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Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

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Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Jue Mar 03, 2016 4:47 pm

La sangre le hervía en las venas como si un fuego incapaz de ser apagado se estuviese alojando en su interior y este le mantuviese en ebullición, alimentando la rabia que le estaba consumiendo poco a poco, mientras se desplazaba rápidamente (o no tan rápido como quisiera por la herida de flecha en el hombro, pero si lo suficiente como para moverse rápido) entre los árboles del gran bosque de Gallia.

No sentía ganas de despedazar cualquier cosa con sus manos solo porque unos estúpidos humanos le hubieran intentado atacar. No, eso era demasiado banal en su vida como para que algo como el intento de asesinato le sacase un odio visceral. Lo que le hacía sentirse tan intranquilo y experimentar tanto desasosiego eran las emociones que se agolpaban todas a la vez dentro de él. No se comparaban, ni tenían nada que ver, con esas que le recorrían entero cuando perseguía a una presa: excitación, anticipación, diversión… Todas las sensaciones que le hacían vibrar y disfrutar. Pero aquella vez, no era así.

No se sentía en absoluto así. Y lo odiaba, lo odiaba muchísimo.

Sentía odio, y repulsión. Recordaba para sus adentros la escena que no se iba de su mente; una flecha, un empujón y Kurth interponiéndose. Luego de eso hubo sangre, y fue la primera vez que la sangre no le parecía tan divertida. La situación de Kurth no era nuevo para él; había visto como inocentes sufrían daños por haber intervenido él, sin embargo, siempre había pensado que cada uno tenía que hacerse cargo de su propia seguridad, y que lo de “proteger a alguien” no tenía sentido alguno. Cada ser tenía su vida, ¿Qué conseguiría salvando la de alguien si no le veía ninguna clase de necesidad?. La bondad y el sacrificio eran conceptos extraños para él, sin explicación y demasiado relativos. ¿Por qué Kurth había actuado? ¿Por qué al haberse visto afectado, el se sentía tan enfadado consigo mismo?

Había demasiadas preguntas que le rondaban la mente, y todas ellas parecían ser formuladas por la voz que siempre le pide más en sus trabajos:
“¿Por qué hemos vuelto a Gallia para querer masacrar a esos humanos? Nadie nos está pagando por hacerlo, y nosotros no gastamos fuerzas y tiempo innecesario en venganzas. ¿Es esto una venganza? ¿Por qué te sientes tan enfadado contigo mismo? ¿Es porque no entiendes nuestras propias emociones? ¿Crees que es ese instinto del que nos habló madre hace ya tanto tiempo? Él no es ni siquiera de nuestra especie.  ¿Por qué seguimos siquiera… aquí?”

¡UGH…! —Soltó un quejido, o más bien, se escabulló por su garganta. No sabía si porque no podía hacer acallar esa voz o porque el dolor del hombro estaba empezando a expandirse de nuevo por su cuerpo. No, no. Ahora no, maldita sea. El olor de los humanos no estaba lejos de allí, estaba empezando a adentrarse en su coto de caza particular. Si podía (no, IBA a hacerlo. Era lo que había ido a hacer allí) pillarlos desprevenidos, les podría hacer lo que él quisiera. Abrirles en canal, cortarles la cabeza, arrancarles las extremidades… Cualquier cosa que les hiciera sufrir y a él, le hiciera sentirse mejor consigo mismo.

Metros más adelante, una figura cercana a un árbol hizo que saliese de sus pensamientos. La figura, que resultaba ser un hombre de mediana edad, con un arco tensado en la mano, salió corriendo justo cuando cruzo miradas con el taguel. Y como si fuese cosa de simples reflejos animales, Chezaek le persiguió directo, esquivando árboles justo a centímetros de distancia de una colisión, con una idea fija y única en su cabeza:
“Mátalo.”
Sin embargo, justo cuando puso un pie dentro de la zona crítica, hubo un aura que le estrelló directamente en la cara, desvaneciéndose de golpe la voz que le susurraba constantemente, como si cortasen un hilo de un tajo.— ¡¡MIERD-!!

El hombre corriendo, la corta persecución, la provocación instantánea para atraerle... Aquello había sido parte de una trampa todo ese tiempo. Chezaek vio envueltas sus piernas en una red con pesos que se enredó en si misma por la velocidad y le arrastró varios metros por el suelo. El punzante dolor en el hombro no le ayudó en absoluto a reaccionar, y antes de que pudiese darse cuenta vio una cuerda, a modo de lazo que se anudaba a su cuello. Por mucho que se intentase zafar, estaban empezando a contrarrestar sus movimientos para que permaneciese en el suelo.
“¡¡Joder, joder…!!”

Esta vez, él era la presa siendo cazada.
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Re: Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

Mensaje por Reyson el Vie Mar 25, 2016 5:13 am

Gallia era peligroso sitio que transitar en aquellos días, Reyson era consciente de ello. Debía mantenerse sobre las copas de los árboles al sobrevolar sus bosques, hacer la menor cantidad de paradas posibles y moverse con cautela. Un vuelo lento y larguísimo para una criatura que no estaba hecha para viajar grandes distancias. Pero era necesario que así lo hiciese, aún si se sentía agotado con rapidez y se hallaba resintiendo ya el peso de sus plumas; la "plaga", ese ejército invasor con el que no parecía dejar de toparse cada vez que se alejaba de la seguridad del palacio, tenía rutas enteras trazadas y recorridas copiosamente dentro de Gallia, como las tenía en tantos otros reinos, haciéndolos a todos posibles zonas de guerra. Casi ningún sitio era territorio seguro por el cual viajar. Si podía tomar alguna clase de precaución para asegurar su llegada, debía hacerlo. Y volar bajo era sólo la primera de ellas, tan bajo que sus plumas casi tocaban el follaje más alto sobre los árboles al pasar, desplegando frente a él un mar verde cuyo fin no llegaba a ver, en lugar de la amplia visión que habría tenido si tomase más altura.

Oh, pero la plaga no era el único peligro al que debía estar atento allí. Si bien no percibía gran diferencia entre esos agresivos humanos de pocas palabras y los demás de la raza, se suponía que la hubiese, y había humanos de aquel otro tipo en Gallia. Humanos "comunes" que se habían asentado en una provincia apartada, construyendo allí todo un pueblo, producto de cierta relación diplomática entre Gallia y Crimea. Humanos pacíficos, se suponía, para nada relacionados con la guerra. El príncipe blanco desconfiaba de ellos de igual modo. A saber a cuales tendría que temer más.

Escuchó un ruido extraño entre los árboles, un traqueteo pesado pero estable, como una especie de artefacto sobre ruedas. ¿Una carreta? Pensó enseguida en humanos, si bien los felinos y hasta los demás laguz habían aprendido ya bastante sobre invenciones humanas, no habían adoptado casi ninguna para usos personales. ¿Debía desviarse en su camino? ¿En qué dirección? ¿O sería mejor sólo apresurarse y dejar ese ruido atrás? Tan espeso era un bosque de aquella zona, que desde el suelo se veía bastante impedida la vista del cielo, y un ave blanca como él se detectaría bastante tarde incluso a ojos en plena vigilia; por eso era conveniente mantenerse justo sobre las copas de los árboles. Creyó que estaría bien si sólo seguía así. Sin embargo, pronto escuchó también el rítmico golpeteo de las patas de algún animal que llevase prisa, luego algunos sonidos más que sospechosos, quejidos y maldiciones. Oh, el asunto le agradaba cada vez menos...

Bajó, esperó a oír con claridad un sonido más, se metió justo allí entre los árboles y se posó en una rama alta para observar lo que sucedía. Sabía que entraba en un área de peligro, lógicamente comprendía que no tendría que dirigirse hacia la fuente del ruido, pero se conocía a sí mismo bien y sabía que no había modo en que pudiese ignorar esa clase de cosas. Simplemente no podría. No se llevó sorpresa alguna de ver una carreta con una jaula de gran tamaño detenida en el estrecho camino entre el bosque, así como un pequeño grupo de humanos gritándose indicaciones mientras se pasaban tramos de cuerda y garrotes de mano en mano. Llegó a ver al taguel un instante antes de que este cayera en la trampa y un par de boleadoras se cerraran en torno a sus patas, arrastrándolo por el suelo y dejándolo inmóvil. Los humanos, lógicamente, se juntaron a su alrededor al instante, atándolo. Uno de ellos sacaba por si las dudas un látigo con extraños destellos metálicos en las puntas. ¿Y qué podía hacer la garza al respecto? No lo había pensado en absoluto. Se había acercado temiendo que estuviese sucediendo exactamente lo que estaba sucediendo, y allí estaba él, sin idea de cómo intervenir.

Voló de una rama a otra, tras las espaldas de los humanos, buscando ver el rostro del laguz capturado. Nunca había visto a un taguel en persona antes, había oído que quedaban pocos tanto como que no quedaba ni uno solo, pero por sus largas orejas podía reconocer lo que era. Necesitaba comunicarle que sería sacado de esa horrenda situación, ayudarle a mantener la calma por el momento. Posado sobre una nueva rama, cambió de forma para mostrarse no como un ave más, sino como un laguz, alguien que podía asistirle; y en su forma beorc aparecía como un varón joven sentado sobre aquella rama, de largo cabello rubio y alas de formidable tamaño plegadas a su espalda. En el sombrío entorno, tan blanca silueta destacaba rápidamente a los ojos. Fue por ello que sólo se tomó el tiempo de llevar un dedo a sus labios en gesto de silencio, antes de retroceder entre los árboles para desaparecer un poco, mejor ocultarse hasta pensar en un plan que arriesgarse a que los humanos lo atrapasen a él también.

¡Malditas criaturas imprudentes! El odio se avivó en su pecho al verlos arrastrar al taguel sin la más mínima consideración hasta la carreta, abriendo la puerta de la jaula para lanzarlo dentro. Los humanos tomaron el frente entonces, metiéndose en el carromato y dejando fuera sólo a quien dirigía la carreta, manejando a un par de toscos caballos. Partieron por el camino nuevamente. Reyson les siguió a corta distancia, volando cuidadosamente entre los árboles, en constantes desvíos para evitar atascarse entre las frondosas ramas. Tal parecía que el taguel quedaría a solas en la jaula. Al pensarlo, no dudó en adelantarse hasta dar alcance, reapareciendo a la vista del cautivo al meterse en el carro. Sus pies no hicieron ruido alguno al tocar el suelo de madera, anormalmente ligeros. La garza se agachó frente a la jaula, manteniendo las alas bajas, sólo semicerradas, por si las dudas, y examinó la forma en que estaba cerrada la estructura. - Ten calma, no hagas demasiado ruido. Intentaré sacarte de esto... - Le susurró al laguz, mirando con preocupado gesto entre los barrotes. - ¿Sigues despierto allí? -
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Re: Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Miér Mar 30, 2016 12:48 pm

Antes de que pudiera hacer que su piedra reaccionara para que su cuerpo adoptase su forma original de taguel, los humanos cazadores golpearon a Cheza de forma que quedara mareado y magullado contra el suelo, a la par que lo ataban con una rapidez que, si pudiese estar totalmente cuerdo, le hubiera sorprendido.

En el ambiente solo podía escuchar gritos y risas, ordenes de qué hacer y cómo proceder una vez lograron que la bestia extraña cayera en la trampa preparada. Eso no hizo que dejase de forcejear tratando de arañar alguna de sus cuerdas, lo que provocó que notase lo bien que hacían nudos aquellos humanos. Casi quiso reír con repugnancia, fruto de la furia en su pecho, porque recordaba que había sido insultado y temido, pero nunca capturado. Aquellos tenían un buen par de valientes aptitudes, por no decir otra cosa. Pero sin embargo, fue golpeado otra vez en el rostro, seguido de algunas patadas más y un latigazo por haberse movido más de lo necesario, lo hirió, cuando uno de esos cazadores pudo ver la cara que estaba poniendo y como sus ojos eran unos que pertenecían a una bestia llena de sangre, que podría asesinarlos a todos a sangre fría. Profirió un pequeño quejido, nada más que eso, ante el impacto y justo antes de que lo arrastraran y lo echaran dentro de la jaula, observó cómo había una extraña figura de largo pelo rubio sentada encima de la rama de un alto árbol. Si aquello fue una visión porque su consciencia empezaba a ir y a venir por los golpes y el dolor que le taladraba por dentro, no lo supo, pero pareció que le importó bastante poco.

Lo siguiente que recordó fue que estaba echado en la jaula y respiraba de forma calmada, como una bestia herida. La herida de su hombro de la flecha anterior (la cual todavía estaba incrustada su punta, aunque había roto lo demás, eso hacía que no le diese demasiado problemas hasta que pudiera tratarla) sangraba poco a poco, pero aquel era el menor de sus problemas. Probablemente tendría magulladuras por todas partes, algo fracturado pero que no le impedía moverse si pudiera… Ah, aquello le recordaba a los entrenamientos de su madre. Su querida madre. Aquella que probablemente había estado haciéndole las mismas cosas a su padre. Que irónico…

Habéis atado bien a esa bestia, ¿verdad? —Casi con lejanía, pero solo producto de su cabeza algo ida, escuchó a uno de los cazadores hablar.— No me gustaría que cuando lo descarguemos pueda hacer algo extraño. —Hubo otro hombre, otra voz, que le respondió casi inmediatamente.— No te preocupes, jefe. Esa cosa no se moverá si no quiere recibir un nuevo latigazo. No creo que sea tan estúpido. —La risa del sujeto le irritó tanto que por dentro sintió como se le retorcían las extrañas. Pero Cheza, solo en su jaula, no reaccionó.— Yo no estoy tan seguro, ¡fue directo a la trampa como si nada! Os lo dije, herirlo fue una buena apuesta para  hacer que volviese a por nosotros. Esas bestias se enfadan en seguida y buscan venganza. ¡Son muy simples! —El palmeo que le daba al hombre anterior mientras decía aquello pudo resonar por la carreta, y las risas lo siguieron.— Aunque sus ojos… realmente espero que no pase nada. No me gustaría estar delante de él. Parecía que pudiera cortarme el cuello con solo mirarme. —Ante eso, sus compañeros se quejaron y le llamaron gallina, así que otro de ellos siguió hablando. — De todas formas, ¿qué más da? Nunca habíamos visto a este tipo de bestia, es realmente rara. Nos pagaran un buen dineral cuando lo vendamos.

Podían reírse mientras podían, él también tenía ganas de reír. Podían regodearse y celebrarlo, pero solo mientras Chezaek permaneciese atado. Solo mientras eso siguiese así, podrían seguir respirando. Y así fue como acabó cerrando los ojos.

Un supo cuando tiempo pasó, pero sus párpados volvieron a abrirse cuando sonó una voz, totalmente diferente de la de los cazadores, y llegó hasta sus finos oídos. Por unos segundos pensó que estaba alucinando de nuevo, por el cansancio, o que su voz, la de su cabeza, le estaba jugando una mala pasada como a veces hacía. Pero terminó por darse cuenta de que la figura de pelo rubio era real y tenía unas alas plegadas a su espalda. No era humano, eso seguro. Se lo decía su vista y su olor. Pero entonces… ¿qué clase de criatura era?

¿…Quién eres? —Su instinto, ese que casi nunca salía por estar reprimido y mutilado, salió a relucir en un momento como ese, al identificarlo como un no-humano. Lo miraba con ojos entrecerrados y el rostro sucio por el incidente anterior. Sin embargo, en ellos todavía albergaba  ese fuego furioso que todavía no se había consumido. No tenía ningún miedo ante el extraño, más bien se había puesto alerta de nuevo, pero estaba tan cansado que a duras penas podía mantener la atención.

Allí dentro, no podía hacer nada, tan solo atender lo que el otro trataba de decirle.
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Re: Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

Mensaje por Reyson el Dom Abr 17, 2016 5:14 pm

Sus sentidos no eran tan finos como los de la criatura en la jaula, pues no estaba hecho para ser un cazador. Su oído no captaba con tanta claridad sonidos distantes, sus ojos tampoco distinguían del todo bien con la poca luz que bajaba entre la espesura, aunque aquello último era común entre las razas aéreas. Así, su percepción se limitaba a oír el murmullo de todas esas voces juntas, sin poder distinguir siquiera cuantos eran, pero sí siendo muy consciente de que reían y celebraban su logro con los ánimos en alto. Le hacía hervir la sangre, pero sería mejor que permanecieran así. Mejor que no se preocupasen más de la jaula y no tuviesen motivo de vigilarla de sobra, pues la verdad era que, de hacerlo, Reyson se vería entre la espada y la pared. No tenía formas de defenderse, pero era terco y no abandonaría a ese laguz, no ante la particular clase de monstruos que lo habían capturado.

De ese taguel, tampoco podía distinguir mucho con claridad. Veía su figura echada en el suelo de la jaula, tal y como le habían aventado, sus manos y piernas unidos, su pecho moviéndose suavemente en señal de que respiraba y alguna que otra mancha oscura, pero entre lo oscuro de su ropa y su cabello no llegaba a distinguir bien la sangre. No desde esa distancia, al menos. Entre la indignación que le consumía y el creciente odio por sus captores, sintió piedad por el desconocido taguel, deseos de alcanzarlo donde estaba retenido. Creía que era el instinto de cualquier laguz, nacido para la libertad, que viese a un congénere a través de barrotes. Su más básica naturaleza era consciente de lo mal que estaba esa situación. Pero ya la resolvería, no le dejaría así mucho tiempo más. Con sumo cuidado, Reyson tanteó el pasador que cerraba la jaula, sujeto con una barra de metal que tenía que ser levantada desde afuera, probablemente por alguien de fuerza, a juzgar por el grosor. La miró con marcado desagrado, hasta arrugando la nariz levemente. No iba a ser fácil, pero bueno, manos a la obra. ¿Qué otra opción tenía? No iba a pedirle ayuda al taguel capturado sólo porque él carecía de fuerza.

Afirmó las manos bajo la barra de metal y comenzó a intentar levantarla. No se sobresaltó en absoluto de oír al laguz hablar, le aliviaba que pudiese hacerlo. No obstante, sí se sintió contradictoriamente afectado cuando desvió la vista hacia su rostro, encontrando la mirada rojiza apenas entreabierta. Perceptivo a la energía de todo ser que tuviese tan cerca, no podía sino volverse muy consciente de la agitación en el taguel, la desconfianza, el resentimiento. Todas las emociones de las bestias capturadas en trampas humanas, tan intensas que eran recibidas como una agobiante presión en el pecho. Cuando le puso los ojos encima, las alas de la garza se apretaron un poco más a su espalda con el sonido de las plumas removiéndose, como si reaccionase a un dolor ilógico e invisible. No le temía; si no le temía a sus enemigos, menos temería a alguien a quien consideraba una especie de hermano. Pero suspiró con pesar. Todo era culpa de los humanos, nada más. Tan sólo esperaba poder deshacer lo que le habían hecho al conejo.

- Reyson, el príncipe blanco. No nos conocemos de antemano, - Le respondió, aclarando enseguida en una voz cuidadosa pero profunda lo que consideraba prudente. Su aspecto delicado y casi luminoso podía confundir, pero con su voz no había espacio a dudas. - Pero te sacaré de esta cosa y nos alejaremos de esos imprudentes humanos. -Frunció el ceño e hizo un mayor intento de levantar la barra de metal que cerraba la jaula, consiguiendo alzarla un poco antes de que la inclinación se lo hiciese imposible. La soltó con un quejido de frustración y apoyó las manos contra el mecanismo un momento, recuperando aliento.

- No es... fácil... - Se explicó. Al taguel probablemente no le agradase la demora, a él definitivamente no le agradaba ni le convenía tardar, pero no tenía mucha forma de apresurarse. Miró al otro laguz un momento. ¿Podría...? No quería pedirle nada, no quería obligarle a hacer un esfuerzo que no estuviera en condiciones de hacer, pero, nuevamente, ¿qué otras opciones había? Además, podía imaginar la solución con facilidad. Las piernas de los taguels eran especialmente fuertes, según sabía. Y ese estaba retenido, pero aún con las piernas unidas entre ellas, podía ayudar a empujar. Aunque le pesara, la garza se resignó a lo que debía hacerse. Bajando la vista un poco, habló en voz baja. - ¿Puedes acercarte? No puedo quitar esto a solas. Lamento mucho tener que pedírtelo, pero si pudieras... patearlo hacia arriba, quizás... - Finalizó con un pesado suspiro. Hacía bastante que no se sentía así de frustrado consigo mismo.
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Re: Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Miér Abr 27, 2016 2:27 pm

Su consciencia iba y venía. No había agotado todas sus fuerzas, en absoluto, pero estar atado e inmovilizado le creaba cierta sensación de que si intentaba liberarse él solo, como había intentado antes de ser azotado, gastaría las energías que le quedaban y las estaba guardando para arrancar todas y cada una de las cabezas de aquellos humanos. ¿Cómo podría hacerlo si se agotaba? Por eso trataba de respirar despacio, lento, y cerrar los ojos para que nada molestase su mirada rojiza. Las heridas frescas escocían por la suciedad, pero eso no le importaba porque cuanto más tiempo pasase, más acostumbrado se sentiría al dolor y al final, si había algo que le detuviese eso sería la falta de sangre, no su furia visceral.

Sin embargo era consciente de que allí había alguien. Alguien que le estaba intentando sacar de allí y ayudar. No tenía ni idea de donde había salido, y aún seguía pensando que era una alucinación de su mente, pero ¿por qué ignorarle? Además se había asustado cuando le había hablado. Era la primera vez que una alucinación suya se asustaba de él mismo. Lo cierto es que nunca se había parado a pensar el por qué podía notar esas cosas, las sensaciones y emociones en los seres que le rodeaban, pero eso sería cosa de su raza. Una de las tantas cosas que no entendía ni siquiera después de tanto tiempo.

Pero ah… había empezado a divagar, ¿verdad? Que mal, debería centrarse más, viendo como el otro intentaba abrir la jaula que le tenía preso. Aunque ahora lo que más le molestaban eran las ataduras que le estaban rozando y dañando la piel. Si estuviera en plena posesiones de sus habilidades y movilidad, podría fácilmente tirar abajo esa puerta con sus poderosas patas traseras. Aunque de ser así no necesitaría ayuda alguna para escapar, y una masacre pasaría allí, en aquella caravana. No era el caso, por supuesto. Aaaahhh… quería reírse mucho y alto, pero le dolían demasiado un par de costillas, así que no era buena idea.

Así que un príncipe… Haha. —Sin embargo no pudo evitar soltar una pequeña risita, mientras levantaba algo el rostro, con una sonrisa algo siniestra. Sus orejas se movieron siendo arrastradas por el suelo en el movimiento. — Nunca antes he conocido a uno… Que bizarro. —Su pecho subía y bajaba en forma de una risa extraña y retorcida. Era claro que no estaba del todo en sus cabales, pero la cosa residía en que el extraño príncipe blanco no sabía si eso era normal o estaba siendo afectado por el incidente en el que se había visto envuelto. — ¿Alejarnos…? ¡Haha! —Elevó ligeramente más la voz, riéndose, tratándose de arrastrarse un poco. Mierda, las costillas le punzaron con un dolor que fue similar al de una daga ardiendo. Lo que él quería era sacarles las entrañas. ¿Cómo iba a poder hacerlo si se alejaba? — Ahh Rey, Rey… Quiero arrancarles las risas a esos “imprudentes humanos” con mis manos… ¿Puedo hacerlo? Eh, ¿puedo…?

Puede que estuviese hablando incoherentemente y de una forma aniñada más que la adulta que la que debería tener, pero desde luego en su mente todo tenía un perfecto sentido. Incluso murmuraba cosas por lo bajo, casi con su aliento, como si realmente las estuviese diciendo con toda la razón del mundo, mientras la figura blanca seguía intentando, sin éxitos, abrir la puerta de su cautiverio.

Claro, como era una alucinación, ¿cómo iba a poder abrir eso? Veía lo que su mente estaba haciendo ahí, ¡y era bueno! Hacer como que no tenía fuerza suficiente y pedirle ayuda a él mismo para que lo hiciera por él mismo. ¿Era la voz de nuevo? ¿Desde cuándo era más lista que él? Estaba empezando a tomarle toda ventaja… Que píllina.

Ahh, sí, sí… Quieres que te eche una pata, ¿eh? O las dos, bien dicho... —Tuvo que tomar algo de impulso cuando se arrastró de nuevo y se puso en una posición que le permitiese hacer aquello, aunque sí que se quejó entre risas de lo que le dolía el cuerpo. — Mejor que te apartes… No quiero marcar tu bonita cara principesca. Las princesitas se pondrían tristes. — Le miró con la misma sonrisa que había tenido todo ese tiempo, pero no quería en absoluto meterse con él o ser burlón. Para nada. Todo eso era genuino porque lo pensaba de verdad. Que a todo esto, ¿Las alucinaciones podían ser marcadas y sentir dolor? Le gustaría comprobarlo, la verdad, pero no tenía ahora mucho tiempo para ello. Encogió ambas piernas y pateó arria arriba todo lo que pudo la barra de metal, que salió despedida hacia un lado por el golpe. — Ups… Adios cerradura, ¡haha!. No la necesitaran más…
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Re: Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

Mensaje por Reyson el Jue Mayo 12, 2016 3:08 pm

Pobre criatura, debía de haber golpeado su cabeza en algún momento, o quizás los humanos le habían dado en la nuca intencionalmente. Era notorio que estaba muy confundido, cualquier cosa menos asustado, fascinándose como si nada de estar frente a un príncipe. Y riendo. ¿Qué había allí de gracioso, honestamente? Sólo le parecía alguien que había perdido sentido de donde estaba y lo que estaba pasándole.

Lo raro era que aún tenía suficiente consciencia como para saber enfadarse. La risa y la furia no tenían un punto de congruencia, pero eso sólo demostraba que sufría de cierta desconección con la realidad a su alrededor. Asumía que se trataba de algo temporal. A fin de cuentas, sólo le hacía sentir mayor lástima por el estado del taguel y mayor resentimiento por lo que sus captores le habían hecho. - Arrancarles las risas, huh. - Repitió en voz baja, intentando ser comprensivo respecto a la línea de pensamiento del taguel, un poco difícil de seguir a esas alturas. Ni siquiera de molestaba de que tomase la confianza de acortar su nombre, no le incomodaba la cercanía y, al contrario, prefería que se sintiese cómodo. Le miró con una leve y tranquila sonrisa en los labios. - No sería yo quien te detenga. Merecen más, metiéndose en Gallia, tratándote de este modo en un reino laguz... pero son muchos de ellos. - Dijo. Regañarle por querer vengarse habría sido el colmo de hipocresía de su parte, cuando la idea realmente le resulta agradable, pero no querría arriesgar al taguel más de lo necesario. No parecía consciente ni parecía suficientemente sano. - En este momento, es más importante preocuparnos de ti. -

No le agradaba lo doloroso que parecía ser cada movimiento. En primera instancia, se movía más de lo necesario, y en su voz se obviaba el dolor que aquello le causaba. Le cortaba la risa y le entorpecía la respiración en intervalos. Pero más aún detestaba verle tener que arrastrarse hacia el borde de la jaula, notando que quedaba tras él un leve camino de sangre, arrastrada en una larga marca desde donde el conejo originalmente había yacido, hasta donde se recostaba del otro lado de la puerta. Era indigno, enfurecedor.  Reyson respiró profundo y se mordió el labio para contenerse, no podía ponerse peor de lo que ya estaba, aunque inconscientemente apretaba las manos en puños. Sólo bajó la guardia y la tensión un poco gracias a los descolocados comentarios del taguel, su sonrisa que simplemente no dejaba su rostro. Lindo halago le daba, pero ¿qué importancia tenía el rostro de la garza en un momento así?

- Ha. Lo agradezco, pero prefiero ayudar. - Dijo, viéndole recostar la espalda en el suelo y doblar las piernas para patear, dispuesto a ponerse a asistirle él también. ¿Era necesario? ¿Serviría de algo? No realmente. Con una sóla patada, sorprendentemente fuerte inclusive viniendo de un taguel herido, había quitado la barra de metal y desarmado el cerrado de la jaula. Casi golpeado por el trozo de metal blandido frente a él, Reyson abrió las alas por instinto, aunque nada le rozó realmente. - ...bueno, me lo has advertido. -

Tuvo que doblar las alas de regreso al abrir la puerta, para caber por la entrada y meterse en la jaula. El sólo ingresar le daba un desagradable escalofrío, meterse en una de esas horrendas construcciones destinadas a nada más que encerrar criaturas... qué cruel invención. Miró a su alrededor con desconfianza, tenso y para nada cómodo. Finalmente se convenció de que nada le sucedería sólo por estar allí dentro, y se arrodilló junto al taguel, sujetando su túnica para que se acomodase al sentarse en el suelo, a la altura de la cabeza del otro laguz. Desde allí sí podía ver con propiedad las marcas de golpes, cortes y raspones, la sangre un poco seca sobre los mismos. Apretó los labios un poco. No debía permitirse dominar por la indignación que todo eso le causaba. Sabía cómo ayudarle, podía encargarse de eso.

- Quédate quieto, ¿de acuerdo? Ten calma. - Susurró, suavizando la expresión en su rostro. Gentilmente, pasó una mano tras la cabeza del taguel y le acercó un tanto, intentando que apoyase la cabeza en su regazo. La ropa blanca seguramente se mancharía, pero no era relevante, le necesitaría cerca y quieto, en una posición en que pudiese relajarse. Con dedos casi tan pálidos y suaves al tacto como la tela que le revestía, apartó el cabello del rostro del laguz herido para verle con claridad. Podía aliviarlo, darle renovada energía, quizás ayudar a que pasara su confusión. Se murmuró el nombre de la antigua clase de magia que manejaba antes de tomar un profundo respiro y comenzar.

Primero un leve tarareo, probando el misterioso eco de su voz en el aire, y qué tan bajo podía mantenerlo. No quería que los humanos le escucharan, menos que fuesen allí a interrumpirle e incordiar. Entreabrió la boca y cantó en voz baja sólo para reponer las fuerzas de su compañero, un par de breves versos de entonación suave, nada más, pero le haría bien. Mantuvo la mano sobre su frente hasta la última nota.
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Re: Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 20, 2016 11:26 am

Una nueva risita salió de sus labios, pero esa fue mucho más leve y baja, como si cada vez que su pecho se movía le doliese horrores, fruto de alguna costilla partida que estuviera insertándose en algún sitio al que no pertenecía. Pero también, al contrario de las otras anteriores risas, aquello le había hecho gracia de verdad.

Ah, Rey, Rey… —Volvió a pronunciar ese acorte de su nombre, como si le conociera desde hace mucho, o le confundiese con una de sus voces dentro de su cabeza, con las que se tomaba todas las confianzas al haber crecido prácticamente escuchándolas. — Tú sí que me entiendes… ¿verdad? No por nada eres parte de mí… Pero qué raro, que te preocupes tanto. Aunque mamá estaría orgullosa de eso, le gustaba ver al pequeño Cheza agonizar en el suelo mientras seguía consciente, ¿Verdad? Cheza es un chico fuerte…

Podría pasarse todo aquel dado hablando de todo y de nada a la vez, de recuerdos verdaderos y falsos que su mente había creado a los largo de los años, de lo que veía real y las alucinaciones que el dolor y su cabeza juntos le estaban haciendo ver. Pero nada importaba, en realidad. Y él ni siquiera sabía por qué, solo tenía una sed de sangre demasiado grande como para que hubiese algo más que le importase en ese momento.

Sin embargo, ya que se lo había pedido, se movió de una forma totalmente patética, casi de circo, por el suelo de su jaula y pateó la cerradura para hacer que la puerta se abriese. Las piernas del taguel cayeron al suelo como un peso muerto cuando la puerta hizo un chirrido metálico y la pieza de metal que había roto había rodado un poco por el suelo, pero entre el ruido de los animales y las ruedas encontrándose baches en el camino, seguramente los hombres allí delante no se hubiesen enterado de nada.

La respiración de Chezaek comenzó a ser más lenta y aunque en su mente seguían hablando un montón de voces, sonando histéricas y chillando todas a la vez, el rostro del laguz parecía estar demasiado cansado como para que eso le molestase, o quisiese siquiera taparse los oídos como hacía normalmente. En ese punto, ni tenía la capacidad de desconectar de su mente, ni de conectarse todo lo posible al mundo real, por lo que, cuando el misterioso príncipe rubio se adentró en su jaula y lo acomodó en su regazo, poniendo una de sus manos en su frente, Chezaek ni lo asimiló.

En su lugar se hundió más en sus recuerdos, buscando por medio de sensaciones familiares revivir un acontecimiento que había pasado ya hacía muchos, muchos años atrás, y se encontró así a él mismo en el regazo de su madre, siendo acariciado por las mismas manos que le habían roto ambos brazos gracias a un conjuro horas atrás. No podía entender lo que estaba diciendo, o cantando, pero tampoco lo necesitaba. En su mente la voz melodiosa del príncipe se distorsionaba y se convertía en una de mujer, una que poco a poco empezaba a sonar como una nana. Una que le intentaba trasmitir cosas que no entendía, ¿cariño? ¿calma? ¿amor? ¿Qué eran esas cosas?

...No. —Murmuró en bajo, con los ojos entreabiertos, viéndolo todo difuminado.No n-necesito… esto. No quiero e-esto… —Sus palabras salieron de sus labios, como si se lo dijera al príncipe, pero en absoluto tenían que ver con él. Hacían referencia a la imagen femenina que tenía grabada en su mente y que le miraba desde arriba, con ese gesto tan dulce y calmado, y esa sonrisa que había aprendido a ser totalmente indiferente a ella.

Pero poco a poco, la imagen de su mente empezaba a desaparecer, proporcionalmente a las fuerzas que poco a poco le iban volviendo. No sabía cómo estaba ocurriendo eso, pero todo empezaba a ser más real, siendo más consciente de su situación. Y cuanto más podía reconocer con sus ojos, más se daba cuenta que la figura de su mente y esa sonrisa estaban, en realidad, muertas hacía ya mucho tiempo atrás, y quién tenía delante no era fruto de su imaginación o sus delirios, sino que era alguien real.

¿…? —No habló, pero su expresión confusa al ver al príncipe rubio delante de él, y reconocerlo como un laguz más al observar sus recogidas alas y el aroma del olor que desprendía, hizo que tomase más consciencia de lo que en realidad estaba pasando allí. Recodaba sentir una gran furia, luego golpes, golpes y más golpes, más tarde apareció alguien y después, su voz le hizo recuperar fuerzas… extrañamente. Sus ojos viajaron de los ojos ajenos hasta la puerta, que estaba abierta, y pequeños flashes aparecían en su mente. — Aaah…  —Una risita cansada, pero no tan desencajada como antes, afloró en sus labios. — ¿Quién eres… mi guardián o algo así…? ¿Me voy a morir por fin?
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Re: Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

Mensaje por Reyson el Vie Jun 17, 2016 4:49 pm

Reyson sería la última persona en descartar las palabras del taguel como meros delirios. Sabía cuando una persona deliraba, todavía tenía la intuición suficiente como para distinguir las emociones subyacientes en aquellos a su alrededor, y alguien que sólo balbuceara incoherencias no le daría la sensación que le daba el taguel. Frunció el ceño un poco en preocupación, respirando calmo y profundo entre verso y verso, e intentando comprender lo que venía tras tan extrañas palabras. ¿Era importante para él ser fuerte, después de todo? ¿Exactamente quien estaría orgullosa de verle como estaba...? ¿A quien miraba en realidad, cuando sus ojos ausentes se posaban en la garza?

Sentía lástima. No podía evitarlo, se trataba de un laguz lastimado y capturado, y después de todo, cantar para él comenzaba a revelar más de lo que había pretendido. Las suaves manos de la garza, tan pálidas que se hacían demasiado notorias en la oscuridad, le apartaron el cabello cuidadosamente. Su voz se apagó de a poco, dejando en el ambiente un eco extraño y duradero. No tenía modo de saber lo que realmente yacía en las ideas y la imaginación del otro, pero a aquellas cosas solía hacerles bien aflorar, y de todas formas el galdr le devolvería fuerzas. No se detuvo sino hasta haber realmente terminado la ejecución de su particular magia. Dijese lo que dijese, sabía que le hacía un bien así. Finalmente, los ojos enrojecidos del conejo parecieron enfocarse bien en los suyos; tal y como si le estuviese viendo por primera vez.

Reyson arqueó una ceja y esperó unos momentos, sólo devolviéndole la mirada en silencio. ¿Qué tenía? Por algún motivo, le tensaba un poco esperar a ver cómo reaccionaría, ahora que parecía más despierto. Esperaba que no saltase a cumplir las amenazas que antes había dado. Seguramente se sintiese mucho mejor, pero no estaba precisamente sano ni en condiciones de enfrentarse a un grupo de varios humanos armados. Por otro lado... ¿qué tan consciente estaba? En un par de momentos comprendió, a partir del modo en que el taguel le miraba, que al menos sí le reconocía. Exhaló con un poco de alivio, pues el asunto no estaba tan grave como podía estar. Sólo restaba que sanara un poco, y parecía que aún tenían algo de tiempo para eso. Tomando responsabilidad de aquella parte también, el príncipe blanco extrajo de las escasas pertenencias ocultas en su ropa una diminuta bolsita, una que contenía medicinas herbales selladas cuidadosamente en botellitas a corcho. Vulnerary en una especie de rudimentaria pasta amarga, en lugar del líquido mejor depurado que los humanos tenían. Abrió una botellita y la acercó a la cabeza en su regazo.

- No vas a morir, al contrario, estás recuperándote. Trágate esto. - Indicó con el tono más gentil posible mientras le acercaba la botella a los labios, pues sabía que el sabor no iba a ser nada agradable para la mayoría de los paladares. Desagradable pero necesario. En definitiva, no iba a permitir que los humanos se salieran con la suya en terminar de exterminar a una raza ya escasa, el asunto era más que personal en ese aspecto, así que se aseguraría de que Chezaek se recuperase. Le sonrió pacientemente, nada aprisa con que saliera de su regazo ni nada incómodo con que se hayase allí para empezar. No tenía problemas con continuar hablándole desde esa posición. - Pero sí podrías decir que soy tu guardián, el día de hoy. Si alguien morirá, será alguno de esos otros, pienso vengarme por lo que te han hecho... - Dijo. Su voz seguía siendo gentil y calma, pero tenía muy claras sus intenciones.

En ese momento, cuando Reyson volvía la vista hacia el frente de la caravana, la parte en que iba la jaula se remeció fuertemente, como si las ruedas hubiesen pasado por un bache. Podía interpretarlo como tal y dejar las cosas así, con sólo un pequeño susto que le hizo abrir las alas un poco, de no ser porque volvió a suceder. La hilera de carros se torció de un lado a otro, mal conducidos. Un grito se escuchó desde el frente, y recién entonces Reyson notó que las risas y voces de antes habían parado hacía buen tiempo. ¿Algo sucedía con el conductor? ¿Acaso los humanos se peleaban entre ellos, como parecía que siempre hacían? No sabía si suspirar o alegrarse. Se movió un poco para quitar a Chezaek de sus piernas. - Creo que algo sucede. Iré a echar un vistazo. -
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Re: Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Mar Jul 05, 2016 3:01 pm

El taguel seguía en el regazo ajeno, y aunque le dolía todo, la extraña canción que había entrado por sus oídos le había permitido recobrar la consciencia y un poco las fuerzas. Era extraño, porque nunca había experimentado nada como eso  pero ciertamente estaba algo agradecido. No por estar vivo, eso en realidad tampoco es que fuese una de sus prioridades. Más bien, quizá por haberle sacado de la pesadilla que había estado rememorando todo ese rato. Lo peor de aquellas veces es que no podía despojarse de ellas, porque no eran realidad. Y eso le ponía furioso.

Pero si el ser que estaba delante suya, que nunca había visto a uno como su especie, le decía que no iba a morir, Chezaek no tenía por qué dudar de él. Después de todo tampoco había sido nunca alguien condescendiente. Ni siquiera con él mismo.

¿Sabes? Ni siquiera sé qué tipo de laguz eres… pero, bonitas alas. —Se rió levemente mientras veía como las replegaba un poco de tanto en tanto. Además estaba siendo totalmente sincero. ¿Sabría el otro lo que era? No negaba que tenía curiosidad, pero no iba a saciarla de todas formas. Su sed, por otro lado, tampoco sería saciada, porque sabía que era lo que le estaba dando a tomar. No era la primera vez que lo tomaba, así que el taguel simplemente arrugó algo la nariz cuando el líquido levemente espeso empezó a caer por su lengua y garganta, comenzando a notar su sabor. Estaba seguro de que a nadie le gustaba recurrir a esto, pero más que porque eso implicaba serias heridas en ellos, por cómo sabía. Cheza tosió ligeramente mientras escuchaba al otro hablar, y an así, intentó incorporarse levemente, para poder mirar mejor al otro. — ¿Vengarte? —Ya casi no recordaba lo que le había dicho en sus delirios, así que pareció algo confuso por un momento. — Oooh. Ya. —Murmuró en voz baja, y un intento de risa subió por su pecho. — Créeme. A quien más le gustaría eso es a mí…

Antes de que su mente buscase en sucesos anteriores algo muy parecido a lo que acababa de decir, él también escuchó ciertos ruidos que provenían de la parte frontal de la caravana, al mismo tiempo que el príncipe. Había sido un grito. Y eso solo podía significar que las cosas para los cazadores no estaban yendo como ellos lo planeaban. En absoluto. Pero si no, ¿qué es lo que había podido pasar? ¿Les habían atacado otros laguz? ¿Bandidos? ¿O tal vez…? Las reacciones y los sentidos del taguel no estaban tan afilados como de costumbre, así que le costó moverse cuando el laguz rubio de cabellera larga se apartó para poder levantarse, con intenciones de ir en busca de lo que pasaba.

No voy a quedarme aquí. —Replicó él mismo. Y sus piernas temblaron, pero él se puso en pie, mientras se sujetaba un lado del costado y se mostraba todo lo alto que en realidad era, con un aura mucho menos amenazante por el estado en el que estaba.— Así que voy a acompañarte. Después de todo, es a mí a quien han capturado.
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Re: Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

Mensaje por Reyson el Miér Jul 13, 2016 12:41 am

Bueno, el taguel sonaba mucho más despierto ahora. Y menos risueño. No iba a juzgar nada, pero era bueno verle así, poder intercambiar palabras con mayor claridad. De todas formas, no dejaba de ser un poco gracioso que lo primero que le dijera fuese un cumplido. Reyson arqueó una ceja y sonrió con interés, para nada reacio a recibir palabras así de otro laguz, especialmente si era tan casual al respecto. Estaba orgulloso de sus alas, después de todo. - ¿Oh? Gracias. Muy considerado de tu parte, taguel... ¿'Cheza', creo que dijiste? - Preguntó para confirmar. "Cheza es un chico fuerte", eso era lo que había dicho en sus delirios, aunque dudaba que él mismo fuese a recordarlo con claridad. Reyson no lo olvidaría tan pronto. Lo que había percibido y entrevisto en su momento no dejaría de preocuparle.

Cheza ya estaba incorporándose, al parecer sin mayor dolor. El sabor residual parecía ser un inconveniente más grande que eso. El príncipe blanco asumió, entonces, que la medicina había hecho lo suyo y que lo peor había pasado, pues la sangre en su piel era sólo la sangre seca ya, señalizando que las heridas superficiales estaban también cerradas. Aún así, Reyson siguió sus movimientos en cada instante, alzándose con él y manteniéndose cerca, las manos listas para atraparle si desfallecía. ¿Significaba eso que estaba en condiciones de ir con Reyson? ¿De cobrar venganza? No del todo, la garza habría preferido contradecirlo y dejarle descansar un poco allí, pero... no era como si pudiese hacerlo todo a solas. La ayuda ciertamente sería útil. Y sería hipócrita de su parte interponerse o negárselo cuando él mismo era el primero en lanzarse al frente, pero aún así... alzó la vista al laguz de cabello oscuro, más alto de lo que habría asumido, y suspiró un poco. El gesto contrariado permaneció en su rostro por algunos momentos, sin decidirse a qué decirle.

Ni siquiera parecía muy estable sobre sus pies. Cuando notó sus piernas temblar en el primer esfuerzo de mantenerse erguido, Reyson enseguida se preparó a frenar una caída, apoyando ambas manos en el pecho del otro por si cayese hacia adelante. No, no era nada de eso. Aún así, tenía que asegurarse. Se paró derecho, formando un arco más pronunciado con sus alas, tan firme como podía verse. Apartó las manos del otro laguz y le miró con severidad. - ¿Podrás moverte? Entiendo que quieras hacer esto conmigo, y no te negaré tu derecho a presa. Pero debo saber que tienes las fuerzas como para cambiar de forma, al menos. - Esa era su decisión final. El otro tenía el mayor derecho a ser quien cazara a esos humanos, pero sólo así lo permitiría.

Tras hacérselo saber, se volvió hacia la puerta abierta de la jaula, que se mecía con un leve chirrido. En algún momento, sin que el ave lo notase, el vehículo había dejado de moverse. ¿Pasaría algo con el conductor? Eran muchos humanos, seguramente otro podía haber tomado el mando. Extrañado, Reyson se aproximó a la apertura y aleteó suavemente un par de veces, separando sus pies del suelo al salir. Le dio una mirada por sobre el hombro al taguel y un leve gesto de la cabeza para que comenzara a moverse. - Veamos, entonces. Lamento no responder esto antes, pero soy una clase de laguz tanto o más escasa que la tuya... es por eso que comprendo lo que ha sucedido aquí hoy, más de lo pensarías. - Se explicó hasta donde veía prudente. No se daba mucho espacio a emocionalidad aquellos días, inclusive al referirse a aquel asunto. Mantenía su rostro neutral, se enfocaba más en sus objetivos que en pensar en lo sucedido años atrás. En su lugar pensaba en los humanos, en lo que había presenciado allí y en el justo castigo que estarían mereciendo. Sí, la ira estaba mejor. Prosiguió con resolución, imperturbado. - Una garza no puede cazar, no como tú, pero al menos intentaré hacer algo. -

Y partió. Una saeta blanca en el bosque oscuro, volando ligera y silenciosa junto al vehículo de los humanos, casi a ras de suelo. Demasiado fácil de seguir con la vista, para el ojo atento. Ahora bien, ¿donde estaban esas malditas criaturas? Divisó a uno de ellos saliendo... no, siendo empujado fuera del vagón principal. Empujado hasta que cayó, y posteriormente arrastrado por el camino de tierra no por uno, sino por dos otros humanos, que sujetaban sus extremidades y disponían de él para que un tercero pudiese llevar una espada más fácilmente a su cuello. Eran aquellos humanos de ojos rojos, los silenciosos, peleando contra los humanos de antes. ¿Por qué? Jamás comprendía por qué lo hacían, pero parecía severamente contraproducente, hasta tonto. - ¿Qué se supone que hagamos con esto? - Preguntó en voz alta, esbozando una sonrisa. La justicia ciertamente estaba haciéndose. No obstante, estaban quitándole las presas a él y su acompañante.
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Re: Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Miér Jul 27, 2016 8:05 pm

El taguel se fijó en el detalle de que el otro había dicho su nombre, cuando él no recordaba haberse presentado. No conscientemente al menos, porque estaba claro que en sus delirios lo había pronunciado. No sabía qué clase de cosas había dicho además de eso, pero el otro no parecía demasiado extrañado. O quizás fuera solo por la situación, que su importancia dejaba fuera comportamientos banales y extraños como los que Chezaek podía tener. Al menos, a ojos del mundo. Seguramente habría hablado de su madre, como otra gente le había mencionado algunas veces, y es que era algo que suponía siempre le iba a marcar y a acompañar hasta el fin de sus días. La huella oscura y retorcida de su madre, haciéndola vivir todavía a través de él.

Sí, Chezaek. Cheza. —Se rió un poco, aún adolorido, pero no mencionó más sobre que no recordaba el momento exacto en el que se lo había dicho.

Le hizo falta algo de tiempo para mantenerse estable sobre sus pies, aún notando el sabor en la boca del brebaje que se solía utilizar en esos casos. No era la primera vez que lo probaba, y tampoco sería la última, pero eso no quería decir que el sabor fuese algo de su gusto, ni mucho menos. Por suerte, las heridas más superficiales habían empezado a cerrarse y ahora ya no quedaba más que señales en su piel, como otras tantas más viejas. Sin embargo, las heridas más profundas o que habían llegado más hondo en su piel, como las púas del látigo con el que le habían azotado, todavía permanecían algo abiertas bajo su piel y tardarían más en curarse, así como los golpes a sus huesos. Si no fuese por la canción extraña que el laguz de alas le había dado energía para mantenerse en pié y moverse con suficiente soltura (después de que pasara un poco de tiempo para acostumbrarse de nuevo a su equilibrio), el taguel sabía que no sería capaz ni de mover un dedo. Y debía aprovechar eso.

Y aún así, veía preocupación y duda en el rostro ajeno, y él no pudo hacer más que preguntarse… ¿por qué? Sabía que no conocía a aquel laguz de nada, y aún así actuaba como si le preocupase su seguridad y bienestar. Para alguien como Chezaek, le era imposible entender tal simpatía hacia un ser como él, pero llegó a comprender que el simple sentimiento venía de su naturaleza laguz, aparentemente. Si supiera que era medio humano, en realidad… ¿Qué clase de cara pondría en su lugar? — Tengo fuerzas y puedo cambiar de forma. —Aseguró, con una risita, que parecía más a broma que en serio. Aunque conociéndole, eso no se aplicaba a él. — ¿Has visto alguna vez a un taguel? Creo que me vendrán mejor cuatro patas que solo dos.

O eso es lo que pensaba él, quizá en una forma mucho más “original” para él, por así decirlo, hiciese que sus renovadas fuerzas fluyesen mejor por su cuerpo. Pero antes de que pudiera moverse, el ver como el otro se elevaba y miraba algo confuso fuera, para saber porqué se había parado el carro en donde estaban, hizo que le llamase la atención.

¿Una garza? —Nunca había escuchado de ellas, pero igual que no había escuchado sobre los dragones de Goldoa antes, tampoco le parecía tan raro. Sobre todo si estaba al mismo nivel de desaparición que su propia raza. No le preguntó más porque suponía que muy pronto vería en acción a la garza, aunque por lo que ya había experimentado, y lo que le decía, el taguel podía hacerse una clara idea de que los de su raza no podían pelear. Lo notaba en su energía, su aura, o algo así que Chezaek no sabía explicar. Aunque no sabía porque… ¿Reyson? Decía aquello. Lo que emitía no parecía pegarle mucho a los de su especie. — De no ser por ti no podría moverme ahora mismo, así que déjame a mí el resto. —Después de todo, era lo que quería hacer el mismo desde el principio.

Y antes de que el príncipe blanco partiese, Chezaek lo siguió sujetándose a la parte superior del carro donde estaban, subiéndose con un poco de esfuerzo pero atléticamente al techo de esta. Allí fue donde su piedra, escondida en el bolsillo trasero de las bolsas que portaba en el cinturón, comenzó a brillar con un tono violáceo y su cuerpo cambió en un abrir y cerrar de ojos al ser envuelto con esta energía visiblemente condensada y pesada. Su figura se asemejaba ahora a la de un conejo, o una liebre, alargada y de fuertes patas, con extensas orejas y ojos rojos que brillaban. La silueta negra (extrañamente vista entre lo que serían los taguel comunes) empezó a moverse rápidamente por los techos de los carros conectados, siguiendo al ave blanca que Reyson era ahora (oh, ahora entendía bien lo de garza), tan ligero como él quería ser, aunque en sus optimas condiciones podía adquirir velocidades que casi no tocase superficie alguna. Sin embargo, cuando paró antes de llegar al carro principal, vio la misma escena que Reyson estaba viendo, y fue algo que a él también le pareció de lo más extraño.

Hasta que vio que eran emergidos, y que los cazadores habían sido cazados.

Podría significar algo bueno para ellos. Podría ser una venganza que ellos habían vuelto contra sí mismo por aventurarse tanto en el bosque, cerca de aquel camino que parecía haber sido construido y despejado recientemente. Pero eso solo ocurriría si ellos no eran detectados, claro. Ocurrió lo segundo y no lo primero, cuando la voz del ave resonó en el bosque e hizo que los hombres de ojos rojos que estaban degollando a aquel cazador entre gritos y lamentos, se girase hacia ellos.

¡¡…!! —Uno de ellos portaba un arco a la espalda, que en seguida desenfundó y apuntó hacia ellos. Reyson, agitando sus alas, era un objetivo más difícil al que apuntar y dar, pero Chezaek, encima de aquel techo y siendo un conejo de proporciones grandes, era otra historia. Tuvo que saltar hacia un lado del camino antes de que la flecha impactara. Por suerte se quedó clavada en el techo de madera donde había estado antes posado. Aunque el fallo no parecía que les fuese a hacer desistir, ante la presencia de nuevas víctimas.
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Re: Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

Mensaje por Reyson el Vie Ago 26, 2016 6:19 pm

La verdad era que no, nunca había visto a un taguel antes, ni transformando ni destransformado, así que todo aquello eran nuevas experiencias para él. Sabía bastantes cosas de ellos, claro, pero cuando se trataba de laguz, el conocimiento solía caer corto ante el valor de presenciar con los propios dos ojos las grandes formas animales y lo que eran capaces de hacer en estas. No dudaba que Chezaek fuese muy capaz en su forma verdadera, muy seguramente más capaz que Reyson de hacer cualquier cosa allí.

Aún así... no se le antojaba dejarle el resto a él, como decía. Por un lado, seguía bastante preocupado del bienestar del taguel. Por otro, su orgullo simplemente no se lo permitía. Una existencia tranquila y pasiva, sin lastimar a nadie, no le había ayudado mucho a su raza a sobrevivir, ¿por qué seguiría él el mismo protocolo? Optaba por una ruta distinta. Aún si sus capacidades físicas no le acompañaban, aún si caía en muchos eventos desafortunados a causa de ello, no daría un sólo paso atrás. No esperaba que Chezaek le entendiese del todo, pero era él el que había rescatado al taguel, así que si se lo negaba tendría buenos puntos con los cuales quejarse. Quería participar, no aceptaría una negativa en ello. Podía ser muy persuasivo cuando realmente se aplicaba a ello.

No se quedó ni un paso atrás. Tan sólo echaba una que otra mirada, de cierto modo feliz de poder ver a la gran liebre al volar sobre esta, pues todavía había espacio en su endurecido carácter para maravillarse un poco por una novedad. No llegaba a verlo del todo bien, los ojos de las aves no solían adaptarse a la oscuridad, pero podía hallar el intenso rojo de los ajenos y discernir en cierta medida el modo en que se movía para seguirlo. Lucía sano, parecía tener algo de fuerzas. El resto, como la adorable forma en que se movían sus patas traseras o lo largas que eran sus orejas, tendría tiempo de verlo mejor en otra ocasión, con más tiempo y a luz de día. Por el momento, descendió un poco frente al taguel, bloqueándole el paso de cierto modo para indicarle donde detenerse. - Lamento estar en el camino, pero quiero al menos estar presente. - Habló con firmeza en eso, mirando pensativamente el paisaje adelante, frente a ambos. No estaba seguro de si era una buena o una mala escena. Ver humanos pelear contra humanos siempre era una mezcla de gratificante, frustrante y simplemente raro; pero allí lo importante eran los bandos, y que uno de los lados era su enemigo, suyo para erradicar.

Sí, así era. Los humanos silenciosos les habían quitado la presa y, por ende, el derecho a la venganza que tan merecida venía. Habían hecho el trabajo por ellos. Representaba un leve problema...

O no. Reyson miró cuidadosamente el suelo a la salida del carro y contó los cuerpos. Siempre podía ser que quedase alguno, en cuyo caso, habría que terminar la pequeña tarea.

Sumido en su búsqueda y sus decisiones, no prestó mayor atención a los emergidos hasta sentir a Chezaek saltar al camino de tierra, o hasta que la flecha se hubo incrustado en la madera no muy lejos. Bajó los pies al techo del carro y cerró sus alas, sabía perfectamente bien lo que una flecha en un ala le causaría, y miró con su más seco y tajante gesto al arquero. ¡Qué imprudente y entrometida criatura...! Resopló un poco y, sin mostrarse en absoluto temeroso, se volvió hacia Chezaek para confirmar que se hallase sano y salvo, sin haber salido lastimado por el proyectil. Suponía que era de esperarse que las cosas se desarrollaran así, aunque no tenía el más mínimo interés en arriesgarlos a ambos entreniéndose demasiado en ese lugar, con cosas que ni siquiera les incumbían del todo.

- ¿Te encuentras bien? - Preguntó mientras se aproximaba a un costado del techo, agachándose para sentarse en el borde, un poco mejor resguardado tras los tallados que decoraban el frente. - Aquellos a los que debemos venganza no son estos humanos de ojos rojos, sino los otros. Busquémoslos, terminemos con esto y vayámonos de aquí. - Se apresuró a decir. No podía evitar que su tono sonase un poco autoritario, no pretendía serlo en absoluto, pero era una persona algo seca cuando la situación lo ameritaba. Según creía, los demás humanos eran problema de Gallia en esa ocasión. Le gustaría ayudar, pero no estaba en condiciones de ir haciendo tanto y además, Gallia tenía que ver y resolver esos asuntos por iniciativa propia, pues sin dudas debían de ser el resultado de permitir a humanos mudarse a su territorio. Lo suyo y de Chezaek era algo más puntual. Le habló con toda la calma que podía. - Te ayudaré, por supuesto. Pero puedes hacer cosas que yo no, y para lograr esto juntos, necesitaré que tus garras sean las mías. Sólo entra, hazlo, y sal enseguida. Serás veloz, estoy seguro de que lo serás. Esto es lo que pido de ti. -

No había tiempo para hablar más. No retrocedía frente a humanos, pero no debía ser imprudente ni subestimarlos, una sana dosis de miedo al cautiverio o a sus armas le indicaba eso. Se acomodó en el lugar en que estaba sentado y por un momento enderezó la espalda. Desde allí arriba, tenía una buena vista de todo... también tendría relativa buena acústica. Claro que era un blanco, pero contaba con que sus enemigos no tendrían ni tiempo para mirarlo a él. Cada ápice de su atención iba al taguel abajo, a quien de lleno dedicaba los cánticos que en un par de segundos saldrían de sus labios, y no tendría que pensar en nada más. Era lo que sabía hacer y podía hacer y no le molestaba hacerlo, teniendo a alguien que fuese sus garras donde él no podía. Su canción estableció el tono de lo que ocurriría a nivel del suelo, mientras la garza permanecía posada en su lugar superior.
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Re: Ayuda inesperada, compañeros de otra raza (Priv. Reyson) (Campaña)

Mensaje por Eliwood el Dom Feb 05, 2017 12:07 am

Tema cerrado. 80G a Reyson.

Se ha gastado un uso de vulnerary.

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