiera trepar a uno, el hombre a su lado le había agarrado por el brazo para hacerle mover dentro de la cabaña. Aunque le hizo un gesto para que no hablase en aquel momento, Feldsphar gruñó en desaprobación. No le gustaban las personas, no estaba acostumbrado a ser una persona social, era más bien como un animal salvaje y lo que menos le gustaba es verse obligado a realizar cosas y sobretodo, como en ese caso, verse arrastrado a la fuerza.

Estaba molesto cuando le hicieron entrar a la cabaña, así que durante unos instantes se cruzó de brazos y daba golpes sobre el suelo con su pie desnudo, sin encubrir su evidente mal humor que había aparecido en instantes. Pero le causaba curiosidad ver al otro mirar por las ventanas lo que sucedía en el exterior, Feldsphar se dirigió a la misma ventana que el soldado estaba y lo apartó un poco para que él pudiera ver, se puso un poco de puntillas ya que por su edad todavía era algo bajito. Un montón de soldados, portaban una bandera que no reconocía para nada pero era un gran ejercito sin duda.

Perplejo, continuó mirando por la ventana unos segundos más hasta que se despegó de allí intentando pensar algo. ¡Estaban rodeados! Pero no iba a quedarse allí hasta que decidieran entrar y matarlos, años atrás había admitido que vivir en el bosque era peligroso y que quizás un día se despertaría y moriría allí pero iba a pelear para que eso no ocurriese. - No me quedo aquí. Si quieres pelear, bien. No quieres pelear, yo trepar por el tejado y pelear contra ellos. - Volvió a cruzar los brazos, usando un tono de voz muy serio cuando habló con el soldado. Odiaba la idea de que intrusos estuvieran en su bosque y no podía dejarlos deambular a su antojo por allí. Sentía el bosque como algo 'suyo' y por lo tanto debía protegerlo.
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Trombe el Mar Mar 15, 2016 8:48 pm

—Aún cuando una jauría de lobos tiene una pugna sangrienta, el bosque se ve tranquilo desde la distancia— Su voz resfrió el aire como una brisa fría que a la intemperie barría en un sacudimiento fugaz las crines de los caballos y las pestañas del rostro que bostezaba, para acurrucarse en los oídos indefensos que muchas veces recogían más sonidos de los que estaban dispuestos a recordar. Los guardias, cándidos, se volvieron hacia él; su rostro oscurecido con una expresión que indicaba claramente su seriedad. Entre ellos flotó una vaga complicidad en la confusión que iba tejiendo las reacciones en sus cataduras, y antes de que el coro desafinado de sus voces entonaran la duda, Fran, que había vacilado inicialmente al viento de su mención, asentía con el rostro de un incansable peregrino; sonriendo con una inquietud emboscada en las comisuras del labio. —Si, algo anda mal.— 

En aquél trance mucho de los guardias miraron a su alrededor, balanceando sus miradas en el aire, tratando de atisbar la incongruencia fantasmal que aquejaba al par de comerciantes, mas sin embargo solo los rodeaba la atmósfera del verde vaporoso del bosque, y los dardos solares que calentaban trémulos partes del camino. En una atmósfera tan cargada de electricidad, junto a los caballos que ya parecían advertir el tenue rumor que rugía en la distancia, un pavor verde comenzó a envolver a la compañía que hasta entonces había avanzado incólume. 

El capitán de la escuadra, con una reacción de brusquedad. les indicó que continuaran caminando. Tras un retardo que osciló en una flojedad aprensiva sobre el cuerpo de la mayoría, reiniciaron la marcha llenos de polvorienta altivez. Avanzaron unos doscientos pasos al norte antes de que sobre el lecho de hojas desparramadas por el suelo se escuchara el crujido de otros pies impacientando el camino al andar con los bríos inagotables del viento. El capitán distinguió frente a ellos varios bultos, algunos soldados con vestimentas raídas, otros con heráldicos escudos y flaqueantes banderas; todos ajenos a la tierra sobre la que estaban afirmados. —Soldados de Altea— Así fue que Fran llamó a la masa de cuerpos que cuajaban el camino sonando las armaduras patentizadas por el tomo oscuro que las había resucitado. 

Entre ellos: árboles, luz y sombra desparramada por el movimiento de la copa de los árboles que los encabezaban. A un lado del camino una cabaña no más importante que el árbol junto a ella, pero la mirada del capitán solo rendía para llegar al espacio frente a él. —Soldados, a mi!— Indicó desenvainando su espada, como muchas otras veces, acompañado del rechinar de los metales y un caballo sorprendido por el cambio de la atmósfera. Los guardas, que habían recogido parte del armamento que Trombe y Fran habían traído, fueron a pararse detrás de él en filas. Al reverso de la moneda había un comerciante experimentado que se enfrentaba a esta situación con calma, como si tal reunión bordara con todo lo habitual que ofrecía la vida. —Yo escogí el dinero por sobre la vida, así que no puedo abandonar mi cargamento sin antes haber exprimido unas ganancias, pero tu, Trombe, no debes sentirte aludido por la avaricia que para este que ves pretexta el peligro— El hombre se estrujó con la punta de los dedos uno de sus bigotes, mientras sacaba de su cintura una daga de plata; su más preciada posesión.

—¿Cuál de los dos es más solemne? ¿El soldado que defiende su patria o el comerciante que defiende sus bienes?— Trombe preguntó bajándose de la carreta con un ligero salto, con cuidado de no mostrar sus dotes infrahumanos, mientras Fran escaseaba una pequeña sonrisa. —Chico, no vas a detenerme— Trombe lo interrumpió tirándole el odre con una mano. —Aunque me encuentro menos apremiado, me sostiene un esqueleto y a la vez un contrato. Así que tengo que ser todo lo que puedo ser— Cuando lo dijo ya había golpeado a Fran en el vientre, doblegándolo en la inconsciencia inmediatamente para luego sostenerlo impidiendo que se cayera. Desfiló a uno de los caballos y colocó al hombre acostado en la montura, subiéndose él después para amarrarlo con una soga que había al alcance. Espoleó el caballo y empezaron a cabalgar, y cuando suficiente distancia había sido trazada, se deslizó a un lado y dejó al caballo cabalgando hacia ningún lugar con Fran en la monta. 

Rodó por el suelo, su capucha tirándose para atrás y sus orejas surgiendo de la tela. Su larga cabellera se alborotó rodando por su cara, cubriendo su rostro. Cruzó una mano por encima de su cintura y comenzó a desnudarse, poniendo la ropa en su bulto y colocando el bulto en el cogollo de un árbol. De pronto su cuerpo se retorció relampagueante en un garabato de torsiones que rápidamente finalizaron con el aullar más profundo de su gaznate. Las ráfagas de la melodía penetraron en la atmósfera, y no duró mucho antes de que el lupino cantautor, nacido del follaje verde que lo había ocultado, saliera disparado para morderle el cuello, despedazándole esa carne tersa del cuello al primer emergido que por la vestimenta distinguió en su cercanía. El mismo se derrumbó en un saco de polvo negro que no tardó en dispersarse, antes de que Trombe, sintiendo la proximidad de otro cuerpo, movió con destreza el hocico, atrapando el filo del hierro con su mandíbula y luego arrancándola de su mano para tirarla hacia atrás. Ese también terminó como un montón de polvo para que el aire jugara a los remolinos. Varios de los soldados de Durban lo observaron con un mudo terror en sus gargantas, aunque los emergidos que los combatían sin alterarse, no le daban chance para digerir la visión animal que se apersonaba allí como otro guerrero. Los ojos de Trombe flecharon por doquier al margen de un solo pensamiento: ¿Dónde estaba el siguiente enemigo? 
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Invitado el Sáb Abr 02, 2016 1:32 am

—¿Me tomas el pelo?— dije no creyéndome la situación del todo.

Mi cara al escuchar las palabras del chico fue un auténtico poema. Boca entre abierta y cejas alzadas, en una verdadera y estúpida expresión ¿Que ese chaval quería enfrentarse a todos esos soldados? ¿Era enserio? Su gesto claramente me decía que sí. Varias ideas se me cruzaron por la cabeza en ese instante.

La primera, que el chico esta hasta arriba de sustancias alucinógenas que había ingerido en el bosque, y se pensaba que la mas de una veintena de emergidos allá afuera eran unos lindos conejitos. Bueno, conejitos no, algunos "conejitos" de pelaje oscuro eran absolutamente aterradores, lo sabía por experiencia. Digamos mejor cachorritos. Cachorritos bonitos.

Como fuera, la segunda era que el joven salvaje estaba loco y le tenía un inexistente aprecio a su corta vida. No se me ocurrían muchas más explicaciones para semejante acto suicida. Y algo seguro es que no quería formar parte de el, ni de puta broma.

Pero claro, tampoco quería ver al niño morir contra esos seres. Así pues ¿Cómo persuadirlo de este mas que obvio, prematuro fin, seguramente para ambos? No es que me dejasen mucho tiempo para pensar en una respuesta, por que fuera se armó un alboroto tremebundo ¿Que mierda estaba pasando?

En cuanto mire por la ventana, la cosa quedo clara. Soldados, compañeros de mi ejército, estaban combatiendo contra los emergidos ¿Que hacían ahí? ¿Cuando habían llegado? Ni puñetera idea. Pero ahora sí que solo quedaba elegir la vía de la violencia. En una batalla de esa magnitud, no tardarían en llegar a la caseta, y esta vez, sí que el mejor ataque era una buena defensa. Además, los enemigos no se esperaban un ataque desde ese ángulo, pues combatían en sentido completamente contrario.

Mejor aún, el mago había quedado en la retaguardia, protegido. Pero no de nosotros.

—Vale ¿Quieres pelear?— apunte al mago a través de la ventana, que parecía preparar algo con un tomo entre las manos. Mejor detenerlo antes de que la liara —Pues vamos a acabar con el.— la verdad es que hablaba muy seriamente, pero no me gustaba eso de meter a un niño en algo así, por mucho que pareciera más que dispuesto y no un simple primerizo.

—¿Puedes trepar por los árboles y sorprenderlo desde las alturas? Yo tratare de captar su atención por este lado, y tu tendrás vía libre.— lo mire a los ojos con intensidad y firmeza —¿Te ves capaz?— dije, para estar seguro.

Aquello era un todo o nada, pues si no, podríamos quedar vendidos ante el mago.
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Feldsphar el Sáb Abr 02, 2016 2:06 pm

Alzó una ceja, intentando entender que era a lo que el soldado se refería. - ¿...Pelo? ¿Tomar? - ¿Cómo se tomaba pelo? ¿Y para que iba a querer él pelo? No iba a ayudarles a vencer a los tipos que se encontraban fuera de la cabaña... así que no veía que tenía de especifico preguntar eso. Negó con la cabeza, no tenían tiempo como para perderlo en cosas así. ¡O atacaban o iban a ser atacados! Probablemente.

Los brazos que antes estaban cruzados a la altura de su pecho, ahora estaban descansando en sus caderas mientras esperaba alguna respuesta del otro tipo y una leve sonrisa apareció cuando escuchó un 'vale'. Era un suicidio enfrentarse a todos aquellos enemigos que estaban ahí fuera, y todavía lo sería más si no contaba con ayuda pero con la ayuda de un soldado... ¡Quizás tenía más probabilidades! Así que debía controlarse y no dejarse llevar por los nervios; como la mayoría del tiempo que reaccionaba con pequeños golpes en el suelo con su pie desnudo por estar nervioso o asustado. Sonrió cuando escuchó que iban a acabar con aquel enemigo y el plan que había elaborado. Junto sus manos haciendo un leve ruido cuando se golpearon entre sí y asintió con la cabeza para dar a entender que le parecía un buen plan.

Se asomó por varias ventanas para ver cual era la más segura para trepar rápidamente a un árbol sin que los enemigos los interceptaran durante el proceso, pero no fue hasta el tercer intento que las vistas que veía a través de la ventana le convencieron como para atreverse a salir de allí. Abrió la ventana de una forma apresurada, pero al mismo tiempo segura y se colocó en el marco de esta para impulsarse y saltar hasta la rama del árbol más cercana. Los enemigos se movilizaron para tratar de atacarle pero Feldsphar se balanceó y se movió de rama en rama, camuflándose antes de que los humanos de extrañas miradas pudieran atraparle.

Aprovechaba que estaban en una zona bastante frondosa del bosque debido a que era la parte interna y la espesura de los árboles era un punto a su favor. Estaba bastante elevado pero podía ver el enemigo al que el soldado de Durban le preocupaba. ¡Un mago! Sus manos empezaron a temblar un poco, sabía pocas cosas de fuera del bosque pero siempre había oído que los magos eran superiores así que la magia tenía que ser algo como para asustarse. Pero no era el momento indicado para acobardarse, el alto soldado había dicho que llamaría la atención del enemigo para que él pudiese atacar, así que tenía que confiar en ello. Sacó su hacha de la funda de pieles que llevaba atada en su espalda y estrujó el mango de la hacha durante unos segundos, mirando hacía abajo: su objetivo.

No estaba muy seguro del todo, sobretodo porque si tenía sus manos ocupadas manteniendo el hacha no podría aferrarse a las ramas de los árboles si se equivocaba al saltar encima del enemigo, es por eso que estuvo unos segundos observando los movimientos del enemigo; percatándose que estaba demasiado absorto en su libro como para moverse demasiado. Feldsphar se dejó caer de la rama del árbol y en cuestión de segundos se encontraba encima de la espalda del enemigo, no dudó en ningún instante en clavar con toda la fuerza que él poseía, la hacha entre la espalda del enemigo; quien rápidamente se desplomó en el suelo, desangrándose. Volvió a coger la hacha y se separó del enemigo, adoptando una posición defensiva, intentándose preparar para cualquiera que fuera la acción de los humanos con mirada extraña de su alrededor.

Bueno, por el momento había sido más fácil que cazar un jabalí.
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Trombe el Sáb Abr 02, 2016 6:28 pm

Era uno de esos días perezosos de la primavera; esos días en que el mundo parecía demasiado tranquilo para cosas como los golpes de sangre y la guerra; un día en que cualquiera sólo querría sentarse junto a un río, escuchando el agua correr, haciendo burbujas y salpicaduras de blanca espuma en las rocas sobre las que cuelgan los pies; un día para hablar con los amigos y hacer reminiscencias del pasado. Claro, al fin y al cabo ese no era el caso, puesto que los sonidos que atravesaron el aire y la juntura de las ramas, no eran solo de pajaritos cantores, porque ellos no eran las únicas criaturas en el bosque; ni tampoco los únicos que cantaban en todo su relieve las letras de la canción universal: —Muere!—

El muera era tan profuso como la vegetación era voluptuosa. Grumos de tierra y cardos de hierba se pegaban en las patas del lobo mientras corría. También tendría que hacer nota de las salpicaduras de sangre y la muerte que brillaba en el filo de las armas, como también del polvo en que la sangre de esos seres oscuros cristalizaba. Luego de desmenuzar con un zarpazo el cuello de uno de los emergidos, la succión de su nariz había inhalado ese polvo de forma repentina; como una hojarasca que el aire común del bosque arremolinaba. Trombe olfateó involuntariamente los restos de ese emergido mientras se desintegraba dentro de su hocico.

El viento cambió, flaqueando su pelaje e inflamando el olor abigarrado en su nariz. Era la fragancia de la descomposición; un aroma que quedaría grabado en su memoria; un odor que ni siquiera la muerte podría ausentar. El aroma ahora se fue desvaneciendo en la brisa, y ahora su nariz percibía nuevamente la sangre y los olores del bosque. Estornudó ligeramente y volvió a concentrarse, aunque le aterraba la idea de que los restos de ese emergido aún flotaran dentro de su cuerpo. 

Pensó que había perdido tiempo en ese desliz de su atención, pero la regla de un cazador era que a veces había que sentarse y esperar a que la presa venga por cuenta propia, o en más, ver la presa contorsionarse en otra trampa ajena a su ser. Para Trombe, algo así había sucedido. Entre el viento cambiante, sus ojillos agacelados habían visto los movimientos de un soldado barbudo que al parecer había salido de dentro de la cabaña, y su presencia rápidamente captó la atención de un grupo aglomerado más adelante, entre los cuales resaltaba por su holgada vestidura el respectivo mago. 

¿Acaso iba a atacarlos por su propia cuenta? Era una acción bien intencionada pero demasiado concisa, y aún así el lupino sonrió con los colmillos; lo ayudaría. Con sus patas flexionadas ligeramente bajo su peso, aulló con una potencia que se agrandaba desde su pecho. El sonido cobró una duración inusitada y antes de que la atención de los presentes lograse ubicar el origen de ese estruendo, ya el lobo había reducido la distancia entre ellos. Uno de los emergidos blandió su hacha y luego lo atacó con el envés de esta. Ambos ataques derivaron en el aire, y Trombe lo torpedeó tumbándolo al suelo, y de dos zarpazos y una mordida, le deformó el cuello arrancándole el marchito hálito de la vida. 

Fue entonces que el mago, que desde la seguridad de su lejanía había recitado unos cuantos preceptos de su tomo de magia, produjo un círculo ígneo en sus manos que rápidamente chisporroteó en una poderosa llama que comenzó a tomar una forma esférica hasta salir disparada hacia Trombe. El mismo logró saltar hacia un lado, y la bola de fuego voló errática hasta impactar contra un gran árbol, que parecía un roble añoso, tal vez uno de los primeros del bosque, comenzando a expandir sus llamas por encima de su corteza y sus hojas. 

Como por acto de magia, en ese mismo instante un personaje había descendido desde las alturas para hundir con su aterrizaje el filo de la hacha contra la espalda del mago, que se desplomó en el suelo. Era un niño rubio, en su rostro se veía una especie de tinta que tal vez le servía de camuflaje, y su ropa sugería que vivía en el mismo bosque, o al menos eso quería hacerle creer. Claro, no tendría mucho lugar dónde vivir ya que el árbol que había recibido el impacto del ataque ígneo, ahora estaba rodeado por el halo incandescente de las llamas y esas llamas, por las raíces, el viento y la yerba habían comenzado a extenderse por doquier. 
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Invitado el Lun Abr 11, 2016 11:47 pm

El desconocimiento del joven respecto a la forma coloquial de hablar, era tan inocente, que casi me hacía replantear todo lo que íbamos a hacer. Casi. Pero estábamos metidos ya en aquel berenjenal y solo había una forma de salir de ahí. A espadazo limpio. O hachazo limpio, en el caso del chaval.

Su asentimiento en favor del plan expuesto me pego un poco de su entusiasmo. Quizás aquello acabara saliendo bien y todo.

"Joder, espera ¿Eso ha sido un aullido?" No no no. Era mi imaginación. Seguro. Sigamos con el asunto.

En cuanto el chico empezó a trepar y hacer sus cosas, yo mismo actué con rapidez, antes de que los emergidos lo vieran. Salí de la casa, espada en mano, y adoptando una postura adecuada, clave mi espada en la hendidura del cuello de un emergido despistado, que se desplomo al tiempo que hacia yo un leve esfuerzo para al fin sacar mi espada de sus vertebras superiores...

No me habían visto venir, como había supuesto, aunque si habían visto al chico, a quien habían tratado de atacar en las alturas con algunas lanzas. Por suerte, este supo escabullirse entre las ramas y demás, y yo pude captar mejor la atención de aquellos seres. No tardaron más que unos segundos en atacarme, pero yo ya estaba serio y confiado. Donde mejor sabia moverme, donde más cómodo me encontraba desde hacía años, era en un combate. Y joder, como lo odiaba. Pero ya estaba totalmente listo para defenderme.

Una estocada por aquí, un golpe de lanza por allá... los esquivaba o desviaba con cierta desenvoltura, pese a estar en aquella parte en desventaja, ya que los enemigos aún estaban desconcertados y eran atacados por el otro frente. Aunque eso no duraría mucho. Ni siquiera podía saber si el muchacho había acabado ya con el mago, debido a mi propia lucha.

Sin embargo, eso me dio un poco igual durante unos momentos, debido a algo que casi hacia que me cagara en los pantalones.
Un aullido que casi me deja sordo, en la lejanía, e hizo que estuviera a punto de ganarme un tajo en la cara, reverbero en todo el bosque, e instantes después, la enorme forma de un lobo destrozando el cuello de un emergido frente a mí, fue el causante de aquello.

—¡AHHH.....!—Durante un momento me acojone mucho, no lo voy a negar. No sabía que clase de bestia era ni de donde había salido, pero parecía inteligente. Así lo pude apreciar en un momento, en sus ojos, que aunque fieros, no eran inconscientes.

Y así lo demostró al esquivar una repentina bola de fuego que voló a por él, y que luego se estampo contra un árbol.

"¡El mago! Mierda, el chico..."
cuando me pensaba lo peor, mirando en la dirección de donde había venido la bola de fuego, en lo que parecía una pequeña pausa de todo aquello, vi como justo el muchacho salvaje caía de entre los árboles, y desaparecía sobre el mago. El movimiento en el aire de su hacha ya me confirmo que el mago acababa de morir.

Sin embargo, ahora el puto bosque empezaba a estar en llamas. Por si luchar contra esos seres y el aparecer repentino de aquella bestia no fueran suficientes.
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Feldsphar el Dom Abr 17, 2016 10:01 pm

Se quedó mudo cuando escuchó aquel aullido, Feldsphar era consciente de que existían manadas de lobos en el bosque, desde que tenía memoria que estaban habitando allí por eso podía reconocer la manera en que aullaban y los sentimientos que transmitían en su propio lenguaje pero nunca había escuchado un aullido como ese. Como si realmente no proviniera de un lobo, pero pensando lo rápido que la situación lo requería aquello no tenía ni pies ni cabeza, ¿de qué animal sería un sonido de tal calibre? Y tenía que ocuparse de cosas más importantes en aquel momento. Porque lo que más le molestaba no era que su bosque se hubiera visto invadido nuevamente por gente molesta, sino lo que realmente le dañaba en lo más profundo de su corazón era el fuego.

Entendía que ataques enemigos podrían dañar su amado bosque, y si la manera de solucionar aquello era luchar, el bárbaro no tendría problema alguno en involucrarse en aquella batalla para patearles el culo y echarlos de allí. O matarles si no querían irse, no le gustaba la idea de manchar el bosque con la sangre de aquellos inútiles pero era la única opción viable. Pero cuando vio la bola de fuego impactar contra un árbol y como este caía para provocar que el fuego se extendiera poco a poco por aquella zona, los ojos se le humedecieron y agarró con más fuerza el mango de su hacha. Quería llorar ante la impotencia de no poder apagar el fuego, porque no se le ocurría ninguna manera de dejar que el fuego se extendiera pero se mordió el labio y después dejó escapar un sonoro grito de dolor por la impotencia que le suponía.

Su mente no se podía centrar en nada en absoluto en aquel momento, estaba demasiado cegado por el dolor y lo único que quería era arrebatar la vida de cuantos más enemigos mejor. Quería manchar sus manos con su sangre y matarlos de una manera que fuera comparable al dolor que estaba sintiendo su bosque en aquel momento. No se molestó en mirar contra quien estaba peleando el otro humano ni que posición tenía, de igual forma que solo miró de reojo a aquel lobo desconocido del que probablemente había provenido el aullido que había escuchado instantes atrás. Su tamaño era demasiado grande para tratarse de un lobo común pero su cerebro no estaba en condiciones de analizar ningún factor que le diera más información, ni de articular palabra alguna. Le costaba hablar en su estado natural y ahora que había salido fuera de control, lo único que podía hacer era gritar como el salvaje que era. La adrenalina que corría por sus venas eliminaba todo signo de nerviosismo y aquello solo le hacía más ágil pero menos consciente de la situación que le rodeaba.

La mayoría de aquellos enemigos eran magos, aunque también habían algunos espadachines y algunos soldados de apoyo con bastones curativos y el hecho de que no solo hubiera ese mago que había sido tan listo como para iniciar todo aquello, solo empeoraba las cosas. No tenía árboles en los que esconderse ni atacar desde los cielos como lo había hecho antes, pero no le importaba ir de cara a ellos. Agarró su hacha con fuerzas y empezó a blandir su espada atacando contra ellos, no hundiéndola con precisión contra los cuerpos de los enemigos, pero sí haciendo cortes que les desangraban poco a poco. No tenía la concentración como para atacar correctamente de la manera más sabia y aquello provocó que un mago proyectara un rayo que casi le acertó de lleno. Pudo esquivarlo un poco, pero se llevó un chispazo de todas formas, el bárbaro apretó los dientes y aguantó los segundos de dolor. La electricidad en su cuerpo le hacía sentir sus movimientos más lentos pero no lo detuvo, aguantaba de gran forma el dolor físico así que necesitaría un ataque que le dejara muy mal parado como para no pudiese continuar. Continuó alzando su hacha entre los enemigos de una forma que desde el punto de vista de un tercero parecía más bien bastante suicida.
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Trombe el Lun Abr 18, 2016 3:57 am

Por un segundo Trombe se le quedó mirando al fuego en las profundidades, donde la llama de color amarillo, naranja y fuertes tonos de escarlata, consumían el marrón y el verde que se desgastaban en la madera de los árboles, las yerbas y las hojas. El estruendo del árbol caído embistiendo a otro, traspasándole esa fiebre palúdica que desnudaba salvajemente a los cuerpos silvestres de toda su lozanía. En el aire, los ruidos lejanos, el aletear de las aves que retoñaban en las copas de los árboles, comenzaron a formar una tosigosa vocinglera que parecía atinar a ser una arcada de cólera, mas no fue hasta que Trombe escuchó ese grito de dolor, inmovilizado por la cruda emoción que desgarraba la garganta del muchacho rubio; no fue hasta que esa voz desahuciada lanzaba un grito de ayuda al cielo para que dejara caer aunque sea una sola gota de agua, que entendió verdaderamente la gravedad de las circunstancias. 

Trombe, saliendo de su estática aprensión, movió con velocidad su cabeza, y se lanzó con furia hacia el emergido más cercano embistiéndolo con la zarpa y los colmillos enardecidos en el repique de su quijada. Los ojos oscuros pero brillantes comenzaron  analizar todo el derredor; los árboles circundantes, las ramas de los árboles que crepitaban bajo la lengua voraz del fuego, mientras sus copas esmeralda se encendían como ardientes teas que se reflejaban de los orbes prófugos de su mirada. El aire comenzaba a apestar a humo, o tal vez fuera porque su olfato era muy sensible, pero aún así era imposible sentirse a gusto rodeado de tantas llamas. Su mirada buscaba al chico; quería secundarlo en sus esfuerzos, ayudarlo a liberar una venganza, y por su parte, recobrar algo del brío que tenía cuando vivía entre su jauría. Esa parte suya que nunca logró domesticar ahora clamaba con aspiraciones de muerte.

Cuando lo localizó vio a un ovillo de chispas, vuelto otro elemento más bestial que el mismo Trombe en su forma lupina. Atacaba a troche y moche, revoleando su hacha de forma errática, sus ojos claramente cegados por la furia, y sus múltiples enemigos espejeando a su alrededor. Trombe holló la tierra con una pata, y se lanzó hacia él presintiendo lo peor cuando el mismo recibió el rozamiento de un proyectil eléctrico. La forma en que peleaba dejaba varios ángulos desde donde la protección ilusoria de sus reflejos no podrían defenderlo, y ahora en más, con su cuerpo levemente entumecido por el impacto, estaba más lento y vulnerable. Desde el extremo de sus patas traseras Trombe torpedeó hacia el niño y en un momento comprometedor, lo sacó del tránsito de una espada cuyo ángulo habría podido malograrlo. 

Inmediatamente se volvió y zarpó la pierna del sujeto tumbándolo al suelo y luego mordiéndole el cuello. Jadeante, se mantuvo alerta frente al cuerpo derrumbado del chico, rodeados de un atrio de llamas que comenzaban a expandirse con una velocidad sorprendente, mientras sentía la sangre de una herida en su lomo resbalar al suelo cayendo en pequeñas gotas de sangre. Extrañamente no había sentido el dolor. Al parecer él también estaba atizado por la llama vivaz del odio, tal vez porque se imaginaba que este podría haber sido el mismo bosque que albergaba su hogar en el norte.
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Invitado el Mar Mayo 10, 2016 3:26 pm

—¡ME... CAGO... EN... LA PUTA!— Grite, entre parada y parada con mi espada, defendiéndome de las estocadas propinadas de un espadachín emergido que había frente a mí. La situación estaba realmente jodida, y solo empeoraba de forma mas que clara. El bosque en llamas, aquel extraño ser lupino, y sobretodo el nuevo conocimiento de que aquel tipo al que debía de abatir el joven no era el único mago allí. En realidad había bastantes, que soltaban ataques elementales a mansalva y que yo apenas podía ver de refilón en aquella escaramuza.

—¡Joder!— Solté enfadado, tras conseguir esquivar una estocada y con velocidad, hundir la punta de mi espada en la ranura del casco enemigo, que cayó muerto en el acto. Con movimiento seco la desencaje nuevamente de ahí, y me centre en otro enemigo que ya comenzaba a atacarme. Mi espada goteaba sangre y con un movimiento amplio, lance una estocada hacia delante, a la altura de la cabeza enemiga.

No llegue a alcanzar a aquel tipo, pero fue pura suerte que algo de esa sangre en mi espada salpicara por la fuerza y velocidad del movimiento, hacia los ojos contrarios. Esto claramente le sorprendió y le cegó momentáneamente. No necesite más acabar con él, desviando una torpe estocada y clavando de nuevo mi arma, esta vez en su cuello.

No pensaba en las vidas que estaba segando, sencillamente maldecía la situación y volvía a atacar. Ya tendría tiempo de darle trabajo a la cabeza luego, ahora lo primero era dejar al cuerpo actuar y sobrevivir como pudiera en aquel inesperado infierno.

Infierno, que buena comparación, porque el ambiente, en llamas, cada vez se parecía más a una de las grotescas imágenes del mismo. El olor a humo comenzaba a inundar la zona, haciendo aquello aún más peligroso. ¿Pero qué diablos podía hacer yo al respecto? Nada, más que rezar, si es que se creía en alguna deidad.

Off-Rol:
Chicos, de verdad que pido perdón por mi tardanza, y lo corto del post, es que he estado hasta arriba con las practicas, los cursos, y un trabajo que me salio... estaba y aun estoy hasta arriba, pero no pienso dejar los temas de lado. Lo lamento y pido comprension, de nuevo sorry >_<
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Feldsphar el Dom Mayo 15, 2016 10:59 am

La rabia le cegaba por completo; tanto que hubieran desconocidos atacando su bosque sin razón alguna (aunque ninguna razón en el mundo sería suficiente para hacer entrar en razón al bárbaro) como que estos hubieran hecho arder en llamas todo aquel paisaje que era como su casa en el aire libre. No era demasiado productivo ir acertando golpes sin pensar en la trayectoria del hacha ni analizar los otros enemigos que iban viniendo: su mirada se limitaba simplemente a lo que se encontraba delante suyo y en lugar de levantar la pesada hacha para aprovechar cada uno de sus movimientos para enterrar su arma en puntos estratégicos y hacerles desangrar con el tiempo, lo único que hacía era golpear aleatoriamente, a veces con más suerte que otras pero era solamente eso, un resultado del azar.

Probablemente acabaría mal si continuaba atacando de una manera tan poco estratégica como aquella, no tenía la fuerza ni la resistencia necesaria como para aguantar ataques de los emergidos así como retenerlos en aquel punto, por lo que fue algo muy positivo que aquel lobo tan extraño... que no parecía ni ser un lobo como tal, se pusiera a pelear a su lado. ¿Como si tratase de ayudarle? Incluso paró con su propio cuerpo el filo de una espada de un ataque que claramente iba directo hacía el bárbaro, no estaba acostumbrado a estar en un 'grupo' así que le parecía extraño que dos completos desconocidos estuvieran ayudándolo, aun si realmente estaba agradecido de no estar solo contra los enemigos. Apoyó unos segundos la hacha en el suelo: tenía que calmarse. No podía tener a completos desconocidos saliendo herido porque él fuera estúpido con sus movimientos, él podía destrozar a aquellos tipos enemigos...

No podía parar el fuego que se extendía a una velocidad peligrosa de árbol en árbol, pero podía matar a aquellos que pensaban que podían atacar sus tierras. Alzó su hacha y luchando junto al lupino, Feldsphar esta vez intentó concentrarse en atacar de una forma eficiente: atacando a los enemigos que se encontraban en la vanguardia para despejar algo la situación alrededor de ellos. Cuando tuvo unos segundos de descanso, dirigió su mirada a su compañero animal. - Tu... No ser un lobo lobo ¿verdad? Nunca ver un lobo como tú... - No esperaba que fuera a responderle como tal, pero quizás si le entendía podía hacerle algún gesto con el que sus dudas se disiparan. - ¿Estar bien? Perdón por eso. Yo intentar no actuar mal... ¿Aliados? - Levantó su hacha con detenimiento, como si un gesto verdaderamente genuino se tratase.

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No hay problema, en unas semanas empiezo exámenes finales así que entiendo la situación ^^"
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Trombe el Mar Mayo 17, 2016 5:32 am

Su corazón redobla la rapidez de su martilleo, y en esa rapidez también siente redoblarse el peligro, tanto que por el inagotable torrente de información que se diluvia sobre él siente que se borraba de su mente cualquier otro pensamiento que no estuviera sintonizada con el estribillo que repite continuamente para sus adentros: ¿Dónde estaba el siguiente enemigo? En su mente solo las sensaciones auditivas, olfativas, visuales, gustativas y táctiles podían taladrar su consciencia y impulsar la mente a la consideración mientras sentía la sangre deslizarse del quebrazón de su piel. Una confluencia de ideas fueron parpadeando en su mente sin ilación, mientras que sus ojos saltaban por azar de un encuentro en los enemigos que tenía que deponer, de sus improvisados aliados, y de la cercanía de las llamas que navegaban en volteretas el ambiente esmeralda.

El olor a humo era aterrador. Daba la impresión de que todo se derrumbaba, de que todo estaba deshaciéndose en fuego y sangre. Trombe calcula maquinalmente el avance de las llamas, viendo el contorno y el chisporroteo del fuego a su alrededor. Las señales de advertencia eran simples, aumento de humo a lo lejos, el olor, el calor que sube, los caminos por donde podría correr. Mientras pensaba en esos aspectos de forma inconexa, consideraba la posibilidad de que todos quienes vivían en este bosque y ahora se veían desprovistos de su quitasol esmeralda tendrían que buscar un nuevo hogar, y con eso nuevos recursos. ¿Cómo se sentiría abandonar el único lugar que te atreviste alguna vez a llamar tu hogar, tu refugio? ¿Cuánto tiempo llevaba este bosque de todos modos? Trombe desestimó el pensamiento lanzándose hasta sumergirle los dientes a un sujeto en el encrespamiento feroz de sus reflejos.

Lo árboles, irreconocibles, siguieron espejeando las llamas a su alrededor, y no fue hasta que tuvo un tiempo para recobrar el resuello que se vio interpelado por el chico rubio que salvara antes; el objeto de sus preocupaciones. Se volvió hacia él con esos ojos precisos, que miran fijamente a esos ojos endurecidos por la ira, aunque ahora un tanto suavizados por el entendimiento de que su actitud estaba siento detrimental para sus aliados. Trombe sentía las pezuñas calientes por la sangre, cavando en la tierra mientras escuchaba toda las ramas romperse, y los metales chocarse como los dientes de la mandíbula de un animal salvaje. 

Pies golpeando la hojarasca, fuego levantando el humo y decenas de individuos inquietos en esas circunstancias. Trombe lo escuchó con un aire frío pero condescendiente. Sus palabras eran dictadas con cierta pronunciación incorrecta, y realmente parecía alguien que vivió en su mayor parte alejado de la humanidad, a pesar de ser un ser humano a toda prudencia. Cuando terminó, Trombe, a guisa de respuesta, enfiló su hocico hacia arriba y aulló potentemente. Realmente pudo hablarle normalmente, pero no quería sacar a relucir que se trataba de un infrahumano en su apariencia más bestial. 

Luego de coincidir en pareceres, con un soldado como tercer integrante luchando con pericia a su lado, el grupo comenzó a, de forma certera, eliminar a los enemigos, aunque el objetivo principal ponía bien de relieve que no tendrían tiempo para determinar a un ganador antes de que ambos grupos fueran carbonizados por las llamas. El fuego había comenzado a enroscarse en el follaje, incendiando las hierbas y recortando los conflictos que quedaban separando a sus contrincantes. Trombe desandó el camino que junto a los demás había tomado para llegar allí. Rápidamente el grupo de emergidos que quedaba desapareció tras las columnas flamígeras, y el grupo se vio obligado a replegarse en las zonas del bosque que no habían sido alcanzadas por las llamas; cosa que significaba salir por completo de él. Mientras lo hacía Trombe se mantenía atento de que el chico no realizase algún acto impulsivo de regresar y seguir peleando un combate que ya estaba determinado por las razones ambientales. 

En salir, ensopados en sudor, negros por el humo, algunos sangrientos, con heridas de cierto nivel a mansalva en su cuerpo, se quedaron viendo impotentes como el bosque era consumido por las llamas que consumían hasta las raíces. Lo más probable era que la noticia del devenir del bosque estaba llegando a la ciudad. Trombe no podía evitar pensar en el golpe económico que la perdida de su mercancía sería para Fran, pero aún más, apenas podía imaginarse lo que sentía el muchacho viendo su hogar lentamente consumido por el fuego. sin poder hacer nada al respecto para impedirlo El lobo se tumbó en la hierba, el sudor aferrado a su piel, y puso las patas por delante de su cuerpo, descansando la cabeza contra ellas. Luego afiló sus oídos y cerró los ojos, llevando luego la cabeza en alto para así exhalar un portentoso aullido que reverberó en la atmósfera. La canción arrancaba de su cuerpo un fuerte y verdadero sentimiento, inquietante y triste a la vez. Cada nota era extraída de su corazón, de su alma, para todos quienes sentían dolor, para quienes sentían pérdida. Aullaba porque sentía era lo único que en la presente situación era capaz de hacer.
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Feldsphar el Jue Jun 16, 2016 9:17 pm

Offrol:
Como no tenemos noticia de Charles y el tema lleva inactivo un mes, Trombe y yo hemos decidido continuarlo para mandarlo a cerrar.

Poco a poco su corazón se iba encogiendo al tamaño de un puño, preocupado por lo que iba a suceder en el bosque. Conocía cada rincón de aquel sitio y sabía que aunque las llamas del fuego fueran feroces, había un rio que cruzaba el bosque cuyo caudal era bastante importante; o así determinaba él, ya que no podía tocar fondo con los pies cuando se bañaba allí y además se podía bucear con ningún tipo de dificultad. Así que una vez el incendio llegase a ese punto, se extinguiría, de la misma forma que también se extinguiría cuando llegase a las partes donde se podía acceder vía marítima. En cambio sobre la aldea no le preocupaba, tenían sus propios medios para sobrevivir y parar el fuego, Aquello no hacía que el bárbaro no estuviera más tranquilo; no iba a quemarse el bosque en toda su totalidad, podía dar fe de ello; porque probablemente no había humano alguno que pudiese conocer su extensión mejor que él. Pero los animales estarían alborotados y confusos por la zona que ya no podría ser habitada y aquello no hacía más que sentirse más inseguro, lo cual no ayudaba porque Feldsphar tenía una personalidad que le hacía flaquear si no actuaba impulsado totalmente por sus instintos.

Le pareció extraño que justamente después de formular su pregunta, aquel extraño lobo cuya forma era distinta a todos los que había visto de su especie, hubiera aullado de esa forma, como si pudiera entender lo que estaba diciendo. No en un punto de vista como si no creyese que animales y humanos se pudieran entender, porque había podido comprobar con sus propias carnes que a pesar de que su forma de comunicarse no era la misma en cuanto a “lenguaje” se refería; no era difícil poder comprender a los animales. Pero no sabía el porqué de aquello, pero le parecía distinto a lo que había experimentado con los animales del bosque, a pesar de esos pensamientos, no era el momento de perder el tiempo con estúpidas ideas que aparecían fugazmente en su mente, así que si las dudas proseguían después de que aquellos enemigos hubieran caído en combate; siempre podía asaltar al extraño lobo para saber que era lo que ocurría.

Se centró en ver la situación que estaba aconteciendo a su alrededor; ya habían terminado con la mayoría de enemigos que habían tratado de asaltar la isla, los restantes estaban gravemente heridos o al provenir de donde se estaba produciendo el fuego, estaban mareados por los efectos del humo. Pero Feldsphar no se conformaba con eso, no. ¡Habían causado un dolor al bosque que no podría ser reparado en años, muchos años! Debían pagar por ello con una muerte dolorosa, así que nada mejor que morir ardiendo en las llamas que su estúpido ejercito había producido. Los enemigos que todavía estaban vivos estaban todos concentrados en la misma zona, así que Feldsphar se acercó con tiento allí, moviéndose por el terreno sin que el fuego pudiera dañarle demasiado a su piel expuesta sin ropaje por encima y se dirijo a talar un alto árbol con su hacha que aprisionaría a los enemigos. El bosque haría el resto con aquellos enemigos, Feldsphar ya se había cobrado su parte.

Después de que su tarea estuviera completada, volvió al lado de aquel lobo que podía considerar con su aliado y también se estiró en la hierba para descansar. No quería pensar sobre nada en aquel momento; probablemente su mente explotaría entre preocupaciones y se colapsaría entre inseguridades, por su bien, necesitaba mantener su mente en blanco. - Todo terminar, enemigos no poder atacar. Isla tener muchas partes de agua, el fuego terminar por su propia cuenta. ¿Después tu poder volver donde tu venir? No ser de aquí. Yo nunca haber visto lobo como tu en mi bosque. - No esperaba una respuesta... Era más como un resumen de los acontecimientos.
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Trombe el Sáb Jun 18, 2016 4:02 pm

En medio de la vorágine de cercos ardientes, con los pulmones doliendo del humo ingerido, los hombres salieron con un aire circunspecto y las expresiones dolorosas de sus rostros heridos. Salieron entre reflejos de estío, entre el telón esmeralda que el fuego consume, habiendo cejado la respiración de una turbamulta de adversarios, dejando asimismo compañeros del ilustre uniforme recostados en la paciencia eterna de la muerte y su piadosa mano que los recibe. Del grupo de sobrevivientes se distinguen dos por su fisonomía; uno el lobo recostado sobre la yerba, y otro el mozo de exaltado espíritu que había tantas veces en esa mañana tentado a la muerte. El otro soldado que Trombe creía recordar había salido de aquella cabaña junto al rubio no estaba por ningún lado. ¿Muerto? En pensarlo se fue convenciendo de lo contrario; ese sujeto no era de manos blandas, lo había visto en sus ojos cuando en un celaje lo vio pelear. Asimismo las botas marchan en esa campaña de despedida, y los soldados se desplazan con signos vagos y pensativos, dejando atrás la conmoción ardiente de cuerpos que eran evidencia del triunfo conseguido. Pronto la distancia fue tal que el fuego parece no más que el enjambre de unas restallantes luciérnagas, y los gritos de la calera lentamente se pierden en el rumor de la distancia. 

En esos momentos se escuchó un hálito de apaciguamiento, y cuando finalizó la potencia simbólica del aullido del lobo, este pudo ver cómo a su alrededor venían dando instrucciones los soldados desharrapados, respirando ese aire perplejo sin saber si tildar el pasado contratiempo como una victoria o una triste desgracia. El lobo buscó con la mirada al chico de otrora, viendo cómo este, al localizarlo, venía a sentarse junto a él en la hierba como si Trombe fuera su único confidente. Ningún soldado habló con ellos. Algunos los observaron con duda e interés brillando en los ojos de una cara mugrienta, pero no tuvieron más intención de acercárseles y mucho menos de dirigirles la palabra. Al menos estaban lo suficientemente conscientes para saber que no eran enemigos. En poco tiempo los testigos de aquella trifulca se replegaron a órdenes del general de la escuadra y tanto el rubio como el lobo quedaron solos frente al espectáculo escarlata que hervía derritiendo lentamente los nudos de las ramas.

Por un momento se quedaron silentes contemplando al desarbolado escenario, al menos hasta que con una estrecha mirada el muchacho le habló al lobo con esa pronunciación algo incorrecta pero entendida. Para sorpresa del lobo, que imaginaba que todo el cordón del bosque se vería afectado bajo el fuego, el chico le explicó con certeza que los ríos que circunvalaban y atravesaban transversalmente el bosque se encargarían de cercar y apagar la altivez de las llamas. El mismo sintió un peso claramente desvanecerse de su pecho, y sonrió con ese colmillo que equivalía a una heroica espada desde su perspectiva. Acto seguido, el mismo insinuó la verdadera naturaleza de Trombe, y el lupino deliberó para sus adentros la posibilidad de descubrirse ante él. Probablemente el muchacho no había contemplado la posibilidad de que este lobo perito en el combate, que parece entender lo que los otros dicen, es uno de esos Laguz; aunque tal vez el mismo, partiendo de su reclusión silvestre, ni siquiera sabía lo que significaba ese término. Esta posibilidad lo tranquilizó un poco, y simplemente cerró los ojos mientras respiraba.

—Tampoco habían niños como tú en el bosque de donde vengo— Aclaró él dándole cuerpo a una sonrisa en ese rostro juvenil que había mutado de vuelta a su contraparte humana. Miró con avidez la reacción del joven y luego, sin importar el visaje, continuó. —Ciertamente no soy de aquí, y si ahora estoy aquí, es por un trabajo. Mi nombre es Trombe y soy lo que podrías llamar un hombre lobo— Se puso de pie de pronto y estiró sus brazos haciendo flexiones. De pronto sintió una brisa gélida escurrírsele entre las piernas y extrañó su cuerpo peludo. Su cola se movió de un lado a otro, claramente visible detrás de sus piernas. Ahora recordaba que se había quitado la ropa antes de hacer su transformación y la había ocultado en alguna umbría. Tardó unos segundos en entender la situación, y después simplemente volvió a transformarse en el lobo. —Al parecer el cogollo del árbol donde guardé mi ropa fue destruido por el fuego. ¿Sería mucho pedir que me buscaras prenda de vestir?— Siguió hablando, esta vez enfilando su hocico hacia delante mientras lo miraba. 
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Re: Who will be strong and stand with me? [Campaña] [Priv. Charles Cauthon, Trombe]

Mensaje por Feldsphar el Lun Jun 20, 2016 12:21 pm

Estuvo unos segundos estirado sobre la hierba, pero no estaba acostumbrado a descansar como tal durante largos periodos de tiempo, debido a que Feldsphar siempre estaba haciendo una cosa u otra y lo que hacía era intentar descansar de tanto en tanto, por lo que podía aburrirle no estar haciendo nada mucho tiempo a no ser que fuera dormir por las noches en lo alto de un árbol. Despegó su espalda de la hierba, incorporándose un poco pero todavía sentado en el mismo sitio en el que se encontraba instantes atrás. No sabía que había pasado con aquel soldado de Durban, quizás había tomado un rumbo diferente, quizás un enemigo había terminado con él: al bárbaro no le importaba ni tendría remordimientos de consciencia por ello, la vida era así y cada uno tenía que protegerse a sí mismo o la muerte les acecharía. Y también tenía que ser honesto y considerar que a pesar de ser un ciudadano de Durban no era como si tuviera ningún valor patriótico por su país o algo similar.

Afiló la mirada cuando el lobo de su lado se transformó rápidamente a un ser que parecía totalmente humano. ¿Qué había sido eso? El bárbaro sabía perfectamente que en aquel momento se podría leer claramente la sorpresa en su rostro y como iba pensando segundo a segundo, como algo como aquello podía ser posible. ¿Animales que se convertían en humanos? ¿Estaba vivo o ya había muerto y empezaba a ver alucinaciones? Era la primera vez que el joven de cabellos dorados veía algo como aquello, estuvo unos segundos mudo debido a que no entendía que estaba ocurriendo ante sí. - Hombre lobo.... hombre lobo... ¿Hombre y lobo? ¿Ser ambas o algo así? - Si la palabra 'hombre lobo' era algo fuera de Durban, lo veía todavía como lo más extravagante del mundo. Para Feldsphar los hombres eran hombres y los lobos eran lobos, nada de conceptos cruzados entre sí, quizás habían humanos más salvajes como era su caso, pero no dejaba de ser un ser humano a pesar de su personalidad más animal.

Se frotó sus mejillas como acto nervioso y rehuyó la mirada unos segundos hacía el suelo, lo que hizo que el barro que se encontraba en las mejillas del salvaje se escampara por su rostro de manera irregular y luciendo más desastroso todavía. - Hm... Yo ser Feldsphar, guardián del bosque. Único humano que vivir aquí, en realidad. - Volvió a mirarle, percatándose de que el otro le había dado su nombre, Trombe y él no había contestando aportando su información también. Los soldados de Durban solían hacer presencia en el bosque pero solo era algo puntual; solo para controlar que ocurría allí de vez en cuando o para enviar gente cuando aparecían tipos con ganas de destruirlo todo, que desgraciadamente, ese último caso solía hacerse más y más frecuente.

Que volviera a transformarse en su forma lobuna, fue otra sorpresa porque ver ese hecho una vez no significaba que al observarlo a la inversa ya se hubiera acostumbrado a que hombres que se transformaban en lobos y lobos que podían adoptar la forma de hombres fuera algo que pudiera existir en el mundo real. - ¿Ropa? - Se miró sus propios pies; descalzos, al igual que tenía su torso desnudo. No podía recordar el hecho de porque sí llevaba pantalones, el caso es que siempre recordaba haber usado esa prenda pero habían muchos detalles que no recordaba de su infancia; solo el hecho de ya estar en el bosque solo. Feldsphar desenvolvió el macuto que llevaba en su espalda, de donde había sacado su hacha al principio de la batalla y sacó otros pantalones que eran más bien un trozo de tela mal cosido, destrozados y se los lanzó. - Solo tener eso, no es que importar mucho mi apariencia. No saber si ir bien a ti, yo ser bajito y ser cortos.

Info:
Feldsphar es bajito de estatura, no llega al 1,60m
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