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¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

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¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 03, 2016 5:10 pm

Mientras nos acercábamos al castillo de Nohr, tuve ocasión de observar todo lo que lo rodeaba. Me pregunté cuál podría ser la razón de construirlo en un lugar cercado por montes y riscos. ¿No lo haría eso más sencillo de conquistar? Por otro lado, estaba el hecho de situarse justo en la ladera del imponente volcán. Sinceramente, esperaba que su mejor táctica no consistiese en un plan suicida mediante el que, derribando una de sus paredes, enterrasen en lava a los enemigos que ya se encontrasen en el castillo, llevándose absolutamente todo a su paso. Personalmente prefería  las ideas en las que se pudiese salir vivo y victorioso al mismo tiempo… pero ¿hasta qué punto puedo fiarme de los gobernantes de un reino tan oscuro como este? Afortunadamente, mi futuro aliado parece más inteligente que todo eso… y más me vale.

Y casi habíamos llegado. Me había estado informando sobre las caravanas que traían suministros al castillo, por lo que no dudé en acercarme a la que tenía el encargo más próximo y pedir al encargado el favor de que me llevase con él y sus empleados. Una vez ante la inmensa entrada, unos soldados nos hicieron bajar del carromato para inspeccionar la mercancía. Uno de ellos, quien tenía una armadura ligeramente diferente a la del resto, me dirigió una mirada inquisitiva mientras sus compañeros hacían el trabajo. Era lógico: mi vestido quedaba oculto bajo una larga túnica negra, pero era evidente que no era una tela que la presunta hija de un simple encargado de suministros pudiese permitirse a menudo.

¿Vienes con la caravana? ―preguntó el que supuse que era el sargento, tratando de ver mi rostro bajo la tela.
No. Sin embargo, este buen hombre me ha concedido el favor de traerme a salvo hasta aquí. Os lo agradezco ―respondí bajándome la capucha y entregándole unas monedas al encargado con una sonrisa amable. Evidentemente, ni nos parecíamos ni nos conocíamos en absoluto―. Soy Katherine Blackshine. El príncipe Leon me ha concedido hoy una audiencia en su palacio. En su misiva me informaba de que debía hacer antes un viaje, pero si la información es correcta, ya debería estar de vuelta ―informé mientras buscaba la carta de Leon para dársela a leer al militar―. Espero que esto sea prueba suficiente.

Ignoraba si enseñarían a los militares a leer, pero el escudo que sellaba el mensaje pertenecía sin duda a la casa real de Nohr. Tras devolvérmela, hizo un gesto para que abrieran la puerta.

Esperad un momento en el patio ―pidió, hablándome repentinamente con un tono mucho más deferente que el anterior―. Entended que debo asegurarme antes de que todo esté en orden, pero anunciaré ahora vuestra llegada.
Lo comprendo perfectamente ―sonreí antes de seguir el camino que me indicó.
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 08, 2016 10:27 am

Tras realizar las tareas que tenía pendientes, por fin volví a Nohr y pude dedicarme a hacer el resto de papeleo. No había tenido un descanso propiamente dicho ni durante los viajes, ya que estaba siempre en contacto gracias a mis jinetes de wyvern con el resto de la situación y, sinceramente, deseaba tener un momento de reposo dentro de mi propio hogar, por mucho que todos estos documentos de compra y venta me dijesen que debía seguir trabajando y que no podía detenerme.

Deteniéndome de mis labores administrativas, un soldado llegó, informándome de que había recibido una visita de una tal Katherine Blackshine. Al principio no era capaz de organizar el nombre y la cara o si siquiera la conocía, así que me dirigí al cajón en el que tengo toda la correspondencia. Si había concertado una cita conmigo, debía tener algún escrito proveniente de ella.

Y así era, aunque tras recordar de quién se trataba no pude evitar mostrar sorpresa tras averiguar de quién se trataba por el contenido. No lo había olvidado. Simplemente no había sido capaz de hacer la relación.

Tráela aquí. Estaré realizando las otras labores mientras hablo con ella ―dije, refiriéndome al papeleo.

Pero, señor… Esta es vuestra alcoba ―dijo, como si me quisiese prevenir de algo.

En mi alcoba me concentro con mucha más facilidad. Segundo, soy capaz de realizar labores que no impliquen el reposo con o sin compañía. ¿Por qué tener una conversación con alguien sería imposible? ―pregunté de forma retórica para hacer que viese mi perspectiva.

Entendido, señor…

Aquel soldado se fue y entonces me dediqué a seguir haciendo el resto de papeleo que tenía pendiente mientras esperaba la llegada de mi invitada. Al cabo de un tiempo, escuché un par de golpes suaves en la puerta.

Alteza, vuestra invitada ha llegado ―la voz del soldado era baja por el efecto de las paredes.

Hazla pasar.

Supongo que no le molestaría mucho la pequeña montaña de libros que había en una mesita al lado de la cama y el tumulto de documentos con el que ya había trabajado.

Siento el desorden ―dije―. Lo ideal no es recibiros en estas circunstancias ni en este lugar, pero aquí puedo concentrarme con mucha más facilidad que en otras áreas ―expliqué―. Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que nos vimos.
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 08, 2016 8:45 pm

Mientras la caravana seguía su camino hacia donde imaginaba que estarían la cocina y la despensa, yo me dirigí al gran patio que parecía ser el centro de la inmensa edificación. En realidad, más bien parecía rodeada de diversos edificios que podía distinguir mientras paseaba: caballerizas, una herrería donde reparar armas y armaduras, más allá algo similar a una enfermería, un cuartel junto a una zona de entrenamiento… Aquello le daba cierto aspecto a plaza de ciudad, con la diferencia de que únicamente se ofrecía todo lo que se pudiese precisar en tiempos de guerra. Sin embargo, nada llamaba más la atención que el castillo propiamente dicho, el cual se situaba al fondo del patio y, gracias a la elevación del terreno que proporcionaba el gran volcán, parecía aún más alto e imponente de lo que pudiese haber parecido en cualquier otro sitio. Justo me estaba fijando en la llamativa oscuridad de las paredes del edificio (¿sería para intentar camuflarlo entre el volcán y los riscos?) cuando el mismo sargento salió por la puerta principal y se dirigió hacia mí.

Acompañadme.

El militar me guió por los pasillos al tiempo que yo los memorizaba, fijándome también en cada cuadro o adorno que encontraba. Evidentemente no pude fijarme mucho en las pinturas, pero me bastó ver de refilón la imagen del hombre sentado en el trono para comprobar que el rey inspiraba tanto temor como se contaba. Curiosamente era una sensación muy distinta a la que inspiraba su hijo Leon, quien, si bien podía imponer respeto por ser quien era, no daba más miedo que cualquier otro mago negro (aunque, todo sea dicho, estos solían aterrorizar bastante por su uso de la magia). Afortunadamente creía no caerle mal al príncipe, además de que sabía que me necesitaba viva.

Cuando llegamos a la puerta, el sargento me anunció y, tras dar Leon su aprobación, me dejó entrar. Mentiría si dijese que no me sorprendió comprobar que se trataba de su alcoba, pero para alguien tan acostumbrado como yo a adaptarse a las situaciones es pan comido actuar con naturalidad en casi cualquier circunstancia.

Encantada de volver a veros, alteza ―saludé con una breve reverencia al tiempo que cerraban tras de mí la puerta.

Fue entonces cuando, mientras observaba la gran montaña de libros, él me explicó que allí se concentraba mejor.

No os preocupéis ―lo tranquilicé. Total, si al propio príncipe no parecían importarle los posibles rumores que pudiese haber en palacio, no tenía sentido que me preocupara yo―. ¿Podemos hablar con libertad? ―pregunté señalando a la puerta con un suave movimiento de cabeza, refiriéndome a los soldados que probablemente estuviesen custodiando la puerta. Después de todo, es preferible que los asuntos que debemos tratar permanezcan en secreto―. Y ciertamente me alegro de veros después de tanto tiempo, mas siempre puedo volver en otro momento si estáis muy ocupado…

Pero bueno, no podía estarlo tanto si me había recibido, ¿no? Del mismo modo, tampoco me habría traído aquí si pudiesen escuchar desde detrás de la puerta lo que dijéramos, por lo que me quité la capa negra (bajo la que tenía un vestido verde, sencillo pero elegante) y decidí sentarme en uno de los dos sillones que había junto a una pequeña mesa. El caso es que, si bien iba a trabajar para él, no tenía muy claro de qué me iba a encargar… ¿Tal vez fuese una buena idea recitarle mi currículum para que supiese todo lo que podía hacer? Ya me había visto en acción, pero no estaba de más.

Por si os es de utilidad, daré cierta información sobre mí ―comenté mientras doblaba la capa y la ponía sobre la mesa antes de volver a mirar a mi anfitrión. Mi espalda estaba erguida y mis movimientos eran suaves, como se suponía que debían serlo los de la nobleza―. Ya me habéis visto en las calles y sabéis que sé defenderme, pero también creo estar demostrando que me es sencillo mezclarme entre los de alta alcurnia. Además, practico perfectamente los modales que han de tenerse en la mesa y conozco algunos bailes. Por otra parte, si bien nací en Begnion y fue allí donde me crié, he viajado por todos los continentes, aunque aún me quedan países que visitar. Sobra decir que soy una gran actriz y sé leer y escribir con una caligrafía bastante pulcra, por lo que soy una excelente espía. ¿Hay alguna otra cosa que deseéis saber sobre mí antes de hablar de nuestro contrato?
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 09, 2016 6:33 pm

Dirigí mi mirada a Karen cuando escuché su voz y no pude evitar quedarme bastante sorprendido cuando lo hice. Ya me lo había parecido cuando la conocí, pero jamás me hubiese esperado quedarme sorprendido por, simplemente, observar a alguien. Aunque, por desgracia, ver su cara me hacía recordar lo que sucedió el día en que nos conocimos, no una época demasiado alegre, la verdad, con todos aquellos emergidos.

No hay de qué preocuparse. Mientras no hablemos demasiado alto, no debería haber problema ―expliqué, sin hacer demasiada mención y, tras terminar uno de los últimos documentos de hoy, decidí tomar un pequeño descanso―. Admito que estoy últimamente más ocupado que de costumbre, pero es únicamente mi responsabilidad. Lamento que me tengáis que ver en estas circunstancias. Sentaos, por favor.

Luego, Karen se quitó aquella capa, dejando ver sus gustos que, la verdad, no creo que estuviesen fuera de lugar, incluso si no estoy muy interesado en la moda. Como si me leyese la mente, Karen empezó a hablar de sus capacidades y las cosas que ella era capaz de hacer y las que no. De entre ellas, hubo un dato que me resultó de especial interés: era de Begnion. Si bien es cierto que pude tener un pequeño intercambio de correspondencia con la emperatriz de Begnion, no había llegado a aclarar todas mis dudas respecto a aquel rumor tan desagradable. Otro aspecto que me llamó muchísimo la atención sobre ella fue cómo se expresaba: casi parecía que era algo natural en ella hablar de esa forma.

Hay algunas cosas, aunque admito que, en lugar del contrato, son curiosidades que tengo. De ser posible, me gustaría dejar eso para el final.

Al lado del montón de documentos tomé un papel que estaba aislado del resto. En aquel papel estaba escrito que contrataría a Karen como consejera personal mía. Sus deberes serían ofrecer sus opiniones en las situaciones bélicas y, además, ser mi representante o acompañante según lo que yo desease. Además, se podía ver mi firma en él. Si ella de verdad sabía leer y escribir, no creo que le fuese un verdadero problema entender lo que estaba ahí escrito.

Ese es el contrato oficial. He de decirte que, debido a ese contrato, estarás bajo mi completa responsabilidad y protección ―expliqué―. Si bien soy solo el tercer príncipe, tengo también cierta influencia. Sin embargo, hay ciertas cosas que ahí no son mencionadas y que son necesarias tratar también ―tomé una leve pausa―. Iré directo al grano: necesito a gente que se mueva con agilidad y sutileza para, entre otros, tarea de espionaje. Últimamente ha habido movimientos sospechosos tanto de emergidos como de reinos humanos. Y eso sin mencionar el rumor que se ha extendido en Begnion, la tierra de la que afirmáis venir.

Miré con cierta curiosidad a Karen. ¿Sabría del rumor que se había extendido en su propio país? Y, en caso de saberlo, ¿es posible que ella sepa cómo se ha extendido? Además, está la posibilidad de que fuese Gaius quien lo hiciese. ¿Qué motivos podría tener si ese fuese el caso?

Imagino que habrá llegado también a vuestros oídos. Como anterior ciudadana de Begnion, ¿cuál es vuestra opinión respecto a ellos? ¿De verdad pensáis que son ciertos o que guardan algo de verdad?

Yo, concretamente, no cría que lo fuesen. Nohr misma había experimentado no uno, sino dos rumores falsos sobre nuestro país. ¿Por qué no iba a propagarse otro rumor más de esas características?
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 10, 2016 6:50 pm

No pude evitar sonreír cuando comprobé que, efectivamente, estaba logrando impresionarlo. Afortunadamente nadie podría oírnos si no alzábamos la voz, por lo que pronto pude relajarme y estar más tranquila; había asuntos que era preferible mantener en secreto.

Gracias ―dije aceptando su ofrecimiento mientras tomaba asiento―. Y no os preocupéis por las circunstancias; es normal que cualquier miembro de una casa real deba trabajar duro. Además, me place tener la oportunidad de demostrar que sé adaptarme a las situaciones, aunque admito que esta no es, ni de lejos, una de las más complicadas ―añadí sonriendo. Ciertamente me encontraba ante un príncipe, pero después de haber estado un tiempo tratándolo como si fuese un simple mercader, no me afectaba tanto como si acabara de conocerlo.

Pero no nos habíamos reunido para tomar el té, por lo que tras quitarme la capa preferí hablar directamente de lo que nos atañía, poniéndolo al corriente de mi origen y capacidades. Algo de lo que dije debió captar su interés, porque me indico que más adelante querría hacerme algunas preguntas por curiosidad. Sin embargo, por lo pronto decidió mostrarme uno de los documentos que había sobre su escritorio. Decidí levantarme y dar un par de pasos tranquilos hacia él, con intención de poder ver mejor el documento. Lo cogí con seguridad pero con cuidado, y fui echándole un vistazo por encima al tiempo que escuchaba sus explicaciones: sería su consejera personal, además de representante o acompañante, según conviniese. Era una tarea importante, eso sin duda, y definitivamente no una que pudiese hacer cualquiera. Por fortuna, estaba segura de estar a la altura de las circunstancias.

No os inquietéis ―dije calmada―. Por mucho que seáis “solo” el tercer príncipe, vuestra influencia es innegable. Sé de sobra que me ofrecéis un puesto delicado: los ojos estarán puestos en mí casi tanto como en vos, sobre todo porque me tendréis a vuestro lado sin que nadie sepa de dónde he salido. Es precisamente porque gozaré de vuestra protección que seréis responsable directo de todas mis acciones. Por ello, os aseguro que no sólo no abusaré del poder, sino que prometo que todo lo que haga será en vuestro beneficio ―aseguré, mirándolo a los ojos, antes de pasar al siguiente punto―. Partiendo de esa base, no puedo decir sobre mis capacidades físicas mucho más de lo que no hayáis visto ya. Sin embargo, puedo garantizar mi discreción. Un antiguo sabio dijo que la clave de todo su éxito estaba en no entrar en ningún asunto sin haber planeado antes la retirada, pero que tampoco entraba en un asunto para querer salir inmediatamente de él ―expliqué, casi citando uno de los muchos consejos que solía darme mi padre―. Yo sigo esta norma a rajatabla: siempre que entro a un lugar planeo una salida discreta y, si es posible, incluso una justificación a mis acciones. Sin embargo, cuando accedo a un sitio, procuro llevar mi encargo hasta el final. Además, garantizo que no delataré a Nohr si algo sale mal y me capturan, aunque si voy a tener el puesto de consejera, debemos hacernos a la idea de que es posible que me reconozcan si me descubren ―advertí antes de parar de hablar brevemente, tratando de dar más peso a mis palabras―. Pero no me malinterpretéis: soy una profesional. Sé hacer mi trabajo, procuro que no haya imprevisto alguno y rara vez he fallado en mi cometido. Sin embargo, me veo en la obligación de advertiros de las posibles consecuencias, incluso si haré todo lo que esté en mi mano por impedirlas.

“Sé hacer mi trabajo, pero siempre está la posibilidad de que algo vaya mal”. En ocasiones me daba la sensación de que mi empleo era bastante similar al de un médico. Pero aún había una pregunta más, de bastante interés, que debía contestar. En parte para pensar mejor y en parte porque seguro que mi resolución sería larga, caminé de nuevo hasta la mesita y, tras poner en ella el contrato, tomé asiento en el mismo lugar que antes. Debía estar segura de lo que decía, puesto que mis habilidades de deducción y consejo se juzgarían con mi respuesta. ¿Por dónde debería empezar?

Desconozco cómo será la Apóstol pero, ciertamente, tengo evidencias de que los miembros del Senado de Begnion son de dudosa moralidad, al menos en su mayor parte ―comencé a explicar―. Sin embargo, también ese país ha sufrido a manos de los emergidos, por lo que no puedo garantizar que el rumor sea cierto. Por otra parte, me cuesta mucho creer que un único país pueda organizar de una manera tan magistral un ejército de tales dimensiones, incluso si se trata del reino más grande del mundo. De hecho, reconozco que al principio dudé de la alianza entre Lycia y Altea ―admití―. Es curioso que dos naciones de continentes enemigos decidan ayudarse repentinamente, y se me ocurrió que tal vez fuese todo una artimaña para hacer creer a todos que realmente se enfrentaban a los emergidos mientras manipulaban a estos en secreto. Por ello yo misma acudí a ayudar a Altea, y puedo garantizar que los ataques eran más que reales. Además, ambos reinos gastaron una fortuna en recompensas. ¿Realmente llegarían tan lejos sólo por mantener una farsa? No puedo saberlo, pero si se trata de una tapadera, es extremadamente buena ―añadí reflexionando―. Sin embargo, si a pesar de todo tuviera que decantarme por un único reino, probablemente sería Plegia. Es uno de los pocos países que nunca he visitado, pero por lo que pude averiguar mientras estuve en la Jauría, allí conviven emergidos y humanos. Prácticamente no los atacan, por lo que no se puede decir que hayan sufrido realmente con esta plaga. Si eso no es extraño, no sé qué lo será ―anuncié, antes de dar una última advertencia―. A pesar de todo, no tenemos pruebas para garantizar que este sea realmente el origen. ¿Queréis mi opinión, alteza? ―pregunté casi retóricamente, mirándolo aún más fijamente a los ojos―. Mi opinión es que no tenemos suficiente información… y eso puede conllevar un grave peligro.
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 10, 2016 7:44 pm

Karen demostró ser bastante flexible, aunque no se me pasó por alto esa pequeña sonrisa que se reflejó en su rostro. Ella también era perceptiva, según veo.

No pude evitar dejar escapar una pequeña sonrisa ante la broma que hizo sobre la situación a la que se estaba adaptando en estos momentos. No tenía nada de complicada y, curiosamente, era por eso mismo que me pareció hasta gracioso el comentario.

¿En qué tipo de situaciones os habéis encontrado? Además, hablando de situaciones a las que adaptarse, me gustaría que os dirigieseis como os resultase más sencillo. Creo haber demostrado en el pasado que comunicarme como los plebeyos no es una gran dificultad.

Luego empezó el interrogatorio que Karen fue respondiendo con lujo de opiniones personales y detalles. Escuché atentamente a cada una de las palabras, haciendo caso omiso al asunto de mi influencia como el tercer príncipe de la corona, y me concentré en captar toda la información que pudiese extraer de lo que decía.

Y es que no había poca información. Primero, Karen ha asegurado en dos ocasiones que todo lo que haga será en beneficio a Nohr, ya sea en actos o en situaciones en las que acabase ella metida. También me dijo una frase bastante interesante. “La clave de todo éxito está en no entrar en ningún asunto sin haber planeado antes la retirada”. Eso y no entrar en asuntos para inmediatamente echarse atrás. Quien quiera que dijese eso se merecía un halago.

Quien quiera que os haya enseñado eso era, efectivamente, un gran sabio. Básicamente esa enseñanza se resume en no entrar en algo si no sabes cómo ganarlo de antemano. Si un día lo encuentras, me gustaría conocerlo en mayor profundidad. Volviendo al asunto… ―sonreí―. La idea es que tu cara sea relacionada conmigo. Iréis a donde yo vaya y, si yo no me desplazo, todos pensarán que estaréis a mi lado, dándoos una coartada. Además, el tipo de espionaje que a mí me interesa es de otro tipo que la mayoría de espías no creo que sean capaces de hacer. Si bien es cierto que la mayor parte del espionaje se basa en ocultar tu presencia a otros, en la alta sociedad se suele hacer reuniones entre nobles… ―suspiré―. Reuniones que, por cierto, no son precisamente la mayor de mis aficiones. En ellas, todos se analizan a los demás continuamente y se pueden escuchar secretos que uno jamás pensaría que existiesen ―volví a suspirar. No había superado lo de aquella noble de Ylisse―. Necesito a alguien que sepa también explayarse en ese ámbito y aprovecharlo al máximo. La opción ideal sería otro noble, pero no creo que haya alguien que esté capacitado para las dos vertientes de la recopilación de información. Por no mencionar que necesito también a alguien capaz de percibir los pequeños detalles no verbales ―di una pausa―. Como, por ejemplo, el que captaste en el momento en que posé mis ojos sobre ti.

¿Para qué irme por las ramas? Nunca se me dio bien hacer eso. Era mejor ir directo al grano y aclarar todo lo que fuese necesario aclarar para poder solucionar los problemas que hubiese. En más de una ocasión me he exasperado con el léxico de los nobles que no deja nada en claro. Pero así era la aristocracia en general: compleja y complicada.

Luego escuché lo que dijo sobre la situación de los emergidos y Begnion. Además, se encargó de darme un poco de información sobre Altea y Lycia, alianza de la que en su momento también sospeché. Era demasiado extraño y me llamó la atención lo que dijo: no solo compartía opinión conmigo en mis primeras hipótesis, sino que en ocasiones fueron incluso más allá de lo que yo me habría imaginado. Sorprendente. De hecho, cuando terminó de dar su opinión con una conclusión bastante críptica, no pude evitar quedarme en silencio y, después, aplaudir.Fue… brillante.

Increíble ―dije sorprendido―. No solamente habéis reflexionado en las mismas cosas que yo, sino que en ocasiones habéis llegado hasta más lejos. Como bien habéis dicho, carecemos de información… Aunque, por lo menos, hay cosas que sí que sabemos. Por ejemplo, yo mismo asistí a la liberación de los territorios y pude combatir a los emergidos con la compañía del marqués de Pherae, de Lycia ―afirmé―. Y llegué a la misma conclusión que vos. Si bien mi compañero extranjero me pareció ser demasiado crédulo para su edad ―lo cual me molestaba. No por lo de crédulo, sino porque tiene demasiada edad para lo que aparenta―, demostró ser una buena asistencia contra los emergidos. También conocí al príncipe Marth de Altea y él sí que me pareció más despierto que el lyciano. De hecho, no me extrañaría que fuese él quien iniciase la iniciativa de liberación. En cuanto a Plegia, quizás tenga algo de información que te resulte interesante ―añadí―. Cuando conocí al príncipe Marth, descubrí que tenía cierta adversión a los magos oscuros y, sobre todo, a Plegia. No me extrañaría que quisiera conquistarla al mismo tiempo que elimina a los emergidos. Después de todo, ¿qué mejor manera de tener a los magos oscuros plegianos bajo control que conquistando su país? ―pregunté con sarcasmo. Entendía la razón pero, aunque lo hiciese, todavía seguía dolido por aquella aversión contra mí simplemente por usar la magia oscura.

Me quedé un rato en silencio, preparándome para hacer una pregunta muy interesante por un comentario que dijo al principio: la Apóstol ni idea, pero del Senado sí que sospecha…

¿A qué os referís con lo que habéis dicho al principio? Concretamente, la evidencia contra el Senado con respecto a su moralidad ―pregunté.
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 15, 2016 4:44 pm

Me congratulé cuando vi que mi pequeño chiste le había hecho gracia, y más aún al comprobar que aquello había aumentado su curiosidad sobre mí. Sin embargo, no aceptaría su amable ofrecimiento.

Oh, no os preocupéis por mí ―dije negando suavemente con la cabeza, quitándole importancia al asunto―. Como podréis imaginar, no suelo tener la ocasión de emplear este tipo de lenguaje… y no tenéis idea de lo divertido que me resulta. De hecho, casi hasta podría decir que me ilusiona la idea ―confesé con una risita y un brillo en los ojos que acompañaban a mis palabras―. Sin embargo, si bien me encantaría poneros al corriente sobre mis andanzas, tal vez sería mejor dejar esa conversación para más tarde, cuando hayamos concluido con el asunto principal ―propuse volviendo a adquirir un tono que pretendía ser algo más formal.

Y efectivamente eso hicimos. Miré con atención sus gestos y realmente parecía interesado en todas mis palabras, tal y como prácticamente me confirmó al volver a hablar. Sonreí complacida cuando habló con admiración sin saber que estaba halagando a mi padre, pero he de admitir que si seguí sonriendo más adelante no fue tanto por satisfacción como por la gracia que me hicieron su par de suspiros casi seguidos. ¿Tan mal lo pasaba en las reuniones entre nobles? Sin embargo, una suave risa terminó por huir de mis labios con el último comentario del príncipe. Así que se había dado cuenta, ¿eh?

Vaya, está claro que no os quedáis atrás en percepción ―confirmé complacida―. Vuestra perspicacia parece indicar que esas reuniones no se os dan tan mal como afirmáis, pero incluso si ese es el caso, no tenéis por qué alarmaros. Muy al contrario que vos, yo sin duda disfrutaría del privilegio  de codearme con la nobleza. No sólo tengo buen oído para escuchar palabras lejanas y la sensatez de saber cuándo y hasta dónde callar, sino que puedo presumir de tener una lengua viperina si se presenta la ocasión ―afirmé sonriente, casi alardeando de ello, pero sin llegar a resultar vanidosa―. Puede que esta práctica no esté muy bien vista, pero es también un arma que no recomiendo ignorar. Además, aún puedo daros otro consejo que tal vez os sea de utilidad: “la esposa del rey no sólo ha de ser honrada, sino parecerlo” ―recité una vez más―. Estoy segura de que ya lo sabéis, pero entre la nobleza tanto vale lo que se dice y se hace como lo que parece que se dice y se hace. Se trata de una navaja de doble filo. El truco está en no hacer nada que pueda malinterpretarse y, al mismo tiempo, captar todo lo que parezcan hacer los demás… incluso si sabéis que es falso ―observé al príncipe, tratando de analizarlo antes de continuar, preguntándome hasta qué punto aprobaría o no mis sugerencias―. Seguramente os parezca una práctica ruin y rastrera, y efectivamente lo es, pero os garantizo que vuestros enemigos se servirán todo tipo de arte que pueda beneficiarlos, y no os recomiendo quedaros atrás. Aun si se trata de un simple comodín, aun si no tenéis verdadera intención de utilizar cierta información, siempre ocurrirán emergencias. Y creedme cuando os digo que vuestro honor, el de vuestra familia y el de todo Nohr podrían depender de ello ―concluí con seriedad.

Pero aún había más asuntos relevantes sobre los que tratar. Traté de explicar mi punto de vista y deducciones con todos los detalles posibles, pero tratando de no hacer mi monólogo excesivamente largo. Me centré en los puntos que consideré de mayor interés, analizando las razones que me llevaron a ellos. Sin embargo, aun sabiendo que hablaba con la lógica y que era una buena síntesis, jamás me habría esperado que Leon me aplaudiese nada más terminé de hablar. Mi sorpresa fue evidente, y no pude sino escuchar con sumo interés las palabras las palabras del príncipe.

Mentiría si dijera que no me sentí halagada y motivada ante aquella situación, pero Leon hizo mucho más que simplemente limitarse a decir los puntos en que coincidía conmigo. Para empezar, me habló del marqués de Pherae, Eliwood, y del príncipe de Altea, Marth. Me resultaba de lo más útil que me pusiera al corriente de su relación personal con ambos, puesto que ninguna información era mejor que la que se obtenía de primera mano. Por otro lado… aquel dato sobre Plegia era de sumo interés.

Interesante… Muy interesante… ―murmuré mientras asimilaba toda la información obtenida, tratando de ponerla en orden.

Sin embargo, se ve que los momentos en que aparté mi mirada del príncipe no sólo me dieron a mí tiempo para reflexionar, sino que también él cayó en cierto dato relevante en lo que dije. Desde luego, no podía negar que Leon tenía buen ojo y memoria para los detalles, unas características indudablemente útiles.

Si me disculpáis, preferiría hablar de ello cuando hayamos zanjado otro asunto primero. Antes me gustaría seguir hablando del príncipe Marth, puesto que, por lo que decís, podría representar un peligro importante ―expliqué con urgencia. Ciertamente había esquivado el tema, pero realmente me parecía que la otra cuestión a tratar era mucho más inmediata―. He vivido durante muchos años en Lycia, y puedo confirmar que no he visto nada extraño en dicho país… pero Altea es una cuestión muy distinta. Toda la experiencia que he tenido allí se reduce a mi batalla contra los emergidos en la liberación y al día en que nos conocimos. Definitivamente no es suficiente para sacar conclusiones, pero vos acabáis de afirmar que no le agradan los magos negros, y en especial Plegia  ―resumí, mirándolo a los ojos―. ¿Estais absoluta y completamente seguro de lo que decís? ¿Sin el menor asomo de duda? ―lo interrogué, escudriñando su mirada en busca del menor atisbo de vacilación―. Porque, de ser así, el asunto es realmente grave. Lo cierto es que veo probable vuestra hipótesis: ¿qué mejor manera de tener a los magos negros bajo control que conquistando su país? En cualquier caso, ¿conocéis la razón de tal aversión? ¿Es odio? ¿Rencor? ¿Miedo? Porque cualquiera de ellas es razón suficiente para atacar un país… aunque no puede hacerlo solo ―comenté reflexionando―. En primer lugar, deberíamos averiguar cuáles son sus aliados. En segundo, evitar la guerra a ser posible. Pensadlo: si acaban con los magos negros de Plegia, ¿no sería lógico continuar con un país que tiene una religión similar y cuyo príncipe es también un mago oscuro? Porque lamento decirlo, pero aún no os habéis librado de la mala fama que cubre al reino ―expliqué, aun teniendo la certeza de que él lo sabía mejor que nadie. Sin embargo, traté de calmar mi alarma como pude. A veces pienso demasiado, y sé de sobra que soy bastante paranoica. No debería alarmar a Leon si no tenemos suficientes pruebas―. Pero no tenemos evidencias de nada de esto. ¿Guardáis más información que nos pueda ser de utilidad? ―pregunté, sin embargo―. Os ayudaré con todo lo que esté en mi mano, pero no podré hacerlo si no tenemos algo por lo que empezar.
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 31, 2016 6:37 pm

Parecía tener mucha confianza. Eso o un deseo inmenso de relacionarse con aquellos de la alta sociedad del mundo. No iba a insistirle: ella era libre de hacer lo que viese conveniente y yo no iba a ser quien se lo impidiese. No en esta situación, al menos.

La conversación de los campos de juego de la nobleza tomó un giro muy interesante cuando me dejó claro que a ella le encantaría participar en esas reuniones que eran un verdadero martirio. Además, se tomó la libertad de indicar otro consejo que, en cierto sentido, me recordó muchísimo a mi situación. Mi padre tuvo muchas mujeres con las que tuvo hijos y todas ellas lucharon por tener una posición social mayor que la de las demás usándonos. Supongo que es por culpa de esto que ese campo de batalla en el que la mentira y la traición son las mejores armas que uno puede blandir.

La práctica de la que me habláis me es conocida desde hace ya años. He sido testigo de ello. Estoy de acuerdo con su uso, siempre y cuando garantice el beneficio de Nohr como país. Siempre y cuando se cumpla ese requisito, tendréis mi permiso.

Compartí parte de mi información con Karen sobre Marth y Eliwood, los nobles que he conocido. Lo que le dije pareció resultarle interesante, pues poco después. La evasiva que me dio para hablar de un tema que en principio no me parecía ni de lejos tan grave me llamó la atención, pero poco después empecé a escuchar sus palabras. Me quedé en silencio escuchando cómo mi pregunta sarcástica podía dar a pie a mucho debate. ¿Lo peor? Que a medida que hablaba con más facilidad veía lo que decía como algo que, lejos de ser un comentario de locos, podría ser algo verídico y que simplemente había ocultado.

Él mismo me confirmó eso. También me explicó a grandes rasgos sus razones, y esas se asemejan al miedo. Pero, por otro lado, ¿por qué iba a hacerlo cuando se tomó la molestia de buscar paz con el país? Eso es lo que carece de sentido en esta hipótesis.

Karen me hizo otra pregunta. ¿Más información? Estuve haciendo memoria, sentado en todo momento.

El príncipe Marth ofreció un tratado de paz bastante generoso cuando podría haber sido mucho más agresivo considerando la posición. Especialmente considerando que podría haber usado ese rumor para…

¡Eso es! ¡El rumor! ¡Por eso me pareció tan buena aquella propuesta! Hablé de posibilidad de que usasen ese rumor para provocar caos entre Nohr y Altea cuando estuvo el príncipe Marth en nuestro país. ¿Y si el rumor hubiese servido precisamente para lo contrario? ¿Para hacer que Nohr no fuese hostil hacia el país usando a Kamui como garantía? De ser así, esa era una estrategia muy buena, debía admitir. Tanto que hasta me quitaría el sombrero de haber sido ese el caso.

Carezco de pruebas definitivas, pero incluso aunque se trate de simples pistas, es algo a tener en cuenta, definitivamente. Explicaría muchas cosas que en su momento me sorprendieron demasiado. De hecho, aún me cuesta creerlo, pero es mucho más lógico que una simple propuesta de paz… Especialmente considerando las cosas que pude averiguar de él en el poco rato en que nos conocimos ―me tomé una pausa. Todavía tenía que seguir aclarándome a mí mismo―. Hubo cierto rumor sobre espías de Nohr en Altea. Imagino que estaréis al tanto. En su momento lo tomé como un impedimento de aquellos que pudiesen estar en contra de la paz entre Nohr y Altea por los mismos motivos del rechazo del príncipe Marth a Plegia. Sin embargo, ¿y si hubiese sido a la inversa? ¿Y si el rumor fuese una herramienta para conseguir esta situación? Incluso aunque yo me negaría a prestar apoyo militar a Plegia, ahora mismo no podríamos incluso si quisiéramos.

Me quedé en silencio, pensativo. Si las cosas pasasen como yo creía que iban a pasar, entonces Altea es una amenaza a tener en cuenta. Además, había que tener en cuenta a Ylisse. Todos ciudadano del continente que se precie debe saber de la relación entre la familia real de Altea y la de Ylisse. Son de la misma familia, según tengo entendido.

En caso de que esta suposición sea correcta, es necesario enviar tropas de incógnito a Plegia. Si se desata la guerra entre los países, hemos de ser los primeros en saberlo. Por no mencionar que, si es como dices, Nohr puede ser el siguiente objetivo.
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Dom Abr 03, 2016 2:14 pm

Por supuesto. Ya os he dicho que todo lo que haga será en beneficio de Nohr ―afirmé de nuevo.

Sin embargo, las palabras se las lleva el viento, y yo demostraría mucho antes de lo esperado con quién estaba mi lealtad. Después de todo, una posible traición por parte de Altea no era un asunto de broma.

¿Hipótesis? Muchas, todas realmente factibles, y me encargué de enumerarlas ante el príncipe para asegurarme de mantenerlo alerta. ¿Hechos? Aún desconocía si los había que secundaran estas posibilidades, y por ello comencé a preguntar para obtenerla. Para comenzar, el temor del príncipe Marth hacia los magos oscuros parecía ser cierto. Sin embargo, acusar a un país de una posible invasión sólo por eso era, cuanto menos, descabellado. Necesitaba saber si todo acababa ahí, y en ese caso poder estar prácticamente tranquilos, o si había algo más que debiese saber y poder ir tirando del hilo. Aun así, Leon calló antes de terminar la explicación que le había pedido.

¿“Para…”? ―le insté a seguir hablando.

¿Posición? ¿Rumor? Había demasiados rumores en el mundo, muchos sobre Nohr, como para poder deducir a cuál se refería. Aunque… ¿no había uno relacionado con Altea? ¿Algo como que uno de los príncipes de Nohr acabó allí y resultaba ser un espía? Permanecí callada, pero no pude evitar preocuparme. ¿Cuánta verdad habría en aquello? Si resultase ser cierto, estaríamos en un verdadero aprieto. Afortunadamente no me hizo falta preguntar para recibir pronto mi respuesta. Definitivamente, aquel razonamiento tenía sentido. ¿Por qué si no iba a aliarse Altea con un país que tiene un príncipe de la clase que tanto temen?

Si la alianza entre vuestros países se llevó a cabo a raíz de aquel rumor ―cosa que hasta entonces no pude saber, pues nunca antes había podido estar tan cerca de la realeza―, no me extrañaría en absoluto. ¿Puedo conocer los detalles del acuerdo? Por ejemplo, ¿qué país tuvo la iniciativa para el tratado de paz? ¿Cuáles fueron exactamente los términos? ¿Qué reino se llevaba la mejor parte en la negociación? ―pregunté francamente interesada en las respuestas―. Tengo también entendido que vuestras relaciones comerciales se llevaron a cabo precisamente por este tratado de paz, así que las considero de interés. Lo digo porque sólo hace falta visitar brevemente ambos reinos para darse cuenta de la cantidad de recursos que posee Altea en comparación con Nohr. Aquí es imposible que haya bosques, cultivos o ganadería, y si bien es posible la pesca, es evidente que ésta también existe en Altea. Imagino que vuestra minería será buena, tanto para metales como para joyas, pero ¿hasta qué punto eso beneficia al otro reino? Por lo que pude comprobar en mi breve viaje allí, no parecían faltar ninguno de los dos ―paré unos segundos, observando aún más intensamente a Leon, comprobando si había visto a dónde quería llegar―. En caso de que fuese Altea quien inició el trámite, ¿qué esperaba ganar con un acuerdo que, a decir verdad, no le beneficiaba en absoluto? ―pregunté retóricamente antes de concluir―. Tal vez sólo quería ganarse vuestro favor para evitar que os interpusierais en su camino.

Por fortuna, Leon pensaba rápido: ya había dispuesto una prevención contra el posible problema. Sin embargo, debíamos ser prudentes y asegurarnos de no avanzar demasiado rápido.

Estoy de acuerdo, aunque tal vez enviar tropas sería excesivo: en Plegia podrían tomarlo como una invasión. Con unos cuantos espías debería ir todo bien… aunque claro, tendríais que pensar una excusa convincente en caso de que los descubriesen ―aconsejé, intentando que nuestros movimientos fuesen prudentes―. Recordad que, a pesar de todo, no tenemos más que hipótesis. Tal vez el tratado de paz sí fuese una muestra de buena voluntad, porque, reconozcámoslo, no hay nada que pueda explicar la presencia de vuestro hermano en Altea. De hecho, si hay algo que no me hayáis contado y que creáis oportuno que deba saber… este es el momento idóneo ―dije entrecerrando los ojos, preguntándome si había algo que me hubiese ocultado. Después de todo, no nos conocíamos tanto como para fiarme por completo de él, y menos de su familia, de los cuales sólo sabía lo que se contaba―. En cualquier caso, deberíamos esperar: hasta que Altea no realice algún movimiento militar contra Plegia, realmente no podemos hacer nada.
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Lun Abr 04, 2016 5:51 am

Empecé a expresar en voz alta hipótesis sin pruebas, pero las preguntas que Karen me hizo al respecto, junto con el resto de comentarios, me hicieron pensar que quizás esto era algo más que una simple hipótesis. Además, hizo hincapié en el asunto en que ya hablé con el príncipe Marth en su momento.

Si hubiese algún motivo oculto, sin duda ese sería muy lógico ―dije―. Después de todo, las consecuencias se están viendo y fue el príncipe Marth el que tuvo la iniciativa… Si bien es cierto que, como decís, haya sido un simple acto de buena fé, todo es posible…

Después, Karen hizo mención a un asunto perfectamente lógico. Mi hermano Kamui. La razón de su presencia allí es el mayor interrogante de todos y, por muchas vueltas que le diese, todavía no soy capaz de ver una respuesta lógica. Sus actos habían sido, cuanto menos, llamativos. De hecho, si mi padre hubiese sabido de esto, lo habría mandado decapitar.

Normalmente no estaría en condiciones de hablar con nadie que no fuese leal a Nohr sobre esto, pero es tan simple que no hay ningún problema en explicároslo… ―suspiré―. Resumiré vuestra indirecta en una simple frase: mi hermano Kamui es incapaz de tareas tan sutiles como el espionaje. Le es completamente imposible.

Fui, quizás, demasiado duro con él. Pero es que era cierto y, además, tenía motivos de sobra como para serlo. Siempre tengo que estar intentando solucionar los problemas en los que se mete. Y… tuvo suerte de que Marx no estuviese en esos momentos disponible. Su reacción habría sido mucho peor que la mía. ¿Por qué era Kamui en ocasiones tan... especialito?

Y eso es en resumen lo que sé del príncipe Marth… Por lo menos hemos sacado en claro que tenemos una forma similar de pensar. Eso facilitará las cosas para el contrato… Me gustaría que leyeses esto… ―tomé otro documento y se lo entregué a Karen―. En él están redactado vuestro pago y tiene escrito la alcoba del castillo en la que os alojaréis. Pero antes, me gustaría volver a un tema que no pudimos discutir anteriormente por petición vuestra ―no iba a dejar eso escapar―. Iré al grano: antes mencionasteis que el Senado de Begnion era corrupto y que teníais evidencia al respecto. ¿A qué os referíais?
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Mar Abr 05, 2016 6:40 pm

Coincido con vos ―asentí―, mas a menudo es preferible hacerse el ingenuo que declarar las sospechas, y en este caso nos conviene creer en la buena voluntad del príncipe Marth… por el momento. Sin embargo, si hace algo sospechoso, al menos ahora no estaremos desprevenidos.

Aun así, de nada servía evaluar las posibles intenciones de otros gobernantes si había dudas sobre aquellos a los que serviría a partir de ahora, y esta fue la causa de que preguntase ahora por el príncipe Kamui. A pesar de todo, la respuesta del príncipe Leon no fue precisamente esclarecedora. ¿De cuántas formas podía interpretarse aquella frase? Cerré los ojos e inspiré por un instante antes de hacer la temida pregunta, intentando que no se notase demasiado que estaba un poquito tensa.

¿Significa eso que realmente lo enviasteis a espiar y que fracasó estrepitosamente? ―inquirí abriendo los ojos y mirándolo fijamente, sin querer creerme una posibilidad tan estúpida. Al menos, si era el caso, podría intentar evitar estas situaciones personalmente en cuanto comenzase a trabajar aquí―. Espero que no sea el caso, pues imagino que, de ser así, lo habríais preparado mejor.

Pero la conversación no tardó en avanzar, y he de decir que tuve emociones contradictorias cuando continuó hablando. Por un lado, era bastante útil que Leon tuviera buena memoria… pero, por el otro, no me convenía mucho que hubiese vuelto a sacar el tema. Lo cierto es que esperaba que, por la intensidad del resto de la conversación, se hubiese olvidado ya de aquello. Obviamente, fue en vano. Y aquello no fue lo peor.

Antes de hacerme la pregunta me había avivado el ánimo tendiéndome el contrato que en breve firmaría. No, no se trataba de que el pergamino estuviese a mi alcance… sino de que la llave de mi vuelta a la nobleza estaba, literalmente, en mi mano. ¿Conoces la sensación de tener algo justo delante de ti y al mismo tiempo a un precipicio de distancia? Pues así me sentí yo tras aquella cuestión: una respuesta equivocada podría conllevar la ruptura del contrato… y eso era algo que no me podía permitir. Lo cierto es que, si no supiese que el pergamino fuese algo fácil de quemar o romper, me habría sentido tentada de firmar allí mismo, antes de responder, para que ya no hubiera marcha atrás. Obviamente aquello no fue más que una absurda escena que escapó de mi mente nada más imaginarla.

Habiendo ganado tiempo mientras leía detenidamente el contrato, el cual me pareció ser francamente provechoso para mí (y en especial la parte de alojarme en el castillo), alcé de nuevo mi mirada a los ojos del príncipe, sabiendo lo que diría. Obviamente, no podía contarle nada sobre que yo era branded, y mucho menos hablar de mi pasado: a saber lo que inventaría sobre nosotros el Senado de Begnion si se enteraban de que un “cabo suelto” había llegado a donde estaba yo. No, aquello debía esperar hasta comprobar hasta qué punto era Leon de confianza.

Durante el tiempo que estuve allí supe que eran capaces de asesinar a quienes sabían demasiado sobre ellos o a cualquiera que pudiera causarles un problema directa o indirectamente. En el caso que conozco, ni siquiera se molestaron en comprobar si las acusaciones eran ciertas: decidieron cortar por lo sano y matar a las potenciales amenazas, echando las culpas a otros, obviamente. Todo lo que parece importarles es el poder y mantener impoluta su imagen ―relaté casi sin emociones, como quien recita un informe―. Encontré a uno de los asesinos que contrataron y logré hacer que confesara para quién trabajó. Sin embargo, dudo que pueda volver a dar con él, y de hecho no me extrañaría que contratasen a distintas personas para distintos encargos ―mentí en aquella última parte, pero tenía que explicar de algún modo que yo gozara de tal información―. Espero que comprendáis que no pueda hablar más del tema: se trata de una acusación muy grave, y sin pruebas tangibles es como si no tuviera nada en absoluto… igual que con el asunto del príncipe Marth.

Esperaba que la información fuera suficiente como para lograr que no siguiese insistiendo. En cualquier caso, consideré prudente cambiar de tema.

Por otra parte, estoy completamente conforme con el acuerdo del contrato ―afirmé esta vez sonriendo de nuevo―. Si no tenéis más preguntas y podéis ofrecerme un tintero, firmaré gustosa en cuanto os parezca oportuno.
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Miér Abr 06, 2016 11:38 am

Aunque me pareció haber sido lo suficientemente claro, no lo fue para Karen. Sinceramente, me molestaba tener que explicar ese tipo de cosas, especialmente cuando creí haber sido tremendamente claro al respecto. Suspiré, pensando que la situación era más delicada para ella. Si decía una palabra en falso, podría provocar mi ira y… bueno, entonces tendríamos un pequeño problema.

Creí haber sido claro… ―suspiré―. Lo diré de una forma aún más simple ―entonces dirigí una mirada cansada a la pelirroja―. Mi hermano destaca en el campo del espionaje por su carencia de capacidad en el mismo ―fui bruto―. Tiene sus puntos buenos, pero el espionaje no fue, ni es, ni será jamás uno de ellos ―y… quizás demasiado específico―. Que alguien le ordene espiar una nación ajena es una decisión tan mala que ni siquiera quiero pensar en cómo has podido siquiera concebir que nosotros, sabiendo cómo es, le enviásemos a hacer algo parecido ―suspiré―. ¿He sido esta vez lo bastante claro, Karen?

Aquella pregunta era una forma nada sutil de decir “no quiero seguir discutiendo este tema tan estúpido” que esperaba que la pelirroja captase con rapidez. ¿Lo haría? ¿O seguiría insistiendo en algo que no existe? Lo único que sí que no creo que se le ocurriese siquiera insinuar es que mi hermano había planeado eso para provocar que Nohr estuviese endeudada con Altea. Eso haría que toda negociación del contrato se esfumase al instante. Si es inteligente, no lo hará. Si, además, tiene sentido común, comprenderá que mi forma tan brusca de decir las cosas es que, simplemente, mi hermano es así.

Luego me explicó lo del Senado. Hubo tan solo una cosa que me llamó la atención. Dijo que tenía evidencia, pero no pruebas tangibles. Eso implica que lo único que tiene es los testimonios de aquellos que estuviesen en el asunto, como aquel asesino. Tenía sentido la explicación. Sin embargo, no me cuadraba que dijese que es el mismo asunto que con el príncipe Marth.

Es completamente diferente ―corregí―. La base es la misma: no existen pruebas que se puedan usar, pero el simple hecho de saber que el Senado es corrupto ayuda para saber cómo actuar al respecto. Es hasta posible que alguno de ellos tenga relación con los emergidos. Además ―me llamaba la atención el asunto―, no teníais ninguna razón para mentirme con este asunto. La relación de Nohr con Begnion no es ni buena ni mala; es completamente neutral. ¿Para qué buscar una mentira como esa cuando no hay necesidad? ―pregunté de forma retórica―. Además… lo más importante no es lo conocido, sino lo que otros crean que conocemos. ¿Cuántas posibilidades hay de que el Senado, suponiendo que lo que decís es cierto, sepa que otros países han recibido información de su corrupción?

Además, hay que aprovechar el momento más indicado para después apuñalarlos por la espalda con la publicación de esa información. Lo siguiente que es necesario son nombres, en ese caso. Una lista de nombres de los implicados. Y dará igual si hay prueba tangible o no. La razón de ello es la misma reacción de Karen con respecto a mi hermano. Ese rumor ha sido poderoso.

Hubo otra cosa de Karen que me llamó la atención. No solo sabía leer (que lo había averiguado antes), sino que sabía escribir. Antes no quise preguntarle pero, ¿de dónde aprendió? No sabía que a los plebeyos se les enseñase a leer. Además, está el asunto de su forma de hablar. Parecía algo completamente natural para ella. ¿Lo estaba pensando demasiado? Seguramente…

Solo una pregunta por curiosidad, Karen ―dije―. Os hablé sobre eso anteriormente… ―ofrecí el tintero que se encontraba a mi izquierda y se lo acerqué un poco, para que escribiese en la misma mesa―. Dijisteis que erais de Begnion. ¿Eso significa que os habéis relacionado con los laguz? ―pregunté―. ¿Cuál es la diferencia entre el término “laguz” y el término “subhumano”? Tengo entendido que se refiere a ambos, pero escuché que el segundo era un insulto. ¿Por qué? ¿Qué diferencia tanto a los laguz de los humanos?
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Jue Abr 14, 2016 4:20 pm

Estaba claro que mis palabras no le habían sentado bien al príncipe, y no podía decir que no lo comprendiera. Supongo que tendría que para evitar que se altere tendré que explicar la razón del malentendido.

Transparente, alteza ―respondí completamente calmada, dejando a un lado la tensión que tuve la última vez que hablé―. Sin embargo, he de recordaros que, por muy bien que se me dé desenvolverme en este tipo de lenguaje, aún no tengo la suficiente práctica… por no mencionar que tiene cierta característica que es, al mismo tiempo, una gran virtud y defecto ―expliqué, echándome en parte la culpa del malentendido, esperando que eso lo tranquilizara―. Esa gran virtud y defecto es la de que casi cualquier cosa que se diga habitualmente puede interpretarse de más de una forma. Vos habéis dicho, literalmente, que alguien “no es apto” para llevar a cabo cierta tarea… no que no la hayáis enviado a hacerla. Obviamente ya he comprendido el malentendido ―me adelanté antes de que pudiera replicar por si se sintió ofendido―, y veo que ha sido por mi culpa, pero agradecería que en el futuro se me hable de la forma más específica posible. Estoy convencida de que creéis que lo habéis hecho, pero os recuerdo, una vez más, que a pesar de mi desenvoltura aún no estoy del todo acostumbrada. Por ello, agradecería que tuvierais esta deferencia conmigo en el futuro.

No lo dije, pero se me ocurrió que, tal vez, aquella fuera también la razón de que no le fuera tan bien en las reuniones entre nobles. Probablemente debería decírselo, pero estaba claro que este no era el momento. Ya lo haría en la próxima ocasión.

Finalmente la conversación avanzó, y al menos la táctica sobre compararlo con el asunto del príncipe Marth surgió efecto: habíamos cambiado de tema y no parecía querer indagar más. De hecho, más bien justificaba la confianza que tenía en mí.

Supongo que tenéis razón ―sonreí a Leon.

Pero, una vez más, el príncipe hizo gala de su buena memoria. Lo escuché aún más atentamente en el momento en que pronunció la palabra “laguz”, temiendo acabar en un problema por ser una branded. Sin embargo, contuve un suspiro de alivio cuando vi que estaba a salvo. Sólo quería saber sobre el término “subhumano”.

Nunca he tenido la ocasión de relacionarme con los laguz, aunque sí que he visto algunos de lejos ―expliqué mientras tomaba la pluma para firmar, dejando de lado el hecho de que siempre los evité―. Su mayor diferencia con los humanos son sus características físicas de rasgos animales al menos en algunos de ellos, pero todos tienen capacidades superiores. Mejor oído, olfato, una vida mucho más larga… ―terminé de escribir “Katherine Blackshine” en una preciosa caligrafía, y la admiré por un momento antes de entregar el documento a Leon y continuar la explicación mirándolo a los ojos―. Sin embargo, sí, tanto el término “subhumano” como la palabra “laguz” se refieren a ellos. Los humanos suelen llamarlos “subhumanos”, pero a ellos no les gusta que los llamen así, y por lo general prefieren el término “laguz” ―relaté, recordando las palabras de mi madre, quien sí tuvo un trato cercano con los laguz durante su vida errante, por lo que pudo conocer además el punto de vista de estos―. Supongo que tiene sentido. Los humanos los ven como animales listos, así que los llamaron “subhumanos” como podrían haberlos llamado “superanimales”. Rara vez los consideran personas, sino más bien mascotas, esclavos o guardianes. Pero debéis saber que los laguz son seres orgullosos ―advertí―. Esa palabra les resulta tan insultante como a nosotros nos gustaría que nos dijesen “sublaguz”. Además, no son en absoluto tontos. Puede que muchos de ellos vivan de forma nómada y no sepan nada de la vida urbana, pero si han sobrevivido tanto tiempo de esa manera, y muchos de ellos sin ser capturados, pues por algo será ―sentencié―. Sin embargo, imagino que los humanos tendemos a mirar al resto por encima del hombro, tal vez por ser la raza más abundante ―reflexioné como conclusión―. Espero haber satisfecho vuestra curiosidad, alteza.
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Mar Abr 19, 2016 6:20 am

Parece ser que tras muchos esfuerzos pude dejar el mensaje claro. Karen se encargó de explicarlo de una forma que me molestó bastante, la verdad. Para empezar, no tenía por qué darle explicaciones sobre los actos de Kamui en general considerando que está al mismo nivel de autoridad que yo. Él no responde ante mí. Segundo, porque había intentado hacer que la culpa recayese sobre mis hombros, por muy lógicos que fuesen sus argumentos. Aunque admito que esa forma verbal de defenderse es bastante útil en caso de que sea necesario.

Lo tendré en cuenta para la próxima ocasión ―fue la respuesta con la que intenté ocultar mi molestia, aunque creo que no lo hice muy bien.

Por suerte, más que de asuntos personales y de mi forma de hablar, teníamos que terminar las cuestiones del contrato y mi último pequeño dato de curiosidad: los laguz. Parece ser que no ha tenido trato con ninguno, aunque los describe como si fuesen superiores a los humanos. No tiene sentido en ese caso llamarlos subhumanos si de verdad fuesen tan superiores físicamente a nosotros. La explicación de Karen me respondió esa duda incluso antes de que pudiese expresarla. Entonces… ¿son más animales que personas? Pero no tiene sentido. He escuchado de vez en cuando que hay quienes se refieren a ellos como bestias. Pero, si tienen inteligencia, ¿no sería incorrecto referirse a ellos como tal? ¿No es la inteligencia lo que nos distingue a los humanos de los animales? De ser así, si ellos la poseen, ¿no sería falso asumir que son animales, para empezar?

No tiene ningún sentido ―respondí pensando en voz alta―. ¿Por qué referirse a ellos como animales? Los humanos tenemos la capacidad de pensar y, si no son tontos como bien habéis dicho, eso implicaría que tienen un intelecto que los separa de los animales. ¿Cómo es posible entonces que haya quienes quieran tratarles así? Si tienen intelecto, eso quiere decir que deben tener la capacidad de pensar. ¿No los haría eso tan humanos como nosotros? Sin embargo, también tiene sentido que los humanos les tratemos como algo inferior. El orgullo y la soberbia del hombre nunca han conocido límites. ¿Por qué iba a hacerlo con esta especie diferente?

Pero no hubo tiempo para siquiera una respuesta a mis interrogantes internos, pues pronto un soldado entró sin siquiera llamar a la puerta. Le faltaba el aire, así que antes de pedirle que explicase la situación, dejé que tomase un poco de aire para que no se agobiase.

Espero que sea algo importante…

Sí, señor… ―el soldado terminó de tomar aire antes de continuar hablando―. ¡Han aparecido emergidos al este del castillo! ¡Están a un día de camino!

¿¡Qué!? ¿Y cómo no les habéis detectado antes?

Sobre eso, señor… ¡Han venido de bajo tierra! Sospechamos que han cavado un túnel que les ha dejado cerca del castillo ―interesante… Y peligroso.

Muy bien, preparad posiciones defensivas. Vamos a enfrentarnos a ellos en el castillo. Usad a jinetes de wyvern para poder usar el terreno a nuestro favor como corresponde. Así reduciremos una buena parte de la potencia enemiga. ¡Preparad también las balistas!

El soldado aquel se fue y, como era de esperar, me dirigí entonces a Karen.

Como habéis escuchado, la situación es bastante tensa. Si vais a ser mi consejera de forma oficial, será necesario también que sepáis una cosa sobre mí: siempre voy con los demás soldados al combate. Eso también os incluye. Sin embargo, me ocuparé de protegeros de la mejor forma que conozca.
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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Invitado el Miér Abr 20, 2016 1:54 pm

Por su cara, parecía que “su alteza” era demasiado orgulloso como para darme la razón en la circunstancia más obvia. Aquello sería un problema, pero ¿qué se podía esperar de alguien que había sido príncipe toda su vida? Sin embargo, me mantuve tranquila mientras seguía hablando. ¿No quería darse cuenta de que debía tener cuidado con los dobles sentidos? Muy bien. Ese era su problema. Ya acudiría a mí en busca de ayuda cuando provocase un conflicto entre naciones por haber sido poco específico con otro miembro de la nobleza. Entonces le recordaría lo que acaba de pasar.

En cualquier caso, la conversación avanzó hasta tal punto que incluso llegué a firmar el contrato. Y parecía que el asunto de los laguz le interesaba bastante, y no pude evitar sonreír levemente al comprobar que Leon parecía más sensato que el resto del planeta. Curiosamente, me daba la impresión de que ello se debía, precisamente, a que aquí eran difíciles de encontrar. ¿Cómo podían respetarlos más en un país donde se desconocía el término “laguz” que en Tellius?

Parece que os habéis respondido vos mismo ―confirmé complacida―. Pero, por lo que sé, los laguz se enorgullecen de no ser humanos, probablemente por cómo son tratados por éstos. Diría que humanos y laguz somos personas, aunque nuestras razas sean distintas. Sin embargo… no sabría decir si sería acertado que digáis en voz alta vuestra opinión al respecto ―advertí―. Puede serviros para ganar el no-odio de algunos laguz, pero ante los humanos podrían acabar viéndoos, cuanto menos, como un excéntrico que no sabe de lo que habla. Mi consejo es que tratéis a los laguz con respeto y procuréis, entre los humanos, no dar una respuesta clara o…

Pero no pude terminar, porque un soldado irrumpió en la estancia sin previo aviso. Estaba claramente agitado. Definitivamente, algo grave ocurría.

Y así era. Los ojos se me abrieron como platos ante la noticia. O los emergidos eran más listos de lo que imaginaba o estaban siendo dirigidos por alguien: cavar un túnel no era fácil, y menos orientarse bajo tierra. Debíamos prepararnos cuanto antes, y Leon se encargó de ello. De hecho, no pude evitar admirarme ante la rapidez, precisión y eficacia de sus órdenes. Se suponía que un príncipe debía ser capaz de ello, pero eso no lo hacía menos impresionante: era consciente de sus recursos y cómo utilizarlos. ¿Tendría esta habilidad para dar órdenes, altas y claras, algo que ver con su incapacidad para captar los dobles sentidos?

Pero apenas pude reflexionar sobre ello, porque enseguida se dirigió a mi persona.

No os preocupéis por mí, alteza ―dije incorporándome―. No me habríais contratado si no tuvierais la certeza de que sé valerme por mí misma. Sólo decidme dónde puedo encontrar una armadura ligera y estaré preparada cuanto antes.

¿Para qué mentir? Me gustó saber que el príncipe no se limitaba a dar órdenes desde su torre, sino que se unía a sus soldados en la batalla. Y yo demostraría estar a la altura.


Tema Acabado

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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

Mensaje por Eliwood el Mar Mayo 03, 2016 11:38 pm

Tema cerrado.
50G a cada participante.

Ambos obtienen un incremento de +1 EXP.

Gracias al aumento de experiencia, Leon obtiene un nuevo skill de la rama Dark Mage:

Mal Augurio - La sola presencia del mago oscuro, activando este skill, genera inquietud y duda en aquellos a su alrededor; aliados, neutrales y enemigos. En el caso de enemigos causa también un miedo instintivo que les pone a temblar incesantemente, entorpeciendo sus capacidades. Sólo compañeros de support clase A o S pueden optar por verse sin reacción alguna ante este skill.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gema de Ascuas
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3173


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Re: ¿Una ladrona en el castillo? [Priv. Leon Nohr]

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