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Un conejo raro, el pequeño mago... ¡Y comida gratis, yuju! (Priv. Alim) (Campaña)

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Un conejo raro, el pequeño mago... ¡Y comida gratis, yuju! (Priv. Alim) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Miér Mar 02, 2016 11:46 pm

¿Cuánto había andado desde que había llegado al continente de Tellius desde la costa este de Begnion? Como… ¿Un día y medio? ¿Dos? No tenía ni la menor idea de cuánto tiempo había pasado, tomando descansos y durmiendo un par de horas a la intemperie aparte.

La última ración de comida se la había acabado hace demasiadas horas como para que sintiese un vacío importante en su estómago. Estómago, que, por cierto, había dejado de hacer ruido hacía una hora o así… O se había empezado a comer a sí mismo, o se había cansado de llamar la atención del taguel para que le alimentase. Él estaba convencido de que era lo primero porque si se palpaba el vientre seguro que podría notar como empezaba a sobrar espacio ahí dentro. ¡Oh no! ¡Estaba demasiado hambriento como para buscar hierbas comestibles! ¡Sería como un infinito círculo de hambre que solo acabaría con él muerto! Además le daba una pereza horrible. Que hambre, moverse…Debía empezar a abastecerse mejor y no salir por patas en cuanto conseguía un nuevo trabajo. Y hablando de patas…

Quizá si se comía una pata… Se paró en medio del caminó y lo meditó seriamente cruzándose de brazos.— Nah, la necesito para mis encargos.

¿Por qué había aceptado uno tan lejos de Plegia? Ah, sí. Por el dinero. Y porque tras las batallas en el ejército de Altea iba a aburrirse mucho si se quedaba en casa contando granos de arena.

¡¡Aah, voy a morir de hambreeee!! —Dio un paso más por el camino que llevaba a la frontera con Gallia, (aunque todavía le quedaban unos cuantos kilómetros si sopesaba los que ya había recorrido) y por alguna razón, acabó de cara al suelo completamente. Estirado, y probablemente con el rostro dolorido porque no había parado el golpe con sus manos.— …Au. —Se quejó en bajo. Sí, le había dolido el golpetazo que se había dado él solo por… A saber por qué.— ¡¡Aaaahhh!! —Empezó a patalear, o lo que parecía a moverse cual culebra, o como un niño pequeño que no quería volver a casa. Solo quería llamar la atención por si, maravillosamente, le aparecía comida delante de las narices. Decían que rezar servía, así que estaba probando a hacer un rito de plegaría; berreando.—  ¡¡Moriré comido por mi propio estomago y las alimañas se pelearán por mis huesos!! ¡Seré carne de lobos y ardillas! —Espera, las ardillas no comían carne ¿no?——Se quedó de nuevo pensando seriamente en ello.— ¡Aaaah, pobre míiii!! –Y luego volvió a sus quejidos infantiles y mal fingidos.

Último recurso; hacer un poco de drama y sobreactuación (una muy mala, por cierto) para dar pena a posibles viajeros que le otearan en el camino. El plan perfecto.
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Re: Un conejo raro, el pequeño mago... ¡Y comida gratis, yuju! (Priv. Alim) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Mar Mar 15, 2016 11:21 pm

El sol llevaba rato en el cielo, cernido alto en un paisaje celeste sin una sola nube a la vista. Si lo veía medio de costado, quizás no tan alto. Iba bajando pero no tocaba la línea del horizonte todavía, excepto por alguna colina muy alta en terreno sinuoso. Y todavía no dejaba de haber buena luz, aunque agradablemente interrumpida por las copas de los árboles en el boscoso camino, dibujando rayos y figuras sobre el paso de tierra. En resumen: era de día pero, por más que lo intentase, Alim no conseguía hacerse la más mínima idea de qué hora del día, totalmente nulo en aquello de leer el tiempo en los astros. Sabía que año y qué estación era, definitivamente seguía en el 977 y apenas estaba avanzado el otoño, pero aquello se lo debía a vivir contra la intemperie y percibir el clima cambiar; tiempos largos, fáciles de retener. El paso de un día, no tanto. Sólo sabía que estaba tardando más de lo que creía que tardaría en llegar a su destino.

Y estaba dudando seriamente de su ruta. Mantenía su inquebrantable paciencia, pies descalzos transitando el camino de tierra con la lentitud de quien disfruta el andar tanto como el llegar, pero algo le decía que el bosque tendría que estar haciéndose menos espeso en lugar de más a medida que avanzaba. Quizás había sido la torcedura del camino alrededor de Serenes, o quizás se había confundido de ruta cuando pretendió evitar la presencia de una gran procesión que prácticamente le pisaba los talones; uno de aquellos ejércitos, gente armada con intenciones de pelear con alguien o atacar algo. El concepto no le gustaba nada. Sabía por donde iban y aunque ya no los oía, se había esforzado tanto por evadirlos que quizás había tomado el camino que no debía.

Podría haberse alegrado bastante de oír a alguien en el área; una señal de que no estaba solo en aquel camino. Dado el estado de las cosas, sin embargo, un gesto preocupado apareció en su rostro tan pronto como escuchó la voz masculina, frunciendo el ceño con toda la seriedad que podía mientras echaba a correr adelante, inclinado a temer que de algún modo el ejército hubiese atacado a alguien por allí. Y si así era, si alguien estaba bajo agresión... a él no le agrdaba pelear ni un poco, tampoco era el guerrero que con su sola presencia intimidase malhechores, pero no dejaba las cosas pasar. Ligero de equipaje, el aparente niño de aún cortísima estatura se apresuró con toda disposición a involucrarse, llevando una mano junto a su boca para llamar en voz alta. - ¡¿Donde está, señor?! ¡Aguante ahí! -

Aminoró un poco el ritmo cuando el sujeto apareció a la vista, no más que una mancha negra casi que rodando por el piso, o pataleando, o algo así. Escuchó con más detenimiento lo que gritaba, y para cuando llegó a frente a él, seguía tanto o más preocupado de lo que había estado antes. Si tan grave era como para que gritase de ese modo, no podía sino compartir la urgencia de la situación. Se dejó caer de rodillas frente al desafortunado, y con gesto consternado y profundamente serio echó su bolso hacia adelante de sí, poniéndose a urgar en el mismo en busca de algo comestible. No cargaba mucho consigo; un par de libros que tenía por escasa guía de los lugares del mundo que quería visitar, otro par de magia, pues nunca había perdido el gusto a estudiarla, medicina que le habían dado como pago por un trabajo, fruta que había recogido él por ahí, una bolsita de caramelos que había estimado algo amargos, medio pan que ya no estaba tan blando ni tan bueno.

- Aguante un poco más, ¿sí? Tenga. ¿En serio un estómago se puede empezar a comer a sí mismo...? - Decía al tiempo que sacaba los comestibles. Miró el pan, los duraznos y los caramelos pensativamente antes de retirar los últimos. - No es comida, es un postre, no... - Murmuró para sí; no era correcto que fuesen primero. Aún si estaban amargos. Volvió la vista con preocupación a aquella persona e intentó ayudarle a incorporarse, aunque era alguien mucho más alto y habían cosas extrañas en su aspecto, con las que no sabía bien cómo lidiar. Orejas largas y caídas, no estaba seguro ni qué debían de parecer.
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Re: Un conejo raro, el pequeño mago... ¡Y comida gratis, yuju! (Priv. Alim) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Miér Mar 30, 2016 2:52 pm

Ya se iba a levantar porque había perdido la esperanza de que alguien lo escuchase. Por aquel camino era raro ver viajeros simplemente a pie. Con los únicos con los que se había cruzado era un hombre y una mujer que iba con un carro y un caballo, transportando algo de mercancía, pensó. Pero en cuando lo vieron avanzaron con el paso y ni siquiera le miraron más de medio segundo. ¡Qué maleducados! Pero algo le decía que no era solo por su pinta extraña. Aquel camino era largo y pasaba muy cerca de una serie de grandes edificaciones, como mansiones, que… no parecían estar para nada habitadas. Hacía un tiempo que parecían estar vacías y suponía que aquello no era normal. ¿Sería por los emergidos? Aquel continente se estaba empezando a ver bastante afectado también, por lo que… era cosa de algo a nivel mundial. Que escalofriante, e interesante.

Pero para entonces, pudo escuchar no muy lejos la voz aguda de lo que él identificó como un niño, por lo que su idea de levantarse quedó abandonada en un lugar muy recóndito de su cabeza. Hizo como que se movía un poco para dar a entender que estaba con vida, y levantó ligeramente la cabeza, con sus orejas un poco arrastrando por el suelo, cuando el muchachito se dejó caer delante de él, bastante preocupado. ¡Woah! No sabía que era tan buen actor. Quizá después de todo si que le hubiera salido rentable unirse algún tipo de feria ambulante. — V-vaya… Pensé que estaba solo. —Una pequeña sonrisita apareció en su rostro, con los ojos algo entrecerrados. Eso sí, fue oler las cosas que tenía en la bolsa y ya se le empezó a iluminar el rostro. Oh, sí ¡Un salvador! Puede que hubiera estado haciendo algo de teatro, pero realmente tenía bastante hambre. — ¡Es muy peligroso que un estómago empiece a comerse solo! Llegado un momento que hasta desapareces y no te das ni cuenta…

Con la ayuda del chico, se incorporó y acabó sentado sobre el suelo, con las piernas algo cruzadas. Sacudió un poco su cabeza y sus orejas se movieron, dejando caer el polvo terroso que hubiera podido coger mientras echaba tirado. Tras eso casi le faltó tiempo de coger una de las cosas que le ofrecía, el pan, y pareció realmente feliz mientras se lo comía. — ¡Aaah! ¡Incluso el pan sabe genial si uno tiene hambre! —Soltó al aire él solo. Todo ese aspecto siniestro que Chezaek pudiera tener dado a su simple aspecto, en ese momento se desvaneció para quedar como un conejo siniestro, pero feliz. Suspiró cuando se acabó el pan, y, aunque no hubiera sido mucho, se toco algo el estomago con unas palmaditas, y sonrió. — Oh, ¡ah, sí! Soy la criatura del camino. ¡Ahora que me has ayudado y salvado de morir de hambre te concederé un deseo! —Entonó con voz grave, una que no solía utilizar para nada. Pero solo cuando vio la cara que pondría el otro, se echó a reír divertido, abrazándose un poco a si mismo. — Lo siento, es broma. Solo soy un conejo. Pero sería algo bastante útil ahora mismo, ¿no crees? —Hizo una pequeña pausa. — En fin… ¿Cómo te llamas? ¿De dónde vienes?
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Re: Un conejo raro, el pequeño mago... ¡Y comida gratis, yuju! (Priv. Alim) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Dom Abr 10, 2016 7:27 pm

No era más que un viajero sin posesiones, sin compañía y más o menos sin ruta; un don nadie. No estaba en posición de juzgar a los demás, sino todo lo contrario, pues cualquier otro viajero era una especie de compañero suyo. Se sentía en responsabilidad de echarle una mano. Así como lo hubiese hecho por prácticamente cualquiera, pero ese iba en especial. Sujetándolo por donde la altura le permitiese para ayudarle, miró por doquier el desarreglado aspecto del hombre, sin encontrar herida alguna sobre él. Encontraba otras tantas cosas curiosas, pero lo importante no era lo sospechoso de su aspecto, que seguramente eso no lo podía evitar, sino que estuviese a salvo. Al final, había sido sólo el hambre y el estómago autodestructivo, del que el marcado se quedaba temerosamente convencido. Tendría que cuidar sus hábitos alimenticios. Para tener la edad que tenía, Alim sabía muy poco del mundo a su alrededor y, por ende, podía aún creerse un poco de cualquier cosa que le dijesen.

- E-Eh, qué miedo... le salvamos justo a tiempo, ¿no? ¡Tendrá que tener más cuidado! - Dijo, asentándose en su lugar frente al otro viajero de cabello oscuro, aunque se mantenía inclinado hacia él para mirarle de cerca, entre preocupado y curioso por todo. Lo que habían parecido largos y gruesos mechones de cabello resultaban ser, efectivamente, orejas de algún tipo, y la mirada del joven mago se quedaba siguiéndolas al caer, pendiendo de un lado a otro con el leve movimiento. Al oír que terminaba de comer la escasa porción, volvió la atención a su rostro con una pequeña y suave sonrisa; al menos no había sido nada quisquilloso al respecto, y hasta donde Alim entendía de hábitos y modales, eso merecía recompensa. Sacó uno de sus amargos y no del todo agradables caramelos de un color miel algo quemado, sujetándolo entre sus dedos y pasándolo hábilmente en el espacio entre unos y otros, antes de extendérselo; como en su oficio hacía, pretender que las cosas desaparecían y surgían de regreso entre sus manos por arte de magia, aunque cualquier mago respetable supiese que no era así en absoluto. Lo vistoso del color y del pequeño truco tendría que opacar lo poco interesante del sabor. - Bien, tenga, ahora sí puede tener esto~ -

Situación bajo control, el viajero ya no estaba en peligro letal. Y Alim habría estado ansioso ya de preguntarle qué clase de viajero era, pero se presentaba él mismo primero, como una criatura del camino. ¿No eran todos criaturas del camino, técnicamente? Una que pudiera conceder deseos, sin embargo, era otro asunto. Su sonrisa se amplió de buena gana, su mirada comenzó a iluminarse un poco en emoción. Y si la idea era que perdiese ánimos al oír que no era nada mágico, sino un simple conejo, estaba bastante equivocado, pues eso le emocionaba tanto más. Alim sabía lo que era un hombre conejo. Únicamente en teoría, por supuesto, lo cual hacía lo que tenía frente a sus ojos mucho más importante. Salió del molde de su comportamiento hasta entonces recatado, no se contuvo de atrapar entre las palmas de ambas manos una de las largas orejas, confirmando al fin que era cálida y gruesa al tacto. La alzó en la posición en la que los conejos silvestres las tenían, debiendo de encaramarse un poco sobre el taguel para alcanzar. Con la oreja erguida allí arriba, sí que le veía la semblanza con un conejo. Abrió la boca para decir algo y lo único que salió en ese momento fue un agudo chillido; su voz no había cambiado para nada, no aún, fácilmente confundible con la de una niña.

- ¡Un conejo! Un... ¿cómo es? ¡Un taguel! ¡No puede ser, señor! - Le soltó la oreja, riendo al verla caer de regreso a la posición de antes, y con un pequeño saltito se echó atrás, distanciándose para poder mirarle el rostro. Específicamente, buscaba dientes prominentes o algo así. Nunca había sabido si un taguel tenía los dientes frontales tan grandes como un conejo silvestre ni había encontrado nada para leer al respecto, aunque se lo había preguntado. - Incluso desde que yo estoy vivo, sé que no se han visto más taguels. Y estoy vivo desde hace un buen rato, ¿sabe? - Dijo. Aquella era una agradable sorpresa, en su totalidad. Décadas de encierro, leyendo sobre aquel mundo y esperando a conocerlo, finalmente atinaban en un buen resultado; había estado 20 ó 30 años tarde para visitar el bosque de Serenes, pero aparentemente a tiempo para encontrarse todavía con un taguel vivo. O presenciar la época en que resurgieran, si pensaba de forma optimista. Su suerte acababa de mejorar.

Y tenía que ser cuidadoso. Ahora que sabía que se trataba de un laguz, sabía también que su identidad podía volverse un problema. Había laguz que olfateaban a los marcados y se erizaban, como los había que escapasen, que le tomasen de buena forma o que no identificasen mucho respecto a él. Debía ser gentil y agradable de sobra, por cuanto no observase ninguna respuesta rara del taguel. Empezó por echarse un poco hacia atrás, reducir la posibilidad de que le olfateara. - Soy Alim, por cierto. Vengo de... hmm... - Al presentarse se inclinó, cayendo frente a él la larguísima trenza en que ataba su cabello. Miró a ambos lados del camino, tan perdido como antes respecto a la dirección de la que había venido y en la que tendría que estar avanzando, si alejarse del bosque o no. - No... estoy muy seguro. La ruta no era muy segura, tuve que torcer un par de veces, ya no sé bien dónde quedé. Pero estaba intentando llegar a Crimea. ¿Usted? - Grandes caminos para una persona de su aspecto, pero los mencionaba como si nada, calmo y paciente. De igual modo le interesaban más los ajenos. Donde fuera que intentase ir el taguel, seguramente se haría de una excusa para copiar y seguirle.
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Re: Un conejo raro, el pequeño mago... ¡Y comida gratis, yuju! (Priv. Alim) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Jue Abr 14, 2016 12:41 pm

Oh, bueno, cuidado tenía, eso era verdad. Pero nunca prestaba demasiada atención a la comida que se llevaba en sus largas travesías si aceptaba encargos lejanos. No sabía muy bien por qué, pero aparte de las cosas que podía llevar en los bolsillos tan convenientes de su ropa, como pernales, alguna venda o vulnerabys, así como la piedra que estaba utilizando para poder obtener el poder de transformarse, no acostumbraba a cargarse aunque realmente la situación lo ameritase. Prefería ir suelto, libre, aunque eso conllevase que tuviera que mendigar comida. La gente pensaba que no pero era más difícil de lo que parecía encontrar cosas que comer en pleno bosque, y los animales autóctonos no ayudaban, ¡qué celosos eran de sus alimentos!. Además, ¡a él le gustaba la comida buena, como a todo el mundo! Si conseguía que le dieran algo, aunque solo fuese por pena o porque fuese un pobre bicho extraño que no tuviese donde caerse muerto (a veces incluso les asustaba sin querer. Creyéndole un ladrón y fuese a atracarles, y oye, él no iba a decir que no a lo que le daban voluntariamente) mucho mejor para él. La ley del mínimo esfuerzo era poderosa cuando llevaba tanto tiempo andando. ¿Quién le mandaría a él irse tan lejos? Oh, sí… el dinero y el hecho de que no le gustaba nada quedarse en un sitio concreto. Libertad extrema como motto de vida.

Justo a tiempo, sí. —Mintió pero al a vez no. De hecho, no se hubiese movido en un rato de no haberle encontrado el otro, y aunque no hubiese muerto, si se hubiese quedado terriblemente dormido. Pero ahora estaba bien porque había conseguido una porción de pan gratis y mientras terminaba de comérsela, pudo ver como el otro tomaba entre sus dedos lo que parecía ser un dulce, o un caramelo, esas cosas que les gustaban tanto a los niños. Lo que le sorprendió fue eso que hizo, el truco, al hacerlo desaparecer entre sus manos y volverlo a hacer tangible para enseñárselo y ofrecérselo. La cara del taguel pasó a ser una extremadamente curiosa.— ¡¿Qué ha sido eso?! ¡De verdad puedes hacer magia! ¡Impresionante! —Sentado ya como se había quedado, dio un par de palmadas con sus manos ante la pequeña demostración y muy contento cogió el dulce y lo lanzó ligeramente hacia arriba para que cayera directamente en su boca y poder comérselo. El sabor era algo fuerte y amargo, pero aquello solo hizo que su gesto feliz pasase a ser uno que demostrase como el sabor le inundaba, aún siguiendo en una nube de felicidad por comida gratis. ¡Yuju!

Estuvo disfrutando del sabor, encontrándole ese punto dulce para sí mismo mientras le decía esas cosas y trataba de tomarle un poco el pelo, porque… bueno, no tenía ninguna razón aparente, solo la propia caótica mente del taguel que solía resolver las situaciones con comentarios o acciones totalmente salidas de la norma. Simplemente porque a él no le parecía para nada raro. Pero es que tampoco le parecía raro tener unas cuantas voces hablándole en la cabeza de vez en cuando, así que… ¿qué era lo normal para él? ¿Qué era lo raro en realidad? Pensar fugazmente en esas cosas le hizo encoger los hombros él mismo. Pensar era demasiado estresante.

Y perdido en sus pensamientos, no se dio cuenta de que el muchachito no se decepcionó cuando él dijo la verdad, sino que pareció emocionarse… aún más. Chezaek se quedó un poco con un gesto de circunstancias ante la reacción contraria al hecho de que fuese un conejo. Incluso se atrevió a acercarse aún más y tomar entre sus manos una de sus orejas, sin que el taguel se moviese, solo mirando cómo se movía delante de él. Eso sí, tuvo que cerrar algo los ojos por el chillido agudo que soltó, demasiado sensible a sus oídos.

Pues… ¿puede ser? Porque estoy vivo, creo. —Se miró una mano. A menos que aquello fuese un sueño y ambos fuesen fantasmas. Eso sería gracioso. — Pero sí, soy un taguel. ¡Vaya! No pensé que fuese a tener un admirador. —Poca gente le recibía con los brazos abiertos; la mayoría no mostraban mucho interés y la otra mitad le repudiaban por no ser humano, o al menos no enteramente. Por lo que era realmente raro ver a alguien que aparentemente era “normal” (dichosas etiquetas, ¿¡qué diantres era lo normal!?) alegrarse porque fuese un taguel. O a lo mejor es porque era un esclavista… Lo miró detenidamente de arriba abajo, pero nah, no podría serlo. Muy pequeño en estatura, incluso él que no era carnívoro se lo podría comer. Miró un poco hacia arriba aún sin moverse para ver como su oreja se quedaba ligeramente erguida, y luego cayó. Eso al otro pareció gustarle mucho y a Cheza le hizo gracia. Parpadeó con una sonrisita mientras el chico se acercaba más a verle y por un momento hasta se sintió hermoso, cerrando ligeramente los ojos con la típica expresión que pondría cualquier damisela siendo observada. — Oh, qué cosas me dices… —Incluso su tono de voz se asemejó a una. Luego soltó una risita, atendiendo a lo que decía. Y por lo que realmente decía… pensaba que sí hacía tiempo que aquel muchachito estaba vivo. — ¿Hace buen rato? ¡Hahaha! Si tu lo dices entonces tendrá que ser verdad. —No lo había podido olfatear bien porque se había apartado, pero el olor que había captado no le recordaba a un humano. No podía estar seguro de que era realmente pero eso a él no le importaba mucho porque todas las criaturas sobre la faz de la tierra para el taguel eran completamente iguales.

Ya se había acabado de comer el caramelo que había estado dando algo de vueltas con la lengua, tan relajado y tranquilo, ahí sentado delante del chico. Chico que parecía ser cortés y educado cuando se dio cuenta de que se había dejado llevar un poco y trató de mostrar que tenía buenos modales. En cabio, Chezaek no sabía que era la educación en absoluto, pero siempre que le tratasen bien él era propenso a actuar de la misma forma. Incluso cuando le trataban mal era muy difícil que se enfureciese. Se tomaba todo con tantísimo humor, que casi nadie dudaba de que algo malo pudiera pasarle en la cabeza al taguel; que básicamente, estuviese loco, vamos. — ¡Yo soy Chezaek! Pero puedes llamarme Cheza. —La amplia sonrisa que mostró con la expresión “simpática” se asemejó más a una algo siniestra, por el simple hecho de que aquella era su esencia natural. — ¿Oh? Pues pareces bastante perdido. —Dejó salir una risita sin ánimo de ofensa pero que podría parecerlo. — Pueeeees, la última vez que miré un mapa, si es que entendí bien, Crimea hace frontera con el país al que voy yo, Gallia. En el puerto de Begnion me dijeron que este camino largo era peligroso, pero que era una ruta directa hacia el norte. Así que… uh, ahora que lo pienso, seguramente por eso no me he encontrado a nadie por aquí…

Sí, por el hecho de ser peligroso, no lo había pensado hasta ahora.
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Re: Un conejo raro, el pequeño mago... ¡Y comida gratis, yuju! (Priv. Alim) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Sáb Abr 23, 2016 12:22 pm

Tenía a un cliente satisfecho, eso era bueno, ver rostros felices siempre alegraba su camino. Aún si dichos rostros felices tenían sonrisas demasiado torcidas como para no dar un tinte inquietante a su expresión, y su mirada no ayudase a hacerle ver más amigable. Distinguir a una criatura peligrosa de una que no lo era no se le daba con facilidad aún, si no veía armaduras y armas no asumía nada, así que aquel taguel le parecía tan inocente como cualquier otra liebre silvestre. Lindo, inclusive, en la forma en que palmeaba el suelo en emoción y disfrutaba hasta un caramelo amargo. Contempló cuan irrespetuoso pudiese parecer aventarle al aire un par de caramelos más, para ver si los atrapaba del mismo modo, mas acabó por desistir de ello. Sin importar cuan divertido fuese de observar, un taguel no era ninguna clase de espectáculo vivo. Se relajó de inmediato y le sonrió con calma; con cuanto se movía y gesticulaba la criatura, le dejaba a él como el más comportado de ambos.

- Mmhm, soy un admirador. He visto un montón de laguz, me agradan, pero es el primero que veo como usted... - Dijo, siguiendo con la mirada cada interesante gesto del taguel. Aves y felinos había conocido por montones, mas ninguno distinto a esos. La mejor parte, por lejos, era que aquel parecía ser uno de los laguz que no olían peligro o amenaza en él. Tal parecía que podía hablare sin temor a despertar malas reacciones; aliviado y agradecido, prosiguió enseguida en animado tono. - Es una de esas cosas que uno desea hacer al menos una vez en la vida, ¿sabe? ¡Saludar a un taguel! Aunque no sé qué tan poco común sea estos días, empecé a viajar hace poco. - Con lo cual se refería a unos pocos años. Unos 6, si mal no recordaba. Poco en perspectiva de las varias décadas que tenía tras de sí, pasadas sin poner un pie más allá del patio de su propio hogar. Había muchas cosas que apenas estaba conociendo o de las que apenas podía enterarse, esa era una de ellas.

De algún modo, le alegró de sobremanera que el taguel quisiese darle su nombre y que se tomase la molestia de hablar un poco más con él. Ir a solas no le sentaba bien en absoluto y veía aquello como una muestra de posible amistad, o de compañerismo, sino cuanto menos una disposición a permitirle estar a su lado un rato. Le venía fantásticamente. Siempre que podía coincidir en ruta con otro viajero o mejor aún, una caravana de caminantes o de mercaderes, hacía lo posible por aferrarse a ellos el tiempo que pudiese; adoraba la compañía de otras personas o seres, la tomaba donde fuera y como fuera que se diese, pues era así que acababa conociendo a los más interesantes de ellos. Pero siempre era él quien se acercaba a pedir, quien se esforzaba por conseguir lugar. El joven aspecto de su físico tendía a ayudar en congraciarse con los demás y que le aceptasen, pero era más emocionante que alguien le tratase con la facilidad que lo hacía Chezaek. Ilusionado aún frente a la ladeada sonrisa que le dirigía, se enderezó un poco y alzó la cabeza en mayor atención. Por conseguir compañero de viaje, estaba más que dispuesto a hacer desvíos y hasta cambiar su plan de viaje, mientras llegase a Crimea en la estación todo estaba bien.

- Así que es Chezaek y va en camino a Gallia, hm. - Repitió en un murmullo. Gallia era, justamente, uno de los pocos lugares sobre la faz de aquel maravilloso mundo que no estaba tan seguro de si deseaba visitar. Le habría encantado conocer un reino laguz, pero eso significaba estar rodeado de población capaz de reconocerlo y a juzgar por experiencias previas, no creía que fuese a ser bienvenido. Probablemente sólo incomodase a los habitantes y se diese un amargo recuerdo a sí mismo, cuando le retirasen del reino. No quería viajar a Gallia, al menos no hasta sentirse preparado para cualquier cosa. Pero quería quedarse junto a aquel taguel. Pasó la vista a su alrededor, pensativo e indeciso. - Podría ir por Gallia entonces, ¿no? Al menos por la frontera, no haría nada de daño sólo pasar, seguro sea buena forma de acercarme, h-hehe... - Dijo, convenciéndose a sí mismo en voz alta. Si era sólo la frontera, quizás ni se encontrasen con felinos, o no muchos de ellos. Si se aproximaba mejor a la frontera de Crimea, no tendría problemas en hacer una oportuna separación de caminos. Asintió para sí y volvió a ver al laguz, consultando pacientemente. - ¿Si no le molesta que le acompañe, señor taguel? Prometo que soy un viajero experimentado, pero es largo el camino y a uno sólo le divierte hasta cierto punto hablar a solas. -

Se alzó del suelo, pues no tenía tan buena perspectiva desde allí, aunque su altura no variaba mucho respecto a la del taguel con sólo ponerse de pie. Él parecía llevar mucho mejor sentido de la orientación quien Alim, si viajaba una distancia como aquella sin perder noción de hacia donde iba, pero el pequeño mago conocía ya lo que había más adelante en ese camino. Fuesen a viajar juntos o no, estaba en deber de advertírselo. - Oh, pero no debería tomar esta ruta. Más adelante hay muchos de esos... soldados haciendo guerra. - Se explicó de rudimentaria forma, pues no era mucho lo que sabía de los emergidos. Un ejército haciendo guerra era malo a sus ojos, fuese de la especie que fuese. Torció los labios un poco al pensar en lo inconveniente de ello. - Hmm... quizás sea mejor rodear toda el área, o algo así. -
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Re: Un conejo raro, el pequeño mago... ¡Y comida gratis, yuju! (Priv. Alim) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 20, 2016 10:42 am

Que él fuese el primero que veía de su especie no era nada raro, ni era la primera vez que Chezaek escuchaba aquello. En cierta medida siempre solía bromear en que le gustaba que otros le observasen y hasta se maravillasen con él (porque la mayoría de las miradas que recibía era de desprecio o miedo, y llevarles la contraria le parecía divertido) pero en realidad, si se tenía que poner “serio” (¿eso como se hacía?) sobre el asunto diría que le venía dando igual el tema de ser uno de los últimos de su raza, aparentemente. Tampoco es que fuera cien por cien un taguel, como tal, pero igual que los manaketes, al parecer su sangre laguz se mezclaba muy bien con la humana y casi no había diferencia alguna.

Oh, ¿en serio? Pues al parecer no estaba como punto importante en las vidas de los muchos que me he cruzado. —Se rió, recordándolo. Una vez hasta le tiraron piedras, ¡pero estuvo bien! Le sirvieron para hacer una hoguera después de todo, y no tuvo que ir a buscarlas. Por lo que, tal como dijo aquello, no pareció que le importase en absoluto.— Mh… Pues creo que desde hace bastante ¿eh? No es que sea yo muy mayor pero antes incluso de que hubiese nacido yo. —Y con eso ya sugería que era conocedor de la naturaleza contraria, o al menos se lo imaginaba por su olor, ahora que podía concentrarse un poco más en él.

Mientras el “pequeño” lo miraba de vuelta para seguir hablándole, el taguel se incorporó en sus dos piernas y se sacudió un poco el polvo de la tierra que había quedado en sus anchos pantalones. De esa manera era considerable la diferencia de altura que había entre ellos, pero Chezaek siguió mirándole desde arriba, mientras Alim susurraba para sí mismo cosas que Cheza no entendía en realidad, tampoco le incumbían. Aunque creyó entender que era algo así como que no le hacía mucha gracia pasar por Gallia, y eso era raro, ¿no era un viajero? Al taguel incluso ladeó algo la cabeza con gesto algo confuso, hasta que el otro le preguntó directamente.

¿Acompañarme? —No acostumbraba a compartir los caminos con alguien, ni siquiera a tener alguna vez compañero, pero no pensó que eso fuese a ser un problema o algo malo, así que se rió sin problemas. — Claro, ¿por qué no? No tengo problema… Aunque a mí no me pasa eso, tengo conversación siempre. —Vale, era dentro de su cabeza, ¡pero era una conversación al fin y al cabo! — ¿Soldados haciendo guerra? —Preguntó justo después. ¿En aquel país estaban de guerra? ¿O era lo mismo que pasaba en los reinos de Akaneia?. — ¿Eran soldados raros de ojos rojos brillantes? —Se señaló él mismo los ojos, encorvándose un poco para quedar a la altura de Alim mientras intentaba saber más cosas, pero luego volvió a erguirse y se cruzó de brazos, pensativo ante la opción que le había aconsejado el otro. — Entonces, ¿por dónde crees que deberíamos ir?
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Re: Un conejo raro, el pequeño mago... ¡Y comida gratis, yuju! (Priv. Alim) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Mar Jun 21, 2016 8:23 pm

Siendo ese taguel realmente una criatura rara en existencia, no parecía correcto que fuese tan descuidado en andar por allí. Acababa de aprender algo nuevo exitosamente y era así como lo interpretaba. Por supuesto, Alim no podía exigirle que tuviese esa clase de conciencia y se mantuviese a salvo por el bien mundial, por ayudar a preservar una especie, pero habría pensado que al menos se cuidaría un poco. Así fuese sólo por su seguridad individual. Él mismo sí pensaba tener cuidado al respecto, no querría meter al conejo gigante en problemas innecesarios ni acercarlo al peligro. Su aspecto físico era una cosa y Alim podía aún tener uno que otro gesto acorde, pero en el fondo de su mente era un adulto y era responsable. Cuidaría al taguel, así lo había decidido en fuero interno.

Aquella convicción se mantuvo aún al ser quien le miraba desde abajo cuando el laguz se alzó, largirucho y demasiado alto en perspectiva. Dándole su tiempo de pensar y aguardando con cautelosa paciencia, pues si era verdadera su impresión de que Chezaek sabía lo que era, aún podía cambiar de ideas. Alim se limitó a llevar sus manos tras su espalda y quedarse quieto, parecer inofensivo. Un marcado no siempre era capaz ni incapaz, pero le convenía ser dócil y ser de ayuda si intentaba ser lo menos desagradable posible a los ojos de un laguz. Al final, por un motivo u otro, parecía ser que el hombre de cabello oscuro sí le permitiría quedarse alrededor, y estando ya en mayor control de sí mismo no reaccionó del excesivo modo de antes, sino consiguiendo asentir con calma. Sus modales regresaban a él, por fortuna. Y ya no tendría que estar a solas. - Pero sólo somos nosotros aquí, señor. Digo, personas que hablen, claro. ¡Así que por ahora me tendrá a mi! Que no soy mal cuentacuentos, le aseguro. - Descalificaba a los emergidos y a todos los soldados del mundo; nunca parecían normales o de buena gana como para hablar. Escasa vez respondían. A su vez, no había fallado en percibir el comentario como algo extraño, por lo que miraba con suma atención al gran conejo. Quizás y hasta los taguels hablaran con espíritus; a saber si era eso lo que quería decir.

Se estiró un poco, curioso, cuando la criatura acercó aquellos ojos rojizos a él. Ciertamente era algo que no se veía todos los días, pero por más que lo pensara, no era lo mismo que esos soldados. Mejor, pues se le hacía menos inquietante. Su gesto de concentración se transformó en uno de alivio y negó con la cabeza. - No como los suyos. Creo que tenían algo raro, quizás sí brillaran un poco... de día no es fácil de ver. Señor, quienes no tenemos la fortuna de ser laguz no contamos con sentidos tan buenos, ¿sabe? - Habló con naturalidad; así como le agradaban bastante los laguz, no le era problema reconocer que tenían sus puntos fuertes. Igualmente negó con la cabeza, dándole una importancia distinta al asunto. - De todas formas, ¿en qué influye? Eran hombres yendo a batalla. Ojos rojos o no, señor taguel, todos son peligrosos. Conviene no cruzarse. Quizás si salimos del camino... -

Miró la espesura a su alrededor. Acercándose a Gallia no debía de ser buena idea salirse de los caminos marcados, pues todo lo demás ya era bosque espeso y salvaje. Muy fácil perderse en un ambiente así, y muy difícil predecir lo que pudiese encontrarse allí dentro. No obstante, podía ser la mejor opción para evadir al ejército en marcha. Más aún teniéndolos tan cerca; podía oírlos cada vez más fuertemente, un sonido que seguramente se volviese ensordecedor cuando el gran número de ellos llegara. Se decidió. El pequeño mago le hizo un gesto al taguel para que le siguiese y salió del camino, arrodillándose para escabullirse a gateo bajo el espeso y verde follaje. Así como su aspecto le ayudaba a congraciarse con las personas cuando lo necesitaba, el tamaño le era una ventaja también cuando se dedicaba a esconderse o a huir. Si podían ocultarse exitosamente, quizás pudiesen dejar a todo ese ejército pasar sin incidente. Claro, el taguel no era tan pequeño ni por cerca, y sus orejas sobresalían un poco de su cabeza, agregando algo igualmente llamativo. Una vez que se hubo metido en la vegetación, Alim miró atrás para fijarse en que su compañero siguiese con él, hablando ya en murmullos. - Si algo sé de ellos, es que siempre atacan. A lo que sea que haya en el camino. Y no estoy muy a favor de peleas sin sentido, así que... bueno, esconderse puede ser incómodo, pero seguramente no sean muchas horas, y si es para evitar peleas... -
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Re: Un conejo raro, el pequeño mago... ¡Y comida gratis, yuju! (Priv. Alim) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Mar Jul 05, 2016 5:10 pm

Bueno, claro, para otra persona era normal pensar que estando solo no se podía mantener una conversación, pero para Chezaek no era así. Y si las voces de su cabeza, extraña y a veces inteligibles, no estaban por la labor de ponerse a decir nada en su fuero interno, siempre podía ponerse a hablar con cualquier animal que encontrasen. La mayoría de veces eran aburridos, huían o le insultaban. ¡Y eso que él era amable, en serio! Así que los que encontraba más interesante para hablar eran las monturas de combate; con todas su batallitas y sus quejas hacia sus jinetes. No se imaginarían la cantidad de reproches que les tenían, así que Chezaek siempre se acababa riendo. A veces, era bueno ser un taguel y tener la capacidad de entender a los animales.

Pero bueno, por otro lado, Alim estaba bien. No dudaba de que fuese buen cuentacuentos, así que eso le mantendría entretenido en todo el camino que fuese a hacer hacia Gallia.

Sin embargo, cuando el pequeño branded mencionó que había unos soldados en el camino y que no deberían ir por ahí, Chezaek pausó el rumbo por unos momentos porque ya casi había empezado a moverse. Para él eso no era ningún problema, solía abrirse paso allí por donde pasaba y a veces, ni siquiera les daba tiempo a otro a reaccionar, pues los taguels, en su forma original, eran más veloces que cualquier otra cosa que pisase la faz de la Tierra (y aunque no conocía a todos los seres de la Tierra, realmente lo pensaba). No obstante, a Alim sí que parecía importarle algo así, y como habían decidido ir juntos, no podía simplemente ignorar algo así. Así que se dejó llevar. No pareció saber decirle si eran emergidos o no, pero de cualquier forma, tenía razón en cierto aspecto. Si los veían (sobre todo a Chezaek) y pensaban que no tenían derecho a pasar por ahí, por lo que el camino estaba prácticamente desolado, iban a atacarles sí o sí. Así que el taguel dejó la elección a manos del otro más bajo, y simplemente se encogió de hombros.

Muy bien. Entonces indícame el camino y yo te seguiré. Tengo que llegar a Gallia de cualquier forma posible. —El método no le importaba demasiado, mientras llegase para su trabajo. Lo miró curioso mientras este parecía mirar a los lados, hasta que Alim se metió en el bosque de forma muy decidida. En esos momentos, Cheza no sabía que planteaba hacer, pero tal y como le había dicho y sin pensar mucho, hizo un gesto algo parecido a “Bueno, ¿qué importa?” y lo siguió, sabiendo que el ejército se acercaba porque podía escuchar los pasos cada vez más cerca, a lo largo del camino en dirección a donde querían ir.

Chezaek gateó con una risita en sus labios tras el pequeño, y eso le hacía, obviamente, más llamativo, así que siguiéndole, cuando el pequeño le miró de reojo, Chez entendió que quiso decir y se llevó una mano a la boca, aunque siguiese sonriendo. ¡Pero es que no lo podía evitar! No tenía mucho honor, y no le importaba “esconderse” pero la forma en la que se movía el otro para no ser detectado era muy graciosa.

¡Ya veo, ya veo! Oh. —Se volvió a tapar la boca y aguardó a su lado y cerca suyo. — Es una lástima~ Me hubiera gustado poder comprobar que tan fuertes son lo que rondan por aquí…
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Re: Un conejo raro, el pequeño mago... ¡Y comida gratis, yuju! (Priv. Alim) (Campaña)

Mensaje por Invitado el Jue Jul 21, 2016 6:25 pm

Era una persona independiente y, francamente, muy solitaria; era extraño para él hallarse en cualquier clase de rol de liderazgo, pero Chezaek iba a seguirle hacia seguridad y eso era bueno, innegablemente. Poder cuidar de alguien tenía su curioso encanto. Desacostumbrado a aquella clase de posición, se encontró esbozando una pequeña sonrisa al seguir adelante. Evitarían problemas y se irían de ese sitio, simple y seguro. Si nadie los andaba buscando, nadie los notaría por allí, entre la vegetación. La risita de la voz masculina tras de sí le hizo mirar por sobre el hombro más de una vez, en cierto nivel preguntándose cómo podía reír en tan seria situación, mas en mayor parte sólo deseando que cesara. No le molestaba, en otro momento habría sido contagioso, mas ciertamente no facilitaba la tarea de pasar desapercibidos.

- ¿Hay algo gracioso...? - Se animó a preguntar, no sin antes achatarse aún más cerca del suelo, instintivamente ocultándose de sobra. Otra curiosa mirada por sobre el hombro mostraba que no había nada en particular alrededor de ellos. Sacudió la cabeza y siguió un poco más adelante, cuidadoso de no pisar su trenza en el camino, aunque arrastraba un poco a su lado. Era un extraño compañero el que había captado aquel día y lo cierto era que pretendía dejarle ser, aceptar como viniese, pero sus siguientes palabras le hicieron pasar de extraño a levemente preocupante, y Alim no estuvo ya muy seguro de cómo tratarle. Paró, viéndole con una mirada un tanto más consternada de que era necesario. - ¿Comprobar su fuerza? Quiere decir... pelear contra ellos. - Habló con cautela, bastante clara su falta de emoción por ideas de ese tipo. Bajó la vista un poco y enseguida, como si fuese a apaciguar de ese modo los risueños y preocupantes ánimos del gran conejo, llevó una mano sobre su cabeza, entre las orejas, dándole un par de palmaditas. - No me gustaría verle lastimado, la verdad, señor. -

Eso era todo lo que le diría al respecto. No tenía la potestad de decirle que no fuese a algún lado ni para detenerle de hacer lo que quisiera, pero al menos podía hacerle saber cómo lo veía él. Y esperaba que eso fuese todo, mas no era tan fácil. Cuando se preparaba el pequeño para moverse nuevamente, seguir adentrándose en los matorrales, algo apareció entre estos que le tomó por sorpresa, haciéndole emitir un corto grito: incrustada de forma certera y despiadada, una lanza había atravesado la espesura del otro lado. Ante el ruido que él mismo había causado, la lanza fue regresada hacia atrás, sólo para volver a clavarse a través de los arbustos en un ángulo levemente distinto, mejor apuntado al mago. Alim sujetó el mango de la lanza y dejó que el impulso le empujara hacia atrás, sacudido por la fuerza de la acción; era eso o que el arma se incrustase en su estómago. Evadida la estocada, soltó de inmediato, para escabullirse en retroceso.

El susto le dejó agitado, respirando como si acabase de correr las millas viajadas y con el rostro absolutamente pálido. - ...hay que irnos. - Dijo, mirando al taguel, aunque resultaba mucho más fácil sólo decirlo que convencerse a sí mismo de moverse. Escuchaba otras lanzas cerca, siendo clavadas entre el verde a modo de prueba, como intentando cazar animales salvajes que por allí se ocultasen. Quería ir, pero no sabía en qué dirección era realmente seguro y en cual estarían yendo más cerca del peligro. Una que otra punta plateada y brillante aparecía de súbito, algunas demasiado cerca. En cualquier momento, la siguiente podía dar contra alguno de ellos.
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Re: Un conejo raro, el pequeño mago... ¡Y comida gratis, yuju! (Priv. Alim) (Campaña)

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